Álbum Ilustrado
Sergio Alcántara y Manuel Gavilán dan vida a ‘Aslan, un ángel de 4 patas’
Aslan es un perro especial que cuida a Manuel, avisándole cuando su azúcar baja. En esta historia descubrirás cómo aprendió a hacerlo y cómo juntos enseñan a otros sobre la gran labor que prestan los perros de asistencia. «Aslan, un ángel de 4 patas» es la historia real del primer perro de asistencia en Andalucía (España) entrenado para Alerta Médica. Mediante su olfato, detecta las bajadas bruscas de azúcar y avisa a su dueño, Manuel Gavilán, quien padece diabetes, salvándole la vida a diario.Un libro de Manuel Gavilán y Sergio Alcántara, con los que hemos charlado un poquito más alrededor de este proyecto de álbum ilustrado.
¿Cómo nace este proyecto? Manuel Gavilán: “Este proyecto surge de la necesidad de dar respuesta a la pregunta «¿qué puedo hacer yo para que esto cambie?» y para dotar de medios a los profesores de los centros visitados a lo largo de 5 años, donde hemos impartido charlas divulgativas sobre la realidad de los perros de asistencia y sus usuarios. Es decir, hace 7 años tomé la decisión, por cuestiones de salud, de adquirir y preparar a una perro «ASLAN», como perro de asistencia, en la tipología de AVISO/ALERTA MÉDICA, frente a mis bruscas e inesperadas bajadas de azúcar en sangre. Pese a haber normativa y legislación que reconocía esta figura de los perros de asistencia y en la que se nos reconocía el derecho al acceso a todo espacio público y privado de uso público, la realidad con la que nos encontrábamos es que la gente, los responsables del control de accesos y las propias fuerzas de seguridad (Policía Local y Nacional y Guardia Civil), no tenían claridad al respecto y en muchos casos, desconocían esta situación, por lo que nos encontramos en numerosas ocasiones con problemas para que se nos permitiera el acceso a hospitales, medios de transporte, centros comerciales, supermercados, restaurantes, hoteles, etc… Y de ahí fue de donde surgió la pregunta anteriormente mencionada: ¿Qué puedo hacer yo para que esto cambie?, cuya respuesta fue DIVULGAR”.
“Al acudir de manera altruista a centros educativos, asociaciones, colectivos, academias y centros de formación en general, sobre todo en aquellos centros en los que había alumnos pequeños y jóvenes, todo era nuevo, llamativo y espectacular, por lo que generaba muchas preguntas el día de la visita y también con posterioridad, motivo por el cual los profesores me pidieron que les facilitara material para que ellos pudieran abordar este asunto de la DIABETES y los PERROS DE ASISTENCIA, a lo largo del curso escolar. De ahí que realizáramos el libro ilustrado «Aslan un ángel de 4 patas». Este material es de carácter benéfico, ya que todos los beneficios recogidos de la venta de los mismos va destinado a diferentes colectivos que han estado muy involucrados en acompañarnos en esta labor de divulgación sobre la realidad de los perros de asistencia y sus usuarios”.

Sergio Alcántara: “Este proyecto nace de la historia real de sus protagonistas, Manuel y Aslan. Hace años, por motivos de salud, Manuel necesitó incorporar a su vida un perro de asistencia. Desde entonces, Aslan se convirtió en su compañero inseparable de forma permanente. A partir de ahí, ambos han tenido que enfrentarse a complejas situaciones en espacios públicos, muchas veces provocadas por el desconocimiento de la sociedad. Esa falta de información sobre la labor, los derechos y la importancia de los perros de asistencia llevó a Manuel a iniciar un proyecto de divulgación. Primero nació su libro «Aslan. Mucho más que un perro» y, posteriormente, el cuento infantil «Aslan, un ángel de cuatro patas», con el objetivo de acercar esta realidad a los más pequeños”.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Cuenta la historia de Manuel y Aslan; una historia real de un binomio que ha sido y sigue siendo «punta de lanza» en Andalucía en relación a la lucha por los derechos de los usuarios de los perros de Asistencia -nos cuenta Manuel Gavilán-. Es un libro en el que se reconoce la admirable labor de estos animales y en concreto de Aslan, que como siempre digo dedica su vida a salvar la mía, porque él siente lo que yo no siento. Por tanto se aborda cómo se seleccionó, cómo se adiestró y cómo cumple con su cometido de salvarme la vida cada vez que da su aviso”.
¿Cómo ha sido el trabajo con Sergio? “En primer lugar y como antecedente para contextualizar, Sergio y yo nos conocíamos de años atrás y yo conocía su habilidad con el dibujo y su arte como ilustrador, por eso, cuando surge la idea, le llamé para consultarle, pedirle opinión y preguntarle si él me podía recomendar a alguien para este cometido. Inmediatamente se ofreció y se puso manos a la obra para realizar el proyecto, poniendo su tiempo, su conocimiento y su arte a disposición de esta causa. Una vez en este punto y gracias a la profesionalidad de Sergio Alcántara, todo fue muy fluido. Le aporté el texto para el libro ilustrado «Aslan un ángel de 4 patas», junto a él hicimos una serie de modificaciones y adaptaciones para que las ilustraciones cuadrasen y de ahí en adelante, solo me dejé llevar por sus primeros diseños, borradores y cómo esos primeros trazos fueron cobrando forma y vida en el libro ilustrado”.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, también después de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Como en muchos proyectos creativos, la primera etapa fue una de las fases más exigentes de todo el proceso -nos cuenta Sergio Alcántara-. El primer paso consistió en estructurar la historia, escrita y adaptada por Manuel, y decidir qué fragmento de texto debía aparecer en cada página. Esto me permitió calcular la extensión adecuada del álbum ilustrado y comenzar a desarrollar el storyboard. Una vez definidos los bocetos y la composición general de cada escena, empezó la parte más creativa y también más divertida: el diseño de los personajes. Para crear a Aslan trabajé a partir de numerosas referencias fotográficas, mientras que para definir el estilo visual del cuento recopilé y analicé ilustraciones de distintos artistas que me sirvieran de inspiración, como Rocío Bonilla o David Sierra, dos de mis favoritos. A partir de ahí comenzó un largo proceso de estudio, bocetos y pruebas con diferentes técnicas y estilos, hasta encontrar la apariencia exacta que quería para los protagonistas y para el conjunto del libro”.
¿Cual ha sido tu mayor descubrimiento tras ese proceso o qué te ha sorprendido más? “Mi mayor descubrimiento fue comprobar que una de mis principales inseguridades acabó convirtiéndose en una de las mayores fortalezas del proyecto: encontrar un estilo propio. Durante gran parte del proceso me hacía constantemente la misma pregunta: «¿Cómo voy a desarrollar un estilo personal que me defina si nunca antes había trabajado la ilustración infantil?». La respuesta apareció casi sin darme cuenta, durante la última fase. A medida que avanzaba con el color y el arte final, comprobé que ese lenguaje visual que buscaba no tenía que ser forzado. Surgió de manera natural a través del propio proceso, de las decisiones tomadas y de todo lo aprendido durante el desarrollo del cuento”.

¿Qué te parece el trabajo de Sergio para este libro? “Me parece «una pasada». Se que para los que trabajáis en este mundo, lo veréis como algo natural, pero para mí, como persona ajena a este arte, a esta habilidad, a este don, es incomprensible, cómo ha podido comprimir más de 300 páginas de historia del libro «Aslan alerta médica, mucho más que un perro», es decir, la historia de 6 años de vida de Aslan y Manuel, en 42 ilustraciones que relatan, resumen y cuentan esta historia en imágenes. Simplemente increíble”, confiesa Manuel Gavilán.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Diría que lo más característico son las escenas y su intención narrativa. Me enfoqué especialmente en representar con la mayor fidelidad posible cómo trabajan los perros de asistencia: desde su adiestramiento y las distintas funciones que pueden desempeñar, hasta el acompañamiento diario de sus usuarios -afirma Sergio Alcántara-. Con respecto a otros trabajos, este cuento supuso para mí una forma diferente de abordar la ilustración. No buscaba únicamente crear imágenes atractivas, sino hacerlas claras, cercanas y comprensibles para el público infantil, manteniendo al mismo tiempo el componente emocional de la historia. A nivel estético, no considero que haya tratado de inventar algo completamente nuevo, pero sí fue el proyecto en el que empecé a desarrollar un lenguaje visual más orientado a este tipo de ilustración. Es un estilo que todavía podría seguir evolucionando y definiéndose con futuros trabajos”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Trabajé principalmente con técnicas digitales, combinando dibujo, color y pintura en un mismo proceso. Aunque las técnicas tradicionales poseen un lenguaje y una textura únicos, siempre me he sentido más cómodo trabajando en formato digital. Este medio me permite agilizar el proceso, realizar ajustes con mayor facilidad y experimentar con distintas soluciones visuales sin perder espontaneidad. Además, actualmente existen herramientas capaces de reproducir de forma muy orgánica texturas y acabados propios del lápiz, la acuarela o la pintura tradicional, algo que me permitió mantener una apariencia cálida y artesanal dentro de un flujo de trabajo completamente digital”.
Este es un libro, ya se ha comentado, tiene una importante carga solidaria… Manuel Gavilán: “Pues efectivamente, todos los beneficios de la venta de estos libros, van destinados a causas sociales, todas ellas apoyadas por colectivos como ASOGRA, AGRADI, AGDEM, todas ellas entidades con usuarios potenciales de perros de asistencia, así como entidades formadoras de este tipo de animales, como APORT y LIVEN. Pero la que más está colaborando y para quien surgió la idea de la donación es para PROYECTO ANGEL”.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. Sergio Alcántara: “El mayor reto fue crear un universo visual propio que narrase la historia de Manuel y Aslan y, sobre todo, adaptar cada composición para que el joven lector comprendiera en todo momento qué estaba viendo, incluso sin necesidad de leer el texto. A medida que las ilustraciones avanzaban, Manuel, varios profesionales de la docencia y personas cercanas a nuestro entorno nos ofrecieron un feedback muy valioso. Sus aportaciones fueron de gran ayuda para revisar y terminar de definir muchas de las escenas que aparecen en el cuento. Por último, también fue fundamental el proceso de maquetación. En un proyecto de estas características no basta con crear las ilustraciones: es necesario saber preparar correctamente todos los archivos para su posterior publicación, tanto en formato físico como digital. A pesar de los distintos desafíos que surgieron durante el proceso, fue un proyecto profundamente ilusionante y motivador. Me permitió salir de mi zona de confort, aprender durante cada etapa y comprobar cómo una historia tan personal podía transformarse en un libro con una finalidad educativa, emocional y social”.
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Manuel Marsol reflexiona en torno a ‘El cielo en casa’
Cuando tenía veinte años, Manuel encontró una fotografía en la vieja casa familiar. La fotografía mostraba a un hombre lanzando un penalti. Había también un portero a contrapié y un balón detenido en el aire. Ninguno de los jugadores que aparecían en la foto le resultaba familiar, excepto uno, el que chutaba el balón. Era su padre, que murió cuando Manuel era un niño. ¿Cómo saber entonces si aquel penalti se convirtió en gol? Como un detective que siguiera la estela borrosa de sus propios pasos en la nieve, Manuel Marsol se sirve de unas pocas películas, de una canción legendaria de Gino Paoli y del penalti fallado por Roberto Baggio en la final del Mundial 94 para contestar la pregunta más apremiante que le plantea su corazón de niño: ¿puede el ser querido seguir vivo en el misterio? Editado por Fulgencio Pimentel, hemos charlado un poquito más sobre ‘El cielo en casa’ con Manuel.

En el origen sobre todo, hay una fotografía. Me gustaría que me hablaras un poquito de eso, del origen, del embrión de este proyecto. “Es una fotografía que yo encuentro. Tendría unos 20 años. La encontré en una casa familiar. Había muchas fotos de fútbol de mi padre, que murió cuando yo tenía 11 años. Encontré muchas fotos de él jugando en campos de arena entre los años 60 y 70. Y me quedé atrapado con esta, porque el balón estaba ahí, era un penalti que él lanzaba, y el balón estaba ahí parado a mitad de camino entre la portería y el punto de penalti, y no se sabía si el balón entraba o no. Como él había muerto cuando yo era pequeño, era una metáfora de todos esos misterios, de todas esas cosas que yo no iba a poder preguntar. A partir de ahí, empecé a trabajar en el libro”.

¿Qué se va a encontrar el lector cuando empiece a pasar las páginas de El cielo en casa? “Se va a encontrar una investigación, pero no la investigación que haría un detective, sino más bien una investigación hacia dentro de uno mismo, una investigación hacia la memoria. Es una investigación, pero me di cuenta que tampoco el libro debía ir tanto sobre eso, sino sobre todos los recuerdos que yo tenía con mi padre”, nos cuenta Manuel Marsol.
“Es un libro que está enfocado para el público adulto. Es el primer libro que no hago, digamos, para todos los públicos, por el tono, la manera de contarlo. Y es un viaje hacia el interior, hacia recuerdos con él, películas que veíamos juntos… El formato es de álbum ilustrado, pero tiene una longitud más propia de la novela gráfica. Hay mucho más texto de lo que acostumbro en mis libros”.

“Primero, hay una parte en la que imagino cómo fue ese penalti, cómo pudo suceder. Hay otra parte en la que ya cada vez me voy alejando más de ese balón, y ese balón se va convirtiendo casi más en una estrella en el cielo. Y voy mirando más al pasado, a las películas que veíamos juntos, que tienen resonancias con esta historia. Al final es una historia que habla sobre el estar y el no estar, sobre lo que está adentro y lo que está afuera, como un penalti que marca la diferencia… El gol es la vida y el fallo es la muerte. El ser o no ser. En un penalti está recogidas un montón de metáforas”, continúa Manuel Marsol.

“Por ejemplo, una película como ‘Centauros del desierto’, que es una peli que era de sus favoritas y que veíamos juntos, yo la narro desde los ojos del niño. Y hay cierta simbología con el dentro y el fuera. Es una peli que habla del regreso al hogar, de la casa. Se abre con un plano desde dentro de una casa y se cierra igual. Siempre está presente ahí el marco, lo que entra, lo que sale. Es como si en ese balón cupiesen muchísimas asociaciones. Entonces voy tirando de ese hilo, de ese balón, donde cabe todo lo que hacíamos juntos, canciones que escuchábamos…”.

“Y luego ya hay una relación con el famoso penalti de Baggio en el Mundial del 94, que por una casualidad de fechas tiene mucho que ver con mi padre. Desde que se lanzó el penalti hasta que murió mi padre pasó justo un año. A través de ese penalti, que en su momento yo había visto con otros ojos, desde que Baggio nos había eliminado, y le tenía hasta cierta manía, pues de repente ese penalti se fue cambiando a raíz de ese descubrimiento de las fechas y volviéndose también parte de ese balón suspendido en el aire. Todo sirve para hacerme preguntas de todo tipo”, afirma Manuel Marsol.

Manuel, y en cuanto a las ilustraciones, no sé si has trabajado con alguna cosa diferente o más o menos en la línea en la que venías trabajando hasta ahora. “Yo diría que es una línea un poco distinta, digamos más realista de lo que acostumbro. Es una historia que no es como las anteriores, de fantasía y tal, aunque la hay, hay una parte de fantasía, pero esta necesitaba que estuviese pegada a la realidad. Primero por la foto. La foto es una foto real y a la hora de representarla la dificultad era justo esa… Un equilibrio entre esa parte más expresionista mía y un realismo que necesitaba la historia”.
¿Y técnicas, Manuel? “Es pintura sobre papel. No tiene óleo, no hay collage, no hay digital tampoco. Es todo acrílico, acuarela y lápiz sobre papel”, indica Manuel Marsol.


Estoy viendo ahora una de las imágenes que muestra la editorial del libro y que habla del cine. Se ve en la ilustración incluso el logotipo de La 2 de Televisión Española. “Es porque hay muchos recuerdos… Los objetos guardan como una especie de memoria. El niño que yo fui, el adulto que soy ahora, ve esos objetos de la casa familiar y están cargados de muchos recuerdos. Uno de esos objetos que salen en el libro es la cinta del VHS de Centauros del Desierto. La pegatina, o sea, está grabado por mi padre ese VHS y la pegatina está con su letra y pone Centauros del Desierto, John Ford y tal. Y entonces a la hora de hacer el libro la llevé a una tienda, la digitalizaron, y me volví a ver Centauros en calidad VHS”.
“De ahí salieron muchos símbolos, lo que te contaba antes del dentro, del fuera. La búsqueda, porque también está buscando a una niña, que la secuestran los indios, y es una búsqueda sin saber muy bien si la niña está viva o muerta. Es un poco como la búsqueda del balón, algo que tú buscas y buscas, pero no sabes si tiene solución”.
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Josefina Tai y Larisa Cumin nos abren ‘Las Puertas’
¿Qué puede descubrir una niña curiosa del otro lado de las puertas de su nueva casa? ‘Las puertas’ nos muestra los hilos invisibles de todas las cosas que echan raíz: un trabajo, un hogar, una familia. Cada puerta es una invitación a la aventura, pues nunca sabemos qué nos aguarda del otro lado. Editado por Limonero, es un trabajo de Larisa Cumin y Josefina Tai. Con ellas hemos charlado un poquito más sobre este libro.
¿Dónde está el origen de este proyecto? Larisa Cumin: “Si tiene un origen, está en la infancia. En una voz que de chica fui inventando en el patio de mi casa bajo un árbol que no era nuestro, pero que nos daba sombra y flores y hojas. Y en el recuerdo que ahora puedo tener de lo que esa nena que alguna vez fui pensaba, decía, imaginaba. Con esa voz y con dos recuerdos atados a una misma puerta -quizás de los recuerdos más viejos que tengo- es que armé un poema largo. Ese poema le llegó a Jose a través de la editorial Limonero y ella lo ilustró maravillosamente”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? Josefina Tai: “Los lectores encontrarán un libro nostálgico de una memoria cuidada, tanto por la escritora como por la ilustradora. De mi parte, indagué sobre la infancia de Larisa y de mi entorno, hurgando entre fotos y recuerdos, para crear el escenario un tanto ficticio de la protagonista”.
Larisa Cumin: “Para mí los lectores se van a encontrar con un libro que puede resonar tanto en adultxs como en niñxs. Se trata de un mundo imaginado que puede parecerse al de ellos, como no. Y posiblemente se encuentren con esas preguntas y silencios que a veces nos hacen la poesía”.
¿Qué son para cada una de vosotras las puertas? Larisa: “Para mí las puertas pueden ser múltiples cosas: inicios, posibilidades,salidas, fines, conexiones, encuentros… El poema juega con eso todo el tiempo, porque la nena que es la voz del poema mientras experimenta cambios va reflexionando mucho. En un momento dice por ejemplo:
“Las puertas como las monedas tienen dos caras
una para entrar, otra para salir.
Son caras que cambian dependiendo de si se quiera
entrar o salir al mundo; entrar o salir de una casa.”
Y los dibujos de Jose le siguen ese juego por caminos más oníricos”.

Josefina Tai: “Creo que conecté mucho con el poema desde el principio, justamente por el juego con las puertas; me da múltiples posibilidades para pensar en lo que puedo dibujar, lo que hay detrás de la puerta, lo que vaya a pasar una vez que la puerta se abra. Y este juego onírico creo que es algo bastante característico de mi trabajo”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… Josefina Tai: “Como mencioné antes, el trabajo previo a lanzarse a ilustrar fue la conversación con Larisa. Conocernos y escuchar de dónde viene ella y de dónde vienen sus palabras, investigar sobre los objetos que guarda en su memoria. Este fue un proceso clave para mi trabajo como ilustradora: poder visualizar el origen de la niña del libro y, a partir de ahí, empezar a construir aquella casa llena de puertas con los elementos que recolecté”.
Larisa: “En este sentido que nombra Jose, hay algo del libro que tiene que ver con lo recordado, con “volver a pasar por el corazón” algunas vivencias y volverlas vívidas al narrarlas e ilustrarlas. Conversamos mucho, pero no respecto a cómo o qué tenía que ilustrar Jose, sino que hablamos de nuestras infancias, de objetos que rodearon ese tiempo. La historia del poema sucede en una casa que se va construyendo de a poco a las afueras de una ciudad del interior de Argentina en los 90, es decir en un contexto donde se cruza lo urbano y lo rural. Entonces hay objetos muy ligados a lo analógico, ciertos colores, texturas particulares (algo de esos tonos lavados de las fotos de rollo de esa época), una vegetación particular, una dimensión del espacio que está marcado por eso”.

¿Cuál ha sido vuestro mayor descubrimiento tras todo ese proceso? Josefina Tai: “Lo que más aprendí en el proceso de ilustrar este libro fue a observar y a tener paciencia, tanto conmigo como con mis dibujos. En general, cuando tengo una idea, me apuro mucho a realizarla y no suelo hacer muchos bocetos. Sin embargo, para este libro, el proceso de los bocetos fue más largo, ya que no dependía solo de mi visión, lo cual, para mi sorpresa, me gustó muchísimo. Tuve que hurgar mucho más a fondo en mí para encontrar la imagen perfecta, aprendí que no hacía falta apurarme y quedarme con la primera idea, que a veces puede estar bien. También en el libro ilustro muchos objetos, cosas de la casa, y para esto, tuve que sentarme a mirar los objetos que me rodeaban, observar cómo son sus texturas, cómo se ven las marcas del tiempo en ellos, para que la imagen que yo ilustrara fuese rica visualmente. Así aprendí a detenerme, tanto en la vida real como en mi trabajo”.
Larisa: “Para mí fue maravilloso encontrarme con las imágenes que Jose trajo al poema. Es la primera vez que escribo y otro lo ilustra, hasta ahora había publicado libros para adultos sin ilustración, entonces ver el poema hecho libro me produjo un placer parecido a abrir un libro álbum por primera vez pero con la salvedad de que acá esas palabras las había puesto yo. También nos viene sorprendiendo el recorrido que el libro fue haciendo… a quiénes fue llegando, qué cosas cuentan los lectores que les produce. Y entre esas cosas maravillosas fue seleccionado entre los 100 Outstanding Picturebooks 2026 de D-pictus y hace poco las ilustraciones de Jose fueron elegidas para conformar el Catálogo Iberoamericano de Ilustración de publicaciones infantiles y juveniles de Iberoamérica Ilustra”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? Josefina Tai: “Creo que en general mis ilustraciones suelen ser silenciosas. Me gustan los trabajos que me hagan suspirar por su belleza y sentir que todo el resto se apaga, y eso intento hacer con mis imágenes. Sé que son íntimas, porque intento buscar las imágenes a través de mi cuerpo y de lo que yo experimento con cierto sentimiento, para traducirlo a una imagen. Y creo que justo hace una buena dupla con el poema porque es igual de sensible e íntimo. Lo diferente a lo que vengo haciendo siempre es esto de haberle dedicado tanto tiempo, fueron como 8 meses de estar inmersa en este proyecto”.

¿Con qué técnicas trabajaste? Josefina Tai: “Trabajo digitalmente con Photoshop, desde la pantalla de la compu y usando una tableta pequeña de wacom. Uso casi siempre los mismos pinceles: uno de acuarela y otro de lápiz, así que un poco sigue siendo analógico ese proceso de trabajar en capas y generar texturas. También aprendí a ser más organizada con mi espacio de trabajo de Photoshop, porque son más de 100 capas y por momentos se me hacía difícil encontrar las cosas”.

Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. Josefina Tai: “Al principio me costó mucho encontrarle la voz de la imagen al libro, hasta que hice el boceto de la primera doble del libro, que es una niña asomándose, pero solo se ve su sombra. Un poco porque ilustrar personajes no es mi fuerte y otro poco para generar misterio. Cuando vi ese boceto, me di cuenta de que la poesía de las ilustraciones de este libro se va a trabajar a partir de las sombras (contar algo sin contarlo todo). Por lo que a lo largo de todo el libro, me enfoqué en encontrar las diferentes sombras posibles de una casa. Excepto la parte en donde todo el libro se apaga y, en vez de dibujar las sombras, dibujo las luces y creo que ahí se genera un juego interesante”.
“El libro está dividido en 4 partes, y lo mismo hice con las ilustraciones. Arranqué con esa paleta tierra que menciona Lari, por las baldosas terracota del piso que encontré en algún lugar; son baldosas que creo que ya no se usan y los colores funcionan perfectamente para hablar de un recuerdo, de algo que ya pasó. En la segunda parte, cuando la niña se muda a un lugar con patio, todo se vuelve vibrante y brillante, virando a los colores saturados. En la tercera es cuando todo se apaga, el rojo/rosado se entristece y vira a los violetas. Y por último, vuelve la luz y todo vuelve a ser brillante”.

¿En qué trabajáis ahora? ¿Algún proyecto nuevo? Larisa y Josefina: “Ahora estamos probando el camino inverso, que Jose ilustre y luego Larisa escriba. Este nuevo proyecto por ahora parece una continuación del anterior aunque se separa y prueba algo nuevo. Hay dos niñas y hay ventanas. No podemos contar mucho más”.
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Richolly Rosazza nos habla del trabajo tras ‘Tornare’
Cuando el invierno llama a las puertas de la ciudad, decide marcharse a un lugar donde aún es verano. Al regresar a casa, una sensación de inquietud la llevará a emprender nuevos viajes, en un intento por llenar el vacío que se ha instalado en sus pensamientos. Así comienza un viaje interior a través de las estaciones, entre partidas y regresos. Un relato poético de crecimiento interior, viajes y el descubrimiento de lo que verdaderamente importa. Así nos presenta Kite Edizioni ‘Tornare’, un álbum ilustrado de Nadia Al Omari y Richolly Rosazza. Con éste último hemos charlado un poquito más sobre este proyecto.
¿Cómo llega a tus manos este proyecto? “Tornare es un proyecto que nace inspirado en uno de mis cuadros y en la idea de trabajar sobre las estaciones. Después, Nadia me entregó el texto y empezamos a trabajar juntos sobre la idea general del proyecto”.

¿Qué es lo que más te gustó de este proyecto? ¿Qué te pareció la historia de Nadia la primera vez que la leíste? “Del proyecto me gustó mucho la idea del viaje y, sobre todo, que el lugar al que llega la protagonista es un lugar que Nadia y yo conocemos bien. Además de realizar nuestros proyectos juntos, somos pareja y estamos casados, así que es un lugar que forma parte de nuestra vida. Busqué representar, de alguna manera, ese lugar y llevarlo al mundo de la historia. La historia me gustó mucho desde el principio, pero, trabajando juntos en nuestros proyectos, sé que puede evolucionar un poco durante el proceso. Me gusta esa posibilidad de ir descubriendo cosas nuevas mientras trabajamos”, asegura Richolly Rosazza.
¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Los lectores encontrarán una historia introspectiva y poética, en la que podrán reconocerse, al menos en parte. Tornare habla de viajes, partidas y regresos, pero sobre todo de ese viaje interior que todos emprendemos en algún momento para intentar comprendernos y encontrar aquello que realmente importa. Una historia sobre el crecimiento, las relaciones y la búsqueda de un lugar al que, más que volver, sentir que pertenecemos”.

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Busco crear en mis libros un escenario poético y onírico, donde lo cotidiano pueda convivir con lo fantástico. Me gusta crear imágenes que no lo explican todo, que dejan espacio a la imaginación y a la interpretación de cada lector -continúa Richolly Rosazza-. La naturaleza, las estaciones y los paisajes tienen un papel importante, porque acompañan y reflejan el mundo interior de los personajes. Intento que cada ilustración transmita una sensación o una emoción, más que simplemente representar lo que ocurre en la historia”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Para este libro utilicé acrílico y óleo sobre lienzo. Es una técnica que amo y que, hasta ese momento, había utilizado solo para mis cuadros. Sentía que Tornare necesitaba algo diferente, una técnica con presencia, que pudiera acompañar su parte más poética y emocional. Trabajar directamente sobre lienzo también me permitió disfrutar mucho de la materia y de la textura de la pintura”.
Háblanos un poco de ese recurso de la hoja a través de la que solo vemos el ojo o los ojos de los personajes… “Me gusta la idea de que la naturaleza forme parte de mis personajes, casi como una manera de fusionarlos con el entorno. La hoja funciona como una especie de máscara, con dos aberturas que son como ventanas o puertas: permiten al espectador acercarse y sentir curiosidad, pero también marcan un límite. Podemos ver los ojos del personaje, podemos intuir lo que siente, pero no podemos entrar en sus pensamientos sin su consentimiento”, afirma Richolly Rosazza.
“La idea nació de un cuadro que pinté durante el lockdown, cuando buscaba trabajar sobre algo enigmático y misterioso. Después sentí que este recurso podía encajar muy bien en Tornare, porque me permitía reforzar ese mundo onírico y dejar que algunas cosas permanecieran ocultas”.

¿Qué has aprendido con este proyecto? “He aprendido que limitarme pensando que una determinada técnica es adecuada para mis proyectos de ilustración puede ser un error. A veces salir de nuestra zona de confort y experimentar nos puede llevar a resultados inesperados y sorprendentes. Tornare me enseñó precisamente eso”.
Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “En general, para todos los proyectos que he realizado junto a Nadia, el proceso es casi siempre el mismo. Ella escribe el libro, a veces inspirándose en uno de mis personajes o, como en este caso, en uno de mis cuadros. Después me entrega el texto, hacemos juntos la división en páginas y preparo un storyboard. Diría que esta es la parte más difícil del proceso, porque es cuando tengo que encontrar el ritmo de la historia y decidir cómo se desarrolla visualmente página a página”, nos cuenta Richolly Rosazza.
“Una vez que tengo el storyboard aprobado, paso a realizar las ilustraciones definitivas. En esta fase me doy la libertad de añadir pequeños detalles o hacer algunos cambios que no comprometan la esencia del proyecto, pero que pueden enriquecer las imágenes y aportar algo más a la historia”.

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy evaluando algunas historias sobre las que me gustaría trabajar. Ya tengo algunas propuestas y estoy viendo cuáles pueden convertirse en mis próximos proyectos. Por ahora estoy en una fase de evaluación y de búsqueda, intentando encontrar aquellas historias que realmente me despierten algo y que me den ganas de trabajar visualmente sobre ellas”.
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