Álbum Ilustrado
Sol Ruiz, María Belón y el viaje de ‘Kokoro y el mar’
Kokoro anhela conocer el mar, del mismo azul profundo que sus ojos. Se prepara para el viaje día tras día. Pero, a veces, las cosas no salen como se planean. Un accidente precipita su partida en las condiciones más inesperadas. Sin embargo, tiene todo lo que necesita para enfrentarse a la inmensidad del mar y a la gran ola que la espera en su travesía.
María Belón sobrevivió al tsunami de Asia-Pacífico en diciembre de 2004 con su marido y sus tres hijos. Esta historia nació durante el proceso de escritura del guión de la película ‘Lo imposible‘ (2012) de J. A. Bayona, cuando Jota le pidió: «María, cuéntame qué se aprende al regresar de estas experiencias tan difíciles que la vida nos hace vivir». Fue entonces cuando Kokoro emergió desde el fondo del Mar.
Así nos presenta la Editorial Libre Albedrío ‘Kokoro y el mar‘, un álbum ilustrado de María Belón y Sol Ruiz. Ellas dos nos guían en esta entrevista por el viaje de Kokoro y de este libro.

“Kokoro nace cuando llevamos como un año trabajando el guión de ‘Lo imposible’ con Juan Antonio Bayona, y hay un momento, como en todos los procesos creativos, donde hay como un parón, que es el buscar, el para qué de esta historia, para qué se cuenta esta historia. Y entonces Jota me hace una pregunta, me la tira así como si fuera muy sencilla, y me dice: pero María, ¿cómo se vuelve de estas experiencias? Entonces yo me quedo así como congelada y le digo, es que yo esto no te lo puedo contar, yo no te puedo contar esto con palabras normales. Entonces me doy cuenta de que para mí los cuentos son una manera muy mía de explicar las cosas, de entender la vida. He sido criada con los cuentos toda mi vida, y entonces le digo, hagamos una cosa, déjame el fin de semana y yo intento contártelo en un cuento”.
“Cuando vuelvo a casa me digo, pero bueno, pero qué locura es esta, pero yo cómo le voy a contar… Cojo una cartulina, me tiro al suelo y el cuento empieza a contarse solo, absolutamente solo -continúa María Belón-. De verdad que he vivido lo que es la magia de la creación, de ser simplemente un canal, donde tu mano escribe, donde tu mente piensa, pero hay alguien que te está colocando el personaje, la trama, lo que ocurre, los detalles, y bueno, de repente me encuentro con un dibujo, con una travesía, con un personaje al que le ocurre lo que le ocurre a todo el mundo, que pasa por una circunstancia compleja en la vida, donde de repente la vida te da la vuelta, y cuando vuelves, ya nunca más, afortunadamente, puedes ser quien eras”.

“Y esto lo cuenta Kokoro. Kokoro cuenta qué le pasa, cómo se imagina él la vida y las aventuras. La vida nunca es como la imaginas, siempre es mucho más fabulosa y mucho más aventurera, y Kokoro explica lo que te pasa cuando regresas de esas historias”, nos cuenta María Belón.
“Kokoro es una palabra que para mí es muy importante, que quiere decir corazón, pero no es un corazón latiente, es el corazón espíritu que todos tenemos dentro, eso que te hace un ser único y a la vez que te iguala con todos los demás. Entonces, todo fue muy fácil, fue muy fácil encontrar el nombre del personaje, fue muy fácil encontrar su aventura, fue muy fácil encontrar sus compañeros de travesía. Así que así es como surgió Kokoro, surgió de una pregunta: María, ¿cómo se regresa de estas experiencias en la vida?”
“Estaba preparándome porque me iba a la Feria de Bolonia y estaba preparando en ese momento las charlas a las que iba a asistir, a las que quería presentarme, tenía alguna cita allí con alguna editorial, qué trabajos me llevaba… y de repente recibo una llamada. Me dice que es el representante de María Belón, que si sé quién es, y que ha visto unas ilustraciones mías, que ella tiene un cuento y quiere que yo se lo ilustre”, afirma Sol Ruiz.
“Me cuenta que es la auténtica protagonista de la película ‘Lo imposible’, que si había visto la película, y yo que soy súper admiradora de Bayona, no me lo puedo creer. Le dije que sí, claro, que le diera mi teléfono. Ese día además recuerdo que fui a la radio a grabar el podcast de Mucho que contar. Llegué a la radio y conté lo que me había pasado, y todo el mundo a mi alrededor no paraba de decirme que la llamara, y yo decía, bueno, ya me llamará ella (risas)”.
“Ese mismo día María me llamó y tuvimos una conversación súper larga, me comentó su proyecto, me comentó de qué iba, que era una historia basada en lo que ella había vivido desde su punto de vista ¿no? Quizás era su forma de afrontarlo, y quedamos que le iba a hacer algunos bocetos del personaje y que íbamos hablando”, asegura Sol Ruiz.

“Te miento si te digo que puse un esfuerzo muy grande en crear el personaje, yo lo único que tenía que hacer era estar en silencio, conectarme mucho con mi interior y surgía, surgió el personaje, surgió su nombre, surgió su aspecto, surgió su descripción, surgió su aventura. Yo lo único que tenía que hacer era no traicionarlo, es lo único, y no molestarlo porque si yo le intentaba molestar él se callaba”, confiesa María Belón.
“Yo leí el texto y era esa historia ¿no? Era un viaje del héroe, que vuelve además cambiado de ese viaje. Estuvimos hablando sobre el personaje -afirma Sol Ruiz-. Ella quería que fuera atemporal, que no se supiera muy bien, que no dejara muy claro si era un chico o una chica. Me había pasado una descripción, y Kokoro era sencilla, huele a leña, a hierba fresca, cosas así ¿no? Y claro yo me preguntaba, cuántos años tiene Kokoro o cómo es. Ella decía: tiene que ser inocente, pero a la vez atrevida, una serie de adjetivos que para una ilustradora al final es como campo abierto al máximo ¿no? Pero tenía que encontrar a ese personaje que ella sí sabía cuál era. Me fui a la tinta, que es lo que suelo hacer cuando me pasan ese tipo de cosas, que me atranco. Cojo un pincel, el más viejo que tenga, y me pongo con tinta china y me dejo llevar. Entonces hice un par de bocetos de un par de personajes que a mí ya me decían algo, y antes de seguir trabajando, se lo envié a María. De repente me manda un mensaje, y me dice: es Kokoro, es Kokoro. A partir de ahí fue todo muy rápido”.

“La idea que tenemos es hacer una colección. Todos sabemos cómo estamos en este mundo, todos sabemos que la única solución que tenemos para continuar y evolucionar como comunidad, como especie, es generar mayor conciencia, y eso lo sabe Kokoro, lo sabe muy bien Kokoro, por eso busca un compañero y que son de alguna manera espejo el uno del otro, que son corazón y conciencia, donde esa conciencia va aprendiendo también a través de la vida y va de alguna manera dándole los secretos y consejos a Kokoro”, comenta María Belón. “Y Shiki es la conciencia que nos genera, que somos, pero que también tenemos que escuchar estando muy callados, porque cuando metemos mucho ruido no puedes escuchar ni al corazón ni a la conciencia. Este cuento tiene muchos momentos de silencio, silencio donde estos personajes se engrandecen, se escuchan para podernos contar de qué va la vida, qué es lo que realmente importa en la vida”.
“Terminamos la película y yo me quedo absolutamente abrumada. Cómo le puedo regalar a la productora, a las dos productoras y al director, lo que ellos me han regalado a mí, porque el regalo que me han hecho no tiene nombre, una pieza de arte, de una experiencia de tu vida que además hemos conseguido hacer universal -prosigue María Belón-. Entonces se me ocurre pintarles unas acuarelas de este cuento que a ellos tanto les tocó el corazón, porque fue un momento muy bonito cuando yo compartí ese cuento, hubo muchísima emoción. Jota me dijo: este cuento tienes que editarlo, esto hay que hacerlo. Se me ocurrió hacerles unas acuarelas con mi poca habilidad pictórica, pero con mucho corazón, y les regalé a cada uno una acuarela. De alguna manera esa acuarela era como la espera, la espera de que algún día sea un cuento y pueda yo regalaros una pieza de arte, que es lo que ha hecho Sol Ruiz con estas ilustraciones y Gema Sirvent con esta maravillosa edición de Libre Albedrío”.

“Han pasado 16 años, una de las cosas que yo aprendí cuando volví de esta aventura es que la vida tiene sus ritmos y que no puedes forzarlos, no puedes ni adelantarte ni retrasarte, porque entonces la vida te avisa y Kokoro estuvo esperando. Mucha gente me decía tienes que hacerlo, tienes que editarlo, y yo simplemente sentía mi corazón, yo sentía y decía todavía no, todavía no, ¿por qué? No lo sé. Hasta que determinadas cosas que han pasado en la vida y que están pasando y que van a pasar, Kokoro fue el que me dijo, ya tenemos que movernos. Yo desconozco el mundo editorial, desconozco absolutamente todo, y Kokoro no me lo puso fácil, me lo puso facilísimo. Ha sido un proceso bellísimo, rápido, realmente emocionante. Hemos trabajado Sol, Gema y yo como si fuéramos amigas de toda la vida, de toda la vida, que es lo que sentimos, yo creo una por la otra. Todavía no nos hemos podido abrazar físicamente, pero la comunicación ha sido de una fluidez… En realidad Kokoro nos unió a las tres, porque Kokoro sabía quién tenía que hacer cada papel y cada una nos hemos entregado en cuerpo y alma, hemos mantenido el silencio para que él sea el que dicte cómo tienen que ser las cosas y las tres tenemos esa experiencia en la vida de decir las cosas. Las cosas no hay que forzarlas, tienen que ser como tienen que ser”, asegura María Belón.
“Ha sido todo a través de videoconferencias, pero es como si nos conociéramos de siempre, la verdad es que la sensación que tenemos, al final el trío, porque no solo he sido yo con María, sino también con Gema Sirvent, que ha sido nuestra directora. Manteníamos conversaciones, fue un trabajo tan intenso, que era todos los días hablando, contando cosas, lo llevábamos también mucho a lo personal, a lo que cada una en nuestra vida habíamos tenido que enfrentarnos, porque es la única manera de ver un trabajo así, si al final tiene algo que te ha hecho sentir, esa sensación de que te arrastra una ola, te agarra eso para poder expresarlo, y tanto yo, a lo mejor, con la ilustración, como Gema en la edición, sabíamos a dónde queríamos llegar para poder hacerlo. Ha sido como unos encuentros muy mágicos, y yo creo que hemos entablado una amistad muy sincera, la verdad, estamos deseando pegarnos un abrazo, yo creo que va a ser un día precioso, lloraremos mogollón, pero sí, yo creo que ahí hay un lazo ya fuerte”, afirma Sol Ruiz.

“Me cuesta mucho hablar de las ilustraciones, me parecen de una belleza, me parecen brutales -comenta María Belón-. Creo que Kokoro está más que feliz de haber sido creado por ella, porque su sensibilidad, su lectura, su movimiento, su profundidad, su inocencia, todo está en las ilustraciones, no hay detalle que le sobre, que le falte, y yo creo que Kokoro es porque Sol está aquí. Cuando viví en Japón, la primera vez que fui a un mercadillo de antigüedades, de repente vi una figura muy lejos, muy lejos, que me llama, me llama, me llama, y yo empiezo a moverme, la cojo, la miro y la compro. Esa figura me enloqueció. Yo siempre la he guardado, está como en mi altar, ese personaje”.
“Cuando yo escribo Kokoro -continúa María Belón-, de alguna manera ese personaje que yo veo en mi altar, es Kokoro, pero yo nunca se lo digo a Sol, jamás se lo digo a Sol… Cuando Sol me envía la imagen de Kokoro, hay un momento que me tengo que parar y decir, pero si yo no le he enseñado esa figura, porque además yo estaba en Asturias y esa figura estaba en Madrid. No te puedo explicar lo que tú has hecho, le digo a Sol, pero cuando yo llegue a Madrid te voy a hacer la foto de esa figua que para mí siempre ha sido Kokoro. Cuando yo se la envío, Sol se queda petrificada, petrificada, porque este personaje es ese muñequito que yo compré la primera semana que yo llegué a vivir a Japón”.


“Estaba claro que Kokoro pedía ser algo muy natural, muy poco perfecto, tenía que ser como un trazo que estuviera roto. Entonces, algunos pinceles que ya tengo como elaborados, tengo manchas, yo trabajo con manchas que hago en el estudio, a lo mejor de tinta y tal, las tengo escaneadas, y esa mancha me sirve para crear pinceles con los que yo trabajo las texturas. Y luego siempre me gusta darle un toquecito, un plus, y eso lo hago ya sobre la imagen, hago una impresión de la imagen, y sobre esa imagen ya hago algunos retoquillos, que los suelo hacer con óleo, con gouache, algún lápiz, le meto algún retoque y ya está. Ha sido un proceso tan intenso, tan emotivo, que eso se vuelca dentro de la página -asegura Sol Ruiz-. Yo creo que a lo mejor otros libros que he trabajado no tienen esta carga, y con Kokoro ha sido así, fue un mes súper intenso de trabajo, manteníamos conversaciones con ella, tenía mucha emotividad detrás, María se emocionaba mucho, porque al final yo tenía que buscar, que expresar lo que ella había sentido, lo que ella seguía sintiendo y cómo había vuelto de ese viaje, qué es lo que se traía a través de Kokoro, del personaje, de los personajes que lo rodean”.

“Para mí era una responsabilidad muy grande, porque tú ves una figura que se ha enfrentado a eso, y que tienes que hacer llegar a la gente lo que ella te está transmitiendo… Es muy difícil ponerte en ese lugar, exigía mucha emotividad. Entonces ha sido muy intenso, y eso yo luego lo he notado. Es verdad que Kokoro lleva muy poquito recorrido, pero cuando lo he narrado ya me pasa eso, que me encuentro con gente que después de escuchar el cuento, mayores que me dicen: “son historias que tenéis que contar, porque hay gente que estamos pasando por historias parecidas”, y eso me gusta un montón. María me decía que igual que la película, y ella hablaba con Bayona, quería hacer algo universal, o sea, algo con lo que todo el mundo pudiera identificarse en algún momento, y todos tenemos en nuestra vida a veces esos periodos en los que te tienes que enfrentar a una ola, más grande o más pequeña, pero para ti siempre va a ser una ola, y tienes que afrontarla y cómo vuelves de esos caminos”.
“A pesar de lo que la gente cree inocentemente, es llegar a un objetivo, es conseguir algo, cuando en realidad te estás perdiendo la vida, te la estás perdiendo -cuenta María Belón-. Kokoro inocentemente cree al principio que es el objetivo lo importante, y ya muy pronto descubre que no, que es el proceso de vivir lo que importa, y que ese es el truco de la vida, es el no perderte el día a día, porque eso es la vida, ese es el objetivo. Cuando nosotros hicimos la película, yo le decía a Bayona, yo no estaría aquí si tú no fueras a contar mi historia, porque eso no tendría ningún sentido. No tiene ningún sentido leer un libro, un cuento, que no toca todo lo que es universal para todos los seres humanos, entonces, ¿qué hacemos todos? Pues intentar ir superando las dificultades que la vida nos va poniendo, que nos las va poniendo para que aprendamos, y para que finalmente regresemos al hogar. En realidad vivir es una aventura para que cuando termine tu aventura, realmente digas, este soy yo, que en eso nos igualamos todos”.

“Yo creo que ha sido un crecimiento personal, creo que lo más bonito de este proyecto -afirma Sol Ruiz-, quizá para mí también el hecho de que de repente una figura así, alguien reconocido, que tiene una importancia detrás, de repente se fije en una pequeña ilustradora que está en Almería, que esto es como una isla final del mundo, era como… Primero es como una alegría muy grande. Cuando yo recibí la primera llamada, ella me decía, es que yo he visto unas ilustraciones tuyas, y tienes que ser tú. Ella tenía ofertas de editoriales que le decían, elige el ilustrador que quieras, y el hecho de que a ella le había llegado alguna ilustración mía de esa manera, como para que decidiera que después de tanto tiempo, iba a ver este cuento la luz, y que yo se lo iba a ilustrar, pues te llena, es maravilloso, luego te da un ataque de todo, de ansiedad y de todo, pero eso para mí es muy importante. No sé qué libros me vienen por delante o qué proyectos acabaré haciendo, pero creo que Kokoro va a ser como un punto clave en mi trayectoria, porque creo que lo voy a recordar siempre como algo muy especial”.
“A mí me hablan mucho de la angustia de los creadores, y pienso que cuando eso ocurre es porque estamos poniéndole una cortapisa a la creación, que es, estamos, de alguna manera, poniendo la pantalla del ego, cuando tú quitas el ego y, de alguna manera, te lanzas al río de la creación, lo único que tienes que hacer es obedecer y nada más, y eso es muy bonito, eso es lo que hace el proceso de creación tan bonito, tan honrado y tan responsable como tiene que ser”, concluye María Belón.
Álbum Ilustrado
Pierre-Emmanuel Lyet nos habla de su trabajo en ‘Indomable’
Una niña toma una decisión: abandonar el mundo de los adultos y fundar su propio reino. Salvaje, valiente e indomable, construirá una fortaleza en su cabaña del árbol y gobernará con sus propias leyes. Allí todo estará permitido: no habrá horarios, ni órdenes ni reglas. Rodeada de sus peluches, se siente feroz como una leona, guerrera y libre. Sin embargo, incluso los reinos más poderosos esconden desafíos inesperados cuando cae la noche… ¿Qué estarán haciendo los demás? ¿Se habrán acordado de ella? ‘Indomable’ es un álbum sobre el deseo de libertad, la imaginación infantil y el delicado equilibrio entre la independencia y el cariño de quienes nos esperan en casa. Con estas palabras describe la editorial Kókinos este libro de Morgane de Cadier y Pierre-Emmanuel Lyet. Con éste último charlamos un poquito más sobre este proyecto.

¿Cómo surgió este proyecto? “El proyecto comenzó cuando la editorial me invitó a ilustrar el libro y me envió el texto de Morgane”.
¿Qué podemos encontrar en este libro? “El libro reúne un texto poético e ilustraciones vibrantes que, espero, transporten poco a poco al lector a otro mundo”, nos cuenta Pierre-Emmanuel Lyet.
¿Cómo nació este personaje? “El personaje fue tomando forma a medida que trabajaba en las ilustraciones. Es curioso, porque al principio imaginaba algo más dramático, más cercano al universo de Miyazaki. Pero, sobre la marcha, me inspiré más en ‘Donde viven los monstruos’ (‘Where the Wild Things Are’), de Maurice Sendak. Me encantó la idea de un personaje que se disfraza de animal para parecer salvaje. Para mí, es una niña pequeña —indomable, por supuesto—, pero creo que su disfraz también le confiere un carácter universal. Cualquiera puede identificarse con ella”.

¿Qué pensaste de la historia de Morgane cuando la leíste por primera vez? “El texto de Morgane me cautivó desde la primera lectura; fue lo que me convenció de ilustrar el libro -confiesa Pierre-Emmanuel Lyet-. Me pareció potente y profundamente poético, y despertó mi imaginación al instante. Había en él una fuerza y una libertad enormes, una oleada de energía, casi como un grito. Me pareció maravilloso y no veía la hora de empezar”.
¿Cómo fue el trabajo previo, me refiero al proceso de investigación, documentación, bocetos en algún cuaderno…? “Me lancé a crear las ilustraciones con mucha rapidez, trabajando de forma muy espontánea. Me pareció lo más adecuado para el texto: quería responder a su energía con algo instintivo, en lugar de planificarlo todo intelectualmente de antemano. Me encantó la energía que se desprendía, sobre todo en los colores, que quería que fueran muy vivos. Envié dos o tres ilustraciones a mis fantásticos editores de HongFei para mostrarles la dirección que tenía en mente, y la acogieron de inmediato. Fue una colaboración preciosa”.

¿Podrías contarnos algo sobre las ilustraciones? “La ilustración permite explorar aspectos que no se mencionan explícitamente en el texto, creando una especie de eco entre las palabras y las imágenes -asegura Pierre-Emmanuel Lyet-. Lo que me encantó del texto de Morgane fue su poesía y el espacio que dejaba para la interpretación. Eso me dio libertad para desarrollar a los personajes, en particular a esa niña con su disfraz de animal, cuyos peluches cobran vida y se convierten en sus compañeros. Aunque estos elementos no aparecen descritos explícitamente en el texto, la autora hace referencia a amigos imaginarios; así que los imaginé y les di una presencia física. Mi idea era construir, poco a poco, un mundo a su alrededor, explorando esa incertidumbre sobre si lo que ocurre es real o puramente imaginario. Eso es precisamente lo que me resultó tan apasionante”.

¿Qué técnicas has utilizado en este libro? “He ilustrado este libro mediante pintura digital, una técnica que disfruto especialmente porque me permite trabajar con trazos rápidos, audaces e instintivos. Es muy distinta a mi trabajo con lápices de colores, que resulta más lento y minucioso. En ambos casos busco la luz y el color, pero trabajar directamente sobre una tableta gráfica me otorga una gran libertad para crear las atmósferas que imagino. Puedo experimentar, realizar ajustes y volver atrás siempre que lo necesite. Es una técnica que se presta muy bien al trabajo con la luz. La utilizo con frecuencia en mis proyectos cinematográficos —sobre todo en animación— y también he ilustrado varios libros de esta manera. Es un enfoque diferente al de los lápices de colores, pero que disfruto tanto como aquel”.
¿Cómo fue el proceso general de creación del libro? “Fue muy bien, y además bastante rápido -continúa Pierre-Emmanuel Lyet-. Por supuesto, siempre hay que compaginar un libro con otros proyectos, pero mantuve un diálogo excelente con la editorial, y Morgane confió plenamente en mí. Eso me dio libertad para proponer imágenes bastante atrevidas, especialmente para la portada. No tenía ninguna certeza de que aceptarían, pero tanto la editorial como Morgane quedaron encantadas desde el primer momento. Me alegré muchísimo”.

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Tienes algún proyecto nuevo? “Sí, tengo entre manos algunos proyectos maravillosos. En el ámbito editorial, estoy escribiendo e ilustrando el primer libro de una serie sobre un perro mágico, que publicará la editorial Little Urban. Es una historia que me encanta y en la que llevo pensando mucho tiempo. Espero que sea el primero de muchos. Además, estoy creando ilustraciones para Hermès. Es un encargo maravilloso: valoran mucho la artesanía y las imágenes bellas, y trabajar con ellos me resulta muy gratificante”.
“Estos son mis dos proyectos principales en este momento, pero hay muchos otros en camino, incluidos más libros ilustrados y mi primera novela gráfica para adolescentes y adultos. Es un gran desafío y espero poder hacerla realidad pronto. También tengo algunos proyectos de cine de animación en desarrollo, aunque estos siempre llevan más tiempo. Espero poder contarles más al respecto pronto”.
Álbum Ilustrado
Sandra Castaño nos habla de su trabajo en ‘Alas’
¿No te parece extraño darte cuenta, de repente, de que no tienes alas? ¿Qué pasaría si a todo el mundo le saliesen alas? O mejor, ¿y si todas las cosas tuviesen alas? Todo sería tan distinto… Con este planteamiento la Editorial Thule nos presenta ‘Alas’, un álbum ilustrado de Sandra Castaño. Con ella hemos charlado un poquito más en torno a este libro.
¿Cómo nace este proyecto? “El proyecto de “Alas” nace en una clase que impartía Pato Mena. Exactamente a raíz de una maravillosa propuesta, que era nada más y nada menos que crear un álbum ilustrado desde cero. Creé varias propuestas diferentes y terminé por desarrollar “Alas”. El resto de las propuestas las dejé archivadas para otro momento y me enfoqué en la idea elegida para llevarla a cabo de la mejor manera posible”.
¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Los lectores encontrarán una dinámica de causa consecuencia que se resume en unos personajes de granja a los que les salen alas y la manera en la que actúan éstos con esas alas. A lo largo del libro, hay pausas que dan ritmo a la historia, humor, reaparición de personajes… “Alas» es un álbum divertido que contiene ciertos detalles escondidos en las páginas que le añaden coherencia a la historia. Por no hablar de las guardas, las cuales son dignas de analizar”, nos asegura Sandra Castaño.

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Las ilustraciones hablan por sí solas. Son dibujos muy visuales que muestran claramente la acción que está ocurriendo, de hecho, se podría considerar que existe una sinergia entre el texto y la imagen, que hace muy cómoda y dinámica la lectura. Lo característico de estas ilustraciones es la simpleza que muestran y lo bien que funcionan sin necesidad de ser más detalladas”.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Como bien he mencionado anteriormente, el proyecto de “Alas” nació en el aula y en ese momento estábamos trabajando de una manera digital. Por lo tanto, utilicé una técnica digital que trata de simular parches con textura, superponiendo capas una encima de otra y dándoles forma cautelosamente hasta encontrar una armonía general que funcione. La intención de esta técnica era simular el collage y considero que el acabado ha sido todo un acierto, ya que es una técnica que la propia historia pide a gritos”, nos cuenta Sandra Castaño.

Si Sandra tuviera alas… “Si tuviera alas, considero que vería la vida desde arriba, como un personaje secundario que observa y analiza a la protagonista de la historia. Vería todo con más perspectiva, y dejaría caer desde lo alto del cielo todos los miedos y preocupaciones, para así quitarme pesos innecesarios y volar con esas alas a donde quiera que me lleven. También me haría mi propio nido en la copa del árbol más alto de mi pueblo (aunque creo que ya está ocupado por las cigüeñas)”.
¿Qué has aprendido con este proyecto? “Este proyecto me ha enseñado muchísimo. Me ha enseñado que hay que probar maneras diferentes de ilustrar una idea hasta encontrar la más afín, pero, también me ha enseñado a parar de probar cuando te enamoras de una de las ideas, porque ésta ya habla por sí sola -continúa Sandra Castaño-. “Alas” también me ha enseñado a trabajar en equipo con el editor, cosa que me ha encantado y que me ha aportado puntos de vista muy interesantes para enriquecer la historia. El trabajar de esta manera te hace sentir acompañada en todo momento y eso se agradece”.
“No obstante, el mayor aprendizaje ha sido el descubrir que ésta es mi pasión, que me lo paso como una niña pequeña creando álbumes ilustrados y que sé con certeza que “Alas” será el primero de muchos álbumes ilustrados que haré a lo largo de mi vida”.

Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “Ya he comentado anteriormente que la técnica final ha sido digital. Sin embargo, la creación de personajes, pruebas de color y textura, o bocetos relacionados a las imágenes las realicé sobre papel. Primero, dibujé 12 dobles páginas en las que creé una composición que daba ritmo a la historia: en la página derecha el personaje sin alas abajo y el texto arriba; y en la página izquierda el personaje con alas en la parte de arriba y el texto abajo”.

“Una vez elegida esa dinámica, empecé a pensar personajes que podrían funcionar: un perro, una oveja… incluso metí una pelota que con alas se convertiría en una snitch dorada de Harry Potter pero que terminé retirando.Tras elegir los personajes, empecé a bocetar cómo serían. Ésto diría que fue la parte más complicada ya que no quería que fueran muy detallados, pero, a la vez quería movimiento, vivacidad y expresividad. Finalmente opté por la técnica de la superposición de capas y no puedo estar más contenta con la decisión tomada. Cuando todas las páginas, las guardas y la portada/contraportada cogieron forma, hice una maqueta de cómo sería el álbum en conjunto y, es esa la maqueta que mostré y gustó. Antes de publicarlo se realizaron adaptaciones de color, algún cambio de personaje y corrección de texto, para que finalmente naciera Alas”, afirma Sandra Castaño.

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sí, estoy trabajando en la realización de las ilustraciones para un texto de una tercera persona. Es un proyecto que se convertirá en álbum ilustrado, pero de momento no hay editorial de por medio. Además, tengo varias maquetas de álbumes ilustrados que voy realizando en casa y que me gustaría publicar, en especial dos: uno al que he llamado: “La curiosidad sorprendió al gato”, un álbum con poco texto, pero que interactúa mucho con el lector. Por otro lado, “El cartero”, un álbum ilustrado sobre un cartero que se encarga de repartir el correo en el pueblo, y al que de repente, le aparece un misterioso paquete frente a la puerta”.

“Tengo en una libreta apuntadas muchas ideas de álbum ilustrado que quiero desarrollar y eso es algo que me encanta, ya que me mantiene constantemente activa respecto al álbum, haciéndome experimentar, probar, borrar, colorear y sobre todo disfrutar y mejorar, porque vivimos en un constante aprendizaje”.
Álbum Ilustrado
Manuel Marsol reflexiona en torno a ‘El cielo en casa’
Cuando tenía veinte años, Manuel encontró una fotografía en la vieja casa familiar. La fotografía mostraba a un hombre lanzando un penalti. Había también un portero a contrapié y un balón detenido en el aire. Ninguno de los jugadores que aparecían en la foto le resultaba familiar, excepto uno, el que chutaba el balón. Era su padre, que murió cuando Manuel era un niño. ¿Cómo saber entonces si aquel penalti se convirtió en gol? Como un detective que siguiera la estela borrosa de sus propios pasos en la nieve, Manuel Marsol se sirve de unas pocas películas, de una canción legendaria de Gino Paoli y del penalti fallado por Roberto Baggio en la final del Mundial 94 para contestar la pregunta más apremiante que le plantea su corazón de niño: ¿puede el ser querido seguir vivo en el misterio? Editado por Fulgencio Pimentel, hemos charlado un poquito más sobre ‘El cielo en casa’ con Manuel.

En el origen sobre todo, hay una fotografía. Me gustaría que me hablaras un poquito de eso, del origen, del embrión de este proyecto. “Es una fotografía que yo encuentro. Tendría unos 20 años. La encontré en una casa familiar. Había muchas fotos de fútbol de mi padre, que murió cuando yo tenía 11 años. Encontré muchas fotos de él jugando en campos de arena entre los años 60 y 70. Y me quedé atrapado con esta, porque el balón estaba ahí, era un penalti que él lanzaba, y el balón estaba ahí parado a mitad de camino entre la portería y el punto de penalti, y no se sabía si el balón entraba o no. Como él había muerto cuando yo era pequeño, era una metáfora de todos esos misterios, de todas esas cosas que yo no iba a poder preguntar. A partir de ahí, empecé a trabajar en el libro”.

¿Qué se va a encontrar el lector cuando empiece a pasar las páginas de El cielo en casa? “Se va a encontrar una investigación, pero no la que haría un detective, sino más bien una investigación hacia dentro de uno mismo, hacia la memoria. Me di cuenta que tampoco el libro debía ir tanto sobre esa búsqueda, sino sobre todos los recuerdos que yo tenía con mi padre”, nos cuenta Manuel Marsol.
“Es un libro que está enfocado para el público adulto. Es el primer libro que no hago, digamos, para todos los públicos, por el tono, la manera de contarlo. Y es un viaje hacia el interior, hacia recuerdos con él, películas que veíamos juntos… El formato es de álbum ilustrado, pero tiene una longitud más propia de la novela gráfica. Hay mucho más texto de lo que acostumbro en mis libros”.

“Primero, hay una parte en la que imagino cómo fue ese penalti, cómo pudo suceder. Hay otra parte en la que ya cada vez me voy alejando más de ese balón, y ese balón se va convirtiendo casi más en una estrella en el cielo. Y voy mirando más al pasado, a las películas que veíamos juntos, que tienen resonancias con esta historia. Al final es una historia que habla sobre el estar y el no estar, sobre lo que está adentro y lo que está afuera, como un penalti que marca la diferencia… El gol es la vida y el fallo es la muerte. El ser o no ser. En un penalti está recogidas un montón de metáforas”, continúa Manuel Marsol.

“Por ejemplo, una película como ‘Centauros del desierto’, que es una peli que era de sus favoritas y que veíamos juntos, yo la narro desde los ojos del niño. Y hay cierta simbología con el dentro y el fuera. Es una peli que habla del regreso al hogar, de la casa. Se abre con un plano desde dentro de una casa y se cierra igual. Siempre está presente ahí el marco, lo que entra, lo que sale. Es como si en ese balón cupiesen muchísimas asociaciones. Entonces voy tirando de ese hilo, de ese balón, donde cabe todo lo que hacíamos juntos, canciones que escuchábamos…”.

“Y luego ya hay una relación con el famoso penalti de Baggio en el Mundial del 94, que por una casualidad de fechas tiene mucho que ver con mi padre. Desde que se lanzó el penalti hasta que murió mi padre pasó justo un año. A través de ese penalti, que en su momento yo había visto con otros ojos, desde que Baggio nos había eliminado, y le tenía hasta cierta manía, pues de repente ese penalti se fue cambiando a raíz de ese descubrimiento de las fechas y volviéndose también parte de ese balón suspendido en el aire. Todo sirve para hacerme preguntas de todo tipo”, afirma Manuel Marsol.

Manuel, y en cuanto a las ilustraciones, no sé si has trabajado con alguna cosa diferente o más o menos en la línea en la que venías trabajando hasta ahora. “Yo diría que es una línea un poco distinta, digamos más realista de lo que acostumbro. Es una historia que no es como las anteriores, de fantasía y tal, aunque la hay, hay una parte de fantasía, pero esta necesitaba que estuviese pegada a la realidad. Primero por la foto. La foto es una foto real y a la hora de representarla la dificultad era justo esa… Un equilibrio entre esa parte más expresionista mía y un realismo que necesitaba la historia”.
¿Y técnicas, Manuel? “Es pintura sobre papel. No tiene óleo, no hay collage, no hay digital tampoco. Es todo acrílico, acuarela y lápiz sobre papel”, indica Manuel Marsol.

Estoy viendo ahora una de las imágenes que muestra la editorial del libro y que habla del cine. Se ve en la ilustración incluso el logotipo de La 2 de Televisión Española. “Es porque hay muchos recuerdos… Los objetos guardan como una especie de memoria. El niño que yo fui, el adulto que soy ahora, ve esos objetos de la casa familiar y están cargados de muchos recuerdos. Uno de esos objetos que salen en el libro es la cinta del VHS de Centauros del Desierto. A la hora de hacer el libro la llevé a una tienda, la digitalizaron, y me volví a ver Centauros en calidad VHS”.
“De ahí salieron muchos símbolos, lo que te contaba antes del dentro, del fuera. La búsqueda, porque también está buscando a una niña, que la secuestran los indios, y es una búsqueda sin saber muy bien si la niña está viva o muerta. Es un poco como la búsqueda del balón, algo que tú buscas y buscas, pero no sabes si tiene solución”.
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