Entrevistas
María Pascual de la Torre nos presenta a ‘Maya y Selou’
Una niña y un niño vecinos comparten las mismas actividades cotidianas: despertar, comer, jugar, bañarse y escuchar cuentos. Sin embargo, a partir del mismo día a día, cada uno crea universos muy distintos. Mientras Selou se imagina galopando sobre su caballo en la sabana o asustando a los cocodrilos en el río, Maya desea recorrer la India a lomos de un elefante rojo o nadar en las fuentes del Nilo. Así nos presenta Thule Ediciones ‘Maya y Selou. Selou y Maya’, un álbum ilustrado de Lara Meana y María Pascual de la Torre. Con ésta última charlamos un poquito más sobre este maravilloso libro.

¿Cómo nace este proyecto? María Pascual de la Torre: “Fue un proceso largo desde la primera idea. Surgió en el Festival Internacional de Ilustración IlustraTour 2010, durante las disfrutonas conversaciones fuera del taller que hice con Sophie Blackall. Allí conocí a Lara Meana, la escritora coautora del libro. Hablábamos de lo carcajeantemente distintas que suenan las onomatopeyas de los animales en las diferentes lenguas y entre esas divagaciones, surgieron las primeras puntadas de un proyecto que en principio urdieron Lara y Sophie. Entonces yo estaba entregada al que fue mi primer álbum ilustrado como autora, ¿Dónde están mis gafas?, publicado también por Thule. Sophie no contaba con el tiempo necesario para ilustrarlo y propuso que yo tomase el relevo para construir la historia junto a Lara”.
“De IlustraTour a IlustraTour y tiro porque me toca, el taller de Martin Salisbury en 2011 me vino como anillo al dedo para poder contrastar ideas y seguir puliendo el trabajo ya avanzado del proyecto. Fueron tres años de trabajo hasta su publicación en Ediçoes SM en 2013 que se coronaron con un premiazo sorpresa que puso en valor todo ese camino, ser seleccionado por la Fundación Social Itaú de Brasil para la campaña de fomento de la lectura en la primera infancia “Leia para uma Criança” con una edición de 1.800.000 ejemplares por todo Brasil, incluyendo una tirada en braille. Fue una maravilla saber que nuestro libro formaba parte de una iniciativa que apuesta por la lectura en voz alta y por las conversaciones que genera esta lectura conjunta para incentivar el placer de leer a niños y niñas. Bajo el lema “Cuando compartimos un libro con un niño, transformamos su mundo y el nuestro”, tratan de llegar al máximo número de lectores entregando libros gratuitos a bibliotecas, colegios y hogares”, nos cuenta María Pascual de la Torre.
“Once años después de este dilatado camino, es otro regalo que Maya y Selou haya vuelto a su país de origen y que los personajes sigan contando su historia en castellano y en catalán con Thule”.

¿Qué se encontrarán los lectores en sus páginas? “Maya y Selou es un álbum ilustrado con dos portadas de inicio que te adentran en la narrativa infinita a partir de dos historias que convergen en la doble página central. Una abre la puerta del día a día de Maya y otra la de Selou. A través de sus juegos, de sus rutinas y de todos los detalles cuidadosamente escogidos que aparecen en el libro, iremos descubriendo el universo de lo protagonistas”.
¿Qué te pareció la historia de Lara la primera vez que los leíste? “El proceso de trabajo fue muy interesante. No hubo un texto previo, sino una idea enormemente juguetona, como la construcción de un engranaje que teníamos que hacer funcionar juntas. Esa idea dio pie a un trabajo minucioso de creación del story y de las imágenes -continúa María Pascual de la Torre-. El texto no se escribió hasta que se encajó toda la estructura visual del libro, con la secuenciación y las imágenes terminadas. Fue muy enriquecedor trabajar mano a mano con Lara desde el principio de esta manera tan inusual. Cuando todo parecía cerrado y presentamos la maqueta en Bolonia, tuvimos una nueva pelota en el juego de malabares al acordar la publicación con la filial brasileña de SM”.

“En la idea original el libro iba a ser bilingüe. Un álbum ilustrado con dos historias en espejo: cada niño nos abriría la puerta de su casa, invitándonos a seguir su rutina diaria contada por ellos mismos y cada cual en su idioma, Maya en español y Selou en inglés. Esta premisa tuvo que modificarse porque en Edições SM no interesaba un texto bilingüe, sino una narración completa en un mismo idioma manteniendo el juego en espejo de las imágenes, pero no de las historias. Lo que iba a ser una traducción de un idioma a otro, se convirtió en un texto que debía de transmitir de manera individual el mundo de cada uno de los niños con sus identidades particulares”.

“Aunque el peso de los cambios lo llevó el replanteamiento del texto, hubo algunas modificaciones en las ilustraciones, como el árbol genealógico materno de Maya. El roble que identificaba la procedencia española-asturiana de la familia materna y que vuelve a echar sus raíces originarias en esta nueva edición con Thule, se trasplantó por un ipê en flor, el árbol característico de Brasil, proporcionando a Maya una ascendencia brasileña. También he sido consciente del trabajo extra para el ilustrador que implica el uso caligráfico de texto en las imágenes en una venta de derechos, objetivo importantísimo para el recorrido amplio de un libro”, asegura María Pascual de la Torre.
Háblanos un poco del formato del libro y del juego que ofrece. “Saber de qué manera conseguir que ambas historias se entrelazaran y llevasen de una a otra en una secuencia infinita siguiendo el “cuéntamelo otra vez” tan característico de las niñas y niños, fue uno de los propósitos más complejos e interesantes de la propuesta. La página central en la que se encuentran las dos historias y la frase que las enmarca, es el resorte que lleva a cerrar el libro por la mitad, a darle la vuelta y a comenzar de nuevo abriendo el relato del otro protagonista. Cada portada va seguida de unas guardas que son sus árboles genealógicos y nos muestran unas raíces mestizas largas y enriquecedoras que se extienden por todo el libro a través de los detalles que caracterizan a Maya y a Selou”.

“Queríamos crear un juego en el que pudiésemos seguir a cada uno de los personajes hasta descubrir que son vecinos que viven pared con pared. Proponer al lector la búsqueda de las diferencias y las semejanzas de niñas y niños de edades similares, acompañados por los animales con los que juegan y que determinan cada momento del día a través de rutinas muy similares entre las y los más pequeños de diversas ciudades del globo. El formato vertical permite también centrarse en la historia de cada uno de los protagonistas de cada relato”.
Nos gusta mucho cuando trabajas el plano cenital, ¿qué destacarías de este recurso? “Son imágenes que me han fascinado desde la infancia. Esta vista de pájaro permite al lector adentrarse en la escena, asomarse y revolotear, dejando ver todo para descubrir cantidad de detalles que nos dan más información. Incita a buscar nuevas pistas que se esconden y enriquecen el relato”.

“Me apasionaban las casas de muñecas -continúa María Pascual de la Torre-. Me pasaba horas y horas construyendo casas para cada personaje, escogiendo cada rincón, mezclando esos mini objetos de juguete con todo lo que encontraba: piedrecitas, palos, conchas, chapas, tapones, cajas de cerillas… La vista cenital me conecta con estos juegos. Algunos de los libros que más desgasté fueron los de Beatrix Potter y Jill Barcklem, hipnotizada en las imágenes de madrigueras y casas que te permitían detenerte en sus alacenas repletas de comida deliciosa y hasta oler la comida humeante de las cazuelas con la sensación de que también tú estabas sentado en la mesa saboreando una tarta de moras junto al fuego. Podías descubrir qué frutos o vegetación hay en cada estación o dónde encontrar madrigueras de diferentes animales. En arte también lo denominan punto de vista divino o neutral. Quizás en el plano cenital hay algo de la sensación de visión todopoderosa, pero sobre todo es una mirada curiosa y juguetona que te coloca en la posición de artífice del juego”.


¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este proyecto? “Siguiendo el hilo de la curiosidad, otra parte importante de la narrativa visual para la caracterización de Maya y Selou y poder mostrar lo valioso que es crecer entre diferentes culturas, fue escoger dos niños reales de amigos cercanos. Tan cercanos que una de ellas es Maya, la hija de Lara Meana. Esto me permitió observarles detectivescamente para reproducir desde sus posturas al dormir hasta su ropa, muchos de sus juguetes, detalles de su habitación, sus gustos y aversiones… Me ayudó a escoger los contrastes entre un Selou comilón y una Maya capaz de convertir en fósil un bocadito de comida. Del despertar tranquilo y lleno de energía de Maya al calvario para despegar a Selou de su almohada. También observar lo que puede contarnos de un personaje su pelo rizado y desbocado, frente a otro liso y sereno. Ha sido muy impactante poder seguir el paso del tiempo del libro a través del crecimiento de Maya y Selou, ahora en plena adolescencia”.

“Además de la caracterización de los protagonistas, hubo un amplio casting para la elección de los animales-juguetes más representativos para cada rutina y momento del día. E incluso alguna anécdota de autocensura, como una gallina friendo el huevo del desayuno, que parecía representar una versión amable de Saturno devorando a su hijo”, confiesa María Pascual de la Torre.
¿Con qué técnicas trabajaste? “La base principal que viene siendo muy característica en mi trabajo es el grafito. Al lápiz le acompañan acuarelas y collage con diferentes materiales. La intervención digital se limitó a la limpieza y ajustes de color de las imágenes escaneadas y a los cambios de textos caligráficos que implica la traducción a otra lengua”.

¿Cómo fue el proceso de elaboración de este libro? “Aunque hubo una buena parte de trabajo individual, además de la inversión habitual del orden de texto previo a las imágenes, lo interesante de este proceso fue el intercambio constante que tuvimos entre Lara y yo desde el principio. La oportunidad de contrastar ideas, compartir dudas y hallazgos, replantear y cuestionar pasos y elecciones para hacer que funcionase la secuencia, dar sentido a cada imagen, adaptar el texto… Pasar la pelota y cambiar de sombrero para ponerte en lugares diferentes a los que te colocas cuando trabajas individualmente como escritor e ilustrador, es muy motivador”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Entre otros trabajos personales, estoy cerrando un proyecto para prelectores muy especial para mí que pronto comenzará su andadura. Además, me encuentro inmersa y entusiasmada con el primero de dos álbumes ilustrados fantásticos que me están permitiendo trabajar con una de mis editoriales favoritas, Ekaré”.
Álbum Ilustrado
Ina Hristova ilustra ‘Haikus para detener un tren’
‘Haikus para detener un tren’ es un viaje poético que cuenta la historia de una guerra desde los ojos de un niño. Cada haiku revela un instante: un estallido, el sinsentido, la pérdida y el miedo, la esperanza y, finalmente, el resurgir de la vida. El libro avanza como una travesía poética con un lenguaje mínimo y delicado, convirtiendo la devastación en poesía y el dolor en un canto a la resiliencia. Una obra para detenerse, mirar y recordar que, incluso después de la guerra, la vida siempre encuentra cómo volver a florecer. Un trabajo de Fran Pintadera e Ina Hristova que edita Libre Albedrío, y sobre el que hablamos más en profundidad con Ina.

¿Dónde está el embrión de este libro? “Creo que todo nace de una necesidad interna de entender el dolor que provoca la guerra, entender la fuerza que te arrebata todo. Y encontrar una semilla de fe que te sostenga con lo que queda y con estos restos reconstruir como un acto de resiliencia y esperanza -asegura Ina Hristova-. Recibí la invitación de Gema Sirvent de Libre Albedrío en un momento de mucho dolor y tristeza por lo que está atravesando el mundo, me atraviesa la incertidumbre”.
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Encontrarán una historia que se repite en distintas latitudes, en distintas generaciones. Es un viaje poético que cuenta la historia de una guerra desde los ojos de un niño”.



¿Qué te parecieron los textos de Fran la primera vez que los leíste? “Al leer sus haikus sentí un nudo en la garganta, con sus palabras suaves y aterciopeladas nos adentra en la paz de la vida cotidiana de una infancia y luego nos impacta con el estallido, rugidos, plomo, gritos, el vacío y el llanto -continúa Ina Hristova-. Fran Pintadera sabe que juega con el contraste de sentimientos de alta intensidad y creo que la maestría en su texto está ligada al ritmo minimalista del haiku. Sentí inmediatamente su fuerza y comencé a imaginar”.
¿Qué supone el reconocimiento que ha tenido el libro? “El libro fue reconocido con el IX Premio Muestra de libro infantil y juvenil de la comunidad de Madrid y esto nos alegra mucho porque significa que llegará a más bibliotecas y a más lectores. Es difícil percibir desde la distancia estos reconocimientos, pero siempre es bueno saber que un libro toma sus propios caminos y llega a lugares inesperados”.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Sabemos de antemano que un libro de poemas no suele ilustrarse de manera narrativa, suele necesitar espacio, aire para que la imagen conecte con el texto. Desde un comienzo supimos que nuestra intención sería diferente. En un primer etapa comencé el trabajo en un guión gráfico, lo presenté a Gema Sirvent y hablamos sobre sus posibilidades y efectos narrativos”, afirma Ina Hristova.
“Desde allí propuse un juego con la simbología codificada en los poemas. Tenía la idea de la sombra como presencia, en este primer etapa imaginaba algo más gráfico para el álbum: dibujaba con lápiz de grafito, con tintas. Hasta que sentí que las palabras de Fran cargaban una simbología del color y una atmósfera muy notoria”.



¿Qué dirías que has aprendido con este proyecto? “Tuve mucha claridad desde un principio de cómo quería desarrollar la narrativa interna del libro. A pesar de que es un libro con poemas breves se sostiene una unidad visual y narrativa, los poemas conectan entre sí y crean una imagen más completa. Aprendí a trabajar de manera directa sobre el papel, la imagen necesitaba ser espontánea. Así iba haciendo tres o cuatro versiones de cada imagen y luego decidía cuál tenía la fuerza suficiente para entrar en la maqueta”, nos cuenta Ina Hristova.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Para mí es muy importante que cada libro sea diferente y que me enseñe a buscar matices, distintos lenguajes y comunicar de mejor manera. Lo que me enseñó este proyecto fue abordar la narrativa desde otro tipo de conexiones entre las imágenes. Quería dibujar una infancia que pueda sentirse universal, sin la necesidad de mostrar el personaje principal, quería construir un personaje que pueda ser cambiante. Para mí era importante que se pueda construir la idea de la comunidad, de una familia más universal. Estoy dibujando instantes, momentos de la vida para poder captar esta contemplación, asombro y conexión con la vida que tiene el haiku”.



“El libro comienza con un personaje que está trepando un árbol: árbol que luego se convierte en un lugar emblemático. Desde allí el personaje comienza a contar su historia. Se despliega su sombra sobre la casa, se asoma por la ventana (otro elemento clave en las ilustraciones). Convive con sus hermanos y su madre en la cotidianidad y parece que nada acecha su paz. Una de las imágenes que rompe este esquema es la bandada de aves que ve a lo lejos como presagio de algo que se acerca. Jugué y experimenté mucho con esta imagen, ya que quería lograr impacto. En esta imagen descubrí el poder de la tinta permanente sobre la cera de óleo y a partir de allí tuve más claridad de cómo iba a abordar el libro a nivel técnico y simbólico a través de los materiales”.
“Era importante reflejar el paso del tiempo para poder cicatrizar la herida, para poder reconstruir la esperanza. Juego con la metáfora del tren transformado en una bestia que engulla el pueblo y arrasa con todo y deja una huella en todo lo que toca. Es una huella física de tinta que se superpone sobre el óleo, el color repela la maldad y aun así logra quedarse sobre el papel un rastro… Para mí fue importante usar los materiales y su gestualidad natural.”




Con qué técnicas trabajaste? “Nunca había hecho un libro con ceras al óleo -confiesa Ina Hristova-. Es una imagen que se crea con muchas capas, iba usando el material y diluyendo los colores con aceite de linaza para construir texturas y matices. De allí algunas de las pinceladas que marcan el libro. Todo supone un experimento, no sabía si la tinta iba a funcionar encima del óleo. Es un libro que dependía de mucha gestualidad y libertad en el trazo de la tinta y las ceras de óleo. Buscaba crear algo de contraste en el libro, quería conseguir una atmósfera aterciopelada y contrastarlo con la tinta negra permanente. También experimenté con el lettering del título y los capítulos porque sentía que tenía que responder a la estética del libro. Fue muy bonito que la editora respetara esta decisión creativa”.
Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. “Intenté construir una narrativa abierta a partir de los poemas y usé el concepto de la transformación con los símbolos que se repiten y se encuentran entre sí: las nubes se transforman desde las primeras páginas, los pájaros se convierten en bombas, la flor de bugambilia se transforma en pájaro, la flor en alimento, la piedra en huevo, el huevo en pérdida, El cristal roto se transforma en pájaro, el poema en pájaro. La imagen de la ventana es una entrada en el interior de una infancia rota por la guerra. Es una imagen que me detonó una fotografía de Sebastiao Salgado. Tuve muchas otras referencias como por ejemplo los grabados de Katte Kollwitz, que para mí siempre fueron una referencia del dolor, la guerra y la maternidad”.

¿Con qué haiku te quedas? “Me quedo con una frase de Fran Pintadera que da cuerpo a mi sentir en el mundo ahora: No hay guerra que suceda lejos. No hay llanto que me resulte ajeno”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Estoy terminando un proyecto personal sobre la creación, la maternidad, la crianza y el juego que he ido escribiendo en los últimos tres años. Sigo escribiendo historias que esperan su turno a ser dibujadas. También estoy ilustrando una novela de Héctor Gómez Navarro, un autor muy querido que marcó mi comienzos como ilustradora. Es bonito volver a conectar con su escritura diez años después de conocernos”.
Álbum Ilustrado
Iacopo Bruno y Francesca Leoneschi dan forma a ‘Inseparables’
Bajo las aguas, dos seres aparentemente lejanos comparten un mismo dolor. Ichi, un pulpo tallador de palabras, busca salvar a su padre. Lucy, inmóvil entre los restos de un barco hundido, se deja mecer por la corriente. Esta narración ilustrada entrelaza sus destinos en una historia profunda, poética y visualmente deslumbrante sobre la pérdida, la esperanza y los lazos invisibles que nos unen. Edelvives edita ‘Inseparables’, un trabajo de Francesca Leoneschi e Iacopo Bruno. Con éste último charlamos un poco más en profundidad sobre su trabajo en este libro.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “Inseparables nació un día de verano entre las olas de las Cinque Terre a bordo de nuestro gozzo (un barco de pesca tradicional) Alina, mientras buscábamos el personaje para una historia de tintes gótico-victorianos. En ese preciso momento nació Ichi, el pequeño pulpo de la familia Real. Cuando nos dimos cuenta de que nuestra historia podía transcurrir bajo el nivel del mar, se nos abrió todo un mundo lleno de sepias que tiñen el mar de negro y de mantas que ocultan la luz del sol en señal de luto por la muerte del padre de Ichi, el Príncipe Consorte”.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Encontrarán un inusual mundo marino donde se fortalece el vínculo y la amistad interespecie entre Ichi y Lucy, la niña que vive en el Abismo entre los tablones del naufragio del Golden Mary en busca de su corazón”, nos cuenta Iacopo Bruno.

¿Cómo fue el proceso de construcción de esta la historia? “Inseparables lo escribimos a cuatro manos pero, dado queFrancesca Leoneschi y yo estamos acostumbrados por trabajo a dialogar a través de imágenes, primero lo imaginamos visualmente de forma muy detallada. Después, bastó con sentarse y escribirlo de un tirón, pasándonos el texto el uno al otro para recortar, corregir o añadir”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… ¿Cómo nacen estos personajes? “Francesca y yo siempre investigamos mucho, lo cual nos sirve para visualizar las escenas y los personajes, como te decía -continúa Iacopo Bruno-. Luego empezamos a contarnos la historia el uno al otro durante los largos viajes en coche cuando nos desplazamos de un lugar a otro. En cuanto la historia empezó a tomar forma, comencé a plasmar los pensamientos sobre el papel. Normalmente, cuando empiezo un libro, le dedico un cuaderno entero bastante grande, y para ‘Inseparables’ también llené un cuaderno de bocetos. El posfacio del libro reúne una selección de estos bocetos para que el lector pueda entrar entre bastidores en un proyecto como este”.


¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Diría que el reto consistió en fusionar el mundo marino con la época victoriana y hacer que resultara fascinante y creíble, pero sobre todo el esfuerzo se centró en intentar captar de forma sincera las emociones que caracterizan la historia. La novedad con ‘Inseparables’ es que durante treinta años he ilustrado libros para otros autores; esta vez, las ilustraciones eran para un libro totalmente nuestro. Fue un reto muy exigente porque Francesca y yo somos unos clientes decididamente exigentes”.


¿Con qué técnicas trabajaste? “Te agradezco mucho esta pregunta porque tengo un interés especial en recalcar que todas las ilustraciones de ‘Inseparables’ están realizadas de forma tradicional, es decir, son todo láminas originales pintadas con acuarela sobre papel. Durante años coloreé mis láminas de forma digital, pero desde hace unos seis años prefiero las técnicas tradicionales, analógicas por así decirlo. Trabajo al óleo, con tintas de colores, lápices e incluso con acuarela, como en el caso de Inseparables. Las técnicas tradicionales me ayudan a concentrarme y a sumergirme en el trabajo, y me dejan láminas originales en lugar de archivos guardados en discos duros que probablemente ya ni siquiera pueda abrir. El papel tiene otro encanto y una durabilidad excelente”, asegura Iacopo Bruno.


Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Como te decía, primero investigo, luego intento visualizar mentalmente, después paso las ideas a un cuaderno grande y solo entonces me sumerjo en la lámina definitiva. Hago los dibujos a lápiz sobre un papel de altísima calidad que me permite, a pesar de los borrones, obtener un dibujo final muy limpio. Para ‘Inseparables’, transferí el dibujo a un papel para acuarela utilizando un escáner y una impresora de excelente calidad. En ese momento coloreo y la lámina ya está lista”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sí, siempre estoy trabajando en nuevos proyectos. Actualmente, el trabajo más exigente es un libro ilustrado para una editorial francesa del que todavía no puedo contar mucho, salvo que serán 40 ilustraciones a color dibujadas con plumilla y coloreadas con tintas; y una novela ilustrada para una editorial estadounidense, que también es confidencial por ahora. Sin embargo, el trabajo que está llenando mi nuevo cuaderno es nuestro próximo libro, basado en un relato original de Francesca Leoneschi. ¡Esta vez estaremos en tierra firme, pero siempre rodeados por un mar tempestuoso!”
Álbum Ilustrado
Pedro Oyarbide ilustra ‘El rayo que no cesa’
‘El rayo que no cesa’ es la obra más representativa y lograda de Miguel Hernández. Resultado y testimonio de una profunda crisis vital, sus páginas exploran la vivencia del amor, un amor doloroso, intenso y frustrado que deviene una herida constante. A la riqueza poética de Miguel Hernández se suma aquí la sensibilidad artística de Pedro Oyarbide, quien acompaña estos versos desgarradores con ilustraciones igualmente potentes, profundizando en la simbología hernandiana.
Los treinta poemas de ‘El rayo que no cesa’ adquieren una dimensión inédita en esta edición profusamente ilustrada que invita a una lectura renovada, donde palabra e imagen dialogan para intensificar la emoción, el tormento y la belleza de un libro esencial de la literatura española. Una edición de Lunwerg sobre la que hablamos un poquito más con Pedro Oyarbide.

Lo primero, cuéntanos cómo llega a tus manos este proyecto. “Venía de hacer ‘El Principito’ con Lunwerg. En principio habíamos empezado a darle forma a otro libro ilustrado muy diferente, una colección de cuentos del siglo XIX, pero el proyecto estaba algo estancado y por mi parte no terminaba de fluir. La editora me dio libertad para proponer otros títulos y ‘El rayo que no cesa’ me vino enseguida a la cabeza. Siempre me ha gustado la poesía de Miguel Hernández y sabía que ese libro tenía ingredientes más que suficientes para construir una propuesta visual interesante”.
¿Cómo era tu relación con esta obra de Miguel Hernández antes de abordar este proyecto? “Hasta entonces había leído sobre todo poemas sueltos, más que un poemario completo. Pero había algo en Miguel Hernández que siempre me había atraído, tanto o más que su obra: su personalidad, su historia y, por supuesto, la fuerza y la belleza de su poesía”, nos cuenta Pedro Oyarbide.

¿Cómo dirías que ha cambiado esa relación con el título y con la figura del poeta? “Ha cambiado mucho. Para afrontar el libro me leí bastante sobre la biografía del poeta, el marco histórico, etc. Descubrir con más profundidad su trayectoria y, especialmente, su tristísimo final, hizo que conectara todavía más con sus versos”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, pruebas o dibujos en algún cuaderno. “Fue un proceso bastante natural, muy parecido al que sigo con otros libros -continúa Pedro Oyarbide-. Leí el poemario mientras tomaba notas y hacía algunos bocetos rápidos. Aunque el resultado está muy pensado, en cierto modo puedo decir que fue un trabajo bastante intuitivo. Los poemas me evocaban imágenes con mucha facilidad. Al tratarse de un libro de amor, hay elementos que aparecen una y otra vez, así que quizá el mayor reto fue evitar la redundancia y encontrar maneras distintas de representar esas ideas sin repetirme”.

¿Es la primera vez que ilustras poesía? ¿Qué tal ha sido la experiencia? “Sí, es la primera vez. Ha sido un proceso diferente a cualquier otro. Desde el principio tuve claro que quería que todas las páginas estuvieran ilustradas y que los textos estuvieran redibujados a mano. Ha sido un trabajo muy exigente y, por momentos, extenuante, ya que son 120 páginas ilustradas, pero también uno de los más gratificantes que he hecho”.
¿Tus versos favoritos?
«Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.»
Vuelven una y otra vez a mi cabeza.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente respecto a otros trabajos? “Creo que lo más característico del libro, aparte de mi estilo, que ya es bastante reconocible, es haber redibujado toda la rotulación de texto a mano -asegura Pedro Oyarbide-. Jugué con la propia tipografía incorporando recursos visuales: letras que se desploman, palabras que interactúan con las ilustraciones o que pasan a formar parte de la composición. Quería que el texto también fuera imagen”.
“Por otro lado, creo que la portada tiene mucha fuerza. Está basada en un relieve de un mausoleo del Cementerio Monumental de Milán. ‘El rayo que no cesa’ es un poemario de amor que Miguel Hernández escribió para su mujer, Josefina Manresa. Resulta casi premonitorio -o quizá simplemente consciente de la realidad de la época- porque escribe con un enorme desgarro y solemnidad, como si se anticipara a una muerte temprana y a una despedida inevitable de su amada. Por eso me pareció natural reinterpretar esa imagen. La portada incorpora una ventana troquelada que deja ver el retrato de Miguel Hernández, atravesado literalmente por un rayo. Ese retrato forma parte de una segunda cubierta interior, de modo que ambas imágenes dialogan entre sí. Creo que, como objeto, el libro ha quedado muy rotundo, atractivo y coherente con el espíritu de la obra”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Desde hace años todo mi trabajo es digital. Utilizo una tableta Wacom Cintiq y trabajo principalmente con Photoshop e Illustrator”, afirma Pedro Oyarbide.
Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Fue un proceso largo y muy inmersivo. Cada poema requería encontrar un equilibrio entre respetar el texto y aportar una lectura visual propia, sin invadir su significado. Más que ilustrar cada verso de forma literal, intenté construir una atmósfera que acompañara al lector y ampliara la experiencia de la lectura. También hubo mucho trabajo de composición para integrar texto e ilustración de manera orgánica en cada doble página”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy esperando la publicación de otro de los trabajos que he terminado recientemente y al que le tengo muchísimas ganas: una edición ilustrada de ‘La sombra del viento’, de Carlos Ruiz Zafón. Es un proyecto muy especial para mí y estoy deseando que vea la luz”.
-
Álbum Ilustrado4 semanas agoIacopo Bruno y Francesca Leoneschi dan forma a ‘Inseparables’
-
Cómic1 mes agoClara Lodewick aborda la inmigración en ‘Moheeb en el aparcamiento’
-
Álbum Ilustrado4 semanas agoPedro Oyarbide ilustra ‘El rayo que no cesa’
-
Álbum Ilustrado2 días agoIna Hristova ilustra ‘Haikus para detener un tren’

