Entrevistas
Mariona Cabassa y los colores de la colección Arcoiris
Dime, mamá, ¿cómo es el color amarillo? Mmm, bueno…, el amarillo es… Ardiente y luminoso, como la estrella más cercana. Dorado y rugoso, como un abanico milenario… ¿Y el verde? Dime, mamá, ¿cómo es el color verde? La colección Arcoiris de la Editorial Juventud es una evocadora y poética colección de libros que nos hará sentir los COLORES como nunca antes: con todos los sentidos. Una pieza de arte gestada desde ambos lados del espectro artístico; el de Marta Ardite, como gestora e historiadora del arte, y el de Mariona Cabassa, como artista. Una obra con el reconocible y colorido estilo de Cabassa, con la que hemos charlado un poco más sobre este proyecto.

¿Cómo nace este proyecto? Mariona Cabassa: “Pues la colección de los colores nace gracias a Marta Ardite, que es la escritora. Fue ella un poco la que diseñó el proyecto, la que tuvo la visión, vamos a decir, de que fuera una colección de libros, uno por cada color del arco iris, más el blanco. Y ella lo presentó a la editorial Juventud, que enseguida dijo que sí, y yo fui un poco el último paso. Marta y yo ya nos conocíamos desde hacía muchos años por otros proyectos, no de libro, pero de arte, en los que habíamos colaborado, y Marta vino directa a mí a pedirme si quería ilustrarlo y acepté rapidísimamente”.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de estos libros? “Pues yo creo que sobre todo un enfoque bastante distinto sobre qué son los colores, cómo los percibimos o podemos percibirlos. ¿Qué más? Yo creo que imágenes y textos muy evocadores, muy abiertos también, al mismo tiempo. Son libros que enfocan este tema del color de cada libro de una forma muy poética, y creo que son libros que quieren evocar más que conducir”.

¿Qué te parecieron los textos de Marta cuando llegaron a tus manos? “Pues eso, me pareció que contenían una belleza más poética, evocadora, que eran un punto de vista sobre el tema del color, que es un tema que a mí siempre me ha interesado, no tanto justamente desde un punto de vista teórico, sino desde un punto de vista casi más emocional, lo que nos despiertan los colores en los sentidos, y los textos de Marta iban completamente en esta dirección”, aseguraMariona Cabassa.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Bueno, sobre todo que el tema de tener que dividir en cada libro, dividir los colores, es decir, tener que centrarme y poner toda la atención en que el libro respirara el color del que estábamos hablando. Yo creo que eso ya es un gran cambio, porque, claro, la paleta cromática con la que he trabajado, para las personas que hayan visto los libros o los vean, se darán cuenta de que predomina el color del que se habla, eso no quiere decir que no haya otros colores, y aún así yo creo que he sabido mantener la línea del color que se habla. Entonces es una gran diferencia, porque yo normalmente soy una ilustradora muy colorista, mezclo paletas de colores muy amplias en todas las ilustraciones, y entonces aquí está más dirigido”.

“Lo trabajé con acuarelas líquidas, con gouache, y luego lápices, ceras, yo normalmente trabajo mucho con técnica mixta, y estos fueron los cuatro elementos que usé para este libro”, nos cuenta Mariona Cabassa.
Aquí entendemos que los colores que se abordan son los protagonistas. “Sí, como te decía, cada libro se centra en un color. Yo creo que el tema es que ese color, frase a frase, página a página, nos vaya poniendo en contacto a través de los adjetivos que le da Marta, y a través de las ilustraciones, con el aspecto más sensorial del color, es decir, que nos evoca y que nos despierta en cada uno de nuestros sentidos, no sólo la vista, porque la diferencia de esta colección y de cómo está enfocada, yo también creo que es que todos pensamos que los colores nos entran por la vista y que ese es el sentido que se activa, pero en realidad la propuesta de Marta es hacerle pensar al lector que en los otros sentidos también suceden cosas cuando entramos en contacto con un color -continúa Mariona Cabassa-, y que nos puede evocar sensaciones del gusto, del olfato, del tacto. Y entonces por eso Marta va jugando con todos estos adjetivos en cada página que nos llevan a una escena a ese despertar de los sentidos de distintas formas”.

¿Cómo ha sido el reto de ir ciñéndose a una gama cromática? “Ha sido un reto muy grande, pero al mismo tiempo ha sido muy interesante, porque he tenido que profundizar mucho más y reflexionar mucho más, y técnicamente buscarme la vida para que el color con el que estaba trabajando y que tenía que ser predominante, que tenía que ser el protagonista, estuviera presente en una gama muy amplia”.

“Todos sabemos que de cada color hay cientos de matices, el azul no es solo un azul, sino que hay muchísimos azules, y esa es la gran dificultad. Si yo encontraba la manera de que hubiera muchos tonos distintos de azul, después había un tema técnico, es decir, cuando eso pasara por el escáner y por mi ordenador, para ser entregado en un formato digital, y cuando luego pasara por la imprenta, ¿qué pasaría con eso? Porque sabemos que los libros cambian, siempre son impresos porque pasan por muchas fases y el color se va transformando, y una cosa es el color que vemos en una pantalla, y luego según el papel que se use, según las tintas, según la maquinaria que se use para imprimirlo, la calidad… La verdad que esa era una cosa que incluso nos daba un poco de miedo, que se perdieran esos matices, y acabamos bastante contentas con el resultado, a pesar de que si ves los originales te das cuenta de que se pierden algunos matices, pero se ha conservado bastante y estamos contentas con el resultado ya impreso”.
“El proceso de realización fue un proceso muy largo -afirma Mariona Cabassa-, el otro día lo hablábamos con Marta, que estuvimos casi dos años y medio inmersas en esta colección, y fue todo un viaje, porque convivimos con esos colores, con este proyecto, con los textos de Marta y mis ilustraciones durante dos años y medio, y el otro día nos vimos y lo echamos de menos. La verdad que para mí ha sido la primera vez que hago una colección entera así, tan larga, de siete libros, y entonces realmente te cambia mucho respecto a hacer un libro único, porque es todo un viaje, fuimos encadenando un color con el otro, y fue muy interesante, tanto con Marta como con Elodí, que es la editora de los libros. Yo creo que hemos tenido una excelente relación, las tres hemos estado muy implicadas en este proyecto, y creo que las tres hemos querido mimarlo mucho, y yo creo que se nota por todos lados, también desde diseño y maquetación, que lo ha hecho Mercedes de la editorial”.

“Siento que es una colección que la hemos cuidado mucho. Mi libro color favorito… a mí me gustan todos los colores, y con esta colección justamente me he dado cuenta de que incluso había colores que igual a priori les tengo menos cariño. Por ejemplo, me pasaba con el amarillo, y me reconcilió con él, porque me di cuenta de que había muchos tonos del amarillo que me gustan, y que por lo tanto no podía decir que un color me interesara menos que otro. Te voy a decir lo contrario, cuál es el que me daba más respeto, y que al final se convirtió en mi favorito, que es el blanco, porque ese yo creo que fue el gran reto de toda la colección. Así como me reconozco como más capaz de ver los distintos tonos y matices del resto de colores, pues del blanco pensé que me costaría más, y fue muy interesante, fue un reto, y creo que el libro estoy muy contenta de cómo quedó. Seguro que me he perdido algunos, pero creo que hay bastante variedad dentro de lo que es el blanco, que tal vez es el color que más aquí, porque no somos esquimales, es en el que vemos menos matices”, asegura Mariona Cabassa.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Antes de decirte que estoy en la mesa, quiero decirte que han salido dos proyectos que estoy muy contenta con ellos, que son de los dos proyectos que más me ha gustado hacer en mi carrera, uno es El maravilloso libro de la muerte, que ha editado Litera Libros, escrito por Soledad Romero, que ha sido también un reto y estamos también súper contentos de cómo ha quedado, y el otro no es un libro, sino que es un juego de cartas que se llama ‘La magia de la Gestalt’, y lo he hecho con unos terapeutas de una escuela Gestalt de Barcelona, y es un formato distinto de un tema que me interesa, y creo que es diferente”.
Y luego estoy con varios frentes abiertos, va a salir un libro también para la Editorial Juventud, muy chulo. Y he empezado a trabajar con una agencia inglesa de representación de ilustradores, y entonces estoy con varios proyectos abiertos para otras tierras, para Inglaterra y para Estados Unidos. Hace ya años que trabajo fuera también bastante, y creo que ahora se va a intensificar en mi vida laboral esa parte, porque estoy empezando mi asociación con esta agencia. Están empezando a caer cosas interesantes, y también en otros terrenos que no son exclusivamente el mundo del libro, sino también en temas de producto, y a mí me gusta porque soy una ilustradora inquieta, y me gusta que me ofrezcan variedad”.
Álbum Ilustrado
Verónica Aranda y su trabajo en ‘Bienvenida, amiga ardilla’
Cascabilla la ardilla tenía su nido en el hueco de un árbol y todo preparado para el invierno: una cálida cama hecha de hojas, una despensa a rebosar de frutos secos y cientos de semillas escondidas en lugares secretos del bosque… Ya falta poco para que se instale el invierno y Cascabilla ha trabajado duro para estar preparada. En su apacible nido, en lo alto del árbol, la ardilla ve caer las últimas hojas de otoño cuando, de repente, el tronco cae al suelo. ¡No puede ser! ¡Los castores lo han talado! Cascabilla está desconsolada. ¿Y ahora qué? Con estas palabras la editorial Cuento de Luz nos presenta ‘Bienvenida, amiga ardilla’, una emocionante aventura a través del bosque que construyen Daniel Cañas y Verónica Aranda, con la que hablamos de este álbum ilustrado.
¿Cómo llega a tus manos este proyecto? “Hace años que conozco a Daniel Cañas y, desde el primer día, habíamos tenido la intención de publicar algo juntos. Pero siempre iban surgiendo cosas y nunca encontrábamos el momento de ponernos manos a la obra con nuestro proyecto. Durante una etapa en la que yo tenía menos carga de trabajo pensé: “ahora es el momento”. Así que le escribí y le pedí que me enviara algunos de sus últimos cuentos. El de la Ardilla fue el que más me encajó y enseguida lo visualicé con mis ilustraciones”.

¿Qué es lo que más te gustó de este proyecto? ¿Qué te pareció la historia de Daniel la primera vez que la leíste? “Lo que más me gustó fue que los protagonistas fueran animales y que la historia transcurriera en el bosque. Soy una gran amante de la naturaleza y es lo que más disfruto dibujando -confiesa Verónica Aranda-. También me llamó la atención la estructura repetitiva del cuento, porque me pareció muy dinámica y divertida para los pequeños lectores. Además, transmite valores como el compañerismo, el respeto y la gratitud, algo que considero muy importante aprender desde edades tempranas”.
¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Animales. Muchos animales escondidos por aquí y por allá. En todos los libros que ilustro intento cuidar mucho los detalles para que los niños puedan entretenerse observando cada página. Pero en este álbum quise implicarme al 200%. Y si se fijan bien, incluso encontrarán una pequeña subtrama entre dos pájaros carpinteros que desarrollé para enriquecer todavía más la historia”.

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Pues como he dicho anteriormente, creo que mis ilustraciones se caracterizan principalmente por la cantidad de detalles que contienen. A nivel de color, me gusta trabajar con gamas cromáticas vivas y luminosas, y sobre todo jugar con las luces para crear escenas cálidas y envolventes”, nos cuenta Verónica Aranda.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Yo soy digital 100%, desde el storyboard hasta el arte final. Trabajo únicamente con Photoshop, en una tablet con pantalla grande. Aun así, me gusta conservar cierta sensación tradicional en el acabado, por eso trabajo con muchos pinceles y texturas diferentes que aportan ese aspecto más orgánico y “hecho a mano”.

¿Qué has aprendido con este proyecto? “Siempre que ilustro un libro termino aprendiendo cosas nuevas relacionadas con su temática. En este caso descubrí algún que otro dato curioso sobre las ardillas, los pájaros carpinteros, los castores o las liebres. Por ejemplo, me sorprendió muchísimo la memoria que pueden llegar a tener las ardillas: son capaces de recordar los escondites donde almacenan su alimento creando mapas mentales y ayudándose con marcas visuales del entorno”, afirma Verónica Aranda.
Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “En este álbum, la forma de trabajar fue muy distinta a la de otros encargos editoriales que había hecho anteriormente, porque Daniel y yo iniciamos el proyecto de una manera totalmente libre, sin la presión de una fecha de entrega. Fue un proceso que se cocinó a fuego lento durante dos años”.

“Primero realicé un storyboard para distribuir el texto en las distintas dobles páginas y decidir qué escenas podían ilustrarse mejor. Después empecé a trabajar en los bocetos a tamaño real, siempre contando con el feedback de Daniel. Precisamente, una de las cosas más bonitas de este proyecto fue la comunicación constante entre nosotros. Hubo un intercambio de ideas muy enriquecedor y, de alguna manera, ambos fuimos alimentando creativamente el trabajo del otro”.
“Cuando ya tuvimos una maqueta sólida, decidimos presentarla a algunos premios de álbum ilustrado, entre ellos el Premio Lazarillo, aunque finalmente no hubo suerte. Más adelante, Daniel -que ya tenía relación con la editorial Cuento de Luz y había publicado otros álbumes con ellos-, les enseñó nuestro proyecto. La editora quedó tan encantada que nos dio el sí prácticamente al momento. Gracias a ellos, nuestro cuento terminó convirtiéndose en realidad dos años después de haber comenzado este viaje”, asegura Verónica Aranda.

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Hace poco se publicó el último libro que he tenido el placer de ilustrar, Joel i el Drac Ocult, escrito por Laura Borao y editado por Edelvives. Y ahora mismo estoy en una etapa un poco más pausada, ya que estos últimos meses han sido bastante intensos tras la compra de mi primera vivienda. Además, trabajo a jornada completa como maquetadora en una editorial y entre unas cosas y otras apenas me queda tiempo. Aun así, espero poder retomar pronto el dibujo y empezar nuevos proyectos”.
Álbum Ilustrado
Mar Azabal nos muestra los ‘Tesoros en los bolsillos’
‘Tesoros en los bolsillos’ es una invitación poética a disfrutar sin prisas de lo cotidiano, lo pequeño, lo cercano, y a llenar los bolsillos de experiencias para compartir. Representa la curiosidad de la infancia, su capacidad de asombro y sorpresa, su habilidad para percibir belleza en lo más simple. Así es como de “cosas útiles e inútiles, bonitas y raras, cosas ni bonitas ni raras” se llenan los bolsillos de la niña que protagoniza estos poemas ilustrados de verso libre. Un trabajo de Isabel Cobo y Mar Azabal que edita Kalandraka. Con Mar hemos hablado sobre su trabajo en este libro.

Lo primero, cuéntanos cómo llega a tus manos este proyecto. “Kalandraka se puso en contacto conmigo y me propuso ilustrar el poemario; ellos creían que yo encajaba para ilustrar los poemas de Isabel. Me pasaron el texto y me encantó”.
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Es una belleza de poemario. Se centra en lo cotidiano, en la naturaleza, en las cosas pequeñas que nos rodean, en objetos que a los ojos de un adulto son insignificantes, pero que a los ojos de un niño son verdaderos tesoros. Creo que es un poemario que no tiene edad; a través de sus páginas se nos invita a disfrutar sin prisas de lo cercano”.
“Los adultos pueden identificarse con la protagonista; yo lo hice, me vi reflejada en ella -confiesa Mar Azabal-. Sus miedos, sus sueños, sus anhelos eran los mismos que los que yo sentí cuando fui niña y pueden ser los mismos que siente cualquier niña o niño en la actualidad; son emociones atemporales, se sienten de niño y de adulto”.

“A mí me encanta, aun a día de hoy, guardar tesoros en los bolsillos, por ejemplo, piedras con formas peculiares. El verano pasado recogí de la playa dos trozos de cerámica; no sé a qué objetos habrán pertenecido, pero a mí me encantaron sus bordes pulidos por la arena, sus colores azules, blancos y amarillos. Ahora me acompañan, como muchos tesoros, en mi estudio, y cuando los miro, me imagino historias que podrían formar parte de ellos. Entre sus páginas encontrarán algunos de mis tesoros de niña, como por ejemplo las canicas, que acompañan al resto de tesoros que nos regala Isabel”, nos cuenta Mar Azabal.
¿Qué te parecieron los poemas de Isabel tras una primera lectura? “Delicados, sugerentes. Los leí y mi mente se llenó de imágenes; aún hoy, cuando los vuelvo a leer, acuden a mí montones de imágenes”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Lo primero que hice fue probar qué técnica me servía mejor para trabajar las ilustraciones. La primera ilustración que hice fue la que acompaña al poema Semillas; probé con la acuarela porque quería algo muy delicado, pero no me gustó el resultado. Decidí entonces usar el pastel y, al ver la ilustración finalizada, me gustó el efecto que daba. Decidí que trabajaría las ilustraciones con grafito y pastel y algún toque con lápiz de color. La siguiente ilustración que realicé fue la de la tiza y ya me quedó claro; la imagen tomaba un aspecto etéreo con el fondo de pastel difuminado, era como si la propia tiza de la niña estuviese siendo utilizada para dibujar el libro y eso me convenció del todo”, asegura Mar Azabal.

¿Qué poema te resulta más atractivo? “Mi poema preferido no va acompañado de ilustración; lleva por título Acerca de guardar. Pero tengo que decir que me gustan todos y que todos me generan imágenes y eso me encanta”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Sólo había ilustrado un poemario y era para adultos; es la primera vez que ilustro poesía para niños y me he sentido muy bien haciéndolo, aunque como ya he comentado es un poemario para todas las edades”.

“Es totalmente distinto al trabajo que hay que realizar para un álbum ilustrado. No tienen nada que ver, la narrativa visual es totalmente diferente -afirma Mar Azabal-. A parte en los álbumes suelo usar técnicas mixtas, mezclo mucho; el trabajo es muy artesanal. En los últimos años he trabajado en proyectos muy diferentes unos de otros. He ilustrado novelas para adultos y he trabajado la ilustración fuera del mundo del libro, lo que me ha llevado a usar cada vez más la tableta gráfica; antes me resultaba imposible dibujar desde cero en digital, siempre tenía que tener un papel, algo físico, tangible, del que partía; ahora, dependiendo de los tiempos de entrega, ese paso prácticamente ha desaparecido”.
“En ‘Tesoros en los bolsillos’ ha sido como volver a mis inicios, a la línea simple del grafito. Más que algo nuevo, es una vuelta a mi esencia, a esas ilustraciones en las que, sin estar ligadas a un texto, había cierto aire poético, delicado, a las ilustraciones con las que comencé a darme a conocer”.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Lo primero que hice fue un boceto de las ilustraciones que acompañarían los textos, algo así como un storyboard de todas las ilustraciones, para intentar dar continuidad a las ilustraciones. Tras decidir qué técnica iba a utilizar, comencé a dibujar distintas versiones de algunas de las ilustraciones que acompañarían a los poemas. Me resultaba muy agradable dibujar con una línea tan sencilla y tan mía; no sabría cómo explicarlo: es la primera vez que al afrontar un encargo de editorial me he sentido como si dibujase para mí, sin la presión que supone que esas ilustraciones van a ser después expuestas al público”, nos cuenta Mar Azabal.

“Como te decía, algunas ilustraciones tienen varias versiones distintas; se las mostré a la editorial y ellos seleccionaron las que mejor se ajustaban al texto. Solo una de ellas, la primera, me dio dolor de cabeza, porque la editora me comentaba que la posición de uno de sus brazos era forzada y yo me empeñaba en cambiar el que no era, hasta que al repasar las ilustraciones con la editora, coincidimos físicamente, ella señaló el brazo que tenía el fallo. Es la única ilustración que he repetido para corregir, y no una vez, sino cinco veces”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Estoy trabajando con una novela clásica ilustrada para adultos y con un encargo para una asociación de un agenda. Los trabajos van llegando poquito a poco; lo importante es que no dejen de llegar, y que sean satisfactorios”.
Cómic
Sun Bai y los ‘Pelícanos eléctricos en los lagos’
Cuando resultó seleccionado para viajar al espacio, fue el objeto de admiración de sus compañeros de estudios. Ahora, tras años realizando un trabajo monótono y posiblemente inútil, su vida parece menos envidiable. No solo no ha prosperado, sino que ha perdido todo el interés en hacerlo. Solo muy de tarde en tarde regresa a la Tierra, pero en su última visita se produjo un reencuentro. El recuerdo de ese día en que, junto a su única amiga, paseó por el parque y recordó unos pelícanos eléctricos que ya no existen será determinante para él. ¿Qué sentido tendría repetir un día que ya fue perfecto? ‘Pelícanos eléctricos en los lagos’, editado por Fulgencio Pimentel, es el último trabajo de Sun Bai, una de las voces más interesantes surgidas en el ámbito de la BD en la última media década. Aprovechando su reciente visita a nuestro país, hablamos con ella un poquito más sobre este trabajo.

¿Cuál es el origen de este proyecto? ¿Qué te impulsa a crear esta historia? “Al principio era un fanzine que creé en 2019 y que presenté en el Off del festival de Angoulême. Mi editor César lo descubrió en ese momento. El nacimiento de esta historia viene de mi experiencia personal: como el protagonista, dejé mi ciudad natal y hoy vivo en Francia. Cada vez que vuelvo a mi ciudad, tengo la sensación de conectarme a otro servidor, como si entrara en otra realidad. La historia nació de la nostalgia por mi ciudad natal y de la búsqueda de un equilibrio entre esas diferentes realidades. Como los personajes del libro, yo también echo de menos los momentos que pasé con mis amigos dando paseos en patines con forma de cisne por el lago del parque”, nos cuenta Sun Bai.
¿Qué van a encontrar los lectores en sus páginas? “Espero que encuentren ante todo una atmósfera, un momento suspendido y tranquilo. Quizás les den ganas de fumarse un cigarrillo o de tomarse un café”.

Háblanos un poco de las ilustraciones. ¿Qué dirías que tienen de característico? “Lo que me interesa de la ilustración es siempre la narración. No creo que se aleje demasiado de mi trabajo en el cómic.
Lo que las caracteriza, diría que son los personajes, las relaciones humanas entre ellos y las historias que existen detrás -continúa Sun Bai-. Como cuando hago un cómic, siempre me pregunto qué ropa llevan y qué tipo de vida llevan más allá de lo que se muestra. Con las naturalezas muertas es lo mismo: siempre pienso en quién podría usar esos objetos”.

Nos gustaría que nos contaras algo sobre el uso del color en este proyecto, el azul… “El azul es el color dominante del libro. El primer fanzine lo imprimí en casa con una impresora de escritorio. Usaba principalmente el cian, el amarillo y el azul. Luego conservé esa paleta para el libro. Decidí mantenerla por ese aspecto vaporoso, casi desvanecido, que produce esa técnica. Como el humo de un cigarrillo suspendido en el aire”.
En otra ocasión hablamos de ‘La playa más bonita del mar del Norte’. Nos hablabas entonces de una historia sobre el «fin del mundo». En este nuevo cómic, ¿ese mundo ya no existe? “Podría existir en otra realidad. Creo que nunca he abandonado del todo esa idea; en mis narraciones, el tiempo no es necesariamente lineal. El pasado, el presente y algunas posibilidades del futuro pueden a veces coexistir. En una de ellas, el mundo quizás ya haya desaparecido; en otra, algunos personajes siguen viviendo historias distintas. Todas esas realidades pueden existir de forma simultánea”, asegura Sun Bai.

¿Qué has aprendido con este proyecto? “Dibujar una historia que contiene varias realidades es bastante agotador. La próxima vez, igual me lo pienso dos veces antes de elegir realidades tan complejas de entrelazar :)”.
Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “Por lo general, en cuanto tengo una idea, empiezo a dibujar un storyboard muy en borrador. Trabajo el texto, los diálogos y las imágenes a menudo al mismo tiempo. Es raro que escriba un guión completo antes de empezar. Según el proyecto, a veces preparo un esquema o un resumen. Después desarrollo el storyboard, luego trabajo el dibujo a línea y, por último, el color. Por supuesto, también hay muchas conversaciones con mi editor a lo largo de todo el proceso”, confiesa Sun Bai.

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Hay algún proyecto nuevo? “Actualmente estoy trabajando en un nuevo proyecto de cómic, una historia de amor. Trata principalmente sobre hombres solitarios y las mujeres a las que nunca llegarán a alcanzar”.
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