Entrevistas
Segunda jornada del Encuentro Internacional de Ilustración Vilustrado 2019 en Valladolid.
Segunda jornada de Vilustrado 2019. Arrancó con la charla de Francesca Sanna, que nos habló de inmigración, viaje y miedos, y cómo se reflejan en sus álbumes ilustrados. Siguió con Milimbo y Tres Tigres Tristes como ‘editores valientes’ y terminó la mañana con la trayectoria de Júlia Sardà a través de sus ‘crisis’.
Francesca Sanna
Francesca nos habla de su álbum ilustrado ‘El viaje’, que aborda el tema de la inmigración. «Empecé a preguntarme cómo podía enfocarlo, centrarme en un aspecto concreto. Concentré mis energías en el viaje, en la experiencia de la inmigración, en particular el viaje de un refugiado».

«En historias como la de El mago de Oz, o Alicia en el país de las maravillas, el viaje es un proceso de transformación, es un viaje entendido como metáfora. El personaje crece a lo largo del viaje. El punto de vista del personaje es un punto de vista activo, un personaje que va superando obstáculos hasta llegar a un final».
«Hay una conexión que me interesa en particular en este tema. Los inmigrantes italianos que se desplazaban a América. Los italianos se encontraban en el otro lado de la historia. Por tanto, después de toda la búsqueda de historias para encontrar mi historia, empecé a buscar los personajes. De los personajes que realizan el viaje, el principal es una madre. No tengo hijos, no soy madre, por eso este personaje de alguna manera es mi mamá. Y de hecho la librería que ella tiene en casa es la que aparece en el libro».

«Dentro de los personajes, hay dos niños en la historia, un niño y una niña. La historia se cuenta en primera persona, el yo, en realidad no sabemos quién está hablando, si el niño o la niña, pero el punto de vista es el de uno de los niños. Se cuenta la historia a través de sus ojos. Mi punto de referencia, mi inspiración, una película, ‘La vida es bella’.
«El niño o la niña habla y en determinados momentos se siente muy pequeño respecto a otros personajes. Me preguntaba si alguien vería algún día estas ilustraciones y vería la relación que existe entre estos tamaños. En todo el libro está presente este juego, jugar con el significado de la inmigración. Una vez más el viaje entendido como metáfora. A veces el texto y las imágenes rompen esta relación, no siempre la imagen traduce lo que se lee en el texto».

«Otro aspecto con el que he jugado bastante en este libro es el formato y la orientación de las ilustraciones. Es un formato horizontal, nos solemos mover de ese modo, aún no viajamos a la luna, así que no viajamos de forma vertical», cuenta Francesca. «Nuestro modo de leer las historias es de izquierda a derecha». Un problema cuando se publicó en árabe o en japonés… le dieron la vuelta a las imágenes… «Hay partes en las cuales el viaje se realiza hacia delante, pero también hacia atrás, reflejando ese sentido del viaje».
«La ansiedad, el miedo, siempre me ha gustado trabajar alrededor de esto. Y me preguntaba si podría hablar de estos temas, y estos dos aspectos se encontraron. Es difícil entender cómo se siente una persona que viene de fuera, pero todos hemos pasado por situaciones parecidas, en menor medida, claro, cuando hemos estado en una situación nueva», afirma Francesca en Vilustrado.
‘Io e la mia paura’ (‘Mi miedo y yo’) es el libro que surgió tras estos pensamientos. «No me gusta pensar que es una continuación de ‘El viaje’, porque a nadie la gustan las continuaciones. Pero sí me gusta el término compañeros, como si los dos libros fueran amigos. Aún teniendo formatos diferentes, el personaje es el mismo, la niña de ‘El viaje’.

Nos habla de sus investigaciones, con dibujos de niños, en este caso, por ejemplo, sobre a qué tienen miedo o qué les da miedo. Una de las respuestas más comunes era: el primer día de colegio. «Les enseñé a los niños mi storyboard, la historia que estaba construyendo, y hablamos de algunos aspectos de la misma. Uno de los puntos clave de estos debates fue lo difícil que es salir e ir a explorar el barrio en el que se vive, salir de casa…». Otra cosa, «además del miedo normal a la oscuridad, a la noche, el estar en un dormitorio nuevo, una habitación nueva, donde no tenemos nuestras cosas. Es una capa de miedo más que se añade», nos relata.
El miedo como personaje de Francesca se hace más pequeño, y otras veces más grande, en su historia. Un miedo de rostro amable, blanco, que abraza a su personaje, unas veces más fuerte que otras.
Editores valientes

Detrás de Tres Tigres Tristes están Guillermo y Bárbara. Son pareja y decidieron emprender con lo que les apasionaba, que era la ilustración. Empezaron con sus ‘Cuentos por correo’, con Raquel Díaz Reguera. Acordeones ilustrados… formatos diferentes. «Llegamos al álbum ilustrado de forma muy natural, pasando por juegos ilustrados, un libro de actividades con Guridi…».

«Nacimos fruto de las ganas de editar otras cosas, que se acrecentó con la participación en el Festival ‘Como Pedro por su casa’ en Barcelona», nos cuenta Juanjo de Milimbo. «Estamos encima del proceso, desde la creación, hasta la impresión, la difusión, el acompañamiento en ferias… Hago libros porque lo necesito».
«El álbum es un objeto vivo, si hay personas que se van a estar relacionando, que van a intervenir en ese proyecto, debe haber una cierta química», afirma Bárbara en su intervención en Vilustrado. «Así sale mejor». «Nos llegan portfolios, los estudiamos, y hablamos con el ilustrador o la ilustradora, y los mejores libros que hemos hecho han salido así, dialogando», asegura Guillermo. «Si algo define nuestro catálogo es ese desarrollo conjunto con el ilustrador. A nosotros nos gusta trabajar así».
«Hay un vínculo. Cuando te llega un proyecto que te es afín, es un regalo del cielo», relata Juanjo. «Trabajamos muy juntos. Y nosotros también somos dos, somos pareja, y es muy vocacional. A veces incluso el autor ha venido a casa a pasar una temporada. Al final estamos remando juntos en ese proyecto. El libro ha sido el hilo conductor, y nos ha indicado que se pueden hacer otras cosas. Lo nuestro es casi un laboratorio. Un amigo nuestro me dice: «Todo lo que haces tiene tu ADN, porque lo tocas todo».

«Hay un cambio brutal, y hay librerías en las que el librero propone cosas que el lector no conoce. Un trabajo para que esas nuevas cosas lleguen a las librerías», comenta Juanjo. «Se están moviendo cosas», afirma Guillermo. «Poco a poco se está consiguiendo esa difusión». Para Juanjo «no hay nada como lo presencial. Hace mucho. Y el feedback que tienes, de escuchar a la gente, de ver cómo lo manipulan… Y os propongo ferias con otras perspectivas, con gente que tiene ganas de ver, no de vender. Y prefiero las pequeñas». «Bolonia es una Feria a la que hay que saber a qué se va», asegura Bárbara. «Nuestra primera visita fue decepcionante. Este año ya fuimos mejor, y de hecho tuvimos muchos encuentros y salió algún proyecto de allí».

«Entendemos el libro como algo abierto. Igual que empezamos a hacer libros y objetos, las instalaciones y otras creaciones han llegado de ahí. Salirse del libro es una vía muy potente de trabajo. Y hay muchísimas posibilidades», asegura Juanjo G. Oller en Vilustrado. «Nos interesa crear una herramienta que en manos de un lector, de un usuario, se puede transformar. Intentamos provocar al usuario para que haga sus propias cosas».
Júlia Sardà
La ilustradora Júlia Sardà cerraba la mañana de charlas en Vilustrado 2019. Con la frase «Everyday is Like Sunday» encabezando su charla, nos contaba que su interés era trabajar en algo que fuera vocacional. «Pero la libertad, tiene muchos aspectos. La libertad está muy bien si haces algo que te gusta, pero no está nada bien si no te gusta».

«Yo siento que me expongo. Cuando dibujo y hago una ilustración considero que estoy haciendo algo íntimo. Lo vivo así, muy cercano», nos advierte Júlia antes de entrar de lleno en su charla. «Se necesita pasión para que esto funcione, es como mi gasolina».
Las crisis de Júlia son el hilo argumental de su intervención. Su primera crisis, en Bellas Artes, «porque yo llegaba con la idea de que quería dibujar, y me enseñaban otras cosas». La segunda crisis, la publicidad y los yogures. Entró en la Escuela Joso, «donde dibujaba mucho y aprendía un montón. Fueron cuatro años. Mis inspiraciones eran muy asiáticas. Era bonito porque trabajabas para descubrir qué querías decir». Terminaba el cole, y llegaba el abismo, el mundo laboral.
Empezó haciendo storyboards para anuncios de publicidad de los yogures Activia. «Pero no era feliz. Y en vacaciones hice mi proyecto fin de curso con el objetivo de salir de ese trabajo. Lo envié a todas las editoriales de España. Llegó un mail de una persona que trabajaba para la línea de merchandising editorial de Disney/Pixar. Lo dejé todo y llegué allí. Llegó la siguiente crisis, ‘The Disney Magic’. Hacíamos los libros que salían de forma paralela a las películas, pero mi ritmo no era el idóneo. Estábamos haciendo por entonces ‘Cars 2’. Empecé a encontrar el ritmo. Y yo hacía el color. El primero que hice fue un capítulo inédito de ‘Up’. No era vida, pero tenía la sensación de que conseguía lo que quería. Me fueron dando trabajos más complicados. Pero a nivel artístico era un aburrimiento. Ya no recordaba ni cómo dibujaba yo, todo era poner color, iluminar,… el trabajo que hacían otros», confiesa Júlia en Vilustrado.

«Y lo dejé todo y llegó la siguiente crisis. Empecé desde 0. Y un proyecto pequeñito que llegó me ilusionó un montón. Y después me llegó ‘El mago de Oz’ para el Círculo de Lectores. Y después llegó ‘Mary Poppins’. Me sentía muy feliz. Fue una época muy prolífica y era lo que me apetecía hacer».
«Me gustan los estampados, generar puntos de interés con la luz,… Me di cuenta de que mi criterio era importante. Si no se le pone amor no vale la pena nada de esto». Y termina su charla en Vilustrado con su último libro: ‘DUCKWORTH. The difficult child’.
Tenéis toda la información de Vilustrado en su web.
Álbum Ilustrado
Marina Montero nos acerca a la ‘Mecánica ilustrada’
¿Por qué una pelota vuelve al suelo cuando la lanzas? ¿Cómo consigue una noria mantenerse en movimiento? ¿Qué tienen en común una tortilla, un satélite, una bicicleta y una montaña rusa? La mecánica clásica es la rama de la física que estudia el movimiento de los cuerpos y las fuerzas que actúan sobre ellos. Aunque pueda parecer una disciplina compleja, sus principios están presentes en casi todo lo que hacemos cada día. Con un lenguaje accesible, mucho humor y unas ilustraciones llenas de personalidad, Marina Montero convierte conceptos como la gravedad, la inercia, la energía o las leyes de Newton en experiencias visuales fáciles de comprender y difíciles de olvidar. Premio Andersen de iIlustración 2026, ‘Mecánica ilustrada’ es un álbum que edita Zahorí Books y que estará en librerías los primeros días de septiembre. Con su autora hemos charlado un poquito más sobre este maravilloso libro.

¿Dónde está el origen de este proyecto? “El origen de este libro está en el proyecto final de un curso de ilustración que realicé en la Escuela Minúscula. Aunque, pensándolo bien, creo que la semilla se plantó mucho antes, cuando dibujaba e ilustraba mis propios apuntes durante primaria y secundaria para motivarme con el estudio. El dibujo siempre fue clave en mis procesos de aprendizaje, sobre todo en las materias científicas, a pesar de que al terminar el bachillerato me decantase por las Bellas Artes”.
“Cuando me enfrenté al proyecto final del curso, volví a los manuales escolares de física que tan tediosos me parecían en su momento y, de repente, descubrí un universo fascinante -continúa Marina Montero-. No me preocupaba tanto comprender el contenido denso, sino que me cautivaron los diagramas y ese lenguaje visual científico tan cuadriculado, encontré una belleza inesperada en él. Tuve claro que quería apropiarme de esa estética, llevármela a mi terreno y explorar algo nuevo. El detonante fueron unas ilustraciones de máquinas simples del siglo XVIII que me parecieron hermosas. A partir de ahí nació la idea de crear una especie de glosario ilustrado de principios físicos. Tras presentarlo, hice una breve tirada en fanzine con Another Press y funcionó muy bien. Después lo presenté al Serpa Award y, gracias a la mención especial, contactaron conmigo unos editores italianos (Quinto Quarto) que vieron el potencial del proyecto para convertirse en un libro de física para niños”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Encontrarán una introducción algo particular a la mecánica clásica, que viene siendo la física de las cosas que podemos ver y tocar: aquella que no es ni macro ni microscópica y que no viaja a la velocidad de la luz. Se trata de un recorrido por algunos de los principios fundamentales de la mecánica clásica: levantarse de la cama, entrar en el metro, recalentarse unos espaguetis, dar la vuelta a la tortilla… Quiero decir: las máquinas simples, las leyes de newton, la ley de gravitación universal, los tipos de movimientos, las fuerzas… y que son explicados a través de situaciones cotidianas aparentemente absurdas o banales. Además, la editorial me pidió añadir breve repaso histórico para conocer a los pensadores que formularon estas ideas”, asegura Marina Montero.
¿Qué ha supuesto el reconocimiento en Bolonia? ¿Y el premio Andersen? “Honestamente, ni siquiera imaginaba que esta idea pudiera llegar a publicarse en formato libro, así que todo lo que ha venido después me ha sorprendido enormemente. Estoy muy feliz por estos reconocimientos y porque se haya valorado el trabajo. Sobre todo, me alegra ver que se apuesta por propuestas inusuales y por la visión subjetiva del creador. Siento que en este proyecto he podido ser muy fiel a mí misma”.


¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Realmente fue la fase más lúdica del proceso -confiesa Marina Montero-. Elaboré un listado con los principios y fenómenos físicos que deseaba incluir. Los buscaba en manuales para analizar cómo se representaban visualmente y leer su definición teórica. A partir de ahí, el reto consistía en buscar analogías o momentos cotidianos que encajaran con ese principio físico para integrarlos en la composición”.
“Una vez resuelto esto, tocaba plasmar en la ilustración los diferentes vectores y magnitudes. Finalmente, tomaba la definición científica original y la modificaba para que dialogara con la escena cotidiana. Fue como realizar un ejercicio de estilo como hizo Raymond Queneau en 1947 con su obra Ejercicios de estilo, que era un referente que tenía muy presente en la cabeza en ese momento y que descubrí gracias a una clase con la ilustradora Ana Bustelo. Como es natural, también descarté muchas ideas por el camino. Algunos ejemplos cotidianos no lograban sintetizar bien el principio físico o resultaban menos sugerentes”.


¿Cuál ha sido tu mayor descubrimiento tras todo ese proceso? “He aprendido muchísimo en el camino y me cuesta elegir un solo descubrimiento. Sin embargo, algo bellísimo ha sido comprobar que es posible trabajar con editores que confían plenamente en tu criterio y en tu visión artística. Antes de este proyecto, no me proyectaba como «autora» de libros ni pensaba que tuviera grandes historias que contar, me veía más como una ilustradora de encargo. Este proceso me ha demostrado que sí tengo una voz propia y que, curiosamente, lo que me interesa narrar a menudo está estrechamente ligado a la ciencia”, afirma Marina Montero.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Creo que lo que caracteriza a estas piezas es el nivel de síntesis que he alcanzado, el cual dialoga muy bien con el código gráfico y técnico de la ciencia. Es un registro que no había explorado en proyectos anteriores y me sorprende lo bien que funciona en este contexto. También resultó novedoso para mí plantear una estructura en el diseño de la doble página: en el lado izquierdo presento los «ingredientes» (la definición, la fórmula, los personajes, las “variables” en juego), mientras que la página derecha funciona como la «resolución» visual del problema”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Combiné técnicas digitales y analógicas. Siempre me gusta que mis ilustraciones contengan un componente táctil. En este caso, incorporé texturas de grafito, pinceles y tinta realizadas sobre papel -nos cuenta Marina Montero-. Después las integré digitalmente para aportar un acabado más orgánico. El digital me permite trabajar con la agilidad y rapidez necesarias para abordar un proyecto de este tipo. Para proyectos de otra naturaleza, sigo prefiriendo la pausa y la plasticidad del papel”.
Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. “Dediqué mucho tiempo a la investigación, especialmente cuando llegó el momento de ampliar la parte científica. Tuve que repasar conceptos y detenerme a comprender a fondo nociones que ya había olvidado. Precisamente eso es algo que valoro enormemente de esta experiencia, el haber recuperado el interés por materias que en su día me parecieron más ajenas. Poder mirarlas hoy con otra perspectiva y transformarlas en una propuesta creativa ha sido muy motivador y enriquecedor, sobre todo pensando en que pueda inspirar a otras personas a mirar la física con otros ojos”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Actualmente estoy ilustrando un nuevo álbum con Quinto Quarto, la editorial que publicó el título original en italiano. En esta ocasión trabajo sobre un texto e idea de otra autora: un libro que explora los diferentes tipos de corazas y armaduras, desde las que existen en el mundo natural hasta las creadas por el ser humano. En paralelo, estoy desarrollando otro proyecto con la editorial que lo publica en España, Zahorí Books, en coedición con el CSIC, para la colección Mentes Curiosas”.
Álbum Ilustrado
Ester García y ‘El día en que Úrsula Mon se convirtió en oso’
‘El día en que Úrsula Mon se convirtió en oso’ es una novela emotiva y magnética que transcurre en las montañas del norte peninsular, con una protagonista valiente y frágil, fuerte y vulnerable. Úrsula es una niña diferente que ha forjado una fortaleza especial para sobrellevar la ausencia de su madre, la convivencia con su abuela y superar las dificultades de comunicación por su tartamudez. Su infancia está marcada por las adversidades, los complejos y el rechazo en la escuela, que la llevan a refugiarse y evadirse en el bosque como una criatura más en la libertad de la naturaleza, desarrollando una habilidad única para entenderse con la fauna. Algo maravilloso le cambia la vida: el encuentro con un oso despierta en ella una conexión emocional tan intensa que buscar el reencuentro con ese imponente animal se vuelve una obsesión, desafiando incluso las advertencias del guarda forestal que, junto con la nueva maestra que llega a la aldea, son de las pocas personas que la comprenden.
Con una narrativa envolvente que atrapa y conmueve, Mónica Rodríguez se adentra en su Asturias natal para crear este relato, un viaje personal que comienza cuando las pupilas de su protagonista se funden con la mirada penetrante de un oso pardo. Ester García acompaña el texto con unas espectaculares imágenes realistas, de gran detallismo, que destacan por su calado poético, la expresividad y la ternura de los personajes que representa. Con ella hemos hablado un poco más sobre su trabajo en este libro que edita Kalandraka.

Lo primero, cuéntanos dónde está el origen de este proyecto. “El punto de partida fue una llamada de Manuela, que me invitó a leer esta historia de Mónica porque desde la editorial Kalandraka pensaban que podría ser yo quien la ilustrara. Me contó que era una novela ambientada en Asturias, con un oso y una niña como protagonistas, y que a ellos les había fascinado. Creo que no necesité saber mucho más para lanzarme a la aventura”.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Mónica va a llevarles de la mano a través de una historia en la que la naturaleza está muy presente. Úrsula, la protagonista, vive en un entorno rural y se siente diferente a todos los que la rodean. Encuentra cobijo y consuelo en el bosque y los animales que lo habitan. A través de su mirada nos adentramos en una reflexión honda sobre la soledad, el abandono y el instinto de supervivencia. El encuentro de Úrsula con un oso marcará el inicio de una transformación que cambiará para siempre su manera de habitar el mundo”, nos cuenta Ester García.

¿Qué te pareció la historia de Mónica la primera vez que la leíste? ¿Qué es lo que más te gusta del relato? “Me resultó una novela muy hermosa, y también dura. Tiene un punto salvaje, y a la vez está narrada con mucha sensibilidad. Disfruto de la poética presente en las historias que Mónica crea, y de la naturalidad con la que hace avanzar el relato. Todo es muy verdadero, como si ella nos escribiese desde allí, en el monte, acompañando a los personajes, sintiendo con ellos, sabiendo de sus pensamientos, emociones y anhelos. Es un libro muy sensorial, de olores, tonos, sonidos y sensaciones. También silencios. Todo ello hace que haberlo ilustrado haya sido verdaderamente inspirador”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Siempre imprimo el manuscrito -no me gusta trabajar leyendo en el ordenador- y en los márgenes van apareciendo ideas, esbozos, palabras sueltas… Voy subrayando y tomando notas de los pasajes que me resultan más relevantes. Después, esas primeras ideas crecen en hojas aparte: las dibujo, las comparo, las dejo reposar, las descarto o vuelvo a ellas hasta que encuentran su forma -continúa Ester García-. También dedico mucho tiempo a la documentación. Reúno fotografías de animales, insectos, árboles o plantas y las organizo en carpetas que me acompañan durante el proceso. Me gusta que cada elemento pertenezca de verdad al lugar y al tiempo de la historia. En este caso, como la narración transcurre en paisaje de monte Asturiano, ha sido una oportunidad para perderme en el bosque y retratar algunas referencias de primera mano”.


Cuéntanos algo sobre las ilustraciones. Sigues más o menos con la línea de los últimos trabajos, ¿no? “Siempre que inicio un proyecto, lo que más tarda en aparecer es la primera imagen que dará el tono general al libro. Normalmente hago distintas pruebas, hasta que ya tengo una ilustración que abre el camino. En este libro, ese punto de partida fueron dos retratos, el del oso y el de Úrsula, ambos de frente. Desde el principio supe que esas dos miradas debían ocupar el centro de la historia. Fueron el tronco del que nació el resto. Y todo lo demás fue ir construyendo alrededor de ellas, ramas y hojas, hasta terminar el árbol de las ilustraciones, del libro”, nos cuenta Ester García.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Tinta Quink y grafito. Una vez escaneadas, apliqué un leve color digital”.



Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. Por lo que hemos visto en alguna imagen, al menos algún tema de ‘El último de la fila’ ha estado ahí en la banda sonora del proceso… “Sí, jeje… En esta ocasión me acompañaron mucho temas tan emblemáticos como «La piedra redonda» o «Dios de la lluvia». Suelo elegir una banda sonora de canciones concretas, y hacer una pequeña playlist de canciones que relaciono con el libro. Me ayudan a permanecer dentro de la historia mientras dibujo -asegura Ester García-. Desde hace un tiempo, además, he incorporado otra pequeña costumbre. A medida que voy avanzando en las ilustraciones, las coloco unas junto a otras en un panel, todas a la vista, para convivir con ellas. Me gusta ver cómo dialogan entre sí cuando están en proceso, y me ayuda a que el libro conserve una armonía visual de principio a fin y tenga coherencia.


¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Acabo de terminar un álbum ilustrado para pequeños lectores, y ahora mismo estoy comenzando a ilustrar un clásico al que le tengo muchas ganas”.
Cómic
Júlia Rubau nos descubre ‘El misterio de la Geoda Rosada’
Lara, Nil y Dídac son tres amigos atrapados en el verano más aburrido del mundo. Como cada año, han ido con sus padres al pueblo y ya no saben qué hacer para entretenerse… Hasta que Lara descubre unas ranas que hablan y que crecen a una velocidad imposible. Tratando de averiguar algo más sobre el origen de esta magia, los tres amigos se ven inmersos en un misterio que incluye una geoda rosada capaz de cambiar las cosas, un complot y a una rana enfadada capaz de hacer cualquier cosa por perturbar la paz en el pueblo. Así nos presenta la editorial Astronave ‘El misterio de la Geoda Rosada’, un trabajo de Júlia Rubau, con la que hablamos un poco más sobre este libro.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto.”Este proyecto nace justo cuando acabo mis estudios de cómic e ilustración en la Escola Joso de Barcelona. Me habían hablado de un concurso de cómic de la ciudad de Cornellà en el que solo tenías que presentar dos páginas, así que probé suerte. Todavía no tenía un estilo muy sólido y tenía muchas ganas de experimentar con diferentes influencias. Referentes como Kristof Ulbert, Ikegami Yoriyuki, Rebecca Sugar entre muchos otros, me llevaron a crear las páginas que entregué”, nos cuenta Júlia Rubau.
“En términos de historia no desarrollé demasiado; simplemente partí de la premisa de unos niños observando un río en medio del bosque en busca de algo. Uno de ellos, Lara, afirmaba haber visto un renacuajo mágico y esperaba volver a encontrarlo. Los demás no la creen y se marchan decepcionados, pero ella continúa con su búsqueda. Poco después, Lara presencia de nuevo un evento mágico: un pequeño renacuajo se transforma en rana, a una velocidad imposible. Solo gané una mención en ese concurso, pero no me quedé ahí. Al saber de la existencia de otro concurso, el Premi Carnet Jove de Còmic, el cual ofrecía la posibilidad de publicar con Norma Editorial, decidí desarrollar todo el trasfondo y la trama que esos personajes podían vivir. Unos meses después, y con cero esperanzas de ganar, recibí una llamada con una muy buena noticia”.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “En este cómic los lectores encontrarán una aventura de verano, uno de esos veranos que puede que muchos hayamos vivido, en el que el aburrimiento es el protagonista. Los personajes de esta historia pasan sus vacaciones en un pequeño pueblo donde los únicos niños son ellos y donde nunca pasa absolutamente nada. La protagonista, Lara, es una niña muy imaginativa y cabezota. Siempre es quien dirige fantásticas aventuras imaginarias para pasar el rato, pero ese verano está cansada de fingir, quiere vivir una aventura mágica de verdad. Así que no tarda en buscarse una por su propio pie. Lo que no espera es encontrarse con una geoda con poderes misteriosos y una sociedad de ranas parlantes y furiosas que planean algo muy malo contra el pueblo. Pero detrás de todos esos sucesos mágicos, esta historia habla sobre todo del rencor, del perdón y de la difícil tarea de gestionar las emociones dolorosas cuando todavía no sabes muy bien cómo hacerlo. En conjunto crean una tierna y divertida historia con muchas, muchas ranas”, afirma Júlia Rubau.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, pruebas o dibujos en algún cuaderno. ¿Cómo nacen estos personajes? “Profundizando un poco en lo que comentaba antes, este proyecto nace realmente en un momento en el que lo que más me movía era experimentar con el estilo: la composición poco convencional de las viñetas, la estilización de los personajes, el sombreado a lápiz, las paletas de color armoniosas, el uso del negro, etc. Este proyecto me sirvió como una liberación de todos los referentes que me habían inspirado hasta ese momento. Fue mi primer cómic, mi primera historia creada completamente por mí, y también la primera vez que terminaba un proyecto de esta envergadura: una historia que empezaba y acababa. Nunca había hecho nada parecido, así que supuso un gran salto para mí”.
“A nivel de desarrollo de personajes, personalmente no me requirió demasiado trabajo -continúa Júlia Rubau-. Con unos pocos bocetos ya encontré unos diseños que encajaban con la historia. Lo que realmente me interesaba era dibujar y componer páginas potentes, con fondos y colores impactantes, así que busqué muchas referencias de bosques, ríos y ranas para conseguirlo. También me inspiré mucho en los preciosos paisajes que Enrique Fernández crea en sus cómics”.

¿Cuántas ranas llegaste a dibujar? “Sinceramente, nunca las he contado, no diría con mucha seguridad que cientos de ranas pero unas cuantas decenas si”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Creo que, al menos en este cómic en concreto, lo que más destaca es mi manera de estilizar a los personajes y las criaturas. Me gusta deformar ligeramente los cuerpos o llevar la anatomía hasta límites irreales para conseguir más vida y personalidad. Además, tengo una clara tendencia hacia las formas redondeadas y tiernas, o al menos eso es lo que suele decir la gente. También destaca bastante la paleta de color que utilizo. Me centro en una gama de tonos muy cercanos entre sí para crear paletas armoniosas que solo cambian según la escena. Además, en este proyecto, especialmente, utilicé colores muy ácidos que contrastan muy bien con el sombreado oscuro presente a lo largo de todo el cómic”, asegura Júlia Rubau.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Aunque ahora mismo cada vez siento más pasión por el trabajo tradicional, en ese momento necesitaba trabajar en digital, así que utilicé mi iPad y el programa de dibujo, Procreate. Aun así, intenté crear páginas que se acercaran lo máximo posible al aspecto de una página hecha a mano. Me gusta mucho imitar las texturas del lápiz y de la acuarela, así que hice todo lo posible para conseguir ese efecto”.
Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “El proceso fue, básicamente, el siguiente: primero pasé unos tres meses escribiendo el guión y dibujando, de forma paralela, el storyboard, es decir, el esquema de composición de las viñetas. Una vez tuve el storyboard, terminé de escribir los diálogos que aún faltaban y, con toda la historia planificada, empecé a dibujar las páginas definitivas. Cuando todo el dibujo estuvo listo, pasé al entintado y al sombreado. Para entonces ya llevaba unos cuatro o cinco meses más de trabajo y solo quedaba colorear todas las páginas. En total fue un trabajo de casi un año y podría decirse que durante ese tiempo fue a jornada completa. Fue una experiencia muy interesante en la que aprendí muchísimo sobre mi forma de afrontar un proyecto de tal calibre”, comenta Júlia Rubau.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy trabajando en un nuevo cómic infantil gracias a haber sido seleccionada para una de las cuarenta ayudas del Ministerio de Cultura destinadas a la creación de cómic. Se trata de un proyecto protagonizado por Lalu, una niña hija única a la que le encanta serlo. La rutina que tanto le hace feliz es puesta en peligro cuando descubre que pronto tendrá una hermanita. Después de maldecir al universo y desahogarse con su circuito de canicas, es trasladada a través de su armario, a una realidad alternativa en la que siempre ha tenido una hermana gemela. Todos sus miedos toman forma en una niña igual que ella, una tal Lula. La vida de Lalu se convierte, según ella, en un infierno, mientras que Lula no entiende por qué su hermana de repente la odia tanto si siempre se han llevado bien. Antes de que termine la semana, Lula tendrá que convencer a Lalu de las ventajas de tenerla como hermana, si no lo consigue, la tradición de ir juntas en el autocar por las colonias de fin de curso se romperá por primera vez. Esta historia saldrá en un año aproximadamente, el nombre del proyecto es «Lalu & Lula».
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