Álbum Ilustrado
Gastón Hauviller y su ‘Pequeño emocionario instantáneo’
El licenciado J.J. Lacabre dedicó toda su vida a investigar, mediante un curioso método, los sentimientos y emociones que llevamos muy adentro. Gracias a sus descubrimientos comprendió que hay tantas emociones como personas y que, sobre todo, ¡es muy divertido ponerles nombre! Así nos presenta la editorial Tres Tigres Tristes este ‘Pequeño emocionario instantáneo’. Un álbum ilustrado de Gastón Hauviller, con el que hemos charlado sobre este libro.

¿Cómo nace este proyecto? “Hace unos años, un domingo, comencé a pintar espontáneamente el retrato de una persona con cabeza de gato, en una libreta pequeña con un formato similar a una fotografía. Al domingo siguiente sucedió lo mismo, después de desayunar pinté otro retrato con cabeza de animal y se me ocurrió preguntarle al personaje una pregunta tonta, del tipo “¿cuál es tu color favorito?”, y escribí espontáneamente una respuesta absurda. Unos cuantos domingos después ya tenía la colección completa de retratos que aparece en el libro”, nos cuenta Gastón Hauviller.
“Pasó un tiempo y aunque me gustaba mucho la idea de los textos absurdos (nonsense), para convertirse en libro aún le faltaba una vuelta de tuerca, alguna idea o un elemento que ordenara todo ese material y es ahí en dónde apareció el Licenciado Lacabre. Un psicólogo bastante vanguardista y extravagante, que en los años ochenta se dedicó a estudiar las emociones. Lo cual no deja de ser una especie de homenaje a mis días de estudiante de psicología. La idea de la asociación libre del psicoanálisis tiene mucho que ver con el tipo de escritura automática que yo quería experimentar”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Pues para ser fiel a la filosofía de este libro, que sospecho que es la misma de todos mis libros, realmente no sé qué encontrarán los lectores. Así como después de años de investigación el Licenciado Lacabre llegó a la conclusión de que hay tantas emociones como personas, lo mismo pienso de la lectura, que hay tantas lecturas como lectores. Lo que sí puedo decir es que me gustaría mucho que se diviertan leyendo sus páginas, tanto sus palabras como sus imágenes, y que ojalá se reconozcan en alguna o varias de las emociones y eso les genere alguna emoción nueva, diferente y única”.
¿Con qué emoción de esas a las que se le pone nombre en el libro te identificas más? “Eso depende del día -asegura Gastón Hauviller-. Creo que, en mayor o menor medida, las he sentido todas en algún momento. Aunque claramente tengo algunas emociones favoritas como el ENTUSIASMOZOSO, ¿quién no ha tenido alguna vez muchas ganas de hacer algo pero le da pereza?, por eso Lacabre tuvo que inventarle un nombre a esa especie de entusiasmo perezoso. También me gusta mucho el PORSIMIEDO, que no es más que asustarse por si pudiera pasar casi cualquier cosa. Y últimamente me identifico mucho con el DESPIERTENOJO, que es cuando no queremos que nos cuenten cuentos para dormirnos y preferimos más bien, ese otro tipo de libros que nos despiertan”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Lo más original que tienen las ilustraciones de este libro, a comparación con mis otros trabajos, es que no hay bocetos, al menos en su gran mayoría. Como les conté antes, los retratos son ilustraciones espontáneas que fui realizando semanalmente, los comenzaba y los terminaba en cada una de aquellas mañanas. Son todos originales, por así decirlo. Lo curioso es que mucho tiempo después, para comenzar a trabajar en el storyboard o maquetado del libro, tuve que hacer unos pequeños bocetos de las fotos de los personajes copiando los originales”.


¿Con qué técnicas trabajaste? “Trabajé combinando acuarela y lápices de colores con digital. Pienso que la acuarela le aportó una impronta espontánea, que se parece un poco a lo que es una fotografía instantánea, «como sale se queda» -afirma Gastón Hauviller-. Y si bien ya había trabajado libros con acuarela y otros con técnicas digitales, en este caso debí combinar ambas técnicas, cuidando de que se integrarán lo más orgánicamente posible. Por ejemplo, el libro cuenta que el consultorio del Licenciado Lacabre sufrió una inundación y todos sus archivos se arruinaron por el agua. Entonces me tocó hacer varios experimentos mojando y manchando papeles para poder recrear las viejas fichas escritas a máquina que acompañan las fotografías”.

Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. “Diría que el mayor desafío en este caso vino del lado del diseño, en el sentido de pensar la forma que debería tener el libro en sus diferentes partes. Encontrar por ejemplo, un dispositivo narrativo que permitiera combinar las imágenes (retratos), con las dos líneas de lectura simultáneas que son los testimonios de los personajes por un lado y las observaciones del Licenciado Lacabre por el otro. Era clave que la lectura de esas dobles páginas que son el cuerpo del libro, fuera clara y fluida. Una vez resuelto ese tema, a su vez debía articularse con la historia del Licenciado Lacabre, para lo cual decidí narrarlo desde la voz de su sobrino, en una segunda línea temporal que lo traiga al presente y permita darle una sorpresa al final, que prefiero no contarles para no arruinarles la sorpresa a quienes aún no lo hayan leído”.

“Hacer libros álbum, al menos en mi caso -continúa Gastón Hauviller-, siempre es una especie de rompecabezas que si logras resolver te trae muchas satisfacciones. Y este libro no fue la excepción, aunque fue un proceso largo y trabajoso, tuve la fortuna de contar nuevamente con el apoyo de mis editores Bárbara y Guillermo de Tres Tigres Tristes. «Pequeño emocionario instantáneo» es el tercer libro que publico con ellos y siempre es un lujo formar parte de su catálogo”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Cada vez estoy trabajando en más y más proyectos al mismo tiempo, así que son varios proyectos nuevos. Pero podría contarte de qué se tratan los que ya están más avanzados o ya listos para salir. Por un lado estoy muy contento por haber sido convocado por Alfaguara de Argentina, para ilustrar un libro de María Elena Walsh, a quien admiro muchísimo desde pequeño y es una de mis referentes más importantes. También está por salir en Brasil un libro para niños pequeños que se llama Araucária y es el primero que pensé y escribí directamente en portugués. Por último te cuento que estoy trabajando en dos libros cuyo tema es el mismo, la soledad, pero abordado desde dos momentos muy diferentes y lejanos de la vida, la niñez y la vejez. Espero pronto poder mostrarles imágenes y contarles más sobre ellos”.
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María Rico nos desgrana ‘Versos a la luz de la luna’
Carlos Reviejo escribe a la luna, a la noche, a los sueños y la naturaleza, acompañado por el arte y los colores de María Rico en ‘Versos a la luz de la luna’, quinta entrega de la premiada colección Abril. Esta colección, que publica la editorial Iglú, se propone acercar la poesía de calidad a los más pequeños a través de poetas consagrados e ilustradores de renombre.
Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “El proyecto nació casi de manera natural. Desde la editorial conocían un trabajo anterior mío ilustrando poesía y sintieron que mi forma de mirar y de construir imágenes podía encajar con la sensibilidad que buscaban para este título de la colección Abril. Cuando me propusieron acompañar los versos de Carlos Reviejo, sentí que era una invitación muy especial. Desde ahí empezó todo, con mucha ilusión y respeto hacia el texto”.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “En estas páginas los lectores encontrarán ilustraciones que nacen de lo cotidiano: pequeños gestos, miradas, juegos, momentos de calma… escenas aparentemente sencillas, pero llenas de emoción -nos cuenta María Rico-. Me interesa mucho esa poesía que existe en el día a día, en aquello que a veces pasa inadvertido. Mi trabajo ha sido detener el tiempo y dar protagonismo a esos instantes, aunque también hay fantasía, escenas imaginadas y metáforas visuales. Todo ello dialoga de una forma natural y sensible con los versos de Carlos Reviejo”.
“He intentado que cada imagen no solo acompañe al poema, sino que lo amplifique, que aporte una atmósfera y una emoción, creando un espacio donde texto e ilustración inviten a sentir”.
¿Qué te parecieron los poemas de Carlos Reviejo la primera vez que los leíste? “La primera vez que leí los poemas de Carlos Reviejo sentí una conexión inmediata -continúa María Rico-. Sus versos te llevan a su tierra, a su universo emocional y poético, con una sensibilidad tan delicada que realmente eriza la piel. Consigue que percibas los aromas, la luz, los paisajes… que te sientas navegando por el cielo, caminando entre pinos o sentada observando la luna. No estaba simplemente leyendo poesía: cada poema se convertía en una experiencia muy cercana. Y cuando algo te emociona de esa manera, el proceso creativo fluye con verdad”.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? “No siempre sigo el mismo patrón cuando afronto un proyecto así, pero en este caso hubo algo muy especial desde el inicio. Antes de empezar a dibujar, tuve una conversación con Carlos Reviejo que fue muy inspiradora. Me transmitió mucha confianza y me dio total libertad para interpretar sus poemas, aportando solo alguna sugerencia puntual, pero dejando claro que quería que yo decidiera y los llevase a mi terreno emocional y visual. Ese gesto de respeto creativo marcó mucho el proceso”, confiesa María Rico.
“A partir de ahí, comencé leyendo los poemas varias veces, dejándolos reposar, permitiendo que las imágenes se formaran poco a poco. Hubo pocos bocetos en papel porque, en este caso, gran parte del trabajo ocurrió primero en mi cabeza: visualicé escenas, atmósferas, gestos… y después busqué documentación para darles cuerpo. Investigué poses, objetos y escenarios, todo lo necesario para construir cada composición”.

“En este libro hubo además algo muy bonito: para algunos poemas preparé pequeñas sesiones fotográficas que me ayudaron durante el proceso, y mis dos hijos fueron los modelos en varias de las ilustraciones. Eso aportó una dimensión aún más emocional al proyecto. Una vez tuve clara la imagen, el siguiente paso clave para mí fue la paleta de color. Busqué los tonos que mejor expresaran la emoción que quería transmitir y, cuando esa atmósfera estuvo definida, pasé directamente a crear las ilustraciones finales. Fue un proceso intenso, pero muy fluido”, asegura María Rico.
¿Qué dirías que tiene de singular ilustrar poesía? “Aunque disfruto ilustrando cualquier tipo de proyecto, la poesía tiene algo que la hace muy especial para mí. Ilustrar poesía supone entrar en un territorio imaginario donde todo puede ocurrir, donde las metáforas, los símbolos y las emociones tienen un espacio natural. Es un lugar muy libre, en el que lo real y lo poético conviven, y donde puedo permitir que las imágenes nazcan tanto de la emoción como del texto”.
“La poesía me permite jugar con escenas reconocibles, cercanas, casi cotidianas, pero que contienen siempre un punto mágico, simbólico o emocional que conecta directamente con esa memoria visual que todos llevamos dentro: recuerdos, sensaciones, imágenes que nos han acompañado alguna vez. Me gusta trabajar en ese límite entre lo real y lo evocador. Para mí, ilustrar poesía es manejar un lenguaje en el que me siento muy cómoda: es libertad, es juego, pero también es profundidad y sensibilidad. Es un espacio creativo en el que puedo dibujar no solo lo que veo, sino, sobre todo, lo que siento”, afirma María Rico.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Creo que en este libro mi voz como ilustradora se muestra de una forma muy sincera. Las ilustraciones hablan mucho de cómo me gusta traducir emociones y sensaciones en imágenes aparentemente sencillas, pero cargadas de significado. Me interesa contar sin decirlo todo, sugerir más que explicar, dejar que la emoción se perciba a través de gestos, atmósferas y escenas cotidianas que invitan a sentir”.
“Con respecto a otros trabajos, ilustrar ‘Versos a la luz de la luna’ me ha permitido explorar un territorio diferente. Aquí no estaba narrando una historia lineal ni una única poesía, como en otros proyectos, sino interpretando versos y convirtiéndolos en imágenes. Ese diálogo entre palabra y dibujo ha sido un juego creativo muy enriquecedor, que me ha mantenido atenta y conectada durante todo el proceso. Además, la temática del libro ha supuesto para mí explorar un imaginario en el que he disfrutado mucho entrando y encontrando mi manera de habitarlo visualmente. En este proyecto hay continuidad con mi esencia, pero también descubrimiento y crecimiento”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Cada proyecto me pide una forma distinta de trabajar. Manteniendo mi voz artística, estudio qué técnica resulta más acertada en cada caso -continúa María Rico–. Estoy en un momento personal y profesional en el que me siento muy abierta a explorar, investigar y cambiar de proceso si la obra lo necesita. Me gusta pensar que la técnica está siempre al servicio de lo que quiero transmitir. En este libro he trabajado con técnica mixta. Hay partes más definidas, especialmente en los rostros y en aquellos elementos donde considero que la precisión aporta significado, realizadas con lápiz de madera. Conviven con zonas mucho más libres realizadas con pincel y tinta, otras hechas con monotipos de tinta sobre plancha de silicona, manchas y texturas generadas de manera más intuitiva sobre papeles reciclados o superficies preparadas previamente”.
“Todo ese material lo integro después en digital. Trabajo en Photoshop, donde uno las distintas capas y ajusto atmósferas y color -ya que muchas de las ilustraciones nacen primero en blanco y negro- hasta que la imagen final encuentra su equilibrio. Es una técnica que combina control y espontaneidad, definición y emoción, algo que encaja muy bien con la poesía”.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Este libro, la mayor parte del proceso creativo tuvo lugar en horas nocturnas, que eran las que en ese momento me permitían encontrar calma, silencio y espacio interior. Curiosamente, el propio título del libro se convirtió también en una compañía simbólica durante el proceso: ilustrar Versos a la luz de la luna… Fue un trabajo íntimo. Había algo casi ritual en esas noches de creación: leer, sentir, dejar que la poesía respirara y, poco a poco, permitir que las imágenes fueran apareciendo”, nos desvela María Rico.
“Además, he tenido la suerte de contar con el cariño y la sensibilidad de Carlos Reviejo durante todo el camino. En más de una ocasión le compartí emociones que surgían mientras ilustraba sus poemas. Recuerdo especialmente la ilustración para “La alondra levanta el vuelo”. Saber que estaba dedicada la convirtió en un momento muy bonito. Seguí su recomendación de escuchar música de Vaughan Williams mientras trabajaba y, casi sin darme cuenta, la imagen apareció: una niña bailando, con su capa convertida en alas, con el color y la luz construyendo ese amanecer que evocaba el poema. Fue uno de esos momentos mágicos en los que texto, emoción e imagen se unen de manera natural. En definitiva, ha sido un proceso cuidado y muy mío”.

De los poemas del libro, ¿con cuál te quedas? “Elegir un solo poema es realmente difícil, porque cada uno me ha llevado a un lugar emocional distinto. Aun así, hay algunos que guardo de una manera muy especial. “Se ha dormido la luna” me parece precioso; hay un verso en particular -“Se ha dormido la luna / sobre unas nubes / de algodones y espuma, / de gasa y tules”- que me atrapó desde la primera lectura por su delicadeza y su capacidad de crear imagen y atmósfera casi al instante”.
“También me emociona mucho “El viento en los pinos”, por esa idea tan sugerente de la luna como una niña que, con su pincel de plata, pinta de azul los senderos. Es una imagen poética que conecta directamente con mi manera de imaginar y dibujar. “En mi barco de papel” fue otro poema muy especial para mí, porque disfruté enormemente construyendo la ilustración y dejándome llevar por su universo”.
“Y hay poemas como “Versos para Olivia”, donde la relación entre abuelos y nietos me parece profundamente tierna y conmovedora, o “Paisaje con lluvia”, siempre evocador, con unos versos de una belleza muy sutil. En realidad, cada poema ha sido un pequeño regalo y ha encontrado su lugar dentro del proceso creativo”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Este 2026 ha comenzado con muchos proyectos nuevos, algo que me llena de ilusión y energía. En estos momentos estoy inmersa en un nuevo libro para Editorial Iglú; se trata de un texto que no es poesía, y cuya entrega está ya muy próxima. Además, estoy terminando un álbum ilustrado de proyecto personal, en el que he trabajado tanto el texto como las ilustraciones. Es un proyecto muy especial para mí, y tengo muchas ganas de comenzar a compartirlo con editoriales y ver si encuentra su camino de publicación”, afirma María Rico.
“Paralelamente, estoy preparando una serie de ilustraciones para concursos, un espacio que para mí funciona casi como un reseteo creativo entre proyecto y proyecto, donde puedo experimentar, probar nuevas ideas y seguir creciendo como ilustradora”.
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Rosita Uricchio ilustra respuestas sobre ‘El ojo’
¿Cómo vemos al nacer? ¿Es posible que el cielo no sea azul? ¿Pueden mis ojos no parecerse a los de mis padres? ¿Por qué alejamos las cosas para verlas mejor? ¿Por qué ir al parque es bueno para los ojos? ‘El ojo. 20 preguntas sobre la maravillosa capacidad de ver’ rescata veinte enigmas que la Oftalmología ha ido resolviendo a lo largo de la historia sobre la complejidad de los ojos y la maravillosa capacidad de ver. Un trabajo de Raúl Plasencia Salini y Rosita Uricchio que edita la editorial peruana De Lirio Ediciones.
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Encontrarán explicaciones que ayudarán fácilmente incluso a los lectores más pequeños a comprender el mundo de los ojos. El libro responde a preguntas y curiosidades sobre la vista, y las ilustraciones minimalistas y simbólicas acompañan la lectura de forma agradable y alegre”.

¿Es el primer libro informativo en el que trabajas? “He estado trabajando en otro libro de divulgación científica sobre plantas medicinales de Sudamérica y el sur de Italia, un libro que presenta las plantas de una manera romántica y atractiva”, nos cuenta Rosita Uricchio.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Comencé con un guión gráfico compartido con el director de arte, en el que esbocé sugerencias visuales para cada capítulo. Tras recibir comentarios, coloreamos los bocetos. La investigación se basa principalmente en mi experiencia diaria, pero también en libros, enciclopedias, otras imágenes evocadoras y obras de arte”.

¿Cual ha sido tu mayor descubrimiento tras ese proceso o qué te ha sorprendido más? “Me sorprendió descubrir el mundo de los ojos. Además, me estaba recuperando de una cirugía ocular cuando creé el libro, y esto me pareció muy curioso”, asegura Rosita Uricchio.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Mis ilustraciones son sencillas pero impactantes. Tienen un toque vintage en algunas zonas e incluso son un poco surrealistas. Los elementos cambian de tamaño y forma, e intenté que las imágenes fueran lo más divertidas posible para abordar un tema tan científico. A diferencia de otras obras, he incluido algunas secciones de collage, pero en general me encanta combinar técnicas digitales con collage en mi práctica artística personal”.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “El proceso, como siempre, ha sido un flujo constante y una sucesión de inspiraciones provenientes del teatro, la música, la ciencia y mundos aparentemente distantes, pero que en realidad están conectados -continúa Rosita Uricchio-. En una imagen, por ejemplo, hay una figura que se asemeja a Lennon tomando el sol, otra cita Hamlet de Shakespeare y otra encuentra un detalle de una pintura impresionista de Monet”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Actualmente trabajo en proyectos transdisciplinarios que abarcan el ámbito editorial, el arte y la botánica. Soy comisaria de varios proyectos de arte comunitario y trabajo en una serie de ilustraciones para una revista y otros encargos para organizaciones independientes”.
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Mario Jodra y su visión de ‘Canción de Navidad’
La historia del avaro Ebenezer Scrooge, visitado por tres fantasmas en Nochebuena, ha emocionado a generaciones desde su publicación en 1843. Esta narración -una de las más emblemáticas de Charles Dickens- regresa en una cuidada edición ilustrada de Edelvives que resalta su carácter social y su mensaje de redención, tan vigente hoy como en el siglo XIX. ‘Canción de Navidad’ se presenta en su versión original, acompañada por las poderosas imágenes en blanco y negro de Mario Jodra, ganador del V Premio Internacional de Ilustración. Su propuesta visual, expresiva y comprometida, da nueva vida a los escenarios y personajes del relato, poniendo el foco en los contrastes sociales y en la transformación interior del protagonista. Con Mario Jodra hemos charlado un poquito más sobre este libro.
Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. ¿Qué supone el Premio Internacional de Ilustración? “El proyecto nace a través del V Premio Internacional de Ilustración Edelvives. Para mí supuso un gran honor, y una excelente oportunidad de trabajar con una editorial de gran talla que realiza ediciones de lujo, muy cuidadas al detalle, que suelen ser reconocidas también con premios a los libros mejor editados, como uno reciente concedido por el Ministerio de Cultura, un proyecto que también nació a través del Premio Internacional de Ilustración Edelvives”.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Una edición muy completa de esta obra clásica, con una traducción excelente, acompañada de anotaciones que le dan otra dimensión -comenta Mario Jodra-. En lo que respecta a mi trabajo, encontrarán una versión ilustrada muy personal, con mi visión más característica y oscura, basada en las sensaciones y experiencias que me transmitía Londres. Allí viví durante unos años, y parece que algunas cosas no han cambiado desde 1843, o, en algunos aspectos, se han transformado en algo mucho peor de lo que narraba Dickens en su obra. He querido reflejar esos pensamientos con mis dibujos. Muchos rincones que aparecen allí son lugares donde he vivido, como el East End de Londres”.
¿Cómo era tu relación con este clásico de Dickens y cómo ha cambiado tras este trabajo? “Es una obra totalmente universal. Está presente y arraigada en la cultura popular de todo el mundo, y ha pasado a ser parte del imaginario colectivo. En mi infancia debió haber muchos encuentros con ‘Canción de Navidad’. Está representada en más de 100 versiones de todo tipo y medio, desde los Teleñecos/The Muppets hasta versiones libres cinematográficas como ‘Los fantasmas atacan al jefe’. Además, las referencias a la obra son incontables”.

“Con respecto a cómo lo he visto después de ilustrar la obra, he podido profundizar más en Dickens y sentirme más próximo a sus palabras e intenciones -continúa Mario Jodra-. ‘Canción de Navidad’ es una obra moralista que denuncia miserias y pecados, y apela al miedo para corregirlos. La forma que tiene Dickens para transmitir todo esto es muy parecida a las fórmulas del terror gótico, muy de moda en esa época. Y es así como la he visto tras este encuentro escrutador, y esta interpretación es la que también he querido reflejar con mis dibujos: un cuento de terror oscuro. Y esa visión sería mi principal aportación (volviendo de nuevo a la pregunta anterior)”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, también después de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Pues hice un trabajo previo de documentación muy exhaustivo, meses antes de comenzar a trabajar con la editora y la directora de ilustración. En primer lugar acudí a la obra de Dickens, y a las diferentes versiones de ‘Canción de Navidad’, tanto de ediciones ilustradas como cinematográficas o teatrales. Me empapé de la época, buscando todo tipo de material. Para crear un armazón visual y simbólico utilicé cientos de fuentes distintas, muchas veces sin vinculación con la obra, ni con la época ni con la ciudad de Londres, pero que me han servido para reconstruir una imagen de todo ello, contando además otras historias. Como a veces esa reconstrucción es una versión de la fuente, se consigue una sensación de familiaridad que hace que se amplíen los sentidos”, afirma Mario Jodra.

“Una vez comenzó el trabajo conjunto, lo primero fue ajustar la estética general con alguna prueba de estilo. Se probó a darle algunos tonos y detalles de color, pero se terminó de decidir que sería íntegramente en blanco y negro puro por el propio tono oscuro que deseábamos darle, y para destacar los juegos orgánicos de textura del carboncillo, y centrarnos en las atmósferas”.
“También hice pruebas con el diseño de los personajes principales, para hacernos una idea de cómo debían ser representados. Después de perfilar este aspecto, nos lanzamos con el story general del libro, y tras darle forma, me lancé al bocetado de cada ilustración. Una vez aprobado todo, comencé su ejecución al carboncillo, para luego hacer unos tratamientos digitales para su remate final”.

¿Cual ha sido tu mayor descubrimiento tras ese proceso o qué te ha sorprendido más? “Más que un descubrimiento o sorpresa, lo que he encontrado como más revelador en todo este proceso es la confirmación de que lo más importante es la base, la idea inicial que tienes en la cabeza -asegura Mario Jodra-. Todo está sujeto a modificaciones, pero los cimientos dan la forma definitiva. Por eso es esencial reflexionar mucho y dar vueltas a todo hasta que cuaje en el terreno de las ideas, que esté todo perfectamente ordenado y visualmente completo en la cabeza antes de tocar un lápiz, y trasladarlo después a bocetos. Y a partir de esos bocetos, sabía lo que tenía que hacer, de cuánto tiempo disponía para ejecutar cada cosa, y cómo debía acabar el resultado, cumpliendo con cada etapa y agenda marcada, y con cierto margen para esas modificaciones, pues esto era un trabajo en equipo que requería de aprobaciones, sugerencias y cambios. Y en ese proceso también necesité convencer y hacer confiar en que lo que tenía en la cabeza iba a salir así”.

¿Cómo realizas la selección de las escenas que vas a mostrar con tus ilustraciones? “Como comenté anteriormente, hubo un proceso de selección durante el story del libro, donde se decidió todo mediante un ajuste consensuado. En primer lugar sugerí cuántas ilustraciones serían necesarias, qué escenas se podrían ilustrar y cómo podrían hacerse, pero todo sin bocetos, solo con las descripciones, por estrofas, y si eran a una página o a doble página. La labor de la editora y la directora de ilustración fue tomar el texto y ver cómo encajaba con el libro en mano, por estrofa, ritmo, cantidad y tipo de ilustraciones, para encontrar un encaje. Yo tenía una idea inicial que jugaba con los ciclos y etapas del tiempo y las repeticiones en las que solía redundar el libro, pero que se tuvo que ajustar por diferentes razones prácticas, como por ejemplo, el hueco que había en el libro, por estrofa, y cómo iba a aparecer cada ilustración sin adelantarse al texto, o quedarse atrás, así que algunas ilustraciones a doble página se quedaron a una, y al revés también. Una vez decidido todo, me lancé con los bocetos, teniendo las escenas muy claras ya en la cabeza, así que todo lo que salió de ahí solo lo tuve que ejecutar después con los carboncillos. Y aun así, también hubo cambios”.
“Ese fue un proceso de varios meses durante los cuales se tuvo que cambiar la idea de los ciclos, y descartar tres escenas que para mí eran importantes, una de ellas, la del carruaje fúnebre que se le aparece a Scrooge en las escaleras de su casa, que podía haber sido visualmente muy potente”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Traté de aportar las atmósferas y la ambientación tenebrosa del terror gótico que el propio Dickens refleja en la obra en algunos tramos, y que no han sido representados en otras versiones, tanto ilustradas como cinematográficas”, afirma Mario Jodra.
“También quise incidir en el papel crucial que tiene el tiempo atmosférico, como por ejemplo la niebla, que desempeña un papel esencial en la narración previa a la aparición de los fantasmas para darle un ambiente de misterio y terror. He consultado cientos de representaciones visuales y, sorprendentemente, apenas se ha tratado esto, incluso a pesar de que la niebla siempre ha estado ligada al Londres victoriano. Solo se suele destacar la nieve que aparece en todo momento, pero es que para Dickens tenía un carácter simbólico que representaba su infancia en la campiña británica, y por eso solo aparece en determinados tramos del cuento en los que habla de la felicidad y la pureza”.

Ya has comentado algo pero, ¿con qué técnicas trabajaste? “La técnica que utilizo para dibujar es carboncillo sobre papel. En esta ocasión decidí que casi todos los dibujos tuvieran un posterior tratamiento digital. Ya lo había hecho antes, pero ahora quise integrarlo en toda la obra. Utilicé texturas hechas con carboncillo como “potenciadores” para crear atmósferas y ambientaciones, así como sombreados y brillos para jugar con los contrastes de impacto, y el carácter orgánico propio de la técnica del carboncillo, la más primitiva y antigua que existe, y que nos lleva a la noche de los tiempos. El carboncillo es muy adaptable y versátil, a veces te lo da todo hecho, y da muchísima cancha para experimentar y darle usos más modernos”, confiesa Mario Jodra.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy con varios proyectos. Estaba retomando los proyectos aparcados de autoedición de mi sello ElSordo.net que se me fueron acumulando, y también concretando detalles para comenzar próximamente un nuevo libro ilustrado con otra editorial que también saca ediciones excelentes y muy cuidadas. Sería una obra que me motiva mucho, y con la que puedo hacer mucho juego”.
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