Álbum Ilustrado
Ainhoa Rodz, David y Sergio Gómez y ‘Bruno y (mi otro) yo’
‘Bruno y (mi otro) yo’ es una historia que nos ayuda a entender la realidad del autismo en el entorno escolar, y nos recuerda la importancia de comprender, respetar y acompañar los ritmos y formas de cada persona. Con estas palabras La Maleta Ediciones nos presenta este álbum ilustrado, un trabajo de David y Sergio Gómez junto a Ainhoa Rodz. Con ellos charlamos en las siguientes líneas sobre su trabajo.
La historia está narrada por Oliver, un niño con autismo que, junto con sus compañeros Gael y Bruno, asisten a un aula específica para niños y niñas con necesidades relacionadas con el espectro autista. Bruno, recién llegado, tiene dificultades para adaptarse al nuevo entorno, lo que lo lleva a comportarse de manera impulsiva y disruptiva. Oliver, con una gran sensibilidad a los ruidos y muy poca tolerancia a los conflictos, se enfrenta a importantes retos para manejar sus propias emociones frente a estas situaciones. A través de diferentes incidentes y momentos de reflexión, junto a su madre, profesoras y terapeuta, Oliver aprende a aceptar esa sensibilidad como parte de su identidad, mientras que Bruno también comienza a sentirse integrado y regular su comportamiento.
“Con ‘Bruno y (mi otro) Yo’ pretendemos ayudar a romper estereotipos, mostrando que las personas con autismo no son todas iguales y que tienen sentimientos, emociones y aspiraciones como cualquier otra persona”, nos indica Ainhoa Rodz.

Habladnos un poco del origen de este proyecto. “Este proyecto nació de una forma muy natural -nos cuenta David Gómez-. Sergio venía trabajando en terapia aspectos relacionados con sus emociones: cómo se siente, cómo gestiona sus conflictos cotidianos. Al finalizar una de las sesiones, su terapeuta me enseñó un dibujo que él mismo había hecho sobre una situación que le estaba incomodando en el instituto. Sergio se expresa mucho a través de las imágenes, ya que en su caso, como en el de muchas personas con autismo, lo visual juega un papel fundamental. Ese dibujo en particular reflejaba su lucha interna con lo que él llama su “yo sensible”. Una parte de sí mismo que se ve muy afectada, por ejemplo, por el ruido, y que, al no poder gestionarlo, le lleva en ocasiones a tener comportamientos disruptivos. Lo que para otros puede ser un estímulo menor, para él puede resultar abrumador”.
“Cuando vi ese dibujo, supe que ahí había una historia que necesitaba ser contada -continúa David Gómez-. Nuestra aportación a la literatura infantil ha venido por caminos distintos, pero complementarios. Yo, por mi parte, llevo tiempo escribiendo historias en las que los protagonistas tienen características propias del espectro autista, con el objetivo de naturalizar diferentes formas de ser y estar en el mundo (‘El vuelo de Sofía’, editado por Cuento de Luz; ‘Leo no es un extraterrestre’, editado por Libre Albedrío; ‘¡Ana, dónde vas!’, editado por La Estrella Azul). Sergio, en cambio, comparte su maravilloso universo creativo a través de cuentos muy suyos, con un estilo surrealista propio en el que todo tiene cabida. En su mente creativa no hay límites (‘Mi universo azul: de zombies, monstruos y personajes imaginarios’, editado por Allanamiento de Mirada)”.
“En este caso en concreto, sentí que podíamos cerrar un círculo y comenzar a colaborar desde un lugar nuevo. Mostrar cómo un chico con autismo, ya con conocimiento de su condición, percibe y se relaciona con su entorno. Me parece un testimonio valiosísimo. Y llevarlo al formato de álbum ilustrado me pareció una bonita manera de seguir sensibilizando y generando conciencia sobre el autismo. Además, para mí tiene un valor añadido muy importante: es una historia contada desde dentro. La voz que narra es la de un chico con autismo, en este caso, Sergio, que tiene casi 17 años”, asegura David Gómez.

¿Cómo llega a tus manos este proyecto? “El texto de ‘Bruno y (mi otro) yo’ me llegó a través de David Gómez -afirma Ainhoa Rodz-. Es una historia autobiográfica de su hijo Sergio, centrada en los conflictos que vive en un aula de educación especial de la ESO y en la manera que encuentra para resolverlos. El hecho de que la historia esté contada en primera persona por un adolescente con autismo me fascinó, así que no dudé en embarcarme con ellos y con La Maleta Ediciones en este proyecto. El álbum es excepcional porque apenas encontramos ejemplos en la literatura infantil y juvenil historias escritas por niñas, niños o adolescentes, y menos aún que hablen de las percepciones, experiencias y desafíos que conlleva vivir con diversidad sensorial en esta sociedad. Además del autismo, que no se nombra de manera explícita, en el álbum aparecen temas universales como el autoconocimiento y la autoaceptación personal, la empatía, la búsqueda de apoyo y comprensión, valor de la amistad, la paciencia y el esfuerzo colectivo para superar dificultades”.
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “En esta historia, los lectores y lectoras van a encontrarse con una situación que, en principio, podría ocurrirle a cualquier persona. Aunque parte de un contexto muy particular, lo que plantea tiene un alcance universal, porque todos y todas, en algún momento, nos hemos visto envueltos en conflictos internos parecidos donde la empatía y la impotencia chocan de frente”, asegura David Gómez. “Como decía en mi respuesta anterior, el valor añadido de esta historia es que nos permite asomarnos a cómo un chico con autismo vive y gestiona sus emociones y conflictos. Y ese enfoque, contado desde dentro, a mí me resulta muy revelador. La trama se sitúa en un contexto educativo. Llega un chico nuevo a clase, pero no consigue adaptarse bien. ¿Qué ocurre entonces? Que otro compañero, Oliver -que representa al propio Sergio-, quiere ayudarlo. Tiene la intención, pero no sabe cómo hacerlo. Esa incertidumbre, esa tensión, empieza a generarle estrés y ansiedad”
“Y lo que en un principio era un gesto empático, termina por volverse en su contra. Al no saber gestionar la situación, Oliver también comienza a tener dificultades y comportamientos que no son adecuados. Esto complica más el conflicto y, además, despierta en él un sentimiento de impotencia y culpabilidad. No solo siente que no ha podido ayudar al compañero, sino que además cree que ha empeorado todo. Es un conflicto doble, pero muy bonito en el fondo, que viene a poner de manifiesto que la empatía, el compañerismo, el sentimiento de amistad, la conciencia social y la autopercepción también están presentes en las personas con autismo. A lo largo de la historia, Oliver va trabajando en ello y comprendiendo lo que le pasa, para intentar encontrar maneras de afrontar sus emociones y, al final, llega a la conclusión de que, aunque no siempre haya una solución inmediata, al menos podemos entender lo que está sucediendo y empezar a gestionar la situación desde el respeto a los demás y con la conciencia de quienes somos. Ese es, para mí, un mensaje muy potente”, confiesa David Gómez.

Háblanos un poco del trabajo con David y con Sergio… “Con David había colaborado hace dos años en el álbum ‘La compañía de Nicoleta’. Me gusta trabajar con él porque dialogamos frecuentemente sobre nuestras respectivas tareas y aprendemos juntos -nos cuenta Ainhoa Rodz-. Fue él quien me dio a conocer los cuentos fantásticos de Sergio, algunos publicados en ‘Mi universo azul de zombis, monstruos y personajes imaginarios’. Admiro su libertad creativa y expresiva, también en su faceta de dibujante de cómic. Ha sido, además de un honor, un reto poder ilustrar una historia tan suya. Tratar de ponerme en la piel de un chico con autismo y representar la temática sin caer en estereotipos que pudieran alimentar el estigma no es fácil. A mí, por ejemplo, me encantaba la fuerza y espontaneidad de las primeras versiones de la historia de Sergio, pero contenían expresiones que corrían el riesgo de ser mal interpretadas por un público no especializado, aquí fue David el que se encargó de matizar y pulir el texto definitivo. Además de su experiencia, consultó para ciertas partes del texto a una psicoterapeuta. En la presentación de este libro en Granada tuve la oportunidad de conversar con ella y me reconfortó saber que algunas de las ilustraciones se parecen a los dibujos que hacen sus pacientes y que otras ha logrado llamar poderosamente su atención”.
¿Cómo ha sido el trabajo con Sergio? Imaginamos que muy especial… Háblanos un poco de ese trabajo de colaboración entre los dos para el texto de esta historia. “Trabajar con Sergio siempre es muy especial, la verdad. Pero en este caso concreto, ha sido algo diferente -asegura David Gómez-. Normalmente cuando trabajamos juntos suele ser para escribir sus propias historias inventadas, esas que va creando en su cabeza con todas sus influencias: su vida, sus lecturas, sus intereses… y que, cuando las tiene listas, necesita pasarlas al papel. Ahí es cuando intervengo yo. En esos casos, básicamente actúo como su escriba. Me siento frente al ordenador y escribo lo que él me va contando”.
“Como te decía, esta vez fue distinto, porque la historia que queríamos contar era algo que le había sucedido realmente. Era una vivencia que había trabajado previamente en terapia y que quisimos convertirla en una historia para compartirla con el mundo. Para eso, necesitábamos hacerla un poco más universal y también proteger la privacidad de las personas que aparecen en ella, ya que todos los personajes están basados en personas reales. Ahí es donde empezó lo realmente interesante del proceso. Cuando yo intervenía como coautor para incorporar situaciones que eran necesarias para dar a la historia ese carácter más universal, Sergio a veces no lo entendía. Le costaba aceptar que modificáramos detalles o incorporáramos elementos nuevos. Él entiende el mundo de una forma muy literal, y si lo que estaba contando es algo que vivió, le resultaba difícil aceptar cambios en la narrativa, aunque estos fuesen clave para darle coherencia o mayor profundidad a la historia”.
“Tuvimos que gestionar eso juntos, con mucho diálogo y paciencia. Pero al final, todo fue muy bien. Sergio entendió cuál era el proceso, y creo que también fue muy enriquecedor para él ver cómo una experiencia personal puede transformarse en una historia con la que muchas personas pueden sentirse identificadas”.

¿Y el trabajo con Ainhoa? “Trabajar con Ainhoa es una auténtica maravilla -continúa David Gómez-. Además de compartir la pasión por el álbum ilustrado, somos compañeros de trabajo desde hace muchos años. En los últimos tiempos, a través de la literatura infantil -yo desde la escritura y ella desde la ilustración-, hemos desarrollado una conexión muy especial. Ainhoa es una persona con mucha sensibilidad y muy comprometida con lo social, y eso se refleja claramente en sus ilustraciones y en la forma en que interpreta los textos que ilustra. En nuestro caso, además, ella ya tenía un interés muy particular por las historias que escribe Sergio, esas historias tan suyas, tan creativas”.
“Cuando le hablé de este proyecto y le propuse la posibilidad de que fuera ella quien diera forma a los personajes y pusiera imagen a la historia, le entusiasmó la idea. Conoce el día a día de Sergio y su relación con la literatura desde hace tiempo, porque suelo compartirlo con ella. Y fue muy bonito ver cómo conectaron también a través de lo creativo. Ainhoa es una ilustradora en constante crecimiento. Siempre está formándose, investigando, probando estilos, evolucionando. No se detiene. Creo sinceramente que es una artista con mucho talento, y deseo de corazón que se le abran muchas puertas en este mundo, porque tiene mucho que aportar”.
Una vez más, el álbum ilustrado como recurso para poder abordar cualquier tema, darlo a conocer, reivindicar… “Una vez más, el álbum ilustrado… pues sí. La verdad es que en el álbum ilustrado cabe todo. Es un formato que me tiene completamente enamorado desde hace muchísimo tiempo, porque -como he dicho mil veces- reúne en un solo objeto dos de mis grandes pasiones: la literatura y el arte. Además, es un formato sin edad. Va dirigido de 0 a 99 años… por no decir 100, 101, 102… Es un vehículo perfecto para llegar a personas de cualquier edad. En nuestro caso, seguiremos apostando por él. Es un formato que nos ayuda a transmitir, de forma muy natural y visual, que hay muchas formas de entender el mundo y muchas maneras de relacionarse con los demás. Ninguna es mejor que otra. Todas son distintas, y precisamente en esa diferencia está la riqueza. Cuanto más diversos seamos, más rica será la sociedad en la que vivimos”, asevera David Gómez.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Son ilustraciones particularmente coloridas, con una paleta reducida y contrastada de naranjas, azules, amarillo y negro. Pensé mucho en el color a nivel simbólico y psicológico -asegura Ainhoa Rodz-. Por ejemplo, el principal contraste cromático se da entre Óliver y Bruno, los protagonistas del conflicto. El resto de personajes mantienen una armonía convivencial con Óliver (el narrador) representada mediante una analogía cromática. Bruno es azul y no solo porque este sea el color representativo del autismo. También disfruté mucho creando el personaje de Gael. Como no está determinada su personalidad en el texto, me permitió romper estereotipos de género y mostrar la diversidad sexual y de género como algo relativamente frecuente en las personas con autismo”.
“Volviendo a la pregunta, otra característica de las ilustraciones de este libro es la búsqueda de un equilibrio entre la mirada externa (lo realista) y las sensaciones internas (lo fantástico o imaginado). Hay una metáfora principal que atraviesa todo el libro, que es la representación gráfica de las sensaciones y emociones a través de las plantas. Algunas tienen pinchos, otras son trepadoras o cuelgan, algunas hasta tienen frutos, hay plantas que crecen en los bolsillos, en la cabeza o en otros lugares. También aparecen animales simbolizando emociones intensas, incluso una locomotora para mostrar la hiperacusia”.

¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? Al menos respecto a nuestra última entrevista sobre ‘Climática’, sí que a simple vista se trata de proyectos muy diferentes… Efectivamente, este álbum es muy diferente a ‘Climática’ en el color, en la atmósfera, en los fondos, en las metáforas visuales, etc., y no tanto, por ejemplo en las proporciones anatómicas, aunque en esta ocasión he preferido romper (no eliminar) la línea que delimita a los personales. La historia se desarrolla en el ámbito escolar, sin embargo he preferido abstraer a las personas de este entorno, que solo aparece dibujado en las dos primeras páginas del libro y en la última. En este libro tienen más peso los vacíos y el blanco del papel, lo que permite una mayor focalización en los personajes”, afirma Ainhoa Rodz.
¿Con qué técnicas trabajaste en este libro? “Para ilustrar este álbum realicé numerosos bocetos con pasteles al óleo, lápices de colores, témperas en barra y tinta china. Finalmente, orientada por el editor, volví a la técnica digital, que es la que utilizo con mayor frecuencia”.
¿Cómo fue la reacción tuya (David) y de Sergio al tener el libro en la mano? “La reacción al ver el álbum ya impreso fue muy emocionante, aunque muy diferente en ambos casos. En mi caso, trabajo con Ainhoa, somos compañeros de oficina y, quieras o no, yo ya había ido viendo parte del proceso de ilustración. Ella compartía conmigo el avance del trabajo. La forma en la que solemos trabajar -no es la primera vez que colaboramos en un proyecto- es muy colaborativa, y eso, sin duda, hace que el proyecto crezca y se enriquezca. Así que, en mi caso, ya tenía una idea bastante clara de cuál había sido la paleta de colores elegida, cómo iban quedando la historia, los personajes,… Aun así, cuando lo vi finalmente en papel, me pareció maravilloso. La edición que ha hecho La Maleta Ediciones es fantástica, y estamos encantados con el resultado”.

“En el caso de Sergio, fue muy curioso -prosigue David Gómez-. Como comentaba antes, Sergio entiende todo de forma muy literal. Le chocó bastante ver que los personajes tenían colores de piel poco convencionales: uno era amarillo, otro azul, otro naranja… También le desconcertó que los personajes no se parecieran físicamente a las personas reales en las que están inspirados. Por ejemplo, no entendía por qué al personaje de Oliver le habían puesto gafas si él no usa gafas. Todo eso le llamó mucho la atención al principio, pero cuando le expliqué que la historia estaba pensada para que cualquier persona pudiera sentirse identificada, y que por eso no podíamos representar a las personas reales tal cual -para proteger su identidad, entre otras cosas-, lo entendió perfectamente. Lo cierto es que le gustó mucho. De vez en cuando coge el álbum y lo hojea. Pero también es verdad que, una vez que el proyecto ha salido de su cabeza y lo ve terminado en papel, pasa rápidamente a otra cosa. Necesita dejar hueco libre. Es muy práctico en ese sentido: “Vale, esto ya está listo. Ahora, a otra cosa”.

Seguro que ya tenéis más proyectos en mente… “Te mentiría si dijera que no tengo proyectos en mente. Y, de hecho, algunos de ellos ya están bastante avanzados en lo que a redacción se refiere -afirma David Gómez-. Por un lado, sigo escribiendo historias en las que el autismo está presente en los personajes. Hay una muy avanzada que espero poder terminar pronto para compartirla con una persona con la que voy a colaborar. La idea es que, entre los dos, podamos sacarla adelante y encontrarle una casa editorial. Además, tengo otras historias en marcha, sobre temas diferentes, que también espero seguir desarrollando. Y, sobre todo, confío en que, una vez finalizadas, puedan interesar a alguna editorial. Sabemos que publicar no es fácil, a veces resulta desalentador ver que las puertas no se abren, pero seguimos intentándolo. Si salen, estupendo; y si no, las guardamos en un cajón hasta que llegue su momento. Y ya está”.
“En cuanto a mi colaboración con Sergio, ya hay una segunda historia escrita, con el mismo protagonista, en la misma línea de la que acabamos de publicar juntos. Espero que también encuentre editorial pronto. Además hay otra historia más, aún en fase de germen, que nació a partir de otro dibujo suyo. Creo que hay mucho que contar en esta línea que hemos abierto Sergio y yo. Y confío en que el mercado editorial la reciba, la acoja y le dé el espacio que merece”.
“Pues me han invitado a participar con otras ilustradoras en un libro de poemas ilustrados de grandes mujeres poetas -nos cuenta Ainhoa Rodz-. También sigo formándome y trabajando en proyectos personales. Ahora estoy cerrando el storyboard de un álbum en el que aparecen multitud de animales con alta capacidad crítica. A ver si encuentro una editorial interesada en publicarlo”.
Álbum Ilustrado
Mariana Alcántara: “Mi trabajo es encontrar la voz de cada libro”
Hacía tiempo que teníamos muchas ganas de charlar con la ilustradora Mariana Alcántara. Son muchos sus trabajos recientes y sus reconocimientos, y lo que intentamos en las siguientes líneas es reflejar un pequeño repaso por algunos de sus álbumes ilustrados, para conocer un poco mejor el trabajo que hay detrás de ellos.
¿Dónde está el origen de ‘Nadadores’? “Este es un libro que nació en el sentido contrario en el que los ilustradores habitualmente damos inicio a un proyecto de libro: el editor tiene un texto y busca a un ilustrador. Luego el ilustrador si acepta el proyecto, analiza el texto, genera bocetos y después crea las ilustraciones finales. En este caso, el libro se inició con mis ilustraciones. Yo quería participar en el concurso de Sharjah en los Emiratos Árabes y fue una época en la que recién había comenzado a trabajar con Mónica Bergna, editora de Alboroto Ediciones. Estábamos haciendo el libro Enciclopedia de Medicina Fantástica, curiosamente uno de los últimos libros publicados. Era un viernes cuando estaba mostrándole mis avances de la semana, mientras tenía a un lado la carpeta con cinco ilustraciones originales de los nadadores. Mi plan era enviar el paquete terminando la reunión. No recuerdo exactamente de qué hablábamos, pero salió el tema del concurso: saqué las piezas y Mónica las observó en silencio. Al final le brillaban los ojos y me preguntó si me gustaría que hiciéramos un libro. Así que al final del día, mis imágenes iban en camino a Sharjah y al mismo tiempo viajaban a la bandeja de correo electrónico de María José Ferrada”.

“María José es una autora que admiro mucho, aunque en ese momento yo no conocía bien su trabajo -nos cuenta Mariana Alcántara-. Pero cuando semanas después, Mónica me mostró el texto que había escrito a partir de mis imágenes, me fui de espaldas. Fue como si ella supiera el origen de mi historia como nadadora: brazada a brazada, verso a verso. Hasta los 8 años yo había sido una niña que anhelaba que me llevaran de vacaciones para meterme a la alberca. Pero cuando entré a clases de natación, tuve una temporada de rebeldía: le inventé a mi papá que ya no quería ir porque era muy costoso. Lo cierto es que estaba sufriendo el método poco pedagógico de un maestro que me jalaba hacia el agua, sin que le importara si antes había tomado aire o no, y luego tuve una infección de oído muy molesta, que con mi lógica infantil, me curé echándome gotitas de agua en las orejas. Años después ya casi entrando a la adolescencia, durante el verano, estuve sentada con los pies adentro del agua, esperando a que me salieran aletas o que se me quitara el miedo, lo que pasara primero. Recuerdo ese color azul turquesa que se movía con el brillo del sol, se me antojaba tanto transformarme en pez y al fin conocer el secreto para fundirme en el agua”.

“En la preparatoria decidí que quería aprender a nadar. Encontré una pequeña alberca profunda para buceo, en donde también daban clases de natación. El agua de nuevo, estuvo de mi lado, pues fue durante una temporada de tormentas que los otros alumnos no podían llegar a tiempo y gracias a eso, tuve clases personalizadas. Adquirí tanta seguridad que incluso aprendí a nadar hasta la parte más profunda, en donde el azul se convierte en negro. Después probé otras albercas de agua templada, fría, algunas lejanas y olímpicas, hasta que encontré la más poética, la que se convertiría en mi alberca perfecta: aquella cuya techumbre me parecía la piel de un pez mientras nadaba de dorso. Tal vez ese es el origen del libro Nadadores -confiesa Mariana Alcántara-. En las ilustraciones quise plantear el sentimiento de libertad que se siente al nadar. Me sorprendía observar cómo tantas personas tan distintas, nos transformamos en algo más adentro de la alberca. Se siente como entrar a una danza rítmica infinita y formar parte de la energía grupal, como en un cardumen”.

¿Cuál fue tu impresión cuando viste a tus nadadores impresos en gran formato en Sharjah? “He tenido la oportunidad de visitar varias veces el Festival de Lectura para niños en Sharjah en los Emiratos Árabes Unidos: he recibido en dos ocasiones uno de los premios para la Exhibición de Ilustradores (en 2018 y 2023) y en el 2021 fui porque me invitaron a ilustrar un libro como parte de un proyecto sobre las similitudes entre México y Sharjah, en donde participamos varios ilustradores de ambos países”.
“Tengo un gran aprecio por el concurso de Sharjah, pues no sólo marcó un punto de inflexión en mi carrera porque fue el primer certamen internacional que gané, sino que también fue el primer viaje que hice fuera de mi país. Así que cuando me contactaron para informarme que habían elegido mis ilustraciones para que fueran la imagen de la feria, acepté inmediatamente. El paso siguiente fue vectorizar las ilustraciones para que las pudieran imprimir correctamente en gran formato, esto significaba volver a dibujar un personaje de 15 x 6 cm hecho en carboncillo, pero ahora debía ser aproximadamente de 150 x 60 cm y digital. Aunque me hubiera encantado estar en la exhibición para ver mis imágenes en gigantografía, no pude estar ahí. Pero pude ver algunos videos en internet en donde niñas y niños imitaban los estiramientos que los nadadores realizan antes del entrenamiento. Eran los mismos ejercicios que yo realizaba mientras pensaba que estaría bueno hacer un libro sobre nadar. Fue una experiencia mágica. Para mí representa uno de esos momentos en los que siento que mi trabajo tiene sentido porque los dibujos cobran vida gracias a los lectores”, asegura Mariana Alcántara.

Este libro de nadadores fue reconocido en Bolonia, y en la edición de 2025 tu portfolio fue el ganador. ¿Qué supone para ti la Feria de Bolonia? “Durante mi carrera como ilustradora, la Feria de Bolonia ha sido un referente, como un faro para seguir en la niebla mientras nado en mar abierto. Fue hasta el 2025 gracias al premio de portafolio que pude asistir por primera vez. Sin embargo, siempre me mantuve al tanto de lo que sucedía en la Feria a la distancia, tanto como era posible”.
“Había planeado el viaje durante años, pero en el fondo quería asistir con un objetivo claro. Viajar a Italia desde México supone una gran inversión para una trabajadora freelance y no es una decisión sencilla. Así que cuando miré la convocatoria del concurso de portafolio cuyo premio era ganar un viaje a Bolonia, tuve la intuición de participar. Trabajé en mi portafolio con la confianza de mostrar los mejores proyectos que había realizado a lo largo de 10 años de carrera: casi 20 libros ilustrados, de los cuales 3 de ellos también había escrito y numerosos proyectos de ilustración de poesía o portadas de libros; casi todos ellos dirigidos al público infantil y juvenil. Viajé a la FIL Guadalajara para presentarme al concurso, llevé un ejemplar de cada uno de mis libros más representativos y tuve la entrevista con Arianna Squilloni, editora de A buen paso”.

“Después de un par de meses en que todas las noches, antes de dormir, imaginaba la posibilidad de viajar a Italia, me notificaron que era la ganadora. ¡Por fin conocería Bolonia! Durante la Feria tuve la oportunidad de firmar algunos de mis libros que han sido publicados en Europa y conocer a sus editores: Nadadores en su versión en italiano (Nuotatori), publicado por Raum Italic; Futuro, por SM España y La soledad de los peces, por Diego Pun en España. Todos ellos con poesía de María José Ferrada. También observé muchos libros interesantes, fueron tantos que lo único que no me gustó fue tener tan poco tiempo. Lo que más me conmovió fue darme cuenta de que aunque era la primera vez que estaba ahí, mis libros habían llegado antes y ya estaban hablando por mí”.
Otro libro premiado en Bolonia es ‘Río Viento’. ¿Cómo afrontaste este proyecto? ¿Qué vamos a encontrar en sus páginas? ¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Sí, Río Viento fue un poema que Ana Laura Delgado, la editora de El Naranjo me invitó a ilustrar. Llevábamos un par de años intentando coordinar nuestros calendarios para que yo ilustrara un segundo libro para su editorial. Así que me ofreció el texto de Río Viento que estaba dirigido a los lectores más pequeños y me pareció una gran oportunidad para ilustrar mi primer libro en cartoné, que desde hace un tiempo es un formato que me llama la atención”, nos cuenta Mariana Alcántara.

“Para iniciar con la exploración, yo tenía muy claro que quería dibujar con el viento de por medio y no me refiero solamente al que entra por mi ventana cuando estoy trabajando, que en algunas ocasiones empuja mi pincel lleno de tinta e imprime una inesperada mancha en el papel; sino que necesitaba que el viento fuera protagonista de las ilustraciones. El poema de Adolfo Córdoba me recordó de inmediato al río Magdalena que había visitado en años anteriores en el Festival Épico, un encuentro de literatura infantil y juvenil en Barranquilla, Colombia. Me sorprendió que el viento estuviera tan unido al río y que me despeinara las ideas conforme me acercaba a la orilla”.

“Después de varias lecturas de análisis, me preguntaba si el texto de Adolfo no sería mejor recibido por lectores mayores, pues yo misma me confundía entre los versos de río y de viento, pero confié en la visión editorial y en adoptar la indeterminación como una herramienta creativa. Entonces dirigí mis esfuerzos para crear un segundo relato a través de las ilustraciones, que ofreciera detalles concretos sobre lo que estaba pasando en el poema: aves que se transforman en peces, peces que son pájaros y niños que vuelan. Para los primeros experimentos trabajé con gotas de pintura acrílica y una espátula con la que emulaba la acción del viento, como si un soplido provocara que una gota dejara un camino de pintura. Con ese método salieron aves y peces, azules y verdes. Descubrí muy pronto que esas manchas eran cuerpos con plumas o escamas y que podían transformarse en aves o peces sólo con cambiar la cabeza. Estos experimentos le encantaron a Ana Laura, sólo que todavía no tenían la estética que imaginábamos para los primeros lectores. A partir de entonces, me concentré en simplificar las formas y suavizar los rasgos”, afirma Mariana Alcántara.

“Seguí perfeccionando este modo de dibujar hasta que una tarde en la mesa de trabajo, salió un pequeño pez con escamas de círculos. Luego dibujé un pájaro que tenía el cuerpo compuesto por líneas y entonces todo me hizo sentido: seguramente esas líneas antes del viento eran círculos. Los personajes de los niños los resolví mirando ese par de imágenes brújula que me guiaron para resolver todas las ilustraciones con el mismo registro estético y técnico”.
“A la par de este proceso, también experimenté con diversos formatos: propuse un libro en acordeón leporello, otro con una página desplegable y jugué con el encuadre horizontal y vertical. Éste último descubrimiento me llevó a entender que la dualidad presente en el texto, podía también llevarla al formato y proponer ambos: vertical para hablar del viento (globos que vuelan alto, árboles despeinados y aves lejanas); y por otro lado el formato horizontal para hablar del río (el horizonte que se extiende, peces, ranas y niños que se sumergen). Además esta estrategía coincidía justo en el centro, en donde el texto de Adolfo pregunta —¿No me crees? que es el parteaguas para que los lectores giren el libro y continúen el viaje al otro mundo”.

“Soy muy afortunada de colaborar con El Naranjo, es una gran editorial mexicana que me permitió tener una libertad creativa enorme en este libro, me encanta trabajar así. Cada semana el proyecto iba cambiando y me acompañaron en el proceso sin limitar las posibilidades. Creo que gracias a su visión editorial y al gran equipo que formamos, obtuvimos el premio BolognaRagazzi para primeras infancias en la Feria de Bolonia en 2026”.

¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a, por ejemplo, Astronautas? “Este libro publicado por Lecturita Edicionestambién nació a partir de las ilustraciones. Yo había hecho una serie de cinco imágenes para un concurso y aunque no tuvieron buena suerte, las mantuve durante varios años en las primeras páginas de mi portafolio porque me interesaba que se convirtieran en un libro. Esta fue una historia que encontré al inicio de la pandemia en 2020, ese año inolvidable. Recuerdo que hubo una expedición de la NASA a Marte: Mars 2020, y tuve mucho tiempo disponible para seguir el evento por internet, con la emoción de una niña. También descubrí el sitio web de la estación internacional espacial, en donde pude seguir su ubicación en tiempo real”, recuerda Mariana Alcántara.

“Todos estos hallazgos me llevaron a imaginar cómo sería la estación internacional o un transbordador espacial y también a diseñar tres astronautas con trajes poco convencionales, inspirados en los disfraces del Ballet Triádico de Oskar Schlemmer de la Bauhaus. Luego metí a estos personajes en la nave, cerré la puerta y los llevé al espacio exterior en donde se encontraban con unos planetas extraños entre los que había un tomate. Porque en mi cabeza yo quería contar la verdadera historia de la luna, desmentir o explicarme a mí misma por qué se dice que es de queso y eso me llevó a pensar en pizza. Era un juego de cosas circulares”.
“Desde hace algún tiempo yo quería colaborar con Lecturita y en la FIL Guadalajara hablé con la editora Celina Alonso. Le gustó mucho esta serie y le envió las imágenes a Sandra Siemens. Cuando recibí el texto me llevé una gran sorpresa: era muy diferente a lo que yo había imaginado, pero la nueva historia me gustó. Habla de un niño llamado Gregorio que le gusta todo lo relacionado al espacio. Encontré un reflejo con esa versión mía de 2020 que se obsesionó con el tema. En este proyecto el reto más significativo consistió en olvidarme de la historia anterior, rescatar las imágenes que podía utilizar como guía para crear otras y analizar el nuevo texto con la mente abierta”.

“Fue un proceso interesante porque pude hacer énfasis desde la ilustración en la creación de los trajes espaciales, por ejemplo. En este punto, encontré un reflejo del pasado, que remontaba hasta mi formación como diseñadora industrial y aquella versión mía que, en una temporada, anheló también dedicarse al diseño de modas. Hay un personaje que agregó Sandra, que me gustó mucho, es una niña que se hace amiga de Gregorio. En el texto ella no tiene nombre, pero durante mi investigación encontré que la primera mujer astronauta se llamó Valentina Tereshkova y que en 1963 orbitó la Tierra en una nave llamada Vostok 6. Así que en la parte en la que Gregorio le hace un traje a su amiga para que lo acompañe al planeta Gregorius, escribí Valentina en las anotaciones y medidas que escribiría un modista o un diseñador. Me imaginé que esta niña podría llamarse así y para mi fue una forma también de hacer justicia feminista”.
¿Cómo afrontas el trabajo de cada libro? Nos referimos a ese trabajo previo, no sabemos si de bocetos en algún cuaderno, … “Cada libro para mí es como subir una montaña o como nadar en el mar abierto: requieren un buen entrenamiento antes de adentrarse en ellos y también exigen humildad -asevera Mariana Alcántara-. El hecho de haber experimentado con montañas, mares o libros en el pasado, no me hace experta en el próximo. Yo creo que lo único que nos piden estos entornos es respeto. Es así como inicio cada proyecto: no intento cruzarlo con el mismo método del anterior. Sé que mi trabajo es encontrar la voz de cada libro. Así que lo único que tengo en la cabeza antes de empezar es que necesito investigar mucho, muchísimo. Intento que las fuentes sean variadas: novelas, cuentos, películas, obras de arte, entrevistas sobre el tema a algunas amigas o recuerdos de viajes. Intento alimentarme de tantos referentes como sea posible, para estar muy cercana al tema del libro”.

“Algunas veces destino una libreta para cada proyecto. Hay otros proyectos que empiezo con experimentos de técnica. También escribo textos propios alternos al libro en cuestión. La única regla que me impongo a mi misma es ser libre y dejarme llevar por la curiosidad”.

¿Con qué técnicas te gusta trabajar? “Es una pregunta compleja, creo que me gusta trabajar con técnica mixta. Intento dibujar con materiales poco convencionales porque pienso que el dibujo es una energía que existe también fuera de los lápices. No me interesa que el libro que estoy haciendo se parezca al anterior, todo lo contrario. Me encanta que cada uno tenga una voz particular. Me aburro rápido de una técnica, me gusta sentirme al borde del abismo de mi mesa de trabajo en cada proyecto. Es así como me mantengo a la expectativa de lo que pueda descubrir y también siento los pies en la tierra. Intento que el miedo a la hoja en blanco sea la primera herramienta para trabajar y después de varios experimentos me sorprendo a mí misma del resultado; incluso me pregunto si fui yo quien hizo ese dibujo. No siempre llego a ese estado creativo, pero cuando sucede, lo atesoro como una gran experiencia -confiesa Mariana Alcántara-. Ese fue el caso para la serie de ilustraciones llamada Fue un miércoles, con la que recibí el primer lugar en la Exposición de Ilustradores en Sharjah Children’s Reading Festival en los Emiratos Árabes Unidos en 2023, que meses después se convertiría en el libro La soledad de los peces publicado por Alboroto Ediciones”.

¿Cómo fue trabajar en proyectos con nombres como María Jose Ferrada o Adolfo Córdova? “Intento no pensar mucho en el nombre de los autores mientras trabajo, de otra manera no podría dibujar ni una raya. Únicamente me limito a leer el texto y buscar una conexión emocional desde algún punto de mi historia como lectora, ilustradora, escritora y habitante del mundo. Una vez que comienzo con el proceso de ilustración, leo muchas veces el texto. Lo analizo, le hago preguntas, incluso lo contradigo. Este proceso es muy personal. He descubierto que soy demasiado empática y hablar con los autores en las primeras etapas del proyecto supondría ceder a favor de sus ideas y adoptarlas como propias, antes de generar mi propuesta”.
“Cuando el libro está listo, recibo algunos comentarios de los autores a través de la editorial y es hasta mucho después, cuando tenemos la fortuna de coincidir en algunas presentaciones del libro, que conversamos. A mí me parece que los conozco de toda la vida, o bueno, siento que es como platicar con un amigo de quien sé muchos detalles. Supongo que es por el análisis tan exhaustivo que hago a sus palabras o porque su texto y mis ilustraciones conviven mágicamente en los libros. Para mí representa un honor compartir libros con María José y Adolfo. También he tenido la oportunidad de ilustrar textos de Martha Riva Palacio Obón, Pedro Mañas, Sandra Siemens, Fran Nuño, Sara Camhaji y Mónica Rodriguez”, afirma Mariana Alcántara.

En cambio en ‘El libro mentiroso’, todo el trabajo es tuyo… “Como autora integral he realizado cuatro libros, con el Fondo de Cultura Económica en México primero fue La voz ciega y después vino El libro mentiroso. El proceso de escribir e ilustrar es un camino interesante: algunas veces escribo la historia de un tirón, en otras primero encuentro la imagen, o bien, inicio indagando en un tema que me interesa desde el bocetaje de ideas sin saber muy bien si se convertirán en parte del texto o de la imagen. Es un proceso que disfruto mucho, porque puedo seguir editando el texto y la imagen en cualquier parte del proceso. Aunque durante ciertos momentos del proyecto imagino que sólo estoy ilustrando el texto de alguien más para investigar, contradecir y cuestionar con libertad”.
“El libro mentiroso surgió también a partir de un concurso, en este caso el Valladolid Ilustrado en España, donde gané el primer premio en el 2019 con una serie sobre las mentiras. Mi motivación personal para este libro fue continuar con esta historia que había planteado en dos imágenes hechas con la técnica de collage, en donde utilicé un papel color magenta que dejaba transparentar la verdad que ocultaban los personajes. Inventar este efecto mágico tipo rayos X fue el recurso que encontré para hablar de las mentiras”.

“Durante mi investigación encontré un artículo en internet que decía que los humanos mentimos alrededor de unas cien veces al día. Cierto o no, me pareció fascinante, y con esto en mente salí a dar uno de mis paseos habituales. En el camino observé a las personas y me pregunté si en ese momento estarían diciendo alguna mentira para cumplir con la cuota diaria de la que hablaba el artículo. Fue así como me di cuenta que los disfraces y algunos accesorios que usamos a diario, como pintarse las uñas o el cabello, son una manera silenciosa de ocultar la verdad. ¿Por qué algunas mentiras son socialmente aceptadas y otras no? Luego fui más lejos y me inventé el juego de descifrar qué había dentro de los sombreros de las personas ¿tal vez un ratón? y de los abrigos ¿en realidad eran tres niños uno encima de otro?”
“Con este recurso visual en mente inicié el proceso de escritura. Experimenté con diversas voces, personajes y lugares para encontrar la historia. Entre los múltiples borradores que escribí, había uno que descarté porque me parecía que era adecuado para un público mayor, pero para mi sorpresa, Horacio de la Rosa y Susana Figueroa, editores del FCE, lo eligieron como el ganador, porque lo había escrito inspirada en una nota periodística, con una voz similar a esa primera noticia que había detonado el proyecto. Después busqué al personaje principal y me di cuenta que en la palabra mentiroso ya había alguien escondido. Entonces busqué al oso más adecuado y cuando leí que los osos polares en realidad tienen la piel oscura, pero se ven blancos porque su pelaje es transparente y refleja el entorno, supe que lo había encontrado”.
“Es un libro lleno de detalles que me encantan. Lo hice como un homenaje a la magia del dibujo porque es así como la protagonista encuentra al oso: dibujándolo en la pared y entonces empiezan a inventar mentiras. Al final se descubre que son ellos los verdaderos creadores del libro. Mi intención principal es que sea una puerta abierta a inventar historias: crear una buena mentira puede ser el inicio de una historia de ficción. También me interesa provocar preguntas: ¿mentir siempre es malo?, ¿por qué a los niños se les exige decir la verdad y los adultos les ocultan cosas? Finalmente mentir es algo natural y los libros deberían ser un terreno libre de censura”.
Álbum Ilustrado
Rut Pedreño nos acompaña en ‘Parque de perros’
Como todos los días, un chico y su perro salen a pasear por el parque, pero un pequeño ser aparece y en un instante se separan. De pronto, cada uno debe emprender la búsqueda del otro entre caminos extraños y criaturas desconocidas. Editado por La Granja Editorial, ‘Parque de perros’ es un viaje silencioso sobre la añoranza, la amistad y la belleza de reencontrarse. Un trabajo de Rut Pedreño, con la que charlamos un poquito más sobre este libro.

¿Dónde está el origen de este proyecto? “Parque de Perros surge primero como un proyecto de cinco ilustraciones que realicé para presentarlo a la convocatoria Iberoamérica Ilustra de 2021, en la que fue seleccionado para formar parte del catálogo. En los siguientes años rescaté este trabajo y desarrollé unas 15 páginas a mayores y lo imprimí como fanzine para moverlo en ferias de autoedición. Fue allí donde conocí a la editorial La Granja que mostró interés en publicarlo, y aunque esto quedó un poco en el aire, me gustó tanto su línea editorial y el cuidado que le ponen a todos sus libros, que siempre tuve de fondo la idea de trabajar con ellos. Cuando en 2024 me concedieron una de las Ayudas INJUVE a la Creación para producir el libro, quise aprovechar para darle un cierre a la historia y no dudé en ponerme en contacto con ellos. El libro finalmente consta de 80 páginas”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Es un libro mudo que nos cuenta la historia de cómo un chico y un perro se separan por accidente durante un paseo y lo que sucede mientras se buscan. Una historia sobre la amistad que se desarrolla en un mundo que se mueve entre lo real y lo onírico, apareciendo algunos personajes o criaturas fantásticas y lleno de metáforas visuales”, nos cuenta Rut Pedreño.
Háblanos un poco del formato del libro. “Gracias a las ayudas de INJUVE pude tener más control sobre el acabado final del libro invirtiendo la mayor parte del dinero en la producción del propio libro. Quería que el libro tuviera valor como objeto y que el formato y elección de papel aportará; es por ello que elegí un formato pequeño, muy parecido al del fanzine inicial y un papel poroso. Creo que esto le ha dado un carácter especial y una calidez que lo distingue de otras publicaciones. Puede que también surgiera inconscientemente de mi predilección por los objetos y cosas minúsculas”.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Como ha sido un proyecto que se ha alargado mucho en el tiempo, ha tenido muchas fases distintas. Pero sí, el germen está en pequeños bocetos en mis cuadernos, casi todos con tinta en blanco y negro. Al pensar en el libro, decidí que quería hacer algo distinto a lo que ya tenía y desmarcarme de las ilustraciones del fanzine dibujándolo desde 0”.
“Desde hace un tiempo estoy retomando el trabajo con medios tradicionales -continúa Rut Pedreño-, venía de trabajar prácticamente en exclusiva en digital y llegó un punto en el que sentí que estaba perdiendo esa parte de los procesos en el que te permites jugar y experimentar, que para mi, es lo que da sentido a crear. Me propuse usar el libro como ejercicio para recuperar esto, pero al ser un proyecto largo tenía que ponerme algunas pautas. Garabateé el storyboard en un cuaderno y aproveche este inicio del libro que ya tenía claro gracias al zine para hacer pruebas con distintos materiales y papeles hasta que encontré el tono y las paletas de color. Como siempre, tuve que estar compaginando este proyecto personal con encargos, por lo que tuve que realizar las páginas en poco tiempo para llegar a la fecha de entrega, creo que esto ayudó también a que el dibujo se vea más fresco y espontáneo”.

¿Por qué un libro sin palabras? “Al partir de estas 5 primeras ilustraciones que hice para la convocatoria, el fanzine del que surge también era mudo y quise mantenerlo y poner el foco en la narrativa visual y lo plástico. Cuando trabajo en proyectos suelo hacer muchas anotaciones escritas, sin embargo tengo una tendencia natural a querer contar más desde la imagen que desde el texto, supongo que es algo que va con mi forma de ser. Me gusta huir de lo explícito y hacer una historia muda es perfecto para ese fin, de este modo obligo al lector a detenerse en el dibujo y a hacer su propia interpretación de lo que está sucediendo”, asegura Rut Pedreño.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Como comentaba antes, creo que tienen un aspecto más fresco, menos perfeccionista y por mi parte, estoy muy contenta, porque era el objetivo. He trabajado con paletas de color limitadas, que es algo que no hago siempre pese a tener predilección por algunos tonos. También ha sido mi retorno a realizar un libro con medios tradicionales. También ha habido un cambio en la temática y enfoque, sobre todo viniendo de hacer “Al otro lado de la Vía” que es un libro que tiene un tono más intimista y realista, en este caso es una historia cercana a la fábula y al cuento, con elementos fantásticos. Me ha gustado mucho la sensación de descubrir un mundo nuevo. Se ha convertido en un proyecto muy especial del que he aprendido mucho y siento que ha marcado un antes y un después en la manera en la que quiero enfrentar mis próximos proyectos”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Principalmente gouache acrílico, aunque también usé ceras, pigmento acuarelable, lápices de color y rotuladores acrílicos”, nos cuenta Rut Pedreño.
Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. “Ha sido un proyecto que se ha extendido mucho en el tiempo y ha tenido muchas versiones y enfoques, creo que esto permitió que, cuando me puse manos a la obra con el libro, me fuera posible hacerlo dejándome llevar e ir descubriendo lo que sucedía en la historia según dibujaba con cierta improvisación”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Este año se publicará un cómic infantil nuevo con Katia Klein como guionista. Es un libro muy colorido que da continuidad a Tuli, el protagonista de los libros de cartón de 0-3 años que sacamos junto a Combel a principio de año, para que niños un poco más mayores que están empezando a leer puedan seguir disfrutándolo. Por otro lado, sigo con mi trabajo como ilustradora, y espero poder trabajar pronto en algún proyecto personal nuevo”.
Álbum Ilustrado
Marina Montero nos acerca a la ‘Mecánica ilustrada’
¿Por qué una pelota vuelve al suelo cuando la lanzas? ¿Cómo consigue una noria mantenerse en movimiento? ¿Qué tienen en común una tortilla, un satélite, una bicicleta y una montaña rusa? La mecánica clásica es la rama de la física que estudia el movimiento de los cuerpos y las fuerzas que actúan sobre ellos. Aunque pueda parecer una disciplina compleja, sus principios están presentes en casi todo lo que hacemos cada día. Con un lenguaje accesible, mucho humor y unas ilustraciones llenas de personalidad, Marina Montero convierte conceptos como la gravedad, la inercia, la energía o las leyes de Newton en experiencias visuales fáciles de comprender y difíciles de olvidar. Premio Andersen de iIlustración 2026, ‘Mecánica ilustrada’ es un álbum que edita Zahorí Books y que estará en librerías los primeros días de septiembre. Con su autora hemos charlado un poquito más sobre este maravilloso libro.

¿Dónde está el origen de este proyecto? “El origen de este libro está en el proyecto final de un curso de ilustración que realicé en la Escuela Minúscula. Aunque, pensándolo bien, creo que la semilla se plantó mucho antes, cuando dibujaba e ilustraba mis propios apuntes durante primaria y secundaria para motivarme con el estudio. El dibujo siempre fue clave en mis procesos de aprendizaje, sobre todo en las materias científicas, a pesar de que al terminar el bachillerato me decantase por las Bellas Artes”.
“Cuando me enfrenté al proyecto final del curso, volví a los manuales escolares de física que tan tediosos me parecían en su momento y, de repente, descubrí un universo fascinante -continúa Marina Montero-. No me preocupaba tanto comprender el contenido denso, sino que me cautivaron los diagramas y ese lenguaje visual científico tan cuadriculado, encontré una belleza inesperada en él. Tuve claro que quería apropiarme de esa estética, llevármela a mi terreno y explorar algo nuevo. El detonante fueron unas ilustraciones de máquinas simples del siglo XVIII que me parecieron hermosas. A partir de ahí nació la idea de crear una especie de glosario ilustrado de principios físicos. Tras presentarlo, hice una breve tirada en fanzine con Another Press y funcionó muy bien. Después lo presenté al Serpa Award y, gracias a la mención especial, contactaron conmigo unos editores italianos (Quinto Quarto) que vieron el potencial del proyecto para convertirse en un libro de física para niños”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Encontrarán una introducción algo particular a la mecánica clásica, que viene siendo la física de las cosas que podemos ver y tocar: aquella que no es ni macro ni microscópica y que no viaja a la velocidad de la luz. Se trata de un recorrido por algunos de los principios fundamentales de la mecánica clásica: levantarse de la cama, entrar en el metro, recalentarse unos espaguetis, dar la vuelta a la tortilla… Quiero decir: las máquinas simples, las leyes de newton, la ley de gravitación universal, los tipos de movimientos, las fuerzas… y que son explicados a través de situaciones cotidianas aparentemente absurdas o banales. Además, la editorial me pidió añadir breve repaso histórico para conocer a los pensadores que formularon estas ideas”, asegura Marina Montero.
¿Qué ha supuesto el reconocimiento en Bolonia? ¿Y el premio Andersen? “Honestamente, ni siquiera imaginaba que esta idea pudiera llegar a publicarse en formato libro, así que todo lo que ha venido después me ha sorprendido enormemente. Estoy muy feliz por estos reconocimientos y porque se haya valorado el trabajo. Sobre todo, me alegra ver que se apuesta por propuestas inusuales y por la visión subjetiva del creador. Siento que en este proyecto he podido ser muy fiel a mí misma”.


¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Realmente fue la fase más lúdica del proceso -confiesa Marina Montero-. Elaboré un listado con los principios y fenómenos físicos que deseaba incluir. Los buscaba en manuales para analizar cómo se representaban visualmente y leer su definición teórica. A partir de ahí, el reto consistía en buscar analogías o momentos cotidianos que encajaran con ese principio físico para integrarlos en la composición”.
“Una vez resuelto esto, tocaba plasmar en la ilustración los diferentes vectores y magnitudes. Finalmente, tomaba la definición científica original y la modificaba para que dialogara con la escena cotidiana. Fue como realizar un ejercicio de estilo como hizo Raymond Queneau en 1947 con su obra Ejercicios de estilo, que era un referente que tenía muy presente en la cabeza en ese momento y que descubrí gracias a una clase con la ilustradora Ana Bustelo. Como es natural, también descarté muchas ideas por el camino. Algunos ejemplos cotidianos no lograban sintetizar bien el principio físico o resultaban menos sugerentes”.


¿Cuál ha sido tu mayor descubrimiento tras todo ese proceso? “He aprendido muchísimo en el camino y me cuesta elegir un solo descubrimiento. Sin embargo, algo bellísimo ha sido comprobar que es posible trabajar con editores que confían plenamente en tu criterio y en tu visión artística. Antes de este proyecto, no me proyectaba como «autora» de libros ni pensaba que tuviera grandes historias que contar, me veía más como una ilustradora de encargo. Este proceso me ha demostrado que sí tengo una voz propia y que, curiosamente, lo que me interesa narrar a menudo está estrechamente ligado a la ciencia”, afirma Marina Montero.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Creo que lo que caracteriza a estas piezas es el nivel de síntesis que he alcanzado, el cual dialoga muy bien con el código gráfico y técnico de la ciencia. Es un registro que no había explorado en proyectos anteriores y me sorprende lo bien que funciona en este contexto. También resultó novedoso para mí plantear una estructura en el diseño de la doble página: en el lado izquierdo presento los «ingredientes» (la definición, la fórmula, los personajes, las “variables” en juego), mientras que la página derecha funciona como la «resolución» visual del problema”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Combiné técnicas digitales y analógicas. Siempre me gusta que mis ilustraciones contengan un componente táctil. En este caso, incorporé texturas de grafito, pinceles y tinta realizadas sobre papel -nos cuenta Marina Montero-. Después las integré digitalmente para aportar un acabado más orgánico. El digital me permite trabajar con la agilidad y rapidez necesarias para abordar un proyecto de este tipo. Para proyectos de otra naturaleza, sigo prefiriendo la pausa y la plasticidad del papel”.
Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. “Dediqué mucho tiempo a la investigación, especialmente cuando llegó el momento de ampliar la parte científica. Tuve que repasar conceptos y detenerme a comprender a fondo nociones que ya había olvidado. Precisamente eso es algo que valoro enormemente de esta experiencia, el haber recuperado el interés por materias que en su día me parecieron más ajenas. Poder mirarlas hoy con otra perspectiva y transformarlas en una propuesta creativa ha sido muy motivador y enriquecedor, sobre todo pensando en que pueda inspirar a otras personas a mirar la física con otros ojos”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Actualmente estoy ilustrando un nuevo álbum con Quinto Quarto, la editorial que publicó el título original en italiano. En esta ocasión trabajo sobre un texto e idea de otra autora: un libro que explora los diferentes tipos de corazas y armaduras, desde las que existen en el mundo natural hasta las creadas por el ser humano. En paralelo, estoy desarrollando otro proyecto con la editorial que lo publica en España, Zahorí Books, en coedición con el CSIC, para la colección Mentes Curiosas”.
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