Cómic
Natalia Velarde y los entresijos de ‘Encías quemadas’
Una criatura extraña llega un día a la ciudad. Tiene aspecto mitad de chica y mitad de animal. La apodan Piel de Perro y tras ella aparecen muchos monstruos más. Se va todo al carajo. ¡Es el fin de la humanidad! Ahora Piel de Perro huye hacia el desierto. Junto al gruñón de Cielito, su misión es encontrar al Autor y que reescriba para este cuento un final mejor. Mas en la sombra acecha el mal: lupercas, pesadillas, conejos y un juicio final… ¡Ay, si fracasan! ¿De esta historia qué será? De ellos depende que sea otro nuestro cantar. Así nos presenta Reservoir Books ‘Encías quemadas’, una novela gráfica que “es una suerte de Mago de Oz repleto de triptamina para la generación Z”, asegura la editorial. Un trabajo de Natalia Velarde. Con ella la editorial organizó un encuentro virtual para poder hablar de su trabajo en este cómic. Las siguientes líneas contienen algunas de las reflexiones y respuestas de Natalia a su labor en este proyecto.

¿Cómo fue la gestación de este trabajo? “Este proyecto surgió cuando me presenté a la beca Injuve. Realmente no tenía muy claro qué era lo que quería hacer. Tengo mucha experiencia haciendo historias cortas para mis fanzines y mis otras publicaciones, pero nunca había hecho el planteamiento para un proyecto mucho más largo. Lo que hice fue coger varias cosas que sabía que me iban a ser de utilidad más adelante, que sabía que con eso iba a poder trabajar. Primero un proyecto que tenía desde los 16 años. Tenía los personajes, tenía más o menos qué era lo que pasaba, pero no tenía ni idea de qué era lo que estaba contando. Siempre le he tenido mucho cariño a esa historia, entonces me quedé con todas las cosas que en ese momento me gustaban de ese proyecto, las cosas que me obsesionaban en ese momento, y que, de hecho, al final, son las cosas que todavía me obsesionan. Que si medio personas, perro, la poesía, las fábulas, mitología, todas esas cosas las metí dentro de esta historia…”, asegura Natalia Velarde.
“Y viendo uno de mis cuadernos, la fábula en sí de piel de perro es una canción que yo había escrito en mi cuaderno cuando todavía no sabía qué hacer del todo con ‘Encías quemadas’. Alguien me preguntó una vez que por qué les llamaba cantos a los actos, canto 1, canto 2, canto 3 y es justamente porque todo viene de una cancioncita que era de piel de perro, que era un personaje. Bueno, era un ser que por su culpa el mundo estaba como estaba. A partir de esa canción, más esta historia de cuando tenía 16 años, y lo de la beca Injuve, pues al final fui juntando cosas. Pero, sobre todo, lo que yo quería era experimentar en ese proyecto. Ver cómo fusionaba el diario gráfico, que era lo que hasta ahora había trabajado en mis fanzines; el diario de autoexploración, en donde metes sueños o cosas que te han pasado, y quería ver cómo mezclaba eso con la ambición de hacer una historia de narrativa larga”.

Hablando de dar ideas para facilitar la entrada a esta obra, Natalia Velarde contaba que ella es una autora un poco egoísta, en el sentido de que “no tengo nada que perder. Quiero ser feliz trabajando. Y luego me he encontrado con la sorpresa de que había gente a la que le gustaba eso. Siempre he asumido que uno no podía vivir del cómic como tal, o muy pocas personas podían hacerlo. Y no tenía nada que ver con si eres buena o mala, sino que tiene mucho que ver con una cuestión de suerte. Las cosas en nuestro país no son muy fáciles, yo he hecho fanzines, pero he hecho fanzines desde el amor por los fanzines. Somos muy conscientes de que lo que hacemos es algo raro, que es algo difícil. Hablando con otros autores a los que admiro mucho como Munuera, por ejemplo, que tuve la oportunidad de hablar con él en Angulema, y que me diera feedback a mi trabajo, y justamente me dijo algo parecido a lo que se plantea aquí de que es una obra atrevida, arriesgada… Me gustaría ser capaz de ser menos egoísta, y pensar más en el lector, y aún así creo que, esta vez, lo he hecho bastante. Mis fanzines son un poco más críticos todavía, y justamente he intentado hacer esa fusión y llevármelo a un sitio que más personas puedan entender. Es una cosa que quiero seguir haciendo, que es encontrar la abstracción y la narración, al mismo tiempo poder seguir haciendo poesía, al mismo tiempo que todo el mundo pueda llegar a disfrutarlo. Ese es mi reto personal. Pero claro, al final la cabra tira parar el monte, y yo cuando dibujo me dejo llevar mucho. A nivel gráfico quería seguir explorando”, confiesa Natalia Velarde.

Sobre las influencias que ha tenido para llegar a su estilo único, Natalia Velarde contaba que tiene ”muchísimas influencias”. “He leído desde que tengo memoria. Yo empecé queriendo ser mangaka. Durante mucho tiempo solamente leía manga y todo lo demás era basura. ¿Qué pasa? Que después estaba en el instituto, en la biblioteca, y sólo tenían una cajita con cómics. Me aburría y me fui a ver qué tenían en la caja de cómics. Me encontré con la cara de un gato negro, ‘Blacksad’, y bueno, fue abrirlo e hizo que se me volara la cabeza. Me hice súper fan de Juanjo Guarnido, quería ser como Juanjo Guarnido a saco. Después conocí a Milo Manara, después conocí a Sergio Toppi. En ese momento quería solamente hacer cómics europeos y de repente el manga era basura. Después leí ‘Watchmen’ y también empecé a encontrar cosas en el americano que me encantaban”.
“En fin, son muchísimos autores. Lo que tienen todos estos artistas además es que son narradores increíbles, y cada uno tiene sus propias técnicas. Después volví al manga con Jiro Taniguchi, por ejemplo. En plan más estilísticamente hablando, a día de hoy se me vienen a la cabeza nombres como Yoshitaka Amano, estudio Hanna-Barbera, Juanjo Guarnido,… Estudié Bellas Artes en la Rey Juan Carlos y allí descubrí a Klimt, descubrí a Francis Bacon, Toulouse-Lautrec…

Al final del libro, se planteaba en la charla, uno de los motivos que te llevaron a esta historia era la demostración y expresión de una pérdida, la pérdida de un animal, y nos haces partícipes de esta pérdida con tu trabajo… “Fueron tres años de trabajo -nos cuenta Natalia Velarde-. Yo me centro en qué es lo que siento. Me propuse pensar en qué era lo que más miedo en el mundo me daba. En ese momento todavía Tapón no había muerto, y de hecho es un tema al que he acudido recurrentemente en mis fanzines, al miedo de que eso pasara. Pero nunca pensé qué pasaría después. Decidí que ese era un tema que quería tocar. Tapón ya estaba con muchos ataques y muchos dolores en el cuerpo y mi pareja me plantea que tenemos que hablar de qué vamos a hacer. Y yo no quería ni escucharlo. No teníamos una casa donde estar, estábamos con un tema de inestabilidad económica muy grande, con mucha impotencia de no saber cómo enfrentarme aesto sin que fuese una pesadilla. Me fui a mi habitación a llorar, y en ese momento supe de qué quería que fuese el libro realmente. Era un lugar donde guardarlo, un lugar donde él estuviera, utilizar el libro como si fuera un lugar donde volver a verle realmente, y por eso es que en el libro, al final, pues él está allí. Sentía que estaba siendo honesta y y era una necesidad para mí. Duele, y al mismo tiempo está bien que duela”.
Hablando de los estilos que encontramos en este cómic, Natalia Velarde habla de dos estilos. “Bueno, a lo mejor hay un tercero, que es un poco más pictórico -afirma-. Pero sí que es verdad que había decidido marcar dos estilos muy distintos, para representar esa fusión entre diario gráfico y narración fantástica. La parte de los diarios, que son sueños que he tenido de verdad, o cosas que me han pasado de verdad, la parte más autobiográfica, está hecha a carboncillo, de una manera un poquito más desdibujada. Y quería que tuviese mucho contraste con la parte que llevaría la línea narrativa, que sería la que es más cartoon, que tiene un estilo más tipo Hanna-Barbera, más animada”.

“En general en mis fanzines siempre intento que haya como un equilibrio, que no sea todo demasiado abigarrado, todo muy bien dibujado, porque me parece que a veces quita un poco de frescura. Tampoco que sea muy simple. Al final lleno las páginas de un montón de cosas. Intenté también separar los fondos, los fondos están hechos todos con collage, con fotografías encontradas de internet, muy mezcladas, hasta que ya no se apareciera cómo eran antes. Y los cielos sí que son todos cielos de Villa del Prado, del pueblo en el que vivo”.
“Quería más o menos algo un poco más serio, más lírico, para la parte de los sueños, y por eso decidí este estilo un poquito más vaporoso, un poquito más oscuro, con esos amarillos que, a lo mejor, al ser pesadillas, están más evocados al peligro, a la sensación de intranquilidad; y luego está la parte que es más cartoon de la narración. Ahí la verdad es que me lo paso muy bien”.
Sobre la integración de la tipografía en el dibujo, que llega a ser parte del dibujo, Natalia Velarde cuenta que esperaba que, en algún momento, su editor, Jaume, le iba a decir que lo quitara todo, y que había que hacer una tipografía. “Pero la verdad es que no llegó nunca a ese momento. Integro tipografía con dibujos para no sufrir cuando llega el momento en que tengo que poner qué es lo que dicen los personajes, porque ese momento siempre llega y te quita espacio, entonces digamos que ya lo integro dentro de la parte de la composición”.
Cómic
Mathias Martinez nos invita a su singular parque de atracciones
‘¿Qué hora es? ¡Es la hora de divertirse!’. Ese es el lema de CLOCKI, la mítica mascota con forma de despertador que durante décadas marcó la hora de la merienda a millones de niños frente al televisor. Nacido como héroe de cómic, alcanza la fama en 1932 con Clocki y el reloj parlante, el primer cartoon sonoro y en color de la historia del cine, y se convierte en una auténtica estrella. En 1955, en la cima de su popularidad, se inaugura Clockilandia, un parque de atracciones que promete ser el paraíso definitivo del entretenimiento. Pero tras ese relato de ensueño podría esconderse una realidad mucho más oscura.

En ‘Clockilandia’, Mathias Martinez reconstruye la memoria de un parque imaginario para mostrar la cara oculta de su éxito. Cada capítulo sigue a un personaje distinto -una mascota, un aficionado a las atracciones, una ex empleada y una niña- que da testimonio de un momento clave de su historia. Inspirado en cartoons de los años 30 de los estudios Fleischer, Martínez retuerce ese imaginario hasta lo grotesco: dibujos que gotean, decorados que se derriten y perspectivas deformadas como una película quemada en el proyector, creando una atmósfera tan fascinante como inquietante. Con Mathias hemos charlado un poco más sobre su trabajo en este proyecto.
¿Cómo nació este proyecto? “Desde niño, siempre me han fascinado los parques temáticos, pero siempre he sentido cierta inquietud al ver sus maquetas de cartón y sus sueños empalagosos. Quería hablar de este sentimiento que creo que comparten muchas personas, y de la felicidad un tanto forzada que se siente en estos lugares, ¡porque la entrada es carísima! En lugar de apoderarme de un parque ya existente, decidí crear el mío propio, como un niño jugando con bloques Kapla o Lego. ¡Disfruté muchísimo siendo un poco megalómano en este proyecto!”, nos cuenta Mathias Martinez.

¿Qué encontraremos en este libro? “Esta novela gráfica narra la historia de Clockilandia, un parque temático analizado desde sus inicios y su época dorada hasta su declive y su inevitable final, porque, obviamente, todo lo bueno tiene un final. También encontrarás las emotivas historias de las personas involucradas con el parque: sus empleados desilusionados, sus mascotas melancólicas, sus niños desencantados y sus padres hastiados. Pero también descubrirás hermosas historias de amor y amistad”.
¿Cómo fue el proceso de creación del libro? Me refiero a la fase de investigación, las pruebas, incluso los bocetos en el cuaderno… “Pasé mucho tiempo buscando la forma ideal para la mascota de mi parque, algo que evocara a Mickey Mouse sin ser demasiado similar, y que no se alejara demasiado de mi idea inicial de crear una historia sobre el fin de la infancia y esos espacios atemporales que son los parques de atracciones. Mientras buscaba ideas visuales para el libro, redibujé muchas mascotas antiguas japonesas y estadounidenses, y cuando no se me ocurría ninguna buena idea, redibujé un pequeño despertador Fisher-Price que tenía en mi escritorio. Entonces se hizo evidente: la mascota de Clockilandia tenía que ser un despertador”, asegura Mathias Martinez.

Cuéntanos algo sobre las ilustraciones. “Quizás el carácter altamente ilustrativo de Clocki sea aún más evidente porque está inspirado más en los libros ilustrados infantiles que en los cómics. Una de mis principales inspiraciones para este trabajo son los libros de principios del siglo XX de Benjamin Rabier, o los libros de Bécassine; no sé si son conocidos en España, pero les animo a leerlos o releerlos. En estas historias, el texto está en voz en off, como en algunos capítulos de Clocki. También hay un aspecto ligeramente megalómano en ello; es como si me dirigiera directamente al lector como autor. Este estilo narrativo un tanto anticuado me resultó divertido”.

Cuéntanos algo sobre la técnica utilizada en este libro. “El libro fue dibujado completamente con tinta azul y luego coloreado en Photoshop -continúa Mathias Martinez-. Mi cómic, con sus tonos naranjas y azules, recuerda a los antiguos libros infantiles de los años 50, y también evoca el año en que se creó la mascota Clocki y los dibujos animados que la inspiraron. Mis editores franceses, Misma, hicieron un trabajo increíble en las páginas para lograr colores intensos y diferenciarlos, y mis editores españoles, La Granja, mantuvieron la misma dirección artística y añadieron un mapa real del parque, ¡que me parece fantástico!”
¿Cómo fue el proceso de creación de este libro? “Me llevó tres largos años crearlo. Hubo momentos increíblemente alegres y otros muy estresantes. Mis editores me ayudaron muchísimo durante todo el proceso, que a veces resulta desalentador, ¡pero realmente vale la pena! Después de terminar mis estudios de arte, cuando empecé con Clocki, estaba buscando mi propia voz, ¡pero encontré en Clocki caminos que me encantan! Fue una experiencia muy formativa para mí. Creo que se puede sentir esta progresión narrativa, cómo gano más confianza a medida que avanzan los capítulos, lo cual me gusta mucho”, confiesa.

¿En qué estás trabajando actualmente? ¿Un nuevo proyecto? “Actualmente estoy trabajando en otra novela gráfica que publicará la misma editorial. Tratará sobre ratones, un libro hecho de queso, la transmisión del conocimiento y la memoria colectiva. Será un libro sobre libros y un homenaje a sus lectores más fieles: ¡estará dedicado a quienes aman tanto los libros que literalmente devoran sus páginas! No diré nada más sobre este futuro proyecto, y me llevará tiempo terminarlo, ¡pero estoy deseando enseñárselo!”
Cómic
Antonio J. Jiménez y el miedo a las bombas literales y metafóricas
La vida de varios personajes se cruza un día cualquiera, un 22 de marzo, en el que, como en todos, el sol viene por el este y, antes de que se vaya por el oeste, habrá quien se enamore, quien pierda a un amigo, quien cuide de su madre enferma, quien nazca, quien llegue al trabajo tarde y cansado de todo. Un día en el que todo puede cambiar, mientras en otro lugar (siempre en otro lugar), las bombas caen, y el fin del mundo parece posible. Mientras los medios de comunicación informan de los conflictos que asolan medio mundo, varios personajes nos muestran cortes de su cotidianeidad: sus trabajos, sus relaciones sociales, sus desamores. En el futuro, en forma de un magistral prólogo, la amenaza se materializa en forma de bombas cayendo y vidas en peligro. El fin del mundo que nadie quiere ver.
Cada capítulo de ‘Viene del Este’ recorre las 24 horas del día y aborda una problemática contemporánea: el individualismo; la ceguera mental; la enajenación que provocan las nuevas tecnologías; la percepción selectiva. Mecanismos de evasión para seguir con la vida. De este cómic hablamos con su autor, Antonio J. Jiménez.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “La forma primigenia de este proyecto era la de una recopilación de las distintas historias cortas que había ido dibujando desde que empecé a hacer cómics. Muy pronto, debido a mis propias inquietudes, esto derivó en algo mayor: el contar un día completo en una ciudad indeterminada, a través de las rutinas entrelazadas de sus habitantes. Este escenario común, temporal y físico, me permitía añadir muchas más capas de información a las tramas básicas de esas historias que ya tenía dibujadas. Además, al entrecruzarlas, todas se enriquecían recíprocamente”.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Salvando las distancias, un espejo de la sociedad actual, con sus defectos y sus virtudes. Condensado, como decía antes, en el paso de un día completo en una ciudad occidental. Creo que en función del diálogo que el lector mantenga con el libro, el reflejo de ese espejo será más fidedigno o distorsionado”, afirma Antonio J. Jiménez.
Actualmente y desde hace, por desgracia, bastante tiempo, ese sonido de bombas se escucha en muchos puntos del mundo. ¿Cómo influye todo eso también en este cómic? “Vivimos tan sobreinformados que cada vez es más difícil hacernos reaccionar. Las palabras se repiten hasta el punto que han perdido su significado, como dice el prólogo. Estamos insensibilizados. Parte de este libro se ha construido a partir del miedo a las bombas literales y metafóricas de las que nos advierten constantemente; pero también a partir de la reflexión sobre la indiferencia que hay cuando las bombas no caen sobre nuestras propias cabezas”.
Todo esto se refleja también en tu trabajo de una forma singular, por ejemplo con las noticias de la radio que en el cómic se convierten en frases que atraviesan las viñetas… Háblanos un poco de este recurso. “Hilando con la pregunta anterior, el contexto informativo de aquel día concreto fue vital en mi proceso creativo. Las noticias que podemos ver de fondo en las historias no alteran las tramas de los personajes, pero sí provocan un runrun de fondo, que pretende trastocar el cómo el lector se relaciona con el libro -continúa Antonio J. Jiménez-. Como en nuestro día a día: puede que nuestra rutina sea la misma hoy que dentro de tres semanas, lo que cambia de ese día es el cómo percibimos la realidad del mundo a través de los móviles, noticias, informativos, publicidad, etc.”

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Como dije al principio, algunos de los capítulos ya estaban dibujados como historias cortas. Una vez que decidí que quería que todas formaran parte de algo mayor, empezó una revisión y reestructuración de estas, manteniendo la esencia original de cada una. Esta revisión incluyó una sincronización de todas en el tiempo, junto con algunas nuevas que terminaron de hilarlo todo. Con un guión más o menos armado, elegí el día en el que sucedería la historia: el 22 de marzo de 2024. En este se daban varias condiciones que me resultaban evocadoras. Así, recopilé toda la información que pude sobre los eventos que discurrieron por aquellas 24 horas. Y con todo esto, empecé a dibujar. Finalmente en la novela gráfica ha acabado entrando una pequeña parte de todo lo recopilado, pero creo que a mí, a nivel vital, me influenció en mi proceso creativo. De algún modo mitifiqué el día”.
¿Qué dirías que ha sido lo más difícil a la hora de acercarse a este proyecto? “La propia constancia que supone hacer algo largo. El sacar tiempo y dedicación para ver cómo avanza muy poco a poco. Sacar adelante un proyecto así me ha hecho relacionarme con él de una manera, en ocasiones, obsesiva. Llegue exhausto al final del proceso”, confiesa Antonio J. Jiménez.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Creo que este libro me ha servido para terminar de definir mi propia voz. A nivel artístico siempre he tenido el mismo estilo, pero aquí he podido experimentar con muchos tipos de composiciones de página, microcambios estilísticos, uso del color o calidad de línea. Además de definir el cómo se pueden contar infinidad de cosas a través de una escena aparentemente cotidiana”.
Una de las cosas que más nos llaman la atención y también más nos gustan es ese salirse de la viñeta tradicional, hay muchas páginas que son una sorpresa, pueden ser los planos cenitales siguiendo los pasos de algún personaje, los sonidos, los tamaños cambiantes de las viñetas, bocadillos que se cortan, los mensajes de WhatsApp,… danos algunas pinceladas de estos recursos. “La idea formal de la que parte el libro es que cada historia jugara con una estructura básica de viñetas, que fuera distinta entre ellas, en función de cómo se percibía el paso del tiempo en cada rutina. Esta estructura la rompo siempre que es necesario, a favor de la narración. De ahí que haya ciertas sorpresas para el lector, como las que comentas. Del mismo modo, quería que el libro reflejara esa sobreestimulación en la que estamos inmersos, ese querer profundizar en algo que nos ha llamado la atención, pero perder el hilo de pensamiento porque un nuevo estímulo nos llega por otro lado”, nos cuenta Antonio J. Jiménez.

Y otro recurso son esos cuadrados que te llevan como a otra escena, a otro espacio, a otra historia… “Ese recurso es algo que me sale de manera muy natural. Es un modo de hacer una descomposición más detallada del tiempo o de un espacio, contando varias cosas en paralelo, algo que solo permite el cómic. Volviendo a esa sobreestimulación de la que hablaba antes, este recurso podría ser una síntesis de cómo percibimos la realidad actualmente, con capas y capas de información”.
Y las páginas de la librería… juegas con la distribución de la página y con portadas de otros cómics y libros que esbozas, podríamos decir, pero que son identificables, al final parece que las viñetas son estanterías… Háblanos un poco de cómo se te ocurrió esta idea y del modo de resolverla… “Dicha doble página es una pincelada a la cantidad de novedades que salen hoy día, con una calidad indudable, y que a veces pasan desapercibidas por el ritmo de publicación frenético de algunas editoriales. El porqué están dibujadas así prefiero no revelarlo pues, por poco que el lector se fije en las páginas previas y posteriores, intuirá la razón. En general en el libro no hay ninguna decisión estilística y narrativa que no estén ahí sin una razón, descubrirlas es parte del juego que propongo, y de algún modo va en contra de ese consumo rápido en el que nos están domesticando. Aun así, siendo consciente de la realidad, intenté hacer un libro que fuera agradable desde su primera lectura”, asegura Antonio J. Jiménez.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Debido a que viajo bastante y mi zona de trabajo suele cambiar constantemente, estoy acostumbrado a hacer todo en digital. Aunque, ya que al principio trabajaba en analógico, en mi método sigo las fases típicas del proceso de hacer un cómic: guión, storyboard, lápices, tinta y color. No obstante mantengo un diálogo bastante fluido entre todas estas partes, permitiéndome improvisar más o menos en función de cómo quiero contar cada página”
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Actualmente he retomado la fase de investigación y guión de un proyecto que tenía a medias antes de embarcarme con ‘Viene del Este’. Puedo decir que está conectado con él y en algunos aspectos es su antítesis, pero está en una fase muy precoz como para dar más pistas. Todo ello lo estoy compaginando con diversos encargos de ilustración que voy recibiendo”.
Cómic
Javier de Isusi nos traslada a ‘El año en que fuimos reyes’
‘El año en que fuimos Reyes. Tomo 1’ es lo nuevo de Javier de Isusi, ganador del Premio Nacional del Cómic 2020 con La Divina Comedia de Oscar Wilde. Ya podemos leer el tomo 1 de este cómic que edita Astiberri. Es una historia ambiciosa que nos transporta a Babilô, una ciudad universitaria y efervescente, meca de la disciplina artística del Esquinismo y lugar de origen de revueltas sociales. Con Javier charlamos un poquito más sobre este proyecto.

¿Dónde está el embrión de toda esta historia, dónde está esa chispa que te hace empezar a trabajar en este proyecto? “Pues es una chispa múltiple, tiene varios orígenes, por eso es una historia con tantas capas. La primera chispa tuvo lugar hace 25 años, cuando yo era un estudiante que estaba haciendo el Erasmus. Fue un año muy especial, un año en el que yo también fui rey de alguna manera y en ese momento me surgió la idea de hacer alguna vez un cómic de lo que estaba pasando. Pero no lo hice porque no sabía cómo abordarlo, no soy muy de autobiografías”.
“Unos años después, hace 15 años, desarrollé un proyecto en el que contaba una revolución desde el punto de vista de unos estudiantes -continúa Javier de Isusi-. De alguna manera estaba queriendo vivir ese mayo del 68 que no me tocó. Presenté el proyecto a Astiberri, pero reconozco que no estaba muy bien armado y me lo rechazaron. Volví sobre él intentando darle una vuelta, pero ocurrió algo absolutamente inesperado: el movimiento del 15-M, que resultó ser tremendamente similar a lo que yo estaba imaginando para mi cómic. Recuerdo mi incredulidad al pasar por entre las carpas del 15-M, era como ver materializado lo que yo había inventado, pero mucho más interesante porque era real. Así que mi proyecto se fue al cajón. Ya no era necesario contarlo”.

“Ahora mismo me parece que vuelve a ser interesante, incluso necesario. En un momento dado se me ocurrió juntar esas dos historias de las que he hablado y otras que también me danzaban alrededor y así surgió esta historia con tantas capas… y tantas páginas”.
¿Qué se van a encontrar los lectores que empiecen a pasar las páginas de este cómic? “A mí me gustaría que vivan, en unas páginas, la experiencia de compartir piso con los cuatro protagonistas. Que se conviertan en el quinto inquilino del piso, podríamos decir”, asegura Javier de Isusi.
¿Tú compartirías piso con alguno de ellos? “Con los cuatro. De hecho, es un poco lo que estoy haciendo. Cuando haces una historia de alguna manera la estás viviendo. Y llevo aquí metido en el piso con ellos ya como mínimo dos o tres años”.
Y sigues con ellos, porque claro, este es el tomo 1, imagino que estás trabajando en el segundo… Estoy en el segundo. Y sí, sigo con ellos”.

Javier, hay mucho de arquitectura también en este libro. Ese concepto de ciudad y Bilbao tiene mucho que ver también, ¿no? “Sí, ya en el propio nombre de Babilô están las letras de Bilbao cambiadas de orden, es una especie de Bilbao de otra dimensión. Aquí desarrollo otra de las ideas que tenía en la cabeza, que era hacer una ciudad que podría ser la Bilbao que nunca existió. En Babilô lo que he hecho ha sido poner edificios que se proyectaron para Bilbao, pero no se hicieron, o edificios que sí se hicieron, pero se derribaron. Incluso planes urbanísticos que se diseñaron, pero que no se llevaron a cabo. Lo que hago es jugar con esa ciudad que es mi ciudad, donde nací y crecí, pero como si nos la encontráramos en una dimensión paralela: se parece mucho a Bilbao, pero es distinta. También tiene cosas de Lisboa, de Praga, de Roma incluso. Aquí me he permitido sacar mi vena más arquitectónica; yo estudié arquitectura, pero no ejercí apenas la profesión.

En el cómic se habla del Esquinismo. Uno de los ejercicios que hacen los estudiantes es buscar figuras en la forma de los edificios. No sé si tú eras de esos que veías figuras en las nubes, en las montañas… “Sí, la verdad que sí. No es que haya sido un virtuoso encontrando formas, conozco a gente que se le da mucho mejor que a mí, pero me parece divertido encontrar figuras en las montañas, en las rocas, en todo. Pero el concepto de Esquinismo, en realidad, no lo inventé yo, sino que lo saqué de un relato de la escritora mexicana Laia Jufresa, a la cual homenajeo: la única profesora interesante de la facultad de Esquinismo del cómic se llama Laia. Tengo una relación especial con este relato suyo de “El esquinista”. Le pedí permiso para usarlo y ella accedió entusiasmada. Todos los fragmentos en los que mi personaje Maesa Laia habla del Esquinismo y de la historia del Esquinismo, están sacados de su relato”.
Si hablamos un poquito del dibujo, ¿qué hay de diferente con respecto a otros trabajos anteriores, Javier? “Es el primero en el que yo hago bitono, en este caso negro y amarillo. En otros cómics también he utilizado solo dos colores, pero, al final, aunque yo usara solo dos tintas, se mezclaban y daban otros tonos, por lo cual la impresión era en cuatricomía. Pero este es bitono estricto y eso le da un aspecto diferente a otros cómics que he hecho, es más… fuerte”, asegura Javier de Isusi.

¿Y por qué el amarillo, Javier? “Cuando me planteé el bitono, era por economía de tiempos, pensé que tardaría menos. Podía haberlo hecho en blanco y negro, pero me pedía algo más de luz; es una historia que para mí tiene mucha luz, de ahí el color amarillo. Y además la combinación de negro y amarillo es muy enérgica. Es un libro en el que hay mucha energía, hay luz, pero también hay sombras”.
¿Con qué técnica trabajaste en este proyecto? “Es básicamente la misma que he usado desde hace años: lápiz y acuarela. Es verdad que en cada uno de los libros lo hago de manera un pelín distinta, pero muy parecida, al fin y al cabo. Me gusta mucho trabajar con acuarela porque crea unas texturas que permiten que la acuarela trabaje un poco por mí”.
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