Entrevistas
Benjamin Lacombe y su revisión de ‘La sirenita’
Benjamin Lacombe afronta un desafío: ilustrar el clásico de Hans Christian Andersen ‘La sirenita’, huyendo de los prototipos conocidos y haciendo un guiño al autor de su historia. La cuidada edición en tapa dura se ha realizado con el texto, en su versión completa y original, traducido del danés. ‘La Sirenita’ vive feliz en las profundidades del mar con su familia. Un día se dirige a la superficie, donde ve a un joven príncipe del que se enamora. A partir de entonces, su única obsesión es convertirse en humana para unirse a él. Decide beber una poción mágica que le proporciona una bruja, y que le dota de un par de piernas pero a cambio pierde el habla. La joven sirena sólo conseguirá sobrevivir si el joven príncipe se enamora de ella… Edelvives edita este trabajo, uno de los cuentos de hadas más conocidos del escritor danés. Fue publicado por primera vez en Copenhague, en 1837. Escrito originalmente como un ballet, el cuento ha sido adaptado en varias ocasiones: desde un musical, a una película de anime japonés o la conocida película animada de Walt Disney.

Esta edición incluye un prólogo, además de algunas cartas reales escritas por Andersen y un epílogo donde se explica la teoría de una posible interpretación del cuento de ‘La Sirenita’. La historia podría querer reflejar el amor platónico e imposible que el escritor sintió por su amigo Eduard Collin, que nunca fue correspondido. Esta teoría suscita un repaso a la crítica literaria y a su falta atención hacia todo aquello que tiene que ver con la homosexualidad reflejada en la historia de la literatura.
¿Cómo es tu relación personal con este clásico y sus diferentes representaciones? Benjamin Lacombe: “Mi relación personal con este clásico es un poco especial, sobre todo con todos los clásicos que he decidido ilustrar en esta colección. Lo que solicito a los ilustradores y a mí mismo cuando nos adentramos en estos proyectos es preguntarles qué clásico te ha llamado la atención o te ha conmovido de pequeño, porque tenemos que establecer una relación especial entre el clásico que vamos a ilustrar y uno mismo. Y ‘La sirenita’ obviamente sigue la reglas al cien por cien, porque es un clásico que de niño me ha conmovido profundamente y un clásico que… yo no entendía muy bien esa relación tan fuerte que tenía yo con la historia de la sirenita. Pero años después he acabado entendiendo lo que realmente en el momento de leer el libro me llamaba muchísimo la atención. Ese dolor vital, es un personaje que no se siente a gusto en ninguno de los mundos donde vive, que por un lado es un ser marino, pero por otro lado quiere convertirse en un ser humano. Entonces no pertenece a ninguno de los mundos y sufre enormemente como consecuencia de no pertenecer a ninguno de los dos mundos, y es algo que realmente me ha llamado muchísimo la atención”.

¿Qué te ha sorprendido más al sumergirte en el universo de este personaje y esta historia? “A ver, lo que más me ha sorprendido al adentrarme en este universo es que, bueno, en primer lugar hemos tenido que investigar mucho y documentarme mucho. Pero yo tenía un presentimiento, sabía que ‘La sirenita’ no era simplemente la historia de una sirena que se enamora de un ser humano y los Gender Studies de Harvard, en una de las conferencias, hablan precisamente de la metáfora que aparece en esta narrativa, es decir, un ser humano que se mutila, que pierde su voz en aras a convertirse en mujer, y es precisamente esa metáfora de la metamorfosis de la transformación, algo que he querido ahondar más en detalle -nos cuenta Benjamin Lacombe-. Y lo que hice al principio fue solicitar una nueva traducción para ir y adentrarme en el origen del texto. Y a Jean-Baptiste Coursand le he pedido…, porque él habla en numerosas ocasiones, Andersen habla de unas cartas de amor con Eduard Collin, y yo se lo pedí a Jean-Baptiste porque quería leer esas cartas que, por cierto, jamás se han publicado ni en francés, ni en inglés ni en español, y son hasta 14.000 cartas que escribe Hans Christian Andersen. Y entre ellas hay casi 300 que le dedica a Eduard Collin”.

“Hemos seleccionado ocho de esas 300, donde encontramos algunos fragmentos que hablan directamente de la sirenita y es esa metáfora, es decir, a mí lo que más me ha llamado la atención es encontrar ese sentido inédito que decide no publicar Hans Christian Andersen, que por cierto tacha, y resalta en una ocasión que lo más importante es aquellos extractos que se se han tachado, y ese es el sentido verdadero de la sirenita. En esas partes tachadas donde se revela una profundidad enorme sobre Hans Christian Andersen, que revelan verdaderamente el sentido, la sustancia de su obra -continúa Benjamin Lacombe-. Y él en un momento dado dice: “cuando la sirenita muera y por fin se convierta en un alma, solo entonces podrá ser amada por cómo es y quién es ella. Verdaderamente encontrará el amor de su príncipe recíproco”. Y que alguien diga eso en 1836, bueno se publica en el 37, pero se escribe 1836. El que esto se escriba en 1836 es increíble. En una época en la que ni siquiera el término homosexual existía, y donde la transexualidad, el transgénero era inconcebible. Es decir, algo que me ha parecido verdaderamente impresionante, que nos hace entender muchas cosas de la obra de Hans Christian Andersen”.
“También lo hemos visto en el patito feo, ese patito que nace en una familia a la que no pertenece y realmente al que no se entiende. También otro personaje que le sucede lo mismo es la reina de las nieves, es una temática muy habitual y es una de las claves verdaderas de la obra de Hans Christian Andersen”.

Háblanos un poco de tu trabajo de investigación o documentación para abordar este proyecto. Nos ha llamado la atención el material que encontramos en el libro después del primer fin, las cartas y el resto de las páginas finales. “Sí, aporta un elemento nuevo para mí -asegura Benjamin Lacombe-. Esto es revelador en esta historia”.
Sobre las ilustraciones, ¿qué hay de nuevo o diferente respecto a otros trabajos? ¿Técnica? “En esta edición en concreto algo que nos llama muchísimo la atención son los colores, es decir, hemos decidido utilizar una paleta de color muy llamativa, un azul profundo e intenso que contrarresta con ese rosa, un rosa fluorescente verdaderamente, que yo jamás habría podido concebir antaño. Haber dibujado en esos colores tan llamativos, y eso es algo que he hecho muy a posta, es decir, por dos motivos fundamentalmente. En primer lugar me gustaría revelar la potencia del fondo marino, es decir, colores que sólo podemos ver cuando estamos sumergidos en el agua. Por ejemplo sacamos un coral del fondo marino que es fluorescente, y lo sacamos a la tierra y pierde ese colorido, es decir, esa luz de los océanos revelada por ese azul, tan oscuro que revela la inmensidad, y se contrarresta con el rosa”.

“Quería dar esa sensación de contraste en la sensación de inmensidad que sentimos en el fondo marino, y en segundo lugar, el libro y las historias hablan del género, de la identidad de género. Lo que hecho es utilizar el azul tan típicamente masculino y el rosa que se asigna al género femenino. El personaje de la sirenita, que bascula entre ambos, es una especie de fluidez indefinida. En el libro por ese cambio que quiere anhelar, y la cola es violeta porque mezcla el azul y el rosa, y además el morado es el color transgénero, y también es rosa sobrenatural y real, porque es esa la afirmación verdadera de la identidad femenina que busca el personaje”.

“He utilizado una nueva técnica inédita con todas las cartas, y lo que he intentado es ilustrar esas cartas de una forma surrealista, es decir, como si fuera verdadera poesía. Para ello he creado imágenes a lápiz, utilizándolo sobre un fondo ya preparado totalmente rosa fluorescente. Es un formato totalmente diferente de ilustrar”, afirma Benjamin Lacombe.
Álbum Ilustrado
Josefina Tai y Larisa Cumin nos abren ‘Las Puertas’
¿Qué puede descubrir una niña curiosa del otro lado de las puertas de su nueva casa? ‘Las puertas’ nos muestra los hilos invisibles de todas las cosas que echan raíz: un trabajo, un hogar, una familia. Cada puerta es una invitación a la aventura, pues nunca sabemos qué nos aguarda del otro lado. Editado por Limonero, es un trabajo de Larisa Cumin y Josefina Tai. Con ellas hemos charlado un poquito más sobre este libro.
¿Dónde está el origen de este proyecto? Larisa Cumin: “Si tiene un origen, está en la infancia. En una voz que de chica fui inventando en el patio de mi casa bajo un árbol que no era nuestro, pero que nos daba sombra y flores y hojas. Y en el recuerdo que ahora puedo tener de lo que esa nena que alguna vez fui pensaba, decía, imaginaba. Con esa voz y con dos recuerdos atados a una misma puerta -quizás de los recuerdos más viejos que tengo- es que armé un poema largo. Ese poema le llegó a Jose a través de la editorial Limonero y ella lo ilustró maravillosamente”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? Josefina Tai: “Los lectores encontrarán un libro nostálgico de una memoria cuidada, tanto por la escritora como por la ilustradora. De mi parte, indagué sobre la infancia de Larisa y de mi entorno, hurgando entre fotos y recuerdos, para crear el escenario un tanto ficticio de la protagonista”.
Larisa Cumin: “Para mí los lectores se van a encontrar con un libro que puede resonar tanto en adultxs como en niñxs. Se trata de un mundo imaginado que puede parecerse al de ellos, como no. Y posiblemente se encuentren con esas preguntas y silencios que a veces nos hacen la poesía”.
¿Qué son para cada una de vosotras las puertas? Larisa: “Para mí las puertas pueden ser múltiples cosas: inicios, posibilidades,salidas, fines, conexiones, encuentros… El poema juega con eso todo el tiempo, porque la nena que es la voz del poema mientras experimenta cambios va reflexionando mucho. En un momento dice por ejemplo:
“Las puertas como las monedas tienen dos caras
una para entrar, otra para salir.
Son caras que cambian dependiendo de si se quiera
entrar o salir al mundo; entrar o salir de una casa.”
Y los dibujos de Jose le siguen ese juego por caminos más oníricos”.

Josefina Tai: “Creo que conecté mucho con el poema desde el principio, justamente por el juego con las puertas; me da múltiples posibilidades para pensar en lo que puedo dibujar, lo que hay detrás de la puerta, lo que vaya a pasar una vez que la puerta se abra. Y este juego onírico creo que es algo bastante característico de mi trabajo”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… Josefina Tai: “Como mencioné antes, el trabajo previo a lanzarse a ilustrar fue la conversación con Larisa. Conocernos y escuchar de dónde viene ella y de dónde vienen sus palabras, investigar sobre los objetos que guarda en su memoria. Este fue un proceso clave para mi trabajo como ilustradora: poder visualizar el origen de la niña del libro y, a partir de ahí, empezar a construir aquella casa llena de puertas con los elementos que recolecté”.
Larisa: “En este sentido que nombra Jose, hay algo del libro que tiene que ver con lo recordado, con “volver a pasar por el corazón” algunas vivencias y volverlas vívidas al narrarlas e ilustrarlas. Conversamos mucho, pero no respecto a cómo o qué tenía que ilustrar Jose, sino que hablamos de nuestras infancias, de objetos que rodearon ese tiempo. La historia del poema sucede en una casa que se va construyendo de a poco a las afueras de una ciudad del interior de Argentina en los 90, es decir en un contexto donde se cruza lo urbano y lo rural. Entonces hay objetos muy ligados a lo analógico, ciertos colores, texturas particulares (algo de esos tonos lavados de las fotos de rollo de esa época), una vegetación particular, una dimensión del espacio que está marcado por eso”.

¿Cuál ha sido vuestro mayor descubrimiento tras todo ese proceso? Josefina Tai: “Lo que más aprendí en el proceso de ilustrar este libro fue a observar y a tener paciencia, tanto conmigo como con mis dibujos. En general, cuando tengo una idea, me apuro mucho a realizarla y no suelo hacer muchos bocetos. Sin embargo, para este libro, el proceso de los bocetos fue más largo, ya que no dependía solo de mi visión, lo cual, para mi sorpresa, me gustó muchísimo. Tuve que hurgar mucho más a fondo en mí para encontrar la imagen perfecta, aprendí que no hacía falta apurarme y quedarme con la primera idea, que a veces puede estar bien. También en el libro ilustro muchos objetos, cosas de la casa, y para esto, tuve que sentarme a mirar los objetos que me rodeaban, observar cómo son sus texturas, cómo se ven las marcas del tiempo en ellos, para que la imagen que yo ilustrara fuese rica visualmente. Así aprendí a detenerme, tanto en la vida real como en mi trabajo”.
Larisa: “Para mí fue maravilloso encontrarme con las imágenes que Jose trajo al poema. Es la primera vez que escribo y otro lo ilustra, hasta ahora había publicado libros para adultos sin ilustración, entonces ver el poema hecho libro me produjo un placer parecido a abrir un libro álbum por primera vez pero con la salvedad de que acá esas palabras las había puesto yo. También nos viene sorprendiendo el recorrido que el libro fue haciendo… a quiénes fue llegando, qué cosas cuentan los lectores que les produce. Y entre esas cosas maravillosas fue seleccionado entre los 100 Outstanding Picturebooks 2026 de D-pictus y hace poco las ilustraciones de Jose fueron elegidas para conformar el Catálogo Iberoamericano de Ilustración de publicaciones infantiles y juveniles de Iberoamérica Ilustra”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? Josefina Tai: “Creo que en general mis ilustraciones suelen ser silenciosas. Me gustan los trabajos que me hagan suspirar por su belleza y sentir que todo el resto se apaga, y eso intento hacer con mis imágenes. Sé que son íntimas, porque intento buscar las imágenes a través de mi cuerpo y de lo que yo experimento con cierto sentimiento, para traducirlo a una imagen. Y creo que justo hace una buena dupla con el poema porque es igual de sensible e íntimo. Lo diferente a lo que vengo haciendo siempre es esto de haberle dedicado tanto tiempo, fueron como 8 meses de estar inmersa en este proyecto”.

¿Con qué técnicas trabajaste? Josefina Tai: “Trabajo digitalmente con Photoshop, desde la pantalla de la compu y usando una tableta pequeña de wacom. Uso casi siempre los mismos pinceles: uno de acuarela y otro de lápiz, así que un poco sigue siendo analógico ese proceso de trabajar en capas y generar texturas. También aprendí a ser más organizada con mi espacio de trabajo de Photoshop, porque son más de 100 capas y por momentos se me hacía difícil encontrar las cosas”.

Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. Josefina Tai: “Al principio me costó mucho encontrarle la voz de la imagen al libro, hasta que hice el boceto de la primera doble del libro, que es una niña asomándose, pero solo se ve su sombra. Un poco porque ilustrar personajes no es mi fuerte y otro poco para generar misterio. Cuando vi ese boceto, me di cuenta de que la poesía de las ilustraciones de este libro se va a trabajar a partir de las sombras (contar algo sin contarlo todo). Por lo que a lo largo de todo el libro, me enfoqué en encontrar las diferentes sombras posibles de una casa. Excepto la parte en donde todo el libro se apaga y, en vez de dibujar las sombras, dibujo las luces y creo que ahí se genera un juego interesante”.
“El libro está dividido en 4 partes, y lo mismo hice con las ilustraciones. Arranqué con esa paleta tierra que menciona Lari, por las baldosas terracota del piso que encontré en algún lugar; son baldosas que creo que ya no se usan y los colores funcionan perfectamente para hablar de un recuerdo, de algo que ya pasó. En la segunda parte, cuando la niña se muda a un lugar con patio, todo se vuelve vibrante y brillante, virando a los colores saturados. En la tercera es cuando todo se apaga, el rojo/rosado se entristece y vira a los violetas. Y por último, vuelve la luz y todo vuelve a ser brillante”.

¿En qué trabajáis ahora? ¿Algún proyecto nuevo? Larisa y Josefina: “Ahora estamos probando el camino inverso, que Jose ilustre y luego Larisa escriba. Este nuevo proyecto por ahora parece una continuación del anterior aunque se separa y prueba algo nuevo. Hay dos niñas y hay ventanas. No podemos contar mucho más”.
Álbum Ilustrado
Richolly Rosazza nos habla del trabajo tras ‘Tornare’
Cuando el invierno llama a las puertas de la ciudad, decide marcharse a un lugar donde aún es verano. Al regresar a casa, una sensación de inquietud la llevará a emprender nuevos viajes, en un intento por llenar el vacío que se ha instalado en sus pensamientos. Así comienza un viaje interior a través de las estaciones, entre partidas y regresos. Un relato poético de crecimiento interior, viajes y el descubrimiento de lo que verdaderamente importa. Así nos presenta Kite Edizioni ‘Tornare’, un álbum ilustrado de Nadia Al Omari y Richolly Rosazza. Con éste último hemos charlado un poquito más sobre este proyecto.
¿Cómo llega a tus manos este proyecto? “Tornare es un proyecto que nace inspirado en uno de mis cuadros y en la idea de trabajar sobre las estaciones. Después, Nadia me entregó el texto y empezamos a trabajar juntos sobre la idea general del proyecto”.

¿Qué es lo que más te gustó de este proyecto? ¿Qué te pareció la historia de Nadia la primera vez que la leíste? “Del proyecto me gustó mucho la idea del viaje y, sobre todo, que el lugar al que llega la protagonista es un lugar que Nadia y yo conocemos bien. Además de realizar nuestros proyectos juntos, somos pareja y estamos casados, así que es un lugar que forma parte de nuestra vida. Busqué representar, de alguna manera, ese lugar y llevarlo al mundo de la historia. La historia me gustó mucho desde el principio, pero, trabajando juntos en nuestros proyectos, sé que puede evolucionar un poco durante el proceso. Me gusta esa posibilidad de ir descubriendo cosas nuevas mientras trabajamos”, asegura Richolly Rosazza.
¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Los lectores encontrarán una historia introspectiva y poética, en la que podrán reconocerse, al menos en parte. Tornare habla de viajes, partidas y regresos, pero sobre todo de ese viaje interior que todos emprendemos en algún momento para intentar comprendernos y encontrar aquello que realmente importa. Una historia sobre el crecimiento, las relaciones y la búsqueda de un lugar al que, más que volver, sentir que pertenecemos”.

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Busco crear en mis libros un escenario poético y onírico, donde lo cotidiano pueda convivir con lo fantástico. Me gusta crear imágenes que no lo explican todo, que dejan espacio a la imaginación y a la interpretación de cada lector -continúa Richolly Rosazza-. La naturaleza, las estaciones y los paisajes tienen un papel importante, porque acompañan y reflejan el mundo interior de los personajes. Intento que cada ilustración transmita una sensación o una emoción, más que simplemente representar lo que ocurre en la historia”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Para este libro utilicé acrílico y óleo sobre lienzo. Es una técnica que amo y que, hasta ese momento, había utilizado solo para mis cuadros. Sentía que Tornare necesitaba algo diferente, una técnica con presencia, que pudiera acompañar su parte más poética y emocional. Trabajar directamente sobre lienzo también me permitió disfrutar mucho de la materia y de la textura de la pintura”.
Háblanos un poco de ese recurso de la hoja a través de la que solo vemos el ojo o los ojos de los personajes… “Me gusta la idea de que la naturaleza forme parte de mis personajes, casi como una manera de fusionarlos con el entorno. La hoja funciona como una especie de máscara, con dos aberturas que son como ventanas o puertas: permiten al espectador acercarse y sentir curiosidad, pero también marcan un límite. Podemos ver los ojos del personaje, podemos intuir lo que siente, pero no podemos entrar en sus pensamientos sin su consentimiento”, afirma Richolly Rosazza.
“La idea nació de un cuadro que pinté durante el lockdown, cuando buscaba trabajar sobre algo enigmático y misterioso. Después sentí que este recurso podía encajar muy bien en Tornare, porque me permitía reforzar ese mundo onírico y dejar que algunas cosas permanecieran ocultas”.

¿Qué has aprendido con este proyecto? “He aprendido que limitarme pensando que una determinada técnica es adecuada para mis proyectos de ilustración puede ser un error. A veces salir de nuestra zona de confort y experimentar nos puede llevar a resultados inesperados y sorprendentes. Tornare me enseñó precisamente eso”.
Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “En general, para todos los proyectos que he realizado junto a Nadia, el proceso es casi siempre el mismo. Ella escribe el libro, a veces inspirándose en uno de mis personajes o, como en este caso, en uno de mis cuadros. Después me entrega el texto, hacemos juntos la división en páginas y preparo un storyboard. Diría que esta es la parte más difícil del proceso, porque es cuando tengo que encontrar el ritmo de la historia y decidir cómo se desarrolla visualmente página a página”, nos cuenta Richolly Rosazza.
“Una vez que tengo el storyboard aprobado, paso a realizar las ilustraciones definitivas. En esta fase me doy la libertad de añadir pequeños detalles o hacer algunos cambios que no comprometan la esencia del proyecto, pero que pueden enriquecer las imágenes y aportar algo más a la historia”.

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy evaluando algunas historias sobre las que me gustaría trabajar. Ya tengo algunas propuestas y estoy viendo cuáles pueden convertirse en mis próximos proyectos. Por ahora estoy en una fase de evaluación y de búsqueda, intentando encontrar aquellas historias que realmente me despierten algo y que me den ganas de trabajar visualmente sobre ellas”.
Álbum Ilustrado
Raquel Catalina nos presenta a ‘Nina y Tita’
Nina y Tita son dos abuelas muy distintas a las que aparecen en los cuentos. No caminan con bastón ni se quedan en casa tejiendo: una siempre anda deprisa; hace dieta y va a la piscina; la otra se mueve en bicicleta; cocina a la parrilla y practica yoga. ¿Será entonces que los libros están equivocados? Todo se desvelará en la próxima reunión familiar. Con estas palabras la editorial Kalandraka nos presenta ‘Nina y Tita’, un álbum ilustrado de Beatriz García-Huidobro y Raquel Catalina. Con ésta última hemos hablado un poquito más sobre su trabajo en este libro.
¿Dónde está el embrión de este libro? “Curiosamente Manuela Rodríguez, editora de Kalandraka, me propuso este libro antes de presentarme con Arianna Squiloni al Premio Internacional Compostela. Y como al final ‘Grande y pequeña’ ganó, hubo que aplazarlo un tiempo. Así que cuando empezamos con el libro, había tenido ya la oportunidad de trabajar con Manuela y de conocernos”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Hay varias lecturas, pero a mí me gusta mucho la que habla de modelos y de generaciones distintas. La niña protagonista es aún una “página en blanco” y su familia, las mujeres que la preceden, son un espejo en el que mirarse y además, van llenando su vida de experiencias, de recuerdos. A la mesa de cumpleaños se sientan cuatro generaciones y creo que es inevitable pensar los cambios enormes que ha habido de unas a otras”, asegura Raquel Catalina.
¿Qué te pareció la historia de Beatriz la primera vez que la leíste? ¿Has tenido referentes para crear estos personajes? “Cuando leí el texto de Beatriz, la primera imagen que me vino a la cabeza fueron mis compañeras de gimnasio. Hago deporte por las mañanas y hay un grupo de amigas mayores que son tremendamente constantes y, sobre todo, ¡muy disfrutonas! Su mañana de gimnasio termina en la cafetería, con el almuerzo, las risas y las bromas”.
“Me da siempre la sensación de que son mujeres que han conquistado un espacio nuevo, que su manera de habitarlo es una celebración constante. Por eso disfruto con ellas, las observo mucho. En el libro es una niña la que habla de sus abuelas y de sus bisabuelas, no me parece casual que el texto hable de mujeres y que sea para describir una ruptura de roles, una ampliación de posibilidades, de cómo se ha desmontado un estereotipo. ¡Y luego además me di cuenta de que abuela podría ser yo misma! Es muy agradable pensar que no hay nada escrito sobre cómo debe de ser una abuela”, nos cuenta Raquel Catalina.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Tiendo a observar mucho a la gente, y sí, suelo llevar algún cuaderno para dibujar. En este caso, las bisabuelas son más cercanas al imaginario de los cuentos. Sus proporciones y su tamaño están estilizados. Las abuelas, en cambio, son más realistas. En mi cabeza tenía referencias de mujeres que conozco para Nina y Tita, no solo físicamente, sino también en su espíritu, en su manera de estar, en el tipo de energía que transmiten. Mis referencias, no obstante, son un punto de partida, una orientación, el personaje termina de tomar cuerpo en el papel, a base de pruebas”.
¿Qué dirías que has aprendido con este proyecto? “Aprendo mucho trabajando con Manuela, la editora. Y eso que empezamos teniendo ideas distintas sobre algunos puntos, pero creo que ella me hizo algunas concesiones, y yo, desde luego, aprendo mucho de su mirada”, confiesa Raquel Catalina.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Desde un principio Nina y Tita se iba a incluir también en la colección de Minilibros Imperdibles, que miden 7 cm. Ese condicionante técnico fue muy interesante, tuve que trabajar todo el tiempo pensando en simplificar los dibujos y hacerlos legibles a ese tamaño. Me gusta mucho esa colección, me parece una idea preciosa. Son perfectos para llevarlos de viaje, en el bolso, son una alternativa maravillosa para esos momentos en que muchos padres recurren al móvil para entretener a sus hijos”.
No es la primera vez que dibujas un personaje con el pelo blanco… “La verdad es que después de mi primer libro con un personaje de un abuelo, “A manta do José”, me han ofrecido muchísimos libros con abuelos y abuelas, muchos más de los que he hecho en realidad. Creo que tiene que ver precisamente con que no suelo dibujar el estereotipo de abuelo o abuela”, afirma Raquel Catalina.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Hice una base de lápiz y grafito y luego lo coloreé digitalmente. La verdad es que no es mi manera habitual de trabajar”.
Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. “Bueno, una parte interesante para mi era que, en esa cantinela que compara las abuelas de los libros con las abuelas de la protagonista, la parte que muestra a Nina y Tita estaba bastante clara, pero como contar la otra parte no. Ahí se me ocurrió que fuesen preparando la fiesta de la tarde, y ella anda por aquí y por allá con su libro, que además un libro concreto Caperucita roja, y me gusta mucho reflejar ese deambular infantil, sin hacer nada y haciendo de todo. Ese es el tiempo que les roban muchas veces las pantallas”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sí, tengo por delante tres proyectos de esos que ilusionan y con gente con las que es maravilloso trabajar, mentes deslumbrantes. Pero es pronto para contar…”.
-
Álbum Ilustrado1 mes agoEvelyn Daviddi ilustra ‘¿Qué es el sonido?’
-
Álbum Ilustrado4 semanas agoGuridi plantea en ‘Straniero’ el paradigma de la identidad sin rechazos
-
Álbum Ilustrado4 semanas agoCarolina Luzón y Juan Mata nos dicen que ‘Siempre amanece’
-
Encuentros2 semanas agoJohn Romita Jr., Pepe Larraz y Jorge Jiménez en la primera jornada de San Diego Comic-Con Málaga
-
Álbum Ilustrado1 semana agoRaquel Catalina nos presenta a ‘Nina y Tita’
-
Encuentros2 semanas agoCinco dibujantes hispanohablantes de DC en la segunda jornada de San Diego Comic-Con Málaga
-
Encuentros1 semana agoCierre de la San Diego Comic-Con Málaga con muchos nombres propios
-
Álbum Ilustrado5 días agoRicholly Rosazza nos habla del trabajo tras ‘Tornare’

