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Entrevistas

Un paseo por un Mazoka de aniversario

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Uno de los rituales que tenemos cuando venimos a Vitoria-Gasteiz para vivir e informar del Mazoka es subir por las rampas mecánicas que parten desde la Iglesia de San Pedro hasta el Palacio de Montehermoso. Ya delante de su fachada, la sustituimos por la fachada blanca del increíble cartel de esta quinta edición del mercado, realizado por Ainara Tavarez. Y de la mano de ese cartel, bajamos la mirada hasta las profundidades, hasta el Depósito de aguas, donde se celebra el Mazoka.

Durante nuestra bajada real, por el camino ya nos encontramos elementos del grafismo y el diseño de esta quinta edición del Mazoka, que nos acompañan hasta esa magnífica sala, cuyas columnas también nos desvelan otros elementos de la imagen de este año. Abrazando esta imponente sala, los puestos de los 40 mazokalaris seleccionados este año.

Mazoka es el trabajo de los 40 mazokalaris, pero también es el buen hacer de todas las chicas que están detrás de la organización, con Marta y Anuska al frente, es el cuidado que ponen en todo el material que sobre el mazoka se edita cada año, desde la chapa más pequeña, hasta las cuidadas libretas de dibujo. Acompañados además este año de la baraja conmemorativa obra de las ilustradoras Yolanda Mosquera, Maite Gurrutxaga, Elena Odriozola y Noemí Villamuza.

Mazoka es el ilustramatón, son las alfombras llenas de niños y niñas jugando, es la gran mesa de dibujo para los más pequeños, que la disfrutan incluso subidos en ella, es el café en grupo de los mazokalaris antes de que Mazoka abra sus puertas, son las miradas cómplices con los y las mazokalaris cuando paseas delante de sus puestos, son los cuadernos llenándose de nuevas ilustraciones en los tiempos muertos, que no son muchos, son las cestas de trabajos que donan los mazokalaris para el sorteo del último día, es el paso del bullicio al absoluto silencio del Depósito de aguas cuando se marcha el público y se apagan las luces, es la música y la canción en euskera, este año en la fiesta del quinto aniversario, y es, también este año, la sorpresa de conocer lo que hace Milimbo, y el disfrute de los más pequeños en los talleres de Tralarí, con Cintia, Yolanda y Julio. Y este año Mazoka también son esos nervios previos a moderar una mesa redonda con las cuatro pedazo de ilustradoras citadas antes y que están detrás de los cuatro palos de la baraja.

Y Mazoka es, como decíamos arriba, el trabajo de los y las 40 mazokalaris. Las ilustraciones sobre comida de Firioss, más pequeñas y más grandes, como la que está llena de pimientos asados; las ilustraciones de Mari Jáuregui, sus pendientes, que se asemejan a la forma de sus tarjetas de presentación; los collages de Blanca Helga y Hopiti Hop! Su robot de cartón y su último proyecto, ‘La ciudad de noche’, un libro-juego, cuyos personajes se convierten en figuras para que los más pequeños jueguen; después nuestra mirada se va inmediatamente a una ilustración enmarcada de Miren Asiain. Es un grupo de jóvenes en el campo, pero enseguida vemos también otra de sus ilustraciones con otro grupo de gente en un nido, o en un libro abierto; a su lado, sobre la mesa, una maleta que contiene cuatro departamentos y en cada uno de ellos, una camiseta ilustrada. Es el trabajo de Pekolejo. El foco de su mesa apunta a una camiseta blanca con un gran corazón rojo.

En la esquina está el trabajo de Mariangela Artese, que explica sus ilustraciones a los visitantes más madrugadores. Junto a sus carpetas de ilustraciones, unas lámparas ilustradas. Son de una serie limitada, que está numerada, y que hace en colaboración con una diseñadora. A su lado un cómic y los dibujos en los que poder perderse de Miguel Lara, Suburbian52. Él dibuja tras la mesa, y descubrimos que ha aprovechado uno de los programas del Mazoka para tunearlo con una muestra de su trabajo. Nos reciben a continuación las ilustraciones de Irene Bofill, con gatos como protagonistas. Nuestra mirada se va rápidamente a algunos de ellos, dos gatos que emulan un cuadro de Gustav Klimt, o un gato que se convierte en uno de los personajes de La Naranja Mecánica. También hay chapas en la misma línea, una de ellas, un gato a lo David Bowie, ya luce en nuestra solapa…

A Javier Hernández ya le hemos hecho algunas entrevista en el blog, aunque no lo conocíamos personalmente hasta este Mazoka. Él trae aquí sus publicaciones, sus libros. Entre sus últimos proyectos, ‘Como ella me enseñó’, una bonita historia que viene acompañada de un juego de cartas con las ilustraciones del libro. Nos chiflan y nos miran las chicas con casas en la cabeza de Rosa Álamo, y a su lado las ilustraciones en blanco y negro de SAO y algunos elementos de una vajilla ilustrada, en la que sí hay color. También ilustra elementos de una vajilla Laura Montes, platos, y nos deja alucinados uno que hay sobre la mesa, que está vacío, pero en el que una niña en relieve, parece estar sumergida en una sopa que no existe… una pasada.

Alba Flores ha traído a este Mazoka algunas ilustraciones, bolsas de tela y también algunas esculturas. Nos llaman mucho la atención sus imanes de caritas de personas. El lettering es la especialidad de Nerea Lekuona. Y en su puesto, sobre todo libretas. Además las personaliza sobre la marcha, le dices un nombre, y se pone manos a la obra. De vez en cuando se la ve trabajando con los Posca, o con un pequeño secador… Y siempre activa interactuando con la gente Marta Barragán. Muestra en su mesa algunas bolsas de tela, y junto a ella, que parece que le está gritando al oído, una gran ilustración de un gran gorila.

De nuevo estamos en otra de las esquinas del Depósito de Aguas. Y nos encontramos con la explosión de color de Gemammel. Sus ilustraciones, su desplegable con la historia ‘Un día (cualquiera) en el Polo Sur’, o su cuento ‘Erika y Max’; del trabajo de Inés Bermejo nos llama la atención su trabajo en collage, sobre todo en las chapas. Son chapas únicas, hechas con collage, y con alguna palabra o mensaje; y de nuevo explosión de color con el trabajo de Nuppita Pittman, predomina el rojo en sus ilustraciones, y también encontramos algunas figuras de madera; a su lado, los parches, las ilustraciones o el juguete granja de The Ikaro; las ballenas son protagonistas en un soporte diferente. Hablamos de las fundas para cojines de Dudelsea. También tiene ilustraciones y algunas tazas; y de las ballenas en los cojines de Dudelsea a las ballenas o cangrejos en las ilustraciones de Natalia Ros, también, en sus tazas ilustradas a mano.

Dejamos atrás una escalera y nos encontramos con el puesto de Goxoart. Un maniquí con un vestido ilustrado, unas zapatillas ilustradas, una bolsa filtradora y ecológica, algunas ilustraciones, y también unas cajitas para infusiones; el paisaje es cosa de Margashova. El detalle es protagonista en sus ilustraciones de paisajes urbanos, de Vitoria-Gasteiz pero también de otras muchas ciudades. Sobre la mesa dos de sus cuadernos. Nos atrevemos a ojear uno de ellos. Cuando llegamos al puesto de Mattin está dibujando sobre un papel blanco en un improvisado caballete. Dibujos rápidos y desenfadados, junto a alguna de sus publicaciones.

En el puesto de Ester García encontramos algunos de sus libros, y también ilustraciones algo más grandes de uno de sus últimos trabajos, ‘La selección natural’. Nos llama mucho la atención uno de sus originales en acrílico, de un conejo que viste de amarillo con estampado… A su lado Juan Díaz-Faes nos confiesa que ha traído un poco de todo lo que tiene, desde ilustraciones, a publicaciones, objetos e incluso anillos, algo en lo que está empezando a trabajar. En la pared que hay detrás de Aran Santamaría cuelgan varios de sus personajes hechos con collage. Y lo que más nos llama la atención sobre su mesa son partituras musicales de las que nacen flores, en pop-up.

La fantasía es protagonista de las ilustraciones y los trabajos que ha traído a Mazoka Xelkis; en la mesa de al lado, el trabajo de Mar Blanco: estuches, colgadores y lámparas ilustradas. Es el último proyecto en el que se ha embarcado. Pilar Serrano mezcla en su rinconcito del mercado ilustraciones y piezas como tazas con algunos de sus personajes. Preside uno que nos encanta, y cuya cabeza es una casita con la nariz como Pinocho. El trabajo de Irene Villalba nos sorprende, como sorprende también al público que se acerca a su puesto. Ella utiliza mapas antiguos y sobre ellos hace retratos con bolígrafo. Unos retratos muy realistas, inspirados en fotógrafos a los que sigue. Contrastan con el colorido rincón de Pixelbox, con libretas, pegatinas, postales en las que el tigre como personaje aparece bastante, y un faro, que nos gusta mucho, y que ilustra un calendario para el próximo año, un faro que nos puede guiar hacia ese nuevo año.

Unai Zoco ha traído al Mazoka el trabajo de estudio sobre el Martín Pescador, y aborda esa imagen en diferentes formatos. El azul y el naranja, aletean por todo su puesto. Contrasta también con el dibujo a lápiz de Ale Díaz Bouza. Ilustraciones, algunos cuadernos, espejos, chapas y su libro, recién salido del horno, ‘Trece días para arreglar a papá’. Las mujeres que ilustra Neka nos encantan. Son mujeres incompletas, que se insinúan con las líneas, como inacabadas… Y las chicas serias en digital de Nuri Ann posan a su lado, junto a su álbum ilustrado, ‘Pulgarcita’. De la seriedad de estas niñas al desenfado y el colorido intenso del trabajo de Oskar Benas, y a las ilustraciones que se plasman en pañuelos de 90×90 de Begoña Fumero. Nos encanta el de la chica boxeando.

Y a la vuelta de la esquina se despliega un mundo de fantasía con el trabajo de Max Hierro, con sus láminas y sus bocetos, y al que descubrimos, en uno de nuestros paseos, dibujando con acuarela en su cuaderno. A su lado, el trabajo de Mabel Esteban, con sus ilustraciones un poco grotescas, como define ella misma, con un aire japonés.

Y todo esto, y mucho más, es lo que os vais a perder, si no vais mañana, domingo 22 de diciembre, a la última jornada del Mazoka 2019. Para los que estéis lejos, tomad nota de los y las artistas que han venido este año a Vitoria-Gasteiz. Os invitamos a conocer su trabajo. Ahora, con las nuevas tecnologías, es bastante fácil. ¡Nos vemos en Mazoka 2020!

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Álbum Ilustrado

Lulelia nos pregunta ‘¿Dónde está mi lápiz amarillo?’

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Lulelia

‘¡Mamááá! ¿Sabes dónde está mi lápiz amarillo? ¿Y mi estuche? ¿Y mi mochila?’ Cuando su lápiz favorito desaparece, la pequeña Rita emprende un viaje que la llevará a los lugares más recónditos e inesperados, hasta descubrir que lo que busca nunca estuvo tan lejos como pensaba. Indicaciones equivocadas, animales despistados y alguna estrella con buen ojo para los productos de papelería habitan las páginas de este maravilloso álbum debut de la argentina Lucía Rovira (Lulelia). Con humor y ligereza, la autora construye un delicado universo a dos tintas. Entre trazos de lápiz y un luminoso color amarillo, acompañamos a la artista Rita en un viaje para descubrir aquello que más le gusta. Con Lucía hemos hablado un poco más sobre ‘¿Dónde está mi lápiz amarillo?’, editado por Editorial Juventud.

Lulelia

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “Nació como tesis del Posgrado de Ilustración que hice en la Universidad de Buenos Aires. En un principio no sabía si iba a ser un libro, un juego o qué forma iba a tomar. Lo que sí sabía era que me gustaba el concepto de caos como obstáculo por el cual se genere una aventura, que ese obstáculo fuese excusa de entretenimiento y anécdota, en gran parte por experiencia personal, ya que siempre pierdo cosas y armo planes estrambóticos para resolver. Lo lúdico siempre estuvo presente como también la idea de que sea algo gracioso y, a medida que se fue desarrollando el guión, fue apareciendo la idea de búsqueda y de camino dentro de la posible historia, tomando su estructura desencadenada”.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Van a encontrar la historia de una niña de unos 5 años que ha perdido su lápiz preferido y dialogará con quien se cruce en su búsqueda atravesando diferentes escenarios para lograr encontrarlo. Es un libro álbum híbrido que contiene recursos de historieta como globos de diálogo y viñetas diversas fragmentando las páginas a medida que la trama se dramatiza”, asegura Lulelia.

Lulelia

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… ¿Cómo nace este personaje? “Tomé de referencia cuentos, cómics, películas o revistas de juegos que tuvieran personajes de niñas con actitud desenvuelta, espontánea, informal y desinhibida como la de Rita, la protagonista. Las referentes fueron desde Mafalda a Pippi Lamstrung. Además, fue autorreferencial porque busqué fotos mías de chiquita y tomé de accesorios los anteojos grandes que siempre se me rompían (o mejor dicho, se me rompen): El hecho de que Rita los tenga con una cinta en el medio del marco refuerza su cualidad inquieta”.

“Cuando empecé a bocetar los escenarios, mis amigas y colegas que tienen hijos/hijas me enviaron imágenes de los juguetes y objetos que podían andar por la casa y por su habitación -continúa Lulelia-. Hasta el último momento seguí agregando objetos en el libro para llenar cada doble página, para mostrar la acumulación de cachivaches y, por otro lado, para homenajear a las personas que me ayudaron a hacer el libro porque no me iba a alcanzar la página de agradecimientos”.

“Como dato de color, el libro trae un señalador (entiendo que en España le dicen “punto de lectura” o “marcapáginas”) con una lista de objetos para buscar además del lápiz… Quizás para Rita no son tan importantes como el lápiz pero andan por ahí tirados algunos pares de medias incompletos”.

Lulelia

¿Por qué el amarillo? “Quería que el lápiz perdido no fuese cualquiera, que sea algo más específico y que además vaya marcando un camino cromático en el libro a medida que avanza la historia. Fue muy fácil elegirlo porque es un color que me gusta mucho y me encanta su combinación con el gris del grafito -nos cuenta Lulelia-. Es el color más brilloso, se usa como resaltador de textos y para dar acentos en el gris de la ciudad (que es donde Rita arranca su recorrido), las señales de tránsito, los cascos de los obreros de la construcción, las maquinarias, muchos taxis e incluso el estereotipo del transporte escolar suele pensarse amarillo… Avanzando hacia la naturaleza podemos pensar en las representaciones del sol y el resto de las estrellas (que tienen su momento importante en el libro), animales de distintas especies, desde leopardos hasta aves… Los rastros de hojas otoñales, las margaritas (de acá viene el nombre del personaje) y también la comida que más me gusta (choclo, papas, queso, huevo…). Si sigo pensando referencias amarillas por supuesto se suma el universo Simpsons y hasta el primer Smile fue amarillo, por lo que los emojis que usamos también lo son”.

“Por otro lado, en distintos momentos de la historia editorial ha habido cubiertas amarillas para que llamen la atención, como la colección las novelas amarillas del siglo XIX o en la colección Robin Hood. También en la editorial Juventud que publica “¿Donde esta mi Lápiz Amarillo?”, podemos encontrar lomos amarillos en el clásico Tintín en español. Rita necesita llamar la atención así que se comunica con ese amarillismo”, confiesa Lulelia. “El amarillo destaca, es un camino… Desde las líneas que dividen los carriles de la ruta o como las baldosas del Camino amarillo de El mago de Oz”.

Lulelia

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “La gran diferencia con otros trabajos es que es mi primer trabajo como autora integral y tuve total libertad al hacerlo. Durante el desarrollo encontré un modo de contar suelto como los trazos y esa forma llegó también a los textos que hice con lettering según el personaje que habla y según el tono con el que habla, creo que eso logró una integración total entre el texto y la ilustración”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Trabaje con lápiz de grafito al principio y lápices digitales para los archivos finales”.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Le dediqué mucho tiempo a la parte de investigación y de guión, desde lo más general hasta los pequeños gestos, idas y vueltas de los personajes, guiños internos, relaciones entre las páginas. Le doy bastante atención a los chistes que se puedan encontrar tanto en el texto como en las ilustraciones. Tal es así que debe haber 2 capas de historias o más.. Me encanta dejar esos detalles para que quien lo lea pueda encontrar en una segunda lectura o años después”, afirma Lulelia.

Lulelia

“El proceso fue similar a la dinámica que vive Rita en el cuento; yendo y viniendo, tomando algo de todos los lugares donde lo estuve dibujando y con quienes compartí el proceso. Hasta que no tuve el guión completo no empecé a dibujarlo, solo tenía apenas bocetado el personaje de la protagonista, pero ni bien terminé de escribir los diálogos, las propuestas de las páginas salieron de una vez porque estaban en mi cabeza. Hacia la entrega final de los archivos, el trabajo fue de pulir los dibujos buscando la manera de “emprolijar” mis bocetos sin perder la expresividad que me gusta en cada momento de cada personaje”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Con respecto a “¿Dondé está mi lápiz amarillo?” se está desarrollando como corto animado. En cuanto a proyectos editoriales tengo en proceso un libro álbum con un escritor español, un cartoné para primeras infancias de mi autoría y, cuando encuentro el momento, sumo una viñeta a un proyecto personal en formato novela gráfica. En paralelo me dedico a la docencia en la facultad y en mi taller de ilustración”.

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Cómic

Mathias Martinez nos invita a su singular parque de atracciones

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Mathias Martinez

‘¿Qué hora es? ¡Es la hora de divertirse!’. Ese es el lema de CLOCKI, la mítica mascota con forma de despertador que durante décadas marcó la hora de la merienda a millones de niños frente al televisor. Nacido como héroe de cómic, alcanza la fama en 1932 con Clocki y el reloj parlante, el primer cartoon sonoro y en color de la historia del cine, y se convierte en una auténtica estrella. En 1955, en la cima de su popularidad, se inaugura Clockilandia, un parque de atracciones que promete ser el paraíso definitivo del entretenimiento. Pero tras ese relato de ensueño podría esconderse una realidad mucho más oscura.

Mathias Martinez

En ‘Clockilandia’Mathias Martinez reconstruye la memoria de un parque imaginario para mostrar la cara oculta de su éxito. Cada capítulo sigue a un personaje distinto -una mascota, un aficionado a las atracciones, una ex empleada y una niña- que da testimonio de un momento clave de su historia. Inspirado en cartoons de los años 30 de los estudios Fleischer, Martínez retuerce ese imaginario hasta lo grotesco: dibujos que gotean, decorados que se derriten y perspectivas deformadas como una película quemada en el proyector, creando una atmósfera tan fascinante como inquietante. Con Mathias hemos charlado un poco más sobre su trabajo en este proyecto.

¿Cómo nació este proyecto? “Desde niño, siempre me han fascinado los parques temáticos, pero siempre he sentido cierta inquietud al ver sus maquetas de cartón y sus sueños empalagosos. Quería hablar de este sentimiento que creo que comparten muchas personas, y de la felicidad un tanto forzada que se siente en estos lugares, ¡porque la entrada es carísima! En lugar de apoderarme de un parque ya existente, decidí crear el mío propio, como un niño jugando con bloques Kapla o Lego. ¡Disfruté muchísimo siendo un poco megalómano en este proyecto!”, nos cuenta Mathias Martinez.

Mathias Martinez

¿Qué encontraremos en este libro? “Esta novela gráfica narra la historia de Clockilandia, un parque temático analizado desde sus inicios y su época dorada hasta su declive y su inevitable final, porque, obviamente, todo lo bueno tiene un final. También encontrarás las emotivas historias de las personas involucradas con el parque: sus empleados desilusionados, sus mascotas melancólicas, sus niños desencantados y sus padres hastiados. Pero también descubrirás hermosas historias de amor y amistad”.

¿Cómo fue el proceso de creación del libro? Me refiero a la fase de investigación, las pruebas, incluso los bocetos en el cuaderno… “Pasé mucho tiempo buscando la forma ideal para la mascota de mi parque, algo que evocara a Mickey Mouse sin ser demasiado similar, y que no se alejara demasiado de mi idea inicial de crear una historia sobre el fin de la infancia y esos espacios atemporales que son los parques de atracciones. Mientras buscaba ideas visuales para el libro, redibujé muchas mascotas antiguas japonesas y estadounidenses, y cuando no se me ocurría ninguna buena idea, redibujé un pequeño despertador Fisher-Price que tenía en mi escritorio. Entonces se hizo evidente: la mascota de Clockilandia tenía que ser un despertador”, asegura Mathias Martinez.

Mathias Martinez

Cuéntanos algo sobre las ilustraciones. “Quizás el carácter altamente ilustrativo de Clocki sea aún más evidente porque está inspirado más en los libros ilustrados infantiles que en los cómics. Una de mis principales inspiraciones para este trabajo son los libros de principios del siglo XX de Benjamin Rabier, o los libros de Bécassine; no sé si son conocidos en España, pero les animo a leerlos o releerlos. En estas historias, el texto está en voz en off, como en algunos capítulos de Clocki. También hay un aspecto ligeramente megalómano en ello; es como si me dirigiera directamente al lector como autor. Este estilo narrativo un tanto anticuado me resultó divertido”.

Mathias Martinez

Cuéntanos algo sobre la técnica utilizada en este libro. “El libro fue dibujado completamente con tinta azul y luego coloreado en Photoshop -continúa Mathias Martinez-. Mi cómic, con sus tonos naranjas y azules, recuerda a los antiguos libros infantiles de los años 50, y también evoca el año en que se creó la mascota Clocki y los dibujos animados que la inspiraron. Mis editores franceses, Misma, hicieron un trabajo increíble en las páginas para lograr colores intensos y diferenciarlos, y mis editores españoles, La Granja, mantuvieron la misma dirección artística y añadieron un mapa real del parque, ¡que me parece fantástico!”

¿Cómo fue el proceso de creación de este libro? “Me llevó tres largos años crearlo. Hubo momentos increíblemente alegres y otros muy estresantes. Mis editores me ayudaron muchísimo durante todo el proceso, que a veces resulta desalentador, ¡pero realmente vale la pena! Después de terminar mis estudios de arte, cuando empecé con Clocki, estaba buscando mi propia voz, ¡pero encontré en Clocki caminos que me encantan! Fue una experiencia muy formativa para mí. Creo que se puede sentir esta progresión narrativa, cómo gano más confianza a medida que avanzan los capítulos, lo cual me gusta mucho”, confiesa.

Mathias Martinez

¿En qué estás trabajando actualmente? ¿Un nuevo proyecto? “Actualmente estoy trabajando en otra novela gráfica que publicará la misma editorial. Tratará sobre ratones, un libro hecho de queso, la transmisión del conocimiento y la memoria colectiva. Será un libro sobre libros y un homenaje a sus lectores más fieles: ¡estará dedicado a quienes aman tanto los libros que literalmente devoran sus páginas! No diré nada más sobre este futuro proyecto, y me llevará tiempo terminarlo, ¡pero estoy deseando enseñárselo!”

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Álbum Ilustrado

Ramón París acompaña en su viaje a ‘Amiga gallina’

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Ramón París

Perro, cerdo y gallina no conocen nada más allá del cercado de su corral. Un día, muertos de aburrimiento, sienten que ha llegado el momento de salir a explorar. Aunque a gallina esta idea no parece hacerle ni pizca de gracia. Acompaña a estos tres amigos en una aventura a través de ríos, montañas y bosques y déjate guiar por la determinación de perro, el asombro de cerdo o la cobardía de gallina. ‘Amiga gallina’ es un cuento dulce y divertido que nos recuerda que lo más importante son los amigos, a pesar de sus defectos o, quizás, exactamente gracias a ellos. Un álbum ilustrado de Juan Arjona y Ramón París que edita A buen paso. Con Ramón hemos charlado un poquito más sobre este libro.

¿Dónde está el origen de este proyecto? “Arianna Squilloni, la editora de A buen paso, y yo coincidimos en una feria de libros en Miami y me comentó que tenía un proyecto en el que había pensado en mí. Una vez de vuelta ambos en Barcelona nos reunimos y me propuso trabajar una reedición de este cuento”.

Ramón París

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Una historia de tolerancia, aceptación y amor incondicional de la amistad. Pero dicho así suena muy formal; es una aventura de 3 amigos que salen de viaje con muchas, muchas ganas hasta que las cosas se tuercen y la solución a sus problemas llega de la manera más inesperada”, afirma Ramón París.

Ramón París

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno. ¿Cómo nacen estos personajes? “Una vez me leí la historia y supe que los personajes eran un cerdo, un perro y una gallina, empecé a hacer bocetos en distintos cuadernos, papeles, técnicas, sin demasiado orden; sencillamente todo lo que dibujaba en mis momentos de ocio eran esos 3 animales. Nunca dibujé el entorno o dónde iban a convivir, creía que eso llegaría luego. Hasta que en un momento dado empezaron a aparecer los mismos, es decir, los hiciera como los hiciera empezaban, sospechosamente, a parecerse: el mismo cerdo, el mismo perro, la misma gallina. Casi como si se impusieran en mí. Así que los dejé ser; «supongo que estos son», me dije”.

Ramón París

¿Con cuál de los tres te identificas más? “Supongo que con el cerdo, que se apunta a cualquier plan y vive un poco más distraído -confiesa Ramón París-. Así voy yo por la calle: sé hacia dónde quiero ir pero me pierdo en el contexto”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Creo que el recurrente universo animal, que claro, trabajando para literatura infantil no es que sea el más original. Pero sí, dibujo muchos animales todo el tiempo, hago serigrafías de ellos, talleres; a lo mejor debí estudiar zoología o algo parecido, aunque uno nunca sabe si hubiera acabado en el mismo sitio. Lo que sí es que experimenté con una técnica nueva, por más que la realicé en digital. ¿Se puede hablar de diferentes técnicas si tu entorno de realización casi siempre es digital, en una tableta? Hmmm… bueno, igual sí, o por lo menos yo lo sentí totalmente diferente -continúa Ramón París-. En el libro anterior, El hombre dorado, había usado una escala cromática muy limitada buscando una metáfora de la estampación serigráfica. Para ‘Amiga Gallina’ son lápices de colores, trazos con más textura, colores menos planos y línea más discontinua. Vuelvo a usar la doble página para hacer ilustraciones desplegadas a todo lo ancho y largo de página y contar desde la totalidad del formato”.

Ramón París

Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. “Una vez tuve los personajes empecé con la travesía; literalmente, de eso va: es un viaje, una road movie. Perro y cerdo, que se mueren de aburrimiento, deciden echarse una escapada para ver qué hay más allá; querían tener una aventura que los sacara de su hastío. Gallina duda, pero ante el temor de quedarse sola prefiere irse con sus amigos y vivir la experiencia con angustia. Partiendo del relato de Juan Arjona y de las evocaciones al entorno que hacía, decidí unirme a la aventura a ver adónde me llevaban los animales y realicé una primera secuencia de imágenes a ver como funcionaba la historia, más machas y composición que otra cosa. Luego busqué inspiración en los campos en los alrededores de donde vivo, Cardedeu, y fui construyendo una ruta imaginaria con ancla en la realidad”. 

Ramón París

Ramón París

“Siempre trato de dibujar desde mi experiencia personal porque me sirve de apuntador. Hay imágenes que pertenecen a mi entorno y hay otras que quisiera que ya pertenecieran, aderezadas con recuerdos de mi infancia, paisajes en los que estuve. Y así salieron los entornos por los que discurre la historia. Lo demás, un poco más de lo mismo: horas de trabajo hasta que terminaba de perseguirme y dejaba tranquila cada ilustración para que viviera su vida sin mis constantes intervenciones”, nos cuenta Ramón París.

Ramón París

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Acabo de terminar un libro para una editorial americana sobre el sonido; después de un par de meses de intensidad estaba en proceso de recuperación. Y el futuro lo tengo lleno de proyectos, a ver cuál termino: suelo ser bastante disperso y salto de un lugar a otro todo el tiempo, por eso me cuesta sentarme a desarrollar cada proyecto, y si a eso le sumamos todos los micro proyectos en el área de animación y diseño para mantenerme a flote, pues muchos quedan en el tintero. Espero poder terminar una biografía ilustrada que estoy haciendo de un científico del siglo XVIII, la cual además estoy escribiendo yo mismo. Ya veremos…”

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