Cómic
De niño soldado a náufrago, una pesadilla cotidiana en viñetas
Además de ser una inagotable fábrica de fantasías, la novela gráfica siempre se ha caracterizado por contar lo que sucede en el mundo. La pesadilla cotidiana de los migrantes que naufragan en el Mediterráneo no ha sido una excepción, pero pocas veces se ha narrado de un modo tan impactante y conmovedor como el de ‘El cielo en la cabeza’, la obra de Antonio Altarriba, Sergio García y Lola Moral, que vio la luz en Norma editorial.

‘El cielo en la cabeza’ pone nombre y rostro a la tragedia abstracta de la emigración clandestina de África a Europa: Nivek, un chico que trabaja en condiciones de esclavitud en una mina de la República del Congo, es reclutado para convertirse en kadogo, en niño soldado. Antes, será sometido a algunas crueles pruebas para despersonalizarlo y hacer de él una fría máquina de matar. Pero el muchacho logra escapar a tiempo de ese destino, y emprende una travesía a través del corazón de África erizada de peligros y de encuentros asombrosos. Así, “la peripecia del personaje central acaba siendo para el lector no solo una revelación de la realidad que viven miles de personas en este continente, sino también una ventana para descubrir su compleja diversidad y sus violentos contrastes”, nos cuenta la editorial.
Sin embargo, la explotación, los abusos y el ejercicio de la fuerza no dejan de abatirse sobre todos aquellos que sueñan una vida mejor. Nivek consigue llegar a Libia, donde la vida humana no vale mucho más que en el lugar del que procede. Cuando el protagonista se lanza en una lancha neumática junto a otros seres desesperados con el objeto de alcanzar la orilla europea, no piensan que navegan sobre una enorme fosa común, de la que pueden formar parte en cualquier momento.


Con Sergio García y Lola Moral charlamos una tarde, en Granada, sobre este trabajo. Y aunque ya lo escuchasteis en el podcast, ahora lo podéis leer y ver algunas de sus ilustraciones.
“Nace de una serie de discusiones creativas que tuvimos mucho tiempo después de terminar ‘Cuerpos del Delito’. Había una serie de proyectos que intentabamos desarrollar y no acababan de cuajar, hasta que Antonio conoció a Idoia Moreno, que es la fundadora de una ONG que se llama Jambo Congo, y le contó toda la historia de las minas de Coltán. Y él ahí vio una historia, claramente”, nos cuenta Sergio García.
¿Cómo fue el proceso de construcción de este libro entre los tres? “Pues, en principio, él nos pasó un copión, así corto, de x páginas, con el conjunto de la historia, pero muy resumida y de forma como muy somera, con lo que iba a pasar aproximadamente. Y, a partir de ahí, ya iba pasándonos capítulo por capítulo -continúa Sergio García-. Son siete capítulos, vamos a capítulo por capítulo, con un guión bastante cerrado, de hecho. Y, entonces, llegamos al acuerdo de que yo así no podía trabajar, porque no me gusta trabajar nada con guiones cerrados, y, de hecho, yo quería aportar mi propio punto de vista a la composición de las páginas, que es justo lo que Antonio, por otro lado, buscaba”.

“Entonces, pues era así, él me pasaba capítulo a capítulo, yo lo que hacía era que cada escena me la leía, cerraba para no dejarme influir demasiado, porque quería tener mi propia visión, y empezaba a trabajar directamente. Y luego iba colocando los bocadillos, los textos, como a posteriori. Y, entonces, ya le pasaba el trabajo ya acabado, después de chequearlo con Antonio, básicamente, por si había alguna escena que no quedara clara. Y ya pasaba a Lola que aporta el color”.
“Bueno, yo empiezo a trabajar casi al final, porque prefiero que haya un volumen grande de trabajo, porque así, de esta forma, veo de forma global la historia, la entiendo, la conceptualizo, y, entonces es cuando yo llego -nos cuenta Lola Moral-. Empiezo a hacer las primeras pruebas de color, que van transformándose poco a poco ya en las definitivas, pero de una forma muy natural. Va entendiendo los colores porque entiende la historia, conoce los personajes, y poco a poco se van formando, van tomando forma”.

En su trabajo, siempre nos ha gustado esa idea de salirse de la página con las ilustraciones. En esta ocasión, no hay opción de salirse de la página, pero sí la ilustración, podríamos decir, que se sale de las viñetas. “Sí, sobre todo se trataba de trabajar con la metáfora visual, porque el guión en sí era muy complejo, a niveles de violencia y de situaciones complicadas de dibujar, sobre todo si se seguía al pie de la letra lo que decía el guión -afirma Sergio García-. Entonces, algunos, porque realmente pensábamos que se podía realizar un ritmo distinto a la historia, yo le proponía a Antonio y, al final, siempre resultó, la verdad que ha sido súper generoso, y otras porque había cosas que simplemente no podía dibujar. Hay alguna escena de alguna violación, concretamente, que tal cual estaba escrito en el guión, era muy duro de dibujar. Se planteó mediante ese uso de metáforas visuales”.
“Y, en general, si te das cuenta, casi todas las historias de combate o de dureza están resueltas así. No hay una recreación a lo Gore, en cómo se ha matado tal o cual persona, sino que hay una imagen que predomina de forma jerarquizada y luego a su alrededor orbitan el resultado de esa acción. Esa acción-reacción está de modo presente, con lo cual se plantea una forma muy distinta de generar esa narración, que suele ser viñeta 1, disparo, muere una persona, me muevo, viñeta 4, vuelvo a disparar, muere otra persona. Pone al protagonista disparando de una sola vez y luego vemos la acción de lo que ha producido su disparo”.
“Es contar lo mismo de una forma distinta. Como ese ejemplo, hay muchísimos a lo largo del libro. Y siempre me ha gustado mucho jugar con composiciones de páginas y, curiosamente, este último libro recuerda mucho a mi primer libro, ‘Amura’, en el que ya había una gran carga de experimentación visual”, asegura Sergio García.

“Paradojicamente, pero de forma no consciente, he vuelto, en este caso, a nivel compositivo-narrativo, como a esos orígenes. Ya que no podíamos hacer formato expandido y se trataba de hacer un cómic más o menos convencional, lo que pasa es que, en nuestro caso, si alguien trabaja con nosotros sabe que eso no va a ser así. Primaba la legibilidad, ante todo, que el lector que esté leyendo el libro en todo momento comprenda qué está pasando”.
“Así que, ese equilibrio difícil de guardar es el que ha supuesto la composición y la narrativa del libro, a partir del guión de Antonio, que es magnífico, claro”.
Se utilizan esas metáforas visuales, esos recursos, pero, aun así, hay escenas realmente duras. “Sí, son bastante duras -afirma Lola Moral-. Lo que pasa es que yo creo que ha pasado un filtro, ha pasado un filtro, tres filtros, digamos, el filtro de Antonio para no caer en el estereotipo de la historia, y pasar, que no quedara como una historia déjà vu y más de lo mismo, demagógica y tal. Pasado ese filtro, llega Sergio, que con él dibujo ha sido una maravilla, o sea, que concentra toda la violencia en viñetas que son belleza, y ya pasa, después de ese segundo filtro, aporto el color, que intenta también huir de colores estridentes y aportar un cierto equilibrio a toda la historia, evitando, por ejemplo, la sangre, que hubiera sido un detonante horroroso, y es siempre negra, evitamos el color rojo y, luego, intentamos también que haya una coherencia en todo el libro, a pesar de que el color se adapta a todos los capítulos que hay a lo largo del libro y a los personajes y a la historia”.

¿Y con qué técnicas han trabajado en este libro tanto Lola como Sergio? “Yo siempre digo que uso Photoshop analógico, porque soy una matada de la informática. El programa lo conozco básicamente como lo conoce un usuario básico, Sergio me prepara las páginas y yo las coloreo de la misma forma que podría colorear una acuarela o podría fabricar otro tipo de obra, porque me fabrico una paleta de color, voy haciendo mezclas, pero siempre tengo como la mentalidad en un dibujo clásico, no parto de la base del conocimiento informático”, nos cuenta Lola Moral.
“Trabajo con Procreate en el iPad, pero da igual, sí es que es lo mismo, es un lápiz que tiene una gran sensibilidad, que responde muchísimo a los impulsos que tú le das y recuerda mucho a una plumilla, de hecho, siempre cuento la anécdota que en los primeros trabajos que hice para el New York Times, me preguntaban cómo había hecho eso, que cómo se veía tan bien el lápiz y la tinta al mismo tiempo, que era muy difícil de reproducir, y ya les dije que lo hacía con iPad, porque realmente da igual, no hay una gran diferencia. Al igual que pasa con Lola, yo sigo concibiendo, y de hecho trabajo el Procreate como si fuera una plumilla tradicional, y solo trabajo con dos herramientas, bueno, en este caso con una, porque es la plumilla, en otro tipo de trabajo uso un lápiz digital, pero es que no hay más, el resto de alumnos míos o mis propios hijos, por ejemplo, trabajan con mil pinceles distintos, capas, nosotros no, tenemos una capa de boceto y una capa de dibujo, fin de proyecto. Igual que Lola, Lola usa la paleta de color, yo uso una paleta de acrílico, de guacho, de acuarela”, afirma Sergio García.

“Entonces tenemos conocimientos clásicos del dibujo y del color, que los aplicamos con nuevas tecnologías, sobre todo por la facilidad, por trabajar con el escalado. Las mesas de luz, por ejemplo, son más sencillas en digital, porque no tienes realmente que estar escalando el dibujo en la fotocopiadora y luego, no, aquí simplemente escalas el boceto base según te conviene y luego ya calca con tu propia mesa de luz, que es tu capa de dibujo, con lo cual usamos métodos muy tradicionales y no nos salimos de la tradición, pero siempre dentro de los métodos digitales”.
“Sobre todo porque se reproduce muchísimo mejor, porque nosotros hemos hecho muchos libros, pero algunos no se han reproducido bien, porque la acuarela, el gouache… -prosigue Lola Moral-. O la propia tinta, pierde tonalidades, entonces luego para el colorista es un drama. Y la verdad es que con este último libro estamos súper contentos, porque Norma ha hecho un trabajo excelente, los colores se han reproducido perfectamente, yo estoy muy contenta, creo que es el libro que mejor se ha reproducido de todos los que hemos hecho y es un alivio, porque son muchos meses de trabajo y luego te gusta ver tu trabajo”.
Cómic
Blanca Vázquez y cuando ‘Ya no llama nadie’
Mariona piensa mucho en la muerte porque en este pueblo ya no le dejan pensar en nada más. Sus amigas han ido desapareciendo, y la cabeza de Vicente, su marido, es cada vez más volátil. Con sus ochenta y siete años, le pide poco a la vida: entretenerse con su jardín, discutir lo justo con su marido y ver a su hija los fines de semana. Las sensaciones nuevas, piensa, son algo que ya no le tocan. Aunque desde hace unas semanas algo le remueve el estómago cada vez que la familia se reúne para comer. Las palabras se le acumulan en la garganta, pero su figura se vuelve trasparente cada vez que intenta comunicarse con los suyos.
¿Qué pasará cuando ella ya no esté? ¿Qué dejará a los suyos tras su paso por la vida? ¿Alguien cuidará las calas de su jardín? ¿Dónde reposarán sus cenizas? Mariona quiere aprovechar una de esas sobremesas familiares para, por una vez, hablar de sus deseos. A través de su protagonista, ‘Ya no llama nadie’ ofrece un relato intimista sobre el ocaso de la vida, el olvido y la necesidad de crear legado. Un cómic de Blanca Vázquez y Elisabeth Casillas que edita Astiberri. Con Blanca charlamos un poquito más sobre este libro.

¿Dónde está el embrión de este proyecto? ¿Cómo llega a tus manos este trabajo? “En 2020 publiqué ‘Juntas en esto’, un cómic muy cortito, con Astiberri, sobre el aborto. Justo en esa época Elizabeth también estaba trabajando sobre el mismo tema, y me preguntaron si me parecería bien que Elizabeth presentara mi cómic en Madrid conmigo. Así conocí a Eli. Nos conocimos en la presentación de mi cómic. Me dijo que le gustaba mucho cómo ilustraba y que seguramente algún día podríamos hacer algo juntas”, nos cuenta Blanca Vázquez. “Cinco años más tarde me pasó el guion”.
¿Cuál fue tu primera impresión cuando recibes esta historia de Eli? “El guion no estaba terminado por completo. La escaleta estaba casi toda hecha, y al leer solamente la escaleta ya vi que era una preciosidad, me emocionó mucho. Por entonces ya estaba viviendo más lejos de mis abuelos, la relación que tenía con ellos era a distancia desde hacía años. Y, bueno, sigo teniendo relación con ellos a distancia. Entonces todo el tema de la familia y la visita me tocó mucho. Y me encantó”.

Al final sí que hay también, entonces, mucho de ti en este libro, ¿no? Te identificas… “Sí, sí. No lo he escrito yo, pero al leerlo lo sentía muy propio. Se lo decía mucho a Eli, que a veces sentía que la historia estaba escrita por mí. Al final he puesto mucho mío, pero porque creo que es un libro que tiene una historia muy fácil de leer, y pasarla a tus vivencias y a tus recuerdos”, asegura Blanca Vázquez.
¿Hay algún referente cercano que has reflejado de alguna manera en este cómic? “Los personajes tenían unas expresiones muy marcadas. Y claro, era un tipo de dibujo que yo lo siento muy mío, pero he tenido que trabajar con línea para llegar a determinados detalles. Cambia mucho de mi trabajo de otros años. El referente gráfico ha ido viniendo por el guion. Y como referentes de poses y tal, sí que he puesto a mis abuelos mucho a posar cada vez que iba al pueblo. Sí que me han ayudado mucho”.
¿Ellos han visto el cómic? “Pues sí, ya lo han visto, ly es ha gustado muchísimo, se han emocionado mucho. Yo me he emocionado de verlos emocionados, así que genial”.

¿Qué se va a encontrar la gente en sus páginas? “Se encuentran muchos recuerdos que se le remueven por dentro y también muchas sensaciones. Gente de 50, 60 años, en este libro se va a encontrar un poco la realidad quizá que tienen ahora de hijos cuidadores, pero también lo que se les viene en un futuro. Es un libro que va de la edad y del paso del tiempo, y a todos nos va a remover de cierta manera, a cada uno por la etapa siguiente que le viene”, confiesa Blanca Vázquez.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Por pasión y voluntad propia, siempre suelo trabajar en analógico con acuarela, tinta, es mi parte preferida. Y luego también, bueno, bocetando en lápiz. Pero durante estos años trabajando en empresas era todo digital. Cuando Eli me comentó que el libro eran 160 páginas, por ahorrar tiempo, economizar, también por recursos, me parecía mucho más cómodo pasarle bocetos en digital a Eli, y si ella veía que había que cambiar algo, al final siempre es más rápido el digital para los cambios. Y la técnica vino dada sobre todo por eso, por poder optimizar el tiempo y cambiar las cosas rápido”.

“Aunque también quería que mi huella de trabajar en acuarela estuviera presente -continúa Blanca Vázquez-. Entonces estuve investigando en Procreate, y siento que los pinceles que utilizas en ese programa se parecen muchísimo a los analógicos. Cuando los manejas parece de verdad que tengan el propio fallo y la espontaneidad que tiene la acuarela”.
¿Y del color qué nos puedes contar, Blanca? “Al principio hablábamos muchísimo que tenía que ser un libro que tuviese calidez, pero sobre todo también por la estación en la que está ambientado, que es el verano. Tenía que ser muy luminosa la parte exterior y muy sombría la parte interior de la casa para que hubiera ese contraste de fuera, alegría, familia, plantas, vida, y dentro el peso de la monotonía y la soledad que sienten y la casa que se les viene como un poco encima. Esto vino dado mucho por el color, por ese contraste que teníamos que buscar. Yo me imaginaba un poco el verano en el pueblo, radiante y rural”.

“Siento que la paleta le pega muy bien al mundo rural. Y también la paleta cálida, siento que la historia al ser tan dura y tan cruda, si hubiéramos cogido tonos fríos hubiera quedado como una historia un poco lúgubre y tampoco era esa la idea, porque la historia tiene mucha vida”.
Cómic
Ricardo Cavolo debuta en el cómic con ‘Lola y Estrella’
‘Lola y Estrella’ son dos jóvenes amigas que viven juntas en la ladera de una montaña, un lugar hermoso y fantástico. Estrella tiene un poder muy peculiar, el de comunicarse con el micelio, o las mismísimas raíces de su planeta, Matria. La vida de las niñas es bastante apacible. Cuando no están con los gnomos comiendo fresas o jugando a las cartas, van a visitar a la reina Cabra o a comprobar si han llegado nuevos libros al pueblo. Pero una mañana todo cambia. Su valle y toda su comunidad se ven amenazados. Unas extrañas máquinas están destruyendo el terreno y acaban de dejar a los gnomos sin hogar. Ninguna de las chicas es especialmente aventurera, pero tienen claro que no pueden quedarse de brazos cruzados y deciden emprender un viaje para obtener respuestas. Un viaje que las llevará muy lejos de casa. Editado por Astiberri, ‘Lola y Estrella’ es el debut en cómic infantil del artista Ricardo Cavolo. Con él hemos charlado un poquito más alrededor de este libro.

¿Cómo se te ocurre este proyecto y también cómo te lo has pasado haciéndolo? Porque desde fuera parece que ha sido un proceso divertido. “Yo he chupado cómic desde antes de saber leer, de hecho mi padre tenía mucho cómic en casa. Es verdad que no era cómic infantil, porque tenía Conan y demás, pero bueno, cultura visual desde muy pequeño. Y siempre he tenido el cómic muy presente, independientemente de que me sirva para mi trabajo o no, como lectura constante, siempre ha habido cómics desde entonces”.
“Es un género que siento muy mío y que valoro mucho, y que además me ha dado cosas para mi trabajo. Nunca llegaba el momento de plantearme hacer un cómic, porque veía que era muchísimo trabajo, y al final ha sido un poco natural. Me envalentoné. Desde que estaba en la carrera, que descubrí Astiberri, tenía el capricho de poder hacer algo con ellos, porque valoro mucho lo que hacen”.
“Y sí que ha sido divertido, ha sido muy largo, han sido dos años, realmente nunca he trabajado dos años en un proyecto -continúa Ricardo Cavolo-. Nunca hago bocetos, por ejemplo, y aquí pues tuve que bocetar las 160 páginas. Normalmente hay que hacer un story, hay que trabajarlo bien, sobre todo teniendo en cuenta que es mi primer cómic y que encima es infantil. Entonces, ha sido un trabajo muy largo, pero como tú dices y se nota, ha sido muy divertido. Lo he disfrutado como un niño, y al final creo que se nota un poco desde fuera”.

No sé si el hecho de hacer un cómic infantil tiene que ver con el hecho de ser padre. “Bueno, creo que sí, porque igual hubiera empezado por otra cosa más de adultos. Cuando tienes hijos, de alguna manera, también empiezas a conectar más con tu niño interior, con el niño que eras. Siempre he tratado de cuidar al niño interior y de mantenerlo vivo para mi trabajo, porque me parecía muy bonito y muy interesante hacerlo. Es verdad que desde que tengo hijos, ya sea porque he tenido que consumir también cultura adaptada a sus edades, entre series y cómics, pues me parecía muy chulo que la entrada en el cómic fuera una cosa para niños. Y sí que hay cosas presentes, de hecho, las dos protagonistas en realidad son mis hijos convertidos en chicas, mi hijo Max es igual que Lola y mi hijo León es igual que Estrella”.
¿Qué se va a encontrar el lector en las páginas de este cómic? “Por encima de todo, fantasía y aventura, que es un poco el leitmotiv que siempre me ha gustado -confiesa Ricardo Cavolo-. Con ese marco de fantasía y aventura, tenía muy claro que quería empaparlo de mi visión crítica sobre la sociedad, es una cosa que también hago en mi trabajo habitualmente, y esta es una historia anticapitalista, con un discurso muy ecologista, que es una cosa que siempre me ha gustado de Tolkien. Además mis hijos me preguntan, pero ¿por qué son niñas? Si nosotros somos niños… Quería que el libro tuviera un espíritu feminista. Cuando yo leía cuentos e historias de niño, no había ni una sola niña heroína, ninguna niña resolvíanada, y es verdad que desde hace unos años, poco a poco van haciéndose su espacio y yo quería aportar mi grano de arena en ese sentido”.

Imagino que son cosas que también están en tu imaginario, pero es verdad que cuando estás leyendo el cómic, te recuerda un poco a El señor de los anillos, por ejemplo, hay cosillas que te recuerdan a Peter Pan… “Sí, y Nausicaä, hay de todo, por supuesto, La historia interminable también es uno de los pilares fundamentales. Me gusta mucho esa parte de La historia interminable en la que van de pueblo en pueblo, y en cada pueblo hay gente diferente, con unas características diferentes, y un poco mi cómic es eso. Justo antes de empezarlo tenía muy claro que tenía que leerme otra vez Nausicaä, de Miyazaki”, nos cuenta Ricardo Cavolo.
Háblanos un poco del desarrollo del cómic, de las técnicas que has utilizado. “Como sabía que esto implica mucho, mucho trabajo, lo trabajé en digital, porque me facilita y me ahorra muchísimo tiempo. He aprendido a generarme también mi cocina, como digo yo, mis alquimias y mis magias en digital, y estoy muy contento con ello”.

“El proceso ha sido para mí muy educativo, porque no es lo mismo ser lector de cómic que luego hacer un cómic, por muchos cómics que hayas leído es mucho más complicado, y aquí siempre me gusta mucho valorar a mi editora en Astiberri. Me he hecho un máster de cómic con ella, me ha ayudado muchísimo. La parte más divertida, cuando ya está todo decidido en boceto, la tinta y el color, que es donde yo luzco un poco, porque domino bien el color y domino bien la línea”, afirma Ricardo Cavolo.
Visualmente es muy tú, ves el cómic, y dices: es Ricardo. “Sí, quería que fuera muy visual, muy disfrutable visualmente. De hecho, el fondo de cada página tiene como un rayado sepia, cada página es diferente. He tratado de mimar mucho lo que he podido mimar y lo que sé que puedo mimar”.
Cómic
Anna Aparicio Català nos descubre a ‘La Ondina del estanque’
Tenía los ojos claros como el mar en verano, la piel blanca como la espuma de las olas y una voz que recordaba el vaivén de los océanos. Cuenta la leyenda que perdió su alma y que la soledad la sumió en una tristeza infinita. Desde entonces, vaga en búsqueda de un compañero… Con estas palabras la editorial Sallybooks nos presenta ‘La ondina del estanque’, un cómic de Anna Aparicio Català. Con ella charlamos un poquito más sobre este proyecto.
Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “El proyecto surgió a raíz de mi primer viaje a escuelas francesas, durante el Festival de Annonay de 2020. Paseando por la ciudad, entré por casualidad en una librería y descubrí un cómic ilustrado por Nuria Tamarit. Era una adaptación de un cuento de los hermanos Grimm, con una edición preciosa de la editorial Les Aventuriers de L’Étrange. Vi que tenían más títulos publicados y, entre ellos, estaba El zapatero y los duendes, adaptado por Pedro Rodríguez. Nunca había trabajado en cómic y pensé que sería genial poder hacerlo, y además dentro de una colección que me parecía tan interesante. Conocía a Pedro, así que me puse en contacto con él para pedirle consejo. Me animó a preparar una propuesta y presentársela al editor, y así fue como empezó todo”, nos cuenta Anna Aparicio Català.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este cómic? “En La Ondina del estanque los lectores encontrarán una historia llena de misterio y magia, pero también una mirada muy personal sobre uno de esos cuentos tradicionales que han pasado de generación en generación. He intentado conservar el espíritu del relato original y, al mismo tiempo, llevarlo a mi propio terreno a través del dibujo y del lenguaje del cómic. Hay momentos de oscuridad y de tensión, pero también mucha belleza y delicadeza. El agua, el bosque y la naturaleza tienen además un papel muy importante y ayudan a crear una atmósfera onírica que me interesa mucho”.
“Sobre todo, me gustaría que el cómic invitara a recuperar esa capacidad de creer en la parte poética de la vida, en aquello que no siempre podemos explicar ni comprender -continúa Anna Aparicio Català-. Creo que las leyendas tienen precisamente ese poder: hablarnos de lo misterioso, de lo invisible, de todo aquello que escapa a la razón y que, sin embargo, forma parte de nuestra manera de entender el mundo”.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… ¿cómo nace este personaje? “Recuerdo haber pasado días buscando qué historia quería adaptar, y no fue fácil. Tenía claro que no quería trabajar con un cuento demasiado conocido y que me interesaba que el personaje principal fuera femenino, algo que no es tan habitual en las historias de esa época”.

“Al final encontré La Ondina del Estanque y me pareció una historia muy bonita. Además, el tema del agua me atrae especialmente. Siempre acabo encontrándome con historias en las que el agua tiene un papel importante, como en Agua, mi primer álbum ilustrado como autora, así que supongo que hay algo ahí que me interesa de manera muy intuitiva. La historia original era bastante larga y no encajaba con el número de páginas que teníamos, así que decidí acortarla, intentando mantener la línea del relato. A partir de ahí empecé a trabajar en el personaje, y la verdad es que surgió bastante fácilmente”, asegura Anna Aparicio Català.

“No siempre tengo la oportunidad de dibujar personajes femeninos adultos, así que fue algo que disfruté mucho. Y, además, imaginar y dibujar a una mujer que vive en un lago me parecía una idea muy poética. Creo que desde el principio hubo algo en ese personaje y en ese entorno que me resultó muy sugerente”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “El formato cómic es muy diferente al del álbum ilustrado y, para mí, trabajar en él fue todo un descubrimiento. Las viñetas permiten hacer juegos visuales muy interesantes y detenerse en pequeños detalles, gestos o momentos que quizá en un álbum no habría tenido la oportunidad de desarrollar. Para mí fue un regalo poder hacer este proyecto. Fue un trabajo muy libre y muy feliz. Tenía una historia como punto de partida, pero poder adaptarla personalmente, decidir dónde había texto y dónde no, y dejar que en muchos momentos fueran las imágenes las que contaran, me resultó muy liberador”, confiesa Anna Aparicio Català.


“También fue revelador trabajar con una historia algo más adulta de las que suelo ilustrar y, sobre todo, tener la oportunidad de dibujar personajes femeninos adultos. Hay una especie de tríada femenina en la historia: la Ondina, Hannah y la guardiana del bosque. Y me interesaba especialmente jugar con la representación de estos personajes y romper un poco con ciertos arquetipos visuales que tenía interiorizados: la idea de que el personaje protagonista es bella, mientras que el antagonista suele tener una apariencia menos idealizada. No quería plantear los personajes desde esa oposición tan evidente. Me interesaba que la belleza no estuviera necesariamente asociada a la bondad, ni su ausencia a la maldad, y que cada personaje pudiera tener una personalidad más compleja”.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Al principio me planteé hacer los originales a tinta y trabajar después el color en digital, pero era un proyecto largo y, además, era la primera vez que hacía un cómic, así que finalmente decidí trabajarlo todo digitalmente, en Photoshop. Aun así, intenté en todo momento que el resultado fuera lo más orgánico posible, que no se percibiera como un trabajo excesivamente digital y conservar, dentro de lo posible, la textura y la sensación del dibujo tradicional”, señala Anna Aparicio Català.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “La verdad es que todo el proceso salió de una manera muy orgánica. Hice todos los bocetos a lápiz y, poco a poco, la historia fue desvelándose mientras avanzaba. Lo hice durante el verano, cuando tenía mucho tiempo para mí, y fue genial poder trabajar sin presión y dejar que el proyecto fuera tomando su propia forma. El editor me acompañó mucho y muy bien durante todo el proceso, y yo podía ir viendo qué funcionaba y qué no, haciendo cambios sobre la marcha. Aunque al principio pensaba que serían unas 80 páginas, al final fueron cien y pico. Pero era lo que pedía la historia, así que decidí dejar que creciera”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Justo acabo de terminar un libro que ha sido también una nueva aventura para mí: Il libro di febbraio, para la editorial Nomos, en Italia. Forma parte de una colección de almanaques ilustrados, uno dedicado a cada mes del año, en los que cada día es una pequeña puerta a la historia: descubrimientos, personajes, acontecimientos, curiosidades, arte, ciencia, literatura… Me ha gustado mucho trabajar en un proyecto tan diferente y poder jugar con tantas historias e imágenes. Y también tengo una noticia muy bonita: este año se va a publicarEl Vals de la Montaña, que es mi primer cómic como autora integral. Se publicó en Francia el año pasado, con Les Aventuriers d’Ailleurs, y ahora Liana lo publicará en castellano y catalán, lo que me hace muchísima ilusión”.
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