Entrevistas
Gastón Hauviller y lo que pasa ‘Cuando te vas’
Cuando mamá sale de casa sin mí, no pasa nada. No me molesta, no lloro y nunca pierdo la calma… ¿o sí? Así nos presenta la editorial Tres Tigres Tristes este álbum ilustrado, ‘Cuando te vas’, un trabajo de Gastón Hauviller, con el que hemos charlado un poquito más sobre este libro.
¿Cómo nace este proyecto? Gastón Hauviller: ”Este proyecto es un poco hijo de la pandemia. Recuerdo que al comienzo, en pleno confinamiento, en los medios empezamos a ver esas imágenes de animales caminando libremente por las ciudades, pero no eran animales domésticos, sino animales salvajes que aparecían por las calles como queriendo recuperar ese espacio del que siempre los desplazamos cuando construimos las ciudades. Y también estaba la sensación de encierro que sentíamos en esos días, que de a ratos se volvía insoportable. Y bueno, todo eso fue, digamos, la semilla de “Cuando te vas”. Lo que siente el personaje que protagoniza esta historia, se podría resumir en la pregunta: ¿y por qué yo no puedo salir? Sobre todo porque la mamá se va, ella sí sale de la casa, al mundo exterior”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Sinceramente no lo sé. Es algo en lo que pienso bastante y cuantos más libros hago, más me doy cuenta de que no tiene mucho sentido intentar controlar eso, porque de todos modos el lector siempre va a encontrar cosas que tienen más que ver con su propio universo que con lo que, como autores, le podamos proponer. Como autor, propones un relato, pero siempre es un juego de ida y vuelta entre el autor y aquel que recibe y dialoga con esas imágenes y esas palabras que aparecen en un libro”.
“Pero sí podría intentar decirte lo que yo mismo fuí encontrando como lector de este libro, que tiene que ver con algo que siempre me pasa cuando veo mis libros ya terminados o publicados -continúa Gastón Hauviller-. Y es que me sorprendo al darme cuenta de lo que me dicen a mí como lector, o incluso lo que dicen de mí como autor. Lectura que va cambiando con el tiempo, entonces, hoy pienso que este libro habla de la diferencia que existe entre lo que es amar y lo que es poseer a otra persona, como si esa persona que amamos nos perteneciera, que es un sentimiento muy primitivo y muy infantil. En este caso esa otra persona es la mamá del personaje protagonista, pero podría ser cualquiera. Pienso que eso es algo que a todos nos toca aprender en algún momento de la vida, sobre todo si queremos crecer. Pero es cierto que no es fácil y se ponen en juego muchas emociones y por momentos puede haber mucha tensión y frustración. Quizás la clave esté en aprender a confiar en las personas que queremos y que nos quieren, en este caso sería confiar en que la mamá se va a ir pero va a volver”.

La imaginación puede surgir en cualquier situación, ¿no? A partir de un dibujo… o leyendo un libro… “¡Totalmente!, una mancha en la pared o la borra del café en el fondo de la taza, o los juegos de palabras absurdos que surgen cuando leemos al azar carteles por la calle. Yo siento que estoy, literalmente, todo el tiempo imaginando y que no lo puedo evitar. A veces me resulta agotador incluso. Por supuesto que de toda esa imaginación, solo una pequeñísima parte se convierte en otra cosa, se materializa de algún modo, ya sea en un texto, un dibujo o un libro. Porque una idea, por más buena o por más original que nos parezca, no es un libro, le falta demasiado para ser un libro, es más, suele quedar muy poco de esas primeras ideas en lo que luego es una obra terminada. Quizás la imaginación sea algo así como esa transformación que sucede mientras estamos imaginando”, asegura Gastón Hauviller.

Haces un guiño a ‘Donde viven los monstruos’… “¡Sí claro! Es lo que nos pasa con nuestros referentes, en algún momento se nos aparecen en lo que hacemos. Soy un admirador de Sendak, parte de mi formación tiene que ver con el psicoanálisis y por eso su obra me resulta sumamente interesante, además de parecerme un ilustrador extraordinario. Y aunque cuando empecé a trabajar en mi libro no estaba pensando puntualmente en “Dónde viven los monstruos», en un momento me di cuenta de que podría abrirse un diálogo con esa obra. Salvando las distancias, si bien tienen algún punto en común, también hay grandes diferencias, lo cual es lógico porque el libro de Sendak, aunque no lo parezca, se publicó hace 60 años. Y creo que los libros siempre hablan, ante todo, con su propia época. Pero al igual que Sendak ocupa un lugar importante en mi biblioteca, quise que a modo de homenaje su libro también forme parte de la biblioteca del protagonista de “Cuando te vas””.

¿Qué diríais que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “En este libro trabajé con una línea estética con la que me siento muy cómodo y con la que ya había trabajado en el primer libro que publicamos con mis editores de Tres Tigres Tristes (“Viajeros Extraordinarios/Roque”). Y me pareció importante sentirme cómodo con el dibujo, porque me permitió experimentar con la narrativa visual -asegura Gastón Hauviller-. Quería probar algo que no había hecho antes en un libro álbum, que es combinarlo con un lenguaje más propio de la historieta o la novela gráfica, pero sin que deje de ser, en esencia, un libro álbum. Entonces aparecen unas secuencias de cuadros de historietas, intercaladas con dobles páginas que no llevan texto, por ejemplo”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Todo el trabajo de bocetos fue a lápiz, utilicé muchos posits (cuadritos autoadhesivos) para poder ir ajustando las secuencias, que como te decía, están narradas como si fuera una historieta. Luego, la estética de los personajes y los ambientes se la terminé definiendo con la tinta negra del estilógrafo. Me gustan mucho las tramas que genera la tinta y las imperfecciones y los posibles “errores” que luego se integran con la ilustración. Finalmente el color es digital, con colores más bien planos y saturados para que contrasten con la línea negra. Hay también una intención narrativa en el uso del color, que es la de ordenar los tres momentos de tensión en que el personaje “explota”, por así decirlo, y para ello organicé la paleta en torno a los tres colores primarios, uno para cada momento”.

Háblanos un poco del proceso de elaboración de este libro. “Te contaba que este libro lo empecé a trabajar en la pandemia y en ese momento, con unos colegas amigos (Carlos Riaño, Dipacho y Carlos Díaz Consuegra), armamos un espacio virtual para charlar y mostrarnos nuestros trabajos, para hacernos devoluciones y en definitiva para sumar esas miradas que son tan importantes en un oficio como este, que se puede volver muy solitario -nos cuenta Gastón Hauviller-. Ese espacio funcionó al comienzo como un refugio, una compañía y luego ya se convirtió en algo más grande que bautizamos Colectivo Corocoro y que hasta hoy sigue funcionando como un colaboratorio creativo, en donde nos apoyamos y acompañamos en los proyectos particulares de cada uno y también planeamos proyectos colectivos. En este espacio pude desarrollar la primera maqueta del libro, que luego cuando se las mostré a mis editores de Tres Tigres Tristes, les gustó mucho y con ellos nos pusimos a pulir la versión final. Con Bárbara y Guillermo nos conocimos hace unos años en la Feria del libro infantil de Bolonia y nos entendimos muy bien desde el principio. Tienen una mirada muy clara de los libros que quieren publicar, son editores que te dan mucha libertad, a la vez que aportan mucho y acompañan el proceso creativo del libro. Para mí es un lujo trabajar con ellos”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Te contaba antes que estoy todo el tiempo imaginando historias, voy anotando en papelitos sueltos que guardo en un cajón. A veces son unos garabatos, a veces palabras sueltas “nomás”. Otras veces los trabajo mucho hasta tener una maqueta prácticamente terminada, que luego dejo reposar un largo tiempo antes de mostrarla. Ahora mismo acabamos de enviar a imprenta un libro que forma parte de una colección que se llama “Arribabajo”, que hicimos en colaboración entre los cuatro autores que integramos el Colectivo Corocoro junto a Marcela Escovar de Picnic de Palabras, de Colombia (@picnicdepalabras). Y estamos muy contentos porque es nuestro primer proyecto colectivo y lo vamos a publicar muy pronto”.
“Y también estoy muy contento, porque estoy trabajando en los últimos detalles de un viejo proyecto de libro acordeón llamado “Anoche me soñé dragón”, que vamos a publicar este año con la editorial Diego Pun (@diegopun_ed), a quienes conocí personalmente hace poquito en la Feria internacional del libro de Guadalajara, gracias al querido Adolfo Córdova que nos presentó y congeniamos inmediatamente -continúa Gastón Hauviller-. Este libro es un poema ilustrado por una de sus caras y por la otra es un juego, una invitación a imaginar dragones “nunca antes vistos” y no les puedo contar más de momento, pero pronto habrá novedades. Y por último, te cuento que para este año se vienen dos novedades junto a mis queridos Tres Tigres Tristes (@edicionesttt), son dos libros en los que ya estamos trabajando. Uno trata sobre las emociones, pero con un enfoque humorístico que se aleja muchísimo de la mirada convencional con la que se suelen tratar estos temas. Y el otro es una coautoría con mi compañera y escritora colombiana Natalia Mera, que es una mezcla de libro álbum, obra de teatro y poesía, que nos tiene a todos muy entusiasmados”.
Álbum Ilustrado
Sandra Castaño nos habla de su trabajo en ‘Alas’
¿No te parece extraño darte cuenta, de repente, de que no tienes alas? ¿Qué pasaría si a todo el mundo le saliesen alas? O mejor, ¿y si todas las cosas tuviesen alas? Todo sería tan distinto… Con este planteamiento la Editorial Thule nos presenta ‘Alas’, un álbum ilustrado de Sandra Castaño. Con ella hemos charlado un poquito más en torno a este libro.
¿Cómo nace este proyecto? “El proyecto de “Alas” nace en una clase que impartía Pato Mena. Exactamente a raíz de una maravillosa propuesta, que era nada más y nada menos que crear un álbum ilustrado desde cero. Creé varias propuestas diferentes y terminé por desarrollar “Alas”. El resto de las propuestas las dejé archivadas para otro momento y me enfoqué en la idea elegida para llevarla a cabo de la mejor manera posible”.
¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Los lectores encontrarán una dinámica de causa consecuencia que se resume en unos personajes de granja a los que les salen alas y la manera en la que actúan éstos con esas alas. A lo largo del libro, hay pausas que dan ritmo a la historia, humor, reaparición de personajes… “Alas» es un álbum divertido que contiene ciertos detalles escondidos en las páginas que le añaden coherencia a la historia. Por no hablar de las guardas, las cuales son dignas de analizar”, nos asegura Sandra Castaño.

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Las ilustraciones hablan por sí solas. Son dibujos muy visuales que muestran claramente la acción que está ocurriendo, de hecho, se podría considerar que existe una sinergia entre el texto y la imagen, que hace muy cómoda y dinámica la lectura. Lo característico de estas ilustraciones es la simpleza que muestran y lo bien que funcionan sin necesidad de ser más detalladas”.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Como bien he mencionado anteriormente, el proyecto de “Alas” nació en el aula y en ese momento estábamos trabajando de una manera digital. Por lo tanto, utilicé una técnica digital que trata de simular parches con textura, superponiendo capas una encima de otra y dándoles forma cautelosamente hasta encontrar una armonía general que funcione. La intención de esta técnica era simular el collage y considero que el acabado ha sido todo un acierto, ya que es una técnica que la propia historia pide a gritos”, nos cuenta Sandra Castaño.

Si Sandra tuviera alas… “Si tuviera alas, considero que vería la vida desde arriba, como un personaje secundario que observa y analiza a la protagonista de la historia. Vería todo con más perspectiva, y dejaría caer desde lo alto del cielo todos los miedos y preocupaciones, para así quitarme pesos innecesarios y volar con esas alas a donde quiera que me lleven. También me haría mi propio nido en la copa del árbol más alto de mi pueblo (aunque creo que ya está ocupado por las cigüeñas)”.
¿Qué has aprendido con este proyecto? “Este proyecto me ha enseñado muchísimo. Me ha enseñado que hay que probar maneras diferentes de ilustrar una idea hasta encontrar la más afín, pero, también me ha enseñado a parar de probar cuando te enamoras de una de las ideas, porque ésta ya habla por sí sola -continúa Sandra Castaño-. “Alas” también me ha enseñado a trabajar en equipo con el editor, cosa que me ha encantado y que me ha aportado puntos de vista muy interesantes para enriquecer la historia. El trabajar de esta manera te hace sentir acompañada en todo momento y eso se agradece”.
“No obstante, el mayor aprendizaje ha sido el descubrir que ésta es mi pasión, que me lo paso como una niña pequeña creando álbumes ilustrados y que sé con certeza que “Alas” será el primero de muchos álbumes ilustrados que haré a lo largo de mi vida”.

Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “Ya he comentado anteriormente que la técnica final ha sido digital. Sin embargo, la creación de personajes, pruebas de color y textura, o bocetos relacionados a las imágenes las realicé sobre papel. Primero, dibujé 12 dobles páginas en las que creé una composición que daba ritmo a la historia: en la página derecha el personaje sin alas abajo y el texto arriba; y en la página izquierda el personaje con alas en la parte de arriba y el texto abajo”.

“Una vez elegida esa dinámica, empecé a pensar personajes que podrían funcionar: un perro, una oveja… incluso metí una pelota que con alas se convertiría en una snitch dorada de Harry Potter pero que terminé retirando.Tras elegir los personajes, empecé a bocetar cómo serían. Ésto diría que fue la parte más complicada ya que no quería que fueran muy detallados, pero, a la vez quería movimiento, vivacidad y expresividad. Finalmente opté por la técnica de la superposición de capas y no puedo estar más contenta con la decisión tomada. Cuando todas las páginas, las guardas y la portada/contraportada cogieron forma, hice una maqueta de cómo sería el álbum en conjunto y, es esa la maqueta que mostré y gustó. Antes de publicarlo se realizaron adaptaciones de color, algún cambio de personaje y corrección de texto, para que finalmente naciera Alas”, afirma Sandra Castaño.

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sí, estoy trabajando en la realización de las ilustraciones para un texto de una tercera persona. Es un proyecto que se convertirá en álbum ilustrado, pero de momento no hay editorial de por medio. Además, tengo varias maquetas de álbumes ilustrados que voy realizando en casa y que me gustaría publicar, en especial dos: uno al que he llamado: “La curiosidad sorprendió al gato”, un álbum con poco texto, pero que interactúa mucho con el lector. Por otro lado, “El cartero”, un álbum ilustrado sobre un cartero que se encarga de repartir el correo en el pueblo, y al que de repente, le aparece un misterioso paquete frente a la puerta”.

“Tengo en una libreta apuntadas muchas ideas de álbum ilustrado que quiero desarrollar y eso es algo que me encanta, ya que me mantiene constantemente activa respecto al álbum, haciéndome experimentar, probar, borrar, colorear y sobre todo disfrutar y mejorar, porque vivimos en un constante aprendizaje”.
Álbum Ilustrado
Manuel Marsol reflexiona en torno a ‘El cielo en casa’
Cuando tenía veinte años, Manuel encontró una fotografía en la vieja casa familiar. La fotografía mostraba a un hombre lanzando un penalti. Había también un portero a contrapié y un balón detenido en el aire. Ninguno de los jugadores que aparecían en la foto le resultaba familiar, excepto uno, el que chutaba el balón. Era su padre, que murió cuando Manuel era un niño. ¿Cómo saber entonces si aquel penalti se convirtió en gol? Como un detective que siguiera la estela borrosa de sus propios pasos en la nieve, Manuel Marsol se sirve de unas pocas películas, de una canción legendaria de Gino Paoli y del penalti fallado por Roberto Baggio en la final del Mundial 94 para contestar la pregunta más apremiante que le plantea su corazón de niño: ¿puede el ser querido seguir vivo en el misterio? Editado por Fulgencio Pimentel, hemos charlado un poquito más sobre ‘El cielo en casa’ con Manuel.

En el origen sobre todo, hay una fotografía. Me gustaría que me hablaras un poquito de eso, del origen, del embrión de este proyecto. “Es una fotografía que yo encuentro. Tendría unos 20 años. La encontré en una casa familiar. Había muchas fotos de fútbol de mi padre, que murió cuando yo tenía 11 años. Encontré muchas fotos de él jugando en campos de arena entre los años 60 y 70. Y me quedé atrapado con esta, porque el balón estaba ahí, era un penalti que él lanzaba, y el balón estaba ahí parado a mitad de camino entre la portería y el punto de penalti, y no se sabía si el balón entraba o no. Como él había muerto cuando yo era pequeño, era una metáfora de todos esos misterios, de todas esas cosas que yo no iba a poder preguntar. A partir de ahí, empecé a trabajar en el libro”.

¿Qué se va a encontrar el lector cuando empiece a pasar las páginas de El cielo en casa? “Se va a encontrar una investigación, pero no la que haría un detective, sino más bien una investigación hacia dentro de uno mismo, hacia la memoria. Me di cuenta que tampoco el libro debía ir tanto sobre esa búsqueda, sino sobre todos los recuerdos que yo tenía con mi padre”, nos cuenta Manuel Marsol.
“Es un libro que está enfocado para el público adulto. Es el primer libro que no hago, digamos, para todos los públicos, por el tono, la manera de contarlo. Y es un viaje hacia el interior, hacia recuerdos con él, películas que veíamos juntos… El formato es de álbum ilustrado, pero tiene una longitud más propia de la novela gráfica. Hay mucho más texto de lo que acostumbro en mis libros”.

“Primero, hay una parte en la que imagino cómo fue ese penalti, cómo pudo suceder. Hay otra parte en la que ya cada vez me voy alejando más de ese balón, y ese balón se va convirtiendo casi más en una estrella en el cielo. Y voy mirando más al pasado, a las películas que veíamos juntos, que tienen resonancias con esta historia. Al final es una historia que habla sobre el estar y el no estar, sobre lo que está adentro y lo que está afuera, como un penalti que marca la diferencia… El gol es la vida y el fallo es la muerte. El ser o no ser. En un penalti está recogidas un montón de metáforas”, continúa Manuel Marsol.

“Por ejemplo, una película como ‘Centauros del desierto’, que es una peli que era de sus favoritas y que veíamos juntos, yo la narro desde los ojos del niño. Y hay cierta simbología con el dentro y el fuera. Es una peli que habla del regreso al hogar, de la casa. Se abre con un plano desde dentro de una casa y se cierra igual. Siempre está presente ahí el marco, lo que entra, lo que sale. Es como si en ese balón cupiesen muchísimas asociaciones. Entonces voy tirando de ese hilo, de ese balón, donde cabe todo lo que hacíamos juntos, canciones que escuchábamos…”.

“Y luego ya hay una relación con el famoso penalti de Baggio en el Mundial del 94, que por una casualidad de fechas tiene mucho que ver con mi padre. Desde que se lanzó el penalti hasta que murió mi padre pasó justo un año. A través de ese penalti, que en su momento yo había visto con otros ojos, desde que Baggio nos había eliminado, y le tenía hasta cierta manía, pues de repente ese penalti se fue cambiando a raíz de ese descubrimiento de las fechas y volviéndose también parte de ese balón suspendido en el aire. Todo sirve para hacerme preguntas de todo tipo”, afirma Manuel Marsol.

Manuel, y en cuanto a las ilustraciones, no sé si has trabajado con alguna cosa diferente o más o menos en la línea en la que venías trabajando hasta ahora. “Yo diría que es una línea un poco distinta, digamos más realista de lo que acostumbro. Es una historia que no es como las anteriores, de fantasía y tal, aunque la hay, hay una parte de fantasía, pero esta necesitaba que estuviese pegada a la realidad. Primero por la foto. La foto es una foto real y a la hora de representarla la dificultad era justo esa… Un equilibrio entre esa parte más expresionista mía y un realismo que necesitaba la historia”.
¿Y técnicas, Manuel? “Es pintura sobre papel. No tiene óleo, no hay collage, no hay digital tampoco. Es todo acrílico, acuarela y lápiz sobre papel”, indica Manuel Marsol.

Estoy viendo ahora una de las imágenes que muestra la editorial del libro y que habla del cine. Se ve en la ilustración incluso el logotipo de La 2 de Televisión Española. “Es porque hay muchos recuerdos… Los objetos guardan como una especie de memoria. El niño que yo fui, el adulto que soy ahora, ve esos objetos de la casa familiar y están cargados de muchos recuerdos. Uno de esos objetos que salen en el libro es la cinta del VHS de Centauros del Desierto. A la hora de hacer el libro la llevé a una tienda, la digitalizaron, y me volví a ver Centauros en calidad VHS”.
“De ahí salieron muchos símbolos, lo que te contaba antes del dentro, del fuera. La búsqueda, porque también está buscando a una niña, que la secuestran los indios, y es una búsqueda sin saber muy bien si la niña está viva o muerta. Es un poco como la búsqueda del balón, algo que tú buscas y buscas, pero no sabes si tiene solución”.
Cómic
Blanca Vázquez y cuando ‘Ya no llama nadie’
Mariona piensa mucho en la muerte porque en este pueblo ya no le dejan pensar en nada más. Sus amigas han ido desapareciendo, y la cabeza de Vicente, su marido, es cada vez más volátil. Con sus ochenta y siete años, le pide poco a la vida: entretenerse con su jardín, discutir lo justo con su marido y ver a su hija los fines de semana. Las sensaciones nuevas, piensa, son algo que ya no le tocan. Aunque desde hace unas semanas algo le remueve el estómago cada vez que la familia se reúne para comer. Las palabras se le acumulan en la garganta, pero su figura se vuelve trasparente cada vez que intenta comunicarse con los suyos.
¿Qué pasará cuando ella ya no esté? ¿Qué dejará a los suyos tras su paso por la vida? ¿Alguien cuidará las calas de su jardín? ¿Dónde reposarán sus cenizas? Mariona quiere aprovechar una de esas sobremesas familiares para, por una vez, hablar de sus deseos. A través de su protagonista, ‘Ya no llama nadie’ ofrece un relato intimista sobre el ocaso de la vida, el olvido y la necesidad de crear legado. Un cómic de Blanca Vázquez y Elisabeth Casillas que edita Astiberri. Con Blanca charlamos un poquito más sobre este libro.

¿Dónde está el embrión de este proyecto? ¿Cómo llega a tus manos este trabajo? “En 2020 publiqué ‘Juntas en esto’, un cómic muy cortito, con Astiberri, sobre el aborto. Justo en esa época Elizabeth también estaba trabajando sobre el mismo tema, y me preguntaron si me parecería bien que Elizabeth presentara mi cómic en Madrid conmigo. Así conocí a Eli. Nos conocimos en la presentación de mi cómic. Me dijo que le gustaba mucho cómo ilustraba y que seguramente algún día podríamos hacer algo juntas”, nos cuenta Blanca Vázquez. “Cinco años más tarde me pasó el guion”.
¿Cuál fue tu primera impresión cuando recibes esta historia de Eli? “El guion no estaba terminado por completo. La escaleta estaba casi toda hecha, y al leer solamente la escaleta ya vi que era una preciosidad, me emocionó mucho. Por entonces ya estaba viviendo más lejos de mis abuelos, la relación que tenía con ellos era a distancia desde hacía años. Y, bueno, sigo teniendo relación con ellos a distancia. Entonces todo el tema de la familia y la visita me tocó mucho. Y me encantó”.

Al final sí que hay también, entonces, mucho de ti en este libro, ¿no? Te identificas… “Sí, sí. No lo he escrito yo, pero al leerlo lo sentía muy propio. Se lo decía mucho a Eli, que a veces sentía que la historia estaba escrita por mí. Al final he puesto mucho mío, pero porque creo que es un libro que tiene una historia muy fácil de leer, y pasarla a tus vivencias y a tus recuerdos”, asegura Blanca Vázquez.
¿Hay algún referente cercano que has reflejado de alguna manera en este cómic? “Los personajes tenían unas expresiones muy marcadas. Y claro, era un tipo de dibujo que yo lo siento muy mío, pero he tenido que trabajar con línea para llegar a determinados detalles. Cambia mucho de mi trabajo de otros años. El referente gráfico ha ido viniendo por el guion. Y como referentes de poses y tal, sí que he puesto a mis abuelos mucho a posar cada vez que iba al pueblo. Sí que me han ayudado mucho”.
¿Ellos han visto el cómic? “Pues sí, ya lo han visto, ly es ha gustado muchísimo, se han emocionado mucho. Yo me he emocionado de verlos emocionados, así que genial”.

¿Qué se va a encontrar la gente en sus páginas? “Se encuentran muchos recuerdos que se le remueven por dentro y también muchas sensaciones. Gente de 50, 60 años, en este libro se va a encontrar un poco la realidad quizá que tienen ahora de hijos cuidadores, pero también lo que se les viene en un futuro. Es un libro que va de la edad y del paso del tiempo, y a todos nos va a remover de cierta manera, a cada uno por la etapa siguiente que le viene”, confiesa Blanca Vázquez.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Por pasión y voluntad propia, siempre suelo trabajar en analógico con acuarela, tinta, es mi parte preferida. Y luego también, bueno, bocetando en lápiz. Pero durante estos años trabajando en empresas era todo digital. Cuando Eli me comentó que el libro eran 160 páginas, por ahorrar tiempo, economizar, también por recursos, me parecía mucho más cómodo pasarle bocetos en digital a Eli, y si ella veía que había que cambiar algo, al final siempre es más rápido el digital para los cambios. Y la técnica vino dada sobre todo por eso, por poder optimizar el tiempo y cambiar las cosas rápido”.

“Aunque también quería que mi huella de trabajar en acuarela estuviera presente -continúa Blanca Vázquez-. Entonces estuve investigando en Procreate, y siento que los pinceles que utilizas en ese programa se parecen muchísimo a los analógicos. Cuando los manejas parece de verdad que tengan el propio fallo y la espontaneidad que tiene la acuarela”.
¿Y del color qué nos puedes contar, Blanca? “Al principio hablábamos muchísimo que tenía que ser un libro que tuviese calidez, pero sobre todo también por la estación en la que está ambientado, que es el verano. Tenía que ser muy luminosa la parte exterior y muy sombría la parte interior de la casa para que hubiera ese contraste de fuera, alegría, familia, plantas, vida, y dentro el peso de la monotonía y la soledad que sienten y la casa que se les viene como un poco encima. Esto vino dado mucho por el color, por ese contraste que teníamos que buscar. Yo me imaginaba un poco el verano en el pueblo, radiante y rural”.

“Siento que la paleta le pega muy bien al mundo rural. Y también la paleta cálida, siento que la historia al ser tan dura y tan cruda, si hubiéramos cogido tonos fríos hubiera quedado como una historia un poco lúgubre y tampoco era esa la idea, porque la historia tiene mucha vida”.
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