Entrevistas
‘Cuando mamá llevaba trenzas’ de Concha Pasamar
‘Cuando mamá llevaba trenzas’ ha obtenido múltiples reconocimientos desde su publicación. Es un álbum cargado de nostalgia que nos adentra en una infancia no demasiado lejana pero que las generaciones actuales apenas conocen. Así nos presenta bookolia este álbum ilustrado. Un trabajo de Concha Pasamar, con la que hemos hablado un poquito más sobre este libro.
¿Cómo nace este proyecto? Concha Pasamar: «El álbum tiene doble origen: en primera instancia nace como proyecto para mi segundo curso de álbum ilustrado con Marián Lario. En realidad yo esperaba poder retomar y terminar uno anterior, pero finalmente seguí el consejo de emprender algo nuevo. Partiendo de ahí, ‘Cuando mamá llevaba trenzas’ nace de un deseo concreto de conectar las generaciones familiares que no habían llegado a conocer mis hijos con ellos o con mis sobrinos; en otras palabras, de trazar una especie de hilo de unión entre mis padres y abuelos y sus nietos y bisnietos en cuyo centro estaría el relato y descripción de propia infancia. Sin embargo, al mismo tiempo iba percibiendo que algo tan personal también podría tener un alcance mucho más amplio o general y podría servir como un libro para acercar generaciones».

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? «Encontrarán un recorrido por los modos de vida propios de la infancia de un tiempo determinado, un posible punto de contraste –si se mira desde la niñez actual o cercana- o simplemente un estímulo para volver la vista a la propia infancia. Espero que encuentren también un texto y una estética que consiga resonar de algún modo en quien lo lea. En uno u otro caso, creo que pueden hallar el punto de partida para conversar y entender que la vida es cambio, que hay pérdidas y ganancias, que todos nos configuramos por lo que somos, pero también por lo que nos toca vivir».
¿Qué hay de Concha en el libro? «Hay muchísimo, claro. El personaje cuya infancia se desgrana soy yo misma, ya lo he mencionado. Son mías las propias trenzas, el contraste vital entre la ciudad y los pueblos de donde procedían mis padres: ahí están mis veranos, mis inviernos, mis domingos; una vida como muchas otras. Incluso diría que en la niña que encuentra la caja que encierra el pasado de su madre –que es mi pasado- hay mucho de mí misma: uno de los mayores placeres de niña era curiosear entre los objetos de las vidas ajenas y lejanas, tan misteriosos; también está en mí esa naturaleza curiosa, reflexiva y autorreflexiva».

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este proyecto? «Diría que son muy mías en el sentido de que presentan una gran dosis de realismo, pero creo que existe también una reducción y abstracción de elementos que facilita a los lectores establecer una conexión con sus propios escenarios. Es decir, yo conozco todos los detalles de mi entorno, pero me pareció oportuno simplificarlos, en algunos casos incluso anular toda realidad (dejando, por ejemplo, un fondo de color uniforme) y centrar la atención en las acciones», nos cuenta Concha Pasamar.

¿Con qué técnicas trabajaste? «Hice varias pruebas en técnicas diferentes, pero me decidí por emplear tinta para el dibujo –siempre dibujo manualmente- (empleé pilot negro muy fino y pentel), los tonos de la piel van en rotuladores al alcohol, a veces con un toque de lápiz de color. Todo el resto es color digital, incluyendo las texturas o estampados, que son también una constante en las ilustraciones y forman también parte del estilo del libro, que en mi primera consulta sobre el interés del libro describía, desde la confianza, así: “la idea es este estilo retro un poco especial: de dibujo suelto a tinta, más realista, y «tortazo de Photoshop»”.


Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. «Este ha sido un trabajo que tuvo dos grandes “empujones”. Al terminar el curso de álbum tenía ya escrito el texto y el storyboard, e incluso había terminado varias ilustraciones definitivas; ese fue el primero, pero lo aparqué porque tenía otras ocupaciones y entretanto emprendí los primeros proyectos como ilustradora -continúa Concha Pasamar-. De hecho, tras haber trabajado con bookolia en la publicación de ‘Arrecife y la fábrica de melodías’ (texto de Patricia García Sánchez), me animé a pedir opinión en confianza a Luis Larraza, el editor, sobre ‘Cuando mamá llevaba trenzas’. Me respondió a los pocos días, “a la carrera”, decía, y reproduzco aquí en primicia sus palabras –con su permiso ;)-: “El texto desprende esa nostalgia que muestran también las ilustraciones. Me ha encantado. Dame unos días pero a primera vista parece que vamos a trabajar juntos también este otoño/invierno.” Y así fue. A lo largo de ese invierno y primavera de 2018 terminamos de darle forma».


Es un libro que ha obtenido diferentes reconocimientos, ¿qué supone también esto? «La verdad es que hubo un primer impulso para el libro en cuanto salió, en noviembre de 2018. En ese primer arranque me emocionó mucho la acogida entre personas de muy diferentes edades, pero, sin duda, el Premio Fundación Cuatrogatos 2019, apenas un par meses más tarde, le otorgó una difusión de otras dimensiones. Fue, de una parte, una alegría personal, porque había hecho una apuesta por una leve reducción laboral, sin ambición, la verdad: solo por permitirme el disfrute de dedicarle tiempo a algo que me resultaba entonces “necesario”. Digamos que un reconocimiento así te indica que esa decisión había merecido la pena y que tal vez merezca igualmente la pena seguir en ello. Por otra parte, el premio multiplica también los reconocimientos individuales, los de los lectores. A la vez, crea un cierto compromiso, una voluntad de estar a la altura, porque también te pone en otra posición en la que el escrutinio posterior será necesariamente diferente».
¿Qué dirías que has aprendido con este proyecto? «He aprendido a usar algo más las técnicas digitales (quien me conozca sabrá que eso constituye para mí un aprendizaje importante, y me ha resultado útil después, claro ); también en qué consiste ser autora integral de un álbum ilustrado y cómo es el proceso de edición en ese caso. Me ha conducido igualmente a presentarme ante el público con esa responsabilidad completa. Por mi profesión, no me cuesta demasiado hablar ante un auditorio, pero normalmente es adulto. Es cierto que siempre me ha gustado contar cuentos a los niños, o charlar con ellos, pero el libro me ha llevado a hacerlo con gente menuda a la que no conocía previamente, o con grupos en que puede haber personas de muy diferentes generaciones».
«En otro orden de cosas, he aprendido que aún puedo ser capaz de emplear la palabra con ciertas dosis de creatividad, algo a lo que por pudor y respeto había renunciado hacía ya mucho», afirma Concha Pasamar.


¿En qué estás trabajando ahora? ¿Algún proyecto nuevo? «Hay varios proyectos en proceso, sí. Tengo la suerte de repetir con bookolia; la relación con Luis Larraza es muy buena, en el sentido de que cuando trabajamos juntos ambos nos planteamos hacer un buen libro, y para ello estamos dispuestos a tener en cuenta la opinión del otro: si yo hago una propuesta y hay alguna observación o contrapropuesta por su parte, eso me conducirá a buscar la mejor solución, tanto si me acomodo a su sugerencia como si insisto en mi opción. Pienso que es igual por su parte y que valoramos el criterio de la otra parte: el sentido crítico (constructivo) y la disposición a escuchar son muy de agradecer. Así que en bookolia saldrá un nuevo álbum ilustrado el próximo otoño, si todo va bien a pesar de la que está cayendo, del que soy también autora de ilustraciones y texto. Y en la primavera siguiente saldría también un libro muy especial para mí, con texto de alguien a quien admiro mucho en sus dos facetas profesionales».
«Quisiera, además -continúa Concha Pasamar-, encontrar poco a poco hueco para algún nuevo proyecto personal, que aún no sé bien a qué formato me conducirá, ni para qué público. Si creo, lo hago en primera instancia según lo que va naciendo me sugiere. No me propongo objetivos ni públicos concretos».
«Y tengo propuestas, a veces muy interesantes, pero mi tiempo es limitado: sigo dedicándome a enseñar, y a investigar en la medida de mis posibilidades. Tengo la suerte de que ambas actividades me siguen haciendo disfrutar mucho, pero me ocupan mucho también. De hecho, hay un par de proyectos con otros autores que se encuentran en evaluación. Resulta difícil encontrar tiempo para crear, pero también para mover lo que se idea o se crea, que es una tarea que requiere tiempo y esfuerzo, y puede, además, no recibir gratificación. Ojalá encontremos hueco para prestarles atención».
Álbum Ilustrado
Ramón París acompaña en su viaje a ‘Amiga gallina’
Perro, cerdo y gallina no conocen nada más allá del cercado de su corral. Un día, muertos de aburrimiento, sienten que ha llegado el momento de salir a explorar. Aunque a gallina esta idea no parece hacerle ni pizca de gracia. Acompaña a estos tres amigos en una aventura a través de ríos, montañas y bosques y déjate guiar por la determinación de perro, el asombro de cerdo o la cobardía de gallina. ‘Amiga gallina’ es un cuento dulce y divertido que nos recuerda que lo más importante son los amigos, a pesar de sus defectos o, quizás, exactamente gracias a ellos. Un álbum ilustrado de Juan Arjona y Ramón París que edita A buen paso. Con Ramón hemos charlado un poquito más sobre este libro.
¿Dónde está el origen de este proyecto? “Arianna Squilloni, la editora de A buen paso, y yo coincidimos en una feria de libros en Miami y me comentó que tenía un proyecto en el que había pensado en mí. Una vez de vuelta ambos en Barcelona nos reunimos y me propuso trabajar una reedición de este cuento”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Una historia de tolerancia, aceptación y amor incondicional de la amistad. Pero dicho así suena muy formal; es una aventura de 3 amigos que salen de viaje con muchas, muchas ganas hasta que las cosas se tuercen y la solución a sus problemas llega de la manera más inesperada”, afirma Ramón París.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno. ¿Cómo nacen estos personajes? “Una vez me leí la historia y supe que los personajes eran un cerdo, un perro y una gallina, empecé a hacer bocetos en distintos cuadernos, papeles, técnicas, sin demasiado orden; sencillamente todo lo que dibujaba en mis momentos de ocio eran esos 3 animales. Nunca dibujé el entorno o dónde iban a convivir, creía que eso llegaría luego. Hasta que en un momento dado empezaron a aparecer los mismos, es decir, los hiciera como los hiciera empezaban, sospechosamente, a parecerse: el mismo cerdo, el mismo perro, la misma gallina. Casi como si se impusieran en mí. Así que los dejé ser; «supongo que estos son», me dije”.

¿Con cuál de los tres te identificas más? “Supongo que con el cerdo, que se apunta a cualquier plan y vive un poco más distraído -confiesa Ramón París-. Así voy yo por la calle: sé hacia dónde quiero ir pero me pierdo en el contexto”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Creo que el recurrente universo animal, que claro, trabajando para literatura infantil no es que sea el más original. Pero sí, dibujo muchos animales todo el tiempo, hago serigrafías de ellos, talleres; a lo mejor debí estudiar zoología o algo parecido, aunque uno nunca sabe si hubiera acabado en el mismo sitio. Lo que sí es que experimenté con una técnica nueva, por más que la realicé en digital. ¿Se puede hablar de diferentes técnicas si tu entorno de realización casi siempre es digital, en una tableta? Hmmm… bueno, igual sí, o por lo menos yo lo sentí totalmente diferente -continúa Ramón París-. En el libro anterior, El hombre dorado, había usado una escala cromática muy limitada buscando una metáfora de la estampación serigráfica. Para ‘Amiga Gallina’ son lápices de colores, trazos con más textura, colores menos planos y línea más discontinua. Vuelvo a usar la doble página para hacer ilustraciones desplegadas a todo lo ancho y largo de página y contar desde la totalidad del formato”.

Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. “Una vez tuve los personajes empecé con la travesía; literalmente, de eso va: es un viaje, una road movie. Perro y cerdo, que se mueren de aburrimiento, deciden echarse una escapada para ver qué hay más allá; querían tener una aventura que los sacara de su hastío. Gallina duda, pero ante el temor de quedarse sola prefiere irse con sus amigos y vivir la experiencia con angustia. Partiendo del relato de Juan Arjona y de las evocaciones al entorno que hacía, decidí unirme a la aventura a ver adónde me llevaban los animales y realicé una primera secuencia de imágenes a ver como funcionaba la historia, más machas y composición que otra cosa. Luego busqué inspiración en los campos en los alrededores de donde vivo, Cardedeu, y fui construyendo una ruta imaginaria con ancla en la realidad”.


“Siempre trato de dibujar desde mi experiencia personal porque me sirve de apuntador. Hay imágenes que pertenecen a mi entorno y hay otras que quisiera que ya pertenecieran, aderezadas con recuerdos de mi infancia, paisajes en los que estuve. Y así salieron los entornos por los que discurre la historia. Lo demás, un poco más de lo mismo: horas de trabajo hasta que terminaba de perseguirme y dejaba tranquila cada ilustración para que viviera su vida sin mis constantes intervenciones”, nos cuenta Ramón París.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Acabo de terminar un libro para una editorial americana sobre el sonido; después de un par de meses de intensidad estaba en proceso de recuperación. Y el futuro lo tengo lleno de proyectos, a ver cuál termino: suelo ser bastante disperso y salto de un lugar a otro todo el tiempo, por eso me cuesta sentarme a desarrollar cada proyecto, y si a eso le sumamos todos los micro proyectos en el área de animación y diseño para mantenerme a flote, pues muchos quedan en el tintero. Espero poder terminar una biografía ilustrada que estoy haciendo de un científico del siglo XVIII, la cual además estoy escribiendo yo mismo. Ya veremos…”
Cómic
Antonio J. Jiménez y el miedo a las bombas literales y metafóricas
La vida de varios personajes se cruza un día cualquiera, un 22 de marzo, en el que, como en todos, el sol viene por el este y, antes de que se vaya por el oeste, habrá quien se enamore, quien pierda a un amigo, quien cuide de su madre enferma, quien nazca, quien llegue al trabajo tarde y cansado de todo. Un día en el que todo puede cambiar, mientras en otro lugar (siempre en otro lugar), las bombas caen, y el fin del mundo parece posible. Mientras los medios de comunicación informan de los conflictos que asolan medio mundo, varios personajes nos muestran cortes de su cotidianeidad: sus trabajos, sus relaciones sociales, sus desamores. En el futuro, en forma de un magistral prólogo, la amenaza se materializa en forma de bombas cayendo y vidas en peligro. El fin del mundo que nadie quiere ver.
Cada capítulo de ‘Viene del Este’ recorre las 24 horas del día y aborda una problemática contemporánea: el individualismo; la ceguera mental; la enajenación que provocan las nuevas tecnologías; la percepción selectiva. Mecanismos de evasión para seguir con la vida. De este cómic hablamos con su autor, Antonio J. Jiménez.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “La forma primigenia de este proyecto era la de una recopilación de las distintas historias cortas que había ido dibujando desde que empecé a hacer cómics. Muy pronto, debido a mis propias inquietudes, esto derivó en algo mayor: el contar un día completo en una ciudad indeterminada, a través de las rutinas entrelazadas de sus habitantes. Este escenario común, temporal y físico, me permitía añadir muchas más capas de información a las tramas básicas de esas historias que ya tenía dibujadas. Además, al entrecruzarlas, todas se enriquecían recíprocamente”.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Salvando las distancias, un espejo de la sociedad actual, con sus defectos y sus virtudes. Condensado, como decía antes, en el paso de un día completo en una ciudad occidental. Creo que en función del diálogo que el lector mantenga con el libro, el reflejo de ese espejo será más fidedigno o distorsionado”, afirma Antonio J. Jiménez.
Actualmente y desde hace, por desgracia, bastante tiempo, ese sonido de bombas se escucha en muchos puntos del mundo. ¿Cómo influye todo eso también en este cómic? “Vivimos tan sobreinformados que cada vez es más difícil hacernos reaccionar. Las palabras se repiten hasta el punto que han perdido su significado, como dice el prólogo. Estamos insensibilizados. Parte de este libro se ha construido a partir del miedo a las bombas literales y metafóricas de las que nos advierten constantemente; pero también a partir de la reflexión sobre la indiferencia que hay cuando las bombas no caen sobre nuestras propias cabezas”.
Todo esto se refleja también en tu trabajo de una forma singular, por ejemplo con las noticias de la radio que en el cómic se convierten en frases que atraviesan las viñetas… Háblanos un poco de este recurso. “Hilando con la pregunta anterior, el contexto informativo de aquel día concreto fue vital en mi proceso creativo. Las noticias que podemos ver de fondo en las historias no alteran las tramas de los personajes, pero sí provocan un runrun de fondo, que pretende trastocar el cómo el lector se relaciona con el libro -continúa Antonio J. Jiménez-. Como en nuestro día a día: puede que nuestra rutina sea la misma hoy que dentro de tres semanas, lo que cambia de ese día es el cómo percibimos la realidad del mundo a través de los móviles, noticias, informativos, publicidad, etc.”

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Como dije al principio, algunos de los capítulos ya estaban dibujados como historias cortas. Una vez que decidí que quería que todas formaran parte de algo mayor, empezó una revisión y reestructuración de estas, manteniendo la esencia original de cada una. Esta revisión incluyó una sincronización de todas en el tiempo, junto con algunas nuevas que terminaron de hilarlo todo. Con un guión más o menos armado, elegí el día en el que sucedería la historia: el 22 de marzo de 2024. En este se daban varias condiciones que me resultaban evocadoras. Así, recopilé toda la información que pude sobre los eventos que discurrieron por aquellas 24 horas. Y con todo esto, empecé a dibujar. Finalmente en la novela gráfica ha acabado entrando una pequeña parte de todo lo recopilado, pero creo que a mí, a nivel vital, me influenció en mi proceso creativo. De algún modo mitifiqué el día”.
¿Qué dirías que ha sido lo más difícil a la hora de acercarse a este proyecto? “La propia constancia que supone hacer algo largo. El sacar tiempo y dedicación para ver cómo avanza muy poco a poco. Sacar adelante un proyecto así me ha hecho relacionarme con él de una manera, en ocasiones, obsesiva. Llegue exhausto al final del proceso”, confiesa Antonio J. Jiménez.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Creo que este libro me ha servido para terminar de definir mi propia voz. A nivel artístico siempre he tenido el mismo estilo, pero aquí he podido experimentar con muchos tipos de composiciones de página, microcambios estilísticos, uso del color o calidad de línea. Además de definir el cómo se pueden contar infinidad de cosas a través de una escena aparentemente cotidiana”.
Una de las cosas que más nos llaman la atención y también más nos gustan es ese salirse de la viñeta tradicional, hay muchas páginas que son una sorpresa, pueden ser los planos cenitales siguiendo los pasos de algún personaje, los sonidos, los tamaños cambiantes de las viñetas, bocadillos que se cortan, los mensajes de WhatsApp,… danos algunas pinceladas de estos recursos. “La idea formal de la que parte el libro es que cada historia jugara con una estructura básica de viñetas, que fuera distinta entre ellas, en función de cómo se percibía el paso del tiempo en cada rutina. Esta estructura la rompo siempre que es necesario, a favor de la narración. De ahí que haya ciertas sorpresas para el lector, como las que comentas. Del mismo modo, quería que el libro reflejara esa sobreestimulación en la que estamos inmersos, ese querer profundizar en algo que nos ha llamado la atención, pero perder el hilo de pensamiento porque un nuevo estímulo nos llega por otro lado”, nos cuenta Antonio J. Jiménez.

Y otro recurso son esos cuadrados que te llevan como a otra escena, a otro espacio, a otra historia… “Ese recurso es algo que me sale de manera muy natural. Es un modo de hacer una descomposición más detallada del tiempo o de un espacio, contando varias cosas en paralelo, algo que solo permite el cómic. Volviendo a esa sobreestimulación de la que hablaba antes, este recurso podría ser una síntesis de cómo percibimos la realidad actualmente, con capas y capas de información”.
Y las páginas de la librería… juegas con la distribución de la página y con portadas de otros cómics y libros que esbozas, podríamos decir, pero que son identificables, al final parece que las viñetas son estanterías… Háblanos un poco de cómo se te ocurrió esta idea y del modo de resolverla… “Dicha doble página es una pincelada a la cantidad de novedades que salen hoy día, con una calidad indudable, y que a veces pasan desapercibidas por el ritmo de publicación frenético de algunas editoriales. El porqué están dibujadas así prefiero no revelarlo pues, por poco que el lector se fije en las páginas previas y posteriores, intuirá la razón. En general en el libro no hay ninguna decisión estilística y narrativa que no estén ahí sin una razón, descubrirlas es parte del juego que propongo, y de algún modo va en contra de ese consumo rápido en el que nos están domesticando. Aun así, siendo consciente de la realidad, intenté hacer un libro que fuera agradable desde su primera lectura”, asegura Antonio J. Jiménez.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Debido a que viajo bastante y mi zona de trabajo suele cambiar constantemente, estoy acostumbrado a hacer todo en digital. Aunque, ya que al principio trabajaba en analógico, en mi método sigo las fases típicas del proceso de hacer un cómic: guión, storyboard, lápices, tinta y color. No obstante mantengo un diálogo bastante fluido entre todas estas partes, permitiéndome improvisar más o menos en función de cómo quiero contar cada página”
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Actualmente he retomado la fase de investigación y guión de un proyecto que tenía a medias antes de embarcarme con ‘Viene del Este’. Puedo decir que está conectado con él y en algunos aspectos es su antítesis, pero está en una fase muy precoz como para dar más pistas. Todo ello lo estoy compaginando con diversos encargos de ilustración que voy recibiendo”.
Álbum Ilustrado
Miguel Pang y sus lectores y lectoras en el Retiro
El ilustrador Miguel Pang es el autor del cartel de la Feria del Libro de Madrid 2026. Con él hemos querido charlar un poquito más sobre este trabajo, cómo llega a sus manos, cómo fue el proceso de desarrollo de la idea, y también de cómo los y las diferentes personajes del cartel, siguen cobrando vida propia fuera del propio cartel.

¿Cómo nace este proyecto? ¿Qué supone para ti recibir un encargo de estas características? “Recibí un correo de la Feria de Libro un domingo por la mañana y desde allí todo fue muy fluido. Hablamos con Eva Orúe por teléfono y luego se sucedieron un viaje a Madrid para conocer de cerca el sitio donde tiene lugar la feria, el paseo de carruajes del Retiro, reuniones y dibujos en las libretas. Un encargo de este tipo es una alegría y un gran compromiso”, asegura Miguel Pang.
¿Qué has querido reflejar en tu propuesta? “Con mi propuesta quería reflejar el tema principal de la edición de la Feria del libro de este año, el humor. Lo he querido hacer con lectores y lectoras en posturas extrañas, personajes que iban apareciendo en mis libretas una y otra vez”.


¿Cómo ha sido el proceso previo a la imagen que finalmente vemos? Ideas, bocetos,… “El proceso anterior ha sido muy largo. Nada más que cuatro libretas. Una libreta inicial con dibujos del viaje a Madrid y el Retiro, del encuentro con las organizadoras para tener un brief más acotado. Con un dibujo obsesivo de querer captar todo lo que podía en esos días de escapada a Madrid”.


“Luego -continúa Miguel Pang-, dos libretas pequeñas donde me sumergí en el tema propuesto por la feria y también la incertidumbre de intentar explorar caminos inexplorados. Y finalmente una última libreta donde fui concretando más y donde ya aparecen las primeras propuestas de cartel y las exploraciones del último cartel”.



¿Con que técnica has trabajado? “La técnica del cartel es gouache sobre un formato de papel bastante grande. Al pintar el final tuve la necesidad de pintarlo a un tamaño más grande de lo que estoy habituado, porque el mismo cartel y los personajes me lo pedían”.
“Pero antes de la técnica creo que sobretodo ha sido más importante el trabajo con el calibrado Uniball o pilot en las libretas. Toda esa exploración anterior ha sido esencial y esos bolígrafos que corren tanto, me permitían poder dibujar sin parar, sin dejar un espacio para pensar reflexivamente. Cuando esbozo me gusta dibujar pensando y que el pensamiento y el dibujo fluyan. Una vez esbozado viene el análisis”, asegura Miguel Pang.

En el cartel vemos varios personajes, ¿con cuál de ellos te irías a dar una vuelta por la Feria del Libro de Madrid? “Con todos”.
Estos personajes van a seguir su camino y además en otras firmas artísticas. ¿Qué nos puedes contar al respecto? “Estos personajes como casi todo en mi trabajo se van entremezclando y en este caso se están transformando en esculturas (podéis ver algunas imágenes del proceso escultórico en el canal de Instagram de Miguel). Cuando acabé el cartel necesitaba que tomaran vida en tres dimensiones, así que volví a retomar el modelado en barro que hacía veinte años que no tocaba. Me hace mucha ilusión y estoy muy feliz de cómo están quedando. Espero poderlas presentar en la feria del libro”, nos cuenta Miguel Pang.

Y por último, que nos puedes contar de tus trabajos futuros. ¿En qué andas metido? “Ahora con dos álbumes por acabar y dos cómics en los cuales llevo ya un tiempo trabajando. Los cómics son proyectos personales. Uno es fruto y continuación de un cómic breve que quedó seleccionado en el Premio Ara de Cómic y que saldrá publicado pronto. Este trata sobre mi experiencia con el racismo en Barcelona desde mi infancia hasta ahora. El otro cómic trata de la historia de mi familia, que huyó de la guerra en Camboya y es en el que llevo más tiempo trabajando, con pausas entremedias y que espero poder acabar y publicar un día”.
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