Entrevistas
Celsius Pictor y ‘Los devoradores de mentes’
¿Quién dice que los zombis no son reales? Solo tienes que mirar con atención y viajar un poco. Hay avispas, hongos, plantas y gusanos parasitarios especializados en apoderarse de los cuerpos y las mentes de ranas, arañas, hormigas, peces, ratones… mediante métodos muy refinados. En esta veintena de casos de posesión sabrás de hongos que devoran cigarras, gusanos que hacen que los grillos se ahoguen, hongos que empalan hormigas, gusanos que invaden los ojos de los caracoles para que se los coman los pájaros… Verdaderas historias de terror. Así nos presenta la editorial Thule este álbum ilustrado, ‘Los devoradores de mentes’, un trabajo de David Blanco Laserna y Celsius Pictor. Con éste último charlamos un poco más sobre su trabajo en este libro.

¿Cómo nace este proyecto? Celsius Pictor: “Nace a raíz de una propuesta en mayo de 2018 de José Díaz el editor de Thule. En abril nos habíamos conocido en Bolonia y después de ver mi portfolio me pasó un texto que había escrito David Blanco para la editorial y que creía que podía encajar con mi estilo, porque contaba varias historias sobre las interacciones en la naturaleza pero con una atmósfera un poco terrorífica. Me puse a trabajar con los textos y fui dándole vueltas hasta que sin esperarlo fue la propia naturaleza quién dio muestra de su fuerza con la pandemia mundial y esta zoonosis que estamos sufriendo. En este contexto el contenido del libro ha cobrado aún más relevancia de la que tenía”.
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Pues van a encontrar ciencia, humor, terror y fantasía, pero sobre todo creo que van a poder entender un poco mejor cómo funciona la naturaleza y el medio que nos rodea y cómo de interconectado está todo. Es un libro sobre zombis que existen de verdad, con un punto macabro pero sin ser para nada angustioso. Varios adultxs y niñxs que lo han leído me han dicho que les ha parecido fascinante y precioso”.
¿Cómo fue el trabajo con David? “Pues la verdad es que fueron trabajos independientes. Por supuesto hablé con él al principio de todo, me comentó la génesis y cual había sido su intención al escribir los textos y me orientó a la hora de buscar información -nos cuenta Celsius Pictor-. David ha escrito mucho para todo tipo de públicos y me dijo que había intentado darle un tono de humor ligero a las historias que ya de por si daban mucho miedo y me dio libertad total para trabajar. Intenté respetar al máximo su forma de contar pero buscando mi propio camino y según me ha transmitido creo que tanto él como el editor están muy contentos con mi enfoque y mi trabajo”.

De todas las cosas que se cuentan en el libro, ¿qué te llamó más la atención o te sorprendió más? “En realidad todas las historias me parecieron increíbles. Por mis orígenes en una aldea gallega y mi trabajo ilustrando animales entiendo un poco a la naturaleza y sé que a veces puede parecer cruel o que tiene un sentido del humor retorcido. En general para los seres vivos lo principal es la supervivencia pero nunca me habría imaginado cómo de retorcidos pueden llegar a ser algunos procedimientos que han evolucionado con los siglos, cómo una especie puede vivir a costa de otra y a su vez una tercera vivir a costa de esas dos generando encima mecanismos de defensa, como las toxinas, que convierten a animales en zombies o a machos en hembras. La naturaleza es terrible y maravillosa”.
¿Cómo fue el trabajo de documentación/investigación para ilustrar este libro? “La suerte de nuestra época es que en internet está todo si sabes cómo buscar. Hay cientos de fotos, vídeos y artículos científicos tanto en National Geographic como en Nature o páginas relacionadas, así que mucha información la saqué de ahí porque es un hecho que se está investigando y es muy sorprendente -asegura Celsius Pictor-. Algunos animales viven en zonas remotas o por ejemplo, en el caso de las avispas son de una especie y una familia muy concretas, así que tuve que buscar exactamente cuál era cada una. De algunos seres podemos tener referentes pero yo nunca había visto una planta como la Cuscuta pentagona “la planta vampiro” o una artemia, que es un crustáceo diminuto, así que aunque luego me permití muchas licencias para interpretar las historias y los propios animales, la base de investigación y realidad es bastante grande, tengo más de 100 fotos”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Lo más característico que tienen es que en todos los casos intentan contar una historia a través de detalles o escenas. Es un libro naturalista y científico y no podía hacer ilustraciones demasiado surrealistas o fantasiosas porque se habría perdido esa esencia del texto, pero sí que es un libro sobre la naturaleza más del siglo XXI, para un público que tiene o no ha perdido la capacidad de sorprenderse y descubrir cosas maravillosas. Así que con una base en la realidad intenté construir un mundo vivo de color y detalles que te meten en la historia y al mismo tiempo te invitan a dejar volar la imaginación. Todo el tiempo mientras ilustraba me imaginaba un programa de animación con esos animales y colores contando historias reales y yo mismo estaba emocionado”.
¿Qué hay de diferente respecto a otros trabajos? “La diferencia principal y más obvia es el color, pero también una evolución propia. Mi estilo intenta rescatar el trabajo con tinta y grabado previo al siglo XX y hago mucho collage con grabados antiguos, pero si te fijas en mis trabajos anteriores el color está muy controlado y nunca se satura, porque la combinación de colores saturados y línea negra mancha muchísimo la imagen, se empasta y pierde detalle. En este libro, una vez hechas todas las ilustraciones en blanco y negro las enseñé a mis amigos Manuel Marsol y Maguma con quienes fui a Bolonia y me retaron a desatar el color en el libro -relata Celsius Pictor-. Cuando hice la prueba me di cuenta que gracias a esto podía conseguir una atmósfera venenosa, matizar detalles que podrían resultar un poco desagradables y generar ese ambiente de surrealismo sin perder el ancla con la realidad”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Siempre trabajo a partir de imágenes y grabados muy antiguos, porque me gusta mucho la calidad y el amor por el detalle de la época pre-digital, sin prisas y con delicadeza. Tengo una base de datos enorme de grabados escaneados y libros antiguos de dónde voy sacando piezas diminutas y ensamblándolas en digital o en analógico como un relojero. Este proceso me puede llevar días con solo una ilustración. Pero para este libro no era suficiente porque a veces esas ilustraciones antiguas son demasiado rígidas y les falta sentimiento, además de que en esta ocasión debía tener una referencia real, así que tuve que dibujar yo mismo encima muchos detalles como babas, telarañas o elementos más orgánicos viendo referencias de ilustraciones como algunas hechas para libros de Lovecraft.La ilustración de la hormiga zombi que fue la primera que terminé tiene decenas de capas de línea digital y trocitos de grabados y me llevó más de una semana solo la línea. Por último añadí algunas capas de texturas para darle más viveza a los colores y esto hizo que animales como el pez payaso tengan un brillo que parece que realmente estás viendo brillar sus escamas y a su vez otros animales tienen como una capa de óxido que se adapta genial a mi lenguaje y hace crecer esa atmósfera orgánica”.
Háblanos un poco del proceso de elaboración de este libro. “El proceso fue difícil al principio porque me costó mucho encontrar el tono adecuado al texto. David escribió las historias con un tono sencillo, de divulgación y con sentido del humor pero las historias reales son crueles y horrorosas y no acababa de entender que el editor quisiera hacer un libro de terror para niños. Cuando entendí la idea los primeros bocetos eran en mi estilo habitual con animales antromórficos o en composiciones de animales mecánicos con un cierto grado de humor como hago siempre -continúa Celsius Pictor-.»

«La historia de las garzas y las ranas es un buen ejemplo pero la combinación de texto e imagen no funcionaba porque se cargaba el equilibrio entre ambos y salía un libro caricaturesco, no de terror. Empecé a montar la ilustración de la hormiga zombi con un poco de miedo y expectación a ver qué me salía pero lo que salió era terrorífico y muy fascinante así que seguí por ahí. Ese trabajo tan detallado con base en un animal real multiplicó exponencialmente el trabajo y el esfuerzo que dediqué al libro pero el resultado es mucho más espectacular de lo que pensaba al principio. Y además esto es algo que me ayuda mucho a trabajar, ver que cada ilustración es más brillante que la anterior me ayuda a hacer la siguiente, a implicarme en el detalle. Y finalmente a la hora de añadir el color probé con colores reales, cangrejos rojos o árboles marrones, pero eso convertía otra vez las ilustraciones en algo soso y triste y les quitaba brillo, así que opté por aligerar el negro de la línea y utilizar el color aleatoriamente con texturas. Creo que esta decisión equilibró las imágenes con el tono del texto de manera que ambas partes cuentan la misma historia por caminos diferentes”.

¿Qué dirías que has aprendido con este proyecto? “Pues muchísimas cosas -asegura Celsius Pictor-. Por un lado he ampliado todo lo que sabía del complejo medio en el que vivimos, de las relaciones tan extremas que se establecen entre los seres vivos y que la vida siempre se abre paso pese a quien pese. Por otro lado a nivel técnico he aprendido a integrar mucho más mi propio trabajo internamente, a introducir elementos de mi propia mano manteniendo el estilo de los grabados antiguos sin que se note la diferencia y a crear una ilusión de realidad con mis ilustraciones que torna en otra cosa a poco que empieces a bucear en los detalles entre texturas y colores. Ahí es donde empieza a aparecer la fantasía que es algo que me apasiona desde pequeño, ser capaz de descubrir nuevas capas para que cada vez que ojees el libro te parezca nuevo y que nunca se agote el texto ni las historias”.
¿En qué estás trabajando ahora? “Ahora mismo estoy trabajando en el lanzamiento de una baraja de naipes en la que llevo trabajando unos años y que finalmente vamos a lanzar por crowdfunding en un par de meses. Y también estoy implicado en algo relacionado con el mundo de la perfumería que de momento es secreto. No tengo proyectos editoriales de encargo a la vista aunque hay una oferta de Francia que aún no es firme. Llevo algún tiempo pensando en hacer un libro de laberintos y es posible que de aquí a Navidad me embarque en auto-editarlo y por último en los ratos libres voy poco a poco preparando una futura exposición”.
Cómic
Mathias Martinez nos invita a su singular parque de atracciones
‘¿Qué hora es? ¡Es la hora de divertirse!’. Ese es el lema de CLOCKI, la mítica mascota con forma de despertador que durante décadas marcó la hora de la merienda a millones de niños frente al televisor. Nacido como héroe de cómic, alcanza la fama en 1932 con Clocki y el reloj parlante, el primer cartoon sonoro y en color de la historia del cine, y se convierte en una auténtica estrella. En 1955, en la cima de su popularidad, se inaugura Clockilandia, un parque de atracciones que promete ser el paraíso definitivo del entretenimiento. Pero tras ese relato de ensueño podría esconderse una realidad mucho más oscura.

En ‘Clockilandia’, Mathias Martinez reconstruye la memoria de un parque imaginario para mostrar la cara oculta de su éxito. Cada capítulo sigue a un personaje distinto -una mascota, un aficionado a las atracciones, una ex empleada y una niña- que da testimonio de un momento clave de su historia. Inspirado en cartoons de los años 30 de los estudios Fleischer, Martínez retuerce ese imaginario hasta lo grotesco: dibujos que gotean, decorados que se derriten y perspectivas deformadas como una película quemada en el proyector, creando una atmósfera tan fascinante como inquietante. Con Mathias hemos charlado un poco más sobre su trabajo en este proyecto.
¿Cómo nació este proyecto? “Desde niño, siempre me han fascinado los parques temáticos, pero siempre he sentido cierta inquietud al ver sus maquetas de cartón y sus sueños empalagosos. Quería hablar de este sentimiento que creo que comparten muchas personas, y de la felicidad un tanto forzada que se siente en estos lugares, ¡porque la entrada es carísima! En lugar de apoderarme de un parque ya existente, decidí crear el mío propio, como un niño jugando con bloques Kapla o Lego. ¡Disfruté muchísimo siendo un poco megalómano en este proyecto!”, nos cuenta Mathias Martinez.

¿Qué encontraremos en este libro? “Esta novela gráfica narra la historia de Clockilandia, un parque temático analizado desde sus inicios y su época dorada hasta su declive y su inevitable final, porque, obviamente, todo lo bueno tiene un final. También encontrarás las emotivas historias de las personas involucradas con el parque: sus empleados desilusionados, sus mascotas melancólicas, sus niños desencantados y sus padres hastiados. Pero también descubrirás hermosas historias de amor y amistad”.
¿Cómo fue el proceso de creación del libro? Me refiero a la fase de investigación, las pruebas, incluso los bocetos en el cuaderno… “Pasé mucho tiempo buscando la forma ideal para la mascota de mi parque, algo que evocara a Mickey Mouse sin ser demasiado similar, y que no se alejara demasiado de mi idea inicial de crear una historia sobre el fin de la infancia y esos espacios atemporales que son los parques de atracciones. Mientras buscaba ideas visuales para el libro, redibujé muchas mascotas antiguas japonesas y estadounidenses, y cuando no se me ocurría ninguna buena idea, redibujé un pequeño despertador Fisher-Price que tenía en mi escritorio. Entonces se hizo evidente: la mascota de Clockilandia tenía que ser un despertador”, asegura Mathias Martinez.

Cuéntanos algo sobre las ilustraciones. “Quizás el carácter altamente ilustrativo de Clocki sea aún más evidente porque está inspirado más en los libros ilustrados infantiles que en los cómics. Una de mis principales inspiraciones para este trabajo son los libros de principios del siglo XX de Benjamin Rabier, o los libros de Bécassine; no sé si son conocidos en España, pero les animo a leerlos o releerlos. En estas historias, el texto está en voz en off, como en algunos capítulos de Clocki. También hay un aspecto ligeramente megalómano en ello; es como si me dirigiera directamente al lector como autor. Este estilo narrativo un tanto anticuado me resultó divertido”.

Cuéntanos algo sobre la técnica utilizada en este libro. “El libro fue dibujado completamente con tinta azul y luego coloreado en Photoshop -continúa Mathias Martinez-. Mi cómic, con sus tonos naranjas y azules, recuerda a los antiguos libros infantiles de los años 50, y también evoca el año en que se creó la mascota Clocki y los dibujos animados que la inspiraron. Mis editores franceses, Misma, hicieron un trabajo increíble en las páginas para lograr colores intensos y diferenciarlos, y mis editores españoles, La Granja, mantuvieron la misma dirección artística y añadieron un mapa real del parque, ¡que me parece fantástico!”
¿Cómo fue el proceso de creación de este libro? “Me llevó tres largos años crearlo. Hubo momentos increíblemente alegres y otros muy estresantes. Mis editores me ayudaron muchísimo durante todo el proceso, que a veces resulta desalentador, ¡pero realmente vale la pena! Después de terminar mis estudios de arte, cuando empecé con Clocki, estaba buscando mi propia voz, ¡pero encontré en Clocki caminos que me encantan! Fue una experiencia muy formativa para mí. Creo que se puede sentir esta progresión narrativa, cómo gano más confianza a medida que avanzan los capítulos, lo cual me gusta mucho”, confiesa.

¿En qué estás trabajando actualmente? ¿Un nuevo proyecto? “Actualmente estoy trabajando en otra novela gráfica que publicará la misma editorial. Tratará sobre ratones, un libro hecho de queso, la transmisión del conocimiento y la memoria colectiva. Será un libro sobre libros y un homenaje a sus lectores más fieles: ¡estará dedicado a quienes aman tanto los libros que literalmente devoran sus páginas! No diré nada más sobre este futuro proyecto, y me llevará tiempo terminarlo, ¡pero estoy deseando enseñárselo!”
Álbum Ilustrado
Ramón París acompaña en su viaje a ‘Amiga gallina’
Perro, cerdo y gallina no conocen nada más allá del cercado de su corral. Un día, muertos de aburrimiento, sienten que ha llegado el momento de salir a explorar. Aunque a gallina esta idea no parece hacerle ni pizca de gracia. Acompaña a estos tres amigos en una aventura a través de ríos, montañas y bosques y déjate guiar por la determinación de perro, el asombro de cerdo o la cobardía de gallina. ‘Amiga gallina’ es un cuento dulce y divertido que nos recuerda que lo más importante son los amigos, a pesar de sus defectos o, quizás, exactamente gracias a ellos. Un álbum ilustrado de Juan Arjona y Ramón París que edita A buen paso. Con Ramón hemos charlado un poquito más sobre este libro.
¿Dónde está el origen de este proyecto? “Arianna Squilloni, la editora de A buen paso, y yo coincidimos en una feria de libros en Miami y me comentó que tenía un proyecto en el que había pensado en mí. Una vez de vuelta ambos en Barcelona nos reunimos y me propuso trabajar una reedición de este cuento”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Una historia de tolerancia, aceptación y amor incondicional de la amistad. Pero dicho así suena muy formal; es una aventura de 3 amigos que salen de viaje con muchas, muchas ganas hasta que las cosas se tuercen y la solución a sus problemas llega de la manera más inesperada”, afirma Ramón París.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno. ¿Cómo nacen estos personajes? “Una vez me leí la historia y supe que los personajes eran un cerdo, un perro y una gallina, empecé a hacer bocetos en distintos cuadernos, papeles, técnicas, sin demasiado orden; sencillamente todo lo que dibujaba en mis momentos de ocio eran esos 3 animales. Nunca dibujé el entorno o dónde iban a convivir, creía que eso llegaría luego. Hasta que en un momento dado empezaron a aparecer los mismos, es decir, los hiciera como los hiciera empezaban, sospechosamente, a parecerse: el mismo cerdo, el mismo perro, la misma gallina. Casi como si se impusieran en mí. Así que los dejé ser; «supongo que estos son», me dije”.

¿Con cuál de los tres te identificas más? “Supongo que con el cerdo, que se apunta a cualquier plan y vive un poco más distraído -confiesa Ramón París-. Así voy yo por la calle: sé hacia dónde quiero ir pero me pierdo en el contexto”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Creo que el recurrente universo animal, que claro, trabajando para literatura infantil no es que sea el más original. Pero sí, dibujo muchos animales todo el tiempo, hago serigrafías de ellos, talleres; a lo mejor debí estudiar zoología o algo parecido, aunque uno nunca sabe si hubiera acabado en el mismo sitio. Lo que sí es que experimenté con una técnica nueva, por más que la realicé en digital. ¿Se puede hablar de diferentes técnicas si tu entorno de realización casi siempre es digital, en una tableta? Hmmm… bueno, igual sí, o por lo menos yo lo sentí totalmente diferente -continúa Ramón París-. En el libro anterior, El hombre dorado, había usado una escala cromática muy limitada buscando una metáfora de la estampación serigráfica. Para ‘Amiga Gallina’ son lápices de colores, trazos con más textura, colores menos planos y línea más discontinua. Vuelvo a usar la doble página para hacer ilustraciones desplegadas a todo lo ancho y largo de página y contar desde la totalidad del formato”.

Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. “Una vez tuve los personajes empecé con la travesía; literalmente, de eso va: es un viaje, una road movie. Perro y cerdo, que se mueren de aburrimiento, deciden echarse una escapada para ver qué hay más allá; querían tener una aventura que los sacara de su hastío. Gallina duda, pero ante el temor de quedarse sola prefiere irse con sus amigos y vivir la experiencia con angustia. Partiendo del relato de Juan Arjona y de las evocaciones al entorno que hacía, decidí unirme a la aventura a ver adónde me llevaban los animales y realicé una primera secuencia de imágenes a ver como funcionaba la historia, más machas y composición que otra cosa. Luego busqué inspiración en los campos en los alrededores de donde vivo, Cardedeu, y fui construyendo una ruta imaginaria con ancla en la realidad”.


“Siempre trato de dibujar desde mi experiencia personal porque me sirve de apuntador. Hay imágenes que pertenecen a mi entorno y hay otras que quisiera que ya pertenecieran, aderezadas con recuerdos de mi infancia, paisajes en los que estuve. Y así salieron los entornos por los que discurre la historia. Lo demás, un poco más de lo mismo: horas de trabajo hasta que terminaba de perseguirme y dejaba tranquila cada ilustración para que viviera su vida sin mis constantes intervenciones”, nos cuenta Ramón París.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Acabo de terminar un libro para una editorial americana sobre el sonido; después de un par de meses de intensidad estaba en proceso de recuperación. Y el futuro lo tengo lleno de proyectos, a ver cuál termino: suelo ser bastante disperso y salto de un lugar a otro todo el tiempo, por eso me cuesta sentarme a desarrollar cada proyecto, y si a eso le sumamos todos los micro proyectos en el área de animación y diseño para mantenerme a flote, pues muchos quedan en el tintero. Espero poder terminar una biografía ilustrada que estoy haciendo de un científico del siglo XVIII, la cual además estoy escribiendo yo mismo. Ya veremos…”
Cómic
Antonio J. Jiménez y el miedo a las bombas literales y metafóricas
La vida de varios personajes se cruza un día cualquiera, un 22 de marzo, en el que, como en todos, el sol viene por el este y, antes de que se vaya por el oeste, habrá quien se enamore, quien pierda a un amigo, quien cuide de su madre enferma, quien nazca, quien llegue al trabajo tarde y cansado de todo. Un día en el que todo puede cambiar, mientras en otro lugar (siempre en otro lugar), las bombas caen, y el fin del mundo parece posible. Mientras los medios de comunicación informan de los conflictos que asolan medio mundo, varios personajes nos muestran cortes de su cotidianeidad: sus trabajos, sus relaciones sociales, sus desamores. En el futuro, en forma de un magistral prólogo, la amenaza se materializa en forma de bombas cayendo y vidas en peligro. El fin del mundo que nadie quiere ver.
Cada capítulo de ‘Viene del Este’ recorre las 24 horas del día y aborda una problemática contemporánea: el individualismo; la ceguera mental; la enajenación que provocan las nuevas tecnologías; la percepción selectiva. Mecanismos de evasión para seguir con la vida. De este cómic hablamos con su autor, Antonio J. Jiménez.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “La forma primigenia de este proyecto era la de una recopilación de las distintas historias cortas que había ido dibujando desde que empecé a hacer cómics. Muy pronto, debido a mis propias inquietudes, esto derivó en algo mayor: el contar un día completo en una ciudad indeterminada, a través de las rutinas entrelazadas de sus habitantes. Este escenario común, temporal y físico, me permitía añadir muchas más capas de información a las tramas básicas de esas historias que ya tenía dibujadas. Además, al entrecruzarlas, todas se enriquecían recíprocamente”.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Salvando las distancias, un espejo de la sociedad actual, con sus defectos y sus virtudes. Condensado, como decía antes, en el paso de un día completo en una ciudad occidental. Creo que en función del diálogo que el lector mantenga con el libro, el reflejo de ese espejo será más fidedigno o distorsionado”, afirma Antonio J. Jiménez.
Actualmente y desde hace, por desgracia, bastante tiempo, ese sonido de bombas se escucha en muchos puntos del mundo. ¿Cómo influye todo eso también en este cómic? “Vivimos tan sobreinformados que cada vez es más difícil hacernos reaccionar. Las palabras se repiten hasta el punto que han perdido su significado, como dice el prólogo. Estamos insensibilizados. Parte de este libro se ha construido a partir del miedo a las bombas literales y metafóricas de las que nos advierten constantemente; pero también a partir de la reflexión sobre la indiferencia que hay cuando las bombas no caen sobre nuestras propias cabezas”.
Todo esto se refleja también en tu trabajo de una forma singular, por ejemplo con las noticias de la radio que en el cómic se convierten en frases que atraviesan las viñetas… Háblanos un poco de este recurso. “Hilando con la pregunta anterior, el contexto informativo de aquel día concreto fue vital en mi proceso creativo. Las noticias que podemos ver de fondo en las historias no alteran las tramas de los personajes, pero sí provocan un runrun de fondo, que pretende trastocar el cómo el lector se relaciona con el libro -continúa Antonio J. Jiménez-. Como en nuestro día a día: puede que nuestra rutina sea la misma hoy que dentro de tres semanas, lo que cambia de ese día es el cómo percibimos la realidad del mundo a través de los móviles, noticias, informativos, publicidad, etc.”

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Como dije al principio, algunos de los capítulos ya estaban dibujados como historias cortas. Una vez que decidí que quería que todas formaran parte de algo mayor, empezó una revisión y reestructuración de estas, manteniendo la esencia original de cada una. Esta revisión incluyó una sincronización de todas en el tiempo, junto con algunas nuevas que terminaron de hilarlo todo. Con un guión más o menos armado, elegí el día en el que sucedería la historia: el 22 de marzo de 2024. En este se daban varias condiciones que me resultaban evocadoras. Así, recopilé toda la información que pude sobre los eventos que discurrieron por aquellas 24 horas. Y con todo esto, empecé a dibujar. Finalmente en la novela gráfica ha acabado entrando una pequeña parte de todo lo recopilado, pero creo que a mí, a nivel vital, me influenció en mi proceso creativo. De algún modo mitifiqué el día”.
¿Qué dirías que ha sido lo más difícil a la hora de acercarse a este proyecto? “La propia constancia que supone hacer algo largo. El sacar tiempo y dedicación para ver cómo avanza muy poco a poco. Sacar adelante un proyecto así me ha hecho relacionarme con él de una manera, en ocasiones, obsesiva. Llegue exhausto al final del proceso”, confiesa Antonio J. Jiménez.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Creo que este libro me ha servido para terminar de definir mi propia voz. A nivel artístico siempre he tenido el mismo estilo, pero aquí he podido experimentar con muchos tipos de composiciones de página, microcambios estilísticos, uso del color o calidad de línea. Además de definir el cómo se pueden contar infinidad de cosas a través de una escena aparentemente cotidiana”.
Una de las cosas que más nos llaman la atención y también más nos gustan es ese salirse de la viñeta tradicional, hay muchas páginas que son una sorpresa, pueden ser los planos cenitales siguiendo los pasos de algún personaje, los sonidos, los tamaños cambiantes de las viñetas, bocadillos que se cortan, los mensajes de WhatsApp,… danos algunas pinceladas de estos recursos. “La idea formal de la que parte el libro es que cada historia jugara con una estructura básica de viñetas, que fuera distinta entre ellas, en función de cómo se percibía el paso del tiempo en cada rutina. Esta estructura la rompo siempre que es necesario, a favor de la narración. De ahí que haya ciertas sorpresas para el lector, como las que comentas. Del mismo modo, quería que el libro reflejara esa sobreestimulación en la que estamos inmersos, ese querer profundizar en algo que nos ha llamado la atención, pero perder el hilo de pensamiento porque un nuevo estímulo nos llega por otro lado”, nos cuenta Antonio J. Jiménez.

Y otro recurso son esos cuadrados que te llevan como a otra escena, a otro espacio, a otra historia… “Ese recurso es algo que me sale de manera muy natural. Es un modo de hacer una descomposición más detallada del tiempo o de un espacio, contando varias cosas en paralelo, algo que solo permite el cómic. Volviendo a esa sobreestimulación de la que hablaba antes, este recurso podría ser una síntesis de cómo percibimos la realidad actualmente, con capas y capas de información”.
Y las páginas de la librería… juegas con la distribución de la página y con portadas de otros cómics y libros que esbozas, podríamos decir, pero que son identificables, al final parece que las viñetas son estanterías… Háblanos un poco de cómo se te ocurrió esta idea y del modo de resolverla… “Dicha doble página es una pincelada a la cantidad de novedades que salen hoy día, con una calidad indudable, y que a veces pasan desapercibidas por el ritmo de publicación frenético de algunas editoriales. El porqué están dibujadas así prefiero no revelarlo pues, por poco que el lector se fije en las páginas previas y posteriores, intuirá la razón. En general en el libro no hay ninguna decisión estilística y narrativa que no estén ahí sin una razón, descubrirlas es parte del juego que propongo, y de algún modo va en contra de ese consumo rápido en el que nos están domesticando. Aun así, siendo consciente de la realidad, intenté hacer un libro que fuera agradable desde su primera lectura”, asegura Antonio J. Jiménez.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Debido a que viajo bastante y mi zona de trabajo suele cambiar constantemente, estoy acostumbrado a hacer todo en digital. Aunque, ya que al principio trabajaba en analógico, en mi método sigo las fases típicas del proceso de hacer un cómic: guión, storyboard, lápices, tinta y color. No obstante mantengo un diálogo bastante fluido entre todas estas partes, permitiéndome improvisar más o menos en función de cómo quiero contar cada página”
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Actualmente he retomado la fase de investigación y guión de un proyecto que tenía a medias antes de embarcarme con ‘Viene del Este’. Puedo decir que está conectado con él y en algunos aspectos es su antítesis, pero está en una fase muy precoz como para dar más pistas. Todo ello lo estoy compaginando con diversos encargos de ilustración que voy recibiendo”.
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