Entrevistas
Manuel Marsol y el viaje interior de ‘Astro’
Manuel Marsol presenta su obra más íntima y personal hasta la fecha, un viaje al espacio que es un viaje al corazón de la infancia. Con estas palabras la editorial Fulgencio Pimentel nos presenta ‘Astro’, el último trabajo del ilustrador Manuel Marsol, con el que charlamos hace un tiempo sobre este libro.

¿Cómo nace este proyecto? Manuel Marsol: “Viene de lejos,. En realidad hubiera sido mi primer álbum si hubiese sido capaz de acabarlo, porque lo empecé en 2013. Hice unos dibujos en el verano de 2013 sobre un astronauta en un planeta y esas ilustraciones, que eran cinco, tuve la suerte que fueron seleccionadas para el catálogo de la exposición de ilustradores de Bolonia y se expuso en 2014. Algunas de esas ilustraciones están en lo que hoy es el libro pero claro, de 2013 a 2023, pues ha habido muchos momentos de abandono. Estuvo en manos de una editorial extranjera, lo veían bueno, porque es un libro, digamos, muy artístico y arriesgado. Yo soy consciente de eso, y lo veían con difícil encaje comercial. Al final no se atrevieron. Luego estuvo también en 2015, si no me equivoco, en otra editorial de aquí, y le pasó un poco lo mismo, que al final se echaron para atrás por la envergadura, porque es un libro largo. Y yo lo dejé en un cajón”.
“Después tuve la suerte de conocer a los editores de Fulgencio Pimentel, a César en concreto, César Sánchez, que bueno, me editó ‘El tiempo del gigante’ y ya empezamos a tener una colaboración en la que ellos confiaban plenamente en mi trabajo, y me daban esa confianza también para hacer proyectos personales, un poco más al margen de lo que son los cánones de lo comercial. Aunque bueno, se han vendido bien en España la verdad. Él en un momento dado conoció este proyecto y le gustó desde el primer momento y él me intentaba convencer para que lo retomase, pero yo estaba con otras cosas, estaba con ‘Yokai’, con ‘Duelo al Sol’, un montón de cosas. Y ya en 2019 César me convence, y entre finales de 2019 y la época de la pandemia trabajé mucho otra vez en ‘Astro’, aunque también se volvió a quedar en cajón a finales de 2020”.
“Lo dejamos reposar hasta que César me dijo: “Manu, esto tiene que salir”. Ambos lo vimos con nuevos ojos y la verdad que encontramos la solución. Fue todo súper rápido en el fondo. Ha sido un proceso largo, que ha llevado su maduración, pero bueno, al final hemos quedado contentos que era lo importante”, asegura Manuel Marsol.

¿Qué se va a encontrar la gente cuando abra las páginas de Astro? “Bueno, los que me conozcan van a encontrar que existe un universo mío como autor, que es algo que a mí me ha interesado trabajar. Digamos que parte de ahí, creo que hay unos lugares comunes en todos mis álbumes, por ejemplo el interés por hablar sobre lo que es el tiempo, la percepción del tiempo, cómo pasa el tiempo por nosotros y en Astro eso está. También está el viaje, también está el paisaje, la importancia del paisaje como personaje, la idea de descubrir un mundo y las preguntas metafísicas”.
“Luego por otro lado más plástico, yo quise hacer algo experimental desde el primer momento pensando en que iba a concursar en la Feria de Bolonia y que ahí se premiaban ilustraciones pues que aportasen cosas nuevas. Yo creo que desde el primer momento la estética era bastante radical, con un paisaje casi abstracto y con muchos huecos, con muchos lugares para curiosear, para encontrar secretos. Y luego se va a encontrar un astronauta que en realidad se comporta como un niño, es un niño jugando en un planeta, que va a hacer un amigo, y que esa amistad pues va a tener una trascendencia, y va a tener una serie de complicaciones, y va a ser un viaje espero que transformador, con mucha poesía y con mucho amor, la verdad”.

“Es un viaje irregular -continúa Manuel Marsol-, porque hay ilustraciones de 2013, y otras del verano de 2023, y otras muchas de 2020. Pero creo que esa irregularidad, espero y confío, que esté compensada con mucha emoción y con mucha verdad. La verdad es que sí que me está escribiendo, libreros, mediadores y también lectores que se emocionan, porque es un libro donde hay mucho sentimiento puesto, y hay gente que lo ha leído con las lágrimas en los ojos, y eso es lo más bonito”.

Hablas de sentimiento y, por ejemplo, cuando abres la página de Fulgencio Pimentel y habla un poco de este trabajo, dice que es tu obra más íntima y más personal, ¿qué hay de Manuel en este álbum? “Bueno pues el libro está dedicado a mi padre, que falleció cuando yo tenía 11 años y también está dedicado a su amigo el pintor Paco López Soldado, pintor abstracto que sigue siendo amigo nuestro de la familia. Cuando yo dejé la publicidad, antes de irme a estudiar el posgrado de ilustración, estuve pintando en su taller. Sus cuadros yo siempre los vi, siempre estuve rodeado de ellos, como yo digo, rodeado de ese universo suyo, y cuando estuve pintando con él, pues me enseñó una serie de técnicas -afirma Manuel Marsol-. Por ejemplo mezclar el óleo con el acrílico, que son dos medios distintos y no se mezclan bien, y entonces generan una serie de accidentes, texturas,… Entonces ese universo donde el niño está jugando, digamos que sale un poco de este amigo de mi padre, de Paco López Soldado, era un universo que yo tenía arraigado desde la primera infancia. En mi casa había muchos cuadros suyos, íbamos mucho a su casa, y partiendo de eso, que ya es bastante personal, más allá de descubrir un mundo como me descubrió mi padre a mí, pues sí que toca el tema de la muerte en concreto y cómo se afronta el duelo, el dolor, y cómo se intenta uno sobreponer pues a base de estar rodeado del amor y de los misterios, el misterio de la vida, de qué hacemos aquí, por qué existimos, por qué hay algo en vez de nada, y sí que es una alegoría. Pero como bien dice en la nota de prensa, el pozo no es para nada dramático, puede hacer llorar, pero la idea es que sea luminoso, que al final lo que queda es una sensación de agradecimiento por estar vivos, y por tener la suerte de existir en realidad en este universo tan vasto y tan oscuro, esa es un poco la intención”.

Has hablado antes de irregularidad, porque había ilustraciones más antiguas, más recientes, háblanos un poco de la técnica o las técnicas con las que has trabajado en este libro. “Yo empecé como decía antes intentando sorprenderme con las ilustraciones. Probaba con estas técnicas de las que hablaba de Paco López Soldado, que me han enseñado pues a utilizar manchas para crear paisajes, jugar con el accidente”.
Por otro lado, y también viene de mi padre y del propio López Soldado, que ellos cogían todo tipo de cosas de la basura, en mi casa siempre había trastos y cosas que luego ellos modificaban o pintaban, y yo tengo también ese vicio. Me acuerdo que en esa época di con una una revista antigua de los años 70 o así, que se llamaba ‘El arte de tejer’, de costura, y y empecé a hacer collage con eso mezclando mis dibujos con recortes. Hice unos dibujos que partían de recortes de esa revista, utilizando jerséis, grises del blanco y negro de la revista, que luego parecían rocas, formaciones rocosas, y entonces el universo de astro pues aparece un poco de ahí, de ir pegando esas texturas. De repente recortar un círculo de un jersei, que es un plano tan detalle que uno no tiene la conciencia de estar viendo algo figurativo, y de repente es un planeta. Y luego la parte figurativa son los seres vivos, que son una especie de alienígenas extraños entre orgánicos y minerales, porque es un planeta donde todo está mezclado”, asegura Manuel Marsol.

“Hay una mezcla de técnicas, hay pintura plástica, hay gouache, hay tinta china, hay óleo, hay acrílico, collage. Como siempre digo, todo lo que hay encima de la mesa o por el estudio, pues al final lo voy poniendo, y yo creo que toda esa parte accidental y toda esa parte un poco experimental, pues jugó a mi favor, y por ahí fue que lo seleccionaron en la Feria de Bolonia y que gustó, que sorprendió esa estética, pero también la extrañeza de una historia en el espacio con tanto color blanco, porque normalmente uno espera unos fondos muchísimo más desde oscuros a coloridos, pero esa idea del planteamiento de utilizar tanto la página en blanco, creo que también tiene su gracia y sitúa el espacio en un lugar entre lo físico y lo espiritual. Es un paisaje que es un planeta, pero también es un paisaje de la memoria es como un recuerdo, y yo creo que hay elementos y detalles que acentúan esa idea. Estamos en el terreno de la memoria de la infancia de un planeta onírico y eso, la atmósfera, siempre ha sido muy importante en mi trabajo y creo que este álbum pues también ya desde el principio estaba ahí”.
Álbum Ilustrado
Josefina Tai y Larisa Cumin nos abren ‘Las Puertas’
¿Qué puede descubrir una niña curiosa del otro lado de las puertas de su nueva casa? ‘Las puertas’ nos muestra los hilos invisibles de todas las cosas que echan raíz: un trabajo, un hogar, una familia. Cada puerta es una invitación a la aventura, pues nunca sabemos qué nos aguarda del otro lado. Editado por Limonero, es un trabajo de Larisa Cumin y Josefina Tai. Con ellas hemos charlado un poquito más sobre este libro.
¿Dónde está el origen de este proyecto? Larisa Cumin: “Si tiene un origen, está en la infancia. En una voz que de chica fui inventando en el patio de mi casa bajo un árbol que no era nuestro, pero que nos daba sombra y flores y hojas. Y en el recuerdo que ahora puedo tener de lo que esa nena que alguna vez fui pensaba, decía, imaginaba. Con esa voz y con dos recuerdos atados a una misma puerta -quizás de los recuerdos más viejos que tengo- es que armé un poema largo. Ese poema le llegó a Jose a través de la editorial Limonero y ella lo ilustró maravillosamente”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? Josefina Tai: “Los lectores encontrarán un libro nostálgico de una memoria cuidada, tanto por la escritora como por la ilustradora. De mi parte, indagué sobre la infancia de Larisa y de mi entorno, hurgando entre fotos y recuerdos, para crear el escenario un tanto ficticio de la protagonista”.
Larisa Cumin: “Para mí los lectores se van a encontrar con un libro que puede resonar tanto en adultxs como en niñxs. Se trata de un mundo imaginado que puede parecerse al de ellos, como no. Y posiblemente se encuentren con esas preguntas y silencios que a veces nos hacen la poesía”.
¿Qué son para cada una de vosotras las puertas? Larisa: “Para mí las puertas pueden ser múltiples cosas: inicios, posibilidades,salidas, fines, conexiones, encuentros… El poema juega con eso todo el tiempo, porque la nena que es la voz del poema mientras experimenta cambios va reflexionando mucho. En un momento dice por ejemplo:
“Las puertas como las monedas tienen dos caras
una para entrar, otra para salir.
Son caras que cambian dependiendo de si se quiera
entrar o salir al mundo; entrar o salir de una casa.”
Y los dibujos de Jose le siguen ese juego por caminos más oníricos”.

Josefina Tai: “Creo que conecté mucho con el poema desde el principio, justamente por el juego con las puertas; me da múltiples posibilidades para pensar en lo que puedo dibujar, lo que hay detrás de la puerta, lo que vaya a pasar una vez que la puerta se abra. Y este juego onírico creo que es algo bastante característico de mi trabajo”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… Josefina Tai: “Como mencioné antes, el trabajo previo a lanzarse a ilustrar fue la conversación con Larisa. Conocernos y escuchar de dónde viene ella y de dónde vienen sus palabras, investigar sobre los objetos que guarda en su memoria. Este fue un proceso clave para mi trabajo como ilustradora: poder visualizar el origen de la niña del libro y, a partir de ahí, empezar a construir aquella casa llena de puertas con los elementos que recolecté”.
Larisa: “En este sentido que nombra Jose, hay algo del libro que tiene que ver con lo recordado, con “volver a pasar por el corazón” algunas vivencias y volverlas vívidas al narrarlas e ilustrarlas. Conversamos mucho, pero no respecto a cómo o qué tenía que ilustrar Jose, sino que hablamos de nuestras infancias, de objetos que rodearon ese tiempo. La historia del poema sucede en una casa que se va construyendo de a poco a las afueras de una ciudad del interior de Argentina en los 90, es decir en un contexto donde se cruza lo urbano y lo rural. Entonces hay objetos muy ligados a lo analógico, ciertos colores, texturas particulares (algo de esos tonos lavados de las fotos de rollo de esa época), una vegetación particular, una dimensión del espacio que está marcado por eso”.

¿Cuál ha sido vuestro mayor descubrimiento tras todo ese proceso? Josefina Tai: “Lo que más aprendí en el proceso de ilustrar este libro fue a observar y a tener paciencia, tanto conmigo como con mis dibujos. En general, cuando tengo una idea, me apuro mucho a realizarla y no suelo hacer muchos bocetos. Sin embargo, para este libro, el proceso de los bocetos fue más largo, ya que no dependía solo de mi visión, lo cual, para mi sorpresa, me gustó muchísimo. Tuve que hurgar mucho más a fondo en mí para encontrar la imagen perfecta, aprendí que no hacía falta apurarme y quedarme con la primera idea, que a veces puede estar bien. También en el libro ilustro muchos objetos, cosas de la casa, y para esto, tuve que sentarme a mirar los objetos que me rodeaban, observar cómo son sus texturas, cómo se ven las marcas del tiempo en ellos, para que la imagen que yo ilustrara fuese rica visualmente. Así aprendí a detenerme, tanto en la vida real como en mi trabajo”.
Larisa: “Para mí fue maravilloso encontrarme con las imágenes que Jose trajo al poema. Es la primera vez que escribo y otro lo ilustra, hasta ahora había publicado libros para adultos sin ilustración, entonces ver el poema hecho libro me produjo un placer parecido a abrir un libro álbum por primera vez pero con la salvedad de que acá esas palabras las había puesto yo. También nos viene sorprendiendo el recorrido que el libro fue haciendo… a quiénes fue llegando, qué cosas cuentan los lectores que les produce. Y entre esas cosas maravillosas fue seleccionado entre los 100 Outstanding Picturebooks 2026 de D-pictus y hace poco las ilustraciones de Jose fueron elegidas para conformar el Catálogo Iberoamericano de Ilustración de publicaciones infantiles y juveniles de Iberoamérica Ilustra”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? Josefina Tai: “Creo que en general mis ilustraciones suelen ser silenciosas. Me gustan los trabajos que me hagan suspirar por su belleza y sentir que todo el resto se apaga, y eso intento hacer con mis imágenes. Sé que son íntimas, porque intento buscar las imágenes a través de mi cuerpo y de lo que yo experimento con cierto sentimiento, para traducirlo a una imagen. Y creo que justo hace una buena dupla con el poema porque es igual de sensible e íntimo. Lo diferente a lo que vengo haciendo siempre es esto de haberle dedicado tanto tiempo, fueron como 8 meses de estar inmersa en este proyecto”.

¿Con qué técnicas trabajaste? Josefina Tai: “Trabajo digitalmente con Photoshop, desde la pantalla de la compu y usando una tableta pequeña de wacom. Uso casi siempre los mismos pinceles: uno de acuarela y otro de lápiz, así que un poco sigue siendo analógico ese proceso de trabajar en capas y generar texturas. También aprendí a ser más organizada con mi espacio de trabajo de Photoshop, porque son más de 100 capas y por momentos se me hacía difícil encontrar las cosas”.

Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. Josefina Tai: “Al principio me costó mucho encontrarle la voz de la imagen al libro, hasta que hice el boceto de la primera doble del libro, que es una niña asomándose, pero solo se ve su sombra. Un poco porque ilustrar personajes no es mi fuerte y otro poco para generar misterio. Cuando vi ese boceto, me di cuenta de que la poesía de las ilustraciones de este libro se va a trabajar a partir de las sombras (contar algo sin contarlo todo). Por lo que a lo largo de todo el libro, me enfoqué en encontrar las diferentes sombras posibles de una casa. Excepto la parte en donde todo el libro se apaga y, en vez de dibujar las sombras, dibujo las luces y creo que ahí se genera un juego interesante”.
“El libro está dividido en 4 partes, y lo mismo hice con las ilustraciones. Arranqué con esa paleta tierra que menciona Lari, por las baldosas terracota del piso que encontré en algún lugar; son baldosas que creo que ya no se usan y los colores funcionan perfectamente para hablar de un recuerdo, de algo que ya pasó. En la segunda parte, cuando la niña se muda a un lugar con patio, todo se vuelve vibrante y brillante, virando a los colores saturados. En la tercera es cuando todo se apaga, el rojo/rosado se entristece y vira a los violetas. Y por último, vuelve la luz y todo vuelve a ser brillante”.

¿En qué trabajáis ahora? ¿Algún proyecto nuevo? Larisa y Josefina: “Ahora estamos probando el camino inverso, que Jose ilustre y luego Larisa escriba. Este nuevo proyecto por ahora parece una continuación del anterior aunque se separa y prueba algo nuevo. Hay dos niñas y hay ventanas. No podemos contar mucho más”.
Álbum Ilustrado
Richolly Rosazza nos habla del trabajo tras ‘Tornare’
Cuando el invierno llama a las puertas de la ciudad, decide marcharse a un lugar donde aún es verano. Al regresar a casa, una sensación de inquietud la llevará a emprender nuevos viajes, en un intento por llenar el vacío que se ha instalado en sus pensamientos. Así comienza un viaje interior a través de las estaciones, entre partidas y regresos. Un relato poético de crecimiento interior, viajes y el descubrimiento de lo que verdaderamente importa. Así nos presenta Kite Edizioni ‘Tornare’, un álbum ilustrado de Nadia Al Omari y Richolly Rosazza. Con éste último hemos charlado un poquito más sobre este proyecto.
¿Cómo llega a tus manos este proyecto? “Tornare es un proyecto que nace inspirado en uno de mis cuadros y en la idea de trabajar sobre las estaciones. Después, Nadia me entregó el texto y empezamos a trabajar juntos sobre la idea general del proyecto”.

¿Qué es lo que más te gustó de este proyecto? ¿Qué te pareció la historia de Nadia la primera vez que la leíste? “Del proyecto me gustó mucho la idea del viaje y, sobre todo, que el lugar al que llega la protagonista es un lugar que Nadia y yo conocemos bien. Además de realizar nuestros proyectos juntos, somos pareja y estamos casados, así que es un lugar que forma parte de nuestra vida. Busqué representar, de alguna manera, ese lugar y llevarlo al mundo de la historia. La historia me gustó mucho desde el principio, pero, trabajando juntos en nuestros proyectos, sé que puede evolucionar un poco durante el proceso. Me gusta esa posibilidad de ir descubriendo cosas nuevas mientras trabajamos”, asegura Richolly Rosazza.
¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Los lectores encontrarán una historia introspectiva y poética, en la que podrán reconocerse, al menos en parte. Tornare habla de viajes, partidas y regresos, pero sobre todo de ese viaje interior que todos emprendemos en algún momento para intentar comprendernos y encontrar aquello que realmente importa. Una historia sobre el crecimiento, las relaciones y la búsqueda de un lugar al que, más que volver, sentir que pertenecemos”.

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Busco crear en mis libros un escenario poético y onírico, donde lo cotidiano pueda convivir con lo fantástico. Me gusta crear imágenes que no lo explican todo, que dejan espacio a la imaginación y a la interpretación de cada lector -continúa Richolly Rosazza-. La naturaleza, las estaciones y los paisajes tienen un papel importante, porque acompañan y reflejan el mundo interior de los personajes. Intento que cada ilustración transmita una sensación o una emoción, más que simplemente representar lo que ocurre en la historia”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Para este libro utilicé acrílico y óleo sobre lienzo. Es una técnica que amo y que, hasta ese momento, había utilizado solo para mis cuadros. Sentía que Tornare necesitaba algo diferente, una técnica con presencia, que pudiera acompañar su parte más poética y emocional. Trabajar directamente sobre lienzo también me permitió disfrutar mucho de la materia y de la textura de la pintura”.
Háblanos un poco de ese recurso de la hoja a través de la que solo vemos el ojo o los ojos de los personajes… “Me gusta la idea de que la naturaleza forme parte de mis personajes, casi como una manera de fusionarlos con el entorno. La hoja funciona como una especie de máscara, con dos aberturas que son como ventanas o puertas: permiten al espectador acercarse y sentir curiosidad, pero también marcan un límite. Podemos ver los ojos del personaje, podemos intuir lo que siente, pero no podemos entrar en sus pensamientos sin su consentimiento”, afirma Richolly Rosazza.
“La idea nació de un cuadro que pinté durante el lockdown, cuando buscaba trabajar sobre algo enigmático y misterioso. Después sentí que este recurso podía encajar muy bien en Tornare, porque me permitía reforzar ese mundo onírico y dejar que algunas cosas permanecieran ocultas”.

¿Qué has aprendido con este proyecto? “He aprendido que limitarme pensando que una determinada técnica es adecuada para mis proyectos de ilustración puede ser un error. A veces salir de nuestra zona de confort y experimentar nos puede llevar a resultados inesperados y sorprendentes. Tornare me enseñó precisamente eso”.
Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “En general, para todos los proyectos que he realizado junto a Nadia, el proceso es casi siempre el mismo. Ella escribe el libro, a veces inspirándose en uno de mis personajes o, como en este caso, en uno de mis cuadros. Después me entrega el texto, hacemos juntos la división en páginas y preparo un storyboard. Diría que esta es la parte más difícil del proceso, porque es cuando tengo que encontrar el ritmo de la historia y decidir cómo se desarrolla visualmente página a página”, nos cuenta Richolly Rosazza.
“Una vez que tengo el storyboard aprobado, paso a realizar las ilustraciones definitivas. En esta fase me doy la libertad de añadir pequeños detalles o hacer algunos cambios que no comprometan la esencia del proyecto, pero que pueden enriquecer las imágenes y aportar algo más a la historia”.

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy evaluando algunas historias sobre las que me gustaría trabajar. Ya tengo algunas propuestas y estoy viendo cuáles pueden convertirse en mis próximos proyectos. Por ahora estoy en una fase de evaluación y de búsqueda, intentando encontrar aquellas historias que realmente me despierten algo y que me den ganas de trabajar visualmente sobre ellas”.
Álbum Ilustrado
Raquel Catalina nos presenta a ‘Nina y Tita’
Nina y Tita son dos abuelas muy distintas a las que aparecen en los cuentos. No caminan con bastón ni se quedan en casa tejiendo: una siempre anda deprisa; hace dieta y va a la piscina; la otra se mueve en bicicleta; cocina a la parrilla y practica yoga. ¿Será entonces que los libros están equivocados? Todo se desvelará en la próxima reunión familiar. Con estas palabras la editorial Kalandraka nos presenta ‘Nina y Tita’, un álbum ilustrado de Beatriz García-Huidobro y Raquel Catalina. Con ésta última hemos hablado un poquito más sobre su trabajo en este libro.
¿Dónde está el embrión de este libro? “Curiosamente Manuela Rodríguez, editora de Kalandraka, me propuso este libro antes de presentarme con Arianna Squiloni al Premio Internacional Compostela. Y como al final ‘Grande y pequeña’ ganó, hubo que aplazarlo un tiempo. Así que cuando empezamos con el libro, había tenido ya la oportunidad de trabajar con Manuela y de conocernos”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Hay varias lecturas, pero a mí me gusta mucho la que habla de modelos y de generaciones distintas. La niña protagonista es aún una “página en blanco” y su familia, las mujeres que la preceden, son un espejo en el que mirarse y además, van llenando su vida de experiencias, de recuerdos. A la mesa de cumpleaños se sientan cuatro generaciones y creo que es inevitable pensar los cambios enormes que ha habido de unas a otras”, asegura Raquel Catalina.
¿Qué te pareció la historia de Beatriz la primera vez que la leíste? ¿Has tenido referentes para crear estos personajes? “Cuando leí el texto de Beatriz, la primera imagen que me vino a la cabeza fueron mis compañeras de gimnasio. Hago deporte por las mañanas y hay un grupo de amigas mayores que son tremendamente constantes y, sobre todo, ¡muy disfrutonas! Su mañana de gimnasio termina en la cafetería, con el almuerzo, las risas y las bromas”.
“Me da siempre la sensación de que son mujeres que han conquistado un espacio nuevo, que su manera de habitarlo es una celebración constante. Por eso disfruto con ellas, las observo mucho. En el libro es una niña la que habla de sus abuelas y de sus bisabuelas, no me parece casual que el texto hable de mujeres y que sea para describir una ruptura de roles, una ampliación de posibilidades, de cómo se ha desmontado un estereotipo. ¡Y luego además me di cuenta de que abuela podría ser yo misma! Es muy agradable pensar que no hay nada escrito sobre cómo debe de ser una abuela”, nos cuenta Raquel Catalina.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Tiendo a observar mucho a la gente, y sí, suelo llevar algún cuaderno para dibujar. En este caso, las bisabuelas son más cercanas al imaginario de los cuentos. Sus proporciones y su tamaño están estilizados. Las abuelas, en cambio, son más realistas. En mi cabeza tenía referencias de mujeres que conozco para Nina y Tita, no solo físicamente, sino también en su espíritu, en su manera de estar, en el tipo de energía que transmiten. Mis referencias, no obstante, son un punto de partida, una orientación, el personaje termina de tomar cuerpo en el papel, a base de pruebas”.
¿Qué dirías que has aprendido con este proyecto? “Aprendo mucho trabajando con Manuela, la editora. Y eso que empezamos teniendo ideas distintas sobre algunos puntos, pero creo que ella me hizo algunas concesiones, y yo, desde luego, aprendo mucho de su mirada”, confiesa Raquel Catalina.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Desde un principio Nina y Tita se iba a incluir también en la colección de Minilibros Imperdibles, que miden 7 cm. Ese condicionante técnico fue muy interesante, tuve que trabajar todo el tiempo pensando en simplificar los dibujos y hacerlos legibles a ese tamaño. Me gusta mucho esa colección, me parece una idea preciosa. Son perfectos para llevarlos de viaje, en el bolso, son una alternativa maravillosa para esos momentos en que muchos padres recurren al móvil para entretener a sus hijos”.
No es la primera vez que dibujas un personaje con el pelo blanco… “La verdad es que después de mi primer libro con un personaje de un abuelo, “A manta do José”, me han ofrecido muchísimos libros con abuelos y abuelas, muchos más de los que he hecho en realidad. Creo que tiene que ver precisamente con que no suelo dibujar el estereotipo de abuelo o abuela”, afirma Raquel Catalina.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Hice una base de lápiz y grafito y luego lo coloreé digitalmente. La verdad es que no es mi manera habitual de trabajar”.
Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. “Bueno, una parte interesante para mi era que, en esa cantinela que compara las abuelas de los libros con las abuelas de la protagonista, la parte que muestra a Nina y Tita estaba bastante clara, pero como contar la otra parte no. Ahí se me ocurrió que fuesen preparando la fiesta de la tarde, y ella anda por aquí y por allá con su libro, que además un libro concreto Caperucita roja, y me gusta mucho reflejar ese deambular infantil, sin hacer nada y haciendo de todo. Ese es el tiempo que les roban muchas veces las pantallas”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sí, tengo por delante tres proyectos de esos que ilusionan y con gente con las que es maravilloso trabajar, mentes deslumbrantes. Pero es pronto para contar…”.
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