Cómic
De niño soldado a náufrago, una pesadilla cotidiana en viñetas
Además de ser una inagotable fábrica de fantasías, la novela gráfica siempre se ha caracterizado por contar lo que sucede en el mundo. La pesadilla cotidiana de los migrantes que naufragan en el Mediterráneo no ha sido una excepción, pero pocas veces se ha narrado de un modo tan impactante y conmovedor como el de ‘El cielo en la cabeza’, la obra de Antonio Altarriba, Sergio García y Lola Moral, que vio la luz en Norma editorial.

‘El cielo en la cabeza’ pone nombre y rostro a la tragedia abstracta de la emigración clandestina de África a Europa: Nivek, un chico que trabaja en condiciones de esclavitud en una mina de la República del Congo, es reclutado para convertirse en kadogo, en niño soldado. Antes, será sometido a algunas crueles pruebas para despersonalizarlo y hacer de él una fría máquina de matar. Pero el muchacho logra escapar a tiempo de ese destino, y emprende una travesía a través del corazón de África erizada de peligros y de encuentros asombrosos. Así, “la peripecia del personaje central acaba siendo para el lector no solo una revelación de la realidad que viven miles de personas en este continente, sino también una ventana para descubrir su compleja diversidad y sus violentos contrastes”, nos cuenta la editorial.
Sin embargo, la explotación, los abusos y el ejercicio de la fuerza no dejan de abatirse sobre todos aquellos que sueñan una vida mejor. Nivek consigue llegar a Libia, donde la vida humana no vale mucho más que en el lugar del que procede. Cuando el protagonista se lanza en una lancha neumática junto a otros seres desesperados con el objeto de alcanzar la orilla europea, no piensan que navegan sobre una enorme fosa común, de la que pueden formar parte en cualquier momento.


Con Sergio García y Lola Moral charlamos una tarde, en Granada, sobre este trabajo. Y aunque ya lo escuchasteis en el podcast, ahora lo podéis leer y ver algunas de sus ilustraciones.
“Nace de una serie de discusiones creativas que tuvimos mucho tiempo después de terminar ‘Cuerpos del Delito’. Había una serie de proyectos que intentabamos desarrollar y no acababan de cuajar, hasta que Antonio conoció a Idoia Moreno, que es la fundadora de una ONG que se llama Jambo Congo, y le contó toda la historia de las minas de Coltán. Y él ahí vio una historia, claramente”, nos cuenta Sergio García.
¿Cómo fue el proceso de construcción de este libro entre los tres? “Pues, en principio, él nos pasó un copión, así corto, de x páginas, con el conjunto de la historia, pero muy resumida y de forma como muy somera, con lo que iba a pasar aproximadamente. Y, a partir de ahí, ya iba pasándonos capítulo por capítulo -continúa Sergio García-. Son siete capítulos, vamos a capítulo por capítulo, con un guión bastante cerrado, de hecho. Y, entonces, llegamos al acuerdo de que yo así no podía trabajar, porque no me gusta trabajar nada con guiones cerrados, y, de hecho, yo quería aportar mi propio punto de vista a la composición de las páginas, que es justo lo que Antonio, por otro lado, buscaba”.

“Entonces, pues era así, él me pasaba capítulo a capítulo, yo lo que hacía era que cada escena me la leía, cerraba para no dejarme influir demasiado, porque quería tener mi propia visión, y empezaba a trabajar directamente. Y luego iba colocando los bocadillos, los textos, como a posteriori. Y, entonces, ya le pasaba el trabajo ya acabado, después de chequearlo con Antonio, básicamente, por si había alguna escena que no quedara clara. Y ya pasaba a Lola que aporta el color”.
“Bueno, yo empiezo a trabajar casi al final, porque prefiero que haya un volumen grande de trabajo, porque así, de esta forma, veo de forma global la historia, la entiendo, la conceptualizo, y, entonces es cuando yo llego -nos cuenta Lola Moral-. Empiezo a hacer las primeras pruebas de color, que van transformándose poco a poco ya en las definitivas, pero de una forma muy natural. Va entendiendo los colores porque entiende la historia, conoce los personajes, y poco a poco se van formando, van tomando forma”.

En su trabajo, siempre nos ha gustado esa idea de salirse de la página con las ilustraciones. En esta ocasión, no hay opción de salirse de la página, pero sí la ilustración, podríamos decir, que se sale de las viñetas. “Sí, sobre todo se trataba de trabajar con la metáfora visual, porque el guión en sí era muy complejo, a niveles de violencia y de situaciones complicadas de dibujar, sobre todo si se seguía al pie de la letra lo que decía el guión -afirma Sergio García-. Entonces, algunos, porque realmente pensábamos que se podía realizar un ritmo distinto a la historia, yo le proponía a Antonio y, al final, siempre resultó, la verdad que ha sido súper generoso, y otras porque había cosas que simplemente no podía dibujar. Hay alguna escena de alguna violación, concretamente, que tal cual estaba escrito en el guión, era muy duro de dibujar. Se planteó mediante ese uso de metáforas visuales”.
“Y, en general, si te das cuenta, casi todas las historias de combate o de dureza están resueltas así. No hay una recreación a lo Gore, en cómo se ha matado tal o cual persona, sino que hay una imagen que predomina de forma jerarquizada y luego a su alrededor orbitan el resultado de esa acción. Esa acción-reacción está de modo presente, con lo cual se plantea una forma muy distinta de generar esa narración, que suele ser viñeta 1, disparo, muere una persona, me muevo, viñeta 4, vuelvo a disparar, muere otra persona. Pone al protagonista disparando de una sola vez y luego vemos la acción de lo que ha producido su disparo”.
“Es contar lo mismo de una forma distinta. Como ese ejemplo, hay muchísimos a lo largo del libro. Y siempre me ha gustado mucho jugar con composiciones de páginas y, curiosamente, este último libro recuerda mucho a mi primer libro, ‘Amura’, en el que ya había una gran carga de experimentación visual”, asegura Sergio García.

“Paradojicamente, pero de forma no consciente, he vuelto, en este caso, a nivel compositivo-narrativo, como a esos orígenes. Ya que no podíamos hacer formato expandido y se trataba de hacer un cómic más o menos convencional, lo que pasa es que, en nuestro caso, si alguien trabaja con nosotros sabe que eso no va a ser así. Primaba la legibilidad, ante todo, que el lector que esté leyendo el libro en todo momento comprenda qué está pasando”.
“Así que, ese equilibrio difícil de guardar es el que ha supuesto la composición y la narrativa del libro, a partir del guión de Antonio, que es magnífico, claro”.
Se utilizan esas metáforas visuales, esos recursos, pero, aun así, hay escenas realmente duras. “Sí, son bastante duras -afirma Lola Moral-. Lo que pasa es que yo creo que ha pasado un filtro, ha pasado un filtro, tres filtros, digamos, el filtro de Antonio para no caer en el estereotipo de la historia, y pasar, que no quedara como una historia déjà vu y más de lo mismo, demagógica y tal. Pasado ese filtro, llega Sergio, que con él dibujo ha sido una maravilla, o sea, que concentra toda la violencia en viñetas que son belleza, y ya pasa, después de ese segundo filtro, aporto el color, que intenta también huir de colores estridentes y aportar un cierto equilibrio a toda la historia, evitando, por ejemplo, la sangre, que hubiera sido un detonante horroroso, y es siempre negra, evitamos el color rojo y, luego, intentamos también que haya una coherencia en todo el libro, a pesar de que el color se adapta a todos los capítulos que hay a lo largo del libro y a los personajes y a la historia”.

¿Y con qué técnicas han trabajado en este libro tanto Lola como Sergio? “Yo siempre digo que uso Photoshop analógico, porque soy una matada de la informática. El programa lo conozco básicamente como lo conoce un usuario básico, Sergio me prepara las páginas y yo las coloreo de la misma forma que podría colorear una acuarela o podría fabricar otro tipo de obra, porque me fabrico una paleta de color, voy haciendo mezclas, pero siempre tengo como la mentalidad en un dibujo clásico, no parto de la base del conocimiento informático”, nos cuenta Lola Moral.
“Trabajo con Procreate en el iPad, pero da igual, sí es que es lo mismo, es un lápiz que tiene una gran sensibilidad, que responde muchísimo a los impulsos que tú le das y recuerda mucho a una plumilla, de hecho, siempre cuento la anécdota que en los primeros trabajos que hice para el New York Times, me preguntaban cómo había hecho eso, que cómo se veía tan bien el lápiz y la tinta al mismo tiempo, que era muy difícil de reproducir, y ya les dije que lo hacía con iPad, porque realmente da igual, no hay una gran diferencia. Al igual que pasa con Lola, yo sigo concibiendo, y de hecho trabajo el Procreate como si fuera una plumilla tradicional, y solo trabajo con dos herramientas, bueno, en este caso con una, porque es la plumilla, en otro tipo de trabajo uso un lápiz digital, pero es que no hay más, el resto de alumnos míos o mis propios hijos, por ejemplo, trabajan con mil pinceles distintos, capas, nosotros no, tenemos una capa de boceto y una capa de dibujo, fin de proyecto. Igual que Lola, Lola usa la paleta de color, yo uso una paleta de acrílico, de guacho, de acuarela”, afirma Sergio García.

“Entonces tenemos conocimientos clásicos del dibujo y del color, que los aplicamos con nuevas tecnologías, sobre todo por la facilidad, por trabajar con el escalado. Las mesas de luz, por ejemplo, son más sencillas en digital, porque no tienes realmente que estar escalando el dibujo en la fotocopiadora y luego, no, aquí simplemente escalas el boceto base según te conviene y luego ya calca con tu propia mesa de luz, que es tu capa de dibujo, con lo cual usamos métodos muy tradicionales y no nos salimos de la tradición, pero siempre dentro de los métodos digitales”.
“Sobre todo porque se reproduce muchísimo mejor, porque nosotros hemos hecho muchos libros, pero algunos no se han reproducido bien, porque la acuarela, el gouache… -prosigue Lola Moral-. O la propia tinta, pierde tonalidades, entonces luego para el colorista es un drama. Y la verdad es que con este último libro estamos súper contentos, porque Norma ha hecho un trabajo excelente, los colores se han reproducido perfectamente, yo estoy muy contenta, creo que es el libro que mejor se ha reproducido de todos los que hemos hecho y es un alivio, porque son muchos meses de trabajo y luego te gusta ver tu trabajo”.
Cómic
Javier de Isusi nos traslada a ‘El año en que fuimos reyes’
‘El año en que fuimos Reyes. Tomo 1’ es lo nuevo de Javier de Isusi, ganador del Premio Nacional del Cómic 2020 con La Divina Comedia de Oscar Wilde. Ya podemos leer el tomo 1 de este cómic que edita Astiberri. Es una historia ambiciosa que nos transporta a Babilô, una ciudad universitaria y efervescente, meca de la disciplina artística del Esquinismo y lugar de origen de revueltas sociales. Con Javier charlamos un poquito más sobre este proyecto.

¿Dónde está el embrión de toda esta historia, dónde está esa chispa que te hace empezar a trabajar en este proyecto? “Pues es una chispa múltiple, tiene varios orígenes, por eso es una historia con tantas capas. La primera chispa tuvo lugar hace 25 años, cuando yo era un estudiante que estaba haciendo el Erasmus. Fue un año muy especial, un año en el que yo también fui rey de alguna manera y en ese momento me surgió la idea de hacer alguna vez un cómic de lo que estaba pasando. Pero no lo hice porque no sabía cómo abordarlo, no soy muy de autobiografías”.
“Unos años después, hace 15 años, desarrollé un proyecto en el que contaba una revolución desde el punto de vista de unos estudiantes -continúa Javier de Isusi-. De alguna manera estaba queriendo vivir ese mayo del 68 que no me tocó. Presenté el proyecto a Astiberri, pero reconozco que no estaba muy bien armado y me lo rechazaron. Volví sobre él intentando darle una vuelta, pero ocurrió algo absolutamente inesperado: el movimiento del 15-M, que resultó ser tremendamente similar a lo que yo estaba imaginando para mi cómic. Recuerdo mi incredulidad al pasar por entre las carpas del 15-M, era como ver materializado lo que yo había inventado, pero mucho más interesante porque era real. Así que mi proyecto se fue al cajón. Ya no era necesario contarlo”.

“Ahora mismo me parece que vuelve a ser interesante, incluso necesario. En un momento dado se me ocurrió juntar esas dos historias de las que he hablado y otras que también me danzaban alrededor y así surgió esta historia con tantas capas… y tantas páginas”.
¿Qué se van a encontrar los lectores que empiecen a pasar las páginas de este cómic? “A mí me gustaría que vivan, en unas páginas, la experiencia de compartir piso con los cuatro protagonistas. Que se conviertan en el quinto inquilino del piso, podríamos decir”, asegura Javier de Isusi.
¿Tú compartirías piso con alguno de ellos? “Con los cuatro. De hecho, es un poco lo que estoy haciendo. Cuando haces una historia de alguna manera la estás viviendo. Y llevo aquí metido en el piso con ellos ya como mínimo dos o tres años”.
Y sigues con ellos, porque claro, este es el tomo 1, imagino que estás trabajando en el segundo… Estoy en el segundo. Y sí, sigo con ellos”.

Javier, hay mucho de arquitectura también en este libro. Ese concepto de ciudad y Bilbao tiene mucho que ver también, ¿no? “Sí, ya en el propio nombre de Babilô están las letras de Bilbao cambiadas de orden, es una especie de Bilbao de otra dimensión. Aquí desarrollo otra de las ideas que tenía en la cabeza, que era hacer una ciudad que podría ser la Bilbao que nunca existió. En Babilô lo que he hecho ha sido poner edificios que se proyectaron para Bilbao, pero no se hicieron, o edificios que sí se hicieron, pero se derribaron. Incluso planes urbanísticos que se diseñaron, pero que no se llevaron a cabo. Lo que hago es jugar con esa ciudad que es mi ciudad, donde nací y crecí, pero como si nos la encontráramos en una dimensión paralela: se parece mucho a Bilbao, pero es distinta. También tiene cosas de Lisboa, de Praga, de Roma incluso. Aquí me he permitido sacar mi vena más arquitectónica; yo estudié arquitectura, pero no ejercí apenas la profesión.

En el cómic se habla del Esquinismo. Uno de los ejercicios que hacen los estudiantes es buscar figuras en la forma de los edificios. No sé si tú eras de esos que veías figuras en las nubes, en las montañas… “Sí, la verdad que sí. No es que haya sido un virtuoso encontrando formas, conozco a gente que se le da mucho mejor que a mí, pero me parece divertido encontrar figuras en las montañas, en las rocas, en todo. Pero el concepto de Esquinismo, en realidad, no lo inventé yo, sino que lo saqué de un relato de la escritora mexicana Laia Jufresa, a la cual homenajeo: la única profesora interesante de la facultad de Esquinismo del cómic se llama Laia. Tengo una relación especial con este relato suyo de “El esquinista”. Le pedí permiso para usarlo y ella accedió entusiasmada. Todos los fragmentos en los que mi personaje Maesa Laia habla del Esquinismo y de la historia del Esquinismo, están sacados de su relato”.
Si hablamos un poquito del dibujo, ¿qué hay de diferente con respecto a otros trabajos anteriores, Javier? “Es el primero en el que yo hago bitono, en este caso negro y amarillo. En otros cómics también he utilizado solo dos colores, pero, al final, aunque yo usara solo dos tintas, se mezclaban y daban otros tonos, por lo cual la impresión era en cuatricomía. Pero este es bitono estricto y eso le da un aspecto diferente a otros cómics que he hecho, es más… fuerte”, asegura Javier de Isusi.

¿Y por qué el amarillo, Javier? “Cuando me planteé el bitono, era por economía de tiempos, pensé que tardaría menos. Podía haberlo hecho en blanco y negro, pero me pedía algo más de luz; es una historia que para mí tiene mucha luz, de ahí el color amarillo. Y además la combinación de negro y amarillo es muy enérgica. Es un libro en el que hay mucha energía, hay luz, pero también hay sombras”.
¿Con qué técnica trabajaste en este proyecto? “Es básicamente la misma que he usado desde hace años: lápiz y acuarela. Es verdad que en cada uno de los libros lo hago de manera un pelín distinta, pero muy parecida, al fin y al cabo. Me gusta mucho trabajar con acuarela porque crea unas texturas que permiten que la acuarela trabaje un poco por mí”.
Cómic
Silvia Bezos nos sube al metro en ‘Manos de pobre’
De lunes a domingo, durante sus trayectos en metro, la protagonista de ‘Manos de pobre’ reflexiona sobre la desigualdad, el acceso al conocimiento y la cultura del esfuerzo, con un discurso cargado de humor y referencias pop que convergen en cómo las estructuras sociales moldean nuestras aspiraciones. Obra ganadora del Premio Aristas de Novela Gráfica PANG!, este cómic de Silvia Bezos está editado por la editorial Aristas Martínez. Con Silvia hemos charlado un poquito más sobre este proyecto.

¿Cómo nace este proyecto? “Cuando me da por un tema, puedo ser bastante obsesiva. “Manos de Pobre” nace de la necesidad de contarle al mundo mis reflexiones diarias en lo relativo a la diferencia de clase en un país como España y cómo esta afecta a todos los ámbitos de nuestra vida”.
¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “El cómic nos adentra en los pensamientos de una mujer de origen humilde e intelectualmente inquieta a lo largo de siete viajes en Metro, uno por cada día de la semana -nos cuenta Silvia Bezos-. Sus pensamientos mundanos acabarán por derivar en un análisis subjetivo de los privilegios de clase. Durante este viaje veremos cómo se intercalan situaciones cotidianas, anécdotas, pensamientos banales y sesudas conclusiones con un toque cómico”.

¿Qué hay de Silvia en la protagonista de este cómic? “Para sorpresa de nadie, muchas. Las dos venimos de familias humildes, somos obsesivas, inquietas y detectamos patrones con facilidad. Ella quizás lo ha tenido un poco más jodido que yo. En el “espectro de la clase obrera”, ella está más cerca de la pobreza”, confiesa Silvia Bezos.
¿Qué ha supuesto el Premio Aristas? “Primero, un subidón de motivación. Las últimas 50 páginas, que eran las que faltaban por acabar cuando recibí el premio, las hice a la velocidad de la luz. Después, un reconocimiento que no esperaba, una sorpresa absoluta. Y por último, la confirmación de que soy autora de cómic, que es algo que aún me cuesta creer, pero me enorgullece muchísimo”.

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Gráficamente destacaría la aparición de metáforas visuales para representar los pensamientos de la prota, la expresividad, los colores vivos y un leguaje diferencial entre la realidad y las reflexiones. Creo que acompañan bien el espíritu vibrante de la historieta”, asegura Silvia Bezos.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Esto puede sorprender un poco, pero hice todo el cómic en Illustrator. Conozco muy bien la herramienta y, cuando lo empecé, estaba embarazada. Sabía que no iba a tener mucho tiempo entre criar, trabajar y la vida misma, así que me lo puse fácil. Está dibujado a mano con Cintiq, pero en Illustrator, que te permite aprovechar dibujos mucho más fácilmente que otras herramientas. Los primeros bocetos los hice a mano, pero enseguida cambié a digital”.

¿Qué has aprendido con este proyecto? “He aprendido a estructurar un batiburrillo enorme de ideas y a ser tenaz a la hora de sacar un proyecto ambicioso (y a priori no remunerado) adelante”.
Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “Aunque venía del mundo del dibujo y la animación, necesité un empujón inicial. Para ello me apunté a un curso fantástico de novela gráfica de “Billar de Letras” en Madrid, con profes como Roberto Massó, Ana Penyas, Juan Berrio, José Robledo y Cristina Durán, entre otros. Fueron cuatro meses, si no recuerdo mal, pero suficiente para sentirme más preparada para afrontar un proyecto así. Después fue cuestión de organizarme. Primero las ideas y después el tiempo. He madrugado muchísimo durante años para sacar esto adelante”, afirma Silvia Bezos.

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sigo con mi trabajo en comunicación visual en ONU-Agua. Trabajo online para Ginebra y me siento súper privilegiada de usar mis habilidades gráficas para campañas como la del Día Mundial del Agua. Respecto a proyectos personales, tengo una idea de cómic que me ronda la cabeza desde hace un par de meses, y estoy deseando ponerme al lío”.
Cómic
Arianna Pisani nos lleva a las Grandes Landas en ‘Margot’
Esta es la historia de un árbol que crece boca abajo. Es la historia de una niña que pierde a su madre y transita entre dos mundos. Es la historia que mezcla la fantasía del universo rural y la modernidad del progreso. Desde la infancia hasta la madurez. Trata del miedo, la pérdida y el cambio y de cómo la imaginación y las palabras nos ayudan en el viaje. ‘Margot’ habla del fin de un mundo, oculto en el extremo suroeste de Francia, conocido como las Grandes Landas o Landas de Gascuña. Aunque parezca increíble para quienes ahora visitan los interminables pinares de Aquitania, hasta 1910 esa misma llanura era totalmente diferente. Era un desierto. Con este planteamiento Liana Editorial nos presenta este cómic de Arianna Pisani y Xabier y Martin Etxeberria. Con Arianna hemos charlado en torno a su trabajo en este libro.

¿Cómo nace este proyecto? “El proyecto surgió de las mentes brillantes de Xabier y Martín, los guionistas de Margot. El proyecto ya estaba en marcha porque una artista anterior había realizado algunas páginas de prueba. Me enviaron un correo electrónico preguntándome si me interesaba colaborar con ellos y mi respuesta fue inmediatamente que sí :)”.
¿Qué van a encontrar los lectores en sus páginas? “Los lectores encontrarán una historia a caballo entre la historia de Gascuña y las leyendas populares de criaturas que siempre han contribuido al imaginario del lugar. Lo místico se mezcla con el esfuerzo de tiempos duros e inciertos, en plena revolución para la que nadie estaba preparado. Los lectores encontrarán la relación entre dos hermanas de edades diferentes que atraviesan momentos de extrema cercanía y lejanía, encontrarán magia y una rima que… ¡bueno, no diré más! :D”, afirma Arianna Pisani.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Nos referimos al proceso de investigación, documentación, dibujos en algún cuaderno… “El trabajo previo al libro fue una fuente de inspiración inmensa para mí. Soy italiana y no conocía muy bien esta parte de la historia; y, para ser sincera, no me resultó nada fácil encontrar información sobre ese periodo, ¡fue todo un reto! Por suerte, Xabier y Martin ya habían elaborado una «biblia» que pude consultar durante todo el proceso creativo -confiesa Arianna Pisani-. Recuerdo que trabajé en pleno periodo de la pandemia, por lo que me resultaba imposible conseguir cuadernos y materiales tradicionales; de hecho, los primeros bocetos de Margot y los demás personajes fueron, en su mayoría, bocetos digitales. ¡Os envío algunos!”


¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este cómic? ¿Qué hay de nuevo o distinto respecto a otros trabajos? “Esta es una pregunta trampa, porque ningún artista, al menos al principio de su carrera, conoce bien sus propias características distintivas, jeje. Yo creo, al menos basándome también en lo que me han dicho otros colegas y personas que estuvieron presentes durante la realización de Margot, que las atmósferas podrían considerarse una característica. La sensación que tuve con Margot fue la de una inmersión total en la historia y, para poder contarla de la mejor manera posible, estudié las atmósferas de las distintas escenas: el cementerio, el pantano, los colores fastuosos de la villa del Prefecto; el color es un narrador más de las emociones, tanto de los personajes como del estado de ánimo que se vive”, asegura Arianna Pisani.
“Lo diferente es que se trata de mi primera novela gráfica impresa; al trabajar principalmente como colorista e ilustradora infantil, Margot me ha permitido adentrarme en un mundo nuevo, con un enfoque del dibujo totalmente diferente; ha sido una aventura extraordinaria y espero de verdad que esto se perciba entre las páginas”.

¿Con qué técnica trabajaste? “La técnica utilizada es una combinación de dos programas de coloración digital: Clip Studio Paint y Procreate; se trata de una combinación muy interesante si se quiere trabajar en los escenarios y en la atmósfera”.
Danos algunas pinceladas sobre el proceso de elaboración de este libro. “En cuanto a las pinceladas sobre la trama, lo más importante es entender dónde estamos, cuándo y quiénes son los personajes que se entrelazan en la historia de Margot -nos cuenta Arianna Pisani-. Yo, personalmente, suelo empezar siempre con manchas de color, como por ejemplo el pantano, que contiene colores tenues debido a la niebla, pero que también debe transmitir la sensación de lo inexplorado, lo salvaje y lo místico. Me ha ayudado mucho la parte natural, los hábitats de las garzas, el bosque, lo que guarda la verdad entre la realidad y el misterio. Empiezo por ahí para luego «esculpir» el color con luces y sombras. Después, una vez satisfecha con el ambiente creado, empiezo a esbozar la escena”.

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora estoy trabajando en una novela gráfica ambientada en la era «jurásica» junto con otros dos guionistas; no puedo decir mucho porque aún está en fase embrionaria, pero todos nos estamos esforzando al máximo y espero de verdad que podamos hablar de ello pronto”.
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