Álbum Ilustrado
Elena Odriozola, ‘Lecciones de cosas’ y alguna cosa más
Un botón, un dado, el frisbee, el matamoscas, la hucha… son objetos cotidianos en los que pocas veces reparamos. Sin embargo, cuando los observamos con atención resultan verdaderamente fascinantes. ‘Lecciones de cosas’ es una invitación al juego, la especulación y la creación. Tomando como inspiración el género pedagógico de las «Lecciones de cosas», que gozó de gran popularidad a finales del s. XIX y principios del XX, en sus páginas se entrecruzan el libro informativo, el de actividades, la meditación filosófica y el humor tontorrón. Una lectura que no acaba en la última página, sino que, por el contrario, llevará a los chavales a escribir, dibujar, pensar, imaginar… Un libro de Elena Odriozola y Gustavo Puerta Leisse que edita Ediciones Modernas El Embudo. Con Elena hemos charlado un poco más sobre este proyecto, y de alguna cosilla más.

¿Dónde está el origen de este proyecto? “Me resulta difícil decirlo. La idea surgió de Gustavo Puerta, el editor de Ediciones Modernas El Embudo. Es un libro inspirado por aquellas Lecciones de cosas que fueron habituales por los años 30. Él había tenido algún ejemplar en casa y lo leyó desde pequeño. Tengo la sensación de que es un libro que siempre quiso hacer, le hacía especial ilusión. Y luego esa ilusión me la contagió a mí. La idea del libro es que veamos los objetos cotidianos como si nunca antes los hubiéramos visto”, nos cuenta Elena Odriozola.
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Encontrarán cosas maravillosas: desde cuáles son las partes de un frisbee (y te puedo asegurar que son muchas y sorprendentes) a cómo coser un botón a cuatro manos, o cómo hacerte un amuleto egipcio con una pastilla de jabón, cómo hacer un arreglo floral… y montones de cosas más. Hice más de 600 ilustraciones. También encontraréis 10 páginas de bibliografía comentada y un bonito colofón”.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Lo más importante fue dar con los dos personajes. Estaba claro desde el principio que al ser un libro tan ilustrado, con dibujos de todo tipo, esas figuras tenían que ser muy sencillas, de líneas muy limpias -continúa Elena Odriozola-. No tengo muchas pruebas de esos personajes, la verdad. Desde el principio los tuve bastante claros. No suelo usar cuadernos para hacer pruebas, aunque tengo unos cuantos, todos están en blanco. No es mi forma de trabajar. Directamente empiezo a dibujar en el papel de boceto, de poco gramaje. Luego lo paso a limpio utilizando una mesa de luz”.

“En cuanto a la investigación, esta se fue dando a medida que avanzábamos en el libro, e iba desde buscar los árboles con los que se pueden fabricar las cucharas de madera para hacer un bosque, a determinar cuál es la función de cada una de las herramientas de una navaja suiza, pasando por adentrarnos en la iconografía del juego de la oca”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Son ilustraciones que están hechas a rotulador, una técnica que apenas había utilizado y que no controlaba. O que no controlo. Simplemente porque no me llamaba mucho la atención, no tenía mucho interés para mí. Estaba claro desde el principio que sería un libro a dos tintas, y creo que era la mejor forma de hacerlo. Una de ellas tenía que ser bastante oscura, sobre todo al tener que utilizarla también para el texto, y decidir que sería el color marrón fue bastante fácil. Escoger la otra tinta costó algo más, pero estaba claro que tenía que ser un color cálido -confiesa Elena Odriozola-. Resulta curioso que me acabe de dar cuenta, mientras estoy escribiendo ahora, de que el lápiz también hubiera sido una buena opción. Pero ni me lo planteé”.

“He tenido que hacer cosas como una cesta, un cuadro de Caravaggio o del Bosco…entre otras muchas cosas, y sin un método concreto. Cada vez que empezaba a pasar a rotulador una de estas imágenes pensaba que no iba a ser capaz, pero me ponía a ello y disfrutaba mucho haciéndolo. Una de las cosas más difíciles del libro fue que requería distintos tipos y géneros de ilustración: científica, descriptiva, pictórica, humorística… y tenía que haber una coherencia entre todas ellas, de modo que nada pareciera estar fuera de lugar. Creo que para mí esto fue algo totalmente nuevo, porque nunca había hecho libros así”, asegura Elena Odriozola.

Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. “Fue un libro que nos llevó mucho tiempo hacer, creo que unos cuatro años. Yo de vez en cuando tenía que dejarlo para hacer otros trabajos. Y también hubo épocas en las que se me atascaba, me costaba muchísimo ponerme con él, para desesperación de Gustavo. No fue fácil, tuve bastantes resistencias. Pero en la etapa final, cuando todavía quedaba algo menos de la mitad para acabarlo, me metí de lleno sin darle demasiadas vueltas a la cabeza, pensando sólo que lo tenía que terminar… y la cosa cambió. A partir de ahí fue todo más rodado”.
Nos gustaría que nos contaras también algo sobre tu trabajo en ‘En el bosque’, del que la editorial ha publicado recientemente una nueva edición. “Desde la editorial Libros del Zorro Rojo me propusieron, allá por el año 2017, ilustrar un texto de Ana María Matute: el extracto del discurso leído el 18 de enero de 1998 con motivo de su ingreso en la Real Academia Española. Se titulaba ‘En el bosque’ y me pidieron que hiciera un álbum. Una vez leído, y aunque me gustó mucho, me di cuenta de que yo no era capaz de hacer un álbum con ese texto. Después de leerlo muchas veces, supe que lo que quería contar se resumía en la última frase del texto: Es la historia de todas las historias que siempre quise y quiero contar. A mi entender, la mejor forma de contar esa historia era a través de un miriorama”, afirma Elena Odriozola.

“¿Hay una fórmula mejor de contar tantas historias? Hice nueve tarjetas. Da igual en qué orden se pongan, todas juntas forman una sola ilustración. Depende de en qué orden se pongan, la historia que cuenta cambia. Las distintas combinaciones dan lugar a más de trescientas mil escenas. También hice un cuadernillo que va aparte, donde va el texto acompañado de unas pocas ilustraciones, a una sola tinta. Las tarjetas y el librito van metidos en una caja. Utilicé pinturas acrílicas para pintar la historia, sobre papel sumi-e (imprescindible para mí desde hace mucho tiempo). Lo apliqué con pincel y con el dedo (algo también habitual en mi trabajo, lo del dedo). El color dorado de fondo, el camino naranja y las copas de los árboles azules unifican todas las tarjetas. La parte trasera también está ilustrada, al modo de las cartas de una baraja. En cuanto al cuadernillo, tanto el texto como las ilustraciones las dibujé con un lápiz de color azul oscuro”.

“Este año, coincidiendo con el 100 aniversario del nacimiento de Ana María Matute, se ha publicado una nueva edición conmemorativa. Me pidieron que renovara la portada: utilicé un color más vivo para el fondo e hice una ilustración que es una continuación de la anterior: el árbol que era un retoño ahora ha crecido, con la presencia de los mismos personajes. Para mí era importante que las dos portadas tuvieran relación, no le hubiera visto ningún sentido a hacer algo completamente distinto -asegura Elena Odriozola-. También se ha mejorado la aplicación del dorado del fondo de las ilustraciones. Es muy de agradecer que, al proponer mi visión del proyecto, la editorial me dijera “adelante”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Estoy trabajando en un nuevo libro para la editorial, todavía estamos empezando y va para largo. Tanto, que le llamamos nuestro pequeño Escorial. Aunque quiero creer que pueda salir a finales del año que viene. Por ahora sólo puedo decir que es un proyecto que me propuso Gustavo y que me entusiasmó (como tantas otras veces cuando me propone ideas y que para mí es tan necesario). Te puedo adelantar que lo estoy pintando con lápices de colores, van a ser más de 365 ilustraciones y está inspirado en los frescos de un edificio del Renacimiento”.
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Susana Marinas gana el Premio Apila Primera Impresión
654 proyectos procedentes de 72 países han participado en esta edición del Premio Apila Primera Impresión, una convocatoria que vuelve a demostrar cómo la ilustración infantil es capaz de traspasar fronteras y conectar miradas de todo el mundo.
En un contexto global marcado por divisiones y conflictos, el arte y la cultura siguen siendo espacios de encuentro. La gran diversidad de procedencias de los proyectos presentados refleja el carácter internacional de un premio que, año tras año, atrae a ilustradores que sueñan con publicar su primer libro. El certamen está organizado por la editorial aragonesa Apila Ediciones, dirigida por Edu Flores y Raquel Garrido, en colaboración con la Escuela Superior de Diseño de Aragón (ESDA).
Una oportunidad para publicar el primer álbum ilustrado
El objetivo del premio es impulsar la carrera de ilustradores e ilustradoras que se encuentran en el inicio de su trayectoria profesional y que todavía no han publicado ningún libro. El proyecto ganador obtiene la publicación de su primer álbum ilustrado con Apila Ediciones, que posteriormente se distribuye en España, Estados Unidos y Latinoamérica, y puede ser traducido a otros idiomas.

“Cada año nos sorprende la calidad y la diversidad de los proyectos que recibimos. Este premio se ha convertido en una auténtica puerta de entrada al mundo editorial para ilustradores de todo el mundo”, señalan desde Apila Ediciones. A lo largo de sus ediciones, el Premio Apila Primera Impresión ha ido consolidando su prestigio internacional, convirtiéndose en un referente para jóvenes artistas que buscan comenzar una andadura profesional.
El Premio Apila Primera Impresión está abierto a creadores de cualquier nacionalidad, aunque su publicación forma parte de un proyecto editorial de origen aragonés. Gracias a esta iniciativa, tanto los autores como los libros galardonados contribuyen a llevar el nombre de Zaragoza a numerosos lugares del mundo, vinculado a la ilustración y la literatura infantil.
Una exposición con los finalistas en Zaragoza
De entre los 654 proyectos presentados, dieciséis han sido seleccionados como finalistas y forman parte de una exposición que acaba de inaugurarse en la Escuela Superior de Diseño de Aragón.
La muestra permite descubrir tendencias, estilos y narrativas visuales procedentes de distintos países, ofreciendo una panorámica del panorama actual de la ilustración infantil internacional. La exposición podrá visitarse en Zaragoza antes de iniciar una itinerancia por diferentes escuelas de arte y diseño de España.
El libro-álbum ganador se ha anunciado en las jornadas Encuentrazos
El proyecto ganador de esta edición se ha dado a conocer en el marco de las jornadas Encuentrazos, que se celebran cada año en la ESDA. Este encuentro reúne a ilustradores y diseñadores gráficos con estudiantes de escuelas de arte y de diseño de distintas ciudades españolas, convirtiéndose en un espacio de intercambio, aprendizaje e inspiración para el talento emergente del sector.

El álbum ganador se titula “Historia de un helado” de la ilustradora española Susana Marinas. El jurado ha querido destacar la frescura y viveza de sus ilustraciones y la sencillez de la historia, una anécdota cotidiana cercana a la vida de los más pequeños detrás de la que se pueden encontrar otros temas, la complejidad escondida tras la aparente simplicidad.
Un cuento con el que los niños y niñas podrán disfrutar y divertirse, pero también sorprenderse, indignarse, emocionarse…
Sobre la ilustradora ganadora
Susana Marinas se licenció en Derecho, pero desde niña le apasionaba dibujar. Paso de ser autodidacta y del aprendizaje a través de los libros de otros ilustradores a formarse haciendo cursos y másteres para llevar a cabo su sueño de dedicarse a la ilustración de manera profesional.

Como ella misma dice, “Cada día me esfuerzo por no perder la capacidad de asombro ante un sonido, un olor o una imagen; cualquier detalle que enriquezca mi vida, aunque sea por un instante, para después transformarlo en una historia. Para mí, la ilustración es eso: escribir con imágenes y hacer volar la imaginación de quien las mira, invitándole a crear las suyas propias.”
“Historia de un helado” comenzará un proceso de edición y se transformará este otoño en un álbum ilustrado publicado por Apila Ediciones que llegará desde Zaragoza a las librerías de toda España y también fuera de nuestro territorio. La obra supondrá, además, el salto al ámbito profesional para su autora, su sueño cumplido.
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Anna Pedron ilustra el poemario ‘Y cien tesoros más’
‘Y cien tesoros más’ contiene quince composiciones repletas de emoción, elegancia y sensibilidad. A través de metáforas de gran belleza y calado lírico, Franca Perini formula preguntas retóricas sobre el mundo de las niñas y los niños -la realidad, los sueños, la dimensión del tiempo…-lanzando certezas rotundas en su profundidad y sencillez. Estos poemas ensalzan el afán de los más pequeños por ahondar en la esencia del entorno, su audacia para la exploración, esa inagotable curiosidad de la que nacen la capacidad para el asombro y el desarrollo de una sorprendente lógica infantil.
La autora insta a los adultos a respetar y a tratar con rigor los interrogantes de los niños y las niñas, dándoles rienda suelta para que expresen sus ideas, en una clara defensa de la libertad creativa. Y pese a que tratan de huir de una infancia que viven intensamente, es en la inocencia y la autenticidad de estos primeros años donde atesoran su máximo poder. La editorial Kalandraka edita este poemario ilustrado por Anna Pedron, con la que hemos charlado un poquito más sobre su trabajo en este proyecto.


Primero, cuéntanos cómo nació este proyecto. “El proyecto nació de una solicitud de la Editorial Kalandraka para crear un libro de poemas ilustrados, escrito por Franca Perini, con quien colaboré en el libro de 2019 «L’infilitrice di lacrime» (La enhebradora de lágrimas), de la misma editorial”.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “En sus páginas, los lectores descubrirán pequeños mundos poéticos que muestran preguntas, experiencias y emociones típicas del crecimiento de todos los niños: miedos y logros, dificultades y alegrías, descubrimientos y esperanzas, oscuridad y luz. Las ilustraciones se formaron buscando e identificando el hilo conductor que une un poema con el siguiente”, nos cuenta Anna Pedron.
¿Qué te parecieron los poemas de Franca la primera vez que los leíste? “Siento un gran respeto y admiración por la escritura de Franca. Percibo una gran profundidad emocional en sus palabras, lo cual es conmovedor. Palabras y contenidos nunca predecibles ni banales, que abren nuevas visiones.
«Y Cien Otros Tesoros» no ofrece poemas fáciles de ilustrar, pero a través de la comparación de nuestras sensibilidades y los diálogos resultantes, pude captar su significado más oculto para expresarlo a través de mis sentimientos y mi técnica”.



¿Cómo fue el proceso que condujo a la creación del libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, experimentación, quizás incluso bocetos en un cuaderno… “Como en todos mis proyectos, las fases de estudio, investigación y análisis requieren un tiempo largo y reflexivo -continúa Anna Pedron-. Primero, siento la necesidad de ahondar paso a paso en las profundidades del texto hasta sentir que también es mío. Inicialmente, para este proyecto, había pensado en insertar hojas de papel vegetal dentro del libro para dar transparencia y movimiento a las imágenes: de esta manera, las ilustraciones individuales podrían transformarse en algo «diferente» al pasar las páginas. Tras una cuidadosa discusión con la editorial, esta opción no fue viable debido a limitaciones técnicas.
Sin embargo, al desarrollar el storyboard, mantuve la estructura original del proyecto: mediante el uso de herramientas técnicas (grafito, pasteles acuarela, acrílico, pincel), confié únicamente a las ilustraciones el dinamismo pictórico que consideré necesario”.
¿Qué dirías que hace únicas a las ilustraciones de poesía? “Las ilustraciones no se utilizan para explicar el significado del poema. El texto poético se presenta al lector de forma abierta, jugando con el sonido, el ritmo y las sugerencias emocionales. El ilustrador se mueve en un espacio particularmente libre para imaginar y experimentar”, asegura Anna Pedron.



¿Qué caracteriza tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Quizás el aspecto más significativo de este proyecto sea el uso del grafito para crear amplios campos que sirven de fondo para los temas representados. En el contraste entre blanco/negro/color, quise expresar simbólicamente las diferentes dimensiones emocionales propias de la infancia y el proceso de crecimiento de niños y niñas: curiosidad, alegría, asombro, pero también miedo, dolor, soledad… También experimenté con una mayor libertad de expresión gráfica, yendo más allá de las formas de mi estilo habitual”.
¿Qué técnicas utilizaste? “Utilicé grafito, pastel acuarela y acrílico blanco sobre papel Fabriano de 300 gramos, creando las ilustraciones estrictamente a mano y sin intervención digital”, afirma Anna Pedron.
Cuéntanos brevemente el proceso creativo de este libro. “Mis imágenes se inspiraron en los textos poéticos. Intenté encontrar una continuidad visual y una dimensión narrativa entre un poema y el siguiente. Utilicé el color simbólicamente, contrastando la oscuridad, la sombría del grafito, con la luminosidad, la alegría de los colores brillantes”.
¿Cuál de los poemas del libro te gusta más? “Mis poemas favoritos son «Árboles», «Oscuridad» y «Mar».
¿En qué estás trabajando ahora? ¿Tienes algún proyecto nuevo? “Además de los libros ilustrados, imparto talleres de arte con niños y adultos. «En el cajón», tengo un proyecto de libro que me apasiona especialmente y que espero desarrollar pronto. Esta vez, mis ilustraciones inspirarán el texto de un autor: un proceso inverso a los caminos de diseño que he seguido hasta ahora en mi experiencia”.
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Mariana Ruiz Johnson nos lleva a dar ‘Una vuelta al año’
‘Una vuelta al año’ nos propone acompañar a una simpática familia de ratones humanizados en su vida cotidiana siguiendo el ciclo de las estaciones. Se trata de un relato de estructura circular para prelectores y primeros lectores: sin citar los meses, nos sitúa a principios de enero, en pleno invierno, cuando predomina la estancia en el hogar y la posibilidad de disfrutar de la nieve; sigue en primavera con la floración y el aumento progresivo de las actividades de ocio al aire libre con otros habitantes del barrio; después llega el verano con el calor, los juegos en la playa y la piscina; y avanza al otoño con la caída de las hojas y la vuelta al espacio doméstico, para retornar al tiempo invernal, con los encuentros en torno a las celebraciones navideñas.

Así nos presenta la editorial Kalandraka este álbum ilustrado de Mariana Ruiz Johnson que reúne una selección de vivencias propias de cada etapa -desde lo anecdótico hasta acontecimientos destacados- que suceden en distintos momentos -mañana, tarde, noche- y en las que la infancia se reconoce.
Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “Hace varios años, por diversión, yo posteaba algunos dibujos rápidos en Instagram. En ese entonces -ahora tengo una relación más distante con las redes- me parecía una forma muy fácil de publicación y de interacción con mis lectores. Una de esas series se llamaba «Pequeños lujos» y recogía distintas escenas y rituales vinculadas a las estaciones, que iba dibujando a medida que las registraba en mi vida cotidiana. Por ejemplo, un pequeño lujo del verano es desayunar helado, o andar ligeros de ropa. En otoño, atravesar un remolino de hojas o reencontrarse con la lana de los abrigos. Ese registro me hizo tomar más conciencia de la naturaleza cíclica del año, de alguna manera me ayudó a estar más presente en las cosas que cada estación tiene para ofrecer. Cuando la editorial canadiense Greystone me contrató para hacer un libro, presenté un texto inspirado en esos Pequeños lujos y a las editoras les gustó”.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Espero que encuentren un libro divertido, con ilustraciones cotidianas y humorísticas, y un texto escrito en segunda persona que interpela directamente al lector, que va relatando todas las cosas que le sucederán en un año y con los cambios de las estaciones. Todo esto a través de las vivencias de una familia de Ratones, en una ciudad llena de personajes que son animales antropomorfos. Desde lo más pequeño, vinculado al clima y los cambios en el ambiente, hasta lo más trascendental, como el crecimiento de los niños, los aprendizajes, y los cambios en la familia. Creo que es un libro bastante complejo y profundo, pero con una apariencia divertida y liviana”, afirma Mariana Ruiz Johnson.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Trabajé mucho con Kallie George, mi editora de Greystone Books. Ella fue sugiriendo cosas en el texto, que trajeron profundidad a mis ideas. Primero trabajamos el manuscrito y luego pasamos a una instancia de diseño de personajes. Hice varias pruebas de personajes antropomorfos, siempre inspirada por el gran Richard Scarry pero intentando dar una vuelta de tuerca más contemporánea a los vestuarios y actitudes -aquí debo nombrar a Bojack Horseman, que también trabaja muy bien la humanización de animales-. Y por supuesto hubo una larga etapa de boceto, en la cual trabajé mucho el ritmo de la secuencia, la alternancia entre viñetas de cómic, páginas simple al corte o páginas dobles”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Hay escenas corales con muchísimos personajes, vistas alejadas y muchas cosas pasando al mismo tiempo -continúa Mariana Ruiz Johnson-. Por ejemplo, un concierto, un mercado al aire libre, una piscina. Puse mucho trabajo en la expresividad de los personajes, en reflejar la personalidad y el humor de las escenas. Casi como pensando en tiras cómicas. Hace rato que estoy profundizando en el dibujo, en la línea como principal expresión. Esto se diferencia de trabajos anteriores, como otros libros publicados por Kalandraka que son más pictóricos. Acá el dibujo es protagonista”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Trabajé con un entintado a mano utilizando marcadores y estilógrafos de diferentes puntas para lograr distintos efectos, con contornos más gruesos y achurados finos que sugieren cierto volumen. El color es digital y para ese proceso conté con el trabajo de mi marido, Pato Campini, que me está asistiendo en estos procesos ya que lleva mucho trabajo de digitalización”.

Hay una ilustración que nos gusta especialmente, que es la escena en la que toda la familia está sentada viendo la tele. Cuéntanos un poco más sobre esa ilustración. “Hace unos años mi papá enfermó de Alzheimer y eso me hizo pensar mucho en los cuidados de las personas mayores o enfermas y en cómo es una realidad de muchas familias -nos cuenta Mariana Ruiz Johnson-. Pensé que es algo poco representado en las familias de las ficciones para las infancias. Por eso hay un abuelo viviendo con la familia de los ratones y es parte de las escenas cotidianas de los niños. En la escena de la tele, el abuelo está dormido y todos comparten una manta. También me inspiré en una escena muy personal porque en casa, con mis hijos, hacemos los viernes noches de cine”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Si, siempre trabajo en varios proyectos a la vez. Entre ellos, un nuevo libro para Greystone que trata sobre un mercado y los procesos artesanales detrás de las cosas que se venden allí. El proceso está siendo similar al de este libro”.
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