Álbum Ilustrado
Rosa Álamo nos introduce en la vida de artistas y sus animales
En ‘Animales y artistas’ la pintora y escritora Rosa Álamo recorre la vida de una veintena de artistas cuya obra estuvo marcada por sus relaciones extraordinarias con el mundo animal, y nos ofrece un paseo por los entrañables vínculos que surgieron entre ellos. Aquí encontraremos a artistas como Picasso, Frida Kahlo, Georgia O’Keeffe, Andy Warhol, David Hockney o Leonora Carrington, todos ellos referentes del mundo del arte, quienes ligaron su vida y obra a la de sus mascotas. Pero también a otros creadores, nombres propios de la pintura, la ilustración o la fotografía, que aunque resulten menos conocidos para el gran público, son de vital importancia para la historia del arte. En las páginas de este álbum ilustrado editado por Avenauta descubriremos todas estas vidas fascinantes, las de los artistas y las de sus amados animales.

¿Cómo nace este proyecto? Rosa Álamo: “Pues este proyecto nace de mi interés por la Historia del Arte, carrera que incluso llegué a empezar y que abandoné muy rápido porque en seguida me di cuenta de que debía hacer Bellas Artes. Sin embargo, es una materia que siempre he cultivado y alimentado, también desde mi aula como docente de artes plásticas desde hace más de quince años. Igualmente surge de mi pasión por el mundo animal, que siempre ha sido muy acusada en mi trabajo plástico. En este libro encontré la manera de unir dos temas que me fascinan”.
“Y el origen tiene lugar hace dos años, cuando se me ocurrió ilustrar a Leonora Carrington con uno de los gatos siameses que le acompañaron en sus últimos años de vida, a continuación, decidí también hacer lo propio con Edward Gorey delante de la que fue su casa, rodeado de algunos de sus gatos, y lo mismo con el gran Louis Wain acompañado de su maravilloso gato Peter. Ahí me di cuenta de que tenía un tema interesante, y empecé a pensar en más artistas: ilustradores, pintores, fotógrafos, que habían establecido a lo largo de sus vidas vínculos importantes con los animales con los que convivieron”.

“Tenía tres ilustraciones terminadas y un proyecto en mi libreta, pero la vida y otros proyectos se colaron por medio -continúa Rosa Álamo-. Pero en enero de 2024, al mandar mi portfolio a las editoriales con las que quería trabajar incluí esas tres ilustraciones con un título provisional, “Animales y artistas” y Bárbara y Guillermo, de la editorial Avenauta, me escribieron para felicitarme por mi porfolio y pedirme que les ampliase información sobre este proyecto. Ese fue el nacimiento de “Animales y artistas. Historias de amistad entre creadores y fieras”.
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Encontrarán las vidas de veintidós artistas, además de la vida de una gran mecenas como fue Peggy Guggenheim y una entomóloga de nombre Maria Sibylla Merian. Es decir, 24 vidas vinculadas al arte y cuyo nexo es la relación tan especial que tuvieron con el mundo animal y que en el caso de los artistas llegó a “salpicar” sus propias obras y a convertirse por lo tanto en parte de nuestra historia del arte”.
“Quizá uno de los casos más célebres y reconocibles sea Frida Kahlo, que se autorretrató con sus monos o loros y retrato incluso a sus perros Xoloitzcuintle, pero mi misión con este libro ha sido reflejar muchas más vidas, algunas de artistas muy poco conocidos para el gran público tales como Romare Bearden, Dahlov Ipcar, Remedios Varo o Henriette Ronner-Knip que también fueron extraordinarios artistas y tuvieron un vínculo maravilloso con los animales”.

¿Cómo ha sido el trabajo de investigación y documentación para este proyecto? “Hace algunos años había tenido que dar charlas sobre movimientos artísticos y sobre las vidas de varios artistas y algunos de ellos habían sido Frida Kahlo, Andy Warhol, Magritte, Leonora Carrignton o Remedios Varo, artistas que yo tenía muy claro que quería que estuviesen en el libro. También en mis clases intento que mis alumnos vean pintura o ilustración y hablar de los autores en profundidad, relacionándolo con los contenidos que imparto”, nos cuenta Rosa Álamo.
“Así que yo ya tenía muchos libros en mi biblioteca de los que partir, y lo que hice fue buscar la documentación que me faltaba, sobre todo sobre aquellos artistas de los que podía tener algo más de desconocimiento. También me volví a dar una vuelta por los museos de Madrid, para de alguna manera redescubrir a quien me podía estar dejando en el tintero, y de ese recorrido gané para el libro a Rosa Bonheur, cuya obra podemos visitar en el Museo del Prado, y a Romare Bearden, a quien podemos ver en el Museo Thyssen-Bornemisza. Pasé tiempo haciendo un primer borrador del texto, que hubo que reducir un poco porque era muy extensa”.
“Mi objetivo en todo momento es que el resultado de este trabajo fuera un libro entretenido, didáctico e incluso divertido sobre los artistas y sus animales y que no resultase nada aburrido a los lectores”.

¿Qué personaje te ha llamado más la atención tras este trabajo? “Pues he de decir que todos los artistas incluidos en el libro me parecen muy inspiradores, y de hecho trabajar en él fue muy placentero por eso mismo. No sentí en ningún momento que me pudiese el cansancio, porque terminaba un artista y empezaba otro distinto, y todos tenían algo muy especial para mí. Me resulta muy difícil hablar de alguno que me haya llamado más la atención por eso mismo que te comento, pero supongo que hay algunas anécdotas muy entrañables como la relación que tuvo Matisse con sus tres gatos: Minouche, La Puce y el pequeño Coussi, los cuales le acompañaron mientras él estaba postrado en una cama aquejado de un cáncer de estómago. Matisse mandó colocar la cama en el centro de su estudio y, al ver tan reducida su movilidad, comenzó a usar collage. Así que es muy fácil imaginar lo importante que debió ser para este artista en ese momento la compañía de estos tres gatos, en esa cama, mientras él recortaba y creaba sus composiciones con papeles de colores”.
“Y también puedo mencionar a Rosa Bonheur, de la que comentaba antes que su obra se puede ver en el Museo del Prado -continúa Rosa Álamo-. Que es una artista que aprendió a leer usando un alfabeto animal y que desde muy pequeña se sintió ligada al mundo animal, algo que con el tiempo la convertirá en representante del género animalístico en la pintura. El león era sin duda su animal favorito, al que consideraba el más inteligente, y es muy curioso saber que cuando pudo comprarse un castillo, no una casa, sino un castillo para vivir decidió que adoptaría leones. Estos venían de circos y ella les daba una vida mejor y al llegar a sus terrenos los recorrían libremente, llegando incluso a veces a meterse dentro del castillo”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Pues quizá la estética y la técnica. He ido buscando, como buscamos todos los ilustradores, mi propio camino y un estilo que me defina como autora, y quizá en los últimos tiempos, y después de mucho trabajo, me este acercando un poco a ello. Y en cuanto a la técnica en este libro he trabajado con óleo sobre papel, también buscando diferenciarme. A primera vista, por cómo trabajo el óleo no parece esta técnica, pero es que yo vengo de la pintura y es un procedimiento que he usado mucho así que tenía mucha experiencia en su manejo. Hay también, acompañando los textos, pequeños dibujos de animales que los he hecho con línea de lapicero digital”.
“Otros dos libros anteriores los abordé en digital por completo, y ahí la línea del lápiz digital tenía mucha importancia, por ejemplo, en “Las hermanas Bunner” de Edith Wharton, publicado por Lecturia el año pasado. Otros proyectos de ilustración los he hecho con acuarela y gouache, otro inédito lo he hecho con gouache y pastel y mis tres últimos proyectos de álbum ilustrado los he abordado con óleo sobre papel, porque me parecía que por estética, conexión con el texto y estilo, encajaba muy bien”, asegura Rosa Álamo.

Háblanos un poco del proceso de realización de este libro. “Pues ha sido un proceso muy bonito. Para empezar, ha sido mi primer libro informativo como autora integral, porque había hecho un álbum cercano a un libro informativo justo antes, el de “Mercé Rodoreda. El jardín de los jardines” maravillosamente escrito por Flor Braier y publicado por Vegueta editorial, pero ahí solo ilustré. En este libro he podido aprender, gracias a mis editores Bárbara y Guillermo, todo el proceso de una manera muy profunda. Teníamos las tres ilustraciones iniciales y mini bocetos de muchos artistas que yo quería que apareciesen en el libro, investigué, le fui dando forma al texto, pasé los bocetos a limpio para detallarlos y aprobarlos y después ya pasarlos a limpio en el papel definitivo y trabajar el color con óleo, y durante todo ese proceso ha habido muchas reuniones con mis editores, muchas llamadas y mails, y un seguimiento muy bonito de todo mi trabajo para que este creciese. Todas sus aportaciones han sido valiosísimas y ellos además han sabido respetar las mías y hacer, incluso, que mejorasen”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sí, ahora mismo estoy trabajando en mi primera novela gráfica que explora el sentir adolescente en el que la vida es el ahora, no existe el futuro porque eres incapaz de verlo y tampoco existe el pasado porque simboliza al niño del que estás deseando deshacerte. Está ambientada en los años noventa y es un proyecto personal aún sin editorial, y la verdad es que trabajo mucho así porque tengo muchas ideas que voy desarrollando y que luego presento a editoriales”.
“Este 2025 saldrá con Thule “Mi madre me contó que mi abuela”, un álbum ilustrado del que también soy autora integral, y surgió de esta manera: escribirlo, ilustrarlo, presentarlo a “The Unpublished Picturebook Showcase”, tener la suerte de ser seleccionada y después que una editorial como Thule quisiera publicarlo. Y en mi bloc de notas hay otro storyboard ya desarrollado para otro álbum ilustrado que tengo escrito y que se titula “La casa” y con el que estoy soñando meterme”.
Álbum Ilustrado
Susana Marinas gana el Premio Apila Primera Impresión
654 proyectos procedentes de 72 países han participado en esta edición del Premio Apila Primera Impresión, una convocatoria que vuelve a demostrar cómo la ilustración infantil es capaz de traspasar fronteras y conectar miradas de todo el mundo.
En un contexto global marcado por divisiones y conflictos, el arte y la cultura siguen siendo espacios de encuentro. La gran diversidad de procedencias de los proyectos presentados refleja el carácter internacional de un premio que, año tras año, atrae a ilustradores que sueñan con publicar su primer libro. El certamen está organizado por la editorial aragonesa Apila Ediciones, dirigida por Edu Flores y Raquel Garrido, en colaboración con la Escuela Superior de Diseño de Aragón (ESDA).
Una oportunidad para publicar el primer álbum ilustrado
El objetivo del premio es impulsar la carrera de ilustradores e ilustradoras que se encuentran en el inicio de su trayectoria profesional y que todavía no han publicado ningún libro. El proyecto ganador obtiene la publicación de su primer álbum ilustrado con Apila Ediciones, que posteriormente se distribuye en España, Estados Unidos y Latinoamérica, y puede ser traducido a otros idiomas.

“Cada año nos sorprende la calidad y la diversidad de los proyectos que recibimos. Este premio se ha convertido en una auténtica puerta de entrada al mundo editorial para ilustradores de todo el mundo”, señalan desde Apila Ediciones. A lo largo de sus ediciones, el Premio Apila Primera Impresión ha ido consolidando su prestigio internacional, convirtiéndose en un referente para jóvenes artistas que buscan comenzar una andadura profesional.
El Premio Apila Primera Impresión está abierto a creadores de cualquier nacionalidad, aunque su publicación forma parte de un proyecto editorial de origen aragonés. Gracias a esta iniciativa, tanto los autores como los libros galardonados contribuyen a llevar el nombre de Zaragoza a numerosos lugares del mundo, vinculado a la ilustración y la literatura infantil.
Una exposición con los finalistas en Zaragoza
De entre los 654 proyectos presentados, dieciséis han sido seleccionados como finalistas y forman parte de una exposición que acaba de inaugurarse en la Escuela Superior de Diseño de Aragón.
La muestra permite descubrir tendencias, estilos y narrativas visuales procedentes de distintos países, ofreciendo una panorámica del panorama actual de la ilustración infantil internacional. La exposición podrá visitarse en Zaragoza antes de iniciar una itinerancia por diferentes escuelas de arte y diseño de España.
El libro-álbum ganador se ha anunciado en las jornadas Encuentrazos
El proyecto ganador de esta edición se ha dado a conocer en el marco de las jornadas Encuentrazos, que se celebran cada año en la ESDA. Este encuentro reúne a ilustradores y diseñadores gráficos con estudiantes de escuelas de arte y de diseño de distintas ciudades españolas, convirtiéndose en un espacio de intercambio, aprendizaje e inspiración para el talento emergente del sector.

El álbum ganador se titula “Historia de un helado” de la ilustradora española Susana Marinas. El jurado ha querido destacar la frescura y viveza de sus ilustraciones y la sencillez de la historia, una anécdota cotidiana cercana a la vida de los más pequeños detrás de la que se pueden encontrar otros temas, la complejidad escondida tras la aparente simplicidad.
Un cuento con el que los niños y niñas podrán disfrutar y divertirse, pero también sorprenderse, indignarse, emocionarse…
Sobre la ilustradora ganadora
Susana Marinas se licenció en Derecho, pero desde niña le apasionaba dibujar. Paso de ser autodidacta y del aprendizaje a través de los libros de otros ilustradores a formarse haciendo cursos y másteres para llevar a cabo su sueño de dedicarse a la ilustración de manera profesional.

Como ella misma dice, “Cada día me esfuerzo por no perder la capacidad de asombro ante un sonido, un olor o una imagen; cualquier detalle que enriquezca mi vida, aunque sea por un instante, para después transformarlo en una historia. Para mí, la ilustración es eso: escribir con imágenes y hacer volar la imaginación de quien las mira, invitándole a crear las suyas propias.”
“Historia de un helado” comenzará un proceso de edición y se transformará este otoño en un álbum ilustrado publicado por Apila Ediciones que llegará desde Zaragoza a las librerías de toda España y también fuera de nuestro territorio. La obra supondrá, además, el salto al ámbito profesional para su autora, su sueño cumplido.
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Anna Pedron ilustra el poemario ‘Y cien tesoros más’
‘Y cien tesoros más’ contiene quince composiciones repletas de emoción, elegancia y sensibilidad. A través de metáforas de gran belleza y calado lírico, Franca Perini formula preguntas retóricas sobre el mundo de las niñas y los niños -la realidad, los sueños, la dimensión del tiempo…-lanzando certezas rotundas en su profundidad y sencillez. Estos poemas ensalzan el afán de los más pequeños por ahondar en la esencia del entorno, su audacia para la exploración, esa inagotable curiosidad de la que nacen la capacidad para el asombro y el desarrollo de una sorprendente lógica infantil.
La autora insta a los adultos a respetar y a tratar con rigor los interrogantes de los niños y las niñas, dándoles rienda suelta para que expresen sus ideas, en una clara defensa de la libertad creativa. Y pese a que tratan de huir de una infancia que viven intensamente, es en la inocencia y la autenticidad de estos primeros años donde atesoran su máximo poder. La editorial Kalandraka edita este poemario ilustrado por Anna Pedron, con la que hemos charlado un poquito más sobre su trabajo en este proyecto.


Primero, cuéntanos cómo nació este proyecto. “El proyecto nació de una solicitud de la Editorial Kalandraka para crear un libro de poemas ilustrados, escrito por Franca Perini, con quien colaboré en el libro de 2019 «L’infilitrice di lacrime» (La enhebradora de lágrimas), de la misma editorial”.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “En sus páginas, los lectores descubrirán pequeños mundos poéticos que muestran preguntas, experiencias y emociones típicas del crecimiento de todos los niños: miedos y logros, dificultades y alegrías, descubrimientos y esperanzas, oscuridad y luz. Las ilustraciones se formaron buscando e identificando el hilo conductor que une un poema con el siguiente”, nos cuenta Anna Pedron.
¿Qué te parecieron los poemas de Franca la primera vez que los leíste? “Siento un gran respeto y admiración por la escritura de Franca. Percibo una gran profundidad emocional en sus palabras, lo cual es conmovedor. Palabras y contenidos nunca predecibles ni banales, que abren nuevas visiones.
«Y Cien Otros Tesoros» no ofrece poemas fáciles de ilustrar, pero a través de la comparación de nuestras sensibilidades y los diálogos resultantes, pude captar su significado más oculto para expresarlo a través de mis sentimientos y mi técnica”.



¿Cómo fue el proceso que condujo a la creación del libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, experimentación, quizás incluso bocetos en un cuaderno… “Como en todos mis proyectos, las fases de estudio, investigación y análisis requieren un tiempo largo y reflexivo -continúa Anna Pedron-. Primero, siento la necesidad de ahondar paso a paso en las profundidades del texto hasta sentir que también es mío. Inicialmente, para este proyecto, había pensado en insertar hojas de papel vegetal dentro del libro para dar transparencia y movimiento a las imágenes: de esta manera, las ilustraciones individuales podrían transformarse en algo «diferente» al pasar las páginas. Tras una cuidadosa discusión con la editorial, esta opción no fue viable debido a limitaciones técnicas.
Sin embargo, al desarrollar el storyboard, mantuve la estructura original del proyecto: mediante el uso de herramientas técnicas (grafito, pasteles acuarela, acrílico, pincel), confié únicamente a las ilustraciones el dinamismo pictórico que consideré necesario”.
¿Qué dirías que hace únicas a las ilustraciones de poesía? “Las ilustraciones no se utilizan para explicar el significado del poema. El texto poético se presenta al lector de forma abierta, jugando con el sonido, el ritmo y las sugerencias emocionales. El ilustrador se mueve en un espacio particularmente libre para imaginar y experimentar”, asegura Anna Pedron.



¿Qué caracteriza tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Quizás el aspecto más significativo de este proyecto sea el uso del grafito para crear amplios campos que sirven de fondo para los temas representados. En el contraste entre blanco/negro/color, quise expresar simbólicamente las diferentes dimensiones emocionales propias de la infancia y el proceso de crecimiento de niños y niñas: curiosidad, alegría, asombro, pero también miedo, dolor, soledad… También experimenté con una mayor libertad de expresión gráfica, yendo más allá de las formas de mi estilo habitual”.
¿Qué técnicas utilizaste? “Utilicé grafito, pastel acuarela y acrílico blanco sobre papel Fabriano de 300 gramos, creando las ilustraciones estrictamente a mano y sin intervención digital”, afirma Anna Pedron.
Cuéntanos brevemente el proceso creativo de este libro. “Mis imágenes se inspiraron en los textos poéticos. Intenté encontrar una continuidad visual y una dimensión narrativa entre un poema y el siguiente. Utilicé el color simbólicamente, contrastando la oscuridad, la sombría del grafito, con la luminosidad, la alegría de los colores brillantes”.
¿Cuál de los poemas del libro te gusta más? “Mis poemas favoritos son «Árboles», «Oscuridad» y «Mar».
¿En qué estás trabajando ahora? ¿Tienes algún proyecto nuevo? “Además de los libros ilustrados, imparto talleres de arte con niños y adultos. «En el cajón», tengo un proyecto de libro que me apasiona especialmente y que espero desarrollar pronto. Esta vez, mis ilustraciones inspirarán el texto de un autor: un proceso inverso a los caminos de diseño que he seguido hasta ahora en mi experiencia”.
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Mariana Ruiz Johnson nos lleva a dar ‘Una vuelta al año’
‘Una vuelta al año’ nos propone acompañar a una simpática familia de ratones humanizados en su vida cotidiana siguiendo el ciclo de las estaciones. Se trata de un relato de estructura circular para prelectores y primeros lectores: sin citar los meses, nos sitúa a principios de enero, en pleno invierno, cuando predomina la estancia en el hogar y la posibilidad de disfrutar de la nieve; sigue en primavera con la floración y el aumento progresivo de las actividades de ocio al aire libre con otros habitantes del barrio; después llega el verano con el calor, los juegos en la playa y la piscina; y avanza al otoño con la caída de las hojas y la vuelta al espacio doméstico, para retornar al tiempo invernal, con los encuentros en torno a las celebraciones navideñas.

Así nos presenta la editorial Kalandraka este álbum ilustrado de Mariana Ruiz Johnson que reúne una selección de vivencias propias de cada etapa -desde lo anecdótico hasta acontecimientos destacados- que suceden en distintos momentos -mañana, tarde, noche- y en las que la infancia se reconoce.
Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “Hace varios años, por diversión, yo posteaba algunos dibujos rápidos en Instagram. En ese entonces -ahora tengo una relación más distante con las redes- me parecía una forma muy fácil de publicación y de interacción con mis lectores. Una de esas series se llamaba «Pequeños lujos» y recogía distintas escenas y rituales vinculadas a las estaciones, que iba dibujando a medida que las registraba en mi vida cotidiana. Por ejemplo, un pequeño lujo del verano es desayunar helado, o andar ligeros de ropa. En otoño, atravesar un remolino de hojas o reencontrarse con la lana de los abrigos. Ese registro me hizo tomar más conciencia de la naturaleza cíclica del año, de alguna manera me ayudó a estar más presente en las cosas que cada estación tiene para ofrecer. Cuando la editorial canadiense Greystone me contrató para hacer un libro, presenté un texto inspirado en esos Pequeños lujos y a las editoras les gustó”.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Espero que encuentren un libro divertido, con ilustraciones cotidianas y humorísticas, y un texto escrito en segunda persona que interpela directamente al lector, que va relatando todas las cosas que le sucederán en un año y con los cambios de las estaciones. Todo esto a través de las vivencias de una familia de Ratones, en una ciudad llena de personajes que son animales antropomorfos. Desde lo más pequeño, vinculado al clima y los cambios en el ambiente, hasta lo más trascendental, como el crecimiento de los niños, los aprendizajes, y los cambios en la familia. Creo que es un libro bastante complejo y profundo, pero con una apariencia divertida y liviana”, afirma Mariana Ruiz Johnson.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Trabajé mucho con Kallie George, mi editora de Greystone Books. Ella fue sugiriendo cosas en el texto, que trajeron profundidad a mis ideas. Primero trabajamos el manuscrito y luego pasamos a una instancia de diseño de personajes. Hice varias pruebas de personajes antropomorfos, siempre inspirada por el gran Richard Scarry pero intentando dar una vuelta de tuerca más contemporánea a los vestuarios y actitudes -aquí debo nombrar a Bojack Horseman, que también trabaja muy bien la humanización de animales-. Y por supuesto hubo una larga etapa de boceto, en la cual trabajé mucho el ritmo de la secuencia, la alternancia entre viñetas de cómic, páginas simple al corte o páginas dobles”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Hay escenas corales con muchísimos personajes, vistas alejadas y muchas cosas pasando al mismo tiempo -continúa Mariana Ruiz Johnson-. Por ejemplo, un concierto, un mercado al aire libre, una piscina. Puse mucho trabajo en la expresividad de los personajes, en reflejar la personalidad y el humor de las escenas. Casi como pensando en tiras cómicas. Hace rato que estoy profundizando en el dibujo, en la línea como principal expresión. Esto se diferencia de trabajos anteriores, como otros libros publicados por Kalandraka que son más pictóricos. Acá el dibujo es protagonista”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Trabajé con un entintado a mano utilizando marcadores y estilógrafos de diferentes puntas para lograr distintos efectos, con contornos más gruesos y achurados finos que sugieren cierto volumen. El color es digital y para ese proceso conté con el trabajo de mi marido, Pato Campini, que me está asistiendo en estos procesos ya que lleva mucho trabajo de digitalización”.

Hay una ilustración que nos gusta especialmente, que es la escena en la que toda la familia está sentada viendo la tele. Cuéntanos un poco más sobre esa ilustración. “Hace unos años mi papá enfermó de Alzheimer y eso me hizo pensar mucho en los cuidados de las personas mayores o enfermas y en cómo es una realidad de muchas familias -nos cuenta Mariana Ruiz Johnson-. Pensé que es algo poco representado en las familias de las ficciones para las infancias. Por eso hay un abuelo viviendo con la familia de los ratones y es parte de las escenas cotidianas de los niños. En la escena de la tele, el abuelo está dormido y todos comparten una manta. También me inspiré en una escena muy personal porque en casa, con mis hijos, hacemos los viernes noches de cine”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Si, siempre trabajo en varios proyectos a la vez. Entre ellos, un nuevo libro para Greystone que trata sobre un mercado y los procesos artesanales detrás de las cosas que se venden allí. El proceso está siendo similar al de este libro”.
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