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Álbum Ilustrado

Ainhoa Rodz, David y Sergio Gómez y ‘Bruno y (mi otro) yo’

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Ainhoa Rodz

‘Bruno y (mi otro) yo’ es una historia que nos ayuda a entender la realidad del autismo en el entorno escolar, y nos recuerda la importancia de comprender, respetar y acompañar los ritmos y formas de cada persona. Con estas palabras La Maleta Ediciones nos presenta este álbum ilustrado, un trabajo de David y Sergio Gómez junto a Ainhoa Rodz. Con ellos charlamos en las siguientes líneas sobre su trabajo.

La historia está narrada por Oliver, un niño con autismo que, junto con sus compañeros Gael y Bruno, asisten a un aula específica para niños y niñas con necesidades relacionadas con el espectro autista. Bruno, recién llegado, tiene dificultades para adaptarse al nuevo entorno, lo que lo lleva a comportarse de manera impulsiva y disruptiva. Oliver, con una gran sensibilidad a los ruidos y muy poca tolerancia a los conflictos, se enfrenta a importantes retos para manejar sus propias emociones frente a estas situaciones. A través de diferentes incidentes y momentos de reflexión, junto a su madre, profesoras y terapeuta, Oliver aprende a aceptar esa sensibilidad como parte de su identidad, mientras que Bruno también comienza a sentirse integrado y regular su comportamiento.

“Con ‘Bruno y (mi otro) Yo’ pretendemos ayudar a romper estereotipos, mostrando que las personas con autismo no son todas iguales y que tienen sentimientos, emociones y aspiraciones como cualquier otra persona”, nos indica Ainhoa Rodz.

Ainhoa Rodz

Habladnos un poco del origen de este proyecto. “Este proyecto nació de una forma muy natural -nos cuenta David Gómez-. Sergio venía trabajando en terapia aspectos relacionados con sus emociones: cómo se siente, cómo gestiona sus conflictos cotidianos. Al finalizar una de las sesiones, su terapeuta me enseñó un dibujo que él mismo había hecho sobre una situación que le estaba incomodando en el instituto. Sergio se expresa mucho a través de las imágenes, ya que en su caso, como en el de muchas personas con autismo, lo visual juega un papel fundamental. Ese dibujo en particular reflejaba su lucha interna con lo que él llama su “yo sensible”. Una parte de sí mismo que se ve muy afectada, por ejemplo, por el ruido, y que, al no poder gestionarlo, le lleva en ocasiones a tener comportamientos disruptivos. Lo que para otros puede ser un estímulo menor, para él puede resultar abrumador”.

“Cuando vi ese dibujo, supe que ahí había una historia que necesitaba ser contada -continúa David Gómez-. Nuestra aportación a la literatura infantil ha venido por caminos distintos, pero complementarios. Yo, por mi parte, llevo tiempo escribiendo historias en las que los protagonistas tienen características propias del espectro autista, con el objetivo de naturalizar diferentes formas de ser y estar en el mundo (‘El vuelo de Sofía’, editado por Cuento de Luz; ‘Leo no es un extraterrestre’, editado por Libre Albedrío; ‘¡Ana, dónde vas!’, editado por La Estrella Azul). Sergio, en cambio, comparte su maravilloso universo creativo a través de cuentos muy suyos, con un estilo surrealista propio en el que todo tiene cabida. En su mente creativa no hay límites (‘Mi universo azul: de zombies, monstruos y personajes imaginarios’, editado por Allanamiento de Mirada)”.

“En este caso en concreto, sentí que podíamos cerrar un círculo y comenzar a colaborar desde un lugar nuevo. Mostrar cómo un chico con autismo, ya con conocimiento de su condición, percibe y se relaciona con su entorno. Me parece un testimonio valiosísimo. Y llevarlo al formato de álbum ilustrado me pareció una bonita manera de seguir sensibilizando y generando conciencia sobre el autismo. Además, para mí tiene un valor añadido muy importante: es una historia contada desde dentro. La voz que narra es la de un chico con autismo, en este caso, Sergio, que tiene casi 17 años”, asegura David Gómez.

Ainhoa Rodz

¿Cómo llega a tus manos este proyecto? “El texto de ‘Bruno y (mi otro) yo’ me llegó a través de David Gómez -afirma Ainhoa Rodz-. Es una historia autobiográfica de su hijo Sergio, centrada en los conflictos que vive en un aula de educación especial de la ESO y en la manera que encuentra para resolverlos. El hecho de que la historia esté contada en primera persona por un adolescente con autismo me fascinó, así que no dudé en embarcarme con ellos y con La Maleta Ediciones en este proyecto. El álbum es excepcional porque apenas encontramos ejemplos en la literatura infantil y juvenil historias escritas por niñas, niños o adolescentes, y menos aún que hablen de las percepciones, experiencias y desafíos que conlleva vivir con diversidad sensorial en esta sociedad. Además del autismo, que no se nombra de manera explícita, en el álbum aparecen temas universales como el autoconocimiento y la autoaceptación personal, la empatía, la búsqueda de apoyo y comprensión, valor de la amistad, la paciencia y el esfuerzo colectivo para superar dificultades”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “En esta historia, los lectores y lectoras van a encontrarse con una situación que, en principio, podría ocurrirle a cualquier persona. Aunque parte de un contexto muy particular, lo que plantea tiene un alcance universal, porque todos y todas, en algún momento, nos hemos visto envueltos en conflictos internos parecidos donde la empatía y la impotencia chocan de frente”, asegura David Gómez. “Como decía en mi respuesta anterior, el valor añadido de esta historia es que nos permite asomarnos a cómo un chico con autismo vive y gestiona sus emociones y conflictos. Y ese enfoque, contado desde dentro, a mí me resulta muy revelador. La trama se sitúa en un contexto educativo. Llega un chico nuevo a clase, pero no consigue adaptarse bien. ¿Qué ocurre entonces? Que otro compañero, Oliver -que representa al propio Sergio-, quiere ayudarlo. Tiene la intención, pero no sabe cómo hacerlo. Esa incertidumbre, esa tensión, empieza a generarle estrés y ansiedad”

“Y lo que en un principio era un gesto empático, termina por volverse en su contra. Al no saber gestionar la situación, Oliver también comienza a tener dificultades y comportamientos que no son adecuados. Esto complica más el conflicto y, además, despierta en él un sentimiento de impotencia y culpabilidad. No solo siente que no ha podido ayudar al compañero, sino que además cree que ha empeorado todo. Es un conflicto doble, pero muy bonito en el fondo, que viene a poner de manifiesto que la empatía, el compañerismo, el sentimiento de amistad, la conciencia social y la autopercepción también están presentes en las personas con autismo. A lo largo de la historia, Oliver va trabajando en ello y comprendiendo lo que le pasa, para intentar encontrar maneras de afrontar sus emociones y, al final, llega a la conclusión de que, aunque no siempre haya una solución inmediata, al menos podemos entender lo que está sucediendo y empezar a gestionar la situación desde el respeto a los demás y con la conciencia de quienes somos. Ese es, para mí, un mensaje muy potente”, confiesa David Gómez

Ainhoa Rodz

Háblanos un poco del trabajo con David y con Sergio… “Con David había colaborado hace dos años en el álbum ‘La compañía de Nicoleta’. Me gusta trabajar con él porque dialogamos frecuentemente sobre nuestras respectivas tareas y aprendemos juntos -nos cuenta Ainhoa Rodz-. Fue él quien me dio a conocer los cuentos fantásticos de Sergio, algunos publicados en ‘Mi universo azul de zombis, monstruos y personajes imaginarios’Admiro su libertad creativa y expresiva, también en su faceta de dibujante de cómic. Ha sido, además de un honor, un reto poder ilustrar una historia tan suya. Tratar de ponerme en la piel de un chico con autismo y representar la temática sin caer en estereotipos que pudieran alimentar el estigma no es fácil. A mí, por ejemplo, me encantaba la fuerza y espontaneidad de las primeras versiones de la historia de Sergio, pero contenían expresiones que corrían el riesgo de ser mal interpretadas por un público no especializado, aquí fue David el que se encargó de matizar y pulir el texto definitivo. Además de su experiencia, consultó para ciertas partes del texto a una psicoterapeuta. En la presentación de este libro en Granada tuve la oportunidad de conversar con ella y me reconfortó saber que algunas de las ilustraciones se parecen a los dibujos que hacen sus pacientes y que otras ha logrado llamar poderosamente su atención”. 

¿Cómo ha sido el trabajo con Sergio? Imaginamos que muy especial… Háblanos un poco de ese trabajo de colaboración entre los dos para el texto de esta historia. “Trabajar con Sergio siempre es muy especial, la verdad. Pero en este caso concreto, ha sido algo diferente -asegura David Gómez-. Normalmente cuando trabajamos juntos suele ser para escribir sus propias historias inventadas, esas que va creando en su cabeza con todas sus influencias: su vida, sus lecturas, sus intereses… y que, cuando las tiene listas, necesita pasarlas al papel. Ahí es cuando intervengo yo. En esos casos, básicamente actúo como su escriba. Me siento frente al ordenador y escribo lo que él me va contando”.

“Como te decía, esta vez fue distinto, porque la historia que queríamos contar era algo que le había sucedido realmente. Era una vivencia que había trabajado previamente en terapia y que quisimos convertirla en una historia para compartirla con el mundo. Para eso, necesitábamos hacerla un poco más universal y también proteger la privacidad de las personas que aparecen en ella, ya que todos los personajes están basados en personas reales. Ahí es donde empezó lo realmente interesante del proceso. Cuando yo intervenía como coautor para incorporar situaciones que eran necesarias para dar a la historia ese carácter más universal, Sergio a veces no lo entendía. Le costaba aceptar que modificáramos detalles o incorporáramos elementos nuevos. Él entiende el mundo de una forma muy literal, y si lo que estaba contando es algo que vivió, le resultaba difícil aceptar cambios en la narrativa, aunque estos fuesen clave para darle coherencia o mayor profundidad a la historia”.

“Tuvimos que gestionar eso juntos, con mucho diálogo y paciencia. Pero al final, todo fue muy bien. Sergio entendió cuál era el proceso, y creo que también fue muy enriquecedor para él ver cómo una experiencia personal puede transformarse en una historia con la que muchas personas pueden sentirse identificadas”.

Ainhoa Rodz

¿Y el trabajo con Ainhoa? “Trabajar con Ainhoa es una auténtica maravilla -continúa David Gómez-. Además de compartir la pasión por el álbum ilustrado, somos compañeros de trabajo desde hace muchos años. En los últimos tiempos, a través de la literatura infantil -yo desde la escritura y ella desde la ilustración-, hemos desarrollado una conexión muy especial. Ainhoa es una persona con mucha sensibilidad y muy comprometida con lo social, y eso se refleja claramente en sus ilustraciones y en la forma en que interpreta los textos que ilustra. En nuestro caso, además, ella ya tenía un interés muy particular por las historias que escribe Sergio, esas historias tan suyas, tan creativas”.

“Cuando le hablé de este proyecto y le propuse la posibilidad de que fuera ella quien diera forma a los personajes y pusiera imagen a la historia, le entusiasmó la idea. Conoce el día a día de Sergio y su relación con la literatura desde hace tiempo, porque suelo compartirlo con ella. Y fue muy bonito ver cómo conectaron también a través de lo creativo. Ainhoa es una ilustradora en constante crecimiento. Siempre está formándose, investigando, probando estilos, evolucionando. No se detiene. Creo sinceramente que es una artista con mucho talento, y deseo de corazón que se le abran muchas puertas en este mundo, porque tiene mucho que aportar”.

Una vez más, el álbum ilustrado como recurso para poder abordar cualquier tema, darlo a conocer, reivindicar… “Una vez más, el álbum ilustrado… pues sí. La verdad es que en el álbum ilustrado cabe todo. Es un formato que me tiene completamente enamorado desde hace muchísimo tiempo, porque -como he dicho mil veces- reúne en un solo objeto dos de mis grandes pasiones: la literatura y el arte. Además, es un formato sin edad. Va dirigido de 0 a 99 años… por no decir 100, 101, 102… Es un vehículo perfecto para llegar a personas de cualquier edad. En nuestro caso, seguiremos apostando por él. Es un formato que nos ayuda a transmitir, de forma muy natural y visual, que hay muchas formas de entender el mundo y muchas maneras de relacionarse con los demás. Ninguna es mejor que otra. Todas son distintas, y precisamente en esa diferencia está la riqueza. Cuanto más diversos seamos, más rica será la sociedad en la que vivimos”, asevera David Gómez.

Ainhoa Rodz

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Son ilustraciones particularmente coloridas, con una paleta reducida y contrastada de naranjas, azules, amarillo y negro. Pensé mucho en el color a nivel simbólico y psicológico -asegura Ainhoa Rodz-. Por ejemplo, el principal contraste cromático se da entre Óliver y Bruno, los protagonistas del conflicto. El resto de personajes mantienen una armonía convivencial con Óliver (el narrador) representada mediante una analogía cromática. Bruno es azul y no solo porque este sea el color representativo del autismo. También disfruté mucho creando el personaje de Gael. Como no está determinada su personalidad en el texto, me permitió romper estereotipos de género y mostrar la diversidad sexual y de género como algo relativamente frecuente en las personas con autismo”.

“Volviendo a la pregunta, otra característica de las ilustraciones de este libro es la búsqueda de un equilibrio entre la mirada externa (lo realista) y las sensaciones internas (lo fantástico o imaginado). Hay una metáfora principal que atraviesa todo el libro, que es la representación gráfica de las sensaciones y emociones a través de las plantas. Algunas tienen pinchos, otras son trepadoras o cuelgan, algunas hasta tienen frutos, hay plantas que crecen en los bolsillos, en la cabeza o en otros lugares. También aparecen animales simbolizando emociones intensas, incluso una locomotora para mostrar la hiperacusia”.

Ainhoa Rodz

¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? Al menos respecto a nuestra última entrevista sobre ‘Climática’, sí que a simple vista se trata de proyectos muy diferentes… Efectivamente, este álbum es muy diferente a ‘Climática’ en el color, en la atmósfera, en los fondos, en las metáforas visuales, etc., y no tanto, por ejemplo en las proporciones anatómicas, aunque en esta ocasión he preferido romper (no eliminar) la línea que delimita a los personales. La historia se desarrolla en el ámbito escolar, sin embargo he preferido abstraer a las personas de este entorno, que solo aparece dibujado en las dos primeras páginas del libro y en la última. En este libro tienen más peso los vacíos y el blanco del papel, lo que permite una mayor focalización en los personajes”, afirma Ainhoa Rodz.

¿Con qué técnicas trabajaste en este libro? “Para ilustrar este álbum realicé numerosos bocetos con pasteles al óleo, lápices de colores, témperas en barra y tinta china. Finalmente, orientada por el editor, volví a la técnica digital, que es la que utilizo con mayor frecuencia”.

¿Cómo fue la reacción tuya (David) y de Sergio al tener el libro en la mano? “La reacción al ver el álbum ya impreso fue muy emocionante, aunque muy diferente en ambos casos. En mi caso, trabajo con Ainhoa, somos compañeros de oficina y, quieras o no, yo ya había ido viendo parte del proceso de ilustración. Ella compartía conmigo el avance del trabajo. La forma en la que solemos trabajar -no es la primera vez que colaboramos en un proyecto- es muy colaborativa, y eso, sin duda, hace que el proyecto crezca y se enriquezca. Así que, en mi caso, ya tenía una idea bastante clara de cuál había sido la paleta de colores elegida, cómo iban quedando la historia, los personajes,… Aun así, cuando lo vi finalmente en papel, me pareció maravilloso. La edición que ha hecho La Maleta Ediciones es fantástica, y estamos encantados con el resultado”.

Ainhoa Rodz

“En el caso de Sergio, fue muy curioso -prosigue David Gómez-. Como comentaba antes, Sergio entiende todo de forma muy literal. Le chocó bastante ver que los personajes tenían colores de piel poco convencionales: uno era amarillo, otro azul, otro naranja… También le desconcertó que los personajes no se parecieran físicamente a las personas reales en las que están inspirados. Por ejemplo, no entendía por qué al personaje de Oliver le habían puesto gafas si él no usa gafas. Todo eso le llamó mucho la atención al principio, pero cuando le expliqué que la historia estaba pensada para que cualquier persona pudiera sentirse identificada, y que por eso no podíamos representar a las personas reales tal cual -para proteger su identidad, entre otras cosas-, lo entendió perfectamente. Lo cierto es que le gustó mucho. De vez en cuando coge el álbum y lo hojea. Pero también es verdad que, una vez que el proyecto ha salido de su cabeza y lo ve terminado en papel, pasa rápidamente a otra cosa. Necesita dejar hueco libre. Es muy práctico en ese sentido: “Vale, esto ya está listo. Ahora, a otra cosa”.

Ainhoa Rodz

Seguro que ya tenéis más proyectos en mente… “Te mentiría si dijera que no tengo proyectos en mente. Y, de hecho, algunos de ellos ya están bastante avanzados en lo que a redacción se refiere -afirma David Gómez-. Por un lado, sigo escribiendo historias en las que el autismo está presente en los personajes. Hay una muy avanzada que espero poder terminar pronto para compartirla con una persona con la que voy a colaborar. La idea es que, entre los dos, podamos sacarla adelante y encontrarle una casa editorial. Además, tengo otras historias en marcha, sobre temas diferentes, que también espero seguir desarrollando. Y, sobre todo, confío en que, una vez finalizadas, puedan interesar a alguna editorial. Sabemos que publicar no es fácil, a veces resulta desalentador ver que las puertas no se abren, pero seguimos intentándolo. Si salen, estupendo; y si no, las guardamos en un cajón hasta que llegue su momento. Y ya está”.

“En cuanto a mi colaboración con Sergio, ya hay una segunda historia escrita, con el mismo protagonista, en la misma línea de la que acabamos de publicar juntos. Espero que también encuentre editorial pronto. Además hay otra historia más, aún en fase de germen, que nació a partir de otro dibujo suyo. Creo que hay mucho que contar en esta línea que hemos abierto Sergio y yo. Y confío en que el mercado editorial la reciba, la acoja y le dé el espacio que merece”.

“Pues me han invitado a participar con otras ilustradoras en un libro de poemas ilustrados de grandes mujeres poetas -nos cuenta Ainhoa Rodz-. También sigo formándome y trabajando en proyectos personales. Ahora estoy cerrando el storyboard de un álbum en el que aparecen multitud de animales con alta capacidad crítica. A ver si encuentro una editorial interesada en publicarlo”.

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Albert Asensio nos abre las puertas del Gran Teatre del Liceu

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Albert Asensio

Me llamo Liceu’ es una memoria viva del Gran Teatre del Liceu, narrada en primera persona por el propio teatro que revela recuerdos, emociones y secretos a través de las historias que han dado forma a su alma y a sus espacios emblemáticos. En coedición entre Nórdica Libros y el Gran Teatre del Liceu, hablamos de este trabajo con su autor, el ilustrador Albert Asensio.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “Este proyecto nace a propuesta del Gran Teatre del Liceu junto con la editorial Nórdica. La idea era crear un libro que explicara el Liceu desde una mirada distinta, accesible y cercana, especialmente pensada para el público familiar, pero con las características propias de un álbum ilustrado, donde texto e imagen se combinan para contar la historia de forma inseparable. Desde el inicio me resultó muy adecuado que fuera el propio edificio quien se presentara y contara su historia en primera persona. A partir de ahí comenzó un proceso laborioso y muy estimulante de inmersión en el teatro”.

Albert Asensio

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Encontrarán un recorrido visual y emocional por el Liceu, por sus espacios más emblemáticos y también por aquellos que normalmente permanecen ocultos al público -nos cuenta Albert Asensio-. Es un libro que habla de historia, de memoria y de arquitectura, pero también de personas, de oficios y de emociones. Hay una voluntad clara de invitar a detenerse, a observar los detalles y a descubrir pequeñas historias dentro de la historia del teatro, dejándose envolver por la atmósfera propia del Liceu”.

Nos interesa mucho que nos hables del trabajo de documentación e investigación. “La documentación fue fundamental y se extendió durante aproximadamente un año. Incluyó varias visitas al Liceu, acceso a archivos, entrevistas con personas que trabajan allí y horas recorriendo pasillos, camerinos y espacios técnicos. Tuve la suerte de poder asistir también a varios espectáculos para observar no solo el edificio, sino al público y su relación con él. Concretamente, uno de ellos, La torre dels somnis, fue una fuente de inspiración clave para este proyecto. Todo ese material debía transformarse después en una narrativa visual comprensible”, relata Albert Asensio.

Albert Asensio

¿Cuál dirías que ha sido tu mayor descubrimiento tras ese proceso? “Sin duda, todo lo que sucede detrás del escenario. La cantidad de personas, oficios y procesos que hacen posible cada función es impresionante y, en gran medida, invisible para el espectador. Descubrir esa “ciudad interior” que habita el Liceu fue uno de los grandes hallazgos, y quise que tuviera una presencia muy clara en el libro”.

Albert Asensio

¿Cómo ha sido tu relación con este espacio antes, durante y después del proyecto? “Antes de este proyecto apenas conocía el Liceu. Fue gracias al libro y a la generosidad del teatro, que me abrió sus puertas, que pude descubrirlo y acceder al corazón del edificio. Durante el proceso establecí una relación muy cercana con el espacio y con las personas que lo hacen posible, y después esa experiencia se ha convertido en un vínculo especial”, confiesa Albert Asensio.

Además de la documentación, ¿cómo fue el trabajo previo al libro? ¿Hubo una fase de pruebas y bocetos? “Sí, hubo mucho trabajo previo en cuadernos: bocetos, pruebas de composición, estudios de color y su simbología y de atmósferas, creo que una parte muy importante de este lugar. Decidir qué se mostraba y cómo, y establecer el diálogo entre imagen y texto. Ese trabajo previo es esencial para que el libro funcione de manera orgánica; es en el storyboard donde realmente se comprueba si esa simbiosis entre lo narrativo y lo gráfico funciona bien”.

Albert Asensio

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones en este libro? “Creo que destacan por la atención al detalle y por una clara voluntad narrativa. Cada ilustración intenta contar algo más allá de lo evidente. Hay una búsqueda constante de equilibrio entre el rigor arquitectónico y una mirada emocional y humana, donde los personajes —especialmente los niños— tienen un papel muy importante como reflejo del asombro y la curiosidad. Asistí como espectador a varias visitas escolares al teatro, y ver las caras de asombro de los niños en su primer contacto con el Liceu fue, en sí mismo, todo un espectáculo”, afirma Albert Asensio.

¿Con qué técnicas trabajaste? “El trabajo está realizado principalmente con técnicas tradicionales: dibujo a mano, mucho trabajo a lápiz con especial atención a las perspectivas, acrílico y otros recursos pictóricos como salpicados o collage. Posteriormente hay un acabado digital necesario para la reproducción en imprenta, pero siempre intentando conservar la calidez y la frescura del trabajo artesanal”.

Albert Asensio

Albert Asensio

Danos unas pinceladas más sobre el proceso de elaboración. ¿Qué ha sido lo más difícil y lo más gratificante? “Lo más difícil fue sintetizar tanta información y tanta historia en un formato de álbum ilustrado sin perder el valor narrativo propio de las ilustraciones, evitando que se convirtiera en un álbum meramente biográfico. Lo más gratificante, sin duda, ha sido poder dar forma a un proyecto tan especial, ver cómo el Liceu se convierte en un personaje vivo y sentir que el libro puede despertar curiosidad, emoción y asombro en lectores jóvenes y no tan jóvenes. Además, con este proyecto me estrené como espectador en mi primera ópera, lo que lo hace aún más significativo”.

Albert Asensio

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy inmerso en varios proyectos editoriales. La mayoría están relacionados con la poesía: uno dirigido al público infantil y otro para jóvenes y adultos, centrado en la poesía de la Generación del 27. Además, este año, aprovechando la reimpresión de la primera colección que realicé para la editorial Juventud sobre animales y sus hábitats, publicaremos dos nuevos títulos que ampliarán la serie”.

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Alejandra Fernández y ‘El libro de los mares extraordinarios’

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Alejandra Fernández

¿Y si los mares pudieran contarte sus secretos? Desde el mar Rojo hasta el mar Amarillo, del mar de Coral al Mediterráneo, ‘El libro de los mares extraordinarios’ es una travesía por paisajes reales y legendarios, un viaje para descubrir criaturas sorprendentes, arrecifes que laten como ciudades vivas, aguas que cambian de color y mitos que duermen bajo las olas. En este libro, la naturaleza y las grandes historias navegan juntas: aprenderás sobre el origen de los mares, qué criaturas habitan sus profundidades y cómo las leyendas y el conocimiento científico se entrecruzan en muchos rincones del mundo marino. El mar es origen, viaje y misterio… y este libro es una invitación a sumergirse en todo lo que guarda en su interior. Un trabajo de Alejandra Fernández Mingorance, con la que hemos charlado alrededor de este proyecto que edita geoPlaneta.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “Tengo que reconocer que el detonante de este libro fue otro proyecto aún no publicado. Trata sobre un mar que ya no existe en medio de Asia Central. Este proyecto me marcó mucho, porque me hizo pensar en cómo un mar puede definir la identidad de la gente que vive cerca y qué pasa si ese mar desaparece. Cuando se lo enseñé a geoPlaneta les gustó mucho, pero no encajaba en su catálogo, así que me propusieron hacer un libro más global y contar historias sobre mares de todo el mundo… Si te soy sincera, al principio me abrumó la idea, no sabía cómo empezar, qué contar. Al darle vueltas fue cuando me di cuenta, que había muchos posibles enfoques y de cómo ha influido el mar en nuestra historia, en nuestras creencias, en nuestro arte”, asegura Alejandra Fernández.

Alejandra Fernández

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “El libro habla de 16 historias que a mí me fascinaron. No quería limitar la visión del mar a un solo enfoque así que decidí partir el libro en cuatro capítulos que me permitían abarcar todo tipo de historias: Cuatro historias sobre formas de vida marinas; Cuatro aventuras o desventuras navales; Cuatro paisajes donde el mar no es sólo azul; y tres historias más relacionadas con creencias, mitos o ensoñaciones y un mar en la Luna”.

“También es un libro-juego porque dentro del texto principal se pueden encontrar marcas o pistas que nos llevan a otras páginas con curiosidades -continúa Alejandra Fernández-. Por ejemplo, una historia trata de un vikingo que decide embarcarse con toda su familia y atravesar el mar de Noruega sin mapa en busca de una “tierra de nieve”. Su historia acaba por salir en uno de los primeros libros islandeses y que se considera un registro genealógico de Islandia y el nacimiento de las sagas islandesas. Estos datos no forman parte de la historia central pero son microhistorias que nos llevan a sumergirnos más aún en el mar”.

Alejandra Fernández

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, también después de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Ha sido un viaje apasionante, he aprendido mucho. Lo maravilloso de la documentación es que no quieres que acabe. A veces entras en bucle porque es muy difícil ponerte a trabajar. A lo largo de todo el proyecto tuve un cuaderno de trabajo, ahí apuntaba cada libro, cada documental, podcast que me llamaba la atención y preguntas, muchas preguntas. Era un apoyo para trazar un mapa de dudas sobre la historia y la estructura que iba a tener la ilustración. Pero en todo el proceso tuve también mucha ayuda de mi editora María García Freire y la mirada técnica de Greta Boix que han sido una aportación valiosísima para poder hablar de algunos conceptos que se meten en materia más científica”.

Alejandra Fernández

¿Cuál ha sido tu mayor descubrimiento tras ese proceso o qué te ha sorprendido más? “Pues como te decía he aprendido muchas cosas. No tenía ni idea de que el mar Negro guarda en su lecho un espacio que conserva los barcos naufragados, un auténtico museo de civilizaciones gracias a la falta de oxígeno de su capa profunda. Tampoco conocía la película de Jaques Cousteau “Le monde sans soleil” que disfruté tanto y que me hizo hablar de su ciudad sumergida en el mar Rojo. O la belleza de la cultura de los pueblos nativos costeros del mar de Bering… Y especies fascinantes. Hay babosas marinas que tienen colores hipnóticos y formas preciosas, o peces que parecen de otro planeta como el pez Luna que sale en el capítulo del mar Rojo. Hay historias muy bonitas”, afirma Alejandra Fernández.

Alejandra Fernández

De todos los mares que reflejas en este libro, ¿con cuál te quedas? “¡Imposible! no podría escoger solo uno”.

¿Cuánto tiempo te ha llevado este proyecto? “He tardado dos años en hacer este libro. Aunque al final casi me ha faltado tiempo”.

¿Qué nos cuentas del álbum ilustrado informativo como herramienta? “Para mí este libro es en esencia un libro de historias. Diría que un libro informativo es solo el marco donde poner lo que quieres contar. Al final lo importante es la historia, luego tú decides si ese libro va a centrarse en las cifras, o en la denuncia, o en el formato periodístico, o humorístico… pero pasa igual con un texto de ficción. La no ficción te aporta peso, se refiere a algo que ha pasado, pero todas las historias llevan algo de ficción, de interpretación, de enfoque personal, así que para mí normalmente el libro informativo es una invitación a mirar a través de mis ojos una parte de la realidad, sin una función más allá”, confiesaAlejandra Fernández.

Alejandra Fernández

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Para este libro quería que cada mar se percibiera distinto. Necesitaba mostrar que cada mar es único en sí mismo aunque el azul llene los huecos. Decidí dejar que fuera la historia la que me marcara qué tipo de ilustración debía usar. La primera parte que habla de formas de vida decidí enfatizar el paisaje, mientras que las aventuras náuticas preferí utilizar una mezcla entre panorama y cómic. Para mí era importante mostrar que hay muchos posibles enfoques a la hora de mirar el mar”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Dibujo con tinta negra la base, y luego aplico todo el color en digital. Aunque también hay partes del libro que son totalmente digitales”.

Alejandra Fernández

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “No todo el proceso ha sido igual en cuanto a la dinámica. Primero necesitaba escoger qué historias me parecían más interesantes, luego tenía que encontrar el equilibrio y el espacio adecuado para insertarlas, cada uno de los capítulos contiene cuatro historias de cuatro mares distintos. Tuve que renunciar a muchas historias”, relata Alejandra Fernández. “La mayoría de las veces empezaba por escribir el texto para secuenciar la ilustración. Pero otras veces no sabía cómo encender la chispa de la historia, sabía qué contar pero me faltaba el gancho. En esos casos me ayudaba mucho dejarme llevar por la emoción de la ilustración y hacía el proceso inverso. Por otro lado, las páginas de curiosidades me permitían poder ir metiendo todo lo que no me cabía en la historia y recrearme en ilustraciones más descriptivas y menos narrativas. Ahora lo pienso y ha sido un proceso bastante lúdico porque cada mar era como volver a empezar”.

Alejandra Fernández

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Estoy inmersa ilustrando una preciosa obra de teatro de la que espero poder hablar muy pronto. Y muchos proyectos personales, esos siempre están ahí esperando el hueco para que les dedique tiempo”.

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María Rico nos desgrana ‘Versos a la luz de la luna’

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María Rico

Carlos Reviejo escribe a la luna, a la noche, a los sueños y la naturaleza, acompañado por el arte y los colores de María Rico en ‘Versos a la luz de la luna’, quinta entrega de la premiada colección Abril. Esta colección, que publica la editorial Iglú, se propone acercar la poesía de calidad a los más pequeños a través de poetas consagrados e ilustradores de renombre.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “El proyecto nació casi de manera natural. Desde la editorial conocían un trabajo anterior mío ilustrando poesía y sintieron que mi forma de mirar y de construir imágenes podía encajar con la sensibilidad que buscaban para este título de la colección Abril. Cuando me propusieron acompañar los versos de Carlos Reviejo, sentí que era una invitación muy especial. Desde ahí empezó todo, con mucha ilusión y respeto hacia el texto”.

María Rico

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “En estas páginas los lectores encontrarán ilustraciones que nacen de lo cotidiano: pequeños gestos, miradas, juegos, momentos de calma… escenas aparentemente sencillas, pero llenas de emoción -nos cuenta María Rico-. Me interesa mucho esa poesía que existe en el día a día, en aquello que a veces pasa inadvertido. Mi trabajo ha sido detener el tiempo y dar protagonismo a esos instantes, aunque también hay fantasía, escenas imaginadas y metáforas visuales. Todo ello dialoga de una forma natural y sensible con los versos de Carlos Reviejo”.

“He intentado que cada imagen no solo acompañe al poema, sino que lo amplifique, que aporte una atmósfera y una emoción, creando un espacio donde texto e ilustración inviten a sentir”.

¿Qué te parecieron los poemas de Carlos Reviejo la primera vez que los leíste? “La primera vez que leí los poemas de Carlos Reviejo sentí una conexión inmediata -continúa María Rico-. Sus versos te llevan a su tierra, a su universo emocional y poético, con una sensibilidad tan delicada que realmente eriza la piel. Consigue que percibas los aromas, la luz, los paisajes… que te sientas navegando por el cielo, caminando entre pinos o sentada observando la luna. No estaba simplemente leyendo poesía: cada poema se convertía en una experiencia muy cercana. Y cuando algo te emociona de esa manera, el proceso creativo fluye con verdad”.

María Rico

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? “No siempre sigo el mismo patrón cuando afronto un proyecto así, pero en este caso hubo algo muy especial desde el inicio. Antes de empezar a dibujar, tuve una conversación con Carlos Reviejo que fue muy inspiradora. Me transmitió mucha confianza y me dio total libertad para interpretar sus poemas, aportando solo alguna sugerencia puntual, pero dejando claro que quería que yo decidiera y los llevase a mi terreno emocional y visual. Ese gesto de respeto creativo marcó mucho el proceso”, confiesa María Rico.

“A partir de ahí, comencé leyendo los poemas varias veces, dejándolos reposar, permitiendo que las imágenes se formaran poco a poco. Hubo pocos bocetos en papel porque, en este caso, gran parte del trabajo ocurrió primero en mi cabeza: visualicé escenas, atmósferas, gestos… y después busqué documentación para darles cuerpo. Investigué poses, objetos y escenarios, todo lo necesario para construir cada composición”.

María Rico

“En este libro hubo además algo muy bonito: para algunos poemas preparé pequeñas sesiones fotográficas que me ayudaron durante el proceso, y mis dos hijos fueron los modelos en varias de las ilustraciones. Eso aportó una dimensión aún más emocional al proyecto. Una vez tuve clara la imagen, el siguiente paso clave para mí fue la paleta de color. Busqué los tonos que mejor expresaran la emoción que quería transmitir y, cuando esa atmósfera estuvo definida, pasé directamente a crear las ilustraciones finales. Fue un proceso intenso, pero muy fluido”, asegura María Rico.

¿Qué dirías que tiene de singular ilustrar poesía? “Aunque disfruto ilustrando cualquier tipo de proyecto, la poesía tiene algo que la hace muy especial para mí. Ilustrar poesía supone entrar en un territorio imaginario donde todo puede ocurrir, donde las metáforas, los símbolos y las emociones tienen un espacio natural. Es un lugar muy libre, en el que lo real y lo poético conviven, y donde puedo permitir que las imágenes nazcan tanto de la emoción como del texto”.

“La poesía me permite jugar con escenas reconocibles, cercanas, casi cotidianas, pero que contienen siempre un punto mágico, simbólico o emocional que conecta directamente con esa memoria visual que todos llevamos dentro: recuerdos, sensaciones, imágenes que nos han acompañado alguna vez. Me gusta trabajar en ese límite entre lo real y lo evocador. Para mí, ilustrar poesía es manejar un lenguaje en el que me siento muy cómoda: es libertad, es juego, pero también es profundidad y sensibilidad. Es un espacio creativo en el que puedo dibujar no solo lo que veo, sino, sobre todo, lo que siento”, afirma María Rico.

María Rico

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Creo que en este libro mi voz como ilustradora se muestra de una forma muy sincera. Las ilustraciones hablan mucho de cómo me gusta traducir emociones y sensaciones en imágenes aparentemente sencillas, pero cargadas de significado. Me interesa contar sin decirlo todo, sugerir más que explicar, dejar que la emoción se perciba a través de gestos, atmósferas y escenas cotidianas que invitan a sentir”.

“Con respecto a otros trabajos, ilustrar ‘Versos a la luz de la luna’ me ha permitido explorar un territorio diferente. Aquí no estaba narrando una historia lineal ni una única poesía, como en otros proyectos, sino interpretando versos y convirtiéndolos en imágenes. Ese diálogo entre palabra y dibujo ha sido un juego creativo muy enriquecedor, que me ha mantenido atenta y conectada durante todo el proceso. Además, la temática del libro ha supuesto para mí explorar un imaginario en el que he disfrutado mucho entrando y encontrando mi manera de habitarlo visualmente. En este proyecto hay continuidad con mi esencia, pero también descubrimiento y crecimiento”.

María Rico

¿Con qué técnicas trabajaste? “Cada proyecto me pide una forma distinta de trabajar. Manteniendo mi voz artística, estudio qué técnica resulta más acertada en cada caso -continúa María Rico. Estoy en un momento personal y profesional en el que me siento muy abierta a explorar, investigar y cambiar de proceso si la obra lo necesita. Me gusta pensar que la técnica está siempre al servicio de lo que quiero transmitir. En este libro he trabajado con técnica mixta. Hay partes más definidas, especialmente en los rostros y en aquellos elementos donde considero que la precisión aporta significado, realizadas con lápiz de madera. Conviven con zonas mucho más libres realizadas con pincel y tinta, otras hechas con monotipos de tinta sobre plancha de silicona, manchas y texturas generadas de manera más intuitiva sobre papeles reciclados o superficies preparadas previamente”.

“Todo ese material lo integro después en digital. Trabajo en Photoshop, donde uno las distintas capas y ajusto atmósferas y color -ya que muchas de las ilustraciones nacen primero en blanco y negro- hasta que la imagen final encuentra su equilibrio. Es una técnica que combina control y espontaneidad, definición y emoción, algo que encaja muy bien con la poesía”.

María Rico

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Este libro, la mayor parte del proceso creativo tuvo lugar en horas nocturnas, que eran las que en ese momento me permitían encontrar calma, silencio y espacio interior. Curiosamente, el propio título del libro se convirtió también en una compañía simbólica durante el proceso: ilustrar Versos a la luz de la luna… Fue un trabajo íntimo. Había algo casi ritual en esas noches de creación: leer, sentir, dejar que la poesía respirara y, poco a poco, permitir que las imágenes fueran apareciendo”, nos desvela María Rico.

“Además, he tenido la suerte de contar con el cariño y la sensibilidad de Carlos Reviejo durante todo el camino. En más de una ocasión le compartí emociones que surgían mientras ilustraba sus poemas. Recuerdo especialmente la ilustración para “La alondra levanta el vuelo”. Saber que estaba dedicada la convirtió en un momento muy bonito. Seguí su recomendación de escuchar música de Vaughan Williams mientras trabajaba y, casi sin darme cuenta, la imagen apareció: una niña bailando, con su capa convertida en alas, con el color y la luz construyendo ese amanecer que evocaba el poema. Fue uno de esos momentos mágicos en los que texto, emoción e imagen se unen de manera natural. En definitiva, ha sido un proceso cuidado y muy mío”.

María Rico

De los poemas del libro, ¿con cuál te quedas? “Elegir un solo poema es realmente difícil, porque cada uno me ha llevado a un lugar emocional distinto. Aun así, hay algunos que guardo de una manera muy especial. “Se ha dormido la luna” me parece precioso; hay un verso en particular -“Se ha dormido la luna / sobre unas nubes / de algodones y espuma, / de gasa y tules”- que me atrapó desde la primera lectura por su delicadeza y su capacidad de crear imagen y atmósfera casi al instante”.

“También me emociona mucho “El viento en los pinos”, por esa idea tan sugerente de la luna como una niña que, con su pincel de plata, pinta de azul los senderos. Es una imagen poética que conecta directamente con mi manera de imaginar y dibujar. “En mi barco de papel” fue otro poema muy especial para mí, porque disfruté enormemente construyendo la ilustración y dejándome llevar por su universo”.

“Y hay poemas como “Versos para Olivia”, donde la relación entre abuelos y nietos me parece profundamente tierna y conmovedora, o “Paisaje con lluvia”, siempre evocador, con unos versos de una belleza muy sutil. En realidad, cada poema ha sido un pequeño regalo y ha encontrado su lugar dentro del proceso creativo”.

María Rico

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Este 2026 ha comenzado con muchos proyectos nuevos, algo que me llena de ilusión y energía. En estos momentos estoy inmersa en un nuevo libro para Editorial Iglú; se trata de un texto que no es poesía, y cuya entrega está ya muy próxima. Además, estoy terminando un álbum ilustrado de proyecto personal, en el que he trabajado tanto el texto como las ilustraciones. Es un proyecto muy especial para mí, y tengo muchas ganas de comenzar a compartirlo con editoriales y ver si encuentra su camino de publicación”, afirma María Rico.

“Paralelamente, estoy preparando una serie de ilustraciones para concursos, un espacio que para mí funciona casi como un reseteo creativo entre proyecto y proyecto, donde puedo experimentar, probar nuevas ideas y seguir creciendo como ilustradora”.

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