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Entrevistas

Puerta y Odriozola: Sentimientos encontrados

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Cuando sentimos algo, no necesariamente identificamos qué sentimos. Es más, muchas veces ni siquiera somos capaces de distinguir un sentimiento de otro, calificamos erróneamente aquello que nos pasa o lo que consideramos que le sucede a otra persona. Una interpretación errónea seguramente conllevará una respuesta equivocada. Por eso, en este libro nos hemos planteado hacer una reflexión ilustrada que lleve al lector a pensar sobre lo que se siente, mientras juega y se relaciona con los, al menos, siete personajes del libro. Para eso, nos basamos en textos filosóficos clásicos y narramos a través de imágenes el acontecer diario de una familia. Son las palabras de la nueva editorial Ediciones Modernas El Embudo para presentarnos ‘Sentimientos encontrados’, un proyecto de Elena Odriozola y Gustavo Puerta Leisse. Con ellos y con Marta Ansón, parte de la nueva editorial, hemos charlado sobre este libro.

¿Cómo surge la idea de lleva a cabo un proyecto como este? Gustavo: «Déjame que me retrotraiga a la prehistoria. Recuerdo el primer libro que vi de Elena Odriozola. ‘Como un botón‘, se titulaba. Lo leí en Caracas, en el Banco del libro. Creo que sería en 1999. Me fascinó. Se trata de una colección de magníficos haikus de Juan Kruz Igerabide. Odriozola e Igerabide entonces para mí eran apellidos impronunciables y yo, que tan malo soy para los nombres, los aprendí al instante. Tres años después mientras visitaba Madrid, entré en la librería La Mar de Letras y lo compré. Si alguien me hubiese dicho en aquel entonces que un día yo escribiría un libro para niños, que lo ilustraría Elena, que lo traduciría al euskera Juan Kruz y que, además, lo sacaríamos en una editorial que crearíamos Elena, yo y Marta (la librera que me vendió el libro y que hoy, además de socia, es mi esposa y madre de mi hija), claramente le hubiese dicho a esa persona que deliraba. Sin embargo, viéndolo en retrospectiva, advierto que ya en aquel momento se estaban fraguando las bases de lo que veinte años después sería este libro y esta editorial: me sentía descontento con el academicismo de la filosofía y estaba convencido de que era necesario llegar al público general, me interesaba mucho la literatura infantil y veía enormes posibilidades creativas que no se estaban tomando lo suficientemente en serio y sentía una verdadera admiración por aquellos ilustradores capaces de expresar una forma de ver e interpretar el mundo personal. Seguro que Elena puede contar mejor que yo (o al menos de forma más precisa) el origen de ‘Sentimientos encontrados‘. Pero ahora que me lo preguntas, me vino el recuerdo de aquel remoto momento en el que descubrí el trabajo de la Odriozola».

Elena: «Creo que es imposible contarlo mejor, es tan emocionante. Pero siendo más precisa, este proyecto empezó después de hacer un ejercicio para un taller impartido por Gustavo y Javier Zabala en San Sebastián, allá por el año 2009. Una de las actividades consistía en contar una historia en forma de auca. El auca es un género de la estampa popular que consiste en una serie de viñetas agrupadas de cuatro en cuatro, acompañadas la más de las veces con unos pareados, que aborda temas muy variados: el mundo al revés, la vida del niño bueno y el niño malo, vidas de santos, la narración de episodios históricos… Yo hice una casa. En realidad, me apunté al taller por estar con Javier y Gustavo, sin ánimo de hacer gran cosa. Pero unos días antes, hablando con Gustavo, me dijo: «¿Y si haces una casa?». Le hice caso, y aunque por supuesto no acabé el ejercicio, Gustavo me animó a terminarlo. Lo hice y esta ilustración fue el inicio de ‘Sentimientos encontrados‘».

Contadnos un poco qué van a encontrar los lectores en las páginas de Sentimientos encontrados. Gustavo: «Una casa y una llave. Un espiral. Dos franjas separadas entre sí: una grande de ilustración y una pequeña de texto. Siete personajes humanos, un espíritu, dos pajaritos, un perro, un ratón y un periscopio que se interrelacionan entre sí. Una portada y dieciséis páginas ilustradas con dieciséis viñetas, lo que da un total de doscientos setenta y dos recuadros ilustrados. Cuarenta y cinco sentimientos que el lector puede relacionar con esas viñetas (lo que en términos estrictamente matemáticos posibilita doce mil doscientas cuarenta posibles combinaciones posibles entre cada ilustración y cada sentimiento). Y, sobre todo una propuesta, que el libro le sirva al lector para proyectar, identificar y reflexionar sobre aquello que siente».

Marta: «El libro nos invita a asomarnos a las ventanas de una casa donde habita una familia y en la que están sucediendo muchas cosas. Resulta fácil intuir que en el ir y venir de los personajes se esconden muchos sentimientos encontrados. Identificarlos es el juego que se propone, pero lo que el lector NO encontrará son instrucciones claras de cómo jugar, ni soluciones correctas a las preguntas que irremediablemente surgen. Al pie de las ilustraciones, hay pequeñas reflexiones acerca de distintos sentimientos cotidianos, reconocibles por todos, mayores y pequeños. Son textos que, aunque pueden usarse como guía, son abiertos. Sugieren e invitan a la reflexión, sin cerrar significados ni resolver el enigma». 

Es sin duda un proyecto rompedor, desde la encuadernación, a la disposición, estructura, juego… ¿qué papel juegan todos estos elementos en el proyecto? Elena: «Es un libro que tiene muchas lecturas posibles. Es un libro dividido en dos franjas que se pueden pasar por separado. Por un lado, está la franja de la ilustración: Aquí vemos una casa compuesta por 16 viñetas. Por otro, la franja inferior, donde aparece el texto y que corresponden a los sentimientos. El libro se puede abordar desde la forma más simple, que sería leer el texto por un lado o, simplemente, mirar las ilustraciones. Otra opción, escoger un sentimiento (alegría o vergüenza, por ejemplo) y buscar la ilustración que cada quien considere que le corresponde. O al revés, primero mirar una ilustración y después asignarle el sentimiento. O… la modalidad de lectura que cada lector considere». 

«Precisamente el hecho de que fuera un juego requirió de una estructura concreta que nos costó bastante encontrar -continúa Elena-. Tuvimos que hacer bastantes pruebas hasta dar con ella. Y una vez que estaba clara la disposición de todos los elementos, no fue fácil encontrar la encuadernación adecuada. Estaba bastante claro que necesitábamos unir las páginas con una espiral, ya que la ilustración y el texto debían ir por separado. Al principio, yo me resistí un poco. Me empeñaba en que fuera cosido. Pero vimos que no teníamos otra elección. Una vez decidido, había que encontrar la forma de tapar la espiral para crear un lomo… Creo que lo conseguimos. Estoy muy contenta con el resultado».

Sentimientos encontrados

Habladnos un poco de las ilustraciones para este libro. ¿Qué diríais que tienen de característico? Marta: Al empezar a pasar las páginas de ‘Sentimientos encontrados‘, la precisión técnica de Elena y la asombrosa minuciosidad de cada una de las viñetas le hacen a uno maravillarse. Sin embargo, esa no es la única razón por la que texto e ilustraciones alcanzan en este libro una simbiosis casi perfecta. Están sucediendo muchas cosas: no solo en el bullicio aparente y en la infinidad de situaciones que ha ilustrado Elena, sino también en los mundos internos de los personajes. Es allí, precisamente, en lo que las ilustraciones no nos dejan ver pero sí intuir, donde residen los sentimientos encontrados de los que se habla en el texto. En esta ocasión especialmente, la riqueza de las ilustraciones de Elena está en su capacidad asombrosa de sugerir, de inquietar. Por eso la minuciosidad está aquí más que justificada, no es una mera exhibición de un indiscutible virtuosismo técnico. La infinidad de detalles se pone al servicio del lector, se le invita a divagar durante horas acerca de lo que está pasando. Y así podremos volver muchas veces a la misma escena, porque siempre encontraremos algo nuevo, llegaremos a nuevas conclusiones que seguirán estando abiertas a nuevas visitas, nuevas miradas y nuevas interpretaciones».

Gustavo: «Solo me gustaría añadir una cosa. Si hay algo que para mí caracteriza este trabajo de Elena es la relación entre la parte y el todo. Cada viñeta funciona por sí misma y, al mismo tiempo, como parte de una página, como parte de una secuencia, como parte de una relación evidente o no con el texto. Elena emplea diferentes tipos de lápices, se vale de los matices que le brindan los distintos tipos de dureza del grafito y del blanco de la página para construir una red de acontecimientos, situaciones y estados de ánimo. Como lectores somos capaces de ver aquello que los personajes no pueden ver y, al mismo tiempo, en ellos siempre hay una zona opaca, algo que permanece oculto a nuestra mirada. Aquello que más admiro de este trabajo, es la capacidad de Elena de infundir vida a la casa y a sus habitantes, valiéndose únicamente de la claridad u oscuridad del grafito». 

¿Con qué técnicas están hechas las ilustraciones de Sentimientos encontrados? Elena: «Todas las ilustraciones están hechas a lápiz. Siempre uso portaminas, y en este caso he utilizado minas de distinta dureza (HB y B) y grosor (0.3, 0.5, 0.9). Es un trabajo que he realizado a lo largo de 9 años. Aunque no siempre estaba trabajando en este proyecto. Le dedicaba, por ejemplo, un mes entero al libro y luego lo tenía que aparcar para hacer otras cosas. Muchas veces me sucedía que, cuando volvía a retomarlo, habían pasado algunos meses y no recordaba qué mina había utilizado para determinados elementos que se repiten a lo largo de las páginas. Es algo que nunca se me ocurrió que pudiera pasar. Lo malo es que, aunque han habido varias de estas pausas, yo no escarmenté y seguía sin apuntar. Así que el problema volvía a surgir. Todavía no he escarmentado». 

De las palabras-conceptos que se abordan en el libro, ¿con cuál os quedáis cada uno? ¿Qué elegís? Marta: «A mí me gusta melancolía, porque es un sentimiento ambiguo, nada plano, nos sentimos tristes, pero a la vez disfrutamos. Es un sentimiento contradictorio y rico en matices».

Sentimientos encontrados

Elena: «Me quedo en la misma página que Marta y elijo Nostalgia».

Gustavo: «En este momento, la pena. También el alivio. Mi padre murió hace unos días. Los matices que diferencian dolor, sufrimiento, desdicha y pena, me ayudan para distinguir lo que yo siento, lo que sienten quienes están a mi alrededor (mi hermana, mi hija o mis tíos, por ejemplo) y a lo que tuvo que enfrentarse mi padre durante el transcurso de su enfermedad y el saber que su muerte era algo inminente. Mis sentimientos al respecto son encontrados: siento la tristeza intrínseca a la pena junto a la alegría inherente al alivio. En cambio, nunca me sentí enfadado y ya he dejado de sentirme ansioso. Es una situación anímicamente compleja y pasar por ella me reitera la necesidad y el valor de la palabra para elaborar lo que sentimos y cómo nos sentimos con ello».

¿Por qué nace Ediciones Modernas del Embudo? Marta: «La capacidad de crear cosas de Gustavo y Elena, trabajando a cuatro manos, empezaba a invadir todos los rincones de las casas de ambos y casi por necesidad nace la editorial, como un espacio de contención a esa creatividad desbordante. Más allá de ese primer impulso, Ediciones Modernas el Embudo surge para dar cabida a proyectos que corren el riesgo de perderse entre las demandas comerciales y las estrecheces de todo tipo que sufre la literatura infantil en los tiempos que corren. Proponemos libros divertidos, que retan al lector, con sentido, en los que damos una gran importancia a la calidad de los contenidos y de las formas. Sabemos de dónde partimos, pero aún no sabemos a qué puertos nos llevará esta aventura que, como sus libros, nace y se ha constituido como un espacio abierto, de experimentación».

¿En qué trabajáis ahora? Gustavo: «Poco antes de que le diagnosticaran el cáncer a mi padre, había comenzado a leer libros sobre la muerte. Me han interesado mucho las ars morendi, esas guías para «la buena muerte» que aparecieron al final de la Edad Media y que se consolidaron durante el Renacimiento y el Siglo de Oro. También me resulta fascinante toda la iconografía mortuoria: desde las danzas macabras a los emblemas, desde las alegorías sobre las vanitas al humor de las catrinas. Pues bien, estoy escribiendo un libro sobre la muerte para niños y quiero plantearle a Elena el desafío de apropiarse de todo ese imaginario. Me gusta escribir sobre aquello que no sé, aquello que me inquieta, los problemas que me implican tanto en lo afectivo como en lo intelectual. Y, en este momento, hay un problema que no deja de rondarme: cómo una persona que no es religiosa ha de enfrentar la muerte y cómo puede o no responder a las preguntas, miedos e inquietudes que le formulan los niños».

Elena: «Yo estoy rematando el primer libro de la colección ¿Te suena?, dedicada a las retahílas y tradición oral. Nos estrenamos con una versión ilustrada de la canción ‘Yo tengo un moco‘. La verdad es que puedo valerme del título de nuestro primer libro para describir lo que me provoca publicar este título: tengo Sentimientos encontrados. O, quizá, lo podríamos dejar en que me da un poco de vergüenza. A mí nunca se me habría ocurrido ilustrar esta canción. Cuando Gustavo me lo propuso, al principio pensé que estaba bromeando. Luego dudé entre si era una burrada o una genialidad. Al final me entusiasmé y no le di más vueltas, pensé que tenía que hacerlo. Pero este verano, mientras la estaba dibujando, mi hermana lo vio y me dijo: «Qué vergüenza, ¿pero vais a publicar eso? ¿Y tendré que decir que lo ha hecho mi hermana? ¡Qué vergüenza!». Y otra vez se apoderó de mí ese pudor que, por una vez, no sé dónde había dejado. La verdad es que me da un poco de apuro, y lo que más me cuesta es que vaya solo mi nombre en la portada, pero… ha quedado muy muy divertido».

«También estoy dándole vueltas a la segunda entrega de la colección para pre-lectores ‘Que ya sé‘, del que ya hemos publicado un primer título: ‘Ya sé vestirme sola‘. Con este libro me costó lo suyo hasta dar con cómo lo tenía que hacer. Creo que para mí es más difícil crear libros para pre-lectores que otro tipo de álbumes. Igual, esto se debe a que cuando me dirijo a niños muy pequeños tengo que considerar aspectos que normalmente no tengo en cuenta cuando hago libros destinados a otras edades, como la simplificación del texto y del manejo de la elipsis o la necesidad de reiteraciones. Otra dificultad con la que me topé fue la niña protagonista. A mí me parecía una niña pequeña, pero otras personas la veían con más edad».

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Cómic

Blanca Vázquez y cuando ‘Ya no llama nadie’

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Blanca Vázquez

Mariona piensa mucho en la muerte porque en este pueblo ya no le dejan pensar en nada más. Sus amigas han ido desapareciendo, y la cabeza de Vicente, su marido, es cada vez más volátil. Con sus ochenta y siete años, le pide poco a la vida: entretenerse con su jardín, discutir lo justo con su marido y ver a su hija los fines de semana. Las sensaciones nuevas, piensa, son algo que ya no le tocan. Aunque desde hace unas semanas algo le remueve el estómago cada vez que la familia se reúne para comer. Las palabras se le acumulan en la garganta, pero su figura se vuelve trasparente cada vez que intenta comunicarse con los suyos.

¿Qué pasará cuando ella ya no esté? ¿Qué dejará a los suyos tras su paso por la vida? ¿Alguien cuidará las calas de su jardín? ¿Dónde reposarán sus cenizas? Mariona quiere aprovechar una de esas sobremesas familiares para, por una vez, hablar de sus deseos. A través de su protagonista, ‘Ya no llama nadie’ ofrece un relato intimista sobre el ocaso de la vida, el olvido y la necesidad de crear legado. Un cómic de Blanca Vázquez y Elisabeth Casillas que edita Astiberri. Con Blanca charlamos un poquito más sobre este libro.

Blanca Vázquez

¿Dónde está el embrión de este proyecto? ¿Cómo llega a tus manos este trabajo? “En 2020 publiqué ‘Juntas en esto’, un cómic muy cortito, con Astiberri, sobre el aborto. Justo en esa época Elizabeth también estaba trabajando sobre el mismo tema, y me preguntaron si me parecería bien que Elizabeth presentara mi cómic en Madrid conmigo. Así conocí a Eli. Nos conocimos en la presentación de mi cómic. Me dijo que le gustaba mucho cómo ilustraba y que seguramente algún día podríamos hacer algo juntas”, nos cuenta Blanca Vázquez. “Cinco años más tarde me pasó el guion”.

¿Cuál fue tu primera impresión cuando recibes esta historia de Eli? “El guion no estaba terminado por completo. La escaleta estaba casi toda hecha, y al leer solamente la escaleta ya vi que era una preciosidad, me emocionó mucho. Por entonces ya estaba viviendo más lejos de mis abuelos, la relación que tenía con ellos era a distancia desde hacía años. Y, bueno, sigo teniendo relación con ellos a distancia. Entonces todo el tema de la familia y la visita me tocó mucho. Y me encantó”.

Blanca Vázquez

Al final sí que hay también, entonces, mucho de ti en este libro, ¿no? Te identificas… “Sí, sí. No lo he escrito yo, pero al leerlo lo sentía muy propio. Se lo decía mucho a Eli, que a veces sentía que la historia estaba escrita por mí. Al final he puesto mucho mío, pero porque creo que es un libro que tiene una historia muy fácil de leer, y pasarla a tus vivencias y a tus recuerdos”, asegura Blanca Vázquez.

¿Hay algún referente cercano que has reflejado de alguna manera en este cómic? “Los personajes tenían unas expresiones muy marcadas. Y claro, era un tipo de dibujo que yo lo siento muy mío, pero he tenido que trabajar con línea para llegar a determinados detalles. Cambia mucho de mi trabajo de otros años. El referente gráfico ha ido viniendo por el guion. Y como referentes de poses y tal, sí que he puesto a mis abuelos mucho a posar cada vez que iba al pueblo. Sí que me han ayudado mucho”.

¿Ellos han visto el cómic? “Pues sí, ya lo han visto, ly es ha gustado muchísimo, se han emocionado mucho. Yo me he emocionado de verlos emocionados, así que genial”.

Blanca Vázquez

¿Qué se va a encontrar la gente en sus páginas? “Se encuentran muchos recuerdos que se le remueven por dentro y también muchas sensaciones. Gente de 50, 60 años, en este libro se va a encontrar un poco la realidad quizá que tienen ahora de hijos cuidadores, pero también lo que se les viene en un futuro. Es un libro que va de la edad y del paso del tiempo, y a todos nos va a remover de cierta manera, a cada uno por la etapa siguiente que le viene”, confiesa Blanca Vázquez. 

¿Con qué técnicas trabajaste? “Por pasión y voluntad propia, siempre suelo trabajar en analógico con acuarela, tinta, es mi parte preferida. Y luego también, bueno, bocetando en lápiz. Pero durante estos años trabajando en empresas era todo digital. Cuando Eli me comentó que el libro eran 160 páginas, por ahorrar tiempo, economizar, también por recursos, me parecía mucho más cómodo pasarle bocetos en digital a Eli, y si ella veía que había que cambiar algo, al final siempre es más rápido el digital para los cambios. Y la técnica vino dada sobre todo por eso, por poder optimizar el tiempo y cambiar las cosas rápido”.

Blanca Vázquez

“Aunque también quería que mi huella de trabajar en acuarela estuviera presente -continúa Blanca Vázquez-. Entonces estuve investigando en Procreate, y siento que los pinceles que utilizas en ese programa se parecen muchísimo a los analógicos. Cuando los manejas parece de verdad que tengan el propio fallo y la espontaneidad que tiene la acuarela”.

¿Y del color qué nos puedes contar, Blanca? “Al principio hablábamos muchísimo que tenía que ser un libro que tuviese calidez, pero sobre todo también por la estación en la que está ambientado, que es el verano. Tenía que ser muy luminosa la parte exterior y muy sombría la parte interior de la casa para que hubiera ese contraste de fuera, alegría, familia, plantas, vida, y dentro el peso de la monotonía y la soledad que sienten y la casa que se les viene como un poco encima. Esto vino dado mucho por el color, por ese contraste que teníamos que buscar. Yo me imaginaba un poco el verano en el pueblo, radiante y rural”.

Blanca Vázquez

“Siento que la paleta le pega muy bien al mundo rural. Y también la paleta cálida, siento que la historia al ser tan dura y tan cruda, si hubiéramos cogido tonos fríos hubiera quedado como una historia un poco lúgubre y tampoco era esa la idea, porque la historia tiene mucha vida”. 

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Cómic

Ricardo Cavolo debuta en el cómic con ‘Lola y Estrella’

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Ricardo Cavolo

‘Lola y Estrella’ son dos jóvenes amigas que viven juntas en la ladera de una montaña, un lugar hermoso y fantástico. Estrella tiene un poder muy peculiar, el de comunicarse con el micelio, o las mismísimas raíces de su planeta, Matria. La vida de las niñas es bastante apacible. Cuando no están con los gnomos comiendo fresas o jugando a las cartas, van a visitar a la reina Cabra o a comprobar si han llegado nuevos libros al pueblo. Pero una mañana todo cambia. Su valle y toda su comunidad se ven amenazados. Unas extrañas máquinas están destruyendo el terreno y acaban de dejar a los gnomos sin hogar. Ninguna de las chicas es especialmente aventurera, pero tienen claro que no pueden quedarse de brazos cruzados y deciden emprender un viaje para obtener respuestas. Un viaje que las llevará muy lejos de casa. Editado por Astiberri, ‘Lola y Estrella’ es el debut en cómic infantil del artista Ricardo Cavolo. Con él hemos charlado un poquito más alrededor de este libro.

Ricardo Cavolo

¿Cómo se te ocurre este proyecto y también cómo te lo has pasado haciéndolo? Porque desde fuera parece que ha sido un proceso divertido. “Yo he chupado cómic desde antes de saber leer, de hecho mi padre tenía mucho cómic en casa. Es verdad que no era cómic infantil, porque tenía Conan y demás, pero bueno, cultura visual desde muy pequeño. Y siempre he tenido el cómic muy presente, independientemente de que me sirva para mi trabajo o no, como lectura constante, siempre ha habido cómics desde entonces”.

“Es un género que siento muy mío y que valoro mucho, y que además me ha dado cosas para mi trabajo. Nunca llegaba el momento de plantearme hacer un cómic, porque veía que era muchísimo trabajo, y al final ha sido un poco natural. Me envalentoné. Desde que estaba en la carrera, que descubrí Astiberri, tenía el capricho de poder hacer algo con ellos, porque valoro mucho lo que hacen”.

“Y sí que ha sido divertido, ha sido muy largo, han sido dos años, realmente nunca he trabajado dos años en un proyecto -continúa Ricardo Cavolo-. Nunca hago bocetos, por ejemplo, y aquí pues tuve que bocetar las 160 páginas. Normalmente hay que hacer un story, hay que trabajarlo bien, sobre todo teniendo en cuenta que es mi primer cómic y que encima es infantil. Entonces, ha sido un trabajo muy largo, pero como tú dices y se nota, ha sido muy divertido. Lo he disfrutado como un niño, y al final creo que se nota un poco desde fuera”.

Ricardo Cavolo

No sé si el hecho de hacer un cómic infantil tiene que ver con el hecho de ser padre. “Bueno, creo que sí, porque igual hubiera empezado por otra cosa más de adultos. Cuando tienes hijos, de alguna manera, también empiezas a conectar más con tu niño interior, con el niño que eras. Siempre he tratado de cuidar al niño interior y de mantenerlo vivo para mi trabajo, porque me parecía muy bonito y muy interesante hacerlo. Es verdad que desde que tengo hijos, ya sea porque he tenido que consumir también cultura adaptada a sus edades, entre series y cómics, pues me parecía muy chulo que la entrada en el cómic fuera una cosa para niños. Y sí que hay cosas presentes, de hecho, las dos protagonistas en realidad son mis hijos convertidos en chicas, mi hijo Max es igual que Lola y mi hijo León es igual que Estrella”.

¿Qué se va a encontrar el lector en las páginas de este cómic? “Por encima de todo, fantasía y aventura, que es un poco el leitmotiv que siempre me ha gustado -confiesa Ricardo Cavolo-. Con ese marco de fantasía y aventura, tenía muy claro que quería empaparlo de mi visión crítica sobre la sociedad, es una cosa que también hago en mi trabajo habitualmente, y esta es una historia anticapitalista, con un discurso muy ecologista, que es una cosa que siempre me ha gustado de Tolkien. Además mis hijos me preguntan, pero ¿por qué son niñas? Si nosotros somos niños… Quería que el libro tuviera un espíritu feminista. Cuando yo leía cuentos e historias de niño, no había ni una sola niña heroína, ninguna niña resolvíanada, y es verdad que desde hace unos años, poco a poco van haciéndose su espacio y yo quería aportar mi grano de arena en ese sentido”.

Ricardo Cavolo

Imagino que son cosas que también están en tu imaginario, pero es verdad que cuando estás leyendo el cómic, te recuerda un poco a El señor de los anillos, por ejemplo, hay cosillas que te recuerdan a Peter Pan… “Sí, y Nausicaä, hay de todo, por supuesto, La historia interminable también es uno de los pilares fundamentales. Me gusta mucho esa parte de La historia interminable en la que van de pueblo en pueblo, y en cada pueblo hay gente diferente, con unas características diferentes, y un poco mi cómic es eso. Justo antes de empezarlo tenía muy claro que tenía que leerme otra vez Nausicaä, de Miyazaki”, nos cuenta Ricardo Cavolo.

Háblanos un poco del desarrollo del cómic, de las técnicas que has utilizado. “Como sabía que esto implica mucho, mucho trabajo, lo trabajé en digital, porque me facilita y me ahorra muchísimo tiempo. He aprendido a generarme también mi cocina, como digo yo, mis alquimias y mis magias en digital, y estoy muy contento con ello”.

Ricardo Cavolo

“El proceso ha sido para mí muy educativo, porque no es lo mismo ser lector de cómic que luego hacer un cómic, por muchos cómics que hayas leído es mucho más complicado, y aquí siempre me gusta mucho valorar a mi editora en Astiberri. Me he hecho un máster de cómic con ella, me ha ayudado muchísimo. La parte más divertida, cuando ya está todo decidido en boceto, la tinta y el color, que es donde yo luzco un poco, porque domino bien el color y domino bien la línea”, afirma Ricardo Cavolo.

Visualmente es muy tú, ves el cómic, y dices: es Ricardo. “Sí, quería que fuera muy visual, muy disfrutable visualmente. De hecho, el fondo de cada página tiene como un rayado sepia, cada página es diferente. He tratado de mimar mucho lo que he podido mimar y lo que sé que puedo mimar”.

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Álbum Ilustrado

Josefina Tai y Larisa Cumin nos abren ‘Las Puertas’

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Josefina Tai

¿Qué puede descubrir una niña curiosa del otro lado de las puertas de su nueva casa? ‘Las puertas’ nos muestra los hilos invisibles de todas las cosas que echan raíz: un trabajo, un hogar, una familia. Cada puerta es una invitación a la aventura, pues nunca sabemos qué nos aguarda del otro lado. Editado por Limonero, es un trabajo de Larisa Cumin y Josefina Tai. Con ellas hemos charlado un poquito más sobre este libro.

¿Dónde está el origen de este proyecto? Larisa Cumin: “Si tiene un origen, está en la infancia. En una voz que de chica fui inventando en el patio de mi casa bajo un árbol que no era nuestro, pero que nos daba sombra y flores y hojas. Y en el recuerdo que ahora puedo tener de lo que esa nena que alguna vez fui pensaba, decía, imaginaba. Con esa voz y con dos recuerdos atados a una misma puerta -quizás de los recuerdos más viejos que tengo- es que armé un poema largo. Ese poema le llegó a Jose a través de la editorial Limonero y ella lo ilustró maravillosamente”.

Josefina Tai

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? Josefina Tai: “Los lectores encontrarán un libro nostálgico de una memoria cuidada, tanto por la escritora como por la ilustradora. De mi parte, indagué sobre la infancia de Larisa y de mi entorno, hurgando entre fotos y recuerdos, para crear el escenario un tanto ficticio de la protagonista”.

Larisa Cumin: “Para mí los lectores se van a encontrar con un libro que puede resonar tanto en adultxs como en niñxs. Se trata de un mundo imaginado que puede parecerse al de ellos, como no. Y posiblemente se encuentren con esas preguntas y silencios que a veces nos hacen la poesía”.

¿Qué son para cada una de vosotras las puertas? Larisa: “Para mí las puertas pueden ser múltiples cosas: inicios, posibilidades,salidas, fines, conexiones, encuentros… El poema juega con eso todo el tiempo, porque la nena que es la voz del poema mientras experimenta cambios va reflexionando mucho. En un momento dice por ejemplo:

“Las puertas como las monedas tienen dos caras

una para entrar, otra para salir.

Son caras que cambian dependiendo de si se quiera

entrar o salir al mundo; entrar o salir de una casa.”

Y los dibujos de Jose le siguen ese juego por caminos más oníricos”.

Josefina Tai

Josefina Tai: “Creo que conecté mucho con el poema desde el principio, justamente por el juego con las puertas; me da múltiples posibilidades para pensar en lo que puedo dibujar, lo que hay detrás de la puerta, lo que vaya a pasar una vez que la puerta se abra. Y este juego onírico creo que es algo bastante característico de mi trabajo”.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… Josefina Tai: “Como mencioné antes, el trabajo previo a lanzarse a ilustrar fue la conversación con Larisa. Conocernos y escuchar de dónde viene ella y de dónde vienen sus palabras, investigar sobre los objetos que guarda en su memoria. Este fue un proceso clave para mi trabajo como ilustradora: poder visualizar el origen de la niña del libro y, a partir de ahí, empezar a construir aquella casa llena de puertas con los elementos que recolecté”.

Larisa: “En este sentido que nombra Jose, hay algo del libro que tiene que ver con lo recordado, con “volver a pasar por el corazón” algunas vivencias y volverlas vívidas al narrarlas e ilustrarlas. Conversamos mucho, pero no respecto a cómo o qué tenía que ilustrar Jose, sino que hablamos de nuestras infancias, de objetos que rodearon ese tiempo. La historia del poema sucede en una casa que se va construyendo de a poco a las afueras de una ciudad del interior de Argentina en los 90, es decir en un contexto donde se cruza lo urbano y lo rural. Entonces hay objetos muy ligados a lo analógico, ciertos colores, texturas particulares (algo de esos tonos lavados de las fotos de rollo de esa época), una vegetación particular, una dimensión del espacio que está marcado por eso”.

Josefina Tai

¿Cuál ha sido vuestro mayor descubrimiento tras todo ese proceso? Josefina Tai: “Lo que más aprendí en el proceso de ilustrar este libro fue a observar y a tener paciencia, tanto conmigo como con mis dibujos. En general, cuando tengo una idea, me apuro mucho a realizarla y no suelo hacer muchos bocetos. Sin embargo, para este libro, el proceso de los bocetos fue más largo, ya que no dependía solo de mi visión, lo cual, para mi sorpresa, me gustó muchísimo. Tuve que hurgar mucho más a fondo en mí para encontrar la imagen perfecta, aprendí que no hacía falta apurarme y quedarme con la primera idea, que a veces puede estar bien. También en el libro ilustro muchos objetos, cosas de la casa, y para esto, tuve que sentarme a mirar los objetos que me rodeaban, observar cómo son sus texturas, cómo se ven las marcas del tiempo en ellos, para que la imagen que yo ilustrara fuese rica visualmente. Así aprendí a detenerme, tanto en la vida real como en mi trabajo”.

Larisa: “Para mí fue maravilloso encontrarme con las imágenes que Jose trajo al poema. Es la primera vez que escribo y otro lo ilustra, hasta ahora había publicado libros para adultos sin ilustración, entonces ver el poema hecho libro me produjo un placer parecido a abrir un libro álbum por primera vez pero con la salvedad de que acá esas palabras las había puesto yo. También nos viene sorprendiendo el recorrido que el libro fue haciendo… a quiénes fue llegando, qué cosas cuentan los lectores que les produce. Y entre esas cosas maravillosas fue seleccionado entre los 100 Outstanding Picturebooks 2026 de D-pictus y hace poco las ilustraciones de Jose fueron elegidas para conformar el Catálogo Iberoamericano de Ilustración de publicaciones infantiles y juveniles de Iberoamérica Ilustra”.

Josefina Tai

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? Josefina Tai: “Creo que en general mis ilustraciones suelen ser silenciosas. Me gustan los trabajos que me hagan suspirar por su belleza y sentir que todo el resto se apaga, y eso intento hacer con mis imágenes. Sé que son íntimas, porque intento buscar las imágenes a través de mi cuerpo y de lo que yo experimento con cierto sentimiento, para traducirlo a una imagen. Y creo que justo hace una buena dupla con el poema porque es igual de sensible e íntimo. Lo diferente a lo que vengo haciendo siempre es esto de haberle dedicado tanto tiempo, fueron como 8 meses de estar inmersa en este proyecto”. 

Josefina Tai
Boceto

¿Con qué técnicas trabajaste? Josefina Tai: “Trabajo digitalmente con Photoshop, desde la pantalla de la compu y usando una tableta pequeña de wacom. Uso casi siempre los mismos pinceles: uno de acuarela y otro de lápiz, así que un poco sigue siendo analógico ese proceso de trabajar en capas y generar texturas. También aprendí a ser más organizada con mi espacio de trabajo de Photoshop, porque son más de 100 capas y por momentos se me hacía difícil encontrar las cosas”.

Josefina Tai
Boceto

Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. Josefina Tai: “Al principio me costó mucho encontrarle la voz de la imagen al libro, hasta que hice el boceto de la primera doble del libro, que es una niña asomándose, pero solo se ve su sombra. Un poco porque ilustrar personajes no es mi fuerte y otro poco para generar misterio. Cuando vi ese boceto, me di cuenta de que la poesía de las ilustraciones de este libro se va a trabajar a partir de las sombras (contar algo sin contarlo todo). Por lo que a lo largo de todo el libro, me enfoqué en encontrar las diferentes sombras posibles de una casa. Excepto la parte en donde todo el libro se apaga y, en vez de dibujar las sombras, dibujo las luces y creo que ahí se genera un juego interesante”.

“El libro está dividido en 4 partes, y lo mismo hice con las ilustraciones. Arranqué con esa paleta tierra que menciona Lari, por las baldosas terracota del piso que encontré en algún lugar; son baldosas que creo que ya no se usan y los colores funcionan perfectamente para hablar de un recuerdo, de algo que ya pasó. En la segunda parte, cuando la niña se muda a un lugar con patio, todo se vuelve vibrante y brillante, virando a los colores saturados. En la tercera es cuando todo se apaga, el rojo/rosado se entristece y vira a los violetas. Y por último, vuelve la luz y todo vuelve a ser brillante”.

Josefina Tai
Boceto

¿En qué trabajáis ahora? ¿Algún proyecto nuevo? Larisa y Josefina: “Ahora estamos probando el camino inverso, que Jose ilustre y luego Larisa escriba. Este nuevo proyecto por ahora parece una continuación del anterior aunque se separa y prueba algo nuevo. Hay dos niñas y hay ventanas. No podemos contar mucho más”.

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