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Entrevistas

Concha Pasamar nos habla de ‘Tiempo de otoño’

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Tiempo de otoño es un álbum atemporal que recorre la belleza de los momentos aparentemente insignificantes y anima a vivirlos desde una mirada atenta al presente. Esa consciencia de lo pequeño que consigue suspender la fugacidad del instante se muestra aquí en un breve itinerario por los estímulos y sensaciones que la llegada del otoño provoca en la protagonista. Los cambios en el entorno y la naturaleza, que modifican también nuestras rutinas diarias, se presentan en un lenguaje poético, con ilustraciones en las que los colores se dosifican y acompañan un dibujo suelto y expresivo a carboncillo. La paleta cálida y la técnica natural refuerzan así el sentido de los textos que, sin mencionarlo, apuntan al hecho de que vivir es un recorrido en el tiempo. Este no es sino una sucesión de pequeños presentes llenos de sentido. Con estas palabras presenta la editorial Bookolia este álbum ilustrado, un trabajo de Concha Pasamar, con la que hemos charlado.

Concha Pasamar

¿Cómo nace este proyecto? Concha Pasamar: “En esto ‘Tiempo de otoño’ no difiere de mi anterior libro como autora: surgió como trabajo personal del curso de álbum ilustrado de Marián Lario y, de hecho, es anterior a ‘Cuando mamá llevaba trenzas’, aunque se haya publicado más tarde. Pasó algo parecido en este caso: dejé preparado texto, storyboard, y algunas definitivas, y ahí quedó todo. La idea de “mover” el proyecto no era entonces prioritaria, y siempre tenía algo más entre manos que me justificaba en la postergación de la tarea de enviarlo a editoriales. En fin, el libro fue también fruto de un proceso de aprendizaje en el que elegí hablar de las sensaciones que esta estación produce y producía en mí. Me apeteció más emprender un álbum íntimo que fabular. Aunque hubo algunos ejercicios más propiamente narrativos e infantiles en aquel curso, elegí como asunto del álbum aquello de lo que me apetecía hablar en ese momento -era otoño, y el cambio me encanta, pero también me pone algo nostálgica-: los momentos sencillos, su belleza y su densidad”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Creo que hallarán algunos puntos de conexión en aquello que experimentamos si vivimos en un entorno con estaciones bien marcadas, pero eso es tal vez lo más superficial. Creo que encontrarán, sobre todo, una llamada a vivir con atención al detalle, a dotar de intensidad a lo cotidiano. Esa intensidad, creo, puede compensar lo fugaz del paso del tiempo; al menos, a mí me permite prolongar el tiempo de otra manera, hacia el interior. Creo que el libro puede ser como un pellizquito para que uno se detenga más a menudo a disfrutar de una luz, una sensación, una compañía… Al parecer, encontrarán también algo de poesía en la combinación de imagen y texto, pero eso no lo he dicho yo 😉.”

Concha Pasamar

¿Cómo son y cómo eran tus otoños? “Bueno, eran muy normales, en realidad -nos confiesa Concha Pasamar-. Como para todos, creo, suponían la vuelta a la rutina escolar, que nunca fue un motivo de tristeza para mí: se terminaban algunos privilegios del verano, pero llegaba el reencuentro con los amigos, los cuadernos nuevos, el frío en la cara, los colores cálidos, las salidas a buscar setas, el calor del hogar…; en fin, lo que aparece en el libro. Y no son muy diferentes ahora, la verdad: mi vida ha seguido siempre el ciclo escolar. Primero como alumna y luego como profesora, el año se renueva para mí al llegar el otoño (también literalmente, porque mi cumpleaños a menudo coincide exactamente con el equinoccio)”. 

¿Qué fue lo más difícil en este proyecto? “Desde el punto de vista de la creación, no recuerdo que fuera un proyecto especialmente difícil de sacar adelante…No había ninguna presión y vi la forma que quería que tuviera enseguida. En el texto sí es cierto que hubo una reelaboración, porque primero hice una versión mucho más escueta, algo poética, pero más conceptual y por ello más opaca. Creo que fue bueno que Marián me señalara que podría ganar con mayor carga narrativa -aunque realmente tampoco hay mucha en la versión final-”.

¿Cómo estás llevando este último año extraño que hemos vivido y que seguimos viviendo? “Bueno, no puedo quejarme, porque he seguido trabajando; con cambios que requieren tiempo y esfuerzo, pero trabajando y en contacto también físico con los alumnos -nos cuenta Concha Pasamar-. Eso es mucho. También me ha acompañado hasta el momento la salud, a mí y a los míos. Y eso es muchísimo. Por lo demás, tengo la paradójica sensación de que el tiempo va a la vez despacio -no hay apenas hitos que despunten en las rutinas- y deprisa -¿ha transcurrido ya un año sin hacer nada especial en todo este tiempo?-. Siento que hay aspectos positivos, que me he refugiado aún más en lo sencillo y en la naturaleza, pero es inevitable el cansancio: echo de menos la compañía de muchas personas queridas, y la sensación de libertad. No es que quiera hacer nada demasiado especial -ahora mismo encuentro especial viajar a más de 50 km de mi casa, ver a mis amigos, asistir a un concierto, celebrar con la familia- ; pero sí me gustaría recuperar esa sensación de saber que si quisiera podría hacer todo eso, que ha ganado en significado, e incluso algo más”. 

Concha Pasamar

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? Nos llama la atención también el uso del color que has hecho… ¿Con qué técnicas trabajaste? “Tal vez su naturalidad y su calidez, en varios sentidos. Creo que dibujé este libro de una manera muy intuitiva; cuando lo hice solo había hecho un curso breve de composición (era toda mi formación en ilustración) y no había abierto nunca un programa de ilustración digital -ni tenía intención de hacerlo, qué ilusa-. El carboncillo es un material que se ajusta bien a mi dibujo suelto, que permite rápidamente contrastes, que llena y que siempre me gustó (mi madre dibujaba con carboncillo a veces y lo probé muy pronto). Este álbum fue mi primer proyecto de ilustración, y me sentía más cómoda en una paleta limitada –sigo estándolo-, así que pensé que la calidez de la estación la podría poner el papel, la expresividad el trazo del carbón y los toques de color el pastel. Me costó mucho más dar con la forma para ‘Cuando mamá llevaba trenzas’. Digamos que en el uso del color me reconozco más aquí”. 

¿Qué hay de diferente respecto a otros trabajos? “Realmente, no lo sé bien. Yo lo siento un trabajo muy muy mío –en la línea de ilustración que luego tuvieron también las imágenes de 9 Lunas (Poemas para esperarte), de Mar Benegas (Litera)-. Como cronológicamente es el primero y no pensaba tampoco en su publicación, desde mi perspectiva diría que lo que este álbum tiene de especial para mí es que fue un acercamiento totalmente libre y personal al género -afirma Concha Pasamar-. Desde ese mismo punto de vista, casi diría que los diferentes son algunos de los que vinieron después, aunque se publicaran antes, sobre todo aquellos en los que utilicé una paleta amplia y viva – digital o manual-. Si hablamos del álbum en su conjunto, podría decirse que tal vez sea más sensorial -aunque igual de íntimo- que ‘Cuando mamá llevaba trenzas’”.

Háblanos un poco del proceso de elaboración de este libro. “Como he comentado, seguí a rajatabla las pautas del curso de álbum durante unas semanas en las que estudié personaje y ambientes, hice y revisé el storyboard y llegué a terminar unas siete u ocho ilustraciones. Luego el libro quedó en barbecho y seguí con mis cosas”. 

“Se lo mostré a Luis Larraza, de bookolia, si no recuerdo mal, mucho después, tras terminar ‘Cuando mamá llevaba trenzas’, y lo quiso publicar –tengo que agradecer esa confianza en estos álbumes de sensaciones-. Así que tuve que retomar las ilustraciones restantes varios años después (en otoño de 2019) -continúa Concha Pasamar-. Temí que mi manera de hacer hubiera cambiado, pero creo que el propio material me condujo enseguida al mismo trazo. Como ya todo estaba planteado, fue rápido –el material se presta también a ello, creo-. A continuación replanteé las guardas, la página de créditos/portada y la cubierta. Además, preparé numerosas sugerencias para enlazar la lectura y la experiencia, que están accesibles a través del QR de la cubierta.

¿Qué dirías que has aprendido con este proyecto? “Lo aprendí casi todo sobre la elaboración de un álbum en cuanto a su estructura y su proceso, también sobre el engarce de texto e imagen en el libro álbum”. 

¿En qué estás trabajando ahora? “He entregado ya las ilustraciones para un álbum de Paula Merlán con Cuento de Luz y estoy terminando de dar forma con Luis Larraza, de bookolia, a un romancero de Paloma Díaz-Mas; ambos libros verán la luz a principios de este otoño. Dos trabajos muy ilusionantes y diferentes que me han hecho disfrutar mucho, de maneras muy distintas. También estoy en fase de documentación y planificación de un libro de no ficción para A Fin de Cuentos sobre un tema apasionante -tiene que ver precisamente con el poder transformador de la palabra escrita-, y retomando un proyecto precioso -ya encauzado- con texto de Pablo Echart, que saldrá con Triqueta en 2022”. 

“Y sin preverlo, resulta que de otro curso fantástico de Marián Lario ha salido una nueva idea a la que he conseguido poner palabras y un primer storyboard, y parece que ya ha encontrado casa -afirma Concha Pasamar-. Voy escribiendo también otras cosas, sin prisa…Veo con claridad que, si se riega y se cultiva con constancia, la creatividad no deja de dar brotes, aunque haya estado en letargo mucho tiempo, como en mi caso”.

“Y recibo otras propuestas interesantes e ilusionantes, pero una llega a lo que llega y debo dosificar. Mi trabajo me impone muchas limitaciones porque la docencia y la investigación –actividades que tienen también sus dosis de creatividad- terminan siempre robando espacio al tiempo libre, especialmente en estos dos últimos cursos tan extraños y demandantes, así que iremos poco a poco con unas cosas y otras, porque sencillamente vivir también es importante”.

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Pierre-Emmanuel Lyet nos habla de su trabajo en ‘Indomable’

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Pierre Emmanuel-Lyet

Una niña toma una decisión: abandonar el mundo de los adultos y fundar su propio reino. Salvaje, valiente e indomable, construirá una fortaleza en su cabaña del árbol y gobernará con sus propias leyes. Allí todo estará permitido: no habrá horarios, ni órdenes ni reglas. Rodeada de sus peluches, se siente feroz como una leona, guerrera y libre. Sin embargo, incluso los reinos más poderosos esconden desafíos inesperados cuando cae la noche… ¿Qué estarán haciendo los demás? ¿Se habrán acordado de ella? ‘Indomable’ es un álbum sobre el deseo de libertad, la imaginación infantil y el delicado equilibrio entre la independencia y el cariño de quienes nos esperan en casa. Con estas palabras describe la editorial Kókinos este libro de Morgane de Cadier y Pierre-Emmanuel Lyet. Con éste último charlamos un poquito más sobre este proyecto.

Pierre Emmanuel-Lyet

¿Cómo surgió este proyecto? “El proyecto comenzó cuando la editorial me invitó a ilustrar el libro y me envió el texto de Morgane”.

¿Qué podemos encontrar en este libro? “El libro reúne un texto poético e ilustraciones vibrantes que, espero, transporten poco a poco al lector a otro mundo”, nos cuenta Pierre-Emmanuel Lyet.

¿Cómo nació este personaje? “El personaje fue tomando forma a medida que trabajaba en las ilustraciones. Es curioso, porque al principio imaginaba algo más dramático, más cercano al universo de Miyazaki. Pero, sobre la marcha, me inspiré más en ‘Donde viven los monstruos’ (‘Where the Wild Things Are’), de Maurice Sendak. Me encantó la idea de un personaje que se disfraza de animal para parecer salvaje. Para mí, es una niña pequeña —indomable, por supuesto—, pero creo que su disfraz también le confiere un carácter universal. Cualquiera puede identificarse con ella”.

Pierre Emmanuel-Lyet

¿Qué pensaste de la historia de Morgane cuando la leíste por primera vez? “El texto de Morgane me cautivó desde la primera lectura; fue lo que me convenció de ilustrar el libro -confiesa Pierre-Emmanuel Lyet-. Me pareció potente y profundamente poético, y despertó mi imaginación al instante. Había en él una fuerza y ​​una libertad enormes, una oleada de energía, casi como un grito. Me pareció maravilloso y no veía la hora de empezar”.

¿Cómo fue el trabajo previo, me refiero al proceso de investigación, documentación, bocetos en algún cuaderno…? “Me lancé a crear las ilustraciones con mucha rapidez, trabajando de forma muy espontánea. Me pareció lo más adecuado para el texto: quería responder a su energía con algo instintivo, en lugar de planificarlo todo intelectualmente de antemano. Me encantó la energía que se desprendía, sobre todo en los colores, que quería que fueran muy vivos. Envié dos o tres ilustraciones a mis fantásticos editores de HongFei para mostrarles la dirección que tenía en mente, y la acogieron de inmediato. Fue una colaboración preciosa”.

Pierre Emmanuel-Lyet

¿Podrías contarnos algo sobre las ilustraciones? “La ilustración permite explorar aspectos que no se mencionan explícitamente en el texto, creando una especie de eco entre las palabras y las imágenes -asegura Pierre-Emmanuel Lyet-. Lo que me encantó del texto de Morgane fue su poesía y el espacio que dejaba para la interpretación. Eso me dio libertad para desarrollar a los personajes, en particular a esa niña con su disfraz de animal, cuyos peluches cobran vida y se convierten en sus compañeros. Aunque estos elementos no aparecen descritos explícitamente en el texto, la autora hace referencia a amigos imaginarios; así que los imaginé y les di una presencia física. Mi idea era construir, poco a poco, un mundo a su alrededor, explorando esa incertidumbre sobre si lo que ocurre es real o puramente imaginario. Eso es precisamente lo que me resultó tan apasionante”.

Pierre Emmanuel-Lyet

¿Qué técnicas has utilizado en este libro? “He ilustrado este libro mediante pintura digital, una técnica que disfruto especialmente porque me permite trabajar con trazos rápidos, audaces e instintivos. Es muy distinta a mi trabajo con lápices de colores, que resulta más lento y minucioso. En ambos casos busco la luz y el color, pero trabajar directamente sobre una tableta gráfica me otorga una gran libertad para crear las atmósferas que imagino. Puedo experimentar, realizar ajustes y volver atrás siempre que lo necesite. Es una técnica que se presta muy bien al trabajo con la luz. La utilizo con frecuencia en mis proyectos cinematográficos —sobre todo en animación— y también he ilustrado varios libros de esta manera. Es un enfoque diferente al de los lápices de colores, pero que disfruto tanto como aquel”.

¿Cómo fue el proceso general de creación del libro? “Fue muy bien, y además bastante rápido -continúa Pierre-Emmanuel Lyet-. Por supuesto, siempre hay que compaginar un libro con otros proyectos, pero mantuve un diálogo excelente con la editorial, y Morgane confió plenamente en mí. Eso me dio libertad para proponer imágenes bastante atrevidas, especialmente para la portada. No tenía ninguna certeza de que aceptarían, pero tanto la editorial como Morgane quedaron encantadas desde el primer momento. Me alegré muchísimo”.

Pierre Emmanuel-Lyet

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Tienes algún proyecto nuevo? “Sí, tengo entre manos algunos proyectos maravillosos. En el ámbito editorial, estoy escribiendo e ilustrando el primer libro de una serie sobre un perro mágico, que publicará la editorial Little Urban. Es una historia que me encanta y en la que llevo pensando mucho tiempo. Espero que sea el primero de muchos. Además, estoy creando ilustraciones para Hermès. Es un encargo maravilloso: valoran mucho la artesanía y las imágenes bellas, y trabajar con ellos me resulta muy gratificante”.

“Estos son mis dos proyectos principales en este momento, pero hay muchos otros en camino, incluidos más libros ilustrados y mi primera novela gráfica para adolescentes y adultos. Es un gran desafío y espero poder hacerla realidad pronto. También tengo algunos proyectos de cine de animación en desarrollo, aunque estos siempre llevan más tiempo. Espero poder contarles más al respecto pronto”.

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Sandra Castaño nos habla de su trabajo en ‘Alas’

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Sandra Castaño

¿No te parece extraño darte cuenta, de repente, de que no tienes alas? ¿Qué pasaría si a todo el mundo le saliesen alas? O mejor, ¿y si todas las cosas tuviesen alas? Todo sería tan distinto… Con este planteamiento la Editorial Thule nos presenta ‘Alas’, un álbum ilustrado de Sandra Castaño. Con ella hemos charlado un poquito más en torno a este libro.

¿Cómo nace este proyecto? “El proyecto de “Alas” nace en una clase que impartía Pato Mena. Exactamente a raíz de una maravillosa propuesta, que era nada más y nada menos que crear un álbum ilustrado desde cero. Creé varias propuestas diferentes y terminé por desarrollar “Alas”. El resto de las propuestas las dejé archivadas para otro momento y me enfoqué en la idea elegida para llevarla a cabo de la mejor manera posible”.

¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Los lectores encontrarán una dinámica de causa consecuencia que se resume en unos personajes de granja a los que les salen alas y la manera en la que actúan éstos con esas alas. A lo largo del libro, hay pausas que dan ritmo a la historia, humor, reaparición de personajes… “Alas» es un álbum divertido que contiene ciertos detalles escondidos en las páginas que le añaden coherencia a la historia. Por no hablar de las guardas, las cuales son dignas de analizar”, nos asegura Sandra Castaño.

Sandra Castaño

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Las ilustraciones hablan por sí solas. Son dibujos muy visuales que muestran claramente la acción que está ocurriendo, de hecho, se podría considerar que existe una sinergia entre el texto y la imagen, que hace muy cómoda y dinámica la lectura. Lo característico de estas ilustraciones es la simpleza que muestran y lo bien que funcionan sin necesidad de ser más detalladas”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Como bien he mencionado anteriormente, el proyecto de “Alas” nació en el aula y en ese momento estábamos trabajando de una manera digital. Por lo tanto, utilicé una técnica digital que trata de simular parches con textura, superponiendo capas una encima de otra y dándoles forma cautelosamente hasta encontrar una armonía general que funcione. La intención de esta técnica era simular el collage y considero que el acabado ha sido todo un acierto, ya que es una técnica que la propia historia pide a gritos”, nos cuenta Sandra Castaño.

Sandra Castaño

Si Sandra tuviera alas… “Si tuviera alas, considero que vería la vida desde arriba, como un personaje secundario que observa y analiza a la protagonista de la historia. Vería todo con más perspectiva, y dejaría caer desde lo alto del cielo todos los miedos y preocupaciones, para así quitarme pesos innecesarios y volar con esas alas a donde quiera que me lleven. También me haría mi propio nido en la copa del árbol más alto de mi pueblo (aunque creo que ya está ocupado por las cigüeñas)”.

¿Qué has aprendido con este proyecto? “Este proyecto me ha enseñado muchísimo. Me ha enseñado que hay que probar maneras diferentes de ilustrar una idea hasta encontrar la más afín, pero, también me ha enseñado a parar de probar cuando te enamoras de una de las ideas, porque ésta ya habla por sí sola -continúa Sandra Castaño-. “Alas” también me ha enseñado a trabajar en equipo con el editor, cosa que me ha encantado y que me ha aportado puntos de vista muy interesantes para enriquecer la historia. El trabajar de esta manera te hace sentir acompañada en todo momento y eso se agradece”.

“No obstante, el mayor aprendizaje ha sido el descubrir que ésta es mi pasión, que me lo paso como una niña pequeña creando álbumes ilustrados y que sé con certeza que “Alas” será el primero de muchos álbumes ilustrados que haré a lo largo de mi vida”.

Sandra Castaño

Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “Ya he comentado anteriormente que la técnica final ha sido digital. Sin embargo, la creación de personajes, pruebas de color y textura, o bocetos relacionados a las imágenes las realicé sobre papel. Primero, dibujé 12 dobles páginas en las que creé una composición que daba ritmo a la historia: en la página derecha el personaje sin alas abajo y el texto arriba; y en la página izquierda el personaje con alas en la parte de arriba y el texto abajo”.

Sandra Castaño

“Una vez elegida esa dinámica, empecé a pensar personajes que podrían funcionar: un perro, una oveja… incluso metí una pelota que con alas se convertiría en una snitch dorada de Harry Potter pero que terminé retirando.Tras elegir los personajes, empecé a bocetar cómo serían. Ésto diría que fue la parte más complicada ya que no quería que fueran muy detallados, pero, a la vez quería movimiento, vivacidad y expresividad. Finalmente opté por la técnica de la superposición de capas y no puedo estar más contenta con la decisión tomada. Cuando todas las páginas, las guardas y la portada/contraportada cogieron forma, hice una maqueta de cómo sería el álbum en conjunto y, es esa la maqueta que mostré y gustó. Antes de publicarlo se realizaron adaptaciones de color, algún cambio de personaje y corrección de texto, para que finalmente naciera Alas”, afirma Sandra Castaño.

Sandra Castaño

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sí, estoy trabajando en la realización de las ilustraciones para un texto de una tercera persona. Es un proyecto que se convertirá en álbum ilustrado, pero de momento no hay editorial de por medio. Además, tengo varias maquetas de álbumes ilustrados que voy realizando en casa y que me gustaría publicar, en especial dos: uno al que he llamado: “La curiosidad sorprendió al gato”, un álbum con poco texto, pero que interactúa mucho con el lector. Por otro lado, “El cartero”, un álbum ilustrado sobre un cartero que se encarga de repartir el correo en el pueblo, y al que de repente, le aparece un misterioso paquete frente a la puerta”.

Sandra Castaño

“Tengo en una libreta apuntadas muchas ideas de álbum ilustrado que quiero desarrollar y eso es algo que me encanta, ya que me mantiene constantemente activa respecto al álbum, haciéndome experimentar, probar, borrar, colorear y sobre todo disfrutar y mejorar, porque vivimos en un constante aprendizaje”.

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Manuel Marsol reflexiona en torno a ‘El cielo en casa’

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Manuel Marsol

Cuando tenía veinte años, Manuel encontró una fotografía en la vieja casa familiar. La fotografía mostraba a un hombre lanzando un penalti. Había también un portero a contrapié y un balón detenido en el aire. Ninguno de los jugadores que aparecían en la foto le resultaba familiar, excepto uno, el que chutaba el balón. Era su padre, que murió cuando Manuel era un niño. ¿Cómo saber entonces si aquel penalti se convirtió en gol? Como un detective que siguiera la estela borrosa de sus propios pasos en la nieve, Manuel Marsol se sirve de unas pocas películas, de una canción legendaria de Gino Paoli y del penalti fallado por Roberto Baggio en la final del Mundial 94 para contestar la pregunta más apremiante que le plantea su corazón de niño: ¿puede el ser querido seguir vivo en el misterio? Editado por Fulgencio Pimentel, hemos charlado un poquito más sobre ‘El cielo en casa’ con Manuel.

Manuel Marsol

En el origen sobre todo, hay una fotografía. Me gustaría que me hablaras un poquito de eso, del origen, del embrión de este proyecto. “Es una fotografía que yo encuentro. Tendría unos 20 años. La encontré en una casa familiar. Había muchas fotos de fútbol de mi padre, que murió cuando yo tenía 11 años. Encontré muchas fotos de él jugando en campos de arena entre los años 60 y 70. Y me quedé atrapado con esta, porque el balón estaba ahí, era un penalti que él lanzaba, y el balón estaba ahí parado a mitad de camino entre la portería y el punto de penalti, y no se sabía si el balón entraba o no. Como él había muerto cuando yo era pequeño, era una metáfora de todos esos misterios, de todas esas cosas que yo no iba a poder preguntar. A partir de ahí, empecé a trabajar en el libro”.

Manuel Marsol

¿Qué se va a encontrar el lector cuando empiece a pasar las páginas de El cielo en casa? “Se va a encontrar una investigación, pero no la que haría un detective, sino más bien una investigación hacia dentro de uno mismo, hacia la memoria. Me di cuenta que tampoco el libro debía ir tanto sobre esa búsqueda, sino sobre todos los recuerdos que yo tenía con mi padre”, nos cuenta Manuel Marsol.

“Es un libro que está enfocado para el público adulto. Es el primer libro que no hago, digamos, para todos los públicos, por el tono, la manera de contarlo. Y es un viaje hacia el interior, hacia recuerdos con él, películas que veíamos juntos… El formato es de álbum ilustrado, pero tiene una longitud más propia de la novela gráfica. Hay mucho más texto de lo que acostumbro en mis libros”.

Manuel Marsol

“Primero, hay una parte en la que imagino cómo fue ese penalti, cómo pudo suceder. Hay otra parte en la que ya cada vez me voy alejando más de ese balón, y ese balón se va convirtiendo casi más en una estrella en el cielo. Y voy mirando más al pasado, a las películas que veíamos juntos, que tienen resonancias con esta historia. Al final es una historia que habla sobre el estar y el no estar, sobre lo que está adentro y lo que está afuera, como un penalti que marca la diferencia… El gol es la vida y el fallo es la muerte. El ser o no ser. En un penalti está recogidas un montón de metáforas”, continúa Manuel Marsol.

Manuel Marsol

“Por ejemplo, una película como ‘Centauros del desierto’, que es una peli que era de sus favoritas y que veíamos juntos, yo la narro desde los ojos del niño. Y hay cierta simbología con el dentro y el fuera. Es una peli que habla del regreso al hogar, de la casa. Se abre con un plano desde dentro de una casa y se cierra igual. Siempre está presente ahí el marco, lo que entra, lo que sale. Es como si en ese balón cupiesen muchísimas asociaciones. Entonces voy tirando de ese hilo, de ese balón, donde cabe todo lo que hacíamos juntos, canciones que escuchábamos…”.

Manuel Marsol

“Y luego ya hay una relación con el famoso penalti de Baggio en el Mundial del 94, que por una casualidad de fechas tiene mucho que ver con mi padre. Desde que se lanzó el penalti hasta que murió mi padre pasó justo un año. A través de ese penalti, que en su momento yo había visto con otros ojos, desde que Baggio nos había eliminado, y le tenía hasta cierta manía, pues de repente ese penalti se fue cambiando a raíz de ese descubrimiento de las fechas y volviéndose también parte de ese balón suspendido en el aire. Todo sirve para hacerme preguntas de todo tipo”, afirma Manuel Marsol.

Manuel Marsol

Manuel, y en cuanto a las ilustraciones, no sé si has trabajado con alguna cosa diferente o más o menos en la línea en la que venías trabajando hasta ahora. “Yo diría que es una línea un poco distinta, digamos más realista de lo que acostumbro. Es una historia que no es como las anteriores, de fantasía y tal, aunque la hay, hay una parte de fantasía, pero esta necesitaba que estuviese pegada a la realidad. Primero por la foto. La foto es una foto real y a la hora de representarla la dificultad era justo esa… Un equilibrio entre esa parte más expresionista mía y un realismo que necesitaba la historia”.

¿Y técnicas, Manuel? “Es pintura sobre papel. No tiene óleo, no hay collage, no hay digital tampoco. Es todo acrílico, acuarela y lápiz sobre papel”, indica Manuel Marsol.

Manuel Marsol

Estoy viendo ahora una de las imágenes que muestra la editorial del libro y que habla del cine. Se ve en la ilustración incluso el logotipo de La 2 de Televisión Española. “Es porque hay muchos recuerdos… Los objetos guardan como una especie de memoria. El niño que yo fui, el adulto que soy ahora, ve esos objetos de la casa familiar y están cargados de muchos recuerdos. Uno de esos objetos que salen en el libro es la cinta del VHS de Centauros del Desierto. A la hora de hacer el libro la llevé a una tienda, la digitalizaron, y me volví a ver Centauros en calidad VHS”.

“De ahí salieron muchos símbolos, lo que te contaba antes del dentro, del fuera. La búsqueda, porque también está buscando a una niña, que la secuestran los indios, y es una búsqueda sin saber muy bien si la niña está viva o muerta. Es un poco como la búsqueda del balón, algo que tú buscas y buscas, pero no sabes si tiene solución”.

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