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Álbum Ilustrado

Mercè López, Javier Bermúdez y ‘Nuestra vida en los árboles’

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Mercè López

¿Qué te parecería celebrar tu cumpleaños en la cima de un árbol milenario? ¿O viajar en coco por el mar? Pues Bea y Guille, dos gibones mellizos muy curiosos, lo han hecho, y junto a sus padres trovadores han vivido aventuras increíbles en los árboles más fascinantes del mundo. Desde Matusalén, un pino de casi cinco mil años, hasta Hyperion, la secuoya más alta del mundo, cada árbol tiene una historia que contar. Acompaña a esta familia de gibones en sus divertidas aventuras entre ramas y hojas, y descubre los secretos que esconden los árboles sobre la naturaleza y la vida misma. ‘Nuestra vida en los árboles’ es un libro editado por Pastel de Luna que hará que mires los árboles de una manera completamente nueva. Un trabajo de Javier Bermúdez y Mercè López. Con ésta última charlamos un poquito más sobre este álbum ilustrado.

Mercè López

¿Cómo nace este proyecto? Javier Bermúdez: “Nace de una propuesta de David, editor de Pastel de Luna. Si no recuerdo mal -porque de eso hace ya unos seis años-, David pretendía hacer una especie de catálogo de árboles singulares, y quería que la propuesta gráfica estuviese hilada de algún modo. Con ese objetivo empezamos a barajar diversas alternativas que sirviesen de hilo conductor hasta que al final aparecieron Bea, Guille y el par de frikis que son sus progenitores, y desde el primer momento todos tuvimos claro que esa familia de gibones tan particular, junto a todos los árboles extraordinarios que iban a tener la suerte de conocer durante sus viajes, protagonizarían la historia del libro”.

Mercè López

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Pues parafraseando a Guille y a Bea, se van a encontrar con los árboles más flipantes que se puedan imaginar -continúa Javier Bermúdez-. Y también a dos gibones mellizos muy simpáticos y que, mientras nos explican las aventuras de su todavía corta vida, comparten con todos nosotros su asombro al descubrir todos los secretos y capacidades fascinantes que esconden entre sus ramas los árboles. Y también alguna otra sorpresa sonora que mejor no desvelamos a los lectores”.

Mercè pez: “Pequeñas pinturas de árboles peculiares. Ya que el protagonismo literario recae en el viaje de esta familia de gibones y sus personalidades, nos parecía importante que el peso visual recayera en los árboles. Y que fuera un viaje estético donde la composición y el color también te lleven de la mano como lo hacen Guille y Bea”.

Mercè López

Dadnos algunas pinceladas sobre el trabajo de investigación y documentación para este libro. “Yo suelo sumergirme muy profundamente en el tema antes de ponerme a escribir -nos cuenta Javier Bermúdez-. Sobre todo si es una materia que no conozco demasiado bien, necesito aprender muchas cosas. Y además es la excusa perfecta para dedicarme a hacer lo que más me gusta: leer. Así que esta vez he pasado mucho tiempo leyendo toda clase de literatura acerca de árboles y plantas”.

“Si bien con los gibones la cosa fue más ágil y rápida, con los árboles nos pasamos un buen rato. En primer lugar rastreando árboles singulares con los que formar una primera lista. Y luego recortándola, porque la extensión del libro es limitada, claro. Que yo recuerde, el listado definitivo pasa al menos por cuatro filtros. Primero decidimos que la excepcionalidad de los árboles debe referirse más a la natura que a la cultura. Es decir, que descartamos árboles míticos, sagrados o fundacionales como el Árbol del bien y del mal, o el Yggdrasil; árboles que formen parte del imaginario humano como por ejemplo el manzano de Newton, o el roble de Robin Hood, los ents; etc. Luego intentamos, en la medida de lo posible, que los árboles representen cierta variedad geográfica. Después cada cual -Mercè, David y yo- propone a sus candidatos innegociables. Y la última criba es fruto de las diversas necesidades que durante el proceso de escritura va teniendo la trama. Paralelamente a todo eso, y mientras Bea y Guille empezaban a saltar de árbol en árbol, pues yo seguía devorando manuales de botánica y libros de Joaquín Araújo, David G. Haskell, Stefano Mancuso, Peter Wohlleben, Ignacio Abella, Francis Hallé, Hope Jahren…”.

Mercè López

“Yo viví muy de cerca toda esta inmersión de Javi en el universo de los árboles y aprendí mucho de todo lo que me compartía y de leerme algunos de los libros que me aconsejaba -asegura Mercè López-. Mi trabajo de documentación fue más centrado en cada árbol. Algunos pocos los he visto, como el ginkgo, los baobabs, los ficus de Ta Phrom, las secuoyas… pero la mayoría los he tenido que vivir virtualmente, intentaba rodear cada árbol a través de vídeos, fotos y mucha lectura sobre su historia y sus particularidades”. 

Mercè López

“También estuve dando una vuelta por la historia del arte y los grabados de botánica. En el camino descubrí el trabajo de árboles de Iván Ivanovich Sishkin. Y aunque es difícil de percibir yo reconozco la influencia de la ciencia ficción, de la histología, de México, del fauvismo y del arte japonés y también el trabajo de artistas cercanos y de la ilustración como David de Heras y Miguel Pang, Beatrice Allemagna…”.

Mercè López

Tras todo ese trabajo, ¿qué es lo que más os ha sorprendido o qué es lo que habéis descubierto? “Comportamientos inesperados de los árboles, estrategias de reproducción, de supervivencia, de conservación… y luego, gráficamente ha sido todo un ejercicio adentrarse en los laberintos de ramas y hojas, en las texturas y los colores de los troncos -nos relata Mercè López-. He descubierto que los gibones tienen un esqueleto muy parecido al del ser humano pero que sus brazos les llegan a los pies. Que son de los pocos simios que braquían y que el braquío es ese movimiento pendular que les permite impulsarse de rama en rama y realizar grandes saltos. He aprendido que los árboles tienen un límite de crecimiento a partir del cuál las moléculas de agua se descomponen y no les llegan a alimentar las hojas”.

Mercè López

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Lo más nuevo para mí ha sido tratar el tema de los árboles, que no es un elemento que haya trabajado mucho, aunque llevo algunos años muy interesada en ellos. Lo que creo que caracteriza estas ilustraciones es que parten del deseo de recrearme y disfrutar de la pintura como lenguaje propio, del tiempo de creación de cada original. Y tratar cada ilustración como un pequeño cuadro que tuviera interés estético en sí. No es algo nuevo, aunque sí hacía tiempo que no le dedicaba tanta energía a cada cuadro desde mi lado más pictórico”.

Mercè López
Mercè López
Mercè López

¿Con qué técnicas trabajaste? “Acrílico sobre papel para la mayoría de las ilustraciones. Y algunos de los gibones son una mezcla de grafito acuarelable, acrílico y lápiz. En un libro sobre árboles es muy difícil no dar un lugar al impacto del ser humano en la naturaleza, en la mayoría de los casos está tratado con mucho cariño y algo de humor, pero hay una parte inevitablemente triste que he trabajado con una técnica muy distinta, en blanco y negro, a carboncillo. Si leéis el libro entenderéis el motivo de esta decisión. Aunque, por suerte, la naturaleza siempre sabe encontrar el camino de vuelta…”, asegura Mercè López

Mercè López
Mercè López

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Estoy terminando un par de libros un poco grandes para EEUU, muy distintos entre ellos. Uno gira alrededor de las mujeres y la ciencia en la segunda mitad del s.XIX y el otro brilla con los colores del sol y de la India. Y lo que estamos a punto de empezar, Javi y yo de nuevo, es el desarrollo final del proyecto ‘Montañas’ que fue ganador del Premio Lazarillo 2022 de álbum ilustrado y que en principio saldrá publicado en Primavera de 2026”. 

Mercè López
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Iacopo Bruno y Francesca Leoneschi dan forma a ‘Inseparables’

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Iacopo Bruno

Bajo las aguas, dos seres aparentemente lejanos comparten un mismo dolor. Ichi, un pulpo tallador de palabras, busca salvar a su padre. Lucy, inmóvil entre los restos de un barco hundido, se deja mecer por la corriente. Esta narración ilustrada entrelaza sus destinos en una historia profunda, poética y visualmente deslumbrante sobre la pérdida, la esperanza y los lazos invisibles que nos unen. Edelvives edita ‘Inseparables’, un trabajo de Francesca Leoneschi e Iacopo Bruno. Con éste último charlamos un poco más en profundidad sobre su trabajo en este libro.

Iacopo Bruno

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “Inseparables nació un día de verano entre las olas de las Cinque Terre a bordo de nuestro gozzo (un barco de pesca tradicional) Alina, mientras buscábamos el personaje para una historia de tintes gótico-victorianos. En ese preciso momento nació Ichi, el pequeño pulpo de la familia Real. Cuando nos dimos cuenta de que nuestra historia podía transcurrir bajo el nivel del mar, se nos abrió todo un mundo lleno de sepias que tiñen el mar de negro y de mantas que ocultan la luz del sol en señal de luto por la muerte del padre de Ichi, el Príncipe Consorte”.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Encontrarán un inusual mundo marino donde se fortalece el vínculo y la amistad interespecie entre Ichi y Lucy, la niña que vive en el Abismo entre los tablones del naufragio del Golden Mary en busca de su corazón”, nos cuenta Iacopo Bruno.

Iacopo Bruno

¿Cómo fue el proceso de construcción de esta la historia? “Inseparables lo escribimos a cuatro manos pero, dado queFrancesca Leoneschi y yo estamos acostumbrados por trabajo a dialogar a través de imágenes, primero lo imaginamos visualmente de forma muy detallada. Después, bastó con sentarse y escribirlo de un tirón, pasándonos el texto el uno al otro para recortar, corregir o añadir”.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… ¿Cómo nacen estos personajes? “Francesca y yo siempre investigamos mucho, lo cual nos sirve para visualizar las escenas y los personajes, como te decía -continúa Iacopo Bruno-. Luego empezamos a contarnos la historia el uno al otro durante los largos viajes en coche cuando nos desplazamos de un lugar a otro. En cuanto la historia empezó a tomar forma, comencé a plasmar los pensamientos sobre el papel. Normalmente, cuando empiezo un libro, le dedico un cuaderno entero bastante grande, y para ‘Inseparables’ también llené un cuaderno de bocetos. El posfacio del libro reúne una selección de estos bocetos para que el lector pueda entrar entre bastidores en un proyecto como este”.

Iacopo Bruno

Iacopo Bruno

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Diría que el reto consistió en fusionar el mundo marino con la época victoriana y hacer que resultara fascinante y creíble, pero sobre todo el esfuerzo se centró en intentar captar de forma sincera las emociones que caracterizan la historia. La novedad con ‘Inseparables’ es que durante treinta años he ilustrado libros para otros autores; esta vez, las ilustraciones eran para un libro totalmente nuestro. Fue un reto muy exigente porque Francesca y yo somos unos clientes decididamente exigentes”.

Iacopo Bruno

Iacopo Bruno

¿Con qué técnicas trabajaste? “Te agradezco mucho esta pregunta porque tengo un interés especial en recalcar que todas las ilustraciones de ‘Inseparables’ están realizadas de forma tradicional, es decir, son todo láminas originales pintadas con acuarela sobre papel. Durante años coloreé mis láminas de forma digital, pero desde hace unos seis años prefiero las técnicas tradicionales, analógicas por así decirlo. Trabajo al óleo, con tintas de colores, lápices e incluso con acuarela, como en el caso de Inseparables. Las técnicas tradicionales me ayudan a concentrarme y a sumergirme en el trabajo, y me dejan láminas originales en lugar de archivos guardados en discos duros que probablemente ya ni siquiera pueda abrir. El papel tiene otro encanto y una durabilidad excelente”, asegura Iacopo Bruno.

Iacopo Bruno

Iacopo Bruno

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Como te decía, primero investigo, luego intento visualizar mentalmente, después paso las ideas a un cuaderno grande y solo entonces me sumerjo en la lámina definitiva. Hago los dibujos a lápiz sobre un papel de altísima calidad que me permite, a pesar de los borrones, obtener un dibujo final muy limpio. Para ‘Inseparables’, transferí el dibujo a un papel para acuarela utilizando un escáner y una impresora de excelente calidad. En ese momento coloreo y la lámina ya está lista”.

Iacopo Bruno

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sí, siempre estoy trabajando en nuevos proyectos. Actualmente, el trabajo más exigente es un libro ilustrado para una editorial francesa del que todavía no puedo contar mucho, salvo que serán 40 ilustraciones a color dibujadas con plumilla y coloreadas con tintas; y una novela ilustrada para una editorial estadounidense, que también es confidencial por ahora. Sin embargo, el trabajo que está llenando mi nuevo cuaderno es nuestro próximo libro, basado en un relato original de Francesca Leoneschi. ¡Esta vez estaremos en tierra firme, pero siempre rodeados por un mar tempestuoso!”

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Pedro Oyarbide ilustra ‘El rayo que no cesa’

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Pedro Oyarbide

El rayo que no cesa’ es la obra más representativa y lograda de Miguel Hernández. Resultado y testimonio de una profunda crisis vital, sus páginas exploran la vivencia del amor, un amor doloroso, intenso y frustrado que deviene una herida constante. A la riqueza poética de Miguel Hernández se suma aquí la sensibilidad artística de Pedro Oyarbide, quien acompaña estos versos desgarradores con ilustraciones igualmente potentes, profundizando en la simbología hernandiana.

Los treinta poemas de ‘El rayo que no cesa’ adquieren una dimensión inédita en esta edición profusamente ilustrada que invita a una lectura renovada, donde palabra e imagen dialogan para intensificar la emoción, el tormento y la belleza de un libro esencial de la literatura española. Una edición de Lunwerg sobre la que hablamos un poquito más con  Pedro Oyarbide.

Pedro Oyarbide

Lo primero, cuéntanos cómo llega a tus manos este proyecto. “Venía de hacer ‘El Principito’ con Lunwerg. En principio habíamos empezado a darle forma a otro libro ilustrado muy diferente, una colección de cuentos del siglo XIX, pero el proyecto estaba algo estancado y por mi parte no terminaba de fluir. La editora me dio libertad para proponer otros títulos y ‘El rayo que no cesa’ me vino enseguida a la cabeza. Siempre me ha gustado la poesía de Miguel Hernández y sabía que ese libro tenía ingredientes más que suficientes para construir una propuesta visual interesante”.

¿Cómo era tu relación con esta obra de Miguel Hernández antes de abordar este proyecto? “Hasta entonces había leído sobre todo poemas sueltos, más que un poemario completo. Pero había algo en Miguel Hernández que siempre me había atraído, tanto o más que su obra: su personalidad, su historia y, por supuesto, la fuerza y la belleza de su poesía”, nos cuenta Pedro Oyarbide.

Pedro Oyarbide

¿Cómo dirías que ha cambiado esa relación con el título y con la figura del poeta? “Ha cambiado mucho. Para afrontar el libro me leí bastante sobre la biografía del poeta, el marco histórico, etc. Descubrir con más profundidad su trayectoria y, especialmente, su tristísimo final, hizo que conectara todavía más con sus versos”.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, pruebas o dibujos en algún cuaderno. “Fue un proceso bastante natural, muy parecido al que sigo con otros libros -continúa Pedro Oyarbide-. Leí el poemario mientras tomaba notas y hacía algunos bocetos rápidos. Aunque el resultado está muy pensado, en cierto modo puedo decir que fue un trabajo bastante intuitivo. Los poemas me evocaban imágenes con mucha facilidad. Al tratarse de un libro de amor, hay elementos que aparecen una y otra vez, así que quizá el mayor reto fue evitar la redundancia y encontrar maneras distintas de representar esas ideas sin repetirme”.

Pedro Oyarbide

¿Es la primera vez que ilustras poesía? ¿Qué tal ha sido la experiencia? “Sí, es la primera vez. Ha sido un proceso diferente a cualquier otro. Desde el principio tuve claro que quería que todas las páginas estuvieran ilustradas y que los textos estuvieran redibujados a mano. Ha sido un trabajo muy exigente y, por momentos, extenuante, ya que son 120 páginas ilustradas, pero también uno de los más gratificantes que he hecho”.

¿Tus versos favoritos?

«Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.»

Vuelven una y otra vez a mi cabeza.

Pedro Oyarbide

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente respecto a otros trabajos? “Creo que lo más característico del libro, aparte de mi estilo, que ya es bastante reconocible, es haber redibujado toda la rotulación de texto a mano -asegura Pedro Oyarbide-. Jugué con la propia tipografía incorporando recursos visuales: letras que se desploman, palabras que interactúan con las ilustraciones o que pasan a formar parte de la composición. Quería que el texto también fuera imagen”.

“Por otro lado, creo que la portada tiene mucha fuerza. Está basada en un relieve de un mausoleo del Cementerio Monumental de Milán. ‘El rayo que no cesa’ es un poemario de amor que Miguel Hernández escribió para su mujer, Josefina Manresa. Resulta casi premonitorio -o quizá simplemente consciente de la realidad de la época- porque escribe con un enorme desgarro y solemnidad, como si se anticipara a una muerte temprana y a una despedida inevitable de su amada. Por eso me pareció natural reinterpretar esa imagen. La portada incorpora una ventana troquelada que deja ver el retrato de Miguel Hernández, atravesado literalmente por un rayo. Ese retrato forma parte de una segunda cubierta interior, de modo que ambas imágenes dialogan entre sí. Creo que, como objeto, el libro ha quedado muy rotundo, atractivo y coherente con el espíritu de la obra”.

Pedro Oyarbide

¿Con qué técnicas trabajaste? “Desde hace años todo mi trabajo es digital. Utilizo una tableta Wacom Cintiq y trabajo principalmente con Photoshop e Illustrator”, afirma Pedro Oyarbide.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Fue un proceso largo y muy inmersivo. Cada poema requería encontrar un equilibrio entre respetar el texto y aportar una lectura visual propia, sin invadir su significado. Más que ilustrar cada verso de forma literal, intenté construir una atmósfera que acompañara al lector y ampliara la experiencia de la lectura. También hubo mucho trabajo de composición para integrar texto e ilustración de manera orgánica en cada doble página”.

Pedro Oyarbide

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy esperando la publicación de otro de los trabajos que he terminado recientemente y al que le tengo muchísimas ganas: una edición ilustrada de ‘La sombra del viento’, de Carlos Ruiz Zafón. Es un proyecto muy especial para mí y estoy deseando que vea la luz”.

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Verónica Aranda y su trabajo en ‘Bienvenida, amiga ardilla’

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Verónica Aranda

Cascabilla la ardilla tenía su nido en el hueco de un árbol y todo preparado para el invierno: una cálida cama hecha de hojas, una despensa a rebosar de frutos secos y cientos de semillas escondidas en lugares secretos del bosque… Ya falta poco para que se instale el invierno y Cascabilla ha trabajado duro para estar preparada. En su apacible nido, en lo alto del árbol, la ardilla ve caer las últimas hojas de otoño cuando, de repente, el tronco cae al suelo. ¡No puede ser! ¡Los castores lo han talado! Cascabilla está desconsolada. ¿Y ahora qué? Con estas palabras la editorial Cuento de Luz nos presenta ‘Bienvenida, amiga ardilla’, una emocionante aventura a través del bosque que construyen Daniel Cañas y Verónica Aranda, con la que hablamos de este álbum ilustrado.

¿Cómo llega a tus manos este proyecto? “Hace años que conozco a Daniel Cañas y, desde el primer día, habíamos tenido la intención de publicar algo juntos. Pero siempre iban surgiendo cosas y nunca encontrábamos el momento de ponernos manos a la obra con nuestro proyecto. Durante una etapa en la que yo tenía menos carga de trabajo pensé: “ahora es el momento”. Así que le escribí y le pedí que me enviara algunos de sus últimos cuentos. El de la Ardilla fue el que más me encajó y enseguida lo visualicé con mis ilustraciones”.

Verónica Aranda

¿Qué es lo que más te gustó de este proyecto? ¿Qué te pareció la historia de Daniel la primera vez que la leíste? “Lo que más me gustó fue que los protagonistas fueran animales y que la historia transcurriera en el bosque. Soy una gran amante de la naturaleza y es lo que más disfruto dibujando -confiesa Verónica Aranda-. También me llamó la atención la estructura repetitiva del cuento, porque me pareció muy dinámica y divertida para los pequeños lectores. Además, transmite valores como el compañerismo, el respeto y la gratitud, algo que considero muy importante aprender desde edades tempranas”.

¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Animales. Muchos animales escondidos por aquí y por allá. En todos los libros que ilustro intento cuidar mucho los detalles para que los niños puedan entretenerse observando cada página. Pero en este álbum quise implicarme al 200%. Y si se fijan bien, incluso encontrarán una pequeña subtrama entre dos pájaros carpinteros que desarrollé para enriquecer todavía más la historia”.

Verónica Aranda

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Pues como he dicho anteriormente, creo que mis ilustraciones se caracterizan principalmente por la cantidad de detalles que contienen. A nivel de color, me gusta trabajar con gamas cromáticas vivas y luminosas, y sobre todo jugar con las luces para crear escenas cálidas y envolventes”, nos cuenta Verónica Aranda.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Yo soy digital 100%, desde el storyboard hasta el arte final. Trabajo únicamente con Photoshop, en una tablet con pantalla grande. Aun así, me gusta conservar cierta sensación tradicional en el acabado, por eso trabajo con muchos pinceles y texturas diferentes que aportan ese aspecto más orgánico y “hecho a mano”.

Verónica Aranda

¿Qué has aprendido con este proyecto? “Siempre que ilustro un libro termino aprendiendo cosas nuevas relacionadas con su temática. En este caso descubrí algún que otro dato curioso sobre las ardillas, los pájaros carpinteros, los castores o las liebres. Por ejemplo, me sorprendió muchísimo la memoria que pueden llegar a tener las ardillas: son capaces de recordar los escondites donde almacenan su alimento creando mapas mentales y ayudándose con marcas visuales del entorno”, afirma Verónica Aranda.

Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “En este álbum, la forma de trabajar fue muy distinta a la de otros encargos editoriales que había hecho anteriormente, porque Daniel y yo iniciamos el proyecto de una manera totalmente libre, sin la presión de una fecha de entrega. Fue un proceso que se cocinó a fuego lento durante dos años”. 

Verónica Aranda

“Primero realicé un storyboard para distribuir el texto en las distintas dobles páginas y decidir qué escenas podían ilustrarse mejor. Después empecé a trabajar en los bocetos a tamaño real, siempre contando con el feedback de Daniel. Precisamente, una de las cosas más bonitas de este proyecto fue la comunicación constante entre nosotros. Hubo un intercambio de ideas muy enriquecedor y, de alguna manera, ambos fuimos alimentando creativamente el trabajo del otro”.

“Cuando ya tuvimos una maqueta sólida, decidimos presentarla a algunos premios de álbum ilustrado, entre ellos el Premio Lazarillo, aunque finalmente no hubo suerte. Más adelante, Daniel -que ya tenía relación con la editorial Cuento de Luz y había publicado otros álbumes con ellos-, les enseñó nuestro proyecto. La editora quedó tan encantada que nos dio el sí prácticamente al momento. Gracias a ellos, nuestro cuento terminó convirtiéndose en realidad dos años después de haber comenzado este viaje”, asegura Verónica Aranda.

Verónica Aranda

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Hace poco se publicó el último libro que he tenido el placer de ilustrar, Joel i el Drac Ocult, escrito por Laura Borao y editado por Edelvives. Y ahora mismo estoy en una etapa un poco más pausada, ya que estos últimos meses han sido bastante intensos tras la compra de mi primera vivienda. Además, trabajo a jornada completa como maquetadora en una editorial y entre unas cosas y otras apenas me queda tiempo. Aun así, espero poder retomar pronto el dibujo y empezar nuevos proyectos”.

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