Álbum Ilustrado
Mario Jodra y su visión de ‘Canción de Navidad’
La historia del avaro Ebenezer Scrooge, visitado por tres fantasmas en Nochebuena, ha emocionado a generaciones desde su publicación en 1843. Esta narración -una de las más emblemáticas de Charles Dickens- regresa en una cuidada edición ilustrada de Edelvives que resalta su carácter social y su mensaje de redención, tan vigente hoy como en el siglo XIX. ‘Canción de Navidad’ se presenta en su versión original, acompañada por las poderosas imágenes en blanco y negro de Mario Jodra, ganador del V Premio Internacional de Ilustración. Su propuesta visual, expresiva y comprometida, da nueva vida a los escenarios y personajes del relato, poniendo el foco en los contrastes sociales y en la transformación interior del protagonista. Con Mario Jodra hemos charlado un poquito más sobre este libro.
Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. ¿Qué supone el Premio Internacional de Ilustración? “El proyecto nace a través del V Premio Internacional de Ilustración Edelvives. Para mí supuso un gran honor, y una excelente oportunidad de trabajar con una editorial de gran talla que realiza ediciones de lujo, muy cuidadas al detalle, que suelen ser reconocidas también con premios a los libros mejor editados, como uno reciente concedido por el Ministerio de Cultura, un proyecto que también nació a través del Premio Internacional de Ilustración Edelvives”.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Una edición muy completa de esta obra clásica, con una traducción excelente, acompañada de anotaciones que le dan otra dimensión -comenta Mario Jodra-. En lo que respecta a mi trabajo, encontrarán una versión ilustrada muy personal, con mi visión más característica y oscura, basada en las sensaciones y experiencias que me transmitía Londres. Allí viví durante unos años, y parece que algunas cosas no han cambiado desde 1843, o, en algunos aspectos, se han transformado en algo mucho peor de lo que narraba Dickens en su obra. He querido reflejar esos pensamientos con mis dibujos. Muchos rincones que aparecen allí son lugares donde he vivido, como el East End de Londres”.
¿Cómo era tu relación con este clásico de Dickens y cómo ha cambiado tras este trabajo? “Es una obra totalmente universal. Está presente y arraigada en la cultura popular de todo el mundo, y ha pasado a ser parte del imaginario colectivo. En mi infancia debió haber muchos encuentros con ‘Canción de Navidad’. Está representada en más de 100 versiones de todo tipo y medio, desde los Teleñecos/The Muppets hasta versiones libres cinematográficas como ‘Los fantasmas atacan al jefe’. Además, las referencias a la obra son incontables”.

“Con respecto a cómo lo he visto después de ilustrar la obra, he podido profundizar más en Dickens y sentirme más próximo a sus palabras e intenciones -continúa Mario Jodra-. ‘Canción de Navidad’ es una obra moralista que denuncia miserias y pecados, y apela al miedo para corregirlos. La forma que tiene Dickens para transmitir todo esto es muy parecida a las fórmulas del terror gótico, muy de moda en esa época. Y es así como la he visto tras este encuentro escrutador, y esta interpretación es la que también he querido reflejar con mis dibujos: un cuento de terror oscuro. Y esa visión sería mi principal aportación (volviendo de nuevo a la pregunta anterior)”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, también después de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Pues hice un trabajo previo de documentación muy exhaustivo, meses antes de comenzar a trabajar con la editora y la directora de ilustración. En primer lugar acudí a la obra de Dickens, y a las diferentes versiones de ‘Canción de Navidad’, tanto de ediciones ilustradas como cinematográficas o teatrales. Me empapé de la época, buscando todo tipo de material. Para crear un armazón visual y simbólico utilicé cientos de fuentes distintas, muchas veces sin vinculación con la obra, ni con la época ni con la ciudad de Londres, pero que me han servido para reconstruir una imagen de todo ello, contando además otras historias. Como a veces esa reconstrucción es una versión de la fuente, se consigue una sensación de familiaridad que hace que se amplíen los sentidos”, afirma Mario Jodra.

“Una vez comenzó el trabajo conjunto, lo primero fue ajustar la estética general con alguna prueba de estilo. Se probó a darle algunos tonos y detalles de color, pero se terminó de decidir que sería íntegramente en blanco y negro puro por el propio tono oscuro que deseábamos darle, y para destacar los juegos orgánicos de textura del carboncillo, y centrarnos en las atmósferas”.
“También hice pruebas con el diseño de los personajes principales, para hacernos una idea de cómo debían ser representados. Después de perfilar este aspecto, nos lanzamos con el story general del libro, y tras darle forma, me lancé al bocetado de cada ilustración. Una vez aprobado todo, comencé su ejecución al carboncillo, para luego hacer unos tratamientos digitales para su remate final”.

¿Cual ha sido tu mayor descubrimiento tras ese proceso o qué te ha sorprendido más? “Más que un descubrimiento o sorpresa, lo que he encontrado como más revelador en todo este proceso es la confirmación de que lo más importante es la base, la idea inicial que tienes en la cabeza -asegura Mario Jodra-. Todo está sujeto a modificaciones, pero los cimientos dan la forma definitiva. Por eso es esencial reflexionar mucho y dar vueltas a todo hasta que cuaje en el terreno de las ideas, que esté todo perfectamente ordenado y visualmente completo en la cabeza antes de tocar un lápiz, y trasladarlo después a bocetos. Y a partir de esos bocetos, sabía lo que tenía que hacer, de cuánto tiempo disponía para ejecutar cada cosa, y cómo debía acabar el resultado, cumpliendo con cada etapa y agenda marcada, y con cierto margen para esas modificaciones, pues esto era un trabajo en equipo que requería de aprobaciones, sugerencias y cambios. Y en ese proceso también necesité convencer y hacer confiar en que lo que tenía en la cabeza iba a salir así”.

¿Cómo realizas la selección de las escenas que vas a mostrar con tus ilustraciones? “Como comenté anteriormente, hubo un proceso de selección durante el story del libro, donde se decidió todo mediante un ajuste consensuado. En primer lugar sugerí cuántas ilustraciones serían necesarias, qué escenas se podrían ilustrar y cómo podrían hacerse, pero todo sin bocetos, solo con las descripciones, por estrofas, y si eran a una página o a doble página. La labor de la editora y la directora de ilustración fue tomar el texto y ver cómo encajaba con el libro en mano, por estrofa, ritmo, cantidad y tipo de ilustraciones, para encontrar un encaje. Yo tenía una idea inicial que jugaba con los ciclos y etapas del tiempo y las repeticiones en las que solía redundar el libro, pero que se tuvo que ajustar por diferentes razones prácticas, como por ejemplo, el hueco que había en el libro, por estrofa, y cómo iba a aparecer cada ilustración sin adelantarse al texto, o quedarse atrás, así que algunas ilustraciones a doble página se quedaron a una, y al revés también. Una vez decidido todo, me lancé con los bocetos, teniendo las escenas muy claras ya en la cabeza, así que todo lo que salió de ahí solo lo tuve que ejecutar después con los carboncillos. Y aun así, también hubo cambios”.
“Ese fue un proceso de varios meses durante los cuales se tuvo que cambiar la idea de los ciclos, y descartar tres escenas que para mí eran importantes, una de ellas, la del carruaje fúnebre que se le aparece a Scrooge en las escaleras de su casa, que podía haber sido visualmente muy potente”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Traté de aportar las atmósferas y la ambientación tenebrosa del terror gótico que el propio Dickens refleja en la obra en algunos tramos, y que no han sido representados en otras versiones, tanto ilustradas como cinematográficas”, afirma Mario Jodra.
“También quise incidir en el papel crucial que tiene el tiempo atmosférico, como por ejemplo la niebla, que desempeña un papel esencial en la narración previa a la aparición de los fantasmas para darle un ambiente de misterio y terror. He consultado cientos de representaciones visuales y, sorprendentemente, apenas se ha tratado esto, incluso a pesar de que la niebla siempre ha estado ligada al Londres victoriano. Solo se suele destacar la nieve que aparece en todo momento, pero es que para Dickens tenía un carácter simbólico que representaba su infancia en la campiña británica, y por eso solo aparece en determinados tramos del cuento en los que habla de la felicidad y la pureza”.

Ya has comentado algo pero, ¿con qué técnicas trabajaste? “La técnica que utilizo para dibujar es carboncillo sobre papel. En esta ocasión decidí que casi todos los dibujos tuvieran un posterior tratamiento digital. Ya lo había hecho antes, pero ahora quise integrarlo en toda la obra. Utilicé texturas hechas con carboncillo como “potenciadores” para crear atmósferas y ambientaciones, así como sombreados y brillos para jugar con los contrastes de impacto, y el carácter orgánico propio de la técnica del carboncillo, la más primitiva y antigua que existe, y que nos lleva a la noche de los tiempos. El carboncillo es muy adaptable y versátil, a veces te lo da todo hecho, y da muchísima cancha para experimentar y darle usos más modernos”, confiesa Mario Jodra.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy con varios proyectos. Estaba retomando los proyectos aparcados de autoedición de mi sello ElSordo.net que se me fueron acumulando, y también concretando detalles para comenzar próximamente un nuevo libro ilustrado con otra editorial que también saca ediciones excelentes y muy cuidadas. Sería una obra que me motiva mucho, y con la que puedo hacer mucho juego”.
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Richolly Rosazza nos habla del trabajo tras ‘Tornare’
Cuando el invierno llama a las puertas de la ciudad, decide marcharse a un lugar donde aún es verano. Al regresar a casa, una sensación de inquietud la llevará a emprender nuevos viajes, en un intento por llenar el vacío que se ha instalado en sus pensamientos. Así comienza un viaje interior a través de las estaciones, entre partidas y regresos. Un relato poético de crecimiento interior, viajes y el descubrimiento de lo que verdaderamente importa. Así nos presenta Kite Edizioni ‘Tornare’, un álbum ilustrado de Nadia Al Omari y Richolly Rosazza. Con éste último hemos charlado un poquito más sobre este proyecto.
¿Cómo llega a tus manos este proyecto? “Tornare es un proyecto que nace inspirado en uno de mis cuadros y en la idea de trabajar sobre las estaciones. Después, Nadia me entregó el texto y empezamos a trabajar juntos sobre la idea general del proyecto”.

¿Qué es lo que más te gustó de este proyecto? ¿Qué te pareció la historia de Nadia la primera vez que la leíste? “Del proyecto me gustó mucho la idea del viaje y, sobre todo, que el lugar al que llega la protagonista es un lugar que Nadia y yo conocemos bien. Además de realizar nuestros proyectos juntos, somos pareja y estamos casados, así que es un lugar que forma parte de nuestra vida. Busqué representar, de alguna manera, ese lugar y llevarlo al mundo de la historia. La historia me gustó mucho desde el principio, pero, trabajando juntos en nuestros proyectos, sé que puede evolucionar un poco durante el proceso. Me gusta esa posibilidad de ir descubriendo cosas nuevas mientras trabajamos”, asegura Richolly Rosazza.
¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Los lectores encontrarán una historia introspectiva y poética, en la que podrán reconocerse, al menos en parte. Tornare habla de viajes, partidas y regresos, pero sobre todo de ese viaje interior que todos emprendemos en algún momento para intentar comprendernos y encontrar aquello que realmente importa. Una historia sobre el crecimiento, las relaciones y la búsqueda de un lugar al que, más que volver, sentir que pertenecemos”.

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Busco crear en mis libros un escenario poético y onírico, donde lo cotidiano pueda convivir con lo fantástico. Me gusta crear imágenes que no lo explican todo, que dejan espacio a la imaginación y a la interpretación de cada lector -continúa Richolly Rosazza-. La naturaleza, las estaciones y los paisajes tienen un papel importante, porque acompañan y reflejan el mundo interior de los personajes. Intento que cada ilustración transmita una sensación o una emoción, más que simplemente representar lo que ocurre en la historia”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Para este libro utilicé acrílico y óleo sobre lienzo. Es una técnica que amo y que, hasta ese momento, había utilizado solo para mis cuadros. Sentía que Tornare necesitaba algo diferente, una técnica con presencia, que pudiera acompañar su parte más poética y emocional. Trabajar directamente sobre lienzo también me permitió disfrutar mucho de la materia y de la textura de la pintura”.
Háblanos un poco de ese recurso de la hoja a través de la que solo vemos el ojo o los ojos de los personajes… “Me gusta la idea de que la naturaleza forme parte de mis personajes, casi como una manera de fusionarlos con el entorno. La hoja funciona como una especie de máscara, con dos aberturas que son como ventanas o puertas: permiten al espectador acercarse y sentir curiosidad, pero también marcan un límite. Podemos ver los ojos del personaje, podemos intuir lo que siente, pero no podemos entrar en sus pensamientos sin su consentimiento”, afirma Richolly Rosazza.
“La idea nació de un cuadro que pinté durante el lockdown, cuando buscaba trabajar sobre algo enigmático y misterioso. Después sentí que este recurso podía encajar muy bien en Tornare, porque me permitía reforzar ese mundo onírico y dejar que algunas cosas permanecieran ocultas”.

¿Qué has aprendido con este proyecto? “He aprendido que limitarme pensando que una determinada técnica es adecuada para mis proyectos de ilustración puede ser un error. A veces salir de nuestra zona de confort y experimentar nos puede llevar a resultados inesperados y sorprendentes. Tornare me enseñó precisamente eso”.
Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “En general, para todos los proyectos que he realizado junto a Nadia, el proceso es casi siempre el mismo. Ella escribe el libro, a veces inspirándose en uno de mis personajes o, como en este caso, en uno de mis cuadros. Después me entrega el texto, hacemos juntos la división en páginas y preparo un storyboard. Diría que esta es la parte más difícil del proceso, porque es cuando tengo que encontrar el ritmo de la historia y decidir cómo se desarrolla visualmente página a página”, nos cuenta Richolly Rosazza.
“Una vez que tengo el storyboard aprobado, paso a realizar las ilustraciones definitivas. En esta fase me doy la libertad de añadir pequeños detalles o hacer algunos cambios que no comprometan la esencia del proyecto, pero que pueden enriquecer las imágenes y aportar algo más a la historia”.

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy evaluando algunas historias sobre las que me gustaría trabajar. Ya tengo algunas propuestas y estoy viendo cuáles pueden convertirse en mis próximos proyectos. Por ahora estoy en una fase de evaluación y de búsqueda, intentando encontrar aquellas historias que realmente me despierten algo y que me den ganas de trabajar visualmente sobre ellas”.
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Raquel Catalina nos presenta a ‘Nina y Tita’
Nina y Tita son dos abuelas muy distintas a las que aparecen en los cuentos. No caminan con bastón ni se quedan en casa tejiendo: una siempre anda deprisa; hace dieta y va a la piscina; la otra se mueve en bicicleta; cocina a la parrilla y practica yoga. ¿Será entonces que los libros están equivocados? Todo se desvelará en la próxima reunión familiar. Con estas palabras la editorial Kalandraka nos presenta ‘Nina y Tita’, un álbum ilustrado de Beatriz García-Huidobro y Raquel Catalina. Con ésta última hemos hablado un poquito más sobre su trabajo en este libro.
¿Dónde está el embrión de este libro? “Curiosamente Manuela Rodríguez, editora de Kalandraka, me propuso este libro antes de presentarme con Arianna Squiloni al Premio Internacional Compostela. Y como al final ‘Grande y pequeña’ ganó, hubo que aplazarlo un tiempo. Así que cuando empezamos con el libro, había tenido ya la oportunidad de trabajar con Manuela y de conocernos”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Hay varias lecturas, pero a mí me gusta mucho la que habla de modelos y de generaciones distintas. La niña protagonista es aún una “página en blanco” y su familia, las mujeres que la preceden, son un espejo en el que mirarse y además, van llenando su vida de experiencias, de recuerdos. A la mesa de cumpleaños se sientan cuatro generaciones y creo que es inevitable pensar los cambios enormes que ha habido de unas a otras”, asegura Raquel Catalina.
¿Qué te pareció la historia de Beatriz la primera vez que la leíste? ¿Has tenido referentes para crear estos personajes? “Cuando leí el texto de Beatriz, la primera imagen que me vino a la cabeza fueron mis compañeras de gimnasio. Hago deporte por las mañanas y hay un grupo de amigas mayores que son tremendamente constantes y, sobre todo, ¡muy disfrutonas! Su mañana de gimnasio termina en la cafetería, con el almuerzo, las risas y las bromas”.
“Me da siempre la sensación de que son mujeres que han conquistado un espacio nuevo, que su manera de habitarlo es una celebración constante. Por eso disfruto con ellas, las observo mucho. En el libro es una niña la que habla de sus abuelas y de sus bisabuelas, no me parece casual que el texto hable de mujeres y que sea para describir una ruptura de roles, una ampliación de posibilidades, de cómo se ha desmontado un estereotipo. ¡Y luego además me di cuenta de que abuela podría ser yo misma! Es muy agradable pensar que no hay nada escrito sobre cómo debe de ser una abuela”, nos cuenta Raquel Catalina.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Tiendo a observar mucho a la gente, y sí, suelo llevar algún cuaderno para dibujar. En este caso, las bisabuelas son más cercanas al imaginario de los cuentos. Sus proporciones y su tamaño están estilizados. Las abuelas, en cambio, son más realistas. En mi cabeza tenía referencias de mujeres que conozco para Nina y Tita, no solo físicamente, sino también en su espíritu, en su manera de estar, en el tipo de energía que transmiten. Mis referencias, no obstante, son un punto de partida, una orientación, el personaje termina de tomar cuerpo en el papel, a base de pruebas”.
¿Qué dirías que has aprendido con este proyecto? “Aprendo mucho trabajando con Manuela, la editora. Y eso que empezamos teniendo ideas distintas sobre algunos puntos, pero creo que ella me hizo algunas concesiones, y yo, desde luego, aprendo mucho de su mirada”, confiesa Raquel Catalina.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Desde un principio Nina y Tita se iba a incluir también en la colección de Minilibros Imperdibles, que miden 7 cm. Ese condicionante técnico fue muy interesante, tuve que trabajar todo el tiempo pensando en simplificar los dibujos y hacerlos legibles a ese tamaño. Me gusta mucho esa colección, me parece una idea preciosa. Son perfectos para llevarlos de viaje, en el bolso, son una alternativa maravillosa para esos momentos en que muchos padres recurren al móvil para entretener a sus hijos”.
No es la primera vez que dibujas un personaje con el pelo blanco… “La verdad es que después de mi primer libro con un personaje de un abuelo, “A manta do José”, me han ofrecido muchísimos libros con abuelos y abuelas, muchos más de los que he hecho en realidad. Creo que tiene que ver precisamente con que no suelo dibujar el estereotipo de abuelo o abuela”, afirma Raquel Catalina.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Hice una base de lápiz y grafito y luego lo coloreé digitalmente. La verdad es que no es mi manera habitual de trabajar”.
Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. “Bueno, una parte interesante para mi era que, en esa cantinela que compara las abuelas de los libros con las abuelas de la protagonista, la parte que muestra a Nina y Tita estaba bastante clara, pero como contar la otra parte no. Ahí se me ocurrió que fuesen preparando la fiesta de la tarde, y ella anda por aquí y por allá con su libro, que además un libro concreto Caperucita roja, y me gusta mucho reflejar ese deambular infantil, sin hacer nada y haciendo de todo. Ese es el tiempo que les roban muchas veces las pantallas”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sí, tengo por delante tres proyectos de esos que ilusionan y con gente con las que es maravilloso trabajar, mentes deslumbrantes. Pero es pronto para contar…”.
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Carolina Luzón y Juan Mata nos dicen que ‘Siempre amanece’
Una noche, un cuerpo indefenso, una sombra, un abuso, un miedo, un daño irreparable.
Con gran delicadeza, autor e ilustradora ponen imágenes al horror de la violencia sexual contra la infancia y la adolescencia. Con estas palabras La Maleta Ediciones nos presenta ‘Siempre amanece’, un álbum ilustrado de Juan Mata y Carolina Luzón. Con ellos hemos charlado sobre este proyecto.
¿Cómo nace este proyecto? Juan Mata: “Por un deseo de llevar a un álbum ilustrado un asunto tan lacerante como el de los abusos sexuales contra la infancia y la adolescencia. Considero que los libros infantiles deben explorar también las zonas oscuras de la existencia humana. No es un capricho ni una provocación. Si damos crédito a las cifras habituales sobre violencia sexual en la infancia y adolescencia, deberíamos aceptar que casi el 30% de ellos la ha sufrido en esos años, lo cual es una atrocidad. Eso quiere decir que para muchos de los alumnos que asisten a diario a los colegios o los institutos esa lacra no es un asunto imaginario sino vivido. Siempre que en algún centro escolar me he referido a esta cuestión he comprobado que la inmensa mayoría de alumnos sabía de qué estaba hablando, tenían noticias al respecto y lo habían comentado entre ellos”.
¿Cómo llega a tus manos este proyecto? Carolina Luzón: “Me llega a través de Juan Mata, el autor del texto. Ya habíamos intentado trabajar juntos en una ocasión anterior pero no llegó a materializarse y en esta ocasión no dude en aceptar su propuesta”.

¿Qué te pareció la propuesta de Juan Mata para este libro? “Igual de interesante que de compleja. El tema del que habla el libro, el abuso sexual a menores, es muy delicado, muy duro y conseguir tratarlo sin que fuese demasiado desagradable o explicito fue todo un reto”.
¿Qué van a encontrar los lectores y lectoras en ‘Siempre amanece’? “Pues delicadeza, sensibilidad, belleza -nos cuenta Juan Mata-. El drama que se aborda no admite frivolidad ni zafiedad. Si de lo que se trata es de mostrar los dañados sentimientos de una víctima de abusos es obligado hacerlo con la máxima prudencia y el máximo pudor. Y hacerlo además con imágenes que sugieran más que evidencien. Hemos considerado que en este caso las metáforas y las insinuaciones eran la vía más valiosa para hablar sin ocultar, para mostrar sin angustiar”.
“Pues encontrarán un libro hecho con muchísimo respeto, que me encantaría que pudiera ser una herramienta efectiva para poder afrontar el tema con las víctimas de abuso -afirma Carolina Luzón-. Las imágenes dan pie a muchas interpretaciones, pueden abrir muchas puertas y facilitar el diálogo y la comprensión de la gran variedad de situaciones y emociones que suscita esta problemática”.

¿Cómo valoras el formato de álbum ilustrado para abordar asuntos como los que aborda este libro? “Nos parecía el formato apropiado, teniendo en cuenta además los potenciales destinatarios del libro -continúa Juan Mata-. La estrecha unión entre palabra e ilustración hace del álbum ilustrado el medio idóneo para contar una historia de modo preciso y mesurado. La condensación que requiere un álbum nos desafiaba a plasmar lo esencial sin perderse en divagaciones. La secuencia visual es en este caso fundamental. Los ojos o los brazos de un depredador sexual, por ejemplo, pueden ser protectores o hirientes, de modo que las imágenes que mostraran esa dicotomía debían poseer una gran carga simbólica para, como decía antes, decir lo indecible, para dejar constancia sin necesidad de agredir la mirada”.
Háblanos un poco del trabajo previo al libro, me refiero a esa fase de investigación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Aunque cada proyecto tiene vida propia y crece de una manera diferente, la fase previa suele ser la misma. En mi caso, pensar. Pensar y pensar hasta que se va dibujando en mi cabeza -nos cuenta Carolina Luzón-. Hablé con Juan para entender bien qué le había motivado para realizar este texto y qué quería conseguir con él. No he hecho ningún dibujo preliminar, ni siquiera un story, en esta ocasión cada imagen me ha dado pie a la otra y el libro ha ido creciendo poco a poco. De hecho se ve una evolución de la primera a la última página que es la que he ido sufriendo yo en los 4 meses en los que estuve trabajando en este proyecto”.
¿Qué te parece el trabajo de Carolina en este proyecto? ¿Cómo ha sido el trabajo con ella? “Excelente, como se puede deducir de lo que vengo diciendo. Es una gran ilustradora. Ha sido un trabajo cooperativo, de diálogo permanente -afirma Juan Mata-. Era un camino que debíamos hacer juntos, que nos afectaba a ambos. Si bien había un texto inicial que servía de guía, lo cierto es que Carolina lo desbordó y fue creando imágenes cada vez más autónomas y sugestivas que hizo que en algunos momentos hubiera necesidad incluso de alterar el texto, pues ella iba contando una historia visual a la que el relato debía ajustarse. Ese diálogo ha sido muy respetuoso por ambas partes y muy fructífero”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Quería que fuesen imágenes luminosas, que pudieran transmitir una idea de calma y esperanza a pesar del dolor -asegura Carolina Luzón-. Aparecen, como en todas mis imágenes, las texturas, que en este caso simbolizan las diferentes capas que vamos acumulando en la vida. A veces las capas que ponemos sobre los problemas para no verlos, para no tener que afrontarlos. Colores tenues, cálidos y fríos. Imágenes simples y complejas a la vez, llenas de simbolismo y significado. Detalles ocultos”.
¿Qué hay de diferente con respecto a otros trabajos? “Por primera vez utilizo el libro como objeto, es decir, el hecho de que se divida en dos partes para hablar de esta dualidad de situaciones, de sentimientos, que se pueden generar en las víctimas. Por eso las imágenes usan esta división, para separarse, para mezclarse, para confundirse”.
¿Con qué técnicas trabajaste en este caso? “He realizado todos las imágenes con a tableta gráfica”.

Cuéntanos un poco más sobre el proceso de elaboración de este libro. “Exceptuando dos imágenes que son un poco más explícitas para centrar el tema, las demás, diría que se pueden aplicar a cualquier tipo de problemática, son muy abiertas y metafóricas y pueden dar pie a muchas y personales interpretaciones. Creo que hay una evolución hacia la abstracción, hacia la transmisión del mensaje, cada vez más directo y con menos elementos”, afirma Carolina Luzón.
¿Cómo ves también el libro como herramienta para profesionales que trabajen con menores? “Justificaría con creces la publicación del libro si en alguna consulta pediátrica o psicológica, o en alguna biblioteca o aula, el libro sirviera para quebrar el silencio y la angustia de alguna víctima de abusos -confiesa Juan Mata-. En algunos casos, el libro puede servir para abrir los ojos, pero en otros también para abrir la boca, como sucede con la protagonista del relato. Lo normal en las víctimas es encerrarse en el mutismo, entre otras razones porque no tienen palabras para esa experiencia, no saben qué ni cómo decir lo que les ha pasado. Sienten vergüenza además y miedo a hablar. Si el álbum sirviera para crear un espacio de seguridad y confianza, el objetivo estaría cumplido con creces”.
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