Cómic
Iván Pineros retrata el Alzheimer en ‘Cuida de Ángela’
¿Qué somos sin nuestros recuerdos? ¿Qué somos si no recordamos ese primer beso, ese día en la playa con los amigos o esas decisiones que nos han hecho llegar hasta donde estamos? Pero si hay algo peor que perder todo eso es el hecho de ver cómo un ser querido ya apenas reconoce tu rostro. Ángela, el gran amor de Pedro, tiene Alzheimer y al parecer tiene que pasar sus últimos días en una residencia. Pero Pedro no permitirá que se sienta sola e intentará que Ángela vuelve a sus años más felices. Porque Pedro siempre cuidará de ella, tal y como prometió. Con estas palabras nos presenta Planeta Cómic ‘Cuida de Ángela’, un trabajo de Iván Pineros, Ivart, con el que hemos charlado alrededor de este proyecto.

¿Cómo nace este proyecto? “El proyecto nació más o menos a finales de 2021. Llevaba ya tiempo trabajando como ilustrador para eventos de Manga y Anime, poniendo un puestecito para vender mis ilustraciones -nos cuenta Iván Pineros-. Al final en este tipo de eventos si quieres asegurarte ventas tienes que hacer ilustraciones sobre los personajes que estén de moda en ese momento, por lo que llevaba bastante tiempo dibujando las historias de otras personas y tenía la sensación de que nunca hacía nada que fuese realmente mío. La historia de la novela gráfica está basada en una vivencia personal, es la historia de mis abuelos (con muchas decoraciones obviamente), y sentía que tenía que hacer algo con ella. Comencé por mi cuenta a trabajar en las primeras páginas, directamente dibujando, sin tener siquiera la historia aún escrita ni nada. Esto hizo que acabase abandonando el proyecto, al ser algo que estaba haciendo por mi cuenta y no tenía ningún tipo de presión ni fecha de entrega ni nada”.
“Justo un año más tarde, en uno de estos eventos que te comentaba antes, vino a saludarme una chica, Alexandra, que luego acabaría siendo mi editora. Y por casualidades de la vida justo me dijo que ella trabajaba para la editorial Planeta Cómics y que si tenía alguna historia o proyecto en el que estuviese trabajando que se lo enviase para ver si podíamos llegar a algo juntos. Y así nació realmente esta novela, cuando firmé un contrato y ya sí que sí, no podía volver a echarme atrás”.


¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “No quiero hacer mucho spoiler, pero también quiero que la gente sepa a lo que se va a enfrentar si decide darle una oportunidad -continúa Iván Pineros-. La historia que cuento en mi novela no es una historia alegre, aunque tampoco considero que sea una historia triste. Simplemente es la historia de una vida, una vida de verdad, con todos sus matices y sus altibajos. La novela está basada como decía antes en la vida de mis abuelos, centrándose en mi abuela y su convivencia con el Alzheimer. Mis abuelos se conocieron cuando eran niños pequeños y desde ese momento pasaron juntos hasta el final de sus días. La novela hace un recorrido por los recuerdos de la protagonista, Ángela, así como su adaptación a su nueva vida en la residencia, todo esto marcado por la confusión que conlleva estar conviviendo con el Alzheimer”.
Cuéntanos algo del proceso de investigación y documentación para este trabajo. “Realmente no hice mucha investigación para la novela. Se que esto no es lo típico, teniendo en cuenta que estoy tratando un tema tan serio como es la demencia y la vejez. A parte de lo típico, verme un par de documentales y buscar información sobre cosas concretas que me interesase que apareciesen en la novela, no hice más. No quería una historia que profundice en la parte técnica del Alzheimer, quería contar cómo se vive estar con una persona que lo sufre. Para ello prefería usar experiencias personales que viví con mi abuela o que me contaron personas que también han tenido alguien cercano que lo ha sufrido. Al final para mí lo importante es reflejar lo que siente Ángela y la gente de su alrededor, sin entrar en tecnicismos ni grandes investigaciones. Cuando esto le ocurre a alguien de tu alrededor nadie está preparado y tienes que aprender cada día a sobrellevar la situación lo mejor que puedas”.


Después de leer tus palabras, en este libro hay mucho de Iván en esta historia… “A ver, hay bastante de Iván en esta historia, ya que como decía esto es lo que les ocurrió a mis abuelos, pero sí que he metido también un montón de fantasía -asegura Iván Pineros-. Toda la raíz de la novela son cosas reales, cosas que han ocurrido en mi familia y vivencias que he tenido con mi abuela, que es la que sufrió Alzheimer. Cómo fue la relación de mis abuelos, desde que se conocieron de pequeños hasta el final de su historia, todo eso está basado en la realidad. Pero todo lo demás es fantasía: los personajes secundarios, sus recuerdos en la escuela, sus amigos, sus enemigos, etc.”
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este cómic? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Se me hace siempre rarísimo tener que definir mi propio trabajo, así que adoptaré las cosas que me suelen decir los demás. Creo que lo que más puedo destacar es el color. No es el típico coloreado que se suelen ver en las novelas gráficas convencionales, que suele estar limitado a unos pocos tonos o tener un uso del color más sobrio, o con tonos más armónicos. Al venir mi trabajo de la ilustración, en la que cada dibujo es una obra final, estoy acostumbrado a usar muchísimos colores siempre, a que si tengo que hacer una sombra le puedo meter cinco tonos distintos y a usar el propio color como una herramienta más. Esto me costó mucho de cara a la novela, tuve que cambiar por completo mi forma de trabajar, ya que en un principio podía tirarme un día entero para darle color a una sola viñeta, y eso no era algo viable si quería acabar la novela a tiempo. No era viable ni por tiempo, como decía, ni por claridad. Al final metía tantos tonos distintos que cuando veías la página completa quedaba todo un lío de colores que no se entendía, así que tuve que contenerme bastante para darle aire a las viñetas y que los colores no te den un golpe en la cara cada vez que pasas de página”, afirma Iván Pineros.

¿Con qué técnicas trabajas? “Toda la novela está hecha en digital. Cuando empecé en la ilustración me encantaban las acuarelas y era la técnica que usaba siempre para todo, pero una vez le cogí el truco al digital abandoné las técnicas tradicionales totalmente. Al final el digital supone un ahorro de material enorme, además de todas las posibilidades de edición que ofrece. Pero diré que después de hacer la novela, que al final fueron dos años trabajando en digital prácticamente a diario, acabé un poco saturado. Desde hace meses estoy reencontrándome de nuevo con las técnicas tradicionales y ahora disfruto mucho más coger unos rotuladores o unos lápices que abrir el Procreate. Así que al final estoy volviendo de nuevo a las raíces supongo”.
Danos algunas pinceladas sobre el proceso de elaboración de este libro. “Pues ha sido un proceso un poco caótico (dentro de que soy una persona bastante ordenada). Digo que ha sido caótico porque yo nunca me había enfrentado a algo así, yo solo había hecho ilustraciones sueltas a lo largo de mi carrera. Antes de hacer esto, la novela gráfica, jamás había hecho ni siquiera una viñeta, ni una historia corta, nada de nada. De hecho nunca me había interesado escribir, y siempre he pensado que no es algo a destacar entre mis virtudes (lo sigo pensando). Yo me he preparado para dibujar, y es lo que «entreno» cada día desde hace años, pero escribir una historia nunca estuvo en mis planes. Al final me lancé con esta historia porque la base era real, es algo que conozco y que he vivido, entonces sentía de alguna manera que la mitad del trabajo ya estaba hecho. Lo único que tenía que hacer yo era conectarlo un poco todo y meterle tanta fantasía entre medias como me apeteciese”, confiesa Iván Pinero.



¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo he vuelto a la misma vida que tenía antes de la novela. Sigo con mis encargos, portadas para libros, contenido para redes, el trabajo para marcas, básicamente todo lo que va llegando. No tengo de momento ningún proyecto grande a la vista, más allá de todo el trabajo de promoción que me toca hacer aún para esta novela, que también es algo nuevo a lo que enfrentarme. Ahora mismo, que aún no he acabado con el «trabajo» de la novela, no estoy pensando embarcarme en otro proyecto así de grande para nada. Quizás cuando ya esté todo más calmado y me haya acostumbrado de nuevo a la tranquilidad vuelva a sentir esas ganas de contar algo, pero ahora mismo, después de estos años tan intensos enfrascado en una sola historia, quiero volver a hacer cosas variadas y necesito que mi estilo respire un poco e investigar cosas nuevas”.
Cómic
Blanca Vázquez y cuando ‘Ya no llama nadie’
Mariona piensa mucho en la muerte porque en este pueblo ya no le dejan pensar en nada más. Sus amigas han ido desapareciendo, y la cabeza de Vicente, su marido, es cada vez más volátil. Con sus ochenta y siete años, le pide poco a la vida: entretenerse con su jardín, discutir lo justo con su marido y ver a su hija los fines de semana. Las sensaciones nuevas, piensa, son algo que ya no le tocan. Aunque desde hace unas semanas algo le remueve el estómago cada vez que la familia se reúne para comer. Las palabras se le acumulan en la garganta, pero su figura se vuelve trasparente cada vez que intenta comunicarse con los suyos.
¿Qué pasará cuando ella ya no esté? ¿Qué dejará a los suyos tras su paso por la vida? ¿Alguien cuidará las calas de su jardín? ¿Dónde reposarán sus cenizas? Mariona quiere aprovechar una de esas sobremesas familiares para, por una vez, hablar de sus deseos. A través de su protagonista, ‘Ya no llama nadie’ ofrece un relato intimista sobre el ocaso de la vida, el olvido y la necesidad de crear legado. Un cómic de Blanca Vázquez y Elisabeth Casillas que edita Astiberri. Con Blanca charlamos un poquito más sobre este libro.

¿Dónde está el embrión de este proyecto? ¿Cómo llega a tus manos este trabajo? “En 2020 publiqué ‘Juntas en esto’, un cómic muy cortito, con Astiberri, sobre el aborto. Justo en esa época Elizabeth también estaba trabajando sobre el mismo tema, y me preguntaron si me parecería bien que Elizabeth presentara mi cómic en Madrid conmigo. Así conocí a Eli. Nos conocimos en la presentación de mi cómic. Me dijo que le gustaba mucho cómo ilustraba y que seguramente algún día podríamos hacer algo juntas”, nos cuenta Blanca Vázquez. “Cinco años más tarde me pasó el guion”.
¿Cuál fue tu primera impresión cuando recibes esta historia de Eli? “El guion no estaba terminado por completo. La escaleta estaba casi toda hecha, y al leer solamente la escaleta ya vi que era una preciosidad, me emocionó mucho. Por entonces ya estaba viviendo más lejos de mis abuelos, la relación que tenía con ellos era a distancia desde hacía años. Y, bueno, sigo teniendo relación con ellos a distancia. Entonces todo el tema de la familia y la visita me tocó mucho. Y me encantó”.

Al final sí que hay también, entonces, mucho de ti en este libro, ¿no? Te identificas… “Sí, sí. No lo he escrito yo, pero al leerlo lo sentía muy propio. Se lo decía mucho a Eli, que a veces sentía que la historia estaba escrita por mí. Al final he puesto mucho mío, pero porque creo que es un libro que tiene una historia muy fácil de leer, y pasarla a tus vivencias y a tus recuerdos”, asegura Blanca Vázquez.
¿Hay algún referente cercano que has reflejado de alguna manera en este cómic? “Los personajes tenían unas expresiones muy marcadas. Y claro, era un tipo de dibujo que yo lo siento muy mío, pero he tenido que trabajar con línea para llegar a determinados detalles. Cambia mucho de mi trabajo de otros años. El referente gráfico ha ido viniendo por el guion. Y como referentes de poses y tal, sí que he puesto a mis abuelos mucho a posar cada vez que iba al pueblo. Sí que me han ayudado mucho”.
¿Ellos han visto el cómic? “Pues sí, ya lo han visto, ly es ha gustado muchísimo, se han emocionado mucho. Yo me he emocionado de verlos emocionados, así que genial”.

¿Qué se va a encontrar la gente en sus páginas? “Se encuentran muchos recuerdos que se le remueven por dentro y también muchas sensaciones. Gente de 50, 60 años, en este libro se va a encontrar un poco la realidad quizá que tienen ahora de hijos cuidadores, pero también lo que se les viene en un futuro. Es un libro que va de la edad y del paso del tiempo, y a todos nos va a remover de cierta manera, a cada uno por la etapa siguiente que le viene”, confiesa Blanca Vázquez.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Por pasión y voluntad propia, siempre suelo trabajar en analógico con acuarela, tinta, es mi parte preferida. Y luego también, bueno, bocetando en lápiz. Pero durante estos años trabajando en empresas era todo digital. Cuando Eli me comentó que el libro eran 160 páginas, por ahorrar tiempo, economizar, también por recursos, me parecía mucho más cómodo pasarle bocetos en digital a Eli, y si ella veía que había que cambiar algo, al final siempre es más rápido el digital para los cambios. Y la técnica vino dada sobre todo por eso, por poder optimizar el tiempo y cambiar las cosas rápido”.

“Aunque también quería que mi huella de trabajar en acuarela estuviera presente -continúa Blanca Vázquez-. Entonces estuve investigando en Procreate, y siento que los pinceles que utilizas en ese programa se parecen muchísimo a los analógicos. Cuando los manejas parece de verdad que tengan el propio fallo y la espontaneidad que tiene la acuarela”.
¿Y del color qué nos puedes contar, Blanca? “Al principio hablábamos muchísimo que tenía que ser un libro que tuviese calidez, pero sobre todo también por la estación en la que está ambientado, que es el verano. Tenía que ser muy luminosa la parte exterior y muy sombría la parte interior de la casa para que hubiera ese contraste de fuera, alegría, familia, plantas, vida, y dentro el peso de la monotonía y la soledad que sienten y la casa que se les viene como un poco encima. Esto vino dado mucho por el color, por ese contraste que teníamos que buscar. Yo me imaginaba un poco el verano en el pueblo, radiante y rural”.

“Siento que la paleta le pega muy bien al mundo rural. Y también la paleta cálida, siento que la historia al ser tan dura y tan cruda, si hubiéramos cogido tonos fríos hubiera quedado como una historia un poco lúgubre y tampoco era esa la idea, porque la historia tiene mucha vida”.
Cómic
Ricardo Cavolo debuta en el cómic con ‘Lola y Estrella’
‘Lola y Estrella’ son dos jóvenes amigas que viven juntas en la ladera de una montaña, un lugar hermoso y fantástico. Estrella tiene un poder muy peculiar, el de comunicarse con el micelio, o las mismísimas raíces de su planeta, Matria. La vida de las niñas es bastante apacible. Cuando no están con los gnomos comiendo fresas o jugando a las cartas, van a visitar a la reina Cabra o a comprobar si han llegado nuevos libros al pueblo. Pero una mañana todo cambia. Su valle y toda su comunidad se ven amenazados. Unas extrañas máquinas están destruyendo el terreno y acaban de dejar a los gnomos sin hogar. Ninguna de las chicas es especialmente aventurera, pero tienen claro que no pueden quedarse de brazos cruzados y deciden emprender un viaje para obtener respuestas. Un viaje que las llevará muy lejos de casa. Editado por Astiberri, ‘Lola y Estrella’ es el debut en cómic infantil del artista Ricardo Cavolo. Con él hemos charlado un poquito más alrededor de este libro.

¿Cómo se te ocurre este proyecto y también cómo te lo has pasado haciéndolo? Porque desde fuera parece que ha sido un proceso divertido. “Yo he chupado cómic desde antes de saber leer, de hecho mi padre tenía mucho cómic en casa. Es verdad que no era cómic infantil, porque tenía Conan y demás, pero bueno, cultura visual desde muy pequeño. Y siempre he tenido el cómic muy presente, independientemente de que me sirva para mi trabajo o no, como lectura constante, siempre ha habido cómics desde entonces”.
“Es un género que siento muy mío y que valoro mucho, y que además me ha dado cosas para mi trabajo. Nunca llegaba el momento de plantearme hacer un cómic, porque veía que era muchísimo trabajo, y al final ha sido un poco natural. Me envalentoné. Desde que estaba en la carrera, que descubrí Astiberri, tenía el capricho de poder hacer algo con ellos, porque valoro mucho lo que hacen”.
“Y sí que ha sido divertido, ha sido muy largo, han sido dos años, realmente nunca he trabajado dos años en un proyecto -continúa Ricardo Cavolo-. Nunca hago bocetos, por ejemplo, y aquí pues tuve que bocetar las 160 páginas. Normalmente hay que hacer un story, hay que trabajarlo bien, sobre todo teniendo en cuenta que es mi primer cómic y que encima es infantil. Entonces, ha sido un trabajo muy largo, pero como tú dices y se nota, ha sido muy divertido. Lo he disfrutado como un niño, y al final creo que se nota un poco desde fuera”.

No sé si el hecho de hacer un cómic infantil tiene que ver con el hecho de ser padre. “Bueno, creo que sí, porque igual hubiera empezado por otra cosa más de adultos. Cuando tienes hijos, de alguna manera, también empiezas a conectar más con tu niño interior, con el niño que eras. Siempre he tratado de cuidar al niño interior y de mantenerlo vivo para mi trabajo, porque me parecía muy bonito y muy interesante hacerlo. Es verdad que desde que tengo hijos, ya sea porque he tenido que consumir también cultura adaptada a sus edades, entre series y cómics, pues me parecía muy chulo que la entrada en el cómic fuera una cosa para niños. Y sí que hay cosas presentes, de hecho, las dos protagonistas en realidad son mis hijos convertidos en chicas, mi hijo Max es igual que Lola y mi hijo León es igual que Estrella”.
¿Qué se va a encontrar el lector en las páginas de este cómic? “Por encima de todo, fantasía y aventura, que es un poco el leitmotiv que siempre me ha gustado -confiesa Ricardo Cavolo-. Con ese marco de fantasía y aventura, tenía muy claro que quería empaparlo de mi visión crítica sobre la sociedad, es una cosa que también hago en mi trabajo habitualmente, y esta es una historia anticapitalista, con un discurso muy ecologista, que es una cosa que siempre me ha gustado de Tolkien. Además mis hijos me preguntan, pero ¿por qué son niñas? Si nosotros somos niños… Quería que el libro tuviera un espíritu feminista. Cuando yo leía cuentos e historias de niño, no había ni una sola niña heroína, ninguna niña resolvíanada, y es verdad que desde hace unos años, poco a poco van haciéndose su espacio y yo quería aportar mi grano de arena en ese sentido”.

Imagino que son cosas que también están en tu imaginario, pero es verdad que cuando estás leyendo el cómic, te recuerda un poco a El señor de los anillos, por ejemplo, hay cosillas que te recuerdan a Peter Pan… “Sí, y Nausicaä, hay de todo, por supuesto, La historia interminable también es uno de los pilares fundamentales. Me gusta mucho esa parte de La historia interminable en la que van de pueblo en pueblo, y en cada pueblo hay gente diferente, con unas características diferentes, y un poco mi cómic es eso. Justo antes de empezarlo tenía muy claro que tenía que leerme otra vez Nausicaä, de Miyazaki”, nos cuenta Ricardo Cavolo.
Háblanos un poco del desarrollo del cómic, de las técnicas que has utilizado. “Como sabía que esto implica mucho, mucho trabajo, lo trabajé en digital, porque me facilita y me ahorra muchísimo tiempo. He aprendido a generarme también mi cocina, como digo yo, mis alquimias y mis magias en digital, y estoy muy contento con ello”.

“El proceso ha sido para mí muy educativo, porque no es lo mismo ser lector de cómic que luego hacer un cómic, por muchos cómics que hayas leído es mucho más complicado, y aquí siempre me gusta mucho valorar a mi editora en Astiberri. Me he hecho un máster de cómic con ella, me ha ayudado muchísimo. La parte más divertida, cuando ya está todo decidido en boceto, la tinta y el color, que es donde yo luzco un poco, porque domino bien el color y domino bien la línea”, afirma Ricardo Cavolo.
Visualmente es muy tú, ves el cómic, y dices: es Ricardo. “Sí, quería que fuera muy visual, muy disfrutable visualmente. De hecho, el fondo de cada página tiene como un rayado sepia, cada página es diferente. He tratado de mimar mucho lo que he podido mimar y lo que sé que puedo mimar”.
Cómic
Anna Aparicio Català nos descubre a ‘La Ondina del estanque’
Tenía los ojos claros como el mar en verano, la piel blanca como la espuma de las olas y una voz que recordaba el vaivén de los océanos. Cuenta la leyenda que perdió su alma y que la soledad la sumió en una tristeza infinita. Desde entonces, vaga en búsqueda de un compañero… Con estas palabras la editorial Sallybooks nos presenta ‘La ondina del estanque’, un cómic de Anna Aparicio Català. Con ella charlamos un poquito más sobre este proyecto.
Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “El proyecto surgió a raíz de mi primer viaje a escuelas francesas, durante el Festival de Annonay de 2020. Paseando por la ciudad, entré por casualidad en una librería y descubrí un cómic ilustrado por Nuria Tamarit. Era una adaptación de un cuento de los hermanos Grimm, con una edición preciosa de la editorial Les Aventuriers de L’Étrange. Vi que tenían más títulos publicados y, entre ellos, estaba El zapatero y los duendes, adaptado por Pedro Rodríguez. Nunca había trabajado en cómic y pensé que sería genial poder hacerlo, y además dentro de una colección que me parecía tan interesante. Conocía a Pedro, así que me puse en contacto con él para pedirle consejo. Me animó a preparar una propuesta y presentársela al editor, y así fue como empezó todo”, nos cuenta Anna Aparicio Català.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este cómic? “En La Ondina del estanque los lectores encontrarán una historia llena de misterio y magia, pero también una mirada muy personal sobre uno de esos cuentos tradicionales que han pasado de generación en generación. He intentado conservar el espíritu del relato original y, al mismo tiempo, llevarlo a mi propio terreno a través del dibujo y del lenguaje del cómic. Hay momentos de oscuridad y de tensión, pero también mucha belleza y delicadeza. El agua, el bosque y la naturaleza tienen además un papel muy importante y ayudan a crear una atmósfera onírica que me interesa mucho”.
“Sobre todo, me gustaría que el cómic invitara a recuperar esa capacidad de creer en la parte poética de la vida, en aquello que no siempre podemos explicar ni comprender -continúa Anna Aparicio Català-. Creo que las leyendas tienen precisamente ese poder: hablarnos de lo misterioso, de lo invisible, de todo aquello que escapa a la razón y que, sin embargo, forma parte de nuestra manera de entender el mundo”.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… ¿cómo nace este personaje? “Recuerdo haber pasado días buscando qué historia quería adaptar, y no fue fácil. Tenía claro que no quería trabajar con un cuento demasiado conocido y que me interesaba que el personaje principal fuera femenino, algo que no es tan habitual en las historias de esa época”.

“Al final encontré La Ondina del Estanque y me pareció una historia muy bonita. Además, el tema del agua me atrae especialmente. Siempre acabo encontrándome con historias en las que el agua tiene un papel importante, como en Agua, mi primer álbum ilustrado como autora, así que supongo que hay algo ahí que me interesa de manera muy intuitiva. La historia original era bastante larga y no encajaba con el número de páginas que teníamos, así que decidí acortarla, intentando mantener la línea del relato. A partir de ahí empecé a trabajar en el personaje, y la verdad es que surgió bastante fácilmente”, asegura Anna Aparicio Català.

“No siempre tengo la oportunidad de dibujar personajes femeninos adultos, así que fue algo que disfruté mucho. Y, además, imaginar y dibujar a una mujer que vive en un lago me parecía una idea muy poética. Creo que desde el principio hubo algo en ese personaje y en ese entorno que me resultó muy sugerente”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “El formato cómic es muy diferente al del álbum ilustrado y, para mí, trabajar en él fue todo un descubrimiento. Las viñetas permiten hacer juegos visuales muy interesantes y detenerse en pequeños detalles, gestos o momentos que quizá en un álbum no habría tenido la oportunidad de desarrollar. Para mí fue un regalo poder hacer este proyecto. Fue un trabajo muy libre y muy feliz. Tenía una historia como punto de partida, pero poder adaptarla personalmente, decidir dónde había texto y dónde no, y dejar que en muchos momentos fueran las imágenes las que contaran, me resultó muy liberador”, confiesa Anna Aparicio Català.


“También fue revelador trabajar con una historia algo más adulta de las que suelo ilustrar y, sobre todo, tener la oportunidad de dibujar personajes femeninos adultos. Hay una especie de tríada femenina en la historia: la Ondina, Hannah y la guardiana del bosque. Y me interesaba especialmente jugar con la representación de estos personajes y romper un poco con ciertos arquetipos visuales que tenía interiorizados: la idea de que el personaje protagonista es bella, mientras que el antagonista suele tener una apariencia menos idealizada. No quería plantear los personajes desde esa oposición tan evidente. Me interesaba que la belleza no estuviera necesariamente asociada a la bondad, ni su ausencia a la maldad, y que cada personaje pudiera tener una personalidad más compleja”.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Al principio me planteé hacer los originales a tinta y trabajar después el color en digital, pero era un proyecto largo y, además, era la primera vez que hacía un cómic, así que finalmente decidí trabajarlo todo digitalmente, en Photoshop. Aun así, intenté en todo momento que el resultado fuera lo más orgánico posible, que no se percibiera como un trabajo excesivamente digital y conservar, dentro de lo posible, la textura y la sensación del dibujo tradicional”, señala Anna Aparicio Català.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “La verdad es que todo el proceso salió de una manera muy orgánica. Hice todos los bocetos a lápiz y, poco a poco, la historia fue desvelándose mientras avanzaba. Lo hice durante el verano, cuando tenía mucho tiempo para mí, y fue genial poder trabajar sin presión y dejar que el proyecto fuera tomando su propia forma. El editor me acompañó mucho y muy bien durante todo el proceso, y yo podía ir viendo qué funcionaba y qué no, haciendo cambios sobre la marcha. Aunque al principio pensaba que serían unas 80 páginas, al final fueron cien y pico. Pero era lo que pedía la historia, así que decidí dejar que creciera”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Justo acabo de terminar un libro que ha sido también una nueva aventura para mí: Il libro di febbraio, para la editorial Nomos, en Italia. Forma parte de una colección de almanaques ilustrados, uno dedicado a cada mes del año, en los que cada día es una pequeña puerta a la historia: descubrimientos, personajes, acontecimientos, curiosidades, arte, ciencia, literatura… Me ha gustado mucho trabajar en un proyecto tan diferente y poder jugar con tantas historias e imágenes. Y también tengo una noticia muy bonita: este año se va a publicarEl Vals de la Montaña, que es mi primer cómic como autora integral. Se publicó en Francia el año pasado, con Les Aventuriers d’Ailleurs, y ahora Liana lo publicará en castellano y catalán, lo que me hace muchísima ilusión”.
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