Álbum Ilustrado
Lulelia nos pregunta ‘¿Dónde está mi lápiz amarillo?’
‘¡Mamááá! ¿Sabes dónde está mi lápiz amarillo? ¿Y mi estuche? ¿Y mi mochila?’ Cuando su lápiz favorito desaparece, la pequeña Rita emprende un viaje que la llevará a los lugares más recónditos e inesperados, hasta descubrir que lo que busca nunca estuvo tan lejos como pensaba. Indicaciones equivocadas, animales despistados y alguna estrella con buen ojo para los productos de papelería habitan las páginas de este maravilloso álbum debut de la argentina Lucía Rovira (Lulelia). Con humor y ligereza, la autora construye un delicado universo a dos tintas. Entre trazos de lápiz y un luminoso color amarillo, acompañamos a la artista Rita en un viaje para descubrir aquello que más le gusta. Con Lucía hemos hablado un poco más sobre ‘¿Dónde está mi lápiz amarillo?’, editado por Editorial Juventud.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “Nació como tesis del Posgrado de Ilustración que hice en la Universidad de Buenos Aires. En un principio no sabía si iba a ser un libro, un juego o qué forma iba a tomar. Lo que sí sabía era que me gustaba el concepto de caos como obstáculo por el cual se genere una aventura, que ese obstáculo fuese excusa de entretenimiento y anécdota, en gran parte por experiencia personal, ya que siempre pierdo cosas y armo planes estrambóticos para resolver. Lo lúdico siempre estuvo presente como también la idea de que sea algo gracioso y, a medida que se fue desarrollando el guión, fue apareciendo la idea de búsqueda y de camino dentro de la posible historia, tomando su estructura desencadenada”.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Van a encontrar la historia de una niña de unos 5 años que ha perdido su lápiz preferido y dialogará con quien se cruce en su búsqueda atravesando diferentes escenarios para lograr encontrarlo. Es un libro álbum híbrido que contiene recursos de historieta como globos de diálogo y viñetas diversas fragmentando las páginas a medida que la trama se dramatiza”, asegura Lulelia.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… ¿Cómo nace este personaje? “Tomé de referencia cuentos, cómics, películas o revistas de juegos que tuvieran personajes de niñas con actitud desenvuelta, espontánea, informal y desinhibida como la de Rita, la protagonista. Las referentes fueron desde Mafalda a Pippi Lamstrung. Además, fue autorreferencial porque busqué fotos mías de chiquita y tomé de accesorios los anteojos grandes que siempre se me rompían (o mejor dicho, se me rompen): El hecho de que Rita los tenga con una cinta en el medio del marco refuerza su cualidad inquieta”.
“Cuando empecé a bocetar los escenarios, mis amigas y colegas que tienen hijos/hijas me enviaron imágenes de los juguetes y objetos que podían andar por la casa y por su habitación -continúa Lulelia-. Hasta el último momento seguí agregando objetos en el libro para llenar cada doble página, para mostrar la acumulación de cachivaches y, por otro lado, para homenajear a las personas que me ayudaron a hacer el libro porque no me iba a alcanzar la página de agradecimientos”.
“Como dato de color, el libro trae un señalador (entiendo que en España le dicen “punto de lectura” o “marcapáginas”) con una lista de objetos para buscar además del lápiz… Quizás para Rita no son tan importantes como el lápiz pero andan por ahí tirados algunos pares de medias incompletos”.

¿Por qué el amarillo? “Quería que el lápiz perdido no fuese cualquiera, que sea algo más específico y que además vaya marcando un camino cromático en el libro a medida que avanza la historia. Fue muy fácil elegirlo porque es un color que me gusta mucho y me encanta su combinación con el gris del grafito -nos cuenta Lulelia-. Es el color más brilloso, se usa como resaltador de textos y para dar acentos en el gris de la ciudad (que es donde Rita arranca su recorrido), las señales de tránsito, los cascos de los obreros de la construcción, las maquinarias, muchos taxis e incluso el estereotipo del transporte escolar suele pensarse amarillo… Avanzando hacia la naturaleza podemos pensar en las representaciones del sol y el resto de las estrellas (que tienen su momento importante en el libro), animales de distintas especies, desde leopardos hasta aves… Los rastros de hojas otoñales, las margaritas (de acá viene el nombre del personaje) y también la comida que más me gusta (choclo, papas, queso, huevo…). Si sigo pensando referencias amarillas por supuesto se suma el universo Simpsons y hasta el primer Smile fue amarillo, por lo que los emojis que usamos también lo son”.
“Por otro lado, en distintos momentos de la historia editorial ha habido cubiertas amarillas para que llamen la atención, como la colección las novelas amarillas del siglo XIX o en la colección Robin Hood. También en la editorial Juventud que publica “¿Donde esta mi Lápiz Amarillo?”, podemos encontrar lomos amarillos en el clásico Tintín en español. Rita necesita llamar la atención así que se comunica con ese amarillismo”, confiesa Lulelia. “El amarillo destaca, es un camino… Desde las líneas que dividen los carriles de la ruta o como las baldosas del Camino amarillo de El mago de Oz”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “La gran diferencia con otros trabajos es que es mi primer trabajo como autora integral y tuve total libertad al hacerlo. Durante el desarrollo encontré un modo de contar suelto como los trazos y esa forma llegó también a los textos que hice con lettering según el personaje que habla y según el tono con el que habla, creo que eso logró una integración total entre el texto y la ilustración”.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Trabaje con lápiz de grafito al principio y lápices digitales para los archivos finales”.
Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Le dediqué mucho tiempo a la parte de investigación y de guión, desde lo más general hasta los pequeños gestos, idas y vueltas de los personajes, guiños internos, relaciones entre las páginas. Le doy bastante atención a los chistes que se puedan encontrar tanto en el texto como en las ilustraciones. Tal es así que debe haber 2 capas de historias o más.. Me encanta dejar esos detalles para que quien lo lea pueda encontrar en una segunda lectura o años después”, afirma Lulelia.

“El proceso fue similar a la dinámica que vive Rita en el cuento; yendo y viniendo, tomando algo de todos los lugares donde lo estuve dibujando y con quienes compartí el proceso. Hasta que no tuve el guión completo no empecé a dibujarlo, solo tenía apenas bocetado el personaje de la protagonista, pero ni bien terminé de escribir los diálogos, las propuestas de las páginas salieron de una vez porque estaban en mi cabeza. Hacia la entrega final de los archivos, el trabajo fue de pulir los dibujos buscando la manera de “emprolijar” mis bocetos sin perder la expresividad que me gusta en cada momento de cada personaje”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Con respecto a “¿Dondé está mi lápiz amarillo?” se está desarrollando como corto animado. En cuanto a proyectos editoriales tengo en proceso un libro álbum con un escritor español, un cartoné para primeras infancias de mi autoría y, cuando encuentro el momento, sumo una viñeta a un proyecto personal en formato novela gráfica. En paralelo me dedico a la docencia en la facultad y en mi taller de ilustración”.
Álbum Ilustrado
Pedro Oyarbide ilustra ‘El rayo que no cesa’
‘El rayo que no cesa’ es la obra más representativa y lograda de Miguel Hernández. Resultado y testimonio de una profunda crisis vital, sus páginas exploran la vivencia del amor, un amor doloroso, intenso y frustrado que deviene una herida constante. A la riqueza poética de Miguel Hernández se suma aquí la sensibilidad artística de Pedro Oyarbide, quien acompaña estos versos desgarradores con ilustraciones igualmente potentes, profundizando en la simbología hernandiana.
Los treinta poemas de ‘El rayo que no cesa’ adquieren una dimensión inédita en esta edición profusamente ilustrada que invita a una lectura renovada, donde palabra e imagen dialogan para intensificar la emoción, el tormento y la belleza de un libro esencial de la literatura española. Una edición de Lunwerg sobre la que hablamos un poquito más con Pedro Oyarbide.

Lo primero, cuéntanos cómo llega a tus manos este proyecto. “Venía de hacer ‘El Principito’ con Lunwerg. En principio habíamos empezado a darle forma a otro libro ilustrado muy diferente, una colección de cuentos del siglo XIX, pero el proyecto estaba algo estancado y por mi parte no terminaba de fluir. La editora me dio libertad para proponer otros títulos y ‘El rayo que no cesa’ me vino enseguida a la cabeza. Siempre me ha gustado la poesía de Miguel Hernández y sabía que ese libro tenía ingredientes más que suficientes para construir una propuesta visual interesante”.
¿Cómo era tu relación con esta obra de Miguel Hernández antes de abordar este proyecto? “Hasta entonces había leído sobre todo poemas sueltos, más que un poemario completo. Pero había algo en Miguel Hernández que siempre me había atraído, tanto o más que su obra: su personalidad, su historia y, por supuesto, la fuerza y la belleza de su poesía”, nos cuenta Pedro Oyarbide.

¿Cómo dirías que ha cambiado esa relación con el título y con la figura del poeta? “Ha cambiado mucho. Para afrontar el libro me leí bastante sobre la biografía del poeta, el marco histórico, etc. Descubrir con más profundidad su trayectoria y, especialmente, su tristísimo final, hizo que conectara todavía más con sus versos”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, pruebas o dibujos en algún cuaderno. “Fue un proceso bastante natural, muy parecido al que sigo con otros libros -continúa Pedro Oyarbide-. Leí el poemario mientras tomaba notas y hacía algunos bocetos rápidos. Aunque el resultado está muy pensado, en cierto modo puedo decir que fue un trabajo bastante intuitivo. Los poemas me evocaban imágenes con mucha facilidad. Al tratarse de un libro de amor, hay elementos que aparecen una y otra vez, así que quizá el mayor reto fue evitar la redundancia y encontrar maneras distintas de representar esas ideas sin repetirme”.

¿Es la primera vez que ilustras poesía? ¿Qué tal ha sido la experiencia? “Sí, es la primera vez. Ha sido un proceso diferente a cualquier otro. Desde el principio tuve claro que quería que todas las páginas estuvieran ilustradas y que los textos estuvieran redibujados a mano. Ha sido un trabajo muy exigente y, por momentos, extenuante, ya que son 120 páginas ilustradas, pero también uno de los más gratificantes que he hecho”.
¿Tus versos favoritos?
«Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.»
Vuelven una y otra vez a mi cabeza.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente respecto a otros trabajos? “Creo que lo más característico del libro, aparte de mi estilo, que ya es bastante reconocible, es haber redibujado toda la rotulación de texto a mano -asegura Pedro Oyarbide-. Jugué con la propia tipografía incorporando recursos visuales: letras que se desploman, palabras que interactúan con las ilustraciones o que pasan a formar parte de la composición. Quería que el texto también fuera imagen”.
“Por otro lado, creo que la portada tiene mucha fuerza. Está basada en un relieve de un mausoleo del Cementerio Monumental de Milán. ‘El rayo que no cesa’ es un poemario de amor que Miguel Hernández escribió para su mujer, Josefina Manresa. Resulta casi premonitorio -o quizá simplemente consciente de la realidad de la época- porque escribe con un enorme desgarro y solemnidad, como si se anticipara a una muerte temprana y a una despedida inevitable de su amada. Por eso me pareció natural reinterpretar esa imagen. La portada incorpora una ventana troquelada que deja ver el retrato de Miguel Hernández, atravesado literalmente por un rayo. Ese retrato forma parte de una segunda cubierta interior, de modo que ambas imágenes dialogan entre sí. Creo que, como objeto, el libro ha quedado muy rotundo, atractivo y coherente con el espíritu de la obra”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Desde hace años todo mi trabajo es digital. Utilizo una tableta Wacom Cintiq y trabajo principalmente con Photoshop e Illustrator”, afirma Pedro Oyarbide.
Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Fue un proceso largo y muy inmersivo. Cada poema requería encontrar un equilibrio entre respetar el texto y aportar una lectura visual propia, sin invadir su significado. Más que ilustrar cada verso de forma literal, intenté construir una atmósfera que acompañara al lector y ampliara la experiencia de la lectura. También hubo mucho trabajo de composición para integrar texto e ilustración de manera orgánica en cada doble página”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy esperando la publicación de otro de los trabajos que he terminado recientemente y al que le tengo muchísimas ganas: una edición ilustrada de ‘La sombra del viento’, de Carlos Ruiz Zafón. Es un proyecto muy especial para mí y estoy deseando que vea la luz”.
Álbum Ilustrado
Verónica Aranda y su trabajo en ‘Bienvenida, amiga ardilla’
Cascabilla la ardilla tenía su nido en el hueco de un árbol y todo preparado para el invierno: una cálida cama hecha de hojas, una despensa a rebosar de frutos secos y cientos de semillas escondidas en lugares secretos del bosque… Ya falta poco para que se instale el invierno y Cascabilla ha trabajado duro para estar preparada. En su apacible nido, en lo alto del árbol, la ardilla ve caer las últimas hojas de otoño cuando, de repente, el tronco cae al suelo. ¡No puede ser! ¡Los castores lo han talado! Cascabilla está desconsolada. ¿Y ahora qué? Con estas palabras la editorial Cuento de Luz nos presenta ‘Bienvenida, amiga ardilla’, una emocionante aventura a través del bosque que construyen Daniel Cañas y Verónica Aranda, con la que hablamos de este álbum ilustrado.
¿Cómo llega a tus manos este proyecto? “Hace años que conozco a Daniel Cañas y, desde el primer día, habíamos tenido la intención de publicar algo juntos. Pero siempre iban surgiendo cosas y nunca encontrábamos el momento de ponernos manos a la obra con nuestro proyecto. Durante una etapa en la que yo tenía menos carga de trabajo pensé: “ahora es el momento”. Así que le escribí y le pedí que me enviara algunos de sus últimos cuentos. El de la Ardilla fue el que más me encajó y enseguida lo visualicé con mis ilustraciones”.

¿Qué es lo que más te gustó de este proyecto? ¿Qué te pareció la historia de Daniel la primera vez que la leíste? “Lo que más me gustó fue que los protagonistas fueran animales y que la historia transcurriera en el bosque. Soy una gran amante de la naturaleza y es lo que más disfruto dibujando -confiesa Verónica Aranda-. También me llamó la atención la estructura repetitiva del cuento, porque me pareció muy dinámica y divertida para los pequeños lectores. Además, transmite valores como el compañerismo, el respeto y la gratitud, algo que considero muy importante aprender desde edades tempranas”.
¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Animales. Muchos animales escondidos por aquí y por allá. En todos los libros que ilustro intento cuidar mucho los detalles para que los niños puedan entretenerse observando cada página. Pero en este álbum quise implicarme al 200%. Y si se fijan bien, incluso encontrarán una pequeña subtrama entre dos pájaros carpinteros que desarrollé para enriquecer todavía más la historia”.

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Pues como he dicho anteriormente, creo que mis ilustraciones se caracterizan principalmente por la cantidad de detalles que contienen. A nivel de color, me gusta trabajar con gamas cromáticas vivas y luminosas, y sobre todo jugar con las luces para crear escenas cálidas y envolventes”, nos cuenta Verónica Aranda.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Yo soy digital 100%, desde el storyboard hasta el arte final. Trabajo únicamente con Photoshop, en una tablet con pantalla grande. Aun así, me gusta conservar cierta sensación tradicional en el acabado, por eso trabajo con muchos pinceles y texturas diferentes que aportan ese aspecto más orgánico y “hecho a mano”.

¿Qué has aprendido con este proyecto? “Siempre que ilustro un libro termino aprendiendo cosas nuevas relacionadas con su temática. En este caso descubrí algún que otro dato curioso sobre las ardillas, los pájaros carpinteros, los castores o las liebres. Por ejemplo, me sorprendió muchísimo la memoria que pueden llegar a tener las ardillas: son capaces de recordar los escondites donde almacenan su alimento creando mapas mentales y ayudándose con marcas visuales del entorno”, afirma Verónica Aranda.
Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “En este álbum, la forma de trabajar fue muy distinta a la de otros encargos editoriales que había hecho anteriormente, porque Daniel y yo iniciamos el proyecto de una manera totalmente libre, sin la presión de una fecha de entrega. Fue un proceso que se cocinó a fuego lento durante dos años”.

“Primero realicé un storyboard para distribuir el texto en las distintas dobles páginas y decidir qué escenas podían ilustrarse mejor. Después empecé a trabajar en los bocetos a tamaño real, siempre contando con el feedback de Daniel. Precisamente, una de las cosas más bonitas de este proyecto fue la comunicación constante entre nosotros. Hubo un intercambio de ideas muy enriquecedor y, de alguna manera, ambos fuimos alimentando creativamente el trabajo del otro”.
“Cuando ya tuvimos una maqueta sólida, decidimos presentarla a algunos premios de álbum ilustrado, entre ellos el Premio Lazarillo, aunque finalmente no hubo suerte. Más adelante, Daniel -que ya tenía relación con la editorial Cuento de Luz y había publicado otros álbumes con ellos-, les enseñó nuestro proyecto. La editora quedó tan encantada que nos dio el sí prácticamente al momento. Gracias a ellos, nuestro cuento terminó convirtiéndose en realidad dos años después de haber comenzado este viaje”, asegura Verónica Aranda.

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Hace poco se publicó el último libro que he tenido el placer de ilustrar, Joel i el Drac Ocult, escrito por Laura Borao y editado por Edelvives. Y ahora mismo estoy en una etapa un poco más pausada, ya que estos últimos meses han sido bastante intensos tras la compra de mi primera vivienda. Además, trabajo a jornada completa como maquetadora en una editorial y entre unas cosas y otras apenas me queda tiempo. Aun así, espero poder retomar pronto el dibujo y empezar nuevos proyectos”.
Álbum Ilustrado
Mar Azabal nos muestra los ‘Tesoros en los bolsillos’
‘Tesoros en los bolsillos’ es una invitación poética a disfrutar sin prisas de lo cotidiano, lo pequeño, lo cercano, y a llenar los bolsillos de experiencias para compartir. Representa la curiosidad de la infancia, su capacidad de asombro y sorpresa, su habilidad para percibir belleza en lo más simple. Así es como de “cosas útiles e inútiles, bonitas y raras, cosas ni bonitas ni raras” se llenan los bolsillos de la niña que protagoniza estos poemas ilustrados de verso libre. Un trabajo de Isabel Cobo y Mar Azabal que edita Kalandraka. Con Mar hemos hablado sobre su trabajo en este libro.

Lo primero, cuéntanos cómo llega a tus manos este proyecto. “Kalandraka se puso en contacto conmigo y me propuso ilustrar el poemario; ellos creían que yo encajaba para ilustrar los poemas de Isabel. Me pasaron el texto y me encantó”.
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Es una belleza de poemario. Se centra en lo cotidiano, en la naturaleza, en las cosas pequeñas que nos rodean, en objetos que a los ojos de un adulto son insignificantes, pero que a los ojos de un niño son verdaderos tesoros. Creo que es un poemario que no tiene edad; a través de sus páginas se nos invita a disfrutar sin prisas de lo cercano”.
“Los adultos pueden identificarse con la protagonista; yo lo hice, me vi reflejada en ella -confiesa Mar Azabal-. Sus miedos, sus sueños, sus anhelos eran los mismos que los que yo sentí cuando fui niña y pueden ser los mismos que siente cualquier niña o niño en la actualidad; son emociones atemporales, se sienten de niño y de adulto”.

“A mí me encanta, aun a día de hoy, guardar tesoros en los bolsillos, por ejemplo, piedras con formas peculiares. El verano pasado recogí de la playa dos trozos de cerámica; no sé a qué objetos habrán pertenecido, pero a mí me encantaron sus bordes pulidos por la arena, sus colores azules, blancos y amarillos. Ahora me acompañan, como muchos tesoros, en mi estudio, y cuando los miro, me imagino historias que podrían formar parte de ellos. Entre sus páginas encontrarán algunos de mis tesoros de niña, como por ejemplo las canicas, que acompañan al resto de tesoros que nos regala Isabel”, nos cuenta Mar Azabal.
¿Qué te parecieron los poemas de Isabel tras una primera lectura? “Delicados, sugerentes. Los leí y mi mente se llenó de imágenes; aún hoy, cuando los vuelvo a leer, acuden a mí montones de imágenes”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Lo primero que hice fue probar qué técnica me servía mejor para trabajar las ilustraciones. La primera ilustración que hice fue la que acompaña al poema Semillas; probé con la acuarela porque quería algo muy delicado, pero no me gustó el resultado. Decidí entonces usar el pastel y, al ver la ilustración finalizada, me gustó el efecto que daba. Decidí que trabajaría las ilustraciones con grafito y pastel y algún toque con lápiz de color. La siguiente ilustración que realicé fue la de la tiza y ya me quedó claro; la imagen tomaba un aspecto etéreo con el fondo de pastel difuminado, era como si la propia tiza de la niña estuviese siendo utilizada para dibujar el libro y eso me convenció del todo”, asegura Mar Azabal.

¿Qué poema te resulta más atractivo? “Mi poema preferido no va acompañado de ilustración; lleva por título Acerca de guardar. Pero tengo que decir que me gustan todos y que todos me generan imágenes y eso me encanta”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Sólo había ilustrado un poemario y era para adultos; es la primera vez que ilustro poesía para niños y me he sentido muy bien haciéndolo, aunque como ya he comentado es un poemario para todas las edades”.

“Es totalmente distinto al trabajo que hay que realizar para un álbum ilustrado. No tienen nada que ver, la narrativa visual es totalmente diferente -afirma Mar Azabal-. A parte en los álbumes suelo usar técnicas mixtas, mezclo mucho; el trabajo es muy artesanal. En los últimos años he trabajado en proyectos muy diferentes unos de otros. He ilustrado novelas para adultos y he trabajado la ilustración fuera del mundo del libro, lo que me ha llevado a usar cada vez más la tableta gráfica; antes me resultaba imposible dibujar desde cero en digital, siempre tenía que tener un papel, algo físico, tangible, del que partía; ahora, dependiendo de los tiempos de entrega, ese paso prácticamente ha desaparecido”.
“En ‘Tesoros en los bolsillos’ ha sido como volver a mis inicios, a la línea simple del grafito. Más que algo nuevo, es una vuelta a mi esencia, a esas ilustraciones en las que, sin estar ligadas a un texto, había cierto aire poético, delicado, a las ilustraciones con las que comencé a darme a conocer”.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Lo primero que hice fue un boceto de las ilustraciones que acompañarían los textos, algo así como un storyboard de todas las ilustraciones, para intentar dar continuidad a las ilustraciones. Tras decidir qué técnica iba a utilizar, comencé a dibujar distintas versiones de algunas de las ilustraciones que acompañarían a los poemas. Me resultaba muy agradable dibujar con una línea tan sencilla y tan mía; no sabría cómo explicarlo: es la primera vez que al afrontar un encargo de editorial me he sentido como si dibujase para mí, sin la presión que supone que esas ilustraciones van a ser después expuestas al público”, nos cuenta Mar Azabal.

“Como te decía, algunas ilustraciones tienen varias versiones distintas; se las mostré a la editorial y ellos seleccionaron las que mejor se ajustaban al texto. Solo una de ellas, la primera, me dio dolor de cabeza, porque la editora me comentaba que la posición de uno de sus brazos era forzada y yo me empeñaba en cambiar el que no era, hasta que al repasar las ilustraciones con la editora, coincidimos físicamente, ella señaló el brazo que tenía el fallo. Es la única ilustración que he repetido para corregir, y no una vez, sino cinco veces”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Estoy trabajando con una novela clásica ilustrada para adultos y con un encargo para una asociación de un agenda. Los trabajos van llegando poquito a poco; lo importante es que no dejen de llegar, y que sean satisfactorios”.
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