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Entrevistas

Un paseo por un Mazoka de aniversario

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Uno de los rituales que tenemos cuando venimos a Vitoria-Gasteiz para vivir e informar del Mazoka es subir por las rampas mecánicas que parten desde la Iglesia de San Pedro hasta el Palacio de Montehermoso. Ya delante de su fachada, la sustituimos por la fachada blanca del increíble cartel de esta quinta edición del mercado, realizado por Ainara Tavarez. Y de la mano de ese cartel, bajamos la mirada hasta las profundidades, hasta el Depósito de aguas, donde se celebra el Mazoka.

Durante nuestra bajada real, por el camino ya nos encontramos elementos del grafismo y el diseño de esta quinta edición del Mazoka, que nos acompañan hasta esa magnífica sala, cuyas columnas también nos desvelan otros elementos de la imagen de este año. Abrazando esta imponente sala, los puestos de los 40 mazokalaris seleccionados este año.

Mazoka es el trabajo de los 40 mazokalaris, pero también es el buen hacer de todas las chicas que están detrás de la organización, con Marta y Anuska al frente, es el cuidado que ponen en todo el material que sobre el mazoka se edita cada año, desde la chapa más pequeña, hasta las cuidadas libretas de dibujo. Acompañados además este año de la baraja conmemorativa obra de las ilustradoras Yolanda Mosquera, Maite Gurrutxaga, Elena Odriozola y Noemí Villamuza.

Mazoka es el ilustramatón, son las alfombras llenas de niños y niñas jugando, es la gran mesa de dibujo para los más pequeños, que la disfrutan incluso subidos en ella, es el café en grupo de los mazokalaris antes de que Mazoka abra sus puertas, son las miradas cómplices con los y las mazokalaris cuando paseas delante de sus puestos, son los cuadernos llenándose de nuevas ilustraciones en los tiempos muertos, que no son muchos, son las cestas de trabajos que donan los mazokalaris para el sorteo del último día, es el paso del bullicio al absoluto silencio del Depósito de aguas cuando se marcha el público y se apagan las luces, es la música y la canción en euskera, este año en la fiesta del quinto aniversario, y es, también este año, la sorpresa de conocer lo que hace Milimbo, y el disfrute de los más pequeños en los talleres de Tralarí, con Cintia, Yolanda y Julio. Y este año Mazoka también son esos nervios previos a moderar una mesa redonda con las cuatro pedazo de ilustradoras citadas antes y que están detrás de los cuatro palos de la baraja.

Y Mazoka es, como decíamos arriba, el trabajo de los y las 40 mazokalaris. Las ilustraciones sobre comida de Firioss, más pequeñas y más grandes, como la que está llena de pimientos asados; las ilustraciones de Mari Jáuregui, sus pendientes, que se asemejan a la forma de sus tarjetas de presentación; los collages de Blanca Helga y Hopiti Hop! Su robot de cartón y su último proyecto, ‘La ciudad de noche’, un libro-juego, cuyos personajes se convierten en figuras para que los más pequeños jueguen; después nuestra mirada se va inmediatamente a una ilustración enmarcada de Miren Asiain. Es un grupo de jóvenes en el campo, pero enseguida vemos también otra de sus ilustraciones con otro grupo de gente en un nido, o en un libro abierto; a su lado, sobre la mesa, una maleta que contiene cuatro departamentos y en cada uno de ellos, una camiseta ilustrada. Es el trabajo de Pekolejo. El foco de su mesa apunta a una camiseta blanca con un gran corazón rojo.

En la esquina está el trabajo de Mariangela Artese, que explica sus ilustraciones a los visitantes más madrugadores. Junto a sus carpetas de ilustraciones, unas lámparas ilustradas. Son de una serie limitada, que está numerada, y que hace en colaboración con una diseñadora. A su lado un cómic y los dibujos en los que poder perderse de Miguel Lara, Suburbian52. Él dibuja tras la mesa, y descubrimos que ha aprovechado uno de los programas del Mazoka para tunearlo con una muestra de su trabajo. Nos reciben a continuación las ilustraciones de Irene Bofill, con gatos como protagonistas. Nuestra mirada se va rápidamente a algunos de ellos, dos gatos que emulan un cuadro de Gustav Klimt, o un gato que se convierte en uno de los personajes de La Naranja Mecánica. También hay chapas en la misma línea, una de ellas, un gato a lo David Bowie, ya luce en nuestra solapa…

A Javier Hernández ya le hemos hecho algunas entrevista en el blog, aunque no lo conocíamos personalmente hasta este Mazoka. Él trae aquí sus publicaciones, sus libros. Entre sus últimos proyectos, ‘Como ella me enseñó’, una bonita historia que viene acompañada de un juego de cartas con las ilustraciones del libro. Nos chiflan y nos miran las chicas con casas en la cabeza de Rosa Álamo, y a su lado las ilustraciones en blanco y negro de SAO y algunos elementos de una vajilla ilustrada, en la que sí hay color. También ilustra elementos de una vajilla Laura Montes, platos, y nos deja alucinados uno que hay sobre la mesa, que está vacío, pero en el que una niña en relieve, parece estar sumergida en una sopa que no existe… una pasada.

Alba Flores ha traído a este Mazoka algunas ilustraciones, bolsas de tela y también algunas esculturas. Nos llaman mucho la atención sus imanes de caritas de personas. El lettering es la especialidad de Nerea Lekuona. Y en su puesto, sobre todo libretas. Además las personaliza sobre la marcha, le dices un nombre, y se pone manos a la obra. De vez en cuando se la ve trabajando con los Posca, o con un pequeño secador… Y siempre activa interactuando con la gente Marta Barragán. Muestra en su mesa algunas bolsas de tela, y junto a ella, que parece que le está gritando al oído, una gran ilustración de un gran gorila.

De nuevo estamos en otra de las esquinas del Depósito de Aguas. Y nos encontramos con la explosión de color de Gemammel. Sus ilustraciones, su desplegable con la historia ‘Un día (cualquiera) en el Polo Sur’, o su cuento ‘Erika y Max’; del trabajo de Inés Bermejo nos llama la atención su trabajo en collage, sobre todo en las chapas. Son chapas únicas, hechas con collage, y con alguna palabra o mensaje; y de nuevo explosión de color con el trabajo de Nuppita Pittman, predomina el rojo en sus ilustraciones, y también encontramos algunas figuras de madera; a su lado, los parches, las ilustraciones o el juguete granja de The Ikaro; las ballenas son protagonistas en un soporte diferente. Hablamos de las fundas para cojines de Dudelsea. También tiene ilustraciones y algunas tazas; y de las ballenas en los cojines de Dudelsea a las ballenas o cangrejos en las ilustraciones de Natalia Ros, también, en sus tazas ilustradas a mano.

Dejamos atrás una escalera y nos encontramos con el puesto de Goxoart. Un maniquí con un vestido ilustrado, unas zapatillas ilustradas, una bolsa filtradora y ecológica, algunas ilustraciones, y también unas cajitas para infusiones; el paisaje es cosa de Margashova. El detalle es protagonista en sus ilustraciones de paisajes urbanos, de Vitoria-Gasteiz pero también de otras muchas ciudades. Sobre la mesa dos de sus cuadernos. Nos atrevemos a ojear uno de ellos. Cuando llegamos al puesto de Mattin está dibujando sobre un papel blanco en un improvisado caballete. Dibujos rápidos y desenfadados, junto a alguna de sus publicaciones.

En el puesto de Ester García encontramos algunos de sus libros, y también ilustraciones algo más grandes de uno de sus últimos trabajos, ‘La selección natural’. Nos llama mucho la atención uno de sus originales en acrílico, de un conejo que viste de amarillo con estampado… A su lado Juan Díaz-Faes nos confiesa que ha traído un poco de todo lo que tiene, desde ilustraciones, a publicaciones, objetos e incluso anillos, algo en lo que está empezando a trabajar. En la pared que hay detrás de Aran Santamaría cuelgan varios de sus personajes hechos con collage. Y lo que más nos llama la atención sobre su mesa son partituras musicales de las que nacen flores, en pop-up.

La fantasía es protagonista de las ilustraciones y los trabajos que ha traído a Mazoka Xelkis; en la mesa de al lado, el trabajo de Mar Blanco: estuches, colgadores y lámparas ilustradas. Es el último proyecto en el que se ha embarcado. Pilar Serrano mezcla en su rinconcito del mercado ilustraciones y piezas como tazas con algunos de sus personajes. Preside uno que nos encanta, y cuya cabeza es una casita con la nariz como Pinocho. El trabajo de Irene Villalba nos sorprende, como sorprende también al público que se acerca a su puesto. Ella utiliza mapas antiguos y sobre ellos hace retratos con bolígrafo. Unos retratos muy realistas, inspirados en fotógrafos a los que sigue. Contrastan con el colorido rincón de Pixelbox, con libretas, pegatinas, postales en las que el tigre como personaje aparece bastante, y un faro, que nos gusta mucho, y que ilustra un calendario para el próximo año, un faro que nos puede guiar hacia ese nuevo año.

Unai Zoco ha traído al Mazoka el trabajo de estudio sobre el Martín Pescador, y aborda esa imagen en diferentes formatos. El azul y el naranja, aletean por todo su puesto. Contrasta también con el dibujo a lápiz de Ale Díaz Bouza. Ilustraciones, algunos cuadernos, espejos, chapas y su libro, recién salido del horno, ‘Trece días para arreglar a papá’. Las mujeres que ilustra Neka nos encantan. Son mujeres incompletas, que se insinúan con las líneas, como inacabadas… Y las chicas serias en digital de Nuri Ann posan a su lado, junto a su álbum ilustrado, ‘Pulgarcita’. De la seriedad de estas niñas al desenfado y el colorido intenso del trabajo de Oskar Benas, y a las ilustraciones que se plasman en pañuelos de 90×90 de Begoña Fumero. Nos encanta el de la chica boxeando.

Y a la vuelta de la esquina se despliega un mundo de fantasía con el trabajo de Max Hierro, con sus láminas y sus bocetos, y al que descubrimos, en uno de nuestros paseos, dibujando con acuarela en su cuaderno. A su lado, el trabajo de Mabel Esteban, con sus ilustraciones un poco grotescas, como define ella misma, con un aire japonés.

Y todo esto, y mucho más, es lo que os vais a perder, si no vais mañana, domingo 22 de diciembre, a la última jornada del Mazoka 2019. Para los que estéis lejos, tomad nota de los y las artistas que han venido este año a Vitoria-Gasteiz. Os invitamos a conocer su trabajo. Ahora, con las nuevas tecnologías, es bastante fácil. ¡Nos vemos en Mazoka 2020!

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Cómic

Blanca Vázquez y cuando ‘Ya no llama nadie’

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Blanca Vázquez

Mariona piensa mucho en la muerte porque en este pueblo ya no le dejan pensar en nada más. Sus amigas han ido desapareciendo, y la cabeza de Vicente, su marido, es cada vez más volátil. Con sus ochenta y siete años, le pide poco a la vida: entretenerse con su jardín, discutir lo justo con su marido y ver a su hija los fines de semana. Las sensaciones nuevas, piensa, son algo que ya no le tocan. Aunque desde hace unas semanas algo le remueve el estómago cada vez que la familia se reúne para comer. Las palabras se le acumulan en la garganta, pero su figura se vuelve trasparente cada vez que intenta comunicarse con los suyos.

¿Qué pasará cuando ella ya no esté? ¿Qué dejará a los suyos tras su paso por la vida? ¿Alguien cuidará las calas de su jardín? ¿Dónde reposarán sus cenizas? Mariona quiere aprovechar una de esas sobremesas familiares para, por una vez, hablar de sus deseos. A través de su protagonista, ‘Ya no llama nadie’ ofrece un relato intimista sobre el ocaso de la vida, el olvido y la necesidad de crear legado. Un cómic de Blanca Vázquez y Elisabeth Casillas que edita Astiberri. Con Blanca charlamos un poquito más sobre este libro.

Blanca Vázquez

¿Dónde está el embrión de este proyecto? ¿Cómo llega a tus manos este trabajo? “En 2020 publiqué ‘Juntas en esto’, un cómic muy cortito, con Astiberri, sobre el aborto. Justo en esa época Elizabeth también estaba trabajando sobre el mismo tema, y me preguntaron si me parecería bien que Elizabeth presentara mi cómic en Madrid conmigo. Así conocí a Eli. Nos conocimos en la presentación de mi cómic. Me dijo que le gustaba mucho cómo ilustraba y que seguramente algún día podríamos hacer algo juntas”, nos cuenta Blanca Vázquez. “Cinco años más tarde me pasó el guion”.

¿Cuál fue tu primera impresión cuando recibes esta historia de Eli? “El guion no estaba terminado por completo. La escaleta estaba casi toda hecha, y al leer solamente la escaleta ya vi que era una preciosidad, me emocionó mucho. Por entonces ya estaba viviendo más lejos de mis abuelos, la relación que tenía con ellos era a distancia desde hacía años. Y, bueno, sigo teniendo relación con ellos a distancia. Entonces todo el tema de la familia y la visita me tocó mucho. Y me encantó”.

Blanca Vázquez

Al final sí que hay también, entonces, mucho de ti en este libro, ¿no? Te identificas… “Sí, sí. No lo he escrito yo, pero al leerlo lo sentía muy propio. Se lo decía mucho a Eli, que a veces sentía que la historia estaba escrita por mí. Al final he puesto mucho mío, pero porque creo que es un libro que tiene una historia muy fácil de leer, y pasarla a tus vivencias y a tus recuerdos”, asegura Blanca Vázquez.

¿Hay algún referente cercano que has reflejado de alguna manera en este cómic? “Los personajes tenían unas expresiones muy marcadas. Y claro, era un tipo de dibujo que yo lo siento muy mío, pero he tenido que trabajar con línea para llegar a determinados detalles. Cambia mucho de mi trabajo de otros años. El referente gráfico ha ido viniendo por el guion. Y como referentes de poses y tal, sí que he puesto a mis abuelos mucho a posar cada vez que iba al pueblo. Sí que me han ayudado mucho”.

¿Ellos han visto el cómic? “Pues sí, ya lo han visto, ly es ha gustado muchísimo, se han emocionado mucho. Yo me he emocionado de verlos emocionados, así que genial”.

Blanca Vázquez

¿Qué se va a encontrar la gente en sus páginas? “Se encuentran muchos recuerdos que se le remueven por dentro y también muchas sensaciones. Gente de 50, 60 años, en este libro se va a encontrar un poco la realidad quizá que tienen ahora de hijos cuidadores, pero también lo que se les viene en un futuro. Es un libro que va de la edad y del paso del tiempo, y a todos nos va a remover de cierta manera, a cada uno por la etapa siguiente que le viene”, confiesa Blanca Vázquez. 

¿Con qué técnicas trabajaste? “Por pasión y voluntad propia, siempre suelo trabajar en analógico con acuarela, tinta, es mi parte preferida. Y luego también, bueno, bocetando en lápiz. Pero durante estos años trabajando en empresas era todo digital. Cuando Eli me comentó que el libro eran 160 páginas, por ahorrar tiempo, economizar, también por recursos, me parecía mucho más cómodo pasarle bocetos en digital a Eli, y si ella veía que había que cambiar algo, al final siempre es más rápido el digital para los cambios. Y la técnica vino dada sobre todo por eso, por poder optimizar el tiempo y cambiar las cosas rápido”.

Blanca Vázquez

“Aunque también quería que mi huella de trabajar en acuarela estuviera presente -continúa Blanca Vázquez-. Entonces estuve investigando en Procreate, y siento que los pinceles que utilizas en ese programa se parecen muchísimo a los analógicos. Cuando los manejas parece de verdad que tengan el propio fallo y la espontaneidad que tiene la acuarela”.

¿Y del color qué nos puedes contar, Blanca? “Al principio hablábamos muchísimo que tenía que ser un libro que tuviese calidez, pero sobre todo también por la estación en la que está ambientado, que es el verano. Tenía que ser muy luminosa la parte exterior y muy sombría la parte interior de la casa para que hubiera ese contraste de fuera, alegría, familia, plantas, vida, y dentro el peso de la monotonía y la soledad que sienten y la casa que se les viene como un poco encima. Esto vino dado mucho por el color, por ese contraste que teníamos que buscar. Yo me imaginaba un poco el verano en el pueblo, radiante y rural”.

Blanca Vázquez

“Siento que la paleta le pega muy bien al mundo rural. Y también la paleta cálida, siento que la historia al ser tan dura y tan cruda, si hubiéramos cogido tonos fríos hubiera quedado como una historia un poco lúgubre y tampoco era esa la idea, porque la historia tiene mucha vida”. 

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Cómic

Ricardo Cavolo debuta en el cómic con ‘Lola y Estrella’

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Ricardo Cavolo

‘Lola y Estrella’ son dos jóvenes amigas que viven juntas en la ladera de una montaña, un lugar hermoso y fantástico. Estrella tiene un poder muy peculiar, el de comunicarse con el micelio, o las mismísimas raíces de su planeta, Matria. La vida de las niñas es bastante apacible. Cuando no están con los gnomos comiendo fresas o jugando a las cartas, van a visitar a la reina Cabra o a comprobar si han llegado nuevos libros al pueblo. Pero una mañana todo cambia. Su valle y toda su comunidad se ven amenazados. Unas extrañas máquinas están destruyendo el terreno y acaban de dejar a los gnomos sin hogar. Ninguna de las chicas es especialmente aventurera, pero tienen claro que no pueden quedarse de brazos cruzados y deciden emprender un viaje para obtener respuestas. Un viaje que las llevará muy lejos de casa. Editado por Astiberri, ‘Lola y Estrella’ es el debut en cómic infantil del artista Ricardo Cavolo. Con él hemos charlado un poquito más alrededor de este libro.

Ricardo Cavolo

¿Cómo se te ocurre este proyecto y también cómo te lo has pasado haciéndolo? Porque desde fuera parece que ha sido un proceso divertido. “Yo he chupado cómic desde antes de saber leer, de hecho mi padre tenía mucho cómic en casa. Es verdad que no era cómic infantil, porque tenía Conan y demás, pero bueno, cultura visual desde muy pequeño. Y siempre he tenido el cómic muy presente, independientemente de que me sirva para mi trabajo o no, como lectura constante, siempre ha habido cómics desde entonces”.

“Es un género que siento muy mío y que valoro mucho, y que además me ha dado cosas para mi trabajo. Nunca llegaba el momento de plantearme hacer un cómic, porque veía que era muchísimo trabajo, y al final ha sido un poco natural. Me envalentoné. Desde que estaba en la carrera, que descubrí Astiberri, tenía el capricho de poder hacer algo con ellos, porque valoro mucho lo que hacen”.

“Y sí que ha sido divertido, ha sido muy largo, han sido dos años, realmente nunca he trabajado dos años en un proyecto -continúa Ricardo Cavolo-. Nunca hago bocetos, por ejemplo, y aquí pues tuve que bocetar las 160 páginas. Normalmente hay que hacer un story, hay que trabajarlo bien, sobre todo teniendo en cuenta que es mi primer cómic y que encima es infantil. Entonces, ha sido un trabajo muy largo, pero como tú dices y se nota, ha sido muy divertido. Lo he disfrutado como un niño, y al final creo que se nota un poco desde fuera”.

Ricardo Cavolo

No sé si el hecho de hacer un cómic infantil tiene que ver con el hecho de ser padre. “Bueno, creo que sí, porque igual hubiera empezado por otra cosa más de adultos. Cuando tienes hijos, de alguna manera, también empiezas a conectar más con tu niño interior, con el niño que eras. Siempre he tratado de cuidar al niño interior y de mantenerlo vivo para mi trabajo, porque me parecía muy bonito y muy interesante hacerlo. Es verdad que desde que tengo hijos, ya sea porque he tenido que consumir también cultura adaptada a sus edades, entre series y cómics, pues me parecía muy chulo que la entrada en el cómic fuera una cosa para niños. Y sí que hay cosas presentes, de hecho, las dos protagonistas en realidad son mis hijos convertidos en chicas, mi hijo Max es igual que Lola y mi hijo León es igual que Estrella”.

¿Qué se va a encontrar el lector en las páginas de este cómic? “Por encima de todo, fantasía y aventura, que es un poco el leitmotiv que siempre me ha gustado -confiesa Ricardo Cavolo-. Con ese marco de fantasía y aventura, tenía muy claro que quería empaparlo de mi visión crítica sobre la sociedad, es una cosa que también hago en mi trabajo habitualmente, y esta es una historia anticapitalista, con un discurso muy ecologista, que es una cosa que siempre me ha gustado de Tolkien. Además mis hijos me preguntan, pero ¿por qué son niñas? Si nosotros somos niños… Quería que el libro tuviera un espíritu feminista. Cuando yo leía cuentos e historias de niño, no había ni una sola niña heroína, ninguna niña resolvíanada, y es verdad que desde hace unos años, poco a poco van haciéndose su espacio y yo quería aportar mi grano de arena en ese sentido”.

Ricardo Cavolo

Imagino que son cosas que también están en tu imaginario, pero es verdad que cuando estás leyendo el cómic, te recuerda un poco a El señor de los anillos, por ejemplo, hay cosillas que te recuerdan a Peter Pan… “Sí, y Nausicaä, hay de todo, por supuesto, La historia interminable también es uno de los pilares fundamentales. Me gusta mucho esa parte de La historia interminable en la que van de pueblo en pueblo, y en cada pueblo hay gente diferente, con unas características diferentes, y un poco mi cómic es eso. Justo antes de empezarlo tenía muy claro que tenía que leerme otra vez Nausicaä, de Miyazaki”, nos cuenta Ricardo Cavolo.

Háblanos un poco del desarrollo del cómic, de las técnicas que has utilizado. “Como sabía que esto implica mucho, mucho trabajo, lo trabajé en digital, porque me facilita y me ahorra muchísimo tiempo. He aprendido a generarme también mi cocina, como digo yo, mis alquimias y mis magias en digital, y estoy muy contento con ello”.

Ricardo Cavolo

“El proceso ha sido para mí muy educativo, porque no es lo mismo ser lector de cómic que luego hacer un cómic, por muchos cómics que hayas leído es mucho más complicado, y aquí siempre me gusta mucho valorar a mi editora en Astiberri. Me he hecho un máster de cómic con ella, me ha ayudado muchísimo. La parte más divertida, cuando ya está todo decidido en boceto, la tinta y el color, que es donde yo luzco un poco, porque domino bien el color y domino bien la línea”, afirma Ricardo Cavolo.

Visualmente es muy tú, ves el cómic, y dices: es Ricardo. “Sí, quería que fuera muy visual, muy disfrutable visualmente. De hecho, el fondo de cada página tiene como un rayado sepia, cada página es diferente. He tratado de mimar mucho lo que he podido mimar y lo que sé que puedo mimar”.

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Álbum Ilustrado

Josefina Tai y Larisa Cumin nos abren ‘Las Puertas’

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Josefina Tai

¿Qué puede descubrir una niña curiosa del otro lado de las puertas de su nueva casa? ‘Las puertas’ nos muestra los hilos invisibles de todas las cosas que echan raíz: un trabajo, un hogar, una familia. Cada puerta es una invitación a la aventura, pues nunca sabemos qué nos aguarda del otro lado. Editado por Limonero, es un trabajo de Larisa Cumin y Josefina Tai. Con ellas hemos charlado un poquito más sobre este libro.

¿Dónde está el origen de este proyecto? Larisa Cumin: “Si tiene un origen, está en la infancia. En una voz que de chica fui inventando en el patio de mi casa bajo un árbol que no era nuestro, pero que nos daba sombra y flores y hojas. Y en el recuerdo que ahora puedo tener de lo que esa nena que alguna vez fui pensaba, decía, imaginaba. Con esa voz y con dos recuerdos atados a una misma puerta -quizás de los recuerdos más viejos que tengo- es que armé un poema largo. Ese poema le llegó a Jose a través de la editorial Limonero y ella lo ilustró maravillosamente”.

Josefina Tai

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? Josefina Tai: “Los lectores encontrarán un libro nostálgico de una memoria cuidada, tanto por la escritora como por la ilustradora. De mi parte, indagué sobre la infancia de Larisa y de mi entorno, hurgando entre fotos y recuerdos, para crear el escenario un tanto ficticio de la protagonista”.

Larisa Cumin: “Para mí los lectores se van a encontrar con un libro que puede resonar tanto en adultxs como en niñxs. Se trata de un mundo imaginado que puede parecerse al de ellos, como no. Y posiblemente se encuentren con esas preguntas y silencios que a veces nos hacen la poesía”.

¿Qué son para cada una de vosotras las puertas? Larisa: “Para mí las puertas pueden ser múltiples cosas: inicios, posibilidades,salidas, fines, conexiones, encuentros… El poema juega con eso todo el tiempo, porque la nena que es la voz del poema mientras experimenta cambios va reflexionando mucho. En un momento dice por ejemplo:

“Las puertas como las monedas tienen dos caras

una para entrar, otra para salir.

Son caras que cambian dependiendo de si se quiera

entrar o salir al mundo; entrar o salir de una casa.”

Y los dibujos de Jose le siguen ese juego por caminos más oníricos”.

Josefina Tai

Josefina Tai: “Creo que conecté mucho con el poema desde el principio, justamente por el juego con las puertas; me da múltiples posibilidades para pensar en lo que puedo dibujar, lo que hay detrás de la puerta, lo que vaya a pasar una vez que la puerta se abra. Y este juego onírico creo que es algo bastante característico de mi trabajo”.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… Josefina Tai: “Como mencioné antes, el trabajo previo a lanzarse a ilustrar fue la conversación con Larisa. Conocernos y escuchar de dónde viene ella y de dónde vienen sus palabras, investigar sobre los objetos que guarda en su memoria. Este fue un proceso clave para mi trabajo como ilustradora: poder visualizar el origen de la niña del libro y, a partir de ahí, empezar a construir aquella casa llena de puertas con los elementos que recolecté”.

Larisa: “En este sentido que nombra Jose, hay algo del libro que tiene que ver con lo recordado, con “volver a pasar por el corazón” algunas vivencias y volverlas vívidas al narrarlas e ilustrarlas. Conversamos mucho, pero no respecto a cómo o qué tenía que ilustrar Jose, sino que hablamos de nuestras infancias, de objetos que rodearon ese tiempo. La historia del poema sucede en una casa que se va construyendo de a poco a las afueras de una ciudad del interior de Argentina en los 90, es decir en un contexto donde se cruza lo urbano y lo rural. Entonces hay objetos muy ligados a lo analógico, ciertos colores, texturas particulares (algo de esos tonos lavados de las fotos de rollo de esa época), una vegetación particular, una dimensión del espacio que está marcado por eso”.

Josefina Tai

¿Cuál ha sido vuestro mayor descubrimiento tras todo ese proceso? Josefina Tai: “Lo que más aprendí en el proceso de ilustrar este libro fue a observar y a tener paciencia, tanto conmigo como con mis dibujos. En general, cuando tengo una idea, me apuro mucho a realizarla y no suelo hacer muchos bocetos. Sin embargo, para este libro, el proceso de los bocetos fue más largo, ya que no dependía solo de mi visión, lo cual, para mi sorpresa, me gustó muchísimo. Tuve que hurgar mucho más a fondo en mí para encontrar la imagen perfecta, aprendí que no hacía falta apurarme y quedarme con la primera idea, que a veces puede estar bien. También en el libro ilustro muchos objetos, cosas de la casa, y para esto, tuve que sentarme a mirar los objetos que me rodeaban, observar cómo son sus texturas, cómo se ven las marcas del tiempo en ellos, para que la imagen que yo ilustrara fuese rica visualmente. Así aprendí a detenerme, tanto en la vida real como en mi trabajo”.

Larisa: “Para mí fue maravilloso encontrarme con las imágenes que Jose trajo al poema. Es la primera vez que escribo y otro lo ilustra, hasta ahora había publicado libros para adultos sin ilustración, entonces ver el poema hecho libro me produjo un placer parecido a abrir un libro álbum por primera vez pero con la salvedad de que acá esas palabras las había puesto yo. También nos viene sorprendiendo el recorrido que el libro fue haciendo… a quiénes fue llegando, qué cosas cuentan los lectores que les produce. Y entre esas cosas maravillosas fue seleccionado entre los 100 Outstanding Picturebooks 2026 de D-pictus y hace poco las ilustraciones de Jose fueron elegidas para conformar el Catálogo Iberoamericano de Ilustración de publicaciones infantiles y juveniles de Iberoamérica Ilustra”.

Josefina Tai

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? Josefina Tai: “Creo que en general mis ilustraciones suelen ser silenciosas. Me gustan los trabajos que me hagan suspirar por su belleza y sentir que todo el resto se apaga, y eso intento hacer con mis imágenes. Sé que son íntimas, porque intento buscar las imágenes a través de mi cuerpo y de lo que yo experimento con cierto sentimiento, para traducirlo a una imagen. Y creo que justo hace una buena dupla con el poema porque es igual de sensible e íntimo. Lo diferente a lo que vengo haciendo siempre es esto de haberle dedicado tanto tiempo, fueron como 8 meses de estar inmersa en este proyecto”. 

Josefina Tai
Boceto

¿Con qué técnicas trabajaste? Josefina Tai: “Trabajo digitalmente con Photoshop, desde la pantalla de la compu y usando una tableta pequeña de wacom. Uso casi siempre los mismos pinceles: uno de acuarela y otro de lápiz, así que un poco sigue siendo analógico ese proceso de trabajar en capas y generar texturas. También aprendí a ser más organizada con mi espacio de trabajo de Photoshop, porque son más de 100 capas y por momentos se me hacía difícil encontrar las cosas”.

Josefina Tai
Boceto

Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. Josefina Tai: “Al principio me costó mucho encontrarle la voz de la imagen al libro, hasta que hice el boceto de la primera doble del libro, que es una niña asomándose, pero solo se ve su sombra. Un poco porque ilustrar personajes no es mi fuerte y otro poco para generar misterio. Cuando vi ese boceto, me di cuenta de que la poesía de las ilustraciones de este libro se va a trabajar a partir de las sombras (contar algo sin contarlo todo). Por lo que a lo largo de todo el libro, me enfoqué en encontrar las diferentes sombras posibles de una casa. Excepto la parte en donde todo el libro se apaga y, en vez de dibujar las sombras, dibujo las luces y creo que ahí se genera un juego interesante”.

“El libro está dividido en 4 partes, y lo mismo hice con las ilustraciones. Arranqué con esa paleta tierra que menciona Lari, por las baldosas terracota del piso que encontré en algún lugar; son baldosas que creo que ya no se usan y los colores funcionan perfectamente para hablar de un recuerdo, de algo que ya pasó. En la segunda parte, cuando la niña se muda a un lugar con patio, todo se vuelve vibrante y brillante, virando a los colores saturados. En la tercera es cuando todo se apaga, el rojo/rosado se entristece y vira a los violetas. Y por último, vuelve la luz y todo vuelve a ser brillante”.

Josefina Tai
Boceto

¿En qué trabajáis ahora? ¿Algún proyecto nuevo? Larisa y Josefina: “Ahora estamos probando el camino inverso, que Jose ilustre y luego Larisa escriba. Este nuevo proyecto por ahora parece una continuación del anterior aunque se separa y prueba algo nuevo. Hay dos niñas y hay ventanas. No podemos contar mucho más”.

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