Entrevistas
Manuel Marsol y el viaje interior de ‘Astro’
Manuel Marsol presenta su obra más íntima y personal hasta la fecha, un viaje al espacio que es un viaje al corazón de la infancia. Con estas palabras la editorial Fulgencio Pimentel nos presenta ‘Astro’, el último trabajo del ilustrador Manuel Marsol, con el que charlamos hace un tiempo sobre este libro.

¿Cómo nace este proyecto? Manuel Marsol: “Viene de lejos,. En realidad hubiera sido mi primer álbum si hubiese sido capaz de acabarlo, porque lo empecé en 2013. Hice unos dibujos en el verano de 2013 sobre un astronauta en un planeta y esas ilustraciones, que eran cinco, tuve la suerte que fueron seleccionadas para el catálogo de la exposición de ilustradores de Bolonia y se expuso en 2014. Algunas de esas ilustraciones están en lo que hoy es el libro pero claro, de 2013 a 2023, pues ha habido muchos momentos de abandono. Estuvo en manos de una editorial extranjera, lo veían bueno, porque es un libro, digamos, muy artístico y arriesgado. Yo soy consciente de eso, y lo veían con difícil encaje comercial. Al final no se atrevieron. Luego estuvo también en 2015, si no me equivoco, en otra editorial de aquí, y le pasó un poco lo mismo, que al final se echaron para atrás por la envergadura, porque es un libro largo. Y yo lo dejé en un cajón”.
“Después tuve la suerte de conocer a los editores de Fulgencio Pimentel, a César en concreto, César Sánchez, que bueno, me editó ‘El tiempo del gigante’ y ya empezamos a tener una colaboración en la que ellos confiaban plenamente en mi trabajo, y me daban esa confianza también para hacer proyectos personales, un poco más al margen de lo que son los cánones de lo comercial. Aunque bueno, se han vendido bien en España la verdad. Él en un momento dado conoció este proyecto y le gustó desde el primer momento y él me intentaba convencer para que lo retomase, pero yo estaba con otras cosas, estaba con ‘Yokai’, con ‘Duelo al Sol’, un montón de cosas. Y ya en 2019 César me convence, y entre finales de 2019 y la época de la pandemia trabajé mucho otra vez en ‘Astro’, aunque también se volvió a quedar en cajón a finales de 2020”.
“Lo dejamos reposar hasta que César me dijo: “Manu, esto tiene que salir”. Ambos lo vimos con nuevos ojos y la verdad que encontramos la solución. Fue todo súper rápido en el fondo. Ha sido un proceso largo, que ha llevado su maduración, pero bueno, al final hemos quedado contentos que era lo importante”, asegura Manuel Marsol.

¿Qué se va a encontrar la gente cuando abra las páginas de Astro? “Bueno, los que me conozcan van a encontrar que existe un universo mío como autor, que es algo que a mí me ha interesado trabajar. Digamos que parte de ahí, creo que hay unos lugares comunes en todos mis álbumes, por ejemplo el interés por hablar sobre lo que es el tiempo, la percepción del tiempo, cómo pasa el tiempo por nosotros y en Astro eso está. También está el viaje, también está el paisaje, la importancia del paisaje como personaje, la idea de descubrir un mundo y las preguntas metafísicas”.
“Luego por otro lado más plástico, yo quise hacer algo experimental desde el primer momento pensando en que iba a concursar en la Feria de Bolonia y que ahí se premiaban ilustraciones pues que aportasen cosas nuevas. Yo creo que desde el primer momento la estética era bastante radical, con un paisaje casi abstracto y con muchos huecos, con muchos lugares para curiosear, para encontrar secretos. Y luego se va a encontrar un astronauta que en realidad se comporta como un niño, es un niño jugando en un planeta, que va a hacer un amigo, y que esa amistad pues va a tener una trascendencia, y va a tener una serie de complicaciones, y va a ser un viaje espero que transformador, con mucha poesía y con mucho amor, la verdad”.

“Es un viaje irregular -continúa Manuel Marsol-, porque hay ilustraciones de 2013, y otras del verano de 2023, y otras muchas de 2020. Pero creo que esa irregularidad, espero y confío, que esté compensada con mucha emoción y con mucha verdad. La verdad es que sí que me está escribiendo, libreros, mediadores y también lectores que se emocionan, porque es un libro donde hay mucho sentimiento puesto, y hay gente que lo ha leído con las lágrimas en los ojos, y eso es lo más bonito”.

Hablas de sentimiento y, por ejemplo, cuando abres la página de Fulgencio Pimentel y habla un poco de este trabajo, dice que es tu obra más íntima y más personal, ¿qué hay de Manuel en este álbum? “Bueno pues el libro está dedicado a mi padre, que falleció cuando yo tenía 11 años y también está dedicado a su amigo el pintor Paco López Soldado, pintor abstracto que sigue siendo amigo nuestro de la familia. Cuando yo dejé la publicidad, antes de irme a estudiar el posgrado de ilustración, estuve pintando en su taller. Sus cuadros yo siempre los vi, siempre estuve rodeado de ellos, como yo digo, rodeado de ese universo suyo, y cuando estuve pintando con él, pues me enseñó una serie de técnicas -afirma Manuel Marsol-. Por ejemplo mezclar el óleo con el acrílico, que son dos medios distintos y no se mezclan bien, y entonces generan una serie de accidentes, texturas,… Entonces ese universo donde el niño está jugando, digamos que sale un poco de este amigo de mi padre, de Paco López Soldado, era un universo que yo tenía arraigado desde la primera infancia. En mi casa había muchos cuadros suyos, íbamos mucho a su casa, y partiendo de eso, que ya es bastante personal, más allá de descubrir un mundo como me descubrió mi padre a mí, pues sí que toca el tema de la muerte en concreto y cómo se afronta el duelo, el dolor, y cómo se intenta uno sobreponer pues a base de estar rodeado del amor y de los misterios, el misterio de la vida, de qué hacemos aquí, por qué existimos, por qué hay algo en vez de nada, y sí que es una alegoría. Pero como bien dice en la nota de prensa, el pozo no es para nada dramático, puede hacer llorar, pero la idea es que sea luminoso, que al final lo que queda es una sensación de agradecimiento por estar vivos, y por tener la suerte de existir en realidad en este universo tan vasto y tan oscuro, esa es un poco la intención”.

Has hablado antes de irregularidad, porque había ilustraciones más antiguas, más recientes, háblanos un poco de la técnica o las técnicas con las que has trabajado en este libro. “Yo empecé como decía antes intentando sorprenderme con las ilustraciones. Probaba con estas técnicas de las que hablaba de Paco López Soldado, que me han enseñado pues a utilizar manchas para crear paisajes, jugar con el accidente”.
Por otro lado, y también viene de mi padre y del propio López Soldado, que ellos cogían todo tipo de cosas de la basura, en mi casa siempre había trastos y cosas que luego ellos modificaban o pintaban, y yo tengo también ese vicio. Me acuerdo que en esa época di con una una revista antigua de los años 70 o así, que se llamaba ‘El arte de tejer’, de costura, y y empecé a hacer collage con eso mezclando mis dibujos con recortes. Hice unos dibujos que partían de recortes de esa revista, utilizando jerséis, grises del blanco y negro de la revista, que luego parecían rocas, formaciones rocosas, y entonces el universo de astro pues aparece un poco de ahí, de ir pegando esas texturas. De repente recortar un círculo de un jersei, que es un plano tan detalle que uno no tiene la conciencia de estar viendo algo figurativo, y de repente es un planeta. Y luego la parte figurativa son los seres vivos, que son una especie de alienígenas extraños entre orgánicos y minerales, porque es un planeta donde todo está mezclado”, asegura Manuel Marsol.

“Hay una mezcla de técnicas, hay pintura plástica, hay gouache, hay tinta china, hay óleo, hay acrílico, collage. Como siempre digo, todo lo que hay encima de la mesa o por el estudio, pues al final lo voy poniendo, y yo creo que toda esa parte accidental y toda esa parte un poco experimental, pues jugó a mi favor, y por ahí fue que lo seleccionaron en la Feria de Bolonia y que gustó, que sorprendió esa estética, pero también la extrañeza de una historia en el espacio con tanto color blanco, porque normalmente uno espera unos fondos muchísimo más desde oscuros a coloridos, pero esa idea del planteamiento de utilizar tanto la página en blanco, creo que también tiene su gracia y sitúa el espacio en un lugar entre lo físico y lo espiritual. Es un paisaje que es un planeta, pero también es un paisaje de la memoria es como un recuerdo, y yo creo que hay elementos y detalles que acentúan esa idea. Estamos en el terreno de la memoria de la infancia de un planeta onírico y eso, la atmósfera, siempre ha sido muy importante en mi trabajo y creo que este álbum pues también ya desde el principio estaba ahí”.
Arte Urbano
Wedo Goás: «Intento que mis trabajos hagan reflexionar al viandante»
El mural As Mouras, del artista gallego Wedo Goás, creado en el marco del Perla Mural Fest 2025 de Fene, ha recibido el premio a mejor mural del mundo 2025 en la categoría Expert Spotlight por la plataforma internacional Street Art Cities. Hace unos días preparábamos una pequeña entrevista con él sobre su trabajo como muralista, partiendo de uno de sus trabajos. Este es el resultado.

¿Cómo surge la idea de ‘Don’t be afraid of wasting time’? “Esta idea me rondaba desde hace tiempo, casi desde mi llegada a Barcelona ya hace 13 años. Las grandes ciudades tienden a devorar el tiempo de las personas, a hacer que nos centremos en la productividad, el trabajo y el consumo, dejando apenas tiempo para poder tomar conciencia de nosotros mismos, nuestros intereses o nuestros verdaderos deseos”.
¿Qué has querido reflejar en este mural? “En este mural quiero generar un reflexión sobre cómo afrontamos nuestro día a día en esta sociedad de consumo. Creo profundamente en la necesidad de aburrirse, de no tener miedo a dejar que los minutos pasen sin un propósito concreto. Estos momentos son los que de verdad podemos utilizar para poner en marcha nuestra mente y cuestionarnos nuestro entorno, nuestra vida, divagar y dejar volar la imaginación. Una sociedad que termina con esto es una sociedad que ha terminado con la autodeterminación, la creatividad y el amor propio. Pero esta es mi opinión claro”, afirma Wedo Goás.

Me gustaría que me hablaras de tus procesos de trabajo. No sé si sueles trabajar con algún boceto previo… “Normalmente mi proceso creativo comienza como un bombardeo de ideas, los conceptos y las imágenes van tomando forma en mi mente a medida que me acerco al tema que me gustaría tratar y dónde lo voy a tratar. Una vez tengo la idea que quiero trabajar compongo la imagen mediante fotografías. Cada mural requiere de un proceso distinto para llevar la idea de la mente al muro”.
¿Con que técnicas trabajas habitualmente? Y ¿materiales? “Mis murales los trabajo completamente con pintura plástica, la clásica pintura de fachadas, y con brochas y rodillos -continúa Wedo Goás-. Me gusta afrontar el mural de la misma forma que se afronta un lienzo, con mi paleta de colores y mis pinceles. Solo cambia el tamaño del soporte y las brochas”.

¿Hay algo nuevo en este sentido en ‘Don’t be afraid of wasting time’ respecto a otros trabajos? “Creo que en todos los trabajos siempre se añade algo nuevo ya sea de forma consciente o no. En este caso opté por mucha luz, una imagen a cielo abierto en un día soleado y despejado, a la mujer le da el viento en la cara y está en una azotea, sobre el bullicio de la ciudad. Son las sensaciones que yo evoco a ese momento de reflexión y de no hacer nada. Como curiosidad te diré que en un primer momento la mujer estaba sentada encima de una cámara de vigilancia, que quedaba situada entre sus piernas en la parte baja de la composición. Pero el ayuntamiento me invitó a quitar ese elemento. Elemento que en mi opinión reforzaba la narrativa del mural y ponía énfasis en una sociedad en continua exposición”.

¿Qué dirías que es lo más difícil a la hora de enfrentarse a una fachada en blanco? “En mi caso lo más difícil siempre es el momento de dar color a la imagen, cambiamos constantemente de marca de pintura dependiendo de donde pintes y siempre se comportan de formas distintas -asegura Wedo Goás-. La pintura plástica al secar tiene la característica de que el tono varía mucho de húmedo a seco, por lo que controlar este cambio y hacerte con el control del color suele ser una batalla compleja cuando la pintura no está de tu parte”.
¿Y lo más satisfactorio? “Lo más satisfactorio es cuando hay pocos contratiempos y puedes invertir ese tiempo que has ganado en dar más detalle y más calidad a la obra. También, claramente, el momento final cuando el mural ya está terminado y todo ha ido bien, la gente está contenta con el trabajo y te sientes orgulloso de la obra”.

¿Qué importancia tiene la colaboración con otras personas en la realización de trabajos de esta envergadura? “Creo que la colaboración siempre es enriquecedora, se aprende mucho de otros artistas, su forma de afrontar el trabajo, su técnica y su visión. En este trabajo en concreto no tiene una envergadura muy compleja, pero en trabajos de edificios de 14 plantas o similares, creo que la colaboración es esencial, ya que este es un trabajo que desgasta mucho tanto física como mentalmente, y siempre es más fácil remar cuando no estás solo”, nos cuenta Wedo Goás.
¿Qué dirías que caracteriza tus trabajos en la calle? “Es complicada esta pregunta, me cuesta ver mucho qué es lo que me caracteriza. Intento que mis trabajos tengan un mensaje que hagan reflexionar al viandante, o que devuelvan trozos de la cultura que quizás se están perdiendo. Me gustan mucho la pintura clásica, el barroco y creo que eso también se hace notar en mi obra”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Actualmente estoy en un proyecto que estoy disfrutando muchísimo. Se trata de una nueva línea de cuadros, en los que realizo maquetas de edificios representativos, con un alto realismo y detalle para luego intervenirlos con pinturas al oleo que simulan murales. Así pretendo unir mis pasiones, escapando del formato clásico de cuadro y generando estos objetos tridimensionales llenos de materiales y detalles que capturan la calle para llevarla a los interiores”.


Álbum Ilustrado
Raquel Catalina ilustra las múltiples lecturas de ‘Grande y pequeña’
‘Grande y pequeña’ es una historia conmovedora de múltiples lecturas que aborda el paso del tiempo, la memoria, la naturaleza, el arte y la inspiración. Nos acerca a la vida, desde la infancia a la vejez, de una mujer curiosa y creadora, libre y empoderada, sensible y auténtica; un apasionante recorrido desde su casa natal en el bosque hasta la ciudad, y de vuelta a sus orígenes. El arte -siempre inspirado en la naturaleza- ha marcado su trayectoria y también da aliento a un hombre desamparado que se instala en su casa cuando la protagonista ha menguado tanto que hasta el vecindario se ha olvidado de su existencia.
La obra distinguida con el XVIII Premio Internacional Compostela para Álbumes Ilustrados destaca por su calado poético y emotivo, su poder evocador y su carácter poliédrico: la vida, la memoria como sanación, el paso del tiempo, la soledad elegida, la naturaleza, el hogar, la resiliencia… Siguiendo un hilo cronológico y con un tono descriptivo, el texto de Arianna Squilloni aborda también el día a día de las personas mayores; una propuesta literaria que, de forma audaz, introduce silencios narrativos donde -en ausencia de palabras- se potencia el relato visual. Las ilustraciones de Raquel Catalina nos envuelven en una atmósfera cambiante que va desde la calidez de los escenarios domésticos a la frescura de los espacios abiertos. Con ésta última hemos charlado un poquito más sobre este maravilloso libro que edita Kalandraka.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “Arianna Squilloni y yo ya habíamos trabajado juntas en ‘Diario desayuno’, para su editorial A buen paso. Me ofreció ilustrar un cuento suyo. Podría haberle dicho que sí sin siquiera leerlo, porque me encanta su trabajo, su manera de contar y su mirada sobre las cosas. Me encontré con una historia llena de significados profundos y que me tocaba en lo personal. Recuerdo de forma muy nítida pensar que tenía un tesoro entre las manos, pensar “¡qué suerte!”. La idea en principio era presentarlo al Premio Internacional Compostela y luego ya veríamos”, nos cuenta Raquel Catalina.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Un relato sobre el paso del tiempo, sobre plenitudes, renuncias, sobre búsquedas y encuentros fortuitos…”.
¿Qué te pareció la historia de Arianna la primera vez que la leíste? “Como ya te decía, me enamoró. Las historias como ésta, que recurren a imágenes más simbólicas, tienen el poder de hablarnos de cosas profundas y muy universales”.

¿Cómo fue el trabajo con ella? “Yo con Arianna me siento muy a gusto trabajando, con mucha libertad para proponer ideas que a veces cuajan y otras no -confiesa Raquel Catalina-. Pero es muy delicada con el trabajo del otro. Fuimos poco a poco ajustando dibujo y texto y ese proceso siempre es bonito”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Mi búsqueda inicial fue en torno al personaje y cómo construirlo. Su físico, su ropa, los objetos que la iban a rodear, la casita del bosque… Siempre me hago un archivo lleno de fotos muy variadas y que selecciono de manera bastante intuitiva, poco racional. Son muy útiles para el proceso. Empiezo a dibujar sobre esa base, pero luego los dibujos siempre van creciendo solos”, asegura Raquel Catalina.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? La última vez que hablamos fue sobre tu trabajo en ‘Ingrávida’, ¿qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Ha habido una especie de coyuntura feliz para mí con esta historia. Me parecía que lo que más me apetecía hacer en ese momento en cuanto a técnicas, colores, le quedaba bien a la historia. Así que ha sido un proceso que he disfrutado mucho a pesar de que hubo que hacerlo en un plazo bastante ajustado de tiempo”.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Usé gouache, lápiz y lápices de color”.

Si hablamos del color, al pasar las páginas el amarillo se nos hace muy presente… “En general no me gusta trabajar sobre papel blanco y, si es posible, lo suelo llevar hacia tonos cálidos. Pero en este caso el color del fondo tiene una función que es resaltar el pelo blanco del personaje de Natalia y ayudar a encontrarla cuando va encogiendo”, afirma Raquel Catalina.
Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “La parte que me llevó más tiempo fue encontrar el personaje de Natalia. Empieza siendo adolescente hasta cumplir los noventa años. Es difícil conectar todas estas etapas, necesitaba crear algún tipo de hilo conductor y acabé construyéndolo en gran parte a través de su pelo. Si te fijas hay toda una historia en torno a él que conecta con la narración. También quería que fuese un personaje con personalidad y encanto y creo que lo he conseguido porque ahora la gente ve “Natalias” por la calle y me lo cuenta. ¡Eso me encanta!”

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sí, voy justo a comenzar otro libro para Kalandraka que tiene como protagonistas a una niña y sus dos abuelas. Y otro con A fin de cuentos que me apetece muchísimo y será mi primer libro de no ficción”.
Álbum Ilustrado
Mercè Galí nos cuenta lo que hay detrás de ‘Un artista es…’
¿Qué es un artista? ¿Qué inspira su creatividad? Quizá no haya una sola respuesta, pero lo cierto es que todos y todas compartimos la capacidad de imaginar, de emocionarnos y ¡de crear cosas extraordinarias! ‘Un artista es…’ es un pequeño manifiesto que pretende desmitificar las ideas preconcebidas sobre el arte, y nos hace sentir más cercanos a la figura del artista y a su manera de ver el mundo mediante la imaginación y la libertad creativa… Un álbum de Marta Ardite y Mercè Galí que edita Juventud. Con Mercè charlamos un poquito más sobre su trabajo en este libro.

¿Cómo nace este proyecto? «El proyecto nace a partir de la propuesta de Elodie, de la editorial Juventud. Ella y Marta pensaron que podía encajar conmigo y me enviaron el texto. Desde el inicio me dieron libertad para desarrollar el proyecto y darle una vuelta personal, tanto a nivel visual como narrativo».
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? «Encontrarán un álbum que invita a lecturas abiertas y a generar debate entre lectores de distintas edades. El libro aborda un tema que ha sido tratado muchas veces, pero desde una mirada muy vinculada al mundo del arte y a las personas que trabajamos en disciplinas creativas. Comparto muchas de las características que Marta describe en el texto y quise expresarlas desde el juego, la experimentación y una mirada muy personal», nos cuenta Mercè Galí.

«La relación entre texto e imagen es fundamental: uno no funciona sin el otro. En cada doble página el lector conecta lo que lee con lo que ve. El libro comienza con un diálogo entre Pau y su hermana Greta, a partir de la pregunta ¿qué es un artista?, y Pau va enumerando distintas características que siente que definen a un artista. Cada definición se traduce visualmente de una forma distinta. En algunas páginas se habla de inventar mundos, con guiños a artistas como Joan Miró; en otras, el collage, la fotografía o la poesía visual ayudan a ampliar el significado del texto. La idea es que cada lector complete la lectura desde su propia experiencia».

«En una de las dobles páginas aparece una fotografía integrada en la ilustración de mi hermano y mía cuando éramos pequeños, con las rodillas bien sucias. Me vino esta foto a la cabeza cuando leí este enunciado. En este caso encajaba perfectamente con el texto que habla de experimentar, ensuciarse y explorar nuevos caminos… Joan es escenógrafo y ambos hemos seguido caminos relacionados con el arte. Me gusta hacer este tipo de guiños cuando tienen sentido dentro del libro», afirma Mercè Galí.

¿Qué dirías que caracteriza las ilustraciones de este libro? «Cada doble página es como una pequeña sorpresa. Cuando empiezas el libro ya sabes que no se repiten las técnicas y esperas algo nuevo en la siguiente. Las imágenes se inspiran directamente en las definiciones del texto. He trabajado mezclando collage, fotografía, tinta china, acuarela, frottage, lápiz de color, estarcido, técnicas digitales y gyotaku, buscando siempre coherencia con lo que se está contando».
¿Con qué técnicas te sientes más cómoda? «Me gusta experimentar y mezclar materiales, pero siempre intento mantener un equilibrio entre trazo, mancha y color -continúa Mercè Galí-. Me interesa especialmente el trazo manual y dejar espacio al azar y a lo imperfecto, aunque después sea yo quien decide qué permanece en la imagen».

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? «Este verano terminé el álbum “Niño Tejuela” (Pehuén) y después trabajé en dos libritos de canciones tradicionales para Combel: Si fa sol de cantarelles y Mi sol si de cantinelas. Por último ilustré “Rondas para susurrar” para Muñeca de Trapo (Chile), un proyecto muy lindo escrito por Eugenia Roman. Ahora estoy con “Crecer” para Amanuta. un libro informativo que sigue la línea de “Nacer” con texto de Eugenia Perrella».


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