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Álbum Ilustrado

Mariana Alcántara: “Mi trabajo es encontrar la voz de cada libro”

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Mariana Alcántara

Hacía tiempo que teníamos muchas ganas de charlar con la ilustradora Mariana Alcántara. Son muchos sus trabajos recientes y sus reconocimientos, y lo que intentamos en las siguientes líneas es reflejar un pequeño repaso por algunos de sus álbumes ilustrados, para conocer un poco mejor el trabajo que hay detrás de ellos. 

¿Dónde está el origen de ‘Nadadores’? “Este es un libro que nació en el sentido contrario en el que los ilustradores habitualmente damos inicio a un proyecto de libro: el editor tiene un texto y busca a un ilustrador. Luego el ilustrador si acepta el proyecto, analiza el texto, genera bocetos y después crea las ilustraciones finales. En este caso, el libro se inició con mis ilustraciones. Yo quería participar en el concurso de Sharjah en los Emiratos Árabes y fue una época en la que recién había comenzado a trabajar con Mónica Bergna, editora de Alboroto Ediciones. Estábamos haciendo el libro Enciclopedia de Medicina Fantástica, curiosamente uno de los últimos libros publicados. Era un viernes cuando estaba mostrándole mis avances de la semana, mientras tenía a un lado la carpeta con cinco ilustraciones originales de los nadadores. Mi plan era enviar el paquete terminando la reunión. No recuerdo exactamente de qué hablábamos, pero salió el tema del concurso: saqué las piezas y Mónica las observó en silencio. Al final le brillaban los ojos y me preguntó si me gustaría que hiciéramos un libro. Así que al final del día, mis imágenes iban en camino a Sharjah y al mismo tiempo viajaban a la bandeja de correo electrónico de María José Ferrada”.

Mariana Alcántara
‘Nadadores’.

“María José es una autora que admiro mucho, aunque en ese momento yo no conocía bien su trabajo -nos cuenta Mariana Alcántara-. Pero cuando semanas después, Mónica me mostró el texto que había escrito a partir de mis imágenes, me fui de espaldas. Fue como si ella supiera el origen de mi historia como nadadora: brazada a brazada, verso a verso. Hasta los 8 años yo había sido una niña que anhelaba que me llevaran de vacaciones para meterme a la alberca. Pero cuando entré a clases de natación, tuve una temporada de rebeldía: le inventé a mi papá que ya no quería ir porque era muy costoso. Lo cierto es que estaba sufriendo el método poco pedagógico de un maestro que me jalaba hacia el agua, sin que le importara si antes había tomado aire o no, y luego tuve una infección de oído muy molesta, que con mi lógica infantil, me curé echándome gotitas de agua en las orejas. Años después ya casi entrando a la adolescencia, durante el verano, estuve sentada con los pies adentro del agua, esperando a que me salieran aletas o que se me quitara el miedo, lo que pasara primero. Recuerdo ese color azul turquesa que se movía con el brillo del sol, se me antojaba tanto transformarme en pez y al fin conocer el secreto para fundirme en el agua”.

Mariana Alcántara
‘Nadadores’.

“En la preparatoria decidí que quería aprender a nadar. Encontré una pequeña alberca profunda para buceo, en donde también daban clases de natación. El agua de nuevo, estuvo de mi lado, pues fue durante una temporada de tormentas que los otros alumnos no podían llegar a tiempo y gracias a eso, tuve clases personalizadas. Adquirí tanta seguridad que incluso aprendí a nadar hasta la parte más profunda, en donde el azul se convierte en negro. Después probé otras albercas de agua templada, fría, algunas lejanas y olímpicas, hasta que encontré la más poética, la que se convertiría en mi alberca perfecta: aquella cuya techumbre me parecía la piel de un pez mientras nadaba de dorso. Tal vez ese es el origen del libro Nadadores -confiesa Mariana Alcántara-. En las ilustraciones quise plantear el sentimiento de libertad que se siente al nadar. Me sorprendía observar cómo tantas personas tan distintas, nos transformamos en algo más adentro de la alberca. Se siente como entrar a una danza rítmica infinita y formar parte de la energía grupal, como en un cardumen”. 

Mariana Alcántara

¿Cuál fue tu impresión cuando viste a tus nadadores impresos en gran formato en Sharjah? “He tenido la oportunidad de visitar varias veces el Festival de Lectura para niños en Sharjah en los Emiratos Árabes Unidos: he recibido en dos ocasiones uno de los premios para la Exhibición de Ilustradores (en 2018 y 2023) y en el 2021 fui porque me invitaron a ilustrar un libro como parte de un proyecto sobre las similitudes entre México y Sharjah, en donde participamos varios ilustradores de ambos países”.

“Tengo un gran aprecio por el concurso de Sharjah, pues no sólo marcó un punto de inflexión en mi carrera porque fue el primer certamen internacional que gané, sino que también fue el primer viaje que hice fuera de mi país. Así que cuando me contactaron para informarme que habían elegido mis ilustraciones para que fueran la imagen de la feria, acepté inmediatamente. El paso siguiente fue vectorizar las ilustraciones para que las pudieran imprimir correctamente en gran formato, esto significaba volver a dibujar un personaje de 15 x 6 cm hecho en carboncillo, pero ahora debía ser aproximadamente de 150 x 60 cm y digital. Aunque me hubiera encantado estar en la exhibición para ver mis imágenes en gigantografía, no pude estar ahí. Pero pude ver algunos videos en internet en donde niñas y niños imitaban los estiramientos que los nadadores realizan antes del entrenamiento. Eran los mismos ejercicios que yo realizaba mientras pensaba que estaría bueno hacer un libro sobre nadar. Fue una experiencia mágica. Para mí representa uno de esos momentos en los que siento que mi trabajo tiene sentido porque los dibujos cobran vida gracias a los lectores”, asegura Mariana Alcántara. 

Mariana Alcántara

Este libro de nadadores fue reconocido en Bolonia, y en la edición de 2025 tu portfolio fue el ganador. ¿Qué supone para ti la Feria de Bolonia? “Durante mi carrera como ilustradora, la Feria de Bolonia ha sido un referente, como un faro para seguir en la niebla mientras nado en mar abierto. Fue hasta el 2025 gracias al premio de portafolio que pude asistir por primera vez. Sin embargo, siempre me mantuve al tanto de lo que sucedía en la Feria a la distancia, tanto como era posible”. 

“Había planeado el viaje durante años, pero en el fondo quería asistir con un objetivo claro. Viajar a Italia desde México supone una gran inversión para una trabajadora freelance y no es una decisión sencilla. Así que cuando miré la convocatoria del concurso de portafolio cuyo premio era ganar un viaje a Bolonia, tuve la intuición de participar. Trabajé en mi portafolio con la confianza de mostrar los mejores proyectos que había realizado a lo largo de 10 años de carrera: casi 20 libros ilustrados, de los cuales 3 de ellos también había escrito y numerosos proyectos de ilustración de poesía o portadas de libros; casi todos ellos dirigidos al público infantil y juvenil. Viajé a la FIL Guadalajara para presentarme al concurso, llevé un ejemplar de cada uno de mis libros más representativos y tuve la entrevista con Arianna Squilloni, editora de A buen paso”.

Mariana Alcántara

“Después de un par de meses en que todas las noches, antes de dormir, imaginaba la posibilidad de viajar a Italia, me notificaron que era la ganadora. ¡Por fin conocería Bolonia! Durante la Feria tuve la oportunidad de firmar algunos de mis libros que han sido publicados en Europa y conocer a sus editores: Nadadores en su versión en italiano (Nuotatori), publicado por Raum Italic; Futuro, por SM España y La soledad de los peces, por Diego Pun en España. Todos ellos con poesía de María José Ferrada. También observé muchos libros interesantes, fueron tantos que lo único que no me gustó fue tener tan poco tiempo. Lo que más me conmovió fue darme cuenta de que aunque era la primera vez que estaba ahí, mis libros habían llegado antes y ya estaban hablando por mí”. 

Otro libro premiado en Bolonia es ‘Río Viento’. ¿Cómo afrontaste este proyecto? ¿Qué vamos a encontrar en sus páginas? ¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Sí, Río Viento fue un poema que Ana Laura Delgado, la editora de El Naranjo me invitó a ilustrar. Llevábamos un par de años intentando coordinar nuestros calendarios para que yo ilustrara un segundo libro para su editorial. Así que me ofreció el texto de Río Viento que estaba dirigido a los lectores más pequeños y me pareció una gran oportunidad para ilustrar mi primer libro en cartoné, que desde hace un tiempo es un formato que me llama la atención”, nos cuenta Mariana Alcántara. 

Mariana Alcántara

“Para iniciar con la exploración, yo tenía muy claro que quería dibujar con el viento de por medio y no me refiero solamente al que entra por mi ventana cuando estoy trabajando, que en algunas ocasiones empuja mi pincel lleno de tinta e imprime una inesperada mancha en el papel; sino que necesitaba que el viento fuera protagonista de las ilustraciones. El poema de Adolfo Córdoba me recordó de inmediato al río Magdalena que había visitado en años anteriores en el Festival Épico, un encuentro de literatura infantil y juvenil en Barranquilla, Colombia. Me sorprendió que el viento estuviera tan unido al río y que me despeinara las ideas conforme me acercaba a la orilla”. 

Mariana Alcántara

“Después de varias lecturas de análisis, me preguntaba si el texto de Adolfo no sería mejor recibido por lectores mayores, pues yo misma me confundía entre los versos de río y de viento, pero confié en la visión editorial y en adoptar la indeterminación como una herramienta creativa. Entonces dirigí mis esfuerzos para crear un segundo relato a través de las ilustraciones, que ofreciera detalles concretos sobre lo que estaba pasando en el poema: aves que se transforman en peces, peces que son pájaros y niños que vuelan. Para los primeros experimentos trabajé con gotas de pintura acrílica y una espátula con la que emulaba la acción del viento, como si un soplido provocara que una gota dejara un camino de pintura. Con ese método salieron aves y peces, azules y verdes. Descubrí muy pronto que esas manchas eran cuerpos con plumas o escamas y que podían transformarse en aves o peces sólo con cambiar la cabeza. Estos experimentos le encantaron a Ana Laura, sólo que todavía no tenían la estética que imaginábamos para los primeros lectores. A partir de entonces, me concentré en simplificar las formas y suavizar los rasgos”, afirma Mariana Alcántara.

Mariana Alcántara

“Seguí perfeccionando este modo de dibujar hasta que una tarde en la mesa de trabajo, salió un pequeño pez con escamas de círculos. Luego dibujé un pájaro que tenía el cuerpo compuesto por líneas y entonces todo me hizo sentido: seguramente esas líneas antes del viento eran círculos. Los personajes de los niños los resolví mirando ese par de imágenes brújula que me guiaron para resolver todas las ilustraciones con el mismo registro estético y técnico”. 

“A la par de este proceso, también experimenté con diversos formatos: propuse un libro en acordeón leporello, otro con una página desplegable y jugué con el encuadre horizontal y vertical. Éste último descubrimiento me llevó a entender que la dualidad presente en el texto, podía también llevarla al formato y proponer ambos: vertical para hablar del viento (globos que vuelan alto, árboles despeinados y aves lejanas); y por otro lado el formato horizontal para hablar del río (el horizonte que se extiende, peces, ranas y niños que se sumergen). Además esta estrategía coincidía justo en el centro, en donde el texto de Adolfo pregunta —¿No me crees? que es el parteaguas para que los lectores giren el libro y continúen el viaje al otro mundo”. 

Mariana Alcántara

“Soy muy afortunada de colaborar con El Naranjo, es una gran editorial mexicana que me permitió tener una libertad creativa enorme en este libro, me encanta trabajar así. Cada semana el proyecto iba cambiando y me acompañaron en el proceso sin limitar las posibilidades. Creo que gracias a su visión editorial y al gran equipo que formamos, obtuvimos el premio BolognaRagazzi para primeras infancias en la Feria de Bolonia en 2026”. 

Mariana Alcántara

¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a, por ejemplo, Astronautas? “Este libro publicado por Lecturita Edicionestambién nació a partir de las ilustraciones. Yo había hecho una serie de cinco imágenes para un concurso y aunque no tuvieron buena suerte, las mantuve durante varios años en las primeras páginas de mi portafolio porque me interesaba que se convirtieran en un libro. Esta fue una historia que encontré al inicio de la pandemia en 2020, ese año inolvidable. Recuerdo que hubo una expedición de la NASA a Marte: Mars 2020, y tuve mucho tiempo disponible para seguir el evento por internet, con la emoción de una niña. También descubrí el sitio web de la estación internacional espacial, en donde pude seguir su ubicación en tiempo real”, recuerda Mariana Alcántara. 

Mariana Alcántara
‘Astronautas’.

“Todos estos hallazgos me llevaron a imaginar cómo sería la estación internacional o un transbordador espacial y también a diseñar tres astronautas con trajes poco convencionales, inspirados en los disfraces del Ballet Triádico de Oskar Schlemmer de la Bauhaus. Luego metí a estos personajes en la nave, cerré la puerta y los llevé al espacio exterior en donde se encontraban con unos planetas extraños entre los que había un tomate. Porque en mi cabeza yo quería contar la verdadera historia de la luna, desmentir o explicarme a mí misma por qué se dice que es de queso y eso me llevó a pensar en pizza. Era un juego de cosas circulares”. 

“Desde hace algún tiempo yo quería colaborar con Lecturita y en la FIL Guadalajara hablé con la editora Celina Alonso. Le gustó mucho esta serie y le envió las imágenes a Sandra Siemens. Cuando recibí el texto me llevé una gran sorpresa: era muy diferente a lo que yo había imaginado, pero la nueva historia me gustó. Habla de un niño llamado Gregorio que le gusta todo lo relacionado al espacio. Encontré un reflejo con esa versión mía de 2020 que se obsesionó con el tema. En este proyecto el reto más significativo consistió en olvidarme de la historia anterior, rescatar las imágenes que podía utilizar como guía para crear otras y analizar el nuevo texto con la mente abierta”. 

Mariana Alcántara

“Fue un proceso interesante porque pude hacer énfasis desde la ilustración en la creación de los trajes espaciales, por ejemplo. En este punto, encontré un reflejo del pasado, que remontaba hasta mi formación como diseñadora industrial y aquella versión mía que, en una temporada, anheló también dedicarse al diseño de modas. Hay un personaje que agregó Sandra, que me gustó mucho, es una niña que se hace amiga de Gregorio. En el texto ella no tiene nombre, pero durante mi investigación encontré que la primera mujer astronauta se llamó Valentina Tereshkova y que en 1963 orbitó la Tierra en una nave llamada Vostok 6. Así que en la parte en la que Gregorio le hace un traje a su amiga para que lo acompañe al planeta Gregorius, escribí Valentina en las anotaciones y medidas que escribiría un modista o un diseñador. Me imaginé que esta niña podría llamarse así y para mi fue una forma también de hacer justicia feminista”. 

¿Cómo afrontas el trabajo de cada libro? Nos referimos a ese trabajo previo, no sabemos si de bocetos en algún cuaderno, … “Cada libro para mí es como subir una montaña o como nadar en el mar abierto: requieren un buen entrenamiento antes de adentrarse en ellos y también exigen humildad -asevera Mariana Alcántara-. El hecho de haber experimentado con montañas, mares o libros en el pasado, no me hace experta en el próximo. Yo creo que lo único que nos piden estos entornos es respeto. Es así como inicio cada proyecto: no intento cruzarlo con el mismo método del anterior. Sé que mi trabajo es encontrar la voz de cada libro. Así que lo único que tengo en la cabeza antes de empezar es que necesito investigar mucho, muchísimo. Intento que las fuentes sean variadas: novelas, cuentos, películas, obras de arte, entrevistas sobre el tema a algunas amigas o recuerdos de viajes. Intento alimentarme de tantos referentes como sea posible, para estar muy cercana al tema del libro”. 

Mariana Alcántara
Libreta de proceso. ‘Orundellico’. Alboroto Ediciones.

“Algunas veces destino una libreta para cada proyecto. Hay otros proyectos que empiezo con experimentos de técnica. También escribo textos propios alternos al libro en cuestión. La única regla que me impongo a mi misma es ser libre y dejarme llevar por la curiosidad”. 

Mariana Alcántara
‘La soledad de los peces’.

¿Con qué técnicas te gusta trabajar? “Es una pregunta compleja, creo que me gusta trabajar con técnica mixta. Intento dibujar con materiales poco convencionales porque pienso que el dibujo es una energía que existe también fuera de los lápices. No me interesa que el libro que estoy haciendo se parezca al anterior, todo lo contrario. Me encanta que cada uno tenga una voz particular. Me aburro rápido de una técnica, me gusta sentirme al borde del abismo de mi mesa de trabajo en cada proyecto. Es así como me mantengo a la expectativa de lo que pueda descubrir y también siento los pies en la tierra. Intento que el miedo a la hoja en blanco sea la primera herramienta para trabajar y después de varios experimentos me sorprendo a mí misma del resultado; incluso me pregunto si fui yo quien hizo ese dibujo. No siempre llego a ese estado creativo, pero cuando sucede, lo atesoro como una gran experiencia -confiesa Mariana Alcántara-. Ese fue el caso para la serie de ilustraciones llamada Fue un miércoles, con la que recibí el primer lugar en la Exposición de Ilustradores en Sharjah Children’s Reading Festival en los Emiratos Árabes Unidos en 2023, que meses después se convertiría en el libro La soledad de los peces publicado por Alboroto Ediciones”. 

Mariana Alcántara
‘Fue un miércoles’.

¿Cómo fue trabajar en proyectos con nombres como María Jose Ferrada o Adolfo Córdova? “Intento no pensar mucho en el nombre de los autores mientras trabajo, de otra manera no podría dibujar ni una raya. Únicamente me limito a leer el texto y buscar una conexión emocional desde algún punto de mi historia como lectora, ilustradora, escritora y habitante del mundo. Una vez que comienzo con el proceso de ilustración, leo muchas veces el texto. Lo analizo, le hago preguntas, incluso lo contradigo. Este proceso es muy personal. He descubierto que soy demasiado empática y hablar con los autores en las primeras etapas del proyecto supondría ceder a favor de sus ideas y adoptarlas como propias, antes de generar mi propuesta”. 

“Cuando el libro está listo, recibo algunos comentarios de los autores a través de la editorial y es hasta mucho después, cuando tenemos la fortuna de coincidir en algunas presentaciones del libro, que conversamos. A mí me parece que los conozco de toda la vida, o bueno, siento que es como platicar con un amigo de quien sé muchos detalles. Supongo que es por el análisis tan exhaustivo que hago a sus palabras o porque su texto y mis ilustraciones conviven mágicamente en los libros. Para mí representa un honor compartir libros con María José y Adolfo. También he tenido la oportunidad de ilustrar textos de Martha Riva Palacio Obón, Pedro Mañas, Sandra Siemens, Fran Nuño, Sara Camhaji y Mónica Rodriguez”, afirma Mariana Alcántara. 

Mariana Alcántara

En cambio en ‘El libro mentiroso’, todo el trabajo es tuyo… “Como autora integral he realizado cuatro libros, con el Fondo de Cultura Económica en México primero fue La voz ciega y después vino El libro mentiroso. El proceso de escribir e ilustrar es un camino interesante: algunas veces escribo la historia de un tirón, en otras primero encuentro la imagen, o bien, inicio indagando en un tema que me interesa desde el bocetaje de ideas sin saber muy bien si se convertirán en parte del texto o de la imagen. Es un proceso que disfruto mucho, porque puedo seguir editando el texto y la imagen en cualquier parte del proceso. Aunque durante ciertos momentos del proyecto imagino que sólo estoy ilustrando el texto de alguien más para investigar, contradecir y cuestionar con libertad”. 

“El libro mentiroso surgió también a partir de un concurso, en este caso el Valladolid Ilustrado en España, donde gané el primer premio en el 2019 con una serie sobre las mentiras. Mi motivación personal para este libro fue continuar con esta historia que había planteado en dos imágenes hechas con la técnica de collage, en donde utilicé un papel color magenta que dejaba transparentar la verdad que ocultaban los personajes. Inventar este efecto mágico tipo rayos X fue el recurso que encontré para hablar de las mentiras”.

Mariana Alcántara

“Durante mi investigación encontré un artículo en internet que decía que los humanos mentimos alrededor de unas cien veces al día. Cierto o no, me pareció fascinante, y con esto en mente salí a dar uno de mis paseos habituales. En el camino observé a las personas y me pregunté si en ese momento estarían diciendo alguna mentira para cumplir con la cuota diaria de la que hablaba el artículo. Fue así como me di cuenta que los disfraces y algunos accesorios que usamos a diario, como pintarse las uñas o el cabello, son una manera silenciosa de ocultar la verdad. ¿Por qué algunas mentiras son socialmente aceptadas y otras no? Luego fui más lejos y me inventé el juego de descifrar qué había dentro de los sombreros de las personas ¿tal vez un ratón? y de los abrigos ¿en realidad eran tres niños uno encima de otro?”

“Con este recurso visual en mente inicié el proceso de escritura. Experimenté con diversas voces, personajes y lugares para encontrar la historia. Entre los múltiples borradores que escribí, había uno que descarté porque me parecía que era adecuado para un público mayor, pero para mi sorpresa, Horacio de la Rosa y Susana Figueroa, editores del FCE, lo eligieron como el ganador, porque lo había escrito inspirada en una nota periodística, con una voz similar a esa primera noticia que había detonado el proyecto. Después busqué al personaje principal y me di cuenta que en la palabra mentiroso ya había alguien escondido. Entonces busqué al oso más adecuado y cuando leí que los osos polares en realidad tienen la piel oscura, pero se ven blancos porque su pelaje es transparente y refleja el entorno, supe que lo había encontrado”. 

“Es un libro lleno de detalles que me encantan. Lo hice como un homenaje a la magia del dibujo porque es así como la protagonista encuentra al oso: dibujándolo en la pared y entonces empiezan a inventar mentiras. Al final se descubre que son ellos los verdaderos creadores del libro. Mi intención principal es que sea una puerta abierta a inventar historias: crear una buena mentira puede ser el inicio de una historia de ficción. También me interesa provocar preguntas: ¿mentir siempre es malo?, ¿por qué a los niños se les exige decir la verdad y los adultos les ocultan cosas? Finalmente mentir es algo natural y los libros deberían ser un terreno libre de censura”. 

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Manuel Marsol reflexiona en torno a ‘El cielo en casa’

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Manuel Marsol

Cuando tenía veinte años, Manuel encontró una fotografía en la vieja casa familiar. La fotografía mostraba a un hombre lanzando un penalti. Había también un portero a contrapié y un balón detenido en el aire. Ninguno de los jugadores que aparecían en la foto le resultaba familiar, excepto uno, el que chutaba el balón. Era su padre, que murió cuando Manuel era un niño. ¿Cómo saber entonces si aquel penalti se convirtió en gol? Como un detective que siguiera la estela borrosa de sus propios pasos en la nieve, Manuel Marsol se sirve de unas pocas películas, de una canción legendaria de Gino Paoli y del penalti fallado por Roberto Baggio en la final del Mundial 94 para contestar la pregunta más apremiante que le plantea su corazón de niño: ¿puede el ser querido seguir vivo en el misterio? Editado por Fulgencio Pimentel, hemos charlado un poquito más sobre ‘El cielo en casa’ con Manuel.

Manuel Marsol

En el origen sobre todo, hay una fotografía. Me gustaría que me hablaras un poquito de eso, del origen, del embrión de este proyecto. “Es una fotografía que yo encuentro. Tendría unos 20 años. La encontré en una casa familiar. Había muchas fotos de fútbol de mi padre, que murió cuando yo tenía 11 años. Encontré muchas fotos de él jugando en campos de arena entre los años 60 y 70. Y me quedé atrapado con esta, porque el balón estaba ahí, era un penalti que él lanzaba, y el balón estaba ahí parado a mitad de camino entre la portería y el punto de penalti, y no se sabía si el balón entraba o no. Como él había muerto cuando yo era pequeño, era una metáfora de todos esos misterios, de todas esas cosas que yo no iba a poder preguntar. A partir de ahí, empecé a trabajar en el libro”.

Manuel Marsol

¿Qué se va a encontrar el lector cuando empiece a pasar las páginas de El cielo en casa? “Se va a encontrar una investigación, pero no la que haría un detective, sino más bien una investigación hacia dentro de uno mismo, hacia la memoria. Me di cuenta que tampoco el libro debía ir tanto sobre esa búsqueda, sino sobre todos los recuerdos que yo tenía con mi padre”, nos cuenta Manuel Marsol.

“Es un libro que está enfocado para el público adulto. Es el primer libro que no hago, digamos, para todos los públicos, por el tono, la manera de contarlo. Y es un viaje hacia el interior, hacia recuerdos con él, películas que veíamos juntos… El formato es de álbum ilustrado, pero tiene una longitud más propia de la novela gráfica. Hay mucho más texto de lo que acostumbro en mis libros”.

Manuel Marsol

“Primero, hay una parte en la que imagino cómo fue ese penalti, cómo pudo suceder. Hay otra parte en la que ya cada vez me voy alejando más de ese balón, y ese balón se va convirtiendo casi más en una estrella en el cielo. Y voy mirando más al pasado, a las películas que veíamos juntos, que tienen resonancias con esta historia. Al final es una historia que habla sobre el estar y el no estar, sobre lo que está adentro y lo que está afuera, como un penalti que marca la diferencia… El gol es la vida y el fallo es la muerte. El ser o no ser. En un penalti está recogidas un montón de metáforas”, continúa Manuel Marsol.

Manuel Marsol

“Por ejemplo, una película como ‘Centauros del desierto’, que es una peli que era de sus favoritas y que veíamos juntos, yo la narro desde los ojos del niño. Y hay cierta simbología con el dentro y el fuera. Es una peli que habla del regreso al hogar, de la casa. Se abre con un plano desde dentro de una casa y se cierra igual. Siempre está presente ahí el marco, lo que entra, lo que sale. Es como si en ese balón cupiesen muchísimas asociaciones. Entonces voy tirando de ese hilo, de ese balón, donde cabe todo lo que hacíamos juntos, canciones que escuchábamos…”.

Manuel Marsol

“Y luego ya hay una relación con el famoso penalti de Baggio en el Mundial del 94, que por una casualidad de fechas tiene mucho que ver con mi padre. Desde que se lanzó el penalti hasta que murió mi padre pasó justo un año. A través de ese penalti, que en su momento yo había visto con otros ojos, desde que Baggio nos había eliminado, y le tenía hasta cierta manía, pues de repente ese penalti se fue cambiando a raíz de ese descubrimiento de las fechas y volviéndose también parte de ese balón suspendido en el aire. Todo sirve para hacerme preguntas de todo tipo”, afirma Manuel Marsol.

Manuel Marsol

Manuel, y en cuanto a las ilustraciones, no sé si has trabajado con alguna cosa diferente o más o menos en la línea en la que venías trabajando hasta ahora. “Yo diría que es una línea un poco distinta, digamos más realista de lo que acostumbro. Es una historia que no es como las anteriores, de fantasía y tal, aunque la hay, hay una parte de fantasía, pero esta necesitaba que estuviese pegada a la realidad. Primero por la foto. La foto es una foto real y a la hora de representarla la dificultad era justo esa… Un equilibrio entre esa parte más expresionista mía y un realismo que necesitaba la historia”.

¿Y técnicas, Manuel? “Es pintura sobre papel. No tiene óleo, no hay collage, no hay digital tampoco. Es todo acrílico, acuarela y lápiz sobre papel”, indica Manuel Marsol.

Manuel Marsol

Estoy viendo ahora una de las imágenes que muestra la editorial del libro y que habla del cine. Se ve en la ilustración incluso el logotipo de La 2 de Televisión Española. “Es porque hay muchos recuerdos… Los objetos guardan como una especie de memoria. El niño que yo fui, el adulto que soy ahora, ve esos objetos de la casa familiar y están cargados de muchos recuerdos. Uno de esos objetos que salen en el libro es la cinta del VHS de Centauros del Desierto. A la hora de hacer el libro la llevé a una tienda, la digitalizaron, y me volví a ver Centauros en calidad VHS”.

“De ahí salieron muchos símbolos, lo que te contaba antes del dentro, del fuera. La búsqueda, porque también está buscando a una niña, que la secuestran los indios, y es una búsqueda sin saber muy bien si la niña está viva o muerta. Es un poco como la búsqueda del balón, algo que tú buscas y buscas, pero no sabes si tiene solución”.

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Josefina Tai y Larisa Cumin nos abren ‘Las Puertas’

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Josefina Tai

¿Qué puede descubrir una niña curiosa del otro lado de las puertas de su nueva casa? ‘Las puertas’ nos muestra los hilos invisibles de todas las cosas que echan raíz: un trabajo, un hogar, una familia. Cada puerta es una invitación a la aventura, pues nunca sabemos qué nos aguarda del otro lado. Editado por Limonero, es un trabajo de Larisa Cumin y Josefina Tai. Con ellas hemos charlado un poquito más sobre este libro.

¿Dónde está el origen de este proyecto? Larisa Cumin: “Si tiene un origen, está en la infancia. En una voz que de chica fui inventando en el patio de mi casa bajo un árbol que no era nuestro, pero que nos daba sombra y flores y hojas. Y en el recuerdo que ahora puedo tener de lo que esa nena que alguna vez fui pensaba, decía, imaginaba. Con esa voz y con dos recuerdos atados a una misma puerta -quizás de los recuerdos más viejos que tengo- es que armé un poema largo. Ese poema le llegó a Jose a través de la editorial Limonero y ella lo ilustró maravillosamente”.

Josefina Tai

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? Josefina Tai: “Los lectores encontrarán un libro nostálgico de una memoria cuidada, tanto por la escritora como por la ilustradora. De mi parte, indagué sobre la infancia de Larisa y de mi entorno, hurgando entre fotos y recuerdos, para crear el escenario un tanto ficticio de la protagonista”.

Larisa Cumin: “Para mí los lectores se van a encontrar con un libro que puede resonar tanto en adultxs como en niñxs. Se trata de un mundo imaginado que puede parecerse al de ellos, como no. Y posiblemente se encuentren con esas preguntas y silencios que a veces nos hacen la poesía”.

¿Qué son para cada una de vosotras las puertas? Larisa: “Para mí las puertas pueden ser múltiples cosas: inicios, posibilidades,salidas, fines, conexiones, encuentros… El poema juega con eso todo el tiempo, porque la nena que es la voz del poema mientras experimenta cambios va reflexionando mucho. En un momento dice por ejemplo:

“Las puertas como las monedas tienen dos caras

una para entrar, otra para salir.

Son caras que cambian dependiendo de si se quiera

entrar o salir al mundo; entrar o salir de una casa.”

Y los dibujos de Jose le siguen ese juego por caminos más oníricos”.

Josefina Tai

Josefina Tai: “Creo que conecté mucho con el poema desde el principio, justamente por el juego con las puertas; me da múltiples posibilidades para pensar en lo que puedo dibujar, lo que hay detrás de la puerta, lo que vaya a pasar una vez que la puerta se abra. Y este juego onírico creo que es algo bastante característico de mi trabajo”.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… Josefina Tai: “Como mencioné antes, el trabajo previo a lanzarse a ilustrar fue la conversación con Larisa. Conocernos y escuchar de dónde viene ella y de dónde vienen sus palabras, investigar sobre los objetos que guarda en su memoria. Este fue un proceso clave para mi trabajo como ilustradora: poder visualizar el origen de la niña del libro y, a partir de ahí, empezar a construir aquella casa llena de puertas con los elementos que recolecté”.

Larisa: “En este sentido que nombra Jose, hay algo del libro que tiene que ver con lo recordado, con “volver a pasar por el corazón” algunas vivencias y volverlas vívidas al narrarlas e ilustrarlas. Conversamos mucho, pero no respecto a cómo o qué tenía que ilustrar Jose, sino que hablamos de nuestras infancias, de objetos que rodearon ese tiempo. La historia del poema sucede en una casa que se va construyendo de a poco a las afueras de una ciudad del interior de Argentina en los 90, es decir en un contexto donde se cruza lo urbano y lo rural. Entonces hay objetos muy ligados a lo analógico, ciertos colores, texturas particulares (algo de esos tonos lavados de las fotos de rollo de esa época), una vegetación particular, una dimensión del espacio que está marcado por eso”.

Josefina Tai

¿Cuál ha sido vuestro mayor descubrimiento tras todo ese proceso? Josefina Tai: “Lo que más aprendí en el proceso de ilustrar este libro fue a observar y a tener paciencia, tanto conmigo como con mis dibujos. En general, cuando tengo una idea, me apuro mucho a realizarla y no suelo hacer muchos bocetos. Sin embargo, para este libro, el proceso de los bocetos fue más largo, ya que no dependía solo de mi visión, lo cual, para mi sorpresa, me gustó muchísimo. Tuve que hurgar mucho más a fondo en mí para encontrar la imagen perfecta, aprendí que no hacía falta apurarme y quedarme con la primera idea, que a veces puede estar bien. También en el libro ilustro muchos objetos, cosas de la casa, y para esto, tuve que sentarme a mirar los objetos que me rodeaban, observar cómo son sus texturas, cómo se ven las marcas del tiempo en ellos, para que la imagen que yo ilustrara fuese rica visualmente. Así aprendí a detenerme, tanto en la vida real como en mi trabajo”.

Larisa: “Para mí fue maravilloso encontrarme con las imágenes que Jose trajo al poema. Es la primera vez que escribo y otro lo ilustra, hasta ahora había publicado libros para adultos sin ilustración, entonces ver el poema hecho libro me produjo un placer parecido a abrir un libro álbum por primera vez pero con la salvedad de que acá esas palabras las había puesto yo. También nos viene sorprendiendo el recorrido que el libro fue haciendo… a quiénes fue llegando, qué cosas cuentan los lectores que les produce. Y entre esas cosas maravillosas fue seleccionado entre los 100 Outstanding Picturebooks 2026 de D-pictus y hace poco las ilustraciones de Jose fueron elegidas para conformar el Catálogo Iberoamericano de Ilustración de publicaciones infantiles y juveniles de Iberoamérica Ilustra”.

Josefina Tai

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? Josefina Tai: “Creo que en general mis ilustraciones suelen ser silenciosas. Me gustan los trabajos que me hagan suspirar por su belleza y sentir que todo el resto se apaga, y eso intento hacer con mis imágenes. Sé que son íntimas, porque intento buscar las imágenes a través de mi cuerpo y de lo que yo experimento con cierto sentimiento, para traducirlo a una imagen. Y creo que justo hace una buena dupla con el poema porque es igual de sensible e íntimo. Lo diferente a lo que vengo haciendo siempre es esto de haberle dedicado tanto tiempo, fueron como 8 meses de estar inmersa en este proyecto”. 

Josefina Tai
Boceto

¿Con qué técnicas trabajaste? Josefina Tai: “Trabajo digitalmente con Photoshop, desde la pantalla de la compu y usando una tableta pequeña de wacom. Uso casi siempre los mismos pinceles: uno de acuarela y otro de lápiz, así que un poco sigue siendo analógico ese proceso de trabajar en capas y generar texturas. También aprendí a ser más organizada con mi espacio de trabajo de Photoshop, porque son más de 100 capas y por momentos se me hacía difícil encontrar las cosas”.

Josefina Tai
Boceto

Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. Josefina Tai: “Al principio me costó mucho encontrarle la voz de la imagen al libro, hasta que hice el boceto de la primera doble del libro, que es una niña asomándose, pero solo se ve su sombra. Un poco porque ilustrar personajes no es mi fuerte y otro poco para generar misterio. Cuando vi ese boceto, me di cuenta de que la poesía de las ilustraciones de este libro se va a trabajar a partir de las sombras (contar algo sin contarlo todo). Por lo que a lo largo de todo el libro, me enfoqué en encontrar las diferentes sombras posibles de una casa. Excepto la parte en donde todo el libro se apaga y, en vez de dibujar las sombras, dibujo las luces y creo que ahí se genera un juego interesante”.

“El libro está dividido en 4 partes, y lo mismo hice con las ilustraciones. Arranqué con esa paleta tierra que menciona Lari, por las baldosas terracota del piso que encontré en algún lugar; son baldosas que creo que ya no se usan y los colores funcionan perfectamente para hablar de un recuerdo, de algo que ya pasó. En la segunda parte, cuando la niña se muda a un lugar con patio, todo se vuelve vibrante y brillante, virando a los colores saturados. En la tercera es cuando todo se apaga, el rojo/rosado se entristece y vira a los violetas. Y por último, vuelve la luz y todo vuelve a ser brillante”.

Josefina Tai
Boceto

¿En qué trabajáis ahora? ¿Algún proyecto nuevo? Larisa y Josefina: “Ahora estamos probando el camino inverso, que Jose ilustre y luego Larisa escriba. Este nuevo proyecto por ahora parece una continuación del anterior aunque se separa y prueba algo nuevo. Hay dos niñas y hay ventanas. No podemos contar mucho más”.

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Álbum Ilustrado

Richolly Rosazza nos habla del trabajo tras ‘Tornare’

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Richolly Rosazza

Cuando el invierno llama a las puertas de la ciudad, decide marcharse a un lugar donde aún es verano. Al regresar a casa, una sensación de inquietud la llevará a emprender nuevos viajes, en un intento por llenar el vacío que se ha instalado en sus pensamientos. Así comienza un viaje interior a través de las estaciones, entre partidas y regresos. Un relato poético de crecimiento interior, viajes y el descubrimiento de lo que verdaderamente importa. Así nos presenta Kite Edizioni ‘Tornare’, un álbum ilustrado de Nadia Al Omari y Richolly Rosazza. Con éste último hemos charlado un poquito más sobre este proyecto.

¿Cómo llega a tus manos este proyecto? “Tornare es un proyecto que nace inspirado en uno de mis cuadros y en la idea de trabajar sobre las estaciones. Después, Nadia me entregó el texto y empezamos a trabajar juntos sobre la idea general del proyecto”.

Richolly Rosazza

¿Qué es lo que más te gustó de este proyecto? ¿Qué te pareció la historia de Nadia la primera vez que la leíste? “Del proyecto me gustó mucho la idea del viaje y, sobre todo, que el lugar al que llega la protagonista es un lugar que Nadia y yo conocemos bien. Además de realizar nuestros proyectos juntos, somos pareja y estamos casados, así que es un lugar que forma parte de nuestra vida. Busqué representar, de alguna manera, ese lugar y llevarlo al mundo de la historia. La historia me gustó mucho desde el principio, pero, trabajando juntos en nuestros proyectos, sé que puede evolucionar un poco durante el proceso. Me gusta esa posibilidad de ir descubriendo cosas nuevas mientras trabajamos”, asegura Richolly Rosazza.

¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Los lectores encontrarán una historia introspectiva y poética, en la que podrán reconocerse, al menos en parte. Tornare habla de viajes, partidas y regresos, pero sobre todo de ese viaje interior que todos emprendemos en algún momento para intentar comprendernos y encontrar aquello que realmente importa. Una historia sobre el crecimiento, las relaciones y la búsqueda de un lugar al que, más que volver, sentir que pertenecemos”.

Richolly Rosazza

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Busco crear en mis libros un escenario poético y onírico, donde lo cotidiano pueda convivir con lo fantástico. Me gusta crear imágenes que no lo explican todo, que dejan espacio a la imaginación y a la interpretación de cada lector -continúa Richolly Rosazza-. La naturaleza, las estaciones y los paisajes tienen un papel importante, porque acompañan y reflejan el mundo interior de los personajes. Intento que cada ilustración transmita una sensación o una emoción, más que simplemente representar lo que ocurre en la historia”.

Richolly Rosazza

¿Con qué técnicas trabajaste? “Para este libro utilicé acrílico y óleo sobre lienzo. Es una técnica que amo y que, hasta ese momento, había utilizado solo para mis cuadros. Sentía que Tornare necesitaba algo diferente, una técnica con presencia, que pudiera acompañar su parte más poética y emocional. Trabajar directamente sobre lienzo también me permitió disfrutar mucho de la materia y de la textura de la pintura”.

Háblanos un poco de ese recurso de la hoja a través de la que solo vemos el ojo o los ojos de los personajes… “Me gusta la idea de que la naturaleza forme parte de mis personajes, casi como una manera de fusionarlos con el entorno. La hoja funciona como una especie de máscara, con dos aberturas que son como ventanas o puertas: permiten al espectador acercarse y sentir curiosidad, pero también marcan un límite. Podemos ver los ojos del personaje, podemos intuir lo que siente, pero no podemos entrar en sus pensamientos sin su consentimiento”, afirma Richolly Rosazza.

“La idea nació de un cuadro que pinté durante el lockdown, cuando buscaba trabajar sobre algo enigmático y misterioso. Después sentí que este recurso podía encajar muy bien en Tornare, porque me permitía reforzar ese mundo onírico y dejar que algunas cosas permanecieran ocultas”.

Richolly Rosazza

¿Qué has aprendido con este proyecto? “He aprendido que limitarme pensando que una determinada técnica es adecuada para mis proyectos de ilustración puede ser un error. A veces salir de nuestra zona de confort y experimentar nos puede llevar a resultados inesperados y sorprendentes. Tornare me enseñó precisamente eso”.

Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “En general, para todos los proyectos que he realizado junto a Nadia, el proceso es casi siempre el mismo. Ella escribe el libro, a veces inspirándose en uno de mis personajes o, como en este caso, en uno de mis cuadros. Después me entrega el texto, hacemos juntos la división en páginas y preparo un storyboard. Diría que esta es la parte más difícil del proceso, porque es cuando tengo que encontrar el ritmo de la historia y decidir cómo se desarrolla visualmente página a página”, nos cuenta Richolly Rosazza.

“Una vez que tengo el storyboard aprobado, paso a realizar las ilustraciones definitivas. En esta fase me doy la libertad de añadir pequeños detalles o hacer algunos cambios que no comprometan la esencia del proyecto, pero que pueden enriquecer las imágenes y aportar algo más a la historia”.

Richolly Rosazza

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy evaluando algunas historias sobre las que me gustaría trabajar. Ya tengo algunas propuestas y estoy viendo cuáles pueden convertirse en mis próximos proyectos. Por ahora estoy en una fase de evaluación y de búsqueda, intentando encontrar aquellas historias que realmente me despierten algo y que me den ganas de trabajar visualmente sobre ellas”.

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