Entrevistas
La ‘Carmen’ de Concha Pasamar y Margarita del Mazo
Tengo nueve años, un balón del que no me separo jamás y un amigo que es cabo del Regimiento de Dragones de Alcalá. En mi ciudad vive la mujer más guapa que conozco: Carmen. Todos la quieren, también mi amigo don José, pero ella prefiere volar. Mi vecina Carmen trabaja en la fábrica de cigarros de mi ciudad. Es una mujer tan deslumbrante que, cuando suena la sirena indicando el fin de la jornada, la plaza se llena de admiradores. Sin embargo, Carmen es un espíritu libre, y siempre repite: “El amor es un pájaro rebelde que nadie puede domesticar, y llamarlo es en vano, si él prefiere rehusar”.
El clásico de Mérimée que Bizet trajo a la ópera se presenta aquí en una nueva versión, inspirada en la coreografía de Johan Inger para la Compañía Nacional de Danza. Esta ‘Carmen’ de Margarita del Mazo, Concha Pasamar y la editorial Cuento de Luz, es una historia que acerca a los más pequeños al mundo de la ópera y la danza y nos invita a reflexionar sobre la verdadera naturaleza del amor. Margarita y Concha nos cuentan muchos más detalles de lo que hay detrás de este proyecto.

¿Cómo nace este proyecto? Margarita del Mazo: “El proyecto nace del afán de la Compañía Nacional de Danza, que dirige Joaquín de Luz, por acercar su trabajo a niños y jóvenes. Es la propia CND la que le encarga a Ana Eulate, editora de Cuento de Luz, un álbum ilustrado para apoyar ese fin. Se trataba de hacer un libro inspirado en la coreografía que Johan Inger había creado para la Compañía. Ana pensó en Concha y en mí para realizar ese trabajo. Me emocionó enormemente que depositara su confianza en mi manera de contar historias. Cuando me llamó con la propuesta, daba botes de contenta al otro lado del teléfono. El proyecto era precioso, esa ópera es una de mis favoritas, me fascina la danza y admiro la labor de nuestra Compañía Nacional. Inmediatamente dije que sí. No lo dudé ni un segundo. Aunque también reconozco que, después de colgar el teléfono, entré en pánico. Soy muy exigente con mi trabajo y el reto era mayúsculo. ¿Sería capaz de contar la historia de Carmen con la verdad con la que a mí me gusta contar las historias? ¿Sería capaz de contar esa historia alejándome de todas las historias que se han escrito sobre esa historia? Me sentí feliz y muerta de miedo al mismo tiempo. Hoy, después de ver el resultado, no puedo dejar de agradecer aquella llamada”.
Concha Pasamar: “Ana Eulate, la editora de Cuento de Luz, me llamó para hacerme la propuesta. Habían contactado con ella desde la Compañía Nacional de Danza, que bajo la dirección de Joaquín de Luz desarrolla un interesante proyecto educativo con distintas vertientes. Querían realizar un álbum a partir de su coreografía y montaje de Carmen, y Ana pensó enseguida que Margarita y yo podríamos hacer un buen tándem. Los plazos eran algo ajustados para mí y, aunque me parecía un proyecto fascinante, de los que no se pueden rechazar, le pedí unas horas para decidirme, porque temía no llegar a tiempo con todos los asuntos que me esperaban ese verano. Al comentarlo en casa me dijeron que no me lo pensara, porque quien me conoce sabe que confluyen ahí muchos de mis gustos (la danza y también la música) y que lo iba a disfrutar. En definitiva, que no tardé más que un rato en aceptar”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? Margarita del Mazo: “Una montaña rusa de emociones. Un regalo para los sentidos que se presenta sobre unas páginas con tacto de seda debido a ese papel de piedra que utiliza Cuento de Luz para sus libros. Un trabajo impecable de edición. La elegancia de las ilustraciones de Concha Pasamar. Y la voz de un niño que, sin pretenderlo y como mero espectador, nos cuenta la historia. Los lectores encontrarán una Carmen totalmente diferente. Aquí no hay juicios. La frescura de esa mirada infantil, aún sin contaminar, nos sacará la sonrisa, la lágrima y alguna que otra carcajada, nos hará enfadar con cada uno de los personajes y también a empatizar con ellos. Y todo eso puede suceder en una sola de sus páginas. Su lectura no va a dejar indiferente a ningún lector”.
Cuéntanos algo del proceso de elaboración de este libro. ¿Cómo ha sido el trabajo con Concha? Margarita del Mazo: “El proceso, en sus comienzos, no fue fácil, todo lo contrario que trabajar con Concha. La propuesta llegó a mi vida en un momento personal un tanto complejo. Desde que supe de ella, se instaló en mi cabeza. El tiempo que nos marcaron para acabar el encargo era escaso y eso lo complicaba aún más. En mi caso, el proceso creativo nace con la invitación que nos hizo la CND para ver su último ensayo en Madrid antes de salir de gira con Carmen. El cuerpo de baile estaba apenas a dos metros de distancia, su sentir se convirtió en el nuestro. He vivido pocos momentos tan emocionantes. Después, tuve la suerte de asistir a su función en Sevilla como una espectadora más. Esa Carmen me enganchó. No sé cuántas veces pude ver la grabación que nos facilitó la CND de una de sus muchas representaciones. Kayoko Everheart, en el papel de Carmen, y Dean Vervoort, en el papel de Don José y su desgarradora historia hicieron que no pudiese resistirme a verla sin parar. Se volvió adictivo. Con cada visionado descubría detalles que no había visto en el anterior. Leí todo lo que encontré sobre la novela de Mérimée y sobre la ópera de Bizet. Pude ver varias entrevistas de Johan Inger. Supe de su forma de interpretar aquella ópera. Descubrí lo que cada uno de ellos quiso contar. Investigando sobre la ópera, tropecé con detalles que me permitieron jugar con las palabras y palabras que ofrecían metáforas visuales que daban mucho juego”.
“Empecé a escribir -continúa Margarita del Mazo-. Después de varias páginas tiradas a la papelera (mis cuentos siempre nacen sobre papel), encontré lo que quería contar y cómo quería contarlo. Como dicen los cantaores de flamenco, cuando el duende llega, todo fluye. Eso fue lo que ocurrió: en plena ola de calor madrileña, con varios ventiladores alrededor y el brazo derecho recién escayolado, no podía parar de escribir, bueno, de dictarle al ordenador, que soy diestra. Puede decirse, literalmente, que parí ese texto con sudor y lágrimas”.
“Aquella noche de agosto, no pude dormir hasta ver acabado el primer manuscrito. Ya era de día. Había nacido Carmen. Igual que un recién nacido, necesitaba de cuidados y amor para crecer y yo no estaba sola. Allí estaban mis compañeras de viaje. Lo hablábamos todo, comentábamos todo, llovían ideas, se compartían dudas, se consensuaban decisiones. Siempre buscando, hasta encontrar aquello que hiciera brillar a nuestra Carmen. Si lo hemos conseguido, ha sido entre las tres. Cada descubrimiento lo comentaba con Ana y Concha, un trabajo a tres bandas. Lo que no veía una, lo veía otra. Trabajar con Concha ha sido un lujo y le agradezco enormemente cada paso del camino. Fue un proceso agotador, pero no pudo ser más gratificante”.

Concha Pasamar: “En el proceso Margarita y yo nos comunicamos muchísimo, también con la editorial. Curiosamente, las dos acabábamos de hacer un curso de álbum en línea con Marián Lario, donde ella había ejemplificado una cuestión con dos modos de hacer o dos estilos: echao palante (a lo Margarita del Mazo) y tímido (a lo Concha Pasamar). Ahí nos habíamos “conocido”, así que Ana Eulate, sin saberlo, propició una casualidad no casual de esas, al reunirnos al cabo de un mes en un proyecto tan especial. La editora nos concedió total libertad, pero siguió muy de cerca todo el trabajo, dando el visto bueno a las decisiones que íbamos tomando sobre texto e imagen, algunas de ellas de manera consensuada. Fue muy enriquecedor compartir el trabajo, hacer y recibir sugerencias, y hablar detenidamente sobre lo que teníamos entre manos. Este proyecto tenía también la particularidad de que abordaba un clásico muy conocido, pero muy sesgado también culturalmente, que sería traducido y recibido por un público amplio, y se trataba de intentar seguir la línea marcada por la CND: deslocalización, universalidad, actualización, pese a algunas concreciones y detalles imprescindibles”.
¿Cómo ha sido el trabajo de documentación / investigación para este libro? ¿Qué papel ha jugado en el proyecto la Compañía Nacional de Danza? Concha Pasamar: “En relación con la investigación, puede decirse que había una parte básica de documentación que estaba ya hecha: conocía la novela de Mérimée –mucha gente desconoce que Carmen y don José son precisamente navarros-, la ópera de Bizet y varias coreografías, montajes y adaptaciones al cine; incluso uno de mis hijos había formado parte del coro infantil en una puesta en escena de la ópera, pero me faltaba lo esencial: conocer la visión de esta historia en la coreografía de Johan Inger. La CND no solo nos facilitó la asistencia a un pase en la propia sede de la compañía, que fue emocionantísimo, sino que puso a nuestra disposición la grabación de la representación en La Rochelle (2017), con Kayoko Everheart y Daan Vervoort en los principales papeles. Así tuve ocasión de visionar con detenimiento este montaje que incorpora la figura de un niño unas veces como testigo, otras como deseo de futuro (queda ambiguo en el ballet). Volver una y otra vez sobre las escenas facilitó muchísimo el trabajo: permite varias relecturas, prestar atención al detalle y atender a los distintos aspectos: desde la iluminación o la escenografía a los detalles de la interpretación. Las responsables de comunicación de la Compañía, al igual que Cuento de Luz, favorecieron un trabajo libre por nuestra parte, y para mí fue de gran ayuda para tomar ciertas decisiones iniciales que les gustara la línea en que había hecho los primeros apuntes y pruebas cuando acudimos al primer pase. Eso ya me aseguraba un punto de partida en los materiales, el trazo o los fondos, porque lo que sí estaba claro para mí es que el álbum debía reflejar el montaje y atraer al mundo de la danza a los lectores de cualquier edad. La CDN, además, organizó una lectura/presentación con carácter inclusivo, pues la oralización de Margarita contó con intérpretes de signos, y se realizaron copias en braille del texto y algunas ilustraciones, gracias al trabajo de Xisca Rigo, con quien también pude hablar en el proceso de adaptación, algo nuevo para mí, e interesantísimo”.

Háblanos un poco de tus ilustraciones para este proyecto. ¿Con qué técnicas trabajaste? Concha Pasamar: “Me pareció que el personaje, la historia y la danza me pedían un trazo espontáneo, así que recurrí a los materiales que propician que trabaje de una manera suelta. También tomé la decisión de abstraer la mayor parte de los fondos, especialmente en aquellas escenas que remiten al montaje, porque quería, como he dicho, mantenerme fiel al trabajo de la CND y la escenografía es muy sobria, con unos prismas que juegan con las luces y las sombras”.

“Sin embargo, para quien no conociera bien el relato y para complementar las indicaciones del texto sobre los escenarios, decidí trazar a línea, de manera esquemática, algunos elementos que remitieran a esos lugares concretos: el barrio, la fábrica, la plaza, la taberna… Como digo, de un modo muy esquemático, un poco al modo en que el vestuario de David Delfín se inspira en los 60 pero resulta atemporal. El relato del amor posesivo que culmina en tragedia, por desgracia, se da en todo tiempo y lugar y también debe poder interpretarse así, algo más lejos de los estereotipos –también lícitos, por supuesto- que a menudo acompañan las puestas en escena o versiones de Carmen.

Empleé en esos fondos acrílico mezclado con tinta y acuarelas. Por lo demás, usé lápiz, grafito acuarelable, algo de lápiz de color y también tinta: un batiburrillo, vamos. La paleta está determinada por la del ballet, como otros aspectos; en ella estaca el rojo sobre los neutros, el blanco y el negro. En cuanto a lo representado, he intentado un equilibrio entre las escenas que proceden de la coreografía y le son más fieles, por un lado, frente a algunos recursos expresivos y retóricos, por otro; recursos que a veces se sustentan, como el texto de Margarita, en elementos que ya están en el libreto de Bizet: don José es cabo del Regimiento de Dragones, la famosa Habanera habla del amor como pájaro rebelde e indómito… Otras veces he jugado con la multiplicidad para representar el movimiento, o con la desproporción que puede remitir a los sentimientos de los protagonistas”.

“Para mí -continúa Concha Pasamar– ha sido un auténtico placer, además de una experiencia intensa y compleja, poder ilustrar esta versión de un clásico que remite a temas y pulsiones tan humanas: el amor, la libertad, el afán de posesión, el desamor, la violencia, la muerte… el descubrimiento de la vida en toda su complejidad y con todos sus matices: alegres y oscuros. Estoy profundamente agradecida por ello a la CND, a Cuento de Luz y a Ana Eulate y Margarita, que me han acompañado en este viaje tan cargado de belleza y de momentos inolvidables”.
¿Qué ha supuesto para ti realizar esta versión del clásico de Bizet? Margarita del Mazo: “Un reto personal y profesional. Personal por todas las emociones que me invadieron a lo largo del proceso y porque tuve que abandonar mi yo para ponerme en otras pieles y, en alguna de ellas, no fue fácil. A nivel profesional, la dificultad radicaba en que es una obra de la que se han hecho miles de versiones, en todas las artes posibles, y con todo tipo de medios. Ya he dicho que era una de mis óperas favoritas y eso me cargaba de responsabilidad. Siempre que he tenido oportunidad de verla, lo he hecho. La disfruté en la gran pantalla, en el Teatro Real como la ópera que es, vi la Carmen de Antonio Gades. Fue todo un reto. Sentí el vértigo de no encontrar la forma de contar lo que quería contar. No puedo dejar de agradecerle a la CND el regalo que nos hizo con este encargo. Y a Ana Eulate, jamás le agradeceré lo suficiente que quisiera mis maneras para este proyecto”.

¿Y qué papel ha jugado la coreografía de Johan Inger y la Compañía Nacional de Danza en todo este proyecto? Margarita del Mazo: “Sin duda alguna, han jugado un papel esencial. Si Johan Inger no hubiese sacado a escena a ese niño que me llevó a cuestionarme tantas cosas y la coreografía hubiese sido otra, no sé si mejor o peor, pero nuestra Carmen también sería diferente. Si la representación de la obra por parte de la CND no me hubiese revuelto tantas cosas por dentro, seguramente no habría escrito lo que escribí como lo escribí. Lloré, reí, sonreí y sentí rabia cuando vi su Carmen. Creo que es eso mismo lo que siente el lector que se mete en las páginas de nuestro libro. Carmen a pesar de lo trágico de la historia es un canto a la vida y a la libertad de amar”.
Cómic
Clara Lodewick aborda la inmigración en ‘Moheeb en el aparcamiento’
Moheeb es un adolescente refugiado que vive en un centro de acogida. Mientras espera una resolución administrativa que no llega, su vida queda suspendida en un presente sin horizonte. El aparcamiento de un supermercado se convierte en su espacio de escape: un lugar donde, junto a otros jóvenes, recupera algo esencial -la amistad, el juego, la sensación de pertenecer a algún sitio-. Apoyado por una asociación, el tranquilo Moheeb parece disfrutar de los largos días de verano. A menos que un fuego secreto esté consumiendo en realidad su coraje y su salud mental… ‘Moheeb en el aparcamiento’ es una novela gráfica sobre la migración, adolescencia, identidad, violencia cotidiana y necesidad de vínculos. Un trabajo de Clara Lodewick que edita Garbuix Books. Con Clara hemos charlado un poquito más sobre este proyecto.

¿Cómo nació este proyecto? “Mi editorial me dio la oportunidad de crear un segundo cómic. Tenía total libertad creativa; es decir, no había ningún encargo. Así que decidí hablar de lo que más me preocupa: el trato que nuestras sociedades dan a las personas sin papeles. Cuando era adolescente, un grupo de afganos sin papeles ocupó una iglesia cerca de mi escuela. Conocí a los chicos, que tenían mi misma edad por aquel entonces (entre 15 y 17 años), nos hicimos amigos, y así descubrí una pequeña parte del infierno que su situación administrativa podía suponer para ellos en su día a día”.
¿Qué encontraremos en este libro? “Seguirás la vida cotidiana de Moheeb, de 17 años, y sus dos amigos, Qaïs y Fazal, que pasan dos meses de verano en un aparcamiento de un pequeño pueblo de Bélgica, esperando una respuesta a su situación. Conocerán a gente del pueblo; algunos les ayudarán, otros empeorarán su situación”, nos cuenta Clara Lodewick.

¿Cómo fue el proceso de preparación del libro? Me refiero a la fase de investigación, las pruebas, incluso los bocetos en el cuaderno… “Quería trabajar en los sentidos, las sensaciones de Moheeb. Son un indicador de la evolución de su salud mental a lo largo del libro. Así que practiqué mucho cómo representar un lugar dibujando solo pequeñas partes, y cómo representar los cinco sentidos en una sola página. Dibujé páginas en (y sobre) diferentes lugares, antes de empezar a dibujar el aparcamiento de Moheeb. Vivía en una autocaravana, así que pude probar muchos aparcamientos diferentes”.

Cuéntanos algo sobre las ilustraciones y sobre las técnicas utilizadas en este libro. “En general, me inspiran Willy Vandersteen, Wilhelm Bush, Bruno Heitz, y para este cómic en particular, también me fijé en la obra de Shin’Ichi Abe. Él es mejor representando los sentidos. Fue todo un reto dibujar un cómic entero en un solo aparcamiento: aunque el cansancio y el aburrimiento son temas importantes, ¡no quería que los lectores se aburrieran demasiado! Así que tuve que pensar en cambiar el punto de vista, dibujar pequeñas escenas en el fondo, etc. -continúa Clara Lodewick-. Los dibujos están hechos con bolígrafo y los colores, una parte muy importante para mí, están pintados con gouache. Dedico mucho tiempo a colorear; es casi meditativo y una parte muy agradable del proceso”.

¿Cómo fue el proceso de creación de este libro? “¡Largo! Hacer un cómic sobre la situación de las personas sin papelesera algo que queríamos hacer juntos, con mis amigos, en 2014. Pero yo era muy joven entonces y era muy diferente: más bien un proyecto comunitario, con páginas de testimonios. Como adulta, 10 años después, tras haber visto la evolución de la situación de mis amigos y de mi país, tuve nuevas ideas y quise crear una obra de ficción. Quería hablar de diferentes temas, como la salud mental, las dificultades entre madres e hijos, las relaciones desiguales y cómo afrontarlas… Fue un trabajo emocionalmente intenso. Y me costó mucho despedirme de mi personaje al final del libro. Así que cuando dibujo a Moheeb para los lectores en una sesión de firmas, siempre me alegra volver a verlo, aunque sea por unos instantes”, confiesa Clara Lodewick.

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Escribí un guión; el cómic es para niños y trata (otra vez, jaja) sobre niños que intentan valerse por sí mismos en un mundo dominado por adultos. Es un cómic de fantasía, dibujado por Andréa Delcorte, cuyos dibujos son increíbles. Se publicará en francés en 2027. Y por mi cuenta, estoy trabajando en una serie/telenovela, que me divierte mucho; los episodios se estrenan cada mes o cada dos meses. Trata sobre una joven que vive con su madre y su tía. A ella le gustaría mudarse de allí, pero cada vez que lo intenta, algo se interpone en su camino”.
Álbum Ilustrado
Verónica Aranda y su trabajo en ‘Bienvenida, amiga ardilla’
Cascabilla la ardilla tenía su nido en el hueco de un árbol y todo preparado para el invierno: una cálida cama hecha de hojas, una despensa a rebosar de frutos secos y cientos de semillas escondidas en lugares secretos del bosque… Ya falta poco para que se instale el invierno y Cascabilla ha trabajado duro para estar preparada. En su apacible nido, en lo alto del árbol, la ardilla ve caer las últimas hojas de otoño cuando, de repente, el tronco cae al suelo. ¡No puede ser! ¡Los castores lo han talado! Cascabilla está desconsolada. ¿Y ahora qué? Con estas palabras la editorial Cuento de Luz nos presenta ‘Bienvenida, amiga ardilla’, una emocionante aventura a través del bosque que construyen Daniel Cañas y Verónica Aranda, con la que hablamos de este álbum ilustrado.
¿Cómo llega a tus manos este proyecto? “Hace años que conozco a Daniel Cañas y, desde el primer día, habíamos tenido la intención de publicar algo juntos. Pero siempre iban surgiendo cosas y nunca encontrábamos el momento de ponernos manos a la obra con nuestro proyecto. Durante una etapa en la que yo tenía menos carga de trabajo pensé: “ahora es el momento”. Así que le escribí y le pedí que me enviara algunos de sus últimos cuentos. El de la Ardilla fue el que más me encajó y enseguida lo visualicé con mis ilustraciones”.

¿Qué es lo que más te gustó de este proyecto? ¿Qué te pareció la historia de Daniel la primera vez que la leíste? “Lo que más me gustó fue que los protagonistas fueran animales y que la historia transcurriera en el bosque. Soy una gran amante de la naturaleza y es lo que más disfruto dibujando -confiesa Verónica Aranda-. También me llamó la atención la estructura repetitiva del cuento, porque me pareció muy dinámica y divertida para los pequeños lectores. Además, transmite valores como el compañerismo, el respeto y la gratitud, algo que considero muy importante aprender desde edades tempranas”.
¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Animales. Muchos animales escondidos por aquí y por allá. En todos los libros que ilustro intento cuidar mucho los detalles para que los niños puedan entretenerse observando cada página. Pero en este álbum quise implicarme al 200%. Y si se fijan bien, incluso encontrarán una pequeña subtrama entre dos pájaros carpinteros que desarrollé para enriquecer todavía más la historia”.

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Pues como he dicho anteriormente, creo que mis ilustraciones se caracterizan principalmente por la cantidad de detalles que contienen. A nivel de color, me gusta trabajar con gamas cromáticas vivas y luminosas, y sobre todo jugar con las luces para crear escenas cálidas y envolventes”, nos cuenta Verónica Aranda.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Yo soy digital 100%, desde el storyboard hasta el arte final. Trabajo únicamente con Photoshop, en una tablet con pantalla grande. Aun así, me gusta conservar cierta sensación tradicional en el acabado, por eso trabajo con muchos pinceles y texturas diferentes que aportan ese aspecto más orgánico y “hecho a mano”.

¿Qué has aprendido con este proyecto? “Siempre que ilustro un libro termino aprendiendo cosas nuevas relacionadas con su temática. En este caso descubrí algún que otro dato curioso sobre las ardillas, los pájaros carpinteros, los castores o las liebres. Por ejemplo, me sorprendió muchísimo la memoria que pueden llegar a tener las ardillas: son capaces de recordar los escondites donde almacenan su alimento creando mapas mentales y ayudándose con marcas visuales del entorno”, afirma Verónica Aranda.
Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “En este álbum, la forma de trabajar fue muy distinta a la de otros encargos editoriales que había hecho anteriormente, porque Daniel y yo iniciamos el proyecto de una manera totalmente libre, sin la presión de una fecha de entrega. Fue un proceso que se cocinó a fuego lento durante dos años”.

“Primero realicé un storyboard para distribuir el texto en las distintas dobles páginas y decidir qué escenas podían ilustrarse mejor. Después empecé a trabajar en los bocetos a tamaño real, siempre contando con el feedback de Daniel. Precisamente, una de las cosas más bonitas de este proyecto fue la comunicación constante entre nosotros. Hubo un intercambio de ideas muy enriquecedor y, de alguna manera, ambos fuimos alimentando creativamente el trabajo del otro”.
“Cuando ya tuvimos una maqueta sólida, decidimos presentarla a algunos premios de álbum ilustrado, entre ellos el Premio Lazarillo, aunque finalmente no hubo suerte. Más adelante, Daniel -que ya tenía relación con la editorial Cuento de Luz y había publicado otros álbumes con ellos-, les enseñó nuestro proyecto. La editora quedó tan encantada que nos dio el sí prácticamente al momento. Gracias a ellos, nuestro cuento terminó convirtiéndose en realidad dos años después de haber comenzado este viaje”, asegura Verónica Aranda.

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Hace poco se publicó el último libro que he tenido el placer de ilustrar, Joel i el Drac Ocult, escrito por Laura Borao y editado por Edelvives. Y ahora mismo estoy en una etapa un poco más pausada, ya que estos últimos meses han sido bastante intensos tras la compra de mi primera vivienda. Además, trabajo a jornada completa como maquetadora en una editorial y entre unas cosas y otras apenas me queda tiempo. Aun así, espero poder retomar pronto el dibujo y empezar nuevos proyectos”.
Álbum Ilustrado
Mar Azabal nos muestra los ‘Tesoros en los bolsillos’
‘Tesoros en los bolsillos’ es una invitación poética a disfrutar sin prisas de lo cotidiano, lo pequeño, lo cercano, y a llenar los bolsillos de experiencias para compartir. Representa la curiosidad de la infancia, su capacidad de asombro y sorpresa, su habilidad para percibir belleza en lo más simple. Así es como de “cosas útiles e inútiles, bonitas y raras, cosas ni bonitas ni raras” se llenan los bolsillos de la niña que protagoniza estos poemas ilustrados de verso libre. Un trabajo de Isabel Cobo y Mar Azabal que edita Kalandraka. Con Mar hemos hablado sobre su trabajo en este libro.

Lo primero, cuéntanos cómo llega a tus manos este proyecto. “Kalandraka se puso en contacto conmigo y me propuso ilustrar el poemario; ellos creían que yo encajaba para ilustrar los poemas de Isabel. Me pasaron el texto y me encantó”.
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Es una belleza de poemario. Se centra en lo cotidiano, en la naturaleza, en las cosas pequeñas que nos rodean, en objetos que a los ojos de un adulto son insignificantes, pero que a los ojos de un niño son verdaderos tesoros. Creo que es un poemario que no tiene edad; a través de sus páginas se nos invita a disfrutar sin prisas de lo cercano”.
“Los adultos pueden identificarse con la protagonista; yo lo hice, me vi reflejada en ella -confiesa Mar Azabal-. Sus miedos, sus sueños, sus anhelos eran los mismos que los que yo sentí cuando fui niña y pueden ser los mismos que siente cualquier niña o niño en la actualidad; son emociones atemporales, se sienten de niño y de adulto”.

“A mí me encanta, aun a día de hoy, guardar tesoros en los bolsillos, por ejemplo, piedras con formas peculiares. El verano pasado recogí de la playa dos trozos de cerámica; no sé a qué objetos habrán pertenecido, pero a mí me encantaron sus bordes pulidos por la arena, sus colores azules, blancos y amarillos. Ahora me acompañan, como muchos tesoros, en mi estudio, y cuando los miro, me imagino historias que podrían formar parte de ellos. Entre sus páginas encontrarán algunos de mis tesoros de niña, como por ejemplo las canicas, que acompañan al resto de tesoros que nos regala Isabel”, nos cuenta Mar Azabal.
¿Qué te parecieron los poemas de Isabel tras una primera lectura? “Delicados, sugerentes. Los leí y mi mente se llenó de imágenes; aún hoy, cuando los vuelvo a leer, acuden a mí montones de imágenes”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Lo primero que hice fue probar qué técnica me servía mejor para trabajar las ilustraciones. La primera ilustración que hice fue la que acompaña al poema Semillas; probé con la acuarela porque quería algo muy delicado, pero no me gustó el resultado. Decidí entonces usar el pastel y, al ver la ilustración finalizada, me gustó el efecto que daba. Decidí que trabajaría las ilustraciones con grafito y pastel y algún toque con lápiz de color. La siguiente ilustración que realicé fue la de la tiza y ya me quedó claro; la imagen tomaba un aspecto etéreo con el fondo de pastel difuminado, era como si la propia tiza de la niña estuviese siendo utilizada para dibujar el libro y eso me convenció del todo”, asegura Mar Azabal.

¿Qué poema te resulta más atractivo? “Mi poema preferido no va acompañado de ilustración; lleva por título Acerca de guardar. Pero tengo que decir que me gustan todos y que todos me generan imágenes y eso me encanta”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Sólo había ilustrado un poemario y era para adultos; es la primera vez que ilustro poesía para niños y me he sentido muy bien haciéndolo, aunque como ya he comentado es un poemario para todas las edades”.

“Es totalmente distinto al trabajo que hay que realizar para un álbum ilustrado. No tienen nada que ver, la narrativa visual es totalmente diferente -afirma Mar Azabal-. A parte en los álbumes suelo usar técnicas mixtas, mezclo mucho; el trabajo es muy artesanal. En los últimos años he trabajado en proyectos muy diferentes unos de otros. He ilustrado novelas para adultos y he trabajado la ilustración fuera del mundo del libro, lo que me ha llevado a usar cada vez más la tableta gráfica; antes me resultaba imposible dibujar desde cero en digital, siempre tenía que tener un papel, algo físico, tangible, del que partía; ahora, dependiendo de los tiempos de entrega, ese paso prácticamente ha desaparecido”.
“En ‘Tesoros en los bolsillos’ ha sido como volver a mis inicios, a la línea simple del grafito. Más que algo nuevo, es una vuelta a mi esencia, a esas ilustraciones en las que, sin estar ligadas a un texto, había cierto aire poético, delicado, a las ilustraciones con las que comencé a darme a conocer”.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Lo primero que hice fue un boceto de las ilustraciones que acompañarían los textos, algo así como un storyboard de todas las ilustraciones, para intentar dar continuidad a las ilustraciones. Tras decidir qué técnica iba a utilizar, comencé a dibujar distintas versiones de algunas de las ilustraciones que acompañarían a los poemas. Me resultaba muy agradable dibujar con una línea tan sencilla y tan mía; no sabría cómo explicarlo: es la primera vez que al afrontar un encargo de editorial me he sentido como si dibujase para mí, sin la presión que supone que esas ilustraciones van a ser después expuestas al público”, nos cuenta Mar Azabal.

“Como te decía, algunas ilustraciones tienen varias versiones distintas; se las mostré a la editorial y ellos seleccionaron las que mejor se ajustaban al texto. Solo una de ellas, la primera, me dio dolor de cabeza, porque la editora me comentaba que la posición de uno de sus brazos era forzada y yo me empeñaba en cambiar el que no era, hasta que al repasar las ilustraciones con la editora, coincidimos físicamente, ella señaló el brazo que tenía el fallo. Es la única ilustración que he repetido para corregir, y no una vez, sino cinco veces”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Estoy trabajando con una novela clásica ilustrada para adultos y con un encargo para una asociación de un agenda. Los trabajos van llegando poquito a poco; lo importante es que no dejen de llegar, y que sean satisfactorios”.
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