Álbum Ilustrado
Nuria Díaz nos acerca a la figura y la persona de Charlie Chaplin
Descubre la historia de uno de los personajes más carismáticos de la historia del cine: ‘Charlie Chaplin: el pequeño vagabundo’, editado por Editorial Libre Albedrío. Un viaje por los comienzos del cine, la infancia del pequeño Charlie, marcada por la pobreza, de la que se va abriendo camino hasta conseguir crear sus propias películas, cómo nace del icónico personaje del vagabundo de gran corazón, Charlot, sus aportaciones más extraordinarias como Tiempos modernos o El gran dictador. Una vida inspiradora de la mano y de los pinceles de Nuria Díaz, gran cinéfila que realiza un sentido homenaje y profundiza en la vida de Charles Chaplin, un personaje que conecta a la perfección con el público infantil con sus personajes entrañables y emotivos, el humor y su talento para la comedia física. Con Nuria charlamos un poquito más sobre su trabajo en este álbum ilustrado.

Después de tu trabajo sobre Hitchcock, ¿cómo nace este proyecto? “Ninguno de estos libros fue una iniciativa mía, o sea algo en lo que estuviera trabajando a nivel personal. Realmente me cuesta trabajar en proyectos propios si previamente no sé qué va a pasar con él. Necesito tener una fecha de entrega para poder enfocarme porque soy muy dispersa. Cuando Gema, de Libre Albedrío, me propuso hacer algún libro sobre cine, lo tuve claro, tenían que ser Hitchcock y Chaplin. Ya desde el momento en el que hablé con ella los dos directores se pusieron sobre la mesa. Y básicamente fue por una emoción infantil. Eran las películas que yo veía con mi padre cuando era pequeña, así que hay algo de nostalgia personal en la elección de estos directores. Luego la curiosidad tiene mucho que ver, me encanta conocer e investigar sobre la vida y las circunstancias de estos personajes”, asegura Nuria Díaz.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “El objetivo es que se conozca un poco cuales son las referencias, influencias, cual es el ámbito social, familiar, etc. de los primeros años de vida de Chaplin. Qué es lo que le pasó para llegar a ser quien fue. Está claro que donde naces, donde vives y cómo es tu familia va a influir siempre en cierta medida en lo que vas a poder hacer luego. Aunque siempre hay espacio para la suerte, la formación que tengas y lo que puedas hacer de manera personal van a influenciar en tu vida, así que me parece interesante conocer todas estas cosas”.
“Luego el cine clásico no creo que disfrute de muy buena posición con respecto a las nuevas generaciones y es interesante que los niños conozcan a estos primeros creadores -continúa Nuria Díaz-. En ese caso el libro es una herramienta, es lo que cada uno quiera que sea: puede ser información, puede ser placer visual o estético… aunque en ningún caso desplaza a un educador sí que puede ser útil para según qué cosas”.

Danos algunas pinceladas sobre el trabajo de investigación y documentación para este libro. “Es la parte que más disfruto. Es un director que tiene más de 80 películas entre cortos y largometrajes. Lo más complejo fue saber cómo filtrar toda esa información y no consumir todo lo que caía en mis manos. Hay que saber cuándo decidir parar y luego pensar qué enfoque le quieres dar al libro. En estos casos, tanto de Hitchcock como de Chaplin, me centré en su vida de niño, porque quizás no es tan conocida por el público. Aunque luego también hablo de su cine, sus películas más importantes etcétera, considero que es importante conocer cuáles fueron sus circunstancias personales”.
“Primero hice el texto, que es lo que más me cuesta, y a raíz del texto preparé las ilustraciones. Trabajé primero con una estructura de texto donde iba anotando cosas de las que me gustaría hablar e ilustraciones que me gustaría hacer, para saber qué iba a contar y cómo. Una vez que tenía el texto, lo fui montando en la maqueta, para ver cuando ocupaba. Después, viene el proceso de los bocetos, y una vez que están listos los bocetos y la estructura general del libro viene el proceso de color”, nos cuenta Nuria Díaz.

Tras ese trabajo, ¿qué es lo que más te ha sorprendido o qué es lo que has descubierto? “Me llamaba la atención que no sabía nada de cómo fue su infancia o juventud. Solo sabía que había sido pobre, pero no hasta tal magnitud y cómo utilizó el humor como herramienta para sobreponerse a sus miserias. Al contrario que Hitchcock, que era más reservado para su vida privada y de hecho se construyó un personaje y se creó una propia marca personal, Chaplin sí que fue una persona muy activa, tanto en el cine como tomando parte de la sociedad y la política. Le encantaba la fama, aunque también era profundamente tímido y muy inseguro en muchas ocasiones. Por ejemplo, en los estrenos de sus películas, solía sentarse al final de la sala para ver la reacción del público”.
“Él era muy bueno imitando y realizando espectáculos de mimo. Es algo que fue viendo desde pequeño, siempre desde bambalinas o en su casa con su madre que fue cantante de music-hall e imitaba a los transeúntes que pasaban por la calle para jugar con el pequeño Charlie. Digamos que no pudo escapar de ver la vida con cierto humor por su parte, tomando distancia de sus desgracias. En parte esto fue lo que le permitió encontrar trabajo en el mundo del espectáculo, que fue también por necesidad. Probó en varios trabajos hasta que se unió a una agencia y lo comenzaron a llamar para pequeños papeles”.

¿Cómo era tu relación con este personaje antes de este libro y qué dirías que ha cambiado tras tu trabajo en torno a su figura? “Yo lo recordaba de manera entrañable, claro, había crecido con el personaje, no sabía nada de la persona -asegura Nuria Díaz-. Fue una persona muy controvertida, con muchas luces y sombras. A nivel personal, admiro su constancia y la capacidad de sobreponerse a situaciones muy complicadas y sobre todo su genialidad en el ámbito artístico. Pero luego hay también momentos de su vida personal que rechazo profundamente, como algunas de las relaciones que tuvo con las diferentes mujeres de su vida”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Disfruto jugando con los propios elementos físicos del libro para realizar las composiciones. Por ejemplo, en alguna página utilizo la parte central de la propia página para crear dos ambientes o una doble página en la que quise mostrar dos momentos diferentes de la pobreza en la que vivían y pensé en hacer la misma posición de la figura de la madre, pero invertida en cada página, de manera que en una página expresa una cosa en la de al lado expresa otra. Los colores son oscuros y poco saturados y los utilizo para dar una sensación de una época pasada. Luego, siempre me gusta poner algo de simbología. En este caso hay flores escondidas en todas las páginas, en el de Hitchcock hay pájaros. Me parece divertido”, afirma Nuria Díaz.

¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Me gusta pensar en el libro como un todo, un objeto, porque todo el espacio es perfecto para contar cosas. Desde la portada y contra hasta las guardas y páginas del título. Así que aproveché todo este espacio para narrar. Aunque mis libros se parezcan en el plano estilístico, sí que cada uno lo pienso de una manera diferente. En este libro veía que era muy importante la gestualidad del personaje y el movimiento. Por eso hay algunas páginas con viñetas. Las composiciones son frontales y teatrales, porque así también lo eran sus películas. Se me ocurrió la idea de mostrar al personaje en movimiento haciendo un juego en cada una de las páginas y resultó un pequeño flipbook en el que el personaje se mueve cuando pasamos las páginas rápidamente”.
“Todo el libro juega con referencias al cine mudo y al teatro. La portada y contra es una presentación del personaje que juega directamente con el espectador mirándonos directamente. Al abrir el libro vemos una cartela de presentación típica del cine mudo y luego en la página de título vemos aparecer al personaje del vagabundo que se va acercando poco a poco. Es todo un juego con el lector y el personaje nos va introduciendo en su historia”.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Mis técnicas suelen ser mixtas en todos los proyectos, normalmente hago texturas y personajes en analógico y luego el color es digital”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Pues poco puedo contar, si todo va bien, en este 2025 saldrán dos libros de autoría completa. Es en lo que estoy trabajando ahora mismo en el sector editorial, luego hay siempre mil cosas que como autónoma del sector creativo hay que hacer para vivir porque solo del sector editorial es complejo”.
Álbum Ilustrado
María Rico nos desgrana ‘Versos a la luz de la luna’
Carlos Reviejo escribe a la luna, a la noche, a los sueños y la naturaleza, acompañado por el arte y los colores de María Rico en ‘Versos a la luz de la luna’, quinta entrega de la premiada colección Abril. Esta colección, que publica la editorial Iglú, se propone acercar la poesía de calidad a los más pequeños a través de poetas consagrados e ilustradores de renombre.
Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “El proyecto nació casi de manera natural. Desde la editorial conocían un trabajo anterior mío ilustrando poesía y sintieron que mi forma de mirar y de construir imágenes podía encajar con la sensibilidad que buscaban para este título de la colección Abril. Cuando me propusieron acompañar los versos de Carlos Reviejo, sentí que era una invitación muy especial. Desde ahí empezó todo, con mucha ilusión y respeto hacia el texto”.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “En estas páginas los lectores encontrarán ilustraciones que nacen de lo cotidiano: pequeños gestos, miradas, juegos, momentos de calma… escenas aparentemente sencillas, pero llenas de emoción -nos cuenta María Rico-. Me interesa mucho esa poesía que existe en el día a día, en aquello que a veces pasa inadvertido. Mi trabajo ha sido detener el tiempo y dar protagonismo a esos instantes, aunque también hay fantasía, escenas imaginadas y metáforas visuales. Todo ello dialoga de una forma natural y sensible con los versos de Carlos Reviejo”.
“He intentado que cada imagen no solo acompañe al poema, sino que lo amplifique, que aporte una atmósfera y una emoción, creando un espacio donde texto e ilustración inviten a sentir”.
¿Qué te parecieron los poemas de Carlos Reviejo la primera vez que los leíste? “La primera vez que leí los poemas de Carlos Reviejo sentí una conexión inmediata -continúa María Rico-. Sus versos te llevan a su tierra, a su universo emocional y poético, con una sensibilidad tan delicada que realmente eriza la piel. Consigue que percibas los aromas, la luz, los paisajes… que te sientas navegando por el cielo, caminando entre pinos o sentada observando la luna. No estaba simplemente leyendo poesía: cada poema se convertía en una experiencia muy cercana. Y cuando algo te emociona de esa manera, el proceso creativo fluye con verdad”.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? “No siempre sigo el mismo patrón cuando afronto un proyecto así, pero en este caso hubo algo muy especial desde el inicio. Antes de empezar a dibujar, tuve una conversación con Carlos Reviejo que fue muy inspiradora. Me transmitió mucha confianza y me dio total libertad para interpretar sus poemas, aportando solo alguna sugerencia puntual, pero dejando claro que quería que yo decidiera y los llevase a mi terreno emocional y visual. Ese gesto de respeto creativo marcó mucho el proceso”, confiesa María Rico.
“A partir de ahí, comencé leyendo los poemas varias veces, dejándolos reposar, permitiendo que las imágenes se formaran poco a poco. Hubo pocos bocetos en papel porque, en este caso, gran parte del trabajo ocurrió primero en mi cabeza: visualicé escenas, atmósferas, gestos… y después busqué documentación para darles cuerpo. Investigué poses, objetos y escenarios, todo lo necesario para construir cada composición”.

“En este libro hubo además algo muy bonito: para algunos poemas preparé pequeñas sesiones fotográficas que me ayudaron durante el proceso, y mis dos hijos fueron los modelos en varias de las ilustraciones. Eso aportó una dimensión aún más emocional al proyecto. Una vez tuve clara la imagen, el siguiente paso clave para mí fue la paleta de color. Busqué los tonos que mejor expresaran la emoción que quería transmitir y, cuando esa atmósfera estuvo definida, pasé directamente a crear las ilustraciones finales. Fue un proceso intenso, pero muy fluido”, asegura María Rico.
¿Qué dirías que tiene de singular ilustrar poesía? “Aunque disfruto ilustrando cualquier tipo de proyecto, la poesía tiene algo que la hace muy especial para mí. Ilustrar poesía supone entrar en un territorio imaginario donde todo puede ocurrir, donde las metáforas, los símbolos y las emociones tienen un espacio natural. Es un lugar muy libre, en el que lo real y lo poético conviven, y donde puedo permitir que las imágenes nazcan tanto de la emoción como del texto”.
“La poesía me permite jugar con escenas reconocibles, cercanas, casi cotidianas, pero que contienen siempre un punto mágico, simbólico o emocional que conecta directamente con esa memoria visual que todos llevamos dentro: recuerdos, sensaciones, imágenes que nos han acompañado alguna vez. Me gusta trabajar en ese límite entre lo real y lo evocador. Para mí, ilustrar poesía es manejar un lenguaje en el que me siento muy cómoda: es libertad, es juego, pero también es profundidad y sensibilidad. Es un espacio creativo en el que puedo dibujar no solo lo que veo, sino, sobre todo, lo que siento”, afirma María Rico.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Creo que en este libro mi voz como ilustradora se muestra de una forma muy sincera. Las ilustraciones hablan mucho de cómo me gusta traducir emociones y sensaciones en imágenes aparentemente sencillas, pero cargadas de significado. Me interesa contar sin decirlo todo, sugerir más que explicar, dejar que la emoción se perciba a través de gestos, atmósferas y escenas cotidianas que invitan a sentir”.
“Con respecto a otros trabajos, ilustrar ‘Versos a la luz de la luna’ me ha permitido explorar un territorio diferente. Aquí no estaba narrando una historia lineal ni una única poesía, como en otros proyectos, sino interpretando versos y convirtiéndolos en imágenes. Ese diálogo entre palabra y dibujo ha sido un juego creativo muy enriquecedor, que me ha mantenido atenta y conectada durante todo el proceso. Además, la temática del libro ha supuesto para mí explorar un imaginario en el que he disfrutado mucho entrando y encontrando mi manera de habitarlo visualmente. En este proyecto hay continuidad con mi esencia, pero también descubrimiento y crecimiento”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Cada proyecto me pide una forma distinta de trabajar. Manteniendo mi voz artística, estudio qué técnica resulta más acertada en cada caso -continúa María Rico–. Estoy en un momento personal y profesional en el que me siento muy abierta a explorar, investigar y cambiar de proceso si la obra lo necesita. Me gusta pensar que la técnica está siempre al servicio de lo que quiero transmitir. En este libro he trabajado con técnica mixta. Hay partes más definidas, especialmente en los rostros y en aquellos elementos donde considero que la precisión aporta significado, realizadas con lápiz de madera. Conviven con zonas mucho más libres realizadas con pincel y tinta, otras hechas con monotipos de tinta sobre plancha de silicona, manchas y texturas generadas de manera más intuitiva sobre papeles reciclados o superficies preparadas previamente”.
“Todo ese material lo integro después en digital. Trabajo en Photoshop, donde uno las distintas capas y ajusto atmósferas y color -ya que muchas de las ilustraciones nacen primero en blanco y negro- hasta que la imagen final encuentra su equilibrio. Es una técnica que combina control y espontaneidad, definición y emoción, algo que encaja muy bien con la poesía”.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Este libro, la mayor parte del proceso creativo tuvo lugar en horas nocturnas, que eran las que en ese momento me permitían encontrar calma, silencio y espacio interior. Curiosamente, el propio título del libro se convirtió también en una compañía simbólica durante el proceso: ilustrar Versos a la luz de la luna… Fue un trabajo íntimo. Había algo casi ritual en esas noches de creación: leer, sentir, dejar que la poesía respirara y, poco a poco, permitir que las imágenes fueran apareciendo”, nos desvela María Rico.
“Además, he tenido la suerte de contar con el cariño y la sensibilidad de Carlos Reviejo durante todo el camino. En más de una ocasión le compartí emociones que surgían mientras ilustraba sus poemas. Recuerdo especialmente la ilustración para “La alondra levanta el vuelo”. Saber que estaba dedicada la convirtió en un momento muy bonito. Seguí su recomendación de escuchar música de Vaughan Williams mientras trabajaba y, casi sin darme cuenta, la imagen apareció: una niña bailando, con su capa convertida en alas, con el color y la luz construyendo ese amanecer que evocaba el poema. Fue uno de esos momentos mágicos en los que texto, emoción e imagen se unen de manera natural. En definitiva, ha sido un proceso cuidado y muy mío”.

De los poemas del libro, ¿con cuál te quedas? “Elegir un solo poema es realmente difícil, porque cada uno me ha llevado a un lugar emocional distinto. Aun así, hay algunos que guardo de una manera muy especial. “Se ha dormido la luna” me parece precioso; hay un verso en particular -“Se ha dormido la luna / sobre unas nubes / de algodones y espuma, / de gasa y tules”- que me atrapó desde la primera lectura por su delicadeza y su capacidad de crear imagen y atmósfera casi al instante”.
“También me emociona mucho “El viento en los pinos”, por esa idea tan sugerente de la luna como una niña que, con su pincel de plata, pinta de azul los senderos. Es una imagen poética que conecta directamente con mi manera de imaginar y dibujar. “En mi barco de papel” fue otro poema muy especial para mí, porque disfruté enormemente construyendo la ilustración y dejándome llevar por su universo”.
“Y hay poemas como “Versos para Olivia”, donde la relación entre abuelos y nietos me parece profundamente tierna y conmovedora, o “Paisaje con lluvia”, siempre evocador, con unos versos de una belleza muy sutil. En realidad, cada poema ha sido un pequeño regalo y ha encontrado su lugar dentro del proceso creativo”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Este 2026 ha comenzado con muchos proyectos nuevos, algo que me llena de ilusión y energía. En estos momentos estoy inmersa en un nuevo libro para Editorial Iglú; se trata de un texto que no es poesía, y cuya entrega está ya muy próxima. Además, estoy terminando un álbum ilustrado de proyecto personal, en el que he trabajado tanto el texto como las ilustraciones. Es un proyecto muy especial para mí, y tengo muchas ganas de comenzar a compartirlo con editoriales y ver si encuentra su camino de publicación”, afirma María Rico.
“Paralelamente, estoy preparando una serie de ilustraciones para concursos, un espacio que para mí funciona casi como un reseteo creativo entre proyecto y proyecto, donde puedo experimentar, probar nuevas ideas y seguir creciendo como ilustradora”.
Álbum Ilustrado
Rosita Uricchio ilustra respuestas sobre ‘El ojo’
¿Cómo vemos al nacer? ¿Es posible que el cielo no sea azul? ¿Pueden mis ojos no parecerse a los de mis padres? ¿Por qué alejamos las cosas para verlas mejor? ¿Por qué ir al parque es bueno para los ojos? ‘El ojo. 20 preguntas sobre la maravillosa capacidad de ver’ rescata veinte enigmas que la Oftalmología ha ido resolviendo a lo largo de la historia sobre la complejidad de los ojos y la maravillosa capacidad de ver. Un trabajo de Raúl Plasencia Salini y Rosita Uricchio que edita la editorial peruana De Lirio Ediciones.
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Encontrarán explicaciones que ayudarán fácilmente incluso a los lectores más pequeños a comprender el mundo de los ojos. El libro responde a preguntas y curiosidades sobre la vista, y las ilustraciones minimalistas y simbólicas acompañan la lectura de forma agradable y alegre”.

¿Es el primer libro informativo en el que trabajas? “He estado trabajando en otro libro de divulgación científica sobre plantas medicinales de Sudamérica y el sur de Italia, un libro que presenta las plantas de una manera romántica y atractiva”, nos cuenta Rosita Uricchio.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Comencé con un guión gráfico compartido con el director de arte, en el que esbocé sugerencias visuales para cada capítulo. Tras recibir comentarios, coloreamos los bocetos. La investigación se basa principalmente en mi experiencia diaria, pero también en libros, enciclopedias, otras imágenes evocadoras y obras de arte”.

¿Cual ha sido tu mayor descubrimiento tras ese proceso o qué te ha sorprendido más? “Me sorprendió descubrir el mundo de los ojos. Además, me estaba recuperando de una cirugía ocular cuando creé el libro, y esto me pareció muy curioso”, asegura Rosita Uricchio.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Mis ilustraciones son sencillas pero impactantes. Tienen un toque vintage en algunas zonas e incluso son un poco surrealistas. Los elementos cambian de tamaño y forma, e intenté que las imágenes fueran lo más divertidas posible para abordar un tema tan científico. A diferencia de otras obras, he incluido algunas secciones de collage, pero en general me encanta combinar técnicas digitales con collage en mi práctica artística personal”.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “El proceso, como siempre, ha sido un flujo constante y una sucesión de inspiraciones provenientes del teatro, la música, la ciencia y mundos aparentemente distantes, pero que en realidad están conectados -continúa Rosita Uricchio-. En una imagen, por ejemplo, hay una figura que se asemeja a Lennon tomando el sol, otra cita Hamlet de Shakespeare y otra encuentra un detalle de una pintura impresionista de Monet”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Actualmente trabajo en proyectos transdisciplinarios que abarcan el ámbito editorial, el arte y la botánica. Soy comisaria de varios proyectos de arte comunitario y trabajo en una serie de ilustraciones para una revista y otros encargos para organizaciones independientes”.
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Mario Jodra y su visión de ‘Canción de Navidad’
La historia del avaro Ebenezer Scrooge, visitado por tres fantasmas en Nochebuena, ha emocionado a generaciones desde su publicación en 1843. Esta narración -una de las más emblemáticas de Charles Dickens- regresa en una cuidada edición ilustrada de Edelvives que resalta su carácter social y su mensaje de redención, tan vigente hoy como en el siglo XIX. ‘Canción de Navidad’ se presenta en su versión original, acompañada por las poderosas imágenes en blanco y negro de Mario Jodra, ganador del V Premio Internacional de Ilustración. Su propuesta visual, expresiva y comprometida, da nueva vida a los escenarios y personajes del relato, poniendo el foco en los contrastes sociales y en la transformación interior del protagonista. Con Mario Jodra hemos charlado un poquito más sobre este libro.
Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. ¿Qué supone el Premio Internacional de Ilustración? “El proyecto nace a través del V Premio Internacional de Ilustración Edelvives. Para mí supuso un gran honor, y una excelente oportunidad de trabajar con una editorial de gran talla que realiza ediciones de lujo, muy cuidadas al detalle, que suelen ser reconocidas también con premios a los libros mejor editados, como uno reciente concedido por el Ministerio de Cultura, un proyecto que también nació a través del Premio Internacional de Ilustración Edelvives”.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Una edición muy completa de esta obra clásica, con una traducción excelente, acompañada de anotaciones que le dan otra dimensión -comenta Mario Jodra-. En lo que respecta a mi trabajo, encontrarán una versión ilustrada muy personal, con mi visión más característica y oscura, basada en las sensaciones y experiencias que me transmitía Londres. Allí viví durante unos años, y parece que algunas cosas no han cambiado desde 1843, o, en algunos aspectos, se han transformado en algo mucho peor de lo que narraba Dickens en su obra. He querido reflejar esos pensamientos con mis dibujos. Muchos rincones que aparecen allí son lugares donde he vivido, como el East End de Londres”.
¿Cómo era tu relación con este clásico de Dickens y cómo ha cambiado tras este trabajo? “Es una obra totalmente universal. Está presente y arraigada en la cultura popular de todo el mundo, y ha pasado a ser parte del imaginario colectivo. En mi infancia debió haber muchos encuentros con ‘Canción de Navidad’. Está representada en más de 100 versiones de todo tipo y medio, desde los Teleñecos/The Muppets hasta versiones libres cinematográficas como ‘Los fantasmas atacan al jefe’. Además, las referencias a la obra son incontables”.

“Con respecto a cómo lo he visto después de ilustrar la obra, he podido profundizar más en Dickens y sentirme más próximo a sus palabras e intenciones -continúa Mario Jodra-. ‘Canción de Navidad’ es una obra moralista que denuncia miserias y pecados, y apela al miedo para corregirlos. La forma que tiene Dickens para transmitir todo esto es muy parecida a las fórmulas del terror gótico, muy de moda en esa época. Y es así como la he visto tras este encuentro escrutador, y esta interpretación es la que también he querido reflejar con mis dibujos: un cuento de terror oscuro. Y esa visión sería mi principal aportación (volviendo de nuevo a la pregunta anterior)”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, también después de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Pues hice un trabajo previo de documentación muy exhaustivo, meses antes de comenzar a trabajar con la editora y la directora de ilustración. En primer lugar acudí a la obra de Dickens, y a las diferentes versiones de ‘Canción de Navidad’, tanto de ediciones ilustradas como cinematográficas o teatrales. Me empapé de la época, buscando todo tipo de material. Para crear un armazón visual y simbólico utilicé cientos de fuentes distintas, muchas veces sin vinculación con la obra, ni con la época ni con la ciudad de Londres, pero que me han servido para reconstruir una imagen de todo ello, contando además otras historias. Como a veces esa reconstrucción es una versión de la fuente, se consigue una sensación de familiaridad que hace que se amplíen los sentidos”, afirma Mario Jodra.

“Una vez comenzó el trabajo conjunto, lo primero fue ajustar la estética general con alguna prueba de estilo. Se probó a darle algunos tonos y detalles de color, pero se terminó de decidir que sería íntegramente en blanco y negro puro por el propio tono oscuro que deseábamos darle, y para destacar los juegos orgánicos de textura del carboncillo, y centrarnos en las atmósferas”.
“También hice pruebas con el diseño de los personajes principales, para hacernos una idea de cómo debían ser representados. Después de perfilar este aspecto, nos lanzamos con el story general del libro, y tras darle forma, me lancé al bocetado de cada ilustración. Una vez aprobado todo, comencé su ejecución al carboncillo, para luego hacer unos tratamientos digitales para su remate final”.

¿Cual ha sido tu mayor descubrimiento tras ese proceso o qué te ha sorprendido más? “Más que un descubrimiento o sorpresa, lo que he encontrado como más revelador en todo este proceso es la confirmación de que lo más importante es la base, la idea inicial que tienes en la cabeza -asegura Mario Jodra-. Todo está sujeto a modificaciones, pero los cimientos dan la forma definitiva. Por eso es esencial reflexionar mucho y dar vueltas a todo hasta que cuaje en el terreno de las ideas, que esté todo perfectamente ordenado y visualmente completo en la cabeza antes de tocar un lápiz, y trasladarlo después a bocetos. Y a partir de esos bocetos, sabía lo que tenía que hacer, de cuánto tiempo disponía para ejecutar cada cosa, y cómo debía acabar el resultado, cumpliendo con cada etapa y agenda marcada, y con cierto margen para esas modificaciones, pues esto era un trabajo en equipo que requería de aprobaciones, sugerencias y cambios. Y en ese proceso también necesité convencer y hacer confiar en que lo que tenía en la cabeza iba a salir así”.

¿Cómo realizas la selección de las escenas que vas a mostrar con tus ilustraciones? “Como comenté anteriormente, hubo un proceso de selección durante el story del libro, donde se decidió todo mediante un ajuste consensuado. En primer lugar sugerí cuántas ilustraciones serían necesarias, qué escenas se podrían ilustrar y cómo podrían hacerse, pero todo sin bocetos, solo con las descripciones, por estrofas, y si eran a una página o a doble página. La labor de la editora y la directora de ilustración fue tomar el texto y ver cómo encajaba con el libro en mano, por estrofa, ritmo, cantidad y tipo de ilustraciones, para encontrar un encaje. Yo tenía una idea inicial que jugaba con los ciclos y etapas del tiempo y las repeticiones en las que solía redundar el libro, pero que se tuvo que ajustar por diferentes razones prácticas, como por ejemplo, el hueco que había en el libro, por estrofa, y cómo iba a aparecer cada ilustración sin adelantarse al texto, o quedarse atrás, así que algunas ilustraciones a doble página se quedaron a una, y al revés también. Una vez decidido todo, me lancé con los bocetos, teniendo las escenas muy claras ya en la cabeza, así que todo lo que salió de ahí solo lo tuve que ejecutar después con los carboncillos. Y aun así, también hubo cambios”.
“Ese fue un proceso de varios meses durante los cuales se tuvo que cambiar la idea de los ciclos, y descartar tres escenas que para mí eran importantes, una de ellas, la del carruaje fúnebre que se le aparece a Scrooge en las escaleras de su casa, que podía haber sido visualmente muy potente”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Traté de aportar las atmósferas y la ambientación tenebrosa del terror gótico que el propio Dickens refleja en la obra en algunos tramos, y que no han sido representados en otras versiones, tanto ilustradas como cinematográficas”, afirma Mario Jodra.
“También quise incidir en el papel crucial que tiene el tiempo atmosférico, como por ejemplo la niebla, que desempeña un papel esencial en la narración previa a la aparición de los fantasmas para darle un ambiente de misterio y terror. He consultado cientos de representaciones visuales y, sorprendentemente, apenas se ha tratado esto, incluso a pesar de que la niebla siempre ha estado ligada al Londres victoriano. Solo se suele destacar la nieve que aparece en todo momento, pero es que para Dickens tenía un carácter simbólico que representaba su infancia en la campiña británica, y por eso solo aparece en determinados tramos del cuento en los que habla de la felicidad y la pureza”.

Ya has comentado algo pero, ¿con qué técnicas trabajaste? “La técnica que utilizo para dibujar es carboncillo sobre papel. En esta ocasión decidí que casi todos los dibujos tuvieran un posterior tratamiento digital. Ya lo había hecho antes, pero ahora quise integrarlo en toda la obra. Utilicé texturas hechas con carboncillo como “potenciadores” para crear atmósferas y ambientaciones, así como sombreados y brillos para jugar con los contrastes de impacto, y el carácter orgánico propio de la técnica del carboncillo, la más primitiva y antigua que existe, y que nos lleva a la noche de los tiempos. El carboncillo es muy adaptable y versátil, a veces te lo da todo hecho, y da muchísima cancha para experimentar y darle usos más modernos”, confiesa Mario Jodra.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy con varios proyectos. Estaba retomando los proyectos aparcados de autoedición de mi sello ElSordo.net que se me fueron acumulando, y también concretando detalles para comenzar próximamente un nuevo libro ilustrado con otra editorial que también saca ediciones excelentes y muy cuidadas. Sería una obra que me motiva mucho, y con la que puedo hacer mucho juego”.
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