Cómic
Antonio J. Jiménez y el miedo a las bombas literales y metafóricas
La vida de varios personajes se cruza un día cualquiera, un 22 de marzo, en el que, como en todos, el sol viene por el este y, antes de que se vaya por el oeste, habrá quien se enamore, quien pierda a un amigo, quien cuide de su madre enferma, quien nazca, quien llegue al trabajo tarde y cansado de todo. Un día en el que todo puede cambiar, mientras en otro lugar (siempre en otro lugar), las bombas caen, y el fin del mundo parece posible. Mientras los medios de comunicación informan de los conflictos que asolan medio mundo, varios personajes nos muestran cortes de su cotidianeidad: sus trabajos, sus relaciones sociales, sus desamores. En el futuro, en forma de un magistral prólogo, la amenaza se materializa en forma de bombas cayendo y vidas en peligro. El fin del mundo que nadie quiere ver.
Cada capítulo de ‘Viene del Este’ recorre las 24 horas del día y aborda una problemática contemporánea: el individualismo; la ceguera mental; la enajenación que provocan las nuevas tecnologías; la percepción selectiva. Mecanismos de evasión para seguir con la vida. De este cómic hablamos con su autor, Antonio J. Jiménez.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “La forma primigenia de este proyecto era la de una recopilación de las distintas historias cortas que había ido dibujando desde que empecé a hacer cómics. Muy pronto, debido a mis propias inquietudes, esto derivó en algo mayor: el contar un día completo en una ciudad indeterminada, a través de las rutinas entrelazadas de sus habitantes. Este escenario común, temporal y físico, me permitía añadir muchas más capas de información a las tramas básicas de esas historias que ya tenía dibujadas. Además, al entrecruzarlas, todas se enriquecían recíprocamente”.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Salvando las distancias, un espejo de la sociedad actual, con sus defectos y sus virtudes. Condensado, como decía antes, en el paso de un día completo en una ciudad occidental. Creo que en función del diálogo que el lector mantenga con el libro, el reflejo de ese espejo será más fidedigno o distorsionado”, afirma Antonio J. Jiménez.
Actualmente y desde hace, por desgracia, bastante tiempo, ese sonido de bombas se escucha en muchos puntos del mundo. ¿Cómo influye todo eso también en este cómic? “Vivimos tan sobreinformados que cada vez es más difícil hacernos reaccionar. Las palabras se repiten hasta el punto que han perdido su significado, como dice el prólogo. Estamos insensibilizados. Parte de este libro se ha construido a partir del miedo a las bombas literales y metafóricas de las que nos advierten constantemente; pero también a partir de la reflexión sobre la indiferencia que hay cuando las bombas no caen sobre nuestras propias cabezas”.
Todo esto se refleja también en tu trabajo de una forma singular, por ejemplo con las noticias de la radio que en el cómic se convierten en frases que atraviesan las viñetas… Háblanos un poco de este recurso. “Hilando con la pregunta anterior, el contexto informativo de aquel día concreto fue vital en mi proceso creativo. Las noticias que podemos ver de fondo en las historias no alteran las tramas de los personajes, pero sí provocan un runrun de fondo, que pretende trastocar el cómo el lector se relaciona con el libro -continúa Antonio J. Jiménez-. Como en nuestro día a día: puede que nuestra rutina sea la misma hoy que dentro de tres semanas, lo que cambia de ese día es el cómo percibimos la realidad del mundo a través de los móviles, noticias, informativos, publicidad, etc.”

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Como dije al principio, algunos de los capítulos ya estaban dibujados como historias cortas. Una vez que decidí que quería que todas formaran parte de algo mayor, empezó una revisión y reestructuración de estas, manteniendo la esencia original de cada una. Esta revisión incluyó una sincronización de todas en el tiempo, junto con algunas nuevas que terminaron de hilarlo todo. Con un guión más o menos armado, elegí el día en el que sucedería la historia: el 22 de marzo de 2024. En este se daban varias condiciones que me resultaban evocadoras. Así, recopilé toda la información que pude sobre los eventos que discurrieron por aquellas 24 horas. Y con todo esto, empecé a dibujar. Finalmente en la novela gráfica ha acabado entrando una pequeña parte de todo lo recopilado, pero creo que a mí, a nivel vital, me influenció en mi proceso creativo. De algún modo mitifiqué el día”.
¿Qué dirías que ha sido lo más difícil a la hora de acercarse a este proyecto? “La propia constancia que supone hacer algo largo. El sacar tiempo y dedicación para ver cómo avanza muy poco a poco. Sacar adelante un proyecto así me ha hecho relacionarme con él de una manera, en ocasiones, obsesiva. Llegue exhausto al final del proceso”, confiesa Antonio J. Jiménez.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Creo que este libro me ha servido para terminar de definir mi propia voz. A nivel artístico siempre he tenido el mismo estilo, pero aquí he podido experimentar con muchos tipos de composiciones de página, microcambios estilísticos, uso del color o calidad de línea. Además de definir el cómo se pueden contar infinidad de cosas a través de una escena aparentemente cotidiana”.
Una de las cosas que más nos llaman la atención y también más nos gustan es ese salirse de la viñeta tradicional, hay muchas páginas que son una sorpresa, pueden ser los planos cenitales siguiendo los pasos de algún personaje, los sonidos, los tamaños cambiantes de las viñetas, bocadillos que se cortan, los mensajes de WhatsApp,… danos algunas pinceladas de estos recursos. “La idea formal de la que parte el libro es que cada historia jugara con una estructura básica de viñetas, que fuera distinta entre ellas, en función de cómo se percibía el paso del tiempo en cada rutina. Esta estructura la rompo siempre que es necesario, a favor de la narración. De ahí que haya ciertas sorpresas para el lector, como las que comentas. Del mismo modo, quería que el libro reflejara esa sobreestimulación en la que estamos inmersos, ese querer profundizar en algo que nos ha llamado la atención, pero perder el hilo de pensamiento porque un nuevo estímulo nos llega por otro lado”, nos cuenta Antonio J. Jiménez.

Y otro recurso son esos cuadrados que te llevan como a otra escena, a otro espacio, a otra historia… “Ese recurso es algo que me sale de manera muy natural. Es un modo de hacer una descomposición más detallada del tiempo o de un espacio, contando varias cosas en paralelo, algo que solo permite el cómic. Volviendo a esa sobreestimulación de la que hablaba antes, este recurso podría ser una síntesis de cómo percibimos la realidad actualmente, con capas y capas de información”.
Y las páginas de la librería… juegas con la distribución de la página y con portadas de otros cómics y libros que esbozas, podríamos decir, pero que son identificables, al final parece que las viñetas son estanterías… Háblanos un poco de cómo se te ocurrió esta idea y del modo de resolverla… “Dicha doble página es una pincelada a la cantidad de novedades que salen hoy día, con una calidad indudable, y que a veces pasan desapercibidas por el ritmo de publicación frenético de algunas editoriales. El porqué están dibujadas así prefiero no revelarlo pues, por poco que el lector se fije en las páginas previas y posteriores, intuirá la razón. En general en el libro no hay ninguna decisión estilística y narrativa que no estén ahí sin una razón, descubrirlas es parte del juego que propongo, y de algún modo va en contra de ese consumo rápido en el que nos están domesticando. Aun así, siendo consciente de la realidad, intenté hacer un libro que fuera agradable desde su primera lectura”, asegura Antonio J. Jiménez.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Debido a que viajo bastante y mi zona de trabajo suele cambiar constantemente, estoy acostumbrado a hacer todo en digital. Aunque, ya que al principio trabajaba en analógico, en mi método sigo las fases típicas del proceso de hacer un cómic: guión, storyboard, lápices, tinta y color. No obstante mantengo un diálogo bastante fluido entre todas estas partes, permitiéndome improvisar más o menos en función de cómo quiero contar cada página”
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Actualmente he retomado la fase de investigación y guión de un proyecto que tenía a medias antes de embarcarme con ‘Viene del Este’. Puedo decir que está conectado con él y en algunos aspectos es su antítesis, pero está en una fase muy precoz como para dar más pistas. Todo ello lo estoy compaginando con diversos encargos de ilustración que voy recibiendo”.
Cómic
Blanca Vázquez y cuando ‘Ya no llama nadie’
Mariona piensa mucho en la muerte porque en este pueblo ya no le dejan pensar en nada más. Sus amigas han ido desapareciendo, y la cabeza de Vicente, su marido, es cada vez más volátil. Con sus ochenta y siete años, le pide poco a la vida: entretenerse con su jardín, discutir lo justo con su marido y ver a su hija los fines de semana. Las sensaciones nuevas, piensa, son algo que ya no le tocan. Aunque desde hace unas semanas algo le remueve el estómago cada vez que la familia se reúne para comer. Las palabras se le acumulan en la garganta, pero su figura se vuelve trasparente cada vez que intenta comunicarse con los suyos.
¿Qué pasará cuando ella ya no esté? ¿Qué dejará a los suyos tras su paso por la vida? ¿Alguien cuidará las calas de su jardín? ¿Dónde reposarán sus cenizas? Mariona quiere aprovechar una de esas sobremesas familiares para, por una vez, hablar de sus deseos. A través de su protagonista, ‘Ya no llama nadie’ ofrece un relato intimista sobre el ocaso de la vida, el olvido y la necesidad de crear legado. Un cómic de Blanca Vázquez y Elisabeth Casillas que edita Astiberri. Con Blanca charlamos un poquito más sobre este libro.

¿Dónde está el embrión de este proyecto? ¿Cómo llega a tus manos este trabajo? “En 2020 publiqué ‘Juntas en esto’, un cómic muy cortito, con Astiberri, sobre el aborto. Justo en esa época Elizabeth también estaba trabajando sobre el mismo tema, y me preguntaron si me parecería bien que Elizabeth presentara mi cómic en Madrid conmigo. Así conocí a Eli. Nos conocimos en la presentación de mi cómic. Me dijo que le gustaba mucho cómo ilustraba y que seguramente algún día podríamos hacer algo juntas”, nos cuenta Blanca Vázquez. “Cinco años más tarde me pasó el guion”.
¿Cuál fue tu primera impresión cuando recibes esta historia de Eli? “El guion no estaba terminado por completo. La escaleta estaba casi toda hecha, y al leer solamente la escaleta ya vi que era una preciosidad, me emocionó mucho. Por entonces ya estaba viviendo más lejos de mis abuelos, la relación que tenía con ellos era a distancia desde hacía años. Y, bueno, sigo teniendo relación con ellos a distancia. Entonces todo el tema de la familia y la visita me tocó mucho. Y me encantó”.

Al final sí que hay también, entonces, mucho de ti en este libro, ¿no? Te identificas… “Sí, sí. No lo he escrito yo, pero al leerlo lo sentía muy propio. Se lo decía mucho a Eli, que a veces sentía que la historia estaba escrita por mí. Al final he puesto mucho mío, pero porque creo que es un libro que tiene una historia muy fácil de leer, y pasarla a tus vivencias y a tus recuerdos”, asegura Blanca Vázquez.
¿Hay algún referente cercano que has reflejado de alguna manera en este cómic? “Los personajes tenían unas expresiones muy marcadas. Y claro, era un tipo de dibujo que yo lo siento muy mío, pero he tenido que trabajar con línea para llegar a determinados detalles. Cambia mucho de mi trabajo de otros años. El referente gráfico ha ido viniendo por el guion. Y como referentes de poses y tal, sí que he puesto a mis abuelos mucho a posar cada vez que iba al pueblo. Sí que me han ayudado mucho”.
¿Ellos han visto el cómic? “Pues sí, ya lo han visto, ly es ha gustado muchísimo, se han emocionado mucho. Yo me he emocionado de verlos emocionados, así que genial”.

¿Qué se va a encontrar la gente en sus páginas? “Se encuentran muchos recuerdos que se le remueven por dentro y también muchas sensaciones. Gente de 50, 60 años, en este libro se va a encontrar un poco la realidad quizá que tienen ahora de hijos cuidadores, pero también lo que se les viene en un futuro. Es un libro que va de la edad y del paso del tiempo, y a todos nos va a remover de cierta manera, a cada uno por la etapa siguiente que le viene”, confiesa Blanca Vázquez.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Por pasión y voluntad propia, siempre suelo trabajar en analógico con acuarela, tinta, es mi parte preferida. Y luego también, bueno, bocetando en lápiz. Pero durante estos años trabajando en empresas era todo digital. Cuando Eli me comentó que el libro eran 160 páginas, por ahorrar tiempo, economizar, también por recursos, me parecía mucho más cómodo pasarle bocetos en digital a Eli, y si ella veía que había que cambiar algo, al final siempre es más rápido el digital para los cambios. Y la técnica vino dada sobre todo por eso, por poder optimizar el tiempo y cambiar las cosas rápido”.

“Aunque también quería que mi huella de trabajar en acuarela estuviera presente -continúa Blanca Vázquez-. Entonces estuve investigando en Procreate, y siento que los pinceles que utilizas en ese programa se parecen muchísimo a los analógicos. Cuando los manejas parece de verdad que tengan el propio fallo y la espontaneidad que tiene la acuarela”.
¿Y del color qué nos puedes contar, Blanca? “Al principio hablábamos muchísimo que tenía que ser un libro que tuviese calidez, pero sobre todo también por la estación en la que está ambientado, que es el verano. Tenía que ser muy luminosa la parte exterior y muy sombría la parte interior de la casa para que hubiera ese contraste de fuera, alegría, familia, plantas, vida, y dentro el peso de la monotonía y la soledad que sienten y la casa que se les viene como un poco encima. Esto vino dado mucho por el color, por ese contraste que teníamos que buscar. Yo me imaginaba un poco el verano en el pueblo, radiante y rural”.

“Siento que la paleta le pega muy bien al mundo rural. Y también la paleta cálida, siento que la historia al ser tan dura y tan cruda, si hubiéramos cogido tonos fríos hubiera quedado como una historia un poco lúgubre y tampoco era esa la idea, porque la historia tiene mucha vida”.
Cómic
Ricardo Cavolo debuta en el cómic con ‘Lola y Estrella’
‘Lola y Estrella’ son dos jóvenes amigas que viven juntas en la ladera de una montaña, un lugar hermoso y fantástico. Estrella tiene un poder muy peculiar, el de comunicarse con el micelio, o las mismísimas raíces de su planeta, Matria. La vida de las niñas es bastante apacible. Cuando no están con los gnomos comiendo fresas o jugando a las cartas, van a visitar a la reina Cabra o a comprobar si han llegado nuevos libros al pueblo. Pero una mañana todo cambia. Su valle y toda su comunidad se ven amenazados. Unas extrañas máquinas están destruyendo el terreno y acaban de dejar a los gnomos sin hogar. Ninguna de las chicas es especialmente aventurera, pero tienen claro que no pueden quedarse de brazos cruzados y deciden emprender un viaje para obtener respuestas. Un viaje que las llevará muy lejos de casa. Editado por Astiberri, ‘Lola y Estrella’ es el debut en cómic infantil del artista Ricardo Cavolo. Con él hemos charlado un poquito más alrededor de este libro.

¿Cómo se te ocurre este proyecto y también cómo te lo has pasado haciéndolo? Porque desde fuera parece que ha sido un proceso divertido. “Yo he chupado cómic desde antes de saber leer, de hecho mi padre tenía mucho cómic en casa. Es verdad que no era cómic infantil, porque tenía Conan y demás, pero bueno, cultura visual desde muy pequeño. Y siempre he tenido el cómic muy presente, independientemente de que me sirva para mi trabajo o no, como lectura constante, siempre ha habido cómics desde entonces”.
“Es un género que siento muy mío y que valoro mucho, y que además me ha dado cosas para mi trabajo. Nunca llegaba el momento de plantearme hacer un cómic, porque veía que era muchísimo trabajo, y al final ha sido un poco natural. Me envalentoné. Desde que estaba en la carrera, que descubrí Astiberri, tenía el capricho de poder hacer algo con ellos, porque valoro mucho lo que hacen”.
“Y sí que ha sido divertido, ha sido muy largo, han sido dos años, realmente nunca he trabajado dos años en un proyecto -continúa Ricardo Cavolo-. Nunca hago bocetos, por ejemplo, y aquí pues tuve que bocetar las 160 páginas. Normalmente hay que hacer un story, hay que trabajarlo bien, sobre todo teniendo en cuenta que es mi primer cómic y que encima es infantil. Entonces, ha sido un trabajo muy largo, pero como tú dices y se nota, ha sido muy divertido. Lo he disfrutado como un niño, y al final creo que se nota un poco desde fuera”.

No sé si el hecho de hacer un cómic infantil tiene que ver con el hecho de ser padre. “Bueno, creo que sí, porque igual hubiera empezado por otra cosa más de adultos. Cuando tienes hijos, de alguna manera, también empiezas a conectar más con tu niño interior, con el niño que eras. Siempre he tratado de cuidar al niño interior y de mantenerlo vivo para mi trabajo, porque me parecía muy bonito y muy interesante hacerlo. Es verdad que desde que tengo hijos, ya sea porque he tenido que consumir también cultura adaptada a sus edades, entre series y cómics, pues me parecía muy chulo que la entrada en el cómic fuera una cosa para niños. Y sí que hay cosas presentes, de hecho, las dos protagonistas en realidad son mis hijos convertidos en chicas, mi hijo Max es igual que Lola y mi hijo León es igual que Estrella”.
¿Qué se va a encontrar el lector en las páginas de este cómic? “Por encima de todo, fantasía y aventura, que es un poco el leitmotiv que siempre me ha gustado -confiesa Ricardo Cavolo-. Con ese marco de fantasía y aventura, tenía muy claro que quería empaparlo de mi visión crítica sobre la sociedad, es una cosa que también hago en mi trabajo habitualmente, y esta es una historia anticapitalista, con un discurso muy ecologista, que es una cosa que siempre me ha gustado de Tolkien. Además mis hijos me preguntan, pero ¿por qué son niñas? Si nosotros somos niños… Quería que el libro tuviera un espíritu feminista. Cuando yo leía cuentos e historias de niño, no había ni una sola niña heroína, ninguna niña resolvíanada, y es verdad que desde hace unos años, poco a poco van haciéndose su espacio y yo quería aportar mi grano de arena en ese sentido”.

Imagino que son cosas que también están en tu imaginario, pero es verdad que cuando estás leyendo el cómic, te recuerda un poco a El señor de los anillos, por ejemplo, hay cosillas que te recuerdan a Peter Pan… “Sí, y Nausicaä, hay de todo, por supuesto, La historia interminable también es uno de los pilares fundamentales. Me gusta mucho esa parte de La historia interminable en la que van de pueblo en pueblo, y en cada pueblo hay gente diferente, con unas características diferentes, y un poco mi cómic es eso. Justo antes de empezarlo tenía muy claro que tenía que leerme otra vez Nausicaä, de Miyazaki”, nos cuenta Ricardo Cavolo.
Háblanos un poco del desarrollo del cómic, de las técnicas que has utilizado. “Como sabía que esto implica mucho, mucho trabajo, lo trabajé en digital, porque me facilita y me ahorra muchísimo tiempo. He aprendido a generarme también mi cocina, como digo yo, mis alquimias y mis magias en digital, y estoy muy contento con ello”.

“El proceso ha sido para mí muy educativo, porque no es lo mismo ser lector de cómic que luego hacer un cómic, por muchos cómics que hayas leído es mucho más complicado, y aquí siempre me gusta mucho valorar a mi editora en Astiberri. Me he hecho un máster de cómic con ella, me ha ayudado muchísimo. La parte más divertida, cuando ya está todo decidido en boceto, la tinta y el color, que es donde yo luzco un poco, porque domino bien el color y domino bien la línea”, afirma Ricardo Cavolo.
Visualmente es muy tú, ves el cómic, y dices: es Ricardo. “Sí, quería que fuera muy visual, muy disfrutable visualmente. De hecho, el fondo de cada página tiene como un rayado sepia, cada página es diferente. He tratado de mimar mucho lo que he podido mimar y lo que sé que puedo mimar”.
Cómic
Anna Aparicio Català nos descubre a ‘La Ondina del estanque’
Tenía los ojos claros como el mar en verano, la piel blanca como la espuma de las olas y una voz que recordaba el vaivén de los océanos. Cuenta la leyenda que perdió su alma y que la soledad la sumió en una tristeza infinita. Desde entonces, vaga en búsqueda de un compañero… Con estas palabras la editorial Sallybooks nos presenta ‘La ondina del estanque’, un cómic de Anna Aparicio Català. Con ella charlamos un poquito más sobre este proyecto.
Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “El proyecto surgió a raíz de mi primer viaje a escuelas francesas, durante el Festival de Annonay de 2020. Paseando por la ciudad, entré por casualidad en una librería y descubrí un cómic ilustrado por Nuria Tamarit. Era una adaptación de un cuento de los hermanos Grimm, con una edición preciosa de la editorial Les Aventuriers de L’Étrange. Vi que tenían más títulos publicados y, entre ellos, estaba El zapatero y los duendes, adaptado por Pedro Rodríguez. Nunca había trabajado en cómic y pensé que sería genial poder hacerlo, y además dentro de una colección que me parecía tan interesante. Conocía a Pedro, así que me puse en contacto con él para pedirle consejo. Me animó a preparar una propuesta y presentársela al editor, y así fue como empezó todo”, nos cuenta Anna Aparicio Català.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este cómic? “En La Ondina del estanque los lectores encontrarán una historia llena de misterio y magia, pero también una mirada muy personal sobre uno de esos cuentos tradicionales que han pasado de generación en generación. He intentado conservar el espíritu del relato original y, al mismo tiempo, llevarlo a mi propio terreno a través del dibujo y del lenguaje del cómic. Hay momentos de oscuridad y de tensión, pero también mucha belleza y delicadeza. El agua, el bosque y la naturaleza tienen además un papel muy importante y ayudan a crear una atmósfera onírica que me interesa mucho”.
“Sobre todo, me gustaría que el cómic invitara a recuperar esa capacidad de creer en la parte poética de la vida, en aquello que no siempre podemos explicar ni comprender -continúa Anna Aparicio Català-. Creo que las leyendas tienen precisamente ese poder: hablarnos de lo misterioso, de lo invisible, de todo aquello que escapa a la razón y que, sin embargo, forma parte de nuestra manera de entender el mundo”.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… ¿cómo nace este personaje? “Recuerdo haber pasado días buscando qué historia quería adaptar, y no fue fácil. Tenía claro que no quería trabajar con un cuento demasiado conocido y que me interesaba que el personaje principal fuera femenino, algo que no es tan habitual en las historias de esa época”.

“Al final encontré La Ondina del Estanque y me pareció una historia muy bonita. Además, el tema del agua me atrae especialmente. Siempre acabo encontrándome con historias en las que el agua tiene un papel importante, como en Agua, mi primer álbum ilustrado como autora, así que supongo que hay algo ahí que me interesa de manera muy intuitiva. La historia original era bastante larga y no encajaba con el número de páginas que teníamos, así que decidí acortarla, intentando mantener la línea del relato. A partir de ahí empecé a trabajar en el personaje, y la verdad es que surgió bastante fácilmente”, asegura Anna Aparicio Català.

“No siempre tengo la oportunidad de dibujar personajes femeninos adultos, así que fue algo que disfruté mucho. Y, además, imaginar y dibujar a una mujer que vive en un lago me parecía una idea muy poética. Creo que desde el principio hubo algo en ese personaje y en ese entorno que me resultó muy sugerente”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “El formato cómic es muy diferente al del álbum ilustrado y, para mí, trabajar en él fue todo un descubrimiento. Las viñetas permiten hacer juegos visuales muy interesantes y detenerse en pequeños detalles, gestos o momentos que quizá en un álbum no habría tenido la oportunidad de desarrollar. Para mí fue un regalo poder hacer este proyecto. Fue un trabajo muy libre y muy feliz. Tenía una historia como punto de partida, pero poder adaptarla personalmente, decidir dónde había texto y dónde no, y dejar que en muchos momentos fueran las imágenes las que contaran, me resultó muy liberador”, confiesa Anna Aparicio Català.


“También fue revelador trabajar con una historia algo más adulta de las que suelo ilustrar y, sobre todo, tener la oportunidad de dibujar personajes femeninos adultos. Hay una especie de tríada femenina en la historia: la Ondina, Hannah y la guardiana del bosque. Y me interesaba especialmente jugar con la representación de estos personajes y romper un poco con ciertos arquetipos visuales que tenía interiorizados: la idea de que el personaje protagonista es bella, mientras que el antagonista suele tener una apariencia menos idealizada. No quería plantear los personajes desde esa oposición tan evidente. Me interesaba que la belleza no estuviera necesariamente asociada a la bondad, ni su ausencia a la maldad, y que cada personaje pudiera tener una personalidad más compleja”.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Al principio me planteé hacer los originales a tinta y trabajar después el color en digital, pero era un proyecto largo y, además, era la primera vez que hacía un cómic, así que finalmente decidí trabajarlo todo digitalmente, en Photoshop. Aun así, intenté en todo momento que el resultado fuera lo más orgánico posible, que no se percibiera como un trabajo excesivamente digital y conservar, dentro de lo posible, la textura y la sensación del dibujo tradicional”, señala Anna Aparicio Català.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “La verdad es que todo el proceso salió de una manera muy orgánica. Hice todos los bocetos a lápiz y, poco a poco, la historia fue desvelándose mientras avanzaba. Lo hice durante el verano, cuando tenía mucho tiempo para mí, y fue genial poder trabajar sin presión y dejar que el proyecto fuera tomando su propia forma. El editor me acompañó mucho y muy bien durante todo el proceso, y yo podía ir viendo qué funcionaba y qué no, haciendo cambios sobre la marcha. Aunque al principio pensaba que serían unas 80 páginas, al final fueron cien y pico. Pero era lo que pedía la historia, así que decidí dejar que creciera”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Justo acabo de terminar un libro que ha sido también una nueva aventura para mí: Il libro di febbraio, para la editorial Nomos, en Italia. Forma parte de una colección de almanaques ilustrados, uno dedicado a cada mes del año, en los que cada día es una pequeña puerta a la historia: descubrimientos, personajes, acontecimientos, curiosidades, arte, ciencia, literatura… Me ha gustado mucho trabajar en un proyecto tan diferente y poder jugar con tantas historias e imágenes. Y también tengo una noticia muy bonita: este año se va a publicarEl Vals de la Montaña, que es mi primer cómic como autora integral. Se publicó en Francia el año pasado, con Les Aventuriers d’Ailleurs, y ahora Liana lo publicará en castellano y catalán, lo que me hace muchísima ilusión”.
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