Álbum Ilustrado
Personajes, técnicas y trabajos de Rebecca Dautremer
Quedamos para charlar con Rebecca Dautremer en Sevilla, aprovechando que impartía un taller en la Galería Roja. Este es el resultado de una larga charla en un pequeño bar de la capital andaluza, en la que hablamos de diferentes aspectos de su trabajo y en la que nos da algunas pinceladas de lo que será su nuevo trabajo, un cómic.
Ya que estás aquí en Sevilla para impartir un taller, me gustaría que nos contaras qué es lo que te gusta transmitir, o con qué te gustaría que los alumnos y alumnas del taller se fueran cuando terminaran. ¿Cuál es a priori tu objetivo? “Es la quinta vez que vengo aquí para dar un taller con la Galería Roja. Suelo compartir este momentito con los alumnos para hablar de ilustración, hablar del trabajo de la ilustración. Suelo empezar contando mi vida, mi viaje profesional. Y después, tengo que decir que no puedo dar reglas de trabajo a los alumnos, intento compartir con ellos energía, ganas de seguir trabajando, progresar, motivación para tratar de hacerlo mejor”, nos contaba Rebecca Dautremer.

“El punto principal es trabajar el vínculo entre las imágenes, la ilustración y el texto. Cómo asociar las dos para crear emociones, sentimientos. Tenemos dos sentidos con la imagen y el texto, pero al final tenemos el tercer sentido porque asociamos las dos. Y enseñarles un poquito de mi propia técnica. Sí tengo que decir que estoy cambiando mi manera de trabajar. Ahora me siento un poquito cansada de trabajar como lo hacía antes. Es decir, con el gouache, con pinceles y que me lleva mucho tiempo terminar una imagen. Ahora me dedico mucho más al dibujo, al dibujo en sí mismo. Porque estoy haciendo un cómic. Normalmente los estudiantes, cuando se van, espero que se lleven la cabeza llena, la energía para probar cosas y las ganas de probar cosas. Intentar experimentar”.

Me gustaría que me hablaras también del teatro. Cómo el teatro al final está presente en tu trabajo, pero también en tuvida. Hay un proyecto teatral, un espectáculo. Pero por otro lado, el teatro está también muy presente en tu trabajo como ilustradora. Por ejemplo, si hablamos de ‘Jacominus’, al final como que creas también una especie de obra de teatro. Unos escenarios, unos personajes, una genealogía de personajes. Entonces, una de las cosas que me gustaría que me contaras sería esa vinculación con el teatro.
“Me parece que hay un vínculo muy fuerte entre el teatro y el trabajo de la ilustración -asegura Rebecca Dautremer-. Puedo decir que cuando tengo que hacer una imagen para ilustrar una historia, tengo la página en blanco sobre la mesa, es como si fuera una escena vacía del teatro. Y entonces tengo que invitar a actores y actrices para actuar en sus roles. Hacer un fondo, un escenario, decoración, vestuario… E iluminar la escena como si fuera en el teatro, pero en el papel de la mesa. Me parece bien concebir mis composiciones como una escena de obra de teatro. Es más fácil para mí imaginar eso y compartir eso con mis alumnos, por ejemplo”.

“Además, el teatro funciona como ilustración. Es decir, que tenemos una historia que contar, pero tenemos solo algunasescenas para contar la historia. No tenemos como en una película muchas imágenes que se desarrollan. En un libro ilustrado para los niños, es lo mismo, tenemos un cuadro, una imagen para decir muchas cosas, como en el teatro. Hacer el paralelismo me parece interesante. A mí me ayuda mucho. Y además, a mí me gustan mucho las obras de teatro. Ir al teatro para ver a gente que va a contarme algo en vivo. Me emociona mucho. Me parece el mejor arte posible”.
¿Cómo nace el personaje de Jacominus? Porque además luego has creado una familia entera, un personaje que luego se repite en otros libros. Entonces me gustaría que me hablaras de cómo nace ese personaje. “Es difícil para mí resumir todo lo que hice en Jacominus porque, al inicio, empezando, había muchas ideas. Ante todo quería hacer algo que fueseacogedor para los niños, con personajes que fueran animales. Porque es más fácil seducir a pequeños y adultos con caras de conejitos y todo eso. Entonces esos personajes me dieron la oportunidad de trabajar con temas más profundos. A lo mejor hablar de la vida, cómo es la vida desde un punto de vista un poco más real. Gracias a los personajes que son animales puedo hablar de la vida, de la muerte, de la tristeza, … Ese era el primer paso para hacer Jacominus. Y la verdad es que sí que quería hablar de la vida. Es un tema enorme”, confiesa Rebecca Dautremer.

“Hablar de la vida, cómo es la vida. Nacemos y vamos a morir. Y entre los dos tenemos eventos, tristeza y felicidad. Quería hablar de todo eso al mismo tiempo, en el mismo libro. A menudo hacemos libros para niños y cuando queremos hablarles de la muerte, por ejemplo, hacemos un libro que trata de la muerte, y le decimos al niño: “vamos a leer un libro sobre la muerte”. Y a mí eso no me gusta. Entonces yo quería hablar, por ejemplo, de la muerte, pero dentro de una historia de vida normal. Para decir: “de acuerdo, la muerte es la muerte, pero es un elemento de la vida, y la vida no es únicamente la muerte”.
“Volviendo a la pregunta concreta, para mí era también importante crear un personaje que estuviera en el mundo con otros personajes. Tenemos a Jacominus como héroe, pero vive por los demás también. Para mí es un punto importante en la vida. No podemos vivir solo por nosotros mismos. Un héroe hace cosas extraordinarias, hay un foco sobre el personaje mismo, pero no pasa así en la vida. Vivimos por los demás”, continúa Rebecca Dautremer.

“Al principio no quería hacer diferentes libros. Quería hacer uno. Pero finalmente me sentí un poco frustrada justo después de terminar el libro, pensaba que podía desarrollar un poquito más de su vida. Me di permiso para hacer otros libros con Jacominus, pero sin hacer de nuevo lo mismo. Entonces, una regla era hacer un libro diferente cada vez. Diferentes formas. Diferentes tipos de narración. No quería hacer dos veces la misma cosa. No quería hacer Jacominus uno, dos, tres, no. Así que la segunda vez hice un libro de papel troquelado. El tercero fue un libro acordeón. El número cuatro era un libro con sonido, con música. Y el número cinco fue un libro para los más pequeños, para primeros lectores. Tengo otras ideas para continuar esta línea como, por ejemplo, hacer una novela sin ilustraciones, o casi sin ilustraciones, para adultos. Y también querría hacer un cómic”.

Ahora estás trabajando precisamente en un cómic que se editará en Francia. ¿Para cuándo? “¿Sabes que es un trabajo inmenso? Es un libro de 432 páginas. Es enorme. Lo querría terminar para el año próximo, es decir, publicarlo en otoño de 2026. Si todo va bien. Pero la verdad es que será muy difícil. He terminado el storyboard. Es un proyecto ambicioso, porque voy a trabajar con diferentes estilos. Se trata de una historia con cuatro épocas diferentes de la historia que se van entrelazando. Entonces, cambio de estilo para determinar en qué época está la historia”, afirma Rebecca Dautremer.

¿Y de la historia puede adelantar algo? “El libro se llama ‘Bise Ruby’. Son dos chicas, amigas, que vienen de diferentes mundos sociales. Pasan todas las vacaciones juntas, pero hay una diferencia entre los dos futuros. Y cuando tienen 18 años, una va a salir de Francia para estudiar, y la otra desaparece. La gente piensa que a lo mejor ha sido asesinada por un asesino en serie. Pero no se sabe realmente porque no tenemos pruebas. Entonces, 30 años después, la otra chica, la otra mujer, vuelve a la casa de su infancia con su propia hija y le habla a su hija de esta historia. Elegí como lugar para desarrollar la historia la casa familiar de mi abuela en el sur de Francia, en la Côte d’Azur”.

¿Y está siendo muy diferente trabajar en un cómic respecto a trabajar en un álbum ilustrado? “Sí, sí. Muchísimo. Es más como una película. Hacer de directora de una película, en las escenas elegir el mejor punto de vista para contar la historia. Y hacer un montaje de las escenas es muy interesante. No importa tanto la técnica del dibujo. Estoy cambiando mis técnicas, mis materiales”.

Sí, te iba a preguntar sobre la técnica con la que has trabajado. Es un proceso muy meticuloso y al final le dedicas mucho tiempo a cada ilustración entre el escenario, los personajes. Luego hay muchos detalles, hay mucho en una ilustración tuya. “Solía trabajar, durante años, 20 o 25 años, a mano sobre el papel, con gouache, con pinceles, punto a punto, haciendo bocetos antes de pintar, todo muy clásico, pero me lleva mucho tiempo hacer eso -reconoce Rebecca Dautremer-. Me gusta mucho tener imágenes con muchos detalles, porque yo cuando era más joven, de niña, me gustaban mucho las imágenes llenas de detalles, sumergirme dentro de las imágenes, sentirme perdida en el mundo de esa imagen. Entonces a mí me gusta más ese tipo de imagen. Y bueno, es lo que suelo hacer normalmente en mis imágenes enlos libros para niños. Pero a veces me siento un poquito cansada, porque me lleva mucho tiempo hacer cada imagen”.

“Quería hacer progresos dibujando. Me interesa más el dibujo puro. Como estoy trabajando con un cómic, tengo que trabajar más rápidamente. Hice un libro que se llama ‘Ratones y hombres’ de Steinbeck, que fue publicado por Edelvivestambién. Este libro me gustó muchísimo hacerlo durante el COVID, durante la pandemia. Porque lo hice bastante rápido, cada día dos páginas, sin hacer bocetos, dibujos más espontáneos. Me gustó muchísimo trabajar así. Hice muchos progresos dibujando. Pero las dos formas me gustan, y me gusta cambiar”.

“Al final también lo adaptas al proyecto que tengas entre manos. En el cómic estoy mezclando los estilos y tengo imágenes que son clásicas, como las hacía antes, pero también ilustraciones más espontáneas”.

Ya es un proyecto de hace mucho tiempo, pero quería preguntarte por ‘El pequeño teatro de Rebecca’, al final fue una técnica completamente diferente… Estaba también ese dibujo detallado, porque al final el dibujo está ahí, pero la técnica fue completamente diferente y ese proyecto tuvo que ser un poco locura, ¿no? “¿Conoces el libro de Jacominus Midipil? ‘La cita’ en español. Es un libro de papel troquelado también, como el pequeño teatro, pero tuve ganas de hacer de nuevo un libro como el pequeño teatro, pero aprovechando la técnica para contar algo. En el pequeño teatro, la verdad es que no aproveché realmente la técnica. Es un objeto maravilloso, pero no cuenta nada -asegura Rebecca Dautremer-. Entonces hice el segundo libro de la serie de Jacominus. ¿Cómo contar una historia que aprovechara ese papel troquelado? Que aprovechara el hecho de que tenemos que atravesar todo la espesor del libro. El lector, podemos decir, va a atravesar todas las páginas como si estuviera atravesando un espacio real. Elegí hacer ‘La cita’. Estamos con uno de los dos personajes al inicio, y tenemos que ir al punto del reencuentro, al punto de la cita. Entonces tenemos que atravesar todas las páginas”.

“Es muy diferente respecto a hacer un libro, porque es más un trabajo de escultura que un trabajo de ilustración, la verdad. Es concebir un espacio de papel y el lector va pasando las páginas para quitar un elemento de la decoración del espacio ydescubrir entonces otra decoración. Y paso a paso los elementos van a desaparecer y la decoración va a cambiar lentamente. En ‘La cita’ empiezas en una habitación, vas a abrir la puerta, ir al jardín, atravesar el bosque, el pueblo, atravesar el pueblo hasta el puerto donde están las barcas… El puerto y el mar. Desde la habitación hasta el mar vas a atravesar todo el libro”.
Álbum Ilustrado
Susana Marinas gana el Premio Apila Primera Impresión
654 proyectos procedentes de 72 países han participado en esta edición del Premio Apila Primera Impresión, una convocatoria que vuelve a demostrar cómo la ilustración infantil es capaz de traspasar fronteras y conectar miradas de todo el mundo.
En un contexto global marcado por divisiones y conflictos, el arte y la cultura siguen siendo espacios de encuentro. La gran diversidad de procedencias de los proyectos presentados refleja el carácter internacional de un premio que, año tras año, atrae a ilustradores que sueñan con publicar su primer libro. El certamen está organizado por la editorial aragonesa Apila Ediciones, dirigida por Edu Flores y Raquel Garrido, en colaboración con la Escuela Superior de Diseño de Aragón (ESDA).
Una oportunidad para publicar el primer álbum ilustrado
El objetivo del premio es impulsar la carrera de ilustradores e ilustradoras que se encuentran en el inicio de su trayectoria profesional y que todavía no han publicado ningún libro. El proyecto ganador obtiene la publicación de su primer álbum ilustrado con Apila Ediciones, que posteriormente se distribuye en España, Estados Unidos y Latinoamérica, y puede ser traducido a otros idiomas.

“Cada año nos sorprende la calidad y la diversidad de los proyectos que recibimos. Este premio se ha convertido en una auténtica puerta de entrada al mundo editorial para ilustradores de todo el mundo”, señalan desde Apila Ediciones. A lo largo de sus ediciones, el Premio Apila Primera Impresión ha ido consolidando su prestigio internacional, convirtiéndose en un referente para jóvenes artistas que buscan comenzar una andadura profesional.
El Premio Apila Primera Impresión está abierto a creadores de cualquier nacionalidad, aunque su publicación forma parte de un proyecto editorial de origen aragonés. Gracias a esta iniciativa, tanto los autores como los libros galardonados contribuyen a llevar el nombre de Zaragoza a numerosos lugares del mundo, vinculado a la ilustración y la literatura infantil.
Una exposición con los finalistas en Zaragoza
De entre los 654 proyectos presentados, dieciséis han sido seleccionados como finalistas y forman parte de una exposición que acaba de inaugurarse en la Escuela Superior de Diseño de Aragón.
La muestra permite descubrir tendencias, estilos y narrativas visuales procedentes de distintos países, ofreciendo una panorámica del panorama actual de la ilustración infantil internacional. La exposición podrá visitarse en Zaragoza antes de iniciar una itinerancia por diferentes escuelas de arte y diseño de España.
El libro-álbum ganador se ha anunciado en las jornadas Encuentrazos
El proyecto ganador de esta edición se ha dado a conocer en el marco de las jornadas Encuentrazos, que se celebran cada año en la ESDA. Este encuentro reúne a ilustradores y diseñadores gráficos con estudiantes de escuelas de arte y de diseño de distintas ciudades españolas, convirtiéndose en un espacio de intercambio, aprendizaje e inspiración para el talento emergente del sector.

El álbum ganador se titula “Historia de un helado” de la ilustradora española Susana Marinas. El jurado ha querido destacar la frescura y viveza de sus ilustraciones y la sencillez de la historia, una anécdota cotidiana cercana a la vida de los más pequeños detrás de la que se pueden encontrar otros temas, la complejidad escondida tras la aparente simplicidad.
Un cuento con el que los niños y niñas podrán disfrutar y divertirse, pero también sorprenderse, indignarse, emocionarse…
Sobre la ilustradora ganadora
Susana Marinas se licenció en Derecho, pero desde niña le apasionaba dibujar. Paso de ser autodidacta y del aprendizaje a través de los libros de otros ilustradores a formarse haciendo cursos y másteres para llevar a cabo su sueño de dedicarse a la ilustración de manera profesional.

Como ella misma dice, “Cada día me esfuerzo por no perder la capacidad de asombro ante un sonido, un olor o una imagen; cualquier detalle que enriquezca mi vida, aunque sea por un instante, para después transformarlo en una historia. Para mí, la ilustración es eso: escribir con imágenes y hacer volar la imaginación de quien las mira, invitándole a crear las suyas propias.”
“Historia de un helado” comenzará un proceso de edición y se transformará este otoño en un álbum ilustrado publicado por Apila Ediciones que llegará desde Zaragoza a las librerías de toda España y también fuera de nuestro territorio. La obra supondrá, además, el salto al ámbito profesional para su autora, su sueño cumplido.
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Anna Pedron ilustra el poemario ‘Y cien tesoros más’
‘Y cien tesoros más’ contiene quince composiciones repletas de emoción, elegancia y sensibilidad. A través de metáforas de gran belleza y calado lírico, Franca Perini formula preguntas retóricas sobre el mundo de las niñas y los niños -la realidad, los sueños, la dimensión del tiempo…-lanzando certezas rotundas en su profundidad y sencillez. Estos poemas ensalzan el afán de los más pequeños por ahondar en la esencia del entorno, su audacia para la exploración, esa inagotable curiosidad de la que nacen la capacidad para el asombro y el desarrollo de una sorprendente lógica infantil.
La autora insta a los adultos a respetar y a tratar con rigor los interrogantes de los niños y las niñas, dándoles rienda suelta para que expresen sus ideas, en una clara defensa de la libertad creativa. Y pese a que tratan de huir de una infancia que viven intensamente, es en la inocencia y la autenticidad de estos primeros años donde atesoran su máximo poder. La editorial Kalandraka edita este poemario ilustrado por Anna Pedron, con la que hemos charlado un poquito más sobre su trabajo en este proyecto.


Primero, cuéntanos cómo nació este proyecto. “El proyecto nació de una solicitud de la Editorial Kalandraka para crear un libro de poemas ilustrados, escrito por Franca Perini, con quien colaboré en el libro de 2019 «L’infilitrice di lacrime» (La enhebradora de lágrimas), de la misma editorial”.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “En sus páginas, los lectores descubrirán pequeños mundos poéticos que muestran preguntas, experiencias y emociones típicas del crecimiento de todos los niños: miedos y logros, dificultades y alegrías, descubrimientos y esperanzas, oscuridad y luz. Las ilustraciones se formaron buscando e identificando el hilo conductor que une un poema con el siguiente”, nos cuenta Anna Pedron.
¿Qué te parecieron los poemas de Franca la primera vez que los leíste? “Siento un gran respeto y admiración por la escritura de Franca. Percibo una gran profundidad emocional en sus palabras, lo cual es conmovedor. Palabras y contenidos nunca predecibles ni banales, que abren nuevas visiones.
«Y Cien Otros Tesoros» no ofrece poemas fáciles de ilustrar, pero a través de la comparación de nuestras sensibilidades y los diálogos resultantes, pude captar su significado más oculto para expresarlo a través de mis sentimientos y mi técnica”.



¿Cómo fue el proceso que condujo a la creación del libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, experimentación, quizás incluso bocetos en un cuaderno… “Como en todos mis proyectos, las fases de estudio, investigación y análisis requieren un tiempo largo y reflexivo -continúa Anna Pedron-. Primero, siento la necesidad de ahondar paso a paso en las profundidades del texto hasta sentir que también es mío. Inicialmente, para este proyecto, había pensado en insertar hojas de papel vegetal dentro del libro para dar transparencia y movimiento a las imágenes: de esta manera, las ilustraciones individuales podrían transformarse en algo «diferente» al pasar las páginas. Tras una cuidadosa discusión con la editorial, esta opción no fue viable debido a limitaciones técnicas.
Sin embargo, al desarrollar el storyboard, mantuve la estructura original del proyecto: mediante el uso de herramientas técnicas (grafito, pasteles acuarela, acrílico, pincel), confié únicamente a las ilustraciones el dinamismo pictórico que consideré necesario”.
¿Qué dirías que hace únicas a las ilustraciones de poesía? “Las ilustraciones no se utilizan para explicar el significado del poema. El texto poético se presenta al lector de forma abierta, jugando con el sonido, el ritmo y las sugerencias emocionales. El ilustrador se mueve en un espacio particularmente libre para imaginar y experimentar”, asegura Anna Pedron.



¿Qué caracteriza tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Quizás el aspecto más significativo de este proyecto sea el uso del grafito para crear amplios campos que sirven de fondo para los temas representados. En el contraste entre blanco/negro/color, quise expresar simbólicamente las diferentes dimensiones emocionales propias de la infancia y el proceso de crecimiento de niños y niñas: curiosidad, alegría, asombro, pero también miedo, dolor, soledad… También experimenté con una mayor libertad de expresión gráfica, yendo más allá de las formas de mi estilo habitual”.
¿Qué técnicas utilizaste? “Utilicé grafito, pastel acuarela y acrílico blanco sobre papel Fabriano de 300 gramos, creando las ilustraciones estrictamente a mano y sin intervención digital”, afirma Anna Pedron.
Cuéntanos brevemente el proceso creativo de este libro. “Mis imágenes se inspiraron en los textos poéticos. Intenté encontrar una continuidad visual y una dimensión narrativa entre un poema y el siguiente. Utilicé el color simbólicamente, contrastando la oscuridad, la sombría del grafito, con la luminosidad, la alegría de los colores brillantes”.
¿Cuál de los poemas del libro te gusta más? “Mis poemas favoritos son «Árboles», «Oscuridad» y «Mar».
¿En qué estás trabajando ahora? ¿Tienes algún proyecto nuevo? “Además de los libros ilustrados, imparto talleres de arte con niños y adultos. «En el cajón», tengo un proyecto de libro que me apasiona especialmente y que espero desarrollar pronto. Esta vez, mis ilustraciones inspirarán el texto de un autor: un proceso inverso a los caminos de diseño que he seguido hasta ahora en mi experiencia”.
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Mariana Ruiz Johnson nos lleva a dar ‘Una vuelta al año’
‘Una vuelta al año’ nos propone acompañar a una simpática familia de ratones humanizados en su vida cotidiana siguiendo el ciclo de las estaciones. Se trata de un relato de estructura circular para prelectores y primeros lectores: sin citar los meses, nos sitúa a principios de enero, en pleno invierno, cuando predomina la estancia en el hogar y la posibilidad de disfrutar de la nieve; sigue en primavera con la floración y el aumento progresivo de las actividades de ocio al aire libre con otros habitantes del barrio; después llega el verano con el calor, los juegos en la playa y la piscina; y avanza al otoño con la caída de las hojas y la vuelta al espacio doméstico, para retornar al tiempo invernal, con los encuentros en torno a las celebraciones navideñas.

Así nos presenta la editorial Kalandraka este álbum ilustrado de Mariana Ruiz Johnson que reúne una selección de vivencias propias de cada etapa -desde lo anecdótico hasta acontecimientos destacados- que suceden en distintos momentos -mañana, tarde, noche- y en las que la infancia se reconoce.
Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “Hace varios años, por diversión, yo posteaba algunos dibujos rápidos en Instagram. En ese entonces -ahora tengo una relación más distante con las redes- me parecía una forma muy fácil de publicación y de interacción con mis lectores. Una de esas series se llamaba «Pequeños lujos» y recogía distintas escenas y rituales vinculadas a las estaciones, que iba dibujando a medida que las registraba en mi vida cotidiana. Por ejemplo, un pequeño lujo del verano es desayunar helado, o andar ligeros de ropa. En otoño, atravesar un remolino de hojas o reencontrarse con la lana de los abrigos. Ese registro me hizo tomar más conciencia de la naturaleza cíclica del año, de alguna manera me ayudó a estar más presente en las cosas que cada estación tiene para ofrecer. Cuando la editorial canadiense Greystone me contrató para hacer un libro, presenté un texto inspirado en esos Pequeños lujos y a las editoras les gustó”.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Espero que encuentren un libro divertido, con ilustraciones cotidianas y humorísticas, y un texto escrito en segunda persona que interpela directamente al lector, que va relatando todas las cosas que le sucederán en un año y con los cambios de las estaciones. Todo esto a través de las vivencias de una familia de Ratones, en una ciudad llena de personajes que son animales antropomorfos. Desde lo más pequeño, vinculado al clima y los cambios en el ambiente, hasta lo más trascendental, como el crecimiento de los niños, los aprendizajes, y los cambios en la familia. Creo que es un libro bastante complejo y profundo, pero con una apariencia divertida y liviana”, afirma Mariana Ruiz Johnson.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Trabajé mucho con Kallie George, mi editora de Greystone Books. Ella fue sugiriendo cosas en el texto, que trajeron profundidad a mis ideas. Primero trabajamos el manuscrito y luego pasamos a una instancia de diseño de personajes. Hice varias pruebas de personajes antropomorfos, siempre inspirada por el gran Richard Scarry pero intentando dar una vuelta de tuerca más contemporánea a los vestuarios y actitudes -aquí debo nombrar a Bojack Horseman, que también trabaja muy bien la humanización de animales-. Y por supuesto hubo una larga etapa de boceto, en la cual trabajé mucho el ritmo de la secuencia, la alternancia entre viñetas de cómic, páginas simple al corte o páginas dobles”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Hay escenas corales con muchísimos personajes, vistas alejadas y muchas cosas pasando al mismo tiempo -continúa Mariana Ruiz Johnson-. Por ejemplo, un concierto, un mercado al aire libre, una piscina. Puse mucho trabajo en la expresividad de los personajes, en reflejar la personalidad y el humor de las escenas. Casi como pensando en tiras cómicas. Hace rato que estoy profundizando en el dibujo, en la línea como principal expresión. Esto se diferencia de trabajos anteriores, como otros libros publicados por Kalandraka que son más pictóricos. Acá el dibujo es protagonista”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Trabajé con un entintado a mano utilizando marcadores y estilógrafos de diferentes puntas para lograr distintos efectos, con contornos más gruesos y achurados finos que sugieren cierto volumen. El color es digital y para ese proceso conté con el trabajo de mi marido, Pato Campini, que me está asistiendo en estos procesos ya que lleva mucho trabajo de digitalización”.

Hay una ilustración que nos gusta especialmente, que es la escena en la que toda la familia está sentada viendo la tele. Cuéntanos un poco más sobre esa ilustración. “Hace unos años mi papá enfermó de Alzheimer y eso me hizo pensar mucho en los cuidados de las personas mayores o enfermas y en cómo es una realidad de muchas familias -nos cuenta Mariana Ruiz Johnson-. Pensé que es algo poco representado en las familias de las ficciones para las infancias. Por eso hay un abuelo viviendo con la familia de los ratones y es parte de las escenas cotidianas de los niños. En la escena de la tele, el abuelo está dormido y todos comparten una manta. También me inspiré en una escena muy personal porque en casa, con mis hijos, hacemos los viernes noches de cine”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Si, siempre trabajo en varios proyectos a la vez. Entre ellos, un nuevo libro para Greystone que trata sobre un mercado y los procesos artesanales detrás de las cosas que se venden allí. El proceso está siendo similar al de este libro”.
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