Entrevistas
Sara Fernández Sainz y ‘A Florencio le pica la cabeza’
Florencio, el rey de la selva, despierta un día con picores en la cabeza. No consigue calmarlos rascándose, ni siquiera cuando su señora y sus cachorros le ayudan. Florencio comienza entonces un viaje para buscar remedio. Los más diversos animales de la selva intentan acabar con sus picores, pero sin éxito. Por el camino incluso un mono queda enredado en la abundante melena del león.Encuentra alivio en una charca, y también en la charca unos cocodrilos le aplican un remedio drástico. ¡Por fin! Ahora Florencio puede dormir tranquilo. Aunque… espera un momento… Así nos presenta la editorial Milrazones este álbum ilustrado. Su autora, Sara Fernández Sainz, nos habla de ‘A Florencio le pica la cabeza‘.

¿Cómo nace este proyecto? Sara Fernández Sainz: «Este proyecto apareció cuando no me lo esperaba. Yo estaba trabajando en otra historia de leones, pero había una parte que se me estaba atascando. Un día mis hijos trajeron del cole, por enésima vez, el papelito de “aviso de pediculosis”. Y entonces, gracias a un conjuro que me enseñó Pablo Albo, asocié ideas. De repente me encontré con un protagonista (un león), un problema gordo (unos piojos de los que no hay forma de deshacerse) y pensé: aquí hay una historia, a ver cómo la puedo contar».
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? «A Florencio le pica la cabeza es una historia de piojos. Pero creo que eso es lo menos importante de todo el libro. De hecho no se nombran ni una vez, y aparecen en chiquitito tan sólo en una ilustración. Es verdad que en las guardas ocupan todo el espacio, que se hace un “zoom” sobre ellos, pero es como una historia paralela».
«En realidad el libro casi se puede leer de dos formas, como explico en mis talleres. Una es la convencional, de la primera a la última página, y entonces estamos ante la historia del “rey de la selva” que tiene un problema muy gordo, que necesita –y pide- ayuda y al que todos se la prestan sin pensárselo dos veces, sin importar cuál sea la causa y sin temer las consecuencias. Hay que encontrar una solución y se busca. Otra forma de leer el libro es la que yo llamo exprés. Entonces basta con ver la portada, junto a la primera y la última guarda, con ese “piojo diabólico” indestructible que queda al final, para saber que estamos ante una historia a la que, como todos los que tenemos hijos sabemos y sufrimos de vez en cuando, no es fácil encontrarle un final definitivo», asegura Sara Fernández Sainz.

«Y aparte de estas dos formas de acercarse a este álbum ilustrado, hay otros aspectos que he trabajado desde la creación de los personajes. No aparecen de forma explícita, pero están ahí, igual que en nuestro día a día. Tenemos a Florencio, un protagonista que ejerce la paternidad, que no deja de ser un león por necesitar ayuda, que sabe pedirla, y al que van acompañando una serie de personajes que se la ofrecen sin prejuicios y sin esperar nada a cambio. También aparece cómo surge la amistad cuando alguien te ayuda en una situación difícil. La historia va transitando por problemas que no siempre se solucionan a la primera y hay que seguir buscando, y por personajes con muy buena intención que no hacen sino agravar la situación… En realidad son situaciones que nos pueden pasar a todos pero que, al jugar con el lenguaje de la comedia, están llevadas un poco al extremo. Y sobre todo creo que los lectores se encontrarán con una historia dinámica y divertida, llena de detalles que se van descubriendo en las sucesivas lecturas».
¿Qué importancia tiene el humor en un álbum ilustrado como este? «Diría que toda, lo cual es muy arriesgado porque no hay cosa más peligrosa que intentar hacer algo gracioso y que no funcione. Creo que afrontar un problema con el que las niñas y niños se pueden sentir muy identificados, quitarle importancia, desdramatizar e incluso dejar de estigmatizar es más fácil desde el humor -continúa Sara Fernández Sainz-. Para nada es un libro de autoayuda, pero es muy gratificante, en los talleres que hago, ver cómo se acaban riendo de los piojos. Y hay humor, sobre todo, porque creo que es una buena forma de hacer que las y los lectores disfruten».

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este proyecto? «Quizás la expresividad de los personajes. Antes de formarme como ilustradora hice muchos años de teatro universitario y amateur. También me apunté a muchos cursos de interpretación, dirección, dramaturgia, clown… Cuento todo esto porque para hacer mis ilustraciones, y sobre todo, para crear mis personajes, tiro mucho de trabajo actoral. No es que me ponga como una loca a gesticular en mi estudio (que a veces también), creo que más bien tiro de memoria corporal. Así que, una vez que tengo definido al personaje tanto física como psicológicamente, empiezo a imaginarme cómo se mueve, cómo reacciona ante las situaciones que se le van presentando y cómo estaría en cada trozo de la historia, y lo dibujo. Y por supuesto, no me olvido de la importancia que tienen los secundarios y los extras, que le dan todo el color a una historia».
¿Con qué técnicas trabajaste? «He utilizado acuarela, aunque como material más que como técnica, porque no está usada de forma muy ortodoxa, como creo que se puede notar. Y me he apoyado en lápices de colores. En algunas páginas he trabajado todas las piezas y los fondos totalmente a mano, pero de forma independiente y luego he ido componiendo con la ayuda del ordenador. Así que técnica mixta», afirma Sara Fernández Sainz.

Háblanos un poco del proceso de elaboración de este libro. «Casi inmediatamente después de tener la idea del león con piojos me fui al FLIC de Barcelona. En el tren, a las siete de la mañana, me puse a escribirla y no podía parar. También es verdad que iba en el vagón del silencio, y eso ayuda. Y que cuando estás acostumbrada a trabajar con tus hijos pululando por casa, tener casi tres horas sin interrupciones es un tesoro. Sí que tenía claro que iba a usar una estructura clásica, y lo de la comedia de enredos y los personajes con los que se iba encontrando fueron surgiendo. Llegué a la estación de Sants con un embrión de historia. Después lo dejé reposar durante varias semanas. Cuando lo retomé, me puse a hacer los bocetos de las ilustraciones, a cambiar alguna cosa que no funcionaba, a desarrollar los secundarios, a recortar todo el texto que ya estaba contando en imágenes. Se lo presenté a Milrazones, les gustó y nos pusimos a trabajar en ello. Empecé a hacer las ilustraciones definitivas y a seguir recortando texto. Cada vez menos texto, cada vez menos texto… Ahí ha tenido un papel fundamental la parte editorial, porque yo me estaba peleando bastante conmigo misma».

¿Qué dirías que has aprendido con este proyecto? «A Florencio le pica la cabeza es mi primer libro publicado. Así que lo más importante que he aprendido con este proyecto ha sido darme cuenta de la importancia que tiene todo el trabajo editorial que hay detrás. Yo había hecho un curso de libro ilustrado en la escuela de Billar de Letras y ya me habían contado que el proceso de edición era importante, pero no sabía que lo era tanto. Sin duda una buena edición mejora un proyecto, lo fortalece. Por mucho que tengamos una buena historia y unas buenas ilustraciones, no dejan de ser nuestras y no tenemos la suficiente perspectiva para tomar según qué decisiones. Al menos yo me he dado cuenta de que no la tengo. En mi caso ha sido, como ya he contado, sobre todo para meterle la tijera al texto. Cuando es algo tuyo, cuesta más verlo; al que lo hace desde fuera le es más fácil, porque tiene la experiencia y el conocimiento que a ti te falta, y sobre todo, porque no tiene ese apego. Y sin duda el resultado final es mucho mejor».
¿En qué estás trabajando ahora? ¿Algún proyecto nuevo? «Ahora mismo estoy trabajando en un libro informativo junto a una amiga, profesora de la UPM. Nos está costando, porque contar las cosas de forma sencilla no es nada fácil. Aunque está mereciendo mucho la pena, y estamos aprendiendo un montón con el proceso. Y también en un álbum ilustrado, que está bastante avanzado en cuanto a estructura, texto y bocetos. Y en marzo publicaré mi primer texto de narrativa con la editorial Edelvives, que también es bastante divertido, o al menos eso creo. Y quizás retome la historia de leones que dejé aparcada para hacer a Florencio».
Cómic
Mathias Martinez nos invita a su singular parque de atracciones
‘¿Qué hora es? ¡Es la hora de divertirse!’. Ese es el lema de CLOCKI, la mítica mascota con forma de despertador que durante décadas marcó la hora de la merienda a millones de niños frente al televisor. Nacido como héroe de cómic, alcanza la fama en 1932 con Clocki y el reloj parlante, el primer cartoon sonoro y en color de la historia del cine, y se convierte en una auténtica estrella. En 1955, en la cima de su popularidad, se inaugura Clockilandia, un parque de atracciones que promete ser el paraíso definitivo del entretenimiento. Pero tras ese relato de ensueño podría esconderse una realidad mucho más oscura.

En ‘Clockilandia’, Mathias Martinez reconstruye la memoria de un parque imaginario para mostrar la cara oculta de su éxito. Cada capítulo sigue a un personaje distinto -una mascota, un aficionado a las atracciones, una ex empleada y una niña- que da testimonio de un momento clave de su historia. Inspirado en cartoons de los años 30 de los estudios Fleischer, Martínez retuerce ese imaginario hasta lo grotesco: dibujos que gotean, decorados que se derriten y perspectivas deformadas como una película quemada en el proyector, creando una atmósfera tan fascinante como inquietante. Con Mathias hemos charlado un poco más sobre su trabajo en este proyecto.
¿Cómo nació este proyecto? “Desde niño, siempre me han fascinado los parques temáticos, pero siempre he sentido cierta inquietud al ver sus maquetas de cartón y sus sueños empalagosos. Quería hablar de este sentimiento que creo que comparten muchas personas, y de la felicidad un tanto forzada que se siente en estos lugares, ¡porque la entrada es carísima! En lugar de apoderarme de un parque ya existente, decidí crear el mío propio, como un niño jugando con bloques Kapla o Lego. ¡Disfruté muchísimo siendo un poco megalómano en este proyecto!”, nos cuenta Mathias Martinez.

¿Qué encontraremos en este libro? “Esta novela gráfica narra la historia de Clockilandia, un parque temático analizado desde sus inicios y su época dorada hasta su declive y su inevitable final, porque, obviamente, todo lo bueno tiene un final. También encontrarás las emotivas historias de las personas involucradas con el parque: sus empleados desilusionados, sus mascotas melancólicas, sus niños desencantados y sus padres hastiados. Pero también descubrirás hermosas historias de amor y amistad”.
¿Cómo fue el proceso de creación del libro? Me refiero a la fase de investigación, las pruebas, incluso los bocetos en el cuaderno… “Pasé mucho tiempo buscando la forma ideal para la mascota de mi parque, algo que evocara a Mickey Mouse sin ser demasiado similar, y que no se alejara demasiado de mi idea inicial de crear una historia sobre el fin de la infancia y esos espacios atemporales que son los parques de atracciones. Mientras buscaba ideas visuales para el libro, redibujé muchas mascotas antiguas japonesas y estadounidenses, y cuando no se me ocurría ninguna buena idea, redibujé un pequeño despertador Fisher-Price que tenía en mi escritorio. Entonces se hizo evidente: la mascota de Clockilandia tenía que ser un despertador”, asegura Mathias Martinez.

Cuéntanos algo sobre las ilustraciones. “Quizás el carácter altamente ilustrativo de Clocki sea aún más evidente porque está inspirado más en los libros ilustrados infantiles que en los cómics. Una de mis principales inspiraciones para este trabajo son los libros de principios del siglo XX de Benjamin Rabier, o los libros de Bécassine; no sé si son conocidos en España, pero les animo a leerlos o releerlos. En estas historias, el texto está en voz en off, como en algunos capítulos de Clocki. También hay un aspecto ligeramente megalómano en ello; es como si me dirigiera directamente al lector como autor. Este estilo narrativo un tanto anticuado me resultó divertido”.

Cuéntanos algo sobre la técnica utilizada en este libro. “El libro fue dibujado completamente con tinta azul y luego coloreado en Photoshop -continúa Mathias Martinez-. Mi cómic, con sus tonos naranjas y azules, recuerda a los antiguos libros infantiles de los años 50, y también evoca el año en que se creó la mascota Clocki y los dibujos animados que la inspiraron. Mis editores franceses, Misma, hicieron un trabajo increíble en las páginas para lograr colores intensos y diferenciarlos, y mis editores españoles, La Granja, mantuvieron la misma dirección artística y añadieron un mapa real del parque, ¡que me parece fantástico!”
¿Cómo fue el proceso de creación de este libro? “Me llevó tres largos años crearlo. Hubo momentos increíblemente alegres y otros muy estresantes. Mis editores me ayudaron muchísimo durante todo el proceso, que a veces resulta desalentador, ¡pero realmente vale la pena! Después de terminar mis estudios de arte, cuando empecé con Clocki, estaba buscando mi propia voz, ¡pero encontré en Clocki caminos que me encantan! Fue una experiencia muy formativa para mí. Creo que se puede sentir esta progresión narrativa, cómo gano más confianza a medida que avanzan los capítulos, lo cual me gusta mucho”, confiesa.

¿En qué estás trabajando actualmente? ¿Un nuevo proyecto? “Actualmente estoy trabajando en otra novela gráfica que publicará la misma editorial. Tratará sobre ratones, un libro hecho de queso, la transmisión del conocimiento y la memoria colectiva. Será un libro sobre libros y un homenaje a sus lectores más fieles: ¡estará dedicado a quienes aman tanto los libros que literalmente devoran sus páginas! No diré nada más sobre este futuro proyecto, y me llevará tiempo terminarlo, ¡pero estoy deseando enseñárselo!”
Álbum Ilustrado
Ramón París acompaña en su viaje a ‘Amiga gallina’
Perro, cerdo y gallina no conocen nada más allá del cercado de su corral. Un día, muertos de aburrimiento, sienten que ha llegado el momento de salir a explorar. Aunque a gallina esta idea no parece hacerle ni pizca de gracia. Acompaña a estos tres amigos en una aventura a través de ríos, montañas y bosques y déjate guiar por la determinación de perro, el asombro de cerdo o la cobardía de gallina. ‘Amiga gallina’ es un cuento dulce y divertido que nos recuerda que lo más importante son los amigos, a pesar de sus defectos o, quizás, exactamente gracias a ellos. Un álbum ilustrado de Juan Arjona y Ramón París que edita A buen paso. Con Ramón hemos charlado un poquito más sobre este libro.
¿Dónde está el origen de este proyecto? “Arianna Squilloni, la editora de A buen paso, y yo coincidimos en una feria de libros en Miami y me comentó que tenía un proyecto en el que había pensado en mí. Una vez de vuelta ambos en Barcelona nos reunimos y me propuso trabajar una reedición de este cuento”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Una historia de tolerancia, aceptación y amor incondicional de la amistad. Pero dicho así suena muy formal; es una aventura de 3 amigos que salen de viaje con muchas, muchas ganas hasta que las cosas se tuercen y la solución a sus problemas llega de la manera más inesperada”, afirma Ramón París.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno. ¿Cómo nacen estos personajes? “Una vez me leí la historia y supe que los personajes eran un cerdo, un perro y una gallina, empecé a hacer bocetos en distintos cuadernos, papeles, técnicas, sin demasiado orden; sencillamente todo lo que dibujaba en mis momentos de ocio eran esos 3 animales. Nunca dibujé el entorno o dónde iban a convivir, creía que eso llegaría luego. Hasta que en un momento dado empezaron a aparecer los mismos, es decir, los hiciera como los hiciera empezaban, sospechosamente, a parecerse: el mismo cerdo, el mismo perro, la misma gallina. Casi como si se impusieran en mí. Así que los dejé ser; «supongo que estos son», me dije”.

¿Con cuál de los tres te identificas más? “Supongo que con el cerdo, que se apunta a cualquier plan y vive un poco más distraído -confiesa Ramón París-. Así voy yo por la calle: sé hacia dónde quiero ir pero me pierdo en el contexto”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Creo que el recurrente universo animal, que claro, trabajando para literatura infantil no es que sea el más original. Pero sí, dibujo muchos animales todo el tiempo, hago serigrafías de ellos, talleres; a lo mejor debí estudiar zoología o algo parecido, aunque uno nunca sabe si hubiera acabado en el mismo sitio. Lo que sí es que experimenté con una técnica nueva, por más que la realicé en digital. ¿Se puede hablar de diferentes técnicas si tu entorno de realización casi siempre es digital, en una tableta? Hmmm… bueno, igual sí, o por lo menos yo lo sentí totalmente diferente -continúa Ramón París-. En el libro anterior, El hombre dorado, había usado una escala cromática muy limitada buscando una metáfora de la estampación serigráfica. Para ‘Amiga Gallina’ son lápices de colores, trazos con más textura, colores menos planos y línea más discontinua. Vuelvo a usar la doble página para hacer ilustraciones desplegadas a todo lo ancho y largo de página y contar desde la totalidad del formato”.

Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. “Una vez tuve los personajes empecé con la travesía; literalmente, de eso va: es un viaje, una road movie. Perro y cerdo, que se mueren de aburrimiento, deciden echarse una escapada para ver qué hay más allá; querían tener una aventura que los sacara de su hastío. Gallina duda, pero ante el temor de quedarse sola prefiere irse con sus amigos y vivir la experiencia con angustia. Partiendo del relato de Juan Arjona y de las evocaciones al entorno que hacía, decidí unirme a la aventura a ver adónde me llevaban los animales y realicé una primera secuencia de imágenes a ver como funcionaba la historia, más machas y composición que otra cosa. Luego busqué inspiración en los campos en los alrededores de donde vivo, Cardedeu, y fui construyendo una ruta imaginaria con ancla en la realidad”.


“Siempre trato de dibujar desde mi experiencia personal porque me sirve de apuntador. Hay imágenes que pertenecen a mi entorno y hay otras que quisiera que ya pertenecieran, aderezadas con recuerdos de mi infancia, paisajes en los que estuve. Y así salieron los entornos por los que discurre la historia. Lo demás, un poco más de lo mismo: horas de trabajo hasta que terminaba de perseguirme y dejaba tranquila cada ilustración para que viviera su vida sin mis constantes intervenciones”, nos cuenta Ramón París.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Acabo de terminar un libro para una editorial americana sobre el sonido; después de un par de meses de intensidad estaba en proceso de recuperación. Y el futuro lo tengo lleno de proyectos, a ver cuál termino: suelo ser bastante disperso y salto de un lugar a otro todo el tiempo, por eso me cuesta sentarme a desarrollar cada proyecto, y si a eso le sumamos todos los micro proyectos en el área de animación y diseño para mantenerme a flote, pues muchos quedan en el tintero. Espero poder terminar una biografía ilustrada que estoy haciendo de un científico del siglo XVIII, la cual además estoy escribiendo yo mismo. Ya veremos…”
Cómic
Antonio J. Jiménez y el miedo a las bombas literales y metafóricas
La vida de varios personajes se cruza un día cualquiera, un 22 de marzo, en el que, como en todos, el sol viene por el este y, antes de que se vaya por el oeste, habrá quien se enamore, quien pierda a un amigo, quien cuide de su madre enferma, quien nazca, quien llegue al trabajo tarde y cansado de todo. Un día en el que todo puede cambiar, mientras en otro lugar (siempre en otro lugar), las bombas caen, y el fin del mundo parece posible. Mientras los medios de comunicación informan de los conflictos que asolan medio mundo, varios personajes nos muestran cortes de su cotidianeidad: sus trabajos, sus relaciones sociales, sus desamores. En el futuro, en forma de un magistral prólogo, la amenaza se materializa en forma de bombas cayendo y vidas en peligro. El fin del mundo que nadie quiere ver.
Cada capítulo de ‘Viene del Este’ recorre las 24 horas del día y aborda una problemática contemporánea: el individualismo; la ceguera mental; la enajenación que provocan las nuevas tecnologías; la percepción selectiva. Mecanismos de evasión para seguir con la vida. De este cómic hablamos con su autor, Antonio J. Jiménez.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “La forma primigenia de este proyecto era la de una recopilación de las distintas historias cortas que había ido dibujando desde que empecé a hacer cómics. Muy pronto, debido a mis propias inquietudes, esto derivó en algo mayor: el contar un día completo en una ciudad indeterminada, a través de las rutinas entrelazadas de sus habitantes. Este escenario común, temporal y físico, me permitía añadir muchas más capas de información a las tramas básicas de esas historias que ya tenía dibujadas. Además, al entrecruzarlas, todas se enriquecían recíprocamente”.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Salvando las distancias, un espejo de la sociedad actual, con sus defectos y sus virtudes. Condensado, como decía antes, en el paso de un día completo en una ciudad occidental. Creo que en función del diálogo que el lector mantenga con el libro, el reflejo de ese espejo será más fidedigno o distorsionado”, afirma Antonio J. Jiménez.
Actualmente y desde hace, por desgracia, bastante tiempo, ese sonido de bombas se escucha en muchos puntos del mundo. ¿Cómo influye todo eso también en este cómic? “Vivimos tan sobreinformados que cada vez es más difícil hacernos reaccionar. Las palabras se repiten hasta el punto que han perdido su significado, como dice el prólogo. Estamos insensibilizados. Parte de este libro se ha construido a partir del miedo a las bombas literales y metafóricas de las que nos advierten constantemente; pero también a partir de la reflexión sobre la indiferencia que hay cuando las bombas no caen sobre nuestras propias cabezas”.
Todo esto se refleja también en tu trabajo de una forma singular, por ejemplo con las noticias de la radio que en el cómic se convierten en frases que atraviesan las viñetas… Háblanos un poco de este recurso. “Hilando con la pregunta anterior, el contexto informativo de aquel día concreto fue vital en mi proceso creativo. Las noticias que podemos ver de fondo en las historias no alteran las tramas de los personajes, pero sí provocan un runrun de fondo, que pretende trastocar el cómo el lector se relaciona con el libro -continúa Antonio J. Jiménez-. Como en nuestro día a día: puede que nuestra rutina sea la misma hoy que dentro de tres semanas, lo que cambia de ese día es el cómo percibimos la realidad del mundo a través de los móviles, noticias, informativos, publicidad, etc.”

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Como dije al principio, algunos de los capítulos ya estaban dibujados como historias cortas. Una vez que decidí que quería que todas formaran parte de algo mayor, empezó una revisión y reestructuración de estas, manteniendo la esencia original de cada una. Esta revisión incluyó una sincronización de todas en el tiempo, junto con algunas nuevas que terminaron de hilarlo todo. Con un guión más o menos armado, elegí el día en el que sucedería la historia: el 22 de marzo de 2024. En este se daban varias condiciones que me resultaban evocadoras. Así, recopilé toda la información que pude sobre los eventos que discurrieron por aquellas 24 horas. Y con todo esto, empecé a dibujar. Finalmente en la novela gráfica ha acabado entrando una pequeña parte de todo lo recopilado, pero creo que a mí, a nivel vital, me influenció en mi proceso creativo. De algún modo mitifiqué el día”.
¿Qué dirías que ha sido lo más difícil a la hora de acercarse a este proyecto? “La propia constancia que supone hacer algo largo. El sacar tiempo y dedicación para ver cómo avanza muy poco a poco. Sacar adelante un proyecto así me ha hecho relacionarme con él de una manera, en ocasiones, obsesiva. Llegue exhausto al final del proceso”, confiesa Antonio J. Jiménez.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Creo que este libro me ha servido para terminar de definir mi propia voz. A nivel artístico siempre he tenido el mismo estilo, pero aquí he podido experimentar con muchos tipos de composiciones de página, microcambios estilísticos, uso del color o calidad de línea. Además de definir el cómo se pueden contar infinidad de cosas a través de una escena aparentemente cotidiana”.
Una de las cosas que más nos llaman la atención y también más nos gustan es ese salirse de la viñeta tradicional, hay muchas páginas que son una sorpresa, pueden ser los planos cenitales siguiendo los pasos de algún personaje, los sonidos, los tamaños cambiantes de las viñetas, bocadillos que se cortan, los mensajes de WhatsApp,… danos algunas pinceladas de estos recursos. “La idea formal de la que parte el libro es que cada historia jugara con una estructura básica de viñetas, que fuera distinta entre ellas, en función de cómo se percibía el paso del tiempo en cada rutina. Esta estructura la rompo siempre que es necesario, a favor de la narración. De ahí que haya ciertas sorpresas para el lector, como las que comentas. Del mismo modo, quería que el libro reflejara esa sobreestimulación en la que estamos inmersos, ese querer profundizar en algo que nos ha llamado la atención, pero perder el hilo de pensamiento porque un nuevo estímulo nos llega por otro lado”, nos cuenta Antonio J. Jiménez.

Y otro recurso son esos cuadrados que te llevan como a otra escena, a otro espacio, a otra historia… “Ese recurso es algo que me sale de manera muy natural. Es un modo de hacer una descomposición más detallada del tiempo o de un espacio, contando varias cosas en paralelo, algo que solo permite el cómic. Volviendo a esa sobreestimulación de la que hablaba antes, este recurso podría ser una síntesis de cómo percibimos la realidad actualmente, con capas y capas de información”.
Y las páginas de la librería… juegas con la distribución de la página y con portadas de otros cómics y libros que esbozas, podríamos decir, pero que son identificables, al final parece que las viñetas son estanterías… Háblanos un poco de cómo se te ocurrió esta idea y del modo de resolverla… “Dicha doble página es una pincelada a la cantidad de novedades que salen hoy día, con una calidad indudable, y que a veces pasan desapercibidas por el ritmo de publicación frenético de algunas editoriales. El porqué están dibujadas así prefiero no revelarlo pues, por poco que el lector se fije en las páginas previas y posteriores, intuirá la razón. En general en el libro no hay ninguna decisión estilística y narrativa que no estén ahí sin una razón, descubrirlas es parte del juego que propongo, y de algún modo va en contra de ese consumo rápido en el que nos están domesticando. Aun así, siendo consciente de la realidad, intenté hacer un libro que fuera agradable desde su primera lectura”, asegura Antonio J. Jiménez.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Debido a que viajo bastante y mi zona de trabajo suele cambiar constantemente, estoy acostumbrado a hacer todo en digital. Aunque, ya que al principio trabajaba en analógico, en mi método sigo las fases típicas del proceso de hacer un cómic: guión, storyboard, lápices, tinta y color. No obstante mantengo un diálogo bastante fluido entre todas estas partes, permitiéndome improvisar más o menos en función de cómo quiero contar cada página”
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Actualmente he retomado la fase de investigación y guión de un proyecto que tenía a medias antes de embarcarme con ‘Viene del Este’. Puedo decir que está conectado con él y en algunos aspectos es su antítesis, pero está en una fase muy precoz como para dar más pistas. Todo ello lo estoy compaginando con diversos encargos de ilustración que voy recibiendo”.
-
Cómic3 semanas agoArianna Pisani nos lleva a las Grandes Landas en ‘Margot’
-
Cómic1 mes agoYoussef Daoudi y ‘Orson Welles. El artista y su sombra’
-
Álbum Ilustrado4 semanas agoCanizales invita a no fiarse de las apariencias en ‘Malo’
-
Álbum Ilustrado4 semanas agoTomás Olivos y las columnas del mundo en ‘Un árbol’
-
Álbum Ilustrado3 semanas agoAlice Piaggio nos anuncia que ‘Se necesita monstruo’
-
Álbum Ilustrado3 semanas agoUna vuelta al mundo en más de 60 infografías
-
Cómic2 semanas agoSilvia Bezos nos sube al metro en ‘Manos de pobre’
-
Álbum Ilustrado1 semana agoRosa Álamo hace de guía en ‘¡Esto está en un museo!’

