Cómic
Ilu Ros nos acoge en ‘Una casa en la ciudad’
Julio de 2023. La narradora vuelve por primera vez a La Ciudad, donde residió durante ocho años, con la intención de dar forma a un libro sobre aquella etapa de su vida. Es ahora muy distinta de la joven que en 2011 llegó con mil euros en el bolsillo y con el ingenuo deseo de trabajar «de lo suyo», y el regreso le hace revivir muchas de sus inseguridades. Al tiempo que se reencuentra con los amigos que permanecieron allí y afloran recuerdos felices y no tan felices, se abre paso una nada autocomplaciente reflexión sobre la identidad y el desarraigo, la precariedad, los conceptos de «casa» y «hogar», «amistad» y «familia», y, por fin, sobre el propio dibujo como refugio y tabla de salvación. Navegando entre el pasado y el presente, ‘Una casa en La Ciudad’ trata de la búsqueda de un lugar en el mundo y la constatación de que la vida no es más que aquello que transcurre durante ese mismo proceso de búsqueda. Editado por Lumen, en las siguientes líneas hablamos sobre este trabajo con su autora, Ilu Ros.

Se trata de un proyecto bastante personal. ¿Cuándo llega el momento en el que decides que vas a contarlo? “Yo creo que el run run comenzó a finales del 2019, que fue cuando yo me volví de Londres a España. Sobre todo porque ya empecé a escribir, a tomar notas y a hacer algunos dibujos relacionados con el hecho de volver, de volver a casa, volver ¿a dónde? Porque, claro, yo me volvía, yo decía: “nos volvemos a casa”, pero mi pareja y yo nos fuimos a vivir a Madrid, que nunca habíamos vivido en Madrid, pero para nosotros era volver. Pero también había habido un momento en el que volver a casa era volver a Londres. Entonces empecé a preguntarme: ¿Cuál es la casa? ¿Qué es el volver? Entonces ahí ya empecé a pensar sobre todo esto”.
“Y creo que ya como que la idea se quedó así rondando por la cabeza. Y en 2021, cuando saqué ‘Federico’, ya aquello había madurado. Entonces le dije a mi editora, el próximo libro que yo escriba quiero contar algo relacionado con esto. Pero aún no sabía el qué. Empecé a tomar como muchísimas notas y me perdí mucho en realidad. Eso también lo cuento en el libro, ese proceso”, nos cuenta Ilu Ros.

Después del libro, ¿qué te llevas de aquella experiencia en la ciudad? “Fueron ocho años, es decir, fue un período largo. Entonces no lo veo tanto como una experiencia de decir, es que fue una parte de mi vida que para mí fue larga y fue importante. Me cuesta verlo como experiencia solo. Igual que si dijera la experiencia de la adolescencia. Yo me fui con 26 años y es precisamente la edad, pues en la que, bueno, si te has formado académicamente, como que te tienes que ir estableciendo económicamente, profesionalmente y todas esas cosas. Y entonces de repente estaba la crisis económica y como que el suelo se nos movió a muchos, ¿no? Y a mucha gente también mayor. Entonces, claro, justo cuando ahí teníamos que ir construyendo algo, como que todo se derrumbó. Y entonces era una visión de no tener futuro, de no saber hacia dónde iba a ir, qué es lo que iba a pasar. Yo me fui, empezó a cambiar un poco el sistema, desde ese momento yo creo que ya todos los jóvenes han ido viendo el futuro como de una manera mucho más pesimista de la que la han visto nuestros padres, que siempre iban a mejor y nosotros no lo tenemos tan claro. Entonces, no lo veo tanto como experiencia, sino como que sí que me tocó en un momento en el que hubo un cambio”.

‘Una casa en la ciudad’, una casa. Una casa quizás no es el concepto de casa física, sino va un poquito también más allá, ¿no? Entonces, quería preguntarte ¿dónde crees que está ahora tu casa? “Ahora mismo creo que mi casa está en Madrid. Porque al final me doy cuenta que yo creo que tu casa eres tú y te la llevas tú a cuestas, ¿no? Un poco caracol, y más los que a lo mejor hemos estado viviendo en diferentes sitios -continúa Ilu Ros-. Yo nací en Mula, en Murcia, viví ahí hasta los 18 o 19 años. Luego en Murcia, en la ciudad de Murcia, pero iba los fines de semana a casa. Luego me vine a Granada cinco años y luego ya me fui a Londres ocho. Entonces, mis raíces están donde están, están en Murcia. Pero ya como que te vas haciendo un “vuelvo” en cada sitio donde has ido viviendo y ya te das cuenta de que, realmente, a todas esas casas que han sido casa, cuando pasa el tiempo y vuelves, ya no lo son tanto, ¿no? Lo fueron, pero ya como que cuesta encajar igual, porque todo ha cambiado también”.
Hay una frase en el libro: “Mi línea de vida son unas paralelas asimétricas y yo la acróbata que hace equilibrios saltando de un lado a otro, viviendo a retales”. Esa sensación de dos sitios, pero no saber a cuál te tienes que agarrar para mantener el equilibrio… “Claro, esa sensación que está muy relacionada con el desarraigo. Creo que no solo sucede, sucede mucho sobre todo a la gente que migra a otro país, pero yo creo que sucede a mucha más gente que se ha ido de su ciudad, de su casa, de su pueblo. Creo que se pueden sentir también identificados. Y es ese momento en el que te das cuenta de que te has ido y que ya volver, a lo mejor, y conforme va pasando el tiempo, va a ser más difícil. Porque cuando vuelves de visita, a ver a tu familia, a ver a tus amigos de siempre y todo eso, te vas dando cuenta de que te han echado de menos, pero no te necesitan. Ellos han seguido su vida y tú también la tuya, pero claro, te cuesta encajarlo. Te vas perdiendo cosas. Te vas perdiendo cosas que tú creías que no te ibas a perder, o nunca habías pensado que te ibas a perder”.

“No te lo habías planteado, ¿no? Cuando tu amiga empieza a tener hijos, cuando tu padre o tu abuelo se van haciendo mayores… te estás perdiendo cosas. Yo lo sentía, sobre todo en los momentos que estaba más triste, al principio que estaba como peor, estaba mucho más perdida -afirma Ilu Ros-. Era un sentimiento de pérdida, de no me estoy enterando de nada. No me entero bien de nada en el país donde estoy, porque no entiendo el idioma, y no me estoy enterando de lo que está pasando más allá. Parece que veías la película a medias siempre, ¿no? Luego además te enfadas, ellos tampoco entienden que es lo normal. Hay como una falta de comunicación, pero que es inevitable porque no te puedes estar enterando de todo lo que está pasando, si no, no vivirías en el sitio donde vives. Entonces es cuando ya decides que tienes que empezar a construir tu casita en el sitio donde estás. Agarrarte a la gente que tienes, no estar siempre pensando en el otro lado”.
Me gustaría que me hablaras un poquito del proceso. Llega el momento en el que decides meterle mano a este proyecto, y empieza un poco ese proceso de recopilación de esas notas seguramente, de esos dibujillos, de esas fotografías, no sé, apuntes que tienes que empezar. ¿Cómo ha sido un poco todo ese proceso? Porque ese proceso al final también se muestra en el libro. “Poner en orden un poco todo eso ha sido quizá lo más difícil o una de las cosas más difíciles. Sí, lo más difícil ha sido ordenar, seleccionar, estructurar. Porque, bueno, el libro tiene muchos temas. Hay una trama clara que es la de esa Ilu que vuelve a la ciudad de Londres en 2023 para reencontrarse con la ciudad y empiezan a surgir esos recuerdos. Pero, claro, esa trama no la empecé a hacer hasta pasado 2023, yo ya había empezado el libro antes. Ya tenía muchas notas, muchas cosas y, claro, no encontraba la manera de contarlo, de unir todo eso. Me parecía que había cosas muy interesantes, que yo veía relacionadas, pero me costaba montarlo. Era como tener muchas piezas”.

“Es un libro que está hecho como a retales y luego como cosido. Como me imagino las colchas de Patchwork de la abuela -dice Ilu Ros-. Entonces, eso sí que fue lo que más me costó -confiesa Ilu Ros-. Porque tenía muchas cosas en la cabeza y me podían salir muchos libros diferentes. Entonces, volviendo en 2023 a Londres, dije, vale, a ver si yendo ya me viene el libro, también con esa esperanza de que me venga a reencontrar con la ciudad y entonces va a venir el Espíritu Santo, me va a tocar y voy a volver con el libro hecho. Y, por supuesto, no pasó. Como nunca pasan las cosas. Y sí que volví y dije, hostia, no lo tengo. Pero dije, vale, estoy todo el tiempo buscando el libro como en aquel momento estaba todo el tiempo buscando un futuro, buscando una casa, buscando un lugar en el mundo. Al final, un poco el libro trata sobre esa búsqueda. Puedo poner también esa búsqueda, ese proceso creativo, esa búsqueda del libro. Y entonces ahí fue cuando decidí hacer esta estructura, que es esa especie de diario en el que fui tomando notas de esa semana en la ciudad”.
Si hablamos de técnicas, ¿con qué técnicas has trabajado en este proyecto? “Bueno, yo siempre los libros los suelo hacer en analógico. ‘Federico’ lo hice en acuarela, ‘Una trilogía rural’ en acrílico, y es lo que más me gusta realmente, porque disfruto mucho con las texturas y trabajando con el papel. Pero este libro, sí que empecé a dibujarlo en papel y las primeras páginas, la primera parte, la introducción, que es la niña que se lanza a la piscina, eso está en papel y tinta. Pero luego cuando empecé a intentar meter color dije, no, no, no, se me va porque se me va de tiempo. Entonces dije, vale, lo hago en digital, había hecho ya algún trabajo en digital, pero solo a bitono, y yo quería que en este hubiese color, pero no me terminaba de convencer el hacerlo a color digital. Entonces cogí y dije, voy a pintarme papeles de colores. Yo en un libro anterior que ilustré con la escritora Lara Moreno que publiqué con Páginas de Espuma, ya monté esas ilustraciones como si fueran un collage de papeles recortados de color. Puedo hacer eso, pero en lugar de hacer el collage en papel me hago esos papeles de color y digitalmente voy montando. Entonces me hago esa base de color para yo creerme que es analógico, que a mí me guste, y luego ya encima de eso dibujo. Y entonces ya me fui como un poco encontrando más a gusto. Si no lo hacía así, era como que se alejaba bastante de lo que había hecho hasta ahora, y necesitaba un punto intermedio”.

Me llama mucho la atención en el dibujo, esos restos de lápiz, que se han quedado ahí, esas líneas ¿no? Me gustaría que me contaras la intención que tienen. “Al final, aunque haya dibujado en digital, he dibujado igual que dibujo en papel, que me hago mi capa donde me pongo, me hago un bocetillo, ¿no? Por dónde van a ir las líneas, por dónde van a ir los personajes y tal, y luego encima yo ya cojo el pincel de tinta. Y a mí sí que me gusta siempre como que se vean, como que se vea el proceso, me gustan mucho los procesos y creo que le da mucha vida al dibujo -asegura Ilu Ros-. Puesto que en analógico lo dejo, en digital lo he seguido dejando. También creo que la atmósfera del libro, la voz del libro, es muy de ir montando. Es como que en el libro voy haciendo, deshaciendo, me digo, me desdigo, entonces también está bien un poco esa estética como de boceto, de espacios que se van creando, se van montando, se van desmontando. Como también esa ciudad que es de color, que son como esos papeles de color, pero realmente el espacio se va rompiendo todo el tiempo, como también se va rompiendo la estructura del libro conforme la voy haciendo. Esas dudas”.
Y me gustaría que dieras algunas pinceladas sobre el color, también como ese elemento que juega con el tiempo un poco. Me gusta mucho, por ejemplo, cuando se ven esas dos Ilus, una en negro, como muy abrigada, además, y otra con ropa más fresca, en color, ese juego también con el color, ese juego narrativo. “Sí, claro, estoy hablando de dos tiempos, o sea, dos tiempos que están muy definidos, que son el tiempo actual del libro, que es el verano del 2023, ese va a color, y luego todos los recuerdos, todas esas memorias surgen en blanco y negro, bueno, en negro. Entonces, hay veces, claro, que se van superponiendo porque la ciudad sigue siendo la misma, pero los tiempos son diferentes. En realidad es también una reflexión que aparece a lo largo de todo el libro. Te alejas, te vas, te alejas de tu familia, siguen estando en el espacio, pero no están igual en el tiempo”.

¿Y la tipografía? “En ‘Federico’ y en ‘Cosas Nuestras’ y en ’Una trilogía rural’, hay partes como que van escritas a mano, y esto me lo hice yo manualmente. Digital, sí, pero, bueno, que lo iba escribiendo y luego cuando iba corrigiendo, pues tenía que borrar, subir el archivo. Entonces me dije, bueno, me voy a hacer una fuente, y me puse ahí un fin de semana intenso. Creo que, al final, este libro es el más complejo, me he complicado mucho la vida en cuanto a estructura, historia, trama, pero, por ejemplo, me la he facilitado un poco en hacerlo digital o montarme la fuente“, asevera Ilu Ros.
Como estás de gira con el libro, he visto en redes que hay por ahí un diario que de vez en cuando sacas, me gustaría que contaras un poquito ese trabajo con ese diario o con ese diario como compañero de viaje. “Hay una cosa que me pasa y es que, la ilustración es mi profesión, claro, yo dibujar lo hacía en mi tiempo libre, era mi ocio, o sea, sobre todo cuando era niña, cuando estudié Bellas Artes, pero, claro, ahora es mi profesión, entonces yo ya cuando tengo tiempo libre, no dibujo, no cojo un lápiz, para mí ya es trabajo. Sí que cuando estoy de viaje me gusta coger esa libreta y hacer dibujos, o utilizarla también, pues, para tomar notas, un poco como diario de viaje, cosas que se me van ocurriendo, cosas que observo, dibujar un poco, porque sí que lo hago como por el gusto de dibujar, sin ninguna presión, sin ninguna finalidad”.
Cómic
Ricardo Cavolo debuta en el cómic con ‘Lola y Estrella’
‘Lola y Estrella’ son dos jóvenes amigas que viven juntas en la ladera de una montaña, un lugar hermoso y fantástico. Estrella tiene un poder muy peculiar, el de comunicarse con el micelio, o las mismísimas raíces de su planeta, Matria. La vida de las niñas es bastante apacible. Cuando no están con los gnomos comiendo fresas o jugando a las cartas, van a visitar a la reina Cabra o a comprobar si han llegado nuevos libros al pueblo. Pero una mañana todo cambia. Su valle y toda su comunidad se ven amenazados. Unas extrañas máquinas están destruyendo el terreno y acaban de dejar a los gnomos sin hogar. Ninguna de las chicas es especialmente aventurera, pero tienen claro que no pueden quedarse de brazos cruzados y deciden emprender un viaje para obtener respuestas. Un viaje que las llevará muy lejos de casa. Editado por Astiberri, ‘Lola y Estrella’ es el debut en cómic infantil del artista Ricardo Cavolo. Con él hemos charlado un poquito más alrededor de este libro.

¿Cómo se te ocurre este proyecto y también cómo te lo has pasado haciéndolo? Porque desde fuera parece que ha sido un proceso divertido. “Yo he chupado cómic desde antes de saber leer, de hecho mi padre tenía mucho cómic en casa. Es verdad que no era cómic infantil, porque tenía Conan y demás, pero bueno, cultura visual desde muy pequeño. Y siempre he tenido el cómic muy presente, independientemente de que me sirva para mi trabajo o no, como lectura constante, siempre ha habido cómics desde entonces”.
“Es un género que siento muy mío y que valoro mucho, y que además me ha dado cosas para mi trabajo. Nunca llegaba el momento de plantearme hacer un cómic, porque veía que era muchísimo trabajo, y al final ha sido un poco natural. Me envalentoné. Desde que estaba en la carrera, que descubrí Astiberri, tenía el capricho de poder hacer algo con ellos, porque valoro mucho lo que hacen”.
“Y sí que ha sido divertido, ha sido muy largo, han sido dos años, realmente nunca he trabajado dos años en un proyecto -continúa Ricardo Cavolo-. Nunca hago bocetos, por ejemplo, y aquí pues tuve que bocetar las 160 páginas. Normalmente hay que hacer un story, hay que trabajarlo bien, sobre todo teniendo en cuenta que es mi primer cómic y que encima es infantil. Entonces, ha sido un trabajo muy largo, pero como tú dices y se nota, ha sido muy divertido. Lo he disfrutado como un niño, y al final creo que se nota un poco desde fuera”.

No sé si el hecho de hacer un cómic infantil tiene que ver con el hecho de ser padre. “Bueno, creo que sí, porque igual hubiera empezado por otra cosa más de adultos. Cuando tienes hijos, de alguna manera, también empiezas a conectar más con tu niño interior, con el niño que eras. Siempre he tratado de cuidar al niño interior y de mantenerlo vivo para mi trabajo, porque me parecía muy bonito y muy interesante hacerlo. Es verdad que desde que tengo hijos, ya sea porque he tenido que consumir también cultura adaptada a sus edades, entre series y cómics, pues me parecía muy chulo que la entrada en el cómic fuera una cosa para niños. Y sí que hay cosas presentes, de hecho, las dos protagonistas en realidad son mis hijos convertidos en chicas, mi hijo Max es igual que Lola y mi hijo León es igual que Estrella”.
¿Qué se va a encontrar el lector en las páginas de este cómic? “Por encima de todo, fantasía y aventura, que es un poco el leitmotiv que siempre me ha gustado -confiesa Ricardo Cavolo-. Con ese marco de fantasía y aventura, tenía muy claro que quería empaparlo de mi visión crítica sobre la sociedad, es una cosa que también hago en mi trabajo habitualmente, y esta es una historia anticapitalista, con un discurso muy ecologista, que es una cosa que siempre me ha gustado de Tolkien. Además mis hijos me preguntan, pero ¿por qué son niñas? Si nosotros somos niños… Quería que el libro tuviera un espíritu feminista. Cuando yo leía cuentos e historias de niño, no había ni una sola niña heroína, ninguna niña resolvíanada, y es verdad que desde hace unos años, poco a poco van haciéndose su espacio y yo quería aportar mi grano de arena en ese sentido”.

Imagino que son cosas que también están en tu imaginario, pero es verdad que cuando estás leyendo el cómic, te recuerda un poco a El señor de los anillos, por ejemplo, hay cosillas que te recuerdan a Peter Pan… “Sí, y Nausicaä, hay de todo, por supuesto, La historia interminable también es uno de los pilares fundamentales. Me gusta mucho esa parte de La historia interminable en la que van de pueblo en pueblo, y en cada pueblo hay gente diferente, con unas características diferentes, y un poco mi cómic es eso. Justo antes de empezarlo tenía muy claro que tenía que leerme otra vez Nausicaä, de Miyazaki”, nos cuenta Ricardo Cavolo.
Háblanos un poco del desarrollo del cómic, de las técnicas que has utilizado. “Como sabía que esto implica mucho, mucho trabajo, lo trabajé en digital, porque me facilita y me ahorra muchísimo tiempo. He aprendido a generarme también mi cocina, como digo yo, mis alquimias y mis magias en digital, y estoy muy contento con ello”.

“El proceso ha sido para mí muy educativo, porque no es lo mismo ser lector de cómic que luego hacer un cómic, por muchos cómics que hayas leído es mucho más complicado, y aquí siempre me gusta mucho valorar a mi editora en Astiberri. Me he hecho un máster de cómic con ella, me ha ayudado muchísimo. La parte más divertida, cuando ya está todo decidido en boceto, la tinta y el color, que es donde yo luzco un poco, porque domino bien el color y domino bien la línea”, afirma Ricardo Cavolo.
Visualmente es muy tú, ves el cómic, y dices: es Ricardo. “Sí, quería que fuera muy visual, muy disfrutable visualmente. De hecho, el fondo de cada página tiene como un rayado sepia, cada página es diferente. He tratado de mimar mucho lo que he podido mimar y lo que sé que puedo mimar”.
Cómic
Anna Aparicio Català nos descubre a ‘La Ondina del estanque’
Tenía los ojos claros como el mar en verano, la piel blanca como la espuma de las olas y una voz que recordaba el vaivén de los océanos. Cuenta la leyenda que perdió su alma y que la soledad la sumió en una tristeza infinita. Desde entonces, vaga en búsqueda de un compañero… Con estas palabras la editorial Sallybooks nos presenta ‘La ondina del estanque’, un cómic de Anna Aparicio Català. Con ella charlamos un poquito más sobre este proyecto.
Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “El proyecto surgió a raíz de mi primer viaje a escuelas francesas, durante el Festival de Annonay de 2020. Paseando por la ciudad, entré por casualidad en una librería y descubrí un cómic ilustrado por Nuria Tamarit. Era una adaptación de un cuento de los hermanos Grimm, con una edición preciosa de la editorial Les Aventuriers de L’Étrange. Vi que tenían más títulos publicados y, entre ellos, estaba El zapatero y los duendes, adaptado por Pedro Rodríguez. Nunca había trabajado en cómic y pensé que sería genial poder hacerlo, y además dentro de una colección que me parecía tan interesante. Conocía a Pedro, así que me puse en contacto con él para pedirle consejo. Me animó a preparar una propuesta y presentársela al editor, y así fue como empezó todo”, nos cuenta Anna Aparicio Català.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este cómic? “En La Ondina del estanque los lectores encontrarán una historia llena de misterio y magia, pero también una mirada muy personal sobre uno de esos cuentos tradicionales que han pasado de generación en generación. He intentado conservar el espíritu del relato original y, al mismo tiempo, llevarlo a mi propio terreno a través del dibujo y del lenguaje del cómic. Hay momentos de oscuridad y de tensión, pero también mucha belleza y delicadeza. El agua, el bosque y la naturaleza tienen además un papel muy importante y ayudan a crear una atmósfera onírica que me interesa mucho”.
“Sobre todo, me gustaría que el cómic invitara a recuperar esa capacidad de creer en la parte poética de la vida, en aquello que no siempre podemos explicar ni comprender -continúa Anna Aparicio Català-. Creo que las leyendas tienen precisamente ese poder: hablarnos de lo misterioso, de lo invisible, de todo aquello que escapa a la razón y que, sin embargo, forma parte de nuestra manera de entender el mundo”.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… ¿cómo nace este personaje? “Recuerdo haber pasado días buscando qué historia quería adaptar, y no fue fácil. Tenía claro que no quería trabajar con un cuento demasiado conocido y que me interesaba que el personaje principal fuera femenino, algo que no es tan habitual en las historias de esa época”.

“Al final encontré La Ondina del Estanque y me pareció una historia muy bonita. Además, el tema del agua me atrae especialmente. Siempre acabo encontrándome con historias en las que el agua tiene un papel importante, como en Agua, mi primer álbum ilustrado como autora, así que supongo que hay algo ahí que me interesa de manera muy intuitiva. La historia original era bastante larga y no encajaba con el número de páginas que teníamos, así que decidí acortarla, intentando mantener la línea del relato. A partir de ahí empecé a trabajar en el personaje, y la verdad es que surgió bastante fácilmente”, asegura Anna Aparicio Català.

“No siempre tengo la oportunidad de dibujar personajes femeninos adultos, así que fue algo que disfruté mucho. Y, además, imaginar y dibujar a una mujer que vive en un lago me parecía una idea muy poética. Creo que desde el principio hubo algo en ese personaje y en ese entorno que me resultó muy sugerente”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “El formato cómic es muy diferente al del álbum ilustrado y, para mí, trabajar en él fue todo un descubrimiento. Las viñetas permiten hacer juegos visuales muy interesantes y detenerse en pequeños detalles, gestos o momentos que quizá en un álbum no habría tenido la oportunidad de desarrollar. Para mí fue un regalo poder hacer este proyecto. Fue un trabajo muy libre y muy feliz. Tenía una historia como punto de partida, pero poder adaptarla personalmente, decidir dónde había texto y dónde no, y dejar que en muchos momentos fueran las imágenes las que contaran, me resultó muy liberador”, confiesa Anna Aparicio Català.


“También fue revelador trabajar con una historia algo más adulta de las que suelo ilustrar y, sobre todo, tener la oportunidad de dibujar personajes femeninos adultos. Hay una especie de tríada femenina en la historia: la Ondina, Hannah y la guardiana del bosque. Y me interesaba especialmente jugar con la representación de estos personajes y romper un poco con ciertos arquetipos visuales que tenía interiorizados: la idea de que el personaje protagonista es bella, mientras que el antagonista suele tener una apariencia menos idealizada. No quería plantear los personajes desde esa oposición tan evidente. Me interesaba que la belleza no estuviera necesariamente asociada a la bondad, ni su ausencia a la maldad, y que cada personaje pudiera tener una personalidad más compleja”.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Al principio me planteé hacer los originales a tinta y trabajar después el color en digital, pero era un proyecto largo y, además, era la primera vez que hacía un cómic, así que finalmente decidí trabajarlo todo digitalmente, en Photoshop. Aun así, intenté en todo momento que el resultado fuera lo más orgánico posible, que no se percibiera como un trabajo excesivamente digital y conservar, dentro de lo posible, la textura y la sensación del dibujo tradicional”, señala Anna Aparicio Català.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “La verdad es que todo el proceso salió de una manera muy orgánica. Hice todos los bocetos a lápiz y, poco a poco, la historia fue desvelándose mientras avanzaba. Lo hice durante el verano, cuando tenía mucho tiempo para mí, y fue genial poder trabajar sin presión y dejar que el proyecto fuera tomando su propia forma. El editor me acompañó mucho y muy bien durante todo el proceso, y yo podía ir viendo qué funcionaba y qué no, haciendo cambios sobre la marcha. Aunque al principio pensaba que serían unas 80 páginas, al final fueron cien y pico. Pero era lo que pedía la historia, así que decidí dejar que creciera”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Justo acabo de terminar un libro que ha sido también una nueva aventura para mí: Il libro di febbraio, para la editorial Nomos, en Italia. Forma parte de una colección de almanaques ilustrados, uno dedicado a cada mes del año, en los que cada día es una pequeña puerta a la historia: descubrimientos, personajes, acontecimientos, curiosidades, arte, ciencia, literatura… Me ha gustado mucho trabajar en un proyecto tan diferente y poder jugar con tantas historias e imágenes. Y también tengo una noticia muy bonita: este año se va a publicarEl Vals de la Montaña, que es mi primer cómic como autora integral. Se publicó en Francia el año pasado, con Les Aventuriers d’Ailleurs, y ahora Liana lo publicará en castellano y catalán, lo que me hace muchísima ilusión”.
Cómic
Júlia Rubau nos descubre ‘El misterio de la Geoda Rosada’
Lara, Nil y Dídac son tres amigos atrapados en el verano más aburrido del mundo. Como cada año, han ido con sus padres al pueblo y ya no saben qué hacer para entretenerse… Hasta que Lara descubre unas ranas que hablan y que crecen a una velocidad imposible. Tratando de averiguar algo más sobre el origen de esta magia, los tres amigos se ven inmersos en un misterio que incluye una geoda rosada capaz de cambiar las cosas, un complot y a una rana enfadada capaz de hacer cualquier cosa por perturbar la paz en el pueblo. Así nos presenta la editorial Astronave ‘El misterio de la Geoda Rosada’, un trabajo de Júlia Rubau, con la que hablamos un poco más sobre este libro.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto.”Este proyecto nace justo cuando acabo mis estudios de cómic e ilustración en la Escola Joso de Barcelona. Me habían hablado de un concurso de cómic de la ciudad de Cornellà en el que solo tenías que presentar dos páginas, así que probé suerte. Todavía no tenía un estilo muy sólido y tenía muchas ganas de experimentar con diferentes influencias. Referentes como Kristof Ulbert, Ikegami Yoriyuki, Rebecca Sugar entre muchos otros, me llevaron a crear las páginas que entregué”, nos cuenta Júlia Rubau.
“En términos de historia no desarrollé demasiado; simplemente partí de la premisa de unos niños observando un río en medio del bosque en busca de algo. Uno de ellos, Lara, afirmaba haber visto un renacuajo mágico y esperaba volver a encontrarlo. Los demás no la creen y se marchan decepcionados, pero ella continúa con su búsqueda. Poco después, Lara presencia de nuevo un evento mágico: un pequeño renacuajo se transforma en rana, a una velocidad imposible. Solo gané una mención en ese concurso, pero no me quedé ahí. Al saber de la existencia de otro concurso, el Premi Carnet Jove de Còmic, el cual ofrecía la posibilidad de publicar con Norma Editorial, decidí desarrollar todo el trasfondo y la trama que esos personajes podían vivir. Unos meses después, y con cero esperanzas de ganar, recibí una llamada con una muy buena noticia”.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “En este cómic los lectores encontrarán una aventura de verano, uno de esos veranos que puede que muchos hayamos vivido, en el que el aburrimiento es el protagonista. Los personajes de esta historia pasan sus vacaciones en un pequeño pueblo donde los únicos niños son ellos y donde nunca pasa absolutamente nada. La protagonista, Lara, es una niña muy imaginativa y cabezota. Siempre es quien dirige fantásticas aventuras imaginarias para pasar el rato, pero ese verano está cansada de fingir, quiere vivir una aventura mágica de verdad. Así que no tarda en buscarse una por su propio pie. Lo que no espera es encontrarse con una geoda con poderes misteriosos y una sociedad de ranas parlantes y furiosas que planean algo muy malo contra el pueblo. Pero detrás de todos esos sucesos mágicos, esta historia habla sobre todo del rencor, del perdón y de la difícil tarea de gestionar las emociones dolorosas cuando todavía no sabes muy bien cómo hacerlo. En conjunto crean una tierna y divertida historia con muchas, muchas ranas”, afirma Júlia Rubau.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, pruebas o dibujos en algún cuaderno. ¿Cómo nacen estos personajes? “Profundizando un poco en lo que comentaba antes, este proyecto nace realmente en un momento en el que lo que más me movía era experimentar con el estilo: la composición poco convencional de las viñetas, la estilización de los personajes, el sombreado a lápiz, las paletas de color armoniosas, el uso del negro, etc. Este proyecto me sirvió como una liberación de todos los referentes que me habían inspirado hasta ese momento. Fue mi primer cómic, mi primera historia creada completamente por mí, y también la primera vez que terminaba un proyecto de esta envergadura: una historia que empezaba y acababa. Nunca había hecho nada parecido, así que supuso un gran salto para mí”.
“A nivel de desarrollo de personajes, personalmente no me requirió demasiado trabajo -continúa Júlia Rubau-. Con unos pocos bocetos ya encontré unos diseños que encajaban con la historia. Lo que realmente me interesaba era dibujar y componer páginas potentes, con fondos y colores impactantes, así que busqué muchas referencias de bosques, ríos y ranas para conseguirlo. También me inspiré mucho en los preciosos paisajes que Enrique Fernández crea en sus cómics”.

¿Cuántas ranas llegaste a dibujar? “Sinceramente, nunca las he contado, no diría con mucha seguridad que cientos de ranas pero unas cuantas decenas si”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Creo que, al menos en este cómic en concreto, lo que más destaca es mi manera de estilizar a los personajes y las criaturas. Me gusta deformar ligeramente los cuerpos o llevar la anatomía hasta límites irreales para conseguir más vida y personalidad. Además, tengo una clara tendencia hacia las formas redondeadas y tiernas, o al menos eso es lo que suele decir la gente. También destaca bastante la paleta de color que utilizo. Me centro en una gama de tonos muy cercanos entre sí para crear paletas armoniosas que solo cambian según la escena. Además, en este proyecto, especialmente, utilicé colores muy ácidos que contrastan muy bien con el sombreado oscuro presente a lo largo de todo el cómic”, asegura Júlia Rubau.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Aunque ahora mismo cada vez siento más pasión por el trabajo tradicional, en ese momento necesitaba trabajar en digital, así que utilicé mi iPad y el programa de dibujo, Procreate. Aun así, intenté crear páginas que se acercaran lo máximo posible al aspecto de una página hecha a mano. Me gusta mucho imitar las texturas del lápiz y de la acuarela, así que hice todo lo posible para conseguir ese efecto”.
Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “El proceso fue, básicamente, el siguiente: primero pasé unos tres meses escribiendo el guión y dibujando, de forma paralela, el storyboard, es decir, el esquema de composición de las viñetas. Una vez tuve el storyboard, terminé de escribir los diálogos que aún faltaban y, con toda la historia planificada, empecé a dibujar las páginas definitivas. Cuando todo el dibujo estuvo listo, pasé al entintado y al sombreado. Para entonces ya llevaba unos cuatro o cinco meses más de trabajo y solo quedaba colorear todas las páginas. En total fue un trabajo de casi un año y podría decirse que durante ese tiempo fue a jornada completa. Fue una experiencia muy interesante en la que aprendí muchísimo sobre mi forma de afrontar un proyecto de tal calibre”, comenta Júlia Rubau.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy trabajando en un nuevo cómic infantil gracias a haber sido seleccionada para una de las cuarenta ayudas del Ministerio de Cultura destinadas a la creación de cómic. Se trata de un proyecto protagonizado por Lalu, una niña hija única a la que le encanta serlo. La rutina que tanto le hace feliz es puesta en peligro cuando descubre que pronto tendrá una hermanita. Después de maldecir al universo y desahogarse con su circuito de canicas, es trasladada a través de su armario, a una realidad alternativa en la que siempre ha tenido una hermana gemela. Todos sus miedos toman forma en una niña igual que ella, una tal Lula. La vida de Lalu se convierte, según ella, en un infierno, mientras que Lula no entiende por qué su hermana de repente la odia tanto si siempre se han llevado bien. Antes de que termine la semana, Lula tendrá que convencer a Lalu de las ventajas de tenerla como hermana, si no lo consigue, la tradición de ir juntas en el autocar por las colonias de fin de curso se romperá por primera vez. Esta historia saldrá en un año aproximadamente, el nombre del proyecto es «Lalu & Lula».
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