Entrevistas
‘El bosque es nuestra casa’ de Sara Fernández
‘El bosque es nuestra casa’ nos abre la puerta a conocer los bosques, su funcionamiento y sus ciclos naturales con un enfoque científico y ecológico. Pero también a entender nuestra relación pasada con ellos y la importancia que tienen en nuestro día a día -nos cuenta la editorial, A buen paso-. Este libro es, ahora más que nunca, necesario para entender que necesitamos tener un futuro junto a los bosques y qué podemos hacer para que nos sigan cuidando y dando tanto sin ponerlos en peligro. En este libro –escrito e ilustrado por dos ingenieras de montes–, cada detalle, cada hoja, cada árbol dibujado tiene una función específica. Las autoras (Sara Fernández y Sonia Roig) indican algunas, pero otras no son nada más que pistas para que el lector atento emprenda su propia labor de investigación y descubrimiento. Nosotros hemos hablado un poquito más con Sara sobre su trabajo en este libro.

¿Cómo nace este proyecto? Sara Fernández: “El germen de ‘El bosque es nuestra casa’ nace hace diez años. A raíz de los talleres de ciencia y bosques que de vez en cuando hacía en colegios me di cuenta de cómo las niñas y niños, incluso muy pequeños, son capaces de deducir cosas muy complicadas si se les plantean las preguntas adecuadas, de lo orgullosos que se sienten cuando lo consiguen por sí mismos, de cómo se fijan en los detalles y los conectan con aspectos generales y con su día a día… Les interesaba muchísimo lo que les contaba sobre los bosques. Y algunas de las cosas que íbamos viendo eran también un descubrimiento para los profesores. Recuerdo perfectamente la cara de uno de ellos: «¿En serio los árboles tropicales no tienen anillos?».
“Cuando tras varios años trabajando como ingeniera de montes decidí “reformarme” como ilustradora y escritora sabía que en algún momento haría coincidir mis dos pasiones: los libros y los bosques. Pero claro, ya había muchos libros muy buenos sobre bosques. Así que le di bastantes vueltas para ver qué podía ofrecer yo de diferente y que valiera la pena. Finalmente a principios de 2019 pensé que quizás (sólo quizás) había encontrado cómo se podría enfocar, lo comenté con Sonia Roig, una amiga que es profesora en la UPM, le planteamos el proyecto a Milrazones y nos pusimos al lío. Este libro nos ha exigido muchísimo esfuerzo y, seguramente por eso, también mucho reposo durante las primeras fases, así que por el camino se metieron otros libros que nacieron antes, aunque el trabajo de El bosque es nuestra casa seguía adelante. Durante el confinamiento este bosque fue, literalmente, mi refugio y a partir de ese momento empezó un intenso trabajo de 9 meses. Cuando ya lo teníamos todo muy armado, Milrazones buscó la colaboración de A buen paso, y allí fue donde, tras otros 9 meses de embarazo más, ha visto la luz este libro”.

¿Qué se encontrarán los lectores en sus páginas? “El bosque es nuestra casa es un libro en el que hay muchísima información sobre los bosques y los árboles, su ecología, su funcionamiento, su variedad, etc. Pero también sobre nuestra relación con ellos -nos cuenta Sara Fernández-. Hablamos del pasado, del presente, de nuestro impacto, de cómo los cuidamos, de incendios forestales… Sin embargo, y esto es una de las cosas que más nos ha costado, hemos intentado que esa información se entendiera sin darla demasiado masticada. Queríamos que nuestros lectores se pusieran “en modo científico” a observar, leer indicios (los paisajes y la madera también se leen y nos cuentan muchísimas cosas), conectar información que está dispersa en diferentes páginas o no es evidente y deducir por sí mismos a partir de preguntas que hacemos pero no respondemos directamente. Buscar ese equilibrio entre lo que contamos, lo que callamos y que se nos entendiera ha sido muy complicado”.
¿Cómo fue el trabajo de documentación / investigación para este libro? “En realidad para este libro hemos tenido que hacer un trabajo de “desdocumentación”. Creo que es generalizado que cuando sabes de un tema, todo te parece interesantísimo e importantísimo, y te cuesta mucho decidir de qué prescindir. Sonia y yo tenemos bastante experiencia como ingenieras de montes, en aspectos muy diversos, además. Ella lleva muchísimos años investigando en ganadería extensiva, ecosistemas de pastos, dehesas, cambio climático… y también es profesora de repoblaciones en la UPM. Yo he trabajado en etnobotánica (una rama muy bonita que mezcla botánica y antropología), en desarrollo rural, en gestión forestal sostenible, evaluando proyectos de impacto ambiental desde la administración, como técnico de apoyo en incendios, en un centro de investigación de agua y también dando talleres sobre bosques en colegios -afirma Sara Fernández-. Y claro, hay un montón de temas, de curiosidades, de anécdotas de las que queríamos hablar. El problema es que no todo puede caber en un libro informativo. Y, además, entorpece. Y, además, sería un auténtico ladrillo. Así que elegir qué contábamos y cómo lo hacíamos fue, definitivamente, lo que más nos costó”.
“Aun así, es verdad que también hemos tenido que pegarle un repaso considerable a algunas materias que teníamos más olvidadas (y ha sido un gusto volver a ellas) y buscar información de temas de los que no sabíamos tanto. Para ello hemos pedido ayuda a amigos que son grandes expertos en algunos temas y ha sido un lujo poder consultar el trabajo de grandes investigadores y divulgadores que de forma tan generosa comparten sus conocimientos”.

¿Cómo fue el trabajo con Sonia Roig? “Sonia y yo somos amigas desde hace mucho tiempo y trabajar con ella ha sido muy cómodo. Además, El bosque es nuestra casa tiene una fuerte componente vocacional, el bosque es muy importante en nuestras vidas y creo que sin ese sentimiento no hubiéramos podido hacer este libro en la forma en que lo hemos hecho. Lo primero que hicimos fue elaborar una lista (infinita) de aspectos relacionados con los bosques que queríamos tratar (por supuesto, “todos importantísimos e imprescindibles”) y a partir de ahí, todo lo demás. O sea, rendirnos a la evidencia. O sea, que no cabe. ¿Y si lo apretamos un poquito? Tampoco. Vamos, que ni siquiera sentándonos las dos juntas a la vez encima éramos capaces de cerrar esa maleta. Y a partir de ahí empezó el trabajo de decidir con qué nos quedábamos y con qué no, qué iba en texto y qué con imágenes, cómo organizábamos toda la información, cómo conseguir que cada capítulo fuera independiente pero que a la vez estuviera conectado con los demás (igual que todo está conectado en un bosque)”.
“El trabajo de edición ha sido fundamental, y este libro es como es gracias también a nuestros editores Jesús Ortiz y Arianna Squilloni y al diseñador Miquel Puig que han tenido una paciencia infinita con nosotras”, asegura Sara Fernández.

¿Dónde está ese bosque que es tu casa? “Yo tengo la suerte de vivir a escasos metros de un bosque. Así que el bosque está muy presente en mi día a día. Pero realmente esto nos sucede a todos, aunque vivamos en una ciudad. Todos tenemos un bosque que nos cuida. Si podemos beber agua es porque hay un bosque que está protegiendo la cuenca del río en su parte más alta. Si podemos tener alimentos es porque hay bosques en la montaña o alrededor de los cultivos que protegen ese suelo fértil. Si podemos vivir en casas es porque los bosques nos han proporcionado la madera para hacer los encofrados de la cimentación y de las estructuras, y nuestros muebles. Incluso si podemos ir al W.C. teniendo la seguridad de que al terminar nos envolverá “una sensación de suavidad” como dice el anuncio (por cierto, el confinamiento nos dejó claro que el papel higiénico es un bien preciadísimo en nuestra sociedad) es porque los bosques también nos lo proporcionan. Aparte, claro está, de que podamos ir a pasear y disfrutar en ellos y de un montón de cosas más que aparecen en nuestro libro”.
“Los bosques son ecosistemas maravillosos, conocer cómo funcionan, las relaciones ecológicas que tienen lugar, todo lo que sucede en un bosque al margen de nosotros es impresionante. Pero nuestra realidad es que nosotros no podemos vivir al margen de ellos. Llevamos viviendo gracias a los bosques desde hace miles de años, nuestra existencia tal y como la concebimos no sería posible sin los bosques. Como recogemos en El bosque es nuestra casa, todos somos “bosquedependientes” -afirma Sara Fernández-. Por eso es tan importante gestionarlos de forma sostenible, intentar por todos los medios prevenir los grandes incendios que son una de las mayores amenazas a las que nos enfrentamos. Realmente, a una “escala de naturaleza”, los bosques no nos necesitan. Mañana podrían desaparecer miles de hectáreas por un incendio bestial y, sin embargo, al cabo de unos 200 ó 1.000 años volver a ser un bosque. Pero nosotros no nos lo podemos permitir, nuestra supervivencia como especie depende de que sigan ahí en el corto plazo. Por eso hay que seguir cuidando de los bosques para que ellos nos puedan seguir cuidando”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este proyecto? ¿Qué hay de diferente respecto a otros libros? “Las ilustraciones de este libro tienen una gran carga de información científico-técnica, creo que esa es la diferencia fundamental con otros proyectos que he hecho anteriormente -continúa Sara Fernández-. En El bosque es nuestra casa, no hay nada que esté dibujado que no sea “cierto”, no hay nada puesto al azar (¡y hay muchísimas cosas!, ¿eh?) y, aunque yo utilice un estilo algo naïf, todos los elementos, animales, plantas, hongos (en total aparecen más de 180 especies), tienen el aspecto que les corresponde en la realidad. Y además, “están donde tienen que estar y comen lo que tienen que comer”: por ejemplo, si hay níscalos es porque hay un pino cerca, el ruiseñor que aparece está posado en una zarza y, sí, los erizos también comen víboras. En algunos casos me he servido de un estilo más realista para imitar las láminas de los libros de botánica. Sin embargo, para facilitar los conceptos más abstractos, como la fotosíntesis o los procesos físico-químicos en la erosión de las rocas sí he utilizado metáforas o comparaciones visuales y ahí sí que me he tomado licencias… por ejemplo, no es real una gota de agua vaya por la vida con un pico, una probeta o una retroexcavadora”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Todas las ilustraciones están hechas a mano y para ello utilicé rotuladores de alcohol para hacer las masas de color y luego lápices de colores para definir, matizar, aportar texturas y detalles. También hay detalles que imitan a ilustración científica en lo que utilicé lápices de grafito”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Un gran divulgador al que admiro mucho me ha propuesto una colaboración preciosa. También tengo ganas de sacar del cajón un par de proyectos y comprobar si ya han reposado lo suficiente como para poder volver a ellos. Además, nos están demandando muchas actividades con El bosque es nuestra casa, así que ahora mismo Sonia y yo estamos diseñando nuevos talleres temáticos, para poder ofrecérselos a colegios, bibliotecas, etc”.
Álbum Ilustrado
Manuel Marsol reflexiona en torno a ‘El cielo en casa’
Cuando tenía veinte años, Manuel encontró una fotografía en la vieja casa familiar. La fotografía mostraba a un hombre lanzando un penalti. Había también un portero a contrapié y un balón detenido en el aire. Ninguno de los jugadores que aparecían en la foto le resultaba familiar, excepto uno, el que chutaba el balón. Era su padre, que murió cuando Manuel era un niño. ¿Cómo saber entonces si aquel penalti se convirtió en gol? Como un detective que siguiera la estela borrosa de sus propios pasos en la nieve, Manuel Marsol se sirve de unas pocas películas, de una canción legendaria de Gino Paoli y del penalti fallado por Roberto Baggio en la final del Mundial 94 para contestar la pregunta más apremiante que le plantea su corazón de niño: ¿puede el ser querido seguir vivo en el misterio? Editado por Fulgencio Pimentel, hemos charlado un poquito más sobre ‘El cielo en casa’ con Manuel.

En el origen sobre todo, hay una fotografía. Me gustaría que me hablaras un poquito de eso, del origen, del embrión de este proyecto. “Es una fotografía que yo encuentro. Tendría unos 20 años. La encontré en una casa familiar. Había muchas fotos de fútbol de mi padre, que murió cuando yo tenía 11 años. Encontré muchas fotos de él jugando en campos de arena entre los años 60 y 70. Y me quedé atrapado con esta, porque el balón estaba ahí, era un penalti que él lanzaba, y el balón estaba ahí parado a mitad de camino entre la portería y el punto de penalti, y no se sabía si el balón entraba o no. Como él había muerto cuando yo era pequeño, era una metáfora de todos esos misterios, de todas esas cosas que yo no iba a poder preguntar. A partir de ahí, empecé a trabajar en el libro”.

¿Qué se va a encontrar el lector cuando empiece a pasar las páginas de El cielo en casa? “Se va a encontrar una investigación, pero no la que haría un detective, sino más bien una investigación hacia dentro de uno mismo, hacia la memoria. Me di cuenta que tampoco el libro debía ir tanto sobre esa búsqueda, sino sobre todos los recuerdos que yo tenía con mi padre”, nos cuenta Manuel Marsol.
“Es un libro que está enfocado para el público adulto. Es el primer libro que no hago, digamos, para todos los públicos, por el tono, la manera de contarlo. Y es un viaje hacia el interior, hacia recuerdos con él, películas que veíamos juntos… El formato es de álbum ilustrado, pero tiene una longitud más propia de la novela gráfica. Hay mucho más texto de lo que acostumbro en mis libros”.

“Primero, hay una parte en la que imagino cómo fue ese penalti, cómo pudo suceder. Hay otra parte en la que ya cada vez me voy alejando más de ese balón, y ese balón se va convirtiendo casi más en una estrella en el cielo. Y voy mirando más al pasado, a las películas que veíamos juntos, que tienen resonancias con esta historia. Al final es una historia que habla sobre el estar y el no estar, sobre lo que está adentro y lo que está afuera, como un penalti que marca la diferencia… El gol es la vida y el fallo es la muerte. El ser o no ser. En un penalti está recogidas un montón de metáforas”, continúa Manuel Marsol.

“Por ejemplo, una película como ‘Centauros del desierto’, que es una peli que era de sus favoritas y que veíamos juntos, yo la narro desde los ojos del niño. Y hay cierta simbología con el dentro y el fuera. Es una peli que habla del regreso al hogar, de la casa. Se abre con un plano desde dentro de una casa y se cierra igual. Siempre está presente ahí el marco, lo que entra, lo que sale. Es como si en ese balón cupiesen muchísimas asociaciones. Entonces voy tirando de ese hilo, de ese balón, donde cabe todo lo que hacíamos juntos, canciones que escuchábamos…”.

“Y luego ya hay una relación con el famoso penalti de Baggio en el Mundial del 94, que por una casualidad de fechas tiene mucho que ver con mi padre. Desde que se lanzó el penalti hasta que murió mi padre pasó justo un año. A través de ese penalti, que en su momento yo había visto con otros ojos, desde que Baggio nos había eliminado, y le tenía hasta cierta manía, pues de repente ese penalti se fue cambiando a raíz de ese descubrimiento de las fechas y volviéndose también parte de ese balón suspendido en el aire. Todo sirve para hacerme preguntas de todo tipo”, afirma Manuel Marsol.

Manuel, y en cuanto a las ilustraciones, no sé si has trabajado con alguna cosa diferente o más o menos en la línea en la que venías trabajando hasta ahora. “Yo diría que es una línea un poco distinta, digamos más realista de lo que acostumbro. Es una historia que no es como las anteriores, de fantasía y tal, aunque la hay, hay una parte de fantasía, pero esta necesitaba que estuviese pegada a la realidad. Primero por la foto. La foto es una foto real y a la hora de representarla la dificultad era justo esa… Un equilibrio entre esa parte más expresionista mía y un realismo que necesitaba la historia”.
¿Y técnicas, Manuel? “Es pintura sobre papel. No tiene óleo, no hay collage, no hay digital tampoco. Es todo acrílico, acuarela y lápiz sobre papel”, indica Manuel Marsol.

Estoy viendo ahora una de las imágenes que muestra la editorial del libro y que habla del cine. Se ve en la ilustración incluso el logotipo de La 2 de Televisión Española. “Es porque hay muchos recuerdos… Los objetos guardan como una especie de memoria. El niño que yo fui, el adulto que soy ahora, ve esos objetos de la casa familiar y están cargados de muchos recuerdos. Uno de esos objetos que salen en el libro es la cinta del VHS de Centauros del Desierto. A la hora de hacer el libro la llevé a una tienda, la digitalizaron, y me volví a ver Centauros en calidad VHS”.
“De ahí salieron muchos símbolos, lo que te contaba antes del dentro, del fuera. La búsqueda, porque también está buscando a una niña, que la secuestran los indios, y es una búsqueda sin saber muy bien si la niña está viva o muerta. Es un poco como la búsqueda del balón, algo que tú buscas y buscas, pero no sabes si tiene solución”.
Cómic
Blanca Vázquez y cuando ‘Ya no llama nadie’
Mariona piensa mucho en la muerte porque en este pueblo ya no le dejan pensar en nada más. Sus amigas han ido desapareciendo, y la cabeza de Vicente, su marido, es cada vez más volátil. Con sus ochenta y siete años, le pide poco a la vida: entretenerse con su jardín, discutir lo justo con su marido y ver a su hija los fines de semana. Las sensaciones nuevas, piensa, son algo que ya no le tocan. Aunque desde hace unas semanas algo le remueve el estómago cada vez que la familia se reúne para comer. Las palabras se le acumulan en la garganta, pero su figura se vuelve trasparente cada vez que intenta comunicarse con los suyos.
¿Qué pasará cuando ella ya no esté? ¿Qué dejará a los suyos tras su paso por la vida? ¿Alguien cuidará las calas de su jardín? ¿Dónde reposarán sus cenizas? Mariona quiere aprovechar una de esas sobremesas familiares para, por una vez, hablar de sus deseos. A través de su protagonista, ‘Ya no llama nadie’ ofrece un relato intimista sobre el ocaso de la vida, el olvido y la necesidad de crear legado. Un cómic de Blanca Vázquez y Elisabeth Casillas que edita Astiberri. Con Blanca charlamos un poquito más sobre este libro.

¿Dónde está el embrión de este proyecto? ¿Cómo llega a tus manos este trabajo? “En 2020 publiqué ‘Juntas en esto’, un cómic muy cortito, con Astiberri, sobre el aborto. Justo en esa época Elizabeth también estaba trabajando sobre el mismo tema, y me preguntaron si me parecería bien que Elizabeth presentara mi cómic en Madrid conmigo. Así conocí a Eli. Nos conocimos en la presentación de mi cómic. Me dijo que le gustaba mucho cómo ilustraba y que seguramente algún día podríamos hacer algo juntas”, nos cuenta Blanca Vázquez. “Cinco años más tarde me pasó el guion”.
¿Cuál fue tu primera impresión cuando recibes esta historia de Eli? “El guion no estaba terminado por completo. La escaleta estaba casi toda hecha, y al leer solamente la escaleta ya vi que era una preciosidad, me emocionó mucho. Por entonces ya estaba viviendo más lejos de mis abuelos, la relación que tenía con ellos era a distancia desde hacía años. Y, bueno, sigo teniendo relación con ellos a distancia. Entonces todo el tema de la familia y la visita me tocó mucho. Y me encantó”.

Al final sí que hay también, entonces, mucho de ti en este libro, ¿no? Te identificas… “Sí, sí. No lo he escrito yo, pero al leerlo lo sentía muy propio. Se lo decía mucho a Eli, que a veces sentía que la historia estaba escrita por mí. Al final he puesto mucho mío, pero porque creo que es un libro que tiene una historia muy fácil de leer, y pasarla a tus vivencias y a tus recuerdos”, asegura Blanca Vázquez.
¿Hay algún referente cercano que has reflejado de alguna manera en este cómic? “Los personajes tenían unas expresiones muy marcadas. Y claro, era un tipo de dibujo que yo lo siento muy mío, pero he tenido que trabajar con línea para llegar a determinados detalles. Cambia mucho de mi trabajo de otros años. El referente gráfico ha ido viniendo por el guion. Y como referentes de poses y tal, sí que he puesto a mis abuelos mucho a posar cada vez que iba al pueblo. Sí que me han ayudado mucho”.
¿Ellos han visto el cómic? “Pues sí, ya lo han visto, ly es ha gustado muchísimo, se han emocionado mucho. Yo me he emocionado de verlos emocionados, así que genial”.

¿Qué se va a encontrar la gente en sus páginas? “Se encuentran muchos recuerdos que se le remueven por dentro y también muchas sensaciones. Gente de 50, 60 años, en este libro se va a encontrar un poco la realidad quizá que tienen ahora de hijos cuidadores, pero también lo que se les viene en un futuro. Es un libro que va de la edad y del paso del tiempo, y a todos nos va a remover de cierta manera, a cada uno por la etapa siguiente que le viene”, confiesa Blanca Vázquez.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Por pasión y voluntad propia, siempre suelo trabajar en analógico con acuarela, tinta, es mi parte preferida. Y luego también, bueno, bocetando en lápiz. Pero durante estos años trabajando en empresas era todo digital. Cuando Eli me comentó que el libro eran 160 páginas, por ahorrar tiempo, economizar, también por recursos, me parecía mucho más cómodo pasarle bocetos en digital a Eli, y si ella veía que había que cambiar algo, al final siempre es más rápido el digital para los cambios. Y la técnica vino dada sobre todo por eso, por poder optimizar el tiempo y cambiar las cosas rápido”.

“Aunque también quería que mi huella de trabajar en acuarela estuviera presente -continúa Blanca Vázquez-. Entonces estuve investigando en Procreate, y siento que los pinceles que utilizas en ese programa se parecen muchísimo a los analógicos. Cuando los manejas parece de verdad que tengan el propio fallo y la espontaneidad que tiene la acuarela”.
¿Y del color qué nos puedes contar, Blanca? “Al principio hablábamos muchísimo que tenía que ser un libro que tuviese calidez, pero sobre todo también por la estación en la que está ambientado, que es el verano. Tenía que ser muy luminosa la parte exterior y muy sombría la parte interior de la casa para que hubiera ese contraste de fuera, alegría, familia, plantas, vida, y dentro el peso de la monotonía y la soledad que sienten y la casa que se les viene como un poco encima. Esto vino dado mucho por el color, por ese contraste que teníamos que buscar. Yo me imaginaba un poco el verano en el pueblo, radiante y rural”.

“Siento que la paleta le pega muy bien al mundo rural. Y también la paleta cálida, siento que la historia al ser tan dura y tan cruda, si hubiéramos cogido tonos fríos hubiera quedado como una historia un poco lúgubre y tampoco era esa la idea, porque la historia tiene mucha vida”.
Cómic
Ricardo Cavolo debuta en el cómic con ‘Lola y Estrella’
‘Lola y Estrella’ son dos jóvenes amigas que viven juntas en la ladera de una montaña, un lugar hermoso y fantástico. Estrella tiene un poder muy peculiar, el de comunicarse con el micelio, o las mismísimas raíces de su planeta, Matria. La vida de las niñas es bastante apacible. Cuando no están con los gnomos comiendo fresas o jugando a las cartas, van a visitar a la reina Cabra o a comprobar si han llegado nuevos libros al pueblo. Pero una mañana todo cambia. Su valle y toda su comunidad se ven amenazados. Unas extrañas máquinas están destruyendo el terreno y acaban de dejar a los gnomos sin hogar. Ninguna de las chicas es especialmente aventurera, pero tienen claro que no pueden quedarse de brazos cruzados y deciden emprender un viaje para obtener respuestas. Un viaje que las llevará muy lejos de casa. Editado por Astiberri, ‘Lola y Estrella’ es el debut en cómic infantil del artista Ricardo Cavolo. Con él hemos charlado un poquito más alrededor de este libro.

¿Cómo se te ocurre este proyecto y también cómo te lo has pasado haciéndolo? Porque desde fuera parece que ha sido un proceso divertido. “Yo he chupado cómic desde antes de saber leer, de hecho mi padre tenía mucho cómic en casa. Es verdad que no era cómic infantil, porque tenía Conan y demás, pero bueno, cultura visual desde muy pequeño. Y siempre he tenido el cómic muy presente, independientemente de que me sirva para mi trabajo o no, como lectura constante, siempre ha habido cómics desde entonces”.
“Es un género que siento muy mío y que valoro mucho, y que además me ha dado cosas para mi trabajo. Nunca llegaba el momento de plantearme hacer un cómic, porque veía que era muchísimo trabajo, y al final ha sido un poco natural. Me envalentoné. Desde que estaba en la carrera, que descubrí Astiberri, tenía el capricho de poder hacer algo con ellos, porque valoro mucho lo que hacen”.
“Y sí que ha sido divertido, ha sido muy largo, han sido dos años, realmente nunca he trabajado dos años en un proyecto -continúa Ricardo Cavolo-. Nunca hago bocetos, por ejemplo, y aquí pues tuve que bocetar las 160 páginas. Normalmente hay que hacer un story, hay que trabajarlo bien, sobre todo teniendo en cuenta que es mi primer cómic y que encima es infantil. Entonces, ha sido un trabajo muy largo, pero como tú dices y se nota, ha sido muy divertido. Lo he disfrutado como un niño, y al final creo que se nota un poco desde fuera”.

No sé si el hecho de hacer un cómic infantil tiene que ver con el hecho de ser padre. “Bueno, creo que sí, porque igual hubiera empezado por otra cosa más de adultos. Cuando tienes hijos, de alguna manera, también empiezas a conectar más con tu niño interior, con el niño que eras. Siempre he tratado de cuidar al niño interior y de mantenerlo vivo para mi trabajo, porque me parecía muy bonito y muy interesante hacerlo. Es verdad que desde que tengo hijos, ya sea porque he tenido que consumir también cultura adaptada a sus edades, entre series y cómics, pues me parecía muy chulo que la entrada en el cómic fuera una cosa para niños. Y sí que hay cosas presentes, de hecho, las dos protagonistas en realidad son mis hijos convertidos en chicas, mi hijo Max es igual que Lola y mi hijo León es igual que Estrella”.
¿Qué se va a encontrar el lector en las páginas de este cómic? “Por encima de todo, fantasía y aventura, que es un poco el leitmotiv que siempre me ha gustado -confiesa Ricardo Cavolo-. Con ese marco de fantasía y aventura, tenía muy claro que quería empaparlo de mi visión crítica sobre la sociedad, es una cosa que también hago en mi trabajo habitualmente, y esta es una historia anticapitalista, con un discurso muy ecologista, que es una cosa que siempre me ha gustado de Tolkien. Además mis hijos me preguntan, pero ¿por qué son niñas? Si nosotros somos niños… Quería que el libro tuviera un espíritu feminista. Cuando yo leía cuentos e historias de niño, no había ni una sola niña heroína, ninguna niña resolvíanada, y es verdad que desde hace unos años, poco a poco van haciéndose su espacio y yo quería aportar mi grano de arena en ese sentido”.

Imagino que son cosas que también están en tu imaginario, pero es verdad que cuando estás leyendo el cómic, te recuerda un poco a El señor de los anillos, por ejemplo, hay cosillas que te recuerdan a Peter Pan… “Sí, y Nausicaä, hay de todo, por supuesto, La historia interminable también es uno de los pilares fundamentales. Me gusta mucho esa parte de La historia interminable en la que van de pueblo en pueblo, y en cada pueblo hay gente diferente, con unas características diferentes, y un poco mi cómic es eso. Justo antes de empezarlo tenía muy claro que tenía que leerme otra vez Nausicaä, de Miyazaki”, nos cuenta Ricardo Cavolo.
Háblanos un poco del desarrollo del cómic, de las técnicas que has utilizado. “Como sabía que esto implica mucho, mucho trabajo, lo trabajé en digital, porque me facilita y me ahorra muchísimo tiempo. He aprendido a generarme también mi cocina, como digo yo, mis alquimias y mis magias en digital, y estoy muy contento con ello”.

“El proceso ha sido para mí muy educativo, porque no es lo mismo ser lector de cómic que luego hacer un cómic, por muchos cómics que hayas leído es mucho más complicado, y aquí siempre me gusta mucho valorar a mi editora en Astiberri. Me he hecho un máster de cómic con ella, me ha ayudado muchísimo. La parte más divertida, cuando ya está todo decidido en boceto, la tinta y el color, que es donde yo luzco un poco, porque domino bien el color y domino bien la línea”, afirma Ricardo Cavolo.
Visualmente es muy tú, ves el cómic, y dices: es Ricardo. “Sí, quería que fuera muy visual, muy disfrutable visualmente. De hecho, el fondo de cada página tiene como un rayado sepia, cada página es diferente. He tratado de mimar mucho lo que he podido mimar y lo que sé que puedo mimar”.
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