Cómic
Agustina Guerrero nos invita en ‘Hoy’ a cambiar la mirada
¿Qué pasaría si una mañana decidieras cambiar el rumbo de tu día? Si por una vez dejaras de lado todos los planes que has ido elaborando en tu cabeza con milimétrica perfección. Si te propusieras huir de la hiperconectividad, de las prisas y de las tareas que te autoimpones.
A veces es necesario bajar el ritmo: detenerse, caminar sin destino, sumergirse en el presente y mirar. Mirar es una elección, nos recuerda Agustina Guerrero en esta novela gráfica que transcurre en una transformadora jornada en Barcelona: un día dedicado a dejarse llevar, a escuchar las historias que la ciudad tiene que contarle y a abrirse a que surja lo inesperado. Porque son precisamente esos momentos en los que uno se permite observar, sentir e improvisar los que dejan una mayor huella en la memoria y le dan sabor y sentido a la vida. En las siguientes líneas charlamos con Agustina sobre ‘Hoy’, su último trabajo, que edita Lumen.

¿Cómo surge la idea de las diapositivas? “Pues, porque sucedió. Me las encontré y me dije, tengo que hacer algo con este tesoro. A la hora de escribir y de dibujar, siempre parto de hechos reales. Me cuesta mucho escribir ficción. Y están en el libro, estas diapositivas, que además son maravillosas, están también manifestando en cierto modo el paso del tiempo, y que el personaje esté caminando por esas calles y por esos lugares, y reconociéndolos, pero 50 años después. Me parecía que era como tener presente el paso del tiempo, y también utilizar estas diapositivas como mapa, que la vayan guiando”.
Tanto el título como, bueno, un poco a donde nos va llevando también la historia en este libro, se habla de aprovechar y de disfrutar el ahora, el presente. Y que muchas veces, como le pasa a la protagonista, como te pasa a ti, empiezas a pensar mucho en todo lo que hay que hacer, en el futuro, en cosas que pasarán o no pasarán, y hay que pararse más y disfrutar del presente, ¿no? “Sí, de hecho, es la intención del libro. El libro no se iba a llamar así, se iba a llamar de otro modo. Y dándole vueltas también a la historia y a la esencia que tiene el libro, que es justamente esto, disfrutar, darle valor a lo cotidiano, a cada día. No sé, me da la sensación de que vivimos cada día tan aceleradamente, siempre esperando las vacaciones, siempre esperando el fin de semana para descansar… Y me parece que los días van pasando, que esto no es para siempre”, asegura Agustina Guerrero.

“Y la finalidad del libro es esta, es como que estar bien de vacaciones, en un lugar bonito, es relativamente fácil. Pero me parece más interesante cómo cada uno habita lo cotidiano, y con qué ojos, y con qué mirada lo hace. Entonces, para mí, la intención del libro es esta”.
Hay una frase en el libro, de Gloria Fuertes, que es magnífica, me parece magnífica. Dice así: «O te subes al carro o tendrás que empujarlo. Ni me subí ni lo empujé. Me senté en la cuneta y alrededor de mí, a su debido tiempo, brotaron las amapolas». “Maravillosa, sí, es maravillosa esa frase. De hecho, creo que encaja a la perfección con el libro, es bellísima. Y además me encanta Gloria Fuertes también, así que, es fantástico que esté en las páginas de este libro”, afirma Agustina Guerrero.
¿Con qué técnicas has trabajado en este libro? “Yo desde hace ya muchos años trabajo en digital. Mis primeros libros eran todos analógicos, pero llegó un momento en el que empecé ya a trabajar más en digital. Es un proceso largo, porque al principio es como que trabajo en el ordenador, dibujando y escribiendo a la vez, como que las historias, lo que escribo y lo que dibujo, tienen que ir a la vez. No es que yo hago el guión y luego dibujo. Voy dibujando los bocetos, y luego una vez que está toda la página acabada, con su texto, con sus dibujos, lo traslado al iPad. Entonces ahí empieza el siguiente paso, que es pasar a limpio, de bocetos que están muy acabados. Muchas veces mi editora dice: bueno, pero Agustina, esto ya se puede publicar. Y digo, no, que ahora hay que pasarlo a limpio. Es como que lo rehago, pero puliendo mucho los detalles, los colores”.

Háblame un poco del uso del color en este libro, que sí que es súper llamativo. “La verdad que respecto a la paleta de colores, al principio yo tenía claro que quería que estuviese el azul. Me traslada a Barcelona, a ese ambiente marítimo, y el rosa tan potente, que para mí el rosa simboliza la felicidad, la alegría -continúa Agustina Guerrero-. De hecho, el rosa está presente cuando el personaje está bien. Porque el libro comienza con todos los colores fríos, con los azules. Y solo el rosa aparece cuando el personaje se siente en calma, cuando se siente bien. Cuando empieza a dar el paseo, el rosa ya es protagonista. Como que siento que los colores también comunican, se relacionan entre sí, y me parece que no se ponen al azar”.

“En este caso los he pensado mucho. Y bueno, el amarillo que solo sale prácticamente en su camiseta, que es esa luz, que sale como de su pecho, ¿no? Que dentro de esa ropa oscura que lleva, pues adentro tiene un brillito. Y el rojo, que aparece con otro carácter, en detalles, pero creo que muy acertados para mí”.
En el libro aparecen diferentes espacios de Barcelona, por donde vas paseando. No sé si ahí aparece alguno de tus sitios favoritos, o quizá hay alguno que no aparece y donde también te gusta escaparte, a descansar, a mirar, a observar, a escuchar… “Para mí uno de mis sitios favoritos, que aparecen en el libro, son los Jardines del Larival, donde está el Teatro Grec. Para mí recorrer esos jardines es como salir del bullicio y meterte como en una selva, porque está llena de plantas diferentes, de silencio. Pero bueno, intenté mostrar una Barcelona más de barrio, como que son los espacios que yo recorro cuando estoy bien, cuando me apetece. No suelo ir al centro y meterme allí, por esas calles”, nos cuenta Agustina Guerrero.

Al final hablas de vivencias, de cosas que son reales, que han pasado de verdad. ¿Es más fácil cuando hablas de algo que has vivido, que conoces perfectamente, o al mismo tiempo quizá es más difícil porque te expones también más al lector, te abres más al lector? “Sí, ahora, a día de hoy, me resulta fácil. Todos mis libros son autobiográficos. Tuve como mucho temor a dar este paso, abrirme. Pero con el libro ‘El viaje’, creo que hubo un cambio respecto a todos los libros que venía haciendo. En ‘El viaje’ el personaje, mi manera de contar, cogió otra dirección”.
“Tengo que reconocer que antes de lanzar ese libro tenía mucho miedo. Mis anteriores libros surgían más desde el humor, y aquí dí un giro. De todos modos la forma de exponerme no deja de ser algo que yo voy controlando. No deja de ser también poner en duda qué existe, qué no, en lo que cuento. No deja de ser una novela gráfica en donde voy explicando y contando lo que a mí me apetece. Te digo que me cuesta más exponerme en persona, ir a presentaciones, entrevistas, y hablar de ello, que dibujarme desnuda, por ejemplo. Poner mi cuerpo real frente a las personas y tal, es algo que había evitado. Bueno, ahora me estoy animando más, pero ese tipo de exposición es la que más me cuesta y la que más cuido también. De hecho, en mis redes prácticamente no salgo, muestro solo mis dibujos, porque eso lo quiero preservar, porque eso sí que me da más vértigo”, confiesa Agustina Guerrero.

Volviendo un poco a los dibujos, me gustaría que me hablaras también un poco del uso de diferentes perspectivas, no sé si hablar de planos cinematográficos de alguna manera… “Sí, mi amiga me dice: “juegas mucho con la cámara, como los encuadres”. Tú piensa que en este libro aparece prácticamente siempre el mismo personaje, entonces el ritmo también se va ganando y generando a través de los encuadres, porque si no, resultaría un libro muy monótono”.

“Además también para mí el mostrar las ilustraciones desde diferentes ángulos, es hacer una especie de guiño a que cuando uno pasea, cuando tienes los ojos puestos en mirar los detalles, miras para arriba, miras para abajo, miras para el costado, como que hay toda una mirada de 360 grados que quise también plasmarla en el libro. También con los detalles, que es un libro que tiene mucho detallito, que mi intención es que te den ganas, al cerrar el libro, de decir: quiero ir a mirar mi barrio con otros ojos. Es como un entrenamiento, una entrada en calor de la mirada. Yo siempre digo que este libro hay que mirarlo lento, para que cuando lo cierres digas, ostras, nunca me había percatado de este árbol que hay aquí. Como que la mirada se entrena también”, comenta Agustina Guerrero.

Hay muchas ilustraciones que nos encantan, que es verdad que te atraen, que te quedas mirándolas, observándolas. Hay una página en concreto en la que estás como dentro de una burbuja. Es como una pompa, como una pompa de jabón. Estás como en tu mundo y de pronto la cotidianidad o el día a día, rompe esa burbuja… “Sí, esta doble página me gusta mucho. En el libro yo no quiero demostrar que uno tiene que dejar de ser lo que es. Yo, por ejemplo, soy una persona que soy muy controladora, que me anticipo, que me gusta tenerlo todo organizado, saber lo que va a suceder. Ya forma parte de mí eso. Pero sí que es verdad que, claro, cuando ya se pasa al exceso, y cuando ya controla toda tu vida y tu cabeza no para de pensar y de analizar y de planear, es tóxico, me resulta tóxico a mí. Entonces, es la idea de buscar esos espacios o esas cosas que te hagan anclarte en el presente, como por ejemplo en este caso las plantas, que me llevan a esta burbujita, o salir en furgoneta, que me ponen a una Agustina que se deja fluir, digamos, que se deja improvisar. Y es lo que yo intento hacer ahora, como recuperar esas burbujitas, y que haya muchas a lo largo de la semana”.
Cómic
Clara Lodewick aborda la inmigración en ‘Moheeb en el aparcamiento’
Moheeb es un adolescente refugiado que vive en un centro de acogida. Mientras espera una resolución administrativa que no llega, su vida queda suspendida en un presente sin horizonte. El aparcamiento de un supermercado se convierte en su espacio de escape: un lugar donde, junto a otros jóvenes, recupera algo esencial -la amistad, el juego, la sensación de pertenecer a algún sitio-. Apoyado por una asociación, el tranquilo Moheeb parece disfrutar de los largos días de verano. A menos que un fuego secreto esté consumiendo en realidad su coraje y su salud mental… ‘Moheeb en el aparcamiento’ es una novela gráfica sobre la migración, adolescencia, identidad, violencia cotidiana y necesidad de vínculos. Un trabajo de Clara Lodewick que edita Garbuix Books. Con Clara hemos charlado un poquito más sobre este proyecto.

¿Cómo nació este proyecto? “Mi editorial me dio la oportunidad de crear un segundo cómic. Tenía total libertad creativa; es decir, no había ningún encargo. Así que decidí hablar de lo que más me preocupa: el trato que nuestras sociedades dan a las personas sin papeles. Cuando era adolescente, un grupo de afganos sin papeles ocupó una iglesia cerca de mi escuela. Conocí a los chicos, que tenían mi misma edad por aquel entonces (entre 15 y 17 años), nos hicimos amigos, y así descubrí una pequeña parte del infierno que su situación administrativa podía suponer para ellos en su día a día”.
¿Qué encontraremos en este libro? “Seguirás la vida cotidiana de Moheeb, de 17 años, y sus dos amigos, Qaïs y Fazal, que pasan dos meses de verano en un aparcamiento de un pequeño pueblo de Bélgica, esperando una respuesta a su situación. Conocerán a gente del pueblo; algunos les ayudarán, otros empeorarán su situación”, nos cuenta Clara Lodewick.

¿Cómo fue el proceso de preparación del libro? Me refiero a la fase de investigación, las pruebas, incluso los bocetos en el cuaderno… “Quería trabajar en los sentidos, las sensaciones de Moheeb. Son un indicador de la evolución de su salud mental a lo largo del libro. Así que practiqué mucho cómo representar un lugar dibujando solo pequeñas partes, y cómo representar los cinco sentidos en una sola página. Dibujé páginas en (y sobre) diferentes lugares, antes de empezar a dibujar el aparcamiento de Moheeb. Vivía en una autocaravana, así que pude probar muchos aparcamientos diferentes”.

Cuéntanos algo sobre las ilustraciones y sobre las técnicas utilizadas en este libro. “En general, me inspiran Willy Vandersteen, Wilhelm Bush, Bruno Heitz, y para este cómic en particular, también me fijé en la obra de Shin’Ichi Abe. Él es mejor representando los sentidos. Fue todo un reto dibujar un cómic entero en un solo aparcamiento: aunque el cansancio y el aburrimiento son temas importantes, ¡no quería que los lectores se aburrieran demasiado! Así que tuve que pensar en cambiar el punto de vista, dibujar pequeñas escenas en el fondo, etc. -continúa Clara Lodewick-. Los dibujos están hechos con bolígrafo y los colores, una parte muy importante para mí, están pintados con gouache. Dedico mucho tiempo a colorear; es casi meditativo y una parte muy agradable del proceso”.

¿Cómo fue el proceso de creación de este libro? “¡Largo! Hacer un cómic sobre la situación de las personas sin papelesera algo que queríamos hacer juntos, con mis amigos, en 2014. Pero yo era muy joven entonces y era muy diferente: más bien un proyecto comunitario, con páginas de testimonios. Como adulta, 10 años después, tras haber visto la evolución de la situación de mis amigos y de mi país, tuve nuevas ideas y quise crear una obra de ficción. Quería hablar de diferentes temas, como la salud mental, las dificultades entre madres e hijos, las relaciones desiguales y cómo afrontarlas… Fue un trabajo emocionalmente intenso. Y me costó mucho despedirme de mi personaje al final del libro. Así que cuando dibujo a Moheeb para los lectores en una sesión de firmas, siempre me alegra volver a verlo, aunque sea por unos instantes”, confiesa Clara Lodewick.

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Escribí un guión; el cómic es para niños y trata (otra vez, jaja) sobre niños que intentan valerse por sí mismos en un mundo dominado por adultos. Es un cómic de fantasía, dibujado por Andréa Delcorte, cuyos dibujos son increíbles. Se publicará en francés en 2027. Y por mi cuenta, estoy trabajando en una serie/telenovela, que me divierte mucho; los episodios se estrenan cada mes o cada dos meses. Trata sobre una joven que vive con su madre y su tía. A ella le gustaría mudarse de allí, pero cada vez que lo intenta, algo se interpone en su camino”.
Cómic
Sun Bai y los ‘Pelícanos eléctricos en los lagos’
Cuando resultó seleccionado para viajar al espacio, fue el objeto de admiración de sus compañeros de estudios. Ahora, tras años realizando un trabajo monótono y posiblemente inútil, su vida parece menos envidiable. No solo no ha prosperado, sino que ha perdido todo el interés en hacerlo. Solo muy de tarde en tarde regresa a la Tierra, pero en su última visita se produjo un reencuentro. El recuerdo de ese día en que, junto a su única amiga, paseó por el parque y recordó unos pelícanos eléctricos que ya no existen será determinante para él. ¿Qué sentido tendría repetir un día que ya fue perfecto? ‘Pelícanos eléctricos en los lagos’, editado por Fulgencio Pimentel, es el último trabajo de Sun Bai, una de las voces más interesantes surgidas en el ámbito de la BD en la última media década. Aprovechando su reciente visita a nuestro país, hablamos con ella un poquito más sobre este trabajo.

¿Cuál es el origen de este proyecto? ¿Qué te impulsa a crear esta historia? “Al principio era un fanzine que creé en 2019 y que presenté en el Off del festival de Angoulême. Mi editor César lo descubrió en ese momento. El nacimiento de esta historia viene de mi experiencia personal: como el protagonista, dejé mi ciudad natal y hoy vivo en Francia. Cada vez que vuelvo a mi ciudad, tengo la sensación de conectarme a otro servidor, como si entrara en otra realidad. La historia nació de la nostalgia por mi ciudad natal y de la búsqueda de un equilibrio entre esas diferentes realidades. Como los personajes del libro, yo también echo de menos los momentos que pasé con mis amigos dando paseos en patines con forma de cisne por el lago del parque”, nos cuenta Sun Bai.
¿Qué van a encontrar los lectores en sus páginas? “Espero que encuentren ante todo una atmósfera, un momento suspendido y tranquilo. Quizás les den ganas de fumarse un cigarrillo o de tomarse un café”.

Háblanos un poco de las ilustraciones. ¿Qué dirías que tienen de característico? “Lo que me interesa de la ilustración es siempre la narración. No creo que se aleje demasiado de mi trabajo en el cómic.
Lo que las caracteriza, diría que son los personajes, las relaciones humanas entre ellos y las historias que existen detrás -continúa Sun Bai-. Como cuando hago un cómic, siempre me pregunto qué ropa llevan y qué tipo de vida llevan más allá de lo que se muestra. Con las naturalezas muertas es lo mismo: siempre pienso en quién podría usar esos objetos”.

Nos gustaría que nos contaras algo sobre el uso del color en este proyecto, el azul… “El azul es el color dominante del libro. El primer fanzine lo imprimí en casa con una impresora de escritorio. Usaba principalmente el cian, el amarillo y el azul. Luego conservé esa paleta para el libro. Decidí mantenerla por ese aspecto vaporoso, casi desvanecido, que produce esa técnica. Como el humo de un cigarrillo suspendido en el aire”.
En otra ocasión hablamos de ‘La playa más bonita del mar del Norte’. Nos hablabas entonces de una historia sobre el «fin del mundo». En este nuevo cómic, ¿ese mundo ya no existe? “Podría existir en otra realidad. Creo que nunca he abandonado del todo esa idea; en mis narraciones, el tiempo no es necesariamente lineal. El pasado, el presente y algunas posibilidades del futuro pueden a veces coexistir. En una de ellas, el mundo quizás ya haya desaparecido; en otra, algunos personajes siguen viviendo historias distintas. Todas esas realidades pueden existir de forma simultánea”, asegura Sun Bai.

¿Qué has aprendido con este proyecto? “Dibujar una historia que contiene varias realidades es bastante agotador. La próxima vez, igual me lo pienso dos veces antes de elegir realidades tan complejas de entrelazar :)”.
Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “Por lo general, en cuanto tengo una idea, empiezo a dibujar un storyboard muy en borrador. Trabajo el texto, los diálogos y las imágenes a menudo al mismo tiempo. Es raro que escriba un guión completo antes de empezar. Según el proyecto, a veces preparo un esquema o un resumen. Después desarrollo el storyboard, luego trabajo el dibujo a línea y, por último, el color. Por supuesto, también hay muchas conversaciones con mi editor a lo largo de todo el proceso”, confiesa Sun Bai.

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Hay algún proyecto nuevo? “Actualmente estoy trabajando en un nuevo proyecto de cómic, una historia de amor. Trata principalmente sobre hombres solitarios y las mujeres a las que nunca llegarán a alcanzar”.
Cómic
Mathias Martinez nos invita a su singular parque de atracciones
‘¿Qué hora es? ¡Es la hora de divertirse!’. Ese es el lema de CLOCKI, la mítica mascota con forma de despertador que durante décadas marcó la hora de la merienda a millones de niños frente al televisor. Nacido como héroe de cómic, alcanza la fama en 1932 con Clocki y el reloj parlante, el primer cartoon sonoro y en color de la historia del cine, y se convierte en una auténtica estrella. En 1955, en la cima de su popularidad, se inaugura Clockilandia, un parque de atracciones que promete ser el paraíso definitivo del entretenimiento. Pero tras ese relato de ensueño podría esconderse una realidad mucho más oscura.

En ‘Clockilandia’, Mathias Martinez reconstruye la memoria de un parque imaginario para mostrar la cara oculta de su éxito. Cada capítulo sigue a un personaje distinto -una mascota, un aficionado a las atracciones, una ex empleada y una niña- que da testimonio de un momento clave de su historia. Inspirado en cartoons de los años 30 de los estudios Fleischer, Martínez retuerce ese imaginario hasta lo grotesco: dibujos que gotean, decorados que se derriten y perspectivas deformadas como una película quemada en el proyector, creando una atmósfera tan fascinante como inquietante. Con Mathias hemos charlado un poco más sobre su trabajo en este proyecto.
¿Cómo nació este proyecto? “Desde niño, siempre me han fascinado los parques temáticos, pero siempre he sentido cierta inquietud al ver sus maquetas de cartón y sus sueños empalagosos. Quería hablar de este sentimiento que creo que comparten muchas personas, y de la felicidad un tanto forzada que se siente en estos lugares, ¡porque la entrada es carísima! En lugar de apoderarme de un parque ya existente, decidí crear el mío propio, como un niño jugando con bloques Kapla o Lego. ¡Disfruté muchísimo siendo un poco megalómano en este proyecto!”, nos cuenta Mathias Martinez.

¿Qué encontraremos en este libro? “Esta novela gráfica narra la historia de Clockilandia, un parque temático analizado desde sus inicios y su época dorada hasta su declive y su inevitable final, porque, obviamente, todo lo bueno tiene un final. También encontrarás las emotivas historias de las personas involucradas con el parque: sus empleados desilusionados, sus mascotas melancólicas, sus niños desencantados y sus padres hastiados. Pero también descubrirás hermosas historias de amor y amistad”.
¿Cómo fue el proceso de creación del libro? Me refiero a la fase de investigación, las pruebas, incluso los bocetos en el cuaderno… “Pasé mucho tiempo buscando la forma ideal para la mascota de mi parque, algo que evocara a Mickey Mouse sin ser demasiado similar, y que no se alejara demasiado de mi idea inicial de crear una historia sobre el fin de la infancia y esos espacios atemporales que son los parques de atracciones. Mientras buscaba ideas visuales para el libro, redibujé muchas mascotas antiguas japonesas y estadounidenses, y cuando no se me ocurría ninguna buena idea, redibujé un pequeño despertador Fisher-Price que tenía en mi escritorio. Entonces se hizo evidente: la mascota de Clockilandia tenía que ser un despertador”, asegura Mathias Martinez.

Cuéntanos algo sobre las ilustraciones. “Quizás el carácter altamente ilustrativo de Clocki sea aún más evidente porque está inspirado más en los libros ilustrados infantiles que en los cómics. Una de mis principales inspiraciones para este trabajo son los libros de principios del siglo XX de Benjamin Rabier, o los libros de Bécassine; no sé si son conocidos en España, pero les animo a leerlos o releerlos. En estas historias, el texto está en voz en off, como en algunos capítulos de Clocki. También hay un aspecto ligeramente megalómano en ello; es como si me dirigiera directamente al lector como autor. Este estilo narrativo un tanto anticuado me resultó divertido”.

Cuéntanos algo sobre la técnica utilizada en este libro. “El libro fue dibujado completamente con tinta azul y luego coloreado en Photoshop -continúa Mathias Martinez-. Mi cómic, con sus tonos naranjas y azules, recuerda a los antiguos libros infantiles de los años 50, y también evoca el año en que se creó la mascota Clocki y los dibujos animados que la inspiraron. Mis editores franceses, Misma, hicieron un trabajo increíble en las páginas para lograr colores intensos y diferenciarlos, y mis editores españoles, La Granja, mantuvieron la misma dirección artística y añadieron un mapa real del parque, ¡que me parece fantástico!”
¿Cómo fue el proceso de creación de este libro? “Me llevó tres largos años crearlo. Hubo momentos increíblemente alegres y otros muy estresantes. Mis editores me ayudaron muchísimo durante todo el proceso, que a veces resulta desalentador, ¡pero realmente vale la pena! Después de terminar mis estudios de arte, cuando empecé con Clocki, estaba buscando mi propia voz, ¡pero encontré en Clocki caminos que me encantan! Fue una experiencia muy formativa para mí. Creo que se puede sentir esta progresión narrativa, cómo gano más confianza a medida que avanzan los capítulos, lo cual me gusta mucho”, confiesa.

¿En qué estás trabajando actualmente? ¿Un nuevo proyecto? “Actualmente estoy trabajando en otra novela gráfica que publicará la misma editorial. Tratará sobre ratones, un libro hecho de queso, la transmisión del conocimiento y la memoria colectiva. Será un libro sobre libros y un homenaje a sus lectores más fieles: ¡estará dedicado a quienes aman tanto los libros que literalmente devoran sus páginas! No diré nada más sobre este futuro proyecto, y me llevará tiempo terminarlo, ¡pero estoy deseando enseñárselo!”
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