Entrevistas
Miradas. 5 años de Mazoka en Vitoria-Gasteiz
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Increíble, organización maravillosa, buen ambiente, contacto con otros y otras profesionales, feedback de tu trabajo,… Así definen su experiencia las personas que han participado en alguna de las primeras cuatro ediciones del Mazoka, el Mercado de Dibujo e Ilustración de Vitoria-Gasteiz. Sus puertas se vuelven a abrir en unos días. Llega el quinto aniversario de este interesante encuentro, que entre el 20 y el 22 de diciembre llenará el Centro Cultural Montehermoso de actividades. Pero además este año se suman otros espacios: el Palacio Villasuso, el BIBAT, Museo de Arqueología y Naipes Fournier, las librerías Zuloa y Mara-Mara y la Sala de Conciertos The Garage.

Retrocedemos en el tiempo a los inicios del Mazoka, y visitamos sus diferentes ediciones a través de los ojos y la experiencia de algunos y algunas de las mazokalaris que han participado desde 2015 en este Mercado de Dibujo e Ilustración. “Mi experiencia en Mazoka, las dos veces que he participado, han sido increíbles. La maravillosa organización es lo que más destaco, forman un equipo que lo da todo, se dejan la piel en que lo tengamos todo cubierto y con mucho mimo. El feedback con el público sería lo segundo que más me gustó. Acostumbrada a estar sola en mi estudio e interaccionar con él sólo a través de las redes, sentir sus miradas de asombro, sus palabras de reconocimiento, su calorcito, se convierten en una gran motivación para seguir dibujando”. Son las palabras de Natalia López de Munain. Ella participó como mazokalari en la primera edición del mercado, y repitió el año pasado, en la cuarta. “La primera vez, como gran novata, fui con todo originales y la acogida, sorprendentemente, fue brutal. Recuerdo que vendí un dibujo de 50×60 antes de colocarlo en la mesa. No llevé tarjetas (las hacía a mano en el momento si me las pedían), ni reproducciones, ni bolsas, ni página web, ni blog….nada de nada…”, nos cuenta. Natalia ahora está metida de lleno en un proyecto que se llama ‘miss rayas’. “Retrato a gente metamorfoseándola. Para hacer la transmutación les paso una batería de preguntas que comienzan con un «y si fueras…» un animal, una flor… una vez recogida la información, doy forma al retrato introduciendo elementos que definen a la persona, creando una obra que va más allá de un mero retrato. Por otro lado sigo haciendo obra propia y preparo exposición para el año que viene”.

Con Natalia coincidió en la primera edición la ilustradora Yolanda Mosquera. Esa ha sido su única participación como mazokalari en el mercado, aunque también está detrás de la imagen gráfica de la edición de 2017 del Mazoka. Yolanda recuerda aquella primera edición “con los nervios e incertidumbre de lo que se estaba fraguando. Recuerdo con mucho cariño el éxito de público, el ambiente distendido con la música en directo y el espacio tan bonito. También recuerdo los momentos compartidos con los compañeros, en los momentos de descanso. Para mi lo mejor fue el cuidado de la exquisita organización, que además hizo que me sintiera apreciada y partícipe de un evento tan especial”.

En su rinconcito en la primera edición del Mazoka encontrábamos prints, algún calendario y libro. “Al ser la primera edición todo lo preparé con mucha inocencia y sin grandes pretensiones, porque no sabía lo que iba a pasar ni la repercusión que tendría, pero recuerdo colocar la mesa expositiva con mucho mimo e ilusión -confiesa Yolanda-. Y nervios, también. Ahora, viendo la repercusión que tiene, tendría otra estrategia”. Yolanda ha trabajado este año sobre todo para instituciones, y en breve se publicará un librito ilustrado para el Departamento de Restauración de la Diputación Foral de Álava. “Tengo algún proyecto de álbum ilustrado a la vista súper emocionante y estoy preparando una exposición que presenta mi trabajo como oficio. Por lo demás, siempre con los proyectos personales y los encargos del día a día”.

El éxito de la primera edición desembocó como no podía ser de otra manera, y gracias al gran esfuerzo de la organización, en la segunda edición del Mazoka, en diciembre de 2016. Esa segunda edición fue la primera experiencia de Celsius Pictor en el mercado. “Mi experiencia en el Mazoka siempre ha sido una maravilla (repitió también en la tercera edición). Desde la organización, que vela porque no te falte de nada y estés a gusto, hasta la propia ciudad que me tiene enamorado desde el primer año que fui. Mi primer Mazoka fue en 2016, el segundo año que se organizó, y era mi tercer mercado de ilustración. Recuerdo que además de disfrutar de Vitoria, que estéticamente me recuerda mucho a mi Ourense natal, me sorprendió la afluencia de público y el interés de la gente. Hice algunos amigos y en general lo disfruté. Volví el año siguiente, en 2017, por la buena experiencia vivida”.

Esa segunda edición del Mazoka fue también destacada para Celsius Pictor porque para el evento inició su colección de porcelana. “Para aprovechar que iba al mercado a llevar mis animales mecánicos, probé a aplicar mis ilustraciones en algunas piezas de porcelana en el horno de una amiga y su éxito en Mazoka hizo que lleve desde entonces metido en ello. Vendí todas las piezas el sábado, así que me hace ilusión pensar que mis primeras porcelanas están repartidas por hogares de Vitoria”. Actualmente está trabajando mucho con marcas de moda de fuera de España, aplicando sus ilustraciones a campañas y productos. “Además para Bolonia del año que viene publicaré un libro ilustrado con la editorial Thule que va a ser un bombazo porque es espectacular. Y mientras, mi marca paralela de porcelana ilustrada ha ido creciendo, aumentando las piezas y desarrollando su propia identidad y a partir de esta navidad se va a hacer más grande y con posibilidad de hacer encargos. Este año he creado varias piezas para el Orgullo por encargo de un hotel rural y estoy creando varias piezas como regalo de boda, así que el universo de Monsterkompendium que estaba en pañales en el primer Mazoka está ahora en plena preadolescencia”.

Con Celsius coincidió en la segunda (2016) y tercera edición del Mazoka (2017) la ilustradora Calle. “La primera vez que participé en el Mazoka era también la primera vez que participaba en un mercado de ilustración de estas características, y recuerdo que fue una experiencia muy emocionante. Viajaba sola y no conocía a nadie. No sabía qué podía pasar. Lo mejor sin duda fue conocer a tantas compañeras y compañeros de profesión y hacer piña como colectivo. Compañeras con las que colaboré en proyectos posteriores como Vireta o Pili Aguado”.

En su primera participación expuso sobre todo originales y prints. “En aquella ocasión estaba experimentando. No tenía un registro de ilustración marcado y estaba empezando a familiarizarme con la acuarela y la tinta. También probé con la ilustración aplicada a objetos como puzzles de madera pintados a mano”, nos cuenta Calle.

Ahora Calle sigue experimentando en otros medios. “Soy una persona que se ahoga en su círculo de confort, necesito constantemente aprender y probar cosas nuevas. Mi primer objetivo fue especializarme en la acuarela y la tinta, y ahora que me manejo bien en técnicas tradicionales, me estoy centrando en la edición de vídeo y la animación”. En la tercera edición, Calle coincidió con Elena Odriozola, Premio Nacional de Ilustración en 2015. “Sobre todo tengo un recuerdo por comparación -nos cuenta Elena-. Antes de ir, recuerdo pensar que sería duro estar tantas horas seguida… y que luego no se me hizo pesado en absoluto, se pasó sin sentir. También recuerdo pensar que me daría vergüenza estar de cara al público y vender… al final fue todo lo contrario, lo disfruté mucho. Fue un poco como jugar a las tiendas. Me gustó mucho el ambiente que había, hablar con los que se paraban en el puesto, el resto de participantes, la parada para el café… todo son buenos recuerdos”.

En el stand de Elena en 2017 había sobre todo impresiones digitales de muy buena calidad, algunos dibujos originales, serigrafías, una pieza de madera para montar y ejemplares de la revista ¡La leche! Ahora Elena Odriozola está ilustrando un texto de Clarice Lispector para la editorial Nórdica y “dando vueltas a un cartel”. Aparte de eso, “el resto del tiempo se lo dedico a la editorial que he creado junto a Gustavo Puerta Y Marta Ansón: Ediciones Modernas el Embudo”.
En esa tercera edición, la de 2017, junto a Celsius Pictor, Calle y Elena, estaba Juanjo Gasull. “Mi paso por el Mazoka ha sido quizá de los viajes relacionados con la ilustración que más me ha influido a nivel personal. Quizá sea por las grandes amistades que se han generado estos dos años o también por el buen rollo que se vive en la ciudad durante esos días”, nos cuenta. “Creo que explicar lo mejor del Mazoka es complicado. Una organización de oro y un entorno totalmente enigmático te obliga a que desciendas hasta las profundidades de un antiguo deposito de aguas de la ciudad, para vender ilustraciones y arte la semana previa a las Navidades. La combinación perfecta”. “La primera vez que llegue a Vitoria, acababa de terminar mis estudios y estaba enfrentándome al mundo laboral con mis primeros encargos y publicaciones”, confiesa Juanjo. “Me pareció fantástico poder conocer a gente que del mismo modo y desde puntos muy distintos al mio, se dedicaban a lo mismo que yo. Quise ser ambicioso como cualquier novato y llevé de todo. Muchas láminas y también algunos muñecos que por aquel entonces estaba haciendo en un taller fallero utilizando mis ilustraciones. También camisetas y algunas lámparas que hice ilustrando botes de cristal. Y un proyecto de libro ilustrado que mi pareja y yo estábamos haciendo por aquel entonces”.

Juanjo repitó en la cuarta edición, la pasada, en 2018. “El segundo año mi trabajo estaba dirigiéndose hacia otra dirección pero sin perder la línea de ilustración conceptual. Este segundo año llegué con un trabajo mucho más profundo y dado a la reflexión, elegancia y estética. También llevé algunas camisetas con una ilustración muy concreta que funcionaron a la perfección. Preferí llevar menos cantidad, pero con la lección aprendida del primer año de lo que podía o no funcionar.” Desde principios de año Juanjo está representado por la agencia Colagene Creative Clinic, con sede en París. “Ellos en cierta manera están haciendo que mi trabajo esté madurando y cobrando presencia a un ritmo mucho más rápido de lo normal. Trabajando para medios editoriales y prensa, aprendes a ser rápido y a solucionar problemas de una manera casi instantánea. Pronto publicaré en mis redes sociales uno de los mejores proyectos que he realizado hasta el momento, consta de 4 portadas de sección para la revista francesa del Centro Nacional de investigación científica o CNRS”.

Con Juanjo coincidió en las ediciones de 2017 y 2018 la ilustradora Bea Enríquez. “Cualquiera de las ediciones del Mazoka en las que he estado, me he encontrado como en mi casa. Recuerdo días agotadores, pero llenos de conversaciones con la gente que pasaba por allí, con personas interesadas en tu obra y en seguir tu trayectoria, comprando las cosas que haces y aguantando la enorme cola para poder entrar al recinto donde estábamos todos los compañeros”, recuerda Bea. “También recuerdo en la segunda edición en el 2018, primer día sin dormir (rematando últimos detalles) y viaje desde Madrid. ¿Cómo aguanté despierta? Yo creo que por la gente y el movimiento del primer día, montar el puesto y organizarte con todo el material. Toda la organización del Mazoka siempre me ha parecido de 10, mucho cuidado hacia nosotros por parte de todo el equipo y la información de todo el funcionamiento siempre bastante clara. Un dato importante para mi es el coste de este Festival y las facilidades que te ofrecen como mercado, con una tarifa bastante asequible sin ser el negocio que se han convertido muchos eventos de este tipo”.

“La segunda edición en la que particié (2018) la recuerdo con especial cariño porque varios compañeros hicimos piña, cada uno veníamos de una parte de España y hasta de otros países. Mucho intercambio de obra y mucho apoyo para poder descansar durante las jornadas. Una maravilla. Además desde mi stand, pude hacer el llamamiento de la presentación en la librería Mara-Mara de mi Novela Gráfica premiada ese mismo año ‘¿Dónde estás?’, XI Premio Internacional Fnac-Salamandra Graphic. Fue un éxito porque gran parte de la gente que pasó por el Mazoka, después se desplazó a la presentación”. En su primera edición, en 2017, llevó láminas impresas de exposiciones anteriores celebradas en Madrid, junto con sus cuentos-caja, y “algún experimento que me gustaba siempre llevar y ver cómo reaccionaba el público. Experimentos que te ayudan a tener más información sobre el impacto de lo que creas en los demás. Otra maravilla”.

“Ahora estoy escribiendo la segunda parte de ‘¿Dónde estás?’ y mientras tanto moviendo nuevos proyectos de Cómic adulto y para niños con intención de publicarlos en Francia y EEUU. Por cierto, el año que viene en el mes de enero ‘¿Dónde estás?’ llegará a las librerías en Francia, publica Editorial Cambourakis. También estoy actualizando mi página web junto con la tienda online y como siempre, dándole vueltas a la cabeza para crear cosas nuevas. A fin de cuentas, un no parar constante y necesario para seguir desarrollando nuestra obra y crecer hacia nuevos lugares.”. El año pasado en Mazoka también estaba Patricia Gutiérrez, aunque al contrario de Bea, esa era su primera participación. “La experiencia fue muy positiva. El evento tiene una organización estupenda y eso se nota. Nos acogieron muy bien y en todo momento estuvieron pendientes de nosotros. Poder compartir momentos con otros ilustradores fue igualmente muy positivo, en general el ambiente era genial y los compañeros estupendos. Desde mi punto de vista es necesario para nuestro trabajo salir un poquito de la cueva y poder compartir espacios y opiniones con otros compañeros. Para mi lo mejor fue el público que acudió al evento, gente muy interesada y respetuosa con el trabajo que llevaba y muy amable. También me encantó conocer a Noemí Villamuza a la que admiro mucho y que es una persona maravillosa”.

En el rinconcito del Mazoka de Patricia encontrábamos diversas ilustraciones originales enmarcadas y sin enmarcar, láminas de varios formatos, tazas decoradas con sus personajes y ejemplares de uno de sus libros, «Me das un beso». “También conté con unas lámparas hechas con material reciclado para iluminar el puesto que mis hermanos fabricaron y que agradaron a bastante público. Y por supuesto a mi marido y a mi hijo, que disfrutaron un montón”. Ahora Patricia está tomándome un descanso debido a su segunda maternidad. “Junto con la crianza de mi hijo de 2 años, ocupa todo mi tiempo. Quiero pensar que este reposo me hará ver las cosas con perspectiva y coger impulso para retomar este trabajo, que me encanta”.
Como decía Patricia, en la cuarta edición coincidió con Noemí Villamuza. Para Noemí “participar en el Mazoka tiene mucho encanto, de repente eres parte de un colectivo en el que se mantiene la singularidad pero predomina el equipo. Imagino que esto es por el espíritu de sus organizadoras, yo me sentí parte de una comunidad de artistas. Lo mejor fue reflexionar sobre mi propio trabajo a partir de lo que el público comentaba, porque estás allí, en una tiendecita sin puertas, y desprovista de palabras, de guión… de la historia que estructura tus imágenes habitualmente. Vender ilustraciones originales fue un gesto muy liberador”.

“En la edición pasada, llevé una tela roja sobre la que resaltar mis dibujos de grafito sobre fondo blanco, y acompañaban para dar ambiente, algunos pequeños objetos fetiche, que forman parte de mi estudio, una muñeca Heidi, cajitas, muebles diminutos, lápices, hojas secas…”.
Ahora Noemí está ilustrando un proyecto editorial literario y otro musical, “no puedo contar gran cosa todavía, salvo que son trabajos dirigidos a la infancia, que verán la luz en primavera, espero que transmitan el humor y la sensibilidad de quienes los han creado”.

En la última edición, junto a Patricia y Noemí, también estaba Luis F. Sanz. “Recuerdo la experiencia con bastante cariño y extremadamente positiva. Es difícil seleccionar lo mejor porque fueron muchas cosas, sin duda la organización: la atención y trabajo de Marta y compañía. También destacaría el espacio y el ambiente”. Era su primera vez en Mazoka, y llevó ilustraciones originales de un proyecto personal de Humor Gráfico llamado «Oscuras Razones. Razones Métricas», un par de publicaciones y algunos prints.

Actualmente Luis está realizando un par de libros para Anaya que aparecerán el próximo año y otros libros para el mercado americano. “También estoy con un proyecto de cómic que espero publicar el próximo año e ilustraciones varias para clientes diversos”. Junto a Patricia y Luis, Sara Betula también participaba por primera vez en la pasada edición, en diciembre de 2018. “Es un festival que seguía desde sus inicios porque como ilustradora me parecía muy interesante. Mazoka ha sido una experiencia increíble, una oportunidad que pude disfrutar a tope, ¡me traje mucho más de que lo que lleve! Fue la primera vez que participaba en un mercado de este tipo y me sorprendió gratamente las redes que pude crear con mis compañeros. Lo mejor de Mazoka es sin duda acercar la ilustración a un público receptivo, involucrado y con ganas de conocer, todo esto gracias a una organización que cuida todos los detalles”.

Sara trajo al Mazoka mucha ilusión. “Ilusión en forma de láminas de la colección “Animales Singulares”, cuadernos cosidos a mano, chapas donde se podían apreciar las siluetas de algunos de mis dibujos, ilustraciones originales de pequeño formato y piezas únicas de cerámica en forma de platos, tazas o lámparas de la serie “COSMOS”. En estos momentos Sara está trabajando “en la nueva imagen de BAFFEST 2020 (Barakaldo Foto Festival) como ilustradora en mi faceta más gráfica, además de dos álbumes ilustrados que próximamente verán la luz y como colofón a este año inauguro en diciembre una exposición en Palencia (El Cafetín) donde di a conocer mi primeras obras”.

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Cómic
Julia Rubau nos descubre ‘El misterio de la Geoda Rosada’
Lara, Nil y Dídac son tres amigos atrapados en el verano más aburrido del mundo. Como cada año, han ido con sus padres al pueblo y ya no saben qué hacer para entretenerse… Hasta que Lara descubre unas ranas que hablan y que crecen a una velocidad imposible. Tratando de averiguar algo más sobre el origen de esta magia, los tres amigos se ven inmersos en un misterio que incluye una geoda rosada capaz de cambiar las cosas, un complot y a una rana enfadada capaz de hacer cualquier cosa por recuperar la paz en el pueblo. Así nos presenta la editorial Astronave ‘El misterio de la Geoda Rosada’, un trabajo de Julia Rubau, con la que hablamos un poco más sobre este libro.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto.”Este proyecto nace justo cuando acabo mis estudios de cómic e ilustración en la Escola Joso de Barcelona. Me habían hablado de un concurso de cómic de la ciudad de Cornellà en el que solo tenías que presentar dos páginas, así que probé suerte. Todavía no tenía un estilo muy sólido y tenía muchas ganas de experimentar con diferentes influencias. Referentes como Kristof Ulbert, Ikegami Yoriyuki, Rebecca Sugar entre muchos otros, me llevaron a crear las páginas que entregué”, nos cuenta Julia Rubau.
“En términos de historia no desarrollé demasiado; simplemente partí de la premisa de unos niños observando un río en medio del bosque en busca de algo. Uno de ellos, Lara, afirmaba haber visto un renacuajo mágico y esperaba volver a encontrarlo. Los demás no la creen y se marchan decepcionados, pero ella continúa con su búsqueda. Poco después, Lara presencia de nuevo un evento mágico: un pequeño renacuajo se transforma en rana, a una velocidad imposible. Solo gané una mención en ese concurso, pero no me quedé ahí. Al saber de la existencia de otro concurso, el Premi Carnet Jove de Còmic, el cual ofrecía la posibilidad de publicar con Norma Editorial, decidí desarrollar todo el trasfondo y la trama que esos personajes podían vivir. Unos meses después, y con cero esperanzas de ganar, recibí una llamada con una muy buena noticia”.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “En este cómic los lectores encontrarán una aventura de verano, uno de esos veranos que puede que muchos hayamos vivido, en el que el aburrimiento es el protagonista. Los personajes de esta historia pasan sus vacaciones en un pequeño pueblo donde los únicos niños son ellos y donde nunca pasa absolutamente nada. La protagonista, Lara, es una niña muy imaginativa y cabezota. Siempre es quien dirige fantásticas aventuras imaginarias para pasar el rato, pero ese verano está cansada de fingir, quiere vivir una aventura mágica de verdad. Así que no tarda en buscarse una por su propio pie. Lo que no espera es encontrarse con una geoda con poderes misteriosos y una sociedad de ranas parlantes y furiosas que planean algo muy malo contra el pueblo. Pero detrás de todos esos sucesos mágicos, esta historia habla sobre todo del rencor, del perdón y de la difícil tarea de gestionar las emociones dolorosas cuando todavía no sabes muy bien cómo hacerlo. En conjunto crean una tierna y divertida historia con muchas, muchas ranas”, afirma Julia Rubau.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, pruebas o dibujos en algún cuaderno. ¿Cómo nacen estos personajes? “Profundizando un poco en lo que comentaba antes, este proyecto nace realmente en un momento en el que lo que más me movía era experimentar con el estilo: la composición poco convencional de las viñetas, la estilización de los personajes, el sombreado a lápiz, las paletas de color armoniosas, el uso del negro, etc. Este proyecto me sirvió como una liberación de todos los referentes que me habían inspirado hasta ese momento. Fue mi primer cómic, mi primera historia creada completamente por mí, y también la primera vez que terminaba un proyecto de esta envergadura: una historia que empezaba y acababa. Nunca había hecho nada parecido, así que supuso un gran salto para mí”.
“A nivel de desarrollo de personajes, personalmente no me requirió demasiado trabajo -continúa Julia Rubau-. Con unos pocos bocetos ya encontré unos diseños que encajaban con la historia. Lo que realmente me interesaba era dibujar y componer páginas potentes, con fondos y colores impactantes, así que busqué muchas referencias de bosques, ríos y ranas para conseguirlo. También me inspiré mucho en los preciosos paisajes que Enrique Fernández crea en sus cómics”.

¿Cuántas ranas llegaste a dibujar? “Sinceramente, nunca las he contado, no diría con mucha seguridad que cientos de ranas pero unas cuantas decenas si”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Creo que, al menos en este cómic en concreto, lo que más destaca es mi manera de estilizar a los personajes y las criaturas. Me gusta deformar ligeramente los cuerpos o llevar la anatomía hasta límites irreales para conseguir más vida y personalidad. Además, tengo una clara tendencia hacia las formas redondeadas y tiernas, o al menos eso es lo que suele decir la gente. También destaca bastante la paleta de color que utilizo. Me centro en una gama de tonos muy cercanos entre sí para crear paletas armoniosas que solo cambian según la escena. Además, en este proyecto, especialmente, utilicé colores muy ácidos que contrastan muy bien con el sombreado oscuro presente a lo largo de todo el cómic”, asegura Julia Rubau.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Aunque ahora mismo cada vez siento más pasión por el trabajo tradicional, en ese momento necesitaba trabajar en digital, así que utilicé mi iPad y el programa de dibujo, Procreate. Aun así, intenté crear páginas que se acercaran lo máximo posible al aspecto de una página hecha a mano. Me gusta mucho imitar las texturas del lápiz y de la acuarela, así que hice todo lo posible para conseguir ese efecto”.
Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “El proceso fue, básicamente, el siguiente: primero pasé unos tres meses escribiendo el guión y dibujando, de forma paralela, el storyboard, es decir, el esquema de composición de las viñetas. Una vez tuve el storyboard, terminé de escribir los diálogos que aún faltaban y, con toda la historia planificada, empecé a dibujar las páginas definitivas. Cuando todo el dibujo estuvo listo, pasé al entintado y al sombreado. Para entonces ya llevaba unos cuatro o cinco meses más de trabajo y solo quedaba colorear todas las páginas. En total fue un trabajo de casi un año y podría decirse que durante ese tiempo fue a jornada completa. Fue una experiencia muy interesante en la que aprendí muchísimo sobre mi forma de afrontar un proyecto de tal calibre”, comenta Julia Rubau.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy trabajando en un nuevo cómic infantil gracias a haber sido seleccionada para una de las cuarenta ayudas del Ministerio de Cultura destinadas a la creación de cómic. Se trata de un proyecto protagonizado por Lalu, una niña hija única a la que le encanta serlo. La rutina que tanto le hace feliz es puesta en peligro cuando descubre que pronto tendrá una hermanita. Después de maldecir al universo y desahogarse con su circuito de canicas, es trasladada a través de su armario, a una realidad alternativa en la que siempre ha tenido una hermana gemela. Todos sus miedos toman forma en una niña igual que ella, una tal Lula. La vida de Lalu se convierte, según ella, en un infierno, mientras que Lula no entiende por qué su hermana de repente la odia tanto si siempre se han llevado bien. Antes de que termine la semana, Lula tendrá que convencer a Lalu de las ventajas de tenerla como hermana, si no lo consigue, la tradición de ir juntas en el autocar por las colonias de fin de curso se romperá por primera vez. Esta historia saldrá en un año aproximadamente, el nombre del proyecto es «Lalu & Lula».
Álbum Ilustrado
Ina Hristova ilustra ‘Haikus para detener un tren’
‘Haikus para detener un tren’ es un viaje poético que cuenta la historia de una guerra desde los ojos de un niño. Cada haiku revela un instante: un estallido, el sinsentido, la pérdida y el miedo, la esperanza y, finalmente, el resurgir de la vida. El libro avanza como una travesía poética con un lenguaje mínimo y delicado, convirtiendo la devastación en poesía y el dolor en un canto a la resiliencia. Una obra para detenerse, mirar y recordar que, incluso después de la guerra, la vida siempre encuentra cómo volver a florecer. Un trabajo de Fran Pintadera e Ina Hristova que edita Libre Albedrío, y sobre el que hablamos más en profundidad con Ina.

¿Dónde está el embrión de este libro? “Creo que todo nace de una necesidad interna de entender el dolor que provoca la guerra, entender la fuerza que te arrebata todo. Y encontrar una semilla de fe que te sostenga con lo que queda y con estos restos reconstruir como un acto de resiliencia y esperanza -asegura Ina Hristova-. Recibí la invitación de Gema Sirvent de Libre Albedrío en un momento de mucho dolor y tristeza por lo que está atravesando el mundo, me atraviesa la incertidumbre”.
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Encontrarán una historia que se repite en distintas latitudes, en distintas generaciones. Es un viaje poético que cuenta la historia de una guerra desde los ojos de un niño”.



¿Qué te parecieron los textos de Fran la primera vez que los leíste? “Al leer sus haikus sentí un nudo en la garganta, con sus palabras suaves y aterciopeladas nos adentra en la paz de la vida cotidiana de una infancia y luego nos impacta con el estallido, rugidos, plomo, gritos, el vacío y el llanto -continúa Ina Hristova-. Fran Pintadera sabe que juega con el contraste de sentimientos de alta intensidad y creo que la maestría en su texto está ligada al ritmo minimalista del haiku. Sentí inmediatamente su fuerza y comencé a imaginar”.
¿Qué supone el reconocimiento que ha tenido el libro? “El libro fue reconocido con el IX Premio Muestra de libro infantil y juvenil de la comunidad de Madrid y esto nos alegra mucho porque significa que llegará a más bibliotecas y a más lectores. Es difícil percibir desde la distancia estos reconocimientos, pero siempre es bueno saber que un libro toma sus propios caminos y llega a lugares inesperados”.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Sabemos de antemano que un libro de poemas no suele ilustrarse de manera narrativa, suele necesitar espacio, aire para que la imagen conecte con el texto. Desde un comienzo supimos que nuestra intención sería diferente. En un primer etapa comencé el trabajo en un guión gráfico, lo presenté a Gema Sirvent y hablamos sobre sus posibilidades y efectos narrativos”, afirma Ina Hristova.
“Desde allí propuse un juego con la simbología codificada en los poemas. Tenía la idea de la sombra como presencia, en este primer etapa imaginaba algo más gráfico para el álbum: dibujaba con lápiz de grafito, con tintas. Hasta que sentí que las palabras de Fran cargaban una simbología del color y una atmósfera muy notoria”.



¿Qué dirías que has aprendido con este proyecto? “Tuve mucha claridad desde un principio de cómo quería desarrollar la narrativa interna del libro. A pesar de que es un libro con poemas breves se sostiene una unidad visual y narrativa, los poemas conectan entre sí y crean una imagen más completa. Aprendí a trabajar de manera directa sobre el papel, la imagen necesitaba ser espontánea. Así iba haciendo tres o cuatro versiones de cada imagen y luego decidía cuál tenía la fuerza suficiente para entrar en la maqueta”, nos cuenta Ina Hristova.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Para mí es muy importante que cada libro sea diferente y que me enseñe a buscar matices, distintos lenguajes y comunicar de mejor manera. Lo que me enseñó este proyecto fue abordar la narrativa desde otro tipo de conexiones entre las imágenes. Quería dibujar una infancia que pueda sentirse universal, sin la necesidad de mostrar el personaje principal, quería construir un personaje que pueda ser cambiante. Para mí era importante que se pueda construir la idea de la comunidad, de una familia más universal. Estoy dibujando instantes, momentos de la vida para poder captar esta contemplación, asombro y conexión con la vida que tiene el haiku”.



“El libro comienza con un personaje que está trepando un árbol: árbol que luego se convierte en un lugar emblemático. Desde allí el personaje comienza a contar su historia. Se despliega su sombra sobre la casa, se asoma por la ventana (otro elemento clave en las ilustraciones). Convive con sus hermanos y su madre en la cotidianidad y parece que nada acecha su paz. Una de las imágenes que rompe este esquema es la bandada de aves que ve a lo lejos como presagio de algo que se acerca. Jugué y experimenté mucho con esta imagen, ya que quería lograr impacto. En esta imagen descubrí el poder de la tinta permanente sobre la cera de óleo y a partir de allí tuve más claridad de cómo iba a abordar el libro a nivel técnico y simbólico a través de los materiales”.
“Era importante reflejar el paso del tiempo para poder cicatrizar la herida, para poder reconstruir la esperanza. Juego con la metáfora del tren transformado en una bestia que engulla el pueblo y arrasa con todo y deja una huella en todo lo que toca. Es una huella física de tinta que se superpone sobre el óleo, el color repela la maldad y aun así logra quedarse sobre el papel un rastro… Para mí fue importante usar los materiales y su gestualidad natural.”




Con qué técnicas trabajaste? “Nunca había hecho un libro con ceras al óleo -confiesa Ina Hristova-. Es una imagen que se crea con muchas capas, iba usando el material y diluyendo los colores con aceite de linaza para construir texturas y matices. De allí algunas de las pinceladas que marcan el libro. Todo supone un experimento, no sabía si la tinta iba a funcionar encima del óleo. Es un libro que dependía de mucha gestualidad y libertad en el trazo de la tinta y las ceras de óleo. Buscaba crear algo de contraste en el libro, quería conseguir una atmósfera aterciopelada y contrastarlo con la tinta negra permanente. También experimenté con el lettering del título y los capítulos porque sentía que tenía que responder a la estética del libro. Fue muy bonito que la editora respetara esta decisión creativa”.
Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. “Intenté construir una narrativa abierta a partir de los poemas y usé el concepto de la transformación con los símbolos que se repiten y se encuentran entre sí: las nubes se transforman desde las primeras páginas, los pájaros se convierten en bombas, la flor de bugambilia se transforma en pájaro, la flor en alimento, la piedra en huevo, el huevo en pérdida, El cristal roto se transforma en pájaro, el poema en pájaro. La imagen de la ventana es una entrada en el interior de una infancia rota por la guerra. Es una imagen que me detonó una fotografía de Sebastiao Salgado. Tuve muchas otras referencias como por ejemplo los grabados de Katte Kollwitz, que para mí siempre fueron una referencia del dolor, la guerra y la maternidad”.

¿Con qué haiku te quedas? “Me quedo con una frase de Fran Pintadera que da cuerpo a mi sentir en el mundo ahora: No hay guerra que suceda lejos. No hay llanto que me resulte ajeno”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Estoy terminando un proyecto personal sobre la creación, la maternidad, la crianza y el juego que he ido escribiendo en los últimos tres años. Sigo escribiendo historias que esperan su turno a ser dibujadas. También estoy ilustrando una novela de Héctor Gómez Navarro, un autor muy querido que marcó mi comienzos como ilustradora. Es bonito volver a conectar con su escritura diez años después de conocernos”.
Álbum Ilustrado
Iacopo Bruno y Francesca Leoneschi dan forma a ‘Inseparables’
Bajo las aguas, dos seres aparentemente lejanos comparten un mismo dolor. Ichi, un pulpo tallador de palabras, busca salvar a su padre. Lucy, inmóvil entre los restos de un barco hundido, se deja mecer por la corriente. Esta narración ilustrada entrelaza sus destinos en una historia profunda, poética y visualmente deslumbrante sobre la pérdida, la esperanza y los lazos invisibles que nos unen. Edelvives edita ‘Inseparables’, un trabajo de Francesca Leoneschi e Iacopo Bruno. Con éste último charlamos un poco más en profundidad sobre su trabajo en este libro.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “Inseparables nació un día de verano entre las olas de las Cinque Terre a bordo de nuestro gozzo (un barco de pesca tradicional) Alina, mientras buscábamos el personaje para una historia de tintes gótico-victorianos. En ese preciso momento nació Ichi, el pequeño pulpo de la familia Real. Cuando nos dimos cuenta de que nuestra historia podía transcurrir bajo el nivel del mar, se nos abrió todo un mundo lleno de sepias que tiñen el mar de negro y de mantas que ocultan la luz del sol en señal de luto por la muerte del padre de Ichi, el Príncipe Consorte”.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Encontrarán un inusual mundo marino donde se fortalece el vínculo y la amistad interespecie entre Ichi y Lucy, la niña que vive en el Abismo entre los tablones del naufragio del Golden Mary en busca de su corazón”, nos cuenta Iacopo Bruno.

¿Cómo fue el proceso de construcción de esta la historia? “Inseparables lo escribimos a cuatro manos pero, dado queFrancesca Leoneschi y yo estamos acostumbrados por trabajo a dialogar a través de imágenes, primero lo imaginamos visualmente de forma muy detallada. Después, bastó con sentarse y escribirlo de un tirón, pasándonos el texto el uno al otro para recortar, corregir o añadir”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… ¿Cómo nacen estos personajes? “Francesca y yo siempre investigamos mucho, lo cual nos sirve para visualizar las escenas y los personajes, como te decía -continúa Iacopo Bruno-. Luego empezamos a contarnos la historia el uno al otro durante los largos viajes en coche cuando nos desplazamos de un lugar a otro. En cuanto la historia empezó a tomar forma, comencé a plasmar los pensamientos sobre el papel. Normalmente, cuando empiezo un libro, le dedico un cuaderno entero bastante grande, y para ‘Inseparables’ también llené un cuaderno de bocetos. El posfacio del libro reúne una selección de estos bocetos para que el lector pueda entrar entre bastidores en un proyecto como este”.


¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Diría que el reto consistió en fusionar el mundo marino con la época victoriana y hacer que resultara fascinante y creíble, pero sobre todo el esfuerzo se centró en intentar captar de forma sincera las emociones que caracterizan la historia. La novedad con ‘Inseparables’ es que durante treinta años he ilustrado libros para otros autores; esta vez, las ilustraciones eran para un libro totalmente nuestro. Fue un reto muy exigente porque Francesca y yo somos unos clientes decididamente exigentes”.


¿Con qué técnicas trabajaste? “Te agradezco mucho esta pregunta porque tengo un interés especial en recalcar que todas las ilustraciones de ‘Inseparables’ están realizadas de forma tradicional, es decir, son todo láminas originales pintadas con acuarela sobre papel. Durante años coloreé mis láminas de forma digital, pero desde hace unos seis años prefiero las técnicas tradicionales, analógicas por así decirlo. Trabajo al óleo, con tintas de colores, lápices e incluso con acuarela, como en el caso de Inseparables. Las técnicas tradicionales me ayudan a concentrarme y a sumergirme en el trabajo, y me dejan láminas originales en lugar de archivos guardados en discos duros que probablemente ya ni siquiera pueda abrir. El papel tiene otro encanto y una durabilidad excelente”, asegura Iacopo Bruno.


Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Como te decía, primero investigo, luego intento visualizar mentalmente, después paso las ideas a un cuaderno grande y solo entonces me sumerjo en la lámina definitiva. Hago los dibujos a lápiz sobre un papel de altísima calidad que me permite, a pesar de los borrones, obtener un dibujo final muy limpio. Para ‘Inseparables’, transferí el dibujo a un papel para acuarela utilizando un escáner y una impresora de excelente calidad. En ese momento coloreo y la lámina ya está lista”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sí, siempre estoy trabajando en nuevos proyectos. Actualmente, el trabajo más exigente es un libro ilustrado para una editorial francesa del que todavía no puedo contar mucho, salvo que serán 40 ilustraciones a color dibujadas con plumilla y coloreadas con tintas; y una novela ilustrada para una editorial estadounidense, que también es confidencial por ahora. Sin embargo, el trabajo que está llenando mi nuevo cuaderno es nuestro próximo libro, basado en un relato original de Francesca Leoneschi. ¡Esta vez estaremos en tierra firme, pero siempre rodeados por un mar tempestuoso!”
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