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Entrevistas

‘Cuando mamá llevaba trenzas’ de Concha Pasamar

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‘Cuando mamá llevaba trenzas’ ha obtenido múltiples reconocimientos desde su publicación. Es un álbum cargado de nostalgia que nos adentra en una infancia no demasiado lejana pero que las generaciones actuales apenas conocen. Así nos presenta bookolia este álbum ilustrado. Un trabajo de Concha Pasamar, con la que hemos hablado un poquito más sobre este libro.

¿Cómo nace este proyecto? Concha Pasamar: «El álbum tiene doble origen: en primera instancia nace como proyecto para mi segundo curso de álbum ilustrado con Marián Lario. En realidad yo esperaba poder retomar y terminar uno anterior, pero finalmente seguí el consejo de emprender algo nuevo. Partiendo de ahí, ‘Cuando mamá llevaba trenzas’ nace de un deseo concreto de conectar las generaciones familiares que no habían llegado a conocer mis hijos con ellos o con mis sobrinos; en otras palabras, de trazar una especie de hilo de unión entre mis padres y abuelos y sus nietos y bisnietos en cuyo centro estaría el relato y descripción de propia infancia. Sin embargo, al mismo tiempo iba percibiendo que algo tan personal también podría tener un alcance mucho más amplio o general y podría servir como un libro para acercar generaciones».

Concha Pasamar

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? «Encontrarán un recorrido por los modos de vida propios de la infancia de un tiempo determinado, un posible punto de contraste –si se mira desde la niñez actual o cercana- o simplemente un estímulo para volver la vista a la propia infancia. Espero que encuentren también un texto y una estética que consiga resonar de algún modo en quien lo lea. En uno u otro caso, creo que pueden hallar el punto de partida para conversar y entender que la vida es cambio, que hay pérdidas y ganancias, que todos nos configuramos por lo que somos, pero también por lo que nos toca vivir». 

¿Qué hay de Concha en el libro?  «Hay muchísimo, claro. El personaje cuya infancia se desgrana soy yo misma, ya lo he mencionado. Son mías las propias trenzas, el contraste vital entre la ciudad y los pueblos de donde procedían mis padres: ahí están mis veranos, mis inviernos, mis domingos; una vida como muchas otras. Incluso diría que en la niña que encuentra la caja que encierra el pasado de su madre –que es mi pasado- hay mucho de mí misma: uno de los mayores placeres de niña era curiosear entre los objetos de las vidas ajenas y lejanas, tan misteriosos; también está en mí esa naturaleza curiosa, reflexiva y autorreflexiva». 

Concha Pasamar

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este proyecto? «Diría que son muy mías en el sentido de que presentan una gran dosis de realismo, pero creo que existe también una reducción y abstracción de elementos que facilita a los lectores establecer una conexión con sus propios escenarios. Es decir, yo conozco todos los detalles de mi entorno, pero me pareció oportuno simplificarlos, en algunos casos incluso anular toda realidad (dejando, por ejemplo, un fondo de color uniforme) y centrar la atención en las acciones», nos cuenta Concha Pasamar

¿Con qué técnicas trabajaste? «Hice varias pruebas en técnicas diferentes, pero me decidí por emplear tinta para el dibujo –siempre dibujo manualmente- (empleé pilot negro muy fino y pentel), los tonos de la piel van en rotuladores al alcohol, a veces con un toque de lápiz de color. Todo el resto es color digital, incluyendo las texturas o estampados, que son también una constante en las ilustraciones y forman también parte del estilo del libro, que en mi primera consulta sobre el interés del libro describía, desde la confianza, así: “la idea es este estilo retro un poco especial: de dibujo suelto a tinta, más realista, y «tortazo de Photoshop»”.

Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. «Este ha sido un trabajo que tuvo dos grandes “empujones”. Al terminar el curso de álbum tenía ya escrito el texto y el storyboard, e incluso había terminado varias ilustraciones definitivas; ese fue el primero, pero lo aparqué porque tenía otras ocupaciones y entretanto emprendí los primeros proyectos como ilustradora -continúa Concha Pasamar-. De hecho, tras haber trabajado con bookolia en la publicación de ‘Arrecife y la fábrica de melodías’ (texto de Patricia García Sánchez), me animé a pedir opinión en confianza a Luis Larraza, el editor, sobre ‘Cuando mamá llevaba trenzas’. Me respondió a los pocos días, “a la carrera”, decía, y reproduzco aquí en primicia sus palabras –con su permiso ;)-: “El texto desprende esa nostalgia que muestran también las ilustraciones. Me ha encantado. Dame unos días pero a primera vista parece que vamos a trabajar juntos también este otoño/invierno.” Y así fue. A lo largo de ese invierno y primavera de 2018 terminamos de darle forma». 

Es un libro que ha obtenido diferentes reconocimientos, ¿qué supone también esto? «La verdad es que hubo un primer impulso para el libro en cuanto salió, en noviembre de 2018. En ese primer arranque me emocionó mucho la acogida entre personas de muy diferentes edades, pero, sin duda, el Premio Fundación Cuatrogatos 2019, apenas un par meses más tarde, le otorgó una difusión de otras dimensiones. Fue, de una parte, una alegría personal, porque había hecho una apuesta por una leve reducción laboral, sin ambición, la verdad: solo por permitirme el disfrute de dedicarle tiempo a algo que me resultaba entonces “necesario”. Digamos que un reconocimiento así te indica que esa decisión había merecido la pena y que tal vez merezca igualmente la pena seguir en ello. Por otra parte, el premio multiplica también los reconocimientos individuales, los de los lectores. A la vez, crea un cierto compromiso, una voluntad de estar a la altura, porque también te pone en otra posición en la que el escrutinio posterior será necesariamente diferente».

¿Qué dirías que has aprendido con este proyecto? «He aprendido a usar algo más las técnicas digitales (quien me conozca sabrá que eso constituye para mí un aprendizaje importante, y me ha resultado útil después, claro ); también en qué consiste ser autora integral de un álbum ilustrado y cómo es el proceso de edición en ese caso. Me ha conducido igualmente a presentarme ante el público con esa responsabilidad completa. Por mi profesión, no me cuesta demasiado hablar ante un auditorio, pero normalmente es adulto. Es cierto que siempre me ha gustado contar cuentos a los niños, o charlar con ellos, pero el libro me ha llevado a hacerlo con gente menuda a la que no conocía previamente, o con grupos en que puede haber personas de muy diferentes generaciones». 

«En otro orden de cosas, he aprendido que aún puedo ser capaz de emplear la palabra con ciertas dosis de creatividad, algo a lo que por pudor y respeto había renunciado hacía ya mucho», afirma Concha Pasamar

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Algún proyecto nuevo? «Hay varios proyectos en proceso, sí. Tengo la suerte de repetir con bookolia; la relación con Luis Larraza es muy buena, en el sentido de que cuando trabajamos juntos ambos nos planteamos hacer un buen libro, y para ello estamos dispuestos a tener en cuenta la opinión del otro: si yo hago una propuesta y hay alguna observación o contrapropuesta por su parte, eso me conducirá a buscar la mejor solución, tanto si me acomodo a su sugerencia como si insisto en mi opción. Pienso que es igual por su parte y que valoramos el criterio de la otra parte: el sentido crítico (constructivo) y la disposición a escuchar son muy de agradecer. Así que en bookolia saldrá un nuevo álbum ilustrado el próximo otoño, si todo va bien a pesar de la que está cayendo, del que soy también autora de ilustraciones y texto. Y en la primavera siguiente saldría también un libro muy especial para mí, con texto de alguien a quien admiro mucho en sus dos facetas profesionales».

«Quisiera, además -continúa Concha Pasamar-, encontrar poco a poco hueco para algún nuevo proyecto personal, que aún no sé bien a qué formato me conducirá, ni para qué público. Si creo, lo hago en primera instancia según lo que va naciendo me sugiere. No me propongo objetivos ni públicos concretos». 

«Y tengo propuestas, a veces muy interesantes, pero mi tiempo es limitado: sigo dedicándome a enseñar, y a investigar en la medida de mis posibilidades. Tengo la suerte de que ambas actividades me siguen haciendo disfrutar mucho, pero me ocupan mucho también. De hecho, hay un par de proyectos con otros autores que se encuentran en evaluación. Resulta difícil encontrar tiempo para crear, pero también para mover lo que se idea o se crea, que es una tarea que requiere tiempo y esfuerzo, y puede, además, no recibir gratificación. Ojalá encontremos hueco para prestarles atención».

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Álbum Ilustrado

Marta Sevilla nos descubre a ‘Mi amigo el monstruo’

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Marta Sevilla

El protagonista lleva años habitando las profundidades del agua. Ha oído muchas historias sobre un monstruo terrible que, según dicen, vive allí… pero nunca lo ha visto. Mientras observa a todos desde la distancia se pregunta cómo será tener un amigo. Al salir a la superficie descubre por fin a ese ser extraordinario del que todos hablan. Sin miedo y con curiosidad, se acerca a él y nace una amistad sincera que desafía los rumores y las apariencias. ‘Mi amigo el monstruo’ es una historia que invita a preguntarse quién es realmente el monstruo y que celebra la amistad, la empatía y la mirada del otro sin prejuicios. Un trabajo de Marta Sevilla que edita Tres Tigres Tristes. Con Marta charlamos un poquito más sobre este álbum ilustrado.

Marta Sevilla

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “Este proyecto nace, como cualquier proyecto personal, de una mezcla entre preguntas que me hago sobre la vida y las relaciones, y un momento vital concreto. Estaba reflexionando mucho sobre las conexiones, la soledad y la amistad en una época de mi vida en la que, además, empecé a obsesionarme con el monstruo del lago Ness”.

“Comencé a leer mucho sobre él, sobre la historia que hay detrás, sobre todo lo que se dice y se cuenta, y de pronto apareció esta historia en mi cabeza. Sé que hay gente que cuenta experiencias parecidas, pero fue exactamente así: me vino de golpe. Escribí el texto de un tirón y dibujé los primeros bocetos también de una manera muy impulsiva, casi sin detenerme -confiesa Marta Sevilla-. Curiosamente, esto nunca me había pasado antes. La versión final del libro es muy parecida a la primera. Apenas sufrió cambios durante el proceso”.

Marta Sevilla

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Encontrarán un libro sobre el valor de la vida, la amistad, las conexiones y los intereses o deseos que nos movilizan y nos llevan a acercarnos a los demás. Creo que es un libro que habla de ser diferente y, al mismo tiempo, de entender que todos somos diferentes. Hay algo de aceptar lo propio para poder aceptar también lo propio de los demás, y es precisamente eso lo que permite conectar. Además, encontrarán unas ilustraciones completamente analógicas, realizadas con tinta, monotipo, lápiz, plumilla… Imágenes que espero que tengan carácter y calidez, y que dialogan constantemente con el blanco, con el vacío y con el mar”.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación o pruebas. ¿Cómo nace este personaje? “Como te comentaba antes, fue un proyecto personal que surgió de una manera muy natural y orgánica. Yo no me senté a pensar en hacer un libro. Simplemente estaba atravesando un momento en el que me hacía muchas preguntas, seguía trabajando en mis encargos habituales y leyendo cosas que me interesaban por puro placer”, nos cuenta  Marta Sevilla.

Marta Sevilla

“Fue entonces cuando, leyendo sobre el monstruo del lago Ness, apareció este personaje en mi cabeza junto con la primera frase del libro. A partir de ahí fui tirando de ese hilo. Obviamente, el monstruo del libro no es Nessie, pero el punto de partida sí fue ese personaje mítico. Mientras leía sobre él pensé: si hubiera existido, ¿qué solo tendría que haberse sentido? Siendo el único de su especie, viviendo durante tantísimos años… pensé que sería normal que, de vez en cuando, hubiera querido dejarse ver”.

¿Qué nos cuentas del uso del color en este álbum? “En este álbum el color es fundamental. Si te digo la verdad, soy una entusiasta del color en general, tanto en mis proyectos como en mis intereses personales, pero aquí me permití utilizarlo directamente como una herramienta narrativa. El blanco y el espacio vacío hablan de algo muy importante en la historia. El verde, que es el color del monstruo, habla de su singularidad, de aquello que lo hace diferente”, asegura Marta Sevilla.

“Cuando el monstruo está en su hábitat, aparece como una gran masa verde y texturada dentro de un mar blanco, mientras que el resto del mundo se mueve entre grafitos, blancos y negros. Hay dos personajes en este libro y ambos tienen color. Comparten algunos tonos y, cuando se encuentran, aparece además un nuevo color: el rosa. Me gustaba la idea de que la mezcla de sus singularidades ampliara también la paleta del libro”.

Marta Sevilla

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos como Pipo y Bruma? “En este libro me permití mucha libertad. Creo que, precisamente porque surgió de una manera tan orgánica y porque respondía antes a una pregunta personal que a una intención de ser publicado, trabajé con menos filtros. En un principio ni siquiera pensé que alguien fuera a verlo. La principal diferencia con Pipo y Brumaes que aquel fue mi primer proyecto personal. Tardé mucho tiempo en hacerlo, cambió innumerables veces y las ilustraciones evolucionaron muchísimo entre la primera versión y la última. Fue un proceso precioso y muy formativo, pero también largo y complejo”, afirma Marta Sevilla.

“Mi amigo el monstruo fue justo lo contrario: rápido, fresco y espontáneo. Creo que ya tenía una base sobre cómo contar historias a mi manera, algo que fui construyendo durante años mientras trabajaba en Pipo y Bruma, y aquí pude apoyarme en todo ese aprendizaje de una forma mucho más natural. Todo en este libro fue fácil, en el mejor sentido de la palabra. Y para mí eso suele ser una buena señal: indica que algo está fluyendo y que tiene sentido”.

Marta Sevilla

“Además, con el tiempo me he dado cuenta de que ambos libros no hablan de cosas tan distintas. Los dos nacen de preguntas que me hago sobre la vida y de asuntos que me importan profundamente. Aunque visualmente y técnicamente sean muy diferentes, conceptualmente comparten mucho más de lo que yo misma imaginaba. Descubrir eso ha sido una sorpresa bonita”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Trabajé principalmente con monotipo realizado con acrílico para construir al monstruo. Después utilicé distintos tipos de grafito para aportar unidad visual, pero también riqueza de matices y texturas. Además, empleé tinta china, plumillas, pinceles y una cera roja que aparece en momentos concretos del libro. Y, por supuesto, el blanco del papel, que para mí es un material más dentro de la historia y juega un papel fundamental”, confiesa Marta Sevilla.

Marta Sevilla

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “El proceso técnico comenzó con mucha experimentación. En aquel momento me interesaba especialmente el monotipo. Me atrae la idea de que sea una técnica de estampación que, sin embargo, produce una única imagen irrepetible. Hay error, accidente, sorpresa. Y eso me interesa muchísimo. Encontrarme con lo inesperado es una de las cosas que hacen que seguir trabajando tenga sentido para mí”.

Marta Sevilla

“Estuve realizando muchas pruebas hasta que apareció el monstruo, o al menos una primera versión de él. Aquella mancha verde tenía tanta fuerza que decidí construir el resto del libro a su alrededor, también desde un punto de vista compositivo. Llenaba el estudio de monotipos, los dejaba en el suelo y los observaba durante días. Los miraba desde lejos hasta que poco a poco iba encontrando la siguiente página. Entonces la trabajaba con el resto de materiales y volvía a empezar el proceso”, continúa Marta Sevilla.

Marta Sevilla

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Estoy en un momento bonito. Aunque sigo trabajando en algunos encargos que tenía pendientes y continúo dando clases en la universidad, también se están gestando cosas que me interesan mucho a nivel personal. Estoy trabajando en imágenes y pinturas que todavía no tienen una forma definida. No sé si acabarán convirtiéndose en un libro o en algo completamente distinto. De momento estoy intentando escuchar lo que necesitan ser y acompañar ese proceso con curiosidad”.

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Álbum Ilustrado

Daniel Montero Galán nos mete en ‘La Casa de Bernarda Alba’

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Daniel Montero Galán

Viuda por segunda vez, Bernarda Alba impone un luto de ocho años para toda su familia. Las cinco hijas luchan por abrirse paso en una sociedad patriarcal marcada por el fanatismo religioso y el miedo al qué dirán. Dos de ellas se enamoran del mismo hombre y se desata la tragedia. Escrita en 1936, poco antes del ajusticiamiento de García Lorca, ‘La casa de Bernarda Alba’ no se estrenó hasta 1945. Esta obra maestra del teatro español contiene la quintaesencia del estilo lorquiano: el increíble manejo del lenguaje coloquial, el abrumador retrato de una mujer absorbente y, en resumen, la metáfora perfecta de la España reprimida por el odio y la envidia que se adivinaba en el horizonte. Daniel Montero Galán ilustra este trabajo de Federico en una edición de la Editorial Alma. Con Daniel charlamos sobre este proyecto.

Daniel Montero Galán

Lo primero, cuéntanos cómo llega a tus manos este proyecto. “Llevo unos años realizando libros junto a Alma, editorial especializada en editar libros clásicos con un enfoque actualizado a través de la ilustración. Este es el tercer texto de Lorca que ilustro, el primero fue Romancero gitano en 2023, al que le siguió Poeta en Nueva York en 2025”. 

“El placer es proporcional a la responsabilidad a la hora de ilustrar a un autor con la relevancia de Lorca -confiesa Daniel Montero Galán-. Aunque ya no me siento tan perdido como cuando realicé las imágenes de Romancero gitano, el compromiso sigue siendo gigantesco. La obra de Lorca es una gran carga, además del peso de su propia relevancia acarrea todas las adaptaciones que se han hecho de ella. Todos/as tenemos un montón de referencias grabadas en la retina asociadas a cada una de las obras de Lorca, es difícil limpiar la mirada y verlas con nuevos enfoques”. 

Daniel Montero Galán

“Ahora estoy más cómodo metiéndome en la cabeza de Lorca, es un lugar que ya he explorado, pero el peso de su obra cada vez es mayor. Ahora, además de distinguirme del resto de creadores que le han interpretado, también intento no repetirme”. 

¿Cómo era tu relación con este libro de Federico antes de abordar este proyecto? ¿Cómo dirías que ha cambiado esa relación con el título? “Cuando lees un texto como “espectador” no lo haces con los mismos ojos que cuando lo haces como ilustrador, es otra mirada, más profunda, una lectura rumiante en la que intentas sacar todo el sabor a cada una de las palabras para poder llevarlas a escena. Antes de recibir el proyecto nunca me había adentrado profundamente en la casa de Bernarda Alba, en un lugar que produce claustrofobia”, asegura Daniel Montero Galán.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Busqué adaptaciones teatrales, así como películas, composiciones musicales, obras pictóricas y demás obras artísticas que representen o evoquen esta obra, tanto de manera directa o indirecta, hay todo tipo de materiales”. 

“Lorca es omnipresente en nuestra cultura, uno no se da cuenta de cuantos artistas se han inspirado en su obra hasta que comienzas a leer con atención. Es un autor que no descansa, su obra sigue vigente tras casi un siglo de su asesinato, su alma vive en otros autores y su cuerpo sigue desaparecido en una cuneta”.

Daniel Montero Galán

“Para ilustrar esta obra, como cualquier otro proyecto, seguí la misma receta de siempre: Leer el texto, volver a leer, releer, rerreleer… Sé que las ideas no vienen por si solas cuando a mí me apetezca, así que a la vez que rerrerreleo salgo a buscarlas a la calle. La recolección de anotaciones comienza de manera errática, apuntando todo lo que se me pasa por la cabeza, aunque a priori no tenga relación con lo que he de representar. Llego a casa con montón de borrones, pintarrajos y garabatos y poco a poco trato de ordenar estas líneas confusas, agarrando el hilo que me guie en cada proyecto”, nos cuenta Daniel Montero Galán.

Este no es tu primer contacto con el teatro… “Efectivamente, tengo una larga trayectoria ilustrando los libros de Juan Mayorga para la editorial La uÑa Rota”. 

¿Qué personaje te resulta más atractivo? “No me gustaría estar en la piel de ninguna de ellas y deseo que ninguna mujer tenga que pasar por estas experiencias. Siento simpatía por la inocencia de María Josefa y admiración por la esperanza de Adela, pero es una época oscura a la que no debemos volver. La obra representa esa España reprimida por el odio y la envidia, presa del catolicismo y “elquedirán”.

Daniel Montero Galán

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Intento adaptar mi dibujo a cada proyecto, camuflarme con cada obra. Procuro modular mi voz para que el tono suene bien con lo que tengo que contar”, afirma Daniel Montero Galán.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Realicé los dibujos que componen cada escena sobre papel milimetrado, una vez digitalizados trabajé el color con Photoshop, suelo crear en papel las texturas que uso. El interior de los libros de esta colección de Alma están impresos en bitono, está técnica consiste en reproducir las imagen utilizando únicamente dos tintas, en este caso trabajé con un Pantone verde oscuro (Lorquiano) y otro naranja fosforito. Estas dos tintas se superponen y según su opacidad puedes ir creando tonalidades, el tono más oscuro (parecido al negro) se consigue con la suma de ambos colores. Esto requiere trabajar las imágenes de una manera muy específica y plantear las ilustraciones en conjunto, para que encajen con una paleta tan limitada”.

Daniel Montero Galán

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Me gusta trabajar con imágenes asociativas, buscar símbolos que se identifiquen con las esencias y que a su vez formen parte del contexto y de la época que representan, en este caso busqué cómo simbolizar la claustrofobia, el control, la toxicidad y la angustia con elementos rurales de la Granada de los años 30”, continúa Daniel Montero Galán.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy terminado las ilustraciones del siguiente libro que vamos a sacar de Lorca, Bodas de sangre”. 

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Lulelia nos pregunta ‘¿Dónde está mi lápiz amarillo?’

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Lulelia

‘¡Mamááá! ¿Sabes dónde está mi lápiz amarillo? ¿Y mi estuche? ¿Y mi mochila?’ Cuando su lápiz favorito desaparece, la pequeña Rita emprende un viaje que la llevará a los lugares más recónditos e inesperados, hasta descubrir que lo que busca nunca estuvo tan lejos como pensaba. Indicaciones equivocadas, animales despistados y alguna estrella con buen ojo para los productos de papelería habitan las páginas de este maravilloso álbum debut de la argentina Lucía Rovira (Lulelia). Con humor y ligereza, la autora construye un delicado universo a dos tintas. Entre trazos de lápiz y un luminoso color amarillo, acompañamos a la artista Rita en un viaje para descubrir aquello que más le gusta. Con Lucía hemos hablado un poco más sobre ‘¿Dónde está mi lápiz amarillo?’, editado por Editorial Juventud.

Lulelia

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “Nació como tesis del Posgrado de Ilustración que hice en la Universidad de Buenos Aires. En un principio no sabía si iba a ser un libro, un juego o qué forma iba a tomar. Lo que sí sabía era que me gustaba el concepto de caos como obstáculo por el cual se genere una aventura, que ese obstáculo fuese excusa de entretenimiento y anécdota, en gran parte por experiencia personal, ya que siempre pierdo cosas y armo planes estrambóticos para resolver. Lo lúdico siempre estuvo presente como también la idea de que sea algo gracioso y, a medida que se fue desarrollando el guión, fue apareciendo la idea de búsqueda y de camino dentro de la posible historia, tomando su estructura desencadenada”.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Van a encontrar la historia de una niña de unos 5 años que ha perdido su lápiz preferido y dialogará con quien se cruce en su búsqueda atravesando diferentes escenarios para lograr encontrarlo. Es un libro álbum híbrido que contiene recursos de historieta como globos de diálogo y viñetas diversas fragmentando las páginas a medida que la trama se dramatiza”, asegura Lulelia.

Lulelia

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… ¿Cómo nace este personaje? “Tomé de referencia cuentos, cómics, películas o revistas de juegos que tuvieran personajes de niñas con actitud desenvuelta, espontánea, informal y desinhibida como la de Rita, la protagonista. Las referentes fueron desde Mafalda a Pippi Lamstrung. Además, fue autorreferencial porque busqué fotos mías de chiquita y tomé de accesorios los anteojos grandes que siempre se me rompían (o mejor dicho, se me rompen): El hecho de que Rita los tenga con una cinta en el medio del marco refuerza su cualidad inquieta”.

“Cuando empecé a bocetar los escenarios, mis amigas y colegas que tienen hijos/hijas me enviaron imágenes de los juguetes y objetos que podían andar por la casa y por su habitación -continúa Lulelia-. Hasta el último momento seguí agregando objetos en el libro para llenar cada doble página, para mostrar la acumulación de cachivaches y, por otro lado, para homenajear a las personas que me ayudaron a hacer el libro porque no me iba a alcanzar la página de agradecimientos”.

“Como dato de color, el libro trae un señalador (entiendo que en España le dicen “punto de lectura” o “marcapáginas”) con una lista de objetos para buscar además del lápiz… Quizás para Rita no son tan importantes como el lápiz pero andan por ahí tirados algunos pares de medias incompletos”.

Lulelia

¿Por qué el amarillo? “Quería que el lápiz perdido no fuese cualquiera, que sea algo más específico y que además vaya marcando un camino cromático en el libro a medida que avanza la historia. Fue muy fácil elegirlo porque es un color que me gusta mucho y me encanta su combinación con el gris del grafito -nos cuenta Lulelia-. Es el color más brilloso, se usa como resaltador de textos y para dar acentos en el gris de la ciudad (que es donde Rita arranca su recorrido), las señales de tránsito, los cascos de los obreros de la construcción, las maquinarias, muchos taxis e incluso el estereotipo del transporte escolar suele pensarse amarillo… Avanzando hacia la naturaleza podemos pensar en las representaciones del sol y el resto de las estrellas (que tienen su momento importante en el libro), animales de distintas especies, desde leopardos hasta aves… Los rastros de hojas otoñales, las margaritas (de acá viene el nombre del personaje) y también la comida que más me gusta (choclo, papas, queso, huevo…). Si sigo pensando referencias amarillas por supuesto se suma el universo Simpsons y hasta el primer Smile fue amarillo, por lo que los emojis que usamos también lo son”.

“Por otro lado, en distintos momentos de la historia editorial ha habido cubiertas amarillas para que llamen la atención, como la colección las novelas amarillas del siglo XIX o en la colección Robin Hood. También en la editorial Juventud que publica “¿Donde esta mi Lápiz Amarillo?”, podemos encontrar lomos amarillos en el clásico Tintín en español. Rita necesita llamar la atención así que se comunica con ese amarillismo”, confiesa Lulelia. “El amarillo destaca, es un camino… Desde las líneas que dividen los carriles de la ruta o como las baldosas del Camino amarillo de El mago de Oz”.

Lulelia

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “La gran diferencia con otros trabajos es que es mi primer trabajo como autora integral y tuve total libertad al hacerlo. Durante el desarrollo encontré un modo de contar suelto como los trazos y esa forma llegó también a los textos que hice con lettering según el personaje que habla y según el tono con el que habla, creo que eso logró una integración total entre el texto y la ilustración”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Trabaje con lápiz de grafito al principio y lápices digitales para los archivos finales”.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Le dediqué mucho tiempo a la parte de investigación y de guión, desde lo más general hasta los pequeños gestos, idas y vueltas de los personajes, guiños internos, relaciones entre las páginas. Le doy bastante atención a los chistes que se puedan encontrar tanto en el texto como en las ilustraciones. Tal es así que debe haber 2 capas de historias o más.. Me encanta dejar esos detalles para que quien lo lea pueda encontrar en una segunda lectura o años después”, afirma Lulelia.

Lulelia

“El proceso fue similar a la dinámica que vive Rita en el cuento; yendo y viniendo, tomando algo de todos los lugares donde lo estuve dibujando y con quienes compartí el proceso. Hasta que no tuve el guión completo no empecé a dibujarlo, solo tenía apenas bocetado el personaje de la protagonista, pero ni bien terminé de escribir los diálogos, las propuestas de las páginas salieron de una vez porque estaban en mi cabeza. Hacia la entrega final de los archivos, el trabajo fue de pulir los dibujos buscando la manera de “emprolijar” mis bocetos sin perder la expresividad que me gusta en cada momento de cada personaje”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Con respecto a “¿Dondé está mi lápiz amarillo?” se está desarrollando como corto animado. En cuanto a proyectos editoriales tengo en proceso un libro álbum con un escritor español, un cartoné para primeras infancias de mi autoría y, cuando encuentro el momento, sumo una viñeta a un proyecto personal en formato novela gráfica. En paralelo me dedico a la docencia en la facultad y en mi taller de ilustración”.

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