Entrevistas
Un paseo por la ‘Selva’ de Marina Gibert
La obra distinguida con el XIV Premio Internacional Compostela para Álbumes Ilustrados es un libro visual que, sin palabras y únicamente a través de sus imágenes, narra el divertido paseo -lleno de inesperados hallazgos- de un niño por un paraje de exuberante vegetación que ocupa la totalidad de la doble página. ‘Selva‘ es una metáfora de la vida, ya que en la trayectoria del protagonista recorriendo caminos, atravesando la espesura, bajando y subiendo por extraños lugares, nada resulta ser lo que parece: ni el sendero, ni los misteriosos ojos que acechan en la jungla multicolor, ni la montaña… una sugerente propuesta para ser partícipes de la aventura, la curiosidad y la fantasía. Hablamos con su autora, Marina Gibert.

¿Cómo nace este proyecto? Marina Gibert: «Selva nace de un proyecto del Seminario de ilustración que cursé en el Centro de Arte y Comunicación Ar.Co de Lisboa. La propuesta era crear un álbum donde la única palabra fuera el título. Al principio no tenía una idea muy concreta sobre la historia, y empecé por lo que me apetecía hacer: dibujar plantas y animales. Fui esbozando ideas sueltas en torno a eso y empezaron a aparecer algunas imágenes que me sirvieron para empezar a pensar en un hilo narrativo. Durante la búsqueda de un lenguaje gráfico y de una historia, visité la Estufa Fría, un jardín botánico en Lisboa, y creo que allí también salieron algunas preguntas a las que a través de imágenes busqué una respuesta. Mis profesores y compañeros del curso fueron de gran orientación y aportaron su visión más experimentada al libro y eso, sin duda, sumó. Así que supongo que Selva nace de la suma de todo eso y bastantes horas de trabajo».
¿Qué se encontrarán los lectores en sus páginas? «Como es un libro sin palabras, y puede tener varias capas de lectura, es posible que cada lector encuentre una historia un poco diferente. Pero en general, este libro, te invita a entrar en la Selva a través de los ojos de un niño y recorrer parajes donde hay muchas cosas que descubrir y dónde puede que no todo sea lo que parece».

¿Cómo ha sido trabajar en un libro sin palabras? «Desde el primer momento, me sentí muy motivada con la propuesta. Me encantan los libros silenciosos y como me intimida un poco escribir, me parecía muy bonito poder crear una historia propia sin necesidad de usar las palabras -asegura Marina Gibert-. Trabajar las imágenes fue divertido y desafiante, como no tenía un texto al que ceñirme, el hilo narrativo se fue creando desde lo visual, buscando cómo podía jugar con las formas y los colores».
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este proyecto? «Uno de los desafíos que sentí en este proyecto es que quería hacer algo gráficamente más suelto de lo que solía hacer, y me di cuenta que esa soltura me costaba. En los bocetos soy muy libre, dibujo como una forma de pensar, pero a la hora de pasar estas ideas a una ilustración más acabada, perdía mucha de esa espontaneidad principal. Es curioso cómo a veces cuesta simplificar, y lo difícil que a veces es llegar a ello. Fue Catarina Sobral, mi profesora, la que me hizo ver que los esbozos que realizaba para el storyboard eran mas expresivos que las ilustraciones “finales”, y me convenció para explorar esas formas mas desenfadadas. Enseguida empecé a ver que tenía razón y que esa línea gráfica encajaba mejor en ese libro, así que le hice caso y no me arrepiento. Ahora me gusta mucho más trabajar así, quiero seguir explorando la soltura y la sencillez, así que esta forma de trabajar de momento se queda».

¿Con qué técnicas trabajaste? «Trabaje con acrílicos sobre papel. Ya había trabajado con acrílicos anteriormente y era una técnica que conocía y con la que disfruto», nos cuenta Marina Gibert.
Háblanos un poco del uso del color en este libro. «Escogí los colores un poco por intuición, quería una Selva de fantasía, donde no importaran los colores “reales” de las cosas. Me gustaba que pudiera haber un tigre azul o una palmera rosa. Y que los tamaños fueran distorsionados también, jugando con esa sensación onírica. Pensé que la ciudad tenía que ser algo opuesto a la selva, un lugar vacío y gris, y con una pequeña casa roja, que a pesar de estar dentro de un espacio tan árido se mantuviera como un refugio, un lugar donde conviven los dos opuestos, la ciudad y la selva, y que contiene todo lo vivido por el protagonista hasta ese punto».

¿Cómo fue el proceso de elaboración de este libro? «Cuando acabé el seminario, tenía el storyboard, algún original y mucho trabajo descartado -afirma Marina Gibert-. Como estaba contenta con la historia y por fin tenía algo contundente con lo que trabajar, me propuse acabarlo para presentarlo a alguna editorial o a algún concurso. La verdad es que una vez me puse a trabajar por mí misma, no fue fácil. Durante el proceso me surgieron muchas dudas con la técnica y con algunas composiciones y no siempre sabía por dónde ir. Pero aprendí bastante y me ayudó a entender que a veces los procesos creativos son así. Como estábamos en confinamiento, siempre que podía dedicaba parte del tiempo a este proyecto y fue en cierto modo, un salvavidas en ese momento. En unos meses vi el anuncio de la convocatoria del Premio Internacional de Álbum Ilustrado de Compostela y me decidí a participar. A partir de que me dieron la noticia, Manuela, la editora de Kalandraka se puso en contacto conmigo para seguir trabajando en el libro, y fue de gran orientación contar con su visión y su criterio».
¿Qué supone el Premio Internacional Compostela? «Para mí, representa una gran motivación para seguir y una dosis de confianza en mi trabajo. Supongo que muchos al principio de nuestras carreras como ilustradores nos lanzamos guiados por una especie de mapa intuitivo con el que esperamos poder encontrar alguna oportunidad. Así que ver que esa puerta se abre es una gran satisfacción, porque detrás de cada pasito que di hay mucho trabajo y mucha entrega».
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? «Actualmente estoy trabajando en otro proyecto del Seminario. Esta vez con texto. Aparte, he empezado otro proyecto personal que aún está muy verde. La verdad es que en este punto me cuesta un poco hablar de ellos porque están en una fase tan inicial, que en cualquier momento pueden cambiar de forma».
Álbum Ilustrado
Miguel Pang y sus lectores y lectoras en el Retiro
El ilustrador Miguel Pang es el autor del cartel de la Feria del Libro de Madrid 2026. Con él hemos querido charlar un poquito más sobre este trabajo, cómo llega a sus manos, cómo fue el proceso de desarrollo de la idea, y también de cómo los y las diferentes personajes del cartel, siguen cobrando vida propia fuera del propio cartel.

¿Cómo nace este proyecto? ¿Qué supone para ti recibir un encargo de estas características? “Recibí un correo de la Feria de Libro un domingo por la mañana y desde allí todo fue muy fluido. Hablamos con Eva Orúe por teléfono y luego se sucedieron un viaje a Madrid para conocer de cerca el sitio donde tiene lugar la feria, el paseo de carruajes del Retiro, reuniones y dibujos en las libretas. Un encargo de este tipo es una alegría y un gran compromiso”, asegura Miguel Pang.
¿Qué has querido reflejar en tu propuesta? “Con mi propuesta quería reflejar el tema principal de la edición de la Feria del libro de este año, el humor. Lo he querido hacer con lectores y lectoras en posturas extrañas, personajes que iban apareciendo en mis libretas una y otra vez”.


¿Cómo ha sido el proceso previo a la imagen que finalmente vemos? Ideas, bocetos,… “El proceso anterior ha sido muy largo. Nada más que cuatro libretas. Una libreta inicial con dibujos del viaje a Madrid y el Retiro, del encuentro con las organizadoras para tener un brief más acotado. Con un dibujo obsesivo de querer captar todo lo que podía en esos días de escapada a Madrid”.


“Luego -continúa Miguel Pang-, dos libretas pequeñas donde me sumergí en el tema propuesto por la feria y también la incertidumbre de intentar explorar caminos inexplorados. Y finalmente una última libreta donde fui concretando más y donde ya aparecen las primeras propuestas de cartel y las exploraciones del último cartel”.



¿Con que técnica has trabajado? “La técnica del cartel es gouache sobre un formato de papel bastante grande. Al pintar el final tuve la necesidad de pintarlo a un tamaño más grande de lo que estoy habituado, porque el mismo cartel y los personajes me lo pedían”.
“Pero antes de la técnica creo que sobretodo ha sido más importante el trabajo con el calibrado Uniball o pilot en las libretas. Toda esa exploración anterior ha sido esencial y esos bolígrafos que corren tanto, me permitían poder dibujar sin parar, sin dejar un espacio para pensar reflexivamente. Cuando esbozo me gusta dibujar pensando y que el pensamiento y el dibujo fluyan. Una vez esbozado viene el análisis”, asegura Miguel Pang.

En el cartel vemos varios personajes, ¿con cuál de ellos te irías a dar una vuelta por la Feria del Libro de Madrid? “Con todos”.
Estos personajes van a seguir su camino y además en otras firmas artísticas. ¿Qué nos puedes contar al respecto? “Estos personajes como casi todo en mi trabajo se van entremezclando y en este caso se están transformando en esculturas (podéis ver algunas imágenes del proceso escultórico en el canal de Instagram de Miguel). Cuando acabé el cartel necesitaba que tomaran vida en tres dimensiones, así que volví a retomar el modelado en barro que hacía veinte años que no tocaba. Me hace mucha ilusión y estoy muy feliz de cómo están quedando. Espero poderlas presentar en la feria del libro”, nos cuenta Miguel Pang.

Y por último, que nos puedes contar de tus trabajos futuros. ¿En qué andas metido? “Ahora con dos álbumes por acabar y dos cómics en los cuales llevo ya un tiempo trabajando. Los cómics son proyectos personales. Uno es fruto y continuación de un cómic breve que quedó seleccionado en el Premio Ara de Cómic y que saldrá publicado pronto. Este trata sobre mi experiencia con el racismo en Barcelona desde mi infancia hasta ahora. El otro cómic trata de la historia de mi familia, que huyó de la guerra en Camboya y es en el que llevo más tiempo trabajando, con pausas entremedias y que espero poder acabar y publicar un día”.
Álbum Ilustrado
Rosa Álamo hace de guía en ‘¡Esto está en un museo!’
Una araña gigante, una lata de sopa, una rana de tela… ¿Se puede encontrar todo esto en un museo? ‘¡Esto está en un museo!’ te invita a viajar por los museos más sorprendentes del mundo, repletos de creaciones curiosas y extraordinarias. No solo esculturas o pinturas, sino también juguetes, arte callejero, fósiles, inventos y objetos cotidianos que demuestran que el arte puede surgir en cualquier lugar. Un museo es una puerta a la imaginación y la maravilla; ábrela de par en par y descubre el mundo que hay dentro. Porque en un museo cabe el mundo entero. Así nos presenta la editorial Tres Tigres Tristes este álbum ilustrado de Rosa Álamo, con la que charlamos un poquito más sobre este libro.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “Pues este libro nació después de haberle dado forma a mi primer libro álbum informativo titulado “Animales y artistas. Historias de amistad entre creadores y fieras” con mis editores Bárbara Centorbi y Guillermo Pérez para su sello Avenauta en 2024. Cuando estábamos ya en la última fase de construcción del libro, coincidiendo con la Feria del Libro de Madrid, quedamos para tomar un café y ver los bocetos de la portada y las diversas pruebas de color que yo había hecho. En un momento dado, una vez que dejamos bien atado “Animales y artistas”, me propusieron un libro sobre museos del mundo para su otro sello Tres Tigres Tristes. La propuesta me fascinó. En ese momento ellos no sabían aún lo importantes que habían sido los museos en cada viaje que yo había hecho, tanto con mis padres, como yo sola o con mi pareja. Enseguida pensé que era un libro perfecto para mí. Fue muy bonito también porque ellos tenían esta propuesta para mí, pero yo iba con otra para ellos, porque me había mucha ilusión seguir trabajando con ambos”.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “En el mercado hay muchos libros sobre museos, así que cuando empezamos a darle forma decidimos salir un poco de los lugares comunes y pensar en aquellos museos que albergan piezas realmente extraordinarias, algunas de ellas incluso desconocidas para el gran público -nos cuenta Rosa Álamo-. Esto suponía dejar un poco más de lado la pintura, para hablar de instalaciones artísticas que parecen tiendas, esculturas de arañas gigantes, de fósiles de ballenas descomunales, de momias de gato, de un retrete de oro o incluso de marionetas de ranas verdes muy famosas”.

“La estructura es la de una página doble en la que describo y doy información sobre el museo en cuestión, y a continuación, en la página siguiente la pieza que me parece más increíble de ese museo. Por ejemplo, del Museo Ghibli, que se encuentra en Japón, conoceremos datos del mismo para acto seguido descubrir que la pieza que he escogido de ese museo es el impresionante robot de la película de Hayao Miyazaki “El castillo en el cielo” que nos espera desde la azotea, rodeado de pájaros y vegetación”.


“También hemos incluido algunas páginas especiales muy bonitas, como una sobre los museos del videojuego alrededor del mundo, otra sobre los museos del juguete o una página en la que hablo de la ciudad como museo a través del arte de Banksy”.

¿Cuál es tu museo favorito? ¿Qué hay en ese museo que lo hace especial para ti? “Esa pregunta es igual de difícil de responder porque me encanta descubrir o redescubrir museos -confiesa Rosa Álamo-. En una ciudad nueva es lo primero que hago cuando viajo: interesarme por sus museos. Y en las que ya conozco siempre hay tiempo para descubrir alguno o revisitar y perderte de nuevo en los que ya has visitado con anterioridad. En Madrid el Museo Geominero me parece una joya, tanto a nivel arquitectónico como por los tesoros que podemos encontrar”.
“Los miércoles, que es mi día de trabajar en mi estudio intensamente es fácil que salga un rato a ver alguna exposición. Perderme en un museo es puro placer, algo que difícilmente me dejará indiferente porque de un museo salimos transformados”.
“Volver al Museo del Prado siempre es una experiencia extraordinaria, y me encanta también encontrar algún rato para visitar de nuevo el Museo Reina Sofía y pasear por su colección permanente. Quien diga que por haber estado una vez en un museo lo conoce se equivoca, ¡hay tanto siempre por descubrir!”, afirma Rosa Álamo.

“Si hablamos de museos en el extranjero también me resulta muy difícil escoger, pero recuerdo con mucha viveza la impresión que me supuso como estudiante de quinto de Bellas Artes, tanto la estructura arquitectónica del Museo Pompidou, con sus líneas geométricas y sus colores, como todo su contenido, ya que además yo en ese momento estaba matriculada en todas las asignaturas de arte contemporáneo que encontré en la facultad, y ver en directo obras de Land Art o de Arte Povera, de Joseph Beuys o de Louise Bourgeois… me resultó absolutamente fascinante, iba como una loca por todo el museo y me sentía como si les conociese. Fui una chica muy feliz”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Hubo un período bastante largo de investigación. Recopilé muchísima información, algunas veces a través de catálogos de los propios museos, para trazar un primer “mapa” de los mismos y de las piezas de las que quería hablar. Estuvimos puliendo la lista durante unos cuantos meses entre Guillermo, Bárbara y yo, hasta que la delimitamos en los diecisiete que podemos encontrar en el libro”, continúa Rosa Álamo.

“Mientras tanto iba documentándome y escribiendo un primer borrador para desarrollar la estructura del libro en el que buscábamos que una primera doble página recibiese a los lectores con la fachada del edificio, y una segunda doble página en la que desvelaba la pieza escogida. Buscábamos sorprender al lector, y por eso hay museos más desconocidos, como el Museo de Astronomía de Shanghái, que es el más grande del mundo, y cuya pieza escogida es una instalación de realidad virtual donde el visitante puede tener la sensación de gravedad de la luna, que es seis veces menor que la de la Tierra. Me consta que es uno de los museos que más están sorprendiendo del libro, el que más gusta a niños y a adultos, y también es un guiño a mi hermano que es Doctor Cum Laude en matemáticas y astrónomo”.


“En otros libros no suelo empezar a hacer pruebas de color o esbozos hasta que tengo todo el texto construido, pero en este caso, cuando ya llevaba algunos museos redactados decidí que necesitaba empezar a hacer pruebas de técnicas para darle forma a las imágenes. Fui trabajando paralelamente imágenes y texto por períodos. Hacía bocetos, bastante detallados, para jugar con el tamaño de la página, se los iba enseñando a Bárbara y Guillermo y según me daban el visto bueno seguía avanzando con las ilustraciones finales y seguía escribiendo. Creo que ha crecido de una manera muy orgánica durante todo el proceso”, asegura Rosa Álamo.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Son más vibrantes, saturadas y coloridas que otros trabajos míos anteriores”.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Tenía en la cabeza que en este libro la imagen quizá podría funcionar con técnicas mixtas, dudaba si acuarela y gouache, pero al final me decanté por gouache y pastel. Descarté el óleo sobre papel, que es la técnica que había usado en “Animales y artistas. Historias de amistad entre creadores y fieras”, Avenauta (2024) o “Mi madre me contó que mi abuela”, Thule (2025), porque buscaba un acabado diferente y otra vibración de color y texturas”.

“Los primeros museos que hice fueron La casa Azul de Frida Kahlo y el Museo Gibhli y me encantó el resultado. Vi que además podía jugar con el color del fondo del papel de las ilustraciones alternando varios colores a lo largo del libro. A Bárbara y Guillermo también les gustaron así que esta vez no aboceté en pequeño las escenas del libro en mi libreta, como estoy acostumbrada a hacer, sino que directamente realicé unos bocetos más detallados, de cada museo y cada pieza, con los que luego trabajé en el papel definitivo para pastel”, afirma Rosa Álamo.
Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Ha sido un proceso largo, que he ido intercalando con otros proyectos mientras lo dejaba reposar ligeramente. Lo he sentido como muy enriquecedor y sobre todo me ha parecido apasionante poder darle forma. Al ser mi segundo libro informativo me sentía un poco más segura de mí misma y te diría que me encanta ese proceso de crear un libro con la editorial y ver como va naciendo poco a poco. De las primeras listas con museos que fui haciendo, ilusionadísima hace ya año y medio, a ese libro que ahora tenemos en nuestras manos, pues ha pasado tiempo y muchas horas de trabajo. Es muy bonito como todo eso ha tomado forma gracias a un esfuerzo que es colectivo”.
“También me encanta la idea de acompañar a niños en sus primeros acercamientos a museos porque además el libro álbum es una especie de primer museo para los niños, un espacio maravilloso en el que sumergirse en la literatura y el arte, y del que puedes volver transformado y haciéndote muchas preguntas”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo me encuentro en la fase final de mi primera novela gráfica titulada “Personajes secundarios” y que saldrá publicado en castellano y catalán con la editorial Babulinka Books a finales de este año. Es un cómic que cuenta la relación entre cuatro amigos de quince años a finales de los años noventa. He querido explorar el sentir adolescente hablando sobre la amistad, el amor, y la capacidad de afrontar los cambios en esa época tan extraña de nuestra vida. Mis personajes aún se encuentran descubriendo quienes son cuando se enfrentan a que deben decidir qué quieren estudiar. Han sido dos años de trabajo muy intensos. Es un proyecto muy importante para mí y trabajar con Mar Gónzalez, de Babulinka Books, ha sido también un regalo porque desde el principio entendió muy bien el proyecto y apostó por él”.
“Después tengo una pequeña aportación como ilustradora a un libro homenaje a Dulce Chacón que saldrá el próximo año. Es un proyecto precioso movido por su hermana Inma Chacón en el que participamos varios ilustradores y escritores. Yo ilustraré un texto de Mónica Rodríguez, algo que soñaba hacer, así que estoy contentísima”, confiesa Rosa Álamo.
“Y estoy deseando darles un poquito más de forma a varios proyectos personales aún sin editorial: un libro informativo; un álbum sobre el tiempo compartido entre un padre y una hija, en el que no todo es lo que parece; y un libro ilustrado sobre una gran pintora por desgracia algo desconocida. Con el que más me apetece avanzar es con el libro informativo para el que me he ido documentando en los últimos meses y en el que quiero hablar de arquitectura, pero vinculándolo con otro elemento que no desvelaré aún”.
Cómic
Javier de Isusi nos traslada a ‘El año en que fuimos reyes’
‘El año en que fuimos Reyes. Tomo 1’ es lo nuevo de Javier de Isusi, ganador del Premio Nacional del Cómic 2020 con La Divina Comedia de Oscar Wilde. Ya podemos leer el tomo 1 de este cómic que edita Astiberri. Es una historia ambiciosa que nos transporta a Babilô, una ciudad universitaria y efervescente, meca de la disciplina artística del Esquinismo y lugar de origen de revueltas sociales. Con Javier charlamos un poquito más sobre este proyecto.

¿Dónde está el embrión de toda esta historia, dónde está esa chispa que te hace empezar a trabajar en este proyecto? “Pues es una chispa múltiple, tiene varios orígenes, por eso es una historia con tantas capas. La primera chispa tuvo lugar hace 25 años, cuando yo era un estudiante que estaba haciendo el Erasmus. Fue un año muy especial, un año en el que yo también fui rey de alguna manera y en ese momento me surgió la idea de hacer alguna vez un cómic de lo que estaba pasando. Pero no lo hice porque no sabía cómo abordarlo, no soy muy de autobiografías”.
“Unos años después, hace 15 años, desarrollé un proyecto en el que contaba una revolución desde el punto de vista de unos estudiantes -continúa Javier de Isusi-. De alguna manera estaba queriendo vivir ese mayo del 68 que no me tocó. Presenté el proyecto a Astiberri, pero reconozco que no estaba muy bien armado y me lo rechazaron. Volví sobre él intentando darle una vuelta, pero ocurrió algo absolutamente inesperado: el movimiento del 15-M, que resultó ser tremendamente similar a lo que yo estaba imaginando para mi cómic. Recuerdo mi incredulidad al pasar por entre las carpas del 15-M, era como ver materializado lo que yo había inventado, pero mucho más interesante porque era real. Así que mi proyecto se fue al cajón. Ya no era necesario contarlo”.

“Ahora mismo me parece que vuelve a ser interesante, incluso necesario. En un momento dado se me ocurrió juntar esas dos historias de las que he hablado y otras que también me danzaban alrededor y así surgió esta historia con tantas capas… y tantas páginas”.
¿Qué se van a encontrar los lectores que empiecen a pasar las páginas de este cómic? “A mí me gustaría que vivan, en unas páginas, la experiencia de compartir piso con los cuatro protagonistas. Que se conviertan en el quinto inquilino del piso, podríamos decir”, asegura Javier de Isusi.
¿Tú compartirías piso con alguno de ellos? “Con los cuatro. De hecho, es un poco lo que estoy haciendo. Cuando haces una historia de alguna manera la estás viviendo. Y llevo aquí metido en el piso con ellos ya como mínimo dos o tres años”.
Y sigues con ellos, porque claro, este es el tomo 1, imagino que estás trabajando en el segundo… Estoy en el segundo. Y sí, sigo con ellos”.

Javier, hay mucho de arquitectura también en este libro. Ese concepto de ciudad y Bilbao tiene mucho que ver también, ¿no? “Sí, ya en el propio nombre de Babilô están las letras de Bilbao cambiadas de orden, es una especie de Bilbao de otra dimensión. Aquí desarrollo otra de las ideas que tenía en la cabeza, que era hacer una ciudad que podría ser la Bilbao que nunca existió. En Babilô lo que he hecho ha sido poner edificios que se proyectaron para Bilbao, pero no se hicieron, o edificios que sí se hicieron, pero se derribaron. Incluso planes urbanísticos que se diseñaron, pero que no se llevaron a cabo. Lo que hago es jugar con esa ciudad que es mi ciudad, donde nací y crecí, pero como si nos la encontráramos en una dimensión paralela: se parece mucho a Bilbao, pero es distinta. También tiene cosas de Lisboa, de Praga, de Roma incluso. Aquí me he permitido sacar mi vena más arquitectónica; yo estudié arquitectura, pero no ejercí apenas la profesión.

En el cómic se habla del Esquinismo. Uno de los ejercicios que hacen los estudiantes es buscar figuras en la forma de los edificios. No sé si tú eras de esos que veías figuras en las nubes, en las montañas… “Sí, la verdad que sí. No es que haya sido un virtuoso encontrando formas, conozco a gente que se le da mucho mejor que a mí, pero me parece divertido encontrar figuras en las montañas, en las rocas, en todo. Pero el concepto de Esquinismo, en realidad, no lo inventé yo, sino que lo saqué de un relato de la escritora mexicana Laia Jufresa, a la cual homenajeo: la única profesora interesante de la facultad de Esquinismo del cómic se llama Laia. Tengo una relación especial con este relato suyo de “El esquinista”. Le pedí permiso para usarlo y ella accedió entusiasmada. Todos los fragmentos en los que mi personaje Maesa Laia habla del Esquinismo y de la historia del Esquinismo, están sacados de su relato”.
Si hablamos un poquito del dibujo, ¿qué hay de diferente con respecto a otros trabajos anteriores, Javier? “Es el primero en el que yo hago bitono, en este caso negro y amarillo. En otros cómics también he utilizado solo dos colores, pero, al final, aunque yo usara solo dos tintas, se mezclaban y daban otros tonos, por lo cual la impresión era en cuatricomía. Pero este es bitono estricto y eso le da un aspecto diferente a otros cómics que he hecho, es más… fuerte”, asegura Javier de Isusi.

¿Y por qué el amarillo, Javier? “Cuando me planteé el bitono, era por economía de tiempos, pensé que tardaría menos. Podía haberlo hecho en blanco y negro, pero me pedía algo más de luz; es una historia que para mí tiene mucha luz, de ahí el color amarillo. Y además la combinación de negro y amarillo es muy enérgica. Es un libro en el que hay mucha energía, hay luz, pero también hay sombras”.
¿Con qué técnica trabajaste en este proyecto? “Es básicamente la misma que he usado desde hace años: lápiz y acuarela. Es verdad que en cada uno de los libros lo hago de manera un pelín distinta, pero muy parecida, al fin y al cabo. Me gusta mucho trabajar con acuarela porque crea unas texturas que permiten que la acuarela trabaje un poco por mí”.
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