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Entrevistas

Juan Palomino nos abre esta ‘Cajita de fósforos’

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Una cuidada selección de la mejor poesía infantil no rimada en Hispanoamérica, desde Jorge Luis Borges a María José Ferrada, enciende la llama de esta singular ‘Cajita de fósforos’. Así nos presenta la editorial Ekaré este fantástico libro ilustrado por Juan Palomino, con el que charlamos sobre su trabajo en este proyecto.

¿Cómo nace este proyecto? Juan Palomino: “Te puedo contar cómo llegó a mí, porque creo que su historia es muy larga, y empezó con una investigación de Adolfo Córdoba. Para mí comenzó cuando me contactó Pancha Mayobre, de Ekaré. Después de no habernos podido ver durante la FIL de Guadalajara en el 2018, nos encontramos más bien en la Ciudad de México, unos días después. Cuento esto porque creo que desde que nos vimos, en una reunión más bien festiva y cercana que lo que en general se espera de una junta de trabajo, se formó un vínculo íntimo entre nosotros y con el proyecto. Me explicaron ahí de qué iba todo, y me emocionó la noticia por varias razones: era un gusto poder trabajar con Ekaré, que tiene libros muy bonitos y cuidados, se trataba de ilustrar poesía, cosa que a mí me gusta aunque me da inseguridad hacer; era una selección de Adolfo Córdoba, que además de amigo es un gran conocedor de la literatura infantil, poeta él mismo; y, quizá la más importante, el reto era que la imagen, que me tocaba a mí hacer, tenía que generar un vínculo gráfico, entrelazar de algún modo los poemas, que aunque independientes, resuenan unos en otros. Para mí eso era una tarea muy interesante, aunque también difícil”.

Juan Palomino

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Creo que el título del libro es muy afortunado. Tiene el espíritu de esas cajitas, algunas de fósforos y otras no, en las que de niños guardamos objetos que por alguna razón nos parecen valiosos. Son objetos de naturaleza diversa, pero cada uno es un pequeño universo, una experiencia, un recuerdo. Los une, de un modo misterioso, aunque con una armonía extraña, estar juntos ahí, ser la forma concreta de una red de la memoria, de sensaciones, de la experiencia íntima”.

“Este libro es una selección de poemas no rimados de autores y autoras de 10 países de Iberoamérica, que abarcan un siglo de poesía -continúa Juan Palomino-. Cada uno resuena en el anterior, y cada uno, como los objetos de una cajita de tesoros, es una huella, un fragmento de un mundo mayor que al mismo tiempo que se basta a sí mismo se abre hacia afuera, se expande y se comunica con los otros, del mismo modo en que en una cajita de tesoros los objetos son parte de una red que no se muestra mas que al verlos en conjunto”.

“Las imágenes que los acompañan buscan estar en armonía con el tono de cada uno, al mismo tiempo que conservan y potencian las conexiones sutiles entre ellos, en un juego de significación y resignificación de los objetos que aparecen, reaparecen y se transforman”. 

Juan Palomino

¿Qué tiene de especial o diferente ilustrar poesía? “Ilustrar poesía, para mí, es donde el diálogo posible entre palabra e imagen encuentra su dimensión más rica. No quiero decir con esto que en otros diálogos texto-imagen no pueda darse el mismo juego, pero en el caso de la poesía ilustrada se evidencia su necesidad, y su potencia. Cuando empezaba a explorar este oficio, Fabio Morábito me dio la oportunidad de ilustrar un libro con sus poemas. Yo era muy novato e inexperto, y recuerdo de esa experiencia que él me dijo que un poema solo se puede ilustrar con otro poema. Creo que eso es cierto en la ilustración en general, y más claramente cuando se trata de ilustrar poesía”. 

“En un poema el lenguaje se abre, se muestra en su aténtico carácter polisémico, inacabado. Un poema no es unívoco, no tiene un mensaje concreto, definido, qué transmitir -asegura Juan Palomino-. En el poema las palabras y los versos no son solo lo que inmediatamente leemos. En el poema hay juego, ritmo, música. Es al mismo tiempo el abismo que contienen las palabras y su pura superficie, su sonido. La imagen que ilustra un poema tiene que ser fiel a eso. Su pretensión no puede ser la de decodificarlo, traducirlo, explicarlo, completar su sentido. Hacerlo mataría lo que hay vivo en él, su naturaleza abierta, dinámica, floreciente. Para ilustrar un poema es necesario, creo, pensar que la imagen gráfica es también imagen poética. Lo que aparece en ella debe disparar hacia afuera y hacia adentro, no agotarse en lo que vemos. Tampoco puede ser el resultado de una autopsia del texto, ni su punto final. La ilustración de la poesía es más bien un diálogo de sensibilidades, de semillas que germinarán en la lectura. Su papel es el de ser una especie de caja de resonancia de lo que hay en el poema, y también el de generar su propia música, su propio juego”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Creo que lo particular fue el proceso de generar una especie de universo compartido para las imágenes que acompañan cada poema, que no fue creado para leerse con los demás de esta antología. La forma que tenía la selección que hizo Adolfo fue un buen punto de partida. Lo que determina el acomodo particular de los poemas es que hay alguna palabra, alguna idea o metáfora que salta de uno a otro, como si la llama de cada fósforo encendiera al que tiene al lado. Lo que hice para pensar en el hilo de las imágenes de este libro fue apropiarme de ese principio, y establecer una serie de objetos que al mismo tiempo que se mantenían, de algún modo, se iban transformando en una especie de secuencia sugerida por los poemas, pero también por la lógica misma de las imágenes, de lo que había acontecido antes -nos cuenta Juan Palomino-. Lo que permitió este camino es que la forma final de las imágenes fuera el resultado de un juego que no estaba totalmente determinado por lo que pasaba en cada poema, que tenía su propio sentido misterioso y oculto incluso para mí. De este modo, había una especie de conjunto de reglas que disparaba las imágenes por fuera de la determinación absoluta que podía esperarse por su convivencia con un poema u otro, al mismo tiempo que, en cada caso, era como si en cada parada los personajes y objetos que aparecen en ellas tuvieran una conversación distinta, como si los poemas alteraran sus formas y significados sin eliminar su propia inercia, su camino futuro y su pasado. Al final, entonces, una misma forma acumula en la secuencia los sentidos que tuvo en las anteriores, en un juego de significados que acompaña el juego de los poemas y de los puentes más o menos arbitrarios entre ellos”.

Juan Palomino

¿Qué hay de diferente respecto a otros trabajos? “El proceso, totalmente -afirma Juan Palomino-. A pesar de lo que he dicho antes tengo, por personalidad y formación, el hábito perverso de intentar traducir en imagen todo lo contenido en los textos que ilustro. Me cuesta mucho trabajo darle espacio al juego y al accidente, y en general construyo imágenes como si fueran un mecanismo muy planeado de relaciones entre objetos, formas, colores.

En este caso, y dado que la tarea era ilustrar poesía, tenía la responsabilidad y la necesidad personal de enfrentarme con esos hábitos, y para esto, establecer una serie de reglas, un juego con sus reglas, me permitió generar un diálogo más interesante entre los poemas y sus imágenes, al mismo tiempo que era una forma de obligarme a tomar caminos cuyos finales no podía prever”. 

“En cuanto a lo plástico, en este libro, como en otros también recientes, he intentado usar cada vez más materiales y técnicas tradicionales, con composiciones que tampoco están determinadas desde el principio, sino que se construyen más orgánicamente a partir de los elementos que sé que van a habitar cada imagen. De este modo hay caminos conceptuales y formales que escapan de mi control y permiten encuentros y valores más complejos”. 

¿Con qué técnicas trabajaste? “En general son una mezcla de monotipias con dibujos hechos con distintos materiales. Cuando sabía más o menos qué va a haber en una imagen, hacía muchos dibujos separados que luego digitalizaba y componía para construir la ilustración final”.

Juan Palomino

Háblanos un poco del proceso de elaboración de este libro. “Para mí el peso más importante en el proceso de ilustración de un libro está en la lectura -confiesa Juan Palomino-. En darle la atención y el tiempo necesario para que esa lectura sea profunda, pero sobre todo íntima. Creo que cuando un ilustrador llega a este punto tiene recorrido gran parte del camino, porque las imágenes que surgen de una relación íntima con un texto, en la que se cruzan las sensibilidades de los autores, y no solo sus superficies, es posible crear imágenes que hablen también íntimamente a los lectores, y no se agoten de inmediato. Lo que siguió a eso fue, por un lado, empezar a pensar en una estructura gráfica que conservara y potenciara la lógica existente en la ordenación de los poemas, y que al mismo tiempo permitiera relacionarse con cada uno”.

“A mí me gustaba mucho la relación de los poemas con esos objetos que generalmente dejamos de tener cuando crecemos, pero que son tan importantes y preciados en la infancia. Empecé mi proceso pensando que quería usar en las imágenes objetos que hicieran referencia a los que solemos poner en este tipo de cajitas. Plantear un diálogo entre mis objetos de la infancia y sus significados posibles con lo que había en los poemas. Sin embargo, abandoné parcialmente ese camino cuando, leyendo el poema de María Elena Walsh que le da nombre al libro, tuve una especie de revelación sobre la naturaleza de las cajitas de tesoros, y su relación con la palabra en la poesía -cuenta Juan Palomino-. En él, María Elena dice que los adultos no saben apreciar los objetos que ponemos de niños en esas cajitas. Botones, pelusas, pedazos de hilo no tienen valor por sí mismos. Pero la razón por la que los ponemos ahí no necesariamente está basada en las formas de valoración adultas, consensuales. Son valiosos para nosotros porque encontramos en ellos algo particular, porque podemos verlos por sí mismos, pero también porque señalan otras cosas, nos gusta una canica porque es un pequeño mundo, un pedazo de hilo porque nos remite al lugar o la circunstancia en la que lo encontramos. De este mismo modo, creo, funcionan las palabras en los poemas, y los poemas mismos. En un poema las palabras y los versos se abren hacia afuera y hacia adentro de sí mismos. No son solo lo que inmediatamente nos parece que son, al mismo tiempo que un poema nos permite apreciarlas en su forma, en su sonido, en su superficie. La poesía las sacude y las vuelve a la vida”. 

“A partir de esto, y de la lógica interna de la antología, en la que una palabra salta de un poema al otro, pensé en un juego gráfico posible en el que una serie de formas aparecieran y reaparecieran a lo largo de los poemas conservando a veces su significado, a veces transformándose. Así, el círculo que sugiere un globo es también la undulación que produce un objeto al caer al agua, y también es estrella, luciérnaga, ojo, fósforo apagado. Con este dispositivo podía dialogar de forma específica con los poemas, y también conservar algo de lo que había pasado en imágenes anteriores, o anunciar transformaciones futuras. Así, las formas y las imágenes serían como las palabras en los poemas, y también como los objetos en una cajita de tesoros”. 

“A esta lógica le sumé un par de personajes, una niña y un niño, que interactuarían con las formas y con los poemas para tener un sentido más narrativo a lo largo del libro, una especie de hilo formal, conceptual, y también una especie de historia, un vaivén entre lo que hacía la niña y el niño, entre la noche y el día, entre lo claro y lo oscuro, entre el fósforo prendido y apagado. Al final son estas formas, y los poemas, los objetos dentro de la cajita, y el libro la cajita misma”.

¿Qué dirías que has aprendido con este proyecto? “Para mí, lo más interesante en el proceso que seguí con este libro, es que una vez que se encuentra o se determina una serie de reglas del juego que determinará el funcionamiento de la narrativa gráfica, es que lo que sigue es más una tarea de escucha, de obediencia y de cuidado de lo que está sucediendo, que un camino trazado conscientemente por uno mismo hacia un fin que aunque no conocemos se puede prever, y controlar. Creo que esto fue lo más valioso en mi aprendizaje. Por un lado, dejar de pensar, de una forma más radical y profunda, que una imagen tiene que decir lo mismo que dice el texto. Pensar en otras formas de acompañarlo, de dialogar con él, de plantear tensiones y armonías. Y por otro, encontrar maneras, trucos, trampas que se puede poner uno mismo y que permiten tomar esa distancia, recorrer el camino de la ilustración más como una exploración en la que vamos encontrando cosas, y en la que la tarea es más cercana a estar atentos a lo que sucede más que a construir con un plan, a pesar de lo que encontramos”. 

“Últimamente pienso que dibujar, ilustrar, crear, es más una cuestión de establecer condiciones que permitan un acontecimiento que diseñar y llevar a cabo un camino preestablecido -firma Juan Palomino-. No creo estar todavía a la altura de mis propias ideas, pero ha sido revelador pensar mi trabajo desde ese lugar, que es bastante distante del que solía ser mi punto de partida”.

¿Con qué versos te quedas de los que aparecen en esta selección? “Me quedo con el poema de María Elena Walsh. Fue el que abrió la posibilidad de una relación íntima con el libro, y también el que inspiró el juego que determinó la forma en la que funcionarían las imágenes”.

¿En qué estás trabajando ahora? “Estoy trabajando en un par de libros álbum para niños. La pandemia ha volteado todo de cabeza, y ha sido complicado retomar ordenadamente los proyectos, pero espero terminarlos pronto. Por otro lado, doy clases en una universidad, lo cual es una dimensión importante de mi experiencia de la profesión. Lo que me interesa en estos momentos es tomarme un tiempo para asentar y poner en práctica las cosas que he aprendido teóricamente en los últimos años. Nunca he sentido que soy dibujante, y me gustaría aprender a dibujar más, sin la necesidad de textos o narraciones. También quisiera hacer un libro o una serie de libros que exploren las posibilidades del diálogo texto-imagen. Me interesa mucho el libro álbum como formato y como género, creo que hay muchas posibilidades por explorar ahí”, concluye Juan Palomino.

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Cómic

Arianna Pissani nos lleva a las Grandes Landas en ‘Margot’

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Arianna Pissani

Esta es la historia de un árbol que crece boca abajo. Es la historia de una niña que pierde a su madre y transita entre dos mundos. Es la historia que mezcla la fantasía del universo rural y la modernidad del progreso. Desde la infancia hasta la madurez. Trata del miedo, la pérdida y el cambio y de cómo la imaginación y las palabras nos ayudan en el viaje. ‘Margot’ habla del fin de un mundo, oculto en el extremo suroeste de Francia, conocido como las Grandes Landas Landas de Gascuña. Aunque parezca increíble para quienes ahora visitan los interminables pinares de Aquitania, hasta 1910 esa misma llanura era totalmente diferente. Era un desierto. Con este planteamiento Liana Editorial nos presenta este cómic de Arianna Pissani y Xabier y Martin Etxeberria. Con Arianna hemos charlado en torno a su trabajo en este libro.

Arianna Pissani

¿Cómo nace este proyecto? “El proyecto surgió de las mentes brillantes de Xabier y Martín, los guionistas de Margot. El proyecto ya estaba en marcha porque una artista anterior había realizado algunas páginas de prueba. Me enviaron un correo electrónico preguntándome si me interesaba colaborar con ellos y mi respuesta fue inmediatamente que sí :)”.

¿Qué van a encontrar los lectores en sus páginas? “Los lectores encontrarán una historia a caballo entre la historia de Gascuña y las leyendas populares de criaturas que siempre han contribuido al imaginario del lugar. Lo místico se mezcla con el esfuerzo de tiempos duros e inciertos, en plena revolución para la que nadie estaba preparado. Los lectores encontrarán la relación entre dos hermanas de edades diferentes que atraviesan momentos de extrema cercanía y lejanía, encontrarán magia y una rima que… ¡bueno, no diré más! :D”, afirma Arianna Pissani.

Arianna Pissani

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Nos referimos al proceso de investigación, documentación, dibujos en algún cuaderno… “El trabajo previo al libro fue una fuente de inspiración inmensa para mí. Soy italiana y no conocía muy bien esta parte de la historia; y, para ser sincera, no me resultó nada fácil encontrar información sobre ese periodo, ¡fue todo un reto! Por suerte, Xabier y Martin ya habían elaborado una «biblia» que pude consultar durante todo el proceso creativo -confiesa Arianna Pissani-. Recuerdo que trabajé en pleno periodo de la pandemia, por lo que me resultaba imposible conseguir cuadernos y materiales tradicionales; de hecho, los primeros bocetos de Margot y los demás personajes fueron, en su mayoría, bocetos digitales. ¡Os envío algunos!”

Arianna Pissani

Arianna Pissani

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este cómic? ¿Qué hay de nuevo o distinto respecto a otros trabajos? “Esta es una pregunta trampa, porque ningún artista, al menos al principio de su carrera, conoce bien sus propias características distintivas, jeje. Yo creo, al menos basándome también en lo que me han dicho otros colegas y personas que estuvieron presentes durante la realización de Margot, que las atmósferas podrían considerarse una característica. La sensación que tuve con Margot fue la de una inmersión total en la historia y, para poder contarla de la mejor manera posible, estudié las atmósferas de las distintas escenas: el cementerio, el pantano, los colores fastuosos de la villa del Prefecto; el color es un narrador más de las emociones, tanto de los personajes como del estado de ánimo que se vive”, asegura Arianna Pissani.

“Lo diferente es que se trata de mi primera novela gráfica impresa; al trabajar principalmente como colorista e ilustradora infantil, Margot me ha permitido adentrarme en un mundo nuevo, con un enfoque del dibujo totalmente diferente; ha sido una aventura extraordinaria y espero de verdad que esto se perciba entre las páginas”.

Arianna Pissani

¿Con qué técnica trabajaste? “La técnica utilizada es una combinación de dos programas de coloración digital: Clip Studio Paint y Procreate; se trata de una combinación muy interesante si se quiere trabajar en los escenarios y en la atmósfera”.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de elaboración de este libro. “En cuanto a las pinceladas sobre la trama, lo más importante es entender dónde estamos, cuándo y quiénes son los personajes que se entrelazan en la historia de Margot -nos cuenta Arianna Pissani-. Yo, personalmente, suelo empezar siempre con manchas de color, como por ejemplo el pantano, que contiene colores tenues debido a la niebla, pero que también debe transmitir la sensación de lo inexplorado, lo salvaje y lo místico. Me ha ayudado mucho la parte natural, los hábitats de las garzas, el bosque, lo que guarda la verdad entre la realidad y el misterio. Empiezo por ahí para luego «esculpir» el color con luces y sombras. Después, una vez satisfecha con el ambiente creado, empiezo a esbozar la escena”.

Arianna Pissani

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora estoy trabajando en una novela gráfica ambientada en la era «jurásica» junto con otros dos guionistas; no puedo decir mucho porque aún está en fase embrionaria, pero todos nos estamos esforzando al máximo y espero de verdad que podamos hablar de ello pronto”.

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Álbum Ilustrado

Alice Piaggio nos anuncia que ‘Se necesita monstruo’

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Alice Piaggio

El libro más divertido y sorprendente sobre las profesiones de quienes pensábamos que solo se dedicaban a asustarnos. En ‘Se necesita monstruo’, diferentes criaturas comparten sus experiencias laborales en entrevistas exclusivas. Sus páginas nos presentan a cada monstruo en pleno oficio, con ilustraciones llenas de detalles que revelan su día a día. Con una mezcla irresistible de humor, imaginación y revelaciones insospechadas, este libro es la guía definitiva para explorar el mercado laboral desde su versión más monstruosa y divertida. Editado por Zahorí Books, hablamos sobre este trabajo con su autora, Alice Piaggio.

Alice Piaggio

¿Cómo surgió este proyecto? “La idea surgió espontáneamente, durante una conversación en el coche con mi hijo, que tenía cuatro años por aquel entonces. Era Halloween y, entre tiendas y librerías, estábamos rodeados de monstruos de todo tipo. Como muchos niños de su edad, siempre le han fascinado los zombis, las momias y los ogros; así que, casi en broma, empezamos a imaginar qué trabajo podrían hacer estas criaturas. A partir de ahí, surgieron las preguntas: ¿qué haría un Yeti? ¿Y una bruja, siempre volando en su escoba? De estas fantasías compartidas, el proyecto tomó forma”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Un libro colorido, poblado por criaturas que desempeñan los trabajos más diversos pero absolutamente tradicionales, seleccionados en función de sus características y afinidades. Los lectores podrán descubrir los secretos para quitar las manchas de las camisas de un fantasma en la lavandería o descubrir los mejores cócteles preparados por un verdadero maestro de la vida nocturna: el vampiro”, asegura Alice Piaggio.

Alice Piaggio

¿Qué nos puedes contar sobre las ilustraciones? ¿Cuáles son sus características principales? “Este no es el típico libro de monstruos con tonos oscuros y góticos: la paleta es vibrante y llamativa, las imágenes son ricas en detalles e invitan al lector a detenerse en la página, disfrutando al descubrir todas las herramientas del oficio”.

¿Qué técnicas utilizaste? “Las ilustraciones se crearon completamente en formato digital, en un iPad”, afirma Alice Piaggio.

Alice Piaggio

¿Qué aprendiste de este proyecto? “Un libro siempre surge de un esfuerzo compartido: el diálogo con la editorial es esencial para el éxito del proyecto. Nadie conoce mejor al público objetivo, el mercado y los elementos que hacen que un libro sea efectivo que la editorial. Creo que esta es una lección importante que hay que tener en cuenta cuando eres autor/ilustrador”.

Cuéntanos un poco sobre el proceso de creación del libro. “Le propuse el proyecto a Mireia de Zahorí Books después de haber trabajado juntas en ‘Nunca llegarás a nada’. Ella me animó a desarrollar mi propia propuesta y se entusiasmó de inmediato con la idea de un libro sobre monstruos que realizan trabajos de la vida real. El proceso fue bastante largo, también porque supervisé directamente la organización de las páginas dobles, incluyendo los recuadros informativos -continúa Alice Piaggio-. El equipo editorial de Zahorí fue invaluable: paciente, preciso y muy competente. Hubo numerosos intercambios, desde la elección de las tipografías hasta la maquetación, hasta llegar a un resultado que refleja a la perfección la idea inicial: colorido, dinámico y divertido”.

Alice Piaggio

¿Qué significa para ti haber sido seleccionada para la exposición en la Feria del Libro de Bolonia? “Mostrar mi trabajo en un contexto tan importante fue una gran satisfacción. Me alegra que las láminas convencieran al jurado y fueran seleccionadas entre miles de propuestas de ilustradores talentosos. Este reconocimiento es realmente importante para mi carrera”.

Alice Piaggio

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Actualmente estoy ilustrando una serie de libros de tapa dura para niños, pero ya estoy pensando en un nuevo proyecto personal como autora e ilustradora. Trabajar de forma independiente es particularmente estimulante porque te permite desarrollar plenamente tu propia visión e imaginación”.

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Álbum Ilustrado

Canizales invita a no fiarse de las apariencias en ‘Malo’

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Canizales

Esta historia comienza como una alegre melodía, pero sus notas se van apagando al adentrarse en la oscuridad del bosque. Aun así, entre las sombras, quizás podamos ver al Malo del Cuento. ¿O tal vez no nos hemos fijado bien? ‘Malo’ es un nuevo álbum de la exitosa colección “Guapa”. El ogro Prutt se convierte esta vez en el protagonista. Una historia que invita a no fiarse de las apariencias. Pero también a apartar nuestros prejuicios y a no juzgar a los demás a partir de las primeras impresiones. Una llamada al respeto a la naturaleza, al cuidado de los bosques y de nuestro entorno como fuente de vida para los animales y para nosotros. Un libro, editado por Apila Ediciones, que acompañará a los peques en muchas lecturas descubriendo cada vez nuevos matices en el texto y nuevos detalles en las imágenes. La sonrisa y la sorpresa están aseguradas de la mano de este trabajo de Canizales, con el que hemos charlado sobre este proyecto.

Canizales

¿Cómo nace este proyecto? “Nace de una mezcla entre mis búsquedas creativas y lo profundamente personal. Por un lado, quería explorar las múltiples relaciones que pueden darse entre el texto y la imagen en un álbum: el contraste, acompañamiento, complementariedad, divergencia… Por otro lado, mi identidad como colombiano atraviesa esta historia”.

“Tengo la tez “café con leche” y una barba oscura, rasgos que a menudo disparan prejuicios automáticos en los demás -nos cuenta Canizales-. Según el contexto, hay quien piensa que soy árabe y quien piensa que soy latinoamericano, pero en ambos casos parezco ser alguien de quien ‘se debe sospechar’. Recuerdo que, poco después del desastre de las Torres Gemelas, caminaba por un parque al atardecer; una madre y su hijo venían hacia mí, y el niño me señaló y mirándome a los ojos dijo: «Mira, mamá, un malo». Esa vivencia, sumada a cómo la gente aprieta sus bolsos cuando paso rápido por la calle o cómo me vigilan en las tiendas, me llevó a querer explorar ese fenómeno. He convertido esa «paranoia» ajena en un recurso creativo”.

Canizales

¿Qué es lo que más te gustó de este proyecto? “Lo que más disfruté fue el reto de trasladar una cuestión tan compleja al lenguaje infantil. La literatura tradicional suele usar arquetipos muy rígidos: el bueno es bello, el malo es feo. Al romper esa norma, valoro la inteligencia de los pequeños lectores. También me gocé la oportunidad de confrontar al lector. Me interesa alejarme de esos libros «ñoños» que abundan hoy en las estanterías: historias planas, directas y excesivamente lineales que parecen tener como único objetivo cumplir una función didáctica predeterminada”.

“En ‘Malo’ presento una historia con capas. No soy condescendiente con los niños ni con los adultos. Busco que el lector se sienta un poco «incómodo» al darse cuenta de que su juicio falló. Es una alusión a cómo, en la vida real, la corrupción y la impunidad permiten que los personajes más viles sean vistos como «gente de bien» solo por su apariencia o estatus, mientras que quienes intentan revelar la verdad terminan siendo los villanos de la función. Véanse los archivos Epstein”, asegura Canizales.

Canizales

¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Se van a encontrar con un juego de espejos. Quiero dejar algo claro: en ‘Malo’ la narración es absolutamente honesta. Al terminar el libro, si el lector siente que le he engañado, le invito a volver atrás. Al releer y observar detenidamente las imágenes, descubrirá que la información precisa siempre estuvo ahí. No fui yo quien lo engañó; verá reflejado que fueron sus propios prejuicios los que le llevaron a una conclusión equivocada.

Quiero demostrar que la literatura infantil tiene tantas posibilidades y profundidad como la «literatura para adultos». ¿Por qué las historias para niños deben ser lineales y planas? Aquí, el texto y la imagen narran divergentemente; el texto te sugiere que, aunque estés prestando atención, podrías estar equivocándote. Es esa sensación de confrontación y de preguntarse «¿qué está pasando aquí realmente?» lo que hace que la experiencia sea gratificante”.

Cuando hiciste Guapa, ¿intuías la dimensión que podría llegar a tener lo que hoy es toda una colección? “Para nada, cuando estoy sumergido en un proyecto, me concentro exclusivamente en potenciar esa historia. No imaginaba que el ogro terminaría protagonizando su propio libro, ni que llegaríamos a los cinco títulos, pero es fascinante ver cómo los temas se conectan. Guapa nació de una preocupación por los estándares estéticos en un paraíso de cirugía plástica como Colombia y cómo la presión por cambiar nuestro físico afecta cada vez más a edades más tempranas. Es curioso que en Malo retomemos el tema del aspecto desde una perspectiva diferente: cómo ciertos rasgos favorecen la inclusión y otros la exclusión. Seguimos dándole un peso desmedido a la estética para juzgar el valor de las personas”, nos cuenta Canizales.

Canizales

“En Guapa, el uso del dibujo de perfil en los personajes era vital porque la bruja cambia de forma constantemente; esa iconicidad facilitaba que el lector la reconociera a pesar de sus transformaciones. En ‘Malo’, he mantenido ese código visual para jugar con los estereotipos: el «bueno» de rasgos finos y europeos frente al «malo» de rasgos desproporcionados. Además, hay varios guiños para los seguidores de la serie. Por ejemplo, el libro concluye con una doble página de un libro abierto, un eco de la estructura de Guapa. Si en aquel libro veíamos el menú de la cena de la bruja, en Malo nos asomamos a la libreta donde el verdadero villano ha ido anotando sus malignos planes. Es una forma de premiar al lector fiel”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Parto siempre del dibujo a lápiz y de un proceso de síntesis muy riguroso. Hago muchos bocetos para eliminar lo decorativo; en mis páginas, si algo no está narrando, no tiene por qué estar -afirma Canizales-. Para ‘Malo’, escaneé esos dibujos y los trabajé digitalmente, pero manteniendo una estética orgánica y texturas que recordaran lo tradicional. Uso una paleta de colores contenida para que, cuando el rojo estalle en el clímax del libro, el impacto visual refuerce la revelación de la trama”.

Canizales

Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “Darle voz a Prutt, el ogro, era una deuda pendiente. Es un personaje que nos ha acompañado en muchos libros y es el coprotagonista de Guapa (que ya es un fenómeno con 11 ediciones, musical y 15 idiomas). El reto era monumental: crear una historia que estuviera a la altura de la bruja Verna. Quería que la historia fuera un campo de pruebas para el lector. Le di muchas vueltas a cómo equilibrar el texto para que fuera neutro. Mi intención era que el lector, de manera casi automática, asignara la maldad al personaje «feo» y la bondad al «guapo». Ver ese proceso de «caída de la venda» en los lectores ha sido lo más gratificante de todo el proceso”.

Canizales

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “¡Los personajes no me dejan descansar! Siempre me están pidiendo voz. Actualmente salto entre varios formatos: libros para bebés, álbumes ilustrados y cómic infantil. Estoy trabajando en la segunda parte de mi cómic Preanimales, donde exploramos la idea de que todos los animales, antes de serlo, van a una escuela para descubrir para qué especie tienen más talento. Además estoy trabajando en una nueva serie de álbumes titulada «Selváticos». En ella exploro la fauna de la selva amazónica y cómo las personalidades de animales como el chigüiro (o capibara), el colibrí o el jaguar se reflejan en nuestros propios «instintos selváticos». Es un proyecto muy divertido que me permite conectar con mis raíces”, confiesa Canizales.

“También me he propuesto un nuevo reto técnico: una colección que incluye ingeniería de papel y pop-ups. Me encanta saltar de un proyecto a otro porque se retroalimentan entre sí. Pero hay un proyecto que me tiene especialmente entusiasmado: he estado realizando una investigación exhaustiva sobre la representación de Caperucita Roja y su permanencia en el imaginario colectivo por más de 200 años. Es un análisis profundo sobre cómo ha evolucionado este icono y pronto veremos un título muy emocionante sobre este tema que dará mucho de qué hablar”.

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