Entrevistas
Miradas. 5 años de Mazoka en Vitoria-Gasteiz
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Increíble, organización maravillosa, buen ambiente, contacto con otros y otras profesionales, feedback de tu trabajo,… Así definen su experiencia las personas que han participado en alguna de las primeras cuatro ediciones del Mazoka, el Mercado de Dibujo e Ilustración de Vitoria-Gasteiz. Sus puertas se vuelven a abrir en unos días. Llega el quinto aniversario de este interesante encuentro, que entre el 20 y el 22 de diciembre llenará el Centro Cultural Montehermoso de actividades. Pero además este año se suman otros espacios: el Palacio Villasuso, el BIBAT, Museo de Arqueología y Naipes Fournier, las librerías Zuloa y Mara-Mara y la Sala de Conciertos The Garage.

Retrocedemos en el tiempo a los inicios del Mazoka, y visitamos sus diferentes ediciones a través de los ojos y la experiencia de algunos y algunas de las mazokalaris que han participado desde 2015 en este Mercado de Dibujo e Ilustración. “Mi experiencia en Mazoka, las dos veces que he participado, han sido increíbles. La maravillosa organización es lo que más destaco, forman un equipo que lo da todo, se dejan la piel en que lo tengamos todo cubierto y con mucho mimo. El feedback con el público sería lo segundo que más me gustó. Acostumbrada a estar sola en mi estudio e interaccionar con él sólo a través de las redes, sentir sus miradas de asombro, sus palabras de reconocimiento, su calorcito, se convierten en una gran motivación para seguir dibujando”. Son las palabras de Natalia López de Munain. Ella participó como mazokalari en la primera edición del mercado, y repitió el año pasado, en la cuarta. “La primera vez, como gran novata, fui con todo originales y la acogida, sorprendentemente, fue brutal. Recuerdo que vendí un dibujo de 50×60 antes de colocarlo en la mesa. No llevé tarjetas (las hacía a mano en el momento si me las pedían), ni reproducciones, ni bolsas, ni página web, ni blog….nada de nada…”, nos cuenta. Natalia ahora está metida de lleno en un proyecto que se llama ‘miss rayas’. “Retrato a gente metamorfoseándola. Para hacer la transmutación les paso una batería de preguntas que comienzan con un «y si fueras…» un animal, una flor… una vez recogida la información, doy forma al retrato introduciendo elementos que definen a la persona, creando una obra que va más allá de un mero retrato. Por otro lado sigo haciendo obra propia y preparo exposición para el año que viene”.

Con Natalia coincidió en la primera edición la ilustradora Yolanda Mosquera. Esa ha sido su única participación como mazokalari en el mercado, aunque también está detrás de la imagen gráfica de la edición de 2017 del Mazoka. Yolanda recuerda aquella primera edición “con los nervios e incertidumbre de lo que se estaba fraguando. Recuerdo con mucho cariño el éxito de público, el ambiente distendido con la música en directo y el espacio tan bonito. También recuerdo los momentos compartidos con los compañeros, en los momentos de descanso. Para mi lo mejor fue el cuidado de la exquisita organización, que además hizo que me sintiera apreciada y partícipe de un evento tan especial”.

En su rinconcito en la primera edición del Mazoka encontrábamos prints, algún calendario y libro. “Al ser la primera edición todo lo preparé con mucha inocencia y sin grandes pretensiones, porque no sabía lo que iba a pasar ni la repercusión que tendría, pero recuerdo colocar la mesa expositiva con mucho mimo e ilusión -confiesa Yolanda-. Y nervios, también. Ahora, viendo la repercusión que tiene, tendría otra estrategia”. Yolanda ha trabajado este año sobre todo para instituciones, y en breve se publicará un librito ilustrado para el Departamento de Restauración de la Diputación Foral de Álava. “Tengo algún proyecto de álbum ilustrado a la vista súper emocionante y estoy preparando una exposición que presenta mi trabajo como oficio. Por lo demás, siempre con los proyectos personales y los encargos del día a día”.

El éxito de la primera edición desembocó como no podía ser de otra manera, y gracias al gran esfuerzo de la organización, en la segunda edición del Mazoka, en diciembre de 2016. Esa segunda edición fue la primera experiencia de Celsius Pictor en el mercado. “Mi experiencia en el Mazoka siempre ha sido una maravilla (repitió también en la tercera edición). Desde la organización, que vela porque no te falte de nada y estés a gusto, hasta la propia ciudad que me tiene enamorado desde el primer año que fui. Mi primer Mazoka fue en 2016, el segundo año que se organizó, y era mi tercer mercado de ilustración. Recuerdo que además de disfrutar de Vitoria, que estéticamente me recuerda mucho a mi Ourense natal, me sorprendió la afluencia de público y el interés de la gente. Hice algunos amigos y en general lo disfruté. Volví el año siguiente, en 2017, por la buena experiencia vivida”.

Esa segunda edición del Mazoka fue también destacada para Celsius Pictor porque para el evento inició su colección de porcelana. “Para aprovechar que iba al mercado a llevar mis animales mecánicos, probé a aplicar mis ilustraciones en algunas piezas de porcelana en el horno de una amiga y su éxito en Mazoka hizo que lleve desde entonces metido en ello. Vendí todas las piezas el sábado, así que me hace ilusión pensar que mis primeras porcelanas están repartidas por hogares de Vitoria”. Actualmente está trabajando mucho con marcas de moda de fuera de España, aplicando sus ilustraciones a campañas y productos. “Además para Bolonia del año que viene publicaré un libro ilustrado con la editorial Thule que va a ser un bombazo porque es espectacular. Y mientras, mi marca paralela de porcelana ilustrada ha ido creciendo, aumentando las piezas y desarrollando su propia identidad y a partir de esta navidad se va a hacer más grande y con posibilidad de hacer encargos. Este año he creado varias piezas para el Orgullo por encargo de un hotel rural y estoy creando varias piezas como regalo de boda, así que el universo de Monsterkompendium que estaba en pañales en el primer Mazoka está ahora en plena preadolescencia”.

Con Celsius coincidió en la segunda (2016) y tercera edición del Mazoka (2017) la ilustradora Calle. “La primera vez que participé en el Mazoka era también la primera vez que participaba en un mercado de ilustración de estas características, y recuerdo que fue una experiencia muy emocionante. Viajaba sola y no conocía a nadie. No sabía qué podía pasar. Lo mejor sin duda fue conocer a tantas compañeras y compañeros de profesión y hacer piña como colectivo. Compañeras con las que colaboré en proyectos posteriores como Vireta o Pili Aguado”.

En su primera participación expuso sobre todo originales y prints. “En aquella ocasión estaba experimentando. No tenía un registro de ilustración marcado y estaba empezando a familiarizarme con la acuarela y la tinta. También probé con la ilustración aplicada a objetos como puzzles de madera pintados a mano”, nos cuenta Calle.

Ahora Calle sigue experimentando en otros medios. “Soy una persona que se ahoga en su círculo de confort, necesito constantemente aprender y probar cosas nuevas. Mi primer objetivo fue especializarme en la acuarela y la tinta, y ahora que me manejo bien en técnicas tradicionales, me estoy centrando en la edición de vídeo y la animación”. En la tercera edición, Calle coincidió con Elena Odriozola, Premio Nacional de Ilustración en 2015. “Sobre todo tengo un recuerdo por comparación -nos cuenta Elena-. Antes de ir, recuerdo pensar que sería duro estar tantas horas seguida… y que luego no se me hizo pesado en absoluto, se pasó sin sentir. También recuerdo pensar que me daría vergüenza estar de cara al público y vender… al final fue todo lo contrario, lo disfruté mucho. Fue un poco como jugar a las tiendas. Me gustó mucho el ambiente que había, hablar con los que se paraban en el puesto, el resto de participantes, la parada para el café… todo son buenos recuerdos”.

En el stand de Elena en 2017 había sobre todo impresiones digitales de muy buena calidad, algunos dibujos originales, serigrafías, una pieza de madera para montar y ejemplares de la revista ¡La leche! Ahora Elena Odriozola está ilustrando un texto de Clarice Lispector para la editorial Nórdica y “dando vueltas a un cartel”. Aparte de eso, “el resto del tiempo se lo dedico a la editorial que he creado junto a Gustavo Puerta Y Marta Ansón: Ediciones Modernas el Embudo”.
En esa tercera edición, la de 2017, junto a Celsius Pictor, Calle y Elena, estaba Juanjo Gasull. “Mi paso por el Mazoka ha sido quizá de los viajes relacionados con la ilustración que más me ha influido a nivel personal. Quizá sea por las grandes amistades que se han generado estos dos años o también por el buen rollo que se vive en la ciudad durante esos días”, nos cuenta. “Creo que explicar lo mejor del Mazoka es complicado. Una organización de oro y un entorno totalmente enigmático te obliga a que desciendas hasta las profundidades de un antiguo deposito de aguas de la ciudad, para vender ilustraciones y arte la semana previa a las Navidades. La combinación perfecta”. “La primera vez que llegue a Vitoria, acababa de terminar mis estudios y estaba enfrentándome al mundo laboral con mis primeros encargos y publicaciones”, confiesa Juanjo. “Me pareció fantástico poder conocer a gente que del mismo modo y desde puntos muy distintos al mio, se dedicaban a lo mismo que yo. Quise ser ambicioso como cualquier novato y llevé de todo. Muchas láminas y también algunos muñecos que por aquel entonces estaba haciendo en un taller fallero utilizando mis ilustraciones. También camisetas y algunas lámparas que hice ilustrando botes de cristal. Y un proyecto de libro ilustrado que mi pareja y yo estábamos haciendo por aquel entonces”.

Juanjo repitó en la cuarta edición, la pasada, en 2018. “El segundo año mi trabajo estaba dirigiéndose hacia otra dirección pero sin perder la línea de ilustración conceptual. Este segundo año llegué con un trabajo mucho más profundo y dado a la reflexión, elegancia y estética. También llevé algunas camisetas con una ilustración muy concreta que funcionaron a la perfección. Preferí llevar menos cantidad, pero con la lección aprendida del primer año de lo que podía o no funcionar.” Desde principios de año Juanjo está representado por la agencia Colagene Creative Clinic, con sede en París. “Ellos en cierta manera están haciendo que mi trabajo esté madurando y cobrando presencia a un ritmo mucho más rápido de lo normal. Trabajando para medios editoriales y prensa, aprendes a ser rápido y a solucionar problemas de una manera casi instantánea. Pronto publicaré en mis redes sociales uno de los mejores proyectos que he realizado hasta el momento, consta de 4 portadas de sección para la revista francesa del Centro Nacional de investigación científica o CNRS”.

Con Juanjo coincidió en las ediciones de 2017 y 2018 la ilustradora Bea Enríquez. “Cualquiera de las ediciones del Mazoka en las que he estado, me he encontrado como en mi casa. Recuerdo días agotadores, pero llenos de conversaciones con la gente que pasaba por allí, con personas interesadas en tu obra y en seguir tu trayectoria, comprando las cosas que haces y aguantando la enorme cola para poder entrar al recinto donde estábamos todos los compañeros”, recuerda Bea. “También recuerdo en la segunda edición en el 2018, primer día sin dormir (rematando últimos detalles) y viaje desde Madrid. ¿Cómo aguanté despierta? Yo creo que por la gente y el movimiento del primer día, montar el puesto y organizarte con todo el material. Toda la organización del Mazoka siempre me ha parecido de 10, mucho cuidado hacia nosotros por parte de todo el equipo y la información de todo el funcionamiento siempre bastante clara. Un dato importante para mi es el coste de este Festival y las facilidades que te ofrecen como mercado, con una tarifa bastante asequible sin ser el negocio que se han convertido muchos eventos de este tipo”.

“La segunda edición en la que particié (2018) la recuerdo con especial cariño porque varios compañeros hicimos piña, cada uno veníamos de una parte de España y hasta de otros países. Mucho intercambio de obra y mucho apoyo para poder descansar durante las jornadas. Una maravilla. Además desde mi stand, pude hacer el llamamiento de la presentación en la librería Mara-Mara de mi Novela Gráfica premiada ese mismo año ‘¿Dónde estás?’, XI Premio Internacional Fnac-Salamandra Graphic. Fue un éxito porque gran parte de la gente que pasó por el Mazoka, después se desplazó a la presentación”. En su primera edición, en 2017, llevó láminas impresas de exposiciones anteriores celebradas en Madrid, junto con sus cuentos-caja, y “algún experimento que me gustaba siempre llevar y ver cómo reaccionaba el público. Experimentos que te ayudan a tener más información sobre el impacto de lo que creas en los demás. Otra maravilla”.

“Ahora estoy escribiendo la segunda parte de ‘¿Dónde estás?’ y mientras tanto moviendo nuevos proyectos de Cómic adulto y para niños con intención de publicarlos en Francia y EEUU. Por cierto, el año que viene en el mes de enero ‘¿Dónde estás?’ llegará a las librerías en Francia, publica Editorial Cambourakis. También estoy actualizando mi página web junto con la tienda online y como siempre, dándole vueltas a la cabeza para crear cosas nuevas. A fin de cuentas, un no parar constante y necesario para seguir desarrollando nuestra obra y crecer hacia nuevos lugares.”. El año pasado en Mazoka también estaba Patricia Gutiérrez, aunque al contrario de Bea, esa era su primera participación. “La experiencia fue muy positiva. El evento tiene una organización estupenda y eso se nota. Nos acogieron muy bien y en todo momento estuvieron pendientes de nosotros. Poder compartir momentos con otros ilustradores fue igualmente muy positivo, en general el ambiente era genial y los compañeros estupendos. Desde mi punto de vista es necesario para nuestro trabajo salir un poquito de la cueva y poder compartir espacios y opiniones con otros compañeros. Para mi lo mejor fue el público que acudió al evento, gente muy interesada y respetuosa con el trabajo que llevaba y muy amable. También me encantó conocer a Noemí Villamuza a la que admiro mucho y que es una persona maravillosa”.

En el rinconcito del Mazoka de Patricia encontrábamos diversas ilustraciones originales enmarcadas y sin enmarcar, láminas de varios formatos, tazas decoradas con sus personajes y ejemplares de uno de sus libros, «Me das un beso». “También conté con unas lámparas hechas con material reciclado para iluminar el puesto que mis hermanos fabricaron y que agradaron a bastante público. Y por supuesto a mi marido y a mi hijo, que disfrutaron un montón”. Ahora Patricia está tomándome un descanso debido a su segunda maternidad. “Junto con la crianza de mi hijo de 2 años, ocupa todo mi tiempo. Quiero pensar que este reposo me hará ver las cosas con perspectiva y coger impulso para retomar este trabajo, que me encanta”.
Como decía Patricia, en la cuarta edición coincidió con Noemí Villamuza. Para Noemí “participar en el Mazoka tiene mucho encanto, de repente eres parte de un colectivo en el que se mantiene la singularidad pero predomina el equipo. Imagino que esto es por el espíritu de sus organizadoras, yo me sentí parte de una comunidad de artistas. Lo mejor fue reflexionar sobre mi propio trabajo a partir de lo que el público comentaba, porque estás allí, en una tiendecita sin puertas, y desprovista de palabras, de guión… de la historia que estructura tus imágenes habitualmente. Vender ilustraciones originales fue un gesto muy liberador”.

“En la edición pasada, llevé una tela roja sobre la que resaltar mis dibujos de grafito sobre fondo blanco, y acompañaban para dar ambiente, algunos pequeños objetos fetiche, que forman parte de mi estudio, una muñeca Heidi, cajitas, muebles diminutos, lápices, hojas secas…”.
Ahora Noemí está ilustrando un proyecto editorial literario y otro musical, “no puedo contar gran cosa todavía, salvo que son trabajos dirigidos a la infancia, que verán la luz en primavera, espero que transmitan el humor y la sensibilidad de quienes los han creado”.

En la última edición, junto a Patricia y Noemí, también estaba Luis F. Sanz. “Recuerdo la experiencia con bastante cariño y extremadamente positiva. Es difícil seleccionar lo mejor porque fueron muchas cosas, sin duda la organización: la atención y trabajo de Marta y compañía. También destacaría el espacio y el ambiente”. Era su primera vez en Mazoka, y llevó ilustraciones originales de un proyecto personal de Humor Gráfico llamado «Oscuras Razones. Razones Métricas», un par de publicaciones y algunos prints.

Actualmente Luis está realizando un par de libros para Anaya que aparecerán el próximo año y otros libros para el mercado americano. “También estoy con un proyecto de cómic que espero publicar el próximo año e ilustraciones varias para clientes diversos”. Junto a Patricia y Luis, Sara Betula también participaba por primera vez en la pasada edición, en diciembre de 2018. “Es un festival que seguía desde sus inicios porque como ilustradora me parecía muy interesante. Mazoka ha sido una experiencia increíble, una oportunidad que pude disfrutar a tope, ¡me traje mucho más de que lo que lleve! Fue la primera vez que participaba en un mercado de este tipo y me sorprendió gratamente las redes que pude crear con mis compañeros. Lo mejor de Mazoka es sin duda acercar la ilustración a un público receptivo, involucrado y con ganas de conocer, todo esto gracias a una organización que cuida todos los detalles”.

Sara trajo al Mazoka mucha ilusión. “Ilusión en forma de láminas de la colección “Animales Singulares”, cuadernos cosidos a mano, chapas donde se podían apreciar las siluetas de algunos de mis dibujos, ilustraciones originales de pequeño formato y piezas únicas de cerámica en forma de platos, tazas o lámparas de la serie “COSMOS”. En estos momentos Sara está trabajando “en la nueva imagen de BAFFEST 2020 (Barakaldo Foto Festival) como ilustradora en mi faceta más gráfica, además de dos álbumes ilustrados que próximamente verán la luz y como colofón a este año inauguro en diciembre una exposición en Palencia (El Cafetín) donde di a conocer mi primeras obras”.

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Cómic
Lui Mort y Mariana Ruiz Johnson nos llevan a una ‘Isla’
‘Isla’ es un cómic mudo escrito y dibujado por Mariana Ruiz Johnson y Lui Mort que inaugura la sección de cómic de Savanna Books. En ‘Isla’, a través de los ojos de su protagonista, viviremos una aventura que puede ser, también, un hermoso sueño donde fantasía y realidad se funden. Con Mariana y con Lui hemos charlado un poquito más sobre su trabajo en este libro.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. Lui Mort: “El proyecto nació allá por el 2018 de encuentros virtuales que tuvimos con Mariana e intercambios de dibujos que nos llevaron a pensar que podíamos crear una historia juntos”.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “El libro es una invitación a primeros lectores que intenta abrir un camino hacia la imaginación y una exploración hacia nuevos horizontes simbólicos”.

¿Por qué el formato cómic y por qué un libro sin palabras? Mariana Ruiz Johnson: “Creo que los niños se sienten muy cómodos leyendo viñetas, el cómic es un lenguaje que -si está bien trabajado- puede acercar a muchas infancias al interés por la lectura. Llevo mucho tiempo explorando el cómic para las infancias y cada vez incorporo más la viñeta como recurso a los álbumes ilustrados que escribo”.
“No recuerdo haber sentido la necesidad de incorporar palabras en Isla, y eso ha sido muy estimulante para los lectores argentinos (¡ojalá suceda en España!), ya que los personajes han sido nombrados de infinitas maneras, se le han inventado voces y palabras y la narración se sostiene por sí misma. Hay libros maravillosos de cómic silente y me gustaría nombrar a la editorial Mamut, que lleva mucho tiempo haciendo cómics de este tipo y que nos sirvió de inspiración a la hora de pensar en Isla”.

¿Como ha sido trabajar juntos en este proyecto? Lui Mort: “El trabajo fluyó sin interrupciones. Ambos nos sentimos muy cómodos y nos complementamos perfectamente, ya que Mariana tenía mucho camino recorrido y aportó la estructura y el tono y yo por mi parte aporté la espontaneidad y el juego dentro de la historia”.
Mariana: “Fue muy loco porque no nos conocíamos personalmente, pero entablamos una amistad virtual, porque ambos somos muy melómanos y lectores. Comenzamos a hacer breves intercambios a modo de cadáver exquisito, él me mandaba una viñeta, yo la continuaba y así. Era tan divertido y fácil que decidimos comenzar un libro. Él se enfocó en el personaje principal y yo hacía los entornos y el color. Cuando tuvimos algunas páginas, Musaraña Libros, una pequeña editorial argentina, se interesó y se involucró en el proceso. Ahí empezamos a ajustar el guión y a orientar el trabajo hacia una novela gráfica silente para pequeños lectores”.

“Trabajar a cuatro manos fue un placer -continúa Mariana Ruiz Johnson-. Nunca lo había hecho con otro ilustrador (y nunca volví a hacerlo). Pero creo que fue una gran experiencia, porque él es un dibujante brillante, sensible y creativo, y yo sumé mi experiencia editorial y narrativa. Hicimos un gran equipo y nos conocimos en persona cuando se editó. Todo fue muy fluido, creativo y feliz.

Por ejemplo, la tapa de Isla fue una idea de él. A mí no se me hubiese ocurrido nunca esa imagen retórica. Yo sumé el color y el diseño, pero siento que haber conversado con su manera de pensar hizo que el libro fuera tan especial. Ahora nos alegra mucho que Isla llegue a España de la mano de Savanna Books.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Hablamos sobre nuestros libros favoritos e intentamos imaginar personajes que no tuvieran referencias directas anteriores -nos cuenta Lui Mort-. Los mismos surgieron espontáneamente mientras intercambiábamos ideas sobre donde trancurriría la historia y quién sería la protagonista”.
¿Qué dirías que tienen de característico las ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Aún hoy, luego de haber trabajado mi estilo, sigo encontrando gestos de espontaneidad infantil en los trazos y cierto aire anárquico que me hace muy feliz y que conecta inmediatamente con los niños, a quienes está dirigido el libro principalmente”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Las líneas las trabajé con estilógrafos sobre papel y el color lo trabajó Mariana en digital”.
Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “El proceso fue fluido y continuo. A medida que definíamos los paisajes y personajes intercambiábamos bocetos y los cerrábamos con muy poco retrabajo. Fue un proceso inolvidable y mágico”, asegura Lui Mort.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Actualmente me encuentro trabajando en mi segundo libro personal que saldrá en septiembre por la editorial La Granja y en un libro álbum para una editorial francesa”.
Álbum Ilustrado
Joanna Concejo y el reto de ilustrar ‘Jesteś’
Vimos este trabajo de Joanna Concejo en redes y nos llamó mucho la atención. En las siguientes líneas hablamos con ella sobre su trabajo en ‘Jesteś’, editado en Polonia por Wydawnictwo Format y previamente editado en Francia con el título ‘Tu es là’ por Les Grandes Personnes.

Primero, cuéntanos cómo nació este proyecto. “El libro empezó hace mucho tiempo. Laetitia Bourget, la autora, me contó su idea de un libro impreso en papel vegetal en 2014. Fue entonces cuando nos conocimos. Me encantó la idea desde el primer momento; me entusiasmé muchísimo. Dije que sí enseguida, sin siquiera pensar mucho en el texto. ¡La sola idea de la transparencia de las páginas me atraía muchísimo! No tenía ni idea de cómo iba a trabajar en el libro, pero eso no era importante”.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “El libro cuenta la historia de una amistad entre tres chicas, una amistad que solo existe dentro del libro. Se conocen, pero cada una pertenece a una generación diferente: abuela, nieta y bisnieta. También es una historia de transmisión entre ellas. Habla de gestos repetidos para aprender, y de aquellos repetidos inconscientemente, del saber transmitirse de una a otra, y de esa pequeña parte de la que se ha ido que perdura en las que quedan. También es una historia de presencia a través de la ausencia. En cierto modo, es una historia de eternidad, de amor. Y de vida”, nos cuenta Joanna Concejo. Al final del libro se encuentran los retratos de las tres mujeres. Estas personas existen realmente, y quería que esta historia estuviera arraigada en la realidad”.


¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación y experimentación; no sé si había dibujos en un cuaderno… “Al principio del proyecto, dibujé un pequeño cuadernillo de unas diez páginas, completamente transparente, directamente sobre papel vegetal. Quería ver de inmediato cómo podría funcionar este concepto de libro. Aún no sabía si sería capaz de crear las ilustraciones finales utilizando las mismas ideas que en este pequeño experimento, pero lo esencial para mí era ver qué posibilidades ofrecía la transparencia. Me gustó que se pudiera vislumbrar un poco del dibujo que estaría en la página siguiente. También me permitió probar la textura de este tipo de papel. Era transparente, pero no demasiado. Así que las ilustraciones también tuvieron que diseñarse teniendo eso en cuenta”.

“Después de este experimento, pasé por un período de bloqueo creativo, porque aún no sabía qué quería transmitir con las ilustraciones –continúa Joanna Concejo–. El texto de Laetitia me dio mucho espacio para respirar, lo cual agradecí, pero al mismo tiempo, me sentía un poco perdida. Me llevó mucho tiempo encontrar mi propia historia para acompañar el texto. Pero una vez que la encontré, el trabajo se facilitó mucho y mis ideas comenzaron a aclararse”.
“Después trabajé a fondo en mis cuadernos de bocetos para desarrollar secuencias narrativas que permitieran que todo fluyera con fluidez. Creé secciones de unas diez páginas. Una vez satisfecha con el orden de las páginas, pasé a los dibujos finales en papel blanco. Al terminar, imprimí el dibujo en papel vegetal para probar la colocación de los elementos y planificar los siguientes. ¡Llené un montón de cuadernos de bocetos trabajando en este proyecto! Más de lo habitual. Y el proyecto resultó ser mucho más complicado de lo que inicialmente pensé”.

¿Qué dirías que caracteriza tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente en comparación con tus otros trabajos? “No creo que haya nada realmente nuevo. La técnica es la misma: lápiz y lápices de colores. Ya he hablado un poco sobre el proceso de trabajo. Y quizás eso fue lo nuevo para mí. En este libro, todas las ilustraciones se crearon en el orden en que aparecen. Nunca antes había trabajado así. Pero la necesidad de considerar la transparencia influyó en mi trabajo”.

Hablemos un poco más sobre las transparencias, sobre esas páginas transparentes que revelan algo de lo siguiente… “Quería trabajar en este proyecto precisamente por las transparencias de las páginas. Me gustó mucho la idea. Sin embargo, no me di cuenta de lo difícil que sería este trabajo. Las secuencias de imágenes tenían que estar planificadas con mucha precisión para que la narrativa funcionara. E incluso así, tuve que aceptar que no podía controlarlo todo. Cada vez que pasas la página, puedes ver un poco de lo que se revelará a continuación. A veces más, a veces menos. A veces la imagen llena la página por completo, y a veces solo hay un pequeño detalle… Creo que es difícil describir con exactitud lo que sucede al hojear este libro. Es algo que tienes que experimentar por ti mismo. Sin duda, cada lector tendrá una experiencia diferente al encontrarse con este objeto que es el libro”, confiesa Joanna Concejo.

¿Qué técnicas usaste entonces? “Como ya mencioné, trabajé con lápiz y lápices de colores. Eso es todo. Todos los dibujos están hechos en papel blanco e impresos únicamente en papel vegetal”.
Cuéntanos algo más sobre el proceso de creación de este libro. “Fue muy largo de preparar debido a la complejidad de la narrativa a través de imágenes transparentes. Además, dibujar más de 70 ilustraciones también me llevó mucho tiempo. La mayor parte de este trabajo se realizó durante la pandemia; tuve mucho tiempo, como todos, porque tuvimos que quedarnos en casa. Me alegré mucho cuando finalmente terminé el libro, porque realmente hice esperar mucho a Laetitia. Luego, durante la maquetación y las conversaciones con el editor, nos dimos cuenta de que el libro iba a ser muy caro debido a la materia prima (papel vegetal), y eso nos entristeció un poco, porque no queríamos crear un libro que poca gente pudiera permitirse. Personalmente, también pensé que era mucho trabajo ilustrarlo y que un libro caro no duraría mucho. Me pareció una pena. Pero al final, los lectores se mostraron bastante entusiasmados y el libro sigue a la venta, al menos en Francia”.

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Actualmente estoy trabajando en el cuento de Andersen «La pequeña cerillera» para una editorial polaca”.
Arte Urbano
Wedo Goás: «Intento que mis trabajos hagan reflexionar al viandante»
El mural As Mouras, del artista gallego Wedo Goás, creado en el marco del Perla Mural Fest 2025 de Fene, ha recibido el premio a mejor mural del mundo 2025 en la categoría Expert Spotlight por la plataforma internacional Street Art Cities. Hace unos días preparábamos una pequeña entrevista con él sobre su trabajo como muralista, partiendo de uno de sus trabajos. Este es el resultado.

¿Cómo surge la idea de ‘Don’t be afraid of wasting time’? “Esta idea me rondaba desde hace tiempo, casi desde mi llegada a Barcelona ya hace 13 años. Las grandes ciudades tienden a devorar el tiempo de las personas, a hacer que nos centremos en la productividad, el trabajo y el consumo, dejando apenas tiempo para poder tomar conciencia de nosotros mismos, nuestros intereses o nuestros verdaderos deseos”.
¿Qué has querido reflejar en este mural? “En este mural quiero generar un reflexión sobre cómo afrontamos nuestro día a día en esta sociedad de consumo. Creo profundamente en la necesidad de aburrirse, de no tener miedo a dejar que los minutos pasen sin un propósito concreto. Estos momentos son los que de verdad podemos utilizar para poner en marcha nuestra mente y cuestionarnos nuestro entorno, nuestra vida, divagar y dejar volar la imaginación. Una sociedad que termina con esto es una sociedad que ha terminado con la autodeterminación, la creatividad y el amor propio. Pero esta es mi opinión claro”, afirma Wedo Goás.

Me gustaría que me hablaras de tus procesos de trabajo. No sé si sueles trabajar con algún boceto previo… “Normalmente mi proceso creativo comienza como un bombardeo de ideas, los conceptos y las imágenes van tomando forma en mi mente a medida que me acerco al tema que me gustaría tratar y dónde lo voy a tratar. Una vez tengo la idea que quiero trabajar compongo la imagen mediante fotografías. Cada mural requiere de un proceso distinto para llevar la idea de la mente al muro”.
¿Con que técnicas trabajas habitualmente? Y ¿materiales? “Mis murales los trabajo completamente con pintura plástica, la clásica pintura de fachadas, y con brochas y rodillos -continúa Wedo Goás-. Me gusta afrontar el mural de la misma forma que se afronta un lienzo, con mi paleta de colores y mis pinceles. Solo cambia el tamaño del soporte y las brochas”.

¿Hay algo nuevo en este sentido en ‘Don’t be afraid of wasting time’ respecto a otros trabajos? “Creo que en todos los trabajos siempre se añade algo nuevo ya sea de forma consciente o no. En este caso opté por mucha luz, una imagen a cielo abierto en un día soleado y despejado, a la mujer le da el viento en la cara y está en una azotea, sobre el bullicio de la ciudad. Son las sensaciones que yo evoco a ese momento de reflexión y de no hacer nada. Como curiosidad te diré que en un primer momento la mujer estaba sentada encima de una cámara de vigilancia, que quedaba situada entre sus piernas en la parte baja de la composición. Pero el ayuntamiento me invitó a quitar ese elemento. Elemento que en mi opinión reforzaba la narrativa del mural y ponía énfasis en una sociedad en continua exposición”.

¿Qué dirías que es lo más difícil a la hora de enfrentarse a una fachada en blanco? “En mi caso lo más difícil siempre es el momento de dar color a la imagen, cambiamos constantemente de marca de pintura dependiendo de donde pintes y siempre se comportan de formas distintas -asegura Wedo Goás-. La pintura plástica al secar tiene la característica de que el tono varía mucho de húmedo a seco, por lo que controlar este cambio y hacerte con el control del color suele ser una batalla compleja cuando la pintura no está de tu parte”.
¿Y lo más satisfactorio? “Lo más satisfactorio es cuando hay pocos contratiempos y puedes invertir ese tiempo que has ganado en dar más detalle y más calidad a la obra. También, claramente, el momento final cuando el mural ya está terminado y todo ha ido bien, la gente está contenta con el trabajo y te sientes orgulloso de la obra”.

¿Qué importancia tiene la colaboración con otras personas en la realización de trabajos de esta envergadura? “Creo que la colaboración siempre es enriquecedora, se aprende mucho de otros artistas, su forma de afrontar el trabajo, su técnica y su visión. En este trabajo en concreto no tiene una envergadura muy compleja, pero en trabajos de edificios de 14 plantas o similares, creo que la colaboración es esencial, ya que este es un trabajo que desgasta mucho tanto física como mentalmente, y siempre es más fácil remar cuando no estás solo”, nos cuenta Wedo Goás.
¿Qué dirías que caracteriza tus trabajos en la calle? “Es complicada esta pregunta, me cuesta ver mucho qué es lo que me caracteriza. Intento que mis trabajos tengan un mensaje que hagan reflexionar al viandante, o que devuelvan trozos de la cultura que quizás se están perdiendo. Me gustan mucho la pintura clásica, el barroco y creo que eso también se hace notar en mi obra”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Actualmente estoy en un proyecto que estoy disfrutando muchísimo. Se trata de una nueva línea de cuadros, en los que realizo maquetas de edificios representativos, con un alto realismo y detalle para luego intervenirlos con pinturas al oleo que simulan murales. Así pretendo unir mis pasiones, escapando del formato clásico de cuadro y generando estos objetos tridimensionales llenos de materiales y detalles que capturan la calle para llevarla a los interiores”.


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