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Entrevistas

Emily Hughes y ‘Salvaje’: «Creo que mucha gente deja de ver que el amor es aceptación, y aunque es difícil de aceptar todo lo relacionado con alguien, es necesario saber que no está en tu poder cambiarlo»

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‘Salvaje‘ es el brillante debut de la autora hawaiana Emily Hughes. Con frescura y desparpajo nos cuenta la historia de una niña que vive feliz en la naturaleza, donde los osos le han enseñado a comer, los pájaros a hablar y los zorros a jugar. Ella es audaz, valiente e increíblemente libre. Pero un día un nuevo animal entra en escena, un animal extrañamente parecido a ella…

Así nos presenta la editorial Libros del Zorro Rojo este álbum ilustrado que está teniendo un gran éxito entre los lectores. Nosotros tuvimos la oportunidad de coincidir y conocer a Emily y en las siguientes líneas nos acercamos un poco más a este proyecto y cómo fue el proceso de elaboración del mismo.

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¿Cómo nació este proyecto? «Después de haber terminado la universidad, nuestro espectáculo de graduación se celebraba bajo el lema ‘salvaje’. Al final dibujé algunos lobos para el espectáculo, pero tenía fascinación por las personas que nacían siendo salvajes. No sé si yo hubiera empezado a pensar en la profundidad de tener un protagonista como un niño salvaje si no hubiéramos tenido este espectáculo. Necesitaba una idea rápida para comenzar a publicar con mis nuevos editores de Flying Eye, y como el espectáculo sucedió durante las discusiones y decisiones en torno al libro, naturalmente, estos dos mundos chocaron. Sin embargo, cuanto más profunda llegué a hacer la historia, más conexiones tenía la historia con mi propia vida y reflexiones».

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¿Qué querías contar con esta historia? «Yo quería decir un montón de cosas -que es lo que es tan difícil al hacer una historia-. ¡Sólo tenía 32 páginas para contarlo todo! Quería que esta historia fuera sobre todo una historia sobre el amor. El verdadero significado de «amor» se interpretó erróneamente muchas veces. La gente en esta historia piensa que están dando amor empujando a alguien a integrarse en la sociedad, aun cuando ese alguien se siente asustado o confundido. Ellos piensan que es ridículo para un ser humano vivir en el bosque, sin familia humana, sin modales, sin disciplina. Para mostrar su amor lo que tratan es de impulsar su idea de lo que es correcto. Los animales sin embargo, muestran su verdadero amor- ellos la aceptan por lo que ella es, y fomentan su espíritu. Creo que mucha gente deja de ver que el amor es aceptación, y aunque es difícil de aceptar todo lo relacionado con alguien, es necesario saber que no está en tu poder cambiarlo. No es su libertad».

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«Al mismo tiempo, también estoy tratando de simpatizar con los niños. Nuestra protagonista es un ejemplo exagerado de los niños de todos los padres. Ella es rebelde, tiene berrinches, es destructiva… Por supuesto, los padres que viven en una sociedad no pueden dejar que su niño salte detrás de los carniceros para comer trozos de carne cruda o destruya sus hogares. Algunas personas no ven la sátira en esto. Sin embargo, deben ser capaces de relacionarse con niños, que no comprenden el sentido práctico de usar un tenedor, o no entienden al instante las bondades de ser capaz de hablar y leer. Para ellos es difícil de hacer, y difícil de entender por qué es importante. Que debemos estar abiertos a sus pasiones, que se adormecen a medida que envejecemos. Entender que los seres humanos son intrínsecamente curiosos, que nos cuestionamos un poco todo. ¡Eso está bien!

¿Qué parte de la protagonista de «Salvaje» podemos encontrar en Emily? «Tal vez solamente un poco. Creo que no mucha gente dice que la ven en mí, aunque no puedo ver muy bien en mí misma. Creo que el único aspecto que puede relacionarse es el cabello, la escena de cepillarse el pelo si está muy cerca de lo que sucedía en casa. A mi padre le gustaba mi pelo largo y debía cepillármelo por la mañana cuando nos preparábamos para ir a la escuela. Lo odiaba, odiaba el cepillado, odiaba peinarme. Cuando me hice mayor me sentí muy satisfecha de poder cortármelo».

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«Sin embargo hay una gran parte de mi papá en esta historia. Mi padre había fallecido una semana o así antes de empezar este libro. Mientras trabajaba en el libro me di cuenta de que era una oda hacia él. Mi padre era esquizoafectivo y a veces era difícil vivir con sus excentricidades. Hablaba en voz alta consigo mismo en público y, a veces, esto le causaba problemas. Sin embargo, mi madre fue paciente y nunca parecía molestarse. Era difícil cuando yo era adolescente, pero mi familia tenía sus propias maneras de protegerlo de la mirada de los demás. Mi hermana le apretaba la mano con fuerza, nos gustaba ir a caminar retirados, y hacerle muchas preguntas para mantenerlo presente y no en sus pensamientos. Todos lo amábamos intensamente. Sólo llegaba a ser embarazoso cuando la gente se quedaba mirando, o se les veía asustados al ver u oír a mi padre. O peor aún, lo miraban con lástima. Es probablemente ese profundo resentimiento de haber recibido esas miradas que nos lanzaban lo que sitúa en la vanguardia de esta historia la necesidad de la empatía y la aceptación».

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¿Qué puedes contarnos de las ilustraciones? «¡Las ilustraciones! Las realicé después de terminar la universidad, por lo que ahora cuando las miro, ¡veo todas las mejoras que podría hacerles! Inicialmente quería que la historia se situara en los años victorianos, y yo creo que hubiera cambiado el color que elegí un poco. En su lugar, decidimos ir con una sensación más de mediados de siglo, que dio a las escenas de interior más de una yuxtaposición de colores llamativos y colores apagados finales. Yo estaba muy nerviosa al principio de trabajar con Flying Eye porque siempre creí que nuestros estilos eran demasiado diferentes, ellos eran más minimalistas y refinados en las opciones de color. ¡Estaba asustada! Me tuvieron que convencer mucho para tener confianza con mis decisiones sobre el color. Me resultó difícil hacer las escenas de interior, y creo que las decisiones que he tomado en los libros desde entonces ¡reflejan esos miedos en mí!»

¿Con qué técnica trabajaste? «Las ilustraciones están hechas en un primer momento con lápiz. Usé un lápiz 2B, y trato de obtener todo el valor tonal en esta etapa, trabajar con la captura correcta de las luces y las sombras. Escaneo estas imágenes y luego las coloreo en forma digital. Yo era bastante mala, y utilicé un escáner barato en Staples (impresoras muy accesibles, comerciales).  ¡La próxima vez los enviaría fuera para un mejor escaneo! Después las coloreé con el uso de pinceles de textura digital. Todavía me siento bastante inestable utilizando digital, pero en ese momento yo era todavía, en gran medida, una principiante.»

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¿Cómo fue el proceso de creación de este libro? «El proceso de creación de este libro ha sido único para mí, porque yo también estaba de duelo en ese momento, así que me sentí bastante distraída una gran parte del proceso de elaboración del libro. También porque hacerlo era la primera experiencia para mí, no estaba segura de si estaba haciendo lo «correcto» o si podría ser «profesional» y hacerlo a tiempo. ¡Fue difícil! Sin embargo, cuando conseguí combinar mis sentimientos de duelo con en el proceso de hacer el libro, encontré que iba todo mucho más suave. Me he dado cuenta que tanto con ‘Salvaje’ como con ‘El pequeño jardinero’, que cuando me siento triste o especialmente cerca de la historia soy absorbida por la fase de dibujo. Aparte de esa etapa, sé que los editores dirán que me llevó mucho tiempo y ¡les asustaba con los plazos en algunas ocasiones!»

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¿Cuál es la reacción de los niños a esta historia? «Las reacciones de los niños han tendido a ser muy diferentes dependiendo de qué tipo de niños están leyendo el libro. Lo leí en la escuela de mi mamá (ella enseña a niños de 8-9 años),  es una escuela pública y sus alumnos inmediatamente pudieron identificar a Salvaje, y sobre todo el ‘miedo a mamá’. Sin embargo, me fui a una escuela privada muy cara en la ciudad, y allí fueron más rápidos en empatizar con los padres. Unos pocos niños comentaron que nunca se debe comer con las manos, y un chico, incluso, dijo ‘Mi madre se estresaría tanto’…  Esa clase me sorprendió ya que eran niños de sólo ¡6-7 años de edad! Sin embargo, en todas las escuelas la decisión de vivir fuera o ‘dormir en un árbol’ está siempre bastante dividida. Cuando agrego que puede haber insectos que también duermen en el árbol, ¡muchos deciden volver a casa!»

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«Curiosamente los padres generalmente están divididos entre estar de acuerdo y en desacuerdo. Creo que ‘Salvaje’ no es un libro para todo el mundo. Es tan interesante para mí lo pronto que se puede ver la división en las actitudes. Es un buen experimento social para mí cada vez que visito un aula.»

¿Estás trabajando en un nuevo proyecto ahora? ¿Qué nos puedes contar? «Estoy trabajando en un par de nuevos proyectos, ambos con Chronicle books. Un libro se llama ‘Charlie and Mouse’ con Laurel Snyder, se trata de dos hermanos y sus aventuras, y es para primeros lectores (un rango de edad nuevo para mí y muy divertido). El otro libro se llama ‘Everything You Need for a Treehouse’, de Carter Higgins. Es un libro poético sin narrativa, sólo sueños de una casa en un árbol. Creo que es todavía una idea soñada por una gran cantidad de personas, ¡yo incluida! Estoy muy emocionada con ambos».

«En cuanto a proyectos más personales, estoy trabajando en dos para los que espero poder despertar el interés. Uno va sobre una patata salvaje, y otro acerca de un insecto tímido y desconfiado. ¡Veremos cómo van!»

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Álbum Ilustrado

Sandra Castaño nos habla de su trabajo en ‘Alas’

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Sandra Castaño

¿No te parece extraño darte cuenta, de repente, de que no tienes alas? ¿Qué pasaría si a todo el mundo le saliesen alas? O mejor, ¿y si todas las cosas tuviesen alas? Todo sería tan distinto… Con este planteamiento la Editorial Thule nos presenta ‘Alas’, un álbum ilustrado de Sandra Castaño. Con ella hemos charlado un poquito más en torno a este libro.

¿Cómo nace este proyecto? “El proyecto de “Alas” nace en una clase que impartía Pato Mena. Exactamente a raíz de una maravillosa propuesta, que era nada más y nada menos que crear un álbum ilustrado desde cero. Creé varias propuestas diferentes y terminé por desarrollar “Alas”. El resto de las propuestas las dejé archivadas para otro momento y me enfoqué en la idea elegida para llevarla a cabo de la mejor manera posible”.

¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Los lectores encontrarán una dinámica de causa consecuencia que se resume en unos personajes de granja a los que les salen alas y la manera en la que actúan éstos con esas alas. A lo largo del libro, hay pausas que dan ritmo a la historia, humor, reaparición de personajes… “Alas» es un álbum divertido que contiene ciertos detalles escondidos en las páginas que le añaden coherencia a la historia. Por no hablar de las guardas, las cuales son dignas de analizar”, nos asegura Sandra Castaño.

Sandra Castaño

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Las ilustraciones hablan por sí solas. Son dibujos muy visuales que muestran claramente la acción que está ocurriendo, de hecho, se podría considerar que existe una sinergia entre el texto y la imagen, que hace muy cómoda y dinámica la lectura. Lo característico de estas ilustraciones es la simpleza que muestran y lo bien que funcionan sin necesidad de ser más detalladas”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Como bien he mencionado anteriormente, el proyecto de “Alas” nació en el aula y en ese momento estábamos trabajando de una manera digital. Por lo tanto, utilicé una técnica digital que trata de simular parches con textura, superponiendo capas una encima de otra y dándoles forma cautelosamente hasta encontrar una armonía general que funcione. La intención de esta técnica era simular el collage y considero que el acabado ha sido todo un acierto, ya que es una técnica que la propia historia pide a gritos”, nos cuenta Sandra Castaño.

Sandra Castaño

Si Sandra tuviera alas… “Si tuviera alas, considero que vería la vida desde arriba, como un personaje secundario que observa y analiza a la protagonista de la historia. Vería todo con más perspectiva, y dejaría caer desde lo alto del cielo todos los miedos y preocupaciones, para así quitarme pesos innecesarios y volar con esas alas a donde quiera que me lleven. También me haría mi propio nido en la copa del árbol más alto de mi pueblo (aunque creo que ya está ocupado por las cigüeñas)”.

¿Qué has aprendido con este proyecto? “Este proyecto me ha enseñado muchísimo. Me ha enseñado que hay que probar maneras diferentes de ilustrar una idea hasta encontrar la más afín, pero, también me ha enseñado a parar de probar cuando te enamoras de una de las ideas, porque ésta ya habla por sí sola -continúa Sandra Castaño-. “Alas” también me ha enseñado a trabajar en equipo con el editor, cosa que me ha encantado y que me ha aportado puntos de vista muy interesantes para enriquecer la historia. El trabajar de esta manera te hace sentir acompañada en todo momento y eso se agradece”.

“No obstante, el mayor aprendizaje ha sido el descubrir que ésta es mi pasión, que me lo paso como una niña pequeña creando álbumes ilustrados y que sé con certeza que “Alas” será el primero de muchos álbumes ilustrados que haré a lo largo de mi vida”.

Sandra Castaño

Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “Ya he comentado anteriormente que la técnica final ha sido digital. Sin embargo, la creación de personajes, pruebas de color y textura, o bocetos relacionados a las imágenes las realicé sobre papel. Primero, dibujé 12 dobles páginas en las que creé una composición que daba ritmo a la historia: en la página derecha el personaje sin alas abajo y el texto arriba; y en la página izquierda el personaje con alas en la parte de arriba y el texto abajo”.

Sandra Castaño

“Una vez elegida esa dinámica, empecé a pensar personajes que podrían funcionar: un perro, una oveja… incluso metí una pelota que con alas se convertiría en una snitch dorada de Harry Potter pero que terminé retirando.Tras elegir los personajes, empecé a bocetar cómo serían. Ésto diría que fue la parte más complicada ya que no quería que fueran muy detallados, pero, a la vez quería movimiento, vivacidad y expresividad. Finalmente opté por la técnica de la superposición de capas y no puedo estar más contenta con la decisión tomada. Cuando todas las páginas, las guardas y la portada/contraportada cogieron forma, hice una maqueta de cómo sería el álbum en conjunto y, es esa la maqueta que mostré y gustó. Antes de publicarlo se realizaron adaptaciones de color, algún cambio de personaje y corrección de texto, para que finalmente naciera Alas”, afirma Sandra Castaño.

Sandra Castaño

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sí, estoy trabajando en la realización de las ilustraciones para un texto de una tercera persona. Es un proyecto que se convertirá en álbum ilustrado, pero de momento no hay editorial de por medio. Además, tengo varias maquetas de álbumes ilustrados que voy realizando en casa y que me gustaría publicar, en especial dos: uno al que he llamado: “La curiosidad sorprendió al gato”, un álbum con poco texto, pero que interactúa mucho con el lector. Por otro lado, “El cartero”, un álbum ilustrado sobre un cartero que se encarga de repartir el correo en el pueblo, y al que de repente, le aparece un misterioso paquete frente a la puerta”.

Sandra Castaño

“Tengo en una libreta apuntadas muchas ideas de álbum ilustrado que quiero desarrollar y eso es algo que me encanta, ya que me mantiene constantemente activa respecto al álbum, haciéndome experimentar, probar, borrar, colorear y sobre todo disfrutar y mejorar, porque vivimos en un constante aprendizaje”.

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Álbum Ilustrado

Manuel Marsol reflexiona en torno a ‘El cielo en casa’

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Manuel Marsol

Cuando tenía veinte años, Manuel encontró una fotografía en la vieja casa familiar. La fotografía mostraba a un hombre lanzando un penalti. Había también un portero a contrapié y un balón detenido en el aire. Ninguno de los jugadores que aparecían en la foto le resultaba familiar, excepto uno, el que chutaba el balón. Era su padre, que murió cuando Manuel era un niño. ¿Cómo saber entonces si aquel penalti se convirtió en gol? Como un detective que siguiera la estela borrosa de sus propios pasos en la nieve, Manuel Marsol se sirve de unas pocas películas, de una canción legendaria de Gino Paoli y del penalti fallado por Roberto Baggio en la final del Mundial 94 para contestar la pregunta más apremiante que le plantea su corazón de niño: ¿puede el ser querido seguir vivo en el misterio? Editado por Fulgencio Pimentel, hemos charlado un poquito más sobre ‘El cielo en casa’ con Manuel.

Manuel Marsol

En el origen sobre todo, hay una fotografía. Me gustaría que me hablaras un poquito de eso, del origen, del embrión de este proyecto. “Es una fotografía que yo encuentro. Tendría unos 20 años. La encontré en una casa familiar. Había muchas fotos de fútbol de mi padre, que murió cuando yo tenía 11 años. Encontré muchas fotos de él jugando en campos de arena entre los años 60 y 70. Y me quedé atrapado con esta, porque el balón estaba ahí, era un penalti que él lanzaba, y el balón estaba ahí parado a mitad de camino entre la portería y el punto de penalti, y no se sabía si el balón entraba o no. Como él había muerto cuando yo era pequeño, era una metáfora de todos esos misterios, de todas esas cosas que yo no iba a poder preguntar. A partir de ahí, empecé a trabajar en el libro”.

Manuel Marsol

¿Qué se va a encontrar el lector cuando empiece a pasar las páginas de El cielo en casa? “Se va a encontrar una investigación, pero no la que haría un detective, sino más bien una investigación hacia dentro de uno mismo, hacia la memoria. Me di cuenta que tampoco el libro debía ir tanto sobre esa búsqueda, sino sobre todos los recuerdos que yo tenía con mi padre”, nos cuenta Manuel Marsol.

“Es un libro que está enfocado para el público adulto. Es el primer libro que no hago, digamos, para todos los públicos, por el tono, la manera de contarlo. Y es un viaje hacia el interior, hacia recuerdos con él, películas que veíamos juntos… El formato es de álbum ilustrado, pero tiene una longitud más propia de la novela gráfica. Hay mucho más texto de lo que acostumbro en mis libros”.

Manuel Marsol

“Primero, hay una parte en la que imagino cómo fue ese penalti, cómo pudo suceder. Hay otra parte en la que ya cada vez me voy alejando más de ese balón, y ese balón se va convirtiendo casi más en una estrella en el cielo. Y voy mirando más al pasado, a las películas que veíamos juntos, que tienen resonancias con esta historia. Al final es una historia que habla sobre el estar y el no estar, sobre lo que está adentro y lo que está afuera, como un penalti que marca la diferencia… El gol es la vida y el fallo es la muerte. El ser o no ser. En un penalti está recogidas un montón de metáforas”, continúa Manuel Marsol.

Manuel Marsol

“Por ejemplo, una película como ‘Centauros del desierto’, que es una peli que era de sus favoritas y que veíamos juntos, yo la narro desde los ojos del niño. Y hay cierta simbología con el dentro y el fuera. Es una peli que habla del regreso al hogar, de la casa. Se abre con un plano desde dentro de una casa y se cierra igual. Siempre está presente ahí el marco, lo que entra, lo que sale. Es como si en ese balón cupiesen muchísimas asociaciones. Entonces voy tirando de ese hilo, de ese balón, donde cabe todo lo que hacíamos juntos, canciones que escuchábamos…”.

Manuel Marsol

“Y luego ya hay una relación con el famoso penalti de Baggio en el Mundial del 94, que por una casualidad de fechas tiene mucho que ver con mi padre. Desde que se lanzó el penalti hasta que murió mi padre pasó justo un año. A través de ese penalti, que en su momento yo había visto con otros ojos, desde que Baggio nos había eliminado, y le tenía hasta cierta manía, pues de repente ese penalti se fue cambiando a raíz de ese descubrimiento de las fechas y volviéndose también parte de ese balón suspendido en el aire. Todo sirve para hacerme preguntas de todo tipo”, afirma Manuel Marsol.

Manuel Marsol

Manuel, y en cuanto a las ilustraciones, no sé si has trabajado con alguna cosa diferente o más o menos en la línea en la que venías trabajando hasta ahora. “Yo diría que es una línea un poco distinta, digamos más realista de lo que acostumbro. Es una historia que no es como las anteriores, de fantasía y tal, aunque la hay, hay una parte de fantasía, pero esta necesitaba que estuviese pegada a la realidad. Primero por la foto. La foto es una foto real y a la hora de representarla la dificultad era justo esa… Un equilibrio entre esa parte más expresionista mía y un realismo que necesitaba la historia”.

¿Y técnicas, Manuel? “Es pintura sobre papel. No tiene óleo, no hay collage, no hay digital tampoco. Es todo acrílico, acuarela y lápiz sobre papel”, indica Manuel Marsol.

Manuel Marsol

Estoy viendo ahora una de las imágenes que muestra la editorial del libro y que habla del cine. Se ve en la ilustración incluso el logotipo de La 2 de Televisión Española. “Es porque hay muchos recuerdos… Los objetos guardan como una especie de memoria. El niño que yo fui, el adulto que soy ahora, ve esos objetos de la casa familiar y están cargados de muchos recuerdos. Uno de esos objetos que salen en el libro es la cinta del VHS de Centauros del Desierto. A la hora de hacer el libro la llevé a una tienda, la digitalizaron, y me volví a ver Centauros en calidad VHS”.

“De ahí salieron muchos símbolos, lo que te contaba antes del dentro, del fuera. La búsqueda, porque también está buscando a una niña, que la secuestran los indios, y es una búsqueda sin saber muy bien si la niña está viva o muerta. Es un poco como la búsqueda del balón, algo que tú buscas y buscas, pero no sabes si tiene solución”.

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Cómic

Blanca Vázquez y cuando ‘Ya no llama nadie’

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Blanca Vázquez

Mariona piensa mucho en la muerte porque en este pueblo ya no le dejan pensar en nada más. Sus amigas han ido desapareciendo, y la cabeza de Vicente, su marido, es cada vez más volátil. Con sus ochenta y siete años, le pide poco a la vida: entretenerse con su jardín, discutir lo justo con su marido y ver a su hija los fines de semana. Las sensaciones nuevas, piensa, son algo que ya no le tocan. Aunque desde hace unas semanas algo le remueve el estómago cada vez que la familia se reúne para comer. Las palabras se le acumulan en la garganta, pero su figura se vuelve trasparente cada vez que intenta comunicarse con los suyos.

¿Qué pasará cuando ella ya no esté? ¿Qué dejará a los suyos tras su paso por la vida? ¿Alguien cuidará las calas de su jardín? ¿Dónde reposarán sus cenizas? Mariona quiere aprovechar una de esas sobremesas familiares para, por una vez, hablar de sus deseos. A través de su protagonista, ‘Ya no llama nadie’ ofrece un relato intimista sobre el ocaso de la vida, el olvido y la necesidad de crear legado. Un cómic de Blanca Vázquez y Elisabeth Casillas que edita Astiberri. Con Blanca charlamos un poquito más sobre este libro.

Blanca Vázquez

¿Dónde está el embrión de este proyecto? ¿Cómo llega a tus manos este trabajo? “En 2020 publiqué ‘Juntas en esto’, un cómic muy cortito, con Astiberri, sobre el aborto. Justo en esa época Elizabeth también estaba trabajando sobre el mismo tema, y me preguntaron si me parecería bien que Elizabeth presentara mi cómic en Madrid conmigo. Así conocí a Eli. Nos conocimos en la presentación de mi cómic. Me dijo que le gustaba mucho cómo ilustraba y que seguramente algún día podríamos hacer algo juntas”, nos cuenta Blanca Vázquez. “Cinco años más tarde me pasó el guion”.

¿Cuál fue tu primera impresión cuando recibes esta historia de Eli? “El guion no estaba terminado por completo. La escaleta estaba casi toda hecha, y al leer solamente la escaleta ya vi que era una preciosidad, me emocionó mucho. Por entonces ya estaba viviendo más lejos de mis abuelos, la relación que tenía con ellos era a distancia desde hacía años. Y, bueno, sigo teniendo relación con ellos a distancia. Entonces todo el tema de la familia y la visita me tocó mucho. Y me encantó”.

Blanca Vázquez

Al final sí que hay también, entonces, mucho de ti en este libro, ¿no? Te identificas… “Sí, sí. No lo he escrito yo, pero al leerlo lo sentía muy propio. Se lo decía mucho a Eli, que a veces sentía que la historia estaba escrita por mí. Al final he puesto mucho mío, pero porque creo que es un libro que tiene una historia muy fácil de leer, y pasarla a tus vivencias y a tus recuerdos”, asegura Blanca Vázquez.

¿Hay algún referente cercano que has reflejado de alguna manera en este cómic? “Los personajes tenían unas expresiones muy marcadas. Y claro, era un tipo de dibujo que yo lo siento muy mío, pero he tenido que trabajar con línea para llegar a determinados detalles. Cambia mucho de mi trabajo de otros años. El referente gráfico ha ido viniendo por el guion. Y como referentes de poses y tal, sí que he puesto a mis abuelos mucho a posar cada vez que iba al pueblo. Sí que me han ayudado mucho”.

¿Ellos han visto el cómic? “Pues sí, ya lo han visto, ly es ha gustado muchísimo, se han emocionado mucho. Yo me he emocionado de verlos emocionados, así que genial”.

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¿Qué se va a encontrar la gente en sus páginas? “Se encuentran muchos recuerdos que se le remueven por dentro y también muchas sensaciones. Gente de 50, 60 años, en este libro se va a encontrar un poco la realidad quizá que tienen ahora de hijos cuidadores, pero también lo que se les viene en un futuro. Es un libro que va de la edad y del paso del tiempo, y a todos nos va a remover de cierta manera, a cada uno por la etapa siguiente que le viene”, confiesa Blanca Vázquez. 

¿Con qué técnicas trabajaste? “Por pasión y voluntad propia, siempre suelo trabajar en analógico con acuarela, tinta, es mi parte preferida. Y luego también, bueno, bocetando en lápiz. Pero durante estos años trabajando en empresas era todo digital. Cuando Eli me comentó que el libro eran 160 páginas, por ahorrar tiempo, economizar, también por recursos, me parecía mucho más cómodo pasarle bocetos en digital a Eli, y si ella veía que había que cambiar algo, al final siempre es más rápido el digital para los cambios. Y la técnica vino dada sobre todo por eso, por poder optimizar el tiempo y cambiar las cosas rápido”.

Blanca Vázquez

“Aunque también quería que mi huella de trabajar en acuarela estuviera presente -continúa Blanca Vázquez-. Entonces estuve investigando en Procreate, y siento que los pinceles que utilizas en ese programa se parecen muchísimo a los analógicos. Cuando los manejas parece de verdad que tengan el propio fallo y la espontaneidad que tiene la acuarela”.

¿Y del color qué nos puedes contar, Blanca? “Al principio hablábamos muchísimo que tenía que ser un libro que tuviese calidez, pero sobre todo también por la estación en la que está ambientado, que es el verano. Tenía que ser muy luminosa la parte exterior y muy sombría la parte interior de la casa para que hubiera ese contraste de fuera, alegría, familia, plantas, vida, y dentro el peso de la monotonía y la soledad que sienten y la casa que se les viene como un poco encima. Esto vino dado mucho por el color, por ese contraste que teníamos que buscar. Yo me imaginaba un poco el verano en el pueblo, radiante y rural”.

Blanca Vázquez

“Siento que la paleta le pega muy bien al mundo rural. Y también la paleta cálida, siento que la historia al ser tan dura y tan cruda, si hubiéramos cogido tonos fríos hubiera quedado como una historia un poco lúgubre y tampoco era esa la idea, porque la historia tiene mucha vida”. 

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