Álbum Ilustrado
Matthias Picard y las tres dimensiones de ‘Pataslargas’
Ponte las gafas 3D y sigue a ‘Pataslargas’ en su viaje al interior de la tierra, recorriendo simas calcáreas y bosques de cristal y enfrentándote a murciélagos, tormentas abisales y la inagotable belleza del inframundo. Una cuerda sobresale de la superficie del agua. En su bote, un misterioso ser, llamémoslo Pataslargas, lo agarra para ver adónde lo lleva: a una isla. Atraca y sigue ese hilo de Ariadna, que lo conduce a las profundidades de la tierra. ¡Cuántas maravillas! ¡Qué espectáculo! Matthias Picard nos ofrece una nueva y espléndida aventura en 3D, esta vez fotografiando los sublimes paisajes que se esconden bajo nuestros pies, en un libro que edita Fulgencio Pimentel.

¿Cómo surgió este proyecto? «Todo comenzó en otoño de 2020. Realicé una residencia artística en Pont-du-Fossé, en la región de los Altos Alpes, rodeado de árboles y montañas. Justo después de la pandemia de COVID-19, me emocionó poder ir a investigar en la naturaleza. Al pasear libremente, me fascinaron las setas que brotaban del suelo y las diminutas cosas que veía a mis pies. Esto me inspiró a explorar este mundo macroscópico en 3D. En la biblioteca me prestaron una cámara digital y, utilizando las imágenes que tomé durante mis paseos, incorporé a mis fotografías a este personaje, que ya existía en mis cuadernos. Al mismo tiempo, sentía un gran deseo de recrear una cueva y comencé a hacer maquetas de yeso. De vuelta de la residencia, continué el proyecto sin tener ni idea de la historia, y me equipé comprando una cámara y un objetivo macro. También encontré un taller, un lugar ideal para hacer maquetas».

¿Qué encontraremos en las páginas de este libro? «Morfológicamente, ‘Pataslargas’ (Jeanjambe) es el opuesto de Jim Curious, el protagonista de mis primeros libros en 3D. Le puse ese apodo porque era una figura de alambre, con dos piernas largas, dos brazos largos y una cabeza muy pequeña. Jim Curious, en cambio, es todo curvas, mucho más detallado, pero está creado principalmente con la técnica del raspado y se mueve dentro de un entorno dibujado donde los planos están recortados. En los volúmenes de un entorno fotográfico, parecería completamente plano. El dibujo de alambre se integra fácilmente en cualquier entorno. Con una línea, puedes recorrer cualquier espacio y crear una ilusión. La silueta de Pataslargas surge de esta idea de reducir una forma a la mínima expresión, de dejar que el dibujo emerja a través de la experiencia sin un plan predefinido. Con Pataslargas descubro el proceso al mismo tiempo que él, y veo adónde nos lleva», nos cuenta Matthias Picard.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a la fase de investigación, la documentación, las pruebas, incluso los bocetos en una libreta… «No hay una fase de investigación seguida de una fase de producción. Como en Pataslargas, se trata de exploración. Con Pataslargas, por primera vez, también me interesé por los videojuegos. Juegos como Heart of Darkness, Limbo, Inside y Another World influyeron en mi concepción del movimiento y la circulación, especialmente en las ilustraciones a doble página. Adopté la idea de avanzar sin poder retroceder. Al darle este ritmo, la trama se sustituye por el viaje a través de diferentes atmósferas», continúa Matthias Picard.
«Las secuencias de escenarios crean la historia, pero para imaginar el significado de esta exploración, también necesitaba anticipar la puesta en escena de las fotografías. Dado que había realizado todos mis experimentos de forma independiente, imagen por imagen, finalmente decidí descartar todas las imágenes que había tomado en la naturaleza y crear todas mis fotografías en el estudio, diseñando mis instalaciones como lo había hecho para la maqueta de yeso de la cueva. Así que pasé a otra fase».

Cuéntanos algo sobre las ilustraciones. «La naturaleza sigue siendo mi principal fuente de inspiración. El erizo de mar, por ejemplo, fue uno de mis primeros experimentos. Al fotografiarlo, descubrí unas columnas gigantescas, imposibles de ver a simple vista. En las rodillas, añadí unos pequeños ojos al estilo de Miyazaki e imaginé seres diminutos e inmóviles, como los juguetes de la máquina de garras de Toy Story, que veneran la garra y celebran al elegido cada vez que uno de los suyos es atrapado. Todos nos detenemos frente a un árbol, un trozo de corteza, una nube, una piedra donde creemos reconocer un rostro, una forma. El dibujo comienza ahí, y muchas de mis imágenes juegan con este fenómeno de la pareidolia, que consiste en ver un símbolo en una imagen de la realidad -asegura Matthias Picard-. La fotografía captura estos efectos. Inicialmente, quería crear este libro con estas fotos tomadas en la naturaleza a escala de conejo, pero técnicamente es muy complicado homogeneizar el procesamiento y la iluminación. No logré establecer una conexión entre un mundo y otro, encontrar una lógica para organizar las imágenes. En el estudio, al tener control sobre lo que veo, me siento más cómodo como artista que crea sus imágenes y paisajes. Sin embargo, desde mis primeros modelos de yeso para la cueva, trabajé con bicarbonato de sodio para que el material adquiriera cierta elasticidad, permitiendo así cierta libertad creativa; no buscaba un efecto esculpido, un modelado demasiado liso».

Cuéntanos algo sobre la técnica utilizada en este libro. «El 3D mediante anaglifos es una técnica antigua, que data del siglo XIX. La conozco bastante bien porque ya he creado dos libros con este método: ‘Jim Curious: Viaje al corazón del océano’ y ‘Jim Curious: Viaje a través de la selva’. Hay que separar los planos, construyendo una imagen para el ojo izquierdo y otra para el derecho. Para este libro, añadí muchas otras técnicas, que fui aprendiendo sobre la marcha. Fotografía, escultura, modelado, …».
¿Cómo fue el proceso de creación de este libro? «El proceso fue muy empírico. Experimenté mucho acompañando a Pataslargas en sus exploraciones y descubrimientos. Al principio, sentía una gran fascinación por las setas, las cuevas y la exploración subterránea. Para la ocasión, leí Viaje al centro de la Tierra de Julio Verne, que me encantó. También me regalaron el libro del diseñador gráfico italiano Bruno Munari, «Desde lejos parecía una isla», que juega con la percepción en torno a un guijarro que, visto de cerca, se convierte en una montaña, una ciudad, una isla. Esto resonó con mi intuición y empecé a fotografiar los guijarros que tengo en casa -afirma Matthias Picard-. Después creé esta isla de guijarros con un mar de silicona. Para mí, un libro siempre es un poco como una isla esperando ser explorada. Partiendo de esta premisa, inicialmente quise agotar la imaginación colectiva, evocando la isla misteriosa, el volcán, la cueva, las calaveras que sugerían una presencia humana, el vuelo de los murciélagos, la escalera que conducía a un reino más fantástico con los cristales. Jugando con estos clichés, el lector se siente lo suficientemente seguro como para continuar el viaje».

«Siempre había soñado con crear cristales, pero al llevar a cabo este experimento, me topé con las limitaciones del proceso artificial. En la naturaleza, las rocas y los cristales son el resultado de procesos complejos, entrelazados y fascinantes. Necesitaba encontrar ejemplares reales. Serge Darpeix, organizador de los Rencontres du 9ème art (Encuentros del Cómic) en Aix-en-Provence, me había hablado de las colecciones del Museo de Historia Natural de la ciudad, que cerró en 2014. Me puso en contacto con el equipo de paleontólogos que aún trabaja en los depósitos, y me encontré ante esas colecciones almacenadas en cientos de cajas. Había minerales, conchas, corales. Con las conchas, se abrió una nueva puerta, trazando un nuevo camino. Imaginé un viaje que partiría de un entorno artificial, modelado con materia inerte, hacia la materia natural, cada vez más animada y viva, hasta llegar finalmente a la realidad. También juego con los materiales para crear sensaciones de aventura», asegura Matthias Picard.
«Lo que me interesa es ver aparecer imágenes que me sorprenden, no necesariamente crear las que tengo en mente. En Jim Curious, proyecté principalmente imágenes mentales. Con la fotografía, es todo lo contrario; soy el primero en ver los resultados, y eso a veces es engañoso: lo que conmueve a simple vista no necesariamente se traduce bien en una fotografía. Trabajo alternando entre la fotografía y el dibujo, entablando un diálogo entre ambos. Un reflejo en una roca inspiró la secuencia de relámpagos. Partiendo de las formas florales de la calcita, añadí pistilos. Lo importante es percibir cómo reaccionan los objetos y los materiales a la luz. Con el yeso, es obvio: demasiada luz y no se ve absolutamente nada. Para obtener fotos convincentes y poder reutilizarlas, hay que perfeccionar el juego de luces y sombras. La iluminación lleva casi más tiempo que la construcción de los decorados. Para crear mis paisajes, también hago montajes. En el ordenador, no me limito a superponer dos imágenes en azul y rojo para crear profundidad; combino varias fotos, añado un cielo…».

No es solo un libro, creemos que leerlo es una experiencia, un viaje… ¿Qué opinas? «El fenómeno de los espejismos siempre me ha fascinado; debí de descubrirlo en mi infancia con Tintín y el cangrejo de las pinzas de oro. La imagen del capitán Haddock creyendo ver una botella de champán en el desierto. ¡Impresionante! Cuestionar el espejismo significa, ante todo, intentar comprender cómo la imaginación proyecta significado sobre los fenómenos reales, cómo se crean los mitos y las historias a partir de la percepción de los fenómenos físicos. El espejismo sugiere esta ambivalencia entre realidad e imaginación, el placer de la ilusión óptica y la promesa de una decepción que quería superar. Pensé mucho en el final. Al llevar a Pataslargas a descubrir la otra cara de la moneda con un efecto similar al de «El show de Truman», el viaje adquiere una dimensión más filosófica sin resultar moralizante -asegura Matthias Picard-. Cuando el sol se revela como iluminación artificial, como un foco de escenario, el personaje dibujado se percata gradualmente de los efectos del resplandor al descubrir el trasfondo de su viaje. Proyecto el shock existencial producido por este viaje a través del espejo. ¿Entonces, todo fue solo un decorado? ¿Soy solo un personaje de cómic, una ilusión de mí mismo? El espejismo es tanto la idea que Pataslargas tiene de su identidad, su viaje y sus experiencias, como la imagen que percibe en el mundo real de las representaciones de lo imaginario sobre la mesa del creador. Al concluir con la figura de pie sobre la mano del artista, reconectando con la realidad, quise reafirmar la existencia de dos mundos, borrar la frontera que supuestamente separa lo real de lo imaginario».

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Algún proyecto nuevo? «Ahora mismo acabo de tener un bebé y estoy en plena hibernación, encerrado en casa; así que cualquier proyecto tendrá que esperar hasta la primavera».
Álbum Ilustrado
Sandra Castaño nos habla de su trabajo en ‘Alas’
¿No te parece extraño darte cuenta, de repente, de que no tienes alas? ¿Qué pasaría si a todo el mundo le saliesen alas? O mejor, ¿y si todas las cosas tuviesen alas? Todo sería tan distinto… Con este planteamiento la Editorial Thule nos presenta ‘Alas’, un álbum ilustrado de Sandra Castaño. Con ella hemos charlado un poquito más en torno a este libro.
¿Cómo nace este proyecto? “El proyecto de “Alas” nace en una clase que impartía Pato Mena. Exactamente a raíz de una maravillosa propuesta, que era nada más y nada menos que crear un álbum ilustrado desde cero. Creé varias propuestas diferentes y terminé por desarrollar “Alas”. El resto de las propuestas las dejé archivadas para otro momento y me enfoqué en la idea elegida para llevarla a cabo de la mejor manera posible”.
¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Los lectores encontrarán una dinámica de causa consecuencia que se resume en unos personajes de granja a los que les salen alas y la manera en la que actúan éstos con esas alas. A lo largo del libro, hay pausas que dan ritmo a la historia, humor, reaparición de personajes… “Alas» es un álbum divertido que contiene ciertos detalles escondidos en las páginas que le añaden coherencia a la historia. Por no hablar de las guardas, las cuales son dignas de analizar”, nos asegura Sandra Castaño.

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Las ilustraciones hablan por sí solas. Son dibujos muy visuales que muestran claramente la acción que está ocurriendo, de hecho, se podría considerar que existe una sinergia entre el texto y la imagen, que hace muy cómoda y dinámica la lectura. Lo característico de estas ilustraciones es la simpleza que muestran y lo bien que funcionan sin necesidad de ser más detalladas”.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Como bien he mencionado anteriormente, el proyecto de “Alas” nació en el aula y en ese momento estábamos trabajando de una manera digital. Por lo tanto, utilicé una técnica digital que trata de simular parches con textura, superponiendo capas una encima de otra y dándoles forma cautelosamente hasta encontrar una armonía general que funcione. La intención de esta técnica era simular el collage y considero que el acabado ha sido todo un acierto, ya que es una técnica que la propia historia pide a gritos”, nos cuenta Sandra Castaño.

Si Sandra tuviera alas… “Si tuviera alas, considero que vería la vida desde arriba, como un personaje secundario que observa y analiza a la protagonista de la historia. Vería todo con más perspectiva, y dejaría caer desde lo alto del cielo todos los miedos y preocupaciones, para así quitarme pesos innecesarios y volar con esas alas a donde quiera que me lleven. También me haría mi propio nido en la copa del árbol más alto de mi pueblo (aunque creo que ya está ocupado por las cigüeñas)”.
¿Qué has aprendido con este proyecto? “Este proyecto me ha enseñado muchísimo. Me ha enseñado que hay que probar maneras diferentes de ilustrar una idea hasta encontrar la más afín, pero, también me ha enseñado a parar de probar cuando te enamoras de una de las ideas, porque ésta ya habla por sí sola -continúa Sandra Castaño-. “Alas” también me ha enseñado a trabajar en equipo con el editor, cosa que me ha encantado y que me ha aportado puntos de vista muy interesantes para enriquecer la historia. El trabajar de esta manera te hace sentir acompañada en todo momento y eso se agradece”.
“No obstante, el mayor aprendizaje ha sido el descubrir que ésta es mi pasión, que me lo paso como una niña pequeña creando álbumes ilustrados y que sé con certeza que “Alas” será el primero de muchos álbumes ilustrados que haré a lo largo de mi vida”.

Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “Ya he comentado anteriormente que la técnica final ha sido digital. Sin embargo, la creación de personajes, pruebas de color y textura, o bocetos relacionados a las imágenes las realicé sobre papel. Primero, dibujé 12 dobles páginas en las que creé una composición que daba ritmo a la historia: en la página derecha el personaje sin alas abajo y el texto arriba; y en la página izquierda el personaje con alas en la parte de arriba y el texto abajo”.

“Una vez elegida esa dinámica, empecé a pensar personajes que podrían funcionar: un perro, una oveja… incluso metí una pelota que con alas se convertiría en una snitch dorada de Harry Potter pero que terminé retirando.Tras elegir los personajes, empecé a bocetar cómo serían. Ésto diría que fue la parte más complicada ya que no quería que fueran muy detallados, pero, a la vez quería movimiento, vivacidad y expresividad. Finalmente opté por la técnica de la superposición de capas y no puedo estar más contenta con la decisión tomada. Cuando todas las páginas, las guardas y la portada/contraportada cogieron forma, hice una maqueta de cómo sería el álbum en conjunto y, es esa la maqueta que mostré y gustó. Antes de publicarlo se realizaron adaptaciones de color, algún cambio de personaje y corrección de texto, para que finalmente naciera Alas”, afirma Sandra Castaño.

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sí, estoy trabajando en la realización de las ilustraciones para un texto de una tercera persona. Es un proyecto que se convertirá en álbum ilustrado, pero de momento no hay editorial de por medio. Además, tengo varias maquetas de álbumes ilustrados que voy realizando en casa y que me gustaría publicar, en especial dos: uno al que he llamado: “La curiosidad sorprendió al gato”, un álbum con poco texto, pero que interactúa mucho con el lector. Por otro lado, “El cartero”, un álbum ilustrado sobre un cartero que se encarga de repartir el correo en el pueblo, y al que de repente, le aparece un misterioso paquete frente a la puerta”.

“Tengo en una libreta apuntadas muchas ideas de álbum ilustrado que quiero desarrollar y eso es algo que me encanta, ya que me mantiene constantemente activa respecto al álbum, haciéndome experimentar, probar, borrar, colorear y sobre todo disfrutar y mejorar, porque vivimos en un constante aprendizaje”.
Álbum Ilustrado
Manuel Marsol reflexiona en torno a ‘El cielo en casa’
Cuando tenía veinte años, Manuel encontró una fotografía en la vieja casa familiar. La fotografía mostraba a un hombre lanzando un penalti. Había también un portero a contrapié y un balón detenido en el aire. Ninguno de los jugadores que aparecían en la foto le resultaba familiar, excepto uno, el que chutaba el balón. Era su padre, que murió cuando Manuel era un niño. ¿Cómo saber entonces si aquel penalti se convirtió en gol? Como un detective que siguiera la estela borrosa de sus propios pasos en la nieve, Manuel Marsol se sirve de unas pocas películas, de una canción legendaria de Gino Paoli y del penalti fallado por Roberto Baggio en la final del Mundial 94 para contestar la pregunta más apremiante que le plantea su corazón de niño: ¿puede el ser querido seguir vivo en el misterio? Editado por Fulgencio Pimentel, hemos charlado un poquito más sobre ‘El cielo en casa’ con Manuel.

En el origen sobre todo, hay una fotografía. Me gustaría que me hablaras un poquito de eso, del origen, del embrión de este proyecto. “Es una fotografía que yo encuentro. Tendría unos 20 años. La encontré en una casa familiar. Había muchas fotos de fútbol de mi padre, que murió cuando yo tenía 11 años. Encontré muchas fotos de él jugando en campos de arena entre los años 60 y 70. Y me quedé atrapado con esta, porque el balón estaba ahí, era un penalti que él lanzaba, y el balón estaba ahí parado a mitad de camino entre la portería y el punto de penalti, y no se sabía si el balón entraba o no. Como él había muerto cuando yo era pequeño, era una metáfora de todos esos misterios, de todas esas cosas que yo no iba a poder preguntar. A partir de ahí, empecé a trabajar en el libro”.

¿Qué se va a encontrar el lector cuando empiece a pasar las páginas de El cielo en casa? “Se va a encontrar una investigación, pero no la que haría un detective, sino más bien una investigación hacia dentro de uno mismo, hacia la memoria. Me di cuenta que tampoco el libro debía ir tanto sobre esa búsqueda, sino sobre todos los recuerdos que yo tenía con mi padre”, nos cuenta Manuel Marsol.
“Es un libro que está enfocado para el público adulto. Es el primer libro que no hago, digamos, para todos los públicos, por el tono, la manera de contarlo. Y es un viaje hacia el interior, hacia recuerdos con él, películas que veíamos juntos… El formato es de álbum ilustrado, pero tiene una longitud más propia de la novela gráfica. Hay mucho más texto de lo que acostumbro en mis libros”.

“Primero, hay una parte en la que imagino cómo fue ese penalti, cómo pudo suceder. Hay otra parte en la que ya cada vez me voy alejando más de ese balón, y ese balón se va convirtiendo casi más en una estrella en el cielo. Y voy mirando más al pasado, a las películas que veíamos juntos, que tienen resonancias con esta historia. Al final es una historia que habla sobre el estar y el no estar, sobre lo que está adentro y lo que está afuera, como un penalti que marca la diferencia… El gol es la vida y el fallo es la muerte. El ser o no ser. En un penalti está recogidas un montón de metáforas”, continúa Manuel Marsol.

“Por ejemplo, una película como ‘Centauros del desierto’, que es una peli que era de sus favoritas y que veíamos juntos, yo la narro desde los ojos del niño. Y hay cierta simbología con el dentro y el fuera. Es una peli que habla del regreso al hogar, de la casa. Se abre con un plano desde dentro de una casa y se cierra igual. Siempre está presente ahí el marco, lo que entra, lo que sale. Es como si en ese balón cupiesen muchísimas asociaciones. Entonces voy tirando de ese hilo, de ese balón, donde cabe todo lo que hacíamos juntos, canciones que escuchábamos…”.

“Y luego ya hay una relación con el famoso penalti de Baggio en el Mundial del 94, que por una casualidad de fechas tiene mucho que ver con mi padre. Desde que se lanzó el penalti hasta que murió mi padre pasó justo un año. A través de ese penalti, que en su momento yo había visto con otros ojos, desde que Baggio nos había eliminado, y le tenía hasta cierta manía, pues de repente ese penalti se fue cambiando a raíz de ese descubrimiento de las fechas y volviéndose también parte de ese balón suspendido en el aire. Todo sirve para hacerme preguntas de todo tipo”, afirma Manuel Marsol.

Manuel, y en cuanto a las ilustraciones, no sé si has trabajado con alguna cosa diferente o más o menos en la línea en la que venías trabajando hasta ahora. “Yo diría que es una línea un poco distinta, digamos más realista de lo que acostumbro. Es una historia que no es como las anteriores, de fantasía y tal, aunque la hay, hay una parte de fantasía, pero esta necesitaba que estuviese pegada a la realidad. Primero por la foto. La foto es una foto real y a la hora de representarla la dificultad era justo esa… Un equilibrio entre esa parte más expresionista mía y un realismo que necesitaba la historia”.
¿Y técnicas, Manuel? “Es pintura sobre papel. No tiene óleo, no hay collage, no hay digital tampoco. Es todo acrílico, acuarela y lápiz sobre papel”, indica Manuel Marsol.

Estoy viendo ahora una de las imágenes que muestra la editorial del libro y que habla del cine. Se ve en la ilustración incluso el logotipo de La 2 de Televisión Española. “Es porque hay muchos recuerdos… Los objetos guardan como una especie de memoria. El niño que yo fui, el adulto que soy ahora, ve esos objetos de la casa familiar y están cargados de muchos recuerdos. Uno de esos objetos que salen en el libro es la cinta del VHS de Centauros del Desierto. A la hora de hacer el libro la llevé a una tienda, la digitalizaron, y me volví a ver Centauros en calidad VHS”.
“De ahí salieron muchos símbolos, lo que te contaba antes del dentro, del fuera. La búsqueda, porque también está buscando a una niña, que la secuestran los indios, y es una búsqueda sin saber muy bien si la niña está viva o muerta. Es un poco como la búsqueda del balón, algo que tú buscas y buscas, pero no sabes si tiene solución”.
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Josefina Tai y Larisa Cumin nos abren ‘Las Puertas’
¿Qué puede descubrir una niña curiosa del otro lado de las puertas de su nueva casa? ‘Las puertas’ nos muestra los hilos invisibles de todas las cosas que echan raíz: un trabajo, un hogar, una familia. Cada puerta es una invitación a la aventura, pues nunca sabemos qué nos aguarda del otro lado. Editado por Limonero, es un trabajo de Larisa Cumin y Josefina Tai. Con ellas hemos charlado un poquito más sobre este libro.
¿Dónde está el origen de este proyecto? Larisa Cumin: “Si tiene un origen, está en la infancia. En una voz que de chica fui inventando en el patio de mi casa bajo un árbol que no era nuestro, pero que nos daba sombra y flores y hojas. Y en el recuerdo que ahora puedo tener de lo que esa nena que alguna vez fui pensaba, decía, imaginaba. Con esa voz y con dos recuerdos atados a una misma puerta -quizás de los recuerdos más viejos que tengo- es que armé un poema largo. Ese poema le llegó a Jose a través de la editorial Limonero y ella lo ilustró maravillosamente”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? Josefina Tai: “Los lectores encontrarán un libro nostálgico de una memoria cuidada, tanto por la escritora como por la ilustradora. De mi parte, indagué sobre la infancia de Larisa y de mi entorno, hurgando entre fotos y recuerdos, para crear el escenario un tanto ficticio de la protagonista”.
Larisa Cumin: “Para mí los lectores se van a encontrar con un libro que puede resonar tanto en adultxs como en niñxs. Se trata de un mundo imaginado que puede parecerse al de ellos, como no. Y posiblemente se encuentren con esas preguntas y silencios que a veces nos hacen la poesía”.
¿Qué son para cada una de vosotras las puertas? Larisa: “Para mí las puertas pueden ser múltiples cosas: inicios, posibilidades,salidas, fines, conexiones, encuentros… El poema juega con eso todo el tiempo, porque la nena que es la voz del poema mientras experimenta cambios va reflexionando mucho. En un momento dice por ejemplo:
“Las puertas como las monedas tienen dos caras
una para entrar, otra para salir.
Son caras que cambian dependiendo de si se quiera
entrar o salir al mundo; entrar o salir de una casa.”
Y los dibujos de Jose le siguen ese juego por caminos más oníricos”.

Josefina Tai: “Creo que conecté mucho con el poema desde el principio, justamente por el juego con las puertas; me da múltiples posibilidades para pensar en lo que puedo dibujar, lo que hay detrás de la puerta, lo que vaya a pasar una vez que la puerta se abra. Y este juego onírico creo que es algo bastante característico de mi trabajo”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… Josefina Tai: “Como mencioné antes, el trabajo previo a lanzarse a ilustrar fue la conversación con Larisa. Conocernos y escuchar de dónde viene ella y de dónde vienen sus palabras, investigar sobre los objetos que guarda en su memoria. Este fue un proceso clave para mi trabajo como ilustradora: poder visualizar el origen de la niña del libro y, a partir de ahí, empezar a construir aquella casa llena de puertas con los elementos que recolecté”.
Larisa: “En este sentido que nombra Jose, hay algo del libro que tiene que ver con lo recordado, con “volver a pasar por el corazón” algunas vivencias y volverlas vívidas al narrarlas e ilustrarlas. Conversamos mucho, pero no respecto a cómo o qué tenía que ilustrar Jose, sino que hablamos de nuestras infancias, de objetos que rodearon ese tiempo. La historia del poema sucede en una casa que se va construyendo de a poco a las afueras de una ciudad del interior de Argentina en los 90, es decir en un contexto donde se cruza lo urbano y lo rural. Entonces hay objetos muy ligados a lo analógico, ciertos colores, texturas particulares (algo de esos tonos lavados de las fotos de rollo de esa época), una vegetación particular, una dimensión del espacio que está marcado por eso”.

¿Cuál ha sido vuestro mayor descubrimiento tras todo ese proceso? Josefina Tai: “Lo que más aprendí en el proceso de ilustrar este libro fue a observar y a tener paciencia, tanto conmigo como con mis dibujos. En general, cuando tengo una idea, me apuro mucho a realizarla y no suelo hacer muchos bocetos. Sin embargo, para este libro, el proceso de los bocetos fue más largo, ya que no dependía solo de mi visión, lo cual, para mi sorpresa, me gustó muchísimo. Tuve que hurgar mucho más a fondo en mí para encontrar la imagen perfecta, aprendí que no hacía falta apurarme y quedarme con la primera idea, que a veces puede estar bien. También en el libro ilustro muchos objetos, cosas de la casa, y para esto, tuve que sentarme a mirar los objetos que me rodeaban, observar cómo son sus texturas, cómo se ven las marcas del tiempo en ellos, para que la imagen que yo ilustrara fuese rica visualmente. Así aprendí a detenerme, tanto en la vida real como en mi trabajo”.
Larisa: “Para mí fue maravilloso encontrarme con las imágenes que Jose trajo al poema. Es la primera vez que escribo y otro lo ilustra, hasta ahora había publicado libros para adultos sin ilustración, entonces ver el poema hecho libro me produjo un placer parecido a abrir un libro álbum por primera vez pero con la salvedad de que acá esas palabras las había puesto yo. También nos viene sorprendiendo el recorrido que el libro fue haciendo… a quiénes fue llegando, qué cosas cuentan los lectores que les produce. Y entre esas cosas maravillosas fue seleccionado entre los 100 Outstanding Picturebooks 2026 de D-pictus y hace poco las ilustraciones de Jose fueron elegidas para conformar el Catálogo Iberoamericano de Ilustración de publicaciones infantiles y juveniles de Iberoamérica Ilustra”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? Josefina Tai: “Creo que en general mis ilustraciones suelen ser silenciosas. Me gustan los trabajos que me hagan suspirar por su belleza y sentir que todo el resto se apaga, y eso intento hacer con mis imágenes. Sé que son íntimas, porque intento buscar las imágenes a través de mi cuerpo y de lo que yo experimento con cierto sentimiento, para traducirlo a una imagen. Y creo que justo hace una buena dupla con el poema porque es igual de sensible e íntimo. Lo diferente a lo que vengo haciendo siempre es esto de haberle dedicado tanto tiempo, fueron como 8 meses de estar inmersa en este proyecto”.

¿Con qué técnicas trabajaste? Josefina Tai: “Trabajo digitalmente con Photoshop, desde la pantalla de la compu y usando una tableta pequeña de wacom. Uso casi siempre los mismos pinceles: uno de acuarela y otro de lápiz, así que un poco sigue siendo analógico ese proceso de trabajar en capas y generar texturas. También aprendí a ser más organizada con mi espacio de trabajo de Photoshop, porque son más de 100 capas y por momentos se me hacía difícil encontrar las cosas”.

Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. Josefina Tai: “Al principio me costó mucho encontrarle la voz de la imagen al libro, hasta que hice el boceto de la primera doble del libro, que es una niña asomándose, pero solo se ve su sombra. Un poco porque ilustrar personajes no es mi fuerte y otro poco para generar misterio. Cuando vi ese boceto, me di cuenta de que la poesía de las ilustraciones de este libro se va a trabajar a partir de las sombras (contar algo sin contarlo todo). Por lo que a lo largo de todo el libro, me enfoqué en encontrar las diferentes sombras posibles de una casa. Excepto la parte en donde todo el libro se apaga y, en vez de dibujar las sombras, dibujo las luces y creo que ahí se genera un juego interesante”.
“El libro está dividido en 4 partes, y lo mismo hice con las ilustraciones. Arranqué con esa paleta tierra que menciona Lari, por las baldosas terracota del piso que encontré en algún lugar; son baldosas que creo que ya no se usan y los colores funcionan perfectamente para hablar de un recuerdo, de algo que ya pasó. En la segunda parte, cuando la niña se muda a un lugar con patio, todo se vuelve vibrante y brillante, virando a los colores saturados. En la tercera es cuando todo se apaga, el rojo/rosado se entristece y vira a los violetas. Y por último, vuelve la luz y todo vuelve a ser brillante”.

¿En qué trabajáis ahora? ¿Algún proyecto nuevo? Larisa y Josefina: “Ahora estamos probando el camino inverso, que Jose ilustre y luego Larisa escriba. Este nuevo proyecto por ahora parece una continuación del anterior aunque se separa y prueba algo nuevo. Hay dos niñas y hay ventanas. No podemos contar mucho más”.
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