Álbum Ilustrado
Mercè López, Javier Bermúdez y ‘Nuestra vida en los árboles’
¿Qué te parecería celebrar tu cumpleaños en la cima de un árbol milenario? ¿O viajar en coco por el mar? Pues Bea y Guille, dos gibones mellizos muy curiosos, lo han hecho, y junto a sus padres trovadores han vivido aventuras increíbles en los árboles más fascinantes del mundo. Desde Matusalén, un pino de casi cinco mil años, hasta Hyperion, la secuoya más alta del mundo, cada árbol tiene una historia que contar. Acompaña a esta familia de gibones en sus divertidas aventuras entre ramas y hojas, y descubre los secretos que esconden los árboles sobre la naturaleza y la vida misma. ‘Nuestra vida en los árboles’ es un libro editado por Pastel de Luna que hará que mires los árboles de una manera completamente nueva. Un trabajo de Javier Bermúdez y Mercè López. Con ésta última charlamos un poquito más sobre este álbum ilustrado.

¿Cómo nace este proyecto? Javier Bermúdez: “Nace de una propuesta de David, editor de Pastel de Luna. Si no recuerdo mal -porque de eso hace ya unos seis años-, David pretendía hacer una especie de catálogo de árboles singulares, y quería que la propuesta gráfica estuviese hilada de algún modo. Con ese objetivo empezamos a barajar diversas alternativas que sirviesen de hilo conductor hasta que al final aparecieron Bea, Guille y el par de frikis que son sus progenitores, y desde el primer momento todos tuvimos claro que esa familia de gibones tan particular, junto a todos los árboles extraordinarios que iban a tener la suerte de conocer durante sus viajes, protagonizarían la historia del libro”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Pues parafraseando a Guille y a Bea, se van a encontrar con los árboles más flipantes que se puedan imaginar -continúa Javier Bermúdez-. Y también a dos gibones mellizos muy simpáticos y que, mientras nos explican las aventuras de su todavía corta vida, comparten con todos nosotros su asombro al descubrir todos los secretos y capacidades fascinantes que esconden entre sus ramas los árboles. Y también alguna otra sorpresa sonora que mejor no desvelamos a los lectores”.
Mercè López: “Pequeñas pinturas de árboles peculiares. Ya que el protagonismo literario recae en el viaje de esta familia de gibones y sus personalidades, nos parecía importante que el peso visual recayera en los árboles. Y que fuera un viaje estético donde la composición y el color también te lleven de la mano como lo hacen Guille y Bea”.

Dadnos algunas pinceladas sobre el trabajo de investigación y documentación para este libro. “Yo suelo sumergirme muy profundamente en el tema antes de ponerme a escribir -nos cuenta Javier Bermúdez-. Sobre todo si es una materia que no conozco demasiado bien, necesito aprender muchas cosas. Y además es la excusa perfecta para dedicarme a hacer lo que más me gusta: leer. Así que esta vez he pasado mucho tiempo leyendo toda clase de literatura acerca de árboles y plantas”.
“Si bien con los gibones la cosa fue más ágil y rápida, con los árboles nos pasamos un buen rato. En primer lugar rastreando árboles singulares con los que formar una primera lista. Y luego recortándola, porque la extensión del libro es limitada, claro. Que yo recuerde, el listado definitivo pasa al menos por cuatro filtros. Primero decidimos que la excepcionalidad de los árboles debe referirse más a la natura que a la cultura. Es decir, que descartamos árboles míticos, sagrados o fundacionales como el Árbol del bien y del mal, o el Yggdrasil; árboles que formen parte del imaginario humano como por ejemplo el manzano de Newton, o el roble de Robin Hood, los ents; etc. Luego intentamos, en la medida de lo posible, que los árboles representen cierta variedad geográfica. Después cada cual -Mercè, David y yo- propone a sus candidatos innegociables. Y la última criba es fruto de las diversas necesidades que durante el proceso de escritura va teniendo la trama. Paralelamente a todo eso, y mientras Bea y Guille empezaban a saltar de árbol en árbol, pues yo seguía devorando manuales de botánica y libros de Joaquín Araújo, David G. Haskell, Stefano Mancuso, Peter Wohlleben, Ignacio Abella, Francis Hallé, Hope Jahren…”.

“Yo viví muy de cerca toda esta inmersión de Javi en el universo de los árboles y aprendí mucho de todo lo que me compartía y de leerme algunos de los libros que me aconsejaba -asegura Mercè López-. Mi trabajo de documentación fue más centrado en cada árbol. Algunos pocos los he visto, como el ginkgo, los baobabs, los ficus de Ta Phrom, las secuoyas… pero la mayoría los he tenido que vivir virtualmente, intentaba rodear cada árbol a través de vídeos, fotos y mucha lectura sobre su historia y sus particularidades”.

“También estuve dando una vuelta por la historia del arte y los grabados de botánica. En el camino descubrí el trabajo de árboles de Iván Ivanovich Sishkin. Y aunque es difícil de percibir yo reconozco la influencia de la ciencia ficción, de la histología, de México, del fauvismo y del arte japonés y también el trabajo de artistas cercanos y de la ilustración como David de Heras y Miguel Pang, Beatrice Allemagna…”.

Tras todo ese trabajo, ¿qué es lo que más os ha sorprendido o qué es lo que habéis descubierto? “Comportamientos inesperados de los árboles, estrategias de reproducción, de supervivencia, de conservación… y luego, gráficamente ha sido todo un ejercicio adentrarse en los laberintos de ramas y hojas, en las texturas y los colores de los troncos -nos relata Mercè López-. He descubierto que los gibones tienen un esqueleto muy parecido al del ser humano pero que sus brazos les llegan a los pies. Que son de los pocos simios que braquían y que el braquío es ese movimiento pendular que les permite impulsarse de rama en rama y realizar grandes saltos. He aprendido que los árboles tienen un límite de crecimiento a partir del cuál las moléculas de agua se descomponen y no les llegan a alimentar las hojas”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Lo más nuevo para mí ha sido tratar el tema de los árboles, que no es un elemento que haya trabajado mucho, aunque llevo algunos años muy interesada en ellos. Lo que creo que caracteriza estas ilustraciones es que parten del deseo de recrearme y disfrutar de la pintura como lenguaje propio, del tiempo de creación de cada original. Y tratar cada ilustración como un pequeño cuadro que tuviera interés estético en sí. No es algo nuevo, aunque sí hacía tiempo que no le dedicaba tanta energía a cada cuadro desde mi lado más pictórico”.



¿Con qué técnicas trabajaste? “Acrílico sobre papel para la mayoría de las ilustraciones. Y algunos de los gibones son una mezcla de grafito acuarelable, acrílico y lápiz. En un libro sobre árboles es muy difícil no dar un lugar al impacto del ser humano en la naturaleza, en la mayoría de los casos está tratado con mucho cariño y algo de humor, pero hay una parte inevitablemente triste que he trabajado con una técnica muy distinta, en blanco y negro, a carboncillo. Si leéis el libro entenderéis el motivo de esta decisión. Aunque, por suerte, la naturaleza siempre sabe encontrar el camino de vuelta…”, asegura Mercè López.


¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Estoy terminando un par de libros un poco grandes para EEUU, muy distintos entre ellos. Uno gira alrededor de las mujeres y la ciencia en la segunda mitad del s.XIX y el otro brilla con los colores del sol y de la India. Y lo que estamos a punto de empezar, Javi y yo de nuevo, es el desarrollo final del proyecto ‘Montañas’ que fue ganador del Premio Lazarillo 2022 de álbum ilustrado y que en principio saldrá publicado en Primavera de 2026”.


Álbum Ilustrado
Mariana Ruiz Johnson nos lleva a dar ‘Una vuelta al año’
‘Una vuelta al año’ nos propone acompañar a una simpática familia de ratones humanizados en su vida cotidiana siguiendo el ciclo de las estaciones. Se trata de un relato de estructura circular para prelectores y primeros lectores: sin citar los meses, nos sitúa a principios de enero, en pleno invierno, cuando predomina la estancia en el hogar y la posibilidad de disfrutar de la nieve; sigue en primavera con la floración y el aumento progresivo de las actividades de ocio al aire libre con otros habitantes del barrio; después llega el verano con el calor, los juegos en la playa y la piscina; y avanza al otoño con la caída de las hojas y la vuelta al espacio doméstico, para retornar al tiempo invernal, con los encuentros en torno a las celebraciones navideñas.

Así nos presenta la editorial Kalandraka este álbum ilustrado de Mariana Ruiz Johnson que reúne una selección de vivencias propias de cada etapa -desde lo anecdótico hasta acontecimientos destacados- que suceden en distintos momentos -mañana, tarde, noche- y en las que la infancia se reconoce.
Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “Hace varios años, por diversión, yo posteaba algunos dibujos rápidos en Instagram. En ese entonces -ahora tengo una relación más distante con las redes- me parecía una forma muy fácil de publicación y de interacción con mis lectores. Una de esas series se llamaba «Pequeños lujos» y recogía distintas escenas y rituales vinculadas a las estaciones, que iba dibujando a medida que las registraba en mi vida cotidiana. Por ejemplo, un pequeño lujo del verano es desayunar helado, o andar ligeros de ropa. En otoño, atravesar un remolino de hojas o reencontrarse con la lana de los abrigos. Ese registro me hizo tomar más conciencia de la naturaleza cíclica del año, de alguna manera me ayudó a estar más presente en las cosas que cada estación tiene para ofrecer. Cuando la editorial canadiense Greystone me contrató para hacer un libro, presenté un texto inspirado en esos Pequeños lujos y a las editoras les gustó”.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Espero que encuentren un libro divertido, con ilustraciones cotidianas y humorísticas, y un texto escrito en segunda persona que interpela directamente al lector, que va relatando todas las cosas que le sucederán en un año y con los cambios de las estaciones. Todo esto a través de las vivencias de una familia de Ratones, en una ciudad llena de personajes que son animales antropomorfos. Desde lo más pequeño, vinculado al clima y los cambios en el ambiente, hasta lo más trascendental, como el crecimiento de los niños, los aprendizajes, y los cambios en la familia. Creo que es un libro bastante complejo y profundo, pero con una apariencia divertida y liviana”, afirma Mariana Ruiz Johnson.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Trabajé mucho con Kallie George, mi editora de Greystone Books. Ella fue sugiriendo cosas en el texto, que trajeron profundidad a mis ideas. Primero trabajamos el manuscrito y luego pasamos a una instancia de diseño de personajes. Hice varias pruebas de personajes antropomorfos, siempre inspirada por el gran Richard Scarry pero intentando dar una vuelta de tuerca más contemporánea a los vestuarios y actitudes -aquí debo nombrar a Bojack Horseman, que también trabaja muy bien la humanización de animales-. Y por supuesto hubo una larga etapa de boceto, en la cual trabajé mucho el ritmo de la secuencia, la alternancia entre viñetas de cómic, páginas simple al corte o páginas dobles”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Hay escenas corales con muchísimos personajes, vistas alejadas y muchas cosas pasando al mismo tiempo -continúa Mariana Ruiz Johnson-. Por ejemplo, un concierto, un mercado al aire libre, una piscina. Puse mucho trabajo en la expresividad de los personajes, en reflejar la personalidad y el humor de las escenas. Casi como pensando en tiras cómicas. Hace rato que estoy profundizando en el dibujo, en la línea como principal expresión. Esto se diferencia de trabajos anteriores, como otros libros publicados por Kalandraka que son más pictóricos. Acá el dibujo es protagonista”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Trabajé con un entintado a mano utilizando marcadores y estilógrafos de diferentes puntas para lograr distintos efectos, con contornos más gruesos y achurados finos que sugieren cierto volumen. El color es digital y para ese proceso conté con el trabajo de mi marido, Pato Campini, que me está asistiendo en estos procesos ya que lleva mucho trabajo de digitalización”.

Hay una ilustración que nos gusta especialmente, que es la escena en la que toda la familia está sentada viendo la tele. Cuéntanos un poco más sobre esa ilustración. “Hace unos años mi papá enfermó de Alzheimer y eso me hizo pensar mucho en los cuidados de las personas mayores o enfermas y en cómo es una realidad de muchas familias -nos cuenta Mariana Ruiz Johnson-. Pensé que es algo poco representado en las familias de las ficciones para las infancias. Por eso hay un abuelo viviendo con la familia de los ratones y es parte de las escenas cotidianas de los niños. En la escena de la tele, el abuelo está dormido y todos comparten una manta. También me inspiré en una escena muy personal porque en casa, con mis hijos, hacemos los viernes noches de cine”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Si, siempre trabajo en varios proyectos a la vez. Entre ellos, un nuevo libro para Greystone que trata sobre un mercado y los procesos artesanales detrás de las cosas que se venden allí. El proceso está siendo similar al de este libro”.
Álbum Ilustrado
Joanna Concejo y el reto de ilustrar ‘Jesteś’
Vimos este trabajo de Joanna Concejo en redes y nos llamó mucho la atención. En las siguientes líneas hablamos con ella sobre su trabajo en ‘Jesteś’, editado en Polonia por Wydawnictwo Format y previamente editado en Francia con el título ‘Tu es là’ por Les Grandes Personnes.

Primero, cuéntanos cómo nació este proyecto. “El libro empezó hace mucho tiempo. Laetitia Bourget, la autora, me contó su idea de un libro impreso en papel vegetal en 2014. Fue entonces cuando nos conocimos. Me encantó la idea desde el primer momento; me entusiasmé muchísimo. Dije que sí enseguida, sin siquiera pensar mucho en el texto. ¡La sola idea de la transparencia de las páginas me atraía muchísimo! No tenía ni idea de cómo iba a trabajar en el libro, pero eso no era importante”.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “El libro cuenta la historia de una amistad entre tres chicas, una amistad que solo existe dentro del libro. Se conocen, pero cada una pertenece a una generación diferente: abuela, nieta y bisnieta. También es una historia de transmisión entre ellas. Habla de gestos repetidos para aprender, y de aquellos repetidos inconscientemente, del saber transmitirse de una a otra, y de esa pequeña parte de la que se ha ido que perdura en las que quedan. También es una historia de presencia a través de la ausencia. En cierto modo, es una historia de eternidad, de amor. Y de vida”, nos cuenta Joanna Concejo. Al final del libro se encuentran los retratos de las tres mujeres. Estas personas existen realmente, y quería que esta historia estuviera arraigada en la realidad”.


¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación y experimentación; no sé si había dibujos en un cuaderno… “Al principio del proyecto, dibujé un pequeño cuadernillo de unas diez páginas, completamente transparente, directamente sobre papel vegetal. Quería ver de inmediato cómo podría funcionar este concepto de libro. Aún no sabía si sería capaz de crear las ilustraciones finales utilizando las mismas ideas que en este pequeño experimento, pero lo esencial para mí era ver qué posibilidades ofrecía la transparencia. Me gustó que se pudiera vislumbrar un poco del dibujo que estaría en la página siguiente. También me permitió probar la textura de este tipo de papel. Era transparente, pero no demasiado. Así que las ilustraciones también tuvieron que diseñarse teniendo eso en cuenta”.

“Después de este experimento, pasé por un período de bloqueo creativo, porque aún no sabía qué quería transmitir con las ilustraciones –continúa Joanna Concejo–. El texto de Laetitia me dio mucho espacio para respirar, lo cual agradecí, pero al mismo tiempo, me sentía un poco perdida. Me llevó mucho tiempo encontrar mi propia historia para acompañar el texto. Pero una vez que la encontré, el trabajo se facilitó mucho y mis ideas comenzaron a aclararse”.
“Después trabajé a fondo en mis cuadernos de bocetos para desarrollar secuencias narrativas que permitieran que todo fluyera con fluidez. Creé secciones de unas diez páginas. Una vez satisfecha con el orden de las páginas, pasé a los dibujos finales en papel blanco. Al terminar, imprimí el dibujo en papel vegetal para probar la colocación de los elementos y planificar los siguientes. ¡Llené un montón de cuadernos de bocetos trabajando en este proyecto! Más de lo habitual. Y el proyecto resultó ser mucho más complicado de lo que inicialmente pensé”.

¿Qué dirías que caracteriza tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente en comparación con tus otros trabajos? “No creo que haya nada realmente nuevo. La técnica es la misma: lápiz y lápices de colores. Ya he hablado un poco sobre el proceso de trabajo. Y quizás eso fue lo nuevo para mí. En este libro, todas las ilustraciones se crearon en el orden en que aparecen. Nunca antes había trabajado así. Pero la necesidad de considerar la transparencia influyó en mi trabajo”.

Hablemos un poco más sobre las transparencias, sobre esas páginas transparentes que revelan algo de lo siguiente… “Quería trabajar en este proyecto precisamente por las transparencias de las páginas. Me gustó mucho la idea. Sin embargo, no me di cuenta de lo difícil que sería este trabajo. Las secuencias de imágenes tenían que estar planificadas con mucha precisión para que la narrativa funcionara. E incluso así, tuve que aceptar que no podía controlarlo todo. Cada vez que pasas la página, puedes ver un poco de lo que se revelará a continuación. A veces más, a veces menos. A veces la imagen llena la página por completo, y a veces solo hay un pequeño detalle… Creo que es difícil describir con exactitud lo que sucede al hojear este libro. Es algo que tienes que experimentar por ti mismo. Sin duda, cada lector tendrá una experiencia diferente al encontrarse con este objeto que es el libro”, confiesa Joanna Concejo.

¿Qué técnicas usaste entonces? “Como ya mencioné, trabajé con lápiz y lápices de colores. Eso es todo. Todos los dibujos están hechos en papel blanco e impresos únicamente en papel vegetal”.
Cuéntanos algo más sobre el proceso de creación de este libro. “Fue muy largo de preparar debido a la complejidad de la narrativa a través de imágenes transparentes. Además, dibujar más de 70 ilustraciones también me llevó mucho tiempo. La mayor parte de este trabajo se realizó durante la pandemia; tuve mucho tiempo, como todos, porque tuvimos que quedarnos en casa. Me alegré mucho cuando finalmente terminé el libro, porque realmente hice esperar mucho a Laetitia. Luego, durante la maquetación y las conversaciones con el editor, nos dimos cuenta de que el libro iba a ser muy caro debido a la materia prima (papel vegetal), y eso nos entristeció un poco, porque no queríamos crear un libro que poca gente pudiera permitirse. Personalmente, también pensé que era mucho trabajo ilustrarlo y que un libro caro no duraría mucho. Me pareció una pena. Pero al final, los lectores se mostraron bastante entusiasmados y el libro sigue a la venta, al menos en Francia”.

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Actualmente estoy trabajando en el cuento de Andersen «La pequeña cerillera» para una editorial polaca”.
Álbum Ilustrado
Raquel Catalina ilustra las múltiples lecturas de ‘Grande y pequeña’
‘Grande y pequeña’ es una historia conmovedora de múltiples lecturas que aborda el paso del tiempo, la memoria, la naturaleza, el arte y la inspiración. Nos acerca a la vida, desde la infancia a la vejez, de una mujer curiosa y creadora, libre y empoderada, sensible y auténtica; un apasionante recorrido desde su casa natal en el bosque hasta la ciudad, y de vuelta a sus orígenes. El arte -siempre inspirado en la naturaleza- ha marcado su trayectoria y también da aliento a un hombre desamparado que se instala en su casa cuando la protagonista ha menguado tanto que hasta el vecindario se ha olvidado de su existencia.
La obra distinguida con el XVIII Premio Internacional Compostela para Álbumes Ilustrados destaca por su calado poético y emotivo, su poder evocador y su carácter poliédrico: la vida, la memoria como sanación, el paso del tiempo, la soledad elegida, la naturaleza, el hogar, la resiliencia… Siguiendo un hilo cronológico y con un tono descriptivo, el texto de Arianna Squilloni aborda también el día a día de las personas mayores; una propuesta literaria que, de forma audaz, introduce silencios narrativos donde -en ausencia de palabras- se potencia el relato visual. Las ilustraciones de Raquel Catalina nos envuelven en una atmósfera cambiante que va desde la calidez de los escenarios domésticos a la frescura de los espacios abiertos. Con ésta última hemos charlado un poquito más sobre este maravilloso libro que edita Kalandraka.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “Arianna Squilloni y yo ya habíamos trabajado juntas en ‘Diario desayuno’, para su editorial A buen paso. Me ofreció ilustrar un cuento suyo. Podría haberle dicho que sí sin siquiera leerlo, porque me encanta su trabajo, su manera de contar y su mirada sobre las cosas. Me encontré con una historia llena de significados profundos y que me tocaba en lo personal. Recuerdo de forma muy nítida pensar que tenía un tesoro entre las manos, pensar “¡qué suerte!”. La idea en principio era presentarlo al Premio Internacional Compostela y luego ya veríamos”, nos cuenta Raquel Catalina.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Un relato sobre el paso del tiempo, sobre plenitudes, renuncias, sobre búsquedas y encuentros fortuitos…”.
¿Qué te pareció la historia de Arianna la primera vez que la leíste? “Como ya te decía, me enamoró. Las historias como ésta, que recurren a imágenes más simbólicas, tienen el poder de hablarnos de cosas profundas y muy universales”.

¿Cómo fue el trabajo con ella? “Yo con Arianna me siento muy a gusto trabajando, con mucha libertad para proponer ideas que a veces cuajan y otras no -confiesa Raquel Catalina-. Pero es muy delicada con el trabajo del otro. Fuimos poco a poco ajustando dibujo y texto y ese proceso siempre es bonito”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Mi búsqueda inicial fue en torno al personaje y cómo construirlo. Su físico, su ropa, los objetos que la iban a rodear, la casita del bosque… Siempre me hago un archivo lleno de fotos muy variadas y que selecciono de manera bastante intuitiva, poco racional. Son muy útiles para el proceso. Empiezo a dibujar sobre esa base, pero luego los dibujos siempre van creciendo solos”, asegura Raquel Catalina.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? La última vez que hablamos fue sobre tu trabajo en ‘Ingrávida’, ¿qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Ha habido una especie de coyuntura feliz para mí con esta historia. Me parecía que lo que más me apetecía hacer en ese momento en cuanto a técnicas, colores, le quedaba bien a la historia. Así que ha sido un proceso que he disfrutado mucho a pesar de que hubo que hacerlo en un plazo bastante ajustado de tiempo”.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Usé gouache, lápiz y lápices de color”.

Si hablamos del color, al pasar las páginas el amarillo se nos hace muy presente… “En general no me gusta trabajar sobre papel blanco y, si es posible, lo suelo llevar hacia tonos cálidos. Pero en este caso el color del fondo tiene una función que es resaltar el pelo blanco del personaje de Natalia y ayudar a encontrarla cuando va encogiendo”, afirma Raquel Catalina.
Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “La parte que me llevó más tiempo fue encontrar el personaje de Natalia. Empieza siendo adolescente hasta cumplir los noventa años. Es difícil conectar todas estas etapas, necesitaba crear algún tipo de hilo conductor y acabé construyéndolo en gran parte a través de su pelo. Si te fijas hay toda una historia en torno a él que conecta con la narración. También quería que fuese un personaje con personalidad y encanto y creo que lo he conseguido porque ahora la gente ve “Natalias” por la calle y me lo cuenta. ¡Eso me encanta!”

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sí, voy justo a comenzar otro libro para Kalandraka que tiene como protagonistas a una niña y sus dos abuelas. Y otro con A fin de cuentos que me apetece muchísimo y será mi primer libro de no ficción”.
-
Álbum Ilustrado1 mes agoRaquel Catalina ilustra las múltiples lecturas de ‘Grande y pequeña’
-
Arte Urbano1 mes agoWedo Goás: «Intento que mis trabajos hagan reflexionar al viandante»
-
Álbum Ilustrado1 mes agoMercè Galí nos cuenta lo que hay detrás de ‘Un artista es…’
-
Álbum Ilustrado3 semanas agoJoanna Concejo y el reto de ilustrar ‘Jesteś’
-
Cómic1 semana agoLui Mort y Mariana Ruiz Johnson nos llevan a una ‘Isla’
-
Álbum Ilustrado5 días agoMariana Ruiz Johnson nos lleva a dar ‘Una vuelta al año’

