Entrevistas
Segunda jornada del Encuentro Internacional de Ilustración Vilustrado 2019 en Valladolid.
Segunda jornada de Vilustrado 2019. Arrancó con la charla de Francesca Sanna, que nos habló de inmigración, viaje y miedos, y cómo se reflejan en sus álbumes ilustrados. Siguió con Milimbo y Tres Tigres Tristes como ‘editores valientes’ y terminó la mañana con la trayectoria de Júlia Sardà a través de sus ‘crisis’.
Francesca Sanna
Francesca nos habla de su álbum ilustrado ‘El viaje’, que aborda el tema de la inmigración. «Empecé a preguntarme cómo podía enfocarlo, centrarme en un aspecto concreto. Concentré mis energías en el viaje, en la experiencia de la inmigración, en particular el viaje de un refugiado».

«En historias como la de El mago de Oz, o Alicia en el país de las maravillas, el viaje es un proceso de transformación, es un viaje entendido como metáfora. El personaje crece a lo largo del viaje. El punto de vista del personaje es un punto de vista activo, un personaje que va superando obstáculos hasta llegar a un final».
«Hay una conexión que me interesa en particular en este tema. Los inmigrantes italianos que se desplazaban a América. Los italianos se encontraban en el otro lado de la historia. Por tanto, después de toda la búsqueda de historias para encontrar mi historia, empecé a buscar los personajes. De los personajes que realizan el viaje, el principal es una madre. No tengo hijos, no soy madre, por eso este personaje de alguna manera es mi mamá. Y de hecho la librería que ella tiene en casa es la que aparece en el libro».

«Dentro de los personajes, hay dos niños en la historia, un niño y una niña. La historia se cuenta en primera persona, el yo, en realidad no sabemos quién está hablando, si el niño o la niña, pero el punto de vista es el de uno de los niños. Se cuenta la historia a través de sus ojos. Mi punto de referencia, mi inspiración, una película, ‘La vida es bella’.
«El niño o la niña habla y en determinados momentos se siente muy pequeño respecto a otros personajes. Me preguntaba si alguien vería algún día estas ilustraciones y vería la relación que existe entre estos tamaños. En todo el libro está presente este juego, jugar con el significado de la inmigración. Una vez más el viaje entendido como metáfora. A veces el texto y las imágenes rompen esta relación, no siempre la imagen traduce lo que se lee en el texto».

«Otro aspecto con el que he jugado bastante en este libro es el formato y la orientación de las ilustraciones. Es un formato horizontal, nos solemos mover de ese modo, aún no viajamos a la luna, así que no viajamos de forma vertical», cuenta Francesca. «Nuestro modo de leer las historias es de izquierda a derecha». Un problema cuando se publicó en árabe o en japonés… le dieron la vuelta a las imágenes… «Hay partes en las cuales el viaje se realiza hacia delante, pero también hacia atrás, reflejando ese sentido del viaje».
«La ansiedad, el miedo, siempre me ha gustado trabajar alrededor de esto. Y me preguntaba si podría hablar de estos temas, y estos dos aspectos se encontraron. Es difícil entender cómo se siente una persona que viene de fuera, pero todos hemos pasado por situaciones parecidas, en menor medida, claro, cuando hemos estado en una situación nueva», afirma Francesca en Vilustrado.
‘Io e la mia paura’ (‘Mi miedo y yo’) es el libro que surgió tras estos pensamientos. «No me gusta pensar que es una continuación de ‘El viaje’, porque a nadie la gustan las continuaciones. Pero sí me gusta el término compañeros, como si los dos libros fueran amigos. Aún teniendo formatos diferentes, el personaje es el mismo, la niña de ‘El viaje’.

Nos habla de sus investigaciones, con dibujos de niños, en este caso, por ejemplo, sobre a qué tienen miedo o qué les da miedo. Una de las respuestas más comunes era: el primer día de colegio. «Les enseñé a los niños mi storyboard, la historia que estaba construyendo, y hablamos de algunos aspectos de la misma. Uno de los puntos clave de estos debates fue lo difícil que es salir e ir a explorar el barrio en el que se vive, salir de casa…». Otra cosa, «además del miedo normal a la oscuridad, a la noche, el estar en un dormitorio nuevo, una habitación nueva, donde no tenemos nuestras cosas. Es una capa de miedo más que se añade», nos relata.
El miedo como personaje de Francesca se hace más pequeño, y otras veces más grande, en su historia. Un miedo de rostro amable, blanco, que abraza a su personaje, unas veces más fuerte que otras.
Editores valientes

Detrás de Tres Tigres Tristes están Guillermo y Bárbara. Son pareja y decidieron emprender con lo que les apasionaba, que era la ilustración. Empezaron con sus ‘Cuentos por correo’, con Raquel Díaz Reguera. Acordeones ilustrados… formatos diferentes. «Llegamos al álbum ilustrado de forma muy natural, pasando por juegos ilustrados, un libro de actividades con Guridi…».

«Nacimos fruto de las ganas de editar otras cosas, que se acrecentó con la participación en el Festival ‘Como Pedro por su casa’ en Barcelona», nos cuenta Juanjo de Milimbo. «Estamos encima del proceso, desde la creación, hasta la impresión, la difusión, el acompañamiento en ferias… Hago libros porque lo necesito».
«El álbum es un objeto vivo, si hay personas que se van a estar relacionando, que van a intervenir en ese proyecto, debe haber una cierta química», afirma Bárbara en su intervención en Vilustrado. «Así sale mejor». «Nos llegan portfolios, los estudiamos, y hablamos con el ilustrador o la ilustradora, y los mejores libros que hemos hecho han salido así, dialogando», asegura Guillermo. «Si algo define nuestro catálogo es ese desarrollo conjunto con el ilustrador. A nosotros nos gusta trabajar así».
«Hay un vínculo. Cuando te llega un proyecto que te es afín, es un regalo del cielo», relata Juanjo. «Trabajamos muy juntos. Y nosotros también somos dos, somos pareja, y es muy vocacional. A veces incluso el autor ha venido a casa a pasar una temporada. Al final estamos remando juntos en ese proyecto. El libro ha sido el hilo conductor, y nos ha indicado que se pueden hacer otras cosas. Lo nuestro es casi un laboratorio. Un amigo nuestro me dice: «Todo lo que haces tiene tu ADN, porque lo tocas todo».

«Hay un cambio brutal, y hay librerías en las que el librero propone cosas que el lector no conoce. Un trabajo para que esas nuevas cosas lleguen a las librerías», comenta Juanjo. «Se están moviendo cosas», afirma Guillermo. «Poco a poco se está consiguiendo esa difusión». Para Juanjo «no hay nada como lo presencial. Hace mucho. Y el feedback que tienes, de escuchar a la gente, de ver cómo lo manipulan… Y os propongo ferias con otras perspectivas, con gente que tiene ganas de ver, no de vender. Y prefiero las pequeñas». «Bolonia es una Feria a la que hay que saber a qué se va», asegura Bárbara. «Nuestra primera visita fue decepcionante. Este año ya fuimos mejor, y de hecho tuvimos muchos encuentros y salió algún proyecto de allí».

«Entendemos el libro como algo abierto. Igual que empezamos a hacer libros y objetos, las instalaciones y otras creaciones han llegado de ahí. Salirse del libro es una vía muy potente de trabajo. Y hay muchísimas posibilidades», asegura Juanjo G. Oller en Vilustrado. «Nos interesa crear una herramienta que en manos de un lector, de un usuario, se puede transformar. Intentamos provocar al usuario para que haga sus propias cosas».
Júlia Sardà
La ilustradora Júlia Sardà cerraba la mañana de charlas en Vilustrado 2019. Con la frase «Everyday is Like Sunday» encabezando su charla, nos contaba que su interés era trabajar en algo que fuera vocacional. «Pero la libertad, tiene muchos aspectos. La libertad está muy bien si haces algo que te gusta, pero no está nada bien si no te gusta».

«Yo siento que me expongo. Cuando dibujo y hago una ilustración considero que estoy haciendo algo íntimo. Lo vivo así, muy cercano», nos advierte Júlia antes de entrar de lleno en su charla. «Se necesita pasión para que esto funcione, es como mi gasolina».
Las crisis de Júlia son el hilo argumental de su intervención. Su primera crisis, en Bellas Artes, «porque yo llegaba con la idea de que quería dibujar, y me enseñaban otras cosas». La segunda crisis, la publicidad y los yogures. Entró en la Escuela Joso, «donde dibujaba mucho y aprendía un montón. Fueron cuatro años. Mis inspiraciones eran muy asiáticas. Era bonito porque trabajabas para descubrir qué querías decir». Terminaba el cole, y llegaba el abismo, el mundo laboral.
Empezó haciendo storyboards para anuncios de publicidad de los yogures Activia. «Pero no era feliz. Y en vacaciones hice mi proyecto fin de curso con el objetivo de salir de ese trabajo. Lo envié a todas las editoriales de España. Llegó un mail de una persona que trabajaba para la línea de merchandising editorial de Disney/Pixar. Lo dejé todo y llegué allí. Llegó la siguiente crisis, ‘The Disney Magic’. Hacíamos los libros que salían de forma paralela a las películas, pero mi ritmo no era el idóneo. Estábamos haciendo por entonces ‘Cars 2’. Empecé a encontrar el ritmo. Y yo hacía el color. El primero que hice fue un capítulo inédito de ‘Up’. No era vida, pero tenía la sensación de que conseguía lo que quería. Me fueron dando trabajos más complicados. Pero a nivel artístico era un aburrimiento. Ya no recordaba ni cómo dibujaba yo, todo era poner color, iluminar,… el trabajo que hacían otros», confiesa Júlia en Vilustrado.

«Y lo dejé todo y llegó la siguiente crisis. Empecé desde 0. Y un proyecto pequeñito que llegó me ilusionó un montón. Y después me llegó ‘El mago de Oz’ para el Círculo de Lectores. Y después llegó ‘Mary Poppins’. Me sentía muy feliz. Fue una época muy prolífica y era lo que me apetecía hacer».
«Me gustan los estampados, generar puntos de interés con la luz,… Me di cuenta de que mi criterio era importante. Si no se le pone amor no vale la pena nada de esto». Y termina su charla en Vilustrado con su último libro: ‘DUCKWORTH. The difficult child’.
Tenéis toda la información de Vilustrado en su web.
Cómic
Fran Mariscal une problemas sociales y fantasía en ‘Moribundo’
Novelista de terror en cierne, Egon trata de mantenerse a flote mientras su vida entera se va a pique. La causa de su caída se llama Liz Tombstone y es la única heredera del antiquísimo clan de vampiros que gobierna la localidad de Hollow Hill. Juntos, Liz y Egon han establecido una relación tóxica que solo puede conducir a un destino peor que la muerte. Fran Mariscal debuta con una historia angustiosa y sobrenatural a medio camino entre el horror y el delirio, una historia que expresa al mismo tiempo el miedo a la separación y la esperanza de construir una vida mejor. Norma Editorial publica este cómic. Sobre ‘Moribundo’ hablamos en las siguientes líneas con su autor.

¿Dónde está el origen de este proyecto? “Nace, precisamente, de una depresión que tuve a raíz de una ruptura de pareja que fue muy nociva, y que termina en una depresión. Estuve yendo a una psicóloga, con terapia, rodeado de la familia, todo para salir del bache. Y fue durante estas sesiones donde la propia psicóloga me sugirió la idea de que yo expresara, purgara ese malestar que tenía, mediante la escritura. Como la escritura no era mi medio de expresión, decidí hacerlo mediante el dibujo. Hice algunas páginas, pero no lo continué porque no estaba en condiciones en ese momento de hacer realmente nada”.
“Pasó el tiempo, me recuperé, rehice mi vida, con todo lo que conlleva una recuperación, que es un proceso lento. Cuando ya me vi más capacitado, retomé aquellas páginas y sentí la necesidad de terminar ese tebeo para ya purgar del todo lo que tenía ahí dentro. También para utilizarlo a modo de cuento, como podría ser un cuento de los hermanos Grimm, con metáforas y con alegorías de los peligros que de adultos nos podemos encontrar, por ejemplo, lo que puede ser una depresión, o una relación de pareja tóxica y relaciones, en general, nocivas”, nos cuenta Fran Mariscal.

“Yo no quería hacer una crónica ni una historia autobiográfica, así que me lo llevé a mi terreno y encontré la figura del vampiro, un ejemplo perfecto para hablar de esto mismo que he comentado, y así nace Moribundo”.
Si tuvieras que definirlo en una o dos frases, ¿qué se van a encontrar los lectores en las páginas de este cómic? “Se van a encontrar una historia con tintes góticos sobrenaturales, con una estética que bebe mucho de autores como Dave McKean, como Bill Sinclair, como Jorge González, y que bebe mucho, sobre todo, de esa gran época que fueron los cómics de vértigo, en mi opinión, y van a encontrar una historia con una doble lectura”, asegura Fran Mariscal.
Si hablamos del dibujo, de las ilustraciones, ¿qué dirías que tienen de característico? A simple vista con ilustraciones como desdibujadas… “Sí, y creo que también está entrando por los ojos precisamente por el apartado gráfico. Sí que es mi primera obra como autor completo, pero con el tema de los lápices, sí que tenía más seguridad en mí mismo. Entiendo que gráficamente pueda sorprender, porque se ve diferente a lo que hay ahora”.

Has hablado de que te sientes cómodo con los lápices, ¿con qué técnicas sueles trabajar o con qué técnicas has trabajado en concreto en este proyecto? “Vengo de darle mucha caña a lo que es el tema tradicional y de mancharme las manos con pintura y técnicas mixtas, pero sí que es verdad que en ‘Moribundo’ y en los últimos trabajos que he ido realizando he optado por trabajar en digital, más que nada por la versatilidad y por la velocidad con la que se puede trabajar -continúa Fran Mariscal-. Siendo Moribundo un cómic tan extenso, haberlo hecho todo en tradicional habría sido muy laborioso y, sobre todo, que me habría llevado mucho más tiempo. Entonces opté por hacerlo en digital. El que me conoce sabe que yo trabajo el digital de la misma manera que en tradicional, voy pintando encima y voy aplicando mis texturas, uso mis pinceles, o sea, que más o menos es lo mismo, solo cambia el medio, la herramienta”.

Hay una cosa que me ha llamado mucho la atención, y es ese recurso que utilizas cuando rompes en pedazos la línea que separa las viñetas. “No puedo decir que sea original, no lo es, ya había un cómic de Batman, en el que cuando las cosas se iban poniendo un poco tensas o desagradables, pues las viñetas se rompían y parecían que formaban parte de la propia ilustración, como si fuera un collage, y eso en su día me sorprendió bastante. En Moribundo lo vi como un recurso que podía ir bien y que le podía aportar un punto más interesante, eso de romper lo que son las viñetas, al final las viñetas separan las acciones de la historia y muchas veces son elipsis de tiempo”, asegura Fran Mariscal.
“Entonces, siendo un cómic, digamos, tan onírico y tan personal, me parecía interesante que se rompieran todos los esquemas posibles y que precisamente el lector, cuando ve una página en la que se están rompiendo esas celdas que encasillan las acciones, se quede desconcertado también, y creo que eso sí que lo he conseguido”.

Me estás contando que al final es un proyecto que es bastante personal. ¿Es más fácil de trabajar con ello, porque es algo que evidentemente has vivido, o es más difícil porque realmente te expones al lector? “Creo que un poco de ambas, la verdad. Creo que no sería capaz de contar una historia de algo que no conozco, de lo que no tengo información o algo con lo que no me sienta cómodo. Pero, por otro lado, también durante el proceso de la creación del cómic, sí que había momentos en los que me incomodaba un poco contar alguna cosa, porque al final sí que eran muy parecidas a como realmente a mí me ocurrieron. Tenía que buscar alguna manera de contar cosas sin entrar en el morbo, porque es algo que a mí no me interesaba, yo realmente con esta historia no quería hablar de mí, ni de mi expareja, ni de nadie, al final quería hacer algo lo más genérico posible, pero teniendo alma, que no quedara un producto vacuo, y que, sobre todo, el lector se pudiera sentir identificado o que le pudiera ayudar si está pasando por algo parecido o conoce a alguien que haya vivido algo parecido”, nos cuenta Fran Mariscal.

Ahora estás volcado con la promoción de Moribundo, que acaba de salir, como quien dice, pero no sé si tienes algún proyecto ya en mente y no sé hasta dónde nos puedes contar. Pues sí, ahora estoy volcado con esto, pero sí que ya empecé con otro proyecto, que es un western. Es un género que a mí me gusta mucho y creo que se pueden contar historias también crudas e historias de violencia, de venganza, pero quiero darle mi toque de terror, volcar mis inquietudes ahí. De momento lo tengo en pausa. Ahora toca Moribundo”.
Cómic
Agustina Guerrero nos invita en ‘Hoy’ a cambiar la mirada
¿Qué pasaría si una mañana decidieras cambiar el rumbo de tu día? Si por una vez dejaras de lado todos los planes que has ido elaborando en tu cabeza con milimétrica perfección. Si te propusieras huir de la hiperconectividad, de las prisas y de las tareas que te autoimpones.
A veces es necesario bajar el ritmo: detenerse, caminar sin destino, sumergirse en el presente y mirar. Mirar es una elección, nos recuerda Agustina Guerrero en esta novela gráfica que transcurre en una transformadora jornada en Barcelona: un día dedicado a dejarse llevar, a escuchar las historias que la ciudad tiene que contarle y a abrirse a que surja lo inesperado. Porque son precisamente esos momentos en los que uno se permite observar, sentir e improvisar los que dejan una mayor huella en la memoria y le dan sabor y sentido a la vida. En las siguientes líneas charlamos con Agustina sobre ‘Hoy’, su último trabajo, que edita Lumen.

¿Cómo surge la idea de las diapositivas? “Pues, porque sucedió. Me las encontré y me dije, tengo que hacer algo con este tesoro. A la hora de escribir y de dibujar, siempre parto de hechos reales. Me cuesta mucho escribir ficción. Y están en el libro, estas diapositivas, que además son maravillosas, están también manifestando en cierto modo el paso del tiempo, y que el personaje esté caminando por esas calles y por esos lugares, y reconociéndolos, pero 50 años después. Me parecía que era como tener presente el paso del tiempo, y también utilizar estas diapositivas como mapa, que la vayan guiando”.
Tanto el título como, bueno, un poco a donde nos va llevando también la historia en este libro, se habla de aprovechar y de disfrutar el ahora, el presente. Y que muchas veces, como le pasa a la protagonista, como te pasa a ti, empiezas a pensar mucho en todo lo que hay que hacer, en el futuro, en cosas que pasarán o no pasarán, y hay que pararse más y disfrutar del presente, ¿no? “Sí, de hecho, es la intención del libro. El libro no se iba a llamar así, se iba a llamar de otro modo. Y dándole vueltas también a la historia y a la esencia que tiene el libro, que es justamente esto, disfrutar, darle valor a lo cotidiano, a cada día. No sé, me da la sensación de que vivimos cada día tan aceleradamente, siempre esperando las vacaciones, siempre esperando el fin de semana para descansar… Y me parece que los días van pasando, que esto no es para siempre”, asegura Agustina Guerrero.

“Y la finalidad del libro es esta, es como que estar bien de vacaciones, en un lugar bonito, es relativamente fácil. Pero me parece más interesante cómo cada uno habita lo cotidiano, y con qué ojos, y con qué mirada lo hace. Entonces, para mí, la intención del libro es esta”.
Hay una frase en el libro, de Gloria Fuertes, que es magnífica, me parece magnífica. Dice así: «O te subes al carro o tendrás que empujarlo. Ni me subí ni lo empujé. Me senté en la cuneta y alrededor de mí, a su debido tiempo, brotaron las amapolas». “Maravillosa, sí, es maravillosa esa frase. De hecho, creo que encaja a la perfección con el libro, es bellísima. Y además me encanta Gloria Fuertes también, así que, es fantástico que esté en las páginas de este libro”, afirma Agustina Guerrero.
¿Con qué técnicas has trabajado en este libro? “Yo desde hace ya muchos años trabajo en digital. Mis primeros libros eran todos analógicos, pero llegó un momento en el que empecé ya a trabajar más en digital. Es un proceso largo, porque al principio es como que trabajo en el ordenador, dibujando y escribiendo a la vez, como que las historias, lo que escribo y lo que dibujo, tienen que ir a la vez. No es que yo hago el guión y luego dibujo. Voy dibujando los bocetos, y luego una vez que está toda la página acabada, con su texto, con sus dibujos, lo traslado al iPad. Entonces ahí empieza el siguiente paso, que es pasar a limpio, de bocetos que están muy acabados. Muchas veces mi editora dice: bueno, pero Agustina, esto ya se puede publicar. Y digo, no, que ahora hay que pasarlo a limpio. Es como que lo rehago, pero puliendo mucho los detalles, los colores”.

Háblame un poco del uso del color en este libro, que sí que es súper llamativo. “La verdad que respecto a la paleta de colores, al principio yo tenía claro que quería que estuviese el azul. Me traslada a Barcelona, a ese ambiente marítimo, y el rosa tan potente, que para mí el rosa simboliza la felicidad, la alegría -continúa Agustina Guerrero-. De hecho, el rosa está presente cuando el personaje está bien. Porque el libro comienza con todos los colores fríos, con los azules. Y solo el rosa aparece cuando el personaje se siente en calma, cuando se siente bien. Cuando empieza a dar el paseo, el rosa ya es protagonista. Como que siento que los colores también comunican, se relacionan entre sí, y me parece que no se ponen al azar”.

“En este caso los he pensado mucho. Y bueno, el amarillo que solo sale prácticamente en su camiseta, que es esa luz, que sale como de su pecho, ¿no? Que dentro de esa ropa oscura que lleva, pues adentro tiene un brillito. Y el rojo, que aparece con otro carácter, en detalles, pero creo que muy acertados para mí”.
En el libro aparecen diferentes espacios de Barcelona, por donde vas paseando. No sé si ahí aparece alguno de tus sitios favoritos, o quizá hay alguno que no aparece y donde también te gusta escaparte, a descansar, a mirar, a observar, a escuchar… “Para mí uno de mis sitios favoritos, que aparecen en el libro, son los Jardines del Larival, donde está el Teatro Grec. Para mí recorrer esos jardines es como salir del bullicio y meterte como en una selva, porque está llena de plantas diferentes, de silencio. Pero bueno, intenté mostrar una Barcelona más de barrio, como que son los espacios que yo recorro cuando estoy bien, cuando me apetece. No suelo ir al centro y meterme allí, por esas calles”, nos cuenta Agustina Guerrero.

Al final hablas de vivencias, de cosas que son reales, que han pasado de verdad. ¿Es más fácil cuando hablas de algo que has vivido, que conoces perfectamente, o al mismo tiempo quizá es más difícil porque te expones también más al lector, te abres más al lector? “Sí, ahora, a día de hoy, me resulta fácil. Todos mis libros son autobiográficos. Tuve como mucho temor a dar este paso, abrirme. Pero con el libro ‘El viaje’, creo que hubo un cambio respecto a todos los libros que venía haciendo. En ‘El viaje’ el personaje, mi manera de contar, cogió otra dirección”.
“Tengo que reconocer que antes de lanzar ese libro tenía mucho miedo. Mis anteriores libros surgían más desde el humor, y aquí dí un giro. De todos modos la forma de exponerme no deja de ser algo que yo voy controlando. No deja de ser también poner en duda qué existe, qué no, en lo que cuento. No deja de ser una novela gráfica en donde voy explicando y contando lo que a mí me apetece. Te digo que me cuesta más exponerme en persona, ir a presentaciones, entrevistas, y hablar de ello, que dibujarme desnuda, por ejemplo. Poner mi cuerpo real frente a las personas y tal, es algo que había evitado. Bueno, ahora me estoy animando más, pero ese tipo de exposición es la que más me cuesta y la que más cuido también. De hecho, en mis redes prácticamente no salgo, muestro solo mis dibujos, porque eso lo quiero preservar, porque eso sí que me da más vértigo”, confiesa Agustina Guerrero.

Volviendo un poco a los dibujos, me gustaría que me hablaras también un poco del uso de diferentes perspectivas, no sé si hablar de planos cinematográficos de alguna manera… “Sí, mi amiga me dice: “juegas mucho con la cámara, como los encuadres”. Tú piensa que en este libro aparece prácticamente siempre el mismo personaje, entonces el ritmo también se va ganando y generando a través de los encuadres, porque si no, resultaría un libro muy monótono”.

“Además también para mí el mostrar las ilustraciones desde diferentes ángulos, es hacer una especie de guiño a que cuando uno pasea, cuando tienes los ojos puestos en mirar los detalles, miras para arriba, miras para abajo, miras para el costado, como que hay toda una mirada de 360 grados que quise también plasmarla en el libro. También con los detalles, que es un libro que tiene mucho detallito, que mi intención es que te den ganas, al cerrar el libro, de decir: quiero ir a mirar mi barrio con otros ojos. Es como un entrenamiento, una entrada en calor de la mirada. Yo siempre digo que este libro hay que mirarlo lento, para que cuando lo cierres digas, ostras, nunca me había percatado de este árbol que hay aquí. Como que la mirada se entrena también”, comenta Agustina Guerrero.

Hay muchas ilustraciones que nos encantan, que es verdad que te atraen, que te quedas mirándolas, observándolas. Hay una página en concreto en la que estás como dentro de una burbuja. Es como una pompa, como una pompa de jabón. Estás como en tu mundo y de pronto la cotidianidad o el día a día, rompe esa burbuja… “Sí, esta doble página me gusta mucho. En el libro yo no quiero demostrar que uno tiene que dejar de ser lo que es. Yo, por ejemplo, soy una persona que soy muy controladora, que me anticipo, que me gusta tenerlo todo organizado, saber lo que va a suceder. Ya forma parte de mí eso. Pero sí que es verdad que, claro, cuando ya se pasa al exceso, y cuando ya controla toda tu vida y tu cabeza no para de pensar y de analizar y de planear, es tóxico, me resulta tóxico a mí. Entonces, es la idea de buscar esos espacios o esas cosas que te hagan anclarte en el presente, como por ejemplo en este caso las plantas, que me llevan a esta burbujita, o salir en furgoneta, que me ponen a una Agustina que se deja fluir, digamos, que se deja improvisar. Y es lo que yo intento hacer ahora, como recuperar esas burbujitas, y que haya muchas a lo largo de la semana”.
Álbum Ilustrado
Ana Santos y la vida en el bosque de ‘Bambi’
La novela ‘Bambi’, de Felix Salten, es un canto a la vida a la vez que la historia de aprendizaje y de superación de un cervatillo que, desde que nace, se enfrenta a las dificultades y peligros que acechan en el bosque. El animal se encuentra inmerso en un majestuoso entorno, poblado por otras especies que cohabitan en aparente armonía, pero en lucha constante por sobrevivir. A esto se le une la presencia humana que irrumpe en su hábitat con nuevas y mortíferas amenazas… A la vez que refleja el comportamiento animal y el mundo natural de manera extremadamente vívida y realista, Salten hace reflexionar al lector en torno al crecimiento, a las relaciones, a los miedos… en definitiva, construye una bella y profunda metáfora de la condición humana. Lunwerg publica una nueva edición de este clásico atemporal, ilustrada por la artista Ana Santos, con la que charlamos en las siguientes líneas sobre este proyecto.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “Este proyecto nace de la propuesta de Lunwerg para ilustrar ‘Bambi, una vida en el bosque’, el clásico de Felix Salten. Desde el principio me pareció un reto precioso, sobre todo porque es una historia que todos creemos conocer, pero el cuento original tiene una profundidad y una sensibilidad muy distintas. Me ilusionó poder reinterpretarlo desde mi mirada, con respeto por su esencia, pero aportando también mi propio enfoque visual. Fue una oportunidad para trabajar en un proyecto distinto a lo que habitualmente suelo hacer”, nos cuenta Ana Santos.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Van a encontrarse con la historia original de Bambi, no con la versión que tenemos tan asociada al imaginario de Disney. Es un relato más realista, más cercano a la naturaleza, al paso del tiempo y a la vida misma. Pero también es una historia llena de ternura, de aprendizaje y de conexión con lo salvaje. En cada capítulo hay dos ilustraciones que acompañan el tono del texto y busca reflejar esa atmósfera del bosque y sus personajes, sin edulcorarla, pero desde la belleza real y la sensibilidad”.

¿Cómo te enfrentas a un clásico tan universal? “Con mucho respeto e incluso, ¡algo de miedo! -confiesa Ana Santos-. Cuando una historia ha sido tan retratada y tan reconocida, parece difícil aportar algo nuevo. Pero decidí no pensar tanto en eso y centrarme en lo que yo podía contar, en cómo sentía a los personajes y los paisajes. Más que intentar competir con otras versiones, traté de entender la historia desde dentro, conectar con su mensaje y dejar que eso guiara las imágenes. No quería centrarme solo en Bambi y darle protagonismo también a muchos de los personajes que salen en el libro”.
¿Cómo era tu relación con esta historia antes del proyecto y cómo ha cambiado después? “Antes conocía lo básico y lo que todos conocemos: la muerte de la madre de Bambi y poco más. Aunque me encantan los clásicos de Disney, reconozco que Bambi nunca la había visto, porque me daba mucha pena, (no quería pasarlo tan mal como con la muerte de Mufasa…). Tampoco conocía el cuento original y pensaba que era una historia más infantil, pero al leer el clásico me encontré con una obra muy profunda, que habla del ciclo de la vida, de la pérdida, del aprendizaje, del respeto por la naturaleza, de la valentía. Ahora la siento como una historia muy humana, con un gran mensaje de fondo”.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? “La primera fase fue leer el cuento, tomar notas y simplificar la idea principal de cada capítulo -continúa Ana Santos-. Luego hice una recopilación grande de referencias visuales, de ciervos, otros animales del bosque, paisajes. Me gusta crear carpetas con muchas imágenes de apoyo, y desde ahí empiezo los bocetos digitales. A partir de esos bocetos selecciono las ideas”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Creo que tienen un tono más sobrio y naturalista que en otros trabajos míos. He querido alejarme de lo decorativo o dulce para buscar algo más real, más “terrenal”. Me apetecía que el lector sintiera el bosque, las texturas, la atmósfera, y que los animales transmitieran emociones auténticas. Ha sido un trabajo más narrativo y emocional que otros, y eso me ha gustado mucho”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Al principio de cada proyecto hago algunas pruebas y exploro qué puede encajar mejor. Tras probar entre acrílico y óleo me decanté por éste último, y en algunas ilustraciones utilizo tinta. Suelo trabajar en técnica mixta, pero en este caso el libro me pedía algo más matérico y profundo -asegura Ana Santos-. El óleo me permitió crear texturas, luces y ambientes muy orgánicos”.

¿Podrías contarnos algo más sobre el proceso de realización? “Después de la fase de documentación y bocetos, pasé a la pintura al óleo, trabajando cada ilustración de manera independiente, incluso en algunas en las que hay varios personajes, los suelo pintar de manera independiente a un tamaño grande que me permite detallar mejor al óleo. Por último, finalizo la composición en Photoshop. Intenté mantener coherencia entre todas, pero también que cada una tuviera su propia atmósfera según el momento del libro. Fue un proceso largo, de mucha observación”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún nuevo proyecto? “Ahora mismo estoy empezando un nuevo libro junto a otra autora. Estamos en la fase de documentación y bocetos, que es la que más disfruto, porque todo está por construir. Si todo va bien, se publicará el próximo año”.
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