Álbum Ilustrado
Mariana Alcántara: “Mi trabajo es encontrar la voz de cada libro”
Hacía tiempo que teníamos muchas ganas de charlar con la ilustradora Mariana Alcántara. Son muchos sus trabajos recientes y sus reconocimientos, y lo que intentamos en las siguientes líneas es reflejar un pequeño repaso por algunos de sus álbumes ilustrados, para conocer un poco mejor el trabajo que hay detrás de ellos.
¿Dónde está el origen de ‘Nadadores’? “Este es un libro que nació en el sentido contrario en el que los ilustradores habitualmente damos inicio a un proyecto de libro: el editor tiene un texto y busca a un ilustrador. Luego el ilustrador si acepta el proyecto, analiza el texto, genera bocetos y después crea las ilustraciones finales. En este caso, el libro se inició con mis ilustraciones. Yo quería participar en el concurso de Sharjah en los Emiratos Árabes y fue una época en la que recién había comenzado a trabajar con Mónica Bergna, editora de Alboroto Ediciones. Estábamos haciendo el libro Enciclopedia de Medicina Fantástica, curiosamente uno de los últimos libros publicados. Era un viernes cuando estaba mostrándole mis avances de la semana, mientras tenía a un lado la carpeta con cinco ilustraciones originales de los nadadores. Mi plan era enviar el paquete terminando la reunión. No recuerdo exactamente de qué hablábamos, pero salió el tema del concurso: saqué las piezas y Mónica las observó en silencio. Al final le brillaban los ojos y me preguntó si me gustaría que hiciéramos un libro. Así que al final del día, mis imágenes iban en camino a Sharjah y al mismo tiempo viajaban a la bandeja de correo electrónico de María José Ferrada”.

“María José es una autora que admiro mucho, aunque en ese momento yo no conocía bien su trabajo -nos cuenta Mariana Alcántara-. Pero cuando semanas después, Mónica me mostró el texto que había escrito a partir de mis imágenes, me fui de espaldas. Fue como si ella supiera el origen de mi historia como nadadora: brazada a brazada, verso a verso. Hasta los 8 años yo había sido una niña que anhelaba que me llevaran de vacaciones para meterme a la alberca. Pero cuando entré a clases de natación, tuve una temporada de rebeldía: le inventé a mi papá que ya no quería ir porque era muy costoso. Lo cierto es que estaba sufriendo el método poco pedagógico de un maestro que me jalaba hacia el agua, sin que le importara si antes había tomado aire o no, y luego tuve una infección de oído muy molesta, que con mi lógica infantil, me curé echándome gotitas de agua en las orejas. Años después ya casi entrando a la adolescencia, durante el verano, estuve sentada con los pies adentro del agua, esperando a que me salieran aletas o que se me quitara el miedo, lo que pasara primero. Recuerdo ese color azul turquesa que se movía con el brillo del sol, se me antojaba tanto transformarme en pez y al fin conocer el secreto para fundirme en el agua”.

“En la preparatoria decidí que quería aprender a nadar. Encontré una pequeña alberca profunda para buceo, en donde también daban clases de natación. El agua de nuevo, estuvo de mi lado, pues fue durante una temporada de tormentas que los otros alumnos no podían llegar a tiempo y gracias a eso, tuve clases personalizadas. Adquirí tanta seguridad que incluso aprendí a nadar hasta la parte más profunda, en donde el azul se convierte en negro. Después probé otras albercas de agua templada, fría, algunas lejanas y olímpicas, hasta que encontré la más poética, la que se convertiría en mi alberca perfecta: aquella cuya techumbre me parecía la piel de un pez mientras nadaba de dorso. Tal vez ese es el origen del libro Nadadores -confiesa Mariana Alcántara-. En las ilustraciones quise plantear el sentimiento de libertad que se siente al nadar. Me sorprendía observar cómo tantas personas tan distintas, nos transformamos en algo más adentro de la alberca. Se siente como entrar a una danza rítmica infinita y formar parte de la energía grupal, como en un cardumen”.

¿Cuál fue tu impresión cuando viste a tus nadadores impresos en gran formato en Sharjah? “He tenido la oportunidad de visitar varias veces el Festival de Lectura para niños en Sharjah en los Emiratos Árabes Unidos: he recibido en dos ocasiones uno de los premios para la Exhibición de Ilustradores (en 2018 y 2023) y en el 2021 fui porque me invitaron a ilustrar un libro como parte de un proyecto sobre las similitudes entre México y Sharjah, en donde participamos varios ilustradores de ambos países”.
“Tengo un gran aprecio por el concurso de Sharjah, pues no sólo marcó un punto de inflexión en mi carrera porque fue el primer certamen internacional que gané, sino que también fue el primer viaje que hice fuera de mi país. Así que cuando me contactaron para informarme que habían elegido mis ilustraciones para que fueran la imagen de la feria, acepté inmediatamente. El paso siguiente fue vectorizar las ilustraciones para que las pudieran imprimir correctamente en gran formato, esto significaba volver a dibujar un personaje de 15 x 6 cm hecho en carboncillo, pero ahora debía ser aproximadamente de 150 x 60 cm y digital. Aunque me hubiera encantado estar en la exhibición para ver mis imágenes en gigantografía, no pude estar ahí. Pero pude ver algunos videos en internet en donde niñas y niños imitaban los estiramientos que los nadadores realizan antes del entrenamiento. Eran los mismos ejercicios que yo realizaba mientras pensaba que estaría bueno hacer un libro sobre nadar. Fue una experiencia mágica. Para mí representa uno de esos momentos en los que siento que mi trabajo tiene sentido porque los dibujos cobran vida gracias a los lectores”, asegura Mariana Alcántara.

Este libro de nadadores fue reconocido en Bolonia, y en la edición de 2025 tu portfolio fue el ganador. ¿Qué supone para ti la Feria de Bolonia? “Durante mi carrera como ilustradora, la Feria de Bolonia ha sido un referente, como un faro para seguir en la niebla mientras nado en mar abierto. Fue hasta el 2025 gracias al premio de portafolio que pude asistir por primera vez. Sin embargo, siempre me mantuve al tanto de lo que sucedía en la Feria a la distancia, tanto como era posible”.
“Había planeado el viaje durante años, pero en el fondo quería asistir con un objetivo claro. Viajar a Italia desde México supone una gran inversión para una trabajadora freelance y no es una decisión sencilla. Así que cuando miré la convocatoria del concurso de portafolio cuyo premio era ganar un viaje a Bolonia, tuve la intuición de participar. Trabajé en mi portafolio con la confianza de mostrar los mejores proyectos que había realizado a lo largo de 10 años de carrera: casi 20 libros ilustrados, de los cuales 3 de ellos también había escrito y numerosos proyectos de ilustración de poesía o portadas de libros; casi todos ellos dirigidos al público infantil y juvenil. Viajé a la FIL Guadalajara para presentarme al concurso, llevé un ejemplar de cada uno de mis libros más representativos y tuve la entrevista con Arianna Squilloni, editora de A buen paso”.

“Después de un par de meses en que todas las noches, antes de dormir, imaginaba la posibilidad de viajar a Italia, me notificaron que era la ganadora. ¡Por fin conocería Bolonia! Durante la Feria tuve la oportunidad de firmar algunos de mis libros que han sido publicados en Europa y conocer a sus editores: Nadadores en su versión en italiano (Nuotatori), publicado por Raum Italic; Futuro, por SM España y La soledad de los peces, por Diego Pun en España. Todos ellos con poesía de María José Ferrada. También observé muchos libros interesantes, fueron tantos que lo único que no me gustó fue tener tan poco tiempo. Lo que más me conmovió fue darme cuenta de que aunque era la primera vez que estaba ahí, mis libros habían llegado antes y ya estaban hablando por mí”.
Otro libro premiado en Bolonia es ‘Río Viento’. ¿Cómo afrontaste este proyecto? ¿Qué vamos a encontrar en sus páginas? ¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Sí, Río Viento fue un poema que Ana Laura Delgado, la editora de El Naranjo me invitó a ilustrar. Llevábamos un par de años intentando coordinar nuestros calendarios para que yo ilustrara un segundo libro para su editorial. Así que me ofreció el texto de Río Viento que estaba dirigido a los lectores más pequeños y me pareció una gran oportunidad para ilustrar mi primer libro en cartoné, que desde hace un tiempo es un formato que me llama la atención”, nos cuenta Mariana Alcántara.

“Para iniciar con la exploración, yo tenía muy claro que quería dibujar con el viento de por medio y no me refiero solamente al que entra por mi ventana cuando estoy trabajando, que en algunas ocasiones empuja mi pincel lleno de tinta e imprime una inesperada mancha en el papel; sino que necesitaba que el viento fuera protagonista de las ilustraciones. El poema de Adolfo Córdoba me recordó de inmediato al río Magdalena que había visitado en años anteriores en el Festival Épico, un encuentro de literatura infantil y juvenil en Barranquilla, Colombia. Me sorprendió que el viento estuviera tan unido al río y que me despeinara las ideas conforme me acercaba a la orilla”.

“Después de varias lecturas de análisis, me preguntaba si el texto de Adolfo no sería mejor recibido por lectores mayores, pues yo misma me confundía entre los versos de río y de viento, pero confié en la visión editorial y en adoptar la indeterminación como una herramienta creativa. Entonces dirigí mis esfuerzos para crear un segundo relato a través de las ilustraciones, que ofreciera detalles concretos sobre lo que estaba pasando en el poema: aves que se transforman en peces, peces que son pájaros y niños que vuelan. Para los primeros experimentos trabajé con gotas de pintura acrílica y una espátula con la que emulaba la acción del viento, como si un soplido provocara que una gota dejara un camino de pintura. Con ese método salieron aves y peces, azules y verdes. Descubrí muy pronto que esas manchas eran cuerpos con plumas o escamas y que podían transformarse en aves o peces sólo con cambiar la cabeza. Estos experimentos le encantaron a Ana Laura, sólo que todavía no tenían la estética que imaginábamos para los primeros lectores. A partir de entonces, me concentré en simplificar las formas y suavizar los rasgos”, afirma Mariana Alcántara.

“Seguí perfeccionando este modo de dibujar hasta que una tarde en la mesa de trabajo, salió un pequeño pez con escamas de círculos. Luego dibujé un pájaro que tenía el cuerpo compuesto por líneas y entonces todo me hizo sentido: seguramente esas líneas antes del viento eran círculos. Los personajes de los niños los resolví mirando ese par de imágenes brújula que me guiaron para resolver todas las ilustraciones con el mismo registro estético y técnico”.
“A la par de este proceso, también experimenté con diversos formatos: propuse un libro en acordeón leporello, otro con una página desplegable y jugué con el encuadre horizontal y vertical. Éste último descubrimiento me llevó a entender que la dualidad presente en el texto, podía también llevarla al formato y proponer ambos: vertical para hablar del viento (globos que vuelan alto, árboles despeinados y aves lejanas); y por otro lado el formato horizontal para hablar del río (el horizonte que se extiende, peces, ranas y niños que se sumergen). Además esta estrategía coincidía justo en el centro, en donde el texto de Adolfo pregunta —¿No me crees? que es el parteaguas para que los lectores giren el libro y continúen el viaje al otro mundo”.

“Soy muy afortunada de colaborar con El Naranjo, es una gran editorial mexicana que me permitió tener una libertad creativa enorme en este libro, me encanta trabajar así. Cada semana el proyecto iba cambiando y me acompañaron en el proceso sin limitar las posibilidades. Creo que gracias a su visión editorial y al gran equipo que formamos, obtuvimos el premio BolognaRagazzi para primeras infancias en la Feria de Bolonia en 2026”.

¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a, por ejemplo, Astronautas? “Este libro publicado por Lecturita Edicionestambién nació a partir de las ilustraciones. Yo había hecho una serie de cinco imágenes para un concurso y aunque no tuvieron buena suerte, las mantuve durante varios años en las primeras páginas de mi portafolio porque me interesaba que se convirtieran en un libro. Esta fue una historia que encontré al inicio de la pandemia en 2020, ese año inolvidable. Recuerdo que hubo una expedición de la NASA a Marte: Mars 2020, y tuve mucho tiempo disponible para seguir el evento por internet, con la emoción de una niña. También descubrí el sitio web de la estación internacional espacial, en donde pude seguir su ubicación en tiempo real”, recuerda Mariana Alcántara.

“Todos estos hallazgos me llevaron a imaginar cómo sería la estación internacional o un transbordador espacial y también a diseñar tres astronautas con trajes poco convencionales, inspirados en los disfraces del Ballet Triádico de Oskar Schlemmer de la Bauhaus. Luego metí a estos personajes en la nave, cerré la puerta y los llevé al espacio exterior en donde se encontraban con unos planetas extraños entre los que había un tomate. Porque en mi cabeza yo quería contar la verdadera historia de la luna, desmentir o explicarme a mí misma por qué se dice que es de queso y eso me llevó a pensar en pizza. Era un juego de cosas circulares”.
“Desde hace algún tiempo yo quería colaborar con Lecturita y en la FIL Guadalajara hablé con la editora Celina Alonso. Le gustó mucho esta serie y le envió las imágenes a Sandra Siemens. Cuando recibí el texto me llevé una gran sorpresa: era muy diferente a lo que yo había imaginado, pero la nueva historia me gustó. Habla de un niño llamado Gregorio que le gusta todo lo relacionado al espacio. Encontré un reflejo con esa versión mía de 2020 que se obsesionó con el tema. En este proyecto el reto más significativo consistió en olvidarme de la historia anterior, rescatar las imágenes que podía utilizar como guía para crear otras y analizar el nuevo texto con la mente abierta”.

“Fue un proceso interesante porque pude hacer énfasis desde la ilustración en la creación de los trajes espaciales, por ejemplo. En este punto, encontré un reflejo del pasado, que remontaba hasta mi formación como diseñadora industrial y aquella versión mía que, en una temporada, anheló también dedicarse al diseño de modas. Hay un personaje que agregó Sandra, que me gustó mucho, es una niña que se hace amiga de Gregorio. En el texto ella no tiene nombre, pero durante mi investigación encontré que la primera mujer astronauta se llamó Valentina Tereshkova y que en 1963 orbitó la Tierra en una nave llamada Vostok 6. Así que en la parte en la que Gregorio le hace un traje a su amiga para que lo acompañe al planeta Gregorius, escribí Valentina en las anotaciones y medidas que escribiría un modista o un diseñador. Me imaginé que esta niña podría llamarse así y para mi fue una forma también de hacer justicia feminista”.
¿Cómo afrontas el trabajo de cada libro? Nos referimos a ese trabajo previo, no sabemos si de bocetos en algún cuaderno, … “Cada libro para mí es como subir una montaña o como nadar en el mar abierto: requieren un buen entrenamiento antes de adentrarse en ellos y también exigen humildad -asevera Mariana Alcántara-. El hecho de haber experimentado con montañas, mares o libros en el pasado, no me hace experta en el próximo. Yo creo que lo único que nos piden estos entornos es respeto. Es así como inicio cada proyecto: no intento cruzarlo con el mismo método del anterior. Sé que mi trabajo es encontrar la voz de cada libro. Así que lo único que tengo en la cabeza antes de empezar es que necesito investigar mucho, muchísimo. Intento que las fuentes sean variadas: novelas, cuentos, películas, obras de arte, entrevistas sobre el tema a algunas amigas o recuerdos de viajes. Intento alimentarme de tantos referentes como sea posible, para estar muy cercana al tema del libro”.

“Algunas veces destino una libreta para cada proyecto. Hay otros proyectos que empiezo con experimentos de técnica. También escribo textos propios alternos al libro en cuestión. La única regla que me impongo a mi misma es ser libre y dejarme llevar por la curiosidad”.

¿Con qué técnicas te gusta trabajar? “Es una pregunta compleja, creo que me gusta trabajar con técnica mixta. Intento dibujar con materiales poco convencionales porque pienso que el dibujo es una energía que existe también fuera de los lápices. No me interesa que el libro que estoy haciendo se parezca al anterior, todo lo contrario. Me encanta que cada uno tenga una voz particular. Me aburro rápido de una técnica, me gusta sentirme al borde del abismo de mi mesa de trabajo en cada proyecto. Es así como me mantengo a la expectativa de lo que pueda descubrir y también siento los pies en la tierra. Intento que el miedo a la hoja en blanco sea la primera herramienta para trabajar y después de varios experimentos me sorprendo a mí misma del resultado; incluso me pregunto si fui yo quien hizo ese dibujo. No siempre llego a ese estado creativo, pero cuando sucede, lo atesoro como una gran experiencia -confiesa Mariana Alcántara-. Ese fue el caso para la serie de ilustraciones llamada Fue un miércoles, con la que recibí el primer lugar en la Exposición de Ilustradores en Sharjah Children’s Reading Festival en los Emiratos Árabes Unidos en 2023, que meses después se convertiría en el libro La soledad de los peces publicado por Alboroto Ediciones”.

¿Cómo fue trabajar en proyectos con nombres como María Jose Ferrada o Adolfo Córdova? “Intento no pensar mucho en el nombre de los autores mientras trabajo, de otra manera no podría dibujar ni una raya. Únicamente me limito a leer el texto y buscar una conexión emocional desde algún punto de mi historia como lectora, ilustradora, escritora y habitante del mundo. Una vez que comienzo con el proceso de ilustración, leo muchas veces el texto. Lo analizo, le hago preguntas, incluso lo contradigo. Este proceso es muy personal. He descubierto que soy demasiado empática y hablar con los autores en las primeras etapas del proyecto supondría ceder a favor de sus ideas y adoptarlas como propias, antes de generar mi propuesta”.
“Cuando el libro está listo, recibo algunos comentarios de los autores a través de la editorial y es hasta mucho después, cuando tenemos la fortuna de coincidir en algunas presentaciones del libro, que conversamos. A mí me parece que los conozco de toda la vida, o bueno, siento que es como platicar con un amigo de quien sé muchos detalles. Supongo que es por el análisis tan exhaustivo que hago a sus palabras o porque su texto y mis ilustraciones conviven mágicamente en los libros. Para mí representa un honor compartir libros con María José y Adolfo. También he tenido la oportunidad de ilustrar textos de Martha Riva Palacio Obón, Pedro Mañas, Sandra Siemens, Fran Nuño, Sara Camhaji y Mónica Rodriguez”, afirma Mariana Alcántara.

En cambio en ‘El libro mentiroso’, todo el trabajo es tuyo… “Como autora integral he realizado cuatro libros, con el Fondo de Cultura Económica en México primero fue La voz ciega y después vino El libro mentiroso. El proceso de escribir e ilustrar es un camino interesante: algunas veces escribo la historia de un tirón, en otras primero encuentro la imagen, o bien, inicio indagando en un tema que me interesa desde el bocetaje de ideas sin saber muy bien si se convertirán en parte del texto o de la imagen. Es un proceso que disfruto mucho, porque puedo seguir editando el texto y la imagen en cualquier parte del proceso. Aunque durante ciertos momentos del proyecto imagino que sólo estoy ilustrando el texto de alguien más para investigar, contradecir y cuestionar con libertad”.
“El libro mentiroso surgió también a partir de un concurso, en este caso el Valladolid Ilustrado en España, donde gané el primer premio en el 2019 con una serie sobre las mentiras. Mi motivación personal para este libro fue continuar con esta historia que había planteado en dos imágenes hechas con la técnica de collage, en donde utilicé un papel color magenta que dejaba transparentar la verdad que ocultaban los personajes. Inventar este efecto mágico tipo rayos X fue el recurso que encontré para hablar de las mentiras”.

“Durante mi investigación encontré un artículo en internet que decía que los humanos mentimos alrededor de unas cien veces al día. Cierto o no, me pareció fascinante, y con esto en mente salí a dar uno de mis paseos habituales. En el camino observé a las personas y me pregunté si en ese momento estarían diciendo alguna mentira para cumplir con la cuota diaria de la que hablaba el artículo. Fue así como me di cuenta que los disfraces y algunos accesorios que usamos a diario, como pintarse las uñas o el cabello, son una manera silenciosa de ocultar la verdad. ¿Por qué algunas mentiras son socialmente aceptadas y otras no? Luego fui más lejos y me inventé el juego de descifrar qué había dentro de los sombreros de las personas ¿tal vez un ratón? y de los abrigos ¿en realidad eran tres niños uno encima de otro?”
“Con este recurso visual en mente inicié el proceso de escritura. Experimenté con diversas voces, personajes y lugares para encontrar la historia. Entre los múltiples borradores que escribí, había uno que descarté porque me parecía que era adecuado para un público mayor, pero para mi sorpresa, Horacio de la Rosa y Susana Figueroa, editores del FCE, lo eligieron como el ganador, porque lo había escrito inspirada en una nota periodística, con una voz similar a esa primera noticia que había detonado el proyecto. Después busqué al personaje principal y me di cuenta que en la palabra mentiroso ya había alguien escondido. Entonces busqué al oso más adecuado y cuando leí que los osos polares en realidad tienen la piel oscura, pero se ven blancos porque su pelaje es transparente y refleja el entorno, supe que lo había encontrado”.
“Es un libro lleno de detalles que me encantan. Lo hice como un homenaje a la magia del dibujo porque es así como la protagonista encuentra al oso: dibujándolo en la pared y entonces empiezan a inventar mentiras. Al final se descubre que son ellos los verdaderos creadores del libro. Mi intención principal es que sea una puerta abierta a inventar historias: crear una buena mentira puede ser el inicio de una historia de ficción. También me interesa provocar preguntas: ¿mentir siempre es malo?, ¿por qué a los niños se les exige decir la verdad y los adultos les ocultan cosas? Finalmente mentir es algo natural y los libros deberían ser un terreno libre de censura”.
Álbum Ilustrado
Raquel Catalina nos presenta a ‘Nina y Tita’
Nina y Tita son dos abuelas muy distintas a las que aparecen en los cuentos. No caminan con bastón ni se quedan en casa tejiendo: una siempre anda deprisa; hace dieta y va a la piscina; la otra se mueve en bicicleta; cocina a la parrilla y practica yoga. ¿Será entonces que los libros están equivocados? Todo se desvelará en la próxima reunión familiar. Con estas palabras la editorial Kalandraka nos presenta ‘Nina y Tita’, un álbum ilustrado de Beatriz García-Huidobro y Raquel Catalina. Con ésta última hemos hablado un poquito más sobre su trabajo en este libro.
¿Dónde está el embrión de este libro? “Curiosamente Manuela Rodríguez, editora de Kalandraka, me propuso este libro antes de presentarme con Arianna Squiloni al Premio Internacional Compostela. Y como al final ‘Grande y pequeña’ ganó, hubo que aplazarlo un tiempo. Así que cuando empezamos con el libro, había tenido ya la oportunidad de trabajar con Manuela y de conocernos”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Hay varias lecturas, pero a mí me gusta mucho la que habla de modelos y de generaciones distintas. La niña protagonista es aún una “página en blanco” y su familia, las mujeres que la preceden, son un espejo en el que mirarse y además, van llenando su vida de experiencias, de recuerdos. A la mesa de cumpleaños se sientan cuatro generaciones y creo que es inevitable pensar los cambios enormes que ha habido de unas a otras”, asegura Raquel Catalina.
¿Qué te pareció la historia de Beatriz la primera vez que la leíste? ¿Has tenido referentes para crear estos personajes? “Cuando leí el texto de Beatriz, la primera imagen que me vino a la cabeza fueron mis compañeras de gimnasio. Hago deporte por las mañanas y hay un grupo de amigas mayores que son tremendamente constantes y, sobre todo, ¡muy disfrutonas! Su mañana de gimnasio termina en la cafetería, con el almuerzo, las risas y las bromas”.
“Me da siempre la sensación de que son mujeres que han conquistado un espacio nuevo, que su manera de habitarlo es una celebración constante. Por eso disfruto con ellas, las observo mucho. En el libro es una niña la que habla de sus abuelas y de sus bisabuelas, no me parece casual que el texto hable de mujeres y que sea para describir una ruptura de roles, una ampliación de posibilidades, de cómo se ha desmontado un estereotipo. ¡Y luego además me di cuenta de que abuela podría ser yo misma! Es muy agradable pensar que no hay nada escrito sobre cómo debe de ser una abuela”, nos cuenta Raquel Catalina.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Tiendo a observar mucho a la gente, y sí, suelo llevar algún cuaderno para dibujar. En este caso, las bisabuelas son más cercanas al imaginario de los cuentos. Sus proporciones y su tamaño están estilizados. Las abuelas, en cambio, son más realistas. En mi cabeza tenía referencias de mujeres que conozco para Nina y Tita, no solo físicamente, sino también en su espíritu, en su manera de estar, en el tipo de energía que transmiten. Mis referencias, no obstante, son un punto de partida, una orientación, el personaje termina de tomar cuerpo en el papel, a base de pruebas”.
¿Qué dirías que has aprendido con este proyecto? “Aprendo mucho trabajando con Manuela, la editora. Y eso que empezamos teniendo ideas distintas sobre algunos puntos, pero creo que ella me hizo algunas concesiones, y yo, desde luego, aprendo mucho de su mirada”, confiesa Raquel Catalina.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Desde un principio Nina y Tita se iba a incluir también en la colección de Minilibros Imperdibles, que miden 7 cm. Ese condicionante técnico fue muy interesante, tuve que trabajar todo el tiempo pensando en simplificar los dibujos y hacerlos legibles a ese tamaño. Me gusta mucho esa colección, me parece una idea preciosa. Son perfectos para llevarlos de viaje, en el bolso, son una alternativa maravillosa para esos momentos en que muchos padres recurren al móvil para entretener a sus hijos”.
No es la primera vez que dibujas un personaje con el pelo blanco… “La verdad es que después de mi primer libro con un personaje de un abuelo, “A manta do José”, me han ofrecido muchísimos libros con abuelos y abuelas, muchos más de los que he hecho en realidad. Creo que tiene que ver precisamente con que no suelo dibujar el estereotipo de abuelo o abuela”, afirma Raquel Catalina.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Hice una base de lápiz y grafito y luego lo coloreé digitalmente. La verdad es que no es mi manera habitual de trabajar”.
Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. “Bueno, una parte interesante para mi era que, en esa cantinela que compara las abuelas de los libros con las abuelas de la protagonista, la parte que muestra a Nina y Tita estaba bastante clara, pero como contar la otra parte no. Ahí se me ocurrió que fuesen preparando la fiesta de la tarde, y ella anda por aquí y por allá con su libro, que además un libro concreto Caperucita roja, y me gusta mucho reflejar ese deambular infantil, sin hacer nada y haciendo de todo. Ese es el tiempo que les roban muchas veces las pantallas”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sí, tengo por delante tres proyectos de esos que ilusionan y con gente con las que es maravilloso trabajar, mentes deslumbrantes. Pero es pronto para contar…”.
Álbum Ilustrado
Carolina Luzón y Juan Mata nos dicen que ‘Siempre amanece’
Una noche, un cuerpo indefenso, una sombra, un abuso, un miedo, un daño irreparable.
Con gran delicadeza, autor e ilustradora ponen imágenes al horror de la violencia sexual contra la infancia y la adolescencia. Con estas palabras La Maleta Ediciones nos presenta ‘Siempre amanece’, un álbum ilustrado de Juan Mata y Carolina Luzón. Con ellos hemos charlado sobre este proyecto.
¿Cómo nace este proyecto? Juan Mata: “Por un deseo de llevar a un álbum ilustrado un asunto tan lacerante como el de los abusos sexuales contra la infancia y la adolescencia. Considero que los libros infantiles deben explorar también las zonas oscuras de la existencia humana. No es un capricho ni una provocación. Si damos crédito a las cifras habituales sobre violencia sexual en la infancia y adolescencia, deberíamos aceptar que casi el 30% de ellos la ha sufrido en esos años, lo cual es una atrocidad. Eso quiere decir que para muchos de los alumnos que asisten a diario a los colegios o los institutos esa lacra no es un asunto imaginario sino vivido. Siempre que en algún centro escolar me he referido a esta cuestión he comprobado que la inmensa mayoría de alumnos sabía de qué estaba hablando, tenían noticias al respecto y lo habían comentado entre ellos”.
¿Cómo llega a tus manos este proyecto? Carolina Luzón: “Me llega a través de Juan Mata, el autor del texto. Ya habíamos intentado trabajar juntos en una ocasión anterior pero no llegó a materializarse y en esta ocasión no dude en aceptar su propuesta”.

¿Qué te pareció la propuesta de Juan Mata para este libro? “Igual de interesante que de compleja. El tema del que habla el libro, el abuso sexual a menores, es muy delicado, muy duro y conseguir tratarlo sin que fuese demasiado desagradable o explicito fue todo un reto”.
¿Qué van a encontrar los lectores y lectoras en ‘Siempre amanece’? “Pues delicadeza, sensibilidad, belleza -nos cuenta Juan Mata-. El drama que se aborda no admite frivolidad ni zafiedad. Si de lo que se trata es de mostrar los dañados sentimientos de una víctima de abusos es obligado hacerlo con la máxima prudencia y el máximo pudor. Y hacerlo además con imágenes que sugieran más que evidencien. Hemos considerado que en este caso las metáforas y las insinuaciones eran la vía más valiosa para hablar sin ocultar, para mostrar sin angustiar”.
“Pues encontrarán un libro hecho con muchísimo respeto, que me encantaría que pudiera ser una herramienta efectiva para poder afrontar el tema con las víctimas de abuso -afirma Carolina Luzón-. Las imágenes dan pie a muchas interpretaciones, pueden abrir muchas puertas y facilitar el diálogo y la comprensión de la gran variedad de situaciones y emociones que suscita esta problemática”.

¿Cómo valoras el formato de álbum ilustrado para abordar asuntos como los que aborda este libro? “Nos parecía el formato apropiado, teniendo en cuenta además los potenciales destinatarios del libro -continúa Juan Mata-. La estrecha unión entre palabra e ilustración hace del álbum ilustrado el medio idóneo para contar una historia de modo preciso y mesurado. La condensación que requiere un álbum nos desafiaba a plasmar lo esencial sin perderse en divagaciones. La secuencia visual es en este caso fundamental. Los ojos o los brazos de un depredador sexual, por ejemplo, pueden ser protectores o hirientes, de modo que las imágenes que mostraran esa dicotomía debían poseer una gran carga simbólica para, como decía antes, decir lo indecible, para dejar constancia sin necesidad de agredir la mirada”.
Háblanos un poco del trabajo previo al libro, me refiero a esa fase de investigación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Aunque cada proyecto tiene vida propia y crece de una manera diferente, la fase previa suele ser la misma. En mi caso, pensar. Pensar y pensar hasta que se va dibujando en mi cabeza -nos cuenta Carolina Luzón-. Hablé con Juan para entender bien qué le había motivado para realizar este texto y qué quería conseguir con él. No he hecho ningún dibujo preliminar, ni siquiera un story, en esta ocasión cada imagen me ha dado pie a la otra y el libro ha ido creciendo poco a poco. De hecho se ve una evolución de la primera a la última página que es la que he ido sufriendo yo en los 4 meses en los que estuve trabajando en este proyecto”.
¿Qué te parece el trabajo de Carolina en este proyecto? ¿Cómo ha sido el trabajo con ella? “Excelente, como se puede deducir de lo que vengo diciendo. Es una gran ilustradora. Ha sido un trabajo cooperativo, de diálogo permanente -afirma Juan Mata-. Era un camino que debíamos hacer juntos, que nos afectaba a ambos. Si bien había un texto inicial que servía de guía, lo cierto es que Carolina lo desbordó y fue creando imágenes cada vez más autónomas y sugestivas que hizo que en algunos momentos hubiera necesidad incluso de alterar el texto, pues ella iba contando una historia visual a la que el relato debía ajustarse. Ese diálogo ha sido muy respetuoso por ambas partes y muy fructífero”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Quería que fuesen imágenes luminosas, que pudieran transmitir una idea de calma y esperanza a pesar del dolor -asegura Carolina Luzón-. Aparecen, como en todas mis imágenes, las texturas, que en este caso simbolizan las diferentes capas que vamos acumulando en la vida. A veces las capas que ponemos sobre los problemas para no verlos, para no tener que afrontarlos. Colores tenues, cálidos y fríos. Imágenes simples y complejas a la vez, llenas de simbolismo y significado. Detalles ocultos”.
¿Qué hay de diferente con respecto a otros trabajos? “Por primera vez utilizo el libro como objeto, es decir, el hecho de que se divida en dos partes para hablar de esta dualidad de situaciones, de sentimientos, que se pueden generar en las víctimas. Por eso las imágenes usan esta división, para separarse, para mezclarse, para confundirse”.
¿Con qué técnicas trabajaste en este caso? “He realizado todos las imágenes con a tableta gráfica”.

Cuéntanos un poco más sobre el proceso de elaboración de este libro. “Exceptuando dos imágenes que son un poco más explícitas para centrar el tema, las demás, diría que se pueden aplicar a cualquier tipo de problemática, son muy abiertas y metafóricas y pueden dar pie a muchas y personales interpretaciones. Creo que hay una evolución hacia la abstracción, hacia la transmisión del mensaje, cada vez más directo y con menos elementos”, afirma Carolina Luzón.
¿Cómo ves también el libro como herramienta para profesionales que trabajen con menores? “Justificaría con creces la publicación del libro si en alguna consulta pediátrica o psicológica, o en alguna biblioteca o aula, el libro sirviera para quebrar el silencio y la angustia de alguna víctima de abusos -confiesa Juan Mata-. En algunos casos, el libro puede servir para abrir los ojos, pero en otros también para abrir la boca, como sucede con la protagonista del relato. Lo normal en las víctimas es encerrarse en el mutismo, entre otras razones porque no tienen palabras para esa experiencia, no saben qué ni cómo decir lo que les ha pasado. Sienten vergüenza además y miedo a hablar. Si el álbum sirviera para crear un espacio de seguridad y confianza, el objetivo estaría cumplido con creces”.
Álbum Ilustrado
Guridi plantea en ‘Straniero’ el paradigma de la identidad sin rechazos
‘Straniero’ es un álbum ilustrado de Guridi, en el que el ilustrador ofrece una reinterpretación de la historia de Robinson Crusoe, y lo hace desde la perspectiva de Viernes. Editado por Kite Edizioni en Italia, hemos charlado un poquito más con su autor sobre este proyecto.

Lo primero es preguntarte por el embrión de este proyecto. ¿En qué momento decides abordar esta visión tuya de la historia de Robinson Crusoe? “La novela de Daniel Dafoe cae en mis manos muy joven, quizás sea de mis primeras lecturas junto a Frankenstein (por cierto, encuentro bastantes similitudes entre ambas, pero bueno, esa es otra historia) y siempre me ha fascinado la idea de la soledad compartida que impregna esta obra”.
¿Qué vamos a encontrar en las páginas de ‘Straniero’? “Straniero plantea el paradigma de la identidad, pero desde el punto de vista del arraigo, sin rechazos. Plantea como nuestra visión debería ser global en el más maravilloso de los sentidos, sin miedos, sin localismos, sin despreciar lo diferente”, asegura Guridi.

¿Cómo se aborda un proyecto con una historia que está tan arraigada en el imaginario colectivo? “Pues intentando aportar algo nuevo. No pretendo hacer crítica de la novela original ni exponer una perspectiva diferente en la que las visiones encontradas no sean lo clásico del encuentro de dos mundos, sino mostrar la visión del que recibe al invasor, el que valora y pone en contexto su riqueza natural y cultural desde el respeto”.
Respecto a la historia, al texto, me gustaría que nos hablaras de esas palabras que incluyes de la lengua del archipiélago de Juan Fernández. “En este álbum el proceso de documentación ha sido bastante intenso, la lengua, la flora, la fauna, las costumbres,… Me interesaba profundizar en aquello que el invasor encontraba al llegar y no era capaz de valorar ni respetar, por eso era importante nombrar como ellos nombran, en su lengua original”, nos cuenta Guridi.

¿Cuál era tu relación con la historia de Robinson Crusoe antes de este proyecto? “Como te citaba antes, tiene que ver con mis primeras lecturas y películas, con lo que forma parte de mi, con sentirse naufrago en el mundo actual”.
¿Ha cambiado tu visión de la historia tras todo el proceso de este proyecto? “Por supuesto, me ha abierto los ojos a planteamientos más solidarios, más conscientes y a pensar con más sentido común”, afirma Guridi.

Respecto a las ilustraciones, ¿qué dirías que tienen de característico? “Son ilustraciones deliberadamente poco definidas, con trazos expresivos y utilizando binomios de imagen y símbolos para ahondar en lo conceptual frente a lo descriptivo”.
Háblanos del color, ¿por qué ese binomio naranja y azul? “La idea es contrastar dos miradas diferentes, la del invasor y la del invadido, en principio quería realizar el proyecto sobre azulejos, de ahí el azul y or otro lado quería superponer el naranja a modo de veladura para forzar la mezcla de ambos”, continúa Guridi.

Sabemos que entre tus manos bailan muchos más proyectos, más a corto o largo plazo. ¿Qué nos puedes contar al respecto? “Pues a raíz del fallecimiento de mi madre, he tenido que posponer proyectos en los que la parte cómica o infantil estaban más presentes, centrándome en proyectos personales que trabajan desde lo más oscuro de mí. En concreto llevo adelante dos proyectos muy complejos: una versión de la Divina Comedia de Dante y un proyecto personal basado en la memoria, el recuerdo y las sombras como archivos biográficos. En Corea acabo de publicar con Namumalmi un proyecto llamado In the Future que está teniendo muy buena acogida con ilustraciones más enfocadas a lo que quiero hacer ahora”.


“Por otro lado estoy colaborando en proyectos muy curiosos con gente en Portugal y buscando planteamientos expositivos que están entre la pintura, el diseño y la ilustración. En total son más de 15 proyectos esperando a desarrollarse en estos próximos años”.
-
Cómic1 mes agoAnna Aparicio Català nos descubre a ‘La Ondina del estanque’
-
Álbum Ilustrado1 mes agoSergio Alcántara y Manuel Gavilán dan vida a ‘Aslan, un ángel de 4 patas’
-
Álbum Ilustrado1 mes agoAbierta la convocatoria para participar en el Mazoka 2026
-
Álbum Ilustrado4 semanas agoEvelyn Daviddi ilustra ‘¿Qué es el sonido?’
-
Álbum Ilustrado3 semanas agoGuridi plantea en ‘Straniero’ el paradigma de la identidad sin rechazos
-
Álbum Ilustrado3 semanas agoCarolina Luzón y Juan Mata nos dicen que ‘Siempre amanece’
-
Encuentros6 días agoJohn Romita Jr., Pepe Larraz y Jorge Jiménez en la primera jornada de San Diego Comic-Con Málaga
-
Encuentros5 días agoCinco dibujantes hispanohablantes de DC en la segunda jornada de San Diego Comic-Con Málaga

