Entrevistas
Manuel Marsol y el viaje interior de ‘Astro’
Manuel Marsol presenta su obra más íntima y personal hasta la fecha, un viaje al espacio que es un viaje al corazón de la infancia. Con estas palabras la editorial Fulgencio Pimentel nos presenta ‘Astro’, el último trabajo del ilustrador Manuel Marsol, con el que charlamos hace un tiempo sobre este libro.

¿Cómo nace este proyecto? Manuel Marsol: “Viene de lejos,. En realidad hubiera sido mi primer álbum si hubiese sido capaz de acabarlo, porque lo empecé en 2013. Hice unos dibujos en el verano de 2013 sobre un astronauta en un planeta y esas ilustraciones, que eran cinco, tuve la suerte que fueron seleccionadas para el catálogo de la exposición de ilustradores de Bolonia y se expuso en 2014. Algunas de esas ilustraciones están en lo que hoy es el libro pero claro, de 2013 a 2023, pues ha habido muchos momentos de abandono. Estuvo en manos de una editorial extranjera, lo veían bueno, porque es un libro, digamos, muy artístico y arriesgado. Yo soy consciente de eso, y lo veían con difícil encaje comercial. Al final no se atrevieron. Luego estuvo también en 2015, si no me equivoco, en otra editorial de aquí, y le pasó un poco lo mismo, que al final se echaron para atrás por la envergadura, porque es un libro largo. Y yo lo dejé en un cajón”.
“Después tuve la suerte de conocer a los editores de Fulgencio Pimentel, a César en concreto, César Sánchez, que bueno, me editó ‘El tiempo del gigante’ y ya empezamos a tener una colaboración en la que ellos confiaban plenamente en mi trabajo, y me daban esa confianza también para hacer proyectos personales, un poco más al margen de lo que son los cánones de lo comercial. Aunque bueno, se han vendido bien en España la verdad. Él en un momento dado conoció este proyecto y le gustó desde el primer momento y él me intentaba convencer para que lo retomase, pero yo estaba con otras cosas, estaba con ‘Yokai’, con ‘Duelo al Sol’, un montón de cosas. Y ya en 2019 César me convence, y entre finales de 2019 y la época de la pandemia trabajé mucho otra vez en ‘Astro’, aunque también se volvió a quedar en cajón a finales de 2020”.
“Lo dejamos reposar hasta que César me dijo: “Manu, esto tiene que salir”. Ambos lo vimos con nuevos ojos y la verdad que encontramos la solución. Fue todo súper rápido en el fondo. Ha sido un proceso largo, que ha llevado su maduración, pero bueno, al final hemos quedado contentos que era lo importante”, asegura Manuel Marsol.

¿Qué se va a encontrar la gente cuando abra las páginas de Astro? “Bueno, los que me conozcan van a encontrar que existe un universo mío como autor, que es algo que a mí me ha interesado trabajar. Digamos que parte de ahí, creo que hay unos lugares comunes en todos mis álbumes, por ejemplo el interés por hablar sobre lo que es el tiempo, la percepción del tiempo, cómo pasa el tiempo por nosotros y en Astro eso está. También está el viaje, también está el paisaje, la importancia del paisaje como personaje, la idea de descubrir un mundo y las preguntas metafísicas”.
“Luego por otro lado más plástico, yo quise hacer algo experimental desde el primer momento pensando en que iba a concursar en la Feria de Bolonia y que ahí se premiaban ilustraciones pues que aportasen cosas nuevas. Yo creo que desde el primer momento la estética era bastante radical, con un paisaje casi abstracto y con muchos huecos, con muchos lugares para curiosear, para encontrar secretos. Y luego se va a encontrar un astronauta que en realidad se comporta como un niño, es un niño jugando en un planeta, que va a hacer un amigo, y que esa amistad pues va a tener una trascendencia, y va a tener una serie de complicaciones, y va a ser un viaje espero que transformador, con mucha poesía y con mucho amor, la verdad”.

“Es un viaje irregular -continúa Manuel Marsol-, porque hay ilustraciones de 2013, y otras del verano de 2023, y otras muchas de 2020. Pero creo que esa irregularidad, espero y confío, que esté compensada con mucha emoción y con mucha verdad. La verdad es que sí que me está escribiendo, libreros, mediadores y también lectores que se emocionan, porque es un libro donde hay mucho sentimiento puesto, y hay gente que lo ha leído con las lágrimas en los ojos, y eso es lo más bonito”.

Hablas de sentimiento y, por ejemplo, cuando abres la página de Fulgencio Pimentel y habla un poco de este trabajo, dice que es tu obra más íntima y más personal, ¿qué hay de Manuel en este álbum? “Bueno pues el libro está dedicado a mi padre, que falleció cuando yo tenía 11 años y también está dedicado a su amigo el pintor Paco López Soldado, pintor abstracto que sigue siendo amigo nuestro de la familia. Cuando yo dejé la publicidad, antes de irme a estudiar el posgrado de ilustración, estuve pintando en su taller. Sus cuadros yo siempre los vi, siempre estuve rodeado de ellos, como yo digo, rodeado de ese universo suyo, y cuando estuve pintando con él, pues me enseñó una serie de técnicas -afirma Manuel Marsol-. Por ejemplo mezclar el óleo con el acrílico, que son dos medios distintos y no se mezclan bien, y entonces generan una serie de accidentes, texturas,… Entonces ese universo donde el niño está jugando, digamos que sale un poco de este amigo de mi padre, de Paco López Soldado, era un universo que yo tenía arraigado desde la primera infancia. En mi casa había muchos cuadros suyos, íbamos mucho a su casa, y partiendo de eso, que ya es bastante personal, más allá de descubrir un mundo como me descubrió mi padre a mí, pues sí que toca el tema de la muerte en concreto y cómo se afronta el duelo, el dolor, y cómo se intenta uno sobreponer pues a base de estar rodeado del amor y de los misterios, el misterio de la vida, de qué hacemos aquí, por qué existimos, por qué hay algo en vez de nada, y sí que es una alegoría. Pero como bien dice en la nota de prensa, el pozo no es para nada dramático, puede hacer llorar, pero la idea es que sea luminoso, que al final lo que queda es una sensación de agradecimiento por estar vivos, y por tener la suerte de existir en realidad en este universo tan vasto y tan oscuro, esa es un poco la intención”.

Has hablado antes de irregularidad, porque había ilustraciones más antiguas, más recientes, háblanos un poco de la técnica o las técnicas con las que has trabajado en este libro. “Yo empecé como decía antes intentando sorprenderme con las ilustraciones. Probaba con estas técnicas de las que hablaba de Paco López Soldado, que me han enseñado pues a utilizar manchas para crear paisajes, jugar con el accidente”.
Por otro lado, y también viene de mi padre y del propio López Soldado, que ellos cogían todo tipo de cosas de la basura, en mi casa siempre había trastos y cosas que luego ellos modificaban o pintaban, y yo tengo también ese vicio. Me acuerdo que en esa época di con una una revista antigua de los años 70 o así, que se llamaba ‘El arte de tejer’, de costura, y y empecé a hacer collage con eso mezclando mis dibujos con recortes. Hice unos dibujos que partían de recortes de esa revista, utilizando jerséis, grises del blanco y negro de la revista, que luego parecían rocas, formaciones rocosas, y entonces el universo de astro pues aparece un poco de ahí, de ir pegando esas texturas. De repente recortar un círculo de un jersei, que es un plano tan detalle que uno no tiene la conciencia de estar viendo algo figurativo, y de repente es un planeta. Y luego la parte figurativa son los seres vivos, que son una especie de alienígenas extraños entre orgánicos y minerales, porque es un planeta donde todo está mezclado”, asegura Manuel Marsol.

“Hay una mezcla de técnicas, hay pintura plástica, hay gouache, hay tinta china, hay óleo, hay acrílico, collage. Como siempre digo, todo lo que hay encima de la mesa o por el estudio, pues al final lo voy poniendo, y yo creo que toda esa parte accidental y toda esa parte un poco experimental, pues jugó a mi favor, y por ahí fue que lo seleccionaron en la Feria de Bolonia y que gustó, que sorprendió esa estética, pero también la extrañeza de una historia en el espacio con tanto color blanco, porque normalmente uno espera unos fondos muchísimo más desde oscuros a coloridos, pero esa idea del planteamiento de utilizar tanto la página en blanco, creo que también tiene su gracia y sitúa el espacio en un lugar entre lo físico y lo espiritual. Es un paisaje que es un planeta, pero también es un paisaje de la memoria es como un recuerdo, y yo creo que hay elementos y detalles que acentúan esa idea. Estamos en el terreno de la memoria de la infancia de un planeta onírico y eso, la atmósfera, siempre ha sido muy importante en mi trabajo y creo que este álbum pues también ya desde el principio estaba ahí”.
Álbum Ilustrado
Pierre-Emmanuel Lyet nos habla de su trabajo en ‘Indomable’
Una niña toma una decisión: abandonar el mundo de los adultos y fundar su propio reino. Salvaje, valiente e indomable, construirá una fortaleza en su cabaña del árbol y gobernará con sus propias leyes. Allí todo estará permitido: no habrá horarios, ni órdenes ni reglas. Rodeada de sus peluches, se siente feroz como una leona, guerrera y libre. Sin embargo, incluso los reinos más poderosos esconden desafíos inesperados cuando cae la noche… ¿Qué estarán haciendo los demás? ¿Se habrán acordado de ella? ‘Indomable’ es un álbum sobre el deseo de libertad, la imaginación infantil y el delicado equilibrio entre la independencia y el cariño de quienes nos esperan en casa. Con estas palabras describe la editorial Kókinos este libro de Morgane de Cadier y Pierre-Emmanuel Lyet. Con éste último charlamos un poquito más sobre este proyecto.

¿Cómo surgió este proyecto? “El proyecto comenzó cuando la editorial me invitó a ilustrar el libro y me envió el texto de Morgane”.
¿Qué podemos encontrar en este libro? “El libro reúne un texto poético e ilustraciones vibrantes que, espero, transporten poco a poco al lector a otro mundo”, nos cuenta Pierre-Emmanuel Lyet.
¿Cómo nació este personaje? “El personaje fue tomando forma a medida que trabajaba en las ilustraciones. Es curioso, porque al principio imaginaba algo más dramático, más cercano al universo de Miyazaki. Pero, sobre la marcha, me inspiré más en ‘Donde viven los monstruos’ (‘Where the Wild Things Are’), de Maurice Sendak. Me encantó la idea de un personaje que se disfraza de animal para parecer salvaje. Para mí, es una niña pequeña —indomable, por supuesto—, pero creo que su disfraz también le confiere un carácter universal. Cualquiera puede identificarse con ella”.

¿Qué pensaste de la historia de Morgane cuando la leíste por primera vez? “El texto de Morgane me cautivó desde la primera lectura; fue lo que me convenció de ilustrar el libro -confiesa Pierre-Emmanuel Lyet-. Me pareció potente y profundamente poético, y despertó mi imaginación al instante. Había en él una fuerza y una libertad enormes, una oleada de energía, casi como un grito. Me pareció maravilloso y no veía la hora de empezar”.
¿Cómo fue el trabajo previo, me refiero al proceso de investigación, documentación, bocetos en algún cuaderno…? “Me lancé a crear las ilustraciones con mucha rapidez, trabajando de forma muy espontánea. Me pareció lo más adecuado para el texto: quería responder a su energía con algo instintivo, en lugar de planificarlo todo intelectualmente de antemano. Me encantó la energía que se desprendía, sobre todo en los colores, que quería que fueran muy vivos. Envié dos o tres ilustraciones a mis fantásticos editores de HongFei para mostrarles la dirección que tenía en mente, y la acogieron de inmediato. Fue una colaboración preciosa”.

¿Podrías contarnos algo sobre las ilustraciones? “La ilustración permite explorar aspectos que no se mencionan explícitamente en el texto, creando una especie de eco entre las palabras y las imágenes -asegura Pierre-Emmanuel Lyet-. Lo que me encantó del texto de Morgane fue su poesía y el espacio que dejaba para la interpretación. Eso me dio libertad para desarrollar a los personajes, en particular a esa niña con su disfraz de animal, cuyos peluches cobran vida y se convierten en sus compañeros. Aunque estos elementos no aparecen descritos explícitamente en el texto, la autora hace referencia a amigos imaginarios; así que los imaginé y les di una presencia física. Mi idea era construir, poco a poco, un mundo a su alrededor, explorando esa incertidumbre sobre si lo que ocurre es real o puramente imaginario. Eso es precisamente lo que me resultó tan apasionante”.

¿Qué técnicas has utilizado en este libro? “He ilustrado este libro mediante pintura digital, una técnica que disfruto especialmente porque me permite trabajar con trazos rápidos, audaces e instintivos. Es muy distinta a mi trabajo con lápices de colores, que resulta más lento y minucioso. En ambos casos busco la luz y el color, pero trabajar directamente sobre una tableta gráfica me otorga una gran libertad para crear las atmósferas que imagino. Puedo experimentar, realizar ajustes y volver atrás siempre que lo necesite. Es una técnica que se presta muy bien al trabajo con la luz. La utilizo con frecuencia en mis proyectos cinematográficos —sobre todo en animación— y también he ilustrado varios libros de esta manera. Es un enfoque diferente al de los lápices de colores, pero que disfruto tanto como aquel”.
¿Cómo fue el proceso general de creación del libro? “Fue muy bien, y además bastante rápido -continúa Pierre-Emmanuel Lyet-. Por supuesto, siempre hay que compaginar un libro con otros proyectos, pero mantuve un diálogo excelente con la editorial, y Morgane confió plenamente en mí. Eso me dio libertad para proponer imágenes bastante atrevidas, especialmente para la portada. No tenía ninguna certeza de que aceptarían, pero tanto la editorial como Morgane quedaron encantadas desde el primer momento. Me alegré muchísimo”.

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Tienes algún proyecto nuevo? “Sí, tengo entre manos algunos proyectos maravillosos. En el ámbito editorial, estoy escribiendo e ilustrando el primer libro de una serie sobre un perro mágico, que publicará la editorial Little Urban. Es una historia que me encanta y en la que llevo pensando mucho tiempo. Espero que sea el primero de muchos. Además, estoy creando ilustraciones para Hermès. Es un encargo maravilloso: valoran mucho la artesanía y las imágenes bellas, y trabajar con ellos me resulta muy gratificante”.
“Estos son mis dos proyectos principales en este momento, pero hay muchos otros en camino, incluidos más libros ilustrados y mi primera novela gráfica para adolescentes y adultos. Es un gran desafío y espero poder hacerla realidad pronto. También tengo algunos proyectos de cine de animación en desarrollo, aunque estos siempre llevan más tiempo. Espero poder contarles más al respecto pronto”.
Álbum Ilustrado
Sandra Castaño nos habla de su trabajo en ‘Alas’
¿No te parece extraño darte cuenta, de repente, de que no tienes alas? ¿Qué pasaría si a todo el mundo le saliesen alas? O mejor, ¿y si todas las cosas tuviesen alas? Todo sería tan distinto… Con este planteamiento la Editorial Thule nos presenta ‘Alas’, un álbum ilustrado de Sandra Castaño. Con ella hemos charlado un poquito más en torno a este libro.
¿Cómo nace este proyecto? “El proyecto de “Alas” nace en una clase que impartía Pato Mena. Exactamente a raíz de una maravillosa propuesta, que era nada más y nada menos que crear un álbum ilustrado desde cero. Creé varias propuestas diferentes y terminé por desarrollar “Alas”. El resto de las propuestas las dejé archivadas para otro momento y me enfoqué en la idea elegida para llevarla a cabo de la mejor manera posible”.
¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Los lectores encontrarán una dinámica de causa consecuencia que se resume en unos personajes de granja a los que les salen alas y la manera en la que actúan éstos con esas alas. A lo largo del libro, hay pausas que dan ritmo a la historia, humor, reaparición de personajes… “Alas» es un álbum divertido que contiene ciertos detalles escondidos en las páginas que le añaden coherencia a la historia. Por no hablar de las guardas, las cuales son dignas de analizar”, nos asegura Sandra Castaño.

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Las ilustraciones hablan por sí solas. Son dibujos muy visuales que muestran claramente la acción que está ocurriendo, de hecho, se podría considerar que existe una sinergia entre el texto y la imagen, que hace muy cómoda y dinámica la lectura. Lo característico de estas ilustraciones es la simpleza que muestran y lo bien que funcionan sin necesidad de ser más detalladas”.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Como bien he mencionado anteriormente, el proyecto de “Alas” nació en el aula y en ese momento estábamos trabajando de una manera digital. Por lo tanto, utilicé una técnica digital que trata de simular parches con textura, superponiendo capas una encima de otra y dándoles forma cautelosamente hasta encontrar una armonía general que funcione. La intención de esta técnica era simular el collage y considero que el acabado ha sido todo un acierto, ya que es una técnica que la propia historia pide a gritos”, nos cuenta Sandra Castaño.

Si Sandra tuviera alas… “Si tuviera alas, considero que vería la vida desde arriba, como un personaje secundario que observa y analiza a la protagonista de la historia. Vería todo con más perspectiva, y dejaría caer desde lo alto del cielo todos los miedos y preocupaciones, para así quitarme pesos innecesarios y volar con esas alas a donde quiera que me lleven. También me haría mi propio nido en la copa del árbol más alto de mi pueblo (aunque creo que ya está ocupado por las cigüeñas)”.
¿Qué has aprendido con este proyecto? “Este proyecto me ha enseñado muchísimo. Me ha enseñado que hay que probar maneras diferentes de ilustrar una idea hasta encontrar la más afín, pero, también me ha enseñado a parar de probar cuando te enamoras de una de las ideas, porque ésta ya habla por sí sola -continúa Sandra Castaño-. “Alas” también me ha enseñado a trabajar en equipo con el editor, cosa que me ha encantado y que me ha aportado puntos de vista muy interesantes para enriquecer la historia. El trabajar de esta manera te hace sentir acompañada en todo momento y eso se agradece”.
“No obstante, el mayor aprendizaje ha sido el descubrir que ésta es mi pasión, que me lo paso como una niña pequeña creando álbumes ilustrados y que sé con certeza que “Alas” será el primero de muchos álbumes ilustrados que haré a lo largo de mi vida”.

Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “Ya he comentado anteriormente que la técnica final ha sido digital. Sin embargo, la creación de personajes, pruebas de color y textura, o bocetos relacionados a las imágenes las realicé sobre papel. Primero, dibujé 12 dobles páginas en las que creé una composición que daba ritmo a la historia: en la página derecha el personaje sin alas abajo y el texto arriba; y en la página izquierda el personaje con alas en la parte de arriba y el texto abajo”.

“Una vez elegida esa dinámica, empecé a pensar personajes que podrían funcionar: un perro, una oveja… incluso metí una pelota que con alas se convertiría en una snitch dorada de Harry Potter pero que terminé retirando.Tras elegir los personajes, empecé a bocetar cómo serían. Ésto diría que fue la parte más complicada ya que no quería que fueran muy detallados, pero, a la vez quería movimiento, vivacidad y expresividad. Finalmente opté por la técnica de la superposición de capas y no puedo estar más contenta con la decisión tomada. Cuando todas las páginas, las guardas y la portada/contraportada cogieron forma, hice una maqueta de cómo sería el álbum en conjunto y, es esa la maqueta que mostré y gustó. Antes de publicarlo se realizaron adaptaciones de color, algún cambio de personaje y corrección de texto, para que finalmente naciera Alas”, afirma Sandra Castaño.

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sí, estoy trabajando en la realización de las ilustraciones para un texto de una tercera persona. Es un proyecto que se convertirá en álbum ilustrado, pero de momento no hay editorial de por medio. Además, tengo varias maquetas de álbumes ilustrados que voy realizando en casa y que me gustaría publicar, en especial dos: uno al que he llamado: “La curiosidad sorprendió al gato”, un álbum con poco texto, pero que interactúa mucho con el lector. Por otro lado, “El cartero”, un álbum ilustrado sobre un cartero que se encarga de repartir el correo en el pueblo, y al que de repente, le aparece un misterioso paquete frente a la puerta”.

“Tengo en una libreta apuntadas muchas ideas de álbum ilustrado que quiero desarrollar y eso es algo que me encanta, ya que me mantiene constantemente activa respecto al álbum, haciéndome experimentar, probar, borrar, colorear y sobre todo disfrutar y mejorar, porque vivimos en un constante aprendizaje”.
Álbum Ilustrado
Manuel Marsol reflexiona en torno a ‘El cielo en casa’
Cuando tenía veinte años, Manuel encontró una fotografía en la vieja casa familiar. La fotografía mostraba a un hombre lanzando un penalti. Había también un portero a contrapié y un balón detenido en el aire. Ninguno de los jugadores que aparecían en la foto le resultaba familiar, excepto uno, el que chutaba el balón. Era su padre, que murió cuando Manuel era un niño. ¿Cómo saber entonces si aquel penalti se convirtió en gol? Como un detective que siguiera la estela borrosa de sus propios pasos en la nieve, Manuel Marsol se sirve de unas pocas películas, de una canción legendaria de Gino Paoli y del penalti fallado por Roberto Baggio en la final del Mundial 94 para contestar la pregunta más apremiante que le plantea su corazón de niño: ¿puede el ser querido seguir vivo en el misterio? Editado por Fulgencio Pimentel, hemos charlado un poquito más sobre ‘El cielo en casa’ con Manuel.

En el origen sobre todo, hay una fotografía. Me gustaría que me hablaras un poquito de eso, del origen, del embrión de este proyecto. “Es una fotografía que yo encuentro. Tendría unos 20 años. La encontré en una casa familiar. Había muchas fotos de fútbol de mi padre, que murió cuando yo tenía 11 años. Encontré muchas fotos de él jugando en campos de arena entre los años 60 y 70. Y me quedé atrapado con esta, porque el balón estaba ahí, era un penalti que él lanzaba, y el balón estaba ahí parado a mitad de camino entre la portería y el punto de penalti, y no se sabía si el balón entraba o no. Como él había muerto cuando yo era pequeño, era una metáfora de todos esos misterios, de todas esas cosas que yo no iba a poder preguntar. A partir de ahí, empecé a trabajar en el libro”.

¿Qué se va a encontrar el lector cuando empiece a pasar las páginas de El cielo en casa? “Se va a encontrar una investigación, pero no la que haría un detective, sino más bien una investigación hacia dentro de uno mismo, hacia la memoria. Me di cuenta que tampoco el libro debía ir tanto sobre esa búsqueda, sino sobre todos los recuerdos que yo tenía con mi padre”, nos cuenta Manuel Marsol.
“Es un libro que está enfocado para el público adulto. Es el primer libro que no hago, digamos, para todos los públicos, por el tono, la manera de contarlo. Y es un viaje hacia el interior, hacia recuerdos con él, películas que veíamos juntos… El formato es de álbum ilustrado, pero tiene una longitud más propia de la novela gráfica. Hay mucho más texto de lo que acostumbro en mis libros”.

“Primero, hay una parte en la que imagino cómo fue ese penalti, cómo pudo suceder. Hay otra parte en la que ya cada vez me voy alejando más de ese balón, y ese balón se va convirtiendo casi más en una estrella en el cielo. Y voy mirando más al pasado, a las películas que veíamos juntos, que tienen resonancias con esta historia. Al final es una historia que habla sobre el estar y el no estar, sobre lo que está adentro y lo que está afuera, como un penalti que marca la diferencia… El gol es la vida y el fallo es la muerte. El ser o no ser. En un penalti está recogidas un montón de metáforas”, continúa Manuel Marsol.

“Por ejemplo, una película como ‘Centauros del desierto’, que es una peli que era de sus favoritas y que veíamos juntos, yo la narro desde los ojos del niño. Y hay cierta simbología con el dentro y el fuera. Es una peli que habla del regreso al hogar, de la casa. Se abre con un plano desde dentro de una casa y se cierra igual. Siempre está presente ahí el marco, lo que entra, lo que sale. Es como si en ese balón cupiesen muchísimas asociaciones. Entonces voy tirando de ese hilo, de ese balón, donde cabe todo lo que hacíamos juntos, canciones que escuchábamos…”.

“Y luego ya hay una relación con el famoso penalti de Baggio en el Mundial del 94, que por una casualidad de fechas tiene mucho que ver con mi padre. Desde que se lanzó el penalti hasta que murió mi padre pasó justo un año. A través de ese penalti, que en su momento yo había visto con otros ojos, desde que Baggio nos había eliminado, y le tenía hasta cierta manía, pues de repente ese penalti se fue cambiando a raíz de ese descubrimiento de las fechas y volviéndose también parte de ese balón suspendido en el aire. Todo sirve para hacerme preguntas de todo tipo”, afirma Manuel Marsol.

Manuel, y en cuanto a las ilustraciones, no sé si has trabajado con alguna cosa diferente o más o menos en la línea en la que venías trabajando hasta ahora. “Yo diría que es una línea un poco distinta, digamos más realista de lo que acostumbro. Es una historia que no es como las anteriores, de fantasía y tal, aunque la hay, hay una parte de fantasía, pero esta necesitaba que estuviese pegada a la realidad. Primero por la foto. La foto es una foto real y a la hora de representarla la dificultad era justo esa… Un equilibrio entre esa parte más expresionista mía y un realismo que necesitaba la historia”.
¿Y técnicas, Manuel? “Es pintura sobre papel. No tiene óleo, no hay collage, no hay digital tampoco. Es todo acrílico, acuarela y lápiz sobre papel”, indica Manuel Marsol.

Estoy viendo ahora una de las imágenes que muestra la editorial del libro y que habla del cine. Se ve en la ilustración incluso el logotipo de La 2 de Televisión Española. “Es porque hay muchos recuerdos… Los objetos guardan como una especie de memoria. El niño que yo fui, el adulto que soy ahora, ve esos objetos de la casa familiar y están cargados de muchos recuerdos. Uno de esos objetos que salen en el libro es la cinta del VHS de Centauros del Desierto. A la hora de hacer el libro la llevé a una tienda, la digitalizaron, y me volví a ver Centauros en calidad VHS”.
“De ahí salieron muchos símbolos, lo que te contaba antes del dentro, del fuera. La búsqueda, porque también está buscando a una niña, que la secuestran los indios, y es una búsqueda sin saber muy bien si la niña está viva o muerta. Es un poco como la búsqueda del balón, algo que tú buscas y buscas, pero no sabes si tiene solución”.
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