Álbum Ilustrado
Mario Jodra y su visión de ‘Canción de Navidad’
La historia del avaro Ebenezer Scrooge, visitado por tres fantasmas en Nochebuena, ha emocionado a generaciones desde su publicación en 1843. Esta narración -una de las más emblemáticas de Charles Dickens- regresa en una cuidada edición ilustrada de Edelvives que resalta su carácter social y su mensaje de redención, tan vigente hoy como en el siglo XIX. ‘Canción de Navidad’ se presenta en su versión original, acompañada por las poderosas imágenes en blanco y negro de Mario Jodra, ganador del V Premio Internacional de Ilustración. Su propuesta visual, expresiva y comprometida, da nueva vida a los escenarios y personajes del relato, poniendo el foco en los contrastes sociales y en la transformación interior del protagonista. Con Mario Jodra hemos charlado un poquito más sobre este libro.
Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. ¿Qué supone el Premio Internacional de Ilustración? “El proyecto nace a través del V Premio Internacional de Ilustración Edelvives. Para mí supuso un gran honor, y una excelente oportunidad de trabajar con una editorial de gran talla que realiza ediciones de lujo, muy cuidadas al detalle, que suelen ser reconocidas también con premios a los libros mejor editados, como uno reciente concedido por el Ministerio de Cultura, un proyecto que también nació a través del Premio Internacional de Ilustración Edelvives”.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Una edición muy completa de esta obra clásica, con una traducción excelente, acompañada de anotaciones que le dan otra dimensión -comenta Mario Jodra-. En lo que respecta a mi trabajo, encontrarán una versión ilustrada muy personal, con mi visión más característica y oscura, basada en las sensaciones y experiencias que me transmitía Londres. Allí viví durante unos años, y parece que algunas cosas no han cambiado desde 1843, o, en algunos aspectos, se han transformado en algo mucho peor de lo que narraba Dickens en su obra. He querido reflejar esos pensamientos con mis dibujos. Muchos rincones que aparecen allí son lugares donde he vivido, como el East End de Londres”.
¿Cómo era tu relación con este clásico de Dickens y cómo ha cambiado tras este trabajo? “Es una obra totalmente universal. Está presente y arraigada en la cultura popular de todo el mundo, y ha pasado a ser parte del imaginario colectivo. En mi infancia debió haber muchos encuentros con ‘Canción de Navidad’. Está representada en más de 100 versiones de todo tipo y medio, desde los Teleñecos/The Muppets hasta versiones libres cinematográficas como ‘Los fantasmas atacan al jefe’. Además, las referencias a la obra son incontables”.

“Con respecto a cómo lo he visto después de ilustrar la obra, he podido profundizar más en Dickens y sentirme más próximo a sus palabras e intenciones -continúa Mario Jodra-. ‘Canción de Navidad’ es una obra moralista que denuncia miserias y pecados, y apela al miedo para corregirlos. La forma que tiene Dickens para transmitir todo esto es muy parecida a las fórmulas del terror gótico, muy de moda en esa época. Y es así como la he visto tras este encuentro escrutador, y esta interpretación es la que también he querido reflejar con mis dibujos: un cuento de terror oscuro. Y esa visión sería mi principal aportación (volviendo de nuevo a la pregunta anterior)”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, también después de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Pues hice un trabajo previo de documentación muy exhaustivo, meses antes de comenzar a trabajar con la editora y la directora de ilustración. En primer lugar acudí a la obra de Dickens, y a las diferentes versiones de ‘Canción de Navidad’, tanto de ediciones ilustradas como cinematográficas o teatrales. Me empapé de la época, buscando todo tipo de material. Para crear un armazón visual y simbólico utilicé cientos de fuentes distintas, muchas veces sin vinculación con la obra, ni con la época ni con la ciudad de Londres, pero que me han servido para reconstruir una imagen de todo ello, contando además otras historias. Como a veces esa reconstrucción es una versión de la fuente, se consigue una sensación de familiaridad que hace que se amplíen los sentidos”, afirma Mario Jodra.

“Una vez comenzó el trabajo conjunto, lo primero fue ajustar la estética general con alguna prueba de estilo. Se probó a darle algunos tonos y detalles de color, pero se terminó de decidir que sería íntegramente en blanco y negro puro por el propio tono oscuro que deseábamos darle, y para destacar los juegos orgánicos de textura del carboncillo, y centrarnos en las atmósferas”.
“También hice pruebas con el diseño de los personajes principales, para hacernos una idea de cómo debían ser representados. Después de perfilar este aspecto, nos lanzamos con el story general del libro, y tras darle forma, me lancé al bocetado de cada ilustración. Una vez aprobado todo, comencé su ejecución al carboncillo, para luego hacer unos tratamientos digitales para su remate final”.

¿Cual ha sido tu mayor descubrimiento tras ese proceso o qué te ha sorprendido más? “Más que un descubrimiento o sorpresa, lo que he encontrado como más revelador en todo este proceso es la confirmación de que lo más importante es la base, la idea inicial que tienes en la cabeza -asegura Mario Jodra-. Todo está sujeto a modificaciones, pero los cimientos dan la forma definitiva. Por eso es esencial reflexionar mucho y dar vueltas a todo hasta que cuaje en el terreno de las ideas, que esté todo perfectamente ordenado y visualmente completo en la cabeza antes de tocar un lápiz, y trasladarlo después a bocetos. Y a partir de esos bocetos, sabía lo que tenía que hacer, de cuánto tiempo disponía para ejecutar cada cosa, y cómo debía acabar el resultado, cumpliendo con cada etapa y agenda marcada, y con cierto margen para esas modificaciones, pues esto era un trabajo en equipo que requería de aprobaciones, sugerencias y cambios. Y en ese proceso también necesité convencer y hacer confiar en que lo que tenía en la cabeza iba a salir así”.

¿Cómo realizas la selección de las escenas que vas a mostrar con tus ilustraciones? “Como comenté anteriormente, hubo un proceso de selección durante el story del libro, donde se decidió todo mediante un ajuste consensuado. En primer lugar sugerí cuántas ilustraciones serían necesarias, qué escenas se podrían ilustrar y cómo podrían hacerse, pero todo sin bocetos, solo con las descripciones, por estrofas, y si eran a una página o a doble página. La labor de la editora y la directora de ilustración fue tomar el texto y ver cómo encajaba con el libro en mano, por estrofa, ritmo, cantidad y tipo de ilustraciones, para encontrar un encaje. Yo tenía una idea inicial que jugaba con los ciclos y etapas del tiempo y las repeticiones en las que solía redundar el libro, pero que se tuvo que ajustar por diferentes razones prácticas, como por ejemplo, el hueco que había en el libro, por estrofa, y cómo iba a aparecer cada ilustración sin adelantarse al texto, o quedarse atrás, así que algunas ilustraciones a doble página se quedaron a una, y al revés también. Una vez decidido todo, me lancé con los bocetos, teniendo las escenas muy claras ya en la cabeza, así que todo lo que salió de ahí solo lo tuve que ejecutar después con los carboncillos. Y aun así, también hubo cambios”.
“Ese fue un proceso de varios meses durante los cuales se tuvo que cambiar la idea de los ciclos, y descartar tres escenas que para mí eran importantes, una de ellas, la del carruaje fúnebre que se le aparece a Scrooge en las escaleras de su casa, que podía haber sido visualmente muy potente”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Traté de aportar las atmósferas y la ambientación tenebrosa del terror gótico que el propio Dickens refleja en la obra en algunos tramos, y que no han sido representados en otras versiones, tanto ilustradas como cinematográficas”, afirma Mario Jodra.
“También quise incidir en el papel crucial que tiene el tiempo atmosférico, como por ejemplo la niebla, que desempeña un papel esencial en la narración previa a la aparición de los fantasmas para darle un ambiente de misterio y terror. He consultado cientos de representaciones visuales y, sorprendentemente, apenas se ha tratado esto, incluso a pesar de que la niebla siempre ha estado ligada al Londres victoriano. Solo se suele destacar la nieve que aparece en todo momento, pero es que para Dickens tenía un carácter simbólico que representaba su infancia en la campiña británica, y por eso solo aparece en determinados tramos del cuento en los que habla de la felicidad y la pureza”.

Ya has comentado algo pero, ¿con qué técnicas trabajaste? “La técnica que utilizo para dibujar es carboncillo sobre papel. En esta ocasión decidí que casi todos los dibujos tuvieran un posterior tratamiento digital. Ya lo había hecho antes, pero ahora quise integrarlo en toda la obra. Utilicé texturas hechas con carboncillo como “potenciadores” para crear atmósferas y ambientaciones, así como sombreados y brillos para jugar con los contrastes de impacto, y el carácter orgánico propio de la técnica del carboncillo, la más primitiva y antigua que existe, y que nos lleva a la noche de los tiempos. El carboncillo es muy adaptable y versátil, a veces te lo da todo hecho, y da muchísima cancha para experimentar y darle usos más modernos”, confiesa Mario Jodra.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy con varios proyectos. Estaba retomando los proyectos aparcados de autoedición de mi sello ElSordo.net que se me fueron acumulando, y también concretando detalles para comenzar próximamente un nuevo libro ilustrado con otra editorial que también saca ediciones excelentes y muy cuidadas. Sería una obra que me motiva mucho, y con la que puedo hacer mucho juego”.
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Verónica Aranda y su trabajo en ‘Bienvenida, amiga ardilla’
Cascabilla la ardilla tenía su nido en el hueco de un árbol y todo preparado para el invierno: una cálida cama hecha de hojas, una despensa a rebosar de frutos secos y cientos de semillas escondidas en lugares secretos del bosque… Ya falta poco para que se instale el invierno y Cascabilla ha trabajado duro para estar preparada. En su apacible nido, en lo alto del árbol, la ardilla ve caer las últimas hojas de otoño cuando, de repente, el tronco cae al suelo. ¡No puede ser! ¡Los castores lo han talado! Cascabilla está desconsolada. ¿Y ahora qué? Con estas palabras la editorial Cuento de Luz nos presenta ‘Bienvenida, amiga ardilla’, una emocionante aventura a través del bosque que construyen Daniel Cañas y Verónica Aranda, con la que hablamos de este álbum ilustrado.
¿Cómo llega a tus manos este proyecto? “Hace años que conozco a Daniel Cañas y, desde el primer día, habíamos tenido la intención de publicar algo juntos. Pero siempre iban surgiendo cosas y nunca encontrábamos el momento de ponernos manos a la obra con nuestro proyecto. Durante una etapa en la que yo tenía menos carga de trabajo pensé: “ahora es el momento”. Así que le escribí y le pedí que me enviara algunos de sus últimos cuentos. El de la Ardilla fue el que más me encajó y enseguida lo visualicé con mis ilustraciones”.

¿Qué es lo que más te gustó de este proyecto? ¿Qué te pareció la historia de Daniel la primera vez que la leíste? “Lo que más me gustó fue que los protagonistas fueran animales y que la historia transcurriera en el bosque. Soy una gran amante de la naturaleza y es lo que más disfruto dibujando -confiesa Verónica Aranda-. También me llamó la atención la estructura repetitiva del cuento, porque me pareció muy dinámica y divertida para los pequeños lectores. Además, transmite valores como el compañerismo, el respeto y la gratitud, algo que considero muy importante aprender desde edades tempranas”.
¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Animales. Muchos animales escondidos por aquí y por allá. En todos los libros que ilustro intento cuidar mucho los detalles para que los niños puedan entretenerse observando cada página. Pero en este álbum quise implicarme al 200%. Y si se fijan bien, incluso encontrarán una pequeña subtrama entre dos pájaros carpinteros que desarrollé para enriquecer todavía más la historia”.

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Pues como he dicho anteriormente, creo que mis ilustraciones se caracterizan principalmente por la cantidad de detalles que contienen. A nivel de color, me gusta trabajar con gamas cromáticas vivas y luminosas, y sobre todo jugar con las luces para crear escenas cálidas y envolventes”, nos cuenta Verónica Aranda.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Yo soy digital 100%, desde el storyboard hasta el arte final. Trabajo únicamente con Photoshop, en una tablet con pantalla grande. Aun así, me gusta conservar cierta sensación tradicional en el acabado, por eso trabajo con muchos pinceles y texturas diferentes que aportan ese aspecto más orgánico y “hecho a mano”.

¿Qué has aprendido con este proyecto? “Siempre que ilustro un libro termino aprendiendo cosas nuevas relacionadas con su temática. En este caso descubrí algún que otro dato curioso sobre las ardillas, los pájaros carpinteros, los castores o las liebres. Por ejemplo, me sorprendió muchísimo la memoria que pueden llegar a tener las ardillas: son capaces de recordar los escondites donde almacenan su alimento creando mapas mentales y ayudándose con marcas visuales del entorno”, afirma Verónica Aranda.
Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “En este álbum, la forma de trabajar fue muy distinta a la de otros encargos editoriales que había hecho anteriormente, porque Daniel y yo iniciamos el proyecto de una manera totalmente libre, sin la presión de una fecha de entrega. Fue un proceso que se cocinó a fuego lento durante dos años”.

“Primero realicé un storyboard para distribuir el texto en las distintas dobles páginas y decidir qué escenas podían ilustrarse mejor. Después empecé a trabajar en los bocetos a tamaño real, siempre contando con el feedback de Daniel. Precisamente, una de las cosas más bonitas de este proyecto fue la comunicación constante entre nosotros. Hubo un intercambio de ideas muy enriquecedor y, de alguna manera, ambos fuimos alimentando creativamente el trabajo del otro”.
“Cuando ya tuvimos una maqueta sólida, decidimos presentarla a algunos premios de álbum ilustrado, entre ellos el Premio Lazarillo, aunque finalmente no hubo suerte. Más adelante, Daniel -que ya tenía relación con la editorial Cuento de Luz y había publicado otros álbumes con ellos-, les enseñó nuestro proyecto. La editora quedó tan encantada que nos dio el sí prácticamente al momento. Gracias a ellos, nuestro cuento terminó convirtiéndose en realidad dos años después de haber comenzado este viaje”, asegura Verónica Aranda.

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Hace poco se publicó el último libro que he tenido el placer de ilustrar, Joel i el Drac Ocult, escrito por Laura Borao y editado por Edelvives. Y ahora mismo estoy en una etapa un poco más pausada, ya que estos últimos meses han sido bastante intensos tras la compra de mi primera vivienda. Además, trabajo a jornada completa como maquetadora en una editorial y entre unas cosas y otras apenas me queda tiempo. Aun así, espero poder retomar pronto el dibujo y empezar nuevos proyectos”.
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Mar Azabal nos muestra los ‘Tesoros en los bolsillos’
‘Tesoros en los bolsillos’ es una invitación poética a disfrutar sin prisas de lo cotidiano, lo pequeño, lo cercano, y a llenar los bolsillos de experiencias para compartir. Representa la curiosidad de la infancia, su capacidad de asombro y sorpresa, su habilidad para percibir belleza en lo más simple. Así es como de “cosas útiles e inútiles, bonitas y raras, cosas ni bonitas ni raras” se llenan los bolsillos de la niña que protagoniza estos poemas ilustrados de verso libre. Un trabajo de Isabel Cobo y Mar Azabal que edita Kalandraka. Con Mar hemos hablado sobre su trabajo en este libro.

Lo primero, cuéntanos cómo llega a tus manos este proyecto. “Kalandraka se puso en contacto conmigo y me propuso ilustrar el poemario; ellos creían que yo encajaba para ilustrar los poemas de Isabel. Me pasaron el texto y me encantó”.
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Es una belleza de poemario. Se centra en lo cotidiano, en la naturaleza, en las cosas pequeñas que nos rodean, en objetos que a los ojos de un adulto son insignificantes, pero que a los ojos de un niño son verdaderos tesoros. Creo que es un poemario que no tiene edad; a través de sus páginas se nos invita a disfrutar sin prisas de lo cercano”.
“Los adultos pueden identificarse con la protagonista; yo lo hice, me vi reflejada en ella -confiesa Mar Azabal-. Sus miedos, sus sueños, sus anhelos eran los mismos que los que yo sentí cuando fui niña y pueden ser los mismos que siente cualquier niña o niño en la actualidad; son emociones atemporales, se sienten de niño y de adulto”.

“A mí me encanta, aun a día de hoy, guardar tesoros en los bolsillos, por ejemplo, piedras con formas peculiares. El verano pasado recogí de la playa dos trozos de cerámica; no sé a qué objetos habrán pertenecido, pero a mí me encantaron sus bordes pulidos por la arena, sus colores azules, blancos y amarillos. Ahora me acompañan, como muchos tesoros, en mi estudio, y cuando los miro, me imagino historias que podrían formar parte de ellos. Entre sus páginas encontrarán algunos de mis tesoros de niña, como por ejemplo las canicas, que acompañan al resto de tesoros que nos regala Isabel”, nos cuenta Mar Azabal.
¿Qué te parecieron los poemas de Isabel tras una primera lectura? “Delicados, sugerentes. Los leí y mi mente se llenó de imágenes; aún hoy, cuando los vuelvo a leer, acuden a mí montones de imágenes”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Lo primero que hice fue probar qué técnica me servía mejor para trabajar las ilustraciones. La primera ilustración que hice fue la que acompaña al poema Semillas; probé con la acuarela porque quería algo muy delicado, pero no me gustó el resultado. Decidí entonces usar el pastel y, al ver la ilustración finalizada, me gustó el efecto que daba. Decidí que trabajaría las ilustraciones con grafito y pastel y algún toque con lápiz de color. La siguiente ilustración que realicé fue la de la tiza y ya me quedó claro; la imagen tomaba un aspecto etéreo con el fondo de pastel difuminado, era como si la propia tiza de la niña estuviese siendo utilizada para dibujar el libro y eso me convenció del todo”, asegura Mar Azabal.

¿Qué poema te resulta más atractivo? “Mi poema preferido no va acompañado de ilustración; lleva por título Acerca de guardar. Pero tengo que decir que me gustan todos y que todos me generan imágenes y eso me encanta”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Sólo había ilustrado un poemario y era para adultos; es la primera vez que ilustro poesía para niños y me he sentido muy bien haciéndolo, aunque como ya he comentado es un poemario para todas las edades”.

“Es totalmente distinto al trabajo que hay que realizar para un álbum ilustrado. No tienen nada que ver, la narrativa visual es totalmente diferente -afirma Mar Azabal-. A parte en los álbumes suelo usar técnicas mixtas, mezclo mucho; el trabajo es muy artesanal. En los últimos años he trabajado en proyectos muy diferentes unos de otros. He ilustrado novelas para adultos y he trabajado la ilustración fuera del mundo del libro, lo que me ha llevado a usar cada vez más la tableta gráfica; antes me resultaba imposible dibujar desde cero en digital, siempre tenía que tener un papel, algo físico, tangible, del que partía; ahora, dependiendo de los tiempos de entrega, ese paso prácticamente ha desaparecido”.
“En ‘Tesoros en los bolsillos’ ha sido como volver a mis inicios, a la línea simple del grafito. Más que algo nuevo, es una vuelta a mi esencia, a esas ilustraciones en las que, sin estar ligadas a un texto, había cierto aire poético, delicado, a las ilustraciones con las que comencé a darme a conocer”.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Lo primero que hice fue un boceto de las ilustraciones que acompañarían los textos, algo así como un storyboard de todas las ilustraciones, para intentar dar continuidad a las ilustraciones. Tras decidir qué técnica iba a utilizar, comencé a dibujar distintas versiones de algunas de las ilustraciones que acompañarían a los poemas. Me resultaba muy agradable dibujar con una línea tan sencilla y tan mía; no sabría cómo explicarlo: es la primera vez que al afrontar un encargo de editorial me he sentido como si dibujase para mí, sin la presión que supone que esas ilustraciones van a ser después expuestas al público”, nos cuenta Mar Azabal.

“Como te decía, algunas ilustraciones tienen varias versiones distintas; se las mostré a la editorial y ellos seleccionaron las que mejor se ajustaban al texto. Solo una de ellas, la primera, me dio dolor de cabeza, porque la editora me comentaba que la posición de uno de sus brazos era forzada y yo me empeñaba en cambiar el que no era, hasta que al repasar las ilustraciones con la editora, coincidimos físicamente, ella señaló el brazo que tenía el fallo. Es la única ilustración que he repetido para corregir, y no una vez, sino cinco veces”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Estoy trabajando con una novela clásica ilustrada para adultos y con un encargo para una asociación de un agenda. Los trabajos van llegando poquito a poco; lo importante es que no dejen de llegar, y que sean satisfactorios”.
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Marta Sevilla nos descubre a ‘Mi amigo el monstruo’
El protagonista lleva años habitando las profundidades del agua. Ha oído muchas historias sobre un monstruo terrible que, según dicen, vive allí… pero nunca lo ha visto. Mientras observa a todos desde la distancia se pregunta cómo será tener un amigo. Al salir a la superficie descubre por fin a ese ser extraordinario del que todos hablan. Sin miedo y con curiosidad, se acerca a él y nace una amistad sincera que desafía los rumores y las apariencias. ‘Mi amigo el monstruo’ es una historia que invita a preguntarse quién es realmente el monstruo y que celebra la amistad, la empatía y la mirada del otro sin prejuicios. Un trabajo de Marta Sevilla que edita Tres Tigres Tristes. Con Marta charlamos un poquito más sobre este álbum ilustrado.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “Este proyecto nace, como cualquier proyecto personal, de una mezcla entre preguntas que me hago sobre la vida y las relaciones, y un momento vital concreto. Estaba reflexionando mucho sobre las conexiones, la soledad y la amistad en una época de mi vida en la que, además, empecé a obsesionarme con el monstruo del lago Ness”.
“Comencé a leer mucho sobre él, sobre la historia que hay detrás, sobre todo lo que se dice y se cuenta, y de pronto apareció esta historia en mi cabeza. Sé que hay gente que cuenta experiencias parecidas, pero fue exactamente así: me vino de golpe. Escribí el texto de un tirón y dibujé los primeros bocetos también de una manera muy impulsiva, casi sin detenerme -confiesa Marta Sevilla-. Curiosamente, esto nunca me había pasado antes. La versión final del libro es muy parecida a la primera. Apenas sufrió cambios durante el proceso”.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Encontrarán un libro sobre el valor de la vida, la amistad, las conexiones y los intereses o deseos que nos movilizan y nos llevan a acercarnos a los demás. Creo que es un libro que habla de ser diferente y, al mismo tiempo, de entender que todos somos diferentes. Hay algo de aceptar lo propio para poder aceptar también lo propio de los demás, y es precisamente eso lo que permite conectar. Además, encontrarán unas ilustraciones completamente analógicas, realizadas con tinta, monotipo, lápiz, plumilla… Imágenes que espero que tengan carácter y calidez, y que dialogan constantemente con el blanco, con el vacío y con el mar”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación o pruebas. ¿Cómo nace este personaje? “Como te comentaba antes, fue un proyecto personal que surgió de una manera muy natural y orgánica. Yo no me senté a pensar en hacer un libro. Simplemente estaba atravesando un momento en el que me hacía muchas preguntas, seguía trabajando en mis encargos habituales y leyendo cosas que me interesaban por puro placer”, nos cuenta Marta Sevilla.

“Fue entonces cuando, leyendo sobre el monstruo del lago Ness, apareció este personaje en mi cabeza junto con la primera frase del libro. A partir de ahí fui tirando de ese hilo. Obviamente, el monstruo del libro no es Nessie, pero el punto de partida sí fue ese personaje mítico. Mientras leía sobre él pensé: si hubiera existido, ¿qué solo tendría que haberse sentido? Siendo el único de su especie, viviendo durante tantísimos años… pensé que sería normal que, de vez en cuando, hubiera querido dejarse ver”.
¿Qué nos cuentas del uso del color en este álbum? “En este álbum el color es fundamental. Si te digo la verdad, soy una entusiasta del color en general, tanto en mis proyectos como en mis intereses personales, pero aquí me permití utilizarlo directamente como una herramienta narrativa. El blanco y el espacio vacío hablan de algo muy importante en la historia. El verde, que es el color del monstruo, habla de su singularidad, de aquello que lo hace diferente”, asegura Marta Sevilla.
“Cuando el monstruo está en su hábitat, aparece como una gran masa verde y texturada dentro de un mar blanco, mientras que el resto del mundo se mueve entre grafitos, blancos y negros. Hay dos personajes en este libro y ambos tienen color. Comparten algunos tonos y, cuando se encuentran, aparece además un nuevo color: el rosa. Me gustaba la idea de que la mezcla de sus singularidades ampliara también la paleta del libro”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos como Pipo y Bruma? “En este libro me permití mucha libertad. Creo que, precisamente porque surgió de una manera tan orgánica y porque respondía antes a una pregunta personal que a una intención de ser publicado, trabajé con menos filtros. En un principio ni siquiera pensé que alguien fuera a verlo. La principal diferencia con Pipo y Brumaes que aquel fue mi primer proyecto personal. Tardé mucho tiempo en hacerlo, cambió innumerables veces y las ilustraciones evolucionaron muchísimo entre la primera versión y la última. Fue un proceso precioso y muy formativo, pero también largo y complejo”, afirma Marta Sevilla.
“Mi amigo el monstruo fue justo lo contrario: rápido, fresco y espontáneo. Creo que ya tenía una base sobre cómo contar historias a mi manera, algo que fui construyendo durante años mientras trabajaba en Pipo y Bruma, y aquí pude apoyarme en todo ese aprendizaje de una forma mucho más natural. Todo en este libro fue fácil, en el mejor sentido de la palabra. Y para mí eso suele ser una buena señal: indica que algo está fluyendo y que tiene sentido”.

“Además, con el tiempo me he dado cuenta de que ambos libros no hablan de cosas tan distintas. Los dos nacen de preguntas que me hago sobre la vida y de asuntos que me importan profundamente. Aunque visualmente y técnicamente sean muy diferentes, conceptualmente comparten mucho más de lo que yo misma imaginaba. Descubrir eso ha sido una sorpresa bonita”.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Trabajé principalmente con monotipo realizado con acrílico para construir al monstruo. Después utilicé distintos tipos de grafito para aportar unidad visual, pero también riqueza de matices y texturas. Además, empleé tinta china, plumillas, pinceles y una cera roja que aparece en momentos concretos del libro. Y, por supuesto, el blanco del papel, que para mí es un material más dentro de la historia y juega un papel fundamental”, confiesa Marta Sevilla.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “El proceso técnico comenzó con mucha experimentación. En aquel momento me interesaba especialmente el monotipo. Me atrae la idea de que sea una técnica de estampación que, sin embargo, produce una única imagen irrepetible. Hay error, accidente, sorpresa. Y eso me interesa muchísimo. Encontrarme con lo inesperado es una de las cosas que hacen que seguir trabajando tenga sentido para mí”.

“Estuve realizando muchas pruebas hasta que apareció el monstruo, o al menos una primera versión de él. Aquella mancha verde tenía tanta fuerza que decidí construir el resto del libro a su alrededor, también desde un punto de vista compositivo. Llenaba el estudio de monotipos, los dejaba en el suelo y los observaba durante días. Los miraba desde lejos hasta que poco a poco iba encontrando la siguiente página. Entonces la trabajaba con el resto de materiales y volvía a empezar el proceso”, continúa Marta Sevilla.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Estoy en un momento bonito. Aunque sigo trabajando en algunos encargos que tenía pendientes y continúo dando clases en la universidad, también se están gestando cosas que me interesan mucho a nivel personal. Estoy trabajando en imágenes y pinturas que todavía no tienen una forma definida. No sé si acabarán convirtiéndose en un libro o en algo completamente distinto. De momento estoy intentando escuchar lo que necesitan ser y acompañar ese proceso con curiosidad”.
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