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Cómic

Ilu Ros nos acoge en ‘Una casa en la ciudad’

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Ilu Ros

Julio de 2023. La narradora vuelve por primera vez a La Ciudad, donde residió durante ocho años, con la intención de dar forma a un libro sobre aquella etapa de su vida. Es ahora muy distinta de la joven que en 2011 llegó con mil euros en el bolsillo y con el ingenuo deseo de trabajar «de lo suyo», y el regreso le hace revivir muchas de sus inseguridades. Al tiempo que se reencuentra con los amigos que permanecieron allí y afloran recuerdos felices y no tan felices, se abre paso una nada autocomplaciente reflexión sobre la identidad y el desarraigo, la precariedad, los conceptos de «casa» y «hogar», «amistad» y «familia», y, por fin, sobre el propio dibujo como refugio y tabla de salvación. Navegando entre el pasado y el presente, ‘Una casa en La Ciudad’ trata de la búsqueda de un lugar en el mundo y la constatación de que la vida no es más que aquello que transcurre durante ese mismo proceso de búsqueda. Editado por Lumen, en las siguientes líneas hablamos sobre este trabajo con su autora, Ilu Ros.

Ilu Ros

Se trata de un proyecto bastante personal. ¿Cuándo llega el momento en el que decides que vas a contarlo? “Yo creo que el run run comenzó a finales del 2019, que fue cuando yo me volví de Londres a España. Sobre todo porque ya empecé a escribir, a tomar notas y a hacer algunos dibujos relacionados con el hecho de volver, de volver a casa, volver ¿a dónde? Porque, claro, yo me volvía, yo decía: “nos volvemos a casa”, pero mi pareja y yo nos fuimos a vivir a Madrid, que nunca habíamos vivido en Madrid, pero para nosotros era volver. Pero también había habido un momento en el que volver a casa era volver a Londres. Entonces empecé a preguntarme: ¿Cuál es la casa? ¿Qué es el volver? Entonces ahí ya empecé a pensar sobre todo esto”.

“Y creo que ya como que la idea se quedó así rondando por la cabeza. Y en 2021, cuando saqué ‘Federico’, ya aquello había madurado. Entonces le dije a mi editora, el próximo libro que yo escriba quiero contar algo relacionado con esto. Pero aún no sabía el qué. Empecé a tomar como muchísimas notas y me perdí mucho en realidad. Eso también lo cuento en el libro, ese proceso”, nos cuenta Ilu Ros.

Ilu Ros

Después del libro, ¿qué te llevas de aquella experiencia en la ciudad? “Fueron ocho años, es decir, fue un período largo. Entonces no lo veo tanto como una experiencia de decir, es que fue una parte de mi vida que para mí fue larga y fue importante. Me cuesta verlo como experiencia solo. Igual que si dijera la experiencia de la adolescencia. Yo me fui con 26 años y es precisamente la edad, pues en la que, bueno, si te has formado académicamente, como que te tienes que ir estableciendo económicamente, profesionalmente y todas esas cosas. Y entonces de repente estaba la crisis económica y como que el suelo se nos movió a muchos, ¿no? Y a mucha gente también mayor. Entonces, claro, justo cuando ahí teníamos que ir construyendo algo, como que todo se derrumbó. Y entonces era una visión de no tener futuro, de no saber hacia dónde iba a ir, qué es lo que iba a pasar. Yo me fui, empezó a cambiar un poco el sistema, desde ese momento yo creo que ya todos los jóvenes han ido viendo el futuro como de una manera mucho más pesimista de la que la han visto nuestros padres, que siempre iban a mejor y nosotros no lo tenemos tan claro. Entonces, no lo veo tanto como experiencia, sino como que sí que me tocó en un momento en el que hubo un cambio”. 

Ilu Ros

‘Una casa en la ciudad’, una casa. Una casa quizás no es el concepto de casa física, sino va un poquito también más allá, ¿no? Entonces, quería preguntarte ¿dónde crees que está ahora tu casa? “Ahora mismo creo que mi casa está en Madrid. Porque al final me doy cuenta que yo creo que tu casa eres tú y te la llevas tú a cuestas, ¿no? Un poco caracol, y más los que a lo mejor hemos estado viviendo en diferentes sitios -continúa Ilu Ros-. Yo nací en Mula, en Murcia, viví ahí hasta los 18 o 19 años. Luego en Murcia, en la ciudad de Murcia, pero iba los fines de semana a casa. Luego me vine a Granada cinco años y luego ya me fui a Londres ocho. Entonces, mis raíces están donde están, están en Murcia. Pero ya como que te vas haciendo un “vuelvo” en cada sitio donde has ido viviendo y ya te das cuenta de que, realmente, a todas esas casas que han sido casa, cuando pasa el tiempo y vuelves, ya no lo son tanto, ¿no? Lo fueron, pero ya como que cuesta encajar igual, porque todo ha cambiado también”.

Hay una frase en el libro: “Mi línea de vida son unas paralelas asimétricas y yo la acróbata que hace equilibrios saltando de un lado a otro, viviendo a retales”. Esa sensación de dos sitios, pero no saber a cuál te tienes que agarrar para mantener el equilibrio… “Claro, esa sensación que está muy relacionada con el desarraigo. Creo que no solo sucede, sucede mucho sobre todo a la gente que migra a otro país, pero yo creo que sucede a mucha más gente que se ha ido de su ciudad, de su casa, de su pueblo. Creo que se pueden sentir también identificados. Y es ese momento en el que te das cuenta de que te has ido y que ya volver, a lo mejor, y conforme va pasando el tiempo, va a ser más difícil. Porque cuando vuelves de visita, a ver a tu familia, a ver a tus amigos de siempre y todo eso, te vas dando cuenta de que te han echado de menos, pero no te necesitan. Ellos han seguido su vida y tú también la tuya, pero claro, te cuesta encajarlo. Te vas perdiendo cosas. Te vas perdiendo cosas que tú creías que no te ibas a perder, o nunca habías pensado que te ibas a perder”.

Ilu Ros

“No te lo habías planteado, ¿no? Cuando tu amiga empieza a tener hijos, cuando tu padre o tu abuelo se van haciendo mayores… te estás perdiendo cosas. Yo lo sentía, sobre todo en los momentos que estaba más triste, al principio que estaba como peor, estaba mucho más perdida -afirma Ilu Ros-. Era un sentimiento de pérdida, de no me estoy enterando de nada. No me entero bien de nada en el país donde estoy, porque no entiendo el idioma, y no me estoy enterando de lo que está pasando más allá. Parece que veías la película a medias siempre, ¿no? Luego además te enfadas, ellos tampoco entienden que es lo normal. Hay como una falta de comunicación, pero que es inevitable porque no te puedes estar enterando de todo lo que está pasando, si no, no vivirías en el sitio donde vives. Entonces es cuando ya decides que tienes que empezar a construir tu casita en el sitio donde estás. Agarrarte a la gente que tienes, no estar siempre pensando en el otro lado”. 

Me gustaría que me hablaras un poquito del proceso. Llega el momento en el que decides meterle mano a este proyecto, y empieza un poco ese proceso de recopilación de esas notas seguramente, de esos dibujillos, de esas fotografías, no sé, apuntes que tienes que empezar. ¿Cómo ha sido un poco todo ese proceso? Porque ese proceso al final también se muestra en el libro. “Poner en orden un poco todo eso ha sido quizá lo más difícil o una de las cosas más difíciles. Sí, lo más difícil ha sido ordenar, seleccionar, estructurar. Porque, bueno, el libro tiene muchos temas. Hay una trama clara que es la de esa Ilu que vuelve a la ciudad de Londres en 2023 para reencontrarse con la ciudad y empiezan a surgir esos recuerdos. Pero, claro, esa trama no la empecé a hacer hasta pasado 2023, yo ya había empezado el libro antes. Ya tenía muchas notas, muchas cosas y, claro, no encontraba la manera de contarlo, de unir todo eso. Me parecía que había cosas muy interesantes, que yo veía relacionadas, pero me costaba montarlo. Era como tener muchas piezas”.

Ilu Ros

“Es un libro que está hecho como a retales y luego como cosido. Como me imagino las colchas de Patchwork de la abuela -dice Ilu Ros-. Entonces, eso sí que fue lo que más me costó -confiesa Ilu Ros-. Porque tenía muchas cosas en la cabeza y me podían salir muchos libros diferentes. Entonces, volviendo en 2023 a Londres, dije, vale, a ver si yendo ya me viene el libro, también con esa esperanza de que me venga a reencontrar con la ciudad y entonces va a venir el Espíritu Santo, me va a tocar y voy a volver con el libro hecho. Y, por supuesto, no pasó. Como nunca pasan las cosas. Y sí que volví y dije, hostia, no lo tengo. Pero dije, vale, estoy todo el tiempo buscando el libro como en aquel momento estaba todo el tiempo buscando un futuro, buscando una casa, buscando un lugar en el mundo. Al final, un poco el libro trata sobre esa búsqueda. Puedo poner también esa búsqueda, ese proceso creativo, esa búsqueda del libro. Y entonces ahí fue cuando decidí hacer esta estructura, que es esa especie de diario en el que fui tomando notas de esa semana en la ciudad”. 

Si hablamos de técnicas, ¿con qué técnicas has trabajado en este proyecto? “Bueno, yo siempre los libros los suelo hacer en analógico. ‘Federico’ lo hice en acuarela, ‘Una trilogía rural’ en acrílico, y es lo que más me gusta realmente, porque disfruto mucho con las texturas y trabajando con el papel. Pero este libro, sí que empecé a dibujarlo en papel y las primeras páginas, la primera parte, la introducción, que es la niña que se lanza a la piscina, eso está en papel y tinta. Pero luego cuando empecé a intentar meter color dije, no, no, no, se me va porque se me va de tiempo. Entonces dije, vale, lo hago en digital, había hecho ya algún trabajo en digital, pero solo a bitono, y yo quería que en este hubiese color, pero no me terminaba de convencer el hacerlo a color digital. Entonces cogí y dije, voy a pintarme papeles de colores. Yo en un libro anterior que ilustré con la escritora Lara Moreno que publiqué con Páginas de Espuma, ya monté esas ilustraciones como si fueran un collage de papeles recortados de color. Puedo hacer eso, pero en lugar de hacer el collage en papel me hago esos papeles de color y digitalmente voy montando. Entonces me hago esa base de color para yo creerme que es analógico, que a mí me guste, y luego ya encima de eso dibujo. Y entonces ya me fui como un poco encontrando más a gusto. Si no lo hacía así, era como que se alejaba bastante de lo que había hecho hasta ahora, y necesitaba un punto intermedio”. 

Ilu Ros

Me llama mucho la atención en el dibujo, esos restos de lápiz, que se han quedado ahí, esas líneas ¿no? Me gustaría que me contaras la intención que tienen. “Al final, aunque haya dibujado en digital, he dibujado igual que dibujo en papel, que me hago mi capa donde me pongo, me hago un bocetillo, ¿no? Por dónde van a ir las líneas, por dónde van a ir los personajes y tal, y luego encima yo ya cojo el pincel de tinta. Y a mí sí que me gusta siempre como que se vean, como que se vea el proceso, me gustan mucho los procesos y creo que le da mucha vida al dibujo -asegura Ilu Ros-. Puesto que en analógico lo dejo, en digital lo he seguido dejando. También creo que la atmósfera del libro, la voz del libro, es muy de ir montando. Es como que en el libro voy haciendo, deshaciendo, me digo, me desdigo, entonces también está bien un poco esa estética como de boceto, de espacios que se van creando, se van montando, se van desmontando. Como también esa ciudad que es de color, que son como esos papeles de color, pero realmente el espacio se va rompiendo todo el tiempo, como también se va rompiendo la estructura del libro conforme la voy haciendo. Esas dudas”.

Y me gustaría que dieras algunas pinceladas sobre el color, también como ese elemento que juega con el tiempo un poco. Me gusta mucho, por ejemplo, cuando se ven esas dos Ilus, una en negro, como muy abrigada, además, y otra con ropa más fresca, en color, ese juego también con el color, ese juego narrativo. “Sí, claro, estoy hablando de dos tiempos, o sea, dos tiempos que están muy definidos, que son el tiempo actual del libro, que es el verano del 2023, ese va a color, y luego todos los recuerdos, todas esas memorias surgen en blanco y negro, bueno, en negro. Entonces, hay veces, claro, que se van superponiendo porque la ciudad sigue siendo la misma, pero los tiempos son diferentes. En realidad es también una reflexión que aparece a lo largo de todo el libro. Te alejas, te vas, te alejas de tu familia, siguen estando en el espacio, pero no están igual en el tiempo”.

Ilu Ros

¿Y la tipografía? “En ‘Federico’ y en ‘Cosas Nuestras’ y en ’Una trilogía rural’, hay partes como que van escritas a mano, y esto me lo hice yo manualmente. Digital, sí, pero, bueno, que lo iba escribiendo y luego cuando iba corrigiendo, pues tenía que borrar, subir el archivo. Entonces me dije, bueno, me voy a hacer una fuente, y me puse ahí un fin de semana intenso. Creo que, al final, este libro es el más complejo, me he complicado mucho la vida en cuanto a estructura, historia, trama, pero, por ejemplo, me la he facilitado un poco en hacerlo digital o montarme la fuente“, asevera Ilu Ros.

Como estás de gira con el libro, he visto en redes que hay por ahí un diario que de vez en cuando sacas, me gustaría que contaras un poquito ese trabajo con ese diario o con ese diario como compañero de viaje. “Hay una cosa que me pasa y es que, la ilustración es mi profesión, claro, yo dibujar lo hacía en mi tiempo libre, era mi ocio, o sea, sobre todo cuando era niña, cuando estudié Bellas Artes, pero, claro, ahora es mi profesión, entonces yo ya cuando tengo tiempo libre, no dibujo, no cojo un lápiz, para mí ya es trabajo. Sí que cuando estoy de viaje me gusta coger esa libreta y hacer dibujos, o utilizarla también, pues, para tomar notas, un poco como diario de viaje, cosas que se me van ocurriendo, cosas que observo, dibujar un poco, porque sí que lo hago como por el gusto de dibujar, sin ninguna presión, sin ninguna finalidad”.

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Anna Aparicio Català nos descubre a ‘La Ondina del estanque’

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Anna Aparicio Català

Tenía los ojos claros como el mar en verano, la piel blanca como la espuma de las olas y una voz que recordaba el vaivén de los océanos. Cuenta la leyenda que perdió su alma y que la soledad la sumió en una tristeza infinita. Desde entonces, vaga en búsqueda de un compañero… Con estas palabras la editorial Sallybooks nos presenta ‘La ondina del estanque’, un cómic de Anna Aparicio Català. Con ella charlamos un poquito más sobre este proyecto.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “El proyecto surgió a raíz de mi primer viaje a escuelas francesas, durante el Festival de Annonay de 2020. Paseando por la ciudad, entré por casualidad en una librería y descubrí un cómic ilustrado por Nuria Tamarit. Era una adaptación de un cuento de los hermanos Grimm, con una edición preciosa de la editorial Les Aventuriers de L’Étrange. Vi que tenían más títulos publicados y, entre ellos, estaba El zapatero y los duendes, adaptado por Pedro Rodríguez. Nunca había trabajado en cómic y pensé que sería genial poder hacerlo, y además dentro de una colección que me parecía tan interesante. Conocía a Pedro, así que me puse en contacto con él para pedirle consejo. Me animó a preparar una propuesta y presentársela al editor, y así fue como empezó todo”, nos cuenta Anna Aparicio Català.

Anna Aparicio Català

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este cómic? “En La Ondina del estanque los lectores encontrarán una historia llena de misterio y magia, pero también una mirada muy personal sobre uno de esos cuentos tradicionales que han pasado de generación en generación. He intentado conservar el espíritu del relato original y, al mismo tiempo, llevarlo a mi propio terreno a través del dibujo y del lenguaje del cómic. Hay momentos de oscuridad y de tensión, pero también mucha belleza y delicadeza. El agua, el bosque y la naturaleza tienen además un papel muy importante y ayudan a crear una atmósfera onírica que me interesa mucho”.

“Sobre todo, me gustaría que el cómic invitara a recuperar esa capacidad de creer en la parte poética de la vida, en aquello que no siempre podemos explicar ni comprender -continúa Anna Aparicio Català-. Creo que las leyendas tienen precisamente ese poder: hablarnos de lo misterioso, de lo invisible, de todo aquello que escapa a la razón y que, sin embargo, forma parte de nuestra manera de entender el mundo”.

Anna Aparicio Català
Anna Aparicio Català

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… ¿cómo nace este personaje? “Recuerdo haber pasado días buscando qué historia quería adaptar, y no fue fácil. Tenía claro que no quería trabajar con un cuento demasiado conocido y que me interesaba que el personaje principal fuera femenino, algo que no es tan habitual en las historias de esa época”.

Anna Aparicio Català

“Al final encontré La Ondina del Estanque y me pareció una historia muy bonita. Además, el tema del agua me atrae especialmente. Siempre acabo encontrándome con historias en las que el agua tiene un papel importante, como en Agua, mi primer álbum ilustrado como autora, así que supongo que hay algo ahí que me interesa de manera muy intuitiva. La historia original era bastante larga y no encajaba con el número de páginas que teníamos, así que decidí acortarla, intentando mantener la línea del relato. A partir de ahí empecé a trabajar en el personaje, y la verdad es que surgió bastante fácilmente”, asegura Anna Aparicio Català.

Anna Aparicio Català

“No siempre tengo la oportunidad de dibujar personajes femeninos adultos, así que fue algo que disfruté mucho. Y, además, imaginar y dibujar a una mujer que vive en un lago me parecía una idea muy poética. Creo que desde el principio hubo algo en ese personaje y en ese entorno que me resultó muy sugerente”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “El formato cómic es muy diferente al del álbum ilustrado y, para mí, trabajar en él fue todo un descubrimiento. Las viñetas permiten hacer juegos visuales muy interesantes y detenerse en pequeños detalles, gestos o momentos que quizá en un álbum no habría tenido la oportunidad de desarrollar. Para mí fue un regalo poder hacer este proyecto. Fue un trabajo muy libre y muy feliz. Tenía una historia como punto de partida, pero poder adaptarla personalmente, decidir dónde había texto y dónde no, y dejar que en muchos momentos fueran las imágenes las que contaran, me resultó muy liberador”, confiesa Anna Aparicio Català.

Anna Aparicio Català

Anna Aparicio Català

“También fue revelador trabajar con una historia algo más adulta de las que suelo ilustrar y, sobre todo, tener la oportunidad de dibujar personajes femeninos adultos. Hay una especie de tríada femenina en la historia: la Ondina, Hannah y la guardiana del bosque. Y me interesaba especialmente jugar con la representación de estos personajes y romper un poco con ciertos arquetipos visuales que tenía interiorizados: la idea de que el personaje protagonista es bella, mientras que el antagonista suele tener una apariencia menos idealizada. No quería plantear los personajes desde esa oposición tan evidente. Me interesaba que la belleza no estuviera necesariamente asociada a la bondad, ni su ausencia a la maldad, y que cada personaje pudiera tener una personalidad más compleja”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Al principio me planteé hacer los originales a tinta y trabajar después el color en digital, pero era un proyecto largo y, además, era la primera vez que hacía un cómic, así que finalmente decidí trabajarlo todo digitalmente, en Photoshop. Aun así, intenté en todo momento que el resultado fuera lo más orgánico posible, que no se percibiera como un trabajo excesivamente digital y conservar, dentro de lo posible, la textura y la sensación del dibujo tradicional”, señala Anna Aparicio Català.

Anna Aparicio Català

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “La verdad es que todo el proceso salió de una manera muy orgánica. Hice todos los bocetos a lápiz y, poco a poco, la historia fue desvelándose mientras avanzaba. Lo hice durante el verano, cuando tenía mucho tiempo para mí, y fue genial poder trabajar sin presión y dejar que el proyecto fuera tomando su propia forma. El editor me acompañó mucho y muy bien durante todo el proceso, y yo podía ir viendo qué funcionaba y qué no, haciendo cambios sobre la marcha. Aunque al principio pensaba que serían unas 80 páginas, al final fueron cien y pico. Pero era lo que pedía la historia, así que decidí dejar que creciera”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Justo acabo de terminar un libro que ha sido también una nueva aventura para mí: Il libro di febbraio, para la editorial Nomos, en Italia. Forma parte de una colección de almanaques ilustrados, uno dedicado a cada mes del año, en los que cada día es una pequeña puerta a la historia: descubrimientos, personajes, acontecimientos, curiosidades, arte, ciencia, literatura… Me ha gustado mucho trabajar en un proyecto tan diferente y poder jugar con tantas historias e imágenes. Y también tengo una noticia muy bonita: este año se va a publicarEl Vals de la Montaña, que es mi primer cómic como autora integral. Se publicó en Francia el año pasado, con Les Aventuriers d’Ailleurs, y ahora Liana lo publicará en castellano y catalán, lo que me hace muchísima ilusión”.

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Júlia Rubau nos descubre ‘El misterio de la Geoda Rosada’

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Julia Rubau

Lara, Nil y Dídac son tres amigos atrapados en el verano más aburrido del mundo. Como cada año, han ido con sus padres al pueblo y ya no saben qué hacer para entretenerse… Hasta que Lara descubre unas ranas que hablan y que crecen a una velocidad imposible. Tratando de averiguar algo más sobre el origen de esta magia, los tres amigos se ven inmersos en un misterio que incluye una geoda rosada capaz de cambiar las cosas, un complot y a una rana enfadada capaz de hacer cualquier cosa por perturbar la paz en el pueblo. Así nos presenta la editorial Astronave ‘El misterio de la Geoda Rosada’, un trabajo de Júlia Rubau, con la que hablamos un poco más sobre este libro.

Julia Rubau

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto.”Este proyecto nace justo cuando acabo mis estudios de cómic e ilustración en la Escola Joso de Barcelona. Me habían hablado de un concurso de cómic de la ciudad de Cornellà en el que solo tenías que presentar dos páginas, así que probé suerte. Todavía no tenía un estilo muy sólido y tenía muchas ganas de experimentar con diferentes influencias. Referentes como Kristof Ulbert, Ikegami Yoriyuki, Rebecca Sugar entre muchos otros, me llevaron a crear las páginas que entregué”, nos cuenta Júlia Rubau.

“En términos de historia no desarrollé demasiado; simplemente partí de la premisa de unos niños observando un río en medio del bosque en busca de algo. Uno de ellos, Lara, afirmaba haber visto un renacuajo mágico y esperaba volver a encontrarlo. Los demás no la creen y se marchan decepcionados, pero ella continúa con su búsqueda. Poco después, Lara presencia de nuevo un evento mágico: un pequeño renacuajo se transforma en rana, a una velocidad imposible. Solo gané una mención en ese concurso, pero no me quedé ahí. Al saber de la existencia de otro concurso, el Premi Carnet Jove de Còmic, el cual ofrecía la posibilidad de publicar con Norma Editorial, decidí desarrollar todo el trasfondo y la trama que esos personajes podían vivir. Unos meses después, y con cero esperanzas de ganar, recibí una llamada con una muy buena noticia”.

Julia Rubau

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “En este cómic los lectores encontrarán una aventura de verano, uno de esos veranos que puede que muchos hayamos vivido, en el que el aburrimiento es el protagonista. Los personajes de esta historia pasan sus vacaciones en un pequeño pueblo donde los únicos niños son ellos y donde nunca pasa absolutamente nada. La protagonista, Lara, es una niña muy imaginativa y cabezota. Siempre es quien dirige fantásticas aventuras imaginarias para pasar el rato, pero ese verano está cansada de fingir, quiere vivir una aventura mágica de verdad. Así que no tarda en buscarse una por su propio pie. Lo que no espera es encontrarse con una geoda con poderes misteriosos y una sociedad de ranas parlantes y furiosas que planean algo muy malo contra el pueblo. Pero detrás de todos esos sucesos mágicos, esta historia habla sobre todo del rencor, del perdón y de la difícil tarea de gestionar las emociones dolorosas cuando todavía no sabes muy bien cómo hacerlo. En conjunto crean una tierna y divertida historia con muchas, muchas ranas”, afirma Júlia Rubau.

Julia Rubau

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, pruebas o dibujos en algún cuaderno. ¿Cómo nacen estos personajes? Profundizando un poco en lo que comentaba antes, este proyecto nace realmente en un momento en el que lo que más me movía era experimentar con el estilo: la composición poco convencional de las viñetas, la estilización de los personajes, el sombreado a lápiz, las paletas de color armoniosas, el uso del negro, etc. Este proyecto me sirvió como una liberación de todos los referentes que me habían inspirado hasta ese momento. Fue mi primer cómic, mi primera historia creada completamente por mí, y también la primera vez que terminaba un proyecto de esta envergadura: una historia que empezaba y acababa. Nunca había hecho nada parecido, así que supuso un gran salto para mí”. 

“A nivel de desarrollo de personajes, personalmente no me requirió demasiado trabajo -continúa Júlia Rubau-. Con unos pocos bocetos ya encontré unos diseños que encajaban con la historia. Lo que realmente me interesaba era dibujar y componer páginas potentes, con fondos y colores impactantes, así que busqué muchas referencias de bosques, ríos y ranas para conseguirlo. También me inspiré mucho en los preciosos paisajes que Enrique Fernández crea en sus cómics”.

Julia Rubau

¿Cuántas ranas llegaste a dibujar? “Sinceramente, nunca las he contado, no diría con mucha seguridad que cientos de ranas pero unas cuantas decenas si”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Creo que, al menos en este cómic en concreto, lo que más destaca es mi manera de estilizar a los personajes y las criaturas. Me gusta deformar ligeramente los cuerpos o llevar la anatomía hasta límites irreales para conseguir más vida y personalidad. Además, tengo una clara tendencia hacia las formas redondeadas y tiernas, o al menos eso es lo que suele decir la gente. También destaca bastante la paleta de color que utilizo. Me centro en una gama de tonos muy cercanos entre sí para crear paletas armoniosas que solo cambian según la escena. Además, en este proyecto, especialmente, utilicé colores muy ácidos que contrastan muy bien con el sombreado oscuro presente a lo largo de todo el cómic”, asegura Júlia Rubau.

Julia Rubau

¿Con qué técnicas trabajaste? “Aunque ahora mismo cada vez siento más pasión por el trabajo tradicional, en ese momento necesitaba trabajar en digital, así que utilicé mi iPad y el programa de dibujo, Procreate. Aun así, intenté crear páginas que se acercaran lo máximo posible al aspecto de una página hecha a mano. Me gusta mucho imitar las texturas del lápiz y de la acuarela, así que hice todo lo posible para conseguir ese efecto”.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “El proceso fue, básicamente, el siguiente: primero pasé unos tres meses escribiendo el guión y dibujando, de forma paralela, el storyboard, es decir, el esquema de composición de las viñetas. Una vez tuve el storyboard, terminé de escribir los diálogos que aún faltaban y, con toda la historia planificada, empecé a dibujar las páginas definitivas. Cuando todo el dibujo estuvo listo, pasé al entintado y al sombreado. Para entonces ya llevaba unos cuatro o cinco meses más de trabajo y solo quedaba colorear todas las páginas. En total fue un trabajo de casi un año y podría decirse que durante ese tiempo fue a jornada completa. Fue una experiencia muy interesante en la que aprendí muchísimo sobre mi forma de afrontar un proyecto de tal calibre”, comenta Júlia Rubau.

Julia Rubau

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy trabajando en un nuevo cómic infantil gracias a haber sido seleccionada para una de las cuarenta ayudas del Ministerio de Cultura destinadas a la creación de cómic. Se trata de un proyecto protagonizado por Lalu, una niña hija única a la que le encanta serlo. La rutina que tanto le hace feliz es puesta en peligro cuando descubre que pronto tendrá una hermanita. Después de maldecir al universo y desahogarse con su circuito de canicas, es trasladada a través de su armario, a una realidad alternativa en la que siempre ha tenido una hermana gemela. Todos sus miedos toman forma en una niña igual que ella, una tal Lula. La vida de Lalu se convierte, según ella, en un infierno, mientras que Lula no entiende por qué su hermana de repente la odia tanto si siempre se han llevado bien. Antes de que termine la semana, Lula tendrá que convencer a Lalu de las ventajas de tenerla como hermana, si no lo consigue, la tradición de ir juntas en el autocar por las colonias de fin de curso se romperá por primera vez. Esta historia saldrá en un año aproximadamente, el nombre del proyecto es «Lalu & Lula».

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Clara Lodewick aborda la inmigración en ‘Moheeb en el aparcamiento’

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Clara Lodewick

Moheeb es un adolescente refugiado que vive en un centro de acogida. Mientras espera una resolución administrativa que no llega, su vida queda suspendida en un presente sin horizonte. El aparcamiento de un supermercado se convierte en su espacio de escape: un lugar donde, junto a otros jóvenes, recupera algo esencial -la amistad, el juego, la sensación de pertenecer a algún sitio-. Apoyado por una asociación, el tranquilo Moheeb parece disfrutar de los largos días de verano. A menos que un fuego secreto esté consumiendo en realidad su coraje y su salud mental… ‘Moheeb en el aparcamiento’ es una novela gráfica sobre la migración, adolescencia, identidad, violencia cotidiana y necesidad de vínculos. Un trabajo de Clara Lodewick que edita Garbuix Books. Con Clara hemos charlado un poquito más sobre este proyecto.

Clara Lodewick

¿Cómo nació este proyecto? “Mi editorial me dio la oportunidad de crear un segundo cómic. Tenía total libertad creativa; es decir, no había ningún encargo. Así que decidí hablar de lo que más me preocupa: el trato que nuestras sociedades dan a las personas sin papeles. Cuando era adolescente, un grupo de afganos sin papeles ocupó una iglesia cerca de mi escuela. Conocí a los chicos, que tenían mi misma edad por aquel entonces (entre 15 y 17 años), nos hicimos amigos, y así descubrí una pequeña parte del infierno que su situación administrativa podía suponer para ellos en su día a día”.

¿Qué encontraremos en este libro? “Seguirás la vida cotidiana de Moheeb, de 17 años, y sus dos amigos, Qaïs y Fazal, que pasan dos meses de verano en un aparcamiento de un pequeño pueblo de Bélgica, esperando una respuesta a su situación. Conocerán a gente del pueblo; algunos les ayudarán, otros empeorarán su situación”, nos cuenta Clara Lodewick.

Clara Lodewick

¿Cómo fue el proceso de preparación del libro? Me refiero a la fase de investigación, las pruebas, incluso los bocetos en el cuaderno… “Quería trabajar en los sentidos, las sensaciones de Moheeb. Son un indicador de la evolución de su salud mental a lo largo del libro. Así que practiqué mucho cómo representar un lugar dibujando solo pequeñas partes, y cómo representar los cinco sentidos en una sola página. Dibujé páginas en (y sobre) diferentes lugares, antes de empezar a dibujar el aparcamiento de Moheeb. Vivía en una autocaravana, así que pude probar muchos aparcamientos diferentes”.

Clara Lodewick

Cuéntanos algo sobre las ilustraciones y sobre las técnicas utilizadas en este libro. “En general, me inspiran Willy Vandersteen, Wilhelm Bush, Bruno Heitz, y para este cómic en particular, también me fijé en la obra de Shin’Ichi Abe. Él es mejor representando los sentidos. Fue todo un reto dibujar un cómic entero en un solo aparcamiento: aunque el cansancio y el aburrimiento son temas importantes, ¡no quería que los lectores se aburrieran demasiado! Así que tuve que pensar en cambiar el punto de vista, dibujar pequeñas escenas en el fondo, etc. -continúa Clara Lodewick-. Los dibujos están hechos con bolígrafo y los colores, una parte muy importante para mí, están pintados con gouache. Dedico mucho tiempo a colorear; es casi meditativo y una parte muy agradable del proceso”.

Clara Lodewick

¿Cómo fue el proceso de creación de este libro? “¡Largo! Hacer un cómic sobre la situación de las personas sin papelesera algo que queríamos hacer juntos, con mis amigos, en 2014. Pero yo era muy joven entonces y era muy diferente: más bien un proyecto comunitario, con páginas de testimonios. Como adulta, 10 años después, tras haber visto la evolución de la situación de mis amigos y de mi país, tuve nuevas ideas y quise crear una obra de ficción. Quería hablar de diferentes temas, como la salud mental, las dificultades entre madres e hijos, las relaciones desiguales y cómo afrontarlas… Fue un trabajo emocionalmente intenso. Y me costó mucho despedirme de mi personaje al final del libro. Así que cuando dibujo a Moheeb para los lectores en una sesión de firmas, siempre me alegra volver a verlo, aunque sea por unos instantes”, confiesa Clara Lodewick.

Clara Lodewick

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Escribí un guión; el cómic es para niños y trata (otra vez, jaja) sobre niños que intentan valerse por sí mismos en un mundo dominado por adultos. Es un cómic de fantasía, dibujado por Andréa Delcorte, cuyos dibujos son increíbles. Se publicará en francés en 2027. Y por mi cuenta, estoy trabajando en una serie/telenovela, que me divierte mucho; los episodios se estrenan cada mes o cada dos meses. Trata sobre una joven que vive con su madre y su tía. A ella le gustaría mudarse de allí, pero cada vez que lo intenta, algo se interpone en su camino”.

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