Cómic
Ilu Ros nos acoge en ‘Una casa en la ciudad’
Julio de 2023. La narradora vuelve por primera vez a La Ciudad, donde residió durante ocho años, con la intención de dar forma a un libro sobre aquella etapa de su vida. Es ahora muy distinta de la joven que en 2011 llegó con mil euros en el bolsillo y con el ingenuo deseo de trabajar «de lo suyo», y el regreso le hace revivir muchas de sus inseguridades. Al tiempo que se reencuentra con los amigos que permanecieron allí y afloran recuerdos felices y no tan felices, se abre paso una nada autocomplaciente reflexión sobre la identidad y el desarraigo, la precariedad, los conceptos de «casa» y «hogar», «amistad» y «familia», y, por fin, sobre el propio dibujo como refugio y tabla de salvación. Navegando entre el pasado y el presente, ‘Una casa en La Ciudad’ trata de la búsqueda de un lugar en el mundo y la constatación de que la vida no es más que aquello que transcurre durante ese mismo proceso de búsqueda. Editado por Lumen, en las siguientes líneas hablamos sobre este trabajo con su autora, Ilu Ros.

Se trata de un proyecto bastante personal. ¿Cuándo llega el momento en el que decides que vas a contarlo? “Yo creo que el run run comenzó a finales del 2019, que fue cuando yo me volví de Londres a España. Sobre todo porque ya empecé a escribir, a tomar notas y a hacer algunos dibujos relacionados con el hecho de volver, de volver a casa, volver ¿a dónde? Porque, claro, yo me volvía, yo decía: “nos volvemos a casa”, pero mi pareja y yo nos fuimos a vivir a Madrid, que nunca habíamos vivido en Madrid, pero para nosotros era volver. Pero también había habido un momento en el que volver a casa era volver a Londres. Entonces empecé a preguntarme: ¿Cuál es la casa? ¿Qué es el volver? Entonces ahí ya empecé a pensar sobre todo esto”.
“Y creo que ya como que la idea se quedó así rondando por la cabeza. Y en 2021, cuando saqué ‘Federico’, ya aquello había madurado. Entonces le dije a mi editora, el próximo libro que yo escriba quiero contar algo relacionado con esto. Pero aún no sabía el qué. Empecé a tomar como muchísimas notas y me perdí mucho en realidad. Eso también lo cuento en el libro, ese proceso”, nos cuenta Ilu Ros.

Después del libro, ¿qué te llevas de aquella experiencia en la ciudad? “Fueron ocho años, es decir, fue un período largo. Entonces no lo veo tanto como una experiencia de decir, es que fue una parte de mi vida que para mí fue larga y fue importante. Me cuesta verlo como experiencia solo. Igual que si dijera la experiencia de la adolescencia. Yo me fui con 26 años y es precisamente la edad, pues en la que, bueno, si te has formado académicamente, como que te tienes que ir estableciendo económicamente, profesionalmente y todas esas cosas. Y entonces de repente estaba la crisis económica y como que el suelo se nos movió a muchos, ¿no? Y a mucha gente también mayor. Entonces, claro, justo cuando ahí teníamos que ir construyendo algo, como que todo se derrumbó. Y entonces era una visión de no tener futuro, de no saber hacia dónde iba a ir, qué es lo que iba a pasar. Yo me fui, empezó a cambiar un poco el sistema, desde ese momento yo creo que ya todos los jóvenes han ido viendo el futuro como de una manera mucho más pesimista de la que la han visto nuestros padres, que siempre iban a mejor y nosotros no lo tenemos tan claro. Entonces, no lo veo tanto como experiencia, sino como que sí que me tocó en un momento en el que hubo un cambio”.

‘Una casa en la ciudad’, una casa. Una casa quizás no es el concepto de casa física, sino va un poquito también más allá, ¿no? Entonces, quería preguntarte ¿dónde crees que está ahora tu casa? “Ahora mismo creo que mi casa está en Madrid. Porque al final me doy cuenta que yo creo que tu casa eres tú y te la llevas tú a cuestas, ¿no? Un poco caracol, y más los que a lo mejor hemos estado viviendo en diferentes sitios -continúa Ilu Ros-. Yo nací en Mula, en Murcia, viví ahí hasta los 18 o 19 años. Luego en Murcia, en la ciudad de Murcia, pero iba los fines de semana a casa. Luego me vine a Granada cinco años y luego ya me fui a Londres ocho. Entonces, mis raíces están donde están, están en Murcia. Pero ya como que te vas haciendo un “vuelvo” en cada sitio donde has ido viviendo y ya te das cuenta de que, realmente, a todas esas casas que han sido casa, cuando pasa el tiempo y vuelves, ya no lo son tanto, ¿no? Lo fueron, pero ya como que cuesta encajar igual, porque todo ha cambiado también”.
Hay una frase en el libro: “Mi línea de vida son unas paralelas asimétricas y yo la acróbata que hace equilibrios saltando de un lado a otro, viviendo a retales”. Esa sensación de dos sitios, pero no saber a cuál te tienes que agarrar para mantener el equilibrio… “Claro, esa sensación que está muy relacionada con el desarraigo. Creo que no solo sucede, sucede mucho sobre todo a la gente que migra a otro país, pero yo creo que sucede a mucha más gente que se ha ido de su ciudad, de su casa, de su pueblo. Creo que se pueden sentir también identificados. Y es ese momento en el que te das cuenta de que te has ido y que ya volver, a lo mejor, y conforme va pasando el tiempo, va a ser más difícil. Porque cuando vuelves de visita, a ver a tu familia, a ver a tus amigos de siempre y todo eso, te vas dando cuenta de que te han echado de menos, pero no te necesitan. Ellos han seguido su vida y tú también la tuya, pero claro, te cuesta encajarlo. Te vas perdiendo cosas. Te vas perdiendo cosas que tú creías que no te ibas a perder, o nunca habías pensado que te ibas a perder”.

“No te lo habías planteado, ¿no? Cuando tu amiga empieza a tener hijos, cuando tu padre o tu abuelo se van haciendo mayores… te estás perdiendo cosas. Yo lo sentía, sobre todo en los momentos que estaba más triste, al principio que estaba como peor, estaba mucho más perdida -afirma Ilu Ros-. Era un sentimiento de pérdida, de no me estoy enterando de nada. No me entero bien de nada en el país donde estoy, porque no entiendo el idioma, y no me estoy enterando de lo que está pasando más allá. Parece que veías la película a medias siempre, ¿no? Luego además te enfadas, ellos tampoco entienden que es lo normal. Hay como una falta de comunicación, pero que es inevitable porque no te puedes estar enterando de todo lo que está pasando, si no, no vivirías en el sitio donde vives. Entonces es cuando ya decides que tienes que empezar a construir tu casita en el sitio donde estás. Agarrarte a la gente que tienes, no estar siempre pensando en el otro lado”.
Me gustaría que me hablaras un poquito del proceso. Llega el momento en el que decides meterle mano a este proyecto, y empieza un poco ese proceso de recopilación de esas notas seguramente, de esos dibujillos, de esas fotografías, no sé, apuntes que tienes que empezar. ¿Cómo ha sido un poco todo ese proceso? Porque ese proceso al final también se muestra en el libro. “Poner en orden un poco todo eso ha sido quizá lo más difícil o una de las cosas más difíciles. Sí, lo más difícil ha sido ordenar, seleccionar, estructurar. Porque, bueno, el libro tiene muchos temas. Hay una trama clara que es la de esa Ilu que vuelve a la ciudad de Londres en 2023 para reencontrarse con la ciudad y empiezan a surgir esos recuerdos. Pero, claro, esa trama no la empecé a hacer hasta pasado 2023, yo ya había empezado el libro antes. Ya tenía muchas notas, muchas cosas y, claro, no encontraba la manera de contarlo, de unir todo eso. Me parecía que había cosas muy interesantes, que yo veía relacionadas, pero me costaba montarlo. Era como tener muchas piezas”.

“Es un libro que está hecho como a retales y luego como cosido. Como me imagino las colchas de Patchwork de la abuela -dice Ilu Ros-. Entonces, eso sí que fue lo que más me costó -confiesa Ilu Ros-. Porque tenía muchas cosas en la cabeza y me podían salir muchos libros diferentes. Entonces, volviendo en 2023 a Londres, dije, vale, a ver si yendo ya me viene el libro, también con esa esperanza de que me venga a reencontrar con la ciudad y entonces va a venir el Espíritu Santo, me va a tocar y voy a volver con el libro hecho. Y, por supuesto, no pasó. Como nunca pasan las cosas. Y sí que volví y dije, hostia, no lo tengo. Pero dije, vale, estoy todo el tiempo buscando el libro como en aquel momento estaba todo el tiempo buscando un futuro, buscando una casa, buscando un lugar en el mundo. Al final, un poco el libro trata sobre esa búsqueda. Puedo poner también esa búsqueda, ese proceso creativo, esa búsqueda del libro. Y entonces ahí fue cuando decidí hacer esta estructura, que es esa especie de diario en el que fui tomando notas de esa semana en la ciudad”.
Si hablamos de técnicas, ¿con qué técnicas has trabajado en este proyecto? “Bueno, yo siempre los libros los suelo hacer en analógico. ‘Federico’ lo hice en acuarela, ‘Una trilogía rural’ en acrílico, y es lo que más me gusta realmente, porque disfruto mucho con las texturas y trabajando con el papel. Pero este libro, sí que empecé a dibujarlo en papel y las primeras páginas, la primera parte, la introducción, que es la niña que se lanza a la piscina, eso está en papel y tinta. Pero luego cuando empecé a intentar meter color dije, no, no, no, se me va porque se me va de tiempo. Entonces dije, vale, lo hago en digital, había hecho ya algún trabajo en digital, pero solo a bitono, y yo quería que en este hubiese color, pero no me terminaba de convencer el hacerlo a color digital. Entonces cogí y dije, voy a pintarme papeles de colores. Yo en un libro anterior que ilustré con la escritora Lara Moreno que publiqué con Páginas de Espuma, ya monté esas ilustraciones como si fueran un collage de papeles recortados de color. Puedo hacer eso, pero en lugar de hacer el collage en papel me hago esos papeles de color y digitalmente voy montando. Entonces me hago esa base de color para yo creerme que es analógico, que a mí me guste, y luego ya encima de eso dibujo. Y entonces ya me fui como un poco encontrando más a gusto. Si no lo hacía así, era como que se alejaba bastante de lo que había hecho hasta ahora, y necesitaba un punto intermedio”.

Me llama mucho la atención en el dibujo, esos restos de lápiz, que se han quedado ahí, esas líneas ¿no? Me gustaría que me contaras la intención que tienen. “Al final, aunque haya dibujado en digital, he dibujado igual que dibujo en papel, que me hago mi capa donde me pongo, me hago un bocetillo, ¿no? Por dónde van a ir las líneas, por dónde van a ir los personajes y tal, y luego encima yo ya cojo el pincel de tinta. Y a mí sí que me gusta siempre como que se vean, como que se vea el proceso, me gustan mucho los procesos y creo que le da mucha vida al dibujo -asegura Ilu Ros-. Puesto que en analógico lo dejo, en digital lo he seguido dejando. También creo que la atmósfera del libro, la voz del libro, es muy de ir montando. Es como que en el libro voy haciendo, deshaciendo, me digo, me desdigo, entonces también está bien un poco esa estética como de boceto, de espacios que se van creando, se van montando, se van desmontando. Como también esa ciudad que es de color, que son como esos papeles de color, pero realmente el espacio se va rompiendo todo el tiempo, como también se va rompiendo la estructura del libro conforme la voy haciendo. Esas dudas”.
Y me gustaría que dieras algunas pinceladas sobre el color, también como ese elemento que juega con el tiempo un poco. Me gusta mucho, por ejemplo, cuando se ven esas dos Ilus, una en negro, como muy abrigada, además, y otra con ropa más fresca, en color, ese juego también con el color, ese juego narrativo. “Sí, claro, estoy hablando de dos tiempos, o sea, dos tiempos que están muy definidos, que son el tiempo actual del libro, que es el verano del 2023, ese va a color, y luego todos los recuerdos, todas esas memorias surgen en blanco y negro, bueno, en negro. Entonces, hay veces, claro, que se van superponiendo porque la ciudad sigue siendo la misma, pero los tiempos son diferentes. En realidad es también una reflexión que aparece a lo largo de todo el libro. Te alejas, te vas, te alejas de tu familia, siguen estando en el espacio, pero no están igual en el tiempo”.

¿Y la tipografía? “En ‘Federico’ y en ‘Cosas Nuestras’ y en ’Una trilogía rural’, hay partes como que van escritas a mano, y esto me lo hice yo manualmente. Digital, sí, pero, bueno, que lo iba escribiendo y luego cuando iba corrigiendo, pues tenía que borrar, subir el archivo. Entonces me dije, bueno, me voy a hacer una fuente, y me puse ahí un fin de semana intenso. Creo que, al final, este libro es el más complejo, me he complicado mucho la vida en cuanto a estructura, historia, trama, pero, por ejemplo, me la he facilitado un poco en hacerlo digital o montarme la fuente“, asevera Ilu Ros.
Como estás de gira con el libro, he visto en redes que hay por ahí un diario que de vez en cuando sacas, me gustaría que contaras un poquito ese trabajo con ese diario o con ese diario como compañero de viaje. “Hay una cosa que me pasa y es que, la ilustración es mi profesión, claro, yo dibujar lo hacía en mi tiempo libre, era mi ocio, o sea, sobre todo cuando era niña, cuando estudié Bellas Artes, pero, claro, ahora es mi profesión, entonces yo ya cuando tengo tiempo libre, no dibujo, no cojo un lápiz, para mí ya es trabajo. Sí que cuando estoy de viaje me gusta coger esa libreta y hacer dibujos, o utilizarla también, pues, para tomar notas, un poco como diario de viaje, cosas que se me van ocurriendo, cosas que observo, dibujar un poco, porque sí que lo hago como por el gusto de dibujar, sin ninguna presión, sin ninguna finalidad”.
Cómic
Clara Lodewick aborda la inmigración en ‘Moheeb en el aparcamiento’
Moheeb es un adolescente refugiado que vive en un centro de acogida. Mientras espera una resolución administrativa que no llega, su vida queda suspendida en un presente sin horizonte. El aparcamiento de un supermercado se convierte en su espacio de escape: un lugar donde, junto a otros jóvenes, recupera algo esencial -la amistad, el juego, la sensación de pertenecer a algún sitio-. Apoyado por una asociación, el tranquilo Moheeb parece disfrutar de los largos días de verano. A menos que un fuego secreto esté consumiendo en realidad su coraje y su salud mental… ‘Moheeb en el aparcamiento’ es una novela gráfica sobre la migración, adolescencia, identidad, violencia cotidiana y necesidad de vínculos. Un trabajo de Clara Lodewick que edita Garbuix Books. Con Clara hemos charlado un poquito más sobre este proyecto.

¿Cómo nació este proyecto? “Mi editorial me dio la oportunidad de crear un segundo cómic. Tenía total libertad creativa; es decir, no había ningún encargo. Así que decidí hablar de lo que más me preocupa: el trato que nuestras sociedades dan a las personas sin papeles. Cuando era adolescente, un grupo de afganos sin papeles ocupó una iglesia cerca de mi escuela. Conocí a los chicos, que tenían mi misma edad por aquel entonces (entre 15 y 17 años), nos hicimos amigos, y así descubrí una pequeña parte del infierno que su situación administrativa podía suponer para ellos en su día a día”.
¿Qué encontraremos en este libro? “Seguirás la vida cotidiana de Moheeb, de 17 años, y sus dos amigos, Qaïs y Fazal, que pasan dos meses de verano en un aparcamiento de un pequeño pueblo de Bélgica, esperando una respuesta a su situación. Conocerán a gente del pueblo; algunos les ayudarán, otros empeorarán su situación”, nos cuenta Clara Lodewick.

¿Cómo fue el proceso de preparación del libro? Me refiero a la fase de investigación, las pruebas, incluso los bocetos en el cuaderno… “Quería trabajar en los sentidos, las sensaciones de Moheeb. Son un indicador de la evolución de su salud mental a lo largo del libro. Así que practiqué mucho cómo representar un lugar dibujando solo pequeñas partes, y cómo representar los cinco sentidos en una sola página. Dibujé páginas en (y sobre) diferentes lugares, antes de empezar a dibujar el aparcamiento de Moheeb. Vivía en una autocaravana, así que pude probar muchos aparcamientos diferentes”.

Cuéntanos algo sobre las ilustraciones y sobre las técnicas utilizadas en este libro. “En general, me inspiran Willy Vandersteen, Wilhelm Bush, Bruno Heitz, y para este cómic en particular, también me fijé en la obra de Shin’Ichi Abe. Él es mejor representando los sentidos. Fue todo un reto dibujar un cómic entero en un solo aparcamiento: aunque el cansancio y el aburrimiento son temas importantes, ¡no quería que los lectores se aburrieran demasiado! Así que tuve que pensar en cambiar el punto de vista, dibujar pequeñas escenas en el fondo, etc. -continúa Clara Lodewick-. Los dibujos están hechos con bolígrafo y los colores, una parte muy importante para mí, están pintados con gouache. Dedico mucho tiempo a colorear; es casi meditativo y una parte muy agradable del proceso”.

¿Cómo fue el proceso de creación de este libro? “¡Largo! Hacer un cómic sobre la situación de las personas sin papelesera algo que queríamos hacer juntos, con mis amigos, en 2014. Pero yo era muy joven entonces y era muy diferente: más bien un proyecto comunitario, con páginas de testimonios. Como adulta, 10 años después, tras haber visto la evolución de la situación de mis amigos y de mi país, tuve nuevas ideas y quise crear una obra de ficción. Quería hablar de diferentes temas, como la salud mental, las dificultades entre madres e hijos, las relaciones desiguales y cómo afrontarlas… Fue un trabajo emocionalmente intenso. Y me costó mucho despedirme de mi personaje al final del libro. Así que cuando dibujo a Moheeb para los lectores en una sesión de firmas, siempre me alegra volver a verlo, aunque sea por unos instantes”, confiesa Clara Lodewick.

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Escribí un guión; el cómic es para niños y trata (otra vez, jaja) sobre niños que intentan valerse por sí mismos en un mundo dominado por adultos. Es un cómic de fantasía, dibujado por Andréa Delcorte, cuyos dibujos son increíbles. Se publicará en francés en 2027. Y por mi cuenta, estoy trabajando en una serie/telenovela, que me divierte mucho; los episodios se estrenan cada mes o cada dos meses. Trata sobre una joven que vive con su madre y su tía. A ella le gustaría mudarse de allí, pero cada vez que lo intenta, algo se interpone en su camino”.
Cómic
Sun Bai y los ‘Pelícanos eléctricos en los lagos’
Cuando resultó seleccionado para viajar al espacio, fue el objeto de admiración de sus compañeros de estudios. Ahora, tras años realizando un trabajo monótono y posiblemente inútil, su vida parece menos envidiable. No solo no ha prosperado, sino que ha perdido todo el interés en hacerlo. Solo muy de tarde en tarde regresa a la Tierra, pero en su última visita se produjo un reencuentro. El recuerdo de ese día en que, junto a su única amiga, paseó por el parque y recordó unos pelícanos eléctricos que ya no existen será determinante para él. ¿Qué sentido tendría repetir un día que ya fue perfecto? ‘Pelícanos eléctricos en los lagos’, editado por Fulgencio Pimentel, es el último trabajo de Sun Bai, una de las voces más interesantes surgidas en el ámbito de la BD en la última media década. Aprovechando su reciente visita a nuestro país, hablamos con ella un poquito más sobre este trabajo.

¿Cuál es el origen de este proyecto? ¿Qué te impulsa a crear esta historia? “Al principio era un fanzine que creé en 2019 y que presenté en el Off del festival de Angoulême. Mi editor César lo descubrió en ese momento. El nacimiento de esta historia viene de mi experiencia personal: como el protagonista, dejé mi ciudad natal y hoy vivo en Francia. Cada vez que vuelvo a mi ciudad, tengo la sensación de conectarme a otro servidor, como si entrara en otra realidad. La historia nació de la nostalgia por mi ciudad natal y de la búsqueda de un equilibrio entre esas diferentes realidades. Como los personajes del libro, yo también echo de menos los momentos que pasé con mis amigos dando paseos en patines con forma de cisne por el lago del parque”, nos cuenta Sun Bai.
¿Qué van a encontrar los lectores en sus páginas? “Espero que encuentren ante todo una atmósfera, un momento suspendido y tranquilo. Quizás les den ganas de fumarse un cigarrillo o de tomarse un café”.

Háblanos un poco de las ilustraciones. ¿Qué dirías que tienen de característico? “Lo que me interesa de la ilustración es siempre la narración. No creo que se aleje demasiado de mi trabajo en el cómic.
Lo que las caracteriza, diría que son los personajes, las relaciones humanas entre ellos y las historias que existen detrás -continúa Sun Bai-. Como cuando hago un cómic, siempre me pregunto qué ropa llevan y qué tipo de vida llevan más allá de lo que se muestra. Con las naturalezas muertas es lo mismo: siempre pienso en quién podría usar esos objetos”.

Nos gustaría que nos contaras algo sobre el uso del color en este proyecto, el azul… “El azul es el color dominante del libro. El primer fanzine lo imprimí en casa con una impresora de escritorio. Usaba principalmente el cian, el amarillo y el azul. Luego conservé esa paleta para el libro. Decidí mantenerla por ese aspecto vaporoso, casi desvanecido, que produce esa técnica. Como el humo de un cigarrillo suspendido en el aire”.
En otra ocasión hablamos de ‘La playa más bonita del mar del Norte’. Nos hablabas entonces de una historia sobre el «fin del mundo». En este nuevo cómic, ¿ese mundo ya no existe? “Podría existir en otra realidad. Creo que nunca he abandonado del todo esa idea; en mis narraciones, el tiempo no es necesariamente lineal. El pasado, el presente y algunas posibilidades del futuro pueden a veces coexistir. En una de ellas, el mundo quizás ya haya desaparecido; en otra, algunos personajes siguen viviendo historias distintas. Todas esas realidades pueden existir de forma simultánea”, asegura Sun Bai.

¿Qué has aprendido con este proyecto? “Dibujar una historia que contiene varias realidades es bastante agotador. La próxima vez, igual me lo pienso dos veces antes de elegir realidades tan complejas de entrelazar :)”.
Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “Por lo general, en cuanto tengo una idea, empiezo a dibujar un storyboard muy en borrador. Trabajo el texto, los diálogos y las imágenes a menudo al mismo tiempo. Es raro que escriba un guión completo antes de empezar. Según el proyecto, a veces preparo un esquema o un resumen. Después desarrollo el storyboard, luego trabajo el dibujo a línea y, por último, el color. Por supuesto, también hay muchas conversaciones con mi editor a lo largo de todo el proceso”, confiesa Sun Bai.

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Hay algún proyecto nuevo? “Actualmente estoy trabajando en un nuevo proyecto de cómic, una historia de amor. Trata principalmente sobre hombres solitarios y las mujeres a las que nunca llegarán a alcanzar”.
Cómic
Mathias Martinez nos invita a su singular parque de atracciones
‘¿Qué hora es? ¡Es la hora de divertirse!’. Ese es el lema de CLOCKI, la mítica mascota con forma de despertador que durante décadas marcó la hora de la merienda a millones de niños frente al televisor. Nacido como héroe de cómic, alcanza la fama en 1932 con Clocki y el reloj parlante, el primer cartoon sonoro y en color de la historia del cine, y se convierte en una auténtica estrella. En 1955, en la cima de su popularidad, se inaugura Clockilandia, un parque de atracciones que promete ser el paraíso definitivo del entretenimiento. Pero tras ese relato de ensueño podría esconderse una realidad mucho más oscura.

En ‘Clockilandia’, Mathias Martinez reconstruye la memoria de un parque imaginario para mostrar la cara oculta de su éxito. Cada capítulo sigue a un personaje distinto -una mascota, un aficionado a las atracciones, una ex empleada y una niña- que da testimonio de un momento clave de su historia. Inspirado en cartoons de los años 30 de los estudios Fleischer, Martínez retuerce ese imaginario hasta lo grotesco: dibujos que gotean, decorados que se derriten y perspectivas deformadas como una película quemada en el proyector, creando una atmósfera tan fascinante como inquietante. Con Mathias hemos charlado un poco más sobre su trabajo en este proyecto.
¿Cómo nació este proyecto? “Desde niño, siempre me han fascinado los parques temáticos, pero siempre he sentido cierta inquietud al ver sus maquetas de cartón y sus sueños empalagosos. Quería hablar de este sentimiento que creo que comparten muchas personas, y de la felicidad un tanto forzada que se siente en estos lugares, ¡porque la entrada es carísima! En lugar de apoderarme de un parque ya existente, decidí crear el mío propio, como un niño jugando con bloques Kapla o Lego. ¡Disfruté muchísimo siendo un poco megalómano en este proyecto!”, nos cuenta Mathias Martinez.

¿Qué encontraremos en este libro? “Esta novela gráfica narra la historia de Clockilandia, un parque temático analizado desde sus inicios y su época dorada hasta su declive y su inevitable final, porque, obviamente, todo lo bueno tiene un final. También encontrarás las emotivas historias de las personas involucradas con el parque: sus empleados desilusionados, sus mascotas melancólicas, sus niños desencantados y sus padres hastiados. Pero también descubrirás hermosas historias de amor y amistad”.
¿Cómo fue el proceso de creación del libro? Me refiero a la fase de investigación, las pruebas, incluso los bocetos en el cuaderno… “Pasé mucho tiempo buscando la forma ideal para la mascota de mi parque, algo que evocara a Mickey Mouse sin ser demasiado similar, y que no se alejara demasiado de mi idea inicial de crear una historia sobre el fin de la infancia y esos espacios atemporales que son los parques de atracciones. Mientras buscaba ideas visuales para el libro, redibujé muchas mascotas antiguas japonesas y estadounidenses, y cuando no se me ocurría ninguna buena idea, redibujé un pequeño despertador Fisher-Price que tenía en mi escritorio. Entonces se hizo evidente: la mascota de Clockilandia tenía que ser un despertador”, asegura Mathias Martinez.

Cuéntanos algo sobre las ilustraciones. “Quizás el carácter altamente ilustrativo de Clocki sea aún más evidente porque está inspirado más en los libros ilustrados infantiles que en los cómics. Una de mis principales inspiraciones para este trabajo son los libros de principios del siglo XX de Benjamin Rabier, o los libros de Bécassine; no sé si son conocidos en España, pero les animo a leerlos o releerlos. En estas historias, el texto está en voz en off, como en algunos capítulos de Clocki. También hay un aspecto ligeramente megalómano en ello; es como si me dirigiera directamente al lector como autor. Este estilo narrativo un tanto anticuado me resultó divertido”.

Cuéntanos algo sobre la técnica utilizada en este libro. “El libro fue dibujado completamente con tinta azul y luego coloreado en Photoshop -continúa Mathias Martinez-. Mi cómic, con sus tonos naranjas y azules, recuerda a los antiguos libros infantiles de los años 50, y también evoca el año en que se creó la mascota Clocki y los dibujos animados que la inspiraron. Mis editores franceses, Misma, hicieron un trabajo increíble en las páginas para lograr colores intensos y diferenciarlos, y mis editores españoles, La Granja, mantuvieron la misma dirección artística y añadieron un mapa real del parque, ¡que me parece fantástico!”
¿Cómo fue el proceso de creación de este libro? “Me llevó tres largos años crearlo. Hubo momentos increíblemente alegres y otros muy estresantes. Mis editores me ayudaron muchísimo durante todo el proceso, que a veces resulta desalentador, ¡pero realmente vale la pena! Después de terminar mis estudios de arte, cuando empecé con Clocki, estaba buscando mi propia voz, ¡pero encontré en Clocki caminos que me encantan! Fue una experiencia muy formativa para mí. Creo que se puede sentir esta progresión narrativa, cómo gano más confianza a medida que avanzan los capítulos, lo cual me gusta mucho”, confiesa.

¿En qué estás trabajando actualmente? ¿Un nuevo proyecto? “Actualmente estoy trabajando en otra novela gráfica que publicará la misma editorial. Tratará sobre ratones, un libro hecho de queso, la transmisión del conocimiento y la memoria colectiva. Será un libro sobre libros y un homenaje a sus lectores más fieles: ¡estará dedicado a quienes aman tanto los libros que literalmente devoran sus páginas! No diré nada más sobre este futuro proyecto, y me llevará tiempo terminarlo, ¡pero estoy deseando enseñárselo!”
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