Álbum Ilustrado
Mercè Galí nos cuenta lo que hay detrás de ‘Un artista es…’
¿Qué es un artista? ¿Qué inspira su creatividad? Quizá no haya una sola respuesta, pero lo cierto es que todos y todas compartimos la capacidad de imaginar, de emocionarnos y ¡de crear cosas extraordinarias! ‘Un artista es…’ es un pequeño manifiesto que pretende desmitificar las ideas preconcebidas sobre el arte, y nos hace sentir más cercanos a la figura del artista y a su manera de ver el mundo mediante la imaginación y la libertad creativa… Un álbum de Marta Ardite y Mercè Galí que edita Juventud. Con Mercè charlamos un poquito más sobre su trabajo en este libro.

¿Cómo nace este proyecto? «El proyecto nace a partir de la propuesta de Elodie, de la editorial Juventud. Ella y Marta pensaron que podía encajar conmigo y me enviaron el texto. Desde el inicio me dieron libertad para desarrollar el proyecto y darle una vuelta personal, tanto a nivel visual como narrativo».
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? «Encontrarán un álbum que invita a lecturas abiertas y a generar debate entre lectores de distintas edades. El libro aborda un tema que ha sido tratado muchas veces, pero desde una mirada muy vinculada al mundo del arte y a las personas que trabajamos en disciplinas creativas. Comparto muchas de las características que Marta describe en el texto y quise expresarlas desde el juego, la experimentación y una mirada muy personal», nos cuenta Mercè Galí.

«La relación entre texto e imagen es fundamental: uno no funciona sin el otro. En cada doble página el lector conecta lo que lee con lo que ve. El libro comienza con un diálogo entre Pau y su hermana Greta, a partir de la pregunta ¿qué es un artista?, y Pau va enumerando distintas características que siente que definen a un artista. Cada definición se traduce visualmente de una forma distinta. En algunas páginas se habla de inventar mundos, con guiños a artistas como Joan Miró; en otras, el collage, la fotografía o la poesía visual ayudan a ampliar el significado del texto. La idea es que cada lector complete la lectura desde su propia experiencia».

«En una de las dobles páginas aparece una fotografía integrada en la ilustración de mi hermano y mía cuando éramos pequeños, con las rodillas bien sucias. Me vino esta foto a la cabeza cuando leí este enunciado. En este caso encajaba perfectamente con el texto que habla de experimentar, ensuciarse y explorar nuevos caminos… Joan es escenógrafo y ambos hemos seguido caminos relacionados con el arte. Me gusta hacer este tipo de guiños cuando tienen sentido dentro del libro», afirma Mercè Galí.

¿Qué dirías que caracteriza las ilustraciones de este libro? «Cada doble página es como una pequeña sorpresa. Cuando empiezas el libro ya sabes que no se repiten las técnicas y esperas algo nuevo en la siguiente. Las imágenes se inspiran directamente en las definiciones del texto. He trabajado mezclando collage, fotografía, tinta china, acuarela, frottage, lápiz de color, estarcido, técnicas digitales y gyotaku, buscando siempre coherencia con lo que se está contando».
¿Con qué técnicas te sientes más cómoda? «Me gusta experimentar y mezclar materiales, pero siempre intento mantener un equilibrio entre trazo, mancha y color -continúa Mercè Galí-. Me interesa especialmente el trazo manual y dejar espacio al azar y a lo imperfecto, aunque después sea yo quien decide qué permanece en la imagen».

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? «Este verano terminé el álbum “Niño Tejuela” (Pehuén) y después trabajé en dos libritos de canciones tradicionales para Combel: Si fa sol de cantarelles y Mi sol si de cantinelas. Por último ilustré “Rondas para susurrar” para Muñeca de Trapo (Chile), un proyecto muy lindo escrito por Eugenia Roman. Ahora estoy con “Crecer” para Amanuta. un libro informativo que sigue la línea de “Nacer” con texto de Eugenia Perrella».


Álbum Ilustrado
Ester García y ‘El día en que Úrsula Mon se convirtió en oso’
‘El día en que Úrsula Mon se convirtió en oso’ es una novela emotiva y magnética que transcurre en las montañas del norte peninsular, con una protagonista valiente y frágil, fuerte y vulnerable. Úrsula es una niña diferente que ha forjado una fortaleza especial para sobrellevar la ausencia de su madre, la convivencia con su abuela y superar las dificultades de comunicación por su tartamudez. Su infancia está marcada por las adversidades, los complejos y el rechazo en la escuela, que la llevan a refugiarse y evadirse en el bosque como una criatura más en la libertad de la naturaleza, desarrollando una habilidad única para entenderse con la fauna. Algo maravilloso le cambia la vida: el encuentro con un oso despierta en ella una conexión emocional tan intensa que buscar el reencuentro con ese imponente animal se vuelve una obsesión, desafiando incluso las advertencias del guarda forestal que, junto con la nueva maestra que llega a la aldea, son de las pocas personas que la comprenden.
Con una narrativa envolvente que atrapa y conmueve, Mónica Rodríguez se adentra en su Asturias natal para crear este relato, un viaje personal que comienza cuando las pupilas de su protagonista se funden con la mirada penetrante de un oso pardo. Ester García acompaña el texto con unas espectaculares imágenes realistas, de gran detallismo, que destacan por su calado poético, la expresividad y la ternura de los personajes que representa. Con ella hemos hablado un poco más sobre su trabajo en este libro que edita Kalandraka.

Lo primero, cuéntanos dónde está el origen de este proyecto. “El punto de partida fue una llamada de Manuela, que me invitó a leer esta historia de Mónica porque desde la editorial Kalandraka pensaban que podría ser yo quien la ilustrara. Me contó que era una novela ambientada en Asturias, con un oso y una niña como protagonistas, y que a ellos les había fascinado. Creo que no necesité saber mucho más para lanzarme a la aventura”.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Mónica va a llevarles de la mano a través de una historia en la que la naturaleza está muy presente. Úrsula, la protagonista, vive en un entorno rural y se siente diferente a todos los que la rodean. Encuentra cobijo y consuelo en el bosque y los animales que lo habitan. A través de su mirada nos adentramos en una reflexión honda sobre la soledad, el abandono y el instinto de supervivencia. El encuentro de Úrsula con un oso marcará el inicio de una transformación que cambiará para siempre su manera de habitar el mundo”, nos cuenta Ester García.

¿Qué te pareció la historia de Mónica la primera vez que la leíste? ¿Qué es lo que más te gusta del relato? “Me resultó una novela muy hermosa, y también dura. Tiene un punto salvaje, y a la vez está narrada con mucha sensibilidad. Disfruto de la poética presente en las historias que Mónica crea, y de la naturalidad con la que hace avanzar el relato. Todo es muy verdadero, como si ella nos escribiese desde allí, en el monte, acompañando a los personajes, sintiendo con ellos, sabiendo de sus pensamientos, emociones y anhelos. Es un libro muy sensorial, de olores, tonos, sonidos y sensaciones. También silencios. Todo ello hace que haberlo ilustrado haya sido verdaderamente inspirador”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Siempre imprimo el manuscrito -no me gusta trabajar leyendo en el ordenador- y en los márgenes van apareciendo ideas, esbozos, palabras sueltas… Voy subrayando y tomando notas de los pasajes que me resultan más relevantes. Después, esas primeras ideas crecen en hojas aparte: las dibujo, las comparo, las dejo reposar, las descarto o vuelvo a ellas hasta que encuentran su forma -continúa Ester García-. También dedico mucho tiempo a la documentación. Reúno fotografías de animales, insectos, árboles o plantas y las organizo en carpetas que me acompañan durante el proceso. Me gusta que cada elemento pertenezca de verdad al lugar y al tiempo de la historia. En este caso, como la narración transcurre en paisaje de monte Asturiano, ha sido una oportunidad para perderme en el bosque y retratar algunas referencias de primera mano”.


Cuéntanos algo sobre las ilustraciones. Sigues más o menos con la línea de los últimos trabajos, ¿no? “Siempre que inicio un proyecto, lo que más tarda en aparecer es la primera imagen que dará el tono general al libro. Normalmente hago distintas pruebas, hasta que ya tengo una ilustración que abre el camino. En este libro, ese punto de partida fueron dos retratos, el del oso y el de Úrsula, ambos de frente. Desde el principio supe que esas dos miradas debían ocupar el centro de la historia. Fueron el tronco del que nació el resto. Y todo lo demás fue ir construyendo alrededor de ellas, ramas y hojas, hasta terminar el árbol de las ilustraciones, del libro”, nos cuenta Ester García.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Tinta Quink y grafito. Una vez escaneadas, apliqué un leve color digital”.



Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. Por lo que hemos visto en alguna imagen, al menos algún tema de ‘El último de la fila’ ha estado ahí en la banda sonora del proceso… “Sí, jeje… En esta ocasión me acompañaron mucho temas tan emblemáticos como «La piedra redonda» o «Dios de la lluvia». Suelo elegir una banda sonora de canciones concretas, y hacer una pequeña playlist de canciones que relaciono con el libro. Me ayudan a permanecer dentro de la historia mientras dibujo -asegura Ester García-. Desde hace un tiempo, además, he incorporado otra pequeña costumbre. A medida que voy avanzando en las ilustraciones, las coloco unas junto a otras en un panel, todas a la vista, para convivir con ellas. Me gusta ver cómo dialogan entre sí cuando están en proceso, y me ayuda a que el libro conserve una armonía visual de principio a fin y tenga coherencia.


¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Acabo de terminar un álbum ilustrado para pequeños lectores, y ahora mismo estoy comenzando a ilustrar un clásico al que le tengo muchas ganas”.
Álbum Ilustrado
Ina Hristova ilustra ‘Haikus para detener un tren’
‘Haikus para detener un tren’ es un viaje poético que cuenta la historia de una guerra desde los ojos de un niño. Cada haiku revela un instante: un estallido, el sinsentido, la pérdida y el miedo, la esperanza y, finalmente, el resurgir de la vida. El libro avanza como una travesía poética con un lenguaje mínimo y delicado, convirtiendo la devastación en poesía y el dolor en un canto a la resiliencia. Una obra para detenerse, mirar y recordar que, incluso después de la guerra, la vida siempre encuentra cómo volver a florecer. Un trabajo de Fran Pintadera e Ina Hristova que edita Libre Albedrío, y sobre el que hablamos más en profundidad con Ina.

¿Dónde está el embrión de este libro? “Creo que todo nace de una necesidad interna de entender el dolor que provoca la guerra, entender la fuerza que te arrebata todo. Y encontrar una semilla de fe que te sostenga con lo que queda y con estos restos reconstruir como un acto de resiliencia y esperanza -asegura Ina Hristova-. Recibí la invitación de Gema Sirvent de Libre Albedrío en un momento de mucho dolor y tristeza por lo que está atravesando el mundo, me atraviesa la incertidumbre”.
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Encontrarán una historia que se repite en distintas latitudes, en distintas generaciones. Es un viaje poético que cuenta la historia de una guerra desde los ojos de un niño”.



¿Qué te parecieron los textos de Fran la primera vez que los leíste? “Al leer sus haikus sentí un nudo en la garganta, con sus palabras suaves y aterciopeladas nos adentra en la paz de la vida cotidiana de una infancia y luego nos impacta con el estallido, rugidos, plomo, gritos, el vacío y el llanto -continúa Ina Hristova-. Fran Pintadera sabe que juega con el contraste de sentimientos de alta intensidad y creo que la maestría en su texto está ligada al ritmo minimalista del haiku. Sentí inmediatamente su fuerza y comencé a imaginar”.
¿Qué supone el reconocimiento que ha tenido el libro? “El libro fue reconocido con el IX Premio Muestra de libro infantil y juvenil de la comunidad de Madrid y esto nos alegra mucho porque significa que llegará a más bibliotecas y a más lectores. Es difícil percibir desde la distancia estos reconocimientos, pero siempre es bueno saber que un libro toma sus propios caminos y llega a lugares inesperados”.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Sabemos de antemano que un libro de poemas no suele ilustrarse de manera narrativa, suele necesitar espacio, aire para que la imagen conecte con el texto. Desde un comienzo supimos que nuestra intención sería diferente. En un primer etapa comencé el trabajo en un guión gráfico, lo presenté a Gema Sirvent y hablamos sobre sus posibilidades y efectos narrativos”, afirma Ina Hristova.
“Desde allí propuse un juego con la simbología codificada en los poemas. Tenía la idea de la sombra como presencia, en este primer etapa imaginaba algo más gráfico para el álbum: dibujaba con lápiz de grafito, con tintas. Hasta que sentí que las palabras de Fran cargaban una simbología del color y una atmósfera muy notoria”.



¿Qué dirías que has aprendido con este proyecto? “Tuve mucha claridad desde un principio de cómo quería desarrollar la narrativa interna del libro. A pesar de que es un libro con poemas breves se sostiene una unidad visual y narrativa, los poemas conectan entre sí y crean una imagen más completa. Aprendí a trabajar de manera directa sobre el papel, la imagen necesitaba ser espontánea. Así iba haciendo tres o cuatro versiones de cada imagen y luego decidía cuál tenía la fuerza suficiente para entrar en la maqueta”, nos cuenta Ina Hristova.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Para mí es muy importante que cada libro sea diferente y que me enseñe a buscar matices, distintos lenguajes y comunicar de mejor manera. Lo que me enseñó este proyecto fue abordar la narrativa desde otro tipo de conexiones entre las imágenes. Quería dibujar una infancia que pueda sentirse universal, sin la necesidad de mostrar el personaje principal, quería construir un personaje que pueda ser cambiante. Para mí era importante que se pueda construir la idea de la comunidad, de una familia más universal. Estoy dibujando instantes, momentos de la vida para poder captar esta contemplación, asombro y conexión con la vida que tiene el haiku”.



“El libro comienza con un personaje que está trepando un árbol: árbol que luego se convierte en un lugar emblemático. Desde allí el personaje comienza a contar su historia. Se despliega su sombra sobre la casa, se asoma por la ventana (otro elemento clave en las ilustraciones). Convive con sus hermanos y su madre en la cotidianidad y parece que nada acecha su paz. Una de las imágenes que rompe este esquema es la bandada de aves que ve a lo lejos como presagio de algo que se acerca. Jugué y experimenté mucho con esta imagen, ya que quería lograr impacto. En esta imagen descubrí el poder de la tinta permanente sobre la cera de óleo y a partir de allí tuve más claridad de cómo iba a abordar el libro a nivel técnico y simbólico a través de los materiales”.
“Era importante reflejar el paso del tiempo para poder cicatrizar la herida, para poder reconstruir la esperanza. Juego con la metáfora del tren transformado en una bestia que engulla el pueblo y arrasa con todo y deja una huella en todo lo que toca. Es una huella física de tinta que se superpone sobre el óleo, el color repela la maldad y aun así logra quedarse sobre el papel un rastro… Para mí fue importante usar los materiales y su gestualidad natural.”




Con qué técnicas trabajaste? “Nunca había hecho un libro con ceras al óleo -confiesa Ina Hristova-. Es una imagen que se crea con muchas capas, iba usando el material y diluyendo los colores con aceite de linaza para construir texturas y matices. De allí algunas de las pinceladas que marcan el libro. Todo supone un experimento, no sabía si la tinta iba a funcionar encima del óleo. Es un libro que dependía de mucha gestualidad y libertad en el trazo de la tinta y las ceras de óleo. Buscaba crear algo de contraste en el libro, quería conseguir una atmósfera aterciopelada y contrastarlo con la tinta negra permanente. También experimenté con el lettering del título y los capítulos porque sentía que tenía que responder a la estética del libro. Fue muy bonito que la editora respetara esta decisión creativa”.
Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. “Intenté construir una narrativa abierta a partir de los poemas y usé el concepto de la transformación con los símbolos que se repiten y se encuentran entre sí: las nubes se transforman desde las primeras páginas, los pájaros se convierten en bombas, la flor de bugambilia se transforma en pájaro, la flor en alimento, la piedra en huevo, el huevo en pérdida, El cristal roto se transforma en pájaro, el poema en pájaro. La imagen de la ventana es una entrada en el interior de una infancia rota por la guerra. Es una imagen que me detonó una fotografía de Sebastiao Salgado. Tuve muchas otras referencias como por ejemplo los grabados de Katte Kollwitz, que para mí siempre fueron una referencia del dolor, la guerra y la maternidad”.

¿Con qué haiku te quedas? “Me quedo con una frase de Fran Pintadera que da cuerpo a mi sentir en el mundo ahora: No hay guerra que suceda lejos. No hay llanto que me resulte ajeno”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Estoy terminando un proyecto personal sobre la creación, la maternidad, la crianza y el juego que he ido escribiendo en los últimos tres años. Sigo escribiendo historias que esperan su turno a ser dibujadas. También estoy ilustrando una novela de Héctor Gómez Navarro, un autor muy querido que marcó mi comienzos como ilustradora. Es bonito volver a conectar con su escritura diez años después de conocernos”.
Álbum Ilustrado
Iacopo Bruno y Francesca Leoneschi dan forma a ‘Inseparables’
Bajo las aguas, dos seres aparentemente lejanos comparten un mismo dolor. Ichi, un pulpo tallador de palabras, busca salvar a su padre. Lucy, inmóvil entre los restos de un barco hundido, se deja mecer por la corriente. Esta narración ilustrada entrelaza sus destinos en una historia profunda, poética y visualmente deslumbrante sobre la pérdida, la esperanza y los lazos invisibles que nos unen. Edelvives edita ‘Inseparables’, un trabajo de Francesca Leoneschi e Iacopo Bruno. Con éste último charlamos un poco más en profundidad sobre su trabajo en este libro.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “Inseparables nació un día de verano entre las olas de las Cinque Terre a bordo de nuestro gozzo (un barco de pesca tradicional) Alina, mientras buscábamos el personaje para una historia de tintes gótico-victorianos. En ese preciso momento nació Ichi, el pequeño pulpo de la familia Real. Cuando nos dimos cuenta de que nuestra historia podía transcurrir bajo el nivel del mar, se nos abrió todo un mundo lleno de sepias que tiñen el mar de negro y de mantas que ocultan la luz del sol en señal de luto por la muerte del padre de Ichi, el Príncipe Consorte”.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Encontrarán un inusual mundo marino donde se fortalece el vínculo y la amistad interespecie entre Ichi y Lucy, la niña que vive en el Abismo entre los tablones del naufragio del Golden Mary en busca de su corazón”, nos cuenta Iacopo Bruno.

¿Cómo fue el proceso de construcción de esta la historia? “Inseparables lo escribimos a cuatro manos pero, dado queFrancesca Leoneschi y yo estamos acostumbrados por trabajo a dialogar a través de imágenes, primero lo imaginamos visualmente de forma muy detallada. Después, bastó con sentarse y escribirlo de un tirón, pasándonos el texto el uno al otro para recortar, corregir o añadir”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… ¿Cómo nacen estos personajes? “Francesca y yo siempre investigamos mucho, lo cual nos sirve para visualizar las escenas y los personajes, como te decía -continúa Iacopo Bruno-. Luego empezamos a contarnos la historia el uno al otro durante los largos viajes en coche cuando nos desplazamos de un lugar a otro. En cuanto la historia empezó a tomar forma, comencé a plasmar los pensamientos sobre el papel. Normalmente, cuando empiezo un libro, le dedico un cuaderno entero bastante grande, y para ‘Inseparables’ también llené un cuaderno de bocetos. El posfacio del libro reúne una selección de estos bocetos para que el lector pueda entrar entre bastidores en un proyecto como este”.


¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Diría que el reto consistió en fusionar el mundo marino con la época victoriana y hacer que resultara fascinante y creíble, pero sobre todo el esfuerzo se centró en intentar captar de forma sincera las emociones que caracterizan la historia. La novedad con ‘Inseparables’ es que durante treinta años he ilustrado libros para otros autores; esta vez, las ilustraciones eran para un libro totalmente nuestro. Fue un reto muy exigente porque Francesca y yo somos unos clientes decididamente exigentes”.


¿Con qué técnicas trabajaste? “Te agradezco mucho esta pregunta porque tengo un interés especial en recalcar que todas las ilustraciones de ‘Inseparables’ están realizadas de forma tradicional, es decir, son todo láminas originales pintadas con acuarela sobre papel. Durante años coloreé mis láminas de forma digital, pero desde hace unos seis años prefiero las técnicas tradicionales, analógicas por así decirlo. Trabajo al óleo, con tintas de colores, lápices e incluso con acuarela, como en el caso de Inseparables. Las técnicas tradicionales me ayudan a concentrarme y a sumergirme en el trabajo, y me dejan láminas originales en lugar de archivos guardados en discos duros que probablemente ya ni siquiera pueda abrir. El papel tiene otro encanto y una durabilidad excelente”, asegura Iacopo Bruno.


Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Como te decía, primero investigo, luego intento visualizar mentalmente, después paso las ideas a un cuaderno grande y solo entonces me sumerjo en la lámina definitiva. Hago los dibujos a lápiz sobre un papel de altísima calidad que me permite, a pesar de los borrones, obtener un dibujo final muy limpio. Para ‘Inseparables’, transferí el dibujo a un papel para acuarela utilizando un escáner y una impresora de excelente calidad. En ese momento coloreo y la lámina ya está lista”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sí, siempre estoy trabajando en nuevos proyectos. Actualmente, el trabajo más exigente es un libro ilustrado para una editorial francesa del que todavía no puedo contar mucho, salvo que serán 40 ilustraciones a color dibujadas con plumilla y coloreadas con tintas; y una novela ilustrada para una editorial estadounidense, que también es confidencial por ahora. Sin embargo, el trabajo que está llenando mi nuevo cuaderno es nuestro próximo libro, basado en un relato original de Francesca Leoneschi. ¡Esta vez estaremos en tierra firme, pero siempre rodeados por un mar tempestuoso!”
-
Álbum Ilustrado1 mes agoIacopo Bruno y Francesca Leoneschi dan forma a ‘Inseparables’
-
Álbum Ilustrado1 mes agoPedro Oyarbide ilustra ‘El rayo que no cesa’
-
Álbum Ilustrado1 semana agoIna Hristova ilustra ‘Haikus para detener un tren’
-
Cómic7 días agoJúlia Rubau nos descubre ‘El misterio de la Geoda Rosada’
-
Álbum Ilustrado2 días agoEster García y ‘El día en que Úrsula Mon se convirtió en oso’

