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Entrevistas

‘Cuando mamá llevaba trenzas’ de Concha Pasamar

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‘Cuando mamá llevaba trenzas’ ha obtenido múltiples reconocimientos desde su publicación. Es un álbum cargado de nostalgia que nos adentra en una infancia no demasiado lejana pero que las generaciones actuales apenas conocen. Así nos presenta bookolia este álbum ilustrado. Un trabajo de Concha Pasamar, con la que hemos hablado un poquito más sobre este libro.

¿Cómo nace este proyecto? Concha Pasamar: «El álbum tiene doble origen: en primera instancia nace como proyecto para mi segundo curso de álbum ilustrado con Marián Lario. En realidad yo esperaba poder retomar y terminar uno anterior, pero finalmente seguí el consejo de emprender algo nuevo. Partiendo de ahí, ‘Cuando mamá llevaba trenzas’ nace de un deseo concreto de conectar las generaciones familiares que no habían llegado a conocer mis hijos con ellos o con mis sobrinos; en otras palabras, de trazar una especie de hilo de unión entre mis padres y abuelos y sus nietos y bisnietos en cuyo centro estaría el relato y descripción de propia infancia. Sin embargo, al mismo tiempo iba percibiendo que algo tan personal también podría tener un alcance mucho más amplio o general y podría servir como un libro para acercar generaciones».

Concha Pasamar

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? «Encontrarán un recorrido por los modos de vida propios de la infancia de un tiempo determinado, un posible punto de contraste –si se mira desde la niñez actual o cercana- o simplemente un estímulo para volver la vista a la propia infancia. Espero que encuentren también un texto y una estética que consiga resonar de algún modo en quien lo lea. En uno u otro caso, creo que pueden hallar el punto de partida para conversar y entender que la vida es cambio, que hay pérdidas y ganancias, que todos nos configuramos por lo que somos, pero también por lo que nos toca vivir». 

¿Qué hay de Concha en el libro?  «Hay muchísimo, claro. El personaje cuya infancia se desgrana soy yo misma, ya lo he mencionado. Son mías las propias trenzas, el contraste vital entre la ciudad y los pueblos de donde procedían mis padres: ahí están mis veranos, mis inviernos, mis domingos; una vida como muchas otras. Incluso diría que en la niña que encuentra la caja que encierra el pasado de su madre –que es mi pasado- hay mucho de mí misma: uno de los mayores placeres de niña era curiosear entre los objetos de las vidas ajenas y lejanas, tan misteriosos; también está en mí esa naturaleza curiosa, reflexiva y autorreflexiva». 

Concha Pasamar

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este proyecto? «Diría que son muy mías en el sentido de que presentan una gran dosis de realismo, pero creo que existe también una reducción y abstracción de elementos que facilita a los lectores establecer una conexión con sus propios escenarios. Es decir, yo conozco todos los detalles de mi entorno, pero me pareció oportuno simplificarlos, en algunos casos incluso anular toda realidad (dejando, por ejemplo, un fondo de color uniforme) y centrar la atención en las acciones», nos cuenta Concha Pasamar

¿Con qué técnicas trabajaste? «Hice varias pruebas en técnicas diferentes, pero me decidí por emplear tinta para el dibujo –siempre dibujo manualmente- (empleé pilot negro muy fino y pentel), los tonos de la piel van en rotuladores al alcohol, a veces con un toque de lápiz de color. Todo el resto es color digital, incluyendo las texturas o estampados, que son también una constante en las ilustraciones y forman también parte del estilo del libro, que en mi primera consulta sobre el interés del libro describía, desde la confianza, así: “la idea es este estilo retro un poco especial: de dibujo suelto a tinta, más realista, y «tortazo de Photoshop»”.

Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. «Este ha sido un trabajo que tuvo dos grandes “empujones”. Al terminar el curso de álbum tenía ya escrito el texto y el storyboard, e incluso había terminado varias ilustraciones definitivas; ese fue el primero, pero lo aparqué porque tenía otras ocupaciones y entretanto emprendí los primeros proyectos como ilustradora -continúa Concha Pasamar-. De hecho, tras haber trabajado con bookolia en la publicación de ‘Arrecife y la fábrica de melodías’ (texto de Patricia García Sánchez), me animé a pedir opinión en confianza a Luis Larraza, el editor, sobre ‘Cuando mamá llevaba trenzas’. Me respondió a los pocos días, “a la carrera”, decía, y reproduzco aquí en primicia sus palabras –con su permiso ;)-: “El texto desprende esa nostalgia que muestran también las ilustraciones. Me ha encantado. Dame unos días pero a primera vista parece que vamos a trabajar juntos también este otoño/invierno.” Y así fue. A lo largo de ese invierno y primavera de 2018 terminamos de darle forma». 

Es un libro que ha obtenido diferentes reconocimientos, ¿qué supone también esto? «La verdad es que hubo un primer impulso para el libro en cuanto salió, en noviembre de 2018. En ese primer arranque me emocionó mucho la acogida entre personas de muy diferentes edades, pero, sin duda, el Premio Fundación Cuatrogatos 2019, apenas un par meses más tarde, le otorgó una difusión de otras dimensiones. Fue, de una parte, una alegría personal, porque había hecho una apuesta por una leve reducción laboral, sin ambición, la verdad: solo por permitirme el disfrute de dedicarle tiempo a algo que me resultaba entonces “necesario”. Digamos que un reconocimiento así te indica que esa decisión había merecido la pena y que tal vez merezca igualmente la pena seguir en ello. Por otra parte, el premio multiplica también los reconocimientos individuales, los de los lectores. A la vez, crea un cierto compromiso, una voluntad de estar a la altura, porque también te pone en otra posición en la que el escrutinio posterior será necesariamente diferente».

¿Qué dirías que has aprendido con este proyecto? «He aprendido a usar algo más las técnicas digitales (quien me conozca sabrá que eso constituye para mí un aprendizaje importante, y me ha resultado útil después, claro ); también en qué consiste ser autora integral de un álbum ilustrado y cómo es el proceso de edición en ese caso. Me ha conducido igualmente a presentarme ante el público con esa responsabilidad completa. Por mi profesión, no me cuesta demasiado hablar ante un auditorio, pero normalmente es adulto. Es cierto que siempre me ha gustado contar cuentos a los niños, o charlar con ellos, pero el libro me ha llevado a hacerlo con gente menuda a la que no conocía previamente, o con grupos en que puede haber personas de muy diferentes generaciones». 

«En otro orden de cosas, he aprendido que aún puedo ser capaz de emplear la palabra con ciertas dosis de creatividad, algo a lo que por pudor y respeto había renunciado hacía ya mucho», afirma Concha Pasamar

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Algún proyecto nuevo? «Hay varios proyectos en proceso, sí. Tengo la suerte de repetir con bookolia; la relación con Luis Larraza es muy buena, en el sentido de que cuando trabajamos juntos ambos nos planteamos hacer un buen libro, y para ello estamos dispuestos a tener en cuenta la opinión del otro: si yo hago una propuesta y hay alguna observación o contrapropuesta por su parte, eso me conducirá a buscar la mejor solución, tanto si me acomodo a su sugerencia como si insisto en mi opción. Pienso que es igual por su parte y que valoramos el criterio de la otra parte: el sentido crítico (constructivo) y la disposición a escuchar son muy de agradecer. Así que en bookolia saldrá un nuevo álbum ilustrado el próximo otoño, si todo va bien a pesar de la que está cayendo, del que soy también autora de ilustraciones y texto. Y en la primavera siguiente saldría también un libro muy especial para mí, con texto de alguien a quien admiro mucho en sus dos facetas profesionales».

«Quisiera, además -continúa Concha Pasamar-, encontrar poco a poco hueco para algún nuevo proyecto personal, que aún no sé bien a qué formato me conducirá, ni para qué público. Si creo, lo hago en primera instancia según lo que va naciendo me sugiere. No me propongo objetivos ni públicos concretos». 

«Y tengo propuestas, a veces muy interesantes, pero mi tiempo es limitado: sigo dedicándome a enseñar, y a investigar en la medida de mis posibilidades. Tengo la suerte de que ambas actividades me siguen haciendo disfrutar mucho, pero me ocupan mucho también. De hecho, hay un par de proyectos con otros autores que se encuentran en evaluación. Resulta difícil encontrar tiempo para crear, pero también para mover lo que se idea o se crea, que es una tarea que requiere tiempo y esfuerzo, y puede, además, no recibir gratificación. Ojalá encontremos hueco para prestarles atención».

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Álbum Ilustrado

Pedro Oyarbide ilustra ‘El rayo que no cesa’

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Pedro Oyarbide

El rayo que no cesa’ es la obra más representativa y lograda de Miguel Hernández. Resultado y testimonio de una profunda crisis vital, sus páginas exploran la vivencia del amor, un amor doloroso, intenso y frustrado que deviene una herida constante. A la riqueza poética de Miguel Hernández se suma aquí la sensibilidad artística de Pedro Oyarbide, quien acompaña estos versos desgarradores con ilustraciones igualmente potentes, profundizando en la simbología hernandiana.

Los treinta poemas de ‘El rayo que no cesa’ adquieren una dimensión inédita en esta edición profusamente ilustrada que invita a una lectura renovada, donde palabra e imagen dialogan para intensificar la emoción, el tormento y la belleza de un libro esencial de la literatura española. Una edición de Lunwerg sobre la que hablamos un poquito más con  Pedro Oyarbide.

Pedro Oyarbide

Lo primero, cuéntanos cómo llega a tus manos este proyecto. “Venía de hacer ‘El Principito’ con Lunwerg. En principio habíamos empezado a darle forma a otro libro ilustrado muy diferente, una colección de cuentos del siglo XIX, pero el proyecto estaba algo estancado y por mi parte no terminaba de fluir. La editora me dio libertad para proponer otros títulos y ‘El rayo que no cesa’ me vino enseguida a la cabeza. Siempre me ha gustado la poesía de Miguel Hernández y sabía que ese libro tenía ingredientes más que suficientes para construir una propuesta visual interesante”.

¿Cómo era tu relación con esta obra de Miguel Hernández antes de abordar este proyecto? “Hasta entonces había leído sobre todo poemas sueltos, más que un poemario completo. Pero había algo en Miguel Hernández que siempre me había atraído, tanto o más que su obra: su personalidad, su historia y, por supuesto, la fuerza y la belleza de su poesía”, nos cuenta Pedro Oyarbide.

Pedro Oyarbide

¿Cómo dirías que ha cambiado esa relación con el título y con la figura del poeta? “Ha cambiado mucho. Para afrontar el libro me leí bastante sobre la biografía del poeta, el marco histórico, etc. Descubrir con más profundidad su trayectoria y, especialmente, su tristísimo final, hizo que conectara todavía más con sus versos”.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, pruebas o dibujos en algún cuaderno. “Fue un proceso bastante natural, muy parecido al que sigo con otros libros -continúa Pedro Oyarbide-. Leí el poemario mientras tomaba notas y hacía algunos bocetos rápidos. Aunque el resultado está muy pensado, en cierto modo puedo decir que fue un trabajo bastante intuitivo. Los poemas me evocaban imágenes con mucha facilidad. Al tratarse de un libro de amor, hay elementos que aparecen una y otra vez, así que quizá el mayor reto fue evitar la redundancia y encontrar maneras distintas de representar esas ideas sin repetirme”.

Pedro Oyarbide

¿Es la primera vez que ilustras poesía? ¿Qué tal ha sido la experiencia? “Sí, es la primera vez. Ha sido un proceso diferente a cualquier otro. Desde el principio tuve claro que quería que todas las páginas estuvieran ilustradas y que los textos estuvieran redibujados a mano. Ha sido un trabajo muy exigente y, por momentos, extenuante, ya que son 120 páginas ilustradas, pero también uno de los más gratificantes que he hecho”.

¿Tus versos favoritos?

«Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.»

Vuelven una y otra vez a mi cabeza.

Pedro Oyarbide

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente respecto a otros trabajos? “Creo que lo más característico del libro, aparte de mi estilo, que ya es bastante reconocible, es haber redibujado toda la rotulación de texto a mano -asegura Pedro Oyarbide-. Jugué con la propia tipografía incorporando recursos visuales: letras que se desploman, palabras que interactúan con las ilustraciones o que pasan a formar parte de la composición. Quería que el texto también fuera imagen”.

“Por otro lado, creo que la portada tiene mucha fuerza. Está basada en un relieve de un mausoleo del Cementerio Monumental de Milán. ‘El rayo que no cesa’ es un poemario de amor que Miguel Hernández escribió para su mujer, Josefina Manresa. Resulta casi premonitorio -o quizá simplemente consciente de la realidad de la época- porque escribe con un enorme desgarro y solemnidad, como si se anticipara a una muerte temprana y a una despedida inevitable de su amada. Por eso me pareció natural reinterpretar esa imagen. La portada incorpora una ventana troquelada que deja ver el retrato de Miguel Hernández, atravesado literalmente por un rayo. Ese retrato forma parte de una segunda cubierta interior, de modo que ambas imágenes dialogan entre sí. Creo que, como objeto, el libro ha quedado muy rotundo, atractivo y coherente con el espíritu de la obra”.

Pedro Oyarbide

¿Con qué técnicas trabajaste? “Desde hace años todo mi trabajo es digital. Utilizo una tableta Wacom Cintiq y trabajo principalmente con Photoshop e Illustrator”, afirma Pedro Oyarbide.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Fue un proceso largo y muy inmersivo. Cada poema requería encontrar un equilibrio entre respetar el texto y aportar una lectura visual propia, sin invadir su significado. Más que ilustrar cada verso de forma literal, intenté construir una atmósfera que acompañara al lector y ampliara la experiencia de la lectura. También hubo mucho trabajo de composición para integrar texto e ilustración de manera orgánica en cada doble página”.

Pedro Oyarbide

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy esperando la publicación de otro de los trabajos que he terminado recientemente y al que le tengo muchísimas ganas: una edición ilustrada de ‘La sombra del viento’, de Carlos Ruiz Zafón. Es un proyecto muy especial para mí y estoy deseando que vea la luz”.

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Cómic

Clara Lodewick aborda la inmigración en ‘Moheeb en el aparcamiento’

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Clara Lodewick

Moheeb es un adolescente refugiado que vive en un centro de acogida. Mientras espera una resolución administrativa que no llega, su vida queda suspendida en un presente sin horizonte. El aparcamiento de un supermercado se convierte en su espacio de escape: un lugar donde, junto a otros jóvenes, recupera algo esencial -la amistad, el juego, la sensación de pertenecer a algún sitio-. Apoyado por una asociación, el tranquilo Moheeb parece disfrutar de los largos días de verano. A menos que un fuego secreto esté consumiendo en realidad su coraje y su salud mental… ‘Moheeb en el aparcamiento’ es una novela gráfica sobre la migración, adolescencia, identidad, violencia cotidiana y necesidad de vínculos. Un trabajo de Clara Lodewick que edita Garbuix Books. Con Clara hemos charlado un poquito más sobre este proyecto.

Clara Lodewick

¿Cómo nació este proyecto? “Mi editorial me dio la oportunidad de crear un segundo cómic. Tenía total libertad creativa; es decir, no había ningún encargo. Así que decidí hablar de lo que más me preocupa: el trato que nuestras sociedades dan a las personas sin papeles. Cuando era adolescente, un grupo de afganos sin papeles ocupó una iglesia cerca de mi escuela. Conocí a los chicos, que tenían mi misma edad por aquel entonces (entre 15 y 17 años), nos hicimos amigos, y así descubrí una pequeña parte del infierno que su situación administrativa podía suponer para ellos en su día a día”.

¿Qué encontraremos en este libro? “Seguirás la vida cotidiana de Moheeb, de 17 años, y sus dos amigos, Qaïs y Fazal, que pasan dos meses de verano en un aparcamiento de un pequeño pueblo de Bélgica, esperando una respuesta a su situación. Conocerán a gente del pueblo; algunos les ayudarán, otros empeorarán su situación”, nos cuenta Clara Lodewick.

Clara Lodewick

¿Cómo fue el proceso de preparación del libro? Me refiero a la fase de investigación, las pruebas, incluso los bocetos en el cuaderno… “Quería trabajar en los sentidos, las sensaciones de Moheeb. Son un indicador de la evolución de su salud mental a lo largo del libro. Así que practiqué mucho cómo representar un lugar dibujando solo pequeñas partes, y cómo representar los cinco sentidos en una sola página. Dibujé páginas en (y sobre) diferentes lugares, antes de empezar a dibujar el aparcamiento de Moheeb. Vivía en una autocaravana, así que pude probar muchos aparcamientos diferentes”.

Clara Lodewick

Cuéntanos algo sobre las ilustraciones y sobre las técnicas utilizadas en este libro. “En general, me inspiran Willy Vandersteen, Wilhelm Bush, Bruno Heitz, y para este cómic en particular, también me fijé en la obra de Shin’Ichi Abe. Él es mejor representando los sentidos. Fue todo un reto dibujar un cómic entero en un solo aparcamiento: aunque el cansancio y el aburrimiento son temas importantes, ¡no quería que los lectores se aburrieran demasiado! Así que tuve que pensar en cambiar el punto de vista, dibujar pequeñas escenas en el fondo, etc. -continúa Clara Lodewick-. Los dibujos están hechos con bolígrafo y los colores, una parte muy importante para mí, están pintados con gouache. Dedico mucho tiempo a colorear; es casi meditativo y una parte muy agradable del proceso”.

Clara Lodewick

¿Cómo fue el proceso de creación de este libro? “¡Largo! Hacer un cómic sobre la situación de las personas sin papelesera algo que queríamos hacer juntos, con mis amigos, en 2014. Pero yo era muy joven entonces y era muy diferente: más bien un proyecto comunitario, con páginas de testimonios. Como adulta, 10 años después, tras haber visto la evolución de la situación de mis amigos y de mi país, tuve nuevas ideas y quise crear una obra de ficción. Quería hablar de diferentes temas, como la salud mental, las dificultades entre madres e hijos, las relaciones desiguales y cómo afrontarlas… Fue un trabajo emocionalmente intenso. Y me costó mucho despedirme de mi personaje al final del libro. Así que cuando dibujo a Moheeb para los lectores en una sesión de firmas, siempre me alegra volver a verlo, aunque sea por unos instantes”, confiesa Clara Lodewick.

Clara Lodewick

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Escribí un guión; el cómic es para niños y trata (otra vez, jaja) sobre niños que intentan valerse por sí mismos en un mundo dominado por adultos. Es un cómic de fantasía, dibujado por Andréa Delcorte, cuyos dibujos son increíbles. Se publicará en francés en 2027. Y por mi cuenta, estoy trabajando en una serie/telenovela, que me divierte mucho; los episodios se estrenan cada mes o cada dos meses. Trata sobre una joven que vive con su madre y su tía. A ella le gustaría mudarse de allí, pero cada vez que lo intenta, algo se interpone en su camino”.

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Álbum Ilustrado

Verónica Aranda y su trabajo en ‘Bienvenida, amiga ardilla’

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Verónica Aranda

Cascabilla la ardilla tenía su nido en el hueco de un árbol y todo preparado para el invierno: una cálida cama hecha de hojas, una despensa a rebosar de frutos secos y cientos de semillas escondidas en lugares secretos del bosque… Ya falta poco para que se instale el invierno y Cascabilla ha trabajado duro para estar preparada. En su apacible nido, en lo alto del árbol, la ardilla ve caer las últimas hojas de otoño cuando, de repente, el tronco cae al suelo. ¡No puede ser! ¡Los castores lo han talado! Cascabilla está desconsolada. ¿Y ahora qué? Con estas palabras la editorial Cuento de Luz nos presenta ‘Bienvenida, amiga ardilla’, una emocionante aventura a través del bosque que construyen Daniel Cañas y Verónica Aranda, con la que hablamos de este álbum ilustrado.

¿Cómo llega a tus manos este proyecto? “Hace años que conozco a Daniel Cañas y, desde el primer día, habíamos tenido la intención de publicar algo juntos. Pero siempre iban surgiendo cosas y nunca encontrábamos el momento de ponernos manos a la obra con nuestro proyecto. Durante una etapa en la que yo tenía menos carga de trabajo pensé: “ahora es el momento”. Así que le escribí y le pedí que me enviara algunos de sus últimos cuentos. El de la Ardilla fue el que más me encajó y enseguida lo visualicé con mis ilustraciones”.

Verónica Aranda

¿Qué es lo que más te gustó de este proyecto? ¿Qué te pareció la historia de Daniel la primera vez que la leíste? “Lo que más me gustó fue que los protagonistas fueran animales y que la historia transcurriera en el bosque. Soy una gran amante de la naturaleza y es lo que más disfruto dibujando -confiesa Verónica Aranda-. También me llamó la atención la estructura repetitiva del cuento, porque me pareció muy dinámica y divertida para los pequeños lectores. Además, transmite valores como el compañerismo, el respeto y la gratitud, algo que considero muy importante aprender desde edades tempranas”.

¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Animales. Muchos animales escondidos por aquí y por allá. En todos los libros que ilustro intento cuidar mucho los detalles para que los niños puedan entretenerse observando cada página. Pero en este álbum quise implicarme al 200%. Y si se fijan bien, incluso encontrarán una pequeña subtrama entre dos pájaros carpinteros que desarrollé para enriquecer todavía más la historia”.

Verónica Aranda

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Pues como he dicho anteriormente, creo que mis ilustraciones se caracterizan principalmente por la cantidad de detalles que contienen. A nivel de color, me gusta trabajar con gamas cromáticas vivas y luminosas, y sobre todo jugar con las luces para crear escenas cálidas y envolventes”, nos cuenta Verónica Aranda.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Yo soy digital 100%, desde el storyboard hasta el arte final. Trabajo únicamente con Photoshop, en una tablet con pantalla grande. Aun así, me gusta conservar cierta sensación tradicional en el acabado, por eso trabajo con muchos pinceles y texturas diferentes que aportan ese aspecto más orgánico y “hecho a mano”.

Verónica Aranda

¿Qué has aprendido con este proyecto? “Siempre que ilustro un libro termino aprendiendo cosas nuevas relacionadas con su temática. En este caso descubrí algún que otro dato curioso sobre las ardillas, los pájaros carpinteros, los castores o las liebres. Por ejemplo, me sorprendió muchísimo la memoria que pueden llegar a tener las ardillas: son capaces de recordar los escondites donde almacenan su alimento creando mapas mentales y ayudándose con marcas visuales del entorno”, afirma Verónica Aranda.

Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “En este álbum, la forma de trabajar fue muy distinta a la de otros encargos editoriales que había hecho anteriormente, porque Daniel y yo iniciamos el proyecto de una manera totalmente libre, sin la presión de una fecha de entrega. Fue un proceso que se cocinó a fuego lento durante dos años”. 

Verónica Aranda

“Primero realicé un storyboard para distribuir el texto en las distintas dobles páginas y decidir qué escenas podían ilustrarse mejor. Después empecé a trabajar en los bocetos a tamaño real, siempre contando con el feedback de Daniel. Precisamente, una de las cosas más bonitas de este proyecto fue la comunicación constante entre nosotros. Hubo un intercambio de ideas muy enriquecedor y, de alguna manera, ambos fuimos alimentando creativamente el trabajo del otro”.

“Cuando ya tuvimos una maqueta sólida, decidimos presentarla a algunos premios de álbum ilustrado, entre ellos el Premio Lazarillo, aunque finalmente no hubo suerte. Más adelante, Daniel -que ya tenía relación con la editorial Cuento de Luz y había publicado otros álbumes con ellos-, les enseñó nuestro proyecto. La editora quedó tan encantada que nos dio el sí prácticamente al momento. Gracias a ellos, nuestro cuento terminó convirtiéndose en realidad dos años después de haber comenzado este viaje”, asegura Verónica Aranda.

Verónica Aranda

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Hace poco se publicó el último libro que he tenido el placer de ilustrar, Joel i el Drac Ocult, escrito por Laura Borao y editado por Edelvives. Y ahora mismo estoy en una etapa un poco más pausada, ya que estos últimos meses han sido bastante intensos tras la compra de mi primera vivienda. Además, trabajo a jornada completa como maquetadora en una editorial y entre unas cosas y otras apenas me queda tiempo. Aun así, espero poder retomar pronto el dibujo y empezar nuevos proyectos”.

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