Entrevistas
Fabiola Anchorena y ‘Esperando el amanecer’
Un lamento contra los devastadores incendios que aniquilan los bosques, en la voz de las criaturas que los habitan. Con esta contundente frase presenta Kalandraka este álbum ilustrado, ‘Esperando el amanecer‘, un trabajo de Fabiola Anchorena, ganador del XV Premio Internacional COMPOSTELA para álbumes ilustrados. Con Fabiola hemos charlado sobre este libro y su proceso de creación.

¿Cómo nace este proyecto? Fabiola Anchorena: «En agosto de 2018 decidí hacer un viaje a Iquitos, una ciudad puerto en la Amazonía de Perú, para reencontrarme con la naturaleza, pues estaba pasando por un momento difícil y me hizo mucho bien navegar por el río Amazonas y estar entre caobas, shiringas, cedros, monos y mariposas.

«Exactamente un año después, la Amazonía ardía en uno de los peores incendios de los últimos años y esto me encogió el corazón no sólo por la tragedia en sí misma sino también por la poca empatía y valor que algunas personas le dan a los bosques y seres que viven en él. Fue entonces que decidí hacer un proyecto que hablara al respecto. Tenía claro el tema que quería tratar, pero aún no tenía una historia y fue en el 2020 que decidí trabajar en ella. Me topé con noticias y fotografías muy duras, y una en particular me llamó la atención, en la que hablaba sobre cómo el cielo de Sao Paulo fue cubierto por el humo, provocando una oscuridad general y ese fue el inicio de ‘Esperando el Amanecer’, nos cuenta Fabiola Anchorena.
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? «Esperando el Amanecer es un libro álbum que explora desde la angustia y el miedo, la pérdida del hogar a través de sus habitantes. Los animales del día y de la noche, unidos y llevados por la incertidumbre, emprenden un viaje en busca del sol que parece que se ha escondido en lo profundo del bosque».

Como indicas al final del libro, es un libro protesta… «Los incendios forestales suceden en distintos lugares del mundo, cada vez con mayor frecuencia e intensidad debido a los efectos del cambio climático, pero muchas veces son directamente provocados por el ser humano».

«Mi intención no es aleccionar a nadie, pero sí es una invitación a hacer un alto para reflexionar sobre lo que sucede a nuestro alrededor -continúa Fabiola Anchorena-. Nosotros, los animales humanos, no somos la única especie que vive en este planeta, también están los que vuelan o saltan, los que rugen o aúllan y los que quieren cantar con la luz de cada mañana».

«Es también querer pensar que hay una esperanza, un amanecer después de ese miedo; que podemos encontrarlo poco a poco, gota a gota, con pequeños gestos que luego se convierten en grandes hábitos para lograr en conjunto un cambio».
¿Qué diríais que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? «Este es mi primer libro de mi completa autoría y le tenía mucho miedo. En un inicio no sabía cómo resolver la oscuridad. Nunca había trabajando con fondos tan oscuros, por lo menos no en ilustración impresa en papel. No quería que fuese un fondo negro y nada más, sino que buscaba que se entrevean cosas en esa atmósfera, pero sabía que la impresión sobre negro es todo un reto también», afirma Fabiola Anchorena.

«Trabajé primero con esta doble página para ver si lograba lo que quería transmitir. Luego ya en el proceso de edición tuve que agregar algunas plantas más para darle más contraste a la imagen final. Ya cuando resolví la oscuridad vino otro nuevo reto que fue el fuego y la lluvia, cosas que tampoco había trabajado antes».


«Mis ilustraciones suelen ser de perspectivas horizontales y quise incorporar aquí otros tipos de encuadre, que es a donde va mi búsqueda en estos días».

¿Con qué técnicas trabajaste? «Las atmósferas las trabajé con tinta y lejía. Iba escaneando progresivamente el cambio en el papel. Primero digitalicé la mancha solo con tinta, luego con un rociador esparcía la lejía, lo digitalizaba. Sobre ese mismo papel ya intervenido, ayudada con una punta de metal sumergida en lejía generaba las chispas de fuego y lo volvía a digitalizar. También hice manchas sueltas que me sirvió para la bruma y otras texturas».


«Todos los personajes y el entorno los trabajé con grafito acuarelable. Cada parte la trabajé por separado, cuerpo, pelo, manchas, alas, pico… y todo lo ensamblé digitalmente, esto me permitió trabajar mejor sobre el fondo oscuro», nos cuenta Fabiola Anchorena.

Cuéntanos algo sobre el uso del color en este proyecto. «Mi primer acercamiento gráfico a este proyecto fue trabajar en un estudio de secuencia de color, donde propuse una transición de la oscuridad con colores desaturados por la ausencia de la luz, al tenebrismo con colores más encendidos por el encuentro con el fuego, hasta la explosión de color por la llegada de luz gracias a la lluvia».

«No solo el texto y la imagen narran esta historia, para mí era importante crear diferentes atmósferas. Cosas que se ven y no se ven en la oscuridad y la pérdida del color en los animales representando la desolación que sienten».

«Cuando se van acercando al fuego buscaba mucho movimiento en las chispas para generar esta angustia que envuelve a los personajes y mostrar lo agobiante que es estar en esa incertidumbre de no saber qué es lo que está pasado. Aquí los colores del entorno ya se van encendiendo y saturando».

«Ya con el encuentro del fuego, todo se enciende y los personajes están cubiertos de este hollín que les deja el humo».
Háblanos un poco del proceso de elaboración de este libro. «Esperando el Amanecer ha tenido sus grandes tropiezos y caídas muy dolorosas. En el fatídico 2020 se abrieron grandes oportunidades para estudiar en lugares impensados para mí y tuve la oportunidad de llevar el Diplomado de Libro Álbum y Libro Ilustrado en la UNAM dirigido por el maestro Gerardo Suzán. A pocas semanas de empezar el curso, corriendo por el corredor de mi casa para llegar a clase caí sobre mi mano derecha, una de mis herramientas de trabajo más importantes, y no pude utilizarla durante más de 4 meses».


«A inicios de 2021, Micaela Chirif abrió uno de sus talleres de revisión de proyecto y aproveché en revisar el guión que había escrito con la ayuda del teclado y unos bocetos que logré hacer con mi mano izquierda para entender el esquema narrativo. En cada sesión fui resolviendo la narrativa y ajustando el texto también».

«Cuando recuperé el uso de mi mano hábil logré trabajar en el guión visual y para el diplomado presenté dos imágenes terminadas pero no quedé muy contenta con ellas -nos sigue contando Fabiola Anchorena-. Sentí que no era el momento para trabajar este proyecto, así que lo dejé descansar.

«En 2021 tuve la oportunidad de tomar otro diplomado esta vez en ilustración editorial dictada por la Universidad Católica de Chile. En uno de los cursos de experimentación descubrí en clase con Leonor Pérez la magia de la lejía con la tinta y esa fue una gran señal para retomar mi proyecto».

«Luego trabajé en el estudio de los personajes, pensando en sus características y movimientos; y también en el entorno».

«Y ya con todas mis exploraciones y estudios era el momento de poner manos a la obra, ensamblar todas las partes y finalmente armar todo el proyecto».
¿Qué supuso el Premio Internacional Compostela para álbumes ilustrados 2022? «Mi camino hasta aquí ha tenido muchos desvíos. He pasado de hacer planos de estacionamientos a diseñar ropa, logotipos, revistas, manuales de marca, gráfica para empaques, he vuelto al diseño textil hasta llegar aquí dando un salto gigantesco. Cuando estaba esperando los resultados del premio, mi mamá me recordó que terminando la escuela secundaria le dije que antes de cumplir 40 tenía que publicar un libro. Ahora tengo mi primer libro con un gran premio y publicado en distintas lenguas que llegan a muchas personas alrededor del mundo. Esperando el amanecer es también mi amanecer porque me ha demostrado que me puedo dedicar a crear mis propias historias que es lo que más me gusta hacer», afirma Fabiola Anchorena.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? «Estos meses están siendo muy difíciles para mí porque perdí a mi compañera, mi hija de cuatro patas de casi 15 años y mi terapia está siendo trabajar en un proyecto sobre la resiliencia. También estoy retomando un proyecto que nació antes de Esperando el amanecer, que trata sobre la libertad animal».
Álbum Ilustrado
Verónica Aranda y su trabajo en ‘Bienvenida, amiga ardilla’
Cascabilla la ardilla tenía su nido en el hueco de un árbol y todo preparado para el invierno: una cálida cama hecha de hojas, una despensa a rebosar de frutos secos y cientos de semillas escondidas en lugares secretos del bosque… Ya falta poco para que se instale el invierno y Cascabilla ha trabajado duro para estar preparada. En su apacible nido, en lo alto del árbol, la ardilla ve caer las últimas hojas de otoño cuando, de repente, el tronco cae al suelo. ¡No puede ser! ¡Los castores lo han talado! Cascabilla está desconsolada. ¿Y ahora qué? Con estas palabras la editorial Cuento de Luz nos presenta ‘Bienvenida, amiga ardilla’, una emocionante aventura a través del bosque que construyen Daniel Cañas y Verónica Aranda, con la que hablamos de este álbum ilustrado.
¿Cómo llega a tus manos este proyecto? “Hace años que conozco a Daniel Cañas y, desde el primer día, habíamos tenido la intención de publicar algo juntos. Pero siempre iban surgiendo cosas y nunca encontrábamos el momento de ponernos manos a la obra con nuestro proyecto. Durante una etapa en la que yo tenía menos carga de trabajo pensé: “ahora es el momento”. Así que le escribí y le pedí que me enviara algunos de sus últimos cuentos. El de la Ardilla fue el que más me encajó y enseguida lo visualicé con mis ilustraciones”.

¿Qué es lo que más te gustó de este proyecto? ¿Qué te pareció la historia de Daniel la primera vez que la leíste? “Lo que más me gustó fue que los protagonistas fueran animales y que la historia transcurriera en el bosque. Soy una gran amante de la naturaleza y es lo que más disfruto dibujando -confiesa Verónica Aranda-. También me llamó la atención la estructura repetitiva del cuento, porque me pareció muy dinámica y divertida para los pequeños lectores. Además, transmite valores como el compañerismo, el respeto y la gratitud, algo que considero muy importante aprender desde edades tempranas”.
¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Animales. Muchos animales escondidos por aquí y por allá. En todos los libros que ilustro intento cuidar mucho los detalles para que los niños puedan entretenerse observando cada página. Pero en este álbum quise implicarme al 200%. Y si se fijan bien, incluso encontrarán una pequeña subtrama entre dos pájaros carpinteros que desarrollé para enriquecer todavía más la historia”.

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Pues como he dicho anteriormente, creo que mis ilustraciones se caracterizan principalmente por la cantidad de detalles que contienen. A nivel de color, me gusta trabajar con gamas cromáticas vivas y luminosas, y sobre todo jugar con las luces para crear escenas cálidas y envolventes”, nos cuenta Verónica Aranda.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Yo soy digital 100%, desde el storyboard hasta el arte final. Trabajo únicamente con Photoshop, en una tablet con pantalla grande. Aun así, me gusta conservar cierta sensación tradicional en el acabado, por eso trabajo con muchos pinceles y texturas diferentes que aportan ese aspecto más orgánico y “hecho a mano”.

¿Qué has aprendido con este proyecto? “Siempre que ilustro un libro termino aprendiendo cosas nuevas relacionadas con su temática. En este caso descubrí algún que otro dato curioso sobre las ardillas, los pájaros carpinteros, los castores o las liebres. Por ejemplo, me sorprendió muchísimo la memoria que pueden llegar a tener las ardillas: son capaces de recordar los escondites donde almacenan su alimento creando mapas mentales y ayudándose con marcas visuales del entorno”, afirma Verónica Aranda.
Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “En este álbum, la forma de trabajar fue muy distinta a la de otros encargos editoriales que había hecho anteriormente, porque Daniel y yo iniciamos el proyecto de una manera totalmente libre, sin la presión de una fecha de entrega. Fue un proceso que se cocinó a fuego lento durante dos años”.

“Primero realicé un storyboard para distribuir el texto en las distintas dobles páginas y decidir qué escenas podían ilustrarse mejor. Después empecé a trabajar en los bocetos a tamaño real, siempre contando con el feedback de Daniel. Precisamente, una de las cosas más bonitas de este proyecto fue la comunicación constante entre nosotros. Hubo un intercambio de ideas muy enriquecedor y, de alguna manera, ambos fuimos alimentando creativamente el trabajo del otro”.
“Cuando ya tuvimos una maqueta sólida, decidimos presentarla a algunos premios de álbum ilustrado, entre ellos el Premio Lazarillo, aunque finalmente no hubo suerte. Más adelante, Daniel -que ya tenía relación con la editorial Cuento de Luz y había publicado otros álbumes con ellos-, les enseñó nuestro proyecto. La editora quedó tan encantada que nos dio el sí prácticamente al momento. Gracias a ellos, nuestro cuento terminó convirtiéndose en realidad dos años después de haber comenzado este viaje”, asegura Verónica Aranda.

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Hace poco se publicó el último libro que he tenido el placer de ilustrar, Joel i el Drac Ocult, escrito por Laura Borao y editado por Edelvives. Y ahora mismo estoy en una etapa un poco más pausada, ya que estos últimos meses han sido bastante intensos tras la compra de mi primera vivienda. Además, trabajo a jornada completa como maquetadora en una editorial y entre unas cosas y otras apenas me queda tiempo. Aun así, espero poder retomar pronto el dibujo y empezar nuevos proyectos”.
Álbum Ilustrado
Mar Azabal nos muestra los ‘Tesoros en los bolsillos’
‘Tesoros en los bolsillos’ es una invitación poética a disfrutar sin prisas de lo cotidiano, lo pequeño, lo cercano, y a llenar los bolsillos de experiencias para compartir. Representa la curiosidad de la infancia, su capacidad de asombro y sorpresa, su habilidad para percibir belleza en lo más simple. Así es como de “cosas útiles e inútiles, bonitas y raras, cosas ni bonitas ni raras” se llenan los bolsillos de la niña que protagoniza estos poemas ilustrados de verso libre. Un trabajo de Isabel Cobo y Mar Azabal que edita Kalandraka. Con Mar hemos hablado sobre su trabajo en este libro.

Lo primero, cuéntanos cómo llega a tus manos este proyecto. “Kalandraka se puso en contacto conmigo y me propuso ilustrar el poemario; ellos creían que yo encajaba para ilustrar los poemas de Isabel. Me pasaron el texto y me encantó”.
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Es una belleza de poemario. Se centra en lo cotidiano, en la naturaleza, en las cosas pequeñas que nos rodean, en objetos que a los ojos de un adulto son insignificantes, pero que a los ojos de un niño son verdaderos tesoros. Creo que es un poemario que no tiene edad; a través de sus páginas se nos invita a disfrutar sin prisas de lo cercano”.
“Los adultos pueden identificarse con la protagonista; yo lo hice, me vi reflejada en ella -confiesa Mar Azabal-. Sus miedos, sus sueños, sus anhelos eran los mismos que los que yo sentí cuando fui niña y pueden ser los mismos que siente cualquier niña o niño en la actualidad; son emociones atemporales, se sienten de niño y de adulto”.

“A mí me encanta, aun a día de hoy, guardar tesoros en los bolsillos, por ejemplo, piedras con formas peculiares. El verano pasado recogí de la playa dos trozos de cerámica; no sé a qué objetos habrán pertenecido, pero a mí me encantaron sus bordes pulidos por la arena, sus colores azules, blancos y amarillos. Ahora me acompañan, como muchos tesoros, en mi estudio, y cuando los miro, me imagino historias que podrían formar parte de ellos. Entre sus páginas encontrarán algunos de mis tesoros de niña, como por ejemplo las canicas, que acompañan al resto de tesoros que nos regala Isabel”, nos cuenta Mar Azabal.
¿Qué te parecieron los poemas de Isabel tras una primera lectura? “Delicados, sugerentes. Los leí y mi mente se llenó de imágenes; aún hoy, cuando los vuelvo a leer, acuden a mí montones de imágenes”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Lo primero que hice fue probar qué técnica me servía mejor para trabajar las ilustraciones. La primera ilustración que hice fue la que acompaña al poema Semillas; probé con la acuarela porque quería algo muy delicado, pero no me gustó el resultado. Decidí entonces usar el pastel y, al ver la ilustración finalizada, me gustó el efecto que daba. Decidí que trabajaría las ilustraciones con grafito y pastel y algún toque con lápiz de color. La siguiente ilustración que realicé fue la de la tiza y ya me quedó claro; la imagen tomaba un aspecto etéreo con el fondo de pastel difuminado, era como si la propia tiza de la niña estuviese siendo utilizada para dibujar el libro y eso me convenció del todo”, asegura Mar Azabal.

¿Qué poema te resulta más atractivo? “Mi poema preferido no va acompañado de ilustración; lleva por título Acerca de guardar. Pero tengo que decir que me gustan todos y que todos me generan imágenes y eso me encanta”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Sólo había ilustrado un poemario y era para adultos; es la primera vez que ilustro poesía para niños y me he sentido muy bien haciéndolo, aunque como ya he comentado es un poemario para todas las edades”.

“Es totalmente distinto al trabajo que hay que realizar para un álbum ilustrado. No tienen nada que ver, la narrativa visual es totalmente diferente -afirma Mar Azabal-. A parte en los álbumes suelo usar técnicas mixtas, mezclo mucho; el trabajo es muy artesanal. En los últimos años he trabajado en proyectos muy diferentes unos de otros. He ilustrado novelas para adultos y he trabajado la ilustración fuera del mundo del libro, lo que me ha llevado a usar cada vez más la tableta gráfica; antes me resultaba imposible dibujar desde cero en digital, siempre tenía que tener un papel, algo físico, tangible, del que partía; ahora, dependiendo de los tiempos de entrega, ese paso prácticamente ha desaparecido”.
“En ‘Tesoros en los bolsillos’ ha sido como volver a mis inicios, a la línea simple del grafito. Más que algo nuevo, es una vuelta a mi esencia, a esas ilustraciones en las que, sin estar ligadas a un texto, había cierto aire poético, delicado, a las ilustraciones con las que comencé a darme a conocer”.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Lo primero que hice fue un boceto de las ilustraciones que acompañarían los textos, algo así como un storyboard de todas las ilustraciones, para intentar dar continuidad a las ilustraciones. Tras decidir qué técnica iba a utilizar, comencé a dibujar distintas versiones de algunas de las ilustraciones que acompañarían a los poemas. Me resultaba muy agradable dibujar con una línea tan sencilla y tan mía; no sabría cómo explicarlo: es la primera vez que al afrontar un encargo de editorial me he sentido como si dibujase para mí, sin la presión que supone que esas ilustraciones van a ser después expuestas al público”, nos cuenta Mar Azabal.

“Como te decía, algunas ilustraciones tienen varias versiones distintas; se las mostré a la editorial y ellos seleccionaron las que mejor se ajustaban al texto. Solo una de ellas, la primera, me dio dolor de cabeza, porque la editora me comentaba que la posición de uno de sus brazos era forzada y yo me empeñaba en cambiar el que no era, hasta que al repasar las ilustraciones con la editora, coincidimos físicamente, ella señaló el brazo que tenía el fallo. Es la única ilustración que he repetido para corregir, y no una vez, sino cinco veces”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Estoy trabajando con una novela clásica ilustrada para adultos y con un encargo para una asociación de un agenda. Los trabajos van llegando poquito a poco; lo importante es que no dejen de llegar, y que sean satisfactorios”.
Cómic
Sun Bai y los ‘Pelícanos eléctricos en los lagos’
Cuando resultó seleccionado para viajar al espacio, fue el objeto de admiración de sus compañeros de estudios. Ahora, tras años realizando un trabajo monótono y posiblemente inútil, su vida parece menos envidiable. No solo no ha prosperado, sino que ha perdido todo el interés en hacerlo. Solo muy de tarde en tarde regresa a la Tierra, pero en su última visita se produjo un reencuentro. El recuerdo de ese día en que, junto a su única amiga, paseó por el parque y recordó unos pelícanos eléctricos que ya no existen será determinante para él. ¿Qué sentido tendría repetir un día que ya fue perfecto? ‘Pelícanos eléctricos en los lagos’, editado por Fulgencio Pimentel, es el último trabajo de Sun Bai, una de las voces más interesantes surgidas en el ámbito de la BD en la última media década. Aprovechando su reciente visita a nuestro país, hablamos con ella un poquito más sobre este trabajo.

¿Cuál es el origen de este proyecto? ¿Qué te impulsa a crear esta historia? “Al principio era un fanzine que creé en 2019 y que presenté en el Off del festival de Angoulême. Mi editor César lo descubrió en ese momento. El nacimiento de esta historia viene de mi experiencia personal: como el protagonista, dejé mi ciudad natal y hoy vivo en Francia. Cada vez que vuelvo a mi ciudad, tengo la sensación de conectarme a otro servidor, como si entrara en otra realidad. La historia nació de la nostalgia por mi ciudad natal y de la búsqueda de un equilibrio entre esas diferentes realidades. Como los personajes del libro, yo también echo de menos los momentos que pasé con mis amigos dando paseos en patines con forma de cisne por el lago del parque”, nos cuenta Sun Bai.
¿Qué van a encontrar los lectores en sus páginas? “Espero que encuentren ante todo una atmósfera, un momento suspendido y tranquilo. Quizás les den ganas de fumarse un cigarrillo o de tomarse un café”.

Háblanos un poco de las ilustraciones. ¿Qué dirías que tienen de característico? “Lo que me interesa de la ilustración es siempre la narración. No creo que se aleje demasiado de mi trabajo en el cómic.
Lo que las caracteriza, diría que son los personajes, las relaciones humanas entre ellos y las historias que existen detrás -continúa Sun Bai-. Como cuando hago un cómic, siempre me pregunto qué ropa llevan y qué tipo de vida llevan más allá de lo que se muestra. Con las naturalezas muertas es lo mismo: siempre pienso en quién podría usar esos objetos”.

Nos gustaría que nos contaras algo sobre el uso del color en este proyecto, el azul… “El azul es el color dominante del libro. El primer fanzine lo imprimí en casa con una impresora de escritorio. Usaba principalmente el cian, el amarillo y el azul. Luego conservé esa paleta para el libro. Decidí mantenerla por ese aspecto vaporoso, casi desvanecido, que produce esa técnica. Como el humo de un cigarrillo suspendido en el aire”.
En otra ocasión hablamos de ‘La playa más bonita del mar del Norte’. Nos hablabas entonces de una historia sobre el «fin del mundo». En este nuevo cómic, ¿ese mundo ya no existe? “Podría existir en otra realidad. Creo que nunca he abandonado del todo esa idea; en mis narraciones, el tiempo no es necesariamente lineal. El pasado, el presente y algunas posibilidades del futuro pueden a veces coexistir. En una de ellas, el mundo quizás ya haya desaparecido; en otra, algunos personajes siguen viviendo historias distintas. Todas esas realidades pueden existir de forma simultánea”, asegura Sun Bai.

¿Qué has aprendido con este proyecto? “Dibujar una historia que contiene varias realidades es bastante agotador. La próxima vez, igual me lo pienso dos veces antes de elegir realidades tan complejas de entrelazar :)”.
Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “Por lo general, en cuanto tengo una idea, empiezo a dibujar un storyboard muy en borrador. Trabajo el texto, los diálogos y las imágenes a menudo al mismo tiempo. Es raro que escriba un guión completo antes de empezar. Según el proyecto, a veces preparo un esquema o un resumen. Después desarrollo el storyboard, luego trabajo el dibujo a línea y, por último, el color. Por supuesto, también hay muchas conversaciones con mi editor a lo largo de todo el proceso”, confiesa Sun Bai.

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Hay algún proyecto nuevo? “Actualmente estoy trabajando en un nuevo proyecto de cómic, una historia de amor. Trata principalmente sobre hombres solitarios y las mujeres a las que nunca llegarán a alcanzar”.
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