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Álbum Ilustrado

Ainhoa Rodz, David y Sergio Gómez y ‘Bruno y (mi otro) yo’

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Ainhoa Rodz

‘Bruno y (mi otro) yo’ es una historia que nos ayuda a entender la realidad del autismo en el entorno escolar, y nos recuerda la importancia de comprender, respetar y acompañar los ritmos y formas de cada persona. Con estas palabras La Maleta Ediciones nos presenta este álbum ilustrado, un trabajo de David y Sergio Gómez junto a Ainhoa Rodz. Con ellos charlamos en las siguientes líneas sobre su trabajo.

La historia está narrada por Oliver, un niño con autismo que, junto con sus compañeros Gael y Bruno, asisten a un aula específica para niños y niñas con necesidades relacionadas con el espectro autista. Bruno, recién llegado, tiene dificultades para adaptarse al nuevo entorno, lo que lo lleva a comportarse de manera impulsiva y disruptiva. Oliver, con una gran sensibilidad a los ruidos y muy poca tolerancia a los conflictos, se enfrenta a importantes retos para manejar sus propias emociones frente a estas situaciones. A través de diferentes incidentes y momentos de reflexión, junto a su madre, profesoras y terapeuta, Oliver aprende a aceptar esa sensibilidad como parte de su identidad, mientras que Bruno también comienza a sentirse integrado y regular su comportamiento.

“Con ‘Bruno y (mi otro) Yo’ pretendemos ayudar a romper estereotipos, mostrando que las personas con autismo no son todas iguales y que tienen sentimientos, emociones y aspiraciones como cualquier otra persona”, nos indica Ainhoa Rodz.

Ainhoa Rodz

Habladnos un poco del origen de este proyecto. “Este proyecto nació de una forma muy natural -nos cuenta David Gómez-. Sergio venía trabajando en terapia aspectos relacionados con sus emociones: cómo se siente, cómo gestiona sus conflictos cotidianos. Al finalizar una de las sesiones, su terapeuta me enseñó un dibujo que él mismo había hecho sobre una situación que le estaba incomodando en el instituto. Sergio se expresa mucho a través de las imágenes, ya que en su caso, como en el de muchas personas con autismo, lo visual juega un papel fundamental. Ese dibujo en particular reflejaba su lucha interna con lo que él llama su “yo sensible”. Una parte de sí mismo que se ve muy afectada, por ejemplo, por el ruido, y que, al no poder gestionarlo, le lleva en ocasiones a tener comportamientos disruptivos. Lo que para otros puede ser un estímulo menor, para él puede resultar abrumador”.

“Cuando vi ese dibujo, supe que ahí había una historia que necesitaba ser contada -continúa David Gómez-. Nuestra aportación a la literatura infantil ha venido por caminos distintos, pero complementarios. Yo, por mi parte, llevo tiempo escribiendo historias en las que los protagonistas tienen características propias del espectro autista, con el objetivo de naturalizar diferentes formas de ser y estar en el mundo (‘El vuelo de Sofía’, editado por Cuento de Luz; ‘Leo no es un extraterrestre’, editado por Libre Albedrío; ‘¡Ana, dónde vas!’, editado por La Estrella Azul). Sergio, en cambio, comparte su maravilloso universo creativo a través de cuentos muy suyos, con un estilo surrealista propio en el que todo tiene cabida. En su mente creativa no hay límites (‘Mi universo azul: de zombies, monstruos y personajes imaginarios’, editado por Allanamiento de Mirada)”.

“En este caso en concreto, sentí que podíamos cerrar un círculo y comenzar a colaborar desde un lugar nuevo. Mostrar cómo un chico con autismo, ya con conocimiento de su condición, percibe y se relaciona con su entorno. Me parece un testimonio valiosísimo. Y llevarlo al formato de álbum ilustrado me pareció una bonita manera de seguir sensibilizando y generando conciencia sobre el autismo. Además, para mí tiene un valor añadido muy importante: es una historia contada desde dentro. La voz que narra es la de un chico con autismo, en este caso, Sergio, que tiene casi 17 años”, asegura David Gómez.

Ainhoa Rodz

¿Cómo llega a tus manos este proyecto? “El texto de ‘Bruno y (mi otro) yo’ me llegó a través de David Gómez -afirma Ainhoa Rodz-. Es una historia autobiográfica de su hijo Sergio, centrada en los conflictos que vive en un aula de educación especial de la ESO y en la manera que encuentra para resolverlos. El hecho de que la historia esté contada en primera persona por un adolescente con autismo me fascinó, así que no dudé en embarcarme con ellos y con La Maleta Ediciones en este proyecto. El álbum es excepcional porque apenas encontramos ejemplos en la literatura infantil y juvenil historias escritas por niñas, niños o adolescentes, y menos aún que hablen de las percepciones, experiencias y desafíos que conlleva vivir con diversidad sensorial en esta sociedad. Además del autismo, que no se nombra de manera explícita, en el álbum aparecen temas universales como el autoconocimiento y la autoaceptación personal, la empatía, la búsqueda de apoyo y comprensión, valor de la amistad, la paciencia y el esfuerzo colectivo para superar dificultades”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “En esta historia, los lectores y lectoras van a encontrarse con una situación que, en principio, podría ocurrirle a cualquier persona. Aunque parte de un contexto muy particular, lo que plantea tiene un alcance universal, porque todos y todas, en algún momento, nos hemos visto envueltos en conflictos internos parecidos donde la empatía y la impotencia chocan de frente”, asegura David Gómez. “Como decía en mi respuesta anterior, el valor añadido de esta historia es que nos permite asomarnos a cómo un chico con autismo vive y gestiona sus emociones y conflictos. Y ese enfoque, contado desde dentro, a mí me resulta muy revelador. La trama se sitúa en un contexto educativo. Llega un chico nuevo a clase, pero no consigue adaptarse bien. ¿Qué ocurre entonces? Que otro compañero, Oliver -que representa al propio Sergio-, quiere ayudarlo. Tiene la intención, pero no sabe cómo hacerlo. Esa incertidumbre, esa tensión, empieza a generarle estrés y ansiedad”

“Y lo que en un principio era un gesto empático, termina por volverse en su contra. Al no saber gestionar la situación, Oliver también comienza a tener dificultades y comportamientos que no son adecuados. Esto complica más el conflicto y, además, despierta en él un sentimiento de impotencia y culpabilidad. No solo siente que no ha podido ayudar al compañero, sino que además cree que ha empeorado todo. Es un conflicto doble, pero muy bonito en el fondo, que viene a poner de manifiesto que la empatía, el compañerismo, el sentimiento de amistad, la conciencia social y la autopercepción también están presentes en las personas con autismo. A lo largo de la historia, Oliver va trabajando en ello y comprendiendo lo que le pasa, para intentar encontrar maneras de afrontar sus emociones y, al final, llega a la conclusión de que, aunque no siempre haya una solución inmediata, al menos podemos entender lo que está sucediendo y empezar a gestionar la situación desde el respeto a los demás y con la conciencia de quienes somos. Ese es, para mí, un mensaje muy potente”, confiesa David Gómez. 

Ainhoa Rodz

Háblanos un poco del trabajo con David y con Sergio… “Con David había colaborado hace dos años en el álbum ‘La compañía de Nicoleta’. Me gusta trabajar con él porque dialogamos frecuentemente sobre nuestras respectivas tareas y aprendemos juntos -nos cuenta Ainhoa Rodz-. Fue él quien me dio a conocer los cuentos fantásticos de Sergio, algunos publicados en ‘Mi universo azul de zombis, monstruos y personajes imaginarios’. Admiro su libertad creativa y expresiva, también en su faceta de dibujante de cómic. Ha sido, además de un honor, un reto poder ilustrar una historia tan suya. Tratar de ponerme en la piel de un chico con autismo y representar la temática sin caer en estereotipos que pudieran alimentar el estigma no es fácil. A mí, por ejemplo, me encantaba la fuerza y espontaneidad de las primeras versiones de la historia de Sergio, pero contenían expresiones que corrían el riesgo de ser mal interpretadas por un público no especializado, aquí fue David el que se encargó de matizar y pulir el texto definitivo. Además de su experiencia, consultó para ciertas partes del texto a una psicoterapeuta. En la presentación de este libro en Granada tuve la oportunidad de conversar con ella y me reconfortó saber que algunas de las ilustraciones se parecen a los dibujos que hacen sus pacientes y que otras ha logrado llamar poderosamente su atención”. 

¿Cómo ha sido el trabajo con Sergio? Imaginamos que muy especial… Háblanos un poco de ese trabajo de colaboración entre los dos para el texto de esta historia. “Trabajar con Sergio siempre es muy especial, la verdad. Pero en este caso concreto, ha sido algo diferente -asegura David Gómez-. Normalmente cuando trabajamos juntos suele ser para escribir sus propias historias inventadas, esas que va creando en su cabeza con todas sus influencias: su vida, sus lecturas, sus intereses… y que, cuando las tiene listas, necesita pasarlas al papel. Ahí es cuando intervengo yo. En esos casos, básicamente actúo como su escriba. Me siento frente al ordenador y escribo lo que él me va contando”.

“Como te decía, esta vez fue distinto, porque la historia que queríamos contar era algo que le había sucedido realmente. Era una vivencia que había trabajado previamente en terapia y que quisimos convertirla en una historia para compartirla con el mundo. Para eso, necesitábamos hacerla un poco más universal y también proteger la privacidad de las personas que aparecen en ella, ya que todos los personajes están basados en personas reales. Ahí es donde empezó lo realmente interesante del proceso. Cuando yo intervenía como coautor para incorporar situaciones que eran necesarias para dar a la historia ese carácter más universal, Sergio a veces no lo entendía. Le costaba aceptar que modificáramos detalles o incorporáramos elementos nuevos. Él entiende el mundo de una forma muy literal, y si lo que estaba contando es algo que vivió, le resultaba difícil aceptar cambios en la narrativa, aunque estos fuesen clave para darle coherencia o mayor profundidad a la historia”.

“Tuvimos que gestionar eso juntos, con mucho diálogo y paciencia. Pero al final, todo fue muy bien. Sergio entendió cuál era el proceso, y creo que también fue muy enriquecedor para él ver cómo una experiencia personal puede transformarse en una historia con la que muchas personas pueden sentirse identificadas”.

Ainhoa Rodz

¿Y el trabajo con Ainhoa? “Trabajar con Ainhoa es una auténtica maravilla -continúa David Gómez-. Además de compartir la pasión por el álbum ilustrado, somos compañeros de trabajo desde hace muchos años. En los últimos tiempos, a través de la literatura infantil -yo desde la escritura y ella desde la ilustración-, hemos desarrollado una conexión muy especial. Ainhoa es una persona con mucha sensibilidad y muy comprometida con lo social, y eso se refleja claramente en sus ilustraciones y en la forma en que interpreta los textos que ilustra. En nuestro caso, además, ella ya tenía un interés muy particular por las historias que escribe Sergio, esas historias tan suyas, tan creativas”.

“Cuando le hablé de este proyecto y le propuse la posibilidad de que fuera ella quien diera forma a los personajes y pusiera imagen a la historia, le entusiasmó la idea. Conoce el día a día de Sergio y su relación con la literatura desde hace tiempo, porque suelo compartirlo con ella. Y fue muy bonito ver cómo conectaron también a través de lo creativo. Ainhoa es una ilustradora en constante crecimiento. Siempre está formándose, investigando, probando estilos, evolucionando. No se detiene. Creo sinceramente que es una artista con mucho talento, y deseo de corazón que se le abran muchas puertas en este mundo, porque tiene mucho que aportar”.

Una vez más, el álbum ilustrado como recurso para poder abordar cualquier tema, darlo a conocer, reivindicar… “Una vez más, el álbum ilustrado… pues sí. La verdad es que en el álbum ilustrado cabe todo. Es un formato que me tiene completamente enamorado desde hace muchísimo tiempo, porque -como he dicho mil veces- reúne en un solo objeto dos de mis grandes pasiones: la literatura y el arte. Además, es un formato sin edad. Va dirigido de 0 a 99 años… por no decir 100, 101, 102… Es un vehículo perfecto para llegar a personas de cualquier edad. En nuestro caso, seguiremos apostando por él. Es un formato que nos ayuda a transmitir, de forma muy natural y visual, que hay muchas formas de entender el mundo y muchas maneras de relacionarse con los demás. Ninguna es mejor que otra. Todas son distintas, y precisamente en esa diferencia está la riqueza. Cuanto más diversos seamos, más rica será la sociedad en la que vivimos”, asevera David Gómez.

Ainhoa Rodz

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Son ilustraciones particularmente coloridas, con una paleta reducida y contrastada de naranjas, azules, amarillo y negro. Pensé mucho en el color a nivel simbólico y psicológico -asegura Ainhoa Rodz-. Por ejemplo, el principal contraste cromático se da entre Óliver y Bruno, los protagonistas del conflicto. El resto de personajes mantienen una armonía convivencial con Óliver (el narrador) representada mediante una analogía cromática. Bruno es azul y no solo porque este sea el color representativo del autismo. También disfruté mucho creando el personaje de Gael. Como no está determinada su personalidad en el texto, me permitió romper estereotipos de género y mostrar la diversidad sexual y de género como algo relativamente frecuente en las personas con autismo”.

“Volviendo a la pregunta, otra característica de las ilustraciones de este libro es la búsqueda de un equilibrio entre la mirada externa (lo realista) y las sensaciones internas (lo fantástico o imaginado). Hay una metáfora principal que atraviesa todo el libro, que es la representación gráfica de las sensaciones y emociones a través de las plantas. Algunas tienen pinchos, otras son trepadoras o cuelgan, algunas hasta tienen frutos, hay plantas que crecen en los bolsillos, en la cabeza o en otros lugares. También aparecen animales simbolizando emociones intensas, incluso una locomotora para mostrar la hiperacusia”.

Ainhoa Rodz

¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? Al menos respecto a nuestra última entrevista sobre ‘Climática’, sí que a simple vista se trata de proyectos muy diferentes… Efectivamente, este álbum es muy diferente a ‘Climática’ en el color, en la atmósfera, en los fondos, en las metáforas visuales, etc., y no tanto, por ejemplo en las proporciones anatómicas, aunque en esta ocasión he preferido romper (no eliminar) la línea que delimita a los personales. La historia se desarrolla en el ámbito escolar, sin embargo he preferido abstraer a las personas de este entorno, que solo aparece dibujado en las dos primeras páginas del libro y en la última. En este libro tienen más peso los vacíos y el blanco del papel, lo que permite una mayor focalización en los personajes”, afirma Ainhoa Rodz.

¿Con qué técnicas trabajaste en este libro? “Para ilustrar este álbum realicé numerosos bocetos con pasteles al óleo, lápices de colores, témperas en barra y tinta china. Finalmente, orientada por el editor, volví a la técnica digital, que es la que utilizo con mayor frecuencia”.

¿Cómo fue la reacción tuya (David) y de Sergio al tener el libro en la mano? “La reacción al ver el álbum ya impreso fue muy emocionante, aunque muy diferente en ambos casos. En mi caso, trabajo con Ainhoa, somos compañeros de oficina y, quieras o no, yo ya había ido viendo parte del proceso de ilustración. Ella compartía conmigo el avance del trabajo. La forma en la que solemos trabajar -no es la primera vez que colaboramos en un proyecto- es muy colaborativa, y eso, sin duda, hace que el proyecto crezca y se enriquezca. Así que, en mi caso, ya tenía una idea bastante clara de cuál había sido la paleta de colores elegida, cómo iban quedando la historia, los personajes,… Aun así, cuando lo vi finalmente en papel, me pareció maravilloso. La edición que ha hecho La Maleta Ediciones es fantástica, y estamos encantados con el resultado”.

Ainhoa Rodz

“En el caso de Sergio, fue muy curioso -prosigue David Gómez-. Como comentaba antes, Sergio entiende todo de forma muy literal. Le chocó bastante ver que los personajes tenían colores de piel poco convencionales: uno era amarillo, otro azul, otro naranja… También le desconcertó que los personajes no se parecieran físicamente a las personas reales en las que están inspirados. Por ejemplo, no entendía por qué al personaje de Oliver le habían puesto gafas si él no usa gafas. Todo eso le llamó mucho la atención al principio, pero cuando le expliqué que la historia estaba pensada para que cualquier persona pudiera sentirse identificada, y que por eso no podíamos representar a las personas reales tal cual -para proteger su identidad, entre otras cosas-, lo entendió perfectamente. Lo cierto es que le gustó mucho. De vez en cuando coge el álbum y lo hojea. Pero también es verdad que, una vez que el proyecto ha salido de su cabeza y lo ve terminado en papel, pasa rápidamente a otra cosa. Necesita dejar hueco libre. Es muy práctico en ese sentido: “Vale, esto ya está listo. Ahora, a otra cosa”.

Ainhoa Rodz

Seguro que ya tenéis más proyectos en mente… “Te mentiría si dijera que no tengo proyectos en mente. Y, de hecho, algunos de ellos ya están bastante avanzados en lo que a redacción se refiere -afirma David Gómez-. Por un lado, sigo escribiendo historias en las que el autismo está presente en los personajes. Hay una muy avanzada que espero poder terminar pronto para compartirla con una persona con la que voy a colaborar. La idea es que, entre los dos, podamos sacarla adelante y encontrarle una casa editorial. Además, tengo otras historias en marcha, sobre temas diferentes, que también espero seguir desarrollando. Y, sobre todo, confío en que, una vez finalizadas, puedan interesar a alguna editorial. Sabemos que publicar no es fácil, a veces resulta desalentador ver que las puertas no se abren, pero seguimos intentándolo. Si salen, estupendo; y si no, las guardamos en un cajón hasta que llegue su momento. Y ya está”.

“En cuanto a mi colaboración con Sergio, ya hay una segunda historia escrita, con el mismo protagonista, en la misma línea de la que acabamos de publicar juntos. Espero que también encuentre editorial pronto. Además hay otra historia más, aún en fase de germen, que nació a partir de otro dibujo suyo. Creo que hay mucho que contar en esta línea que hemos abierto Sergio y yo. Y confío en que el mercado editorial la reciba, la acoja y le dé el espacio que merece”.

“Pues me han invitado a participar con otras ilustradoras en un libro de poemas ilustrados de grandes mujeres poetas -nos cuenta Ainhoa Rodz-. También sigo formándome y trabajando en proyectos personales. Ahora estoy cerrando el storyboard de un álbum en el que aparecen multitud de animales con alta capacidad crítica. A ver si encuentro una editorial interesada en publicarlo”.

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Richolly Rosazza nos habla del trabajo tras ‘Tornare’

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Richolly Rosazza

Cuando el invierno llama a las puertas de la ciudad, decide marcharse a un lugar donde aún es verano. Al regresar a casa, una sensación de inquietud la llevará a emprender nuevos viajes, en un intento por llenar el vacío que se ha instalado en sus pensamientos. Así comienza un viaje interior a través de las estaciones, entre partidas y regresos. Un relato poético de crecimiento interior, viajes y el descubrimiento de lo que verdaderamente importa. Así nos presenta Kite Edizioni ‘Tornare’, un álbum ilustrado de Nadia Al Omari y Richolly Rosazza. Con éste último hemos charlado un poquito más sobre este proyecto.

¿Cómo llega a tus manos este proyecto? “Tornare es un proyecto que nace inspirado en uno de mis cuadros y en la idea de trabajar sobre las estaciones. Después, Nadia me entregó el texto y empezamos a trabajar juntos sobre la idea general del proyecto”.

Richolly Rosazza

¿Qué es lo que más te gustó de este proyecto? ¿Qué te pareció la historia de Nadia la primera vez que la leíste? “Del proyecto me gustó mucho la idea del viaje y, sobre todo, que el lugar al que llega la protagonista es un lugar que Nadia y yo conocemos bien. Además de realizar nuestros proyectos juntos, somos pareja y estamos casados, así que es un lugar que forma parte de nuestra vida. Busqué representar, de alguna manera, ese lugar y llevarlo al mundo de la historia. La historia me gustó mucho desde el principio, pero, trabajando juntos en nuestros proyectos, sé que puede evolucionar un poco durante el proceso. Me gusta esa posibilidad de ir descubriendo cosas nuevas mientras trabajamos”, asegura Richolly Rosazza.

¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Los lectores encontrarán una historia introspectiva y poética, en la que podrán reconocerse, al menos en parte. Tornare habla de viajes, partidas y regresos, pero sobre todo de ese viaje interior que todos emprendemos en algún momento para intentar comprendernos y encontrar aquello que realmente importa. Una historia sobre el crecimiento, las relaciones y la búsqueda de un lugar al que, más que volver, sentir que pertenecemos”.

Richolly Rosazza

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Busco crear en mis libros un escenario poético y onírico, donde lo cotidiano pueda convivir con lo fantástico. Me gusta crear imágenes que no lo explican todo, que dejan espacio a la imaginación y a la interpretación de cada lector -continúa Richolly Rosazza-. La naturaleza, las estaciones y los paisajes tienen un papel importante, porque acompañan y reflejan el mundo interior de los personajes. Intento que cada ilustración transmita una sensación o una emoción, más que simplemente representar lo que ocurre en la historia”.

Richolly Rosazza

¿Con qué técnicas trabajaste? “Para este libro utilicé acrílico y óleo sobre lienzo. Es una técnica que amo y que, hasta ese momento, había utilizado solo para mis cuadros. Sentía que Tornare necesitaba algo diferente, una técnica con presencia, que pudiera acompañar su parte más poética y emocional. Trabajar directamente sobre lienzo también me permitió disfrutar mucho de la materia y de la textura de la pintura”.

Háblanos un poco de ese recurso de la hoja a través de la que solo vemos el ojo o los ojos de los personajes… “Me gusta la idea de que la naturaleza forme parte de mis personajes, casi como una manera de fusionarlos con el entorno. La hoja funciona como una especie de máscara, con dos aberturas que son como ventanas o puertas: permiten al espectador acercarse y sentir curiosidad, pero también marcan un límite. Podemos ver los ojos del personaje, podemos intuir lo que siente, pero no podemos entrar en sus pensamientos sin su consentimiento”, afirma Richolly Rosazza.

“La idea nació de un cuadro que pinté durante el lockdown, cuando buscaba trabajar sobre algo enigmático y misterioso. Después sentí que este recurso podía encajar muy bien en Tornare, porque me permitía reforzar ese mundo onírico y dejar que algunas cosas permanecieran ocultas”.

Richolly Rosazza

¿Qué has aprendido con este proyecto? “He aprendido que limitarme pensando que una determinada técnica es adecuada para mis proyectos de ilustración puede ser un error. A veces salir de nuestra zona de confort y experimentar nos puede llevar a resultados inesperados y sorprendentes. Tornare me enseñó precisamente eso”.

Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “En general, para todos los proyectos que he realizado junto a Nadia, el proceso es casi siempre el mismo. Ella escribe el libro, a veces inspirándose en uno de mis personajes o, como en este caso, en uno de mis cuadros. Después me entrega el texto, hacemos juntos la división en páginas y preparo un storyboard. Diría que esta es la parte más difícil del proceso, porque es cuando tengo que encontrar el ritmo de la historia y decidir cómo se desarrolla visualmente página a página”, nos cuenta Richolly Rosazza.

“Una vez que tengo el storyboard aprobado, paso a realizar las ilustraciones definitivas. En esta fase me doy la libertad de añadir pequeños detalles o hacer algunos cambios que no comprometan la esencia del proyecto, pero que pueden enriquecer las imágenes y aportar algo más a la historia”.

Richolly Rosazza

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy evaluando algunas historias sobre las que me gustaría trabajar. Ya tengo algunas propuestas y estoy viendo cuáles pueden convertirse en mis próximos proyectos. Por ahora estoy en una fase de evaluación y de búsqueda, intentando encontrar aquellas historias que realmente me despierten algo y que me den ganas de trabajar visualmente sobre ellas”.

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Raquel Catalina nos presenta a ‘Nina y Tita’

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Raquel Catalina

Nina y Tita son dos abuelas muy distintas a las que aparecen en los cuentos. No caminan con bastón ni se quedan en casa tejiendo: una siempre anda deprisa; hace dieta y va a la piscina; la otra se mueve en bicicleta; cocina a la parrilla y practica yoga. ¿Será entonces que los libros están equivocados? Todo se desvelará en la próxima reunión familiar. Con estas palabras la editorial Kalandraka nos presenta ‘Nina y Tita’, un álbum ilustrado de Beatriz García-Huidobro y Raquel Catalina. Con ésta última hemos hablado un poquito más sobre su trabajo en este libro.

¿Dónde está el embrión de este libro? “Curiosamente Manuela Rodríguez, editora de Kalandraka, me propuso este libro antes de presentarme con Arianna Squiloni al Premio Internacional Compostela. Y como al final ‘Grande y pequeña’ ganó, hubo que aplazarlo un tiempo. Así que cuando empezamos con el libro, había tenido ya la oportunidad de trabajar con Manuela y de conocernos”. 

Raquel Catalina

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Hay varias lecturas, pero a mí me gusta mucho la que habla de modelos y de generaciones distintas. La niña protagonista es aún una “página en blanco” y su familia, las mujeres que la preceden, son un espejo en el que mirarse y además, van llenando su vida de experiencias, de recuerdos. A la mesa de cumpleaños se sientan cuatro generaciones y creo que es inevitable pensar los cambios enormes que ha habido de unas a otras”, asegura Raquel Catalina.

¿Qué te pareció la historia de Beatriz la primera vez que la leíste? ¿Has tenido referentes para crear estos personajes? “Cuando leí el texto de Beatriz, la primera imagen que me vino a la cabeza fueron mis compañeras de gimnasio. Hago deporte por las mañanas y hay un grupo de amigas mayores que son tremendamente constantes y, sobre todo, ¡muy disfrutonas! Su mañana de gimnasio termina en la cafetería, con el almuerzo, las risas y las bromas”.

“Me da siempre la sensación de que son mujeres que han conquistado un espacio nuevo, que su manera de habitarlo es una celebración constante. Por eso disfruto con ellas, las observo mucho. En el libro es una niña la que habla de sus abuelas y de sus bisabuelas, no me parece casual que el texto hable de mujeres y que sea para describir una ruptura de roles, una ampliación de posibilidades, de cómo se ha desmontado un estereotipo. ¡Y luego además me di cuenta de que abuela podría ser yo misma! Es muy agradable pensar que no hay nada escrito sobre cómo debe de ser una abuela”, nos cuenta Raquel Catalina.

Raquel Catalina

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Tiendo a observar mucho a la gente, y sí, suelo llevar algún cuaderno para dibujar. En este caso, las bisabuelas son más cercanas al imaginario de los cuentos. Sus proporciones y su tamaño están estilizados. Las abuelas, en cambio, son más realistas. En mi cabeza tenía referencias de mujeres que conozco para Nina y Tita, no solo físicamente, sino también en su espíritu, en su manera de estar, en el tipo de energía que transmiten. Mis referencias, no obstante, son un punto de partida, una orientación, el personaje termina de tomar cuerpo en el papel, a base de pruebas”. 

¿Qué dirías que has aprendido con este proyecto? “Aprendo mucho trabajando con Manuela, la editora. Y eso que empezamos teniendo ideas distintas sobre algunos puntos, pero creo que ella me hizo algunas concesiones, y yo, desde luego, aprendo mucho de su mirada”, confiesa Raquel Catalina.

Raquel Catalina

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Desde un principio Nina y Tita se iba a incluir también en la colección de Minilibros Imperdibles, que miden 7 cm. Ese condicionante técnico fue muy interesante, tuve que trabajar todo el tiempo pensando en simplificar los dibujos y hacerlos legibles a ese tamaño. Me gusta mucho esa colección, me parece una idea preciosa. Son perfectos para llevarlos de viaje, en el bolso, son una alternativa maravillosa para esos momentos en que muchos padres recurren al móvil para entretener a sus hijos”.

No es la primera vez que dibujas un personaje con el pelo blanco… “La verdad es que después de mi primer libro con un personaje de un abuelo, “A manta do José”, me han ofrecido muchísimos libros con abuelos y abuelas, muchos más de los que he hecho en realidad. Creo que tiene que ver precisamente con que no suelo dibujar el estereotipo de abuelo o abuela”, afirma Raquel Catalina.

Raquel Catalina

¿Con qué técnicas trabajaste? “Hice una base de lápiz y grafito y luego lo coloreé digitalmente. La verdad es que no es mi manera habitual de trabajar”. 

Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. “Bueno, una parte interesante para mi era que, en esa cantinela que compara las abuelas de los libros con las abuelas de la protagonista, la parte que muestra a Nina y Tita estaba bastante clara, pero como contar la otra parte no. Ahí se me ocurrió que fuesen preparando la fiesta de la tarde, y ella anda por aquí y por allá con su libro, que además un libro concreto Caperucita roja, y me gusta mucho reflejar ese deambular infantil, sin hacer nada y haciendo de todo. Ese es el tiempo que les roban muchas veces las pantallas”. 

Raquel Catalina

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sí, tengo por delante tres proyectos de esos que ilusionan y con gente con las que es maravilloso trabajar, mentes deslumbrantes. Pero es pronto para contar…”.

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Carolina Luzón y Juan Mata nos dicen que ‘Siempre amanece’

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Carolina Luzón

Una noche, un cuerpo indefenso, una sombra, un abuso, un miedo, un daño irreparable.
Con gran delicadeza, autor e ilustradora ponen imágenes al horror de la violencia sexual contra la infancia y la adolescencia. Con estas palabras La Maleta Ediciones nos presenta ‘Siempre amanece’, un álbum ilustrado de Juan Mata y Carolina Luzón. Con ellos hemos charlado sobre este proyecto. 

¿Cómo nace este proyecto? Juan Mata: “Por un deseo de llevar a un álbum ilustrado un asunto tan lacerante como el de los abusos sexuales contra la infancia y la adolescencia. Considero que los libros infantiles deben explorar también las zonas oscuras de la existencia humana. No es un capricho ni una provocación. Si damos crédito a las cifras habituales sobre violencia sexual en la infancia y adolescencia, deberíamos aceptar que casi el 30% de ellos la ha sufrido en esos años, lo cual es una atrocidad. Eso quiere decir que para muchos de los alumnos que asisten a diario a los colegios o los institutos esa lacra no es un asunto imaginario sino vivido. Siempre que en algún centro escolar me he referido a esta cuestión he comprobado que la inmensa mayoría de alumnos sabía de qué estaba hablando, tenían noticias al respecto y lo habían comentado entre ellos”. 

¿Cómo llega a tus manos este proyecto? Carolina Luzón: “Me llega a través de Juan Mata, el autor del texto. Ya habíamos intentado trabajar juntos en una ocasión anterior pero no llegó a materializarse y en esta ocasión no dude en aceptar su propuesta”.

Carolina Luzón

¿Qué te pareció la propuesta de Juan Mata para este libro? “Igual de interesante que de compleja. El tema del que habla el libro, el abuso sexual a menores, es muy delicado, muy duro y conseguir tratarlo sin que fuese demasiado desagradable o explicito fue todo un reto”.

¿Qué van a encontrar los lectores y lectoras en ‘Siempre amanece’? “Pues delicadeza, sensibilidad, belleza -nos cuenta Juan Mata-. El drama que se aborda no admite frivolidad ni zafiedad. Si de lo que se trata es de mostrar los dañados sentimientos de una víctima de abusos es obligado hacerlo con la máxima prudencia y el máximo pudor. Y hacerlo además con imágenes que sugieran más que evidencien. Hemos considerado que en este caso las metáforas y las insinuaciones eran la vía más valiosa para hablar sin ocultar, para mostrar sin angustiar”. 

“Pues encontrarán un libro hecho con muchísimo respeto, que me encantaría que pudiera ser una herramienta efectiva para poder afrontar el tema con las víctimas de abuso -afirma Carolina Luzón-. Las imágenes dan pie a muchas interpretaciones, pueden abrir muchas puertas y facilitar el diálogo y la comprensión de la gran variedad de situaciones y emociones que suscita esta problemática”. 

Carolina Luzón

¿Cómo valoras el formato de álbum ilustrado para abordar asuntos como los que aborda este libro? “Nos parecía el formato apropiado, teniendo en cuenta además los potenciales destinatarios del libro -continúa Juan Mata-. La estrecha unión entre palabra e ilustración hace del álbum ilustrado el medio idóneo para contar una historia de modo preciso y mesurado. La condensación que requiere un álbum nos desafiaba a plasmar lo esencial sin perderse en divagaciones. La secuencia visual es en este caso fundamental. Los ojos o los brazos de un depredador sexual, por ejemplo, pueden ser protectores o hirientes, de modo que las imágenes que mostraran esa dicotomía debían poseer una gran carga simbólica para, como decía antes, decir lo indecible, para dejar constancia sin necesidad de agredir la mirada”.

Háblanos un poco del trabajo previo al libro, me refiero a esa fase de investigación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Aunque cada proyecto tiene vida propia y crece de una manera diferente, la fase previa suele ser la misma. En mi caso, pensar. Pensar y pensar hasta que se va dibujando en mi cabeza -nos cuenta Carolina Luzón-. Hablé con Juan para entender bien qué le había motivado para realizar este texto y qué quería conseguir con él. No he hecho ningún dibujo preliminar, ni siquiera un story, en esta ocasión cada imagen me ha dado pie a la otra y el libro ha ido creciendo poco a poco. De hecho se ve una evolución de la primera a la última página que es la que he ido sufriendo yo en los 4 meses en los que estuve trabajando en este proyecto”.

¿Qué te parece el trabajo de Carolina en este proyecto? ¿Cómo ha sido el trabajo con ella? “Excelente, como se puede deducir de lo que vengo diciendo. Es una gran ilustradora. Ha sido un trabajo cooperativo, de diálogo permanente -afirma Juan Mata-. Era un camino que debíamos hacer juntos, que nos afectaba a ambos. Si bien había un texto inicial que servía de guía, lo cierto es que Carolina lo desbordó y fue creando imágenes cada vez más autónomas y sugestivas que hizo que en algunos momentos hubiera necesidad incluso de alterar el texto, pues ella iba contando una historia visual a la que el relato debía ajustarse. Ese diálogo ha sido muy respetuoso por ambas partes y muy fructífero”.

Carolina Luzón

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Quería que fuesen imágenes luminosas, que pudieran transmitir una idea de calma y esperanza a pesar del dolor -asegura Carolina Luzón-. Aparecen, como en todas mis imágenes, las texturas, que en este caso simbolizan las diferentes capas que vamos acumulando en la vida. A veces las capas que ponemos sobre los problemas para no verlos, para no tener que afrontarlos. Colores tenues, cálidos y fríos. Imágenes simples y complejas a la vez, llenas de simbolismo y significado. Detalles ocultos”. 

¿Qué hay de diferente con respecto a otros trabajos? “Por primera vez utilizo el libro como objeto, es decir, el hecho de que se divida en dos partes para hablar de esta dualidad de situaciones, de sentimientos, que se pueden generar en las víctimas. Por eso las imágenes usan esta división, para separarse, para mezclarse, para confundirse”.

¿Con qué técnicas trabajaste en este caso? “He realizado todos las imágenes con a tableta gráfica”.

Carolina Luzón

Cuéntanos un poco más sobre el proceso de elaboración de este libro. “Exceptuando dos imágenes que son un poco más explícitas para centrar el tema, las demás, diría que se pueden aplicar a cualquier tipo de problemática, son muy abiertas y metafóricas y pueden dar pie a muchas y personales interpretaciones. Creo que hay una evolución hacia la abstracción, hacia la transmisión del mensaje, cada vez más directo y con menos elementos”, afirma Carolina Luzón.

¿Cómo ves también el libro como herramienta para profesionales que trabajen con menores? “Justificaría con creces la publicación del libro si en alguna consulta pediátrica o psicológica, o en alguna biblioteca o aula, el libro sirviera para quebrar el silencio y la angustia de alguna víctima de abusos -confiesa Juan Mata-. En algunos casos, el libro puede servir para abrir los ojos, pero en otros también para abrir la boca, como sucede con la protagonista del relato. Lo normal en las víctimas es encerrarse en el mutismo, entre otras razones porque no tienen palabras para esa experiencia, no saben qué ni cómo decir lo que les ha pasado. Sienten vergüenza además y miedo a hablar. Si el álbum sirviera para crear un espacio de seguridad y confianza, el objetivo estaría cumplido con creces”.

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