Álbum Ilustrado
María Pascual y Ana Garralón transitan ‘Calle de la Oca’
Todos los días, Oliver recorre la misma calle para ir a la escuela pero, esta semana, caminando junto a nuevos acompañantes, un historiador, una bióloga, una fotógrafa… descubrirá un mundo diferente en cada trayecto. Una invitación a redescubrir tu calle. ‘Calle de la Oca’ es un libro de información ricamente ilustrado sobre las formas en que el conocimiento y la curiosidad cambian nuestros puntos de vista. Editado por Ekaré, ha obtenido el Premio Todos tus libros al Mejor libro infantil 2024. Sobre este libro hablamos un poco más con sus autoras, Ana Garralón y María Pascual de la Torre.

¿Cómo surge ese proyecto? Ana Garralón: “Bueno, hace tantos años, yo creo que surge a partir de una anécdota que cuenta una fotógrafa norteamericana que ha hecho muchos libros para niños. Ella va a una escuela experimental y les pregunta a los niños que habéis visto al venir a la escuela y ellos dicen nada. Entonces, les regala unas cámaras y la siguiente vez que los encuentra han visto un montón de cosas. Entonces, esta idea de mirar a través de un marco me parecía muy interesante y de ahí yo creo que llegué a esta idea de cómo vemos el mundo desde una perspectiva personal”.
María Pascual de la Torre: “El inicio de mi andadura en Calle de la Oca cuando aún era Una calle, tengo que agradecérselo a las dos magníficas sherpas-editoras de Ekaré, Irene Savino y María Cecilia Silva-Díaz que confiaron en mí para ilustrar el texto de Ana y embarcarme en la aventura que ha sido la construcción de este libro”.
¿Qué se va a encontrar el lector cuando empiece a pasar las páginas de este libro? Ana Garralón: “Se va a encontrar con que lo cotidiano es sorprendente y además encierra historias y puede ser hermoso”.

María Pascual de la Torre: “La vida de un barrio repleto de historias y peculiaridades que iremos descubriendo junto a Óliver, el niño protagonista que a lo largo de la semana irá por primera vez caminando desde su casa al colegio de la mano de diferentes acompañantes. Su abuelo historiador, un escritor, su tía bióloga, un filósofo, una fotógrafa, su primo músico, una tipógrafa y su vecino fisioterapeuta ciego. Descubriremos la cantidad de cosas que habían pasado desapercibidas dependiendo de quién nos acompañe en el camino y los mundos que abre cada profesión. Como un vecino más, podremos escudriñar por la calle asomándonos a los escaparates, fisgoneando por las ventanas, siguiendo a los personajes e imaginando sus historias”.
“Calle de la Oca es una invitación a la pausa, a la lectura detenida y minuciosa. Una declaración de amor a los barrios vividos por vecinos con los que se puede compartir desde la charleta en el portal a la copia de tu llave. Con establecimientos de largas raíces que conservan la caja registradora que contaba en pesetas y céntimos. Espacios que hacen más acogedor nuestro trajín cotidiano. Ante todo, busca pellizcar la curiosidad y abrir el apetito para conversar, dialogando con el mundo, máximas que contagia Oliver Sacks, a quien homenajeamos en este libro. El niño protagonista toma de él su nombre, su imagen, al igual que su abuelo”.

¿Y el trabajo con María? Ana Garralón: “Bueno, yo tengo que decir que Ekaré solamente me dijo que lo iba a ilustrar María. Ellos tienen una política que nunca nos encontramos, nunca hemos conversado, lo cual agradezco muchísimo, porque cuando vi la primera maqueta me pareció una locura que yo no imaginaba que alguien pudiera hacer ese trabajo. Creo que María realmente ha habitado esa calle, se la ha apropiado, ha creado personajes, ha dado mucha más vida a un texto que era relativamente sencillo, en un sentido, pero ella le ha dado una vida impresionante”.
¿Qué te pareció la historia de Ana cuando llegó a tus manos? María Pascual de la Torre: “Me abrió tal cantidad de senderos y posibilidades que lo difícil fue decidir el camino más sugerente para cada recorrido. Un milhojas que requería múltiples capas de lectura que fuesen desvelando nuevos matices. Uno de los retos fue estructurar visualmente los diversos hilos narrativos del texto para que se complementaran entre sí, buscando que cada doble página funcionara como un todo, interconectadas para construir un libro-calle sólido y coherente en su conjunto. Fue una mezcla de responsabilidad y disfrute máximo, buscando cómo potenciar las voces de cada acompañante para que sus recorridos ofreciesen transformaciones inesperadas de la calle dependiendo de sus universos. Que el riesgo de la monotonía de un mismo recorrido que se repite durante todo el libro se convirtiese en una aventura. Al fin y al cabo es lo que desearíamos que fuese nuestro caminar cotidiano”.

Los detalles, madre mía los detalles. Háblanos un poco de este aspecto, cómo lo has trabajado, cuánto tiempo te llevaron estas ilustraciones… “Una de las peculiaridades que me caracterizan como ilustradora es la minuciosidad en el empeño por crear diversos planos narrativos -confiesa María Pascual de la Torre-. Marca de la chifladura que sentí durante mi infancia por libros que me permitían descubrir más y más sorpresas en cada lectura. Ciertamente en ‘Calle de la Oca’ esta obsesión ha alcanzado quizás el punto más alto, a riesgo de no salir de ese mundo en dos dimensiones en el que viví durante períodos bastante intensos a lo largo de más de tres años. Comenzamos el proyecto en el último trimestre de 2021 y se publicó en octubre de 2024. Entre risas, la he rebautizado como la calle de la loca. He querido cuidar al máximo los detalles para que los diversos hilos propuestos se entrelazaran formando la unidad que debe de ser el libro álbum. Desde la planificación del urbanismo de la calle para lo que me asesoraron unos amigos arquitectos a los que freí a consultas, a extensos casting de todo tipo para cada elemento. Calle de la Oca la forman los personajes, los vecinos y los detalles que modelan la identidad del barrio: farolas, puertas, ventanas, árboles, alcorques, rótulos, señales,…”.

La perspectiva también es importante en algunas páginas… “Es un recurso muy potente para representar la singularidad de cada recorrido -asegura María Pascual de la Torre-. Refleja la manera de mirar, desde dónde nos posicionamos según lo que nos interesa o queramos contar. Entre los referentes que compartí, cada trayecto proponía diferentes perspectivas que abriesen itinerarios muy distintos. Poderlos contrastar forma parte del juego. La mirada arriba y abajo, adelante y atrás en el tiempo para asomarse a la historia actual y pasada. La perspectiva frontal, usada desde la escritura jeroglífica a las viñetas, para el relato del escritor y su camino. La perspectiva aérea y la imagen volteada para sugerir el cuestionamiento de las certezas que propone la filosofía. El recorrido sinuoso y bailongo del paseo musical. La vista de la ruta junto a la tipógrafa con la planta de la calle desplegada en sus dos lados para mostrarla al completo, usada también en la imagen nocturna de las guardas. Cierra el recorrido libre, azaroso y juguetón del fin de semana de Óliver junto a sus amigos, con la calle segmentada en casillas, versionando el tablero del juego de la oca”.

“Un camino en espiral que anima a la relectura. Esta representación que propuse para el fin de semana dio nombre a la calle y título definitivo al libro. Los nombres de los establecimientos y lugares de la calle están tomados de las casillas del juego de la oca: el puente, la posada, el laberinto, el jardín, el pozo, los dados… La oca ha sido considerada como animal sagrado y sabio en muchas mitologías, y en una de las simbologías más conocidas, ligada a la diosa Rea/Cibeles, es el acompañante que se transforma para facilitar tu trayecto, protectora del camino. El juego plantea un viaje iniciático que cambia la manera de ver el mundo”, nos cuenta María Pascual de la Torre.

Y sobre el proceso de documentación, porque hay mucha información en estas páginas… “Me fascina la documentación a la que me lleva cada nuevo proyecto y uno de los retos que más me cuesta es detener la búsqueda. El primer pdf que compartí con Irene y Cecilia tenía 170 páginas de referencias, sugerencias, propuestas y bocetos esbozando las primeras ideas para contar visualmente y estructurar la narrativa visual del libro. Me hechicé buscando archivos, recorriendo calles y multiplicando el contenido de centenares de carpetas de imágenes que me obligaron a ampliar la memoria del servicio de almacenamiento de mi ordenador. Pero cómo no alucinar descubriendo los antiguos Barrios de las Injurias de nuestras ciudades embarradas, sin asfaltar. Siguiendo el rastro de aguadores, edecanes, faroleros… El sonido del pito del sereno me llevó al del afilador que pasaba por mi plaza. ¿Cómo eran los camiones cisternas que reemplazaron a los burros para surtir de agua a las ciudades? ¿Cuánto tiempo nos acompañarán los quioscos en los que cada domingo escogía el tebeo que devoraría? 630 fotos de Robinia pseudoacacia en diferentes estaciones y posiciones a lo top model, 301 tiendas de ultramarinos para caracterizar “El Puente”. La diversidad de las bacterias que viven en un yogur. Investigar colegios que fuesen antiguas fábricas. ¿Cómo transmitir con imágenes las percepciones de una persona ciega? Aún no soy capaz de pasear sin seguir incorporando rincones de la calle”, afirma María Pascual de la Torre.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Experimenté con muchas técnicas: grafito, lápices de colores, acuarela, acrílico, collage, mucha composición y limpieza digital, fotografía, e incluso sellos”.
Hemos visto algún famoso por ahí, pero me interesa saber cuántas personas conocidas, de tu entorno, pasean por esta Calle de la Oca… “Este libro está lleno de personas inspiradoras. Mi pareja, mi hermano, mis sobrinos y mi madre son musos recurrentes que no pueden faltar en mi barrio de la vida. La caminan mis tías, primos y sus peques, pero además de la piña familiar, dan identidad a la calle amigos con quienes comparto inquietudes, pasión, hallazgos y todo. No es el primer libro en el que encontraréis a mi querida Ellen Duthie, Llanos de la Torre, Patricia Metola, Raquel Martínez, Karishma Chugani y su hijo Rai, Pep Carrió, mis amigos arquitectos y sus hijas… Los niños que caminan por Calle de la Oca son grandes cómplices que enriquecen mi camino y me enseñan a mirar. No podían faltar las compañeras de este viaje, Ana, Cecilia e Irene y muchos autores y mediadores compañeros de profesión literaria. El listado de mi gente de la oca es inmenso, incluidos médicos y personal de la sanidad pública que me han atendido de manera excepcional, pero para seguir el juego con el lector que propone el libro, os animo a buscar entre los conocidos, lupa en mano, a Maurice Sendak, Roald Dahl, Christine Nöstlinger, Arnold Lobel, William Steig, John Burningham, Helen Oxenbury, Worlf Erlbruch, Tonucci, Joaquín Díaz, Ana Pelegrín, Gloria Fuertes, Antonio Rodríguez Almodóvar, Almudena Grandes, Javier Sáez Castán, Teresa Durán, Hitchcock, Vivienne Maier, Sophie Calle, Punset, Ara Malikian, Los Beetles, Rosalía, Montserrat Caballé, Louis Amstrong, Greta Thumber, Chus Lampreave, Emma Penella, Angelica Houston… Un vecindario que crece con cada nuevo lector”, afirma María Pascual de la Torre.



Hemos visto, igual nos equivocamos, un autorretrato en una de las páginas, a través de un reflejo… “Cazador cazado. ¿No es genial la cantidad de guiños cómplices entre autores y lectores que posibilita el libro álbum? Es muy gratificante comprobar cómo se siguen las piedrecitas que se van dejando y las propuestas tan diversas que abre un texto, estimulando la exploración. Ese juego de reflejos en el camino junto a la fotógrafa también es un homenaje a grandes fotógrafos y artistas que nos fascinan con su manera única de representar el mundo. Ojalá este libro incite a seguir buscando mientras caminamos por nuestras calles, a conocer grandes profesionales de otros campos, a leer otros libros, a dejarnos llevar en exposiciones, conciertos y actuaciones de todo tipo. En definitiva, a curiosear y a fliparnos”.

De esos trabajos, o profesiones que vamos conociendo a la par que el protagonista, ¿cuál es la que más te llama la atención? O la que elegirías si no fueses ilustradora… “Difícil elección. El rastreo al que me ha llevado el texto de Ana me ha permitido indagar sobre las profesiones de los acompañantes de Óliver desde otro ángulo y me apasionan todas -continúa María Pascual De la Torre-. La escritura, la fotografía o la tipografía las siento muy cercanas al explorarlas en mi trabajo. La historia, la biología y la filosofía me fascinan y espero seguir aprendiendo, pero las disfruto más como practicante amateur. Si tuviera que elegir otra vivencia profesional de lleno, soñaría con ser músico, aunque con lo que he fantaseado desde pequeña es con el baile. En concreto bailaora de flamenco, ¡arsa!”
Por último, ¿en qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Estoy terminando un nuevo libro con Ekaré para los primeros lectores y están a punto de entrar dos álbumes en los que colaboraré con profesionales magníficos que garantizan un viaje lleno de descubrimientos. Me encantan estas inmersiones en otros campos que abren caminos antes encriptados, como le ocurre a Óliver. En cuanto a mis iniciativas personales, estoy pendiente de cerrar un proyecto propio especialmente “engatusante” que inicié hace diez años. Siempre hay ideas saltarinas esperando el espacio que necesitan, con muchas ganas de ser retomadas”.
Álbum Ilustrado
Joanna Concejo y el reto de ilustrar ‘Jesteś’
Vimos este trabajo de Joanna Concejo en redes y nos llamó mucho la atención. En las siguientes líneas hablamos con ella sobre su trabajo en ‘Jesteś’, editado en Polonia por Wydawnictwo Format y previamente editado en Francia con el título ‘Tu es là’ por Les Grandes Personnes.

Primero, cuéntanos cómo nació este proyecto. “El libro empezó hace mucho tiempo. Laetitia Bourget, la autora, me contó su idea de un libro impreso en papel vegetal en 2014. Fue entonces cuando nos conocimos. Me encantó la idea desde el primer momento; me entusiasmé muchísimo. Dije que sí enseguida, sin siquiera pensar mucho en el texto. ¡La sola idea de la transparencia de las páginas me atraía muchísimo! No tenía ni idea de cómo iba a trabajar en el libro, pero eso no era importante”.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “El libro cuenta la historia de una amistad entre tres chicas, una amistad que solo existe dentro del libro. Se conocen, pero cada una pertenece a una generación diferente: abuela, nieta y bisnieta. También es una historia de transmisión entre ellas. Habla de gestos repetidos para aprender, y de aquellos repetidos inconscientemente, del saber transmitirse de una a otra, y de esa pequeña parte de la que se ha ido que perdura en las que quedan. También es una historia de presencia a través de la ausencia. En cierto modo, es una historia de eternidad, de amor. Y de vida”, nos cuenta Joanna Concejo. Al final del libro se encuentran los retratos de las tres mujeres. Estas personas existen realmente, y quería que esta historia estuviera arraigada en la realidad”.


¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación y experimentación; no sé si había dibujos en un cuaderno… “Al principio del proyecto, dibujé un pequeño cuadernillo de unas diez páginas, completamente transparente, directamente sobre papel vegetal. Quería ver de inmediato cómo podría funcionar este concepto de libro. Aún no sabía si sería capaz de crear las ilustraciones finales utilizando las mismas ideas que en este pequeño experimento, pero lo esencial para mí era ver qué posibilidades ofrecía la transparencia. Me gustó que se pudiera vislumbrar un poco del dibujo que estaría en la página siguiente. También me permitió probar la textura de este tipo de papel. Era transparente, pero no demasiado. Así que las ilustraciones también tuvieron que diseñarse teniendo eso en cuenta”.

“Después de este experimento, pasé por un período de bloqueo creativo, porque aún no sabía qué quería transmitir con las ilustraciones –continúa Joanna Concejo–. El texto de Laetitia me dio mucho espacio para respirar, lo cual agradecí, pero al mismo tiempo, me sentía un poco perdida. Me llevó mucho tiempo encontrar mi propia historia para acompañar el texto. Pero una vez que la encontré, el trabajo se facilitó mucho y mis ideas comenzaron a aclararse”.
“Después trabajé a fondo en mis cuadernos de bocetos para desarrollar secuencias narrativas que permitieran que todo fluyera con fluidez. Creé secciones de unas diez páginas. Una vez satisfecha con el orden de las páginas, pasé a los dibujos finales en papel blanco. Al terminar, imprimí el dibujo en papel vegetal para probar la colocación de los elementos y planificar los siguientes. ¡Llené un montón de cuadernos de bocetos trabajando en este proyecto! Más de lo habitual. Y el proyecto resultó ser mucho más complicado de lo que inicialmente pensé”.

¿Qué dirías que caracteriza tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente en comparación con tus otros trabajos? “No creo que haya nada realmente nuevo. La técnica es la misma: lápiz y lápices de colores. Ya he hablado un poco sobre el proceso de trabajo. Y quizás eso fue lo nuevo para mí. En este libro, todas las ilustraciones se crearon en el orden en que aparecen. Nunca antes había trabajado así. Pero la necesidad de considerar la transparencia influyó en mi trabajo”.

Hablemos un poco más sobre las transparencias, sobre esas páginas transparentes que revelan algo de lo siguiente… “Quería trabajar en este proyecto precisamente por las transparencias de las páginas. Me gustó mucho la idea. Sin embargo, no me di cuenta de lo difícil que sería este trabajo. Las secuencias de imágenes tenían que estar planificadas con mucha precisión para que la narrativa funcionara. E incluso así, tuve que aceptar que no podía controlarlo todo. Cada vez que pasas la página, puedes ver un poco de lo que se revelará a continuación. A veces más, a veces menos. A veces la imagen llena la página por completo, y a veces solo hay un pequeño detalle… Creo que es difícil describir con exactitud lo que sucede al hojear este libro. Es algo que tienes que experimentar por ti mismo. Sin duda, cada lector tendrá una experiencia diferente al encontrarse con este objeto que es el libro”, confiesa Joanna Concejo.

¿Qué técnicas usaste entonces? “Como ya mencioné, trabajé con lápiz y lápices de colores. Eso es todo. Todos los dibujos están hechos en papel blanco e impresos únicamente en papel vegetal”.
Cuéntanos algo más sobre el proceso de creación de este libro. “Fue muy largo de preparar debido a la complejidad de la narrativa a través de imágenes transparentes. Además, dibujar más de 70 ilustraciones también me llevó mucho tiempo. La mayor parte de este trabajo se realizó durante la pandemia; tuve mucho tiempo, como todos, porque tuvimos que quedarnos en casa. Me alegré mucho cuando finalmente terminé el libro, porque realmente hice esperar mucho a Laetitia. Luego, durante la maquetación y las conversaciones con el editor, nos dimos cuenta de que el libro iba a ser muy caro debido a la materia prima (papel vegetal), y eso nos entristeció un poco, porque no queríamos crear un libro que poca gente pudiera permitirse. Personalmente, también pensé que era mucho trabajo ilustrarlo y que un libro caro no duraría mucho. Me pareció una pena. Pero al final, los lectores se mostraron bastante entusiasmados y el libro sigue a la venta, al menos en Francia”.

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Actualmente estoy trabajando en el cuento de Andersen «La pequeña cerillera» para una editorial polaca”.
Álbum Ilustrado
Raquel Catalina ilustra las múltiples lecturas de ‘Grande y pequeña’
‘Grande y pequeña’ es una historia conmovedora de múltiples lecturas que aborda el paso del tiempo, la memoria, la naturaleza, el arte y la inspiración. Nos acerca a la vida, desde la infancia a la vejez, de una mujer curiosa y creadora, libre y empoderada, sensible y auténtica; un apasionante recorrido desde su casa natal en el bosque hasta la ciudad, y de vuelta a sus orígenes. El arte -siempre inspirado en la naturaleza- ha marcado su trayectoria y también da aliento a un hombre desamparado que se instala en su casa cuando la protagonista ha menguado tanto que hasta el vecindario se ha olvidado de su existencia.
La obra distinguida con el XVIII Premio Internacional Compostela para Álbumes Ilustrados destaca por su calado poético y emotivo, su poder evocador y su carácter poliédrico: la vida, la memoria como sanación, el paso del tiempo, la soledad elegida, la naturaleza, el hogar, la resiliencia… Siguiendo un hilo cronológico y con un tono descriptivo, el texto de Arianna Squilloni aborda también el día a día de las personas mayores; una propuesta literaria que, de forma audaz, introduce silencios narrativos donde -en ausencia de palabras- se potencia el relato visual. Las ilustraciones de Raquel Catalina nos envuelven en una atmósfera cambiante que va desde la calidez de los escenarios domésticos a la frescura de los espacios abiertos. Con ésta última hemos charlado un poquito más sobre este maravilloso libro que edita Kalandraka.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “Arianna Squilloni y yo ya habíamos trabajado juntas en ‘Diario desayuno’, para su editorial A buen paso. Me ofreció ilustrar un cuento suyo. Podría haberle dicho que sí sin siquiera leerlo, porque me encanta su trabajo, su manera de contar y su mirada sobre las cosas. Me encontré con una historia llena de significados profundos y que me tocaba en lo personal. Recuerdo de forma muy nítida pensar que tenía un tesoro entre las manos, pensar “¡qué suerte!”. La idea en principio era presentarlo al Premio Internacional Compostela y luego ya veríamos”, nos cuenta Raquel Catalina.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Un relato sobre el paso del tiempo, sobre plenitudes, renuncias, sobre búsquedas y encuentros fortuitos…”.
¿Qué te pareció la historia de Arianna la primera vez que la leíste? “Como ya te decía, me enamoró. Las historias como ésta, que recurren a imágenes más simbólicas, tienen el poder de hablarnos de cosas profundas y muy universales”.

¿Cómo fue el trabajo con ella? “Yo con Arianna me siento muy a gusto trabajando, con mucha libertad para proponer ideas que a veces cuajan y otras no -confiesa Raquel Catalina-. Pero es muy delicada con el trabajo del otro. Fuimos poco a poco ajustando dibujo y texto y ese proceso siempre es bonito”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Mi búsqueda inicial fue en torno al personaje y cómo construirlo. Su físico, su ropa, los objetos que la iban a rodear, la casita del bosque… Siempre me hago un archivo lleno de fotos muy variadas y que selecciono de manera bastante intuitiva, poco racional. Son muy útiles para el proceso. Empiezo a dibujar sobre esa base, pero luego los dibujos siempre van creciendo solos”, asegura Raquel Catalina.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? La última vez que hablamos fue sobre tu trabajo en ‘Ingrávida’, ¿qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Ha habido una especie de coyuntura feliz para mí con esta historia. Me parecía que lo que más me apetecía hacer en ese momento en cuanto a técnicas, colores, le quedaba bien a la historia. Así que ha sido un proceso que he disfrutado mucho a pesar de que hubo que hacerlo en un plazo bastante ajustado de tiempo”.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Usé gouache, lápiz y lápices de color”.

Si hablamos del color, al pasar las páginas el amarillo se nos hace muy presente… “En general no me gusta trabajar sobre papel blanco y, si es posible, lo suelo llevar hacia tonos cálidos. Pero en este caso el color del fondo tiene una función que es resaltar el pelo blanco del personaje de Natalia y ayudar a encontrarla cuando va encogiendo”, afirma Raquel Catalina.
Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “La parte que me llevó más tiempo fue encontrar el personaje de Natalia. Empieza siendo adolescente hasta cumplir los noventa años. Es difícil conectar todas estas etapas, necesitaba crear algún tipo de hilo conductor y acabé construyéndolo en gran parte a través de su pelo. Si te fijas hay toda una historia en torno a él que conecta con la narración. También quería que fuese un personaje con personalidad y encanto y creo que lo he conseguido porque ahora la gente ve “Natalias” por la calle y me lo cuenta. ¡Eso me encanta!”

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sí, voy justo a comenzar otro libro para Kalandraka que tiene como protagonistas a una niña y sus dos abuelas. Y otro con A fin de cuentos que me apetece muchísimo y será mi primer libro de no ficción”.
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Mercè Galí nos cuenta lo que hay detrás de ‘Un artista es…’
¿Qué es un artista? ¿Qué inspira su creatividad? Quizá no haya una sola respuesta, pero lo cierto es que todos y todas compartimos la capacidad de imaginar, de emocionarnos y ¡de crear cosas extraordinarias! ‘Un artista es…’ es un pequeño manifiesto que pretende desmitificar las ideas preconcebidas sobre el arte, y nos hace sentir más cercanos a la figura del artista y a su manera de ver el mundo mediante la imaginación y la libertad creativa… Un álbum de Marta Ardite y Mercè Galí que edita Juventud. Con Mercè charlamos un poquito más sobre su trabajo en este libro.

¿Cómo nace este proyecto? «El proyecto nace a partir de la propuesta de Elodie, de la editorial Juventud. Ella y Marta pensaron que podía encajar conmigo y me enviaron el texto. Desde el inicio me dieron libertad para desarrollar el proyecto y darle una vuelta personal, tanto a nivel visual como narrativo».
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? «Encontrarán un álbum que invita a lecturas abiertas y a generar debate entre lectores de distintas edades. El libro aborda un tema que ha sido tratado muchas veces, pero desde una mirada muy vinculada al mundo del arte y a las personas que trabajamos en disciplinas creativas. Comparto muchas de las características que Marta describe en el texto y quise expresarlas desde el juego, la experimentación y una mirada muy personal», nos cuenta Mercè Galí.

«La relación entre texto e imagen es fundamental: uno no funciona sin el otro. En cada doble página el lector conecta lo que lee con lo que ve. El libro comienza con un diálogo entre Pau y su hermana Greta, a partir de la pregunta ¿qué es un artista?, y Pau va enumerando distintas características que siente que definen a un artista. Cada definición se traduce visualmente de una forma distinta. En algunas páginas se habla de inventar mundos, con guiños a artistas como Joan Miró; en otras, el collage, la fotografía o la poesía visual ayudan a ampliar el significado del texto. La idea es que cada lector complete la lectura desde su propia experiencia».

«En una de las dobles páginas aparece una fotografía integrada en la ilustración de mi hermano y mía cuando éramos pequeños, con las rodillas bien sucias. Me vino esta foto a la cabeza cuando leí este enunciado. En este caso encajaba perfectamente con el texto que habla de experimentar, ensuciarse y explorar nuevos caminos… Joan es escenógrafo y ambos hemos seguido caminos relacionados con el arte. Me gusta hacer este tipo de guiños cuando tienen sentido dentro del libro», afirma Mercè Galí.

¿Qué dirías que caracteriza las ilustraciones de este libro? «Cada doble página es como una pequeña sorpresa. Cuando empiezas el libro ya sabes que no se repiten las técnicas y esperas algo nuevo en la siguiente. Las imágenes se inspiran directamente en las definiciones del texto. He trabajado mezclando collage, fotografía, tinta china, acuarela, frottage, lápiz de color, estarcido, técnicas digitales y gyotaku, buscando siempre coherencia con lo que se está contando».
¿Con qué técnicas te sientes más cómoda? «Me gusta experimentar y mezclar materiales, pero siempre intento mantener un equilibrio entre trazo, mancha y color -continúa Mercè Galí-. Me interesa especialmente el trazo manual y dejar espacio al azar y a lo imperfecto, aunque después sea yo quien decide qué permanece en la imagen».

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? «Este verano terminé el álbum “Niño Tejuela” (Pehuén) y después trabajé en dos libritos de canciones tradicionales para Combel: Si fa sol de cantarelles y Mi sol si de cantinelas. Por último ilustré “Rondas para susurrar” para Muñeca de Trapo (Chile), un proyecto muy lindo escrito por Eugenia Roman. Ahora estoy con “Crecer” para Amanuta. un libro informativo que sigue la línea de “Nacer” con texto de Eugenia Perrella».


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