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María Rico nos desgrana ‘Versos a la luz de la luna’

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María Rico

Carlos Reviejo escribe a la luna, a la noche, a los sueños y la naturaleza, acompañado por el arte y los colores de María Rico en ‘Versos a la luz de la luna’, quinta entrega de la premiada colección Abril. Esta colección, que publica la editorial Iglú, se propone acercar la poesía de calidad a los más pequeños a través de poetas consagrados e ilustradores de renombre.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “El proyecto nació casi de manera natural. Desde la editorial conocían un trabajo anterior mío ilustrando poesía y sintieron que mi forma de mirar y de construir imágenes podía encajar con la sensibilidad que buscaban para este título de la colección Abril. Cuando me propusieron acompañar los versos de Carlos Reviejo, sentí que era una invitación muy especial. Desde ahí empezó todo, con mucha ilusión y respeto hacia el texto”.

María Rico

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “En estas páginas los lectores encontrarán ilustraciones que nacen de lo cotidiano: pequeños gestos, miradas, juegos, momentos de calma… escenas aparentemente sencillas, pero llenas de emoción -nos cuenta María Rico-. Me interesa mucho esa poesía que existe en el día a día, en aquello que a veces pasa inadvertido. Mi trabajo ha sido detener el tiempo y dar protagonismo a esos instantes, aunque también hay fantasía, escenas imaginadas y metáforas visuales. Todo ello dialoga de una forma natural y sensible con los versos de Carlos Reviejo”.

“He intentado que cada imagen no solo acompañe al poema, sino que lo amplifique, que aporte una atmósfera y una emoción, creando un espacio donde texto e ilustración inviten a sentir”.

¿Qué te parecieron los poemas de Carlos Reviejo la primera vez que los leíste? “La primera vez que leí los poemas de Carlos Reviejo sentí una conexión inmediata -continúa María Rico-. Sus versos te llevan a su tierra, a su universo emocional y poético, con una sensibilidad tan delicada que realmente eriza la piel. Consigue que percibas los aromas, la luz, los paisajes… que te sientas navegando por el cielo, caminando entre pinos o sentada observando la luna. No estaba simplemente leyendo poesía: cada poema se convertía en una experiencia muy cercana. Y cuando algo te emociona de esa manera, el proceso creativo fluye con verdad”.

María Rico

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? “No siempre sigo el mismo patrón cuando afronto un proyecto así, pero en este caso hubo algo muy especial desde el inicio. Antes de empezar a dibujar, tuve una conversación con Carlos Reviejo que fue muy inspiradora. Me transmitió mucha confianza y me dio total libertad para interpretar sus poemas, aportando solo alguna sugerencia puntual, pero dejando claro que quería que yo decidiera y los llevase a mi terreno emocional y visual. Ese gesto de respeto creativo marcó mucho el proceso”, confiesa María Rico.

“A partir de ahí, comencé leyendo los poemas varias veces, dejándolos reposar, permitiendo que las imágenes se formaran poco a poco. Hubo pocos bocetos en papel porque, en este caso, gran parte del trabajo ocurrió primero en mi cabeza: visualicé escenas, atmósferas, gestos… y después busqué documentación para darles cuerpo. Investigué poses, objetos y escenarios, todo lo necesario para construir cada composición”.

María Rico

“En este libro hubo además algo muy bonito: para algunos poemas preparé pequeñas sesiones fotográficas que me ayudaron durante el proceso, y mis dos hijos fueron los modelos en varias de las ilustraciones. Eso aportó una dimensión aún más emocional al proyecto. Una vez tuve clara la imagen, el siguiente paso clave para mí fue la paleta de color. Busqué los tonos que mejor expresaran la emoción que quería transmitir y, cuando esa atmósfera estuvo definida, pasé directamente a crear las ilustraciones finales. Fue un proceso intenso, pero muy fluido”, asegura María Rico.

¿Qué dirías que tiene de singular ilustrar poesía? “Aunque disfruto ilustrando cualquier tipo de proyecto, la poesía tiene algo que la hace muy especial para mí. Ilustrar poesía supone entrar en un territorio imaginario donde todo puede ocurrir, donde las metáforas, los símbolos y las emociones tienen un espacio natural. Es un lugar muy libre, en el que lo real y lo poético conviven, y donde puedo permitir que las imágenes nazcan tanto de la emoción como del texto”.

“La poesía me permite jugar con escenas reconocibles, cercanas, casi cotidianas, pero que contienen siempre un punto mágico, simbólico o emocional que conecta directamente con esa memoria visual que todos llevamos dentro: recuerdos, sensaciones, imágenes que nos han acompañado alguna vez. Me gusta trabajar en ese límite entre lo real y lo evocador. Para mí, ilustrar poesía es manejar un lenguaje en el que me siento muy cómoda: es libertad, es juego, pero también es profundidad y sensibilidad. Es un espacio creativo en el que puedo dibujar no solo lo que veo, sino, sobre todo, lo que siento”, afirma María Rico.

María Rico

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Creo que en este libro mi voz como ilustradora se muestra de una forma muy sincera. Las ilustraciones hablan mucho de cómo me gusta traducir emociones y sensaciones en imágenes aparentemente sencillas, pero cargadas de significado. Me interesa contar sin decirlo todo, sugerir más que explicar, dejar que la emoción se perciba a través de gestos, atmósferas y escenas cotidianas que invitan a sentir”.

“Con respecto a otros trabajos, ilustrar ‘Versos a la luz de la luna’ me ha permitido explorar un territorio diferente. Aquí no estaba narrando una historia lineal ni una única poesía, como en otros proyectos, sino interpretando versos y convirtiéndolos en imágenes. Ese diálogo entre palabra y dibujo ha sido un juego creativo muy enriquecedor, que me ha mantenido atenta y conectada durante todo el proceso. Además, la temática del libro ha supuesto para mí explorar un imaginario en el que he disfrutado mucho entrando y encontrando mi manera de habitarlo visualmente. En este proyecto hay continuidad con mi esencia, pero también descubrimiento y crecimiento”.

María Rico

¿Con qué técnicas trabajaste? “Cada proyecto me pide una forma distinta de trabajar. Manteniendo mi voz artística, estudio qué técnica resulta más acertada en cada caso -continúa María Rico–. Estoy en un momento personal y profesional en el que me siento muy abierta a explorar, investigar y cambiar de proceso si la obra lo necesita. Me gusta pensar que la técnica está siempre al servicio de lo que quiero transmitir. En este libro he trabajado con técnica mixta. Hay partes más definidas, especialmente en los rostros y en aquellos elementos donde considero que la precisión aporta significado, realizadas con lápiz de madera. Conviven con zonas mucho más libres realizadas con pincel y tinta, otras hechas con monotipos de tinta sobre plancha de silicona, manchas y texturas generadas de manera más intuitiva sobre papeles reciclados o superficies preparadas previamente”.

“Todo ese material lo integro después en digital. Trabajo en Photoshop, donde uno las distintas capas y ajusto atmósferas y color -ya que muchas de las ilustraciones nacen primero en blanco y negro- hasta que la imagen final encuentra su equilibrio. Es una técnica que combina control y espontaneidad, definición y emoción, algo que encaja muy bien con la poesía”.

María Rico

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Este libro, la mayor parte del proceso creativo tuvo lugar en horas nocturnas, que eran las que en ese momento me permitían encontrar calma, silencio y espacio interior. Curiosamente, el propio título del libro se convirtió también en una compañía simbólica durante el proceso: ilustrar Versos a la luz de la luna… Fue un trabajo íntimo. Había algo casi ritual en esas noches de creación: leer, sentir, dejar que la poesía respirara y, poco a poco, permitir que las imágenes fueran apareciendo”, nos desvela María Rico.

“Además, he tenido la suerte de contar con el cariño y la sensibilidad de Carlos Reviejo durante todo el camino. En más de una ocasión le compartí emociones que surgían mientras ilustraba sus poemas. Recuerdo especialmente la ilustración para “La alondra levanta el vuelo”. Saber que estaba dedicada la convirtió en un momento muy bonito. Seguí su recomendación de escuchar música de Vaughan Williams mientras trabajaba y, casi sin darme cuenta, la imagen apareció: una niña bailando, con su capa convertida en alas, con el color y la luz construyendo ese amanecer que evocaba el poema. Fue uno de esos momentos mágicos en los que texto, emoción e imagen se unen de manera natural. En definitiva, ha sido un proceso cuidado y muy mío”.

María Rico

De los poemas del libro, ¿con cuál te quedas? “Elegir un solo poema es realmente difícil, porque cada uno me ha llevado a un lugar emocional distinto. Aun así, hay algunos que guardo de una manera muy especial. “Se ha dormido la luna” me parece precioso; hay un verso en particular -“Se ha dormido la luna / sobre unas nubes / de algodones y espuma, / de gasa y tules”- que me atrapó desde la primera lectura por su delicadeza y su capacidad de crear imagen y atmósfera casi al instante”.

“También me emociona mucho “El viento en los pinos”, por esa idea tan sugerente de la luna como una niña que, con su pincel de plata, pinta de azul los senderos. Es una imagen poética que conecta directamente con mi manera de imaginar y dibujar. “En mi barco de papel” fue otro poema muy especial para mí, porque disfruté enormemente construyendo la ilustración y dejándome llevar por su universo”.

“Y hay poemas como “Versos para Olivia”, donde la relación entre abuelos y nietos me parece profundamente tierna y conmovedora, o “Paisaje con lluvia”, siempre evocador, con unos versos de una belleza muy sutil. En realidad, cada poema ha sido un pequeño regalo y ha encontrado su lugar dentro del proceso creativo”.

María Rico

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Este 2026 ha comenzado con muchos proyectos nuevos, algo que me llena de ilusión y energía. En estos momentos estoy inmersa en un nuevo libro para Editorial Iglú; se trata de un texto que no es poesía, y cuya entrega está ya muy próxima. Además, estoy terminando un álbum ilustrado de proyecto personal, en el que he trabajado tanto el texto como las ilustraciones. Es un proyecto muy especial para mí, y tengo muchas ganas de comenzar a compartirlo con editoriales y ver si encuentra su camino de publicación”, afirma María Rico.

“Paralelamente, estoy preparando una serie de ilustraciones para concursos, un espacio que para mí funciona casi como un reseteo creativo entre proyecto y proyecto, donde puedo experimentar, probar nuevas ideas y seguir creciendo como ilustradora”.

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Richolly Rosazza nos habla del trabajo tras ‘Tornare’

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Richolly Rosazza

Cuando el invierno llama a las puertas de la ciudad, decide marcharse a un lugar donde aún es verano. Al regresar a casa, una sensación de inquietud la llevará a emprender nuevos viajes, en un intento por llenar el vacío que se ha instalado en sus pensamientos. Así comienza un viaje interior a través de las estaciones, entre partidas y regresos. Un relato poético de crecimiento interior, viajes y el descubrimiento de lo que verdaderamente importa. Así nos presenta Kite Edizioni ‘Tornare’, un álbum ilustrado de Nadia Al Omari y Richolly Rosazza. Con éste último hemos charlado un poquito más sobre este proyecto.

¿Cómo llega a tus manos este proyecto? “Tornare es un proyecto que nace inspirado en uno de mis cuadros y en la idea de trabajar sobre las estaciones. Después, Nadia me entregó el texto y empezamos a trabajar juntos sobre la idea general del proyecto”.

Richolly Rosazza

¿Qué es lo que más te gustó de este proyecto? ¿Qué te pareció la historia de Nadia la primera vez que la leíste? “Del proyecto me gustó mucho la idea del viaje y, sobre todo, que el lugar al que llega la protagonista es un lugar que Nadia y yo conocemos bien. Además de realizar nuestros proyectos juntos, somos pareja y estamos casados, así que es un lugar que forma parte de nuestra vida. Busqué representar, de alguna manera, ese lugar y llevarlo al mundo de la historia. La historia me gustó mucho desde el principio, pero, trabajando juntos en nuestros proyectos, sé que puede evolucionar un poco durante el proceso. Me gusta esa posibilidad de ir descubriendo cosas nuevas mientras trabajamos”, asegura Richolly Rosazza.

¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Los lectores encontrarán una historia introspectiva y poética, en la que podrán reconocerse, al menos en parte. Tornare habla de viajes, partidas y regresos, pero sobre todo de ese viaje interior que todos emprendemos en algún momento para intentar comprendernos y encontrar aquello que realmente importa. Una historia sobre el crecimiento, las relaciones y la búsqueda de un lugar al que, más que volver, sentir que pertenecemos”.

Richolly Rosazza

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Busco crear en mis libros un escenario poético y onírico, donde lo cotidiano pueda convivir con lo fantástico. Me gusta crear imágenes que no lo explican todo, que dejan espacio a la imaginación y a la interpretación de cada lector -continúa Richolly Rosazza-. La naturaleza, las estaciones y los paisajes tienen un papel importante, porque acompañan y reflejan el mundo interior de los personajes. Intento que cada ilustración transmita una sensación o una emoción, más que simplemente representar lo que ocurre en la historia”.

Richolly Rosazza

¿Con qué técnicas trabajaste? “Para este libro utilicé acrílico y óleo sobre lienzo. Es una técnica que amo y que, hasta ese momento, había utilizado solo para mis cuadros. Sentía que Tornare necesitaba algo diferente, una técnica con presencia, que pudiera acompañar su parte más poética y emocional. Trabajar directamente sobre lienzo también me permitió disfrutar mucho de la materia y de la textura de la pintura”.

Háblanos un poco de ese recurso de la hoja a través de la que solo vemos el ojo o los ojos de los personajes… “Me gusta la idea de que la naturaleza forme parte de mis personajes, casi como una manera de fusionarlos con el entorno. La hoja funciona como una especie de máscara, con dos aberturas que son como ventanas o puertas: permiten al espectador acercarse y sentir curiosidad, pero también marcan un límite. Podemos ver los ojos del personaje, podemos intuir lo que siente, pero no podemos entrar en sus pensamientos sin su consentimiento”, afirma Richolly Rosazza.

“La idea nació de un cuadro que pinté durante el lockdown, cuando buscaba trabajar sobre algo enigmático y misterioso. Después sentí que este recurso podía encajar muy bien en Tornare, porque me permitía reforzar ese mundo onírico y dejar que algunas cosas permanecieran ocultas”.

Richolly Rosazza

¿Qué has aprendido con este proyecto? “He aprendido que limitarme pensando que una determinada técnica es adecuada para mis proyectos de ilustración puede ser un error. A veces salir de nuestra zona de confort y experimentar nos puede llevar a resultados inesperados y sorprendentes. Tornare me enseñó precisamente eso”.

Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “En general, para todos los proyectos que he realizado junto a Nadia, el proceso es casi siempre el mismo. Ella escribe el libro, a veces inspirándose en uno de mis personajes o, como en este caso, en uno de mis cuadros. Después me entrega el texto, hacemos juntos la división en páginas y preparo un storyboard. Diría que esta es la parte más difícil del proceso, porque es cuando tengo que encontrar el ritmo de la historia y decidir cómo se desarrolla visualmente página a página”, nos cuenta Richolly Rosazza.

“Una vez que tengo el storyboard aprobado, paso a realizar las ilustraciones definitivas. En esta fase me doy la libertad de añadir pequeños detalles o hacer algunos cambios que no comprometan la esencia del proyecto, pero que pueden enriquecer las imágenes y aportar algo más a la historia”.

Richolly Rosazza

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy evaluando algunas historias sobre las que me gustaría trabajar. Ya tengo algunas propuestas y estoy viendo cuáles pueden convertirse en mis próximos proyectos. Por ahora estoy en una fase de evaluación y de búsqueda, intentando encontrar aquellas historias que realmente me despierten algo y que me den ganas de trabajar visualmente sobre ellas”.

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Raquel Catalina nos presenta a ‘Nina y Tita’

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Raquel Catalina

Nina y Tita son dos abuelas muy distintas a las que aparecen en los cuentos. No caminan con bastón ni se quedan en casa tejiendo: una siempre anda deprisa; hace dieta y va a la piscina; la otra se mueve en bicicleta; cocina a la parrilla y practica yoga. ¿Será entonces que los libros están equivocados? Todo se desvelará en la próxima reunión familiar. Con estas palabras la editorial Kalandraka nos presenta ‘Nina y Tita’, un álbum ilustrado de Beatriz García-Huidobro y Raquel Catalina. Con ésta última hemos hablado un poquito más sobre su trabajo en este libro.

¿Dónde está el embrión de este libro? “Curiosamente Manuela Rodríguez, editora de Kalandraka, me propuso este libro antes de presentarme con Arianna Squiloni al Premio Internacional Compostela. Y como al final ‘Grande y pequeña’ ganó, hubo que aplazarlo un tiempo. Así que cuando empezamos con el libro, había tenido ya la oportunidad de trabajar con Manuela y de conocernos”. 

Raquel Catalina

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Hay varias lecturas, pero a mí me gusta mucho la que habla de modelos y de generaciones distintas. La niña protagonista es aún una “página en blanco” y su familia, las mujeres que la preceden, son un espejo en el que mirarse y además, van llenando su vida de experiencias, de recuerdos. A la mesa de cumpleaños se sientan cuatro generaciones y creo que es inevitable pensar los cambios enormes que ha habido de unas a otras”, asegura Raquel Catalina.

¿Qué te pareció la historia de Beatriz la primera vez que la leíste? ¿Has tenido referentes para crear estos personajes? “Cuando leí el texto de Beatriz, la primera imagen que me vino a la cabeza fueron mis compañeras de gimnasio. Hago deporte por las mañanas y hay un grupo de amigas mayores que son tremendamente constantes y, sobre todo, ¡muy disfrutonas! Su mañana de gimnasio termina en la cafetería, con el almuerzo, las risas y las bromas”.

“Me da siempre la sensación de que son mujeres que han conquistado un espacio nuevo, que su manera de habitarlo es una celebración constante. Por eso disfruto con ellas, las observo mucho. En el libro es una niña la que habla de sus abuelas y de sus bisabuelas, no me parece casual que el texto hable de mujeres y que sea para describir una ruptura de roles, una ampliación de posibilidades, de cómo se ha desmontado un estereotipo. ¡Y luego además me di cuenta de que abuela podría ser yo misma! Es muy agradable pensar que no hay nada escrito sobre cómo debe de ser una abuela”, nos cuenta Raquel Catalina.

Raquel Catalina

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Tiendo a observar mucho a la gente, y sí, suelo llevar algún cuaderno para dibujar. En este caso, las bisabuelas son más cercanas al imaginario de los cuentos. Sus proporciones y su tamaño están estilizados. Las abuelas, en cambio, son más realistas. En mi cabeza tenía referencias de mujeres que conozco para Nina y Tita, no solo físicamente, sino también en su espíritu, en su manera de estar, en el tipo de energía que transmiten. Mis referencias, no obstante, son un punto de partida, una orientación, el personaje termina de tomar cuerpo en el papel, a base de pruebas”. 

¿Qué dirías que has aprendido con este proyecto? “Aprendo mucho trabajando con Manuela, la editora. Y eso que empezamos teniendo ideas distintas sobre algunos puntos, pero creo que ella me hizo algunas concesiones, y yo, desde luego, aprendo mucho de su mirada”, confiesa Raquel Catalina.

Raquel Catalina

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Desde un principio Nina y Tita se iba a incluir también en la colección de Minilibros Imperdibles, que miden 7 cm. Ese condicionante técnico fue muy interesante, tuve que trabajar todo el tiempo pensando en simplificar los dibujos y hacerlos legibles a ese tamaño. Me gusta mucho esa colección, me parece una idea preciosa. Son perfectos para llevarlos de viaje, en el bolso, son una alternativa maravillosa para esos momentos en que muchos padres recurren al móvil para entretener a sus hijos”.

No es la primera vez que dibujas un personaje con el pelo blanco… “La verdad es que después de mi primer libro con un personaje de un abuelo, “A manta do José”, me han ofrecido muchísimos libros con abuelos y abuelas, muchos más de los que he hecho en realidad. Creo que tiene que ver precisamente con que no suelo dibujar el estereotipo de abuelo o abuela”, afirma Raquel Catalina.

Raquel Catalina

¿Con qué técnicas trabajaste? “Hice una base de lápiz y grafito y luego lo coloreé digitalmente. La verdad es que no es mi manera habitual de trabajar”. 

Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. “Bueno, una parte interesante para mi era que, en esa cantinela que compara las abuelas de los libros con las abuelas de la protagonista, la parte que muestra a Nina y Tita estaba bastante clara, pero como contar la otra parte no. Ahí se me ocurrió que fuesen preparando la fiesta de la tarde, y ella anda por aquí y por allá con su libro, que además un libro concreto Caperucita roja, y me gusta mucho reflejar ese deambular infantil, sin hacer nada y haciendo de todo. Ese es el tiempo que les roban muchas veces las pantallas”. 

Raquel Catalina

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sí, tengo por delante tres proyectos de esos que ilusionan y con gente con las que es maravilloso trabajar, mentes deslumbrantes. Pero es pronto para contar…”.

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Carolina Luzón y Juan Mata nos dicen que ‘Siempre amanece’

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Carolina Luzón

Una noche, un cuerpo indefenso, una sombra, un abuso, un miedo, un daño irreparable.
Con gran delicadeza, autor e ilustradora ponen imágenes al horror de la violencia sexual contra la infancia y la adolescencia. Con estas palabras La Maleta Ediciones nos presenta ‘Siempre amanece’, un álbum ilustrado de Juan Mata y Carolina Luzón. Con ellos hemos charlado sobre este proyecto. 

¿Cómo nace este proyecto? Juan Mata: “Por un deseo de llevar a un álbum ilustrado un asunto tan lacerante como el de los abusos sexuales contra la infancia y la adolescencia. Considero que los libros infantiles deben explorar también las zonas oscuras de la existencia humana. No es un capricho ni una provocación. Si damos crédito a las cifras habituales sobre violencia sexual en la infancia y adolescencia, deberíamos aceptar que casi el 30% de ellos la ha sufrido en esos años, lo cual es una atrocidad. Eso quiere decir que para muchos de los alumnos que asisten a diario a los colegios o los institutos esa lacra no es un asunto imaginario sino vivido. Siempre que en algún centro escolar me he referido a esta cuestión he comprobado que la inmensa mayoría de alumnos sabía de qué estaba hablando, tenían noticias al respecto y lo habían comentado entre ellos”. 

¿Cómo llega a tus manos este proyecto? Carolina Luzón: “Me llega a través de Juan Mata, el autor del texto. Ya habíamos intentado trabajar juntos en una ocasión anterior pero no llegó a materializarse y en esta ocasión no dude en aceptar su propuesta”.

Carolina Luzón

¿Qué te pareció la propuesta de Juan Mata para este libro? “Igual de interesante que de compleja. El tema del que habla el libro, el abuso sexual a menores, es muy delicado, muy duro y conseguir tratarlo sin que fuese demasiado desagradable o explicito fue todo un reto”.

¿Qué van a encontrar los lectores y lectoras en ‘Siempre amanece’? “Pues delicadeza, sensibilidad, belleza -nos cuenta Juan Mata-. El drama que se aborda no admite frivolidad ni zafiedad. Si de lo que se trata es de mostrar los dañados sentimientos de una víctima de abusos es obligado hacerlo con la máxima prudencia y el máximo pudor. Y hacerlo además con imágenes que sugieran más que evidencien. Hemos considerado que en este caso las metáforas y las insinuaciones eran la vía más valiosa para hablar sin ocultar, para mostrar sin angustiar”. 

“Pues encontrarán un libro hecho con muchísimo respeto, que me encantaría que pudiera ser una herramienta efectiva para poder afrontar el tema con las víctimas de abuso -afirma Carolina Luzón-. Las imágenes dan pie a muchas interpretaciones, pueden abrir muchas puertas y facilitar el diálogo y la comprensión de la gran variedad de situaciones y emociones que suscita esta problemática”. 

Carolina Luzón

¿Cómo valoras el formato de álbum ilustrado para abordar asuntos como los que aborda este libro? “Nos parecía el formato apropiado, teniendo en cuenta además los potenciales destinatarios del libro -continúa Juan Mata-. La estrecha unión entre palabra e ilustración hace del álbum ilustrado el medio idóneo para contar una historia de modo preciso y mesurado. La condensación que requiere un álbum nos desafiaba a plasmar lo esencial sin perderse en divagaciones. La secuencia visual es en este caso fundamental. Los ojos o los brazos de un depredador sexual, por ejemplo, pueden ser protectores o hirientes, de modo que las imágenes que mostraran esa dicotomía debían poseer una gran carga simbólica para, como decía antes, decir lo indecible, para dejar constancia sin necesidad de agredir la mirada”.

Háblanos un poco del trabajo previo al libro, me refiero a esa fase de investigación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Aunque cada proyecto tiene vida propia y crece de una manera diferente, la fase previa suele ser la misma. En mi caso, pensar. Pensar y pensar hasta que se va dibujando en mi cabeza -nos cuenta Carolina Luzón-. Hablé con Juan para entender bien qué le había motivado para realizar este texto y qué quería conseguir con él. No he hecho ningún dibujo preliminar, ni siquiera un story, en esta ocasión cada imagen me ha dado pie a la otra y el libro ha ido creciendo poco a poco. De hecho se ve una evolución de la primera a la última página que es la que he ido sufriendo yo en los 4 meses en los que estuve trabajando en este proyecto”.

¿Qué te parece el trabajo de Carolina en este proyecto? ¿Cómo ha sido el trabajo con ella? “Excelente, como se puede deducir de lo que vengo diciendo. Es una gran ilustradora. Ha sido un trabajo cooperativo, de diálogo permanente -afirma Juan Mata-. Era un camino que debíamos hacer juntos, que nos afectaba a ambos. Si bien había un texto inicial que servía de guía, lo cierto es que Carolina lo desbordó y fue creando imágenes cada vez más autónomas y sugestivas que hizo que en algunos momentos hubiera necesidad incluso de alterar el texto, pues ella iba contando una historia visual a la que el relato debía ajustarse. Ese diálogo ha sido muy respetuoso por ambas partes y muy fructífero”.

Carolina Luzón

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Quería que fuesen imágenes luminosas, que pudieran transmitir una idea de calma y esperanza a pesar del dolor -asegura Carolina Luzón-. Aparecen, como en todas mis imágenes, las texturas, que en este caso simbolizan las diferentes capas que vamos acumulando en la vida. A veces las capas que ponemos sobre los problemas para no verlos, para no tener que afrontarlos. Colores tenues, cálidos y fríos. Imágenes simples y complejas a la vez, llenas de simbolismo y significado. Detalles ocultos”. 

¿Qué hay de diferente con respecto a otros trabajos? “Por primera vez utilizo el libro como objeto, es decir, el hecho de que se divida en dos partes para hablar de esta dualidad de situaciones, de sentimientos, que se pueden generar en las víctimas. Por eso las imágenes usan esta división, para separarse, para mezclarse, para confundirse”.

¿Con qué técnicas trabajaste en este caso? “He realizado todos las imágenes con a tableta gráfica”.

Carolina Luzón

Cuéntanos un poco más sobre el proceso de elaboración de este libro. “Exceptuando dos imágenes que son un poco más explícitas para centrar el tema, las demás, diría que se pueden aplicar a cualquier tipo de problemática, son muy abiertas y metafóricas y pueden dar pie a muchas y personales interpretaciones. Creo que hay una evolución hacia la abstracción, hacia la transmisión del mensaje, cada vez más directo y con menos elementos”, afirma Carolina Luzón.

¿Cómo ves también el libro como herramienta para profesionales que trabajen con menores? “Justificaría con creces la publicación del libro si en alguna consulta pediátrica o psicológica, o en alguna biblioteca o aula, el libro sirviera para quebrar el silencio y la angustia de alguna víctima de abusos -confiesa Juan Mata-. En algunos casos, el libro puede servir para abrir los ojos, pero en otros también para abrir la boca, como sucede con la protagonista del relato. Lo normal en las víctimas es encerrarse en el mutismo, entre otras razones porque no tienen palabras para esa experiencia, no saben qué ni cómo decir lo que les ha pasado. Sienten vergüenza además y miedo a hablar. Si el álbum sirviera para crear un espacio de seguridad y confianza, el objetivo estaría cumplido con creces”.

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