Álbum Ilustrado
Elena Odriozola, ‘Lecciones de cosas’ y alguna cosa más
Un botón, un dado, el frisbee, el matamoscas, la hucha… son objetos cotidianos en los que pocas veces reparamos. Sin embargo, cuando los observamos con atención resultan verdaderamente fascinantes. ‘Lecciones de cosas’ es una invitación al juego, la especulación y la creación. Tomando como inspiración el género pedagógico de las «Lecciones de cosas», que gozó de gran popularidad a finales del s. XIX y principios del XX, en sus páginas se entrecruzan el libro informativo, el de actividades, la meditación filosófica y el humor tontorrón. Una lectura que no acaba en la última página, sino que, por el contrario, llevará a los chavales a escribir, dibujar, pensar, imaginar… Un libro de Elena Odriozola y Gustavo Puerta Leisse que edita Ediciones Modernas El Embudo. Con Elena hemos charlado un poco más sobre este proyecto, y de alguna cosilla más.

¿Dónde está el origen de este proyecto? “Me resulta difícil decirlo. La idea surgió de Gustavo Puerta, el editor de Ediciones Modernas El Embudo. Es un libro inspirado por aquellas Lecciones de cosas que fueron habituales por los años 30. Él había tenido algún ejemplar en casa y lo leyó desde pequeño. Tengo la sensación de que es un libro que siempre quiso hacer, le hacía especial ilusión. Y luego esa ilusión me la contagió a mí. La idea del libro es que veamos los objetos cotidianos como si nunca antes los hubiéramos visto”, nos cuenta Elena Odriozola.
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Encontrarán cosas maravillosas: desde cuáles son las partes de un frisbee (y te puedo asegurar que son muchas y sorprendentes) a cómo coser un botón a cuatro manos, o cómo hacerte un amuleto egipcio con una pastilla de jabón, cómo hacer un arreglo floral… y montones de cosas más. Hice más de 600 ilustraciones. También encontraréis 10 páginas de bibliografía comentada y un bonito colofón”.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Lo más importante fue dar con los dos personajes. Estaba claro desde el principio que al ser un libro tan ilustrado, con dibujos de todo tipo, esas figuras tenían que ser muy sencillas, de líneas muy limpias -continúa Elena Odriozola-. No tengo muchas pruebas de esos personajes, la verdad. Desde el principio los tuve bastante claros. No suelo usar cuadernos para hacer pruebas, aunque tengo unos cuantos, todos están en blanco. No es mi forma de trabajar. Directamente empiezo a dibujar en el papel de boceto, de poco gramaje. Luego lo paso a limpio utilizando una mesa de luz”.

“En cuanto a la investigación, esta se fue dando a medida que avanzábamos en el libro, e iba desde buscar los árboles con los que se pueden fabricar las cucharas de madera para hacer un bosque, a determinar cuál es la función de cada una de las herramientas de una navaja suiza, pasando por adentrarnos en la iconografía del juego de la oca”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Son ilustraciones que están hechas a rotulador, una técnica que apenas había utilizado y que no controlaba. O que no controlo. Simplemente porque no me llamaba mucho la atención, no tenía mucho interés para mí. Estaba claro desde el principio que sería un libro a dos tintas, y creo que era la mejor forma de hacerlo. Una de ellas tenía que ser bastante oscura, sobre todo al tener que utilizarla también para el texto, y decidir que sería el color marrón fue bastante fácil. Escoger la otra tinta costó algo más, pero estaba claro que tenía que ser un color cálido -confiesa Elena Odriozola-. Resulta curioso que me acabe de dar cuenta, mientras estoy escribiendo ahora, de que el lápiz también hubiera sido una buena opción. Pero ni me lo planteé”.

“He tenido que hacer cosas como una cesta, un cuadro de Caravaggio o del Bosco…entre otras muchas cosas, y sin un método concreto. Cada vez que empezaba a pasar a rotulador una de estas imágenes pensaba que no iba a ser capaz, pero me ponía a ello y disfrutaba mucho haciéndolo. Una de las cosas más difíciles del libro fue que requería distintos tipos y géneros de ilustración: científica, descriptiva, pictórica, humorística… y tenía que haber una coherencia entre todas ellas, de modo que nada pareciera estar fuera de lugar. Creo que para mí esto fue algo totalmente nuevo, porque nunca había hecho libros así”, asegura Elena Odriozola.

Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. “Fue un libro que nos llevó mucho tiempo hacer, creo que unos cuatro años. Yo de vez en cuando tenía que dejarlo para hacer otros trabajos. Y también hubo épocas en las que se me atascaba, me costaba muchísimo ponerme con él, para desesperación de Gustavo. No fue fácil, tuve bastantes resistencias. Pero en la etapa final, cuando todavía quedaba algo menos de la mitad para acabarlo, me metí de lleno sin darle demasiadas vueltas a la cabeza, pensando sólo que lo tenía que terminar… y la cosa cambió. A partir de ahí fue todo más rodado”.
Nos gustaría que nos contaras también algo sobre tu trabajo en ‘En el bosque’, del que la editorial ha publicado recientemente una nueva edición. “Desde la editorial Libros del Zorro Rojo me propusieron, allá por el año 2017, ilustrar un texto de Ana María Matute: el extracto del discurso leído el 18 de enero de 1998 con motivo de su ingreso en la Real Academia Española. Se titulaba ‘En el bosque’ y me pidieron que hiciera un álbum. Una vez leído, y aunque me gustó mucho, me di cuenta de que yo no era capaz de hacer un álbum con ese texto. Después de leerlo muchas veces, supe que lo que quería contar se resumía en la última frase del texto: Es la historia de todas las historias que siempre quise y quiero contar. A mi entender, la mejor forma de contar esa historia era a través de un miriorama”, afirma Elena Odriozola.

“¿Hay una fórmula mejor de contar tantas historias? Hice nueve tarjetas. Da igual en qué orden se pongan, todas juntas forman una sola ilustración. Depende de en qué orden se pongan, la historia que cuenta cambia. Las distintas combinaciones dan lugar a más de trescientas mil escenas. También hice un cuadernillo que va aparte, donde va el texto acompañado de unas pocas ilustraciones, a una sola tinta. Las tarjetas y el librito van metidos en una caja. Utilicé pinturas acrílicas para pintar la historia, sobre papel sumi-e (imprescindible para mí desde hace mucho tiempo). Lo apliqué con pincel y con el dedo (algo también habitual en mi trabajo, lo del dedo). El color dorado de fondo, el camino naranja y las copas de los árboles azules unifican todas las tarjetas. La parte trasera también está ilustrada, al modo de las cartas de una baraja. En cuanto al cuadernillo, tanto el texto como las ilustraciones las dibujé con un lápiz de color azul oscuro”.

“Este año, coincidiendo con el 100 aniversario del nacimiento de Ana María Matute, se ha publicado una nueva edición conmemorativa. Me pidieron que renovara la portada: utilicé un color más vivo para el fondo e hice una ilustración que es una continuación de la anterior: el árbol que era un retoño ahora ha crecido, con la presencia de los mismos personajes. Para mí era importante que las dos portadas tuvieran relación, no le hubiera visto ningún sentido a hacer algo completamente distinto -asegura Elena Odriozola-. También se ha mejorado la aplicación del dorado del fondo de las ilustraciones. Es muy de agradecer que, al proponer mi visión del proyecto, la editorial me dijera “adelante”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Estoy trabajando en un nuevo libro para la editorial, todavía estamos empezando y va para largo. Tanto, que le llamamos nuestro pequeño Escorial. Aunque quiero creer que pueda salir a finales del año que viene. Por ahora sólo puedo decir que es un proyecto que me propuso Gustavo y que me entusiasmó (como tantas otras veces cuando me propone ideas y que para mí es tan necesario). Te puedo adelantar que lo estoy pintando con lápices de colores, van a ser más de 365 ilustraciones y está inspirado en los frescos de un edificio del Renacimiento”.
Álbum Ilustrado
Raquel Catalina nos presenta a ‘Nina y Tita’
Nina y Tita son dos abuelas muy distintas a las que aparecen en los cuentos. No caminan con bastón ni se quedan en casa tejiendo: una siempre anda deprisa; hace dieta y va a la piscina; la otra se mueve en bicicleta; cocina a la parrilla y practica yoga. ¿Será entonces que los libros están equivocados? Todo se desvelará en la próxima reunión familiar. Con estas palabras la editorial Kalandraka nos presenta ‘Nina y Tita’, un álbum ilustrado de Beatriz García-Huidobro y Raquel Catalina. Con ésta última hemos hablado un poquito más sobre su trabajo en este libro.
¿Dónde está el embrión de este libro? “Curiosamente Manuela Rodríguez, editora de Kalandraka, me propuso este libro antes de presentarme con Arianna Squiloni al Premio Internacional Compostela. Y como al final ‘Grande y pequeña’ ganó, hubo que aplazarlo un tiempo. Así que cuando empezamos con el libro, había tenido ya la oportunidad de trabajar con Manuela y de conocernos”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Hay varias lecturas, pero a mí me gusta mucho la que habla de modelos y de generaciones distintas. La niña protagonista es aún una “página en blanco” y su familia, las mujeres que la preceden, son un espejo en el que mirarse y además, van llenando su vida de experiencias, de recuerdos. A la mesa de cumpleaños se sientan cuatro generaciones y creo que es inevitable pensar los cambios enormes que ha habido de unas a otras”, asegura Raquel Catalina.
¿Qué te pareció la historia de Beatriz la primera vez que la leíste? ¿Has tenido referentes para crear estos personajes? “Cuando leí el texto de Beatriz, la primera imagen que me vino a la cabeza fueron mis compañeras de gimnasio. Hago deporte por las mañanas y hay un grupo de amigas mayores que son tremendamente constantes y, sobre todo, ¡muy disfrutonas! Su mañana de gimnasio termina en la cafetería, con el almuerzo, las risas y las bromas”.
“Me da siempre la sensación de que son mujeres que han conquistado un espacio nuevo, que su manera de habitarlo es una celebración constante. Por eso disfruto con ellas, las observo mucho. En el libro es una niña la que habla de sus abuelas y de sus bisabuelas, no me parece casual que el texto hable de mujeres y que sea para describir una ruptura de roles, una ampliación de posibilidades, de cómo se ha desmontado un estereotipo. ¡Y luego además me di cuenta de que abuela podría ser yo misma! Es muy agradable pensar que no hay nada escrito sobre cómo debe de ser una abuela”, nos cuenta Raquel Catalina.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Tiendo a observar mucho a la gente, y sí, suelo llevar algún cuaderno para dibujar. En este caso, las bisabuelas son más cercanas al imaginario de los cuentos. Sus proporciones y su tamaño están estilizados. Las abuelas, en cambio, son más realistas. En mi cabeza tenía referencias de mujeres que conozco para Nina y Tita, no solo físicamente, sino también en su espíritu, en su manera de estar, en el tipo de energía que transmiten. Mis referencias, no obstante, son un punto de partida, una orientación, el personaje termina de tomar cuerpo en el papel, a base de pruebas”.
¿Qué dirías que has aprendido con este proyecto? “Aprendo mucho trabajando con Manuela, la editora. Y eso que empezamos teniendo ideas distintas sobre algunos puntos, pero creo que ella me hizo algunas concesiones, y yo, desde luego, aprendo mucho de su mirada”, confiesa Raquel Catalina.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Desde un principio Nina y Tita se iba a incluir también en la colección de Minilibros Imperdibles, que miden 7 cm. Ese condicionante técnico fue muy interesante, tuve que trabajar todo el tiempo pensando en simplificar los dibujos y hacerlos legibles a ese tamaño. Me gusta mucho esa colección, me parece una idea preciosa. Son perfectos para llevarlos de viaje, en el bolso, son una alternativa maravillosa para esos momentos en que muchos padres recurren al móvil para entretener a sus hijos”.
No es la primera vez que dibujas un personaje con el pelo blanco… “La verdad es que después de mi primer libro con un personaje de un abuelo, “A manta do José”, me han ofrecido muchísimos libros con abuelos y abuelas, muchos más de los que he hecho en realidad. Creo que tiene que ver precisamente con que no suelo dibujar el estereotipo de abuelo o abuela”, afirma Raquel Catalina.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Hice una base de lápiz y grafito y luego lo coloreé digitalmente. La verdad es que no es mi manera habitual de trabajar”.
Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. “Bueno, una parte interesante para mi era que, en esa cantinela que compara las abuelas de los libros con las abuelas de la protagonista, la parte que muestra a Nina y Tita estaba bastante clara, pero como contar la otra parte no. Ahí se me ocurrió que fuesen preparando la fiesta de la tarde, y ella anda por aquí y por allá con su libro, que además un libro concreto Caperucita roja, y me gusta mucho reflejar ese deambular infantil, sin hacer nada y haciendo de todo. Ese es el tiempo que les roban muchas veces las pantallas”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sí, tengo por delante tres proyectos de esos que ilusionan y con gente con las que es maravilloso trabajar, mentes deslumbrantes. Pero es pronto para contar…”.
Álbum Ilustrado
Carolina Luzón y Juan Mata nos dicen que ‘Siempre amanece’
Una noche, un cuerpo indefenso, una sombra, un abuso, un miedo, un daño irreparable.
Con gran delicadeza, autor e ilustradora ponen imágenes al horror de la violencia sexual contra la infancia y la adolescencia. Con estas palabras La Maleta Ediciones nos presenta ‘Siempre amanece’, un álbum ilustrado de Juan Mata y Carolina Luzón. Con ellos hemos charlado sobre este proyecto.
¿Cómo nace este proyecto? Juan Mata: “Por un deseo de llevar a un álbum ilustrado un asunto tan lacerante como el de los abusos sexuales contra la infancia y la adolescencia. Considero que los libros infantiles deben explorar también las zonas oscuras de la existencia humana. No es un capricho ni una provocación. Si damos crédito a las cifras habituales sobre violencia sexual en la infancia y adolescencia, deberíamos aceptar que casi el 30% de ellos la ha sufrido en esos años, lo cual es una atrocidad. Eso quiere decir que para muchos de los alumnos que asisten a diario a los colegios o los institutos esa lacra no es un asunto imaginario sino vivido. Siempre que en algún centro escolar me he referido a esta cuestión he comprobado que la inmensa mayoría de alumnos sabía de qué estaba hablando, tenían noticias al respecto y lo habían comentado entre ellos”.
¿Cómo llega a tus manos este proyecto? Carolina Luzón: “Me llega a través de Juan Mata, el autor del texto. Ya habíamos intentado trabajar juntos en una ocasión anterior pero no llegó a materializarse y en esta ocasión no dude en aceptar su propuesta”.

¿Qué te pareció la propuesta de Juan Mata para este libro? “Igual de interesante que de compleja. El tema del que habla el libro, el abuso sexual a menores, es muy delicado, muy duro y conseguir tratarlo sin que fuese demasiado desagradable o explicito fue todo un reto”.
¿Qué van a encontrar los lectores y lectoras en ‘Siempre amanece’? “Pues delicadeza, sensibilidad, belleza -nos cuenta Juan Mata-. El drama que se aborda no admite frivolidad ni zafiedad. Si de lo que se trata es de mostrar los dañados sentimientos de una víctima de abusos es obligado hacerlo con la máxima prudencia y el máximo pudor. Y hacerlo además con imágenes que sugieran más que evidencien. Hemos considerado que en este caso las metáforas y las insinuaciones eran la vía más valiosa para hablar sin ocultar, para mostrar sin angustiar”.
“Pues encontrarán un libro hecho con muchísimo respeto, que me encantaría que pudiera ser una herramienta efectiva para poder afrontar el tema con las víctimas de abuso -afirma Carolina Luzón-. Las imágenes dan pie a muchas interpretaciones, pueden abrir muchas puertas y facilitar el diálogo y la comprensión de la gran variedad de situaciones y emociones que suscita esta problemática”.

¿Cómo valoras el formato de álbum ilustrado para abordar asuntos como los que aborda este libro? “Nos parecía el formato apropiado, teniendo en cuenta además los potenciales destinatarios del libro -continúa Juan Mata-. La estrecha unión entre palabra e ilustración hace del álbum ilustrado el medio idóneo para contar una historia de modo preciso y mesurado. La condensación que requiere un álbum nos desafiaba a plasmar lo esencial sin perderse en divagaciones. La secuencia visual es en este caso fundamental. Los ojos o los brazos de un depredador sexual, por ejemplo, pueden ser protectores o hirientes, de modo que las imágenes que mostraran esa dicotomía debían poseer una gran carga simbólica para, como decía antes, decir lo indecible, para dejar constancia sin necesidad de agredir la mirada”.
Háblanos un poco del trabajo previo al libro, me refiero a esa fase de investigación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Aunque cada proyecto tiene vida propia y crece de una manera diferente, la fase previa suele ser la misma. En mi caso, pensar. Pensar y pensar hasta que se va dibujando en mi cabeza -nos cuenta Carolina Luzón-. Hablé con Juan para entender bien qué le había motivado para realizar este texto y qué quería conseguir con él. No he hecho ningún dibujo preliminar, ni siquiera un story, en esta ocasión cada imagen me ha dado pie a la otra y el libro ha ido creciendo poco a poco. De hecho se ve una evolución de la primera a la última página que es la que he ido sufriendo yo en los 4 meses en los que estuve trabajando en este proyecto”.
¿Qué te parece el trabajo de Carolina en este proyecto? ¿Cómo ha sido el trabajo con ella? “Excelente, como se puede deducir de lo que vengo diciendo. Es una gran ilustradora. Ha sido un trabajo cooperativo, de diálogo permanente -afirma Juan Mata-. Era un camino que debíamos hacer juntos, que nos afectaba a ambos. Si bien había un texto inicial que servía de guía, lo cierto es que Carolina lo desbordó y fue creando imágenes cada vez más autónomas y sugestivas que hizo que en algunos momentos hubiera necesidad incluso de alterar el texto, pues ella iba contando una historia visual a la que el relato debía ajustarse. Ese diálogo ha sido muy respetuoso por ambas partes y muy fructífero”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Quería que fuesen imágenes luminosas, que pudieran transmitir una idea de calma y esperanza a pesar del dolor -asegura Carolina Luzón-. Aparecen, como en todas mis imágenes, las texturas, que en este caso simbolizan las diferentes capas que vamos acumulando en la vida. A veces las capas que ponemos sobre los problemas para no verlos, para no tener que afrontarlos. Colores tenues, cálidos y fríos. Imágenes simples y complejas a la vez, llenas de simbolismo y significado. Detalles ocultos”.
¿Qué hay de diferente con respecto a otros trabajos? “Por primera vez utilizo el libro como objeto, es decir, el hecho de que se divida en dos partes para hablar de esta dualidad de situaciones, de sentimientos, que se pueden generar en las víctimas. Por eso las imágenes usan esta división, para separarse, para mezclarse, para confundirse”.
¿Con qué técnicas trabajaste en este caso? “He realizado todos las imágenes con a tableta gráfica”.

Cuéntanos un poco más sobre el proceso de elaboración de este libro. “Exceptuando dos imágenes que son un poco más explícitas para centrar el tema, las demás, diría que se pueden aplicar a cualquier tipo de problemática, son muy abiertas y metafóricas y pueden dar pie a muchas y personales interpretaciones. Creo que hay una evolución hacia la abstracción, hacia la transmisión del mensaje, cada vez más directo y con menos elementos”, afirma Carolina Luzón.
¿Cómo ves también el libro como herramienta para profesionales que trabajen con menores? “Justificaría con creces la publicación del libro si en alguna consulta pediátrica o psicológica, o en alguna biblioteca o aula, el libro sirviera para quebrar el silencio y la angustia de alguna víctima de abusos -confiesa Juan Mata-. En algunos casos, el libro puede servir para abrir los ojos, pero en otros también para abrir la boca, como sucede con la protagonista del relato. Lo normal en las víctimas es encerrarse en el mutismo, entre otras razones porque no tienen palabras para esa experiencia, no saben qué ni cómo decir lo que les ha pasado. Sienten vergüenza además y miedo a hablar. Si el álbum sirviera para crear un espacio de seguridad y confianza, el objetivo estaría cumplido con creces”.
Álbum Ilustrado
Guridi plantea en ‘Straniero’ el paradigma de la identidad sin rechazos
‘Straniero’ es un álbum ilustrado de Guridi, en el que el ilustrador ofrece una reinterpretación de la historia de Robinson Crusoe, y lo hace desde la perspectiva de Viernes. Editado por Kite Edizioni en Italia, hemos charlado un poquito más con su autor sobre este proyecto.

Lo primero es preguntarte por el embrión de este proyecto. ¿En qué momento decides abordar esta visión tuya de la historia de Robinson Crusoe? “La novela de Daniel Dafoe cae en mis manos muy joven, quizás sea de mis primeras lecturas junto a Frankenstein (por cierto, encuentro bastantes similitudes entre ambas, pero bueno, esa es otra historia) y siempre me ha fascinado la idea de la soledad compartida que impregna esta obra”.
¿Qué vamos a encontrar en las páginas de ‘Straniero’? “Straniero plantea el paradigma de la identidad, pero desde el punto de vista del arraigo, sin rechazos. Plantea como nuestra visión debería ser global en el más maravilloso de los sentidos, sin miedos, sin localismos, sin despreciar lo diferente”, asegura Guridi.

¿Cómo se aborda un proyecto con una historia que está tan arraigada en el imaginario colectivo? “Pues intentando aportar algo nuevo. No pretendo hacer crítica de la novela original ni exponer una perspectiva diferente en la que las visiones encontradas no sean lo clásico del encuentro de dos mundos, sino mostrar la visión del que recibe al invasor, el que valora y pone en contexto su riqueza natural y cultural desde el respeto”.
Respecto a la historia, al texto, me gustaría que nos hablaras de esas palabras que incluyes de la lengua del archipiélago de Juan Fernández. “En este álbum el proceso de documentación ha sido bastante intenso, la lengua, la flora, la fauna, las costumbres,… Me interesaba profundizar en aquello que el invasor encontraba al llegar y no era capaz de valorar ni respetar, por eso era importante nombrar como ellos nombran, en su lengua original”, nos cuenta Guridi.

¿Cuál era tu relación con la historia de Robinson Crusoe antes de este proyecto? “Como te citaba antes, tiene que ver con mis primeras lecturas y películas, con lo que forma parte de mi, con sentirse naufrago en el mundo actual”.
¿Ha cambiado tu visión de la historia tras todo el proceso de este proyecto? “Por supuesto, me ha abierto los ojos a planteamientos más solidarios, más conscientes y a pensar con más sentido común”, afirma Guridi.

Respecto a las ilustraciones, ¿qué dirías que tienen de característico? “Son ilustraciones deliberadamente poco definidas, con trazos expresivos y utilizando binomios de imagen y símbolos para ahondar en lo conceptual frente a lo descriptivo”.
Háblanos del color, ¿por qué ese binomio naranja y azul? “La idea es contrastar dos miradas diferentes, la del invasor y la del invadido, en principio quería realizar el proyecto sobre azulejos, de ahí el azul y or otro lado quería superponer el naranja a modo de veladura para forzar la mezcla de ambos”, continúa Guridi.

Sabemos que entre tus manos bailan muchos más proyectos, más a corto o largo plazo. ¿Qué nos puedes contar al respecto? “Pues a raíz del fallecimiento de mi madre, he tenido que posponer proyectos en los que la parte cómica o infantil estaban más presentes, centrándome en proyectos personales que trabajan desde lo más oscuro de mí. En concreto llevo adelante dos proyectos muy complejos: una versión de la Divina Comedia de Dante y un proyecto personal basado en la memoria, el recuerdo y las sombras como archivos biográficos. En Corea acabo de publicar con Namumalmi un proyecto llamado In the Future que está teniendo muy buena acogida con ilustraciones más enfocadas a lo que quiero hacer ahora”.


“Por otro lado estoy colaborando en proyectos muy curiosos con gente en Portugal y buscando planteamientos expositivos que están entre la pintura, el diseño y la ilustración. En total son más de 15 proyectos esperando a desarrollarse en estos próximos años”.
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