Álbum Ilustrado
Sol Ruiz nos guía por la vida y obra de Guillermo del Toro
Conozco a un niño al que le aterrorizaban los monstruos. Un día se armó de valor y decidió hablar con uno de ellos. Este es el universo fantástico del director de cine ‘Guillermo del Toro, el niño que pactó con los monstruos’. La editorial Libre Albedrío nos invita a descubrir la biografía de uno de los directores de cine más fantásticos de todos los tiempos: Guillermo del Toro. Una aventura llena de misterios y desafíos, de criaturas extraordinarias y películas inolvidables como Hellboy, La forma del agua, Pinocho o Pacific Rim, entre otras. De la mano de Sol Ruiz, entramos en un universo cinematográfico fascinante y en la vida de un creador único.


¿Dónde está el origen de este proyecto? “El origen es mi anterior publicación ‘El libro secreto de los vampiros’, y es que durante el proceso de documentación averigüé un montón de curiosidades sobre el director de Nosferatu de 1922, Friedrich Wilhelm Murnau, y es que soy una apasionada de este tipo de cosas. Si escribo sobre vampiros, estudio sobre mitos y leyendas, consumo cine relacionado, leo libros sobre el tema… Soy un poco obsesiva con conocer pequeños detalles. Hablando de estas cosas con mi editora, Gema Sirvent, que ya me conoce… ella misma me preguntó si me apetecería ilustrar y escribir sobre un director de cine, y directamente me ofreció poder hacer la biografía de Guillermo del Toro. La verdad es que no podía haber elegido mejor director, amo su cine y en casa habíamos visto sus películas varias veces… Pero esta era la primera vez que hacía algo por encargo, así que le pedí que me dejara un tiempo para estudiar sobre él y ver cómo enfocarlo”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? «No quería que fuera una simple biografía, sino que pudiera leerse como una historia -nos cuenta Sol Ruiz-. Profundizando en la vida de Guillermo del Toro me di cuenta de que era un niño que había vencido sus miedos y los había transformado en admiración y respeto por aquellos monstruos que le asustaban, ya que se había dado cuenta de que sufrían por ser diferentes. Creo que es un mensaje que se repite a lo largo de todo su cine, además de otras muchas cuestiones, como el recuerdo, el amor… A través de esa historia de niño, se va construyendo su cine, busqué entre sus vivencias de la infancia relaciones con sus películas, libros que leía de pequeño, películas que le habían marcado, anécdotas que le habían ocurrido de niño… y para cada película encontré a ese Guillermo”.
¿Cómo ha sido el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… Imagino que mucho cine… “Mucha, mucha, mucha documentación, no sólo leí su biografía, ‘Del Toro por del Toro’, de Antonio Trashorras, sino horas y horas del maestro en canales como YouTube, donde habla de su trabajo, de sus películas, da consejos, habla de su vida… Ha sido como asistir a un máster -confiesa Sol Ruiz-. Por supuesto revisionado de todas sus películas por orden cronológico, así podía ir viendo su evolución como director”.


“En este punto tengo que dar las gracias a mi familia que ha pasado varios meses viéndolas conmigo, de hecho fue mi hijo el que se dio cuenta de que había elementos que se repetían de una película a otra, objetos, planos… Hicimos una labor de estudio pormenorizado de cada película. Pero además, conforme iba leyendo sobre él, me di cuenta de que teníamos un montón de cosas en común, dibujos que habíamos visto de niños, películas, lecturas que compartíamos… y si alguna no me la había leído en su momento, lo hice ahora para tener sus referencias y entenderlo, como Cumbres Borrascosas, que lo leí durante este proceso de documentación”.

“En cuanto al dibujo tardé mucho en dar con el personaje del fauno, que para mí era la clave de esta historia -continúa Sol Ruiz-. Hay mucho dibujado, mucho fan art y no quería ver muchas referencias, así que me dejé llevar un poco e hice un pequeño fauno que iba a crecer a su lado. Suelo empezar mis libros con una ilustración completa, donde aparece el personaje principal y un poco refleja la atmósfera que seguirá el resto de ilustraciones. Le mostré la ilustración a Gema en la Feria de Bolonia del año pasado y supe que iba por buen camino”.

“Respecto al personaje de Guillermo del Toro, no tenía mucho material de pequeño, así que de una sola foto que encontré junto a sus hermanos y por descripciones que él hace de sí mismo, creé su personaje de niño. Curiosamente, es el primer libro que ilustro en el que el personaje principal va creciendo a lo largo de muchos años, así que cada ilustración tiene una media de diferencia de edad de entre cinco y diez años. He de confesar que tengo el ordenador lleno de miles de fotos del director, rodando, en estrenos, de artículos… Creo que llegué a soñar con él como si fuera de la familia. Como curiosidad, la imagen de su madre está basada en una foto que encontré de ella de joven”.

“Como era un proceso completo, es decir texto e imagen, escribí primero la historia que quería contar, y luego iba dibujando poco a poco, creo que no hice un storyboard completo, solo dividiendo las escenas según creía que debían aparecer. Y luego fui dibujando una a una”, afirma Sol Ruiz.
¿Cómo era tu relación con el trabajo de Guillermo del Toro antes de este proyecto y cómo ha cambiado tras terminarlo? “Antes de este proyecto su cine me gustaba, tenía ese punto de fantasía oscura que tanto me agrada, pero después de conocer toda su historia lo que siento es admiración absoluta, creo que la gente no sabe realmente todo lo que hay detrás de este director y espero que en este texto se quede reflejado parte de ello. La verdad es que después de estudiar con tanta profundidad me asombra la determinación que tiene, creo que es un punto que ha sido muy importante para conseguir llegar hasta donde ha llegado”.
¿Cual es el trabajo de Guillermo que más te gusta? «Sin duda para mí es ‘El Laberinto del fauno’, me siento identificada con esa niña que vive en un mundo de fantasía… Creo que hasta que no fui mayor no me di cuenta de que era una película muy cruda sobre la guerra… Para mí siempre había sido un cuento de hadas”, asegura Sol Ruiz.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Las ilustraciones tienen muchísimas referencias a su cine, pero creo que solo él podrá darse cuenta. Por ejemplo, el libro está dividido visualmente en dos partes, hay dos paletas de color que aparecen representadas en el cine de Guillermo, una más azul, oscura, terrosa para el mundo real, y otra dorada, roja y brillante para el mundo de fantasía. En este caso utilicé la primera paleta de color para su mundo real, cuando era un niño con el que se metían en la escuela, y la segunda para su cine, cuando su vida se llena; así hay un montón más de detalles. En la ilustración en la que se encuentra con el fauno en su habitación hay detalles de cada una de sus películas, y referencias a toda su infancia, quería hacer un guiño a la película Dentro del laberinto, una de mis preferidas y que también era un referente para él”.
¿Con qué técnicas trabajaste? “La técnica usada es digital, aunque tengo un digital muy basado en manchas y texturas que yo misma realizo y escaneo. Uso máscaras o recortes sobre el boceto a modo de grabado digital”.
Háblame del trabajo en las guardas, que también es interesante… «En las guardas decidí hacerme un Guillermo (risas), que él usaba decorado de otras películas y lo iba reutilizando… Pues yo decidí hacerme este gabinete de curiosidades e incluir de forma secreta elementos de mis libros anteriores. Además él es un gran coleccionista, así que no podía dejar pasar la oportunidad de crear una estantería llena de objetos curiosos que aparecen en sus películas”.

Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. Creo que al finalizarlo me di cuenta de dos cosas, la primera que se había convertido en un homenaje hacia él. De hecho estuve tan implicada durante el proceso de documentación que antes de que se supiera yo incluí en la última página cuál iba a ser su siguiente película -afirma Sol Ruiz-. Hablaba con mi editora y le decía, yo creo que sí, que está trabajando que lo he visto en Groenlandia grabando… y acerté. Y la segunda, la sensación de haber transmitido esta admiración a los lectores. Recibo mensajes diciéndome que después de leerlo han querido ver de nuevo todas sus películas y que las han visto con otros ojos”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Siempre ando en algún proyecto, es algo que también me ha reforzado conocer tan a fondo la figura de Guillermo del Toro, y es que él, siendo tan grande, tiene cajones llenos de historias… Si no estoy con algún encargo, escribo y realizo mis propios proyectos. De momento acabo de publicar como ilustradora ‘Kokoro y el Mar’, escrito por María Belón (proyecto que surgió justo cuando acababa de entregar los artes finales de Guillermo). Después del verano habrá novedades, en las que he estado trabajando, y actualmente estoy inmersa en otra biografía de otro director de la que no puedo dar muchas pistas”.
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Iacopo Bruno y Francesca Leoneschi dan forma a ‘Inseparables’
Bajo las aguas, dos seres aparentemente lejanos comparten un mismo dolor. Ichi, un pulpo tallador de palabras, busca salvar a su padre. Lucy, inmóvil entre los restos de un barco hundido, se deja mecer por la corriente. Esta narración ilustrada entrelaza sus destinos en una historia profunda, poética y visualmente deslumbrante sobre la pérdida, la esperanza y los lazos invisibles que nos unen. Edelvives edita ‘Inseparables’, un trabajo de Francesca Leoneschi e Iacopo Bruno. Con éste último charlamos un poco más en profundidad sobre su trabajo en este libro.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “Inseparables nació un día de verano entre las olas de las Cinque Terre a bordo de nuestro gozzo (un barco de pesca tradicional) Alina, mientras buscábamos el personaje para una historia de tintes gótico-victorianos. En ese preciso momento nació Ichi, el pequeño pulpo de la familia Real. Cuando nos dimos cuenta de que nuestra historia podía transcurrir bajo el nivel del mar, se nos abrió todo un mundo lleno de sepias que tiñen el mar de negro y de mantas que ocultan la luz del sol en señal de luto por la muerte del padre de Ichi, el Príncipe Consorte”.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Encontrarán un inusual mundo marino donde se fortalece el vínculo y la amistad interespecie entre Ichi y Lucy, la niña que vive en el Abismo entre los tablones del naufragio del Golden Mary en busca de su corazón”, nos cuenta Iacopo Bruno.

¿Cómo fue el proceso de construcción de esta la historia? “Inseparables lo escribimos a cuatro manos pero, dado queFrancesca Leoneschi y yo estamos acostumbrados por trabajo a dialogar a través de imágenes, primero lo imaginamos visualmente de forma muy detallada. Después, bastó con sentarse y escribirlo de un tirón, pasándonos el texto el uno al otro para recortar, corregir o añadir”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… ¿Cómo nacen estos personajes? “Francesca y yo siempre investigamos mucho, lo cual nos sirve para visualizar las escenas y los personajes, como te decía -continúa Iacopo Bruno-. Luego empezamos a contarnos la historia el uno al otro durante los largos viajes en coche cuando nos desplazamos de un lugar a otro. En cuanto la historia empezó a tomar forma, comencé a plasmar los pensamientos sobre el papel. Normalmente, cuando empiezo un libro, le dedico un cuaderno entero bastante grande, y para ‘Inseparables’ también llené un cuaderno de bocetos. El posfacio del libro reúne una selección de estos bocetos para que el lector pueda entrar entre bastidores en un proyecto como este”.


¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Diría que el reto consistió en fusionar el mundo marino con la época victoriana y hacer que resultara fascinante y creíble, pero sobre todo el esfuerzo se centró en intentar captar de forma sincera las emociones que caracterizan la historia. La novedad con ‘Inseparables’ es que durante treinta años he ilustrado libros para otros autores; esta vez, las ilustraciones eran para un libro totalmente nuestro. Fue un reto muy exigente porque Francesca y yo somos unos clientes decididamente exigentes”.


¿Con qué técnicas trabajaste? “Te agradezco mucho esta pregunta porque tengo un interés especial en recalcar que todas las ilustraciones de ‘Inseparables’ están realizadas de forma tradicional, es decir, son todo láminas originales pintadas con acuarela sobre papel. Durante años coloreé mis láminas de forma digital, pero desde hace unos seis años prefiero las técnicas tradicionales, analógicas por así decirlo. Trabajo al óleo, con tintas de colores, lápices e incluso con acuarela, como en el caso de Inseparables. Las técnicas tradicionales me ayudan a concentrarme y a sumergirme en el trabajo, y me dejan láminas originales en lugar de archivos guardados en discos duros que probablemente ya ni siquiera pueda abrir. El papel tiene otro encanto y una durabilidad excelente”, asegura Iacopo Bruno.


Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Como te decía, primero investigo, luego intento visualizar mentalmente, después paso las ideas a un cuaderno grande y solo entonces me sumerjo en la lámina definitiva. Hago los dibujos a lápiz sobre un papel de altísima calidad que me permite, a pesar de los borrones, obtener un dibujo final muy limpio. Para ‘Inseparables’, transferí el dibujo a un papel para acuarela utilizando un escáner y una impresora de excelente calidad. En ese momento coloreo y la lámina ya está lista”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sí, siempre estoy trabajando en nuevos proyectos. Actualmente, el trabajo más exigente es un libro ilustrado para una editorial francesa del que todavía no puedo contar mucho, salvo que serán 40 ilustraciones a color dibujadas con plumilla y coloreadas con tintas; y una novela ilustrada para una editorial estadounidense, que también es confidencial por ahora. Sin embargo, el trabajo que está llenando mi nuevo cuaderno es nuestro próximo libro, basado en un relato original de Francesca Leoneschi. ¡Esta vez estaremos en tierra firme, pero siempre rodeados por un mar tempestuoso!”
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Pedro Oyarbide ilustra ‘El rayo que no cesa’
‘El rayo que no cesa’ es la obra más representativa y lograda de Miguel Hernández. Resultado y testimonio de una profunda crisis vital, sus páginas exploran la vivencia del amor, un amor doloroso, intenso y frustrado que deviene una herida constante. A la riqueza poética de Miguel Hernández se suma aquí la sensibilidad artística de Pedro Oyarbide, quien acompaña estos versos desgarradores con ilustraciones igualmente potentes, profundizando en la simbología hernandiana.
Los treinta poemas de ‘El rayo que no cesa’ adquieren una dimensión inédita en esta edición profusamente ilustrada que invita a una lectura renovada, donde palabra e imagen dialogan para intensificar la emoción, el tormento y la belleza de un libro esencial de la literatura española. Una edición de Lunwerg sobre la que hablamos un poquito más con Pedro Oyarbide.

Lo primero, cuéntanos cómo llega a tus manos este proyecto. “Venía de hacer ‘El Principito’ con Lunwerg. En principio habíamos empezado a darle forma a otro libro ilustrado muy diferente, una colección de cuentos del siglo XIX, pero el proyecto estaba algo estancado y por mi parte no terminaba de fluir. La editora me dio libertad para proponer otros títulos y ‘El rayo que no cesa’ me vino enseguida a la cabeza. Siempre me ha gustado la poesía de Miguel Hernández y sabía que ese libro tenía ingredientes más que suficientes para construir una propuesta visual interesante”.
¿Cómo era tu relación con esta obra de Miguel Hernández antes de abordar este proyecto? “Hasta entonces había leído sobre todo poemas sueltos, más que un poemario completo. Pero había algo en Miguel Hernández que siempre me había atraído, tanto o más que su obra: su personalidad, su historia y, por supuesto, la fuerza y la belleza de su poesía”, nos cuenta Pedro Oyarbide.

¿Cómo dirías que ha cambiado esa relación con el título y con la figura del poeta? “Ha cambiado mucho. Para afrontar el libro me leí bastante sobre la biografía del poeta, el marco histórico, etc. Descubrir con más profundidad su trayectoria y, especialmente, su tristísimo final, hizo que conectara todavía más con sus versos”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, pruebas o dibujos en algún cuaderno. “Fue un proceso bastante natural, muy parecido al que sigo con otros libros -continúa Pedro Oyarbide-. Leí el poemario mientras tomaba notas y hacía algunos bocetos rápidos. Aunque el resultado está muy pensado, en cierto modo puedo decir que fue un trabajo bastante intuitivo. Los poemas me evocaban imágenes con mucha facilidad. Al tratarse de un libro de amor, hay elementos que aparecen una y otra vez, así que quizá el mayor reto fue evitar la redundancia y encontrar maneras distintas de representar esas ideas sin repetirme”.

¿Es la primera vez que ilustras poesía? ¿Qué tal ha sido la experiencia? “Sí, es la primera vez. Ha sido un proceso diferente a cualquier otro. Desde el principio tuve claro que quería que todas las páginas estuvieran ilustradas y que los textos estuvieran redibujados a mano. Ha sido un trabajo muy exigente y, por momentos, extenuante, ya que son 120 páginas ilustradas, pero también uno de los más gratificantes que he hecho”.
¿Tus versos favoritos?
«Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.»
Vuelven una y otra vez a mi cabeza.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente respecto a otros trabajos? “Creo que lo más característico del libro, aparte de mi estilo, que ya es bastante reconocible, es haber redibujado toda la rotulación de texto a mano -asegura Pedro Oyarbide-. Jugué con la propia tipografía incorporando recursos visuales: letras que se desploman, palabras que interactúan con las ilustraciones o que pasan a formar parte de la composición. Quería que el texto también fuera imagen”.
“Por otro lado, creo que la portada tiene mucha fuerza. Está basada en un relieve de un mausoleo del Cementerio Monumental de Milán. ‘El rayo que no cesa’ es un poemario de amor que Miguel Hernández escribió para su mujer, Josefina Manresa. Resulta casi premonitorio -o quizá simplemente consciente de la realidad de la época- porque escribe con un enorme desgarro y solemnidad, como si se anticipara a una muerte temprana y a una despedida inevitable de su amada. Por eso me pareció natural reinterpretar esa imagen. La portada incorpora una ventana troquelada que deja ver el retrato de Miguel Hernández, atravesado literalmente por un rayo. Ese retrato forma parte de una segunda cubierta interior, de modo que ambas imágenes dialogan entre sí. Creo que, como objeto, el libro ha quedado muy rotundo, atractivo y coherente con el espíritu de la obra”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Desde hace años todo mi trabajo es digital. Utilizo una tableta Wacom Cintiq y trabajo principalmente con Photoshop e Illustrator”, afirma Pedro Oyarbide.
Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Fue un proceso largo y muy inmersivo. Cada poema requería encontrar un equilibrio entre respetar el texto y aportar una lectura visual propia, sin invadir su significado. Más que ilustrar cada verso de forma literal, intenté construir una atmósfera que acompañara al lector y ampliara la experiencia de la lectura. También hubo mucho trabajo de composición para integrar texto e ilustración de manera orgánica en cada doble página”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy esperando la publicación de otro de los trabajos que he terminado recientemente y al que le tengo muchísimas ganas: una edición ilustrada de ‘La sombra del viento’, de Carlos Ruiz Zafón. Es un proyecto muy especial para mí y estoy deseando que vea la luz”.
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Verónica Aranda y su trabajo en ‘Bienvenida, amiga ardilla’
Cascabilla la ardilla tenía su nido en el hueco de un árbol y todo preparado para el invierno: una cálida cama hecha de hojas, una despensa a rebosar de frutos secos y cientos de semillas escondidas en lugares secretos del bosque… Ya falta poco para que se instale el invierno y Cascabilla ha trabajado duro para estar preparada. En su apacible nido, en lo alto del árbol, la ardilla ve caer las últimas hojas de otoño cuando, de repente, el tronco cae al suelo. ¡No puede ser! ¡Los castores lo han talado! Cascabilla está desconsolada. ¿Y ahora qué? Con estas palabras la editorial Cuento de Luz nos presenta ‘Bienvenida, amiga ardilla’, una emocionante aventura a través del bosque que construyen Daniel Cañas y Verónica Aranda, con la que hablamos de este álbum ilustrado.
¿Cómo llega a tus manos este proyecto? “Hace años que conozco a Daniel Cañas y, desde el primer día, habíamos tenido la intención de publicar algo juntos. Pero siempre iban surgiendo cosas y nunca encontrábamos el momento de ponernos manos a la obra con nuestro proyecto. Durante una etapa en la que yo tenía menos carga de trabajo pensé: “ahora es el momento”. Así que le escribí y le pedí que me enviara algunos de sus últimos cuentos. El de la Ardilla fue el que más me encajó y enseguida lo visualicé con mis ilustraciones”.

¿Qué es lo que más te gustó de este proyecto? ¿Qué te pareció la historia de Daniel la primera vez que la leíste? “Lo que más me gustó fue que los protagonistas fueran animales y que la historia transcurriera en el bosque. Soy una gran amante de la naturaleza y es lo que más disfruto dibujando -confiesa Verónica Aranda-. También me llamó la atención la estructura repetitiva del cuento, porque me pareció muy dinámica y divertida para los pequeños lectores. Además, transmite valores como el compañerismo, el respeto y la gratitud, algo que considero muy importante aprender desde edades tempranas”.
¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Animales. Muchos animales escondidos por aquí y por allá. En todos los libros que ilustro intento cuidar mucho los detalles para que los niños puedan entretenerse observando cada página. Pero en este álbum quise implicarme al 200%. Y si se fijan bien, incluso encontrarán una pequeña subtrama entre dos pájaros carpinteros que desarrollé para enriquecer todavía más la historia”.

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Pues como he dicho anteriormente, creo que mis ilustraciones se caracterizan principalmente por la cantidad de detalles que contienen. A nivel de color, me gusta trabajar con gamas cromáticas vivas y luminosas, y sobre todo jugar con las luces para crear escenas cálidas y envolventes”, nos cuenta Verónica Aranda.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Yo soy digital 100%, desde el storyboard hasta el arte final. Trabajo únicamente con Photoshop, en una tablet con pantalla grande. Aun así, me gusta conservar cierta sensación tradicional en el acabado, por eso trabajo con muchos pinceles y texturas diferentes que aportan ese aspecto más orgánico y “hecho a mano”.

¿Qué has aprendido con este proyecto? “Siempre que ilustro un libro termino aprendiendo cosas nuevas relacionadas con su temática. En este caso descubrí algún que otro dato curioso sobre las ardillas, los pájaros carpinteros, los castores o las liebres. Por ejemplo, me sorprendió muchísimo la memoria que pueden llegar a tener las ardillas: son capaces de recordar los escondites donde almacenan su alimento creando mapas mentales y ayudándose con marcas visuales del entorno”, afirma Verónica Aranda.
Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “En este álbum, la forma de trabajar fue muy distinta a la de otros encargos editoriales que había hecho anteriormente, porque Daniel y yo iniciamos el proyecto de una manera totalmente libre, sin la presión de una fecha de entrega. Fue un proceso que se cocinó a fuego lento durante dos años”.

“Primero realicé un storyboard para distribuir el texto en las distintas dobles páginas y decidir qué escenas podían ilustrarse mejor. Después empecé a trabajar en los bocetos a tamaño real, siempre contando con el feedback de Daniel. Precisamente, una de las cosas más bonitas de este proyecto fue la comunicación constante entre nosotros. Hubo un intercambio de ideas muy enriquecedor y, de alguna manera, ambos fuimos alimentando creativamente el trabajo del otro”.
“Cuando ya tuvimos una maqueta sólida, decidimos presentarla a algunos premios de álbum ilustrado, entre ellos el Premio Lazarillo, aunque finalmente no hubo suerte. Más adelante, Daniel -que ya tenía relación con la editorial Cuento de Luz y había publicado otros álbumes con ellos-, les enseñó nuestro proyecto. La editora quedó tan encantada que nos dio el sí prácticamente al momento. Gracias a ellos, nuestro cuento terminó convirtiéndose en realidad dos años después de haber comenzado este viaje”, asegura Verónica Aranda.

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Hace poco se publicó el último libro que he tenido el placer de ilustrar, Joel i el Drac Ocult, escrito por Laura Borao y editado por Edelvives. Y ahora mismo estoy en una etapa un poco más pausada, ya que estos últimos meses han sido bastante intensos tras la compra de mi primera vivienda. Además, trabajo a jornada completa como maquetadora en una editorial y entre unas cosas y otras apenas me queda tiempo. Aun así, espero poder retomar pronto el dibujo y empezar nuevos proyectos”.
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