Álbum Ilustrado
Sol Ruiz, María Belón y el viaje de ‘Kokoro y el mar’
Kokoro anhela conocer el mar, del mismo azul profundo que sus ojos. Se prepara para el viaje día tras día. Pero, a veces, las cosas no salen como se planean. Un accidente precipita su partida en las condiciones más inesperadas. Sin embargo, tiene todo lo que necesita para enfrentarse a la inmensidad del mar y a la gran ola que la espera en su travesía.
María Belón sobrevivió al tsunami de Asia-Pacífico en diciembre de 2004 con su marido y sus tres hijos. Esta historia nació durante el proceso de escritura del guión de la película ‘Lo imposible‘ (2012) de J. A. Bayona, cuando Jota le pidió: «María, cuéntame qué se aprende al regresar de estas experiencias tan difíciles que la vida nos hace vivir». Fue entonces cuando Kokoro emergió desde el fondo del Mar.
Así nos presenta la Editorial Libre Albedrío ‘Kokoro y el mar‘, un álbum ilustrado de María Belón y Sol Ruiz. Ellas dos nos guían en esta entrevista por el viaje de Kokoro y de este libro.

“Kokoro nace cuando llevamos como un año trabajando el guión de ‘Lo imposible’ con Juan Antonio Bayona, y hay un momento, como en todos los procesos creativos, donde hay como un parón, que es el buscar, el para qué de esta historia, para qué se cuenta esta historia. Y entonces Jota me hace una pregunta, me la tira así como si fuera muy sencilla, y me dice: pero María, ¿cómo se vuelve de estas experiencias? Entonces yo me quedo así como congelada y le digo, es que yo esto no te lo puedo contar, yo no te puedo contar esto con palabras normales. Entonces me doy cuenta de que para mí los cuentos son una manera muy mía de explicar las cosas, de entender la vida. He sido criada con los cuentos toda mi vida, y entonces le digo, hagamos una cosa, déjame el fin de semana y yo intento contártelo en un cuento”.
“Cuando vuelvo a casa me digo, pero bueno, pero qué locura es esta, pero yo cómo le voy a contar… Cojo una cartulina, me tiro al suelo y el cuento empieza a contarse solo, absolutamente solo -continúa María Belón-. De verdad que he vivido lo que es la magia de la creación, de ser simplemente un canal, donde tu mano escribe, donde tu mente piensa, pero hay alguien que te está colocando el personaje, la trama, lo que ocurre, los detalles, y bueno, de repente me encuentro con un dibujo, con una travesía, con un personaje al que le ocurre lo que le ocurre a todo el mundo, que pasa por una circunstancia compleja en la vida, donde de repente la vida te da la vuelta, y cuando vuelves, ya nunca más, afortunadamente, puedes ser quien eras”.

“Y esto lo cuenta Kokoro. Kokoro cuenta qué le pasa, cómo se imagina él la vida y las aventuras. La vida nunca es como la imaginas, siempre es mucho más fabulosa y mucho más aventurera, y Kokoro explica lo que te pasa cuando regresas de esas historias”, nos cuenta María Belón.
“Kokoro es una palabra que para mí es muy importante, que quiere decir corazón, pero no es un corazón latiente, es el corazón espíritu que todos tenemos dentro, eso que te hace un ser único y a la vez que te iguala con todos los demás. Entonces, todo fue muy fácil, fue muy fácil encontrar el nombre del personaje, fue muy fácil encontrar su aventura, fue muy fácil encontrar sus compañeros de travesía. Así que así es como surgió Kokoro, surgió de una pregunta: María, ¿cómo se regresa de estas experiencias en la vida?”
“Estaba preparándome porque me iba a la Feria de Bolonia y estaba preparando en ese momento las charlas a las que iba a asistir, a las que quería presentarme, tenía alguna cita allí con alguna editorial, qué trabajos me llevaba… y de repente recibo una llamada. Me dice que es el representante de María Belón, que si sé quién es, y que ha visto unas ilustraciones mías, que ella tiene un cuento y quiere que yo se lo ilustre”, afirma Sol Ruiz.
“Me cuenta que es la auténtica protagonista de la película ‘Lo imposible’, que si había visto la película, y yo que soy súper admiradora de Bayona, no me lo puedo creer. Le dije que sí, claro, que le diera mi teléfono. Ese día además recuerdo que fui a la radio a grabar el podcast de Mucho que contar. Llegué a la radio y conté lo que me había pasado, y todo el mundo a mi alrededor no paraba de decirme que la llamara, y yo decía, bueno, ya me llamará ella (risas)”.
“Ese mismo día María me llamó y tuvimos una conversación súper larga, me comentó su proyecto, me comentó de qué iba, que era una historia basada en lo que ella había vivido desde su punto de vista ¿no? Quizás era su forma de afrontarlo, y quedamos que le iba a hacer algunos bocetos del personaje y que íbamos hablando”, asegura Sol Ruiz.

“Te miento si te digo que puse un esfuerzo muy grande en crear el personaje, yo lo único que tenía que hacer era estar en silencio, conectarme mucho con mi interior y surgía, surgió el personaje, surgió su nombre, surgió su aspecto, surgió su descripción, surgió su aventura. Yo lo único que tenía que hacer era no traicionarlo, es lo único, y no molestarlo porque si yo le intentaba molestar él se callaba”, confiesa María Belón.
“Yo leí el texto y era esa historia ¿no? Era un viaje del héroe, que vuelve además cambiado de ese viaje. Estuvimos hablando sobre el personaje -afirma Sol Ruiz-. Ella quería que fuera atemporal, que no se supiera muy bien, que no dejara muy claro si era un chico o una chica. Me había pasado una descripción, y Kokoro era sencilla, huele a leña, a hierba fresca, cosas así ¿no? Y claro yo me preguntaba, cuántos años tiene Kokoro o cómo es. Ella decía: tiene que ser inocente, pero a la vez atrevida, una serie de adjetivos que para una ilustradora al final es como campo abierto al máximo ¿no? Pero tenía que encontrar a ese personaje que ella sí sabía cuál era. Me fui a la tinta, que es lo que suelo hacer cuando me pasan ese tipo de cosas, que me atranco. Cojo un pincel, el más viejo que tenga, y me pongo con tinta china y me dejo llevar. Entonces hice un par de bocetos de un par de personajes que a mí ya me decían algo, y antes de seguir trabajando, se lo envié a María. De repente me manda un mensaje, y me dice: es Kokoro, es Kokoro. A partir de ahí fue todo muy rápido”.

“La idea que tenemos es hacer una colección. Todos sabemos cómo estamos en este mundo, todos sabemos que la única solución que tenemos para continuar y evolucionar como comunidad, como especie, es generar mayor conciencia, y eso lo sabe Kokoro, lo sabe muy bien Kokoro, por eso busca un compañero y que son de alguna manera espejo el uno del otro, que son corazón y conciencia, donde esa conciencia va aprendiendo también a través de la vida y va de alguna manera dándole los secretos y consejos a Kokoro”, comenta María Belón. “Y Shiki es la conciencia que nos genera, que somos, pero que también tenemos que escuchar estando muy callados, porque cuando metemos mucho ruido no puedes escuchar ni al corazón ni a la conciencia. Este cuento tiene muchos momentos de silencio, silencio donde estos personajes se engrandecen, se escuchan para podernos contar de qué va la vida, qué es lo que realmente importa en la vida”.
“Terminamos la película y yo me quedo absolutamente abrumada. Cómo le puedo regalar a la productora, a las dos productoras y al director, lo que ellos me han regalado a mí, porque el regalo que me han hecho no tiene nombre, una pieza de arte, de una experiencia de tu vida que además hemos conseguido hacer universal -prosigue María Belón-. Entonces se me ocurre pintarles unas acuarelas de este cuento que a ellos tanto les tocó el corazón, porque fue un momento muy bonito cuando yo compartí ese cuento, hubo muchísima emoción. Jota me dijo: este cuento tienes que editarlo, esto hay que hacerlo. Se me ocurrió hacerles unas acuarelas con mi poca habilidad pictórica, pero con mucho corazón, y les regalé a cada uno una acuarela. De alguna manera esa acuarela era como la espera, la espera de que algún día sea un cuento y pueda yo regalaros una pieza de arte, que es lo que ha hecho Sol Ruiz con estas ilustraciones y Gema Sirvent con esta maravillosa edición de Libre Albedrío”.

“Han pasado 16 años, una de las cosas que yo aprendí cuando volví de esta aventura es que la vida tiene sus ritmos y que no puedes forzarlos, no puedes ni adelantarte ni retrasarte, porque entonces la vida te avisa y Kokoro estuvo esperando. Mucha gente me decía tienes que hacerlo, tienes que editarlo, y yo simplemente sentía mi corazón, yo sentía y decía todavía no, todavía no, ¿por qué? No lo sé. Hasta que determinadas cosas que han pasado en la vida y que están pasando y que van a pasar, Kokoro fue el que me dijo, ya tenemos que movernos. Yo desconozco el mundo editorial, desconozco absolutamente todo, y Kokoro no me lo puso fácil, me lo puso facilísimo. Ha sido un proceso bellísimo, rápido, realmente emocionante. Hemos trabajado Sol, Gema y yo como si fuéramos amigas de toda la vida, de toda la vida, que es lo que sentimos, yo creo una por la otra. Todavía no nos hemos podido abrazar físicamente, pero la comunicación ha sido de una fluidez… En realidad Kokoro nos unió a las tres, porque Kokoro sabía quién tenía que hacer cada papel y cada una nos hemos entregado en cuerpo y alma, hemos mantenido el silencio para que él sea el que dicte cómo tienen que ser las cosas y las tres tenemos esa experiencia en la vida de decir las cosas. Las cosas no hay que forzarlas, tienen que ser como tienen que ser”, asegura María Belón.
“Ha sido todo a través de videoconferencias, pero es como si nos conociéramos de siempre, la verdad es que la sensación que tenemos, al final el trío, porque no solo he sido yo con María, sino también con Gema Sirvent, que ha sido nuestra directora. Manteníamos conversaciones, fue un trabajo tan intenso, que era todos los días hablando, contando cosas, lo llevábamos también mucho a lo personal, a lo que cada una en nuestra vida habíamos tenido que enfrentarnos, porque es la única manera de ver un trabajo así, si al final tiene algo que te ha hecho sentir, esa sensación de que te arrastra una ola, te agarra eso para poder expresarlo, y tanto yo, a lo mejor, con la ilustración, como Gema en la edición, sabíamos a dónde queríamos llegar para poder hacerlo. Ha sido como unos encuentros muy mágicos, y yo creo que hemos entablado una amistad muy sincera, la verdad, estamos deseando pegarnos un abrazo, yo creo que va a ser un día precioso, lloraremos mogollón, pero sí, yo creo que ahí hay un lazo ya fuerte”, afirma Sol Ruiz.

“Me cuesta mucho hablar de las ilustraciones, me parecen de una belleza, me parecen brutales -comenta María Belón-. Creo que Kokoro está más que feliz de haber sido creado por ella, porque su sensibilidad, su lectura, su movimiento, su profundidad, su inocencia, todo está en las ilustraciones, no hay detalle que le sobre, que le falte, y yo creo que Kokoro es porque Sol está aquí. Cuando viví en Japón, la primera vez que fui a un mercadillo de antigüedades, de repente vi una figura muy lejos, muy lejos, que me llama, me llama, me llama, y yo empiezo a moverme, la cojo, la miro y la compro. Esa figura me enloqueció. Yo siempre la he guardado, está como en mi altar, ese personaje”.
“Cuando yo escribo Kokoro -continúa María Belón-, de alguna manera ese personaje que yo veo en mi altar, es Kokoro, pero yo nunca se lo digo a Sol, jamás se lo digo a Sol… Cuando Sol me envía la imagen de Kokoro, hay un momento que me tengo que parar y decir, pero si yo no le he enseñado esa figura, porque además yo estaba en Asturias y esa figura estaba en Madrid. No te puedo explicar lo que tú has hecho, le digo a Sol, pero cuando yo llegue a Madrid te voy a hacer la foto de esa figua que para mí siempre ha sido Kokoro. Cuando yo se la envío, Sol se queda petrificada, petrificada, porque este personaje es ese muñequito que yo compré la primera semana que yo llegué a vivir a Japón”.


“Estaba claro que Kokoro pedía ser algo muy natural, muy poco perfecto, tenía que ser como un trazo que estuviera roto. Entonces, algunos pinceles que ya tengo como elaborados, tengo manchas, yo trabajo con manchas que hago en el estudio, a lo mejor de tinta y tal, las tengo escaneadas, y esa mancha me sirve para crear pinceles con los que yo trabajo las texturas. Y luego siempre me gusta darle un toquecito, un plus, y eso lo hago ya sobre la imagen, hago una impresión de la imagen, y sobre esa imagen ya hago algunos retoquillos, que los suelo hacer con óleo, con gouache, algún lápiz, le meto algún retoque y ya está. Ha sido un proceso tan intenso, tan emotivo, que eso se vuelca dentro de la página -asegura Sol Ruiz-. Yo creo que a lo mejor otros libros que he trabajado no tienen esta carga, y con Kokoro ha sido así, fue un mes súper intenso de trabajo, manteníamos conversaciones con ella, tenía mucha emotividad detrás, María se emocionaba mucho, porque al final yo tenía que buscar, que expresar lo que ella había sentido, lo que ella seguía sintiendo y cómo había vuelto de ese viaje, qué es lo que se traía a través de Kokoro, del personaje, de los personajes que lo rodean”.

“Para mí era una responsabilidad muy grande, porque tú ves una figura que se ha enfrentado a eso, y que tienes que hacer llegar a la gente lo que ella te está transmitiendo… Es muy difícil ponerte en ese lugar, exigía mucha emotividad. Entonces ha sido muy intenso, y eso yo luego lo he notado. Es verdad que Kokoro lleva muy poquito recorrido, pero cuando lo he narrado ya me pasa eso, que me encuentro con gente que después de escuchar el cuento, mayores que me dicen: “son historias que tenéis que contar, porque hay gente que estamos pasando por historias parecidas”, y eso me gusta un montón. María me decía que igual que la película, y ella hablaba con Bayona, quería hacer algo universal, o sea, algo con lo que todo el mundo pudiera identificarse en algún momento, y todos tenemos en nuestra vida a veces esos periodos en los que te tienes que enfrentar a una ola, más grande o más pequeña, pero para ti siempre va a ser una ola, y tienes que afrontarla y cómo vuelves de esos caminos”.
“A pesar de lo que la gente cree inocentemente, es llegar a un objetivo, es conseguir algo, cuando en realidad te estás perdiendo la vida, te la estás perdiendo -cuenta María Belón-. Kokoro inocentemente cree al principio que es el objetivo lo importante, y ya muy pronto descubre que no, que es el proceso de vivir lo que importa, y que ese es el truco de la vida, es el no perderte el día a día, porque eso es la vida, ese es el objetivo. Cuando nosotros hicimos la película, yo le decía a Bayona, yo no estaría aquí si tú no fueras a contar mi historia, porque eso no tendría ningún sentido. No tiene ningún sentido leer un libro, un cuento, que no toca todo lo que es universal para todos los seres humanos, entonces, ¿qué hacemos todos? Pues intentar ir superando las dificultades que la vida nos va poniendo, que nos las va poniendo para que aprendamos, y para que finalmente regresemos al hogar. En realidad vivir es una aventura para que cuando termine tu aventura, realmente digas, este soy yo, que en eso nos igualamos todos”.

“Yo creo que ha sido un crecimiento personal, creo que lo más bonito de este proyecto -afirma Sol Ruiz-, quizá para mí también el hecho de que de repente una figura así, alguien reconocido, que tiene una importancia detrás, de repente se fije en una pequeña ilustradora que está en Almería, que esto es como una isla final del mundo, era como… Primero es como una alegría muy grande. Cuando yo recibí la primera llamada, ella me decía, es que yo he visto unas ilustraciones tuyas, y tienes que ser tú. Ella tenía ofertas de editoriales que le decían, elige el ilustrador que quieras, y el hecho de que a ella le había llegado alguna ilustración mía de esa manera, como para que decidiera que después de tanto tiempo, iba a ver este cuento la luz, y que yo se lo iba a ilustrar, pues te llena, es maravilloso, luego te da un ataque de todo, de ansiedad y de todo, pero eso para mí es muy importante. No sé qué libros me vienen por delante o qué proyectos acabaré haciendo, pero creo que Kokoro va a ser como un punto clave en mi trayectoria, porque creo que lo voy a recordar siempre como algo muy especial”.
“A mí me hablan mucho de la angustia de los creadores, y pienso que cuando eso ocurre es porque estamos poniéndole una cortapisa a la creación, que es, estamos, de alguna manera, poniendo la pantalla del ego, cuando tú quitas el ego y, de alguna manera, te lanzas al río de la creación, lo único que tienes que hacer es obedecer y nada más, y eso es muy bonito, eso es lo que hace el proceso de creación tan bonito, tan honrado y tan responsable como tiene que ser”, concluye María Belón.
Álbum Ilustrado
Rut Pedreño nos acompaña en ‘Parque de perros’
Como todos los días, un chico y su perro salen a pasear por el parque, pero un pequeño ser aparece y en un instante se separan. De pronto, cada uno debe emprender la búsqueda del otro entre caminos extraños y criaturas desconocidas. Editado por La Granja Editorial, ‘Parque de perros’ es un viaje silencioso sobre la añoranza, la amistad y la belleza de reencontrarse. Un trabajo de Rut Pedreño, con la que charlamos un poquito más sobre este libro.

¿Dónde está el origen de este proyecto? “Parque de Perros surge primero como un proyecto de cinco ilustraciones que realicé para presentarlo a la convocatoria Iberoamérica Ilustra de 2021, en la que fue seleccionado para formar parte del catálogo. En los siguientes años rescaté este trabajo y desarrollé unas 15 páginas a mayores y lo imprimí como fanzine para moverlo en ferias de autoedición. Fue allí donde conocí a la editorial La Granja que mostró interés en publicarlo, y aunque esto quedó un poco en el aire, me gustó tanto su línea editorial y el cuidado que le ponen a todos sus libros, que siempre tuve de fondo la idea de trabajar con ellos. Cuando en 2024 me concedieron una de las Ayudas INJUVE a la Creación para producir el libro, quise aprovechar para darle un cierre a la historia y no dudé en ponerme en contacto con ellos. El libro finalmente consta de 80 páginas”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Es un libro mudo que nos cuenta la historia de cómo un chico y un perro se separan por accidente durante un paseo y lo que sucede mientras se buscan. Una historia sobre la amistad que se desarrolla en un mundo que se mueve entre lo real y lo onírico, apareciendo algunos personajes o criaturas fantásticas y lleno de metáforas visuales”, nos cuenta Rut Pedreño.
Háblanos un poco del formato del libro. “Gracias a las ayudas de INJUVE pude tener más control sobre el acabado final del libro invirtiendo la mayor parte del dinero en la producción del propio libro. Quería que el libro tuviera valor como objeto y que el formato y elección de papel aportará; es por ello que elegí un formato pequeño, muy parecido al del fanzine inicial y un papel poroso. Creo que esto le ha dado un carácter especial y una calidez que lo distingue de otras publicaciones. Puede que también surgiera inconscientemente de mi predilección por los objetos y cosas minúsculas”.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Como ha sido un proyecto que se ha alargado mucho en el tiempo, ha tenido muchas fases distintas. Pero sí, el germen está en pequeños bocetos en mis cuadernos, casi todos con tinta en blanco y negro. Al pensar en el libro, decidí que quería hacer algo distinto a lo que ya tenía y desmarcarme de las ilustraciones del fanzine dibujándolo desde 0”.
“Desde hace un tiempo estoy retomando el trabajo con medios tradicionales -continúa Rut Pedreño-, venía de trabajar prácticamente en exclusiva en digital y llegó un punto en el que sentí que estaba perdiendo esa parte de los procesos en el que te permites jugar y experimentar, que para mi, es lo que da sentido a crear. Me propuse usar el libro como ejercicio para recuperar esto, pero al ser un proyecto largo tenía que ponerme algunas pautas. Garabateé el storyboard en un cuaderno y aproveche este inicio del libro que ya tenía claro gracias al zine para hacer pruebas con distintos materiales y papeles hasta que encontré el tono y las paletas de color. Como siempre, tuve que estar compaginando este proyecto personal con encargos, por lo que tuve que realizar las páginas en poco tiempo para llegar a la fecha de entrega, creo que esto ayudó también a que el dibujo se vea más fresco y espontáneo”.

¿Por qué un libro sin palabras? “Al partir de estas 5 primeras ilustraciones que hice para la convocatoria, el fanzine del que surge también era mudo y quise mantenerlo y poner el foco en la narrativa visual y lo plástico. Cuando trabajo en proyectos suelo hacer muchas anotaciones escritas, sin embargo tengo una tendencia natural a querer contar más desde la imagen que desde el texto, supongo que es algo que va con mi forma de ser. Me gusta huir de lo explícito y hacer una historia muda es perfecto para ese fin, de este modo obligo al lector a detenerse en el dibujo y a hacer su propia interpretación de lo que está sucediendo”, asegura Rut Pedreño.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Como comentaba antes, creo que tienen un aspecto más fresco, menos perfeccionista y por mi parte, estoy muy contenta, porque era el objetivo. He trabajado con paletas de color limitadas, que es algo que no hago siempre pese a tener predilección por algunos tonos. También ha sido mi retorno a realizar un libro con medios tradicionales. También ha habido un cambio en la temática y enfoque, sobre todo viniendo de hacer “Al otro lado de la Vía” que es un libro que tiene un tono más intimista y realista, en este caso es una historia cercana a la fábula y al cuento, con elementos fantásticos. Me ha gustado mucho la sensación de descubrir un mundo nuevo. Se ha convertido en un proyecto muy especial del que he aprendido mucho y siento que ha marcado un antes y un después en la manera en la que quiero enfrentar mis próximos proyectos”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Principalmente gouache acrílico, aunque también usé ceras, pigmento acuarelable, lápices de color y rotuladores acrílicos”, nos cuenta Rut Pedreño.
Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. “Ha sido un proyecto que se ha extendido mucho en el tiempo y ha tenido muchas versiones y enfoques, creo que esto permitió que, cuando me puse manos a la obra con el libro, me fuera posible hacerlo dejándome llevar e ir descubriendo lo que sucedía en la historia según dibujaba con cierta improvisación”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Este año se publicará un cómic infantil nuevo con Katia Klein como guionista. Es un libro muy colorido que da continuidad a Tuli, el protagonista de los libros de cartón de 0-3 años que sacamos junto a Combel a principio de año, para que niños un poco más mayores que están empezando a leer puedan seguir disfrutándolo. Por otro lado, sigo con mi trabajo como ilustradora, y espero poder trabajar pronto en algún proyecto personal nuevo”.
Álbum Ilustrado
Marina Montero nos acerca a la ‘Mecánica ilustrada’
¿Por qué una pelota vuelve al suelo cuando la lanzas? ¿Cómo consigue una noria mantenerse en movimiento? ¿Qué tienen en común una tortilla, un satélite, una bicicleta y una montaña rusa? La mecánica clásica es la rama de la física que estudia el movimiento de los cuerpos y las fuerzas que actúan sobre ellos. Aunque pueda parecer una disciplina compleja, sus principios están presentes en casi todo lo que hacemos cada día. Con un lenguaje accesible, mucho humor y unas ilustraciones llenas de personalidad, Marina Montero convierte conceptos como la gravedad, la inercia, la energía o las leyes de Newton en experiencias visuales fáciles de comprender y difíciles de olvidar. Premio Andersen de iIlustración 2026, ‘Mecánica ilustrada’ es un álbum que edita Zahorí Books y que estará en librerías los primeros días de septiembre. Con su autora hemos charlado un poquito más sobre este maravilloso libro.

¿Dónde está el origen de este proyecto? “El origen de este libro está en el proyecto final de un curso de ilustración que realicé en la Escuela Minúscula. Aunque, pensándolo bien, creo que la semilla se plantó mucho antes, cuando dibujaba e ilustraba mis propios apuntes durante primaria y secundaria para motivarme con el estudio. El dibujo siempre fue clave en mis procesos de aprendizaje, sobre todo en las materias científicas, a pesar de que al terminar el bachillerato me decantase por las Bellas Artes”.
“Cuando me enfrenté al proyecto final del curso, volví a los manuales escolares de física que tan tediosos me parecían en su momento y, de repente, descubrí un universo fascinante -continúa Marina Montero-. No me preocupaba tanto comprender el contenido denso, sino que me cautivaron los diagramas y ese lenguaje visual científico tan cuadriculado, encontré una belleza inesperada en él. Tuve claro que quería apropiarme de esa estética, llevármela a mi terreno y explorar algo nuevo. El detonante fueron unas ilustraciones de máquinas simples del siglo XVIII que me parecieron hermosas. A partir de ahí nació la idea de crear una especie de glosario ilustrado de principios físicos. Tras presentarlo, hice una breve tirada en fanzine con Another Press y funcionó muy bien. Después lo presenté al Serpa Award y, gracias a la mención especial, contactaron conmigo unos editores italianos (Quinto Quarto) que vieron el potencial del proyecto para convertirse en un libro de física para niños”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Encontrarán una introducción algo particular a la mecánica clásica, que viene siendo la física de las cosas que podemos ver y tocar: aquella que no es ni macro ni microscópica y que no viaja a la velocidad de la luz. Se trata de un recorrido por algunos de los principios fundamentales de la mecánica clásica: levantarse de la cama, entrar en el metro, recalentarse unos espaguetis, dar la vuelta a la tortilla… Quiero decir: las máquinas simples, las leyes de newton, la ley de gravitación universal, los tipos de movimientos, las fuerzas… y que son explicados a través de situaciones cotidianas aparentemente absurdas o banales. Además, la editorial me pidió añadir breve repaso histórico para conocer a los pensadores que formularon estas ideas”, asegura Marina Montero.
¿Qué ha supuesto el reconocimiento en Bolonia? ¿Y el premio Andersen? “Honestamente, ni siquiera imaginaba que esta idea pudiera llegar a publicarse en formato libro, así que todo lo que ha venido después me ha sorprendido enormemente. Estoy muy feliz por estos reconocimientos y porque se haya valorado el trabajo. Sobre todo, me alegra ver que se apuesta por propuestas inusuales y por la visión subjetiva del creador. Siento que en este proyecto he podido ser muy fiel a mí misma”.


¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Realmente fue la fase más lúdica del proceso -confiesa Marina Montero-. Elaboré un listado con los principios y fenómenos físicos que deseaba incluir. Los buscaba en manuales para analizar cómo se representaban visualmente y leer su definición teórica. A partir de ahí, el reto consistía en buscar analogías o momentos cotidianos que encajaran con ese principio físico para integrarlos en la composición”.
“Una vez resuelto esto, tocaba plasmar en la ilustración los diferentes vectores y magnitudes. Finalmente, tomaba la definición científica original y la modificaba para que dialogara con la escena cotidiana. Fue como realizar un ejercicio de estilo como hizo Raymond Queneau en 1947 con su obra Ejercicios de estilo, que era un referente que tenía muy presente en la cabeza en ese momento y que descubrí gracias a una clase con la ilustradora Ana Bustelo. Como es natural, también descarté muchas ideas por el camino. Algunos ejemplos cotidianos no lograban sintetizar bien el principio físico o resultaban menos sugerentes”.


¿Cuál ha sido tu mayor descubrimiento tras todo ese proceso? “He aprendido muchísimo en el camino y me cuesta elegir un solo descubrimiento. Sin embargo, algo bellísimo ha sido comprobar que es posible trabajar con editores que confían plenamente en tu criterio y en tu visión artística. Antes de este proyecto, no me proyectaba como «autora» de libros ni pensaba que tuviera grandes historias que contar, me veía más como una ilustradora de encargo. Este proceso me ha demostrado que sí tengo una voz propia y que, curiosamente, lo que me interesa narrar a menudo está estrechamente ligado a la ciencia”, afirma Marina Montero.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Creo que lo que caracteriza a estas piezas es el nivel de síntesis que he alcanzado, el cual dialoga muy bien con el código gráfico y técnico de la ciencia. Es un registro que no había explorado en proyectos anteriores y me sorprende lo bien que funciona en este contexto. También resultó novedoso para mí plantear una estructura en el diseño de la doble página: en el lado izquierdo presento los «ingredientes» (la definición, la fórmula, los personajes, las “variables” en juego), mientras que la página derecha funciona como la «resolución» visual del problema”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Combiné técnicas digitales y analógicas. Siempre me gusta que mis ilustraciones contengan un componente táctil. En este caso, incorporé texturas de grafito, pinceles y tinta realizadas sobre papel -nos cuenta Marina Montero-. Después las integré digitalmente para aportar un acabado más orgánico. El digital me permite trabajar con la agilidad y rapidez necesarias para abordar un proyecto de este tipo. Para proyectos de otra naturaleza, sigo prefiriendo la pausa y la plasticidad del papel”.
Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. “Dediqué mucho tiempo a la investigación, especialmente cuando llegó el momento de ampliar la parte científica. Tuve que repasar conceptos y detenerme a comprender a fondo nociones que ya había olvidado. Precisamente eso es algo que valoro enormemente de esta experiencia, el haber recuperado el interés por materias que en su día me parecieron más ajenas. Poder mirarlas hoy con otra perspectiva y transformarlas en una propuesta creativa ha sido muy motivador y enriquecedor, sobre todo pensando en que pueda inspirar a otras personas a mirar la física con otros ojos”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Actualmente estoy ilustrando un nuevo álbum con Quinto Quarto, la editorial que publicó el título original en italiano. En esta ocasión trabajo sobre un texto e idea de otra autora: un libro que explora los diferentes tipos de corazas y armaduras, desde las que existen en el mundo natural hasta las creadas por el ser humano. En paralelo, estoy desarrollando otro proyecto con la editorial que lo publica en España, Zahorí Books, en coedición con el CSIC, para la colección Mentes Curiosas”.
Álbum Ilustrado
Ester García y ‘El día en que Úrsula Mon se convirtió en oso’
‘El día en que Úrsula Mon se convirtió en oso’ es una novela emotiva y magnética que transcurre en las montañas del norte peninsular, con una protagonista valiente y frágil, fuerte y vulnerable. Úrsula es una niña diferente que ha forjado una fortaleza especial para sobrellevar la ausencia de su madre, la convivencia con su abuela y superar las dificultades de comunicación por su tartamudez. Su infancia está marcada por las adversidades, los complejos y el rechazo en la escuela, que la llevan a refugiarse y evadirse en el bosque como una criatura más en la libertad de la naturaleza, desarrollando una habilidad única para entenderse con la fauna. Algo maravilloso le cambia la vida: el encuentro con un oso despierta en ella una conexión emocional tan intensa que buscar el reencuentro con ese imponente animal se vuelve una obsesión, desafiando incluso las advertencias del guarda forestal que, junto con la nueva maestra que llega a la aldea, son de las pocas personas que la comprenden.
Con una narrativa envolvente que atrapa y conmueve, Mónica Rodríguez se adentra en su Asturias natal para crear este relato, un viaje personal que comienza cuando las pupilas de su protagonista se funden con la mirada penetrante de un oso pardo. Ester García acompaña el texto con unas espectaculares imágenes realistas, de gran detallismo, que destacan por su calado poético, la expresividad y la ternura de los personajes que representa. Con ella hemos hablado un poco más sobre su trabajo en este libro que edita Kalandraka.

Lo primero, cuéntanos dónde está el origen de este proyecto. “El punto de partida fue una llamada de Manuela, que me invitó a leer esta historia de Mónica porque desde la editorial Kalandraka pensaban que podría ser yo quien la ilustrara. Me contó que era una novela ambientada en Asturias, con un oso y una niña como protagonistas, y que a ellos les había fascinado. Creo que no necesité saber mucho más para lanzarme a la aventura”.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Mónica va a llevarles de la mano a través de una historia en la que la naturaleza está muy presente. Úrsula, la protagonista, vive en un entorno rural y se siente diferente a todos los que la rodean. Encuentra cobijo y consuelo en el bosque y los animales que lo habitan. A través de su mirada nos adentramos en una reflexión honda sobre la soledad, el abandono y el instinto de supervivencia. El encuentro de Úrsula con un oso marcará el inicio de una transformación que cambiará para siempre su manera de habitar el mundo”, nos cuenta Ester García.

¿Qué te pareció la historia de Mónica la primera vez que la leíste? ¿Qué es lo que más te gusta del relato? “Me resultó una novela muy hermosa, y también dura. Tiene un punto salvaje, y a la vez está narrada con mucha sensibilidad. Disfruto de la poética presente en las historias que Mónica crea, y de la naturalidad con la que hace avanzar el relato. Todo es muy verdadero, como si ella nos escribiese desde allí, en el monte, acompañando a los personajes, sintiendo con ellos, sabiendo de sus pensamientos, emociones y anhelos. Es un libro muy sensorial, de olores, tonos, sonidos y sensaciones. También silencios. Todo ello hace que haberlo ilustrado haya sido verdaderamente inspirador”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Siempre imprimo el manuscrito -no me gusta trabajar leyendo en el ordenador- y en los márgenes van apareciendo ideas, esbozos, palabras sueltas… Voy subrayando y tomando notas de los pasajes que me resultan más relevantes. Después, esas primeras ideas crecen en hojas aparte: las dibujo, las comparo, las dejo reposar, las descarto o vuelvo a ellas hasta que encuentran su forma -continúa Ester García-. También dedico mucho tiempo a la documentación. Reúno fotografías de animales, insectos, árboles o plantas y las organizo en carpetas que me acompañan durante el proceso. Me gusta que cada elemento pertenezca de verdad al lugar y al tiempo de la historia. En este caso, como la narración transcurre en paisaje de monte Asturiano, ha sido una oportunidad para perderme en el bosque y retratar algunas referencias de primera mano”.


Cuéntanos algo sobre las ilustraciones. Sigues más o menos con la línea de los últimos trabajos, ¿no? “Siempre que inicio un proyecto, lo que más tarda en aparecer es la primera imagen que dará el tono general al libro. Normalmente hago distintas pruebas, hasta que ya tengo una ilustración que abre el camino. En este libro, ese punto de partida fueron dos retratos, el del oso y el de Úrsula, ambos de frente. Desde el principio supe que esas dos miradas debían ocupar el centro de la historia. Fueron el tronco del que nació el resto. Y todo lo demás fue ir construyendo alrededor de ellas, ramas y hojas, hasta terminar el árbol de las ilustraciones, del libro”, nos cuenta Ester García.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Tinta Quink y grafito. Una vez escaneadas, apliqué un leve color digital”.



Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. Por lo que hemos visto en alguna imagen, al menos algún tema de ‘El último de la fila’ ha estado ahí en la banda sonora del proceso… “Sí, jeje… En esta ocasión me acompañaron mucho temas tan emblemáticos como «La piedra redonda» o «Dios de la lluvia». Suelo elegir una banda sonora de canciones concretas, y hacer una pequeña playlist de canciones que relaciono con el libro. Me ayudan a permanecer dentro de la historia mientras dibujo -asegura Ester García-. Desde hace un tiempo, además, he incorporado otra pequeña costumbre. A medida que voy avanzando en las ilustraciones, las coloco unas junto a otras en un panel, todas a la vista, para convivir con ellas. Me gusta ver cómo dialogan entre sí cuando están en proceso, y me ayuda a que el libro conserve una armonía visual de principio a fin y tenga coherencia.


¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Acabo de terminar un álbum ilustrado para pequeños lectores, y ahora mismo estoy comenzando a ilustrar un clásico al que le tengo muchas ganas”.
-
Álbum Ilustrado2 semanas agoIna Hristova ilustra ‘Haikus para detener un tren’
-
Cómic2 semanas agoJúlia Rubau nos descubre ‘El misterio de la Geoda Rosada’
-
Álbum Ilustrado1 semana agoEster García y ‘El día en que Úrsula Mon se convirtió en oso’
-
Álbum Ilustrado6 días agoMarina Montero nos acerca a la ‘Mecánica ilustrada’
-
Álbum Ilustrado2 días agoRut Pedreño nos acompaña en ‘Parque de perros’

